La verdad sobre los subsidios energéticos en Argentina

Por Iván Carrino. Publicado el 11/8/16 en: http://www.ivancarrino.com/la-verdad-sobre-los-subsidios-energeticos-en-argentina/

 

Imaginemos a un padre que está tratando de educar a su hijo de aproximadamente 5 años. Una de las lecciones que intenta enseñarle es que no debe ser agresivo con sus compañeros del colegio.

Un día determinado, lo invitan a una reunión en el colegio, donde comenta los avatares de este proceso de enseñarle a su criatura dicha lección. Para su sorpresa, un grupo de padres le sugiere que no se haga mucho problema por ello, ya que todos los compañeros son agresivos. No sé bien qué pensará el lector al respecto, pero no parece del todo sensato que, porque un grupo de personas se comporte de manera equis, todos tengamos que comportarnos así o conformarnos con dicho comportamiento.

¿A qué viene todo esto? Principalmente, a que pocos días atrás se difundió un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) que muestra que la gran mayoría de los gobiernos del mundo destina importantes cantidades de dinero a subsidiar la energía en los países que administran. En términos de subsidios per cápita, nuestro país no estaría tan mal parado, ya que ocupa el puesto número 60 en una larga lista de naciones analizadas.

Obviamente, la relevancia de la difusión de este informe, que en realidad data de 2015, es criticar el intento del Gobierno por reducir estos gastos y el inevitable corolario de la suba en las tarifas que los consumidores pagan por la luz y el gas.

Ahora, la pregunta es si deberíamos tomar dicho ranking como válido, o como punto de referencia para nuestra problemática local. Mi respuesta es rotundamente negativa.

En primer lugar, porque uno de los principales focos en nuestro país está puesto en los subsidios a la energía eléctrica. Es decir, a que el Gobierno pague parte de lo que consumimos de luz en nuestras casas. Si uno mira ese mismo reporte del FMI, encontrará que entre los países avanzados (como Estados Unidos, Australia o Bélgica) casi ninguno destina un solo dólar a este tipo de subsidio.

Por otro lado, si nos comparamos con las economías avanzadas —y no con países que no deberíamos querer imitar, como Venezuela, Uzbekistán o Irán—, nos ubicamos en el quinto puesto a nivel mundial en términos de lo que subsidiamos la energía, siempre según los datos del FMI y en términos del PBI.

Ahora relacionando con el ejemplo del inicio, lo que no dicen quienes se encargaron de difundir este reporte es que la institución internacional hizo el análisis con el objetivo de concientizar a los países para que reduzcan inmediatamente este tipo de erogaciones públicas.

Para el FMI:

Eliminar los subsidios globales a la energía podría reducir las muertes relacionadas con las emisiones de combustibles fósiles en más del 50% […]. Las ganancias fiscales de eliminar los subsidios energéticos se estiman en 2,9 billones de dólares en 2015. Esto ofrece un enorme potencial para reducir otros impuestos y fortalecer la recaudación (…)

Las ganancias netas de la reforma, luego de reducir el costo que los mayores precios de la energía tendrían para los consumidores, derivadas de la ganancia fiscal y ambiental, se estima en 1,8 billones de dólares y podría ser mucho mayor si se utiliza para generar reducciones de impuestos que estimulen el crecimiento económico.

El problema fiscal es la clave en nuestro caso. El año pasado, el déficit ascendió a 370 mil millones de pesos, o 6,3% del PBI, mientras que los subsidios a la energía treparon al 2,9%, según datos de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (Asap) y el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). A su vez, estos subsidios han venido creciendo año a año, al igual que el desequilibrio de las cuentas públicas. Como resultado, hoy somos uno de los países con mayor inflación en el mundo y tenemos una carga tributaria insoportable.

2016.08.09_Subsidiosenergía

Así las cosas, la reducción de los subsidios energéticos fue la vía que eligió el Gobierno nacional para achicar el déficit y bajar ese impuesto no autorizado por el Congreso que es la inflación.

A modo de conclusión, mi pregunta para los que no quieren tocar este gasto es: ¿Qué proponen? ¿Qué otro rubro del gasto público aconsejan reducir? ¿Quieren eliminar Fútbol para Todos, los subsidios a la cultura, privatizar Aerolíneas Argentinas, o todo lo anterior junto? ¿Quieren emprender una reforma del Estado que implique, al menos en el corto plazo, mayor cantidad de empleados públicos buscando trabajo en el sector privado y, por tanto, engrosando las filas del desempleo? ¿Quieren explorar la posibilidad de ir a un sistema de jubilaciones privado?

