Gasto público: ¿cambiar o continuar?

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 16/5/16 en: http://economiaparatodos.net/gasto-publico-cambiar-o-continuar/

 

Conformarse con dejar el gasto público en los niveles actuales es más continuar que cambiar

Si bien soy un ferviente partidario del equilibrio fiscal, confieso que prefiero un gobierno que tenga un déficit fiscal del 0,5% del PBI con un gasto público del 10% del PBI a un gobierno con equilibrio fiscal pero con un gasto público del 50% del PBI. Y mucho quiero tener un gasto del 50% de PBI con un déficit fiscal del 7% del PBI que nos dejó de regalito el kirchnerismo.

Puesto en otras palabras, el problema fiscal no pasa solo por tener las cuentas equilibradas sino que, además, el nivel de gasto público es clave para evitar que el estado se convierta en un estorbo para el crecimiento de los países.

Este punto viene a cuento porque el PRO no parece estar muy entusiasmado por bajar el gasto público. Días pasados, Andrés Ibarra, Ministro de Modernización, sostenía que &”nuestro objetivo con las cesantías no es producir un ahorro presupuestario, sino que el gasto del Estado sea eficiente y productivo para la ciudadanía”, agregando: “No queremos achicar el Estado, sino que éste pueda prestar mejores servicios.&”

Con un gasto público, sumando nación, provincias y municipios, que es equivalente a casi el 50% del PBI, lo que nos propone mi amigo Andrés Ibarra es que sigamos soportando una carga tributaria sideral porque ellos saben mejor que nosotros cómo asignar los recursos que generamos. O, en su defecto, que tomarán deuda para financiar un nivel de gasto público que no podemos financiar con nuestros impuestos. El problema es que ese endeudamiento de hoy son impuestos de mañana cuando haya que pagar la deuda más sus intereses.

El punto al que quiero llegar es que dominar el déficit fiscal dejado por el kirchnerismo, que obviamente nadie está pidiendo que sea eliminado de un día para otro, no es el único problema. El mayor problema, siempre hablando del flanco fiscal, es el enorme gasto público que dilapida los recursos que genera la gente con gran esfuerzo. Hoy día, no hay ninguna relación o contrapartida entre en nivel de gasto público, carga tributaria y servicios que recibe el sufrido contribuyente.

Las finanzas públicas de la economía argentina son como esos edificios en que las expensas son altísimas pero no funciona el ascensor, no hay luz en la escalera y los pasillos están sucios. Aquí pagamos impuestos altísimos pero el estado no cumple con las funciones básicas para las cuales fue creado: asegurar el derecho a la vida, a la libertad y la propiedad. Se dedica a fundamentalmente a repartir el dinero de los contribuyentes entre gente que no ha generado riqueza, ya sea porque vive de los mal llamados planes sociales o bien por empleados del sector público que cubren cargos que no tienen ningún sentido de existir en un sistema republicano con un gobierno limitado.

Me parece que el gobierno debería rever su posición frente al gasto público. No estoy diciendo que lo baje de un día para otro, pero creo que los gobiernos que marcan puntos de inflexión en la historia de los países son aquellos que cambian la tendencia decadente. Los estadistas no miran las encuestas para tomar decisiones. Lideran el cambio. Los estudios de marketing son para vender jabones, no para reconstruir países. Los países se reconstruyen con una dirigencia política audaz que se anima a iniciar un camino de progreso.

Puedo entender que resolver la herencia que dejó el kirchnerismo es realmente muy pesada y llevará tiempo revertir el destrozo que hizo en esos 12 años en que avasallaron las instituciones y destruyeron la economía. Pero conformarse con dejar el gasto público en los niveles actuales bajo el argumento de administrar mejor los recursos no va muy de acuerdo con la idea de cambiar. Más bien sería un continuar con la explotación del contribuyente con el argumento que ahora hay una explotación más eficiente gracias a una mejor gestión.

No me parece que ese sea el camino de cambio en serio que necesita Argentina. Gestionar bien lo ineficiente no genera crecimiento ni prosperidad.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Las inconsecuencias del “capitalismo de estado”

Por Gabriel Boragina. Publicado el 14/5/16 en:  http://www.accionhumana.com/2016/05/las-inconsecuencias-del-capitalismo-de.html

 

Como ya dijéramos en otras ocasiones, la expresión “capitalismo de estado” se hecho más frecuente que la de socialismo, según L. v. Mises con el objetivo deliberado de encubrir a este último sistema y, con ello, simular sus notorios defectos. Pero, en esencia, no hay que llamarse a engaño y creer que el “capitalismo de estado” sería algo diferente al socialismo, aunque no faltan autores que hacen ciertas distinciones y que acercan más la fórmula “capitalismo de estado” a lo que L. v. Mises ha denominado intervencionismo. No obstante -y desde nuestro propio punto de vista- hemos de coincidir con el maestro austriaco en cuanto a que lo que se describe como tal no es ninguna otra cosa que un nombre un poco más “elaborado” para renombrar a lo que siempre se ha conocido como socialismo liso y llano.

“En el capitalismo de Estado más inexorablemente que en sistemas sociales más abiertos, una cosa lleva a la otra, y cuando se elimina una inconsecuencia, aparecen otras que a su vez reclaman su eliminación. La sección final y futurista de este libro («En la plantación») versa sobre la lógica de un Estado que posee todo el capital, necesitando poseer también a sus trabajadores. Los mercados de trabajo y bienes, la soberanía del consumidor, el dinero, los empleados-ciudadanos que votan con los pies son elementos extraños que estorban a algunos objetivos del capitalismo de Estado. En la medida en que se relacionan con él, el sistema social llega a incorporar algunas características del viejo Sur paternalista.”[1]

Por otra parte, si se aceptara la existencia de un “capitalismo de estado”, ello nos llevaría forzosamente a la necesidad de distinguirlo de un capitalismo privado, con lo cual se crearía una categoría que -a renglón seguido- daría lugar a otras y así sucesivamente. Ya hemos dado en varias partes razones que creemos suficientes como para estar convencidos que recurrir al neologismo capitalismo privado no consiste en otra cosa más que en una redundancia, que no hace más que generar confusión y la necesidad de entrar en recurrentes aclaraciones respecto de qué se está hablando cuando se lo hace naturalmente del capitalismo. Hemos sido pertinaces en cuanto a que si queremos tener en claro qué es el capitalismo debemos separarlo necesariamente de toda connotación estatal. El capitalismo es un sistema económico que, como tal, no puede funcionar adecuadamente si el estado-nación lo interfiere y –lógicamente- si termina anulándolo.

