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En campaña, son todos buenos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 11/10/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/10/11/en-campana-son-todos-buenos/

 

El actual presidente brasilero dejará el país algo mejorado gracias a unas pocas reformas, como en lo laboral: entre otras cosas, eliminó la obligatoriedad que tenían los trabajadores de pagar la contribución sindical, disminuyendo el poder abusivo de los sindicatos. Pero aún quedan regulaciones laborales -que impiden la plena ocupación, como el salario mínimo que prohíbe trabajar a quienes ganarían menos- y la desocupación subió de 6,2% en 2013 hasta 12,2% en 2018.

Además, puso un límite al aumento del gasto público que no debe superar a la inflación, logró que las tasas de interés que eran muy altas -hasta 17%- cayeran a 6,5% y ha controlado la inflación: 3,4% en 2017 y 3,7% en 2018. Pero, la recuperación sigue lenta. En 2017 el PIB subió 1,5%, y las exportaciones aumentaron 18%. Las previsiones son optimistas para 2018, con un crecimiento del PIB del 2,3% y una inflación de 3,5%.

Y ahora Jair Bolsonaro sería el próximo presidente si gana la segunda vuelta contra al candidato del PT de Lula, Fernando Haddad. Bolsonaro aprovechó la imagen de corrupto que tiene el PT. Corrupción que, por cierto, es grave no solo en Latino América. La periodista Viktoria Marinova apareció muerta en Bulgaria, días después de ventilar casos de corrupción con fondos de la Unión Europea y, en un solo año, también fueron asesinados los periodistas Daphne Caruana en Malta y Jan Kuciak en Eslovaquia, que investigaban corruptelas.

La política derechista Bolsonaro al punto que The Economist aseguró que será “desastroso” y Fernando Henrique Cardoso -ex presidente de Brasil, autor del boom que heredó Lula- dijo que no le agrada “Ninguno… pero Bolsonaro está excluido”. En lo económico, tiene un discurso alentador y la Bolsa reaccionó eufórica: “Mercado libre y menos impuestos es mi consigna” twitteo.

Lo que no es poco ya que los impuestos perjudican a todos, pero, sobre todo, a los más pobres ya que los ricos los pagan aumentando precios o bajando salarios. Planea, además, la privatización de empresas, la reducción de la burocracia y una fuerte desregulación de la economía.

En el exterior, algunas empresas están muy interesadas en quién sea el ganador, por caso, las 22 compañías españolas que cada año ganan unos US$ 27.000 M en Brasil, el doble de las exportaciones anuales argentinas hacia el país de la Samba. Pero para España, en su conjunto, es poco más que anecdótico.

La política brasilera no debería tener mucha influencia en los demás países, salvo en casos como Argentina que tiene una economía muy regulada, encorsetada, y así, no pudiendo moverse, no pudiendo ser creativa, cualquier variación en los flujos fijos como las exportaciones hacia Brasil, puede resultar negativa.

Dicen los rumores que el derechista ex militar potenciaría el desarrollo nuclear brasilero, y es uno de los líderes más críticos con Maduro, “el único candidato que dice abiertamente que seguirá una línea dura para acabar con el hambre en Venezuela es Jair”, proclamó su hijo Eduardo, el diputado federal más votado del país.

Por cierto, en campaña todos los candidatos son buenos y Bolsonaro intenta mostrarse como un hombre de centro. En tanto que Haddad hasta prometió bajar los impuestos, “para que quien sustente el Estado no sean los pobres”, y favorecer la creación de nuevos bancos para bajar más las tasas de interés.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

DEL GUARDAPOLVO BLANCO A LA LEY DE EDUCACIÓN SEXUAL OBLIGATORIA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 9/9/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/09/del-guardapolvo-blanco-la-ley-de.html

 

El problema NO es la educación sexual, sino que el estado imponga coactivamente una única educación sexual, so pena de criminalizar su no cumplimiento.

Pero en general a los argentinos les cuesta hacer esa distinción.

Porque la Argentina, junto con Francia, Italia, México y Uruguay, es uno de los cinco países que a fines del siglo XIX fueron un modelo de la intervención estatal en la educación con la intención de formar al ciudadano.

El modelo es la famosa educación formal estatal positivista, derivada del Iluminismo, cuando los estados, con la intención de “educar al ciudadano” asumieron la función de educar en las ciencias y en las letras, no en lo religioso, para que el ciudadano pudiera ser ese ser humano maduro con que el Kant soñaba, y el verdadero protagonista de las repúblicas secularizadas. Las escuelas sarmientinas fueron eso. Muy comprensibles, como todas ellas, en la época.

La educación privada existente tenía que “adscribirse al sistema oficial”, de algún modo.

El sistema no funcionó, claro. Un hombre educado no votará nunca a un tirano, decía Sarmiento. Pero en 1945, la única provincia argentina donde Perón NO ganó, fue Corrientes, donde el índice de analfabetismo era MAYOR.

Algo, evidentemente, no funcionaba en ese ingenuo racionalismo pedagógico.

Pero ingenuo al fin. Finalmente, era un socratismo moral pasado por el Iluminismo del s. XVIII. La escuela pública enseñará a los niños ciencia, matemáticas, letras, y con eso serán buenos ciudadanos. No lo fueron. Pero el contenido era ingenuo. Des-ideologizado. Leer y escribir, algo de Literatura, algo de ciencias, algo de Historia argentina, no mucho más.

Una primera advertencia fue el fascismo de Perón. El famoso dictadorzuelo usó el sistema educativo estatal para imponer la santa doctrina peronista y Miguel Cané fue sustituido por la gran escritora Eva Perón y su obra clásica de Literatura, La razón de mi vida. Algunos, entonces, se dieron cuenta. ¡Uy! ¿El santo sistema sarmientino utilizado para eso? ¡Qué horror!

Luego, claro, todos creyeron por un tiempo que “the end” y los “buenos” libros de lectura volvieron a las aulas.

Pero nadie, en este país estatista, advirtió el problema: la educación pública deja las herramientas legales a libre disposición para que sean usadas coactivamente para lo que fuere.

Ayer fue Miguel Cané, luego Eva Perón, ahora la ideología del género y cómo masturbarte bien. No importa que mañana el libro de lectura sea Mises me mima. El asunto es el mismo: diversos funcionarios, con formas de pensar diferentes, unas más ingenuas, otras más ideológicas, otras más horrorosas, utilizarán siempre las herramientas legales del sistema para imponer coactivamente sus ideas.

En la Argentina, por ende, nunca hubo libertad de enseñanza. La que hubo, si se puede llamar así, fue un empate, un compromiso, logrado por muchos católicos, para que pueda haber colegios “no estatales”, adscriptos al sistema, y en ese sentido estatales, claro, donde se tenía que seguir todo el plan estatal “más” religión. Y de 1955 al 60 lograron que hubiera universidades privadas que, por supuesto, son vigiladas, hoy más que nunca, totalmente por el soviet estatal. Y para colmo protestaban porque no tenían subsidio….