¿O lo que en realidad proponen es que sigan vigentes las políticas del kirchnerismo, que financiaron una fiesta de gasto público con inflación, atraso y pobreza?

No es relevante si Estados Unidos, Trinidad y Tobago, o Arabia Saudita gastan más en términos per cápita en subsidios a la energía. Lo relevante es cómo se hace para achicar el déficit fiscal, bajar la inflación y así empezar a desactivar la bomba atómica económica que el kirchnerismo le dejó a su sucesor.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

EL MAGISTERIO PONTIFICIO Y SU DIFÍCIL EVOLUCIÓN HACIA LA INSTITUCIONALIDAD DEMOCRÁTICA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/8/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/08/el-magisterio-pontificio-y-su-dificil.html

 

ESE debería ser el título del libro Iglesia y Democracia del P. Gustavo Irrazábal (https://www.amazon.com/democracia-magisterio-universal-latinoamericano-Biblioteca-ebook/dp/B00WRPRAVI).

Porque a nadie llama la atención un título como “Iglesia y democracia”. ¿Cuál es el problema? Democracia, sí, claro.

Sí claro de ningún modo. Es increíble cuán rápido se olvida el pasado,  cuán fácil es carecer de conciencia histórica.

Hacia mediados del s. XIX, cuando el problema político de la Iglesia eran los estados pontificios versus el imperio napoleónico, cuando la línea moderada del liberalismo francés (Constant, Tocqueville, Montesquieu) había casi desaparecido bajo la influencia de Rousseau, cuando la evolución del liberalismo inglés era invisible tras el problema de “los malos anglicanos”, la reacción de la Iglesia contra “la democracia” fue frontal, casi inevitable. Ni qué hablar cuando Garibaldi derrotó al ejército del Papa (si: hace nada más que 146 años, los Papas tenían ejércitos). El “liberalismo” era entonces el pecado más horrible del mundo. Pío IX se atrincheró en San Pedro como prisionero del laico estado italiano y documentos como Quanta cura y el Syllabus parecían terminar para siempre cualquier diálogo posterior con el mundo moderno. La situación fue tan extrema que a los católicos italianos se les prohibió participar en la política italiana, prohibición que recién se levanta con el pontificado de Benedicto XV.

Las encíclicas de León XIII, que hoy serían vistas como muy autoritarias sin el lente de la conciencia histórica, fueron un progreso. Al menos reconocieron que la democracia como tal era una forma de gobierno “en sí misma” no condenable, y que los regímenes políticos democráticos debían ser distinguidos de las legislaciones anti-religiosas que en general los acompañaban en Europa. Hasta escribió una carta a los obispos norteamericanos, Longincua oceani, elogiando la situación de la Iglesia en los EEUU, al revés que en Europa. Se notaba allí la influencia de Mons. Dupanloup, tema casi desconocido en la actualidad.

Con San Pío X y con Benedicto XV la situación quedó en un impasse: ni mejoró ni retrocedió. Los católicos que quisieran seguir escupiendo a la democracia en nombre del magisterio pontificio lo siguieron haciendo tranquilamente, aunque los que abrevaban en los liberales católicos del s. XIX, una minoría insignificante en número (pero de plumas gloriosas como Lacordaire, Rosmini, Lord Acton, Ozanam, Montalerbert, Dupanloup), también encontraron algún apoyo en una interpretación más suave de algunos textos de León XIII.

Pío XI no ayudó demasiado, precisamente. Jamás desmintió las interpretaciones mussolinianas de su “orden corporativo profesional”, en su Quadragesimo anno, y su Quas primas no dejaba mucho lugar para la legítima autonomía de lo temporal.

