Los intelectuales y la política:

Por Alberto Benegas Lynch. Publicado el 18/10/12 en http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7533

 La función primordial de los ámbitos académicos es evaluar, discutir y proponer ideas independientemente de su comprensión o incomprensión por parte de la opinión pública. Es un microcosmos del que parten las novedades. En este nivel es irrelevante si las ideas en cuestión son o no son populares, lo importante es su validez o invalidez a juicio de sus propulsores.

A veces se presentan posiciones como si fueran mutuamente excluyentes, pero miradas desde una perspectiva abarcadora no resultan incompatibles. Veamos este asunto por partes. La función primordial de los ámbitos académicos es evaluar, discutir y proponer ideas independientemente de su comprensión o incomprensión por parte de la opinión pública. Es un microcosmos del que parten las novedades. John Stuart Mill ha dicho que todas las nuevas ideas expresadas con la suficiente insistencia indefectiblemente pasan por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción. En este nivel es irrelevante si las ideas en cuestión son o no son populares, lo importante es su validez o invalidez a juicio de sus propulsores.

Hay en este plano un efecto multiplicador tal como ocurre con una piedra arrojada en un estanque: se forman círculos concéntricos que abarcan radios cada vez mayores a medida que, en nuestro caso, se van abriendo paso las nuevas ideas. Todo lo que disponemos con naturalidad hoy ha sido la creación solitaria de alguna mente que muchas veces se la juzgó como demente hasta que se la adoptó, luego de lo cual la gente actúa como si siempre hubiera estado presente la innovación, es como si hubiera aparecido por ósmosis. Los prácticos de este mundo no hacen más que aplicar buenas teorías fabricadas trabajosamente por otros, de allí el aforismo de que “nada hay más práctico que una buena teoría”.

En esta instancia del proceso evolutivo, la política opera en un sentido completamente distinto. Su material discursivo es lo que se comprendió y aceptó, no lo que eventualmente va a ocurrir. Su función no es abrir caminos sino transitar los que ya se encuentran a disposición de la gente. No proceden ni pueden proceder con independencia de los que ha digerido la opinión pública.

Son funciones cruzadas: si el intelectual, antes de dictar su clase, averigua que es lo que quieren escuchar sus estudiantes, estará perdido como profesor. Pero si el político no escucha debidamente lo que su audiencia le reclama y procede independientemente se sus demandas, tendrá sus días contados como político.

Ilustremos esto una vez más con un gráfico en el que se destaca el punto de máxima y de mínima que permite la opinión pública en cuanto a recetas de políticas públicas. Supongamos que se trata de más o menos libertad. Los de tendencias liberales que propongan medidas más radicales de lo que el punto de máxima marca como límite de absorción, indefectiblemente perderán apoyo electoral. Si, en cambio, el de raigambre trotskista sugiere medidas más extremas de lo que el punto de mínima permite, también será castigado en las urnas. Es inexorable, el político es en última instancia un cazador de votos, por lo que le resulta imposible navegar por fuera del aludido plafón.

Ahora bien, el asunto radica en saber de que dependen las fluctuaciones de la aparentemente misteriosa opinión pública, para lo que debemos mirar al mundo intelectual que, para bien o para mal, es responsable de los referidos corrimientos. De allí es que resultan tan trascendentales las faenas educativas. De allí procede el sentido de bautizar a cierta etapa de la historia como “la era de Marx” o “la era de Keynes”. No es que los políticos hayan leído las respectivas obras (a veces ni siquiera conocen sus títulos), es que están embretados a recurrir a un discurso que apunte en esa dirección, si es que quieren sobrevivir como políticos.

El académico que no es intransigente con sus ideas es un impostor y, por el contrario, el político que se muestra intransigente con ideas que difieren de las de la opinión pública es un mal político. Por eso es que en este último caso, se requiere conciliación, búsqueda de consensos y acuerdos entre distintas corrientes de opinión. En el caso de los intelectuales, el debate, las concordancias y las refutaciones no toman para nada en cuenta si otros aplauden o se disgustan solo apuntan a lo que estiman es al momento la verdad (subrayo lo de al momento puesto que las corroboraciones son siempre provisorias). Las discusiones en este nivel no son para lograr un consenso sino para indagar en lo que se estima es verdadero o falso.

Debemos nuevamente precisar que en todo esto nunca debe estar presente la ideología, una palabreja horrible que, a diferencia de lo que apunta el diccionario de conjunto de ideas e incluso a diferencia de la concepción marxista de “falsa conciencia de clase”, la acepción más difundida es la de algo cerrado, terminado, inexpugnable, pétreo e inamovible, lo cual es lo más distanciado y contrario que pueda concebirse del significado del conocimiento. En este sentido es que siempre destaco el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, es decir, no hay palabras finales puesto que estamos inmersos en un contexto evolutivo donde, para los mortales, no hay metas finales que puedan lograrse, estamos siempre en tránsito. De lo que se trata entonces es de valores o principios (y no de ideología) los cuales, mientras se consideren verdaderos, se mantienen incólumes en el plano intelectual y que, en el nivel político, necesariamente deben negociarse.

