UNA CONVERSACIÓN PECULIAR

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Me refiero al libro titulado El diálogo. El encuentro que cambió nuestra vida sobre la visión de la década del 70, editado en Buenos Aires por Sudamericana en el año que corre de 2015 donde se consignan las conversaciones entre Graciela Fernández Meijide y Héctor Ricardo Leis con la coordinación de Pablo Avelluto. Como es sabido, los contertulios son una madre a la que el gobierno militar de entonces secuestró y mató a uno de sus hijos y un ex miembro de la banda Montoneros.

 

Personalmente he escrito en varias ocasiones sobre los procedimientos militares en la guerra antiterrorista a través del secuestro, la tortura, la exterminación y el robo de hijos de los capturados, todo inadmisible para cualquier persona con un mínimo de decencia, por un lado, y la responsabilidad que le cabe a los guerrilleros que iniciaron las matanzas y masacres a diestra y siniestra de civiles indefensos y blancos variados y en muy diversos frentes, al tiempo que se aplicó y se aplica una grave hemiplegia moral y una justicia tuerta al condenar a los primeros y eximir a los segundos de lo que les cabe en esta tragedia superlativa.  Leis explica que “Los intelectuales de izquierda siempre estaban en contra de la violencia del Estado contra los guerrilleros. Pero de la violencia de los guerrilleros contra el Estado no decían nada […] A nadie le interesaban las leyes de la guerra ni a nosotros ni a los militares. Cuando tenías secuestrado a alguien, si te pedía que aplicaras la Convención de Ginebra te morías de risa”, tema sobre lo que Fernández Meijide recuerda que “en la época de las Brigadas Rojas a Dalla Chiesa [general italiano] le habían propuesto torturar detenidos como un modo de obtener información sobre el secuestro de Aldo Moro y declaró que Italia podía sobrevivir a la pérdida de Aldo Moro pero que no iba a sobrevivir a la introducción de la tortura”.

 

De entrada subrayo una vez más la actitud criminal de la tortura sobre lo que escribí la última vez en “La Nación” de Buenos Aires en un largo artículo titulado “Ninguna causa justifica la tortura”, el 23 de julio de 2007 donde aludí al abuso monstruoso que significa y destacaba el valor de cada persona que, como se ha dicho, nunca puede utilizarse como medio para los fines de otros con la pretensión de sonsacar la información que fuere (que, además, como escribe César Beccaria, no es confiable) al tiempo que reflexionaba sobre lo improcedente de pretender el establecimiento de normas compatibles con el derecho en base a life boat situations  y citaba la opinión de Michael Ignatieff en cuanto a que para evitar todo debate sobre si se recurre o no a la tortura, los respectivos procedimientos e interrogatorios deben ser filmados y archivados en organismos de auditoría.

 

Fernández Meijide, refiriéndose a los militares,  concluye que “Podrían haber hecho un juicio y nos hubieran puesto en un gran problema a los organismos de derechos humanos. Hubiéramos tenido que poner abogados para defender el derecho de un grupo de personas a ingresar al país con armas para llevar adelante acciones subversivas. ¿Como hubiéramos hecho? Nos hubieran deshecho políticamente. Y en lugar de hacer eso, los liquidaron prácticamente a todos”; así es, el juicio y el proceder a cara descubierta no hubiera generado las tremendas consecuencias morales que tuvieron lugar. Si no fue posible con la Cámara Federal en lo Penal debido al ataque a mansalva a sus miembros y al bloqueo del gobierno peronista, por lo menos había que haber establecido juicios en la jurisdicción militar en base al debido proceso y consecuentemente con las necesarias garantías procesales. En una línea argumental equivalente, dejando de lado otros aspectos reprobables, es pertinente citar la muy oportuna advertencia del general Lanusse dirigida a sus camaradas de armas el 29 de diciembre de 1970: “En la lucha contra el enemigo subversivo debe evitarse la fácil tentación de emplear los mismos métodos que los terroristas, ya que ello deterioraría gravemente la eticidad de nuestra posición y destruiría el fundamento de nuestra lucha”.