Fue Pío XII el que dio un giro clave a la cuestión. Sumi pontificatus, Con sempre, Benignitas et humanitas, La constitución, ley fundamental del estado, Prensa católica y opinión pública, Comunidad internacional y tolerancia, fueron documentos que ya comenzaron a acompañar a las democracias cristianas de la post-guerra, a hablar de la sana laicidad del estado, a elogiar el constitucionalismo moderno, a hablar de la dignidad humana y derechos de la persona, y a acompañar a las libertades de culto proclamadas en constituciones modernas como opciones prudenciales de los estados en tanto una admisible tolerancia religiosa. Fue el único pontífice que nombró a los escolásticos de la Escuela de Salamanca. Incluso defendió a Jacques Maritain, el gran escritor de la democracia cristiana, ya en 1936, de una acusación de herejía que salió, cuándo no, de Argentina. No fue nada obvio. Tuvieron que pasar dos guerras mundiales, y tuvieron que clarificarse muchas cosas para que Pío XII pudiera comenzar a hablar de todo ello sin que Pío IX se levantara de su tumba y lo excomulgara.

Ya con Juan XXIII, cuya Pacem in terris parece un pequeño tratado de derecho constitucional, con el Vaticano II y con las posteriores intervenciones de Juan Pablo II, la legitimidad de la democracia constitucional, la sana laicidad del estado, la justa autonomía de lo temporal, el derecho a la libertad religiosa, y el reconocimiento a los procedimientos de la democracia deliberativa, comenzaron a ser temas casi no conflictivos. Excepto para el coherente Mons. Lefevbre, cuyo rechazo frontal a todo ello tuvo como motivo a una fiel interpretación de los aspectos más visibles de documentos del magisterio anterior,nudo gordiano que intentó solucionar Benedicto XVI en su impresionante documento sobre la hermenéutica de la continuidad y la reforma del Vaticano II, un documento crucial para toda la Iglesia, hoy olvidado y sumergido en el tsunami Francisco.

Pero no sólo eso: Gustavo Irrazábal se encarga de mostrar, con toda paciencia y calma, la casi imposibilidad de comprensión para las instituciones democráticas y republicanas, por parte de todos los documentos de las conferencias episcopales latinoamericanas, sumergidas en sus mundos de teología marxista de la liberación, primero, y luego en la teología del pueblo. Esta última, a pesar de sus méritos en los temas de religiosidad popular e inculturación cristiana de los pueblos pre-colombinos, no logra comprender la esencial diversidad cultural y religiosa de una república democrática, con su añoranza y firme fe en la unidad de un “pueblo católico” de cuyas entrañas surgirá la solución de los problemas temporales. También están analizados todos los documentos de las conferencias episcopales argentinas y sus dramáticas imposibilidades de comprensión de lo que es una república. Porque la república, gracias a Dios, huele a “liberalismo”, ese liberalismo que odiaron siempre, desde lo más íntimo de sus extrañas, más que al marxismo o al fascismo, con los cuales intentaron dialogar, por izquierda y por derecha, y así les fue, y así les va.

Todo esto es el libro de Gustavo Irrazábal. Su lectura es indispensable para cualquier católico que trate de entender algo del caos actual de la Iglesia, al menos en materia social.

 

Por lo tanto, ¿democracia?, no, nada fácil. Ahora bien, si la democracia ha sido tan difícil luego de la falta de distancia histórica de Gregorio XVI y Pío IX, imagínense el mercado. Desde el comienzo de la cuestión romana (Pío IX) hasta el Vaticano II pasaron 96 dramáticos años. Bastante rápido para los tiempos de la Iglesia. Para el tema del mercado libre aún no hemos pasado de 1931. La Centesimus annus fue enterrada, cremada y sus cenizas esparcidas al infierno. Calma, gente, es una buena noticia. El futuro llega, sobre la base de lo que escribamos HOY. Gracias Padre Irrazábal por escribir hoy.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El fiasco de la política fiscal expansiva

Por Iván Carrino. Publicado el 11/8/16 en: http://www.ivancarrino.com/el-fiasco-de-la-politica-fiscal-expansiva/

 

En el gobierno creen que la economía va a reactivarse una vez que pongan en marcha la parafernalia del gasto estatal. Una pena que no se haya aprendido la lección de Kicillof.

Un joven emprendedor estaba preocupado por sus finanzas personales. Tras meses de pensar y pensar, no encontraba la forma de incrementar sus ingresos, por lo que decidió buscar ayuda consultando a dos amigos economistas.

El primer profesional que visitó se identificaba con la corriente principal del pensamiento económico. Es decir, esa que de acuerdo con Peter Boettke abarca desde David Hume y Adam Smith y llega hasta F. A. Hayek y James Buchanan.

La conversación se dio de esta forma:

– Estimado amigo, me gustaría ganar $ 100 más por mes: ¿Qué me aconsejas?