“El pueblo tiene que convertirse en esclavos mobiliarios en aspectos relevantes. No poseen, sino que deben su trabajo. No hay «desempleo», los bienes públicos son relativamente muy abundantes, y los «bienes de mérito» como alimentación sana o discos de Bach, baratos, mientras que los salarios son poco más que calderilla según los niveles medios del mundo exterior. El pueblo tiene su ración de vivienda y transporte público, atención sanitaria, educación, cultura y seguridad en especie, en vez de recibir cupones (de dinero, ni hablar) y la correspondiente responsabilidad de elección. Sus gustos y temperamentos se modifican de acuerdo con esto (aunque no todos se convierten en adictos; algunos pueden volverse alérgicos). El Estado habrá maximizado su poder discrecional antes de que finalmente descubra que se encuentra ante un nuevo apuro.”[2]

La descripción anterior de lo que sería un “capitalismo de estado” recuerda más bien al tristemente célebre “estado de bienestar” o “benefactor”. Y efectivamente, bastante poca es la diferencia que aparta a este tipo de “estados” del estado socialista como siempre se lo ha conocido y tanto se lo ha estudiado. Pero nos parece suficientemente descriptivo el párrafo cuyo resumen se encuentra perfectamente sintetizado en la primera oración del mismo, cuando el autor dice muy claramente que en el “capitalismo de estado” “El pueblo tiene que convertirse en esclavos mobiliarios en aspectos relevantes”. Llámesele como se le quiera llamar, “capitalismo de estado” o socialismo, o los sistemas intermedios que conducen hacia este último como el intervencionismo del que participan el “estado benefactor” o “de bienestar”, todos ellos que, en realidad no son más que uno –al fin de cuentas- conducen a la pérdida de toda libertad, y con ella se anula la acción y la motivación del ser humano. Principalmente, se elimina todo incentivo a progresar, porque se diluye el sentido de la responsabilidad personal.

“Volvamos a la idea de una sociedad donde los individuos tienen un título sobre su propiedad y sus cualidades personales (capacidad de esfuerzo, talentos) y son libres de venderse o alquilarse en condiciones voluntariamente acordadas. La producción y la distribución en tal sociedad estarán simultáneamente determinadas, aproximadamente, por el título y por el contrato, mientras que sus acuerdos políticos estarán al menos estrechamente limitados (aunque no completamente determinados) por la libertad de contratar. Sólo el Estado capitalista, con los fines metapolíticos que le atribuimos para conservarse en su sitio, puede sentirse cómodo dentro de tales límites. El Estado adversario, cuyos fines compiten con los de sus ciudadanos y que confía en el consenso para ganar y conservar poder, debe proceder a echarlos abajo. En el caso extremo, sustancialmente puede abolir el título de propiedad y la libertad de contratar. La manifestación sistemática de este extremo es el capitalismo de Estado.”[3]

Aunque nosotros insistimos en aislar (y mantener alejadas) las esferas que corresponden al capitalismo por un lado, y al “estado” por el otro, podemos comprender perfectamente la idea que nos describe el autor en la cita que antecede. Según su nomenclatura, lo que él llama “Estado capitalista” puede garantizar la existencia de lo que simplemente vamos a rotular comoderechos de propiedad comprendiendo en esta última locución tanto la posibilidad de poseer a nombre propio bienes materiales como la de disponer de su propia fuerza de trabajo. El criterio de distinción que parece esbozar el autor, consiste en que el “estado capitalista” reconoce límites que le impiden competir con los fines de los ciudadanos que operan bajo su órbita. Al aludir al caso extremo, lo que denomina “estado adversario” no es otra cosa que el “capitalismo de estado” o -lisa y llanamente- según nuestro propio léxico, el estado socialista.

[1] Anthony de Jasay. El Estado. La lógica del poder político. Alianza Universidad. Pág. 22/23

[2] Anthony de Jasay. El Estado. ..ob. cit. Pág. 22/23

[3] Anthony de Jasay. El Estado ….ob. cit.. Pág. 174

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

“Las artistas mujeres en el México post-revolucionario”.

Mañana 11hs, Dra. Gladys Villegas, brindará la Conferencia: “Las artistas mujeres en el México post-revolucionario”.

En Uriarte 2472 CABA.

 

México

LA “HERENCIA”: ¿CHAMUYO O REALIDAD?

Por Adrián Ravier. Publicado el 10/05/16 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2016/05/10/la-herencia-chamuyo-o-realidad/

Por casualidad, en paralelo con mi nota en Infobae del día de ayer, el ex Ministro de Economía durante la última etapa del kirchnerismo, Axel Kicillof, publicó una columna en Página 12 para responder sobre la “pesada herencia.” Sugiero al lector, tomarse un momento para leer ambas columnas, tras lo cual ofrezco mis propias reflexiones.

El ex Ministro responde allí a cuatro de los diez puntos que planteo en mi artículo. Veamos:

  • Elevadísimo déficit fiscal. Hay muchas formas de medirlo. Generalmente se toma el déficit primario, y éste a su vez se puede tomar con ANSES y BCRA, o sin ellos. El dato del 7 % de déficit fiscal que menciona Kicillof excluye esos recursos porque representan deuda interna. La deuda interna es una forma de financiar el déficit, pero no son recursos genuinos como los impuestos. Además, otros preferimos no tomar el déficit primario, sino también el que incluye los intereses de la deuda pública. En definitiva, esas erogaciones también hay que pagarlas. Ese déficit hoy es del 7,66 %. El gráfico No. 1 muestra la evolución del déficit fiscal durante la gestión de Kicillof, primero en las sombras, luego en su función de Ministro de Economía.

Gráfico No. 1: Resultado fiscal

Kicillof_1

 

 

 

 

 

 

Fuente: MECON y estimaciones propias.

  • Inflación desbocada: Es cierto que la inflación bajó en 2015 respecto de 2014, pero ese fue el efecto Fábregas, quien había decidido como Presidente del BCRA reducir el ritmo de expansión de la base monetaria desde 40 a menos del 20 % a mediados de 2014. Los gráficos No. 2 y 3 lo muestran claramente.

Gráfico No. 2: Base Monetaria

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Fuentes: BCRA

Gráfico No. 3: Inflación

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Fuente: IPC Congreso e INDEC

Si la inflación se aceleró en 2016 esto obedece a la política monetaria que el ex Presidente del BCRA Vanoli emprendió en 2015 –con un total apoyo de Kicillof- y que se puede observar en el gráfico No. 3, expandiendo la base monetaria arriba del 30 %, con pico de 42,4 % en diciembre de 2015. De hecho, no se puede negar que se desplazó a Fábregas del BCRA justamente para avanzar con esta política de inyección monetaria.

