Los economistas no discuten la competencia entre monedas, cuando, en verdad, está entre nosotros

Por Martín Krause. Publicado el 30/6/15 en: http://bazar.ufm.edu/los-economistas-no-discuten-la-competencia-entre-monedas-cuando-en-verdad-esta-entre-nosotros/

 

En casi todos los países latinoamericanos circulan al menos dos monedas: la local y el dólar. Esto quiere decir que la competencia entre monedas no es un fenómeno tan extraño. Hayek discute esto en “Desnacionalización del Dinero”: Los economistas no han discutido la competencia entre monedas:

Hayek

“Increíblemente, la competencia entre distintas monedas no ha sido examinada en serio hasta hace muy poco. En las publicaciones relativas al tema no se cuestiona la creencia universal de que el monopolio del gobierno en orden a la emisión monetaria es indispensable, ni tampoco se explica si esta creencia se deriva simplemente del postulado según el cual en un territorio dado sólo puede haber un tipo de moneda en circulación —lo que podía parecer una ventaja cuando se trataba de elegir entre el oro y la plata como posibles tipos de dinero—. Tampoco encontramos respuesta a la pregunta de qué sucedería si se suprimiera el monopolio y si el suministro de dinero se realizara mediante la competencia entre entidades privadas que proporcionaran distintas divisas. La mayoría de la gente piensa que la propuesta de que el dinero lo emitan empresas privadas significa que todas deben emitir el mismo (en dinero fiduciario, token money, esto equivaldría simplemente a una falsificación) en lugar de distintos tipos de dinero claramente diferenciabas por diversas denominaciones y entre los cuales el púbico pudiera elegir libremente.

Aunque yo había llegado por mi cuenta a comprender las ventajas de que monedas independientes compitan entre sí, debo reconocer que, ignorado por mí hasta hace poco, el profesor Klein, en un folleto escrito en 1970 y publicado en 1975, exponía con claridad las principales ventajas de la competencia entre monedas.

Ventajas iniciales del monopolio estatal del dinero

Quizás cuando la economía monetaria se extendía lentamente a todas las regiones y uno de los principales problemas era enseñar a la gente a calcular en dinero (y de esto no hace tanto tiempo) se pudiera considerar conveniente tener un solo tipo de moneda fácilmente reconocible. Se puede argüir que dicho tipo uniforme y su uso exclusivo fue de gran utilidad para la comparación de precios y por tanto al objeto de ampliar la competencia y el mercado. Asimismo, cuando para determinar la autenticidad del dinero metálico era necesario emplear un difícil proceso de aquilatamiento y los particulares no tenían ni los medios ni la capacidad para hacerlo, pudo haber sido de utilidad (al objeto de garantizar la ley de las monedas) el sello de una autoridad generalmente reconocida que, fuera de los grandes centros comerciales, sólo podía ser el Estado.

Pero hoy en día estas ventajas iniciales, que pudieron servir de excusa para la apropiación por el Estado del derecho exclusivo de emitir dinero en metálico, no compensan las desventajas del sistema. Tiene los mismos defectos que todos los monopolios: es forzoso utilizar su producto aunque no sea satisfactorio, y, sobre todo, impiden el descubrimiento de métodos mejores de satisfacer necesidades, métodos que el monopolista no tiene ningún interés en buscar.

Si el público comprendiera el precio que paga en inflación periódica e inestabilidad por la conveniencia de utilizar un solo tipo de moneda en las transacciones normales y contemplara las ventajas de emplear varios, seguramente encontraría el precio excesivo. Tal comodidad es mucho menos importante que la de utilizar una moneda fidedigna que no trastorne periódicamente el flujo normal de la economía —oportunidad de la que el público ha sido privado por el monopolio gubernamental. Ahora bien, la gente nunca ha tenido ocasión de descubrir la alternativa. Los gobiernos siempre han alegado poderosos motivos para convencer a las gentes que el derecho de emitir moneda debía pertenecerles en exclusiva. A todos los efectos, mientras se trataba de la emisión de monedas de oro, cobre o plata, no importaba tanto como hoy en día, cuando conocemos la existencia de todo tipo de posibles monedas, incluido el papel, que el gobernante cada vez suministra peor y de las que puede abusar más que del dinero metálico.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

¿PARA QUE SIRVEN LOS ARANCELES?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Es por cierto increíble que después de más de tres siglos en los que a partir de Adam Smith se ha probado una y mil veces la inconveniencia mayúscula de los recargos y trabas aduaneras, parece mentira decimos que se siga porfiando en la introducción de aranceles.

 

Vamos a dividir nuestro análisis en diez puntos ya que el decálogo tiene buena prensa y al efecto de intentar hacer el asunto lo más didáctico posible.

 

  1. Todo arancel o tarifa aduanera significa mayor erogación por unidad de producto, es decir, de los siempre escasos recursos habrá que destinar un monto mayor para adquirir un bien o un servicio que puede comprarse más barato y de mejor calidad. Esto significa necesariamente que se reduce el nivel de vida de los habitantes del país cuyo gobierno procede a instalar las referidas trabas al comercio puesto que, como queda dicho, deben destinar una mayor porción del fruto de sus trabajos, a diferencia de lo que ocurriría si no existieran esas trabas en cuyo caso no solo podría adquirir el producto en cuestión sino que liberarían fondos adicionales para comprar otros bienes y servicios con lo que mejorarían su nivel de vida.

 

  1. Los nexos causales y principios que rigen en comercio dentro de las fronteras son los mismos que se aplican a relaciones comerciales entre personas y empresas ubicadas a distancias mayores y en otros países. Los ríos, las montañas, los mares y las fronteras -siempre consecuencia de acciones bélicas o accidentes geográficos- no modifican las verdades económicas.

En realidad, desde la perspectiva liberal, las fronteras son al solo efecto de evitar la concentración de poder que sucedería en el contexto de un gobierno universal, pero de allí a pretender valores para lo local y desvalores para lo foráneo constituye un despropósito superlativo ya que los beneficios comerciales y la cultura en general proviene de un mestizaje permanente de donaciones y entregas.