Pero libertad de enseñanza, esto es, que los institutos privados tengan derecho, como corresponde, a sus propios planes y programas de estudio, ah no, eso es “de los liberales”, malos, sucios y feos. La gente buena no dice esas cosas.

Fue inútil, por ende, que nosotros, la gente mala, advirtiera siempre contra la bomba de tiempo, ineficiente en acto, corrupta moralmente en potencia, que es la educación estatal. AHORA algunos se dan cuenta. AHORA algunos (muy pocos), aquellos que pueden comprender que el delicado tema sexual debe ser tratado por los padres con sus hijos, AHORA, reaccionan. Pero, gente, ya es tarde. Si en Argentina se hubiera respetado siempre la libertad de enseñanza, el Lobby LGBT, totalitario de pura cepa, hubiera tenido más dificultades.  Macri y su gente, en esto (y en muchas otras cosas), siguen estando gravemente equivocados, pero la ley, gente, es del 2006, cuando todo estaban muy entretenidos en las demagogias estatistas variadas de Néstor Kirchner.

Tarde, gente, tarde. Igual que con el gasto público. Los liberales –que en la década del 50 eran sólo dos o tres, exactamente- siempre lo dijimos. Pero es inútil. Somos los malos.

Los buenos, los que quieren que el estado cumpla con el “derecho a la educación”, han triunfado. Antes fue el derecho a ser educado en ciencias. Luego, en La razón de mi vida. Ahora, en la ideología de género. Mañana, mejor no digo más, para no dar malas ideas.

Y no sólo es la Argentina. Es todo el mundo.

Mientras tanto, lo único que queda es desobedecer la ley, y aprender a escuchar a los feos, sucios y malos. 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Hagámonos Cargo

Por Iván Carrino. Publicado el 6/9/18 en: https://contraeconomia.com/2018/09/hagamonos-cargo/

 

Un siglo de decadencia debería hacernos reflexionar.

La semana pasada escribíamos que el dólar refutaba la ley número uno de la política, aquella que según Thomas Sowell establece que hay que ignorar la ley número uno de la economía: que existe la escasez.

Cuando los políticos prometen de todo, para todos, todo el tiempo, eso funciona bien por un rato pero, en algún momento, la realidad se impone: se acaba la plata. En este caso, se acabaron los dólares del financiamiento externo y el dólar se catapultó al alza.

En lo que va del año el Banco Central vendió USD 14.000 millones en el mercado de cambios, pero el dólar igual subió más de 100%, desde aquel “atrasado” valor de $ 18,95 con que despidió 2017.

El gobierno está debilitado y sin credibilidad. En 2015, cuando en toda la región el Riesgo País subía, acá se redujo 40%.

Los mercados se habían entusiasmado con el discurso de “Cambio” de Mauricio Macri y creyeron que era el momento de “comprar Argentina”. Si se imponía Macri, no solo dejaríamos de lado el populismo macroeconómico de Cristina, sino que incluso el país podría volver a ser considerado entre los prósperos del mundo, como alguna vez lo fue.

Pero, para eso, había que hacer muchas cosas. Y si bien en el discurso, “se hacía lo que había que hacerse”, en los hechos quedó gusto a poco.

No hubo equilibrio fiscal, no se redujo el gasto público, no hubo reforma laboral, no hubo reforma previsional (sí ajuste en la inviable fórmula de actualización de haberes), no hubo apertura comercial…

El mercado confiaba, pero frente al gradualismo transformado en inacción, comenzó a dudar. Hoy lideramos en la región el ránking de los países donde más aumenta el Riesgo País.

Errores no forzados

La crisis de credibilidad viene de largo. Pasamos del “Sí,  se puede” y el “Haciendo lo que hay que hacer”, al “No se puede ahora, hay que ganar las elecciones” y el “Hacemos lo que podemos para evitar una mega-crisis”.

Ahora en la última semana las cosas se complicaron aún más. En medio de una nueva turbulencia cambiaria, el presidente hizo una declaración muy contundente, sin tener pruebas de que lo que anunciaba efectivamente era así. En concreto, anunció que el FMI adelantaría los fondos para cubrir el programa financiero de 2019, y 7 horas más tarde el organismo dijo elegantemente que eso debía ser estudiado y aprobado por el directorio previamente.

Fue más leña para el fuego.

Días atrás, y antes de viajar a Washington, fue Dujovne el que hizo un anuncio adicional. Explicó que se modificaban las metas de déficit fiscal, que se buscará el déficit 0% en 2019, y que para cumplir con eso se le cobrará un impuesto de hasta 12% a todo aquel que tenga la peregrina idea de exportar.

El progresismo contento. Los mercados, aún dubitativos.

En lo que queda de la semana iremos viendo cómo sigue evolucionando la situación financiera. En mi opinión, el gobierno no tiene que anunciar más nada, salvo hechos concretos como: el cierre del acuerdo con el FMI, la presentación del proyecto de presupuesto, la reducción concreta de algún gasto, la renuncia de algún funcionario…

Es hora de los hechos, no de las palabras.

Hacerse cargo

Antes de cerrar la nota de hoy, creo que es necesario que se haga una autocrítica, especialmente quienes son cómplices de la situación actual, pero dan cátedra como si supieran algo.

Obviamente,  la autocrítica debería comenzar por el propio  gobierno,  quien se vendió en la etapa electoral como quienes mejores estaban capacitados para desactivar la “bomba K”, pero no pudieron hacer mucho.

La segunda debe ser del kirchnerismo. ¿Cómo es posible que, quienes dejaron las finanzas públicas con un agujero de 6% del PBI, quienes dilapidaron USD 100.000 millones de recaudación tributaria solo por retenciones, quienes vaciaron las reservas del Banco Central y fundieron nuestro sistema energético, hoy den cátedra sobre cómo salir de la crisis?

Los bomberos, si antes fueron pirómanos, deberían ser examinados psicológicamente, y lo mismo aplica a quienes desde el kirchnerismo se atreven a dar consejos.

Por último, una mención para el resto de la clase dirigente. Los jueces, que con pura demagogia mandan a frenar los ajustes de tarifas, negando también que existe la escasez y ordenando, por ley, que una parte de los argentinos le pague a la otra el consumo energético.

Los sindicatos, que salen a la calle por cualquier cosa: desde un disposición que iba a reemplazar los resúmenes bancarios en papel por otros electrónicos, hasta para oponerse a nuevas normas laborales que beneficiarían a todos aquellos que no tienen trabajo o trabajan en el sector informal.

Los empresarios prebendarios, que no son todos, pero que con su poder de lobby piden bajar la tasa de interés, aislar a la economía y más subsidios y controles de precios para todo lo que ellos no producen.

Y por último, el votante medio, que aun viendo cómo la Argentina va de crisis en crisis, sigue pidiendo más y más estado.

