La educación sexual, el liberalismo y la “invasión LGTB”

Por Iván Carrino. Publicado el 23/11/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/11/23/la-educacion-sexual-el-liberalismo-y-la-invasion-lgtb/

 

Algunas precisiones en el debate para evitar la ensalada de conceptos.

“El liberalismo es el respeto irrestricto por el proyecto de vida del prójimo”

Alberto Benegas Lynch (h)

Antes de empezar quiero declarar mi más profundo rechazo por una frase que se usa muy a menudo para elogiar o destacar cierto contenido.

La frase dice más o menos así:

“Esto es buenísimo, ¡debería ser contenido obligatorio en las escuelas!”

Al parecer, somos todos muy liberales en todo, hasta que algo nos gusta y lo queremos imponer.

No. Los liberales no creemos en la obligación, sino en los acuerdos voluntarios.

Ahora sí, puedo continuar.

Hay un debate que está tomando cada vez más notoriedad y que, desde mi punto de vista, crea alguna confusión entre lo que es el respeto por la diversidad, el rol de la izquierda, los valores y el liberalismo.

La última batalla de ese debate parecería ser la propuesta de Reforma de la Ley 26.150 (de Educación Sexual Integral), que ha originado como respuesta un movimiento con una consigna muy clara: #ConMisHijosNoTeMetas.

A raíz de esta cuestión, me gustaría elaborar sobre dos puntos que creo merecen atención. El primero es la Educación Sexual Integral, su propuesta de reforma y el punto de vista liberal al respecto.

El segundo es el rol de la familia tradicional y por qué sí, o por qué no, hay que defenderla desde este mismo punto de vista.

ESI: la ley y su propuesta de reforma

El 4 de octubre del año 2006 el Senado y la Cámara de Diputados de la nación sancionaron la Ley 26.150: Programa Nacional de Educación Sexual Integral.

La misma sostenía que “todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada” de todo el país.

Los objetivos de la ley eran varios, pero interesa destacar 3, que copio textualmente:

1)      Promover actitudes responsables ante la sexualidad;

2)      Prevenir los problemas relacionados con la salud en general y la salud sexual y reproductiva en particular;

3)      Procurar igualdad de trato y oportunidades para varones y mujeres.

La educación de este tipo es obligatoria para todos los establecimientos educativos, pero con la salvedad que, de acuerdo con el artículo 5:

… cada comunidad educativa incluirá en el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adaptación de las propuestas a su realidad sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros.

La propuesta de reforma, que según este sitio tiene dictamen de mayoría en el Congreso, reemplaza algunas de las cuestiones que acabamos de destacar.

Por ejemplo, los objetivos quedan algo más amplios:

1)      Promover actitudes responsables ante la sexualidad, construyendo hábitos y comportamientos responsables y saludables;

2)      Prevenir los problemas relacionados con la salud en general y la salud sexual y reproductiva en particular; y

3)      Asegurar la igualdad de trato y oportunidades, la no discriminación y un acceso igualitario a la Educación Sexual Integral para las diversas identidades de género y orientaciones sexuales.”

O sea que en lugar de establecer igualdad de trato para “varones y mujeres”, el espectro queda ampliado para cualquier identidad de género, incluyendo a personas transgénero (una persona biológicamente mujer o varón, pero que se identifica con el género opuesto).

Por otro lado, propone reemplazar el artículo 5, violando ese margen de autonomía que les dejaba a las instituciones.

Así, se establece:

“Los contenidos que hacen a la aplicación de la presente y de las resoluciones del Consejo Federal de Educación deberán incluirse en la currícula y modalidad de todos los niveles educativos de forma obligatoria, constituyéndose en disposiciones de orden público, independientemente de la modalidad, entorno o ámbito de cada institución educativa, sea de gestión pública o privada.

El grado de avance del estado sobre las instituciones privadas y públicas, obviamente, es motivo de polémica.

Estado contra Privados

Desde el punto de vista liberal, el problema no es la ESI ni tampoco su reforma.

A ver, es claro que un artículo que dice que una medida “X” debe aplicarse “independientemente de la modalidad o ámbito de cada institución” es más invasivo de la propiedad privada que una medida que dice que tal medida debe aplicarse de forma obligatoria pero “en el marco del respeto a su ideario institucional y convicciones”.

No cabe duda de ello.

Ahora bien, desde el punto de vista liberal, el problema es la imposición de los contenidos desde el estado.

En los manuales de historia o geografía económica de la escuela secundaria es muy probable que los alumnos se encuentren con que Franklin D. Roosevelt sacó a Estados Unidos de la Gran Depresión gracias a su intervencionismo, o que Argentina tuvo una crisis económica en 1999-2002 como resultado del neoliberalismo.

Desde mi punto de vista, estos contenidos están fácticamente equivocados y preferiría enviar a mi hijo a un colegio que enseñara a los alumnos otra versión de los hechos.

Lo mismo ocurre con la Educación Sexual Integral. Entiendo perfectamente el reclamo de un padre o madre que sostiene que no quiere que a su hijo le digan que “está bien ser gay” (siempre asumiendo que es eso lo que le van a enseñar, y no simplemente a respetar e incluir a las diversas expresiones de la sexualidad).

Esos progenitores tendrían, en una sociedad liberal, la opción de enviar a su hijo a un colegio con sus valores y creencias, cosa que no pueden hacer con una educación nacional manejada por el estado.

Pero lo mismo me pasa a mí con el caso del neoliberalismo y Argentina. Mis hijos seguramente vayan a un colegio donde les digan que el neoliberalismo arruinó al país. Y yo me armaré de paciencia para contarles la otra mirada.

El problema no es el contenido en particular, sino la imposición.

La problemática de los contenidos educativos en las escuelas fue magníficamente explicada por Murray Rothbard. En su libro Poder y Mercado, publicado por Unión Editorial en 2006, explica que la propiedad pública implica necesariamente “enormes conflictos de casta”.