 

  1. Debe tenerse muy presente que, igual que los progresos tecnológicos, la eliminación de aranceles permite liberar recursos humanos y materiales para darles destino a nuevos bienes y servicios antes imposibles de concebir puesto que los recursos estaban esterilizados en áreas anteriores, mientras que la liberación arancelaria hace posible encarar otros proyectos que redundan en el estiramiento del stock de bienes y servicios. Y no cabe detenerse en las transiciones como se fueran excepcionales puesto que la vida es una transición permanente ya que cada persona en cada actividad intentará mejorar la productividad con lo cual invariablemente produce cambios y reubicaciones. El progreso es cambio, si se frena el cambio se frena el progreso que se traslada en incrementos en salarios e ingresos en términos reales que son el resultado exclusivo de las tasas de capitalización.

 

  1. No cabe aducir el reiterado argumento de “la industria incipiente” en el sentido de introducir aranceles mientras los empresarios se ejercitan en el ramo para no sufrir los embates de la competencia de quienes mejor fabrican el producto de que se trate (generalmente el argumento apunta a la competencia exterior pero el punto es igual si la mayora eficiencia aparece en el interior de las fronteras). Si fuera cierta la argumentación en el sentido que se necesita un período de entrenamiento antes de eliminar los aranceles, es el empresario en cuestión quien debe afrontar y financiar ese tiempo de ejercicio (con recursos propios o ajenos atraídos por el negocio de marras) y no endosar el peso fiscal sobre los hombros de los contribuyentes). Si no pueden financiar el proyecto y si nadie acepta invertir en esa idea, es porque el proyecto no es en verdad rentable luego de los períodos de aprendizaje o siendo rentable se considera que hay otros que resultan más atractivos, y como todo no puede hacerse al mismo tiempo con recursos escasos, debe dejarse de lado el proyecto.

 

5.En un mercado abierto el balance de pagos está siempre equilibrado aunque el balance comercial no lo esté puesto que lo que se importa es el resultado de lo que se exporta más los correspondientes movimientos de capital.

 

  1. Del mismo modo que el objetivo de las ventas son las compras, en el comercio internacional el objetivo de las exportaciones son las importaciones. Lo ideal para una persona es comprar y comprar lo que se necesita sin necesidad de vender bienes o servicios pero eso significaría que el resto está obsequiando sus productos lo cual no resulta posible. Lo mismo ocurre con los habitantes dentro de un país en relación con los ubicados en otros: no hay más remedio que exportar para poder importar o que ingresen capitales.

 

  1. El mercado cambiario opera como consecuencia de la oferta y la demanda. Cuando se exporta entran divisas que reducen su cotización con lo que se estimulan las importaciones y cuando se importa aumenta la cotización de la divisa lo cual, a su turno, estimula las exportaciones y así sucesivamente. Si no se cuenta con un mercado cambiario libre y se deciden “devaluaciones”, a saber, tipos de cambio decididos políticamente, inexorablemente se desajustan los brazos del sector externo con todos los efectos negativos del caso.

 

  1. Resulta del todo contraproducente el establecimiento de “políticas de represalia aduanera” puesto que si otro país incrementa sus recargos a la entrada de productos de nuestro país sería calamitoso duplicar los inconvenientes, es decir, “en represalia” introducir gravámenes aduaneros provenientes del país que inició la aplicación de trabas. En este caso no solo se perjudicarán los vendedores locales sino que también se perjudicarán los consumidores de ese mismo país que verán aumentar los precios de los productos procedentes del que primero estableció los aranceles.

 

  1. Se ha dicho que las integraciones regionales constituyen un primer paso para el comercio mundial libre pero es llamativo que, como decíamos al principio, después de más de tres siglos de debate todavía estemos en un primer paso que en verdad no es tal porque en la aplicación de los respectivos tratados (cuando se cumplen) se recurre a terminología que pone en evidencia la incomprensión del tema como cuando se alude a la “invasión” de productos extranjeros como si se tratara de una acción bélica en lugar de tratarse de la introducción de bienes y servicios más baratos y de mejor calidad, la “sustitución de importaciones” y otras sandeces que influyen en que en las aduanas los agentes correspondientes formulen a los transeúntes preguntas y requerimientos insolentes.

 

  1. Por último en esta secuencia telegráfica, es de interés señalar que la eliminación de trabas al comercio no debe ejecutarse de modo gradual sino de una vez puesto que no es aceptable que se aleguen “derechos” contra el derecho al efecto de continuar con las mal llamadas “protecciones” (desprotecciones para la gente, protecciones para empresarios prebendarios), del mismo modo y salvando las distancias que no tendría el menor sentido el haberles permitido a los administradores de los criminales hornos crematorios en la época nazi a que “gradualmente” fueran reduciendo esa faena horrorosa. Sin llegar a este extremo, la reducción gradual de trabas y perjuicios severos al bienestar de la gente mantiene la lesión al derecho de la población, pérdida que no resulta factible recuperar.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

“El futuro no es lo que solía ser” 7/7/15 En ESEADE: José Luis Cordeiro.

ESEADE

Why free-banking?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 29/6/15 en: http://soundmoneyproject.org/2015/06/why-free-banking/

 

The need for and convenience of a central bank are usually taken for granted. To say that a central bank is a good institution and, therefore, needed, is not enough. Unfortunately, the assumption that central banks are necessary seems to weigh more heavily than the facts that suggest otherwise.

Good and bad are relative terms. With respect to what then is a central bank good? Some might say to the absence of a central bank- or more specifically, to the presence of a free banking regime.

Historical records, however, show that free banking outperforms central banks in most, if not all, of the cases.

A free banking regime is such where the market for money and banking is free of specific regulation (save, of course, illegal activities such as the violation of third party property rights.) Let me be clear. The absence of a central bank is not equivalent to free banking. The absence of regulation is equivalent to free banking. This is why to think of the pre-Fed era in the United States as a case of free banking shows a superficial understanding of what an unregulated –free– market is.

The literature on free banking is vast. Let me just give a brief description and comment on a couple of illustrative historical cases. First, under free banking, each bank is free to issue their own convertible banknotes. Convertible to what? To whatever functions as base money in the economy. Historically, this has been gold, but this does not need to be the case. It could be, like Selgin describes in his Theory of Free Banking, that the Federal Reserve shuts down the FOMC and that the USD becomes the base money to which private convertible banknotes are convertible. Whether or not the USD will eventually be replaced by gold, silver, or any other asset is up to the market process to sort out.

