Debates sobre metas y ejecuciones

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Se observa que en reportajes orales y escritos se consulta sobre los modos para lograr determinados resultados. Habitualmente el entrevistado se enreda en ingenierías varias para responder a la requisitoria periodística y a partir de ese momento con repreguntas y opiniones de variado color se entra en un debate que parece no tener salida. Y esto es así porque antes de entrar en el tema de las políticas de transición para arribar a ciertos objetivos se torna indispensable aclarar el sentido y los fundamentos del objetivo mismo, de lo contrario el embrollo es seguro.

 

Una vez que se ha comprendido y aceptado la meta resulta una cuestión del todo secundaria el modo de encaminarse a ella. Siempre aparecen infinidad de procedimientos para acercarse al objetivo. Las ingenierías son múltiples. Las estrategias y los elementos políticos a tener en cuenta son innumerables.

 

Y no es que las políticas públicas carezcan de importancia, no se puede ejecutar una idea sin un programa para llevarla a cabo, se trata de evaluar correctamente las prioridades y economizar el tiempo disponible. No es posible poner la carreta delante de los caballos.

 

Primero debe clarificarse la idea y luego las muy diversas maneras de ejecutarlo con mayores o menores pasos intermedios al contemplar las muy diferentes reacciones y efectos en los plazos medianos y de largo alcance pero no se puede comenzar por el final.

 

Sin quererlo en no pocos casos se tiende una trampa al pretender discutir modos para lograr algo antes de haber aclarado debidamente las virtudes de ese algo. Lo primero es primero. Nadie entenderá el asunto si se pretenden formular procedimientos antes de saber hacia donde se apunta y la razón de esa dirección.

 

La idea es el núcleo, el resto se da por añadidura. Una vez comprendida la meta se competirá por diversas propuestas para logar el objetivo, de lo contrario atrasamos el debate. Hace mucha falta la explicación  de ideas antes de proponer mecanismos para lograr algo que aun no se comprendió.

 

Antes de mostrar como se hace hay que entender porqué se hace. Una vez que la opinión pública ha entendido la idea será más o menos indiferente a los muchos caminos para llevarla a cabo, el asunto es ponerse en marcha. Ilustremos lo dicho con uno de tantísimos ejemplos.

 

Se afirma que debe reducirse el gasto público, frente a lo cual se pregunta en que rubros se procedería en consecuencia.

 

El entrevistado mantiene que hay que despedir empleados públicos y entra en los detalles más escabrosos de cómo hacerlo,  se refiere a la necesidad producir un ajuste cuando en verdad el ajuste es el que implanta el estatismo sobre los bolsillos de todos, especialmente sobre el fruto del trabajo de los más necesitados. De ese modo los interlocutores concluyen que el entrevistado es insensible y derrotista, cuando no explotador. En nuestro país aparentemente se atribuye mayor importancia a los medios que a los fines, así se hace difícil avanzar. Estamos atrasados en el debate de ideas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

La distribución del ingreso y el populismo que hunde a la Argentina

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/12/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/12/26/la-distribucion-del-ingreso-y-el-populismo-que-hunde-a-la-argentina/?fbclid=IwAR3rj7HioboirryNccenVXjTjXqwSBJkmuTz7UeTkxJ-UMRXDbmClK0b70o

 

De los datos informados por el Indec para el tercer trimestre, surge que el promedio del decil de mayores ingresos gana 19 veces más que el decil inferior

En general, los políticos, sociólogos y economistas suelen prestar atención a los datos de distribución del ingreso, básicamente al coeficiente de Gini, que es una medida ideada por Conrado Gini, un estadístico italiano. El coeficiente muestra si el ingreso en una sociedad se distribuye en forma pareja o unos pocos ganan mucho y muchos ganan poco.

Se trata de un indicador que varía entre 0 y 1. Si da cero, se dice que hay igualdad perfecta porque todos ganan lo mismo. Mientras que 1 quiere decir que una sola persona tiene todos los ingresos y el resto ninguno.

Por ejemplo, para que se entienda, si uno calculara el coeficiente de Gini para los bolsos con euros, daría algún valor cercano a 1, K.

Políticos, sociólogos y economistas suelen indignarse cuando los datos de distribución del ingreso tienden a empeorar, señalando lo injusto del sistema económico y la necesidad que el estado intervenga en la economía para mejorar la distribución de los recursos monetarios.

Las lecturas ligeras pueden inducir a error

Sin embargo, el dato de distribución del ingreso es engañoso y puede llevar a decir barbaridades en términos de intervención del Estado. Puesto de otra manera, no todo crecimiento en la desigualdad de la distribución del ingreso es mala. Veamos un ejemplo.