¿Qué son estos conflictos?

En sus palabras:

“… los empresas públicas [en este caso, la educación cuyos contenidos obligatorios maneja el estado] crean enormes conflictos de casta entre los ciudadanos, cada uno de los cuales tiene una idea diferente de la mejor forma de servicio.

En los últimos años, las escuelas públicas de EE.UU. han constituido un buen ejemplo de estos conflictos. Algunos padres prefieren escuelas segregadas racialmente, otros prefieren la educación integrada. Algunos quieren que se enseñe socialismo en las escuelas. No hay forma de que el gobierno resuelva estos conflictos. Solo puede imponer el deseo de la mayoría –o la interpretación burocrática de la misma – mediante la coerción y hacer que minorías, generalmente grandes, queden descontentas e insatisfechas. Cualquiera sea el tipo de escuela que se elija, algún grupo sufrirá”

Es decir, imaginemos que la ley de Educación Sexual Integral sostuviera valores católicos. Probablemente, los católicos estarían contentos (o una mayoría de ellos), pero quedarían descontentos los no católicos.

Lo mismo ocurre a la inversa.

Pero el punto central es que en la medida que tengamos una educación digitada y dirigida por el estado, incluso adentro de las puertas de las instituciones privadas, este problema no se va a resolver.

El gobierno será quien finalmente decida qué se enseña y qué no. En la letra de la ley, el conflicto de casta es irresoluble.

Un comentario final para esta sección es que seguramente me digan que lo que se enseña en el sistema educativo no es la interpretación burocrática del deseo de la mayoría, sino lo que “la ciencia” dice que es cierto.

De hecho, la ley 26.150 sostiene que “la definición de los lineamientos curriculares (…) será asesorada por una comisión interdisciplinaria de especialistas en la temática”.

Ahora bien, eso es caer en lo que William Easterly llamó La Tiranía de los Expertos, y que Gabriel Zanotti explicó bien  en su La epistemología y sus consecuencias filosófico-políticas. Allí plantea que, incluso aunque el gobierno supiera “la verdad”, no tiene derecho de imponerla por la fuerza.

La familia tradicional no es un valor en sí mismo

Debido a que la nueva Educación Sexual Integral propone incluir expresiones de identidad de género que no sean exclusivamente la del hombre y la mujer heterosexuales, muchos reaccionan sosteniendo que,  lo que se esconde detrás, es un ataque a los “valores tradicionales”, “la familia”, y que se viene una “invasión gay” producto de la militancia izquierdista del movimiento LGTB.

Aquí hay tres cuestiones de suma importancia.

En primer lugar, solo el 37% de las familias respetan el formato “tradicional” de mamá-papá-hijos. En segundo lugar, dicho formato no tiene nada de bueno ni de malo en sí mismo.

Por último, resulta curioso que quienes luchan por defender a la “familia tradicional” y quieren mostrarse como los paladines del liberalismo, no hacen otra cosa que quejarse por los resultados de la libertad que buscan exaltar.

Es que fue el capitalismo de libre mercado el que ha ido transformando a la familia en el  último siglo.

De acuerdo con un trabajo de Steven Horwitz, la familia tradicional no tiene nada de especial, sino que fue una circunstancia histórica derivada de la Revolución Industrial de mediados-fines del siglo XIX.

Antes de dicha revolución, la familia era sencillamente una unidad de producción agrícola. Padre, madre y todos los hijos posibles tenían que trabajar día y noche en el campo para producir los bienes que proveyeran su subsistencia.

Más tarde, el incremento del ingreso per cápita y la aparición de las fábricas permitieron un cambio económico sustancial, que tuvo su efecto en la organización familiar.

Según el trabajo:

Mientras que en tiempos preindustriales, las mujeres y los hombres compartían muchas de las tareas en la unidad de producción familiar, la industrialización trajo una división del trabajo por género donde los hombres ocuparon la esfera pública del trabajo y la política y las mujeres lo privado. La esfera del hogar.

Se gastó una gran cantidad de energía durante la era victoriana, argumentando que esta división del trabajo era realmente una forma de igualdad, ya que hombres y mujeres fueron asignados a sus “esferas separadas” en las que cada uno sobresalía. Los géneros no eran desiguales, solo eran “diferentes”.

Cualesquiera que fueran los méritos de esta forma familiar, dos cosas eran ciertas: primero, la riqueza creada por el orden del mercado había liberado a las mujeres y los niños de la necesidad de un trabajo en gran medida desagradable en la industria. En segundo lugar, la forma y funciones de la familia continuaron evolucionando.

Este último punto es crucial porque muchos hablan hoy de la familia “tradicional” como si hubiera habido una forma familiar particular que había existido durante siglos hasta los cambios de los últimos 40 años. Pero incluso un estudio superficial de la historia económica y social indica que la forma y las funciones de la familia han experimentado cambios significativos, al menos desde los primeros días de la industrialización, si no antes.

El trabajo de Horwitz continúa investigando la evolución de la institución familia y explica desde un punto de vista económico el aumento en la tasa de divorcios e incluso la aparición del reclamo por el matrimonio homosexual.

O sea que así como el capitalismo dio origen a lo que se supone que es la familia tradicional, también es el que explica el desmembramiento de ésta.

Finalmente, debemos aclarar que la “familia tradicional” no tiene nada de bueno o malo en sí mismo.

De hecho, como escribí en 2010, puede ocurrir que una familia de “mamá-papá-hija” sea absolutamente nefasta, mientras que una de “papá-papá-hijo” o “mamá-mamá-hijo/hija/hijos e hijas” sea increíblemente buena.

A la hora de los vínculos familiares, no parece que sea relevante el tema del género.

Aclarando la confusión

El objetivo de este posteo era dejar en claros dos puntos que me parece que se confunden en el debate por la educación sexual.

El primero es que el liberalismo se opone a la obligatoriedad de contenidos en la educación.

