Barack Obama y su visita a Cuba

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 26/2/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1874541-barack-obama-y-su-visita-a-cuba

 

En el marco del deshielo y normalización de las relaciones bilaterales entre Cuba y los Estados Unidos el presidente Barack Obama acaba de anunciar que hará una esperada visita a Cuba el 21 y 22 de marzo próximos en un viaje que luego incluirá una visita a Buenos Aires. Su esposa Michelle lo acompañará en su periplo.

Será el primer presidente norteamericano que, en ejercicio de su mandato, llega a la isla desde que, en 1928, Calvin Coolidge lo hiciera para asistir a la Sexta Conferencia Panamericana. Harry Truman, en su momento, estuvo en Guantánamo, pero sin entrevistarse con funcionarios del gobierno cubano y Jimmy Carter -que fuera presidente del país del norte entre 1976 y 1980- visitó a Cuba en el 2002 y en el 2011, aunque sólo como ex presidente.

En los últimos meses la relación bilateral entre Cuba y los Estados Unidos ha mejorado. Quizás menos de lo que muchos esperaban. Pero la marcha hacia una relación normal después de medio siglo de desencuentros no es fácil.

No obstante, algunos de los obstáculos regulatorios norteamericanos han sido superados mediante una actitud de flexibilidad tanto respecto del comercio como del turismo, que se ha incrementado un 54%. Otros subsisten inevitablemente, desde que no dependen del accionar, ni de la voluntad, del Poder Ejecutivo, sino que requieren acción del Congreso de los EE.UU. como sucede concretamente con el levantamiento del embargo comercial que los republicanos -que controlan el Poder Legislativo- no acompañan. Esto y la necesidad de que Cuba posibilite la plena vigencia de los derechos humanos y libertades civiles y políticas, conforman las dos principales cuestiones pendientes en la agenda de trabajo.

Pero hay un cambio enorme. Las puertas ahora están abiertas. Y se usan. El aislamiento y hasta el antagonismo automático van quedando atrás, con cadencia lenta. Se acaban, por ejemplo, de aprobar vuelos comerciales regulares entre los EEUU y Cuba. Pronto habrá 20 vuelos regulares desde los EEUU a La Habana y otros 10 a otras ciudades cubanas. Y las remesas de ayuda familiar desde los EEUU a Cuba se han incrementado. Cuba, aunque demasiado lentamente, ha empezado a caminar -a su vez- en dirección a más accesos inalámbricos y a la banda ancha. A lo que se agrega que una fábrica norteamericana de tractores pequeños, Cleber, producirá mil unidades por año en la isla con destino a los agricultores independientes que todavía hoy deben operar con tractores de propiedad del estado (de nadie entonces) y de cooperativas, lo que está lejos de ser lo ideal.

Barack Obama aclara que su visita apunta esencialmente a contribuir a “mejorar la vida de los cubanos”. Esto es a sacarlos de la postergación relativa, en materia de nivel de vida, en la que el comunismo los ha sumergido.

Lo hace advirtiendo prudentemente a todos que su país “no pretende imponer un cambio”, con lo que la valiente e independiente “bloguera” cubana Yoani Sánchez coincide, acotando desde su 14ymedio.com, que “el mandatario norteamericano no podrá cambiar a Cuba” y que “es mejor que ni lo intente, porque este entuerto nacional es nuestra responsabilidad”. A lo que agrega, sin embargo, que la visita de Obama generará “alegría y alivio” entre los cubanos, pese a ser “más simbólica que política”.

No es lo mismo un apretón de manos en el extranjero visto por televisión que una visita personal a la isla. Particularmente si Obama va a tener la oportunidad, como ha anunciado, “de reunirse con los miembros de la sociedad civil, empresarios y cubanos de todos los ámbitos de la sociedad”, lo que específicamente incluye, según uno de sus principales asesores, Ben Rhodes, a los disidentes que quedaron de lado en la reciente visita del Papa Francisco a Cuba.

