ANÁLISIS CRÍTICO DE EROS Y CIVILIZACIÓN DE MARCUSE

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 24/10/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/10/analisis-critico-de-eros-y-civilizacion.html

EL ANÁLISIS DE MARCUSE EN EROS Y CIVILIZACIÓN [1].(Apéndice 2 de mi libro Un análisis filosófico y teológico de la filosofía de Sigmund Freud, Arjé, 2020) (https://www.amazon.com/-/es/Gabriel-Zanotti/dp/1733548394

1.      Introducción.

Tenemos en este libro de Marcuse al gran adversario de nuestra tesis. En efecto, Marcuse no niega nuestra interpretación de Freud, pero le agrega un “matiz”, una intentio lectoris que explica la interpretación marxista que Freud ha tenido a partir de los 60 (el libro es de 1953). El autor es muy honesto en aclarar que es su propio agregado conceptual, cosa que casi nunca se hace.

Ante todo, es imposible entender a Marcuse sin una mínima referencia a la Escuela de Frankfurt. La escuela de Frankurt es muy crítica de la Ilustración por cuanto esta última habría tenido una dialéctica intrínseca. Allí se ve la influencia de Hegel y Marx. “Dialéctica” porque el carácter emancipatorio del Iluminismo y la Revolución Francesa tiene una especie de contradicción implícita que lo lleva a su propia negación. La razón iluminista, que quiere liberar al hombre de las cadenas de la ignorancia y la opresión, conduce a una nueva forma de dominio (despótico): la razón instrumental, que sólo puede calcular y coloca al hombre y la naturaleza en una relación de medio con respecto a la productividad del capitalismo (alienación). Pero esta tesis está escrita en los 40[2], y sus autores no caen en ninguna ilusión de revolución al estilo soviético. Para ellos, el marxismo leninismo (salvan al Marx crítico de la alienación), el nazismo y el capitalismo industrial forman parte de la misma alienación y opresión, con la diferencia de que bajo la sociedad abundante del capitalismo el esclavo es anestesiado por el consumo. Por ende es una escuela pesimista. No es post-moderna, porque en su crítica a la razón iluminista hay un elogio, una nostalgia, de la idea de emancipación. Pero no hay solución ya para la dialéctica de la Ilustración. Al menos no para Horkheimer y Adorno. La versión optimista, donde Habermas rescata la razón comunicativa como lo NO alienante de la razón, fue posterior, de 1981.

Como habrá observado el lector, yo coincido con la crítica a la alienación que hace Freud y también con la que hace Eric Fromm[3]. Mi diferencia con Fromm (y otros autores que reiteran su postura) es que la alienación es una posibilidad inherente a la naturaleza humana (cosa que Fromm no negaría), que se puede dar en todos los sistemas sociales, pero no es un resultado necesario del capitalismo. El capitalismo tiene su propia forma de posibilidad de alienación, pero no es una consecuencia necesaria del sistema (la teoría de la plus valía es falsa[4]). Esa propia forma consiste en algo que ha diagnosticado muy bien Ortega[5]: la productividad y la elevación del nivel de vida de las masas produce en éstas una rebelión,  exigiendo esos beneficios como derechos gratis (el hombre masificado NO corresponde a un determinado nivel económico de vida en Ortega). En esa sobre-abundancia, procesos como la alienación descriptos por Freud en Psicología de las masas y análisis del yo y por Fromm como neurosis sado-masoquistas, no sólo son posibles sino lamentablemente habituales. Pero nada de ello es una dialéctica necesaria de la Historia.

Por lo demás, yo coincido en las críticas a la razón Iluminista. Pero no desde Hegel y Marx, sino desde Hayek,  Feyerabend, Husserl, Gadamer y el giro histórico de la filosofía de la ciencia (Kuhn, Lakatos y Feyerabend), todos ellos basados en la crítica de Popper al positivismo[6]. He sostenido que la superación entre la razón iluminista y el post-modernismo es la razón dialógica[7]. Por ende la Escuela de Frankfurt tiene razón en criticar a la razón no dialógica del Iluminismo, pero que lo haga basada en Hegel y Marx es precisamente su debilidad. Veremos cómo esa debilidad se traslada a Marcuse.

2.      Análisis crítico de la tesis principal del libro de Marcuse.

Nuevamente, con la falibilidad, que toda conjetura sobre la intentio auctoris de un autor, implica, trataremos de exponer al lector la tesis central de Marcuse y, al mismo tiempo, mostrando sus problemas. Por supuesto, tiene el lector el texto de Marcuse para llegar a sus propias conclusiones.

1.1. La importancia de su introducción.

Parte directamente Marcuse del malestar, del sufrimiento del ser humano, que, aunque Marcuse no lo cite ahora directamente, es el descripto por Freud en El Malestar en la cultura (un texto clave para la re-interpretación que hace Marcuse). Destaca la importancia de la cuestión:

 “…La proposición de Sigmund Freud acerca de que la civilización está basada en la subyugación de los instintos humanos ha sido pasada por alto. Su pregunta sobre si los sufrimientos infringidos de este modo a los individuos han valido la pena por los beneficios de la cultura no ha sido tomada muy seriamente –tanto más cuanto Freud mismo consideraba el proceso inevitable e irreversible”.

O sea, nuestro autor advierte que el problema planteado por Freud en El malestar en la cultura ha sido minimizado. El problema es si la pulsión de agresión –la pulsión de vida pasada por el narcisismo y la represión del Súper Yo- no es una bomba de tiempo, como un magna amenazante para la superficie “civilizada” que queda arriba. Nuestro autor transforma ello en pregunta. Pero se lamenta que no haya sido, como dijimos, tomada muy en serio, más porque Freud “…consideraba el proceso inevitable e irreversible”.

Para Marcuse hay algo latente en Freud, una especie de dialéctica en su sistema, porque si en serio es tan irreversible, ¿para qué preocuparse?:

“Si en realidad debe pertenecer a la esencia de la civilización como tal, la pregunta de Freud sobre el precio de la civilización carecería de sentido, porque no había otra alternativa”.

Aquí diagnosticamos el primer problema. Ese malestar es irreversible, tiene razón Freud, pero no por ello no hay que preocuparse por ello. Y ya hemos visto de qué modo se puede minimizar el problema, sin negar la gravedad: dar importancia el desarrollo de comercio, por el lado natural, y por el lado sobrenatural, y al Cristianismo como lo único que puede redimir a nuestro duro corazón. Pero ya veremos por qué el comercio no tiene nada de beneficioso para Marcuse.

Como dijimos, para Marcuse “hay algo” en Freud que da pie a resistirse a la salida freudiana de la “inevitabilidad”:

“Pero las propias teorías de Freud dan razones para rechazar su identificación de la civilización con la represión”.

Sí, puede ser que las teorías de Freud NO impliquen que la interpretación de Marcuse no sea una decodificación aberrante, pero de allí a decir que necesariamente es así, hay un gran paso. Freud en ningún momento, de manera coherente, deja de identificar a la civilización como el delicado producto de la interacción del Súper Yo con el Ello, y ya hemos visto que en “ello” tiene razón. La civilización no sería posible sin el Súper Yo. Ahora bien, la civilización no se identifica con el Súper Yo en el sentido de que la inteligencia y voluntad humanas no son en sí mismas un fruto de esa función psíquica que llamamos Súper Yo, pero luego del pecado original la inteligencia deriva fácilmente hacia la sola racionalidad instrumental y su voluntad puede perder casi el ejercicio del libre albedrío.

Lo que ocurre es que Marcuse niega que la civilización por la cual Freud está preocupado (ya hemos visto ese punto: la civilización e Freud es débil pero es un valor) sea la deseable: otra sería posible, si el eros pudiera canalizarse de otro modo en otra situación histórica:

“¿O esta interrelación es sólo el producto de una organización histórica específica de la existencia humana?”

Con esa pregunta, nuestro autor comienza a insinuar su tesis central: el malestar en la cultura –por el contexto de todo el texto- es el malestar en el capitalismo, pero el capitalismo puede ser superado…

“La idea de una civilización no represiva será discutida no como una especulación abstracta y utópica”.

O sea, “no” es una utopía considerar que el eros “no” se va a enfrentar con el Súper Yo de una sociedad capitalista, una vez superada esa sociedad. En esa “superación” hegeliano-marxista del capitalismo está parte del núcleo central del error de Marcuse.

Nuestro autor termina su introducción colocándose en el mismo nivel que este ensayo: la filosofía, y Freud como filósofo:

“El propósito de este ensayo es contribuir a la fiosofía del psicoanálisis, no al psicoanálisis en sí mismo”.

Perfecto, es nuestro mismo propósito.

“Freud desarrolló una teoría del hombre, una “psico-logía” en el sentido más estricto. Con esta teoría, Freud se situó a sí mismo en la gran tradición de la filosofía y bajo un criterio filosófico”.

Tiene razón. Hay en Freud una antropología filosófica (que antes se identificaba con la Psicología) que ya hemos visto que, aunque tendiente a ser hobbesiana, no es incompatible con el Cristianismo una vez que vemos a este último precisamente como el contrapeso de una psiquis humana debilitada por el pecado original, y que Freud tan sabiamente ha captado….

Y termina diciendo Marcuse:

“Freud separó conscientemente su filosofía de su ciencia; los neofreudianos han negado la mayor parte de la primera. En el terreo terapéutico tal negación puede estar perfectamente justificada. Sin embargo, ningún argumento terapéutico debe impedir el desarrollo de una construcción teórica que pretende, no curar la enfermedad individual, sino diagnosticar el desorden general”.

Este es un párrafo importante y denso. Primero, ¿es verdad que “Freud separó conscientemente su filosofía de su ciencia”?  Para muchos, esto convendría a la tesis de este libro, porque yo podría decir que la filosofía de Freud es errada pero su psicoanálisis no, y que un cristiano no debe estar cerrado a los aportes propiamente terapéuticos. Respetamos esa convicción. Pero no es la nuestra. Claro que no compartimos la filosofía iluminista y cuasi-hobbesiana de Freud in totum. Pero en esa visión lúgubre del ser humano hay una gran verdad no sólo “compatible” con el Cristianismo, sino que el Cristianismo la tiene en su raíz: el pecado original. Claro que el Cristianismo católico afirma que esa naturaleza no fue totalmente destruida por el pecado,  claro que el Cristianismo tiene en la redención una esperanza que Freud no podía tener (¿y quién la puede tener sin el Cristianismo?), pero negar ese “lado oscuro de la fuerza” convierte al cristiano en un ingenuo pelagiano (y hay muchos….).

Segundo: “…En el terreo terapéutico tal negación puede estar perfectamente justificada.”

¿Seguro? ¿Se puede aplicar la terapia psicoanalítica sin afirmar la tesis central del psiquismo originario como un perverso polimorfo?

Tercero: “…Sin embargo, ningún argumento terapéutico debe impedir el desarrollo de una construcción teórica que pretende, no curar la enfermedad individual, sino diagnosticar el desorden general”.

Allí coincidimos. Freud pudo haberse equivocado en diagnósticos, terapéuticas y métodos. Pero su construcción teórica general es apta para diagnosticar un desorden general (de tipo socio-cultural). Nuestra gran diferencia con Marcuse es que nuestro diagnóstico será diferente al de él….

1.2. Hace su entrada la interpretación marxista de la escasez.

En el primer capítulo y en el segundo, hasta la cita 29, Marcuse hace una muy buena reseña del sistema freudiano, enfatizando correctamente el tema de la horda primitiva y la represión[8] que el Súper Yo tiene que hacer a las pulsiones originarias. Pero ya a la mitad del capítulo II aparece la interpretación marxista de la escasez:

“…Detrás del principio de la realidad yace el hecho fundamental de la ananke o escasez (scarcity, Lebensnot), que significa que la lucha por la existencia se desarrolla en un mundo demasiado pobre para la satisfacción de las necesidades humanas sin una constante restricción, renuncia o retardo. En otras palabras, que, para ser posible la satisfacción necesita siempre un trabajo, arreglos y tareas más o menos penosos encaminados a procurar los medios para satisfacer esas necesidades. Por la duración del trabajo, que ocupa prácticamente la existencia entera del individuo maduro, el placer es «suspendido» y el dolor prevalece. Y puesto que los impulsos instintivos básicos luchan porque prevalezca el placer y no haya dolor, el principio del placer es incompatible con la realidad, y los instintos tienen que sobrellevar una regimentación represiva”.

Hasta ahí, Freud según Marcuse.

Pero luego agrega:

“…Sin embargo, este argumento, que aparece mucho en la metapsicología de Freud, es falaz en tanto que se aplica al hecho bruto de la escasez, cuando en realidad es consecuencia de una organización específica de la escasez, y de una actitud existencial específica, reforzada por esta organización”.

Como vemos, Marcuse, siguiendo a Marx, no considera que la escasez sea una condición natural de la humanidad[9]. La escasez es más bien un modo específico de organización de la sociedad, que obviamente es la capitalista: “… La escasez prevaleciente ha sido organizada, a través de la civilización (aunque de muy diferentes maneras), de tal modo que no ha sido distribuida colectivamente de acuerdo con las necesidades individuales, ni la obtención de bienes ha sido organizada para satisfacer mejor las necesidades que se desarrollan en el individuo. En lugar de esto, la distribución de la escasez, lo mismo que el esfuerzo por superarla (la forma de trabajo), ha sido impuesta sobre los individuos —primero por medio de la mera violencia, subsecuentemente por una utilización del poder más racional—. Sin embargo, sin que importe cuan útil haya sido para el progreso del conjunto, esta racionalización permaneció como la razón de la dominación, y la conquista gradual de la escasez estaba inextricablemente unida con el interés de la dominación y conformada por él” (las itálicas son nuestras).

La clave de esa organización de la escasez es la dominación (no exclusiva del capitalismo). Eso lo lleva a una fundamental distinción: que estos  “intereses de la dominación” introducen “…controles adicionales sobre y por encima de aquellos indispensables para la asociación humana civilizada. Estos controles adicionales, que salen de las instituciones específicas de dominación son los que llamamos represión excedente”.

Esto es fundamental. La sociedad humana no implica el tipo específico de dominación que para Freud era simplemente la civilización. No, eso es fruto de una época, y en la época moderna, la “civilización” que Freud veía era el capitalismo industrial. Por eso nuestro autor había introducido antes esta fundamental distinción:

“…a) Represión excedente: las restricciones provocadas por la dominación social. Esta es diferenciada de la represión (básica): las «modificaciones» de los instintos necesarias para la perpetuación de la raza humana en la civilización.

b) Principio de actuación: la forma histórica prevaleciente del principio de la realidad.”

O sea, hay en la dominación (lo cual implica que podría haber una sociedad no dominante) una represión innecesaria, fruto de un modo específico histórico de organización de la escasez. Por eso esa represión es excedente. Y la “realidad” es una forma histórica, que podría ser superada y por ende también esa represión excedente correspondiente a esa forma histórica.

Ahora nos damos cuenta del maridaje entre marxismo y psicoanálisis que esto despertó, cosa que Freud explícitamente negó, como vimos[10]. Y lo hizo coherentemente: Freud se daba cuenta de que la escasez en toda sociedad humana no era fruto de una dominación, de una explotación, sino fruto de la natural indiferencia de la naturaleza física ante “lo humano”. Y en eso tiene razón. Marcuse ve, en cambio, una explotación, alienación y dominación, como ve Marx, que implica entonces que las formas concretas de usos y costumbres represivas sean el fruto del capitalismo industrial. Ello da como resultado una represión “excedente” que se podría evitar si se pudiera superar al capitalismo.