Los liberales creemos en una sociedad diversa también en materia educativa.

Un mundo liberal tendría colegios con la ESI de 2006,  otros con la ESI de 2018, otros con la ESI de 2058 y otros sin ESI o con la educación que quiera dar la religión que profese la institución en cuestión.

Eso es verdadera libertad y diversidad.

El segundo punto es que no hay nada de liberal en defender un modelo de organización social específico y que no cambie en el tiempo. Los liberales sabemos que el mercado es un proceso y que las instituciones sociales van modificándose en consecuencia.

En este sentido, no hay nada que haga de la “familia tradicional” un valor para defender. Tenemos que respetar la libertad de asociación, y eso implica “papá-mamá”, “papá-papá”, “mamá sola” y todas las variantes que los propios involucrados juzguen como positivas.

No hay una organización social “óptima” objetivamente determinable. Y, incluso si le hubiera, nadie debería tener el poder para imponérsela a otro.

Entre otras cosas, pero fundamentalmente, de eso se trata el liberalismo.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Cuando Mises visitó Argentina dictó una serie de conferencias en la Bolsa de Comercio. Las vemos en la UBA.

Por Martín Krause. Publicado el 9/10/18 en: http://bazar.ufm.edu/cuando-mises-visito-argentina-dicto-una-serie-conferencias-la-bolsa-comercio-las-vemos-la-uba/

 

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las consideramos con los alumnos de la UBA Económicas, Historia del Pensamiento Económico II, Escuela Austriaca. Su tercera conferencia se tituló “Intervencionismo” y trata ahora sobre ese supuesto “tercer camino”. Mises comenta:

Mises3

“La idea que existe un tercer sistema – entre el socialismo y el capitalismo – como sus sostenedores dicen, un sistema tan alejado del socialismo como lo está del capitalismo pero que retiene las ventajas y evita las desventajas de cada uno, es puro disparate. La gente que cree en tan mítico sistema puede convertirse en realmente poética cuando  elogian la gloria del intervencionismo. Se puede decir, solamente, que están equivocados.

La interferencia del gobierno, que ellos elogian, provoca condiciones que a ellos mismos les disgustan. Uno de los problemas que trataré más adelante es el proteccionismo. El gobierno trata de aislar el mercado doméstico respecto al mercado mundial. Impone tarifas que elevan el precio doméstico de un producto por sobre el precio en el mercado mundial, haciendo posible a los productores domésticos formar cárteles. Los cárteles entonces son atacados por el gobierno declarando: ‘Bajo estas condiciones, es necesaria una legislación anti – cártel’

Esta es precisamente la situación con la mayoría de los gobiernos europeos. En los EEUU, hay además otras razones para la legislación anti – trust y la campaña del gobierno contra el fantasma del monopolio Es absurdo ver al gobierno – que crea por su propia intervención las condiciones que hacen posible la emergencia de cárteles domésticos – señalar con el dedo a las empresas, diciendo: ‘Hay cárteles, por lo tanto la interferencia del gobierno en los negocios es necesaria’. Sería mucho más simple evitar los cárteles terminando la interferencia del gobierno en el mercado – una interferencia que hace posibles estos cárteles.

La idea de la interferencia del gobierno como una ‘solución’ a los problemas económicos lleva, en cada país, a condiciones que, por lo menos, son bastante insatisfactorias y, a menudo, caóticas. Si el gobierno no se detiene a tiempo, fomentará el socialismo. Sin embargo, la interferencia del gobierno en los negocios es todavía muy popular. Tan pronto como a alguien no le gusta algo que sucede en el mundo, dice: ‘El gobierno debería hacer algo al respecto. ¿Para qué tenemos un gobierno? El gobierno debería hacerlo.’ Y este es un resabio de pensamiento característico de épocas pasadas, de épocas que precedían a la libertad moderna, al moderno gobierno constitucional, antes del gobierno representativo o del republicanismo moderno.

Por siglos existió la doctrina – sostenida y aceptada por todos – que un rey, un rey ungido – era el mensajero de Dios; tenía más sabiduría que sus súbditos; y tenía poderes sobrenaturales. Tan recientemente como a principios del Siglo XIX, la gente que sufría de ciertas enfermedades esperaba ser curada por el toque real, por la mano del rey. Los doctores eran generalmente mejores; sin embargo, hacían que sus pacientes se trataran con el rey.

Esta doctrina de la superioridad del gobierno paternal, de los poderes sobrenaturales y sobrehumanos de los reyes hereditarios, ha desaparecido gradualmente – o por lo menos eso creíamos. Pero apareció nuevamente. Hubo un profesor alemán llamado Werner Sombart (lo conocí muy bien), que era conocido en todo el mundo; era doctor honorario de muchas universidades y miembro honorario de la American Economic Association. Ese profesor escribió un libro que se encuentra disponible en una traducción al inglés, publicada por la Princeton University Press; también existe una traducción al francés, y probablemente exista una versión en español. Y espero que exista porque deseo que verifiquen lo que estoy diciendo. En este libro – publicado en nuestro siglo y no en la Edad Media – Werner Sombart, profesor de Economía, simplemente dice: ‘El Führer, nuestro Führer,’ – desde ya se refiere a Hitler – ‘recibe sus órdenes directamente de Dios, el Führer del Universo’

Antes ya mencioné esta jerarquía de Führers, y en esta jerarquía mencioné a Hitler como el ‘Supremo Führer’… Pero existe, de acuerdo con Werner Sombart, un más alto Führer: Dios, el Führer del Universo. Y Dios, escribió, le da Sus órdenes directamente a Hitler. Desde ya, el Profesor Sombart dijo, bastante modestamente; ‘No sabemos cómo Dios se comunica con el Führer. Pero el hecho no puede negarse’

Ahora, si oyen que dicho libro puede ser publicado en idioma alemán, el idioma de una nación que una vez fue aclamada como ‘la nación de los filósofos y de los poetas’, y ven que puede ser traducido al inglés y al francés, no podrán asombrarse del hecho que un pequeño burócrata se considere a sí mismo mejor y más inteligente que los ciudadanos y desee interferir en todo, aunque sea solamente un pobre minúsculo burócrata, y no el famoso Profesor Werner Sombart, miembro honorario de lo que sea.