Supongamos que en el momento 1 los sectores que menos ganan tienen un ingreso de $100 y los que más ganan tienen un ingreso de $1.000. La diferencia entre el que más gana y el que menos gana es de 10 veces.

Ahora bien, supongamos que en ese país se aplica una política económica consistente que reduce el gasto público, la carga impositiva, flexibiliza el mercado laboral, se incorpora al mundo bajando aranceles y demás medidas que estimulan la capacidad de innovación de la gente, atraen inversiones y reducen la pobreza a niveles cercanos a cero. Luego de aplicar esas políticas, el que menos gana tiene un ingreso de $1.500 y el que más recibe 18.000 pesos.

En este ejemplo el coeficiente de Gini va a dar que empeoró la distribución del ingreso porque la diferencia entre el que más gana y el que menos se amplió de 10 a 12 veces.

Por lo tanto, si bien el coeficiente de Gini empeoró, los que menos ganan están mucho mejor que cuando el indicador medía mejor.

La conclusión es que los políticos, sociólogos y economistas podrán gritar porque empeoró el coeficiente de Gini, pero lo cierto es que los más humildes mejoraron notablemente su nivel de vida.

Como dice Mancur Olson en su libro Poder y Prosperidad: hoy en día los economistas disponemos de tal herramental matemático, estadístico y econométrico, que podemos torturar los números hasta que confiesen lo que queremos. O, como decía un economista amigo: hay tres tipos de mentiras, la mentira lisa llana, la mentira piadosa y las estadísticas.

Prueba ácida irrefutable

En definitiva, muchas veces se utilizan las estadísticas para tergiversar la realidad y aplicar políticas populistas mostrando datos que no dicen nada. El ejemplo más categórico al respecto es ver el período K, cuando sus funcionarios se llenaban la boca hablando de la distribución del ingreso, pero al final del día dejaron un tercio de la población bajo la línea de pobreza y ellos terminaron con grandes fortunas. Por ejemplo con departamentos por más de USD 70 millones en Miami.

El punto que me parece importante resaltar es que no interesa tanto cómo es la distribución del ingreso, sino cómo terminar con la pobreza y lograr que la gente gane cada vez mejor. Cuando se pone el acento en la distribución del ingreso, el paso siguiente es decir que uno es pobre porque el otro es rico.

El populismo es especialista en alimentar el resentimiento y el odio. Ud. es pobre porque aquél es rico, así que vengo yo a hacer justicia y le voy a aplicar impuestos progresivos a los que más ganan, en nombre de la solidaridad social y la igualdad en los ingresos de la gente. El resultado es que se desestimula la inversión, baja la productividad, cada vez se crean menos puestos de trabajo y la pobreza comienza a crecer.

¿Por qué tenemos esta larga decadencia con una pobreza impensada para Argentina? Porque a los largo de décadas, se vino enarbolando la redistribución del ingreso en nombre de la solidaridad social y ello implicó más gasto público, impuestos, regulaciones y, obvio, el caldo de cultivo para la corrupción.

El problema de fondo de los amantes de la redistribución del ingreso es que ven la riqueza como algo estático. Un determinado stock que hay que redistribuir equitativamente. No ven que la riqueza se genera y se puede crear más riqueza en la medida que estén dadas las condiciones institucionales que, justamente, son exactamente las opuestas a las que proponen quienes hablan de la redistribución del ingreso.

Los políticos ven la riqueza de un país como una pizza que hay que repartir en porciones iguales, no piensan en crear las condiciones para que en vez de una pizza haya cada vez más pizzas.

En definitiva, la mayor preocupación de los políticos no debería concentrarse en la distribución del ingreso, sino en cómo lograr terminar con la pobreza generando inversiones y más puestos de trabajo. De tanto ocuparse por la distribución del ingreso, crearon legiones de piqueteros, planeros de todo tipo y subsidios infinanciables desarrollando la cultura de la dádiva destruyendo la cultura del trabajo.

En definitiva, en nombre de mejorar la distribución del ingreso, denigraron a la gente y crearon legiones de pobres y planeros.