1.2.1.      Interludio: Cristianismo y escasez.

A fines de este libro es muy importante explicar que la visión marxista sobre la escasez es incompatible con el Cristianismo[11].

Podría parecer que no, porque a muchos cristianos les cuesta la escasez como tema económico. Acostumbrados, y bien, a la súper-abundancia de la Gracia de Dios (orden sobrenatural), que es tan infinita como su misericordia, suponen que eso sería trasladable al orden natural social, dependiendo ello de la bondad de los gobernantes. La escasez sería fruto del pecado personal de muchos, de la avaricia, de no saber compartir, pero una vez que esos pecados personales y sociales se terminen, el problema económico se solucionaría. Y muchos han relacionado ello con el marxismo, lo cual ha recibido una respuesta por parte de Juan Pablo II y Ratzinger, hoy muy olvidada[12].

Ello supone que la riqueza “está allí”, y que la escasez se produce por su mala distribución.

Pero ello no es compatible con el Cristianismo, a pesar de las apariencias.

La escasez es simplemente la radical indiferencia e insuficiente de la naturaleza física ante nuestro mundo humano de la vida. “Lo humano” se manifiesta históricamente en las diversas culturas, y en los artefactos que abarcan desde lo ritual, lo estético, lo técnico, etc., que no están dados naturalmente. Hay que producirlos. El modo humano de satisfacer sus necesidades biológicas, también implica artefactos y ritos que no están dados directamente. Y ello no depende de tal o cual cultural en particular, es así en todas. La diferencia entre necesidades naturales y culturales, o necesarias y superfluas, es también errónea. Un vaso para tomar agua es un producto cultural. Si ese vaso es necesario o superfluo, es un juicio ético, no económico. Económicamente, desde el arco y la flecha, hasta la nave espacial, nada de eso está dado por la naturaleza física.

Claro que antes del pecado original, el ser humano estaba protegido de algún modo de las inclemencias de esa naturaleza. Pero después de pecado original, el ser humano ha sido arrojado al mundo, en dos sentidos. Al mundo de nuestro pecado, por un lado, y al mundo como la naturaleza física (de la cual antes estábamos protegidos) por el otro. Esa naturaleza física, radicalmente insuficiente ante lo humano, ha sido creada así por Dios, y es esencialmente buena, porque todo lo creado por Dios es bueno. Que hayamos quedado expuestos ante la lluvia, el viento, los terremotos y las bacterias, es fruto del pecado original, pero ni el viento, ni la lluvia, ni el león que nos ataca tienen un ápice de mal. La escasez consecuente no es por ende fruto de ningún pecado personal. No es la avaricia ni la falta de caridad lo que produce la escasez, sino la radical insuficiencia de la naturaleza física ante lo humano. Por ende aunque haya cristianos con virtudes personales, naturales y sobrenaturales, de esas virtudes no saldrán necesariamente los bienes y servicios necesarios para la subsistencia. Dos santos pueden estar en un desierto, y excepto que Dios haga un milagro, si no tienen agua morirán de sed. Morirán santamente, sí, pero morirán. Ni el agua convertida en vino, ni los panes y peces multiplicados, ni el maná del cielo, son sistemas económicos. Son figuras de la superabundancia de la gracia de Dios. Los cristianos más que nadie deben saber que, después del pecado original, los bienes y servicios no están dados. NO están allí. Hay que producirlos, para lo cual es necesario y delicado proceso de ahorro, capital e inversión, cuyo desarrollo e instituciones ha llevado toda la historia de la humanidad. Las virtudes personales pueden hacer vivir heroicamente la escasez, pero no la eliminan. Y de igual modo los vicios y pecados personales pueden agravar la escasez, pero no son su causa. Después del pecado original, la escasez es una condición natural de la humanidad, que requiere una economía y una ética de la producción, distinta de la distribución. La escasez no es un fruto amargo del capitalismo que, una vez eliminado este, desaparecerá. Las ciudades estado de la Antigüedad padecían enormemente la escasez, sólo que para un grupo no era tanto problema porque tenían esclavos. Los muros y la autarquía no las ayudaban tampoco. En la Edad Media los señores podían no dedicarse a inter-cambiar porque sus siervos de la gleba los proveían de mucho de aquello que ellos mismos deberían proveerse, en el sentido de no depender de un sistema de señor-siervo. El avance de comercio no fue al avance de una ideología. Fue la conciencia progresiva de que la progresiva libertad del ser humano requería que todos entraran en relaciones contractuales unos con otros; que la otra opción era el robo o la donación, y que esa sociedad de propiedad y división del trabajo –única limitada esperanza, como hemos dicho, ante la pulsión de agresión- era la única manera de que la escasez no implicara la esclavitud de muchos en beneficio de unos pocos. Ningún otro sistema puede coordinar el infinito conocimiento disperso de millones y millones y millones de seres humanos conviviendo en paz. Y eso forma parte de la ley natural.

La escasez no es por ende fruto de una avaricia capitalista que se acabará cuando el cristianismo sea el cielo en La Tierra. El cristiano que piense así debe revisar su cristianismo. El Cristianismo no es ningún cielo en la Tierra ni ningún sistema social directo, aunque la redención tenga como consecuencia indirecta una mayor conciencia de la justicia incluso en este mundo. Y el cristiano que asume la teoría de la explotación de Marx no se da cuenta de que asume, como ya hemos visto, un grave error económico, que lo lleva a suponer una dialéctica intrínseca hegeliana en la sociedad humana, y eso es Hegel, panteísmo dinámico, pero no es Cristianismo. En la sociedad humana hay conflictos porque hay pecados, pero no porque cada etapa lleve en sí misma el origen de su propia negación. Esa dialéctica hegeliana es incompatible con la Creación (la verdad esencial del Judeo-Cristianismo). La negación del libre albedrío que ello conlleva tampoco es cristiano. La suposición de que, entonces, la guerra revolucionaria es el eje del progreso, tampoco es cristiana.

Soy plenamente consciente de que muchos cristianos no terminan de entender este punto. Pero, curiosamente, por eso no terminan de entender a Freud, donde toda cultura humana es una penosa evolución de nuestro Súper Yo para adaptarse precisamente a un principio de realidad, a una realidad donde la naturaleza física es inmisericorde con nosotros. La suposición de que luego de una revolución socialista todos seremos más felices, porque la escasez habrá desaparecido, y con ello la “represión excedente”, emanando así una libido más plena, es una peligrosa utopía que conduce a la disolución de esos delicados lazos de la civilización y a la vuelta de la horda primitiva donde lo único que existe es la agresión de todos contra todos.

1.3. Marcuse y su salida a la dialéctica del Iluminismo.

Nuestro autor no es tan pesimista como sus maestros. Cree encontrar una salida a la dominación en la liberación del Eros de su represión excedente. Es Freud, para él, el que está en la dialéctica de la razón sin darse cuenta.

“…Acaso ninguna otra obra suya muestra a Freud tan cerca de la gran tradición de la Ilustración; pero también ninguna otra lo muestra sucumbiendo con tanta claridad a la dialéctica de la Ilustración. En el presente período de la civilización, las ideas progresistas del racionalismo sólo pueden ser recuperadas si son formuladas de nuevo. La función de la ciencia y la religión han cambiado —al igual que su interrelación—. Dentro de la total movilización del hombre y la naturaleza que marca el período, la ciencia es uno de los instrumentos más destructivos —destructor de esa liberación del temor que en otra época prometió—.” (III, 73).

Esto es, inútil es que Freud denunciara a la religión como ilusión. Esa función emancipadora de la razón –que, como vimos, es en realidad una denuncia del pensamiento mágico- lleva a una civilización donde la ciencia ocupa el papel represivo “excedente” de la religión y con eso lleva al malestar de la cultura que terminará destruyendo a esa civilización.

Tiene razón Marcuse en denunciar que la religión ha sido sustituida por la ciencia, pero tiene razón sólo en el sentido que Feyerabend daría a la expresión: que el autoritarismo religioso ha sido sustituido por el autoritarismo científico[13], pero la religión en sí misma y la ciencia en sí misma no son autoritarias. Esto es, un pensamiento mágico religioso ha sido sustituido por otro pensamiento mágico de tipo científico, pero el pensamiento mágico es un modo de encarar a lo religioso y lo científico que no corresponden a la esencia de ambos enfoques de lo real.

Coherentemente con su postura –que la represión excedente del Eros es fruto del capitalismo, pero no de toda organización social- Marcuse va sentando las bases para su utopía, que él NO la considera tal:

“…la represión es en gran parte inconsciente y automática, y en cambio su grado sólo puede ser medido a la luz de la conciencia. La diferencia entre represión (filogenéticamente necesaria) y la represión excedente (23) puede proveer el criterio”

(Se refiere a la represión inicial filogenética del eros y la represión de una cultura de dominación).

“… Dentro de la estructura total de la personalidad reprimida, la represión excedente es esa porción que es el resultado de condiciones sociales específicas sostenidas por el interés específico de la dominación. El grado de esta represión excedente provee el nivel de medida: mientras más pequeña es, menos represivo es el momento de la civilización. La diferencia es equivalente a la que existe entre las fuentes biológicas e históricas del sufrimiento humano. De las tres «fuentes del sufrimiento humano» que Freud enumera —o sea, «la fuerza superior de la naturaleza; la disposición hacia la decadencia de nuestros cuerpos, y la imperfección de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, la comunidad y el estado» (24)— por lo menos la primera y la última son en un sentido estricto fuentes históricas; la superioridad de la naturaleza y la organización de las relaciones humanas han cambiado esencialmente durante el desarrollo de la civilización. Consecuentemente la necesidad de la regresión, y del sufrimiento derivado de ella, varía con la madurez de la civilización, con el grado de dominio racional alcanzado sobre la naturaleza y la sociedad”.

Y por ende el matrimonio monogámico es producto de esa dominación:

“…Históricamente, la reducción de Eros a la sexualidad procreativa monogámica (que completa la sumisión del principio del placer al principio de la realidad) es consumada sólo cuando el individuo ha llegado a ser un sujeto-objeto de trabajo en el aparato de su sociedad…”.

Pero de todo ello nos podremos librar cuando superada esta civilización, el Eros pueda liberarse de su represión excedente: en ese caso la sublimación de la libido no implicará que sea “cortada a su fin sexual”, sino que tendrá un carácter sexual aunque no necesariamente genital. Obviamente Marcuse no da una lista de cosas que en ese caso se podrán hacer SIN represión excedente, pero da a entender que mucho más que la sola utilización de la libido en el matrimonio monogámico:

“…el proceso que acabamos de bosquejar envuelve no solamente una liberación, sino también una transformación de la libido: de la sexualidad constreñida bajo la supremacía genital a la erotización de toda la personalidad. Es un esparcimiento antes que una explosión de la libido —un esparcimiento sobre las relaciones privadas y sociales que tiende un puente sobre la grieta mantenida entre ellas por un principio de la realidad represivo—. Esta transformación social que  permitiera el libre juego de las necesidades y facultades individuales”.

Lo cual NO es lo mismo que un “estallido” de la libido en una estructura de dominación:

“…el libre desarrollo de la libido transformada más allá de las instituciones del principio de actuación, difiere esencialmente de la liberación de la sexualidad constreñida dentro del dominio de estas instituciones. El último proceso hace estallar a la sexualidad suprimida; la libido sigue llevando la marca de la supresión y se manifiesta a sí misma bajo formas horribles bien conocidas en la historia de la civilización: en las orgías sadistas y masoquistas de las masas desesperadas, de las «élites sociales», de las hambrientas bandas de mercenarios, de los guardianes de las prisiones y los campos de concentración. Tal liberación de la sexualidad de salida a una necesidad periódica provocada por la intolerable frustración; fortalece antes que debilita las raíces del constreñimiento instintivo; consecuentemente, ha sido empleada una y otra vez como un pretexto para los regímenes supresivos”.

(O sea, luego de los “estallidos” de la libido, la represión excedente se hace más fuerte).

 “…En contraste –sigue Marcuse- el libre desarrollo de la libido transformada dentro de instituciones transformadas, al tiempo que erotizaría zonas, tiempo y relaciones convertidas en tabúes, minimizaría las manifestaciones de la mera sexualidad integrándolas dentro de un orden mucho más amplio, incluyendo el orden de trabajo. Dentro de este contexto, la sexualidad tiende a su propia sublimación: la libido no en reactivaría simplemente estados pre-civilizados e infantiles, sino que también transformaría el contenido perverso de estos estados”. (X, 177).

En resumen: Marcuse da una salida optimista al final lúgubre de El malestar en la cultura de Freud. Ese malestar es debido a la represión excedente del capitalismo. Superado este (Marcuse llama a la escasez “excusa” e “ideología”), la represión excedente será sustituida por una sublimación del Eros donde las relaciones que Freud llamaba de ternura serán también sexuales, aunque no necesariamente genitales, y llevadas de ese modo a un grado de desarrollo tal que impedirá ese malestar y ese estallido de la libido que consiste en la dialéctica de la civilización en la cual Freud se coloca a sí mismo.

1.4. Críticas adicionales a la utopía de Marcuse.

Tiene razón Marcuse en que la civilización analizada por Freud es inestable. Tiene razón que es apenas una capa de corteza terrestre arriba de un magna cuasi-ingobernable que explota cada tanto en lavas de terribles terremotos. Tiene razón Marcuse en que el matrimonio monogámico no es sublimación suficiente para la libido. Todo eso ha sido reconocido por Freud, quien por eso mismo no reboza de optimismo. Pero a Freud jamás se le ocurrió que ello tendría una salida en un estadio posterior de la humanidad, precisamente porque su pensamiento no estaba influenciado por la dialéctica hegeliano-marxista.

Para el inevitable conflicto del Eros después del pecado original, no hay “salida” social, sino la redención. Sólo la Gracia de Dios puede ir curando progresivamente –a veces de golpe en algunos- las heridas del proceso civilizatorio. Y sólo una sociedad comercial, desde un punto de vista natural, puede minimizar la pulsión de agresión. La utopía de Marcuse, de intentarse, llevaría a los individuos a nuevos engaños, a nuevas angustias existenciales, por lo que no se librarían de ningún modo del “estallido” de la libido. Pero, ¿por qué estamos hablando en modo potencial? Todo esto ya ha sucedido, en la medida en que muchos han pretendido vivir esta utopía…

Pero hay algo en lo cual Marcuse tiene razón: la sublimación del Eros en amor de ternura no es un “corte” a su fin sexual como si el amor de ternura no fuera en sí mismo sexual, aunque no genital. El intento de vivir nuestros afectos no esponsales fuera de toda influencia del Eros nos lleva a ser sujetos robóticos, fríos, sin ternura, y siempre temerosos de los razonables peligros que tiene la ternura, peligros que hay que enfrentar y saber manejar[14]. Gran parte de la energía que tienen nuestros afectos no esponsales, nuestros trabajos y nuestras capacidades artísticas, incluso nuestro amor a Dios, es energía sexual aunque cortada a la genitalidad reproductiva. No reconocerlo, no aceptarlo, no hacerlo consciente, lleva precisamente a no poder manejarlo, con todas las consecuencias que ese “no poder manejarlo” tienen y están a la vista sobre todo en creyentes que creen haber manejado bien su pulsión sexual.

2.      Mises previó estas utopías.

El gran crítico del socialismo en todas sus formas, Ludwig von Mises, que conocía bien a Freud y siempre lo elogió, diagnosticó estas utopías ya en 1922, en su clásico libro El socialismo[15]. Vale la pena citarlo in extenso. Ante todo fijémonos en los títulos: “Socialism and the sexual problem”.