Tenemos que hacernos cargo de lo que nos pasa. La crisis excede a un partido político en particular. Si nadie está dispuesto al esfuerzo que implica cambiar, si todos van a mirar solo el corto plazo, entonces no hay salida posible.

Espero lo entendamos. Si no lo hacemos,  el dólar a $ 40 es barato.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

Otra vez, viviendo de la emergencia impositiva

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 4/9/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/09/04/otra-vez-viviendo-de-la-emergencia-impositiva/

 

Francamente es preocupante que al Gobierno le haya llevado todo un fin de semana para estudiar cómo enfrentar la crisis cambiaria y terminar anunciando un aumento de impuestos junto con un nuevo organigrama de Ministerios, que dudo genere grandes ahorros

No queda claro en qué se ahorrarán 0,4 puntos del PBI en 2019 entre gastos corrientes, remuneraciones y gastos operativos. Estamos hablando $73.680 millones de acuerdo al PBI que dieron a conocer para 2019.

De todas maneras, de los 2,6 puntos del PBI que van a bajar el déficit fiscal, el 65% se explica por aumentos de impuestos (los nuevos derechos de exportación de monto fijo y por postergar por un año el aumento del mínimo no imponible) y otros 0,5% de ahorros en subsidios económicos que en rigor es trasladarle al sector privado la baja del gasto público vía mayores tarifas. Lo que antes se pagaba con impuestos ahora se pagará en las facturas de los servicios públicos.

Ahora bien, algo que uno no puede entender es que gente que viene del mundo empresarial siga con la costumbre de aplicar impuestos de emergencia, porque se trata de una situación que luego se convierte en permanente en la Argentina.

De emergencia a permanencia

1) Impuesto a las Ganancias comenzó como transitorio en 1932 con el nombre de Impuesto a los Réditos. Se tornó vitalicio: “llevamos 86 años en emergencia”.

2) IVA en  1995, por el Efecto Tequila la alícuota tuvo un aumento de emergencia del 18% al 21% por 8 meses, desde abril a diciembre de ese año. Lleva 23 años de emergencia.

3) Impuesto al cheque se estableció en 2001 como transitorio hasta diciembre de 2002. Acumula 17 años de emergencia.

4) Retenciones a las exportaciones resurgieron en 2002 como una emergencia y ya llevamos 16 años de vigencia.

5) Ahora nos informan un impuesto de monto fijo a las
exportaciones de $3 a $4 por dólar, dependiendo del producto, con lo cual
nuevamente estamos en emergencia.

Explicaciones falaces

Con el argumento que no se puede tocar el gasto público porque estalla el país, o se viene la conflictividad social y otras justificaciones por  el estilo, la realidad es que seguimos teniendo un gasto público que ahoga el crecimiento económico.

Por eso es errado el razonamiento que con el crecimiento económico el gasto público va a terminar licuándose sobre el PBI. La realidad es que el PBI no puede crecer en forma sostenida mientras no haya inversiones y no habrá inversiones con esta carga impositiva confiscatoria, la que a su vez es consecuencia del nivel de gasto público.

Tampoco es cierto que el 2017 veníamos creciendo bien en forma genuina. Buena parte de ese aumento de la actividad agregada estuvo sustentado en obra pública financiada con deuda externa que se terminó cuando se cortó el financiamiento externo.

Se puede entender que a menos de un año de las PASO ya no quede demasiado margen para aplicar un plan económico consistente, aunque habrá que ver si las medidas anunciadas alcanzan para llegar sin desbordes a agosto del año que viene.

Pérdida de oportunidades

Ahora, si bien queda escaso margen para aplicar medidas estructurales de cara a las elecciones, también es cierto que se desperdiciaron dos grandes oportunidades en el pasado: 1) el 10 de diciembre de 2015, y 2) luego de las elecciones de medio término en 2017.

Esto hace dudar de la verdadera vocación de cambios estructurales que puede haber en el Gobierno. Porque si no hay convicción que el problema no es solamente el déficit fiscal, sino fundamentalmente el nivel de gasto público, nunca van a avanzar en el sentido de bajar el gasto para reducir el déficit fiscal.

Cuando Cambiemos asumió el Gobierno, seguramente sabía que el nivel de gasto público que heredaba del kirchnerismo se traducía en una feroz carga impositiva que, junto con la inseguridad jurídica y el cepo cambiario, impedían toda posibilidad de crecer. Los desafíos que tenía por delante eran gigantescos y nadie pedía solucionar todo lo heredado en cuatro años de mandato, pero sí cambiar el rumbo.

El cambio de rumbo no consistía solamente en eliminar el cepo cambiario, implicaba comenzar a cambiar los valores que imperan en nuestra sociedad que son los que establecen la calidad de nuestras instituciones, es decir las normas, leyes, códigos y costumbres que regulan las relaciones entre los particulares entre sí y los particulares con el Estado.

Es decir, terminar con la cultura de la dádiva y reimplantar la cultura del trabajo. Sin embargo, desde que asumieron en 2015, varios funcionarios de Cambiemos viven compitiendo con el kirchnerismo para ver quién otorgó más planes sociales.

El presidente Mauricio Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza

El presidente Mauricio Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza

Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza. En todo caso sería mejor medir el éxito de su gestión por la menor cantidad de planes sociales que tiene que otorgar el Gobierno porque eso va a significar que las familias pueden mantenerse gracias al fruto de su trabajo y no del trabajo ajeno.

¿Qué tipo de sociedad competitiva puede construirse, considerando los cambios tecnológicos que vemos que llegan como un tsunami, si hay generaciones que viven viendo como sus padres no trabajan y viven del plan social? Ese es el primer gran cambio cultural que tiene que impulsar Cambiemos para poder iniciar una senda de crecimiento basada en las inversiones para poder incrementar la productividad y bajar la pobreza. Todo eso no se logra con más impuestazos.

Es probable que con el aumento del tipo de cambio mejoren las exportaciones y se produzca cierto grado de sustitución de importaciones, pero como en tantas otras oportunidades, las exportaciones no mejorarán por mayor competitividad, sino por esconder, transitoriamente, las ineficiencias estructurales detrás de un tipo de cambio más alto. Esto lo hemos visto en infinidad de oportunidades, hasta que se licua el tipo de cambio real y volvemos a los problemas del sector externo.

Insisto, si las medidas anunciadas son para llegar a las elecciones de 2019 sin estallidos económicos, se entiende aunque habremos perdido 4 años más de nuestras vidas en financiar un Estado ineficiente.

Ahora, si creen que se construye una política económica de largo plazo con este nivel de gasto público, esta carga tributaria y esta cultura de la dádiva, seguimos en el mismo problema que nos hizo entrar en esta larga senda de decadencia populista que ya lleva, por lo menos, 70 años. Mientras tanto, seguimos aumentando nuestra emergencia impositiva.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Mensaje a los sin corbata

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 31/8/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Mensaje-a-los-sin-corbata-20180830-0097.html

 

Mensaje a los sin corbata

 

Estimo que los miembros del elenco gobernante son buenas personas e imbuidos de las mejores intenciones. Lo último que quiero es patear en el suelo. En lugar de eso, mi inclinación ha sido siempre dar una mano en esas circunstancias cuando hay buena fe. Siempre se está a tiempo de rectificar el rumbo.