Conclusión: a los políticos, olvídense del coeficiente de Gini y concéntrese en crear las condiciones para atraer más inversiones y crear más puestos de trabajo. Lo que importa es cuántas inversiones y puestos de trabajo de alta calidad se consiguen. Los datos de la distribución del ingreso déjenlos para los resentidos.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE 

Argentina: Acuerdo con FMI continúa con ineficiencias

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 30/10/18 en: http://www.crusoeresearch.com/article/argentina-acuerdo-con-fmi-continua-con-ineficiencias/

 

Si uno observa el capítulo fiscal se encuentra con el siguiente texto: Dentro del Presupuesto 2019, nuestras medidas fiscales incluyen:

1) Un aumento en los impuestos a las exportaciones y una reducción en los reintegros de los impuestos sobre las exportaciones;

2) Un Impuesto a los Bienes Personales que se aplica a los activos de los miembros más ricos de la sociedad argentina tanto dentro de la Argentina como en el extranjero;

3) Reducir los subsidios a la energía y reasignar la responsabilidad de los subsidios al transporte y la tarifa social sobre la electricidad a los gobiernos provinciales que se encuentran mejor posicionados para juzgar la mejor manera de diseñar y financiar dichas ayudas;

4) Una contención del gasto de capital, que será compensado por los proyectos de Participación Público-Privada y mayor gasto de capital de las provincias;

5) La expansión de la cobertura del Impuesto a las Ganancias personales sobre algunas categorías de empleados públicos que se encuentran actualmente exentos, y la reducción del gasto tributario en el impuesto a las ganancias corporativas limitando exenciones para cooperativas y organizaciones mutuales;

6) Una reducción de las transferencias discrecionales a las provincias, y un recorte real del 6% a otros gastos corrientes;

7) Un congelamiento en la nueva contratación de empleados públicos, que dará lugar a una caída en el conjunto de la nómina pública;

8) Una reducción en el gasto en otros bienes y servicios del gobierno nacional de 18% en 2018 y otro 5% en 2019 en términos reales. El control estricto sobre los compromisos evitará acumular atrasos; y;

9) Una reducción en las transferencias asociadas con el déficit operativo de las empresas del Estado que no están relacionadas con las tarifas de servicios públicos en un 68%por ciento en términos reales.

Más impuestos y débil intención de bajar el gasto

Básicamente la propuesta es incrementar impuestos y mostrar algún retoque de baja del gasto público para no quedar en evidencia que no desean bajar el gasto.

El punto 2 luce particularmente lamentable en una colación política que lleva como nombre Cambiemos. Ese punto muestra que más que cambiemos es Continuemos con el tradicional populismo que nos llevó a la decadencia: se le cobrará un impuesto a los activos de los sectores más ricos de la sociedad argentina. Es como decir: Ud. es pobre porque aquél otro es rico. Alimentar la grieta entre ricos y pobres.

Cambiar la larga decadencia argentina comienza por cambiar el discurso de confrontación por el cual se le hace creer a la gente que unos son ricos porque otros son pobres. Con este párrafo el Gobierno muestra que no le interesa terminar con la pobreza, sino terminar con los ricos, aunque claramente no estarán incluidos los funcionarios y dirigencia política argentina.

¿Qué le importa al gobierno cuántos ricos hay? Lo que tiene que importarle es cómo terminar con la pobreza, algo que el mismo presidente Mauricio Macri ha dicho en infinidad de oportunidades y viene haciendo agua sistemáticamente por aferrarse al populismo que le venden sus asesores políticos y económicos.

Baja productividad del gasto

Pero el punto que interesa resaltar, una vez más, es que el gobierno está empecinado en cerrar la brecha fiscal por el lado de los ingresos en vez de bajar el gasto público. Y aquí hay que hacer un punto clave, que no es solo la carga tributaria en que se traduce el elevado gasto público. El punto que me interesa resaltar es la ineficiencia que le genera a la economía un elevado gasto público.

No es solo la carga tributaria que tiene que soportar el contribuyente y el consiguiente desestimulo a la inversión que genera, sino también que es relevante la ineficiente asignación de recursos productivos que produce el elevado gasto público.

¿Por qué? Porque cuanto mayor es el nivel de gasto público, mayor es la arbitrariedad con que el burócrata decide cómo se asignan los recursos productivos en la economía, distorsionando los precios relativos y generando una ineficiente asignación de los recursos productivos.

Ejemplo, si el Estado aumenta el gasto en obra pública, tiene que cobrar más impuestos para poder construir puentes, rutas, etc. Por lo tanto, aumenta la demanda de cemento, pavimento, hierro, etc., y disminuye la demanda de los bienes que el contribuyente no puede comprar por la mayor carga tributaria que tiene que soportar.

Si antes podía comprarse más camisas, alimentos o lo que sea, ahora disminuye la demanda de esos bienes y aumenta la demanda de los insumos ligados a la construcción de obras públicas. Lo primero que uno puede ver es que el famoso multiplicador keynesiano es un verso. En todo caso, si existiera ese multiplicador mágico, habría un desmultiplicador por el lado de lo que deja de gastar el contribuyente. De manera que los recursos se asignan de acuerdo a lo que el funcionario de turno decide y no en base a las necesidades de los consumidores que son los que generan los ingresos.