Y sigue: “…Proposals  to transform the relations between the sexes have long gone hand in hand with plans for the socialization of the means of production. Marriage is to disappear along with private property, giving place to an arrangement more in harmony with the fundamental facts of sex. When man is liberated from the yoke of economic labour, love is to be iiberated from ali the economic trammels which have profaned  it. Socialism promises not only welfare -wealth for all – but universal happiness, in love as well. This part ofits programme has been the source of much ofits popularity. lt is significant that no other German socialist book was more widely read or more effective as propaganda than Bebel’s Woman and Socialism, which is dedicated above all to the message of free love. lt is not strange that many should feel the system of regulating sexual relations under which we live to be unsatisfactory. This system exerts a far reaching influence in diverting those sexual energies, which are at the bottom of so much human activity, from their purely sexual aspect to new purposes which cultural development has evolved. Great sacrifices have been made to build up this system and new sacrifices are always being made. There is a process which every individual must pass through in his own life ifhis sexual energies are to cast off the diffuse form they have in childhood and take their final mature shape. He must develop the inner psychic strength which impedes the flow of undifferentiated sexual energy and like a dam alters its direction. A part of the energy with which nature has endowed the sexual instinct is in this way turned from sexual to other purposes. Not everyone escapes unscathed from the stress and struggle of this change. Many succumb, many become neurotic or insane. Even the man who remains healthy and becomes a useful member of society is left with scars which an unfortunate accident may re-open. (Aquí es donde Mises cita a Freud: “…1 Freud, Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie, Leipzig und Wien 1910, p. 38 et seq). And even though sex should become the source of his greatest happiness, it will also be the source of his deepest pain; its passing will tell him that age has come, and that he is doomed to go the way of all transient, earthly things. Thus sex, which seems ever and again to fool man by giving and denying, first making him happy and then plunging him back into misery, never lets him sink into inertia. Waking and dreaming man’s wishes turn upon sex. Those who sought to reform society could not have overlooked it. This was the more to be expected since many of them were them· selves neurotics suffering from an unhappy development of the sexual instinct. Fourier, for example, suffered from a grave psychosis. The sickness of a man whose sexual life is in the greatest disorder is evident in every line of his writings; it is a pity that nobody has undertaken to examine his life history by the psycho-analytic method. That the crazy absurdities of his books should have circulated so widely and won the highest commendation is due entirdy to the fact that they describe with morbid fantasy the erotic pleasures awaiting humanity in the paradise of the ‘phalanstere’. Utopianism presents all its ideals for the future as the reconstruction of a Golden Age which humanity has lost through its own fault. In the same way it pretends that it is demanding for sexual life only a retum to an original felicity. The poets of antiquity are no less eloquent in their praises of marvellous, bygone times of free love than when they speak of the saturnian ages when property did not exist. Marxism echoes the older Utopians. Marxism indeed seeks to combat marriage just as it seeks to justify the abolition of private property, by attempting to demonstrate its origin in history; just as it looked for reasons for abolishing the State in the fact that the State had not existed ‘from eternity’, that societies had lived without a vestige of ‘State and State power’.’ For the Marxist, historical research is merely a means of political agitation. Its use is to fumish him with weapons against the hateful bourgeois order of society. The main objection to this method is not that it puts forward frivolous, untenable theories without thoroughly examining the historical material, but that he smuggles an evaluation of this material into an exposition which pretends to be scientifi.c. Once upon a time, he says, there was a golden age. Then came one which was worse, but supportable. Finally, Capitalism arrived, and with it every imaginable evil. Thus Capitalism is damned in advance. lt can be granted only a single merit, that thanks to the excess of its abominations, the world is ripe for salvation by Socialism”. (Las negritas son nuestras, versión inglesa en https://mises.org/library/socialism-economic-and-sociological-analysis )

Nada más que agregar.


[1] Marcuse, H.: Eros y civilización, Ariel, Barcelona, 1981. El caso de Wilhelm Reich (La revolución sexual, para una estructura de carácter autónoma del hombre, La Gabia, México, 1974, el prólogo a la segunda edición es de 1936) es análogo pero no pasa por la densidad teorética de la Escuela de Frankfurt. Eliminado el capitalismo, eliminadas las represiones sexuales que tienen que ver con la imposición del matrimonio monogámico y heterosexual. Que eso haya sido confundido con Freud explica el origen de muchos malentendidos.

[2] Adorno y Horkheimer, La Dialéctica de la Ilustración, op.cit.

[3] Fromm, E.: op.cit.

[4] Es muy desconocida en ambientes filosóficos y psicológicos de refutación a la teoría marxista de la explotación de Eugen Bohm von Bawerk, de 1884, en su monumental obra Capital e interés (Capital and Interest, Libertarian Press, 1959, cap. VIII del libro I). Ello es grave porque filósofos y psicólogos habitualmente leen a Marx pero no a su contrapartida, que tiene además importantísimas implicaciones filosóficas. En efecto, la plus valía es en Marx su modo, desde la teoría económica, de explicar la dialéctica del capitalismo a la dictadura del proletariado. Desconociendo la refutación de Bohm Bawerk (y además Mises en “El Socialismo” de 1922) cualquiera queda adherido a dicha dialéctica sin darse cuenta.

[5] En su clásico La rebelión de las masas, Tecnos, Madrid, 2012.

[6] Popper, K.:   Teoría cuántica y el cisma en física; Tecnos, Madrid, 1985;  Búsqueda sin término; Tecnos, Madrid, 1985; Conjeturas y refutaciones; Paidós, Barcelona, 1983;  Conocimiento objetivo; Tecnos,Madrid, 1988;  La lógica de la investigación cientifica,Tecnos, Madrid, 1985;  Sociedad abierta; universo abierto; Tecnos, Madrid, 1984, y Replies To My Critics; in The Philosophy of Karl Popper, Part II; Edited by P. Arthur Schilpp Lasalle; Illinois, 1974.

[7] En La hermenéutica como el humano conocimiento, op.cit.

[8] UNA ACLARACIÓN DE MARCUSE MUY IMPORTANTE: “… “represión” y “represivo” son usados en sentido no técnico para designar los procesos conscientes e inconscientes, externos e internos de restricción, contención y supresión”. (Introducción, final).  O sea: represión, como hemos aclarado desde el principio, es el proceso inicial del Super Yo desde el principio, re-direccionando, manera inconsciente, a la pulsión de vida. NO se refiere en Freud a los procesos de dominio consciente de las pulsiones de vida y agresión, donde interviene muy activamente el principio de realidad. Pero en Marcuse ese término hace también referencia a todos los usos y costumbres de una sociedad “civilizada”, o sea una pulsión ya “socializada”.

 

[10] En El malestar en la Cultura, punto V.

[11] Hemos tratado este tema varias veces: en Economía de Mercado y Doctrina Social de la Iglesia (Ed. de Belgrano, Buenos Aires, 1985), Antropología cristiana y economía de mercado, Unión Editorial, Madrid, 2011; Elementos de Economía Política, La Ley, Buenos Aires, 2007, con Martín Krause y Adrián Ravier, y Economía para sacerdotes, junto con Mario Silar, Instituto Acton, 2016.

[12] Instrucción Libertatis nuntius, 1984: http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19840806_theology-liberation_sp.html

[13] Feyerabend, P.: Tratado contra el método; Tecnos, Madrid, 1981; Adiós a la razón; [versión inglesa]; Tecnos, Madrid, 1992; La ciencia en una sociedad libre; Siglo XXI, 1982.

[14] Cuenta la leyenda que dos monjes iban caminando y al cruzar un río se encontraron con una bella mujer que intentaba cruzarlo también. El monje más joven se quedó medio paralizado, temeroso de la tentación que la bella dama le causaba. El monje más viejo le ofreció ayuda, la puso sobre sus hombros y luego la dejó en la otra orilla. El monje más joven preguntó al más viejo cómo se había atrevido a hacer eso. El anciano respondió: tú aún la llevas sobre tus hombros. Yo ya la dejé…. (Gracias Horacio Muñoz Larreta por esta referencia).

[15] Mises, L. von: Socialismo; Inst. Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1978.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

La Escuela Austríaca de Economía en la Argentina

Por Adrián Ravier.  Publicado el 23/10/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/10/23/la-escuela-austriaca-de-economia-en-la-argentina/

La corriente de pensamiento destaca el valor de las libertades por sobre las regulaciones extremas y el crecimiento del Estado en la vida pública

La Escuela Austríaca de Economía nace en Viena, en 1871, con los aportes de Carl Menger

La Escuela Austríaca de Economía nace en Viena, en 1871, con los aportes de Carl Menger. Su mayor protagonismo lo alcanza entre 1920 y 1930 con las obras de Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, y en concreto con debates importantes frente a los socialistas, frente a los macroeconomistas de Cambridge como John Maynard Keynes y también frente a John Clark y Frank Knight sobre temáticas específicas como la teoría del capital.

En la Argentina, sin embargo, las ideas de la tradición austríaca recién penetran en los años ‘40, seguramente como respuesta al abandono de las ideas liberales presentes en las bases constitucionales de Juan Bautista Alberdi, y al abrazo de un intervencionismo y un proteccionismo creciente en la década anterior.

A partir de 1942 en un aula de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, se reunían cada dos semanas Carlos Luzzetti (quien completó sus estudios en Oxford), William Chapman (quien luego fue Decano de la mencionada casa de estudios), Alberto Benegas Lynch (miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas) y José Santos Gollán (h) (más tarde Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA) para estudiar el libro de Gottfried Haberler: Prosperidad y depresión, publicado originalmente en inglés en 1937.

Haberler, asociado hoy con la Universidad de Chicago, había participado como asistente en el seminario privado de Mises en Viena, y había escrito este libro para estudiar las diversas teorías existentes sobre los ciclos económicos. El libro cita a Böhm Bawerk, Mises, Hayek, Lionel Robbins Fritz Machlup, entre otros autores destacados de la tradición.

Interesado en profundizar en esas ideas Alberto Benegas Lynch contactó a la Foundation for Economic Education (FEE) y tomó contacto con su presidente, Leonard Read, quien a su turno hizo posible su visita a Nueva York, lo que abrió un canal de diálogo y encuentros con Mises y Hayek.

Ya en la década siguiente, y en concreto en 1957, Benegas Lynch funda el Centro de Estudios sobre la Libertad, el que desarrolla al menos tres grupos de actividades fundamentales para comprender la raíz del pensamiento austríaco en Argentina:

1. Traduce y publica varios libros de economía austríaca al español. Entre esas publicaciones destaca una revista titulada “Ideas sobre la Libertad” que permitió la expansión de las ideas tanto en Buenos Aires como en el interior.

2. El Centro invitó a los mencionados Read, Mises y Hayek a disertar en Buenos Aires, a los que luego se sumaron Hans Sennholz, Bruno Leoni, Lucas Beltrán y Percy Greaves, entre muchos otros. Las seis conferencias de Mises en la Universidad de Buenos Aires quizás fueron las más destacadas, hoy compiladas en un libro titulado: Política económica (Unión Editorial).

Las seis conferencias de Mises en la Universidad de Buenos Aires quizás fueron las más destacadas, hoy compiladas en un libro titulado: Política económica

3. El Centro becó a numerosos jóvenes para que pudieran doctorarse en Estados Unidos, destacándose la figura de Juan Carlos Cachanosky, quien completó su doctorado bajo la dirección de Hans Sennholz en 1983.

En una entrevista que tuve la fortuna de hacerle, Juan Carlos comenta que fueron los trabajos de Henry Hazlitt los que movieron las estanterías de su formación keynesiana. Escribió una carta a FEE, y fue precisamente Leonard Read quien le facilitó el teléfono de Benegas Lynch, con quien rápidamente entró en contacto, y le prestó varios libros de los austríacos, que en esa época eran muy difíciles de conseguir.

En la misma entrevista, Juan Carlos destaca que en aquella época, como estudiante de economía en la UCA, conoció a Alejandro Chafuén, y juntos empezaron a participar en las actividades de la Escuela de Educación Económica del Contralmirante Sánchez Sañudo.

La posta de todos estos (y otros) esfuerzos de Benegas Lynch, la toma su hijo, quien en mayo de 1978 invita a Juan Carlos Cachanosky a incorporarse al Departamento de Investigaciones de la Sociedad Rural Argentina. (Posiblemente sea correcto afirmar que Benegas Lynch y Cachanosky son los dos apellidos más importante en las raíces del pensamiento austriaco en Argentina).

Origen de Eseade

Unos meses después, en agosto, Alberto Benegas Lynch (h) y un grupo de empresarios fundan Eseade, la primera Escuela de Negocios que ofrece estudios de posgrado en la Argentina.

La casa de altos estudios forma un departamento de investigaciones con nombres destacados para la Escuela Austríaca en Argentina, cada uno de los cuales requeriría una nota aparte: Juan Carlos Cachanosky, Gabriel Zanotti, Federico Thomsen, Alfredo Irigoin, Eduardo Zimmermann, Ricardo Manuel Rojas, Enrique Aguilar, entre otros. La incorporación de Ezequiel Gallo como director de ese Departamento le dio un vuelvo fundamental, convirtiendo a jóvenes entusiastas en académicos profesionales. Más tarde, el propio Juan Carlos Cachanosky será director.

Juan Carlos Cachanosky y Alberto Benegas Lynch (h), primeros referentes de la Escuela Austríaca de Economía en la Argentina

Alberto Benegas Lynch (h) fue Rector de Eseade durante 23 años, y durante ese tiempo sus cuatro programa de Maestría en Economía y Administración de Empresas, en Economía y Ciencias Políticas, en Derecho Empresario y en Finanzas, formaron centenares de graduados muchos de los cuales hoy dirigen las empresas más importantes del país. Esa formación incluía e incluye hoy día cursos donde el emprendedor es el motor de la economía, y el proceso de mercado aunque siempre en desequilibrio no es caótico, sino que permite coordinación.

En 2001 Alberto Benegas Lynch (h) deja Eseade para presidir la Fundación Friedrich Hayek, y deja el cargo a Martín Krause, quien también lo sucede como titular de cátedra de economía en la Facultad de Derecho de la UBA. Krause convoca a Gabriel Zanotti a dirigir el Departamento de Investigaciones, donde aparece una nueva generación de intelectuales interesados por la obra de Hayek y la Escuela Austríaca. Destacan allí Eduardo Stordeur y Eliana Santanatoglia en el área de derecho, Constanza Mazzina en ciencias políticas, Ricardo López Gottig en historia y yo personalmente estudiaba temas económicos.

Este departamento de investigaciones recibía frecuentemente la visita de académicos de diversa ideología, desde un Axel Kicillof hasta un joven Javier Milei, alcanzando siempre un diálogo respetuoso que nos nutría a todos desde un enfoque multidisciplinar.

En paralelo con la trayectoria de Alberto Benegas Lynch (h) en Eseade, Juan Carlos Cachanosky tomaba la dirección de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín en Guatemala, llevando un cuerpo docente argentino (del cual tuve la fortuna de participar) a dictar clases en programas internacionales.

Juan Carlos siempre insistió a su cuerpo docente que debían doctorarse para alcanzar el más alto nivel, y ello le permitió contar con un equipo de alta calidad donde destacaban Alejandro Gómez en historia económica, Pablo Guido y Sebastián Landoni en economía, y Florencia Roca en Finanzas.