 

Lo del mote que ahora bautizo como “los sin corbata” lo hago con afecto aunque atribuyo importancia a las formas. Es cierto que “el hábito no hace al monje” pero lo ayuda muchísimo. Desde los inicios de esta administración no me ha parecido compatible con un sistema republicano aquél bailecito inaugural con la banda presidencial en la Casa Rosada. Tampoco suscribo que miembros del gobierno se presenten sin corbata en el Salón Blanco custodiados por granaderos de gala y todo el protocolo del caso.

 

Desde el mismo momento que asumió este gobierno he escrito en este y otros medios alertando reiteradamente sobre la imperiosa necesidad de dar un volantazo respecto a lo que lamentablemente venía ocurriendo, principal aunque no exclusivamente en relación a la reducción del elefantiásico gasto público de lo que se deriva la colosal exacción tributaria, la creciente deuda estatal, el déficit fiscal y las disparatadas regulaciones monetarias y cambiarias.

 

Y no se trata de circunscribirse al hecho de estar en minoría en ambas Cámaras del Parlamento ni en quejarse por el estado de la batalla cultural, me refiero al cúmulo de errores no forzados y a iniciativas del Ejecutivo que para nada ayudan a despejar el camino.

 

Creo que hay que subir la vara y apuntar alto. Hay temas que deben encararse a pesar de grandes dificultades, particularmente cuando los responsables se han postulado para resolver problemas.

 

En esta ocasión quiero referirme telegráficamente al tema de la mal llamada “seguridad social”, en verdad una inseguridad antisocial de proporciones gigantescas y que ocupa un volumen inusitado del presupuesto.

 

Algunas voces sostienen que resulta necesario obligar a la gente al aporte puesto que de lo contrario no  se preverá para la vejez. Esto contradice abiertamente la historia argentina puesto que nuestros ancestros venían en grandes oleadas debido a las extraordinarias ofertas laborales, adquirían terrenitos y departamentos con sus ahorros (lo cual fue liquidado por las leyes de alquileres y desalojos). Por otra parte, el argumento de marras no sigue hasta sus últimas consecuencias puesto que una vez cobrada la pensión fruto de aportes compulsivos habría que destinar un policía a cada jubilado para que no derroche el respectivo ingreso.

 

De lo que se trata es de revertir el proceso para que cada uno pueda usar el fruto de su trabajo como lo considere pertinente y, dicho sea de paso, eliminar aquella figura aberrante del agente de retención por la que empresarios se ven compelidos por ley a descontar el producido del trabajo ajeno. Afortunadamente hay trabajos en marcha en esta dirección que deberían ser aprovechados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Carta abierta al Presidente

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 3/9/18 en http://www.ambito.com/932518-carta-abierta-al-presidente

 

No creo ser original al escribirle una carta abierta. Hay muchos antecedentes, incluso en mi caso con usted y otros presidentes pero lo hago ahora en vista de los problemas que son del dominio público. Está inspirada en el deseo que comparto con muchos argentinos de que tenga el mayor de los éxitos en su gestión, no solo por tratarse de usted sino por los graves riesgos que el país corre si resurgen las tendencias que han dominado durante las últimas siete décadas, muy especialmente durante la última que ha acentuado notablemente la decadencia moral y material de nuestro medio.

 

Su gobierno no ha procedido con la firmeza necesaria para rectificar el rumbo y se ha mantenido en la misma pendiente del pasado por más que sus intenciones y las de sus colaboradores hayan sido las mejores. El gasto público es sideral, las exacciones fiscales son insoportables, la deuda estatal es creciente, el volumen total del déficit fiscal resulta descomunal y las manipulaciones monetarias y cambiarias contribuyen a agravar el problema. Como usted sabe, lo relevante son los resultados y no las explicaciones.

 

Se que usted pretende reducir la pobreza pero el camino elegido no conduce a buen puerto sino más bien lo aleja de los objetivos. Todavía estamos a tiempo para adoptar medidas de fondo que eliminen de cuajo funciones incompatibles con un sistema republicano. Como he consignado antes, no se trata de hacer más eficiente el gasto puesto que cuando algo es inconveniente si se torna eficiente es mucho peor. Tampoco se trata de podar gastos puesto que como también puntualicé en su momento, igual que con la jardinería la poda hace que el desarrollo resulte más vigoroso. Por último, no se trata de pretender un crecimiento al efecto de disimular la relación gasto/producto.

 

Usted no ha comenzado bien su administración al crear nuevos ministerios cuando, como queda dicho, deben eliminarse funciones y modificar drásticamente el organigrama del Ejecutivo. Somos concientes que su coalición no cuenta con mayoría en las Cámaras del Parlamento y que la batalla cultural es difícil, pero destaco sus errores no forzados que algunos pocos hemos puntualizado reiteradamente junto a propuestas varias para lograr el cometido.

 

Algunas de las medidas sugeridas son nominales en cuanto al volumen del gasto que representan pero muy demostrativas de una firme decisión de retomar nuestra mejor tradición alberdiana que hizo de la Argentina uno de los países más prósperos del planeta.

 

A esta altura podrán adoptarse medidas coyunturales que eventualmente pueden tapar los problemas que subyacen, pero descuento que usted quiere verdaderamente hacer que nuestro país retome la senda del progreso moral y material de antes de los golpes fascistas del 30 y del 43 que nunca debió abandonarse. La función medular de los aparatos estatales de compulsión son principalmente para que haya Justicia y seguridad, los entrometimientos en las vidas y en el fruto del trabajo ajeno perjudican a todos pero muy especialmente a los más necesitados. Décadas de estatismo nos han llevado a una situación de vulnerabilidad y de pobreza alarmantes.

 

Concretamente propongo que usted declare de inmediato que se abstiene de presentarse  a la reelección y postule a una candidata o candidato de su preferencia, anuncie medidas espectaculares que se han sugerido  para revertir la situación al efecto de volver a ganar la confianza de sus compatriotas que creen en las virtudes de la sociedad abierta y oxigene su gabinete. Que resulte claro que usted no está dispuesto a consumir tiempo y energías en campañas electorales. De este modo usted será juzgado como un estadista que se preocupa y ocupa de resolver los problemas que nos aquejan  y  podrá usted  presentarse con gran éxito en una futura contienda presidencial.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

¿Qué es un aumento de precios abusivo?

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/6/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/06/26/que-es-un-aumento-de-precios-abusivo/

 

Una vez más se recurre al discurso de confrontación con las empresas

El flamante ministro de Producción, Dante Sica, acaba de advertir que se va a sancionar a las empresas que tengan comportamientos abusivos con respecto a los precios y que habilitarán un call center para recibir denuncias por incrementos de precios.

