Las reformas que nunca llegan

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 16/6/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/06/16/las-reformas-que-nunca-llegan/

 

Cambiemos le tiene más miedo a un fuerte ministro de economía que a desatender un déficit fiscal mayor al de la crisis del 2001

Hace alrededor de 70 años que Argentina vive de crisis en crisis, tanto económicas como políticas. Ningún gobierno hasta el momento se ha abocado a llevar adelante las reformas estructurales necesarias para generar un punto de inflexión en la economía argentina. Por el contrario, cada gobierno se ha dedicado más a hacer equilibrio en los períodos entre crisis que a prestarle atención a las soluciones de fondo. Lamentablemente, hasta el momento Cambiemos no es la excepción.

El gobierno de Cambiemos asumió en una situación ideal para dar inicio a estos cambios. Altos niveles de pobreza, una de las inflaciones más altas del mundo, un déficit fiscal elevado acompañado de una presión fiscal récord. Se suele decir que una gran crisis es una gran oportunidad, pero una gran crisis también puede ser una gran oportunidad perdida. Por ejemplo, Cambiemos podría haber iniciado su gobierno con una conferencia de prensa o una cadena nacional inicial para dar a conocer la herencia recibida de 12 años de kirchnerismo. Podría haber organizado conferencias de prensa quincenales para ir aportando información de la situación recibida y responder preguntas de la prensa. Se podría haber hecho una auditoría y presentar lo encontrado a la Justicia. Cambiemos podría haber generado un shock en la opinión pública de modo tal que esta se alinease con la necesidad de cambio.

En cambio, Cambiemos prefirió el silencio y un gradualismo que, dada su lentitud, podríamos llamarle gradualismo tortuga. El gradualismo es de hecho tan lento que a veces la economía le pasa por encima y el resultado es gradualismo en el sentido contrario al necesario. La idea del gradualismo es caminar en el sentido correcto, no deambular de manera errática. En el 2016 el déficit fiscal aumentó un 47%, la inflación lo hizo un 39,6 por ciento. Abril del 2017 respecto a abril del 2016 muestra un aumento del déficit del 26%; en el mismo período la inflación lo hizo un 27,4 por ciento. Una diferencia mínima que habla más de empate que de genuina reducción del déficit. Sin embargo, este déficit incluye los ingresos por única vez por el blanqueo de capitales. De no haber sido por la presión internacional para blanquear capitales, los números contarían otra historia.

El ministro Nicolás Dujovne, no obstante, nos dice que el gasto y el déficit fiscal están bajando. ¿En qué se basa el gobierno para sostener que el gasto y el déficit fiscal están bajando? Principalmente en mirar el resultado fiscal primario. Pero el resultado fiscal primario no es el resultado fiscal final o financiero. La diferencia es que el resultado fiscal primario no incluye el pago de intereses. Dado que el gobierno ha optado por financiar el déficit con emisión de deuda, es curioso que las metas de déficit fiscal sean con base en un cálculo fiscal que no incluye el pago de intereses. Las curiosidades no terminan aquí. Los resultados fiscales tampoco incluyen el pago de intereses por deuda intra gobierno. Esta diferencia no es menor. Sin contar el pago de intereses intra gobierno, el déficit primario acumulado a abril de 60 mil millones de pesos pasa a ser un déficit financiero de 120 mil millones de pesos. El déficit total es el doble al primario en el cual se basa el gobierno para informar sus logros fiscales. La diferencia en el déficit primario acumulado de abril del 2017 respecto a abril del 2016 da un aumento del 5,6%, muy por debajo de la inflación. Pero si no descartamos el pago de intereses el aumento del déficit es del 26 por ciento. Una situación distinta a la que se plantea desde el Gobierno. Si el kirchnerismo escondía dentro de rentas de la propiedad ingresos fiscales no genuinos (la contabilidad creativa), Cambiemos excluye gastos genuinos. Algunos vicios fiscales no parecen ser parte del cambio.