Poco tiempo después Ricardo Manuel Rojas se convierte en director de la Fundación Hayek y el departamento de investigaciones de Eseade se traslada a esas oficinas bajo la dirección de Osvaldo Schenone, doctor en economía de Chicago, y con Gabriel Zanotti como sub-director. A ese departamento de investigaciones se suman nuevos jóvenes investigadores como Nicolás Cachanosky, hijo de Juan Carlos, quien poco después completa su doctorado en economía en Boston, y se convierte en profesor de tiempo completo en Denver, Estados Unidos.

Ediciones en la Argentina

Alrededor del 2007, Unión Editorial desembarca en Argentina, ya no sólo con envíos de miles de libros, sino con la intención de tener ediciones propias en América Latina. Se trata, en el mundo hispano, de la principal editorial en publicar libros de la Escuela Austríaca, actividad iniciada por Juan Marcos de la Fuente y seguida hoy por su hijo Juan Pablo Marcos. En Argentina Rodolfo Distel es quien dirige Unión Editorial, la que ha publicado en la última década centenares de obras clásicas y nuevos títulos que se exportan al interior, a los países limítrofes, e incluso llegan a todo el continente.

El trabajo entusiasta de Javier Milei está expandiendo las ideas de la Escuela Austriaca en Argentina (Franco Fafasuli)

Sería injusto no mencionar al profesor Francisco Navarro Vilches en formar austríacos en Mendoza; lo mismo con Rogelio Pontón y su esfuerzo por formar jóvenes austríacos en Rosario; Federico Fernández por ejemplo ya lleva organizados más de diez Congresos Internacionales de la Escuela Austríaca en esa ciudad con la Fundación Bases que preside; y por supuesto habrá que mencionar tantas otras instituciones para las cuales aquí ya no tenemos espacio.

Sin dudas que el trabajo entusiasta de Javier Milei está expandiendo las ideas de la Escuela Austriaca en Argentina, pero vale la pena señalar la plataforma sobre la que se sostiene este proceso, destacando el trabajo de hormiga de muchas personas e instituciones que también contribuyeron a ese fin.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Atención: vivir implica riesgos

Por Iván Carrino. Publicado el 16/6/21 en : https://www.ivancarrino.com/atencion-vivir-implica-riesgos/

Y querer reducirlos con mandatos coactivos es una pésima idea.

Que se caiga un avión, que se hunda un barco, que tengamos un accidente automotor, enfermarse de SIDA, tener cáncer, contraer una gripe mortal, perder el trabajo, que caiga nuestro sueldo, que los clientes dejen tu negocio para irse a la competencia, que una tecnología deje obsoleto el producto que vendemos…

Todos estos fenómenos pueden ocurrir, y todos tienen una probabilidad de ocurrencia asociada. Algunos pueden ocurrir con mayor probabilidad, como perder clientes contra la competencia, otros con menor, como que se caiga un avión.

Dato obvio: en ese avión nadie quiere estar.

Ahora la pregunta de políticas públicas es si el gobierno debe hacer algo para prevenirnos de estos riesgos o si, de intentarlo, el remedio puede ser peor que la enfermedad.

Hayek, escribiendo en 1944, decía que “A menudo, la vida y la salud (…) sólo pueden preservarse mediante un considerable  coste material (…) Para tomar un solo ejemplo:  podríamos reducir a cero las muertes por accidentes de automóvil si estuviéramos  dispuestos – de no haber otra manera- a soportar el costo de suprimir los automóviles. Y lo mismo es cierto para otros miles de casos en los que constantemente arriesgamos vida y salud.”

El pensador austriaco simplemente alertaba que intentar reducir algunos riesgos podría traer costos superiores a los beneficios.

Llevándolo a otro terreno: si el gobierno quiere anular el riesgo de que perdamos el trabajo, regulará demasiado el mercado laboral, lo que hará que sea menos dinámico, resultando esto en una tasa de desempleo estructuralmente mayor. Esto es claro cuando se compara el desempleo de Estados Unidos con el de Europa, por ejemplo.

Por otro lado, si quiere blindarnos frente al desempleo tecnológico, tal vez lo logre, pero al costo de sumir a todos en una economía más atrasada y menos productiva. Como en estos casos el remedio es peor que la enfermedad, resulta razonable convivir con los riesgos del caso y dejar que las personas adultas que habitamos el planeta decidamos libremente cómo enfrentarlos. 

Una solución que ha dado el mercado, dicho sea de paso, es el sistema de seguros, que nos compensa frente a las eventualidades que puedan ocurrir.

Llevemos esto a la situación de Covid-19. Si tomamos la tasa de letalidad para casos testeados positivos que publica la ciudad de Buenos Aires, vemos que ésta es muy distinta según rango etario. Por debajo de los 50 años, va desde el 0,05% al 0,43%, elevándose hasta el 25,9% para personas mayores de 80 años*.

Ahora bien, incluso teniendo en cuenta este dato, todavía hay que conocer cuál es la probabilidad de que una persona menor de 50 años se contagie de Covid. Si tomamos el promedio de la tasa de positividad como un proxy de este número, entonces tenemos que ésta es 25%**, con lo que la probabilidad de tener menos de 50 años y morir de Covid va desde 0,0125% a 0,1%.

Es decir, la probabilidad de no morir de Covid-19 es entre 99,90% y 99,9875% si sos de Buenos Aires y tenés menos de 50 años.

Para personas mayores esta situación empeora un poco, es evidente.

¿Y si el sistema de salud colapsa? En dicho caso, las probabilidades serán algo menores, pero en los primeros 20 países en materia de muertes por Covid (grupo en el cual se encuentra Argentina) el rango va desde 1700 muertos por millón en España a 3000 en Hungría***. Es decir que por cada millón de habitantes, en los peores países del mundo, al nuevo coronavirus lo sobrevivieron entre 997.000 y 998.300.

Ahora para evitar que esta enfermedad se propague,los gobiernos del mundo decretaron durísimas cuarentenas, que dejaron a millones sin empleo, deterioraron la salud mental de otros tantos, y aumentaron la pobreza en todos lados. Eso sí: supermercados y farmacias quedaron abiertos, porque para vivir es suficiente tener “lo esencial”.

¿Fue razonable?

Recapitulando, entonces: vivir implica riesgos, vivir en pandemia aumenta en algo estos riesgos y si el sistema de salud está colapsado, entonces el riesgo de morir será marginalmente mayor.

Pero la pregunta relevante, de nuevo, es si el gobierno va a dejarnos vivir como adultos, tomando decisiones soberanas; o si, con el mantra de cuidarnos, nos va a transformar en el canario que tiene comida y agua, pero su vida es un lamento puesto que vive en una jaula. 

————————

*  Los datos surgen de la página oficial, disponible aquí: https://www.buenosaires.gob.ar/coronavirus/noticias/actualizacion-de-los-casos-de-coronavirus-en-la-ciudad-buenos-aires

** Tomada de aquí: https://twitter.com/pipstoch/status/1404893460742746115

***  Los datos son del 16 de junio de 2020, y pueden consultarse en este sitio: https://www.statista.com/statistics/1104709/coronavirus-deaths-worldwide-per-million-inhabitants/. Dejamos afuera a Perú por una extraña suma de muertos no declarados, lo que llevó su número a 5.000, triplicándose en un solo día.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

SOBRE CAPITALISMO, CATOLICISMO Y OTRAS YERBAS HABITUALES

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 15/11/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/11/sobre-capitalismo-catolicismo-y-otras.html

 1. San Juan Pablo II hizo dos distinciones sobre el término “capitalismo”. ¿Conviene utilizar este término para referirnos a la economía de mercado?

Depende de la sensibilidad de las audiencias. “Economía de mercado” es lo mejor para evitar confusiones, pero dada la propaganda marxista contra todo lo que tenga que ver con el “capital”, a veces es justo referirse al capitalismo como sinónimo de economía libre.

2. ¿Qué impacto cree que está teniendo la Teología de la Liberación en Occidente e Hispanoamérica? ¿A qué lo atribuiría?

El impacto fue terrible en su momento porque fomentó los movimientos armados contra el capitalismo en Latinoamérica, como si en Latinoamérica hubiera habido capitalismo alguna vez. Pero la Teología de la liberación sigue influyendo porque los católicos no tienen suficiente formación contra la teoría marxista de la explotación y porque su versión más moderada, la Teología del pueblo, se sigue enseñando en casi todos los seminarios y es palabra sagrada en las Conferencias Episcopales Latinoamericanas. Los documentos contra ella que escribieron JPII y Ratzinger son letra muerta para la mayor parte de teólogos latinoamericanos. Además la teología del pueblo se ha impuesto como una especie de pensamiento único en el Catolicismo actual, ante el cual la disidencia es pagada con el ostracismo de hecho de casi todos los ambientes eclesiales.

3. ¿Por qué en países como España y Argentina, existe una mentalidad de considerable confianza hacia el asistencialismo del Bienestar del Estado?

Porque las virtudes y valores favorables al desarrollo, especialmente las orientadas a la empresarialidad, nunca hicieron carne en su horizonte cultural. En ese sentido el Catolicismo debería recuperar el valor sagrado del trabajo que está presente en los pueblos protestantes. JPII comenzó a hacerlo en la primera parte de la Sollicitudo rei sociales pero, de vuelta, nadie lo escuchó, excepto los que ya pensaban como él y lo influyeron, como Novak, Sirico y Buttiglione, que hoy son mala palabra en los teólogos de ambos países.

4. A lo largo de la historia contemporánea, algunos adalides de la socialdemocracia europea han tenido que adoptar pequeñas medidas liberalizadoras. ¿Se debe al utilitarismo?

Lamentablemente sí. Tienen la racionalidad suficiente como para reducir gastos estatales, no son psicópatas como Maduro. Pero luego vuelven a lo suyo apenas las cuentas se equilibran.

5. La especulación tiene una connotación negativa entre no pocos católicos, pues se le asocia con la usura. ¿Qué hemos de entender por la misma en realidad?

En las circunstancias históricas actuales, la usura es un raro problema privado, casi inexistente allí donde los modernos sistemas bancarios son el modo de coordinar oferta y demanda de ahorros. Sigue existiendo como problema sólo en la mente de aquellos que no comprenden el papel de la tasa de interés en la formación del capital. O sea, en los que ignoran el ABC de la Escuela Austríaca de Economía.

6. ¿Cuáles han sido las aportaciones más importantes de la Escuela de Salamanca a la disciplina económica? ¿Qué decir acerca de la disputa sobre la Escuela Austriaca?

Al respecto no tengo más que agregar lo que ya han estudiado Marjorie Grice-Hutchison, Schumpeter, Hayek, Rothbard y Chafuen. Lo que tengo que aclarar es que el tema está mal planteado habitualmente. No es cuestión de si fueron “austríacos o no” sino de señalar una evolución. Y como paso evolutivo, indudablemente lo fueron.

7. ¿Tiene algún encaje el principio de subsidiariedad de la Doctrina Social de la Iglesia con las tesis de economistas austriacos como Mises, Menger, Bohm-Bawerk y Rothbard?

Totalmente pero NO porque esos autores hayan afirmado el ppio. de subsidiariedad, sino porque sus aportes de teoría económica encajan perfectamente en la defensa que Hayek hace del ppio de subsidiariedad con respecto a los bienes públicos, sobre todo en el libro II del Derecho, Legislación y Libertad.

8. ¿Cómo se puede contrarrestar el globalismo a potenciarse en la era post-COVID19?

No soy optimista al respecto. El Covid19 ha sido aprovechado para aumentar en grado sumo la intervención de los gobiernos en la economía y no creo que retrocedan. Es la peor crisis económica y política mundial después de la WWII.

9. ¿Qué opinión le merecen las criptodivisas basadas en blockchain?

Si se mantiene como un orden espontáneo, ningún problema. Pero apenas comiencen las regulaciones estatales, se acabó todo.

10. ¿Qué argumentos le daría a un católico anti-socialista que tuviera reparos hacia la economía de libre mercado?

Que lea todos los libros, al respecto, de Martin Rhonheimer, Robert Sirico y Sam Gregg, con la tranquilidad de que no se va a ir al infierno…..

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

HEMOS CRUZADO UNA LÍNEA QUE NUNCA DEBERÍAMOS HABER CRUZADO. PERO……

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 30/8/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/08/hemos-cruzado-una-linea-que-nunca.html

Como ya he dicho varias veces, la razón por la cual NUNCA hay que violar derechos personales en nombre de la seguridad (como lo creyeron Videla, Buch y Dick Cheney) es que una vez que violas el debido proceso, y secuestras, matas y torturas, todo en nombre del bien, entonces has desatado un infierno que tú pensabas que podías controlar.

Lo mismo en nombre del virus. Se ha cruzado una línea que jamás debía cruzarse. No importa qué tan virulento sea un virus. Los derechos individuales no deben nunca (nunca: NUNCA) quedar sujetos a la arbitrariedad de médicos y políticos. Ellos no son los dueños de otros seres humanos. No son dueños de una nueva granja de esclavos a los que cuidan “por su bien”.

Las inevitables consecuencias no intentadas ya se ven por doquier. La violencia y la arbitrariedad policial, el reglamentarismo bestial de diversos funcionarios, la banalidad del mal de sus respuestas, propias de toda dictadura, no son “excesos” a una regla buena en sí misma. Son consecuencias propias y necesarias de toda dictadura, de todo poder ilimitado, ahora y siempre.

Pero……… ¿Por qué el “pero”? Porque, lamentablemente, no deberíamos sorprendernos de nada. ¿Qué se puede esperar de sociedades -la nuestra es una más- que han perdido hace tiempo la mas mínima noción de lo que es la libertad? No importa que no fueran La Unión Soviética o Corea del Norte. La mayor parte de los estados occidentales se han organizado con una burocracia férrea de órdenes y mandatos, con una estructura militar, disfrazada de nobles ideales, tal cual Weber lo describió. Somos herederos de la fuerza ilimitada de los estados iluministas, donde el abuso de la razón, denunciado por Hayek, se ha cumplido estrictamente desde el inicio. Ministerios de educación con poderes ilimitados, e igualmente, ministerios, secretarías o como se llamen sóviets de salud pública, de comercio, de economía, de transporte, etc., etc., etc.,  etc., que han convertido a los derechos individuales (de expresión, de religión, de enseñanza, de asociación, de reunión) en letra muerta hace ya muchas décadas. Sumemos a ello los grupos de presión de lo políticamente correcto, y la complacencia, ignorancia e indolencia de la mayor parte de las personas convertidas en tristes ovejitas eficientes de la máquina del estado, muchas de ellas con 5 doctorados, 6 idiomas, 70000 sacos y corbatas, 80000 togas, premios y distinciones, con resplandor mágico de personas serias, de ser miembro del paradigma dominante, de ser los que saben ante los imbéciles disidentes. Quien tenga oídos, oiga.

Pero todo esto, hace décadas, MUCHAS décadas.

Por lo tanto, el terror al virus encontró a Occidente sencillamente casi muerto bajo el peso de su propia dialéctica del Iluminismo. Tal vez nunca se sepa cuánto hubo de planificación, de estupidez o de lo que fuere en todo esto que está pasando, pero sí puedo afirmar con seguridad que nunca hubiera sucedido si el horizonte cultural hubiera sido diferente. Ni siquiera, como en otros tiempos, esta nueva Unión Soviética encontró la firme oposición de un Wyszynski, un Wojtila, un Pacelli. Líderes religiosas de todo el mundo han eliminado el derecho a la libertad religiosa por el temor a un virus. Impensable.