A esta causa monetaria de la inflación, por supuesto hay que agregar la inflación reprimida sustentada en el cepo cambiario y sucesivos controles de precios sobre la economía argentina. Es sabido por todos los economistas que el sinceramiento y normalización de la economía traería aparejado reconocer la inflación mayor real que ya existía, independientemente de que ésta baje en los próximos años con un plan anti-inflacionario. El gráfico No. 3 muestra los resultados esperados de este plan para los próximos años.

  • Reservas extenuadas: En su nota, Kicillof continúa negando que prácticamente vació al BCRA de reservas. Al respecto, primero se puede observar en el gráfico No. 4 el efecto inmediato del cepo cambiario sobre las reservas. Las reservas que habían superado los 50.000 millones de dólares a fines de 2011, se desplomaron en 2012 –tras el cepo- a menos de 30.000 millones de dólares.

Gráfico No. 4: Reservas y cepo cambiario

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En este caso, el gráfico no está actualizado. Habrá que agregar durante 2014 y 2015 el efecto de los swap chinos, que permitieron engrosar con yuanes las reservas del BCRA. Al margen, Kicillof afirma en su última nota que el nuevo gobierno convirtió esos yuanes a dólares y que tuvo que tomar deuda para fortalecer estas reservas. Esto es cierto, y si bien no es una buena noticia que Argentina vuelva a iniciar un proceso de endeudamiento, al menos si se limita a esta circunstancia no sólo es deseable, sino necesario para respaldar al debilitado peso argentino.

  • Economía estancada. Al no haber estadísticas oficiales por la intervención del INDEC (aspecto que Kicillof aun niega), la discusión se torna difícil. Al margen, el gráfico No. 5 muestra el efecto Kicillof, con 4 años de estancamiento, que a la vez impactan sobre el consumo y la inversión. Las causas de esta pobre perfomance macroeconómico son complejas, pero sin duda el cepo cambiario influyó en ello.

Gráfico No. 4: La actividad económica

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Fuente: Libertad y Progreso en base a datos de Orlando Ferreres.

Las discusiones de historia económica, siempre han sido complejas de resolver, tanto conceptualmente, como también en los números. Aquí la discusión es más compleja aun por la intervención del INDEC, de la que Axel Kicillof también fue parte. Esperemos que continúe el proceso de normalización, en el INDEC, pero también en lo que refiere a resolver los desequilibrios heredados en los frentes fiscal, monetario y cambiario.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Chiachio & Giannone en Pasaje 17 Monobordado

Por Delfina Helguera: publicada el 09/05/16 en: http://www.arte-online.net/Notas/Chiachio_Giannone_en_Pasaje_17
El dúo de artistas exhiben una selección de obras que produjeron entre los años 2013 y 2015 en Pasaje 17, un espacio de exhibición de arte contemporáneo que pertenece a APOC (Asociación del Personal de los Organismos de control)

Pasaje 17 es un espacio de exhibición de arte contemporáneo que pertenece a APOC (Asociación del Personal de los Organismos de control) sobre la calle Bartolomé Mitre muy cerca del Congreso y a metros de la Iglesia de la Piedad, en donde la ciudad se convierte en un caos de tránsito. El pasaje de la Piedad queda justo al lado, es un remanso inesperado en donde viven el dúo de artistas formado por Leo Chiachio y Daniel Giannone que ahora exhiben una selección de obras que produjeron entre los años 2013 y 2015. Desde adentro el gran ventanal muestra el frenesí de la calle, pasan unos manifestantes, suenan las bocinas y sigue entrando gente a ver la exhibición.

La idea central de la exhibición es mostrar el trabajo en sí, recuperar la idea del trabajo manual, lo que lleva tiempo y se hace con las manos y lo hacen a través del bordado. Ellos se definen pintores, pintores que les interesa traducir al bordado el lenguaje pictórico.

En los trabajos de Chiachio & Giannone hay una serie de cuestiones a tener en cuenta: el trabajo es totalmente conjunto, no hay espacios para diferenciar quién hace qué; la técnica es de un dominio increíble del bordado en piezas que no se pueden categorizar porque también tienen estampas y otras técnicas y por último, las obras son todas autorreferenciales.

Recorremos el espacio y vemos autorretratos, pero son los retratos de una familia:  ellos y Piolín, el perro salchicha que nos mira desde los brazos de Daniel o Leo, o sentado en una silla que parece un trono. Un retrato de la familia típica occidental que nada tiene de típico, y a los que ahora se unieron la perra Chicha y la Dorado que es la hija de ambos y Doménico, el gato gris. A las mascotas les dedicaron un altarcito a modo de agradecimiento en donde hay regalos envueltos con moños y las bombitas de luz son de crochet.

La mejor definición la dan ellos: “Somos medio barrocos” y ¡vaya si lo son! En la utilización de ciertos recursos como el exceso, el miedo al vacío y, por supuesto, el uso del ornamento. La elección de la técnica no es casual, desde siempre la división entre las bellas artes y las artes aplicadas o decorativas dejaron a estas últimas en una situación de inferioridad, y ellos prefieren pertenecer a “la clase b del arte contemporáneo” en sus propias palabras, en donde el camino es más escarpado y los desafíos son mayores porque rompen paradigmas muy instalados.

El tapiz central está inspirado en una experiencia que tuvieron al ver una exhibición de empapelados del siglo XVIII en el Petit Palais en Paris, y deciden entonces bordar un tapiz en la tradición europea, algo que lleva tiempo, mucho tiempo y que al final se llamará “Selva blanca” y es presentada en la última Bienal Textil de Holanda en el  2015. El tapiz sintetiza su manera de trabajar: los elementos exóticos que incorporan y relacionan en el plano, el autorretrato familiar aunque ellos sean monos que juegan en lianas y Piolín esté en el centro, y aquello que les llama la atención con un enfasis en lo popular latinoamericano. Tampoco faltan las referencias a la historia del arte, sobre todo el homenaje a Sonia Delaunay en bordados geométricos que se mezclan con papagayos y hojas selváticas. Esta mezcla caprichosa que al final resulta y  encandila con un repertorio de lo más variado. Exhiben también otro tapiz, “Selva enjoyada” en donde han estampado sus propias imágenes y bordado sobre ellas creando capas visuales superpuestas, en un juego de improvisación constante. En ambos casos hay pequeñas obras que apoyan y se derraman en el piso como una ofrenda jugando con esas tradiciones de la imaginería popular.