– Bueno querido amigo, te recomiendo que ahorres un poco cada mes, y luego busques invertir ese ahorro en un proyecto productivo que le sirva a la gente. De esa manera vas a generar una rentabilidad que te permitirá ganar esos $ 100 que estás buscando.

Luego de visitar a su primer contacto, se dirigió al segundo. Su nuevo consejero también era economista, pero identificado con la corriente keynesiana. La charla fue la siguiente:

– Estimado amigo, me gustaría ganar $ 100 más por mes: ¿Qué me aconsejas?

– Muy fácil mi estimado, tienes que salir a gastar $ 100.

Desde el punto de vista keynesiano, el motor del crecimiento económico es el gasto público. Cuando el gobierno gasta, entonces genera ingresos para una parte de la economía, pero esta parte luego lo vuelca a otros sectores generando un “efecto multiplicador” que reactiva el consumo, la demanda agregada y el bienestar social. Para que el efecto multiplicador tenga un impacto verdadero, el gasto debe ser preferentemente deficitario. Así, el déficit público aparece como la receta perfecta para encender la economía cuando ésta se encuentra alicaída.

La tesis keynesiana está prendiendo en el gobierno. Recientemente en La Nación, el periodista Néstor Scibona escribía que, para cambiar las expectativas de la economía, el gobierno tenía pensada una batería de instrumentos. Entre ellos, el principal era una “política fiscal expansiva, basada en mayor ritmo de ejecución de obras públicas de carácter social y licitaciones de nuevos proyectos de infraestructura vial y ferroviaria (…) y el pago de juicios y/o mejora de haberes a más de 2 millones de jubilados de ingresos medios”.

Como se observa, luego de reconocer que el déficit era uno de los principales económicos a resolver y que las cuentas fiscales debían ordenarse para bajar la inflación, ahora el gobierno parece que se compromete a hacer precisamente lo contrario. Darle “bomba” al gasto público (e incumplir sus objetivos de déficit) con la ilusión de que así la economía vuelva a crecer.

El problema de este enfoque es que ya se aplicó y fue un estruendoso fracaso.

Durante la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, los ministros Lorenzino y Kicillof llevaron adelante una agresiva política fiscal. El déficit, que sin la contabilidad creativa ya ascendía a $AR 84.300 millones en 2012, se multiplicó por 4 en 2015, ascendiendo a $AR 370.000 millones o más del 6% del PBI.

El efecto de esta expansión del gasto deficitario del gobierno no fue el esperado por los keynesianos. Durante esos 4 años, la economía estuvo prácticamente estancada, creciendo al 0,3% promedio por año y reduciendo el producto per cápita de los argentinos. Por si esto fuera poco, el período estuvo signado por el aumento del nivel de pobreza.

Lo curioso del gobierno actual no es tanto que no haya aprendido la lección de “la era Kicillof”, sino que no escuche la opinión de los propios miembros de su equipo económico al respecto. En el año 2013, Federico Sturzenneger publicó un libro titulado “Yo no me quiero ir”. Allí explicaba por qué los aumentos del gasto público no reactivaban la economía:

Una manera de ver que el impacto (de aumentar el gasto público) puede no ser significativo, parte de entender que cuando el gobierno gasta, primero tiene que conseguir el financiamiento para ese gasto; es decir, tiene que cobrar impuestos o tomar la plata prestada. Pero esto implica que mientras gasta por un lado, le resta un poder de compra similar a quienes les está cobrando impuestos o de quienes está tomando deuda

Nada es gratis. Ni siquiera el déficit fiscal. Si el gobierno gasta y cobra impuestos, no hay un mayor gasto total. Si gasta con déficit, alguien tiene que financiar el déficit prestándole plata al tesoro. Si nadie lo hace, todavía queda la inflación, que no es otra cosa que la imposición de un nuevo impuesto que reduce la capacidad de consumo de la gente.

La idea de que el aumento del gasto público estimula la economía tiene pies de barro tanto en la teoría como en la práctica. Así que un consejo para el actual equipo económico es que deje de guiarse por los cantos de sirena de los gastoadictos y siga en el camino de equilibrar las cuentas públicas.

Solo si se baja el déficit achicando el gasto habrá posibilidad de bajar impuestos. Y solo con una menor carga tributaria Argentina tendrá la probabilidad de volver a crecer para alcanzar a los países que progresan en el mundo.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

¿Porqué estudiar Curaduría en ESEADE?