 

Leis elabora sobre la violencia a la que incitaba Perón que era “un ejemplo de fomento al odio” y “Entonces no veíamos los contenidos fascistas dentro del peronismo” y “Después del asesinato de Aramburu, Perón coqueteaba con la idea de la guerra revolucionaria y lanzó la consigna del Socialismo Nacional. Cualquier parecido con el nacionalsocialismo no lo registramos” puesto que antes que nada “el peronismo es violento”. Leis en su origen  comenzó “en la Juventud Comunista y después, en el Partido Comunista” que “se dio en simultáneo con la Revolución Cubana” y “en la universidad comencé a leer, me pasaron textos y me convertí al marxismo y el deseo de la Revolución, atrapado por una facilidad romántica”. Por su parte, Graciela Fernández Meijide apunta sobre los guerrilleros que “muchos de esos jóvenes de clase media y media alta provenían de familias católicas. Hay que sumar el surgimiento de la Teología de la Liberación. Antes de ese momento, en los 60, existían los curas obreros” a lo que Héctor Leis adhiere al destacar que “Los Montoneros eran católicos conservadores unidos con izquierdistas marxistas”. En todo caso, Leis enfatiza que “Cuando me miro a la distancia no me reconozco. Eso es justamente porque hice cosas que no podía explicar […] cuando pusimos las manos en la masa, en la violencia, la estética y la ética desaparecieron […] Nos fuimos brutalizando […] El ERP se dedicaba a asaltar cuarteles y los montoneros a matar gente, secuestrar y robar dinero”.

 

Fernández Meijide recuerda que a los tres días de asumir Alfonsín dictó dos decretos “uno pidiendo el procesamiento de las cúpulas de las organizaciones guerrilleras y en el otro el de las cúpulas militares” lo cual en parte se descompuso con las leyes de punto final y obediencia debida y, mucho peor, con los indultos del menemato lo cual permitió que muchos miraran para otro lado hasta su abrogación para entrar en la faz de la justicia tuerta a la que nos referimos más arriba.

 

Continúa Graciela Fernández Meijide en referencia a los perseguidos por las Fuerzas Armadas que “Nos está faltando reconocer que la mayoría era militante, que en buena parte eran combatientes y que las consecuencias de todo esto fueron brutales” a lo que responde Leis recordando que “Hubo muchísimos intelectuales que en esa época también incentivaron la lucha armada y no se dieron por aludidos […] Hay un oportunismo y un cinismo terribles en esta cuestión” y que, a su criterio, “Firmenich es igual a Videla. Porque ninguno de los dos se hace cargo de lo que hizo. El problema está en las conducciones que piden que el otro bando se haga cargo de todo. Como si no hubiera habido errores y crímenes contra la humanidad en ambos lados”.

 

Hago un paréntesis o una digresión para decir que hay una frase de Leis que contiene una idea muy cara a nosotros los liberales y es cuando se refiere a la “ilusión según la cual todos somos iguales. Es la mentira populista. Somos iguales desde el punto de vista de la ley pero en el resto de las cosas de la vida no somos todos iguales”. Más claro imposible, con el agregado de que en un mercado abierto los que quieren mejorar patrimonialmente deben servir a sus semejantes: los que aciertan en sus necesidades ganan y los que yerran incurren en quebrantos, a diferencia de los pseudoempresarios que en cópula hedionda con el poder explotan miserablemente a los demás a través de prebendas y canonjías varias con el apoyo logístico de organismos perversos como el FMI y el Banco Mundial que operan con recursos succionados al fruto del trabajo ajeno. Las diferencias de ingresos en una sociedad abierta dependen de los votos diarios de la gente en el supermercado y afines.

 

El jugoso diálogo inserto en este libro da para muchas otras reflexiones pero no hay espacio en una nota periodística. Termino con una anécdota que he relatado en otras ocasiones. Como rector de ESEADE, uno de mis invitados fue Henri Lepage que cuando recibió la invitación me respondió que no la aceptaba en vista de las torturas que tenían lugar en la Argentina. Enfrascado en mis críticas a la política económica del gobierno militar que se consignaron en los medios de la época y concentrado en mis faenas docentes, daba por sentado que el combate al terrorismo se llevaba a cabo por canales normales, en ese entonces no me percaté de lo que venía sucediendo y le contesté de inmediato al profesor francés que lo que decía era infundado. Lo convencí y finalmente dictó sus conferencias entre nosotros y manifestó que por lo que pudo ver e informarse estaba “completamente equivocado”. Al tiempo de su regreso a París -por aquello de noblesse oblige– le escribí nuevamente pidiendo perdón puesto que él tuvo razón en su opinión original.