Quienes defienden a Cambiemos de modo incondicional nos piden paciencia, dado que las reformas no pueden hacerse de manera súbita. Sin embargo, que las reformas no puedan iniciarse de la noche a la mañana no implica que no deban iniciarse nunca. Quienes temen a las políticas de shock deberían revisar el caso de los países de la ex Unión Soviética. Luego de la caída de la Unión Soviética (una experiencia aún más extrema que 12 años de kirchnerismo), aquellos países que hicieron reformas de shock lograron mejor desempeño económico sin mayores costos sociales. El gobierno podría haber consultado con quienes llevaron adelante dichas reformas para adaptarlas a Argentina. Cambiemos no sólo no tiene un plan económico integral, ha dividido las decisiones económicas entre tantos funcionarios públicos que, en los hechos, más allá de los títulos oficiales, no hay ministros de economía, sino un grupo de secretarios bajo una coordinación más política que económica. Cambiemos le tiene más miedo a un fuerte ministro de economía que a desatender un déficit fiscal mayor al de la crisis del 2001. El argumento de la paciencia resta en que sería necesario esperar a las elecciones legislativas para tener el poder político necesario para llevar adelante las reformas que en secreto Cambiemos supuestamente quiere llevar adelante.

Por un lado, no es claro que incluso con una gran victoria electoral Cambiemos obtenga las suficientes bancas en ambas cámaras que le dé el poder político necesario. Pero más allá de la aritmética política, hace ya varias semanas que Cambiemos viene sugiriendo que no hay que esperar grandes cambios luego de las elecciones. Esto no debería sorprender, el mismo Mauricio Macri avisó antes de las elecciones presidenciales que no había que esperar grandes cambios. Por ejemplo, la reforma fiscal tan necesaria no sólo debe esperar al 2018, sino que no incluiría una baja significativa de la presión fiscal. El plan consiste en congelar, en lugar de reducir, el gasto público asumiendo que la economía se va a recuperar. Sin embargo, los pagos de intereses que el gobierno no cuenta para sostener que baja el déficit fiscal vienen creciendo significativamente por encima de la inflación.

También genera dudas el supuesto de que la economía se va a recuperar del mismo modo que no se dio la esperada lluvia de dólares. El mismo gobierno que afirma no poder hacer prácticamente ninguna reforma dadas las restricciones políticas no duda en pedirles confianza a los empresarios y que inviertan hoy esperando una mejora económica en el futuro cercano. Curiosa asimetría. El mismo gobierno que abraza un lento gradualismo les pide shock a los empresarios con base en la confianza en un poder político que el mismo gobierno admite no tener. El sector privado, que enfrenta una presión fiscal récord sin contraprestación de servicios públicos, ya tiene puesto el país al hombro. Al elegir gradualismo, poca autoridad moral le queda al gobierno para recriminarle al sector privado no hacer más por la economía del país.

Si nos guiamos por el año y medio de gobierno y por sus dichos recientes, es poco probable que Cambiemos sea el cambio prometido. El gradualismo ya se ha consumido medio mandato del cual originalmente Macri dijo no estar interesado en una reelección. Las mejoras respecto al kirchnerismo son innegables y su regreso al gobierno sería un gran retroceso para el país, pero dichas mejoras no esconden el hecho de que las reformas necesarias siguen sin llegar. De hecho, ni siquiera son parte de la discusión política. Si la principal oposición es el kirchnerismo, ¿cómo es posible que Cambiemos, que se autocalifica con altas notas y dice tener el mejor gabinete de la historia, no pueda liderar una discusión política en torno a las reformas necesarias? ¿O acaso Cambiemos no quiere dichas reformas y prefiere también un Estado grande y presente? Argentina necesita cambiar de mentalidad. Al menos en Argentina, el gobierno es más problema que solución.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

EL VÍNCULO TRUMP-PUTIN

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Ahora que el gobierno estadounidense se ha embarcado en una relación especial con el ruso, principalmente a través de su Presidente y el Secretario de Estado y los embrollos y renuncia del flamante Secretario de Seguridad, es el momento de considerar esa vinculación.