Second, because all banknotes are convertible to the same base money, there is no multiplicity of units of account. Under this regime, there should be no fear of confusion about the multiplicity of prices. If today you travel to Hong Kong, Ireland, or Scotland, you’ll see a strong presence of private money in circulation, but you won’t see multiplicity of units of account. It could be said that the US banking system is not the most developed and flexible of the developed world. On the contrary, the heavy regulation imposed on this market suggests that lot of improvement is possible and needed.

Third, the stability of the system comes from banks competing with each other for deposits and therefore for base money. Surely, mathematical models showing how banking without central banks are instable can be developed. With the right assumptions, it is possible to shows anything in a mathematical model. Free banking shows a remarkably good performance, despite the claims that many academic models try to make.

Let me now comment on two examples that show that bank failures are not the same as bank runs. This would likely be the case under a fiat currency regime managed by central banks, but free banking works under a different regime and therefore with different incentives. The outcome is a different performance.

Consider first free banking in Scotland (1716 – 1844). In 1772 the “Ayr” bank collapsed, bringing other smaller banks down with it. As spectacular as the Ayr Bank failure might have been, the Scottish free banking system did not suffer a bank run. What happened? The Ayr Bank was doing what any efficient bank would not do: aggressively increasing the issue of their convertible banknotes. With the increase in circulation of convertible banknotes, the Ayr Bank started to lose reserves until it went bankrupt. What about the other small banks? These smaller banks were also doing what an efficient bank should not do. These small banks invested their reserves in the Ayr Bank. Why was there no bank run? Succinctly, because the reserves that the Ayr Bank was losing were being transferred to other more efficiently managed banks. This is the market outcome of over-expanding credit- no central authority is needed for this to take place. The result is an increase in the market share of efficient banks at the expense of inefficient banks. Isn’t that the outcome we want for any market- for efficient firms to displace inefficient firms?

The second case I want to mention is the economic crisis in Australia in 1890 under a free banking regime. Australia was under free banking between 1830 and 1959. The first thing to keep in mind is that the 1890 crisis in Australia was the result of Bank of England credit expansion being channeled to Australia. The result was a bubble in land prices (sound familiar?.) When this process of credit expansion is reverted (in part to the Baring Crisis that was born from Argentina’s default) some banks experience solvency problems, other did not. Those banks that saw the bubble and adjusted their portfolios where ready to buy the portfolio of the failing banks that did not see the crisis coming (again, sound familiar?)

Namely, the crisis was ready to be reverted. But the U.K. government thought it knew better and made things worse (I can keep asking if it sounds familiar, but at this point the parallelism is quite obvious.) The government committed two important mistakes. First, it forced a bank holiday on banks that were in good standing and wanted to keep their doors open to their customers. The result? The market could not sort out which banks were solvent and which were not. Second, it allowed failed banks to re-open their doors free of their previous liabilities, but this generosity was not extended to efficient banks. The result was a bank run against efficient banks towards inefficient banks. It should be patent that this was not a free banking failure, but just another case of regulation failure in one of the more complex and delicate markets.

If one looks at historical facts, rather than just let be guided by pre-conceived ideas, the need and superiority of central banking next to alternative monetary regimes is thrown into serious doubt. Surely, free banking is long gone and gold, which was used as base money under these cases, is not money anymore.

Why then look at free banking? I can mention at least two reasons: (1) To do away with the almost ideological position that a central bank is needed. This position, or assumption, needs to be questioned rather than taken as fact if we want to come up with innovative alternatives to our monetary regime. (2) Even if the old free banking system based on gold standard is not feasible, it certainly helps us to come up with reform that can improve the status-quo.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

¿Quién fija los salarios en el capitalismo? Segun Mises no son los empresarios, son los consumidores

Por Martín Krause. Publicado el 29/6/15 en: http://bazar.ufm.edu/quien-fija-los-salarios-en-el-capitalismo-segun-mises-no-son-los-empresarios-son-los-consumidores/

 

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las estaremos considerando con los alumnos de la UBA en Derecho. Comienza con una exposición sobre el Capitalismo. Algunos párrafos:

Mises4

Los ataques contra el capitalismo – especialmente en lo que respecta al mayor nivel salarial – comienzan del falso supuesto que dichos salarios son en última instancia pagados por gente que es diferente de quienes están empleados en las fábricas. Es correcto para los economistas y los estudiantes de teorías económicas distinguir entre el trabajador y el consumidor y establecer una diferencia entre ellos. Pero el hecho es que cada consumidor debe, de una u otra manera, ganar el dinero que gasta, y la inmensa mayoría de los consumidores son precisamente las mismas personas que trabajan como empleados en las empresas que producen las cosas que ellos consumen.

El nivel de salarios – bajo el capitalismo – no está fijado por una clase de gente diferente de la clase de gente que gana los salarios; ellos son la misma gente. No es la empresa cinematográfica de Hollywood quien paga los salarios de una estrella del cine; es la gente que paga su entrada para ver las películas. Y no es el empresario de una pelea de boxeo quien paga las enormes sumas que demandan los boxeadores de cartel; es la gente que paga su boleto para ver la pelea. A través de la distinción entre empleador y empleado, una diferenciación se establece en la teoría económica, pero no hay una diferenciación en la vida real; en ésta, el empleador y el empleado son, en última instancia, una persona, la misma persona.