Persistencia de una posición arbitraria

Alguien, creyéndose un ser superior, decide por el resto de la sociedad, qué hay que producir, a qué precios y en qué cantidades. La opinión del consumidor no cuenta. Solo cuenta la decisión arbitraria del burócrata.

Otro ejemplo. Con el tema de cuidar a los sectores más vulnerables, el burócrata sigue disminuyendo el poder de demandan de los sectores que pagan impuestos y los destina a financiar el consumo de sectores que no desean trabajar en blanco. Por mi trabajo viajo mucho al resto del país y siempre me responden lo mismo ante mi pregunta si consiguen mano de obra: en negro sí. En blanco no porque pierden el subsidio y prefieren vivir del subsidio que no tiene fecha de vencimiento.

Esta decisión del burócrata gastando los recursos de los contribuyentes genera trabajo en negro, desestimula la cultura del trabajo y alimenta la cultura de la dádiva, el nivel de producción se reduce porque produce uno y consumen dos y hay menos riqueza disponible. Es decir, se asigna ineficientemente la mano de obra.

Otro ejemplo, todos los planes sociales que implementa el burócrata estimulan el consumo y desestimulan la inversión porque castigan a quienes producen, por lo tanto, se destinan más recursos a financiar consumo con bajo stock de capital ya que al que invierte el Estado le cobra más impuestos para sostener a los que consumen sin trabajar.

La mejor receta

Los ejemplos podrían seguir, pero el dato relevante del acuerdo con el FMI, es que lo que se busca es tratar de reducir el déficit fiscal por el lado de los ingresos sin prácticamente tocar el nivel de gasto público, con lo cual, se cambia la forma de financiar el déficit fiscal, pero no mejora la productividad de la economía dado que los recursos se asignan caprichosamente de acuerdo a la voluntad del burócrata o el político de turno, en consecuencia no podemos esperar una mejora en la productividad de la economía, que es la base a partir de la cual crecen los ingresos reales y se termina va reduciendo la pobreza.

Mauricio Macri pidió que evalúen su gestión de gobierno por la cantidad de pobres que dejará en su primer mandato. Bien, con este nivel de gasto público, podemos tener la certeza que su evaluación va a ser negativa porque si los burócratas siguen decidiendo cómo asignar los recursos productivos, el ingreso real está condenado a caer y la pobreza a perpetuarse.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

En campaña, son todos buenos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 11/10/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/10/11/en-campana-son-todos-buenos/

 

El actual presidente brasilero dejará el país algo mejorado gracias a unas pocas reformas, como en lo laboral: entre otras cosas, eliminó la obligatoriedad que tenían los trabajadores de pagar la contribución sindical, disminuyendo el poder abusivo de los sindicatos. Pero aún quedan regulaciones laborales -que impiden la plena ocupación, como el salario mínimo que prohíbe trabajar a quienes ganarían menos- y la desocupación subió de 6,2% en 2013 hasta 12,2% en 2018.

Además, puso un límite al aumento del gasto público que no debe superar a la inflación, logró que las tasas de interés que eran muy altas -hasta 17%- cayeran a 6,5% y ha controlado la inflación: 3,4% en 2017 y 3,7% en 2018. Pero, la recuperación sigue lenta. En 2017 el PIB subió 1,5%, y las exportaciones aumentaron 18%. Las previsiones son optimistas para 2018, con un crecimiento del PIB del 2,3% y una inflación de 3,5%.

Y ahora Jair Bolsonaro sería el próximo presidente si gana la segunda vuelta contra al candidato del PT de Lula, Fernando Haddad. Bolsonaro aprovechó la imagen de corrupto que tiene el PT. Corrupción que, por cierto, es grave no solo en Latino América. La periodista Viktoria Marinova apareció muerta en Bulgaria, días después de ventilar casos de corrupción con fondos de la Unión Europea y, en un solo año, también fueron asesinados los periodistas Daphne Caruana en Malta y Jan Kuciak en Eslovaquia, que investigaban corruptelas.

La política derechista Bolsonaro al punto que The Economist aseguró que será “desastroso” y Fernando Henrique Cardoso -ex presidente de Brasil, autor del boom que heredó Lula- dijo que no le agrada “Ninguno… pero Bolsonaro está excluido”. En lo económico, tiene un discurso alentador y la Bolsa reaccionó eufórica: “Mercado libre y menos impuestos es mi consigna” twitteo.

Lo que no es poco ya que los impuestos perjudican a todos, pero, sobre todo, a los más pobres ya que los ricos los pagan aumentando precios o bajando salarios. Planea, además, la privatización de empresas, la reducción de la burocracia y una fuerte desregulación de la economía.