Por más que el político alardee de valores inmodificables, no es lo que caracteriza a las estructuras políticas. En la carrera electoral deben ceder lo necesario para lograr el objetivo. En última instancia, las plataformas valen de poco si la opinión pública espera otra cosa. No es que el político no tenga sus preferencias personales, es que debe adaptarse a la situación reinante y no anteponer principios. Los integrantes de cada partido tendrán sus ubicaciones en el espectro general pero los movimientos para un lado o para otro serán necesarios si se esperan votos. Como queda dicho, las respectivas correcciones y modificaciones en el pensamiento de los integrantes de la opinión pública viene del costado intelectual-educativo y no del fragor de la batalla política.

Lo más ridículo es observar a una especie de zombies que no saben donde ubicarse y van y vienen de un plano a otro con lo que naturalmente quedan mal con integrantes de ambos bandos. Nada más triste que el intelectual que la juega de político puesto que el rigor profesional se transforma en un derrumbe estrepitoso: son monedas falsas en ambos lados de la contienda. Esto no significa en modo alguno que el intelectual no pueda vincularse de muy diferentes maneras a la política pero es para dar su opinión sin retaceos y no para adelantarse en transacciones que no le competen. Las estrategias, las funciones y los desempeños son sustancialmente diferentes en un plano y en otro, lo cual no debe confundirse con entidades que excepcionalmente se inscriben como partidos políticos con la idea de correr el eje del debate y no meramente ganar elecciones como es el objetivo de la política convencional.

A mi juicio, tiene prelación la instancia académica si se observa la secuencia lógica del proceso. La política es la ejecución de ideas y no es posible ejecutar aquello que no se sabe en que consiste. Por su parte, es muy higiénica la crítica a los gobernantes cuando el Leviatán atropella y a los opositores en las legislaturas cuando no limitan el poder, pero también se debe tener en cuenta que, como queda expresado, los andamiajes discursivos dependen de lo que la gente sea capaz de asimilar y esto, a su vez, es consecuencia de tareas educativas previas. No puede pretenderse un discurso distinto de lo que se está en condiciones de digerir. Para que un orador pueda pronunciar una conferencia en sueco es indispensable que la audiencia entienda sueco, de lo contrario el evento será un rotundo fracaso.

En resumen, mientras avanza el debate sobre externalidades, el dilema del prisionero, los bienes públicos y las asimetrías, la tarea del político no es incompatible sino complementaria a la del intelectual. Los dos cumplen funciones distintas y necesarias. El primero se dirige a lo que es políticamente posible, mientras que el segundo apunta a convertir lo políticamente imposible en posible.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

 

ABORTO: UNA VEZ MÁS:

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 21/10/12 en http://www.gzanotti.blogspot.com.ar/

 Una vez más el debate sobre el aborto muestra que los diversos períodos culturales tienen sensibilidades diferentes y no necesariamente coherentes. En tiempos ecológicos donde la muerte de vacas y de pollos es mal vista, y florecen las corrientes vegetarianas, en tiempos donde cualquier especie animal en riesgo de extinción genera alarmas en la opinión pública, en tiempos donde la pena de muerte, incluso de los criminales más peligrosos, es considerada un crimen; en tiempos donde las guerras de conquista, con todas sus atrocidades, ya no son aprobadas por nadie, en esos tiempos la muerte del niño por nacer, en cambio, es vista como un “derecho”.

Pero en el último caso que ha conmovido al país, el argumento a favor del aborto fue uno de los más importantes, ante los cuales no podemos permanecer insensibles.
Son incontables los casos de mujeres violadas en las condiciones más indignas. Niñas, apenas púberes, violadas por sus parientes y vecinos, que conciben un niño; mujeres secuestradas por los criminales de la trata de blancas, que conciben niños en su cautiverio; adolescentes violentadas y expulsadas de su  núcleo familiar que abortan de cualquier manera y mueren tras una torpe intervención. Los pro-abortistas, en esos casos, no son, como a veces se cree, “cultura de la muerte”: están verdaderamente preocupados por esas mujeres, y esa preocupación debe ser compartida, obviamente, por todos los que nos oponemos al aborto.
Los que nos oponemos al aborto no decimos que todo ello no sea un problema social grave. Urge encontrar soluciones jurídicas y asistencialistas para todos esos casos, y los que estamos en contra del aborto ganaríamos más credibilidad si nos abocáramos a encontrarlas. Lo que no podemos decir, lo que no vamos a consentir, es que la solución pase por matar al niño, un ser humano indefenso, totalmente inculpable, que tiene derecho a la vida, y debería ser ello menos discutible que el derecho a la vida de un asesino serial que ha asesinado a varios y seguirá asesinando.
¿Dónde está la dificultad para advertir que el embrión es un ser humano? No, no pasa por un argumento científico. Es mucho más sencillo. Lo que se está desarrollando como un caballo, ¿qué es, un oso? Y lo que se está desarrollando como oso, ¿qué es, un caballo? ¿Cuál es el problema para ver que lo que se está desarrollando como X es porque ya es X? ¿Cómo va a nacer un bebé humano de algo que NO sea humano?
Y si alguien tiene alguna duda de que un conjunto de celulitas sea un ser humano en desarrollo, ¿por qué las mata? En todos los casos, la duda sobre si algo es humano, o no, es lo que justifica precisamente el abstenerse de matar. Nadie que esté cazando va a disparar si duda sobre lo que se mueve es un alce o un niño perdido. ¿Entonces? (Y además estoy seguro de que muchos pro-abortistas, paradójicamente, ¡están en contra de los períodos de caza!).
Esto se ha dicho una y otra vez, incansablemente, pero nunca he visto a ningún abortista contestar estos argumentos. Los desafío.
 