¿Existe un remedio contra estas cosas? Yo diría que sí, que hay un remedio. Y este remedio es el poder los ciudadanos; tienen que impedir que se establezca un régimen tan autocrático que se arroga una mayor sabiduría que la del ciudadano común. Esta es la diferencia fundamental entre la libertad y la servidumbre. Las naciones socialistas han usurpado para sí mismas el término democracia. Los rusos llaman a su sistema Democracia Popular, probablemente sostienen que la gente está representada en la persona del dictador. Creo que a un dictador, Juan Perón aquí en la Argentina, se le dio una buena respuesta cuando se lo forzó al exilio en 1955. Esperemos  que otros dictadores, en otras naciones, se les dé una respuesta similar.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Protesta de las amazonas.lib

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 2/4/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/files/2018/04/190318.pdf?x77400

 

Pauper Oikos se vio rodeado por unas sonrientes mujeres embutidas en pintorescas cajas que lo
piropearon con gracia y sin rubor.
—¡Tío bueno! ¡Me gustan los calvos brutos y netos! —gritó una ejecutiva de cuentas.
—Mira cómo luce mi productividad marginal —invitó otra, economista lanzada ella.
—Papito, desgrávame otra vez —siguió una tercera, fiscalista.
No cabía duda: eran las progresistas de amazonas.lib, la rompedora organización feminista de remoto origen carioca, también conocida como O Terror do Populismo. Al frente estaba Mariquita
Black, economista canadiense y célebre autora de la obra clásica del feminismo individualista: Aphrodite Te Hodite Unmasked.
Como portaban una pancarta con las letras: LGTBIEVA, el reportero de Actualidad Económica inquirió sobre su significado:—Hombre tenías que ser —se burlaron las amazonas—. Habla de: “Las Grandes Tonterías Buscan Inocular El Veneno Antiliberal”.
—O sea que sois capitalistas —concluyó Oikos, siempre lento en sus deducciones.
Mariquita Black procedió a leer su manifiesto:
—Defendamos nuestros derechos. Nos precede una larga genealogía de mujeres
activistas, las que lucharon contra el fascismo y el comunismo. Basta de prohibiciones,
cuotas y subsidios a los lobbies feroces pseudofeministas. Señalamos la
violencia fiscal como expresión paradigmática de la explotación. Denunciamos la
LGTBIEVA fobia política, social, institucional y laboral que sufrimos muchas de nosotras, como otra forma de violencia. Somos mujeres y somos diversas. Llamamos a la rebeldía y a la lucha contra el socialismo de todos los partidos que nos quiere dóciles, sumisas y calladas, como bajo los paraísos de la izquierda. Protestamos contra la grave represión y los recortes de derechos que estamos sufriendo por el intervencionismo de derechas y de izquierdas.
Y queremos empleo y pensiones. —¡Os pillé! —exclamó Pauper Oikos, creyéndose más listo que las listas—. O sea que queréis igualdad y estado de bienestar.
Las amazonas lo miraron con patente desdén.
—No, mira —dijo Black—. Nosotras queremos igualdad ante la ley, y a partir de ahí que cada cual se busque la vida. No queremos privilegios, ni cuotas, ni observatorios, ni sindicatos, ni ministerios.
Queremos libertad. Sabemos bien que engrosamos las listas del paro por culpa del intervencionismo, y no nos tragamos el cuento de que el poder recortará nuestra libertad por nuestro bien. Es verdad que exigimos también las pensiones que nos hemos ganado. No más pensiones de miseria, que nos obligan a sufrir pobreza en la vejez. Pedimos por ello la privatización
total de las pensiones. Y dejar de pagar la ONU y la burocracia basura.
Gritamos bien fuerte contra el anticapitalismo salvaje que se impone como pensamiento único a nivel mundial y que destroza nuestro planeta y nuestras vidas.
—¿Y qué hay de la pobreza y la desigualdad en el mundo? —preguntó el reportero, malévolo.
—¡Exigimos que la defensa de la vida se sitúe en el centro de la economía y de la política! —gritaron las amazonas al unísono—. Muera el proteccionismo machista. Viva el libre comercio y la
soberanía alimentaria de las mujeres de los países pobres. Y viva la publicidad con mujeres: nuestros cuerpos son nuestros: basta de paternalismo y viva la libertad.
Pauper Oikos, por fin, entendió de qué se trataba, y acompañó a las amazonas y a su amiga canadiense, cantando la famosa canción de Toronto de Groucho Marx: “Say, it’s better to run to Toronto, than to live in a place you don’t want to”.

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Ese diabólico “neoliberalismo”

Por Gabriel Boragina Publicado el 1/4/18 en:   http://www.accionhumana.com/2018/03/ese-diabolico-neoliberalismo.html

 

 

Abordo nuevamente el examen de la voz “neoliberalismo” porque parece ser que otra vez se ha puesto de moda entre nosotros, y que persisten las confusiones en cuanto a su sentido correcto. Me veré obligado a citarme a mí mismo en algunos pasajes de esta exposición, para poder tener un mejor panorama del tema, ya que lo he explicado varias veces y, en este caso, es importante la reiteración.

Es de notar que, el término es empleado -mayoritariamente- por los enemigos declarados o no ostensibles del liberalismo. Los liberales tenemos en claro que el “neoliberalismo” no es liberalismo.