 

Aunque hay chantajes, espionajes y amenazas veladas y no tan veladas por parte de los secuaces de Putin en base a informaciones confidenciales de todo tipo que el gobierno ruso ha ido acumulando sobre la vida íntima de políticos estadounidenses incluido a Trump, aunque esto ocurre el nuevo jefe de la Casa Blanca estima que acercamientos con el Kremlin puede rendir frutos positivos a contracorriente de todo lo sucedido en los últimos cien años desde 1917, problemas con el gobierno de Estados Unidos que se acentuaron a partir de la finalización de Yalta. Ahora Trump justifica su anunciado acercamiento al decir que “Putin es muy apreciado por su pueblo y por la comunidad internacional” (?).

 

Trump preside el otrora baluarte del mundo libre y en el  contexto de sus diatribas contra la prensa llama poderosamente la atención que abandone su responsabilidad de cuidar la constitucional libertad de la expresión del pensamiento. En lugar de explicar lo que no comparte opta por insultar y por prohibir a los medios la entrada a sus  ahora llamadas “conferencias de prensa” como si fuera el dueño de la Casa Blanca y no respondiera ante el público por sus actos igual que en una “república bananera”, o como si su vocero fuera el comisario de los medios de comunicación.

 

Estremecen sus embates a la Justicia en lugar de respetar la división de poderes. También alarman sus reiterados ataques contra el libre comercio, su xenofobia, su militarismo y el aumento astronómico del gasto público que promete (esta avalancha inaudita de insensatez no da espacio para ponderar la reducción de ciertos impuestos y el intento de mejora en algo de los esquemas de educación y salud). En su primer discurso ante las dos Cámaras del Congreso tocó muchos temas pero el eje central se basó en su nacionalismo -mal llamado “proteccionista” desde el decimonónico Friedrich List en Alemania- lo cual acarreará muchos sinsabores para el pueblo estadounidense y para el resto del mundo.

 

En  este cuadro de situación, preocupa su acercamiento a un gobierno corrupto y sus ininterrumpidos asaltos a las libertades individuales que, sin los campos de exterminio soviéticos, en buena medida ha continuado con aquella política hasta el presente, comandadas por un ex matón de la KGB.

 

Rusia está dominada por un gobierno de mafias desde el colapso del comunismo. Los mismos capitostes de la KGB se instalaron en el gobierno y se repartieron empresas y mercados cautivos como botín de guerra. Ahora que el peligro se acentúa, se hace necesario reiterar algunos pasajes que escribí antes.

 

La historia de Rusia es en verdad muy desoladora, primero el terror blanco de los zares y zarinas con su criminal policía secreta (Ojrana), luego el asesino terror rojo y ahora las mafias. En sus memorias, Vladimir Bukovsky, uno de los tres disidentes de mayor calado junto con sus amigos Solzhenitsin y Sajarov, declara que “el monstruo que crearon nuestros Frankenstein mató a sus creadores, pero él está vivo, muy vivo. A pesar de los informes optimistas de ciertos medios de comunicación occidentales, que en los años transcurridos desde entonces han proclamado que Rusia entró en la era de la democracia y la economía de mercado. No hay evidencias, ni siquiera perspectivas de que así sea. En lugar de un sistema totalitario, ha surgido un estado gangsteril, una tierra sin ley en la cual la antigua burocracia comunista, mezclada con el hampa, se ha convertido en una nueva elite política, así como en una nueva clase de propietarios”.

 

Como es sabido, la Unión Soviética provocó el mayor descuartizamiento humano desde 1917 a 1989, matanzas sin precedentes llevadas a cabo por un gobierno (solo sobrepasadas por Mao) y, sin embargo, Putin reivindica en la Universidad de Moscú a los verdugos y también enaltece las atrocidades en Hungría, en la ex Checoslovaquia y en Chechenia en un contexto de mordazas a la prensa y simulacros electorales administrados por la antigua nomenklatura.

 

Yuri Y. Agaev explicó en una visita a Buenos Aires que después del fiasco de Gorbachov y su perestroika (un subterfugio para implantar “el verdadero socialismo”), el Fondo Monetario Internacional desbarató la posibilidad de contar por primera vez con liberales en el gobierno al financiar abundantemente al grupo opositor que finalmente se hizo con el poder.