El resto de las obras exhibidas son una síntesis de lo que han venido trabajando en estos últimos años, la obra terminada pero también el proceso. Están los diagramas de las obras con los hilos y las referencias que son la memoria de cada obra, la fotografía de registro en donde vemos el reverso de la obra, los dibujos en donde el visitante puede darse cuenta del proceso de producción. Hay solamente una pieza que pertenece a una serie en donde trabajaron la porcelana en una residencia en la provincia de Santa Fe. Es el peluche de Piolín que cuelga en una hamaca, fruto de sus experimentos con los hornos de la fábrica Verbano, en donde el peluche era sumergido en la mezcla para la porcelana y luego introducido en el horno a altísima temperatura.

“Nosotros somos los mismos y también somos otros, como también nuestros temas” esos mismos intereses que se repiten en el transcurrir del tiempo dan nombre a la exposición “Monobordado”. La muestra se enriquece con un libro dedicado a los artistas editado por Pasaje 17 en un formato ideal para poder leerlo en cualquier lado.

Delfina Helguera: Es Licenciada en Letras (UBA). Ha sido co-representante de Sotheby’s filial Argentina. Socia fundadora de la Asociación Amigos de Malba. Dirige Lavinia Subastas de Arte. Es profesora de Curaduría I y de Mercado de Arte y es Directora del Departamento de Arte y Diseño en el Instituto Universitario ESEADE. 

UNA “LEY ANTIDESPIDOS” CONTRA EL PAÍS Y LOS TRABAJADORES

Por Enrique G. Cárrega

El proyecto de “ley antidespidos” votado en el Senado declara la emergencia ocupacional en el país, prohíbe los despidos y las suspensiones por 180 días, y dispone que si hay despidos las empresas abonarán el doble de la indemnización actual. También establece que si hay despidos, los trabajadores pueden pedir judicialmente el reingreso a los puestos de trabajo, cobrando los salarios caídos. Se prevé para los juicios, adicionalmente, un trámite sumarísimo, lo que permite visualizar una nueva ola de juicios laborales.

La propuesta se agrava dado que prevé que el empleador no puede despedir directamente al trabajador con justa causa; previamente debe someterse a un procedimiento administrativo en el Ministerio de Trabajo, con intervención del sindicato.

Se consideran PYMES las que no superaron los siguientes montos anuales de facturación: Construcción 270 M, Comercio 650 M, Actividad Agropecuria 160 M, Industrias 540 M y Servicios 180 M.

El proyecto contempla que la la ley no será aplicable a los trabajadores que se incorporen a partir de su vigencia. Pero la masa actual de trabajadores queda contemplada.

En la Cámara de Diputados se busca un acuerdo para excluir a las Pymes de los alcances de la ley. Se incluye un proyecto para abaratar los costos para el primer empleo, lo que se aplica en el mundo para flexibilizar a los trabajadores con menores cargas sociales patronales e indemnizaciones reducidas.

El Gobierno podría vetar la ley, si se sanciona, en un contexto en el que promete crear 200.000 puestos de trabajo en los próximos 18 meses.

El proyecto, si se transforma en ley y se aplica, generará efectos contrarios a los buscados.

Es que las empresas que planearon reducir su plantilla de trabajadores, ya lo han empezado a hacer. Pero no hay despidos masivos, al punto de que cuando se requirió a los sindicatos que identifiquen a las empresas que producirían los invocados despidos generalizados, hubo silencio. Como también hay silencio sobre la presentación de la declaración jurada de bienes por parte de la cúpula sindical que se ha enriquecido groseramente en los últimos años usando los aportes de los trabajadores.

Además, y lo más importante, debe señalarse que se genera un desincentivo enorme para la contratación de nuevos empleados y para la formalización del empleo en negro.

La propia Cristina Kirchner, cuando era senadora, se opuso fuertemente a la ley de emergencia económica  que suspendía los despidos por seis meses y disponía la doble indemnización. Ella intervino en la sesión del 6 de enero de 2002 para decir: “Señor presidente: voy a solicitar  autorización a este cuerpo para abstenerme en la votación de este proyecto de ley”.

Este proyecto de ley parece obedecer solo a un intento de parte de la oposición de entorpecer la gestión gubernamental, intentando aprovechar políticamente los costos de las medidas que conducen al ordenamiento del país, luego de su descalabro. Es evidente, desde cualquier óptica, que el proyecto perjudica al país, al generar inseguridad jurídica, al ahuyentar inversiones, al precarizar el empleo, al desincentivar la generación de empleo genuino y de calidad.

Enrique G. Cárrega es Procurador y Abogado (UBA). Profesor de Relaciones Laborales de la Maestría en derecho empresario en ESEADE.

LA DESTRUCCIÓN DE VALORES

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

En su célebre discurso sobre Florencia, Giovanni Papini subraya que los habitantes de esa ciudad se han convertido en “porteros de salas mortuorias” porque no han hecho nada por agregar valor artístico a los Giotto, Leonardo, Botichelli, Dante y Miguel Ángel de otros tiempos. Afirma que esos habitantes solo lucran con sus ancestros sin preocuparse por ningún valor agregado, lo cual, sin embargo, ha hecho lo contrario el propio Papini con sus escritos monumentales.

 

En nuestro mundo de hoy se observa que en su eje central no solo se ha hecho muy poco por conservar los valores esenciales de la civilización sino que se ha hecho bastante por demolerlos. No hay más que mirar a los Stalin y Hitler y sus imitadores de nuestra época para horrorizarse frente a tanta miseria y muerte.

 

Los modales han  cambiado, el uso de lenguaje soez se hace cada vez más común, empleado por muchos que no se percatan que lo referido a la cloaca convierte a todo en un estercolero. El valor de la palabra empeñada ha decaído significativamente. La institución familiar para formar almas se ha deteriorado en grado superlativo. El homicidio en el seno materno (mal llamado aborto como si se hubiera interrumpido algo que nunca fue) está a la orden del día.

 

Pero lo más importante (que también abarca lo anterior) es la falta de respeto recíproco y esto se concreta en el avasallamiento paulatino de la propiedad, comenzando por la preservación y decisión respecto al propio cuerpo, a continuación la libre expresión del pensamiento de cada cual y siguiendo con el uso y disposición de lo adquirido por parte de cada uno de manera legítima. Una triada en definitiva indivisible. A algunos distraídos les parece baladí la defensa de la propiedad privada sin comprender que esta institución se encuentra en el centro mismo de la vida civilizada. Es por ello que Marx y Engels sostienen que la abolición de la propiedad privada constituye el aspecto medular de sus propuestas. Y es por ello que pensadores como Ludwig von Mises destacan que la propiedad privada es el meollo de la sociedad libre.

 

Ya se sabe que en la medida en que se ha respetado esta institución el mundo ha avanzado y ha producido resultados espectaculares en muy diversos planos y áreas, pero si no se ve la amenaza subyacente a la propiedad no se habrá entendido el motor y los incentivos de tamaño progreso.