“Los antiliberales usan como sinónimos las palabras *liberalismo* y *neoliberalismo*. Pero en realidad, estas dos palabras no significan lo mismo. Esto se revela cuando se le pide al antiliberal que describa lo que según él es el *neoliberalismo*. Entonces citan como ejemplo países con monopolios, impuestos altos, salarios bajos, desempleo, elevado gasto público, inflación, etc. Sin embargo, todas estas cosas no son fruto del liberalismo sino de su contrario del antiliberalismo. Y es curiosamente al antiliberalismo al que se le llama *neoliberalismo*, con lo cual la confusión que tienen los antiliberales es mayor todavía, porque no se reconocen como culpables de las políticas que propician, ni de los resultados que ellas producen, que no son más que los nombrados antes en parte.”[1]

“Neoliberalismo” es pues -en definitiva- antiliberalismo.

En la cita que sigue tenemos un ejemplo de un desconocedor, tanto de liberalismo como del “neoliberalismo”. Veamos lo que dice:

“Si dejáramos a la sociedad a su suerte, sin nadie que planifique y dirija, tal vez llegáramos a la sociedad perfecta del neoliberalismo, pero creemos más bien que la entropía sería cada vez mayor.”[2]

El “neoliberalismo” no deja “a la sociedad a su suerte” sino todo lo contrario: interviene en la misma, la planifica y la dirige. Es decir, la cita llama “neoliberalismo” a las consecuencias prácticas del estatismo o dirigismo (contrarios al liberalismo). Demuestra ignorar mucho. Sobre todo, que, en el liberalismo, la sociedad -en rigor- no existe, sino que hay individuos que actúan en su nombre. Estos individuos (todos nosotros, incluyendo el autor criticado) son los que planifican y dirigen, no a la “sociedad” en sí misma, sino esas personas a cada una de sus propias vidas particulares, las que -en conjunto- simplemente denominamos “sociedad”. El liberalismo no aspira a una sociedad *perfecta*, toda vez que la perfección es ajena a lo humano. Desea una sociedad cada vez más justa, más abundante y rica en bienes y servicios para todos, gozando de liberad para producir lo que cada uno quiera, y para desempeñarse en lo que se encuentre más capacitado, enriqueciendo a sus semejantes para prosperar el mismo. Este es uno de los objetivos del liberalismo.

“A los partidarios del mercado libre nos acusan con asiduidad de defender al “neoliberalismo“. Vaya uno a saber “qué cosa” podría ser para nuestros detractores el famoso “neoliberalismo”, que -en rigor- no pasa de ser un término peyorativo que usan todos los que no saben nada del verdadero liberalismo, excepto que esta última palabra no les gusta.

Cuando se piden “ejemplos” de “neoliberalismo” se suelen citar países con altos impuestos; monopolios de diverso calibre pero, habitualmente, en manos privadas por decreto o por ley nacional; desempleo; estímulos a las exportaciones; endeudamiento público (en rigor, estatal) y privado y, muy en general, a las políticas económicas seguidas -con desemejantes variantes y grados- en EEUU y Gran Bretaña, y en otras naciones latinoamericanas, durante las décadas de los años 80 y 90 del siglo XX, según los casos. Pues bien, si es a esto lo que se considera “neoliberalismo” ha de saberse que -en lo personal- no soy defensor del “neoliberalismo”.[3]

El instrumento favorito del “neoliberalismo” es la suba de impuestos, con la excusa de ser el “único” medio disponible para reducir el déficit fiscal. A esto se le llama el “ajuste neoliberal”. En tanto, el liberalismo -en cambio- enseña que (por el contrario) los impuestos deben comprimirse, a la par de la baja del gasto público.

“En realidad, las políticas económicas mencionadas anteriormente y que se atribuyen al “neoliberalismo“ no son otra cosa que lo que Ludwig von Mises (y con él la Escuela Austriaca de Economía habitualmente) designó con el nombre de intervencionismo, también llamado otras veces sistema “mixto”, “hibrido”, “dual”, “intermedio”, etc. que -en definitiva- poco o nada tienen que ver ni con el verdadero liberalismo ni con el capitalismo que, como hemos señalado en otras oportunidades, constituye este último “el anverso” económico de “la moneda” del liberalismo. No han faltado tampoco quienes han rotulado aquellas políticas con el nombre de mercantilismo, que -en resumidas cuentas- no viene a ser, a nuestro modo de ver, más que una especie del intervencionismo.

Tal ya se ha explicado, como corriente filosófica, moral, política o económica el “neo-liberalismo” no existe. Y el empleo de dicho término a nada conduce, si lo que se pretende con el mismo es atacar al liberalismo, habida cuenta que este último nada tiene en común con aquel. En el mejor de los casos, el “neoliberalismo” podría entenderse como un periodo de transición de una economía socialista a otra economía de tipo liberal/capitalista. Pero en la medida que la transición se detenga y no se opere, el “neoliberalismo” no obtendrá resultados diferentes a los que consigue el intervencionismo. El llamado “neoliberalismo” sólo tendría razón de ser si su meta es llegar al liberalismo y no en ningún otro caso.”[4]

Es preferible -en doctrina correcta- continuar usando las frases estatismo, intervencionismo, dirigismo, colectivismo, socialdemocracia, populismo, etc. y no “neoliberalismo”, ya que aquellas expresiones reflejan mucho mejor que este último lo que se quiere representar con él (las tremendas consecuencias ineludibles de aquellos sistemas).

El vocablo “neoliberalismo” sirve también para estos otros propósitos:

  1. Busca desprestigiar al verdadero liberalismo, atribuyéndole los fracasos de las políticas estatistas.
  2. Enmascara los magros resultados de estas políticas, recubriéndolas con un nombre distinto (“neoliberalismo”). Cuando los gobiernos socialistas fracasan o colapsan (como irremediablemente -a la larga o a la corta- termina siempre sucediendo) inmediatamente culpan de ello al “neoliberalismo”. Cuando -según sus particulares parámetros- obtienen algún “logro” lo atribuyen al socialismo que practican. Pero ambas terminologías traducen el mismo significado: el gobierno interfiriendo en los asuntos particulares, económicos y no económicos.
  3. Es una palabra cómoda para los estatistas de todo signo (izquierda, centro o derecha) para eludir sus sentimientos de culpa por sus yerros.

