Los números que explican los beneficios del libre comercio

Por Martín Krause. Publicado el 7/5/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/07/los-numeros-que-explican-los-beneficios-del-libre-comercio/

 

Hay frases que dicen muchas cosas. El canciller Felipe Solá dijo una de esas: “Los que piden tratados de libre comercio del Mercosur con otros países no pueden destacar un solo beneficio para el trabajo argentino. Su posición es ideológica: el libre comercio siempre será mejor por definición”.

Vamos por partes. Al demandar que se presente, aunque sea, un beneficio del libre comercio el canciller manifiesta que evalúa el tema en relación a sus consecuencias, al resultado. El libre comercio puede defenderse desde otra perspectiva: que se trata de un derecho. Tomemos a esos trabajadores argentinos que menciona en la frase. ¿Tienen derecho a disponer de su ingreso como les parezca apropiado? ¿Pueden decidir si lo van a gastar comprando a alguien del barrio, o de otra provincia, o del Uruguay, o de México, o de Noruega y Finlandia, que tanto le gustan al Presidente?

No es esa la visión del canciller, pero es la que defienden en otros ámbitos. ¿Acaso no plantean también que las personas tienen “derecho” a un cierto ingreso sin tomar en cuenta las consecuencias? Que tienen un derecho a la ayuda del Estado aunque este no tenga recursos, aunque emita para pagarlos, aunque genere más inflación que deteriora esos mismos recursos, aunque desafíe la hiperinflación. Esas parecen ser cuestiones de “derechos”, y no de consecuencias. Entonces, ¿cuándo tomamos en cuenta derechos y cuándo resultados?

Respecto a si el libre comercio siempre será mejor por definición, eso es correcto, pero no es una posición “ideológica”, que implica “sesgada”, sino una posición “científica”. Es lo que señala la ciencia económica desde que David Ricardo desarrollara la teoría de las ventajas comparativas en su famoso texto de 1817. No es una teoría que se haya mantenido inalterada, sin embargo. La “revolución” que implicó considerar al valor como algo subjetivo llevó a la reformulación de esta teoría en base al costo de oportunidad por Gottfried Haberler en 1930 y en las décadas recientes ha avanzado desde analizar las ventajas comparativas de países, a las de industrias y a las de empresas, con aportes, entre otros, de Paul Krugman, que le valieran el premio Nobel, no sus artículos en el New York Times.

Es que esa “ley” económica no es más que parte de la llamada Ley de Asociación, según la cual a cada uno de nosotros nos conviene dedicarnos a algo y luego comprar lo que necesitemos de los demás. Ya Adam Smith señalaba que no nos parecería lógico que un padre de familia intentara producir desde el alimento que le va a dar a sus hijos, pasando por su ropa, sus libros y cuadernos para el colegio hasta sus vacunas o tratamiento dental. Y lo que es razonable para una familia no deja de serlo para un “reino”.

Supongo que el Canciller querrá seguir a quienes han desafiado estas teorías, aceptadas por el 95% de los economistas según encuestas entre ellos. No hace mucho, George Mankiw, director del Departamento de Economía de Harvard, volvía a hacer referencia a esto señalando que “pocas proposiciones logran tanto consenso entre los economistas profesionales como que el comercio global abierto incrementa el crecimiento económico y los estándares de vida”.

Los países que se han abierto al comercio internacional han mejorado consistentemente su nivel de ingresos y diversificado su comercio internacional. Así, por ejemplo, los dos países con menores barreras al comercio son Singapur y Hong Kong. En el primer caso el ingreso per cápita era de 3.503 dólares en 1960, según el Banco Mundial, y ahora es $ 58.247; para Hong Kong de $3.380 a $38.781 en el mismo lapso.

Son muy distintos a Argentina, se dirá. Veamos uno un poco más parecido en cuanto a recursos, Nueva Zelanda, que está en el tercer lugar como economía más abierta. Pasó de $20.973 en 1970, cuando decidió abrir su economía, a $37.797 ahora. Australia es mucho más parecido a nosotros en cuanto a recursos disponibles, se encuentra en el puesto 17° y su ingreso per cápita pasó de $19.378 en 1960 a $ 56.842 ahora. Canadá también tiene recursos parecidos, y está en el puesto 10° de apertura comercial y con un cambio de $16.449 en 1960 a $51.391 ahora. Mientras tanto Argentina está en el puesto 71° de apertura comercial y nuestro ingreso ha crecido de $5.642 en 1960 a $10.043 en 2018.