Mientras tanto, busquemos todos soluciones y prevenciones para la violencia contra la mujer, una de las violencias más cobardes y abominables. Pero lo es, fundamentalmente, porque la mujer es, las más de las veces, indefensa ante el varón. Que no sea el niño, por lo tanto, el último eslabón de la cadena de la violencia.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

 

La única ‘arma’ eficiente: la paz

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 21/10/12 en http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alejandrotagliavini/la-unica-arma-eficiente-la-paz-alejandro-a-tagliavini-columnista-el-tiempo_12324176-4

Pasaron amenazas de guerras con misiles, décadas y décadas de embargo, de prohibir a los estadounidenses el comerciar y viajar a Cuba, y los Castro ni se inmutaron. A estas alturas, Mitt Romney, que insiste en que la política exterior de los EE. UU. es demasiado “blanda”, debería tomar nota de tantas guerras sin sentido para darse cuenta de algo en lo que la ciencia insiste desde hace mucho: que la violencia, lejos de defender la vida, solo la destruye. 

Ahora, enmarcado en pocos cambios dentro de Cuba, el gobierno de Raúl Castro anunció la eliminación de los permisos de salida para viajar al exterior y dejó sin efecto el requisito de la “carta de invitación”, como parte de una esperada reforma migratoria, que entrará en vigor el 14 de enero del 2013, desde cuando “solo se exigirá la presentación del pasaporte corriente actualizado y la visa del país de destino”. Claro que “serán acreedores de dicho pasaporte los ciudadanos que cumplan los requisitos establecidos en la Ley de Migración”, o sea que el gobierno seguirá decidiendo a quién le da salida y a quién no.

Sorprende, por otro lado, que a estas alturas de la civilización todavía pueda justificarse la esclavitud sin que intervenga ningún organismo de los “derechos humanos”: “Se mantendrán medidas para preservar el capital humano creado por la Revolución, frente al robo de talentos que aplican los poderosos”, aseguró el gobierno castrista, que planea seguir imponiendo restricciones a la salida de profesionales, como los médicos.

“El fin del permiso de salida indica que ya es el fin del fidelismo, esté él físicamente o no, porque este era uno de los grandes baluartes que Fidel Castro mantenía; era una de sus premisas fundamentales, el asunto migratorio”, afirmó la reconocida bloguera cubana Yoani Sánchez, que planea acogerse a la medida y salir, “¡para volver!”, el 14 de enero… si es que dejan salir a la periodista famosa por su blog Generación Y.

En fin, poco o mucho, todo lo que se ha conseguido ha sido solo gracias a un “arma” mucho más poderosa y eficiente que las nucleares: la paz. “Lo que ocurrió no es que el Gobierno haya flexibilizado los límites a la libertad de expresión, ni haya permitido que la diferencia aflore… (sino) que los ciudadanos nos hemos atrevido a decir y hemos encontrado altavoces como las nuevas tecnologías, los teléfonos celulares, los sitios de Internet. Así que no es que nos han permitido hablar, sino que nos hemos tomado este permiso por nuestra cuenta”, sentenció Sánchez.

Es que la información, la verdad, cuya trasmisión es facilitada cada vez más, dado el desarrollo tecnológico, es aliada incondicional de la paz. De nada sirven ejércitos y policías, ni los recaudadores de cargas fiscales coactivamente impuestas, si los perseguidos pueden anticipar sus movimientos. Precisamente, la única diferencia entre el estatismo (que tiene los días contados gracias a la tecnología), que supone la imposición coactiva (con base en el monopolio de la violencia estatal), y el mercado es que en este último el accionar entre las personas es pacífico y voluntario.

De aquí que la peor incoherencia contra el mercado es afirmar que se necesitan ejércitos y policías para defenderlo y, así, quienes ponen en práctica esta afirmación son, sin duda, sus peores enemigos porque introducen violencia en un mecanismo que es esencialmente pacífico y voluntario.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

La presidenta argentina en Harvard. Beber de la propia medicina

Por Enrique Edmundo Aguilar . Publicado el 3/10/12 en: http://www.elimparcial.es/america/la-presidenta-argentina-en-harvard-beber-de-la-propia-medicina-112078.html

 El lamentable espectáculo que implicó la visita de la presidenta argentina a la Harvard Kennedy School of Government, presidida por otro encuentro, quizá menos deslucido, en la Universidad de Georgetown, no puede sino dolernos como país y como pasivos espectadores.

La presidenta no estuvo a la altura de las circunstancias. Por su soberbia, su narcisismo, sus cincuenta y cinco minutos de retraso y las muestras de desprecio que arrojó a su auditorio o, más puntualmente, a los estudiantes que alzaron su mano a la hora de las preguntas… Entre sus falacias, tres son dignas de destacar. La primera, haber negado que en la Argentina exista un “cepo cambiario”, que puso doble llave al único refugio (la compra de dólares, moneda en la que ella y su marido ahorraron durante décadas) que un argentino medio tenía hasta ahora para protegerse de una inflación sensiblemente superior a los 20 puntos anuales. La segunda, haber dicho que su inmensa fortuna es el producto de su actividad como abogada (“fui una abogada exitosa”, dijo, “así como ahora soy una presidenta exitosa”), lo cual es altamente improbable pues el gran incremento de su patrimonio se produjo (como es de dominio público) a partir del año 2003 (es decir, ya como primera dama), en un porcentaje cercano al mil por ciento en nueve años. La tercera, haber negado algo que es más que evidente: su rotunda reticencia a conceder conferencias de prensa. La presidenta afirmó que a diario habla con millones de argentinos. Sin embargo, equivocó la preposición. No habla “con” sino “a” millones de argentinos, debido al uso y abuso que hace de la cadena nacional. Desde luego, también le habla con frecuencia a los infaltables aplaudidores que asisten a sus disertaciones en ámbitos oficiales, sean miembros de su gobierno, gobernadores e intendentes de provincia, o importantes empresarios (que nunca faltan por cierto).