Yoani, sin embargo, nos alerta en el sentido de que Obama “debe aprovechar la oportunidad para enviar un mensaje fuerte y claro frente a los micrófonos”. Tendrá la oportunidad de hacerlo, desde que está previsto que Obama pueda dirigirse directamente al pueblo de Cuba en oportunidad de su visita. Allí seguramente señalará que no está intentando convalidar el status quo, sino ayudar a que ocurra “un cambio en las vidas, libertades y posibilidades económicas” de los cubanos. Y defenderá, previsiblemente, la plena vigencia de los derechos humanos y libertades civiles y políticas, de todos por igual.

Como cabía esperar en un año intensamente electoral, los líderes de la oposición norteamericana se pronunciaron rápidamente en contra de la visita presidencial a Cuba. Entre ellos, Jeb Bush, Marco Rubio y Ted Cruz, quienes señalaron, contundentemente, que -a su modo de ver las cosas- en Cuba la represión no ha terminado.

Lo cierto es que, como señalara Josefina Vidal, a la manera de portavoz de la Cancillería cubana, Obama tendrá la oportunidad de “apreciar la realidad cubana”. De primera mano. Cimentando de ese modo un proceso de acercamiento entre las dos naciones que no debe detenerse. Haciéndolo, de alguna manera, irreversible. Aún ante un eventual cambio de partido de gobierno en los Estados Unidos. Mirando hacia adelante, entonces, razón por la cual hasta ahora no se ha previsto una entrevista con Fidel Castro, el símbolo máximo de un pasado que ha frustrado a varias generaciones de cubanos, condenándolos al atraso.

En la agenda bilateral entre los EE.UU. y Cuba hay muchas cuestiones pendientes. No sólo el levantamiento del embargo. También aparecen Guantánamo y los reclamos cruzados de reparaciones, conformados por una parte por los reclamos norteamericanos por las confiscaciones sufridas, que en 1960 se estimaron en unos 2 billones de dólares y, por la otra, por un pedido cubano de compensación por los daños pretendidamente derivados del embargo, estimado en el 2014 ante las Naciones Unidas como del orden de algo más de un billón de dólares. Y no cabe olvidar los temas de la agenda que tienen que ver con la libertad y los derechos humanos, así como los referidos al flujo que alimenta la emigración de cubanos a los EEUU, que no se ha detenido. Mucho que hacer, entonces. Cuando el Partido Comunista de Cuba se apresta a seleccionar a quien lo conducirá desde el 2018, cuyo apellido seguramente no será Castro.

Sin entrar de lleno en lo referido a la visita de Obama a la Argentina inmediatamente después de su paso por Cuba, llama la atención la simpática y temprana referencia a ella de Ben Rhodes, asesor presidencial en materia de seguridad del presidente Barack Obama, quien generosamente señaló que nuestro país es un “indicio de que el futuro se muestra brillante para los EE.UU. en el hemisferio”. Es así. Quizás porque que los lamentables arreos y los absurdos encierros en sí misma que, impulsada por bolivarianos, sufriera nuestra región ya no son posibles. La Argentina ha dicho claramente que quiere volver a ser ella misma. Y, como tal, trabajar intensamente con la región a la que ciertamente pertenece. Era hora.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

U.S.-Cuba Embassy Deal: New Relationship, Persistent Problems

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 21/7/2015 en: http://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2015/07/21/u-s-cuba-embassy-deal-new-relationship-persistent-problems/

 

July 20 brought the reversal of a decades-long U.S. policy stance toward Cuba. More than 50 years after the United States and Cuba first cut diplomatic ties back in 1961 (on the heels of Fidel Castro’s revolution), the Cuban flag sways outside the embassy on 16th St. NW in Washington DC.

The flag now also hangs in the State Department, side by side all the other countries with which the United States maintains friendly diplomatic ties. This change ushers in a new era of U.S.-Cuba relations, albeit with much less pomp and circumstance than the ceremony outside the embassy.