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¿Porqué estudiar un MBA en ESEADE?

El Rector de ESEADE, Dr. Luis del Prado, detalla las ventajas y beneficios de estudiar un MBA en esta institución.

 

 

De la pobreza heredada a la riqueza futura

Por Alejandra Salinas: Publicado el 12/8/16 en https://es.scribd.com/document/321024906/De-La-Pobreza-Heredada-a-La-Riqueza-Futura

 

La Universidad Católica Argentina presentó ayer el último informe del Barómetro de la Deuda Social Argentina. El dato principal es que existen en el país un 32.6% de personas pobres. Considerando que en el 2010 la cifra era del 28.2%, en los últimos seis años la pobreza creció, refutando así argumentos a favor de la llamada “década ganada”. El informe de la UCA habla de los “nuevos pobres”, que “emergen de medidas normalizadoras adoptadas por el actual gobierno,” pero esta parece ser una interpretación sesgada: ¿por qué no pensar que los actuales niveles de pobreza son consecuencia de una situación heredada después de doce años de populismo, que impide a los más pobres hacer frente a la actual crisis económica, también generada por gobiernos anteriores? El informe concluye que “la actual matriz de marginalidad puede sumarse muy fácilmente una nueva capa de pobres si el supuesto derrame tarda más de lo previsto o llega tarde”. Esta frase encierra una interpretación también sesgada, al sugerir que los efectos sociales beneficiosos de un crecimiento económico guiado por inversión, innovación y mayor productividad serían sólo un “supuesto”. Llama la atención que en una universidad donde se enseña economía se desconozca evidencia empírica sobre los niveles generalizados de mayor riqueza,  mejor calidad de vida y crecimiento sostenido sólo posibilitado por un sistema económico de mercado. Claro, es que el mismo Papa crítica a quienes “defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante” (Evangelii Gaudium, 54). Tratándose de una universidad pontificia pudiera pensarse que no hay mucha cabida para la discrepancia…

¿O sí la hay?  En esa misma universidad y en el mismo día se oyeron otras voces en favor del mercado como instrumento al servicio del progreso social. El Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UCA organizó la visita del Embajador de los Estados Unidos, Noah Mamet, quien conversó con el público asistente sobre la situación de los Estados Unidos en vísperas de las elecciones presidenciales de noviembre. El evento fue iluminador en varios sentidos: el Embajador no sólo se refirió al tema de la convocatoria con humor y elegancia, sino que comenzó su charla hablando de los tiempos de cambios y cooperación bilateral entre su país y el nuestro. Compartió su visión optimista sobre el avance de las nuevas tecnologías aplicadas al sector energético, que en California ya generan el 50% de la producción de energía (mientras que en la Argentina la cifra es de sólo un 1%). Las expectativas de inversión en este y otros sectores productivos son alentadoras y en este sentido el aporte del sector privado es esencial, afirmó Mamet, quien incluso advirtió: “No confíen en los gobiernos,“los gobiernos son lentos.”

Que un experimentado funcionario público y diplomático reconozca que el crecimiento y el bienestar vienen de la mano del sector privado no es un dato menor. Y que esa misma persona tenga simpatías social-demócratas tampoco lo es. Un genuino progresista, después de todo, debería defender el mejor mecanismo generador de riqueza para posibilitar una mejor política de asistencia y desarrollo social. Si este fuera el objetivo, resulta urgente cambiar el foco de la atención académica y del gobierno, y pasar del diagnóstico de la pobreza heredada al debate sobre los caminos más idóneos para la generación de riqueza futura.

 

Alejandra M. Salinas es Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y Doctora en Sociología. Fue Directora del Departamento de Economía y Ciencias Sociales de ESEADE y de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas. Es Secretaria de Investigación y Profesora de las Asignaturas: Teoría Social, Sociología I y Taller de Tesis de ESEADE.

200 años de nuestra historia Pasado, presente y futuro

Por Delfina Helguera. Publicado el 9/8/16 en: http://www.arte-online.net/Notas/200_anos_de_nuestra_historia

 

En un año muy especial en donde convergieron los festejos del Bicentenario de la Independencia y el lanzamiento de las nuevas autoridades con la nueva programación del CCK, la exhibición 200 años viene a coronar un esfuerzo contra reloj de la dirección de Artes Visuales del mismo centro. Enmarcada en los festejos y precedida por la gran exhibición dedicada a Borges alojada en el segundo y cuarto piso, esta nueva exhibición se propone poner en diálogo obras multidisciplinarias para reflexionar sobre la identidad cultural en la Argentina.