Para ser justos, creo que el tono de algunas preguntas no fue el más apropiado para ese ámbito. Se diría que los estudiantes prefirieron llenar un espacio: el que aquí le está vedado a la prensa no oficialista. No obstante, nada justifica el tenor de las respuestas de la presidenta que, a mi juicio, fueron impropios de quien ocupa la más alta magistratura del país. Es curioso, contrariamente a lo que cabría esperar de un político hábil, cada nueva declaración de la presidenta parece acentuar la distancia que la separa de un porcentaje creciente de la población, dentro del cual cabe contar seguramente a electores que el año pasado supieron avalar su reelección y que hoy comienzan a desencantarse.

 Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.

Antigua propaganda antiliberal

Por Carlos Rodríguez Braun . Publicado el 18/10/12 en http://www.carlosrodriguezbraun.com/wp-content/uploads/2012/10/pagina_1810201290730.html

La editorial sevillana Alfar reunió hace poco en un mismo volumen dos breves e interesantes clásicos del antiliberalismo: “El mercado”, que el autor socialista estadounidense Edward Bellamy publicó en 1897, y “Miseria de los zapatos”, del mucho más célebre escritor británico H. G. Wells, que apareció en 1907.

“El mercado” es una parábola engañosa desde el principio: los malos son los que tienen, que subordinan a los que no tienen, la vieja patraña de que propiedad equivale a dominación. El intercambio solo existe como una suma cero. A partir de ahí, todo es coser y cantar, claro. Entre acusaciones a la ciencia lúgubre (e incluso una alusión a Jevons con las manchas solares), se suceden las caricaturas de los infames capitalistas, el odio a la caridad, y la asociación entre capitalismo y esclavitud, precisamente abolida bajo el capitalismo. El socialismo es un paraíso igualitario: el fruto del trabajo “lo repartiréis como hermanos, recibiendo cada uno lo mismo”. El poder será electo y abnegado, y los políticos no serán amos crueles como los empresarios, “sino nuestros hermanos y nuestros mandatarios para hacer nuestra voluntad”. Y no serán usurpadores sino modestos cooperativistas: “No se quedarán con los beneficios, sino que recibirán su parte como los demás”. En fin, al menos estos hombres escribieron antes de que el socialismo mostrara en la realidad que es empobrecedor y criminal. Muchos, en cambio, escribieron después, y lo ignoraron.

El relato de H. G. Wells es más sutil. Apela al engaño de la educación y a la culpa de las personas porque otros están peor (Adam Smith desmontó esta hipocresía en “La teoría de los sentimientos morales”). Hay pobreza por culpa de “un mundo mal gobernado… mal repartido”. No reclama la absurda igualdad absoluta sino una mejoría de los pobres. El obstáculo ante una meta tan inobjetable, como siempre, estriba en la propiedad privada y los beneficios de unos empresarios codiciosos que no se conforman con cobrar “un simple salario”. La culpa es de una minoría de propietarios “parásitos… sanguijuelas”, que son la “única causa” de la miseria, y su raíz es el lucro de los ricos, a los que hay que subir los impuestos. Vamos, parece el último libro de Stiglitz.

¿La solución? “Que el Estado tome el suelo, los ferrocarriles, los barcos y otras muchas empresas a sus empresarios que no las usan más que para usurpar al pueblo para sus estériles gastos privados, y deberían por el contrario administrar estas cosas generosa y esforzadamente, no para la ganancia sino para el servicio”.

Los izquierdistas no ocultaban entonces su elitismo y desprecio hacia los trabajadores, y Wells dice: “lo que me parece un obstáculo grande para el socialismo es la ignorancia, la falta de valor, la estúpida falta de imaginación de la gente pobre, demasiado tímida y demasiado vergonzosa y torpe, para considerar algún cambio que les salve”.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

 

El gobierno quiere domesticar la economía

Por Eduardo Filgueira Lima. Publicado el 17/10/12 en http://cepoliticosysociales-efl.blogspot.com.ar/2012/10/el-gobierno-quiere-domesticar-la.html

En las ciencias sociales son tantas las variables que intervienen- que además se modifican en su interrelación y en el tiempo – que a pesar de resultar dificultoso predecir, es posible prever.