 

Hay tres aspectos que resumidamente deseo reiterar en esta columna periodística en conexión con aquella triada: la importancia de la privacidad, la relevancia de lo que genéricamente se ha denominado la libertad de prensa y el derrumbe de todo vestigio de economía en ausencia de aquella institución y, por ende, la diseminación de la miseria que tal política genera.

 

El ser humano consolida su personalidad en la medida en que desarrolla sus potencialidades y la abandona en la medida en que se funde y confunde en los otros, esto es, se despersonaliza. La dignidad de la persona deriva de su libre albedrío, es decir, de su autonomía para regir su destino.

 

La privacidad o intimidad es lo exclusivo, lo propio, lo suyo, la vida humana es inseparable de lo privado o privativo de uno. Milan Kundera anota en La insoportable levedad del ser que “La persona que pierde su intimidad lo pierde todo”. Lo personal es lo que se conforma en lo íntimo de cada uno, constituye su aspecto medular y característico. Es la base del derecho. Es el primer paso del derecho de propiedad. Cada persona tiene el derecho de resguardar y preservar su privacidad y decidir que parte de su ser prefiere compartir con otras personas y cual hace pública para conocimiento de todos los que se interesen por esa faceta de la personalidad. El entrometimiento, la injerencia y el avasallamiento compulsivo de la privacidad lesiona gravemente el derecho de la persona.

 

La primera vez que el tema se trató en profundidad, fue en 1890 en un ensayo publicado por Samuel D. Warren y Luis Brandeis en la Harvard Law Review titulado “El derecho a la intimidad”. En nuestro días, Santos Cifuentes publicó El derecho a la vida privada donde explica que “La intimidad es uno de los bienes principales de los que caracterizan a la persona” y que el “desenvolvimiento de la personalidad psicofísica solo es posible si el ser humano puede conservar un conjunto de aspectos, circunstancias y situaciones que se preservan y se destinan por propia iniciativa a no ser comunicados al mundo exterior” puesto que “va de suyo que perdida esa autodeterminación de mantener reservados tales asuntos, se degrada un aspecto central de la dignidad y se coloca al ser humano en un estado de dependencia [y ] de indefensión”.

 

Tal vez la obra que mas ha tenido repercusión en los tiempos modernos sobre la materia es La sociedad desnuda de Vance Packard y la difusión más didáctica y documentada de múltiples casos es probablemente el libro en coautoría de Ellen Alderman y Caroline Kennedy titulado El derecho a la privacidad. Los instrumentos modernos de gran sofisticación permiten invadir la privacidad sea a través de rayos infrarrojos, captación de ondas sonoras a larga distancia, cámaras ocultas para filmar, fotografías de alta precisión, espionaje de correos electrónicos y demás parafernalia pueden anular la vida propiamente humana, es decir, la que se sustrae al escrutinio público.

 

Sin duda que se trata de proteger a quienes efectivamente desean preservar su intimidad de la mirada ajena, lo cual no ocurre cuando la persona se expone al público. No es lo mismo la conversación en el seno del propio domicilio que pasearse desnudo por el jardín. No es lo mismo ser sorprendido por una cámara oculta que ingresar a un lugar donde abiertamente se pone como condición la presencia de ese adminículo.

 

Si bien los intrusos pueden provenir de agentes privados (los cuales deben ser debidamente procesados y penados) hoy debe estarse especialmente alerta a los entrometimientos estatales -inauditos atropellos legales- a través de los llamados servicios de inteligencia, las preguntas insolentes de formularios impositivos, la paranoica pretensión de afectar el secreto de las fuentes de información periodística y toda la vasta red impuesta por la política del gran hermano orwelliano como burda falsificación de un andamiaje teóricamente establecido para preservar los derechos de los gobernados.

 

Todas las Constituciones civilizadas declaran preservar la privacidad de las personas, pero en muchos casos es letra muerta debido a la permanente acción avasalladora de las impertinentes estructuras gubernamentales que se hacen presentes en los vericuetos y recovecos más íntimos del ser humano. Esa intimidad de la que nace su diferenciación y unicidad que, como escribe Julián Marías en Persona, es “mucho más que lo que aparece en el espejo”.

 

En ese contexto y en tantos otros en los que se constatan tantos abusos de las maquinarias estatales, suele producirse un temor reverencial a la mal llamada “autoridad”. Mal llamada porque la expresión proviene del latín autor para significar el creador, el que conoce de cierto tema, es decir, quien tiene autoridad moral e intelectual y por una extensión ilegítima la costumbre ha aceptado contrabandear su sentido original.

 

Respecto de la libertad de expresión, inseparable de una sociedad libre, puede resumirse en el siguiente decálogo. Primero, absolutamente todo debe permitirse que se exprese lo cual no es óbice para que los que se sientan damnificados de algún modo recurran a la Justicia para su debida reparación. De lo que se trata es de abrogar toda posibilidad de censura previa. Segundo, lo anterior incluye ideas consideradas disolventes, las cuales deben ser discutidas abiertamente pero nunca aplicar criterios inquisitoriales. Tercero, no deben existir agencias oficiales de noticias al efecto de evitar la tentación de utilizarlas políticamente.

 

Cuarto, el espectro electomagnético y las señales televisivas (y las respectivas definiciones de los anchos de banda) deben asignarse en propiedad y eliminar la peligrosa figura de la concesión. Quinto, los gobiernos no deben contar con medios de comunicación estatales ni involucrarse en relación alguna con la prensa oral o escrita. Sexto, no debe existir organismo de control de ningún tipo incluido los llamados horarios para menores en un contexto de satélites que toman señales de muy diversos husos horarios, situaciones que quedan reservadas a los padres y a las codificaciones y limitaciones de los propios medios.

 

Séptimo, afecta la libertad de prensa el establecer topes monetarios para la financiación de campañas electorales puesto que la independencia de los gobiernos respecto a pretendidos empresarios que esperan favores a cambio debe ser por la vía institucional a través de la preservación de las respectivas independencias en un sistema republicano a través de  normas compatibles con el derecho para evitar la cópula entre el poder y el mundo de los negocios. Octavo, bajo ningún concepto se debe promulgar una “ley de medios” ya que esto significa restringir y politizar la libertad de prensa y la cambiante pluralidad de voces.

 

Noveno, quienes estimen que pueden imprimir o decir de mejor manera lo pueden hacer instalando otro medio (y si no disponen de los recursos necesarios los reclutan en el mercado local o internacional si es que lo que proponen resultara atractivo y viable).