Hay gente en muchos países que considera muy injusto que un hombre, quien debe mantener una familia con varios hijos, reciba el mismo salario que un hombre quien solamente debe mantenerse a sí mismo. Pero la cuestión no es si el empleador debe tener una mayor responsabilidad por el tamaño de la familia de su trabajador. La pregunta que debemos hacernos en este caso es: ¿Está Ud. dispuesto – como un individuo – a pagar más por algo, por ejemplo, una hogaza de pan, si se le dice que el hombre que produjo este pan tiene seis hijos? La persona honesta ciertamente contestará por la negativa y dirá: ‘En principio sí, pero de hecho, si cuesta menos, mejor compraría el pan producido por un hombre sin hijos’ El hecho es que, si los compradores no le pagan al empleador lo suficiente para permitirle pagar a sus trabajadores, se tornará imposible para el empleador permanecer en el negocio.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Para los pesimistas: no seremos perfectos pero estamos viviendo el período más moral de la historia

Por Martín Krause. Publicado el 27/6/15 en: http://bazar.ufm.edu/para-los-pesimistas-no-seremos-perfectos-pero-estamos-viviendo-el-periodo-mas-moral-de-la-historia/

 

Michael Shermer es columnista mensual de la revista Scientific American, profesor adjunto en Claremont Graduate University y Chapman University y autor del libro recientemente publicado “The Moral Arc: How Science and Reason lead Humanity toward Truth, Justice and Freedom”. El Cato Policy Report publica algunos extractos: http://www.cato.org/policy-report/januaryfebruary-2015/science-reason-moral-progress

Para Shermer estamos viviendo el período más moral de la historia. Algunas de las mejoras que destaca son las siguientes, clasificadas por áreas:

“- Gobernanza: la expansión de la democracia liberal y el declive de teocracias y autocracias

  • Economía: derechos de propiedad más amplios y libertad para comerciar bienes y servicios con otros sin restricciones opresivas
  • Derechos: a la vida, la propiedad, el matrimonio, la reproducción, el voto, de expresión, de culto, de reunión, de protesta, de autonomía y la búsqueda de la felicidad
  • Prosperidad: la explosión de la riqueza y la creciente prosperidad de más gente en muchos lugares distintos, y la reducción de la pobreza ya que el porcentaje de pobres en el mundo es el más bajo de la historia de la humanidad
  • Salud y longevidad: más gente en más lugares vive más tiempo, y vidas más saludables que en cualquier otro momento del pasado.
  • Guerra: un menor porcentaje de la población muere como resultado de conflictos violentos hoy que en cualquier otro momento desde el origen de nuestra especie
  • Esclavitud: ha sido declarada ilegal en todo el mundo y se practica en unos pocos lugares bajo forma de esclavitud sexual y laboral, formas que se busca eliminar.
  • Homicidio: las tasas han caído abruptamente de 100 asesinatos por cada 100.000 habitantes en la Edad Media a menos de 1 en la actualidad, en los países industriales de Occidente; la probabilidad de morir violentamente es la más baja de la historia
  • Violaciones y ataques sexuales: tienden a reducirse, aunque son muy prevalentes. Son ilegales en todos los países de Occidente y perseguidos en forma creciente.
  • Control judicial: la tortura y la pena de muerte han sido casi universalmente derogadas por los estados, y donde todavía son legales, se usan menos frecuentemente.
  • Igualdad ante la justicia: los ciudadanos son tratados más igualmente bajo la ley que en cualquier otro momento de la historia
  • Civilidad: la gente es más amable, más civilizada, y menos violenta que en cualquier otro momento anterior.

Concluye:

“Por siglos, el atraso moral describía mejor a nuestra especie, y cientos de millones de personas sufrieron en consecuencia. Pero entonces algo sucedió hace unos 500 años, la Revolución Científica alumbró la Era de la Razón y el Iluminismo, y esto cambió todo. En lugar de adivinar la verdad de la autoridad de algún viejo libro sagrado o tratado filosófico, la gente comenzó a explorar el libro de la naturaleza por su cuenta. En lugar de sacrificios humanos para calmar la ira de los dioses del clima, los naturalistas midieron las temperaturas, la presión barométrica y los vientos para crear las ciencias meteorológicas. Y en lugar de una pequeña elite que mantenía el poder manteniendo como analfabetos a la mayor parte de la población, a través de la ciencia y la educación la gente pudo ver por sí misma el poder y la corrupción que los sometía y comenzaron a liberarse de esas cadenas y a demandar derechos.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Mercado indigno

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 21/6/15 en: http://www.libremercado.com/2015-06-21/carlos-rodriguez-braun-mercado-indigno-75986/

 

Francisco Caamaño, exministro de Justicia, nada menos, y catedrático de Derecho Constitucional, nada menos, escribió en El Periódico:

Desde la caída del Muro de Berlín, los teóricos del mercado vencen a los teóricos de la dignidad.

Hay más, pero empecemos por esta extraordinaria idea: el mercado vence a la dignidad. El mercado se define como la contratación voluntaria de los ciudadanos: si a usted le obligan a comprar o a vender, eso no es el mercado. Y don Francisco cree que el mercado, es decir, la libertad, es indigna. Más aún, sugiere que antes de la caída del Muro prevalecía la dignidad. Le parece digno un mundo que no había registrado aún la crisis del sistema más criminal que nunca haya sido perpetrado contra los trabajadores.

Constatada esta primera barbaridad, sigamos. “Europa está pensada para que Alemania siga haciendo coches”, dice, como si España, sin ir más lejos, no figurara entre los grandes fabricantes y exportadores de automóviles. El comercio libre estimula el crecimiento, admite el catedrático, “pero se desentiende de la cohesión social”, como si las personas libres que transaccionan en el mercado no tuvieran ninguna preocupación por la situación de los demás, lo que es un disparate, o como si la cohesión social se lograra quebrantando la libertad de los ciudadanos, lo que es otro disparate.

Sigue el exministro: “Europa fue capaz de crear un modelo social propio, el llamado Estado del Bienestar”. Asombrosa idea eurocéntrica, que ignora que el moderno Estado oneroso y redistribuidor existe en todo el mundo llamado desarrollado y en buena parte del resto, y ha sido promovido por toda suerte de gobiernos, incluyendo la dictadura franquista.

A continuación se alarma ante el tratado de libre comercio entre la UE y EEUU porque, anuncia, será el “adiós definitivo al Estado del Bienestar”. Lo que le preocupa mucho es que se abra la posibilidad de arbitrajes privados entre empresas y Estados si éstos violan derechos. Según él, eso sería catastrófico para Europa, cuyo éxito no dependió del comercio “sino del conjunto de valores y principios empleados para evitar que el libre comercio hiciese de la capacidad de consumo la medida de la dignidad humana”.

Siempre he pensado que algunos desatinos son propios de mi gremio de los catedráticos, como el pensar que los arbitrajes son contrarios a la justicia, o que la prosperidad europea no se debió al comercio, o que alguien alguna vez sostuvo que la dignidad del ser humano depende de lo que consume.