En la economía son precisamente estas circunstancias las que hacen confusas las consecuencias – en especial las alejadas – de las medidas que se toman. Con el agravante que no existe responsabilidad entre las decisiones y los resultados.
Mucho más aún cuando desde el poder político se encuentran justificativos, basados en conceptos arraigados en la gente, aunque no tengan sustento científico y por el contrario la evidencia empírica sea el único argumento (insuficiente para la mayoría) de lo que se prevé que tarde o temprano sucederá.
Sin embargo los gobiernos tienen tendencia a intervenir y planificar la economía y direccionarla en función de “sus” intereses, pensando que así como la organizan se sucederán los hechos, aunque más temprano que tarde las consecuencias – eventualmente desestimadas – no sean las previstas.
Porque existen solo dos formas de obtener la satisfacción de las necesidades humanas: el Estado y el mercado. Lo que no se puede hacer es precisamente planificar el mercado, porque ya sabemos cómo terminaron las economías estatistas centralizadas.
Hoy luego de casi 10 años de gestión y con un inicio de 6 en el cual las variables económicas – “viento de cola o no” – se mantuvieron estables y permitieron importantes ingresos al país, con aceptable estabilidad económica, desde el 2008 nuevas verdades comienzan a hacerse presentes.
Las políticas populistas suelen ser deseables para el público, les permitirle suponer que alcanzan la prosperidad, que se defienden los intereses nacionales y la satisfacción de sus necesidades.
Por otro lado y por lo mismo incrementa la adhesión, la popularidad y los votos para los políticos,.. Esto es decir que el vínculo político-económico se convierte en un círculo vicioso, los unos demandan legítimamente –lo que no tiene límites – y los otros obtienen el beneficio en la intermediación al satisfacerlas. (1)
Mucho más grave aún cuando no existe relación vinculante entre lo que se promete y lo que realmente se hace, aunque estas políticas permitan suponer que con la redistribución de la riqueza de un grupo a otro, se están logrando con beneficios para el conjunto social.
Pero finalmente, este círculo vicioso requiere cada vez mayores recursos y en el largo plazo, por esa misma razón, si no se logra un incremento paralelo y sostenido de la producción, ni se puede financiar el gasto público que esas políticas necesitan, ni se permite salir del asistencialismo populista,… por lo que se hacen visibles sus inconsistencias.
Lo anterior es una primera aproximación para dejar en claro que: si el gobierno quiere domesticar la economía, deberá intervenir crecientemente para planificar el mercado y es justamente lo que no podrá hacer, por más políticas intervencionistas que pretenda imponer. Y si lo hace como pretende hoy, los resultados indeseados pronto se harán notar.
El gobierno, para financiar sus políticas populistas requiere cada vez más recursos, lo que lo ha llevado a apoderarse de toda caja y recursos disponibles, para llevar adelante no siempre políticas que maximicen el bienestar general, sino las que le otorgan mayor popularidad a expensas de otras que seguramente serían más necesarias.
¿Cómo llamar por ejemplo la impresionante utilización de recursos para financiar “Futbol para Todos” o la distribución de netbooks,… con los recursos del ANSES, mientras el 80% de los jubilados viven en condiciones de pobreza? o no son efectivamente compensados los 10.000 juicios judicialmente resueltos, o se les retribuye sus haberes con el 82% móvil, tal como les corresponden en forma legítima.
Pero no son solo las acciones políticas mencionadas, sino también los subsidios, tanto los que alcanzan a los planes sociales como a los que se transfieren a los empresarios amigos de todo tipo, lo que incrementa en gran medida el gasto público, lo que en un punto – y aún disfrazado con los ingresos de otros transferidos de otras reparticiones – ingresa en el camino del déficit.
Porque lo que no se comprende es que los recursos son limitados, por eso su asignación debería ser no solo eficiente, sino ética. Reducir el gasto público (que hoy alcanza en nuestro país al 45% del PBI) es un punto importante para el control del déficit fiscal, que hoy se hace presente dada la progresiva reducción de la recaudación, paralela a la disminución de la actividad productiva.
Una economía sana necesita no solo del equilibrio fiscal y un gasto público equilibrado en relación al PBI, sino también un Estado eficiente en sus roles mínimos (2) y no un Estado gigantesco, omnipresente, que intenta controlarlo todo, que lo obliga a una voracidad sin límites, para obtener recursos.
Las formas de financiamiento del Estado son varias. En la década de los ´90 los ingresos se lograron con endeudamiento externo y hoy a pesar del declamado desendeudamiento (que no es tal) la deuda se contrae con infinidad  de bonos – que nunca serán pagos o que deberán hacerlo las generaciones futuras – a los organismos de los que se han capturado (con un interés que es el que se calcula con los datos de inflación del INDEC) , cuando no se recurrió a la expropiación sin compensación alguna, o a los prestamos de amigos como Chavez, con altos intereses.
Otra forma de financiamiento son los impuestos – que ya están al límite de lo posible, pues si acompañan la actividad productiva, en un punto se hacen insostenibles para permitir una rentabilidad empresaria vinculada al riesgo (Ver: Curva de Laffer).