Y pensar que a veces se discute la falta de corroboración empírica de la predicción de Hayek en Camino de Servidumbre. Durante mucho tiempo se creyó que Europa y EEUU estaban gozando de una socialdemocracia light y benévola mientras que las libertades estaban bien custodiadas, y cuán equivocado estaba Hayek en haber predicho el desastre. Miren ahora. Ojalá hubiera estado equivocado. El y unos pocos, desde la Mont Pelerin Society, los Liberty Funds, la pionera Foundation for Economic Education, la UFM en Guatemala y no mucho más, advirtieron contra corriente, todo el tiempo, todo ello, siendo objeto de burla y desprecio por parte de los señores serios, creyentes y agnósticos, que nos miraban y aún nos miran bajo la soberbia del funcionario, del experto, de la OMS, la ONU, los comités científicos oficiales y todos los conicetitos y coneaucitas del mundo. Son los partidarios de la cuarentena obligatoria. Son los ideólogos y ejecutores de los diagnósticos de Hayek, Feyerabend, Adorno y Horkheimer, sobre el abuso de la razón humana, la nueva ciencia, la nueva religión, donde sus sacerdotes e inquisidores han vuelto con la soberbia de creer que no lo son. La ausencia de la conciencia de pecado. Lo peor de lo peor.

Gabriel, danos algo de esperanza. Sí, gente, Dios existe. Y deja al hombre en manos de su propia decisión (SI, 15,14). 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

¿Por qué no soy conservador?

Por Iván Carrino. Publicado el 31/7/20 en:  https://www.ivancarrino.com/por-que-no-soy-conservador/

Hola Alejandro y hola a todos. Bueno lo primero que me gustaría responder es por qué hacer este debate. La respuesta es que todo comenzó con un tuit de Antonella Marty, que decía que para ella “lo normal” era que la gente viva su vida “sin dañar a otros”, y que las elecciones amorosas de las personas eran parte de esa normalidad incluso cuando fueran homosexuales, poligámicas, etc.

A raíz de ese tuit llegué a la cuenta “Mises Report”, quienes lo habían tomado y habían hecho un confuso descargo. En él mezclaban felicidad con libertad, y criticaban a Marty por su “relativismo”, decían que “los liberales de hoy no creen en nada” y advertían: que no venga un adolescente a hablar del “respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo”.

Eso encendió mi mecha. ¿O sea que citar a Alberto Benegas Lynch y su clásica definición de liberalismo ahora es de adolescente?

¿Qué tal citar a Mises, quien consideraba que la diferencia entre la esclavitud y la libertad era que :

“el esclavo debe hacer lo que su superior le ordena… pero el ciudadano libre – y esto es lo que la libertad significa – está en posición de elegir su propia forma de vida?

Parece que no. Que para un sitio que dice venerar al propio Mises, eso es pura adolescencia.

Supongo entonces que lo no adolescente y adulto es citar a Nicolás Márquez, quien sí llama sin tapujos sodomitas a los homosexuales (más de 40 veces en un libro contra el supuesto “homosexualismo”) condenando abiertamente su forma de vida. Seguro que él sí sabe cuál es la manera correcta de vivir.

O supongo que será adulto citar a Hans Hermann Hoppe, economista austriaco también venerado por “Mises Report”, quien afirma que para sostener un “orden social libertario” es necesario “apartar físicamente” a quienes tengan formas de vida alternativas como “el culto al medio ambiente, el hedonismo, la homosexualidad o el comunismo”.

¿Será eso lo adulto, o será algo más propio de niños enojados con el mundo que buscan, a como dé lugar, llamar la atención?

¿Por qué debatir estas cosas? Sinceramente, porque estoy un poco cansado. Cansado de que, producto del auge de una nueva derecha antiizquierdista, en nombre de la libertad se diga absolutamente cualquier cosa.

La Nueva Derecha, Conservadora, o “Paleolibertaria”, como ahora le gusta autodenominarse, tendrá algunas cosas en común con el liberalismo clásico que defiende la libertad, la propiedad y los mercados libres.  Pero en otras cosas es profundamente antiliberal e incompatible con el liberalismo.

Además, caen en varias contradicciones.

Por ejemplo:

1)      Critican a Marty por un tuit que afirma que “lo normal” es que la gente persiga sus propios objetivos y luego dicen ser partidarios de la Escuela Austriaca de Economía que, por si no saben, fue la que hizo del “VALOR SUBJETIVO” el centro de su teoría del valor. Hoy todo economista sabe que es “normal”, “habitual” y “natural” que los seres humanos intenten maximizar su utilidad. Si a eso agregamos que la utilidad es subjetiva, entonces no hay mucho que opinar sobre las preferencias íntimas de cada uno.

2)      Los referentes de la Nueva Derecha citan a Hayek recordando que él defendía “la tradición”, pero no solo no parecen entender qué quiso decir con eso, sino que se olvidan que él mismo escribió que lo que diferencia a liberales de conservadores es que:

“Lo típico del conservador… es el temor a la mutación, el miedo a lo nuevo simplemente por ser nuevo; la postura liberal, por el contrario, es abierta y confiada, atrayéndole, en principio, todo lo que sea libre transformación y evolución, aun constándole que, a veces, se procede un poco a ciegas”

3)      Los referentes de la Nueva Derecha han hecho una enorme bandera del “anti aborto”, intentando quitarles a los liberales el “carnet de liberales” cuando estos estuvieran a favor de la despenalización. Ignoran que en ese caso tendrán que suprimir a varios, porque desde Ayn Rand a Murray Rothbard pasando por su tan querido Hans Hermann Hoppe, y desde José Luis Espert a Axel Kaiser, hay una larga cuenta de liberales que están a favor de que el estado no se involucre.

4)      Los “paleolibertarios” también han criticado la terrible interferencia del gobierno en la educación, una vez que ésta comenzó a tocar temas como el “género” o la “educación sexual”. Ahora yo me pregunto: ¿Dónde estaban cuando en las escuelas públicas de Salta se otorgaba educación religiosa que podía afectar a los hijos de padres laicos? Yo como liberal estoy a favor de la completa libertad dentro de la enseñanza, y que los padres decidan. ¿Ustedes los derechistas?

5)      Otro caso similar se da en el debate por la adopción homoparental. La adopción gay les parece un caso de “estatismo”, pero de la adopción “hétero” no dicen nada… ¿A quién engañan? Lo que ocurre es que para la derecha hay estatismos que gustan, y otros que no. Algo que también destacaba Hayek:

“El conservador no se opone a la coacción ni a la arbitrariedad estatal cuando los gobernantes persiguen aquellos objetivos que él considera acertados”.

6)      Ahora cuando se les remarcan estos temas, y se los acusa de homofóbicos, dicen que la homofobia no existe. No obstante, no dudan un segundo en llamar homofóbico al Che Guevara cada vez que alguien de izquierdas lo pondera. ¿Dónde queda la honestidad intelectual?

7)      La nueva derecha dice estar en contra de la intervención del estado en la economía, que quiere libertad, pero aplaude a cuatro manos cuando Trump eleva barreras proteccionistas. “Es por geopolítica, vos no entendés”, dicen.

8)      Por último, la nueva derecha nos dice que el “lobby Gay” es una careta del nuevo marxismo, pero es difícil ver cómo esto opera. En toda América del Norte los homosexuales se pueden casar. Sin embargo, la ley prohíbe estas uniones en el 98% de África, en Cuba, en Venezuela, en Rusia, en China y en India. ¿Quiénes son más marxistas?

Ayn Rand, Ludwig von Mises y F.A. Hayek, entre otros, enseñaron a una generación de liberales clásicos y modernos que el gran debate de nuestro tiempo era el individuo contra el colectivo. El sujeto contra la masa. El hombre contra el estado.

Eso implica oponerse a toda forma de colectivismo, ya sea el comunismo, el fascismo, el racismo, el nacionalismo, la xenofobia, la homofobia, y cualquier filosofía que se construya sobre la base de juzgar a un individuo por su pertenencia a un grupo o clase.

Los conservadores y la nueva derecha pueden mostrar credenciales de anticomunismo, pero: ¿y de todo lo demás?

Tengo mis serias dudas, y me gustaría que esta tarde podamos dejar en claro de qué lado está cada uno.

Gracias.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Acerca del intercambio Cornejo-López Murphy

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 21/6/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/06/21/acerca-del-intercambio-cornejo-lopez-murphy/

 

Días pasados hubo una muy auspiciosa conversación pública entre dos personas de larga y fructífera trayectoria en la política argentina. Ambos de probada vocación de republicanismo, uno ex gobernador de Mendoza que dio un ejemplo en cuanto a la concreta reducción del gasto público que resulta ser el parámetro decisivo en cuanto a poner en brete a pretendidos avances del Leviatán y que en su momento apoyó a su colega en el intercambio a que nos referimos como candidato a la presidencia. El otro proveniente de la tradición de pensamiento liberal, ex ministro y conocido impulsor de proyectos que tienden a dar la batalla cultural pero preocupado y ocupado por el establecimiento de una fuerza política que ponga coto a los abusos de aparatos estatales ilimitados que en las instancias que corren revelan ansias por deglutir derechos individuales. En esto, estos dos personajes coinciden ampliamente.

Alfredo Cornejo y Ricardo López Murphy constituyen esperanzas para la ciudadanía alarmada con los permanentes intentos de avasallar la Justicia, establecer un grado superlativo de impunidad, al tiempo que apunta a avanzar contra la propiedad de empresas en este caso afortunadamente por el momento frenadas por oportunos fallos judiciales. En este contexto se constatan nuevas incorporaciones a la burocracia ya de por si desmedida con el consiguiente engrosamiento del gasto gubernamental en un cuadro de situación donde la presión tributaria se trona insoportable, la deuda es astronómica, la expansión monetaria de una envergadura colosal y regulaciones cada vez más asfixiantes, todo lo cual se hace imprescindible revertir si los argentinos no queremos repetir la tragedia venezolana.

Lamentablemente la gestión anterior desperdició la oportunidad de adoptar las medidas indispensables para abandonar siete décadas de populismo y encaminarse hacia los principios y valores alberdianos que hicieron de la Argentina uno de los países más prósperos del planeta. El inicio de aquella administración no fue nada auspicioso con un bailecito en la Casa Rosada con la banda presidencial y tampoco inaugurarse con el nada republicano intento de designar dos miembros de la Corte Suprema de Justicia por decreto y la expansión de nuevos ministerios. En todo caso se agregó volumen al ya de por si sobredimensionada estructura burocrática financiada con una deuda monumental y un pésimo manejo monetario y cambiario que condujo a lo que todos sabemos y es de público conocimiento.

Afortunadamente la población frente a una alternativa electoral que se presentaba como tenebrosa, en una desesperada defensa de valores esenciales como la libertad de prensa y lo que queda en pie de la Justicia votó en las últimas elecciones para preservar esos principios y en su gran mayoría no como una muestra de apoyo a gobernantes fracasados que pudieron tener buenas intenciones y muchos decentes pero incapaces de traducir esas condiciones a la gestión en cuyo contexto algunos hicieron lo que pudieron para encaminar el rumbo sin éxito en el balance neto que es el relevante porque por más que se haya pretendido abrirnos al mundo, para que tenga efecto es menester adoptar medidas conducentes a la competitividad lo cual no se logra con palos en la rueda ni con declaraciones altisonantes.

En todo caso, la antedicha oposición logró contar con una cantidad muy apreciable de representantes en ambas Cámaras del Congreso lo cual debe ser aprovechado para encauzarlos hacia preceptos republicanos que nos alejen de los estatismos trasnochados y empobrecedores. En este sentido, hay posibilidades que varios de los más encumbrados referentes del radicalismo afirmen sus inclinaciones a los fundamentos de la sociedad libre y el consiguiente federalismo, la división de poderes y la transparencia de los actos de gobierno e incluso se aparten de lo ocurrido a partir de la Declaración de Avellaneda de 1945 del radicalismo y se encaminen hacia las sólidas propuestas de Leandro Alem, uno de los más brillantes exponentes de la política argentina de todos los tiempos.

En esta línea argumental, aunque la batalla cultural por el momento no permite un discurso tan directo en el plano político, es del caso citar algunos pasajes que ilustran el pensamiento de Alem. En el debate sobre la Federalización de Buenos Aires, en 1880, expresó: “Más el poder es fuerte, más la corrupción es fácil. Para asegurar el poder legítimo, es necesario impedir a todo trance que él exagere sus facultades, y es indispensable buscarle el contrapeso que prevenga lo arbitrario” y “en economía como en política, estrechamente ligadas, porque no hay progreso económico si no hay buena política, una política liberal que deje el vuelo necesario a todas las fuerzas y a todas las actividades” y concluía al afirmar que “gobernad lo menos posible porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad”.

A contracorriente de la sandez de “vivir con lo nuestro”, Alem patrocinaba la completa apertura de las fronteras al comercio en “El Argentino”, en 1894, en un texto titulado “El proteccionismo y el pueblo” y en 1891 en el “Manifiesto Radical” se refiere a los peligros de la inflación monetaria que firma Alem como presidente y lo secundan Joaquín Castellanos, Carlos Estrada, Daniel Tedín y Abel Pardo. Allí se lee que “Es un axioma ante la conciencia argentina que el mal se ha producido por exceso de oficialismo y que los bancos oficiales han sido el agente activo de la ruina de la fortuna pública y privada y de la depresión del carácter nacional. El banco oficial constituye un peligro permanente porque siempre será un medio político sujeto a la influencia de las pasiones partidistas. Trabajar, entonces, contra este género de establecimientos es hacer obra de cordura y de patriotismo”.

Como he puesto de manifiesto públicamente en varias oportunidades, la situación argentina actual es de tal peligrosidad que estimo deben unirse las fuerzas opositoras a la que ya existe sin pretender dividirla y fraccionarla con nuevos emprendimientos para no hacerle el juego conciente inconcientemente a las fauces autoritarias que se revelan con ímpetu descomunal en nuestra tierra.

Desde nuestra perspectiva liberal es necesario comprender que lo primero viene primero, que no es posible saltearse etapas y poner la carreta delante de los caballos. Lamentablemente no es el momento de un partido de raigambre enteramente liberal puesto que, como queda dicho, estamos muy atrasados en la indispensable batalla cultural. Como he puesto de manifiesto antes es equivalente a que una persona que se expresa en idioma sueco pretenda dirigirse a una audiencia hispanoparlante en esa lengua. Si quiere lograr ese cometido, es inexorable que primero se asegure que sus destinatarios hayan aprendido sueco, de lo contrario el mensaje quedará flotando en la estratósfera. A muchos buenos amigos que se desempeñan con la mejor buena voluntad en estas lides les he trasmitido mi opinión.

Entre paréntesis y como una nota al pie digo que no estoy seguro ni siquiera que convenga recurrir a la expresión liberal para aplicar a un partido político. Recuerdo el consejo de mi querido Ezequiel Gallo cuando en una ocasión se pronunció en contra de esta etiqueta en ese plano pues concluyó que al muy poco tiempo dado que la política exige acuerdos y adaptar el mensaje a lo que es al momento digerible por la opinión pública se preguntará “¿usted es liberal del liberalismo o liberal del partido liberal?”, por lo que comienzan las confusiones exactamente igual que ocurre, por ejemplo, en Colombia con al Partido Liberal y en Corrientes en nuestro país. Otra cosa bien distinta desde luego es el deseo noble que el espíritu liberal flote en la mayor cantidad de partidos posible.