 

Ganar batallas en el terreno militar y perderlas en el terreno moral conducen a resultados muy perjudiciales a los ojos de la civilización, por más que como ha escrito Jorge Masetti en El furor y el delirio “si hubiéramos ganado, el continente se hubiera convertido en un río de sangre” debido a “la gran barbarie que significó el comunismo cubano”.  Cuando me informé de los procedimientos criminales de los militares en el combate a los terroristas tuve una crisis feroz que me revolvió las tripas y, como dije en otra ocasión, me produjeron náuseas en sentido literal, porque una cosa es discutir acaloradamente sobre las equivocaciones gruesas en materia de política económica (incluso la irresponsabilidad canallesca del gobierno militar de entonces por la guerra de las Malvinas) y otra es recibir un cachetazo en pleno rostro por haberse abandonado las bases más elementales de la conducta moral.

 

Cierro finalmente al dejar nuevamente constancia de mi plena coincidencia con el tres veces candidato presidencial estadounidense Ron Paul y el Juez Andrew Napolitano del mismo país, en cuanto a que Edward Snowden es un héroe al poner al descubierto las inmundicias de los aparatos de inteligencia del llamado mundo libre con el pretexto de combatir el terrorismo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

THE MORAL FOUNDATIONS OF CAPITALISM (Ponencia presentada en la Mont Pelerin Society, Lima, Perú, 24-3-2015)

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 29/3/15 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2015/03/the-moral-foundations-of-capitalism.html

 

  1. The ethical foundation of private property.

It is not the first, nor the last time that this issue is explained, especially with the ever renewed Socialism´s attempts of keeping the monopoly on morality. However, this time my goal is not to refute socialism at that point. My goal in this paper is to talk between classical liberals and libertarians about our moral foundations, from two perspectives. One, a better foundation of property rights; two, noting that there are two issues usually forgotten in our intellectual circles.

There is nothing new if we make an elementary review on various ethical foundations that are common among us. It is customary to say that authors like Mises[1]  and Hayek[2]  have a strong utilitarian component -I have my reservations about it[3]– , while authors such as Rothbard[4], Nozick[5] or even Israel Kirzner[6] would favor an “absolute” foundation of property as “property of the person itself”. Ultimately, the debate between us keeps turning around deontologist or moral consequentialism around the private ownership of the means of production.

My contribution is to argue that there may be an overcoming instance of that conflict: Thomas Aquinas´s philosophy of law plus the economic foundations of property in Mises and Hayek.

I will not say anything original if I remember that Aquinas has relatively utilitarian grounds for property (in his time), though not as “utilitarianism”, an issue that has been remembered by Hayek[7].

What must be emphasized is that Aquinas did not have today’s dichotomy between utility and morality, understandably inherited from Kant. For Aquinas, the secondary precepts of the natural law are based on what is useful to human nature[8]. In turn, what is “appropriate” to human nature is ethical precisely because human nature and the free development of their potential is part of the “hard core” of ethics in Aquinas[9].

This “utility” does not depend on place and time, nor is it a necessary consequence of human nature (this would be the central axis of the primary precepts of the natural law) but is stable enough to talk of morality. For example, the precept “do not pull anyone out of the window” is ethical, of course, presupposing we inhabit a world with gravity. If we were in a space station with no gravity, throw anybody out the window would be as much a lack of education. The example is very important for the relationship between law, economics and ethics. In a world without scarcity, property would not be a secondary precept of the natural law, but in a world with scarcity, it is, in the same way to throw someone out the window is an assassination attempt in a world with gravity.

Therefore, if property, in Aquinas, is ethical because it is useful, economic arguments of Mises and Hayek in favor of property becomes ipso facto the reasons why the property is a secondary precept of the natural law. In a world where property is necessary for economic calculation[10], in a world where property is necessary for market coordination[11], respect for  property is then a moral duty, and property becomes property rights.  It’s not a matter of saying that property is a right “even if not useful” or that property is useful “regardless of its morality,” but that is ethical because it is useful. This is a way of overcoming the post-Kantian debate between consequentialism and deontologism. I should also clarify that, as we all know, Mises and Hayek´s reasons for property are not circumstantial, but part of a universal economic science in the world of dispersed knowledge.