Por fin, en todo este delirio antiliberal sobresale la idea de que el Estado se reduce o se va a reducir apreciablemente: “El libre comercio gana y el Estado providencia se privatiza y acentúa las desigualdades”. Nada de esto tiene el más remoto parecido con la realidad: el Estado no se ha reducido apreciablemente en ninguna parte del mundo, y menos aún en España. Y nada indica que lo vaya a hacer en el futuro. Y si hay una desigualdad que efectivamente se ha acentuado es una que al señor Caamaño no le preocupa en absoluto: la desigualdad entre el Estado y sus súbditos.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

¿QUÉ ES UNA IDEOLOGÍA?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 26/6/15 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2015/06/que-es-una-ideologia.html

 

De “El analogante de las ciencias”, en Derecho y Opinión (6), 1998, pp. 683-697.

“…Nos detendremos un poco más en el tema de la ideología.

Otra vez, aclaremos qué no estamos criticando. No nos estamos refiriendo a ideas sobre sistemas políticos que, con su carga de esencial opinabilidad, se consideran mejores para la convivencia humana, ni tampoco a valores ético-sociales básicos de la filosofía política, como el respeto al bien común, la limitación del poder, etc. Nos estamos refiriendo a lo siguiente.

En primer lugar, la ideología, más que contenidos concretos, es una actitud, la cual parte de una premisa fundante: existe el sistema social perfecto. No importa que sea posible o imposible, que de hecho exista o haya existido tal o cual sistema social “X”; lo importante -por eso decimos que es una actitud mental- es que se lo conciba como “perfecto”. El ideólogo anade a esto una premisa gnoseológica, que ha sido calificada como “racionalismo constructivista”[1]: es posible conocer perfectamente los medios que racionalmente conducen a ese ideal. Dadas estas dos premisas, hay otras dos características que emanan cual necesarias conclusiones: este sistema es la única opción moral posible, pues, si es perfecta, si con ella se elimina absolutamente todo margen de pobreza, de guerras, de ignorancia, cómo va a ser moralmente legítimo optar por otro sistema que deje margen para sufrimientos, que, aunque mínimos, pueden evitarse? Y la otra conclusión es: ese sistema es la última etapa de la historia. No en el sentido de que no pueda abandonarse el sistema, sino en el sentido de que un abandono tal sería un retroceso. Esto es, dado ese sistema, la humanidad no puede avanzar socialmente más. Por qué? Muy simple: porque ese sistema es elperfecto.[2]

A esto se agrega una quinta característica, pero no necesaria, sino basada en una conjetura dada la comprensión empática de la naturaleza humana: la tentación de violencia[3]. Esto es, puede ser posible un ideólogo tranquilo, sentado en su silla, contemplando este mundo espantoso al lado de la pureza del ideal que él considera posible, escribiendo, hablando y esperando pacíficamente que la humanidad “se convenza” de sus enseñanzas. Pero es difícil. Si todo sufrimiento puede eliminarse así, de un día para el otro, con la implantación del orden social perfecto… Por qué esperar? No es acaso una violencia injustificada la ignorancia de los dirigentes que tanto sufrimiento ocasionan a nuestros semejantes? No claman a la justicia los gritos de los pueblos sometidos a las torturas de la imperfección? Cuanto más inteligente y bueno sea nuestro ideólogo, peor. Pues si ha estudiado las condiciones para la guerra justa que vienen ya desde la escolástica, entonces, la revolución armada contra la violencia de la imperfección puede ser entendida como una legítima defensa cuyo momento está por llegar de un momento a otro…

Por supuesto que hay ideologías que colocan a la violencia como una etapa necesaria de su visión del mundo. Así fueron el marxismo-leninismo y el nazi-fascismo. Pero colocamos a esta quinta característica como no necesaria porque todo puede ser ideologizado. Si alguien supone que la democracia constitucional es el sistema social perfecto (lo cual es un error: es bueno, mas no perfecto), entonces…

Analicemos por un momento los posibles orígenes de la primera y segunda premisas. Habitualmente es una metafísica racionalista muy bien hecha, como el materialismo dialéctico que inspiró al marxismo leninismo. Esas metafísicas tienen filosofías de la historia que pretenden conocer las etapas necesarias de la historia humana; de allí la negación del libre albedrío, la justificación de todo aquello que lleva la etapa final y la pretensión de imposibilidad de juzgar desde fuera alguna de esas etapas -nadie puede estar fuera del proceso necesario; quien pretende estarlo, criticando a la ideología en cuestión, es un antirrevolucionario (y, consiguientemente, un enemigo de la humanidad).

Por supuesto, esta última característica es acompañada por otra que puede estar después de la cuarta y antes de esta. Se desprende necesariamente de las primeras cuatro. Es la cerrazón absoluta a la crítica. El ideólogo no dia-loga; monologa. La crítica metódica de la cual hemos hablado está coherentemente excluida, pues, si existe el sistema social perfecto y se conocen perfectamente los medios que conducen a él, ninguna crítica puede agregar algo al sistema. A lo sumo, un ideólogo pacífico, tipo ideal[4]difícil pero posible, puede someterse a la crítica metódica para ver si puede mejorar sus medios argumentativos y retóricos de difusión de su ideología, pero no como algo que verdaderamente agregue algún aspecto de la realidad que él desconocía. Por supuesto, volvemos a conjeturar que, psicológicamente, del monólogo permanente a la violencia física (pues el monólogo es una violencia lingüística) hay un paso muy tenue, muy sutil, muy próximo.

La hermenéutica del mundo, para el ideólogo, es muy singular. Para él no hay negro, gris y blanco. Hay negro y blanco. Esto es: el no ideologizado es capaz de ver al mundo como un gris, y ese gris es ya un éxito frente al negro de las guerras y las miserias absolutas. Sabe que el blanco es imposible y que los intentos de lograrlo conducen al negro. Por eso sus propuestas son más bien medidas concretas para mejorar tal o cual aspecto[5], y no propuestas globales de perfección.

El ideólogo, en cambio, ve al mundo, que en realidad es gris, como un negro permanente al lado del posible y alcanzable blanco que propone. Esto es: lo que para el no ideologizado es soportable porque es el bien social posible, al lado de lo imposible, para el ideologizado ese bien es insoportable, un negro total, al lado de lo perfecto, lo blanco, perfectamente realizable.