 

In his first-ever visit to the U.S., Cuban Foreign Minister Bruno Rodriguez led the ceremony in front of around 300 guests, including journalists and diplomatic team members to raise the island’s flag. In his remarks, Rodriguez praised the normalization of relations between the U.S. and Cuba, but was unwilling to stray from contentious topics: Rodriguez called for an end to the trade embargo and the dismantling of the U.S.’s Guantanamo naval base.
The Obama administration’s new policy still faces an uncertain future. Battles remain. The trade embargo can only be lifted by Congress, and Congress will have the final say on whether the President is able to post a U.S. Ambassador to Cuba.
Cuba will be a hot-button topic in 2016

Indeed, not everyone agrees with President Obama’s assertion that this policy reversal constitutes a “historic step forward.” Rodriguez’s remarks at the embassy underscore some of the tensions at play in normalizing Cuba-U.S. relations. Since its early stages, the deal has caused splintering on both sides of the aisle—and Cuba is likely to become a hot-button topic in the upcoming 2016 election.

Marco Rubio and Ted Cruz, both potential contenders in next year’s presidential race (and both of whom hold personal ties to Cuba), have openly stated that they do not support the actions of the Obama administration. Rubio has said that, if elected, he plans to roll back on Obama’s policy and cut ties with Cuba until democracy is fully restored in the island. Opponents, which also include former Florida Governor Jeb Bush, have expressed fears that President Obama’s actions signal tolerance toward an intolerant regime.

Senator Rand Paul broke stance with other Republican figureheads, however, by declaring that he believes opening Cuba could be a positive step towards a much-needed regime change in the island. Paul is on the same page as presidential hopeful Hillary Clinton, who was a proponent of the normalization of U.S.-Cuba relations while Secretary of State. Public opinion polls also reflect support for the shift, especially in areas like Miami, which boast a high density of Cuban-Americans. According to Pew Research Center, 63% of Americans approve of the deal—yet only 32% believe that renewed ties to the U.S. will make Cuba a more democratic country.

After living so many decades with little or no hope, most of those on the island also favor the deal. But Rubio and Cruz are not running for office in Cuba—they do not mind being unpopular there. Their principled stance, based on the respect of political and economic freedoms, and for all the liberties we take for granted, means little for those who have been brainwashed by half a century of constant government indoctrination.
Diplomatic relations do not guarantee progress

The Obama administration and the “Rand Paul” libertarians are not alone in their support for increased openness. Successful leaders of the U.S.-Cuban business community, as those gathered in the Cuba Study Group, favor the current policies. Their optimism is mostly genuine but few are ready to jump in with large investments.

Diplomatic relations do not guarantee progress. Nor do inexistent embargoes. Take the case of Venezuela, a country whose leaders trumpet that they would like to be like Cuba. A first hand witness, Luis Henrique Ball, believes there is nothing in the current agreement that would prevent Cuba from continuing to impose the same policies that have condemned its citizens and Venezuelans to poverty or exile.

Even some Cuban exiles—who complain the current agreement has ignored the rights of the victims of communism—believe there is a chance that the material conditions will improve. One of them, Alberto Mestre, forecasts that the transition might be like Vietnam (which he recently visited): “Our tour guide told us the communists still rule, and that is bad, but I am living better.” Cuban-born Otto J. Reich, former U.S. Ambassador to Venezuela, forecasts that the Cubans will follow the model of Putin’s Russia. The military will likely maintain power after the Castros’ deaths and will try to capture businesses inside and outside the country, thus consolidating power.

Likely alliances between crony military and crony capitalist interests

And though it may seem there would be less need for “spy games,” the opening of the embassies will likely expand spying on both sides. It will get cheaper, and soft collection of intelligence will be less risky. Those at the State Department Latin American desk tend to be more fearful of instability than of challenges against freedom. They will be monitoring trends and leadership. Cuba is only 90 miles away from the U.S. and if confronted with major instability and even more poverty, hundreds of thousands if not millions, might try to flee to Florida.