En el exterior, algunas empresas están muy interesadas en quién sea el ganador, por caso, las 22 compañías españolas que cada año ganan unos US$ 27.000 M en Brasil, el doble de las exportaciones anuales argentinas hacia el país de la Samba. Pero para España, en su conjunto, es poco más que anecdótico.

La política brasilera no debería tener mucha influencia en los demás países, salvo en casos como Argentina que tiene una economía muy regulada, encorsetada, y así, no pudiendo moverse, no pudiendo ser creativa, cualquier variación en los flujos fijos como las exportaciones hacia Brasil, puede resultar negativa.

Dicen los rumores que el derechista ex militar potenciaría el desarrollo nuclear brasilero, y es uno de los líderes más críticos con Maduro, “el único candidato que dice abiertamente que seguirá una línea dura para acabar con el hambre en Venezuela es Jair”, proclamó su hijo Eduardo, el diputado federal más votado del país.

Por cierto, en campaña todos los candidatos son buenos y Bolsonaro intenta mostrarse como un hombre de centro. En tanto que Haddad hasta prometió bajar los impuestos, “para que quien sustente el Estado no sean los pobres”, y favorecer la creación de nuevos bancos para bajar más las tasas de interés.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

DEL GUARDAPOLVO BLANCO A LA LEY DE EDUCACIÓN SEXUAL OBLIGATORIA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 9/9/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/09/del-guardapolvo-blanco-la-ley-de.html

 

El problema NO es la educación sexual, sino que el estado imponga coactivamente una única educación sexual, so pena de criminalizar su no cumplimiento.

Pero en general a los argentinos les cuesta hacer esa distinción.

Porque la Argentina, junto con Francia, Italia, México y Uruguay, es uno de los cinco países que a fines del siglo XIX fueron un modelo de la intervención estatal en la educación con la intención de formar al ciudadano.

El modelo es la famosa educación formal estatal positivista, derivada del Iluminismo, cuando los estados, con la intención de “educar al ciudadano” asumieron la función de educar en las ciencias y en las letras, no en lo religioso, para que el ciudadano pudiera ser ese ser humano maduro con que el Kant soñaba, y el verdadero protagonista de las repúblicas secularizadas. Las escuelas sarmientinas fueron eso. Muy comprensibles, como todas ellas, en la época.

La educación privada existente tenía que “adscribirse al sistema oficial”, de algún modo.

El sistema no funcionó, claro. Un hombre educado no votará nunca a un tirano, decía Sarmiento. Pero en 1945, la única provincia argentina donde Perón NO ganó, fue Corrientes, donde el índice de analfabetismo era MAYOR.

Algo, evidentemente, no funcionaba en ese ingenuo racionalismo pedagógico.

Pero ingenuo al fin. Finalmente, era un socratismo moral pasado por el Iluminismo del s. XVIII. La escuela pública enseñará a los niños ciencia, matemáticas, letras, y con eso serán buenos ciudadanos. No lo fueron. Pero el contenido era ingenuo. Des-ideologizado. Leer y escribir, algo de Literatura, algo de ciencias, algo de Historia argentina, no mucho más.

Una primera advertencia fue el fascismo de Perón. El famoso dictadorzuelo usó el sistema educativo estatal para imponer la santa doctrina peronista y Miguel Cané fue sustituido por la gran escritora Eva Perón y su obra clásica de Literatura, La razón de mi vida. Algunos, entonces, se dieron cuenta. ¡Uy! ¿El santo sistema sarmientino utilizado para eso? ¡Qué horror!

Luego, claro, todos creyeron por un tiempo que “the end” y los “buenos” libros de lectura volvieron a las aulas.

Pero nadie, en este país estatista, advirtió el problema: la educación pública deja las herramientas legales a libre disposición para que sean usadas coactivamente para lo que fuere.

Ayer fue Miguel Cané, luego Eva Perón, ahora la ideología del género y cómo masturbarte bien. No importa que mañana el libro de lectura sea Mises me mima. El asunto es el mismo: diversos funcionarios, con formas de pensar diferentes, unas más ingenuas, otras más ideológicas, otras más horrorosas, utilizarán siempre las herramientas legales del sistema para imponer coactivamente sus ideas.

En la Argentina, por ende, nunca hubo libertad de enseñanza. La que hubo, si se puede llamar así, fue un empate, un compromiso, logrado por muchos católicos, para que pueda haber colegios “no estatales”, adscriptos al sistema, y en ese sentido estatales, claro, donde se tenía que seguir todo el plan estatal “más” religión. Y de 1955 al 60 lograron que hubiera universidades privadas que, por supuesto, son vigiladas, hoy más que nunca, totalmente por el soviet estatal. Y para colmo protestaban porque no tenían subsidio….