 

Y décimo, cuando se hace alusión a la competencia no se está definiendo a priori cuantos proveedores de cierto bien o servicio debe haber, pueden existir miles, uno o ninguno (y las situaciones no son irrevocables sino cambiantes), como queda dicho el tema crucial es que el mercado se encuentre abierto y libre de trabas de toda índole para que, en nuestro caso, cualquiera que contemple un proyecto periodístico lo pueda ejecutar (lo cual, claro está, no garantiza su éxito).

 

Por último, como se ha señalado en incontable oportunidades, en la medida en que se afecte la propiedad se desfiguran los precios con lo que se dificulta la contabilidad, la evaluación de proyectos y, consiguientemente, el cálculo económico en general con lo que la pobreza es inexorable. Esto es a lo que han conducido todos los socialismos en oposición a los valores y principios en los que descansa la sociedad abierta. Y en el extremo, el caos total puesto que se opera a ciegas sin indicadores económicos para asignar los siempre escasos recursos.

 

La destrucción de valores entonces opera por muy variados andariveles, pero el respeto recíproco basado en la propiedad de cada cual constituye un aspecto vital que si se subestima y conculca, indefectiblemente los avances de la humanidad se retrotraerán a la edad de los cavernícolas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

¡Otra vez controles de precios!

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 1/5/16 en: http://www.rionegro.com.ar/columnistas/otra-vez-controles-de-precios-XB300415

 

El sábado pasado, el gobierno prorrogó el programa Precios Cuidados hasta el mes de septiembre y aseguró que será “inflexible” en el cumplimiento de las cifras estipuladas en el acuerdo. Al mismo tiempo, buscó legitimar esta medida bajo el argumento de que se trata de una política “valorada por la gente”.

Francisco Cabrera, el ministro de Producción, explicó que la suba promedio de los productos en estos cuatro meses será del 4,8% y que se amplía la cantidad hasta 400; las carnes se suman al programa entre los 83 nuevos productos. Luego, el ministro señaló: “No tenemos prejuicios de que todo esté mal o todo esté bien”, para finalizar de la siguiente manera: “No recuerdo nunca una crítica a un acuerdo de precios, porque son voluntarios. Lo que hubo (durante el kirchnerismo) fue patoterismo”.

Por su parte, Javier Tizado (h.), el subsecretario de Comercio Interior, resaltó que “el gobierno va a ser inflexible en el cumplimiento del programa Precios Cuidados” y sostuvo que va a ser muy severo con los comercios que no respeten el acuerdo.

Ahora, si los acuerdos son voluntarios, se debe poner el foco al menos en dos cuestiones: primero, ¿es necesario que el gobierno involucre ministros, subsecretarios, directores y un interminable número de empleados? Sobre todo, cuando ello implica una cuantiosa carga salarial que contribuye, además, a incrementar el déficit fiscal –uno de los problemas que más compromete a la actual administración–, tan sólo para refrendar la voluntad de las partes; luego, y no menos importante, la inflexibilidad frente al incumplimiento más lo severo de las penalidades dejan en claro que los “acuerdos” “no son voluntarios”.

Por otra parte, se debe señalar que la planificación si no es coactiva resulta superflua; pero no inofensiva debido a los gastos señalados que demanda.

Como dijo Milton Friedman, premio Nobel de Economía 1976: “Los economistas no sabemos demasiado, pero lo que sí sabemos es crear escasez. Si usted desea crear una escasez de tomates, por ejemplo, emita una ley por la que los negocios no puedan vender tomates a más de dos centavos por kilo. Instantáneamente tendrá escasez de tomates. Lo mismo sucede con la gasolina o el gas”.

Con diferencia de grados y matices, la experiencia histórica argentina se ha caracterizado porque hubo varios intentos de modificar la distribución de rentas. Para ello, reiteradamente, se ha intentado una y otra vez controlar a la baja los precios de algunos, varios o todos los bienes de la economía. Pero los resultados, y esto es inexorable, nunca fueron los buscados.

Distintas facciones defensoras de la intervención en los precios, como el peronismo, desarrollismo y todas las agrupaciones y partidos políticos a los que el lector imagine le cuadra el sufijo “ismo”, si bien no son iguales, poseen en común una ideología “nacionalista” y procuran seguir una política económica que satisfaga las aspiraciones de las mayorías populares. Como dijo Adolfo Canitrot, “a esa política se la llama, aquí, populista”.

Como objetivo se propone mejorar las condiciones de vida de los sectores de medianos y bajos ingresos, aunque, también se dice, sin alterar fundamentalmente la estructura de propiedad y las relaciones económicas vigentes. Pero los intentos de redistribución fracasan en cuanto se los pretende perdurables, ya porque operan las propias características que esas experiencias engendran al ponerse en marcha elementos objetivos que han de ponerles fin, ya porque son comidos por la inflación o trastrocados abruptamente por la aplicación de políticas de signo contrario.

En cambio, mal que les pese a los economistas, no se pueden moldear los hechos a su antojo. Sólo se puede apelar a escudriñar sobre las verdaderas causas que provocan determinados hechos económicos. Y los controles de precios, propiamente, pretenden sojuzgar las verdaderas causas generadoras de la inflación: la expansión monetaria por encima de la demanda del mercado.

Dicha política, lejos de solucionar el problema, acentúa los males. Porque a los problemas de escasez generados se les suma la mala inversión, que altera los márgenes operativos, ahuyentando capitales donde debía atraerlos y atrayéndolos donde no resultaba tan urgente su inversión. En síntesis, la medida que buscaba favorecer a los consumidores los termina perjudicando.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

La UBA está en crisis hace años

Por Yamil Santoro: Publicado el 3/5/16 en: http://opinion.infobae.com/yamil-santoro/2016/05/03/la-uba-esta-en-crisis-hace-anos/ 

Soy uno de los cientos de miles que hoy tienen un título universitario gracias al sacrificio de millones de argentinos que, con sus impuestos, permitieron que pudiera estudiar. También hoy estoy recibido gracias al esfuerzo de miles de profesores que donaron (y donan) sus horas de clase. A pesar del sacrificio de tantos, veo que actualmente unos pocos oportunistas se quieren colgar de la Universidad de Buenos Aires (UBA) para criticar al Gobierno de Mauricio Macri, al opacar con su miseria política un debate mucho más profundo y concreto: la UBA está en crisis hace años.