Y en forma particular logra financiamiento a través de la emisión monetaria, cuya expansión alcanza en nuestros días un ritmo del 40% anual. Aún los insostenibles argumentos de Marcó del Pont o de Kiciloff – ayer en el Congreso de la Nación al defender el presupuesto – emitir moneda sistemáticamente para sostener el gasto público o para comprar reservas – que pagan las deudas del Estado – se sabe que genera inflación.
Aún negada en las estadísticas oficiales y por la propia Sra. Presidente (que en Harvard dijo: “… si hubiera una inflación del 25% el país estallaría,…”), aún así existe una inflación estimada según diversas consultoras en el 25% anual y el país la esconderá sin estallar,.. pero también sin avanzar.
“La causa de la inflación se debió al incremento del gasto público improductivo y de las mejoras sociales, con una política que no comprendió la forma de impulsar simultáneamente el crecimiento económico. … (…)….La razón por la que no pudimos salir de la inflación es porque no supimos combinar una contención de la inflación, con una política de fuerte crecimiento y reducción del gasto publico improductivo, simultáneamente,….”  (3)
Cuestión que se sabe requiere seguridad jurídica (mal que le pese al Vice-Ministro de Economía), cuestión vulnerada permanentemente en nuestro país con el cambio permanente en las “reglas de juego” (véase: la reciente pesificación compulsiva de deudas contraídas y acordadas en dólares por la Pcia. del Chaco, lo que significa una falta de cumplimiento de los contratos) y muchas otras cuestiones (larga sería la lista) que no nos hacen creíbles ante los inversores necesarios, y diría son imprescindibles para lograr genuinas condiciones de crecimiento, producción, fuentes de trabajo, etc. y cuyo pago de impuestos permitiría también el financiamiento del Estado.
Pero para ello se requiere de manera excluyente: credibilidad, seguridad jurídica y estabilidad de las reglas de juego,… de tal suerte que el riesgo a asumir sea hasta cierto punto previsible.
Después de la Gran Crisis del ´29 Jonh M. Keynes, a través de sus obras (4) tuvo una importante inserción ideológica en el pensamiento económico y político. 
En términos generales su finalidad estaba dirigida al sostenimiento del pleno empleo mediante el incremento del gasto público, bajo el supuesto que el incremento de la demanda agregada generaría el desarrollo de la oferta (de bienes y servicios),.. por lo menos ello en el corto plazo. Uno de los principales problemas que Keynes intentó resolver fue la crisis del ´29 y probablemente para ello sirvieron sus hipótesis,… pero no fue capaz de vislumbrar que por un lado el incremento de la masa monetaria, alcanza un punto que excede la demanda,.. el dinero pierde poder adquisitivo y la adquisición de bienes requiere de mayores cantidades de dinero para cada unidad y eso es precisamente la inflación: no el aumento de los precios que es su consecuencia, sino la pérdida del poder adquisitivo del dinero.
No puedo dejar de mencionar que además, Keynes olvidó la Ley de Say (5), que resumidamente explicita que no puede haber demanda sin oferta,.. es decir: la oferta es la que genera su propia demanda.
Sin embargo la posición de Keynes influyó particularmente en la clase política porque se le otorgaba la gestión del incremento del gasto público – deseada función – que permite gastar según se piense, en otros,.. los dineros de todos,.. con el plus de que cómo “benevolente intermediario”, ser beneficiario y receptor del voto de la gente.
Para los políticos cualquier restricción monetaria genera limitaciones en el consumo y descontento social. Además de ello se supone una reducción de la actividad económica y su consecuencia: el desempleo.
Las políticas keynesianas dieron origen al Estado de Bienestar, con sucesivas modificaciones de las variables, al punto tal que progresivamente se hicieron insostenibles, a medida que redujeron la tasa de capitalización y productividad en relación al creciente gasto público. Esto es lo que sucede en la mayor parte de los países – aún desarrollados – en crisis hoy.
El Prof. L. Kotlikoff – economista de la Univ. de Boston y que no es nuestro inefable Kiciloff a pesar de la similitud en el apellido – nos muestra cifras que indican que el gobierno federal de los EE.UU., en algún momento tendrá que incumplir una gran parte de su deuda aunque esto suceda a largo plazo. Los números dice, cuando son ciertos, no mienten. Y los que presenta el Prof.  Kotlikoff son mucho más grandes que la mayoría de las estimaciones y el gobierno no podrá salir de su crisis por el dinero fiat. (6)
Nuestro Vice-Ministro A. Kiciloff ha dicho que que “el año próximo se desacelerará el gasto público” !!!! Lo que representa el reconocimiento implícito de la importancia que tiene – por su financiamiento que basan en la expansión monetaria con sus consecuencias, así como de los impuestos de quienes producen – en tanto resulta mayormente improductivo e ineficiente !!
Lo que no me imagino es como – además del discurso circunstancial y tal vez su voluntad real (aún anti-keynesiana) de hacerlo – logrará semejante hazaña.
Existe un verdadero incentivo económico para la difusión de ciertas teorías, aunque fueran falsas, por el supuesto de su efectividad política en términos de adhesiones que son votos.
Poco importa o no se comprende que el dinero es un fenómeno de libre mercado y bajo su dinámica resulta una mercancía sólida. Pero el monopolio estatal, su incremento sin respaldo, más allá de las posibilidades de las fronteras de producción y su manejo discrecional, lo transforman en una mercancía poco sólida.