Los ejes temáticos planteados desde la dirección del CCK fueron: Encuentro, Paisaje, Identidad e Innovación y futuro y para ello convocaron a los curadores Ana María Battistozzi y Rodrigo Alonso y a los artistas Pablo Lapadula, Alberto Passolini y Marcos López. La muestra puede recorrerse en círculo y comienza con “Paisajes de nuestro territorio” que forma parte de la idea de que el paisaje es el devenir de una idea. Abordado por Battistozzi con mucha precisión, ya que podría haber elegido a muchos artistas que trabajan el paisaje, selecciona a ciertos artistas contemporáneos que de alguna manera representan a una generación como Noé o Prior,  o a un modo de trabajar,  como es el video de Julián d’ Angiolillo, el dibujo de Mónica Millán y Matías Duville,  las acuarelas de Fermín Eguía o las pinturas de Juan Andrés Videla. A ellos los sitúa en diálogo con los artistas históricos del siglo XIX  que partieron del paisaje para pensar el ser nacional como Prilidiano Pueyrredón, Reynaldo Giudici y Ángel Della Valle entre otros. El punto de partida es un grabado del siglo XVII que representa a Buenos Aires, una imagen pensada para ser llevada a Europa y que nos confronta ya que es la mirada del extranjero. Estas primeras imágenes de nuestro país serán las que luego serán revisitadas, cuestionadas o incorporadas por artistas de distinto sesgo a partir del siglo XIX y que forman parte de nuestro imaginario. Es así como en una sala aparte podemos ver obra de Luis Fernando Benedit en donde revisita a pintores viajeros y sigue la huella de los científicos y naturalistas que documentaron la fauna y flora de nuestras tierras.

Luis Benedit y Silvia Rivas

Encuentros actúa como un eje transversal a la muestra y se trata de dos propuestas de sitio específico de los artistas Lapadula y Passolini. La de Pablo Lapadula son tres gabinetes a la manera de los coleccionistas europeos del siglo de la Ilustración que tuvieron la voluntad de sistematizar el mundo y darle un orden. Lapadula invitó a Teresa Pereda, artista visual al igual que él y a Juan Cambiaso, coleccionista de arte, a armar una mesa-gabinete en donde reuniera aquello que los identificara y el resultado es la convergencia de tres mundos. El formato utilizado no es casual ya que Lapadula es científico y replica la mesa de laboratorio y le da categoría estética. Los objetos exhibidos están listados lo que no nos impide deleitarnos con la búsqueda de cada uno, y la frase de Marcel Schwob citada en la pared ilumina la propuesta: “El arte es todo lo contrario a las ideas generales, sólo describe lo individual, sólo propende a lo único. En vez de clasificar, desclasifica”.

Identidades el sector en donde el fotógrafo y ahora también pintor, Marcos López, dio rienda suelta a su creatividad para mostrar lo que nos identifica como argentinos. “Ser nacional” es el resultado de una serie de mezclas y asociaciones en donde todos nos podemos ver reflejados, una gran instalación que muestra obras de otros artistas y citas a la historia. López trabaja siempre con el exceso, el gesto barroco,  el kitsch y mucho humor, es así como encontramos a María Elena Walsh, Cortázar, el colectivo 307, un kiosco con revistas “Gente”, el gauchito Gil, Borges, obras de Berni, Pablo Suárez, Nicola Costantino y sus Evas, fotografías de Grete Stern, souvenirs del mundial ’78, fotos de Mirtha Legrand, María Julia Alzogaray posando con el tapado de piel, un pingüino embalsamado, una cabeza de caballo, un busto de Gardel, una pileta de plástico con la pintura del desnudo célebre de Prilidiano Pueyrredón, la cita aLa vuelta del malóny los colchones de Guillermo Kuitca. La mezcla como la imagen que nos identifica. “La identidad argentina es un remix en constante cambio” explica el autor que además piensa en ir modificando este “work in progress” de la identidad nacional.

Marcos López
Delfina Helguera: Es Licenciada en Letras (UBA). Ha sido co-representante de Sotheby’s filial Argentina. Socia fundadora de la Asociación Amigos de Malba. Dirige Lavinia Subastas de Arte. Es profesora de Curaduría I y de Mercado de Arte y es Directora del Departamento de Arte y Diseño en el Instituto Universitario ESEADE.