Otra fuente importantísima de las ideologías es el clericalismo, actitud que puede darse en cualquier religión. Esto es, la creencia de que Dios ha revelado cuál es ese sistema social perfecto, y que es nuestro deber, por ende, seguir esa revelación. Esta fuente es particularmente peligrosa por cuando el ideólogo se siente aún más tentado a utilizar la violencia y a justificarla, si es necesario, como un profeta -armado hasta los dientes- de las iras de Dios ante este mundo pecador.

En el cristianismo, esto constituye en error terrible[6]. Jesucristo ha redimido a cada corazón; esa redención tiene efectos temporales, pero abiertos a una pluralidad de opciones todas legítimas en tanto no contradigan lo esencial del mensaje revelado[7]. Jesucristo no ha revelado cuál es el mejor régimen político, por más que los diversos integrismos cristianos, de izquierda o de derecha, pretendan lo contrario. Ha dejado a ese tema a la libre opinión de los hombres[8]. Sobre todo, hay un concepto aquí que el ideólogo-religioso no logra aceptar: la tolerancia, en función de un bien mayor[9], y la tolerancia cuando ese bien mayor es el respeto a la conciencia[10]. Este último punto es especialmente relevante. No sería mejor un mundo sin el pecado que la libertad religiosa produce? No, sería peor. Porque la libertad religiosa no produce el pecado: lo hace más visible y sincero. Y un mundo donde los hombres pecan en su corazón y ocultan la manifestación externa del pecado por el temor servil a la imposición de una fe por la fuerza es un mundo falso, hipócrita y explosivo[11]. La verdad nos hará libres, sí, y la libertad nos hará verdaderos.

El no-ideologizado no carece de ideales políticos; simplemente, los considera buenos, perfectibles, opinables en cierta medida, no perfectos. Esa es la esencial distinción. No es cuestión de contraponer el idealismo ético de las utopías contra cierto “pragmatismo”, “realismo” (en el mal sentido del término) de quienes se oponen intelectual y vitalmente a ciertas utopías. Ese es un recurso dialéctico muy útil especialmente caro a ciertas utopías violentas que han perdido gran parte del dominio del planeta. Es asunto es esencialmente al revés. La crítica a las utopías desarrollada por Karl Popper, por ejemplo, su defensa de la no-violencia y la responsabilidad social del intelectual[12]están basadas en una ética muy profunda. La ética del diálogo, de la tolerancia, del respeto al disidente[13], donde aflora la perfección de la debida tolerancia a lo imperfecto.

Ahora bien: todo lo dicho hasta ahora sería absolutamente insuficiente si olvidáramos un tema central: por qué las dos primeras premisas de la actitud ideológica son erróneas? Por qué no puede existir un sistema social perfecto y no pueden conocerse perfectamente los medios que a él conducen? Porque la naturaleza humana es imperfecta, y el conocimiento humano, limitado.

La naturaleza humana es imperfecta, no en el sentido de su esencia, que en cuanto tal, ontológicamente, tiene todo lo que la esencia humana requiere, ni tampoco en el sentido del libre albedrío, que es una perfección[14]. Es imperfecta por cierta tendencia al mal moral, reconocida de modo natural sobre todo por los miembros de la escuela escocesa de pensamiento político[15]y de modo sobrenatural por la revelación cristiana sobre el pecado original. A la razonable objeción sistémica de que la naturaleza de cada individuo puede ser imperfecta pero el sistema social, en cuanto sistema, no, se contesta con la segunda parte de nuestra respuesta: el conocimiento humano es limitado. Pretender elaborar y conocer un sistema que haya incorporado todas las imperfecciones humanas y carezca, en cuanto sistema, de todo margen de contingencia y posibilidad de falla, es una pretensión del racionalismo constructivista que en cuando tal no es compatible con el conocimiento limitado de la esencia de las cosas; sistemas inclusive. Por supuesto, es obvio que los sistemas están para absorber y evitar imperfecciones que de otro modo saldrían a la luz. El sistema político de la primera república norteamericana,en nuestra opinión, fue un ejemplo de una absorción sistémica de una imperfección humana. En efecto, el sistema partía de que la naturaleza humana tiende al abuso del poder, y por ende lo limitaba con un sistema constitucional. El asunto es, nuevamente, si esa absorción sistémica puede ser perfecta. Y, otra vez, la respuesta es no. No hay sistema humano que logre ponerse por encima de lo humano.

Lo único que, precisamente por ser sobre-humano, pero no antihumano, y por ende puede reclamar perfección, es el amor a Dios movido por su Gracia. Y eso, llevado a su plenitud, es la santidad. Y por eso, no es casual que sean santificadas personas y no sistemas. “Sed perfectos, como mi Padre es perfecto”: no fue un mandato destinado a un determinado sistema social, sino la exigencia más íntima que duerme en cada corazón humano, y que, una vez despertada, rechaza, como parte de su santidad, toda forma de violencia, física, lingüística, actitudinal, presentando al amor, y sólo a éste, como lenguaje de la verdad.

 

[1] Hayek, F.: “Los errores del constructivismo” [1970], en el libro Nuevos estudios en filosofía, política, economía e historia de las ideas; Eudeba, Buenos Aires, 1981.

[2] Estas cuatro características, más la quinta que vamos a explicar ahora, no han sido expuestas en ese orden por ningún autor que nosotros conozcamos; sin embargo, nada de eso hubiéramos podido haber sistematizado sin las fuentes inspiradoras de Popper, K.: “Utopía y violencia” [1947], en el libro Conjeturas y refutaciones, Paidós, Barcelona, 1983, y Spaemann, R.: Crítica de las utopías políticas; Eunsa, Pamplona, 1980.

[3]Ver Popper, op. cit.

[4] En sentido weberiano.

[5] Popper, K., op. Cit.

[6] Ver Spaemann, R., op. Cit., cap. IV.

[7] Ver Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, cap. III, punto 43.

[8] Ver León XIII, “Cum multa’’ [1882], en Doctrina Pontificia, t. II, Bac, Madrid, 1958, p. 132; “Inmortale Dei”, op. Cit., p. 218; “Sapientiae christianae”, op. Cit., p. 282; Pío XII, “Grazie”, op. Cit., p. 821.