[1] http://www.accionhumana.com/2015/04/liberalismo-mano-invisible-y-mercados.html

[2] Javier Bellina de los Heros – memoriasdeofeo.blogspot.com

[3] http://www.accionhumana.com/2015/02/economia-neoliberalismo-y-capitalismo.html

[4] Ibidem.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

El “neoliberalismo” de Macri

Por Gabriel Boragina Publicado el 24/3/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/03/el-neoliberalismo-de-macri.html

 

Respecto de la cuestión de si el gobierno del presidente Macri es neoliberal o no, caben hacer las siguientes reflexiones que tienen que ver con puntos que hemos desarrollado en muchas otras oportunidades.

En lo personal, trazo diferencias sustanciales entre los términos liberalismo y el más popular neoliberalismo. Dado que -en lo particular- adhiero al liberalismo y no el neoliberalismo volveré a precisar (lo más sintéticamente que me sea posible) que entiendo por esta filosofía a la que yo suscribo.

Lo que sigue son las respuestas que le di a un ocasional interlocutor español que sostenía que en Sudamérica y -especialmente- en la Argentina había un gobierno liberal o neoliberal. Voy a tratar de desarrollarlas en el mismo orden en que se dio el diálogo que mantuve con él.

Mis respuestas a sus “planteos” fueron las siguientes:

  1. El último vestigio de liberalismo que tuvimos por estos lares, tuvo su punto culminante en las décadas del 20 y del 30 del siglo pasado (variando en la región según cada país, claro). El “auge” del liberalismo en el curso de la historia mundial (ya no sólo sudamericana) fue relativamente breve en una perspectiva histórica que puede decirse comprendida entre fines del siglo XVIII hasta las dos o tres primeras décadas del siglo XX. Desde estas últimas fechas hasta la actualidad las ideas liberales fueron paulatinamente siendo desplazadas por la ideología socialista asumiendo distintos grados y proporciones según las épocas. En Sudamérica, característicamente, hallaron buena acogida las ideologías fascistas y sus variantes populistas que gozaron de gran predicamento desde mediados del siglo pasado hasta nuestros días. En el caso argentino, ello con el peronismo, e incluso con gobierno de diferentes denominaciones, inclusivamente militares. Desde esta última época hasta la actualidad puede decirse que los otros gobiernos argentinos han girado dentro de un círculo conformado por el populismo y la socialdemocracia (en el mejor de los casos). Pero, siempre en las fechas indicadas, ninguno ha rozado siquiera la esencia del ideario liberal, ni han puesto en ejecución sus más efectivas recetas.
  2. El proceso descripto tuvo su punto de partida a partir de la década del 30 del mismo siglo, donde se empezaron a introducir en Latinoamérica -importadas de Europa- las doctrinas fascistas y nazistas, y sus correlatos económicos: el nacionalismo y el proteccionismo. Las ideologías mencionadas, implantadas en la región con mucha fuerza hacia mediados del siglo pasado se mantuvieron hasta nuestros días oscilando entre un estatismo virulento hacia otro más atenuado. El gobierno del presidente Macri -en mi opinión- es un estatismo de bajo grado en comparación a los gobiernos precedentes argentinos. Nuevamente, nada de ello tiene siquiera punto de contacto con el liberalismo que se le achaca.
  3. En lo económico, estrictamente, se aplicó -durante los periodos antes enumerados- el keynesianismo. Keynes publicaba su “Teoría General…” en 1936, pero sus opiniones empiezan a colarse en Latinoamérica hacia fines de los años 50, y tienen su apogeo en los 70 del mismo siglo, en gran parte gracias a la CEPAL. Esas teorías se siguen aplicando más tenuemente en la actualidad. Como se observa…nada de “liberalismo” en todo un largo periodo…hasta hoy. Esta tendencia no lo fue solo en la Argentina, sino en la mayor parte de la región.
  4. En los años 80 y durante casi 20 años, en Chile se pusieron en marcha algunas tesis “monetaristas” con buen éxito. Sin embargo, como no se quiso abandonar de todo el keynesianismo, la mejoría no fue óptima. Pero fue un buen intento. Como se ha venido observando en las últimas décadas, México, Perú y Colombia mejoran sus economías en la medida que se apartan del intervencionismo keynesiano.
  5. En cuanto a llamar a todo lo anterior “neoliberalismo” puede aceptarse siempre y cuando -y en la medida que- se tenga en claro que “neoliberalismo” NO ES liberalismo. En otra oportunidad hemos llegado a la conclusión que el “neoliberalismo” no es otra cosa que lo que nosotros llamamos intervencionismo (quizás de bajo grado, pero intervencionismo al fin). Al “neoliberalismo” se le oponen el liberalismo, por un lado, y el colectivismo por el otro. Desde este punto de vista, el gobierno de Macri si seria “neoliberal”, es decir intervencionista de grado reducido o intermedio. Claramente No liberal. En esta línea, el keynesianismo también sería una vertiente “neoliberal”.
  6. Mas precisamente, el accionar del presidente Macri se orienta hacia una política desarrollista. El “desarrollismo” no es más que un derivado del keynesianismo. En estas latitudes se lo intentó a fines de la década del 50 y principios de la década del 60 del mismo siglo XX. Sus pilares son la obra “pública”, tanto industrial, vial, como habitacional, financiada con inversiones privadas o estatales. Quizás esto sea “neoliberal”, pero no es liberal de modo alguno, toda vez que el liberalismo no promueve (ni deja de hacerlo) actividad específica ninguna, sino que deja en libertad a todo el mundo para que encare la acción lícita que prefiera sin interferencias del gobierno.

El interlocutor español al que refuté con estas respuestas confesó -al fin de cuentas- no ser experto en economía (por cierto, le agradecí su honestidad intelectual al hacerlo), al tiempo que le respondí que, me gustaría saber en qué “fuentes” o autores serios se basaba para lo que venía afirmando. Y me remitió a la Wikipedia (lo que le agradecí de todos modos) no sin aclararle que tal remisión no es suficiente (ni muy académico que digamos), ya que se trata tan sólo de una simple enciclopedia, que, para peor, se escribe en forma anónima y en la que cualquiera puede entrar, escribir, modificar, borrar, editar los artículos, etc. (lo que es tanto peor).

Por último, le agregué que, sería bueno que nos indicara que economistas había leído, sus nombres y apellidos, o -al menos- sus apellidos, como se titulan sus libros, ediciones, etc. …tanto como para tener alguna base o referencia válida. Lo que sería útil también para estar al corriente en qué y cómo fundamentaba sus dichos, tales como que “el keynesianismo no fue totalmente aplicado” (afirmación sorprendente, por cierto), cuando hasta los mismos economistas keynesianos aseveran lo contrario a lo que tan tajantemente decía. Pero, lamentablemente, nunca conseguí que me contestara.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Capitalismo, pobreza, riqueza, estatismo y controles

Por Gabriel Boragina Publicado  el 15/12/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/12/capitalismo-pobreza-riqueza-estatismo-y.html

 

Suele decirse que los países del primer mundo son capitalistas. Y que esos países serían los Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Alemania, Francia y algunos otros más.
Las economías -no obstante- de esos países no son “capitalistas” ni de “libre mercado”, sino que son “intervencionistas” en el mejor de los casos. Uno de los índices que lo muestra es el de PERN (Participación del Estado en la Renta Nacional). Este indicador trata de determinar a cuánto asciende la intervención del “estado” en el PBI de cada país. Es bueno para describir el grado de injerencia estatal en la economía. Si se analiza esta relación cuidadosamente, puede advertirse que la PERN es del orden del 45/50 % promedio en la mayoría de los países. En EEUU y otras naciones un poco más bajo, pero no tanto. Como se ve, nada de “capitalismo” ni “libre mercado” sino mucho de estatismo.
Intervencionismo, estatismo, dirigismo, populismo, etc. son términos contrarios al capitalismo. La mera existencia de impuestos (que como su nombre lo indica se cobran coactivamente) denota que el capitalismo no existe, sino en muy escasa medida en el mundo. Se podría expresar que, a mayor tasa de imposición fiscal menor tasa de capitalismo, habida cuenta que sin libertad no hay capitalismo y en el caso fiscal el único que goza de libertad es el fisco que es libre de cobrarlos o no, pero no goza de igual derecho el contribuyente que no es libre de pagarlos o no. La libertad que se otorga el burócrata a sí mismo para cobrar tributos es lo más contrario al capitalismo. Y la locución tan usada de “capitalismo de estado” no es más que un oxímoron. No hay capitalismo sin libertad, y donde la única libertad que existe es la del gobierno contra los gobernados allí no hay nada de capitalismo.
También se afirma que la pobreza de los pobres es causa de la riqueza de los ricos (y viceversa), tal como sostenía Montaigne en el siglo XV, quien así construyó su famoso dogma.
Los gobernantes -sin embargo- son los hombres más ricos del mundo siempre, porque son los únicos que pueden crear el dinero que necesitan “de la nada”. Ese es el objetivo -precisamente- de la “Casas de la Moneda” y de los bancos centrales, ambos (de más está decirlo) estatales. Perpetuamente son peligrosos porque, además de no tener moral, tienen todo el poder, lo que los hace más temibles aún.
Y en cuanto a los ricos que no forman parte de los gobiernos, o en apariencia no componen su estructura formal, cabe pensar que obtuvieron su patrimonio al amparo de leyes intervencionistas que atacando al libre mercado privilegian a unos empresarios a costa de otros empresarios. Muchas leyes actúan en ese sentido, creando monopolios, mercados cautivos y otras rigideces en la economía, que encumbra artificialmente a unos pseudoempresarios y destronan a los verdaderos emprendedores que buscan competir sin privilegios y ventajas. Difícilmente en países con legislaciones intervencionistas (la mayoría de hoy) podremos tener certeza de hasta qué punto las fortunas empresariales son consecuencia del libre juego de la oferta y la demanda y de la competencia de mercado. Donde no hay mercado, o donde el mercado está severamente ingerido, persistentemente cabrá la sospecha de capitales mal habidos.
Donde el mercado sea más libre que en otras partes, las ganancias de los empresarios serán consecuencia de su sometimiento a las leyes de la competencia libre (o más o menos libre), y allí nada cabrá reprocharles, porque sus lucros serán fruto de las libres decisiones de sus clientes y compradores eventuales, que los habrán preferido en lugar de sus competidores.
Podría darse el caso de un gobernante honesto que se abstenga de enriquecerse a costa de su pueblo. Pero dada que toda la legislación a nivel mundial esta armada de manera tal que sean los gobiernos los que controlen la emisión de dinero, cobren los impuestos, dirijan la producción, y dicten leyes que fijen precios (entre otras muchas restricciones) la tentación de echar mano a esos recursos perennemente será muy grande para el sujeto que eventualmente gobierne, ya que dispondrá continuamente de un poder enorme, que será muy difícil de controlarse o autocontrolarse. Basta que una ley habilite expoliar a un ciudadano (aunque se le dé visos de legalidad) para que la puerta del abuso estatal quede constantemente abierta, y sea discrecional para el poder de turno atravesarla o no.
Quizás, un presidente o líder honesto no se enriquezca porque dentro de sus normas morales está la de no robar. Pero ¿podría decirse lo mismo del resto de sus funcionarios? y, a niveles más bajos que el suyo ¿de los miles o más de burócratas que conforman la administración pública? ¿puede esperarse que un presidente o jefe de estado decente tenga el control y la vigilancia permanente de lo que hagan o no hagan -dentro o fuera de sus despachos- todos los funcionarios que jerárquicamente dependan de él? La respuesta es que es humanamente imposible esperar eso de una sola persona.
No hablo, por supuesto de los casos donde los jefes de estado son notoriamente partícipes o autores de ilícitos que son tan explícitos que están a la vista de todo el mundo. Tal por ejemplo el caso del matrimonio Kirchner en Argentina.
Por eso, no es cierto que el liberalismo aspira a una sociedad sin controles. Hay que diferenciar las cosas. La sociedad necesita -desde luego- controles, y esos vienen dados por las leyes, que en el marco de un orden constitucional republicano han de respetar los derechos individuales de todos por igual, lo que se llama igualdad ante la ley. Este control de tipo legislativo es el que se da la propia sociedad civilizada para garantizar -precisamente- su carácter de tal y, especialmente, el de civilizada. Sin este tipo de controles ninguna libertad de mercado resulta viable ni posible.
La economía de mercado tiene sus propios controles. Y sólo puede existir bajo el imperio de la ley. Sin ley no hay mercado y sin mercado no hay ley. Son dos caras de la misma moneda. Claro que no cualquier ley, sino leyes que respeten los derechos individuales y la propiedad privada de las personas.
Nuestras actuales economías no son de mercado, porque el que abusa del mercado es el gobernante y no al revés. Y el mercado no tiene secretos ni e entelequias, es simplemente la gente como el lector y yo.