Nótese que en el caso del país más abierto, Singapur, el ingreso per cápita se multiplicó 16,6 veces; en Hong Kong 11,4 veces; en Australia 2,93 veces; en Canadá 3,12 veces, mientras que en Argentina creció 1,78 veces en el mismo período.

Si queremos tomar algunos ejemplos más cercanos, Chile pasó de un ingreso per cápita de $4.465 en 1983 cuando comenzó a abrir su economía, a $15.130 en 2018, unas 3,38 veces. Como siempre se dirá que fue una dictadura aunque el proceso continuó y se aceleró en gobiernos posteriores. Si no es ese podemos ver el caso de Perú, que inició sus reformas en los 90s, es el primero en la región en cuanto a apertura comercial y vio crecer su ingreso de $2.589 en 1992 a $6.453 en 2018, 2,49 veces en 25 años.

¿Podrán destacarse estos resultados como los “beneficios” que el Canciller dice nadie puede mostrar? No hay ninguna ideología acá, lo que hay es teoría confirmada por los hechos. Ideología puede ser la del Canciller, que le impide ver los resultados.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

Psicología del votante político promedio

Por Gabriel Boragina. Publicado en: https://gboragina.blogspot.com/

 

Siempre me ha interesado analizar las razones por las cuales en épocas electorales la gente vota como lo hace. Mis lectores ya saben que he dedicado varios trabajos con esa finalidad.
La praxeología investiga cuales, en las consecuencias de la acción humana, la psicología -en cambio- cuales son los móviles o causas de determinada acción, y porque esos y no otros.
El tema es complejo e intervienen muchísimos factores, lo que lo hacen precisamente más complejo todavía.
Voy a reducirme al caso argentino que es el más curioso y atípico en cierto sentido, aunque en otros es bastante previsible conociendo la idiosincrasia de ese pueblo.
En lo praxeológico ya hemos dicho que todo resultado electoral responde persistentemente a la categoría a priori de la acción humana: el hombre siempre actúa buscando pasar de un estado de inferior satisfacción a otro de superior. Por eso, constantemente, se inclinará en el cuarto oscuro por aquel candidato que personalmente considera que le brindará mayores beneficios.
Ahora bien, al buscar esta mejora los móviles pueden fundarse en razones que encuentran su base en el pasado o en el presente. Puedo votar a X porque en el pasado estuve mejor con él, o porque lo estoy ahora en el presente. En el caso argentino, la coyuntura del momento tiene mayor peso que cualquier razón histórica a la hora de votar.
Por ejemplo, si durante los primeros tres años y 9 meses de gobierno del partido X el nivel de vida del elector fue -por caso- de 10 y durante los tres últimos meses (de -supongamos- un periodo de cuatro años de gobierno) ese nivel de vida baja a 5 o 4, serán estos últimos tres meses de gobierno los que determinarán para la mayoría cual será el destino de su voto, que devendrá en negativo para el partido al frente del mando en dicho momento.
Y viceversa, si durante los primeros 3 años y 9 meses antes de las próximas elecciones el nivel de vida del elector promedio fue de 5 y los últimos dos o tres meses (que incluyan al final del último mes la fecha de las elecciones nacionales) el nivel de vida pasa a ser superior a 5, esto determinará el triunfo del partido gobernante.
El pasado pasa a ser irrelevante para este amplio sector del electorado y que -al menos en el caso argentino- es invariablemente el mayoritario. Todo lo cual denota la visión cortoplacista del argentino medio en materia política y economía, donde lo que importa es el ahora, no el pasado ni el futuro. En el mejor de los casos el pasado eternamente será el inmediato, igual que el futuro, pero no van más allá.
Y en esto, objetivamente, poco cuenta lo que realmente la acción política haya tenido que ver con la suba o baja del nivel de vida del elector en cuestión, aunque subjetivamente le sea relevante.