My forecast is that we will see alliances between crony military and crony capitalist interests. The former will have access to all the information gathered by the Cuban intelligence agencies, the latter, will help open the doors of business ready to make deals is someone guarantees their profits. If the rewards are high, dealing with tyrants becomes attractive.

Those of us who love freedom will have to make an extra effort to continue to document and expose the human rights abuses committed by Cuban communists over all these decades as well as their support for terrorist and subversive activities. We will have to resist the temptation to create a strategic blindness and silence in order not to hamper the possibility of progress. Progress that for some might mean more privileged business deals, but for us should mean increased freedoms.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

Física cuántica

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 26/7/15 en: http://www.eluniversal.com/opinion/150726/fisica-cuantica

 

Es primitiva la idea de que la violencia puede detener a la violencia: va contra la lógica -es incoherente- y no tiene fundamento científico sino que es una creencia -de “fe”, evidente según sus fieles- que los datos empíricos desmienten: por caso, van años de “guerra contra el terrorismo” iniciada por Bush, incluido el homicidio de Ben Laden, y el delito recrudece.

Creencia que surge de la reacción, ante racional, de quién prejuzga que si se elimina a un terrorista, o a los que sea, el terrorismo desaparece. Sería cierto si el delito fuera una persona, por caso, si fuera Pablo, muerto, desaparece el terrorismo. Pero no es Pablo, sino una reacción -inmoral- amplía de modo que si no se corrige la acción que da lugar a esa reacción, muertos los terroristas serán reemplazados por otros.

Así, Occidente, en lugar de asesinar culpables e inocentes, agravando la violencia con guerra debería desandar la acción que provoca la reacción terrorista. Para empezar, dejar de sostener -por negocios de armas y petróleo- al mayor foco de fanatismo islámico: la tiranía de Arabia Saudita. En este país -sede de La Meca y Medina, las ciudades “sagradas” del Islam y prohibidas a los “infieles”- no hay cines, ni teatros, las mujeres son esclavas, la posesión de una Biblia puede acarrear la muerte… y más. Así, la mayoría de los yihadistas son saudíes.

Pero los políticos occidentales premian a los fanáticos: cerrarán una playa cerca de Cannes para el rey saudí. El premier británico anunció medidas para destruir al Estado Islámico en cinco años. No lo logrará como no lo logró Bush. Además de bombardear, propone prohibir discursos de “predicadores del odio”, vulnerando la libertad de expresión, y definir al “extremismo” punible como “oposición a la democracia… “.

Hablando de democracia, Donald Trump es el favorito de los conservadores, 24%, luego Scott Walker, 13%, y Jeb Bush, 12%. Gracias a discursos agraviantes. Ya decía Lee Atwater, jefe de campaña de George Bush, que debía ser agresivo porque da que hablar y es importante que se hable ya que existe una relación entre la cantidad de votos y la cantidad de publicidad tanto que, según Michael Deaver, la televisión “elije a los presidentes”. O sea, que la democracia puede ser manipulada.

En fin, cuenta Lourdes Bouton que Einstein cambió todo con sus teorías sobre relatividad y física cuántica. Lo que nos rodea no se compone de materia, sino de campos energéticos entre 12 partículas: protones, neutrones, electrones, quarks… Somos antenas electromagnéticas y, según nuestra energía, atraemos posibilidades positivas o negativas. Las funciones celulares de la felicidad se disparan: serotonina, endorfinas, dopamina…  Puedes amar y crear tu mundo, co-crear el universo.

En fin, no sé en qué medida es física cuántica, pero definitivamente la ciencia demuestra que el bien se consigue solo con bien y no con militares, policías y cárceles. En Los miserables, Víctor Hugo describe el comportamiento humano. Por robar para sus sobrinos hambrientos, Jean Valjean terminará en una prisión que lo volverá rencoroso. Liberado, se refugia con el obispo de Digne a quien roba piezas de plata. El obispo, sabiendo que la policía empeoraría las cosas, testimonia que se las había regalado e incluso entrega a Jean dos candelabros más. Conmovido, con riquezas producto de su trabajo, Valjean termina siendo un gran benefactor.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.