Violencia, policía y racismo en EE UU

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 9/8/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/violencia-policia-y-racismo-en-ee-uu/

 

En 2015 la policía americana mató a 258 negros, y a 662 blancos. Como destaca Heather Mac Donald, la abrumadora mayoría de los muertos fueron personas que atacaron a la policía, con mucha frecuencia utilizando armas de fuego. Estas 662 personas blancas son el 12 % de todos los blancos e hispanos muertos violentamente en el año y es el triple del porcentaje de negros muertos por la policía. Esto último se explica por el elevado número de los negros asesinados por otros negros: 6.095 en 2014, el último año que ofrece estos registros, mientras que los homicidios con víctimas blancas o hispanas fueron 5.397.

Recuerda Mac Donald que, en la última década, con datos del FBI, el 40 % de quienes han matado a policías han sido negros, en una tasa 2,5 veces superior al porcentaje de negros matados por la policía.

Es cierto que los negros representan el 26 % de las víctimas de la policía mientras que solo representan el 13 % de la población americana. Pero esto obedece a que los negros cometen un elevado porcentaje de los delitos violentos. Se dice que los policías blancos son propensos a matar a negros inocentes por razones raciales, pero Mac Donald subraya que esto también es un mito: los casos llamados de threat misperception, es decir, los casos en que la policía dispara pensado equivocadamente que el civil está armado, demuestran que es más probable que disparen a un negro (después probado que) desarmado los policías negros e hispanos.

¿En qué contexto sucede todo esto? Así como pensamos que la policía americana es racista, también pensamos que la violencia contra la policía ha aumentado en ese país, lo que también es falso: la policía americana está mucho más segura que antes.

En un reciente trabajo publicado en Foundation for Economic Education, Daniel Bier reconoce varios efectos que han contribuido a su seguridad, desde los chalecos antibalas, generalizados desde finales de los años 1980, hasta los medios sanitarios. Sin embargo, no explican la tendencia, porque la disminución de los policías asesinados era anterior.

Además, los otros ataques a la policía que no dan como resultado la muerte también están disminuyendo desde hace mucho. “Los policías no solo se salvan de morir en un número mayor, sino que los ataques de todo tipo que padecen son menos frecuentes”.

Se dirá que baja la cifra de policías muertos porque caen todos los crímenes, pero no hay correlación: las muertes de policías alcanzaron su máximo a mediados de los 1970, mientras que los delitos violentos aumentaron drásticamente hasta comienzos de los años 1990. Tampoco hay una correlación entre los policías muertos y la opinión publica hacia la policía, la confianza en ella o no, etc. Hay otras explicaciones posibles, desde las menores manifestaciones contra la policía hasta el entrenamiento de ésta y la tecnología, etc

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Educación estatal: con semejante estructura burocrática es imposible adaptarse a los cambios

Por Martín Krause. Publicada el 10/8/16 en: http://bazar.ufm.edu/educacion-estatal-con-semejante-estructura-burocratica-es-imposible-adaptarse-a-los-cambios/

 

Junto a Irene Giménez y Eloy Fisher, más otros colaboradores de Goethals Consulting en Panamá, hicimos un estudio, y luego un informe, sobre el papel de los emprendedores y de la educación privada en ese país, con el título “La iniciativa emprendedora en la educación: una alternativa menospreciada”. El sistema educativo panameño es muy similar al resto de América Latina, por lo que el análisis sirve también para otros países.

Aquí va parte de su contenido:

Esa estructura tampoco es flexible a la hora de reaccionar ante los acelerados cambios que se producen en la sociedad moderna: “En este sentido, el marco legal e institucional afecta la oferta de servicios de formación. Las reglas para la aprobación de nuevas carreras a nivel universitario hacen que el tiempo que transcurre entre la detección de una nueva necesidad y la graduación del primer egresado sea de aproximadamente 7 años ya que la aprobación de una nueva carrera toma de 2 a 4 años. Esta realidad limita significativamente la respuesta que puede darse a las demandas del mercado” (p. 102).