El grueso de la masa tiende a no vincular sus acciones personales con el resultado de las mismas, atribuyendo su buena o mala fortuna al ejercicio político, y es teniendo en cuenta este que decidirá el signo de su voto. Tanto si en lo personal o familiar le va bien o le va mal económicamente, tenderá a creer que poco o nada tienen que ver sus actos particulares con su éxito o fracaso, sino que estos “se deberán” exclusivamente a lo que el gobierno al mando haga o deje de hacer a ese respecto.
Este efecto es fruto del relajamiento general que -desde hace muchísimo tiempo- la “cultura” socialista ha venido produciendo en la conciencia de la responsabilidad personal, la que aquella viene carcomiendo y debilitando hasta hoy día prácticamente desaparecida.
No cabe duda que los actos de gobierno influyen sobre la sociedad civil y a veces en gran medida, pero en una proporción más importante las personas son responsables de sus actos, aunque exista una mayoría que no lo entienda así ni lo asuma.
La coyuntura económica recurrentemente depende de dos variables: la que manejan los gobiernos al intervenir en la economía y la de las personas particulares que se acomodan, reaccionan o resisten aquella coyuntura. Sin embargo, el común de las personas sólo tiene en cuenta la primera, y en función de ella elige un gobierno u otro conforme imputan al primero o al segundo sus mejores éxitos económicos al momento de emitir el sufragio.
En esa evaluación cortoplacista priman las condiciones económicas de los que concurren a los comicios al momento de ser convocados a ello.
Alguien cuyas malas o nulas aptitudes laborales le impiden conseguir un empleo es bastante probable que lo asigne al gobierno de turno, aunque objetivamente este no tuviera nada que ver con esa puntual situación. No obstante, dicha persona -si estamos en época electoral- votará en contra de ese partido en el poder y a favor de otro que prometa en su plataforma política generar puestos de trabajo u haga hincapié en otros “beneficios” laborales. Si -por el contrario- consigue el puesto, su voto será favorable al gobierno de turno, cuando, en realidad, la causa puede obedecer simplemente a haber hallado a un empleador con un menor nivel de exigencias que los otros donde fortuitamente el aspirante haya ido a “golpear las puertas”.
Inversamente, alguien cuyas calificaciones laborales son sobresalientes adjudicaría la obtención de un empleo (que tuviera en cuenta dichas cualidades) a una favorable coyuntura laboral “gestada” por el gobierno de turno cuando no fuera objetivamente esta la causa de la nueva colocación lograda sino las primeras. Al contrario, en las más agudas crisis laborales exclusivamente los más competentes obtienen los escasos empleos disponibles. Si no consiguiera trabajo en su área votaría en contra
Únicamente una minoría no dependiente psicológicamente de la política reconocería en sus propias cualidades personales la causa de sus logros y fracasos en la proporción correspondiente que tienen comparativamente en relación a las injerencias políticas. Dependerá pues de cuál sea el grado de politización de la población.
En los países cuyos gobiernos menos interfieren en la economía es donde las condiciones económicas son más favorables a todos, incluyendo aptos y no aptos para el trabajo. Ero esta realidad será interpretada de manera diferente por los ocupados y por los desocupados en épocas electorales.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

El gobierno quiere domesticar la economía

Por Eduardo Filgueira Lima. Publicado el 17/10/12 en http://cepoliticosysociales-efl.blogspot.com.ar/2012/10/el-gobierno-quiere-domesticar-la.html

En las ciencias sociales son tantas las variables que intervienen- que además se modifican en su interrelación y en el tiempo – que a pesar de resultar dificultoso predecir, es posible prever.