[9] Sto. Tomás, I-II, Q. 96, a. 2, c.; I-II, Q. 95, a. 2, ad 3; Pío XII, “Comunidad internacional y tolerancia” [1953], en Doctrina Pontificia, op. Cit., p. 1008. Sobre el tema de la opinabilidad esencial de los sistemas políticos, nos hemos explayado con detalle en “La temporalización dela Fe”, en Cristianismo, sociedad libre y opción por los pobres, VVAA, Centro de Estudios Públicos, Santiago de Chile, 1988. Obsérvese que estamos citando para estos temas a quienes algunos integristas citan para sus fines: Sto. Tomás, León XIII y Pío XII.

[10] Ver declaración sobre la libertad religiosa, Dignitatis humanae, del Concilio Vaticano II. Sobre la supuesta contradicción del magisterio del Vaticano II en este tema y el magisterio anterior, ver nuestro artículo “Reflexiones sobre la encíclica ‘Libertas’”, en El Derecho, (7090), 1988.

[11] Qué ocurre habitualmente en las sociedades que tienen una transición de regímenes autoritario-religiosos a regímenes democráticos con distinción entre Iglesia y estado? No hay una especie de “explosión” de “malas costumbres”? Los integristas, habitualmente, la atribuyen al régimen recién instalado. Cometen un error: el régimen recién instalado no hace más que dejar ver los terribles efectos del pecado original, que habían tratado de ser inútilmente ocultados por la tapa de la olla de un ingenuo autoritarismo. Es más: ese corazón humano no se oculta, sino que se enardece más ante el poder del autoritarismo. La redención de Cristo nada tiene que ver con la policía y las cárceles, ingenuos, inútiles y irrisorios intentos de sustitución del poder Salvífico de la mirada de Cristo en la cruz. (Esta reflexión no se contrapone en absoluto con la “función educativa de la ley humana positiva”).

[12] Popper, K.: Tolerancia y responsabilidad intelectual, op. Cit.

[13] Ver Artigas, M.: Lógica y ética en Karl Popper, op. Cit.

[14] Sto. Tomás, Suma Contra Gentiles; Bac, Madrid, 1967, t. II, libro III, cap. 73.

[15] Ver Gallo, E.: “La tradición del orden social espontáneo: Adam Ferguson, David Hume y Adam Smith”, en Libertas (6), 1987; y, del mismo autor, “La Ilustración Escocesa”, en Estudios Públicos (30), 1988.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Inflación, poder adquisitivo y nivel de precios

Por Gabriel Boragina. Publicado el 27/6/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/06/inflacion-poder-adquisitivo-y-nivel-de.html

 

“Cuando rige el sistema de trueque, si el precio de una docena de huevos es de un kilogramo de manteca, el poder adquisitivo de una docena de huevos será, inter alía, de un kilogramo de manteca. El poder adquisitivo de una docena de huevos será también una décima parte de un sombrero, etcétera. A la inversa, el poder adquisitivo de la manteca equivale a su precio en términos de huevos; en este caso, el poder adquisitivo de medio kilogramo de manteca es media docena de huevos. Después de la aparición del dinero, el poder adquisitivo de una docena de huevos es igual a su precio monetario, que en nuestro ejemplo es un dólar. El poder adquisitivo de medio kilogramo de manteca será cincuenta centavos de dólar, el de un sombrero diez dólares, etcétera. “[1]

Los debates sobre la inflación, que se han puesto de moda nuevamente en virtud de las altas tasas inflacionarias existentes sobre todo en los países latinoamericanos, suelen centrarse en un aspecto que -en el fondo- resulta irrelevante y que es el del aumento de los denominados “índices generales de precios”, soslayando de esta manera el verdadero problema que representa la inflación, y que consiste en el paulatino o acelerado deterioro del poder adquisitivo del dinero, explicado este último concepto de manera clara por el formidable profesor Rothbard. Lo determinante del proceso inflacionario es que descalabra el precio de cada unidad monetaria, lo que genera -del lado inverso- aquel efecto al que se le llama aumento de precios. En rigor, lo que exactamente sucede es que la inflación ocasiona la baja del precio del dinero. Es por esto que decimos que la inflación consiste en un fenómeno enteramente monetario, y no debido a otro tipo de causas. Porque la emisión que es su origen y que en un contexto de curso forzoso y legal repercute sobre el precio del dinero en forma directa y principal, sólo secundaria pero inexorablemente lo hace en el precio de los demás bienes y servicios.

“¿Cuál es, entonces, el poder adquisitivo, o el precio, de un dólar? Será una vasta gama de todos los bienes y servicios que pueden adquirirse con un dólar, es decir, de todos los bienes y servicios existentes en la economía. En nuestro ejemplo, podríamos decir que el poder adquisitivo de un dólar es igual a una docena de huevos, o a un kilogramo de manteca, o a una décima parte de un sombrero, etcétera. En suma, el precio o poder adquisitivo de la unidad monetaria será una gama de las cantidades de bienes y servicios alternativos que pueden adquirirse con un dólar. Dado que esta gama es heterogénea y específica, no puede resumirse en alguna cifra de nivel de precios unitaria.”[2]

La explicación demuestra la inutilidad de la pretensión de tratar de unificar las diferentes variaciones de precios en relación a un precio o índice común a todos ellos. Lo que en otras palabras nos dice la cita es que no hay un solo poder adquisitivo para el dólar (o la moneda que fuere en cada país) sino que habrá tantos poderes adquisitivos diferentes para una moneda específica de acuerdo a las diferentes valoraciones que las partes contratantes otorguen a dos tipos de bienes diferentes, a saber: por un lado, la moneda que será medio de intercambio, y por el lado siguiente, al bien o servicio que será el objeto de intercambio final. De este entrecruzamiento de valores (que también será diferente de conformidad a las particulares subjetividades de las partes contratantes) saldrá como resultado el verdadero poder adquisitivo de la moneda en cada caso particular. Es decir, el poder adquisitivo variará conforme a cuál sea la derivación de cada operación particular e individual de intercambio.