Si hay algo que ha destruido la economía Argentina, sumergiéndola en una larga decadencia, es el discurso por el cual la economía es un juego de suma cero en el cual si uno gana es porque el otro pierde.

En 83 años de existencia del BCRA se destruyeron 5 signos monetarios, tuvimos una inflación promedio anual del 52% y ante semejante destrozo monetario, fruto de los permanentes desequilibrios fiscales, siempre se apela al mismo discurso de los grupos concentrados, los abusos en las remarcaciones y frases por el estilo.

El rol de todo gobierno, generalmente olvidado

Como veremos enseguida, es un grosero error económico hablar aumentos abusivos de precios, pero antes es importante resaltar que la función de un gobierno es contribuir a la paz social y no generar enfrentamientos entre los diferentes sectores de la sociedad.

Es más, un gobierno no debe desinformar o des-educar a la población inventando enemigos imaginarios para no mostrar la realidad. Lo que corresponde es que diga que la causa de los aumentos de precios está en la emisión monetaria que lleva a cabo el BCRA para financiar el déficit fiscal y que ese déficit existe porque la recaudación no alcanza para cubrir el gasto público.

Y que el gasto público es alto porque el Estado está sobredimensionado en personal, se mantiene sin límites de tiempo a gente que vive de los llamados planes “sociales” y un sistema jubilatorio que está colapsado por la irresponsabilidad del gobierno anterior de haber incluido 3,5 millones de personas sin que hubiesen realizados aportes a lo largo de su vida.

Abusos de gasto público y de impuestos

Insisto, lo que hay que meterse en la cabeza, es que los países comienzan cambios profundos modificando los valores que imperan en la sociedad que son los que van a definir las instituciones que regirán la vida de los habitantes, es decir las reglas de juego sobre las que se construirá el progreso económico. Si no cambiamos el discurso de confrontación que nos viene destruyendo hace 70 años, no veo posible terminar con la decadencia e iniciar un proceso de crecimiento de largo plazo.

Yendo a las declaraciones del ministro de Producción Dante Sica sobre los abusos en los precios, primero habría que definir qué es aumentar abusivamente los precios. ¿Cuál es el parámetro que utilizan para definir si algo es abusivo o no? Es más, antes de hablar de abuso en la suba de precios, habría que hablar de los abusivos impuestos que el Estado aplica a los contribuyentes.

Y también habría que hablar de la abusiva expansión monetaria que lleva a cabo el BCRA. De acuerdo al último informe monetario diario al momento de redactar estas líneas, se observa que la base monetaria creció el 32,9% anual y los agregados monetarios el 35%, me refiero a M1, M2, etc. ¿Aumentos de precios abusivos o expansión monetaria desenfrenada?

Hablar de abuso en los aumentos de precios cuando lo que ocurre es que se abusa de la maquinita de imprimir billetes y la moneda se deprecia, es tener un mal diagnóstico del problema económico o bien desinformar a la población llevándolo a un enfrentamiento estéril.

El rol del mercado en una economía sana

Si alguien aumenta los precios, pero hay disciplina monetaria, lo que ocurrirá es que bajará la cantidad de unidades vendidas. Tendrá menos ventas al no convalidarse los aumentos de precios con expansión monetaria.

Además, con la inestabilidad económica que tenemos en la Argentina, la ausencia de moneda y la inseguridad jurídica, ¿quién puede establecer cuál es la tasa de rentabilidad que hay que pedirle a una inversión que se hunde en el país? ¿O me van a decir que el riesgo de hundir una inversión en la Argentina es igual que hacerlo en Holanda, Australia o Irlanda?

Por otro lado, no son los costos de producción los que determinan los precios, sino que son los precios que la gente está dispuesta a pagar por cada producto, los que determinan los costos de producción en que puede incurrir una empresa. Simple teoría subjetiva del valor que es la que regula las decisiones de realizar intercambios. Solo compro un producto si lo valoro más que los pesos que entrego. Si le doy menos valor, no hago el intercambio, y si le otorgo el mismo valor, tampoco porque estoy en un punto de indiferencia.

El famoso “remarcan por las dudas”, no es otra cosa que una forma que tiene el productor para defender su capital de trabajo. El productor (sea comerciante o fabricante) sabe que luego de vender tiene que reponer insumos o la mercadería que vendió. Como desconoce cuál será el costo de reposición dada la depreciación de la moneda producida por el BCRA, cuando tenga que volver a comprar mercaderías o insumos corre el riesgo de que los pesos recibidos no le alcancen para pagarlos y se termine consumiendo su capital de trabajo.

El consumidor compara bien los precios antes de comprar (NA)

El consumidor compara bien los precios antes de comprar (NA)

Unidad de cuenta y reserva de valor

El otro argumento es que las empresas remarcan productos que no tienen insumos importados. En primer lugar es una simple afirmación sin comprobación empírica. ¿Qué datos o serie histórica hay que demuestren tal comportamiento? Y, en todo caso, si así ocurriera la explicación sería que la gente adoptó el dólar como moneda. ¿O alguien va a negar que el argentino usa el dólar como su verdadera moneda?

Afirmar que se van a aplicar sanciones a quienes “abusen” con los aumentos de precios implica generar incertidumbre jurídica. Cómo decía antes, ¿cuál va a ser la vara para mediar el “abuso”? Por otro lado, no es el Poder Ejecutivo el que declara culpable e inocente a una empresa, sino el Poder Judicial. Al menos así funciona una República. El Ejecutivo no puede ser juez y parte. Y, ¿cuál sería la ley que se estaría violando para decir que hay aumentos abusivos? ¿En qué lugar de dicha ley dice cuándo un aumento es abusivo?

Más que estar controlando supuestos abusos de aumentos de precios, mecanismo que fue adoptado a la largo de 4.000 años en la historia de la humanidad (Robert L. Schusttinger – Eamonn F. Butler), con sus reiterados fracasos para frenar la inflación, y nuestra última y patética versión fue aplicada por Guillermo Moreno, el nefasto secretario de comercio de la era kirchnerista,me parece que lo mejor que puede hacer el Gobierno en bien de los consumidores, es equilibrar sus cuentas, bajando el gasto público, teniendo disciplina monetaria, reestructurando el Estado y aplicando un sistema tributario pagable por el contribuyente.

Si logra esos objetivos, conseguirá evitar que se deprecie la moneda, la economía gane en competitividad y los salarios reales crezcan por esa mayor productividad de la economía.

Las amenazas dejémoslas para la antigua forma de hacer política económica, tratando de controlar los precios a los palazos. Es un sistema muy primitivo que ha dado acabadas muestras de no funcionar.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

¿Por qué estalló todo?

Por Iván Carrino. Publicado el 20/6/18 en: http://www.ivancarrino.com/por-que-estallo-todo/

 

La salida de Sturzenegger y el salto del dólar reflejan la enorme desilusión con el proyecto de Cambiemos.