En la economía son precisamente estas circunstancias las que hacen confusas las consecuencias – en especial las alejadas – de las medidas que se toman. Con el agravante que no existe responsabilidad entre las decisiones y los resultados.
Mucho más aún cuando desde el poder político se encuentran justificativos, basados en conceptos arraigados en la gente, aunque no tengan sustento científico y por el contrario la evidencia empírica sea el único argumento (insuficiente para la mayoría) de lo que se prevé que tarde o temprano sucederá.
Sin embargo los gobiernos tienen tendencia a intervenir y planificar la economía y direccionarla en función de “sus” intereses, pensando que así como la organizan se sucederán los hechos, aunque más temprano que tarde las consecuencias – eventualmente desestimadas – no sean las previstas.
Porque existen solo dos formas de obtener la satisfacción de las necesidades humanas: el Estado y el mercado. Lo que no se puede hacer es precisamente planificar el mercado, porque ya sabemos cómo terminaron las economías estatistas centralizadas.
Hoy luego de casi 10 años de gestión y con un inicio de 6 en el cual las variables económicas – “viento de cola o no” – se mantuvieron estables y permitieron importantes ingresos al país, con aceptable estabilidad económica, desde el 2008 nuevas verdades comienzan a hacerse presentes.
Las políticas populistas suelen ser deseables para el público, les permitirle suponer que alcanzan la prosperidad, que se defienden los intereses nacionales y la satisfacción de sus necesidades.
Por otro lado y por lo mismo incrementa la adhesión, la popularidad y los votos para los políticos,.. Esto es decir que el vínculo político-económico se convierte en un círculo vicioso, los unos demandan legítimamente –lo que no tiene límites – y los otros obtienen el beneficio en la intermediación al satisfacerlas. (1)
Mucho más grave aún cuando no existe relación vinculante entre lo que se promete y lo que realmente se hace, aunque estas políticas permitan suponer que con la redistribución de la riqueza de un grupo a otro, se están logrando con beneficios para el conjunto social.
Pero finalmente, este círculo vicioso requiere cada vez mayores recursos y en el largo plazo, por esa misma razón, si no se logra un incremento paralelo y sostenido de la producción, ni se puede financiar el gasto público que esas políticas necesitan, ni se permite salir del asistencialismo populista,… por lo que se hacen visibles sus inconsistencias.
Lo anterior es una primera aproximación para dejar en claro que: si el gobierno quiere domesticar la economía, deberá intervenir crecientemente para planificar el mercado y es justamente lo que no podrá hacer, por más políticas intervencionistas que pretenda imponer. Y si lo hace como pretende hoy, los resultados indeseados pronto se harán notar.
El gobierno, para financiar sus políticas populistas requiere cada vez más recursos, lo que lo ha llevado a apoderarse de toda caja y recursos disponibles, para llevar adelante no siempre políticas que maximicen el bienestar general, sino las que le otorgan mayor popularidad a expensas de otras que seguramente serían más necesarias.
¿Cómo llamar por ejemplo la impresionante utilización de recursos para financiar “Futbol para Todos” o la distribución de netbooks,… con los recursos del ANSES, mientras el 80% de los jubilados viven en condiciones de pobreza? o no son efectivamente compensados los 10.000 juicios judicialmente resueltos, o se les retribuye sus haberes con el 82% móvil, tal como les corresponden en forma legítima.
Pero no son solo las acciones políticas mencionadas, sino también los subsidios, tanto los que alcanzan a los planes sociales como a los que se transfieren a los empresarios amigos de todo tipo, lo que incrementa en gran medida el gasto público, lo que en un punto – y aún disfrazado con los ingresos de otros transferidos de otras reparticiones – ingresa en el camino del déficit.
Porque lo que no se comprende es que los recursos son limitados, por eso su asignación debería ser no solo eficiente, sino ética. Reducir el gasto público (que hoy alcanza en nuestro país al 45% del PBI) es un punto importante para el control del déficit fiscal, que hoy se hace presente dada la progresiva reducción de la recaudación, paralela a la disminución de la actividad productiva.