Para no decir nada del libertarianismo, una palabreja que se ha debido utilizar en Estados Unidos donde el liberalismo fue expropiado por las izquierdas pero que en nuestra región no es necesario mutar de palabra para identificarnos y hacerles el juego a los que pretenden dejarnos incomunicados pues el liberalismo en nuestra región conserva su acepción original en cuya tradición se incorporan todos los nuevos descubrimientos necesarios puesto que por definición el liberalismo está siempre en ebullición. Adhiero a la insistencia de los grandes maestros como Mises, Hayek y Friedman en la inexcusable necesidad de mantener el empleo de la expresión tan representativa de liberal, aun frente a posibles intentos de tergiversarla. En nuestro medio la cobardía moral que no se atreve a enfrentar al liberalismo recurre a una designación absurda y vacía de contenido con la que ningún intelectual serio de nuestra época se siente identificado: “Neoliberalismo”.

Lo dicho también va para otros proyectos en carpeta de crear un nuevo espacio político opositor. Es de esperar que ninguno de estos ensayos prospere y que la actual oposición tenga la inteligencia y la templanza para incorporar a personas como mi amigo López Murphy a sus filas con cargos expectantes y a otros amigos dispuestos a navegar en la política a diferencia del que esto escribe y otros colegas que estimamos indispensable dedicar todo nuestro tiempo disponible a trabajar en el terreno educativo, en el dictado de clases y la publicación de libros, ensayos y artículos lo cual marcará el discurso de los políticos como ha sucedido en todos lados y en todas las circunstancias históricas.

Felicitamos a las instituciones que patrocinaron el encuentro de marras, muy bien conducido por Alejandro Bongiovanni, y esperamos que en el futuro se intensifiquen para bien de la Argentina en un clima en el que las ideas de la libertad se están trabajando a través de ideas de fondo en fundaciones y entidades muy meritorias que reúnen grupos de jóvenes muy bien preparados. No estamos para jugar con fuego, el tiempo apremia y necesitamos de una oposición unida por la supervivencia de la República. El banderazo en varias ciudades en defensa de las instituciones republicanas refuerza la esperanza.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Good Public Policy Requires Better Multidisciplinary Studies: The Legacy Of Deepak Lal (1940-2020)

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 30/5/20 en:  https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2020/05/30/good-public-policy-requires-better-multidisciplinary-studies-the-legacy-of-deepak-lal-1940-2020/#47b023aa1537

 

Deepak Lal’s death caught me in semi-quarantine away from my books, including my collection of his works. He died one month ago in London. He was a prolific and profound writer on many topics, and the many questions he raised in his writings richly deserve to be remembered. Deepak Lal was one of the few champions of the free economy that I always read. I could never predict his analyses and conclusions, but I always knew I would learn something valuable.

Picture of the book cover of ″Reviving the Invisible Hand″ by Deepal Lal

F.A. Hayek in his classic Road to Serfdom warned that few things have “done so much harm to the liberal cause as the wooden insistence of some liberals on certain rules of thumb, above all the principle of laissez-faire.” Hayek had in mind the many advocates of the free economy who, confronted with any policy problem, offer the simplistic response “it’s the government’s fault, the free market will solve it.” Deepak Lal, like Hayek, found fault in many government policies, and advocated an increased reliance on the free market to solve problems. His considerations, however, were not based on “rules of thumb.” He used a multidisciplinary approach and his analyses drew on contributions from many different social and physical scientists.

The first of Lal’s books that I read, The Poverty of Development Economics, was written in 1982 and published by the Institute of Economic Affairs (IEA) in 1983. The book was originally a long paper written for educated laymen. It gave greater intellectual clout to the theories championed by Peter T. Bauer, an early critic of foreign aid (his Foreign Aid: An Instrument for Progress? was published by the IEA in 1966). Through his outstanding books, Bauer was a solitary academic voice challenging conventional views on development and stressing the importance of a free economy. Lal wrote in the same vein and helped start a change in economists’ approach to growth. Melvin Krauss at the Manhattan Institute and the Hoover Institution, and Hernando de Soto of Peru’s Institute for Liberty and Democracy, also made important contributions. Notice that in all these cases, it was free-market think tanks and not university faculties that were promoting and publishing such works.

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE. Síguelo en @Chafuen 

La Sigen descubre la rueda. Sobre los precios máximos y el desabastecimiento

Por Martín Krause. Publicado el 19/5/20 en: http://www.laprensa.com.ar/488971-La-Sigen-descubre-la-rueda.note.aspx

 

La Sindicatura General de la Nación es “el órgano rector del sistema de control interno que coordina actividades orientadas a lograr que la gestión del sector público nacional alcance los objetivos de gobierno”.

Acaba de descubrir la pólvora, esto es, que los controles de precios, en tanto y en cuanto funcionen, lo que consiguen es generar desabastecimiento. Así, en un informe que diera a conocer el 8 de Mayo afirma: “En el marco de la segunda fase del Control de Comercialización Online desarrollado sobre grandes cadenas de supermercados, la Sindicatura General de la Nación relevó faltantes superiores al 49 por ciento sobre una muestra de 234 productos incluidos en el Listado de Precios Máximos.” Continúa: “De este modo, y de acuerdo al primer relevamiento efectuado por Sigen hace dos semanas en la región del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), la falta de stock se agrava y alcanza a más productos.”

Concluye el comunicado de la Sigen que el “Síndico General de la Nación Carlos Montero, lamentó «tener que volver a observar abusos que van en detrimento de toda la comunidad, con empresas que comercializan por encima de los precios máximos del Gobierno y, peor aún, ni siquiera reflejan existencia de muchos de estos productos».

En verdad, lo que tendría que haber lamentado el Síndico General es que otras áreas de su gobierno implementen políticas destinadas al fracaso y a los resultados que precisamente ha descubierto.
Existen tres situaciones posibles en cuanto a la implementación de controles de precios.

La primera de ellas es que los precios establecidos sean superiores a los que se encuentran en el mercado. En este caso, la medida no tendría efecto económico, en tanto no hubiera una espiral inflacionaria que modificara esta situación en el futuro.

La segunda es que los precios fijados por resoluciones sean iguales a los que se pueden encontrar en el mercado, en cuyo caso no tendrían ningún efecto, ni tampoco ningún beneficio o daño, siempre con la misma salvedad respecto a la evolución futura de los precios.

La tercera, es que se fijen precios que se encuentran por debajo de los precios de mercado. Ésta, seguramente, sea la situación en que están pensando los dirigentes políticos, y ésta es, precisamente, la que genera los peores resultados, tales como los mencionados en el informe. Porque esos precios generan dos efectos, al menos: por un lado, aumentan la cantidad demandada de los productos, a precios más bajos la gente compra más y/o reemplaza productos sustitutos por estos que están controlados; por otro, restringe la cantidad ofrecida porque su producción no genera rentabilidad sino pérdidas.

El resultado inevitable es una brecha entre la cantidad ofrecida y la demanda que llamamos desabastecimiento.

Tenemos mucha experiencia en esto, ha sucedido con todos los controles de precios en nuestra historia. Y no solamente eso, en un interesante texto (que se puede conseguir porque no tiene un precio controlado), Robert Shuettinger y Eamonn Butler “4000 años de controles de precios y salarios” (varias ediciones, pero hay una de Barbarroja Ediciones en 2016), muestran el mismo resultado en todos los infructuosos intentos realizados en 40 siglos. Aquí ya sabemos que los productos cambian en sus cantidades, en su calidad, y si ninguna de esas cosas es posible, directamente desaparecen.

La resolución de la Secretaría de Comercio Interior que establece el control de precios (100/2020) considera que actúa en virtud del Artículo 42 de la Constitución Nacional, que dice: “Los consumidores y usuarios de bienes y servicios tienen derecho, en la relación de consumo, a la protección de su salud, seguridad e intereses económicos; a una información adecuada y veraz; a la libertad de elección y a condiciones de trato equitativo y digno.”

¿Será esta medida en protección de nuestros intereses económicos? Pero, ¿cómo podemos interpretar que protege nuestros intereses económicos si hace desaparecer a los productos que necesitamos de los comercios? Encuentran sobreprecios en los principales supermercados, pero tanto el desabastecimiento como los precios son mayores en pequeños supermercados o comercios.

La resolución también “intima” a las empresas que forman parte integrante de la cadena de producción, distribución y comercialización de los productos incluidos…, a incrementar su producción hasta el máximo de su capacidad instalada y a arbitrar las medidas conducentes para asegurar su transporte y provisión durante el período de vigencia de la presente medida.”

Pero como esto no ha dado resultado lo que parece quedar por delante es aquello que Hayek llamaba “camino de servidumbre”, más controles, regulaciones, eventualmente expropiaciones o, finalmente, la cárcel para aquellos productores que no acaten las normas. O dar marcha atrás y dejar que los productores llenen las góndolas, y entender que quien aumenta los precios es el mismo gobierno emitiendo una moneda que pierde valor día a día. Y eliminar las barreras para una mayor competencia.

En definitiva, tal vez no corresponde decir que la Sigen descubrió la pólvora, dados los años de fracasos de estas políticas, más bien descubrió la rueda.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

CORONAVIRUS: QUE ESTÁ PASANDO, completo.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 26/4/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/04/coronavirus-que-esta-pasando-completo.html

 

Primera parte, 20-4-2020

Había una vez algo que se llamaba Sacro Imperio Romano Germánico. En ese Sacro Imperio, cuyo culmen podría ser el s. XIII, el príncipe secular recibía su legitimidad del Sumo Pontífice. Como horizonte cultural, todos pensaban que la Religión Católica era verdadera y la herejía era un delito civil, porque si te contagiabas del error, podías enfermarte del alma y perder tu alma. A su vez los musulmanes no podían ingresar libremente al Imperio (y viceversa) porque el príncipe también te protegía de que te contagiaras de los infieles. Y a todos les parecía muy bien, porque está bien y es bueno cuidar la salud. “Salud” viene de salus, salutis, que es tanto la salud del cuerpo como la del alma, esto es, la salvación.

Pasaron algunas cositas y en el s. XVIII cambió el horizonte cultural. En la Revolución Francesa casi todos pensaron que la religión era algo ridículo y entonces había que “liberarse de ella” y entonces surge la “libertad de cultos” si no era la persecución a los cultos religiosos. Kant denuncia la sumisión a-crítica a la religión como la gran inmadurez.

Pero la sumisión a-critica a la religión fue sustituida por la fe ciega ante la ciencia. Una nueva inmadurez. La cultura dio un vuelco de campana de 180, pero siguió en la misma idea: la autoridad política te “protege”. Antes, contra la perdición de tu alma. Ahora, contra la enfermedad del cuerpo.

Surgieron muchas voces críticas ante este positivismo que se convierte en tiranía estatal. La Escuela de Frankfurt, que denuncia la dialéctica de la Ilustración: la Revolución te quiere liberar pero al hacerlo te oprime. A la vez, sin necesidad de recurrir a Hegel o Marx, Hayek denuncia al estado constructivista, planificador, de la Revolución Francesa, de la mano de Burke. Y Feyerabend denuncia la unión entre estado y ciencia, pidiendo una nueva Ilustración, NO la condena de la ciencia, sino que los científicos no pudieran coaccionar a los demás con su visión de mundo y que, así como ahora hay distinción entre Estado e Iglesia y libertad religiosa, así también debe haber distinción entre estado y ciencia y libertad ante la ciencia por más verdadera que pueda ser.

Porque la verdad no se impone por la fuerza. Siempre pregunto a los liberales que son fuertemente anti-religiosos: ¿algo tiene que ser ridículo para que tengamos libertad ente ello? ¿Ustedes proclaman la libertad religiosa porque la religión les parece un absurdo? ¿Y qué sucedería si algún día se hicieran partidarios de tal o cual religión? ¿La impondrían por la fuerza entonces? Porque el fundamento de la libertad religiosa y la libertad ante algo NO es que ese algo sea absurdo, sino al revés: cuanto más verdadero sea algo, menos se puede imponer por la fuerza, porque la verdad no se puede imponer por la fuerza.

Por eso emergen los EEUU. Porque los colonos que huían de las guerras religiosas europeas nada tenían que ver con Robbespierre, sino que amaban sus tradiciones religiosas y por ello se dieron cuenta de que el príncipe secular no podía afirmar nada sobre la verdad o falsedad de lo más sagrado para el hombre. Por eso la Declaración de la Independencia, por eso la Constitución, por eso el Bill of Rights. Por eso fue el único lugar del mundo donde el horizonte cultural fue la conciencia de que tenemos derechos que no pueden ser abolidos por los gobiernos.

Pero en el continente la nueva coacción siguió su curso. Los estados iluministas comienzan a ocuparse de la salud pública y la educación pública. La libertad de enseñanza y la libertad de asociación comienzan a ser sustituidos por el derecho a la educación y el derecho a la salud. Derechos que deben ser custodiados por el estado con su fuerza de coacción. Al principio casi nadie se dio cuenta. Comunidades religiosas, incluso, aceptaron que el estado “cuidara”, “protegiera” su salud y educación, imponiéndoles coactivamente cosas “científicas”. Y la ciencia, claro, parece que no se discute. Pero no, no es cuestión de decir que la ciencia sea falsa. No es este un planteo post-moderno. Implica decir que no se impone por la fuerza. Pero no. Parece que sí. Recién hace algunos años, cuando algunas comunidades religiosas fueron invadidas por el estado en su salud reproductiva y en su educación sexual integral, entonces se dieron cuenta de lo que habían consentido, entonces se dieron cuenta de las libertades individuales, pero fue tarde.

Mientras tanto los estados “protectores”, constructivistas, racionalistas, “seculares”, llegaron a su apogeo. Controlan la economía, roban el fruto de tus ingresos, regulan el libre movimiento de personas y capitales, imponen qué debes aprender y enseñar, cuidan tu salud y por ende hay medicina legal e ilegal, porque “cómo puede ser” que te “cures con cualquiera”, si “la ciencia” es lo absoluto…. Y todo esto corroborado por todas las organizaciones internacionales correspondientes: la OMS, la UNESCO, todos organismos de la ONU, una especie de gobierno mundial que verdaderamente gobiernan y dan órdenes a sus estados miembros.

Toda noción de libertades individuales se perdió hace mucho. Todos éramos, somos, esclavos hace mucho tiempo, sólo que algunos dueños de granjas son menos crueles que otros. Pero la esclavitud, siempre, se justifica en que el dueño protege a sus débiles esclavos de sí mismos.

Continuará.