Sin embargo la teoría de que el aumento del gasto público y de la oferta monetaria trae prosperidad para todos, o la teoría que el gasto público genera nuevos puestos de trabajo, aún falsas, imprimirán a la gente el deseo de ponerlas en práctica (7),.. y a los políticos de usufructuarlas.
Por otra parte en el mundo globalizado de hoy el Estado de Bienestar resulta des-civilizador y más aún por la manipulación de los bancos y centrales financieras, así como del intervencionismo económico, carga fiscal creciente, normas y reglamentos, ausencia en el control de las cuentas públicas, todo lo que amenaza hasta economías que hasta ahora han sido consideradas las más prósperas. En esta encrucijada el camino es liberarse de la demagogia política. (8)
En estas circunstancias nos encontramos en nuestro país:
  1. Baja en la tasa de capitalización: ahorro + inversión con un fuerte deterioro del clima de negocios.
  2. Un mercado interno que ha detenido su expansión (en especial en el mercado inmobiliario)
  3. Un inevitable “cepo cambiario” – con todas sus variantes y aunque a la Sra. Presidente la enoje y lo niegue – y un Vice- Ministro Kiciloff que lo defiende porque supone erróneamente que de la sola existencia de dólares depende la inversión ¿¿??
  4. Una inflación negada y dibujada por el INDEC (0,9%), mientras que las consultoras privadas y el IPC-Congreso la ubican en el 1,93% en septiembre 2012 y de la que no podemos protegernos al prohibírsenos recurrir a una moneda – para atesoramiento o lo que fuere – que pierde menos su valor. Esta inflación golpea más a los sectores medios con capacidad de algún ahorro y parece que menos a otros dados los acuerdos salariales logrados,.. pero que igual pagan a través de los impuestos al consumo. La inflación IPC-Congreso en 2012 y hasta el mes de Septiembre había alcanzado el 18%.
  5. A pesar del enfriamiento del nivel de actividad económica la inflación no cede por los motivos antes expuestos. Continua fuga de capitales.
  6. La adulteración de las cifras del INDEC nos induce a subestimar el alcance de la pobreza e indigencia, que consultoras privadas – coaccionadas y perseguidas – estiman en el 25% y 9% respectivamente. Es decir varios millones de personas.
  7. El déficit fiscal que volvió a ubicarse el mes pasado por debajo de la inflación (cayendo en términos interanuales: -7%), aún encubierto por el Banco Central, ANSES, PAMI, etc. y cada vez mayor presión tributaria para solventarlo, así como limitaciones a las provincias en las transferencias no automáticas del RFCI, o la retención del 15% (producto de la estatización de las AFJP), que ya no tiene razón de ser. Las provincias se verán obligadas a incrementar sus impuestos. El deterioro de las finanzas provinciales se prevé mayor que el del gobierno nacional.
  8. La pesificación de las deudas provinciales como ahora preconiza el Gobernador Capitanich, punta de lanza de una acción vergonzante.
  9. ¿Podemos solo contar con eventuales e inciertos ingresos, como son los supuestos impuestos (no coparticipables) al agro y agroindustria,.. o ¿una esperable recuperación del intercambio con Brasil? En todo caso solo cabría en el mejor de los casos y ante estos ingresos un crecimiento de la tasa de recaudación de 2,5 puntos porcentuales que compensarían el déficit,.. o no, depende del comportamiento de otras variables !!
  10. Aún el INDEC reconoce la pérdida de más de 70.000 puestos de trabajo en el segundo trimestre del año. El empleo público subió más que el empleo privado y en este el incremento es a expensas del trabajo no registrado. ¿De qué sustitución de importaciones (concepto arcaico y ya desestimado en un mundo globalizado donde debemos hacer valer nuestras “ventajas comparativas”, en vez de sustituir lo que nos resulta complejo y caro) o reindustrialización nos habla Kiciloff?. (9).
Como vemos Keynes – de quien Kiciloff y muchos otros se reconocen fervorosos admiradores – ha sido el mentor de ideas que derivaron aquí en devaluadas políticas populistas, que ni siquiera pudieron mejorar las circunstancias de vida y maximizar el bienestar social de gran parte de nuestros compatriotas.
Muy por el contrario, nos han conducido a graves condiciones económicas y políticas. En este último caso una profunda grieta y confrontación en la sociedad, cuando sería más inteligente lograr la necesaria cohesión de nuestra ciudadanía.
Muy por el contrario nos vemos frente a un difícil escenario económico y político. La adulteración de los datos del INDEC, el no reconocimiento de la realidad (“No hay cepo cambiario”, dijo la Sra. Presidente), cualquier voz disidente o que se atreva a cuestionar el discurso hegemónico es acusado de desestabilizador y ahora a través de la Ley de Medios, si les es posible, profundizarán el pensamiento único y hegemónico.
Por lo mismo: ¿Qué es de esperar?, ¿Que modifiquen el discurso?, ¿Qué modifiquen el rumbo económico?,… no, con seguridad solo es de esperar mayores controles, más intervencionismo, mayor discrecionalidad y la suma absoluta del poder.
Eso nos llevaría a pensar que no se corregirá el rumbo económico, a pesar de su alto nivel de riesgo y conflictividad. Solo es de esperar que el gobierno – como lo ha hecho hasta hoy – intente domesticar la economía.
Y en lo político la Sra. Presidente agregó: “…lo que hay es cepo democrático..” es cierto Sra. Presidente aunque Ud. no se refería a la democracia sino a los medios, sabemos cómo Ud. que existe un “cepo democrático”,.. pero también sabemos que lo impone Ud.
 