Una economía sana necesita no solo del equilibrio fiscal y un gasto público equilibrado en relación al PBI, sino también un Estado eficiente en sus roles mínimos (2) y no un Estado gigantesco, omnipresente, que intenta controlarlo todo, que lo obliga a una voracidad sin límites, para obtener recursos.
Las formas de financiamiento del Estado son varias. En la década de los ´90 los ingresos se lograron con endeudamiento externo y hoy a pesar del declamado desendeudamiento (que no es tal) la deuda se contrae con infinidad  de bonos – que nunca serán pagos o que deberán hacerlo las generaciones futuras – a los organismos de los que se han capturado (con un interés que es el que se calcula con los datos de inflación del INDEC) , cuando no se recurrió a la expropiación sin compensación alguna, o a los prestamos de amigos como Chavez, con altos intereses.
Otra forma de financiamiento son los impuestos – que ya están al límite de lo posible, pues si acompañan la actividad productiva, en un punto se hacen insostenibles para permitir una rentabilidad empresaria vinculada al riesgo (Ver: Curva de Laffer).
Y en forma particular logra financiamiento a través de la emisión monetaria, cuya expansión alcanza en nuestros días un ritmo del 40% anual. Aún los insostenibles argumentos de Marcó del Pont o de Kiciloff – ayer en el Congreso de la Nación al defender el presupuesto – emitir moneda sistemáticamente para sostener el gasto público o para comprar reservas – que pagan las deudas del Estado – se sabe que genera inflación.
Aún negada en las estadísticas oficiales y por la propia Sra. Presidente (que en Harvard dijo: “… si hubiera una inflación del 25% el país estallaría,…”), aún así existe una inflación estimada según diversas consultoras en el 25% anual y el país la esconderá sin estallar,.. pero también sin avanzar.
“La causa de la inflación se debió al incremento del gasto público improductivo y de las mejoras sociales, con una política que no comprendió la forma de impulsar simultáneamente el crecimiento económico. … (…)….La razón por la que no pudimos salir de la inflación es porque no supimos combinar una contención de la inflación, con una política de fuerte crecimiento y reducción del gasto publico improductivo, simultáneamente,….”  (3)
Cuestión que se sabe requiere seguridad jurídica (mal que le pese al Vice-Ministro de Economía), cuestión vulnerada permanentemente en nuestro país con el cambio permanente en las “reglas de juego” (véase: la reciente pesificación compulsiva de deudas contraídas y acordadas en dólares por la Pcia. del Chaco, lo que significa una falta de cumplimiento de los contratos) y muchas otras cuestiones (larga sería la lista) que no nos hacen creíbles ante los inversores necesarios, y diría son imprescindibles para lograr genuinas condiciones de crecimiento, producción, fuentes de trabajo, etc. y cuyo pago de impuestos permitiría también el financiamiento del Estado.
Pero para ello se requiere de manera excluyente: credibilidad, seguridad jurídica y estabilidad de las reglas de juego,… de tal suerte que el riesgo a asumir sea hasta cierto punto previsible.
Después de la Gran Crisis del ´29 Jonh M. Keynes, a través de sus obras (4) tuvo una importante inserción ideológica en el pensamiento económico y político. 
En términos generales su finalidad estaba dirigida al sostenimiento del pleno empleo mediante el incremento del gasto público, bajo el supuesto que el incremento de la demanda agregada generaría el desarrollo de la oferta (de bienes y servicios),.. por lo menos ello en el corto plazo. Uno de los principales problemas que Keynes intentó resolver fue la crisis del ´29 y probablemente para ello sirvieron sus hipótesis,… pero no fue capaz de vislumbrar que por un lado el incremento de la masa monetaria, alcanza un punto que excede la demanda,.. el dinero pierde poder adquisitivo y la adquisición de bienes requiere de mayores cantidades de dinero para cada unidad y eso es precisamente la inflación: no el aumento de los precios que es su consecuencia, sino la pérdida del poder adquisitivo del dinero.
No puedo dejar de mencionar que además, Keynes olvidó la Ley de Say (5), que resumidamente explicita que no puede haber demanda sin oferta,.. es decir: la oferta es la que genera su propia demanda.