Segunda parte, 21-4-2020

Así las cosas, en las supuestas democracias liberales de Occidente suceden dos cosas, de manera lenta y gradual, hasta llegar a niveles dignos de las mejores novelas de estados futuristas totalitarios:

  1. Los estados necesitan de “expertos”, o sea especialistas que vienen de las ciencias naturales (sociales a veces también) porque son los “peritos” que tienen que asesorar al que finalmente va a decidir coactivamente cuáles son los contenidos educativos obligatorios y cuáles son los elementos de salud pública obligatoria. O sea, cuáles son los “contenidos mínimos” educativos (que se van haciendo máximos…) para todas las instituciones educativas, ya sean estatales o “privadas”,y cuál será la medicina legal, la obligatoria, la “científica”, que regirá en universidades, hospitales, ya sean públicos o “privados”. El mundo se unifica y se hace uniforme, y la posibilidad de otras formas de vida, otras formas de concebir el mundo, quedan reservadas a la literatura, y muy poco a la vida académica monopolizada también por los paradigmas dominantes (ver Feyerabend, “La ciencia en una sociedad libre”).
  1. Al principio, y hasta hoy, nadie nota el problema, porque el horizonte cultural, como dije, ha cambiado. Todos aceptan “la ciencia” como el piso cultural indiscutible.
  1. El “experto” coincide con el arquetipo de la “barbarie del especialista” descripto por Ortega. No tiene formación en nada excepto en su tecno-ciencia correspondiente. No tiene idea de Historia, de Filosofía, de Filosofía Política, de Filosofía de las Ciencias, de Hermenéutica, de nada que pudiera hacerle ver los límites de la ciencia que maneja ni los límites morales de su acción.El sistema educativo formal-estatal los produce y se replican como los virus, precisamente. Ellos y sus gobernantes asesorados pueden rebozar de buenas intenciones, pero rebozan también de poder y coacción para hacerlo, exactamente como los dueños de las granjas de esclavos. Y como aclara Feyerabend (el único que ha advertido este problema), este “experto” es igual que el inquisidor medieval, que con toda la buena voluntad de evitar que te contagies de la herejía, era el “experto” que finalmente dictaminaba quién iba a la hoguera o no, con la mejor de las intenciones. Hoy es lo mismo, no te mandan a la hoguera pero sí a la cárcel si finalmente incurres en el delito de no cumplir con lo prescripto por la ley. Los occidentales se creían muy libres y pensaban que esto sólo pasaba en la Rusia Soviética, en la China moísta y etc., pero no, lo que difería era el grado y el amplio apoyo de una población que ya había sido hervida lentamente como la famosa rana.
  1. Frente a todo esto, toda noción de libertad individual “ante” esto se hace ilusoria e incluso subversiva. Las libertades de educación y de asociación quedan limitadas a lo que encuadre dentro del estado científico,como antes lo debates teológicos no podían salir de los límites que los inquisidores establecían.
  1. Y todo esto se da como supuesto cultural, no cuestionado por nadie, excepto por Feyerabend y algunos pocos libertarios que se juegan su prestigio académico con sólo decirlo. Los demás liberales clásicos NO estudian a Feyerabend y en general son muy positivistas en su concepción cultural del mundo. Le dan a la ciencia y a sus expertos un poder que jamás osarían otorgar a un ministro de economía.
  1. Por ende, con el coronavirus sucedió “lo que tenía que pasar”. La cuestión NO pasa por un debate biológico ni por si importan los muertos o no. A toda persona de buena voluntad le importa la vida, nadie quiere la muerte de nadie (digo esto porque en la actual dictadura de los expertos, quien piensa diferente es una mala persona).
  1. Y “lo que tenía que pasar” es que en esta dictadura de la ciencia, a nadie se le pasa por la cabeza que haya libertades que no deben NUNCA violarse. Porque esas libertades han dejado de existir en nuestro horizonte cultural. Habitamos ya hace tiempo el mundo “feliz” de 1984 sin habernos dado cuenta. El llamado “mundo libre” antes de 1989 no era TAN libre como suponíamos. Y entonces a una serie de médicos, epidemiólogos y virólogos, a la OMS y etc. (cuyas intenciones sí son dudosas…)  se les ocurre que la cura y la prevención puede ser encerrar a todos en sus casa y….. Avanti. Ninguna restricción moral o política. Claro que en las enfermedades infecto-contagiosas hay que tomar medidas de prevención. Pero a estos “expertos”, estos nuevos inquisidores que te torturan para salvarte el alma de estos tiempos, o sea tu salud física, ni se les pasa por la cabeza que hay límites que no deben cruzar.
  1. Esos límites NO dependen de argumentos biológicos o de utilidad. Ese será otro capítulo. Pero hay que dejar bien claro que nuestra oposición a la cuarentena obligatoria NO pasa porque sea inefectiva. Pasa porque no se debe, porque viola una libertad que, como vimos, comenzó a perderse desde que el Constructivismo de la Revolución Francesa -denunciado por Hayek- comienza a inundar y a ahogar la poca pero importante conciencia de libertades individuales que había existido en su contrapartida, la Revolución Norteamericana.

Pero claro, no es sólo cuestión de gobiernos y sus expertos. Es también el grueso de la población y los medios de comunicación. Es también la alienación colectiva denunciada por Freud y Fromm.

Continuará.

Tercera parte, 22-4-2020

Freud y Fromm no son muy leídos en ambientes liberales. El primero, a pesar de ser elogiado por Mises, sufrió los embates de un Hayek que lo confundió con Wilhelm Reich. El segundo viene de la Escuela de Frankfurt y su interpretación no leninista de Marx no goza de simpatía para los que somos fans del libro El Socialismo de Mises. Pero sea correcta o no la interpretación que Fromm hace de Marx, lo que él, Fromm, dice, es verdad y es una mala noticia para todos: las masas. Sí, la rebelión de las masas. No del Atlas. De las masas.

Mi diferencia con Fromm es que la masificación por él diagnosticada en El miedo a la libertad NO es un fruto necesario del capitalismo. Es un problema de la naturaleza humana, bien analizado por Freud en Psicología de las masas y análisis del yo. Es triste pero la mayor parte de las personas no soporta la soledad de ser individuo (Fromm). Es triste pero la mayor parte de las personas se adhieren inconscientemente a un nuevo padre, dada su fijación y regresión neuróticas al conflicto no resuelto con la figura paterna originaria (Freud). Es triste pero la mayor parte de las personas no tienen una existencia auténtica donde asuman con valentía que han sido arrojados al mundo (Heidegger). Es triste pero la mayor parte de las personas anestesian ese sin-sentido, esa alienación, tomando prestado el sentido de su vida de otro (Frankl). Todo ello forma un conjunto psicológico no muy alentador. Una masa de personas cuya racionalidad instrumental (la mera técnica) puede ser infinita pero su autoconciencia de sí mismos, casi nula. Una masa de gente dispuesta como un rebaño a ir al matadero. No es la madurez que soñaba Kant. No es precisamente el arquetipo de ciudadano para el liberalismo clásico. Bad news, gente. Bad news.

Cuando esas masas son alienadas por un Hitler, un Mussolini, un Perón, se entiende un poco más. Comienzan muy amados por “su” pueblo pero luego sus resultados desastrosos hacen visible al mal (excepto en Argentina). Ello hace suponer que en las democracias occidentales no habrá ese tipo de masificación.

Error. Sí la hay, pero es más invisible. Es el mismo proceso: el sin sentido de la existencia lleva a no pensar, a no criticar, a consumir masivamente los entretenimientos de la cultura del espectáculo, como una pastillita invisible de la felicidad. Los liberales en general odian este tema porque habitualmente es una crítica al capitalismo que lleva contradictoriamente a suponer que las intervenciones estatales harán más maduras a las personas. Y en eso tienen razón en general los liberales: absurda solución. Pero el problema no puede negarse y, después del pecado original, no tiene solución. Allí está y toda la tradición anglosajona lo tuvo en cuenta cuando supuso bien que los que votan y son elegidos pueden ser perfectos psicópatas que sólo buscan al poder como alienación. Por eso la cuestión es el límite al poder. Eso Hayek y Ortega lo supieron siempre. Límite al poder que siempre está en el límite, precisamente, de lo humanamente posible.

Los medios masivos de comunicación no producen la alienación. La canalizan. Pueden ser medios para la libertad de expresión, para la defensa del más débil, para la denuncia profética, pueden llegar a ser ese espacio de diálogo democrático soñado por Habermas. Y a veces lo son. Pero pueden ser al mismo tiempo la repetición incesante de una sola voz, el camino de la difusión masiva de la degradación más abyecta, y no porque un Hitler los controle, sino porque así es la naturaleza humana, alienada, que circula por ellos. La izquierda siempre ha aprovechado esta debilidad de la libertad para intentar voltearla, y lo ha logrado bastante cuando se dio cuenta de que una hermosa película puede ser más penetrante que un Stalin enojado.

Ese positivismo que denuncié en las dos entradas anteriores ha hecho creer a muchos que no es así. Que los medios pueden ser objetivos, transmisores de hechos. La versión post moderna es todo lo contrario, pero realimenta a la anterior. O los medios son meros constructores de relatos o son transmisores de hechos. O una cosa o la otra.

Pero la suposición de que la verdad debe depositarse en el banco de los hechos ha producido la muerte de la verdad, porque ese banco está quebrado hace mucho. La verdad no es una cosa que se deposita en otra cosa llamado cerebro. La verdad radica en una filosofía que defienda al ser humano y su dignidad.

Nos manejamos todo el día con mensajes, y está bien, porque humanos somos. Esto que usted está leyendo, es un mensaje. Está en usted juzgar si es verdadero, dudoso, falso o irrelevante.

Yo le puedo dar muchos mensajes verdaderos. Puedo decirle que el tablero de mi computadora es de color negro. Puedo decirle que ayer me desayuné con un café con azúcar y sin lecha. Y usted dirá, ¿a mí qué me importa?

Exactamente. Puedo decirle muchas cosas verdaderas PERO irrelevantes. Por lo tanto no hay meros hechos. Suceden cosas y algunas son juzgadas como relevantes y bien relatadas, y otras pueden ser irrelevantes. Trump es el presidente de los EEUU. ¿Verdadero? Sí. ¿Relevante? Sí. Gabriel se desayunó con café sin leche. ¿Verdadero? Sí. ¿Relevante? No, excepto para mi nutricionista.

¿Y quién determina el criterio de relevancia?

De vuelta: ¿quién determina qué es lo relevante?

Obviamente, mucha gente. Está la gente que mira conciertos de Mozart, otros que miran futbol, otros que miran las dos cosas y otros que miran Bailando con los Marcianos. Pero en todo eso aparecen las masas alienadas, los noticieros repetitivos, los afines al gobierno, la espiral de silencio (https://es.wikipedia.org/wiki/Espiral_del_silencio), y todo ello puede convertirse en un altoparlante asfixiante excepto para aquellos que, si se silencia, se quedan sin la droga que consumen.

No soy apocalíptico. Es así y es el precio que una sociedad libre tiene que pagar por su libertad. Pero es un alto precio y la sociedad libre está siempre al borde del default.

Los llamados “hechos”, por ende, se seleccionan, aunque inconscientemente (Freud, Fromm, etc.). Usted no puede “ver todo”, “escuchar todo”. Escucha algo que para usted es importante. Cuando usted enciende el televisor, usted se enfoca en lo que para usted es importante, y hay verdades, para usted, más importantes que otras.

O sea:

Fíjese que no hablo de mentiras, hablo de selección de lo relevante. Que además es un mensaje escrito y diseñado por la empresa, por el estado o por mí, pero es escrito y diseñado, como este blog que usted está leyendo en este momento. Yo podría haber puesto una foto de XX para que a usted le llamara la atención. Pero decido no hacerlo y usted decidió leerlo.

Todo esto para explicar algo muy delicado: nadie niega que el virus sea importante, contagioso, y un largo etc. sobre el cual los médicos están debatiendo (tema para después). El asunto es que la OMS alertó y todo el mundo (literalmente, todo el mundo) se enfocó en eso. ¿Y está mal? No. Ok con haberle dado importancia. Pero el pánico que la muerte despierta, en una sociedad de masas, es incontrolable, y río revuelto para los gobiernos. Usted tiene miedo. Prende su sacrosanto televisor y escucha “100 muertos por coronavirus en…”, y se asusta. Y nadie niega que hubo 100 muertos. Pero hay otras voces que están diciendo: hubo otros 100 muertos por otras cosas. Hay otras voces que están diciendo: hay que analizar bien si murieron con o por el virus. Hay que analizar las enfermedades preexistentes. Hay que analizar el tema de los anticuerpos. No hay que dejar de lado otras enfermedades tal vez más letales. Pero no. Esas voces no se escuchan. Son silenciadas. Son malinterpretadas. Son voces de malas personas a las que no le importa la muerte. Y usted sigue escuchando a su televisor. Y se asusta. Y acepta todo. Y hace todo lo que le dicen. Usted está dominado por el miedo. No, la tele no miente. La tele enfoca. Pero usted no se da cuenta.

No se da cuenta y creerá que yo le quiero minimizar el problema.

Continuará….

Cuarta parte, 23-4-2020

Hasta ahora en ningún momento he dicho que la ciencia mienta. No hemos hablado de mentiras, falsedades o teorías conspirativas. No hemos dicho que el virus no sea importante ni que el nro. de muertos sea falso. Porque, como hemos visto, el problema de la unión indebida entre Iglesia y estado y la unión entre estado y ciencia es, en ambos casos, no que la religión o la ciencia sean falsas, sino que la verdad no se puede imponer por la fuerza.

SIN EMBARGO, esto no niega que haya que tener más conciencia de la falibilidad de la ciencia. Porque si algo que sea definitivamente verdadero NO se puede imponer por la fuerza, MENOS AÚN algo que sea dudoso o falible.

¡Pero la ciencia son los hechos!, me dirás. ¡La ciencia es exacta, lo que afirma está demostrado!!!!

Yo no voy a negar la importancia ni el avance de la ciencia. Yo no soy un post-moderno. Simplemente, el avance de la ciencia tiene que ver con una conciencia mayor de sus límites.

Claro que ha habido avances importantes, claro que la biología y la medicina han avanzado notablemente y han elevado el nivel de higiene y salubridad.

Pero aún así, la ciencia es auto-corregible, tiene avances, es falible, y precisamente por ello puede avanzar.

Piensa en la Física, la supuesta ciencia más infalible de todas. Hacia fines del s. XIX se suponía que la Física abarcaba todo el universo. Que no tenía errores, que Newton había explicado todo. Pero no. El mapa no es el territorio. Newton nunca imaginó que sus leyes supuestamente absolutas no regían para el interior del átomo. Ni tampoco pudo imaginar que lo que para él es una línea recta, en Einstein es una curva.

¿Entonces?

Y que entonces, no lo sabemos todo. Siempre habrá algún error en la ciencia. A efectos prácticos nos seguimos manejando con Newton en el macro-cosmos. Pero para la Física Cuántica y para la Teoría de la Relatividad, Newton no sirve. ¿Y entonces? Pues nadie lo sabe. Muchos físicos actuales se están matando tratando de unificar las tres cosas pero aún no lo han logrado. Y cuando lo logren tendrán un momento de estrellato, como Newton, pero igual, habrá cosas que ellos no podrán imaginar, porque el potencial infinito del universo físico es siempre superior a cualquier teoría que una mente humana pueda imaginar, por más “demostrada” que esté momentáneamente.

Y esto sucede con todas las ciencias naturales.

Mucho más con las ciencias prácticas, como la medicina. ¿Acaso nunca has pedido una segunda opinión? ¿Acaso los médicos nunca se equivocan? ¿Acaso grandes eminencias no difieren en diagnósticos y tratamiento? Pero NO porque sean unos tontos, sino porque lo que des-conocen es siempre infinitamente mayor que lo que conocen. No lo quieren admitir, pero sus “absolutamente seguros” tratamientos médicos y protocolos de HOY serán muy atrasados mañana………

¿Y tú vas a poner toda tu vida, libertad y propiedad en manos de ellos? ¿Acaso somos esclavos de los médicos? ¿No puedes pensar, decidir, criticar? Como una vez le dije a un médico-investigador que me decía que la operación era absolutamente segura: el que se va a operar no es usted. Deje decidir al que va a ser sometido al tratamiento….

¿Que como paciente te puedes equivocar? Sí claro, en eso consiste no ser esclavo. Si quieres vivir sin el riesgo de equivocarte, sé un esclavo. Ye te podrás morir igual, porque el dueño de la granja puede equivocarse también.