Pero libertad de enseñanza, esto es, que los institutos privados tengan derecho, como corresponde, a sus propios planes y programas de estudio, ah no, eso es “de los liberales”, malos, sucios y feos. La gente buena no dice esas cosas.

Fue inútil, por ende, que nosotros, la gente mala, advirtiera siempre contra la bomba de tiempo, ineficiente en acto, corrupta moralmente en potencia, que es la educación estatal. AHORA algunos se dan cuenta. AHORA algunos (muy pocos), aquellos que pueden comprender que el delicado tema sexual debe ser tratado por los padres con sus hijos, AHORA, reaccionan. Pero, gente, ya es tarde. Si en Argentina se hubiera respetado siempre la libertad de enseñanza, el Lobby LGBT, totalitario de pura cepa, hubiera tenido más dificultades.  Macri y su gente, en esto (y en muchas otras cosas), siguen estando gravemente equivocados, pero la ley, gente, es del 2006, cuando todo estaban muy entretenidos en las demagogias estatistas variadas de Néstor Kirchner.

Tarde, gente, tarde. Igual que con el gasto público. Los liberales –que en la década del 50 eran sólo dos o tres, exactamente- siempre lo dijimos. Pero es inútil. Somos los malos.

Los buenos, los que quieren que el estado cumpla con el “derecho a la educación”, han triunfado. Antes fue el derecho a ser educado en ciencias. Luego, en La razón de mi vida. Ahora, en la ideología de género. Mañana, mejor no digo más, para no dar malas ideas.

Y no sólo es la Argentina. Es todo el mundo.

Mientras tanto, lo único que queda es desobedecer la ley, y aprender a escuchar a los feos, sucios y malos. 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Hagámonos Cargo

Por Iván Carrino. Publicado el 6/9/18 en: https://contraeconomia.com/2018/09/hagamonos-cargo/

 

Un siglo de decadencia debería hacernos reflexionar.

La semana pasada escribíamos que el dólar refutaba la ley número uno de la política, aquella que según Thomas Sowell establece que hay que ignorar la ley número uno de la economía: que existe la escasez.

Cuando los políticos prometen de todo, para todos, todo el tiempo, eso funciona bien por un rato pero, en algún momento, la realidad se impone: se acaba la plata. En este caso, se acabaron los dólares del financiamiento externo y el dólar se catapultó al alza.

En lo que va del año el Banco Central vendió USD 14.000 millones en el mercado de cambios, pero el dólar igual subió más de 100%, desde aquel “atrasado” valor de $ 18,95 con que despidió 2017.

El gobierno está debilitado y sin credibilidad. En 2015, cuando en toda la región el Riesgo País subía, acá se redujo 40%.

Los mercados se habían entusiasmado con el discurso de “Cambio” de Mauricio Macri y creyeron que era el momento de “comprar Argentina”. Si se imponía Macri, no solo dejaríamos de lado el populismo macroeconómico de Cristina, sino que incluso el país podría volver a ser considerado entre los prósperos del mundo, como alguna vez lo fue.

Pero, para eso, había que hacer muchas cosas. Y si bien en el discurso, “se hacía lo que había que hacerse”, en los hechos quedó gusto a poco.

No hubo equilibrio fiscal, no se redujo el gasto público, no hubo reforma laboral, no hubo reforma previsional (sí ajuste en la inviable fórmula de actualización de haberes), no hubo apertura comercial…

El mercado confiaba, pero frente al gradualismo transformado en inacción, comenzó a dudar. Hoy lideramos en la región el ránking de los países donde más aumenta el Riesgo País.

Errores no forzados

La crisis de credibilidad viene de largo. Pasamos del “Sí,  se puede” y el “Haciendo lo que hay que hacer”, al “No se puede ahora, hay que ganar las elecciones” y el “Hacemos lo que podemos para evitar una mega-crisis”.

Ahora en la última semana las cosas se complicaron aún más. En medio de una nueva turbulencia cambiaria, el presidente hizo una declaración muy contundente, sin tener pruebas de que lo que anunciaba efectivamente era así. En concreto, anunció que el FMI adelantaría los fondos para cubrir el programa financiero de 2019, y 7 horas más tarde el organismo dijo elegantemente que eso debía ser estudiado y aprobado por el directorio previamente.

Fue más leña para el fuego.