Sin embargo la posición de Keynes influyó particularmente en la clase política porque se le otorgaba la gestión del incremento del gasto público – deseada función – que permite gastar según se piense, en otros,.. los dineros de todos,.. con el plus de que cómo “benevolente intermediario”, ser beneficiario y receptor del voto de la gente.
Para los políticos cualquier restricción monetaria genera limitaciones en el consumo y descontento social. Además de ello se supone una reducción de la actividad económica y su consecuencia: el desempleo.
Las políticas keynesianas dieron origen al Estado de Bienestar, con sucesivas modificaciones de las variables, al punto tal que progresivamente se hicieron insostenibles, a medida que redujeron la tasa de capitalización y productividad en relación al creciente gasto público. Esto es lo que sucede en la mayor parte de los países – aún desarrollados – en crisis hoy.
El Prof. L. Kotlikoff – economista de la Univ. de Boston y que no es nuestro inefable Kiciloff a pesar de la similitud en el apellido – nos muestra cifras que indican que el gobierno federal de los EE.UU., en algún momento tendrá que incumplir una gran parte de su deuda aunque esto suceda a largo plazo. Los números dice, cuando son ciertos, no mienten. Y los que presenta el Prof.  Kotlikoff son mucho más grandes que la mayoría de las estimaciones y el gobierno no podrá salir de su crisis por el dinero fiat. (6)
Nuestro Vice-Ministro A. Kiciloff ha dicho que que “el año próximo se desacelerará el gasto público” !!!! Lo que representa el reconocimiento implícito de la importancia que tiene – por su financiamiento que basan en la expansión monetaria con sus consecuencias, así como de los impuestos de quienes producen – en tanto resulta mayormente improductivo e ineficiente !!
Lo que no me imagino es como – además del discurso circunstancial y tal vez su voluntad real (aún anti-keynesiana) de hacerlo – logrará semejante hazaña.
Existe un verdadero incentivo económico para la difusión de ciertas teorías, aunque fueran falsas, por el supuesto de su efectividad política en términos de adhesiones que son votos.
Poco importa o no se comprende que el dinero es un fenómeno de libre mercado y bajo su dinámica resulta una mercancía sólida. Pero el monopolio estatal, su incremento sin respaldo, más allá de las posibilidades de las fronteras de producción y su manejo discrecional, lo transforman en una mercancía poco sólida.
Sin embargo la teoría de que el aumento del gasto público y de la oferta monetaria trae prosperidad para todos, o la teoría que el gasto público genera nuevos puestos de trabajo, aún falsas, imprimirán a la gente el deseo de ponerlas en práctica (7),.. y a los políticos de usufructuarlas.
Por otra parte en el mundo globalizado de hoy el Estado de Bienestar resulta des-civilizador y más aún por la manipulación de los bancos y centrales financieras, así como del intervencionismo económico, carga fiscal creciente, normas y reglamentos, ausencia en el control de las cuentas públicas, todo lo que amenaza hasta economías que hasta ahora han sido consideradas las más prósperas. En esta encrucijada el camino es liberarse de la demagogia política. (8)
En estas circunstancias nos encontramos en nuestro país:
  1. Baja en la tasa de capitalización: ahorro + inversión con un fuerte deterioro del clima de negocios.
  2. Un mercado interno que ha detenido su expansión (en especial en el mercado inmobiliario)
  3. Un inevitable “cepo cambiario” – con todas sus variantes y aunque a la Sra. Presidente la enoje y lo niegue – y un Vice- Ministro Kiciloff que lo defiende porque supone erróneamente que de la sola existencia de dólares depende la inversión ¿¿??
  4. Una inflación negada y dibujada por el INDEC (0,9%), mientras que las consultoras privadas y el IPC-Congreso la ubican en el 1,93% en septiembre 2012 y de la que no podemos protegernos al prohibírsenos recurrir a una moneda – para atesoramiento o lo que fuere – que pierde menos su valor. Esta inflación golpea más a los sectores medios con capacidad de algún ahorro y parece que menos a otros dados los acuerdos salariales logrados,.. pero que igual pagan a través de los impuestos al consumo. La inflación IPC-Congreso en 2012 y hasta el mes de Septiembre había alcanzado el 18%.
  5. A pesar del enfriamiento del nivel de actividad económica la inflación no cede por los motivos antes expuestos. Continua fuga de capitales.