Este es un rasgo característico de la actividad emprendedora que se desarrolla en el ámbito del mercado: la capacidad que tiene el emprendedor de anticipar las necesidades del mañana y asumir el riesgo de llevarlo adelante. El mercado no está exento de “planificación”, ya que los emprendedores son quienes planifican la oferta futura, pero lo hacen en forma descentralizada, en forma de distintos planes que aprovechan el conocimiento disperso y verifican entonces su viabilidad. A diferencia de la política pública, el mercado no somete a toda la población a un ensayo en particular, llevando a todos al éxito o, la mayor parte de las veces, al fracaso; el mercado genera decenas de experimentos de los cuales se aprende y los consumidores seleccionan aquellos que mejor se adaptan a sus necesidades. Esto es particularmente cierto en el ámbito de la educación actual, cuando la tecnología y los servicios en red están revolucionando las metodologías para la enseñanza.

Un sistema que desde hace décadas hace profesión de fe de su misión en favor de los más pobres y necesitados, no llega a alcanzar esos objetivos después de haber destinado recursos millonarios. Se reconoce, por ejemplo, que estos sectores, particularmente los indígenas, reciben el peor servicio, y no es de extrañar que obtengan los peores resultados. Dice el Plan Estratégico (2014): “Las escuelas indígenas oficiales obtuvieron los resultados más bajos en todas las asignaturas evaluadas”.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Carta de Murray Rothbard a Alfonso Prat-Gay

Por Iván Carrino. Publicado el 5/8/16 en: http://www.ivancarrino.com/carta-de-murray-rothbard-a-alfonso-prat-gay/

 

Estimado Alfonso,

Leo con algo de preocupación, y admito que con algo de demora, tus declaraciones acerca de los precios en el mercado y el rol de los empresarios. Por si no lo recordás, me refiero puntualmente a cuando, poco antes de asumir, José del Río, del Diario La Nación, te preguntó por los empresarios y el miedo a la “remarcación”, frente a una eventual eliminación de los controles de precios.

En su momento, afirmaste que “nunca dijimos que íbamos a desmantelar Precios Cuidados, por ejemplo.” y que“Vamos a hacer un acuerdo amplio económico y social. No creemos en los aprietes de Moreno, pero tampoco creemos en la ley de la selva“.

No te digo que no me dio alivió escuchar que no creés en el estilo violento de Moreno, pero te confieso que sí me apenó que confundieras al mercado libre con la “ley de la selva”. Igualmente, no te preocupes, no sos el único. Esto viene pasando hace por lo menos 40 años. En 1970 publiqué mi obra Poder y Mercado, ahora disponible en español, y allí ya me había tomado el trabajo de refutar esta falacia.

El libre mercado es precisamente lo más opuesto a la sociedad de la “selva”. La selva se caracteriza por la guerra de todos contra todos. Un hombre solo puede obtener ganancias a costa de otro si se adueña de la propiedad del mismo. Con todos en un nivel de subsistencia, hay una verdadera lucha por sobrevivir, donde los más fuertes aplastan a los más débiles. En el libre mercado, por el contrario, uno solo obtiene ganancias sirviendo a otro, aunque también puede limitarse a una producción de autosuficiencia, en un nivel primitivo, si así lo prefiere. Es precisamente a través de la cooperación pacífica del mercado como todos los hombres ganan, mediante el desarrollo de la división del trabajo y la inversión de capital. Aplicar el principio de la “supervivencia de los más aptos”, tanto a la jungla como al mercado, es ignorar la pregunta básica: ¿Aptitud para qué?. Los “aptos” en la selva son los mejores en el ejercicio de la fuerza bruta. los “aptos” en el libre mercado son los mejores sirviendo a la sociedad.

La selva es un lugar de animales irracionales, donde unos se aprovechan de los otros y todos viven al nivel de inanición; el mercado es un ámbito pacífico y productivo, donde todos a la vez se sirven a sí mismos y a otros, y viven en niveles de consumo infinitamente mayores. En el mercado, la gente caritativa puede ayudar, y la ayuda es un lujo que ningún animal puede permitirse en la selva.

Por tanto, el libre mercado transforma la competencia destructiva por la mera subsistencia de la selva en una competencia cooperativa y pacífica, mediante el servicio a uno mismo y a los otros. En la selva, solo algunos ganan a costa de los otros. En el mercado, todos ganan.

Podría seguir un poco más, pero como sé de tu inteligencia y capacidad, también asumo que habrás comprendido mi mensaje.

Un cálido abrazo,

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Murray N. Rothbard

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

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