El martes por la tarde estuve en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora participando de un debate con otros profesores de economía.

La invitación, que acepto hace más de 2 años, tiene por objeto dar un análisis de la era kirchnerista y luego sumarle el tiempo transcurrido del nuevo gobierno, siempre desde una perspectiva económica.

El debate siempre es interesante porque me lleva a conversar con dos economistas de corrientes de pensamientos diametralmente opuestas a la mía. Pero, además, porque me fuerza a revisar qué pensaba de la economía tiempo atrás.

La última vez que fui a la Universidad fue en noviembre de 2017.

En ese entonces, explicaba que el nuevo gobierno efectivamente se estaba enfrentando a una “pesada herencia”, pero que los datos mostraban, por un lado, una baja de la inflación y, por el otro, una recuperación económica post-colapso de populismo K.

Al mismo tiempo, también advertía que faltaban todavía reformas muy importantes, que tenían que ver con:

– La reducción del gasto público

– El fin del déficit fiscal

– La desregulación de mercados como el laboral y el de productos importados.

Si bien en su momento ya existían las inconsistencias macroeconómicas, los datos no mostraban la inminencia de una crisis.

De hecho, los indicadores financieros como el Riesgo País, la bolsa, e incluso el dólar, destellaban optimismo.

¿Qué pasó entonces?

Un boom basado en expectativas

Pocos días después de la victoria de Mauricio Macri en las elecciones de 2015, el extraordinario analista chileno, Axel Kaiser, escribía lo siguiente:

El nuevo gobierno encabezado por Mauricio Macri puso fin no solo a más de una década de degeneración institucional kirchnerista sino a casi cien años de dominio político peronista. Así las cosas, la tarea que enfrenta Macri es nada menos que derrotar la historia. Ya logró un primera victoria en las urnas el pasado domingo. Esa fue la parte “fácil”. Ahora le toca dar inicio a una transformación sostenible en el tiempo que logre terminar, a nivel cultural e ideológico, con el peronismo que ha destruido la libertad y condenado a la decadencia y vergüenza internacional a un pueblo que ha probado tener lo necesario para pertenecer a la élite mundial.

Si Macri logra la titánica hazaña de dejar iniciado ese cambio permanente pasará a ser el más grande líder político que haya conocido la Argentina en más de un siglo y sin duda uno de los más grandes que haya conocido América Latina en toda su vida independiente.

La mirada de Kaiser reflejaba, en mayor o menor medida, la de quienes estaban “mirando el partido desde afuera”. Mauricio Macri podía ser el líder que llevara a Argentina de nuevo a las “grandes ligas” del desarrollo económico.

Ahora bien, para esto el gobierno tenía que encarar reformas drásticas.

Tenía que bajar el déficit fiscal desde 7% del PBI al 0%. Tenía que reducir el gasto público y los impuestos. Tenía que desregular los mercados laborales, liberar los precios de la energía, los combustibles y los supermercados. Tenía que abrir la economía al comercio del mundo, y tenía que terminar con una década y media de inflación, algo que dijo que iba a ser “lo más fácil” de todo.

Los mercados internacionales, al ritmo del “sí se puede”, parecieron comprar la idea de que esto efectivamente iba a pasar. O, al menos, compraron la idea de que incluso sin hacer todas las reformas, con algunas bastaría para que el país volviera a crecer por un período medianamente largo.

Hoy los inversores piensan todo lo contrario.

¿Se puede o no se puede?

El gobierno de Macri asumió en una situación por demás delicada. La situación ameritaba llamar al Fondo Monetario en ese momento y comenzar un programa de ajuste con apoyo del organismo.

Sin embargo, primó la política.

El gobierno no llamó al Fondo, no lanzó un programa de ajuste fiscal contundente, y no explicitó la pesada herencia recibida.

El marketing de Durán Barba le ganó al análisis técnico de algunos de los funcionarios del propio equipo económico.

En un principio, la apuesta parecía salir bien, y el gobierno hizo algunas modificaciones interesantes como salir del cepo, sincerar tarifas y cerrar el juicio con los holdouts.

Además, terminó ganando las elecciones de medio término.

Pero no mucho se había avanzado en términos de déficit fiscal, gasto público, impuestos y mercado laboral.

Una vez pasado el triunfo en las legislativas, era el momento indicado para avanzar con reformas más ambiciosas. El discurso de Macri, de hecho, fue en ese sentido.

Sin embargo, todo quedó en palabras. La reforma tributaria tuvo gusto a poco, y reforma laboral directamente no hubo, gracias a la dura presión de los sindicatos.

El gasto público sigue hoy en alrededor del 40% del PBI.

Golpe de gracia

Con la alta presión tributaria, la nula modificación del mercado laboral, y un déficit fiscal que se convirtió en una aspiradora de dólares del mundo, la gran apuesta del gobierno para ganar las elecciones del 2019 corría peligro.

La economía podía llegar a enfriarse y, como no había voluntad para hacer reformas estructurales, entonces se recurrió al atajo mil veces probado (y mil veces fracasado) de bajar la tasa de interés para estimular la actividad.

Así, llegamos a la conferencia del 28 de diciembre, donde se cambiaron las metas de inflación y se forzó al Banco Central a bajar las tasas. La medida fue festejada por algunos, pero el mercado rápidamente la expuso como un gran error.

A partir del 28D, las expectativas de inflación saltaron, y lo mismo pasó con el dólar y el riesgo país.

Por si esto fuera poco, el contexto internacional empeoró, y ese mercado que compraba cualquier cosa, comenzó a mirar los números con más detalle.

Lo demás es historia conocida.

El dólar avanza 60% en lo que va del año, y la bolsa, medida en moneda dura, cae cerca de 40%. Además, renunció Sturzenegger y echaron a Aranguren, el único ministro del gobierno que redujo con fuerza el gasto público.

La crisis financiera que atraviesa el país no es culpa del Banco Central ni exclusivamente del contexto internacional. Se trata, en realidad, del fracaso de Cambiemos, que generó unas expectativas formidables sobre su capacidad de cambiar la historia del país pero que, en los hechos, no concretó grandes cosas.

Hoy el mercado le está pasando factura, o bien está adaptándose a una nueva realidad: Cambiemos no era en realidad tan Cambiemos, y torcer el rumbo de decadencia Argentina no iba a ser tan fácil como se imaginaba al principio.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

LA LIBERTAD NO ES AUTOMÁTICA: EL CASO GALEANO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

 

En general la gente se ocupa de sus quehaceres en agitado ritmo en una rutina que dan por sentado siempre se mantendrá. Hay quienes se las pasan con una calculadora en la mano conjeturando nuevos arbitrajes al efecto de amasar dinero, lo cual es del todo legítimo pero la faena no está en modo alguno garantizada. El respeto no es gratis ni viene de la estratósfera, es el resultado del esfuerzo cotidiano. Bien ha dicho Jefferson que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia”.

 

Los hay quienes se dedican a la jardinería, a la música, a cultivar verdura, a la carpintería o a lo que sea en la infinita gama de tareas posibles pero todos están interesados en que se los respete, por tanto todos deben contribuir a ese interés vital. No es posible la actitud cómoda e irresponsable de delegar la faena sobre los hombros de terceros.

 

Es frecuente que se sostenga que no hay la capacitación para dedicarse a defender los principios de la sociedad abierta, que deben ser otros los que se esfuercen en estudiar y difundir dichos valores. Una pretendida coartada para poder dedicarse a lo suyo en un sentido muy limitado y amputado como si lo suyo no necesitara que se lo respete.

 

No hay actividad posible si no tiene vigencia el respeto recíproco. Nada queda en pie si esto no se toma en serio y, sobre todo, se procede en consecuencia. Cada uno debe estudiar los fundamentos o por lo menos los aspectos elementales de la convivencia civilizada. No vale decir que no tienen tiempo porque por ese camino, tarde o temprano, se quedarán sin lo suyo que les será arrancado por la  fuerza.

 

Como muchas veces hemos señalado, la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo constituyen los canales más fértiles para lograr el objetivo pero no son ni remotamente los únicos. Las reuniones en casas de familia en grupos pequeños para leer y discutir libros de provecho, es una forma muy productiva de aprender y difundir las bases de una sociedad libre con gran efecto multiplicador no solo en las familias y en reuniones sociales sino también en lugares de trabajo.

 

Es típico de los haraganes decir que solo hay preocuparse y ocuparse de la familia, el trabajo, el deporte y la recreación en paz. Esto no es nada original por cierto, todos quieren lo mismo el asunto es comprender que esto no resulta posible si no se defiende la libertad para lo cual hay que destinar tiempo a quemarse la cejas, estudiar y mantenerse actualizado en las defensas.

 

Los irresponsables de marras amenazan con irse del país en que viven si las cosas se ponen feas, sin percatarse que el ubicarse en otros lares más pacíficos es consecuencia directa del esfuerzo que han hecho otros en esos otros países para mantener la situación en brete. Si todos procedieran como aquellos comodones solo quedaría flotar en el mar a merced de los tiburones.

 

Más aun, si cada uno pusiera su granito de arena, como decimos, independientemente de a que se dedica, el mundo mostraría otra fisonomía completamente distinta a la decadencia que se observa. No resulta posible limitarse a criticar a la hora del almuerzo y terminado de engullir alimentos cada cual se concentra en sus intereses personales desentendiéndose por completo del reaseguro que a todos concierne.

 

En épocas de bonanza se estimula la distracción de lo que venimos diciendo y en épocas de malaria hay la tendencia a emigrar o esconderse en las propias cuevas hasta que son asaltadas y vejadas por los enemigos de la sociedad abierta, siempre al acecho de nuevas presas desprevenidas.

 

Cada uno debiera preguntarse que ha hecho durante el día para que se lo respete. Si la respuesta es nada, no hay derecho al pataleo. Estimo que ilustra esta situación a las mil maravillas el cuento de Cortázar “Casa tomada”. Seguramente el autor no estaría de acuerdo que se recurra a su célebre narración a los efectos de defender la tradición de pensamiento liberal, pero sirve a estos propósitos. Una trama en la que los moradores van cediendo espacios de la casa hasta que en la práctica son expulsados de la misma. Esta es la situación literal de lo que ocurre, somos echados de nuestras pertenencias por bandas que ocupan ilegítimamente nuestras moradas.

 

Y esto sucede debido a nuestra incapacidad de defender lo que nos pertenece, nuestras libertades, nuestras propiedades y nuestros sueños de vida que son arrebatadas por un Leviatán desbocado. Aparatos estatales que supuestamente se constituyeron para proteger nuestros derechos pero que los conculcan permanentemente. Dejamos espacios que son ocupados por facinerosos y personas de buena fe pero que con sus procederes arruinan la vida de otros.

 

Lo dicho no quiere decir que personas honestas intelectualmente se abstengan de cambiar de parecer cuando se les demuestran sus errores. Hay casos muy sonados que he recogido en oportunidades anteriores, algunos ahora muy amigos y que antes abrazaban la postura socialista. Hace tiempo escribí sobre Eduardo Galeano que puede resultar de interés reiterar parcialmente en esta nota periodística solo para enfatizar, tal como relatan algunos de sus allegados, que fue grande su costo al cambiar de opinión puesto que la libertad no es un proceso automático.

 

Subrayo su talento realmente formidable para administrar una pluma que produce resultados que encandilan de admiración al lector. Una especie de hechizo superlativo de un prestidigitador que juega con las formas del idioma y que exhibe una gimnasia gramatical que se asimila a estar escribiendo poemas permanentes con una cadencia notable, por más que se trate del género del ensayo.

Habiendo dicho esto, destaco lo que es evidente: su contribución a la demolición de la sociedad abierta, o mejor dicho, a lo que queda de ella puesto que durante las últimas largas décadas los gobiernos se han propuesto el estrangulamiento de las libertades de las personas que gobierna. Astronómicos incrementos en el gasto público, impuestos insoportables, regulaciones asfixiantes en el contexto de marcos institucionales degradados hacen que el Leviatán avance sobre los espacios privados de la gente dejando a su paso pobreza para todos, muy especialmente para los más necesitados.

Aquellas medidas las propone Eduardo Galeano con entusiasmo. Flota en sus trabajos la presencia de la suma cero de la teoría de los juegos, es decir, lo que gana uno lo pierde el otro retrotrayéndonos a la época mercantilista. Nada original por cierto. En Las venas abiertas de América latina -luego impugnada por el autor- concluye que “cuanto más libertad se otorga a los negocios, más cárceles se hace necesario construir para quienes padecen los negocios”, con lo cual le da la espalda al hecho de que en toda transacción libre y voluntaria ambas partes se benefician.

Allí no distinguía para nada el empresario que para mejorar su situación patrimonial debe servir a sus semejantes: si acierta gana y si yerra incurre en quebrantos. No diferenciaba esta situación con el pseudoempresario que se enriquece debido al privilegio que le otorga su alianza con el poder político de turno, con lo que explota miserablemente a sus congéneres.

La emprendía contra un capitalismo prácticamente inexistente, incluso en el otrora baluarte del mundo libre, Estados Unidos,  donde de un largo tiempo a esta parte los gobiernos han traicionado los sabios consejos de los Padres Fundadores para, en su lugar, abrazar la latinoamericanización en el peor sentido de la expresión, lo cual incluye “salvatajes” para negociantes irresponsables, ineptos e indecentes, claro está con los recursos de los que trabajan honestamente. Embestía contra el mercado como si no se percatara que se trata de millones de arreglos contractuales entre los que estaba el mismo Galeano, no solo para su vivienda, su vestido, su alimentación y su recreación sino de modo muy especial para vender su antedicho libro (y muchos otros, también de su autoría) que va por la edición sesenta y ocho con jugosos derechos de autor.