La UBA sufrió un serio proceso de desfinanciamiento durante la gestión kirchnerista. Si bien aumentó a nivel nacional el porcentaje del PBI que se invierte en educación superior, dicha distribución no fue uniforme, ni se rigió por criterios de eficiencia ni de necesidades reales. En la repartición, la UBA salió perdiendo. Así las cosas, en el 2008, la UBA recibió el equivalente a aproximadamente 50 pesos diarios por alumno: unas ocho veces menos que la Universidad de Avellaneda (455 pesos diarios) y unas seis veces menos que las universidades que se fueron creando desde el 2009 (301 pesos diarios). Esto surge de las partidas asignadas según la ley de presupuesto nacional nº 27.008, cruzándolo con la cantidad de alumnos por casa de estudios. La universidad más grande del país, bajo la gestión kirchnerista, recibió uno de los menores presupuestos por alumno.

De hecho, en términos reales, la UBA tuvo un achicamiento presupuestario entre el 2014 y el 2015. El aumento presupuestario fue del 29,6%, una disminución en torno al 10% si se tiene en cuenta que la inflación 2014 estuvo cerca del 40% anual. Nos vienen ajustando hace rato para beneficiar, en cambio, a universidades con pocos alumnos o recientemente estatizadas. A eso debe sumársele que ha pasado de representar un 31% del total del presupuesto universitario a estar en torno al 28 por ciento. La UBA perdió terreno frente a universidades más chicas bajo la gestión kirchnerista. Para coronar el desfinanciamiento kirchnerista, antes de irse, aprobaron el presupuesto 2016, que tenía previsto un aumento real del 0% (30% en términos nominales, similar a la inflación 2015).

Más del 53% de los docentes de la UBA trabajamos ad-honorem hace años. En parte esto se debe a fallas organizativas, dado que hay gente que cobra sin ir a dar clases y nos bloquea el acceso a quienes efectivamente trabajamos. De hecho, muchos buenos docentes se terminan yendo de la UBA porque no reciben un pago por su trabajo y si lo reciben, es una miseria. La docencia en la UBA es un sacerdocio y muchos lo hacemos por apostar genuinamente a la educación pública. Pero lejos está de ser una organización sostenida con fondos públicos. Esa es una mentira que tenemos que dejar de repetir, es una entidad de economía mixta que se sostiene en buena parte por el sacrificio de docentes que donan sus horas y alumnos que sufren las consecuencias de una mala administración o una insuficiencia de fondos, según el caso.

El problema fundamental en torno a la educación pública en Argentina es que los fondos no se distribuyen con criterios técnicos ni estratégicos. De hecho, el Congreso Nacional tuvo la deshonrosa irresponsabilidad de estatizar la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo sin que existiera ninguna razón técnica ni educativa para hacerlo. Son fondos que nos robaron a los docentes que trabajamos para sostener estructuras políticas. Un insulto para todos los que integramos la comunidad educativa. Varias universidades más fueron creadas sin el aval del Consejo Interuniversitario Nacional. Gastaron la plata sin pensar en la calidad educativa, no hubo planificación estratégica y a nadie le importó corregir injusticias: el clientelismo movió la mano de los funcionarios durante años y perdió la educación.

Hace años que la comunidad educativa advierte sobre los riesgos de este crecimiento irresponsable. Julieta Claverie, doctora en Educación e investigadora del Centro de Estudios de Estado y Sociedad, advirtió: “El tema es cómo se sostendrá ese financiamiento a largo plazo. No se está pensando la articulación del sistema en su conjunto; en el Conurbano algunas universidades se están ‘pisando’ entre sí”.

A nivel regional, la UBA tampoco sale favorecida. A valores de 2015, estaba recibiendo un aproximado de 5-6 dólares, muy por debajo de los 73 dólares diarios que maneja la Católica de Chile (que es privada), los 68 dólares diarios que tiene la de San Pablo o la Autónoma de México, que posee aproximadamente 15 dólares diarios, con la misma cantidad de alumnos. Y aun así mantenemos un muy buen nivel. ¿Por qué? Por los miles de héroes que donan sus horas y trabajan a pesar de todo, no por el vendaval de oportunistas que ahora salen a decir que la UBA tiene problemas porque aumentó la factura de luz.

Hay varias partidas presupuestarias que pueden optimizarse o deberían auditarse. Por ejemplo, tomando algunos números del presupuesto 2015, ¿son necesarios los 672 mil pesos de “subsidios de viajes a decanos”? ¿Y los 3.843.000 pesos de la gestión de relaciones internacionales? Sólo por poner un par de casos. ¿Saben cuánto representa la factura de luz en el presupuesto de la UBA? Se encuentra en torno al 1% del total. La Constitución Nacional consagra la autonomía universitaria, es decir, la UBA elige cómo administrar sus recursos.

Con base en todo lo anterior tenemos dos discusiones que dar: primero, dónde estamos invirtiendo; indudablemente la UBA ha perdido terreno en términos presupuestarios por una administración clientelar de la inversión educativa y se han desviado fondos para financiar universidades sin respaldo técnico, cuando existen muchas necesidades en algunas de las universidades existentes. Segundo, la UBA se maneja con escasa transparencia y sin un debido control. Sin ir más lejos, las páginas de esta universidad sobre datos presupuestarios no poseen información actualizada (la última resolución sobre presupuesto subida es del 2013 y la última auditoría publicada es del 2012).

La UBA está en crisis hace años. Funciona gracias al sacrificio de muchos y muy por debajo de todo su potencial. Quizás sea un buen momento para dar un debate serio sobre el papel de la UBA. Hay muchas injusticias por corregir, pero para empezar a cambiarlas debemos sacarnos las anteojeras del chiquitaje político-partidario y comprometernos con el tema de fondo: la educación pública.

 

Yamil Santoro es profesor de Microeconomía en la Carrera de Administración de Empresas de ESEADE.

Un populismo que no cede

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 9/5/16 en http://www.lanacion.com.ar/1896768-un-populismo-que-no-cede

 

Muchos de los que se dicen opositores al kirchnerismo y condenan la corrupción hoy defienden sus políticas estatistas, sin advertir que la intervención del gobierno en la economía genera la oportunidad de vaciar las arcas públicas.

 

Hay quienes se pronuncian en contra de los populismos pero en los hechos los patrocinan, al suscribir con medidas francamente estatistas. Entre muchos argentinos se observa con alarma la semilla del gobierno anterior, aunque se dicen opositores al kirchnerismo. Es paradójico: critican los 12 años de gestión gubernamental y se fascinan ante la posibilidad de que se procese y condene a la ex presidenta y sus colaboradores, pero al mismo tiempo alaban sus políticas. No parecen percatarse de que lo que en realidad reclaman es kirchnerismo de buenos modales y sin corrupción.

Tampoco advierten que, más allá de tal o cual gobernante, lo relevante es el sistema que hace posible y estimula la corrupción, es decir, una estructura estatista que permite el uso discrecional del poder. Recordemos el dictum de Lord Acton: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Por un lado, entonces, detestan la corrupción, y por el otro la alientan, al apoyar el intervencionismo estatal que inexorablemente la genera.