Lo cual nos lleva al tema del conocimiento disperso.

Errar es humano, porque los seres humanos no lo sabemos todo. (Y el creyente, que cree en algo revelado por Dios, NO debe imponer su fe por la fuerza). Pero entonces te imaginas que “los que saben más” deben dirigir a quienes sepan menos. Y entonces concluyes que la planificación central es mejor. Que haya autoridades sabias que gobiernen al resto de ignorantes. Que las decisiones sean centralizadas. Que la ONU mande a la OMS, que la OMS mande a los presidentes y que los presidentes ordenen a gobernadores, a municipios y a todos. Que el Papa ordene a los obispos, que los obispos a los sacerdotes y éstos a ti. Que el rector ordene a los decanos, los decanos a los profesores y éstos a los alumnos. De modo tal que la ONU, el Papa y el Rector hagan todo los demás obedezcan pasivamente.

Pero no. Hace tiempo que eso no funciona, hace tiempo que se sabe que respetar las autonomías de las demás sub-organizaciones es más eficiente. Precisamente, por el tema del conocimiento.

Seguro conoces Wikipedia. En Wikipedia no hay una dirección central. Y precisamente por ello funciona. No “a pesar” de ello, sino por ello. Porque el conocimiento disperso está diseminado en millones de usuarios, y la corrección mutua es una manera de combinar y coordinar ese conocimiento. Entra en este momento a Wikipedia y escribe una entrada en la cual digas que Santo Tomás fue un famoso ateo del s. XIX. Piensa en el tiempo en que vendrán las correcciones. Segundos tal vez. Pero si fuera una enciclopedia con dirección centralizada, hasta que el director  se entere y de la orden a los subordinados pasivos, cumpliendo además todos los pasos y reglamentos correspondientes, pueden pasar siglos.

Lo mismo el mercado. En Nueva York se encontraban computadoras precisamente porque no había una dirección central del gobierno sobre computadoras. Simplemente había oferta, demanda y precio. Y por ello el mercado de las compus estaba organizado. Estoy hablando en pasado porque posiblemente el alcalde de Nueva York, con la excusa del coronavirus, se puso a controlar el mercado de computadoras.

Por eso la centralización de las decisiones, ante esta crisis, es un error. Los gobiernos no saben todo lo que ignoran. El intendente conoce mejor su zona que el gobernador, y el gobernador mejor que el presidente. Pueden decidir cosas diferentes con mayor conocimiento del caso. Centralizar todo en una sola persona y sus asesores es una fatal arrogancia (Hayek), y nunca mejor dicho fatal.

Pero luego está el mercado. ¿Faltan mascarillas? ¿Falta alcohol? ¿Hace falta eso o aquello? Deja que los precios funcionen, que señalen lo que falta y generen mayor oferta e inversiones en esos casos. ¿Qué el sistema es imperfecto? Claro, de eso se trata, de que el conocimiento disperso e imperfecto tenga una mayor coordinación, que nunca será perfecta.

Y sin embargo, ante esta crisis, precisamente, los gobiernos están intentando controlar todo. Hospitales, empresas de insumos médicos, farmacias, todo, porque en su fatal arrogancia ignoran que ignoran y que necesitan una Wikipedia que se llama mercado.

Pero, a su vez, intentan imponer una sola visión médica sobre todas las demás. ¿Hay otras? Claro que sí, fíjate: https://gzanotti.blogspot.com/2020/04/coronavirus-voces-alterntivas-la.html ¿Y entonces? Pues habrá medidas distintas, opciones diferentes, y por sus frutos los conoceréis. Los resultados más eficientes saldrán a la vista.

¿Te he minimizado el problema del coronavirus?

¿Sí?

¿Seguro?

Continuará.

Quinta Parte, 24-4-2020

En las entradas anteriores hemos visto que ningún religioso, filósofo o científico tiene derecho a imponer sus ideas por la fuerza, por más verdaderas parezcan o sean. Y hemos visto también que mucho menos cuando esas ideas están basadas en la ciencia que es esencialmente falible y por eso corregible y evolutiva.

En una democracia republicana, el poder ejecutivo y etc. son empleados del ciudadano. Este los ha elegido y es su obligación pedirles cuentas, discutirles, preguntarles y cuestionarlos, sean quienes fueren, Premios Nobel o Juan Pérez.

Las personas no ejercen ese derecho porque se masifican (lo hemos visto también) pero es nuestro deber hacerlo.

Por lo tanto, coherentemente con la entrada anterior, vamos a plantear una serie de preguntas a un arquetipo imaginario, o sea al virólogo, epidemiólogo, infectólogo o médico que está proponiendo como tratamiento la cuarentena obligatoria. Yo, como paciente, tengo derecho a pedir una segunda opinión y a hacerle preguntas.

Me puedo equivocar, pero él también, y aunque su medicina sea revelada por Dios (que nunca es el caso) tiene la obligación moral de recurrir al diálogo y no a la fuerza.

Van mis preguntas.

  1. ¿Cómo se le pasó por la cabeza? ¿Usted cree que, aunque su tratamiento sea efectivo, usted tiene derecho a violar las libertades individuales básicas y aceptar ser el experto al servicio de un poder ilimitado? ¿No se le pasa por la cabeza que usted está cumpliendo el mismo rol que un inquisidor medieval?

Por las primeras dos entradas, no, no se le pasa por la cabeza, obviamente.

  1. ¿Pensó usted en la cuestión económica? ¿No, porque primero está la vida? Disculpe doctor, pero creo que usted de economía mucho no entiende.  Porque la economía está al servicio de que, precisamente, la gente no se muera de hambre, frío, inanición, falta de higiene, etc. Me parece que usted ignora lo intrincado y complejo que es el proceso de división del trabajo y de conocimiento que está detrás del desarrollo económico que impide, precisamente, que la gente se muera. Usted desconoce lo delicado de la cadena de producción y distribución de todos los bienes y servicios, que usted cree que puede cortar de golpe. Usted parece creer que su tratamiento es un valor superior a la desocupación, quiebre de grandes y pequeñas empresas, etc. Usted parece creer que “no estar infectado” es un valor superior a morirse de hambre y, permítame decirle, usted no puede decidir eso por la fuerza.
  1. A usted parece no importarle las consecuencias psiquiátricas que tiene la medida que toma, parece que minimiza la baja de defensas por la angustia y depresión, parece negar –como usted dice que yo niego el número de muertos- la importancia de los suicidios que ya están ocurriendo. No, es que es “menos” importante. ¿Ah sí? ¿Quién lo dice? En una sociedad de la “diversidad”, del “respeto al pluralismo”, de la “libertad de elegir” lo  importante lo decide usted y el presidente que asesora?
  1. Pasemos ahora al tema del contagio. Me va a decir que nadie tiene derecho a contagiar a otro. Pero eso tiene que ver, doctor, con el tema de los bienes públicos, que usted no ha estudiado nunca. Claro que las calles son bienes públicos (estatales o privados) donde compartimos el aire y otras cosas. Claro, el aire por ahora no puede ser privado como el pañuelo que llevamos en el bolsillo. Pero creo que usted sabe hace mucho tiempo que las sociedades toleran el inevitable contagio de ciertas enfermedades como gripe, neumonía, bronquitis, angina, etc., excepto que cubramos a todos los seres humanos de un traje espacial obligatorio.  Usted me va a decir: esto es más grave. Espere. En principio no se lo niego. Volvamos al contagio. ¿AHORA todos lo han descubierto? ¿Ahora todos se dan cuenta de la cantidad de cosas de las que se pueden enfermar, de las que se enferman, de las que enferman a otros o pueden enfermar a todos? ¿Ahora todos se dan cuenta de en cuántos cumpleaños, navidades y fiestas hemos disparado al infinito miles de gotitas de Flugge llenas de virus y bacterias? ¿Ahora se dan cuenta de con cuántos abuelitos han cometido con ello el asesinato perfecto? ¿Ahora se dan cuenta, todos (usted también, porque hasta Febrero de este año no lo veía tan preocupado) de la importancia de lavarse las manos, usar alcohol, barbijo y no abrazar al otro si estamos algo enfermos, sacarse los zapatos, etc., cosa que los japoneses hacen hace mucho? ¿Ahora se dan cuenta todos de lo que se pueden contagiar con solo VIVIR? Sí, ahora, porque antes, en general, funcionaba el sistema inmunológico (NO en los inmunodeprimidos, que son millones) pero aún así año tras año hay MILLONES de muertes por gripes y neumonías y la vida humana no se suspendía. Me va a decir: esto es más grave. De vuelta lo mismo: aunque usted tenga razón, hay otros criterios diagnósticos y tratamientos. Segundas opiniones, que deben ser escuchadas y consideradas.
  1. Me parece que usted no está explicando bien, doctor, la diferencia entre infectado, enfermo y muerto. Infectados con virus y bacterias patógenas, hay miles de millones, que NO se enferman porque el sistema inmunológico funciona (por eso fue tan terrible la situación en los 80 con los infectados de SIDA). Usted sabe, y por ende es cuestión de que todos tomen conciencia, de que en este mismo momento millones y millones de personas tienen dentro virus de gripes, bacterias de anginas, neumonitis y neumonías, y NO se enferman porque su sistema inmunológico mantiene a raya a tan antipáticos intrusos. Usted sabe que hay millones de personas que tuvieron varicela de niños y NO desarrollan el Herpes Zóster porque el sistema inmunológico mantiene latente al virus. Usted sabe que millones de personas respiran el Bacilo de Koch todos los días y no les pasa nada por el mismo motivo.

Por lo tanto infectado es una cosa, enfermo es otra, y mortalidad es otra, porque de los muchos que se enferman de gripe y neumonía no todos mueren, aunque sabe que anualmente son millones los que se mueren por eso, sobre todo porque tienen otras enfermedades, son mayores o son inmunodeprimidos, fumadores o diabéticos o etc.

Ahora bien. Como dice el estatista (yo de economía no entiendo nada…) yo de números no sé nada pero la buena noticia es que si el virus es tan contagioso como usted dice, millones y millones y miles de millones lo podemos tener en este momento. Yo, usted, y el lector. Y no pasa nada, porque el sistema inmunológico nos protege. Ahora le pido que relacione el número de infectados con el número de enfermos y verá que la probabilidad de enfermedad es baja, y compare el número de muertos con el número potencialmente infinito de infectados y verá que la mortandad es baja. Por lo demás, “estar enfermo o no” no es dicotómico. Puede ser muy leve, y también puede agravarse, sí. Usted me va a decir: pero esto es peor. De vuelta, lo dice porque el nro. de muertos es “muy alto”. ¿Muy alto en relación a qué? ¿Al número de infectados? No, como ve, es muy bajo….

  1. Lo que sí le admito es que el virus es nuevo y por ende el sistema inmunológico se tiene que acostumbrar. Eso sí ha provocado más muertes. Pero entonces, ¿por qué no deja que el sistema inmunológico de los pacientes produzca los anticuerpos contra el virus? Me va a decir: cuidado con los mayores y los inmunodeprimidos. Sí, ¿pero ese cuidado lo tenemos que tener TODOS los años no? Es bueno que lo hayamos descubierto. Nos cuidaremos más de estornudar como bestias delante del abuelo.
  1. Cuando usted dice “número de pacientes muertos”, ¿no hay que distinguir, como siempre, tipos de pacientes? Los que son fumadores, diabéticos, oncológicos, inmunodeprimidos, y un largo etc. que usted conoce. Pero eso sucede todos los años y nadie se entera…. ¿Por qué enterarse este año y otros no? No, no me diga que destacar el nro. de muertos por otras enfermedades es minimizar el coronavirus. Al revés, es darnos cuenta de la importancia de todas las enfermedades, es advertir que tenemos que ser más cuidadosos, y no por ello recurrir a un régimen soviético. Por lo demás, hay un tipo de pacientes, proclives a enfermarse, que a usted parece no importarle: los desocupados, angustiados, deprimidos, hambrientos, los NO vivirán más en una casa digna. Y parece que no le importa porque usted y su presidente los han aumentado.
  1. Por lo demás, los primeros muertos por coronavirus, y los actuales, ¿estuvieron bien diagnosticados y tratados? Muchos colegas suyos piensan que no, pero ustedes los médicos, como casi siempre, siempre piensan que el OTRO médico está equivocado. Muchos colegas suyos, sigo, afirman que en Italia los médicos no estaban preparados para la terapia intensiva de este tipo de enfermedades. Creo que usted tendría que al menos considerarlo, ¿no? Otros están diciendo que en Lombardía existía el mayor número de pacientes oncológicos por el amianto. Pero usted ni lo considera. Dice “muertos por coronavirus” y listo.
  1. Otros colegas suyos dicen, de acuerdo a lo anterior, que hay que distinguir entre muerto CON coronavirus y POR coronavirus. ¿No le importa la distinción? ¿No? ¿Por qué?
  1. Y el diagnóstico, ¿es correcto? Algunos colegas suyos sostienen que la complicación no es la neumonía, sino una inflamación alveolar que no se trata con respiradores sino con antibióticos y antiinflamatorios. ¿No le importa? Porque si fuera así, entonces ustedesnos están matando….
  1. Otra cosa importante. Usted estuvo de acuerdo con la suspensión lisa y llana de toda la atención médica excepto guardias. De vuelta, porque “al lado de esto NO eran importantes”. O por el contagio. Señor, deje esa opción a los pacientes, a los sanatorios y a otros colegas. ¿Hizo usted el número de personas que se van a morir o enfermar porque hace ya meses que hay enfermedades NO diagnosticadas a tiempo y tratamientos NO comenzados o interrumpidos? ¿No pensó en ello? ¿Qué NO es importante? ¿Usted? ¿Y usted quién se cree que es? ¿Dios? Por lo demás, el contagio. Señor mío, si me tengo que hacer una biopsia que decide si el quiste es maligno o benigno, le acepto que me cubra con un látex gigante, pero que la biopsia se haya igual. Si nadie me la quiere hacer es otro problema, pero usted respete la libertad de opciones.
  1. Otra pregunta (perdone doctor, pero soy paciente y tengo derecho a hacer preguntas aunque sé que habitualmente le molesta). ¿Qué va a suceder con los que se van a enfermar de dolencias habituales como anginas, otras gripes, catarros, etc.? ¿Van a estar aterrados de ser enviados a la isla de los leprosos? ¿Van a reprimir sus estornudos incluso en su casa, porque ahora TODO es coronavirus? ¿No los van a atender? ¿Ya se enteró del número de muertos por NO haber sido atendidos? Ah, “eso no es importante…”.
  1. ¿Y la crisis hospitalaria? Nadie la niega, pero usted no considera que hay sistemas de salud pública que en todo el mundo YA están en crisis hace mucho por la ineficiencia de la estatización del sistema de salud. Ah, cerdo capitalista, me dirá… Pero con eso no me responde. ¿No hay una corrida hospitalaria por el pánico que usted, entre otros, ha producido? La corrida hospitalaria, ¿quién la produce? ¿El pánico o el virus?
  1. En fin, doctor, me puedo haber equivocado, me puedo haber olvidado de muchas cosas. Pero usted también. No, yo no, me va a decir. Claro, usted no se equivoca. Mire doctor, su fatal arrogancia no me preocuparía tanto si no fuera que usted cree que su supuesto saber lo habilita a ser el nuevo dueño de la nueva granja de esclavos en la que usted, la OMS y casi todos los gobiernos del mundo han producido.

Que Dios lo perdone.

Dr. Zanotti (como Ross :-)) )

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises