Razones para el Brexit

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 17/8/19 en:  http://www.elojodigital.com/contenido/17752-razones-para-el-brexit

 

El Brexit está rodeado de equívocos, empezando por el que afectó a las propias autoridades británicas, cuyas autoridades convocaron un referéndum en 2016, convencidas de que el pueblo respaldaría la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, y el 52 % de los votantes la rechazaron.

El equívoco siguiente consistió en sostener que esas personas que votaron en favor del Brexit no tenían buenas razones para hacerlo. Lo habían hecho animadas solo por ignorancia, engaño, antiliberalismo, fanatismo, racismo, nacionalismo aislacionista, xenofobia, etc.

Prácticamente nadie levantó la mano para matizar dicho consenso. Ni siquiera llamó la atención la coincidencia de la corrección política, que nunca reconoce que el pueblo puede hacer lo contrario de lo que prescriben los medios de comunicación, y a la vez acertar. Al ser eso imposible, la verdad oficial fue que los británicos no tenían buenas razones para votar el Brexit, como tampoco las tenían los norteamericanos para votar a Trump, o los brasileños para hacer lo propio con Bolsonaro, etc.

El paternalismo presente en esta posición es el acostumbrado en la izquierda, que siempre desconfía de la gente que no es fiel a sus consignas. Y es una posición endeble, puesto que sí hay razones para el Brexit que no caen dentro de los motivos estúpidos o siniestros que suelen atribuírsele.

Es razonable recelar del intervencionismo de los políticos y los burócratas de Bruselas, que en su mayoría son partidarios de subirle los impuestos a la gente, y de recortar sus derechos y libertades, por ejemplo, en nombre del medio ambiente. No son buenas las cesiones de soberanía si comportan más poder para quebrantar nuestros derechos. Está justificado el temor ante la generalización a escala europea de la regla de la mayoría para aprobar nuevos impuestos en la UE. Si el Estado de bienestar estableció a escala nacional en Europa la mayor presión fiscal del mundo, ¿sucederá algo distinto con un futuro Estado de bienestar europeo?

Por fin, otro equívoco tiene que ver con el catastrofismo ante el Brexit. Nadie admite que pueda salir bien. Y, sin embargo, esa opción no es descartable, si los británicos se van, pero se abren al mundo, y los políticos europeos deciden fastidiar menos a sus súbditos —no vaya a ser que se quieran marchar, y no solo por las malas razones.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Antigua propaganda antiliberal

Por Carlos Rodríguez Braun . Publicado el 18/10/12 en http://www.carlosrodriguezbraun.com/wp-content/uploads/2012/10/pagina_1810201290730.html

La editorial sevillana Alfar reunió hace poco en un mismo volumen dos breves e interesantes clásicos del antiliberalismo: “El mercado”, que el autor socialista estadounidense Edward Bellamy publicó en 1897, y “Miseria de los zapatos”, del mucho más célebre escritor británico H. G. Wells, que apareció en 1907.

“El mercado” es una parábola engañosa desde el principio: los malos son los que tienen, que subordinan a los que no tienen, la vieja patraña de que propiedad equivale a dominación. El intercambio solo existe como una suma cero. A partir de ahí, todo es coser y cantar, claro. Entre acusaciones a la ciencia lúgubre (e incluso una alusión a Jevons con las manchas solares), se suceden las caricaturas de los infames capitalistas, el odio a la caridad, y la asociación entre capitalismo y esclavitud, precisamente abolida bajo el capitalismo. El socialismo es un paraíso igualitario: el fruto del trabajo “lo repartiréis como hermanos, recibiendo cada uno lo mismo”. El poder será electo y abnegado, y los políticos no serán amos crueles como los empresarios, “sino nuestros hermanos y nuestros mandatarios para hacer nuestra voluntad”. Y no serán usurpadores sino modestos cooperativistas: “No se quedarán con los beneficios, sino que recibirán su parte como los demás”. En fin, al menos estos hombres escribieron antes de que el socialismo mostrara en la realidad que es empobrecedor y criminal. Muchos, en cambio, escribieron después, y lo ignoraron.

El relato de H. G. Wells es más sutil. Apela al engaño de la educación y a la culpa de las personas porque otros están peor (Adam Smith desmontó esta hipocresía en “La teoría de los sentimientos morales”). Hay pobreza por culpa de “un mundo mal gobernado… mal repartido”. No reclama la absurda igualdad absoluta sino una mejoría de los pobres. El obstáculo ante una meta tan inobjetable, como siempre, estriba en la propiedad privada y los beneficios de unos empresarios codiciosos que no se conforman con cobrar “un simple salario”. La culpa es de una minoría de propietarios “parásitos… sanguijuelas”, que son la “única causa” de la miseria, y su raíz es el lucro de los ricos, a los que hay que subir los impuestos. Vamos, parece el último libro de Stiglitz.

¿La solución? “Que el Estado tome el suelo, los ferrocarriles, los barcos y otras muchas empresas a sus empresarios que no las usan más que para usurpar al pueblo para sus estériles gastos privados, y deberían por el contrario administrar estas cosas generosa y esforzadamente, no para la ganancia sino para el servicio”.

Los izquierdistas no ocultaban entonces su elitismo y desprecio hacia los trabajadores, y Wells dice: “lo que me parece un obstáculo grande para el socialismo es la ignorancia, la falta de valor, la estúpida falta de imaginación de la gente pobre, demasiado tímida y demasiado vergonzosa y torpe, para considerar algún cambio que les salve”.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.