Sobre ese libro su autor, en la Bienal del libro y la lectura, en Brasilia, en abril de 2014, dijo sobre las venas abiertas que renegaba de esa obra porque “no tenía los suficientes conocimientos de economía ni de política” y si lo tuviera que leer ahora “me desmayaría”.

Sus recetas eran anacrónicas, son las que aplicaron y aplican todos los países atrasados del planeta pero están vestidas con un ropaje nuevo y adornados con una prosa elegante, por más que ataque por las razones equivocadas a las nefastas instituciones internacionales como el FMI que sin duda habría que disolver por el daño mayúsculo que infringe financiando situaciones de quiebra y despilfarro con recursos coactivamente detraídos del fruto del trabajo ajeno (en este sentido es muy pertinente recomendar el libro de la doctora en economía de Oxford Dambisa Moyo, titulado Cuando la ayuda es el problema).

Hace más de treinta años, en la revista mexicana Perfiles, publiqué un artículo titulado “El mundo al revés de Eduardo Galeano” donde criticaba uno de los libros del mencionado autor (Patas arriba. La escuela del mundo al revés) donde intenté mostrar que lo que está al revés es en gran medida debido a la absorción de lo dicho por autores como Galeano y que, en consecuencia,  el mundo al revés estaba, entre otras, en la cabeza de este escritor. Abría aquella nota con una cita que hacía este autor en la que se leía lo siguiente: “Donde no se obedece la ley, la corrupción es la única ley. La corrupción está minando este país. La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas”. ¿A quien pertenece esta cita?: a Al Capone en una entrevista publicada en Liberty el 17 de octubre de 1931.

Esto mismo es dicho y repetido por los políticos estatistas con deslumbrante hipocresía luciendo unas sonrisas bastante estúpidas de un cinismo dignas de mejor causa. Pero henos aquí que Galeano no lo veía así, según él el problema radicaba en los privados que usan y disponen de lo adquirido lícitamente como consecuencia de lo intercambiado con otros. Es por eso que en su momento alababa enfáticamente el experimento oprobioso de la isla-cárcel cubana.

Pero después de eso, según algunas de las últimas declaraciones de Galeano muy comentadas y discutidas por cierto, reveló estar disgustado con las recetas que había propuesto. Sin embargo, no se decidió que sistema abrazar. En un escrito corto de su autoría consigna que se cayó del mundo y no sabe por que puerta entrar, al tiempo que se queja de la decadencia de valores.

Lo mismo va para la tilinguería de mucho de lo que se trasmite por televisión y así sucesivamente, para lo cual bajo ningún concepto es aceptable el recurrir a comisarios sino que se requiere respeto para que cada uno siga su camino siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros.

En resumen, aunque este ejercicio contrafactual resulta difícil, estimo  que, debido a sus últimas declaraciones, si Galeano hubiera vivido hubiera retomado el mundo después de su salida más o menos vertiginosa y hubiera entrado raudamente por la puerta de la libertad y denunciado con el vigor que lo caracteriza todo lo que signifique el uso de la violencia para con personas que no se entrometen en los derechos de otros.

Muy bienvenido hubiera sido Galeano a las filas liberales, como lo es Mario Vargas Llosa y lo fue Octavio Paz, Arthur Koestler y tantos otros distinguidos intelectuales lo cual significa el respeto irrestricto para los proyectos de vida de otros.  Filas donde no hay popes sino intercambios de ideas con plena conciencia que es una tradición de pensamiento que está y estará en permanente ebullición porque en la vida terrenal no hay un punto final que no sea susceptible de mejorar.

En todo caso, sea como hubiera sido el futuro de Galeano es de interés subrayar tantas otras conversiones de peso que ayudan a frenar el desbarranque del poder político, y nuevamente insistimos en que todos debieran tomar ejemplos de honestidad intelectual y perseverancia para acoplarse a las filas de la libertad en beneficio propio y de sus seres queridos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Argentina creíble

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 14/5/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/argentina-creible/

 

Con el nuevo Gobierno de Mauricio Macri, la Argentina ha crecido, se ha abierto al mundo, y ha ganado respetabilidad y credibilidad, entre otras cosas por la comparación con el deplorable kirchnerismo. Hoy esa valiosa credibilidad se ve amenazada.

Macri no afrontó todo el desastre que heredó, sino solo parte. Dejó de mentir en la inflación y ajustó las tarifas de los servicios públicos más a su coste real, superando así otra mentira de la demagogia kirchnerista. Pero no se atrevió a reducir apreciablemente el gasto público, que sus antecesores habían expandido, creando una tupida red clientelar de simpatizantes y también de militantes radicalizados, dispuestos a sabotajes de toda suerte.

A la decisión crucial de no bajar el gasto público la acompañaron otras medidas de gran peligro potencial, como la subida de impuestos y de la deuda pública, la expansión monetaria, y la represión del tipo de cambio como herramienta antiinflacionaria. No ha sido la primera vez que tal estrategia es adoptada con tal de no bajar el gasto, y siempre ha abocado tarde o temprano a estallidos y crisis de inflación, deuda o balanza de pagos.

El macrismo insistió —como suelen hacer los gobiernos temerosos de plantear las reformas necesarias— en que no podía hacer más, y defendió el “gradualismo”, definiéndolo como lo mejor para el país, cuando en realidad es lo mejor para un Gobierno que no puede, no quiere o no sabe coger el toro por los cuernos. Los economistas liberales argentinos señalaron los problemas de insostenibilidad de la estrategia de Macri, sólo para recibir la habitual respuesta que combina arrogancia, indiferencia o desdén. Pero la razón ha terminado del lado liberal, y la crisis ha llegado.

La oposición peronista despotrica ahora contra el gobierno de Macri, acusándolo de “venderse al FMI”, lo que no deja de ser doblemente paradójico. Primero, porque, como recordó el economista argentino Roberto Cachanosky, los gobiernos peronistas han sido los que más acuerdos han firmado con el supuestamente perverso FMI, institución que, según dice esta semana el Economist, “tiene tanto miedo a Argentina como la Argentina al FMI”. Pero, en segundo lugar, el recurso al FMI es, como siempre, un truco para no bajar el gasto público, que es lo que los gobiernos se ven forzados a hacer si nadie les presta a tasas que no sean estratosféricas: para eso fue inventado el FMI, para facilitarles las cosas a los Estados. Para guardar las apariencias, pide ajustes que siempre se traducen en más impuestos —y algunos lo siguen llamando “liberal” cuando no lo ha sido nunca.

La clave, por supuesto, es si esto será suficiente dada la precaria situación de la Argentina, con una elevada inflación y con un alto porcentaje de su deuda denominada en divisas. La credibilidad del país está en juego. Otra vez.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.