“Mises también pone de manifiesto la falacia del concepto de “nivel de precios” cuando analiza precisamente cómo aumentan los precios (es decir, disminuye el poder adquisitivo del dinero) en respuesta al incremento de la cantidad de dinero (suponiendo, desde luego, que los planes individuales de demanda de saldos en efectivo o, en términos más generales, las escalas de valores individuales permanecen constantes). En contraste con la hermética concepción económica neoclásica que separa el dinero y los niveles de precios de los precios relativos de los bienes y servicios individuales, Mises demostró que un incremento de la oferta monetaria influye de manera diferente en las distintas esferas del mercado, y con ello modifica inevitablemente los precios relativos. Supongamos, por ejemplo, que la oferta de dinero aumenta un 20 por ciento. El resultado no será, como da por sentado la economía clásica, un simple aumento general del 20 por ciento en todos los precios. Imaginemos, a título de suposición, el caso más favorable, que podríamos denominar el modelo del Arcángel Gabriel, según el cual el Arcángel Gabriel desciende de las alturas y de la noche a la mañana incrementa el saldo de caja de todo el mundo precisamente en un 20 por ciento. Ahora bien, no todos los precios aumentarán simplemente un 20 por ciento, porque cada individuo tiene una escala de valores diferente, un ordenamiento ordinal diferente de las utilidades, incluso las utilidades marginales relativas de los dólares y de todos los otros bienes de su escala de valores. A medida que aumenta el stock de dólares de cada persona, sus adquisiciones de bienes y servicios variarán de acuerdo con la nueva posición que éstos ocupan en su escala de valores respecto de los dólares. Por lo tanto, variará la estructura de la demanda, al igual que los precios relativos y los ingresos relativos de la producción, y se modificará también la composición de la gama de bienes y servicios que constituyen el poder adquisitivo del dólar.”[3]

Lo que constituye a nuestro juicio en la refutación más lúcida que se haya dado del concepto falaz de “nivel general de precios” o de “índice de precios” en el que insisten muchos economistas, y cuyo valor solamente puede ser estadístico o meramente académico.

[1] Murray N. Rothbard, “La teoría austriaca del dinero”, Revista Libertas Nº 13 (Octubre 1990) Instituto Universitario ESEADE, pág. 2-3

[2] Murray N. Rothbard idem nota anterior.

[3] Murray N. Rothbard, idem nota anterior.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Las adivinanzas sobre el futuro del dólar

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 26/6/15 en: http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=796524

 

Qué pasará con el dólar hasta la llegada del próximo Gobierno es pura adivinanza, porque no existe racionalidad en el mercado a partir de que el Gobierno ejecuta acciones contradictorias y en proporciones también imprevisibles. Como tuvo éxito, al llegar Vanoli al BCRA, en bajar el “blue” -mejor dicho, revaluar el peso-, cree que fue exitoso el envío de policías y gendarmes a la City, pero lo cierto es que el triunfo se debió a medidas paralelas contradictorias: cierta liberación en la entrega de dólar “ahorro”, aumentando la oferta.

Por el contrario, la represión desalentará a los oferentes de un dólar “blue”, cuya brecha con el “oficial” ya ronda el 50% y con una ganancia de alrededor del 8% en lo que va de junio. Para colmo de males, a mediados de julio vence el 60% de los plazos fijos -para mediados de agosto, el 75%- que en buena parte podrían volcarse al “blue” que ya no está planchado y cuyo retorno supera holgadamente el 25% anual de los plazos fijos. Para remate, el “efecto adiós Cristina” se ha compensado completamente con el “efecto Zannini” que tuvo resultados contundentes: las acciones que cotizan en el exterior bajaron hasta un 7%; y los bonos argentinos, alrededor del 2%.

El país no crece hace cuatro años, el dólar oficial está atrasado, lo que provoca, entre otras cosas, la caída de las exportaciones, y el déficit fiscal rondaría el 6% del PBI, pero aun en el escenario menos favorable, el monto de los vencimientos netos de deuda en dólares totaliza el 1,4% del PBI, una cifra manejable y que el próximo Gobierno podrá financiar sin inconvenientes. Con las decisiones que viene tomando Scioli -al menos hasta las PASO, luego veremos-, creo que el mercado está incorporando la idea de un dólar más alto para el próximo año, dado que no prevé cambios en la política en 2016.

Decía que el verdadero motivo del triunfo del Gobierno en la baja del “blue” -insisto, la revaluación del peso, en rigor- se debió al aumento en la venta de dólares “ahorro” y, también, a la moderación en la expansión monetaria. Sin embargo, típico de tiempos electorales, ambas acciones sufrieron modificaciones y la expansión monetaria aumenta mientras se reduce la venta de dólar “ahorro”. El Gobierno se lanzó a inyectar pesos para alentar el consumo. Según Bein y Asociados, durante estas semanas se inyectarían $ 118.580 millones entre jubilaciones, Plan Progresar, el aumento del 30% en la Asignación por Hijo y otros ítems.

Y la absorción de dinero vía títulos públicos va tocando su techo. El lunes, el Tesoro colocó bonos (Bonac) para financiar sus gastos corrientes por $ 5.103,5 millones. En lo que va del año, en seis veces, ya lleva colocados títulos por $ 29.513. Pero muchos bancos estarían comenzando a desalentar la captación de plazos fijos de grandes empresas para evitar terminar colocando los sobrantes en bonos públicos. Mientras que los plazos fijos privados crecen a un ritmo del 33%, la demanda de préstamos se mantiene en el 26,8%, quedando un excedente que se vuelca en títulos del BCRA -las Lebac- o se coloca ahora en las licitaciones cada vez mayores de Bonac.

Ahora, como el BCRA ya no puede endeudarse más, está tomando medidas para desalentar la compra de sus Lebac en favor de los Bonac. Pero no es lo mismo, advierten los operadores, ya que mientras que el Central nunca reestructuró, el Tesoro sí que lo hizo. En el mercado bursátil, de hecho, hay una clara preferencia por las Lebac antes que los bonos del Tesoro. Así, Letras por las que el BCRA paga una tasa del 27% anual en su licitación primaria en el mercado secundario se consiguen a un precio mayor que da como resultado una tasa anual inferior del 20%.

Además, los bancos podrían perder comprando bonos del Gobierno a un año al 27% si llegaran a subir las tasas del mercado, algo que históricamente ya ha sucedido frente a un ajuste cambiario. Aunque hoy pagan entre el 16% y 17% a grandes empresas por los plazos fijos, cuando sobrevino la devaluación de 2014 las tasas de interés pasaron de un día para el otro del 17% al 28% anual.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

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