Días atrás, y antes de viajar a Washington, fue Dujovne el que hizo un anuncio adicional. Explicó que se modificaban las metas de déficit fiscal, que se buscará el déficit 0% en 2019, y que para cumplir con eso se le cobrará un impuesto de hasta 12% a todo aquel que tenga la peregrina idea de exportar.

El progresismo contento. Los mercados, aún dubitativos.

En lo que queda de la semana iremos viendo cómo sigue evolucionando la situación financiera. En mi opinión, el gobierno no tiene que anunciar más nada, salvo hechos concretos como: el cierre del acuerdo con el FMI, la presentación del proyecto de presupuesto, la reducción concreta de algún gasto, la renuncia de algún funcionario…

Es hora de los hechos, no de las palabras.

Hacerse cargo

Antes de cerrar la nota de hoy, creo que es necesario que se haga una autocrítica, especialmente quienes son cómplices de la situación actual, pero dan cátedra como si supieran algo.

Obviamente,  la autocrítica debería comenzar por el propio  gobierno,  quien se vendió en la etapa electoral como quienes mejores estaban capacitados para desactivar la “bomba K”, pero no pudieron hacer mucho.

La segunda debe ser del kirchnerismo. ¿Cómo es posible que, quienes dejaron las finanzas públicas con un agujero de 6% del PBI, quienes dilapidaron USD 100.000 millones de recaudación tributaria solo por retenciones, quienes vaciaron las reservas del Banco Central y fundieron nuestro sistema energético, hoy den cátedra sobre cómo salir de la crisis?

Los bomberos, si antes fueron pirómanos, deberían ser examinados psicológicamente, y lo mismo aplica a quienes desde el kirchnerismo se atreven a dar consejos.

Por último, una mención para el resto de la clase dirigente. Los jueces, que con pura demagogia mandan a frenar los ajustes de tarifas, negando también que existe la escasez y ordenando, por ley, que una parte de los argentinos le pague a la otra el consumo energético.

Los sindicatos, que salen a la calle por cualquier cosa: desde un disposición que iba a reemplazar los resúmenes bancarios en papel por otros electrónicos, hasta para oponerse a nuevas normas laborales que beneficiarían a todos aquellos que no tienen trabajo o trabajan en el sector informal.

Los empresarios prebendarios, que no son todos, pero que con su poder de lobby piden bajar la tasa de interés, aislar a la economía y más subsidios y controles de precios para todo lo que ellos no producen.

Y por último, el votante medio, que aun viendo cómo la Argentina va de crisis en crisis, sigue pidiendo más y más estado.

Tenemos que hacernos cargo de lo que nos pasa. La crisis excede a un partido político en particular. Si nadie está dispuesto al esfuerzo que implica cambiar, si todos van a mirar solo el corto plazo, entonces no hay salida posible.

Espero lo entendamos. Si no lo hacemos,  el dólar a $ 40 es barato.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

Otra vez, viviendo de la emergencia impositiva

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 4/9/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/09/04/otra-vez-viviendo-de-la-emergencia-impositiva/

 

Francamente es preocupante que al Gobierno le haya llevado todo un fin de semana para estudiar cómo enfrentar la crisis cambiaria y terminar anunciando un aumento de impuestos junto con un nuevo organigrama de Ministerios, que dudo genere grandes ahorros

No queda claro en qué se ahorrarán 0,4 puntos del PBI en 2019 entre gastos corrientes, remuneraciones y gastos operativos. Estamos hablando $73.680 millones de acuerdo al PBI que dieron a conocer para 2019.

De todas maneras, de los 2,6 puntos del PBI que van a bajar el déficit fiscal, el 65% se explica por aumentos de impuestos (los nuevos derechos de exportación de monto fijo y por postergar por un año el aumento del mínimo no imponible) y otros 0,5% de ahorros en subsidios económicos que en rigor es trasladarle al sector privado la baja del gasto público vía mayores tarifas. Lo que antes se pagaba con impuestos ahora se pagará en las facturas de los servicios públicos.

Ahora bien, algo que uno no puede entender es que gente que viene del mundo empresarial siga con la costumbre de aplicar impuestos de emergencia, porque se trata de una situación que luego se convierte en permanente en la Argentina.

De emergencia a permanencia

1) Impuesto a las Ganancias comenzó como transitorio en 1932 con el nombre de Impuesto a los Réditos. Se tornó vitalicio: “llevamos 86 años en emergencia”.

2) IVA en  1995, por el Efecto Tequila la alícuota tuvo un aumento de emergencia del 18% al 21% por 8 meses, desde abril a diciembre de ese año. Lleva 23 años de emergencia.

3) Impuesto al cheque se estableció en 2001 como transitorio hasta diciembre de 2002. Acumula 17 años de emergencia.