 

Personas de gran coraje como los mencionados y como lo fue Anna Politkovskaya (luego asesinada), han contribuido a poner su valioso granito de arena para modificar la dramática situación de los rusos. Politkovskaya fundó en Moscú con un grupo de amigos el diario Novaya Gazeta, con la idea de competir nada menos que con Pravda el periódico oficial que paradójicamente significa “verdad”.

 

Desde ese nuevo periódico denunció permanentemente la corrupción y los atropellos del gobierno de Putin en todos los frentes. Como sucede en esos sistemas, fue reiteradamente amenazada de muerte y advertida de los serios peligros que corría incluso por amigos periodistas de Occidente, como el director de The Guardian de Londres. Esto ocurría en un contexto donde, según el Grupo Helsinki, solamente en Moscú durante los gobiernos de Putin, fueron asesinados por los esbirros del régimen seis periodistas, sesenta y tres fueron golpeados malamente, cuarenta y siete fueron arrestados y cuarenta y dos fueron imputados penalmente.

 

A pesar de todo, la extraordinaria periodista de marras proseguía con sus denuncias en sus valientes artículos de investigación. Consignó que el fundamento de su actitud era que “si alguien cree que puede vivir una vida confortable en base a pronósticos optimistas, allá ellos, es la forma más fácil pero también constituye la pena de muerte para nuestros nietos” (este pensamiento hay que refrescarlo también en otros lares).

 

Randon House de New York publicó su impresionante y muy ilustrativo diario bajo el título de A Russian Diary. A Journalist Final Account for Life, Corruption and Death in Putin`s Russia. La autora murió asesinada en el ascensor de su casa a manos de los sicarios del gobierno. Antes de eso publicó un libro de una notable investigación cuyo título en la versión castellana es La Rusia de Putin donde documenta muy acabadamente los reiterados atropellos e iniquidades llevadas a cabo por los hampones de Putin y los desaguisados y la miseria que debe sufrir el común de la gente.

 

Desafortunadamente la caricatura de democracia no solo tiene lugar en Rusia donde ganan tiranuelos de diversos colores, se habla de “elecciones limpias” como si se tratara de un torneo irrelevante sin otro fondo que lo numérico aunque se haga tabla rasa con los derechos.

 

En esta línea argumental, consigno en esta nota telegráfica una reflexión del antes mencionado Bukovsky (que también nos visitó en Buenos Aires con motivo de un acto académico), elucubraciones apuntadas en sus antedichas memorias tituladas To Built a Castle. My Life as a Dissenter: “Miles de libros se han escrito en Occidente y cientos de diferentes doctrinas han sido creadas por políticos encumbrados al efecto de encontrar un compromiso con los regímenes totalitarios. Todos evaden la única solución correcta: la oposición moral”.

 

En estos climas mafiosos siempre aparecen dictadores (de facto o electos) que resumen bien lo que ocurre, Putin no es el único ejemplo: Trujillo en la República Dominicana y Getulio Vargas en Brasil dijeron en sendos discursos “a los amigos todo, a los enemigos la ley” a sabiendas de lo horrendas de sus normas legales y Perón, en la Argentina, espetó “al enemigo, ni justicia”, por ello, contrariando toda la mejor tradición, fabricó el billete de un peso con el símbolo de la Justicia con los ojos destapados y fue uno de los pioneros en cambiar la Constitución para reelegirse e hizo tabla rasa con la noción del derecho, lo cual reiteró en sus tres mandatos (el último, principalmente a través de sus ministros José López Rega y José Ben Gelbard). En nuestros días han surgido nuevos sátrapas liderados por los Castro, Chávez-Maduro y la infame dinastía norcoreana y sus imitadores que achuran todo vestigio de libertad y dignidad bajo diversos ropajes y trampas inauditas, objetivos imitados parcialmente por los Correa, Ortega, Morales y Kirchner.

 

Ya 400 años antes de Cristo, Diógenes recurría a la alegoría de andar con una lámpara “en busca de un hombre honesto”. Ahora rindo este modesto pero muy sentido homenaje a los que se ponen de pie y son capaces de escribir y decir lo necesario para cambiar. Tal como repetían los Padres Fundadores en Estados Unidos: “El costo de la libertad es su eterna vigilancia”. En cada acto el hombre no parte de cero, no podemos apreciar el presente ni conjeturar sobre el futuro sin basarnos en el pasado, por tanto, tomemos los casos de los que hablan fuerte y claro sin concesiones al efecto de dar cabida a la luz diogenista.