  6. La adulteración de las cifras del INDEC nos induce a subestimar el alcance de la pobreza e indigencia, que consultoras privadas – coaccionadas y perseguidas – estiman en el 25% y 9% respectivamente. Es decir varios millones de personas.
  7. El déficit fiscal que volvió a ubicarse el mes pasado por debajo de la inflación (cayendo en términos interanuales: -7%), aún encubierto por el Banco Central, ANSES, PAMI, etc. y cada vez mayor presión tributaria para solventarlo, así como limitaciones a las provincias en las transferencias no automáticas del RFCI, o la retención del 15% (producto de la estatización de las AFJP), que ya no tiene razón de ser. Las provincias se verán obligadas a incrementar sus impuestos. El deterioro de las finanzas provinciales se prevé mayor que el del gobierno nacional.
  8. La pesificación de las deudas provinciales como ahora preconiza el Gobernador Capitanich, punta de lanza de una acción vergonzante.
  9. ¿Podemos solo contar con eventuales e inciertos ingresos, como son los supuestos impuestos (no coparticipables) al agro y agroindustria,.. o ¿una esperable recuperación del intercambio con Brasil? En todo caso solo cabría en el mejor de los casos y ante estos ingresos un crecimiento de la tasa de recaudación de 2,5 puntos porcentuales que compensarían el déficit,.. o no, depende del comportamiento de otras variables !!
  10. Aún el INDEC reconoce la pérdida de más de 70.000 puestos de trabajo en el segundo trimestre del año. El empleo público subió más que el empleo privado y en este el incremento es a expensas del trabajo no registrado. ¿De qué sustitución de importaciones (concepto arcaico y ya desestimado en un mundo globalizado donde debemos hacer valer nuestras “ventajas comparativas”, en vez de sustituir lo que nos resulta complejo y caro) o reindustrialización nos habla Kiciloff?. (9).
Como vemos Keynes – de quien Kiciloff y muchos otros se reconocen fervorosos admiradores – ha sido el mentor de ideas que derivaron aquí en devaluadas políticas populistas, que ni siquiera pudieron mejorar las circunstancias de vida y maximizar el bienestar social de gran parte de nuestros compatriotas.
Muy por el contrario, nos han conducido a graves condiciones económicas y políticas. En este último caso una profunda grieta y confrontación en la sociedad, cuando sería más inteligente lograr la necesaria cohesión de nuestra ciudadanía.
Muy por el contrario nos vemos frente a un difícil escenario económico y político. La adulteración de los datos del INDEC, el no reconocimiento de la realidad (“No hay cepo cambiario”, dijo la Sra. Presidente), cualquier voz disidente o que se atreva a cuestionar el discurso hegemónico es acusado de desestabilizador y ahora a través de la Ley de Medios, si les es posible, profundizarán el pensamiento único y hegemónico.
Por lo mismo: ¿Qué es de esperar?, ¿Que modifiquen el discurso?, ¿Qué modifiquen el rumbo económico?,… no, con seguridad solo es de esperar mayores controles, más intervencionismo, mayor discrecionalidad y la suma absoluta del poder.
Eso nos llevaría a pensar que no se corregirá el rumbo económico, a pesar de su alto nivel de riesgo y conflictividad. Solo es de esperar que el gobierno – como lo ha hecho hasta hoy – intente domesticar la economía.
Y en lo político la Sra. Presidente agregó: “…lo que hay es cepo democrático..” es cierto Sra. Presidente aunque Ud. no se refería a la democracia sino a los medios, sabemos cómo Ud. que existe un “cepo democrático”,.. pero también sabemos que lo impone Ud.
 
1) Buchanan, J & Tullock, G. “The Public Choice Theory” (1967)
2) Cachanosky, N. “¿Qué no puede faltar en un plan macroeconómico?” (2012)
3) Cadenas Madariaga, M. “La batalla contra la inflación en la Argentina” (2012)
4) Keynes, J. M. “Treatise on Money” (1930) y “The General Theory of Employment, Interest and Money” (1936)
5) Say, J. B. “Tratado de Economía Política o la exposición de la manera en que se forma, se distribuye y se compone la riqueza” (1803)
6) North, G. “U$S 11 Trillion increse in Federal Debt in one year”(August,2012)
7)  Polleit, T. “Cuidado con las Teorías” (en Mises.org, 2012)
8) Huerta de Soto, J. “Socialismo y Civilización” (2012)
9) Datos obtenidos del INDEC, IPC-Congreso, y varias consultoras privadas (Monteverde & Massot, IDESA, CAME, Ecolatina, Inf. Univ. de Belgrano, etc.), publicaciones varias.

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.