4) Retenciones a las exportaciones resurgieron en 2002 como una emergencia y ya llevamos 16 años de vigencia.

5) Ahora nos informan un impuesto de monto fijo a las
exportaciones de $3 a $4 por dólar, dependiendo del producto, con lo cual
nuevamente estamos en emergencia.

Explicaciones falaces

Con el argumento que no se puede tocar el gasto público porque estalla el país, o se viene la conflictividad social y otras justificaciones por  el estilo, la realidad es que seguimos teniendo un gasto público que ahoga el crecimiento económico.

Por eso es errado el razonamiento que con el crecimiento económico el gasto público va a terminar licuándose sobre el PBI. La realidad es que el PBI no puede crecer en forma sostenida mientras no haya inversiones y no habrá inversiones con esta carga impositiva confiscatoria, la que a su vez es consecuencia del nivel de gasto público.

Tampoco es cierto que el 2017 veníamos creciendo bien en forma genuina. Buena parte de ese aumento de la actividad agregada estuvo sustentado en obra pública financiada con deuda externa que se terminó cuando se cortó el financiamiento externo.

Se puede entender que a menos de un año de las PASO ya no quede demasiado margen para aplicar un plan económico consistente, aunque habrá que ver si las medidas anunciadas alcanzan para llegar sin desbordes a agosto del año que viene.

Pérdida de oportunidades

Ahora, si bien queda escaso margen para aplicar medidas estructurales de cara a las elecciones, también es cierto que se desperdiciaron dos grandes oportunidades en el pasado: 1) el 10 de diciembre de 2015, y 2) luego de las elecciones de medio término en 2017.

Esto hace dudar de la verdadera vocación de cambios estructurales que puede haber en el Gobierno. Porque si no hay convicción que el problema no es solamente el déficit fiscal, sino fundamentalmente el nivel de gasto público, nunca van a avanzar en el sentido de bajar el gasto para reducir el déficit fiscal.

Cuando Cambiemos asumió el Gobierno, seguramente sabía que el nivel de gasto público que heredaba del kirchnerismo se traducía en una feroz carga impositiva que, junto con la inseguridad jurídica y el cepo cambiario, impedían toda posibilidad de crecer. Los desafíos que tenía por delante eran gigantescos y nadie pedía solucionar todo lo heredado en cuatro años de mandato, pero sí cambiar el rumbo.

El cambio de rumbo no consistía solamente en eliminar el cepo cambiario, implicaba comenzar a cambiar los valores que imperan en nuestra sociedad que son los que establecen la calidad de nuestras instituciones, es decir las normas, leyes, códigos y costumbres que regulan las relaciones entre los particulares entre sí y los particulares con el Estado.

Es decir, terminar con la cultura de la dádiva y reimplantar la cultura del trabajo. Sin embargo, desde que asumieron en 2015, varios funcionarios de Cambiemos viven compitiendo con el kirchnerismo para ver quién otorgó más planes sociales.

El presidente Mauricio Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza

El presidente Mauricio Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza

Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza. En todo caso sería mejor medir el éxito de su gestión por la menor cantidad de planes sociales que tiene que otorgar el Gobierno porque eso va a significar que las familias pueden mantenerse gracias al fruto de su trabajo y no del trabajo ajeno.

¿Qué tipo de sociedad competitiva puede construirse, considerando los cambios tecnológicos que vemos que llegan como un tsunami, si hay generaciones que viven viendo como sus padres no trabajan y viven del plan social? Ese es el primer gran cambio cultural que tiene que impulsar Cambiemos para poder iniciar una senda de crecimiento basada en las inversiones para poder incrementar la productividad y bajar la pobreza. Todo eso no se logra con más impuestazos.

Es probable que con el aumento del tipo de cambio mejoren las exportaciones y se produzca cierto grado de sustitución de importaciones, pero como en tantas otras oportunidades, las exportaciones no mejorarán por mayor competitividad, sino por esconder, transitoriamente, las ineficiencias estructurales detrás de un tipo de cambio más alto. Esto lo hemos visto en infinidad de oportunidades, hasta que se licua el tipo de cambio real y volvemos a los problemas del sector externo.

Insisto, si las medidas anunciadas son para llegar a las elecciones de 2019 sin estallidos económicos, se entiende aunque habremos perdido 4 años más de nuestras vidas en financiar un Estado ineficiente.

Ahora, si creen que se construye una política económica de largo plazo con este nivel de gasto público, esta carga tributaria y esta cultura de la dádiva, seguimos en el mismo problema que nos hizo entrar en esta larga senda de decadencia populista que ya lleva, por lo menos, 70 años. Mientras tanto, seguimos aumentando nuestra emergencia impositiva.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.