 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

La gran conspiración

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 20/12/17 en: https://www.actuall.com/criterio/economia/la-gran-conspiracion/

 

La corrección política clama por más intervencionismo en favor de los pobres, y ratifica que en realidad conspira contra ellos.

Tío Gilito, el personaje animado más rico del mundo.

Se nos dice que los sistemas tributarios progresivos castigan a los ricos y benefician a los pobres. Sin embargo, la progresividad no castiga especialmente a los ricos. De hecho, no podría recaudar Hacienda lo que recauda si se concentrara sólo en los millonarios.

Mucho antes de que usted llegue a ser una persona millonaria, Hacienda le obligará a pagar el tipo máximo del IRPF. Más allá de 60.000 euros por año la imposición es proporcional. Muy alta, sin duda, por el marginal del 45 %, pero proporcional. En cambio, el castigo fiscal progresivo lo padece la multitud que gana menos de esa cifra.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Así, la progresividad se descarga con la máxima opresión sobre la llamada clase media. Es decir, las víctimas son quienes quieren dejar de ser pobres.

El gasto público, asimismo, conspira contra los pobres, por el problema de los incentivos y también por su propio coste

El gasto público, asimismo, conspira contra los pobres, por el problema de los incentivos y también por su propio coste. No me refiero sólo al despilfarro de dicho gasto, al dispendio, a la corrupción, y a onerosos capítulos que no tienen nada que ver con el bienestar de los pobres, sino que obedecen a razones y presiones políticas de toda suerte.

Me refiero al coste de las prestaciones que sí son redistributivas, pero que en realidad obligan a la mayoría de los ciudadanos a pagar más por unos servicios a los que podrían acceder a un precio menor si no estuvieran trufados de políticos, burócratas y grupos de presión empresariales y sindicales.

También se nos dice que la política económica expansiva beneficia a los pobres. Y también es falso, por dos razones. En primer lugar, porque toda política fiscal expansiva equivale a subir los impuestos, que ya hemos visto que hostigan a la clase media.

La política monetaria expansiva enriquece a los ricos y empobrece a los pobres: premia a las grandes empresas, y especialmente a los Estados

Y, en segundo lugar, la política monetaria expansiva enriquece a los ricos y empobrece a los pobres: premia a las grandes empresas, y especialmente a los Estados, que consiguen crédito barato para cualquier cosa, pero no a las pequeñas y medianas empresas; los especuladores lo tendrán más fácil que los inversores. Si acaso, esa política entrampará a los pobres en burbujas, como la inmobiliaria.

Y para colmo, cuando los más pobres tienen sus escasos ahorros en efectivo y depósitos bancarios, no sólo los crujen con tipos de interés bajos, sino que los listos de Harvard proponen ahora acabar con el dinero en efectivo para poder imponer tipos negativos…

En fin, por donde usted quiera verá intervenciones y regulaciones que perjudican a los pobres, pretendiendo beneficiarlos, y a veces ni siquiera.

Ahora que los coches han dejado de ser un lujo y son accesibles para millones de modestos ciudadanos, ahora se lanzan campañas contra los coches, se persigue a los automovilistas y las elites políticas, burocráticas y ecologistas quieren obligar a todos a ir en bicicleta.

O a comprarse coches eléctricos, más caros que los otros, y que pretenden que sean los únicos que circulen en las ciudades, forzando a la gente corriente a dejar sus coches en las afueras.

Ahora que los pobres pueden comer manjares otrora reservados a los acaudalados, son bombardeados por la siniestra Organización Mundial de la Salud para que no prueben ni el vino ni el jamón.

Ahora que por fin el turismo deja de ser una aventura para opulentos, ahora los biempensantes quieren limitar el turismo, y hasta insultan a los turistas. Naturalmente, si la gente normal quiere alquilar sus casas a los turistas, o meterse a trabajar en Cabify o Uber,será incesantemente perseguida.

Y ahora, cuando tener una segunda vivienda no es un privilegio exclusivo de ínfimas minorías, ahora cuando las personas corrientes pueden comprarse un piso con vistas al mar, ahora les pondrán los ecologistas progresistas toda clase de trabas.

Muchos, en fin, se rasgan las vestiduras en favor de los pobres y no hacen más que fastidiarlos. Ya habló Nuestro Señor Jesucristo de los sepulcros blanqueados (Mt 23:27).

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.