El argumento es más o menos siempre el mismo: yo manejo bien mi patrimonio, pero el resto es incapaz y requiere un “experto” gubernamental que maneje bien el fruto de su trabajo; de lo contrario, lo invertirá mal. Olvidan que uno de los ejes centrales de la sociedad abierta consiste en el proceso del mercado libre y competitivo, donde los que aciertan en la satisfacción de las necesidades ajenas obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos. Así, el sistema hace que los siempre escasos recursos estén en las mejores manos. Este mejor aprovechamiento permite aumentar las tasas de capitalización, que es lo que hace que los salarios e ingresos aumenten.

Esto está bien ilustrado en el título de uno de los libros del premio Nobel de economía Friedrich Hayek, La fatal arrogancia. Los errores del socialismo. Es así: se trata de la soberbia de megalómanos que pretenden manejar por la fuerza vidas y haciendas de terceros. No es que el liberalismo sea perfecto -la perfección no está al alcance de los mortales-, pero se trata de minimizar costos y convertir en políticamente posible lo que al momento no lo es. Sostener que en política se hace lo que se puede es una perogrullada, el asunto es empujar en la buena dirección “desde el llano”; en el caso argentino, esto apunta a suscribir con el paradigma alberdiano.

El conocimiento está disperso y fraccionado entre millones de personas, las señales de los precios coordinan el proceso para la mejor asignación de recursos. La intención de los burócratas-planificadores resulta irrelevante, pues la decisión política necesariamente será distinta de lo que decida la gente en libertad (si fuera igual, no habría necesidad de consumir fondos para pagar emolumentos innecesarios; además, para saber qué requiere la gente hay que dejar que se exprese).

En el actual contexto argentino, temas monetarios, fiscales, laborales, de comercio exterior, de protección de derechos, de ética pública, aparecen en algunos debates en los que implícitamente se da por sentada la razón kirchnerista, es decir, la razón del populismo exacerbado. Se plantean reformas que son pura cosmética, ya que quedan intactas funciones incompatibles con la forma republicana de gobierno. Se termina “haciendo la plancha”, sólo que con funcionarios de mejores modales.

Es ridículo pensar que puede cambiarse a un sistema libre si se dejan inalterados los organismos con funciones creadas y administradas por los populismos y sus respectivas disposiciones y reglamentaciones. La libertad de que se dispone puede ser ancha como un campo abierto o puede convertirse en un sendero estrecho, angosto y oscuro en el que apenas se pasa de perfil. Lo uno o lo otro depende de que no se restrinja la libertad del prójimo por la fuerza. No dejamos de ser libres porque no podemos volar por nuestros propios medios, ni porque no podemos dejar de sufrir las consecuencias de nuestros actos inconvenientes, ni somos menos libres debido a que no podemos desafiar las leyes de gravedad ni las leyes biológicas. Sólo tiene sentido la libertad en el contexto de las relaciones sociales y, como queda dicho, ésta disminuye cuando se la bloquea recurriendo a la violencia.

Para medir nuestras libertades, pensemos en lo que podemos y no podemos hacer. Unas pocas preguntas relativas a la vida diaria aclararán el tema. ¿Están abiertas todas las opciones cuando tomamos un taxi? ¿Ese servicio puede prestarse sin que el aparato estatal decida el otorgamiento de licencias especiales, el color del vehículo, la tarifa y los horarios de trabajo? Cuando elegimos el colegio de nuestros hijos, ¿la educación está libre de las imposiciones de ministerios de educación y equivalentes? ¿Puede quien está en relación de dependencia liberarse de los descuentos compulsivos al fruto de su trabajo? ¿Puede elegirse la afiliación o desafiliación de un sindicato o no pertenecer a ninguno sin sufrir medidas por parte de los dirigentes? ¿Puede exportarse e importarse libremente sin padecer aranceles, tarifas, cuotas y manipulaciones en el tipo de cambio? ¿Pueden elegirse los activos monetarios para realizar transacciones sin las imposiciones del curso forzoso? ¿Hay realmente libertad de contratar servicios en condiciones pactadas por las partes sin que el Gran Hermano imponga sus caprichos? ¿Hay libertad de prensa sin contar con agencias gubernamentales de noticias, pautas oficiales, diarios, radios y estaciones televisivas estatales? ¿Hay mercados libres con pseudoempresarios que hacen negocios con el poder de turno en medio de prebendas y privilegios? ¿Puede cada uno elegir la forma en que preverá su vejez sin que el aparato estatal succione el salario por medio de retenciones? ¿Pueden futuras generaciones liberarse de deudas estatales contraídas por gobiernos que no han elegido y sin que se caiga en la falacia de las “ventajas intergeneracionales”? Quienes apoyan la prepotencia de los aparatos estatales no perciben que lo que financia el gobierno siempre proviene compulsivamente de los bolsillos del vecino, especialmente de los más pobres.

La decadencia de la libertad no aparece de golpe. Se va infiltrando de contrabando en las áreas más pequeñas y se va irrigando de a poco, a fin de producir una anestesia en los ánimos. Pocos son los que dan la voz de alarma cuando el cercenamiento de libertades no le toca directamente el bolsillo.

“Se olvida que en los detalles es donde es más peligroso esclavizar a los hombres -escribió Tocqueville-. Por mi parte, me inclinaría a creer que la libertad es menos necesaria en las grandes cosas que en las pequeñas, sin pensar que se puede asegurar la una sin poseer la otra.” Por su lado, Anthony de Jasay consigna: “Amamos la retórica y la palabrería de la libertad a la que damos rienda suelta más allá de la sobriedad y el buen gusto, pero está abierto a serias dudas si realmente aceptamos el contenido sustantivo de la libertad”.

¿Cuántas personas hay que no hacen nada por la libertad? ¿Cuántos hay que creen que son otros los encargados de asegurarles el respeto a sus derechos? ¿Cuántos son los indiferentes frente al avasallamiento de la libertad de terceros? ¿Cuántos los que incluso aplauden el entrometimiento insolente del Leviatán siempre y cuando no afecte sus intereses de modo directo?

Entonces, ¿por qué ser libres? Por la sencilla razón de que de ese modo confirmamos la categoría de seres humanos y no nos rebajamos y degradamos en la escala zoológica, por motivos de dignidad y autoestima, para honrar el libre albedrío del que estamos dotados, para poder mirarnos al espejo sin que se vea reflejado un esperpento, para liberar energía creadora y así mejorar el nivel de vida y, sobre todo, para poder actualizar nuestras únicas e irrepetibles potencialidades.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

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