 

En el último libro de los citados aquí de Politkovskaya se lee un párrafo que puede resumir la obra, al tiempo que pone al descubierto la raíz del problema que debemos combatir y no solo en Rusia: “Nadie acude a buscar justicia a unos tribunales que alardean sin tapujos de su servilismo y su parcialidad. A nadie en su sano juicio se le ocurre ir a buscar protección a las instituciones encargadas de mantener el orden público, porque están corrompidas por completo”.

 

Ni bien los burócratas comienzan a articular discursos tendientes a elaborar sobre lo que le conviene y lo que no le conviene a la gente en sus vidas privadas, comienzan los peligros ya que a poco andar esos megalómanos se constituirán en los árbitros forzados  y ladrones disfrazados de empresarios para manejar a su antojo el fruto del trabajo ajeno con lo que se apoderan de sus vidas.

 

Como queda dicho, el sistema gangsteril impuesto en Rusia es lamentablemente la continuación por otros medios de los horrores establecidos por el terror blanco y el aun más tremebundo terror rojo. Horrores basados en mentiras, no en errores lo cual es humano, sino en falsear deliberada, voluntaria y sistemáticamente todo cuanto esté al alcance de gobernantes inescrupulosos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

La presidenta argentina en Harvard. Beber de la propia medicina

Por Enrique Edmundo Aguilar . Publicado el 3/10/12 en: http://www.elimparcial.es/america/la-presidenta-argentina-en-harvard-beber-de-la-propia-medicina-112078.html

 El lamentable espectáculo que implicó la visita de la presidenta argentina a la Harvard Kennedy School of Government, presidida por otro encuentro, quizá menos deslucido, en la Universidad de Georgetown, no puede sino dolernos como país y como pasivos espectadores.

La presidenta no estuvo a la altura de las circunstancias. Por su soberbia, su narcisismo, sus cincuenta y cinco minutos de retraso y las muestras de desprecio que arrojó a su auditorio o, más puntualmente, a los estudiantes que alzaron su mano a la hora de las preguntas… Entre sus falacias, tres son dignas de destacar. La primera, haber negado que en la Argentina exista un “cepo cambiario”, que puso doble llave al único refugio (la compra de dólares, moneda en la que ella y su marido ahorraron durante décadas) que un argentino medio tenía hasta ahora para protegerse de una inflación sensiblemente superior a los 20 puntos anuales. La segunda, haber dicho que su inmensa fortuna es el producto de su actividad como abogada (“fui una abogada exitosa”, dijo, “así como ahora soy una presidenta exitosa”), lo cual es altamente improbable pues el gran incremento de su patrimonio se produjo (como es de dominio público) a partir del año 2003 (es decir, ya como primera dama), en un porcentaje cercano al mil por ciento en nueve años. La tercera, haber negado algo que es más que evidente: su rotunda reticencia a conceder conferencias de prensa. La presidenta afirmó que a diario habla con millones de argentinos. Sin embargo, equivocó la preposición. No habla “con” sino “a” millones de argentinos, debido al uso y abuso que hace de la cadena nacional. Desde luego, también le habla con frecuencia a los infaltables aplaudidores que asisten a sus disertaciones en ámbitos oficiales, sean miembros de su gobierno, gobernadores e intendentes de provincia, o importantes empresarios (que nunca faltan por cierto).

Para ser justos, creo que el tono de algunas preguntas no fue el más apropiado para ese ámbito. Se diría que los estudiantes prefirieron llenar un espacio: el que aquí le está vedado a la prensa no oficialista. No obstante, nada justifica el tenor de las respuestas de la presidenta que, a mi juicio, fueron impropios de quien ocupa la más alta magistratura del país. Es curioso, contrariamente a lo que cabría esperar de un político hábil, cada nueva declaración de la presidenta parece acentuar la distancia que la separa de un porcentaje creciente de la población, dentro del cual cabe contar seguramente a electores que el año pasado supieron avalar su reelección y que hoy comienzan a desencantarse.

 Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.