1) Buchanan, J & Tullock, G. “The Public Choice Theory” (1967)
2) Cachanosky, N. “¿Qué no puede faltar en un plan macroeconómico?” (2012)
3) Cadenas Madariaga, M. “La batalla contra la inflación en la Argentina” (2012)
4) Keynes, J. M. “Treatise on Money” (1930) y “The General Theory of Employment, Interest and Money” (1936)
5) Say, J. B. “Tratado de Economía Política o la exposición de la manera en que se forma, se distribuye y se compone la riqueza” (1803)
6) North, G. “U$S 11 Trillion increse in Federal Debt in one year”(August,2012)
7)  Polleit, T. “Cuidado con las Teorías” (en Mises.org, 2012)
8) Huerta de Soto, J. “Socialismo y Civilización” (2012)
9) Datos obtenidos del INDEC, IPC-Congreso, y varias consultoras privadas (Monteverde & Massot, IDESA, CAME, Ecolatina, Inf. Univ. de Belgrano, etc.), publicaciones varias.

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

Un mensaje de optimismo: “Argentina no es Venezuela”

Por Adrián Ravier. Publicado el 14/10/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=4025

He distinguido en otra columna el camino opuesto que persiguen hoy dos grupos de países latinoamericanos en su búsqueda del desarrollo. Argentina, Venezuela, Bolivia y Ecuador parecen perseguir un camino de aislamiento y “desarrollo” interno, mientras Chile, Uruguay, Brasil, Perú y Colombia persiguen un camino de apertura, de Daleintegración al mundo, intentando atraer capitales para sustentar y acelerar el desarrollo.
No volveré aquí sobre esta comparación. En esta columna intentaré más bien distinguir los casos de Argentina y Venezuela, pues a pesar de este factor común y la amistad política de sus mandatarios, hay diferencias que considerar.
 
El petróleo y sus devivados versus la soja
Varios analistas han destacado la similitud que existe entre el rol que juega el petróleo y los derivados en la economía venezolana y la soja en la economía argentina. Esta similitud se justifica en la medida que la salud de sus economías depende, en parte, de que el precio de los commodities se mantenga en niveles relativamente elevados en comparación con otros tiempos. Sin embargo, es necesario considerar que la dependencia de Venezuela es mucho mayor que la del caso argentino. La exportación de bienes y servicios de Venezuela está constituida en un 90 % por  petróleo y derivados, la mitad de las exportaciones tienen como destinatario a Estados Unidos, además de que la mitad de los ingresos fiscales del gobierno provienen de estos productos.
No puedo coincidir con José Natanson, en su última columna de Página 12, en donde afirma que “el auge de los precios de los hidrocarburos terminó de ahogar al sector agrícola de las llanuras venezolanas, que en su momento supo ser pujante”, pues me parece que la responsabilidad de que hoy Venezuela necesite importar el 70 por ciento de los alimentos que consume, fue causado por la política económica hiper-intervencionista de Chávez.
La soja se distingue del petróleo en su naturaleza renovable, pero además el complejo sojero representa sólo la cuarta parte de las exportaciones argentinas. Una proporción semejante de las exportaciones viene representada por la industria automotriz, el turismo sigue generando divisas, y a pesar de los esfuerzos de Moreno y Kicillof por aislar la economía, los socios comerciales están bastante diversificados con Brasil, China, Estados Unidos y Europa. Por el lado fiscal, la soja sólo representa un 13 % de los ingresos fiscales
 
Controles cambiarios y nacionalizaciones
Otra comparación se identifica en los controles cambiarios. En Venezuela el dólar informal duplica al oficial. En Argentina, la diferencia entre el dólar “blue” y el oficial, es de un 30 %, aunque va en ascenso.
Respecto a las estatizaciones, Venezuela ha avanzado hasta controlar todas las “industrias estratégicas”. En Argentina, se avanzó con las pensiones e YPF, pero no está claro que el gobierno tenga el consenso necesario para avanzar aun más, como sería el deseo de Kicillof.
 
¿Optimismo ingenuo?
Así presentadas las cosas, mi optimismo parece ingenuo. Claramente, Argentina avanza en una “chavinización” de su economía y una re-reelección de Cristina Fernández de Kirchner podría terminar asemejando estructuralmente la Argentina a Venezuela.
Pero Argentina y Venezuela mantienen aun diferencias importantes. Mi nota de optimismo es que Argentina aun está a tiempo de aprovechar esta oportunidad que nos ofrece el mundo y recuperar el rol agro-alimenticio que supo jugar antes de la primera Guerra Mundial. Sólo se necesita un cambio de rumbo: eliminar los controles de precios y actualizar las tarifas de los servicios públicos, volver al mundo con acuerdos internacionales, congelar el gasto público en valores nominales hasta ponerlo en línea con la recaudación tributaria y gradualmente eliminar el déficit fiscal y la inflación, eliminar las retenciones, desbloquear las exportaciones e importaciones, eliminar el control de cambios, y mucho más. 
Pensar en una reforma integral de este tipo es una ilusión, si vemos al kirchnerismo en el gobierno. Pero la Constitución Nacional hoy nos ampara de un nuevo gobierno kirchnerista y mi sensación es que no podrán avanzar en la re-reelección. Argentina todavía tiene ciertas instituciones que funcionan. La Carta Magna aun se respeta el mínimo necesario para impedir que el kirchnerismo se mantenga en el poder.
Se dirá que la Señora Presidente recibió el 54 % de votos en la última elección. Sin embargo, en ese momento la economía crecía en torno al 8 % anual. Hoy la economía está estancada, la inflación se acelera y las presiones sindicales atentan contra cualquier intento de re-reelección.
Hace falta un cambio de rumbo, y la democracia argentina nos dará una nueva oportunidad muy pronto. Lo que preocupa ahora es la oposición. El desafío es que el cambio no sea sólo de nombres.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.