  1. The non-aggression principle and Judeo-Christianity.

But someone could tell me that this is not enough. The absolute foundation of property would be “being your owner” like Rothbard has explained[12]; that would be the foundation, in turn, of the non-aggression principle. Indeed, someone could tell me that, for the Christian natural law point of view, to be in favor of the non-aggression principle would be very difficult, as in Christianity the only absolute owner is God, not man.

The objection is excellent, but can be answered. It is true that I talked, in the previous section, only of ownership of the means of production. And, of course, this is not enough. A free society has a deeper moral foundation: human dignity, understood as human person created in the image and likeness of God, concept that was used nothing more and nothing less than the declaration of independence of the USA.

It has often been said that human dignity and individual rights has its origin in the Judeo-Christian tradition, and I share that view. But not always it is related -understandably- to the non-aggression principle. In the Judeo-Christian tradition, only God is “Dominus”, “The Lord”. In that sense, He is our owner, our Lord, our Master; we are just administrators of our talents (Matt 25, 14-30). I know that any libertarian could have a strong disagreement. However, God as our Lord is in no way contradictory to the non-aggression principle. Why? Because given that God owns us, none of us is, therefore, owner of other people. That is, and none of us is the absolute master of his person, because only God owns, from which it follows that no one person owns the other. (“The other” as “other people”). Invading other people is to take the place of God. A believer knows he/she must not inflict violence on another precisely because he/she is not God. A God who, in the Judeo-Christian tradition, has not used violence on a man: he has established an alliance, new and old, and alliance that requires free-acceptance. The tragedy of authoritarianism is not to use violence that God “could” had used: the tragedy is using violence that God never used, however being “the Lord”. In the Judeo-Christian thought and history, humans are not the slaves of a farm owner, at most kind; are rational beings who must respond freely to God’s call. The Judeo-Christian tradition leads to a Christian non-aggression principle: you shall not invade “the other”, ever because God alone is The Lord.

  1. The alleged instrumental rationality of capitalism.

There is another debate, which libertarians and classical liberals should pay more attention. Many times our rejection of non-limited government is not understood, because from other paradigms we are accused of not understanding certain “intrinsic” violence of the free market. But, for us, this is absurd. How can there be violence in a free contract world? In order to understand this, we have to understand the Frankfurt School´s paradigm. Authors such as Adorno and Horkheimer considered that both totalitarianism and capitalism are based on the same logic: the logic of an instrumental rationality, a rationality of efficiency, a rationality that only allocates means to an end[13]. The moral problem is that according to the 2nd Kantian categorical imperative, nobody should treat a person as a means but an end. Locating a human being in a contractual relationship where the other is only a means for my purposes, would be unworthy a moral society. They offer no solution, because they are pessimistic authors:  there is no way out of what they call the dialectic of Enlightenment, and although they are supporters of Marx´s exploitation theory, were critical of the communist revolutions.

This view has spread far and was essential to the qualification of capitalism as an immoral but economically efficient system.

The next representative of the Frankfurt School was J. Habermas, who in his book Theory of Communicative Action[14]  saw a way out, not for capitalism, but to the ideals of Western reason: communicative reason. That is the dialogic reason, a reason that attempts to understand the other instead of controlling. Habermas obviously did not include a free market in the communicating reason.

However, we know, following Hayek that the free market is communication, coordination, of dispersed knowledge. The market is, in that sense, communicative action. However, the free market involves buying and selling by a free contract. The question is: buy and sell involves considering the other, necessarily, just as a mean to our ends?

As we know, Habermas considers -following Austin, Searle and Wittgenstein[15]– the existence of perlocutionary speech acts that generate an effect on behavior or thoughts of the receiver.  If those perlocutionary acts are hidden, then one could speak of an intention of deceiving the other person. But he distinguishes between open and closed perlocutionary acts. The open perlocutionary acts involve a “language game” (Wittgenstein[16]) in which the people involved know the game play. That knowledge may be implied (due to assumed cultural traditions) or explicit, when the rules are made explicit. The good news is that the market is precisely one of those open, communicative speech acts: the buyer knows the seller wants to sell and the seller know the game too. There are, in addition, known game languages once it comes into play. In that case, you are not treating the other just as a mean but respecting their personhood to assuming that the other involves freely in the market game, knowing the rules. The market is, in addition, a positive sum game, not an exploitation process as Frankfurt thinkers believed.

  1. Capitalism and alienation.

But the above would not be enough, because, apparently, the classical liberals have paid little attention to a psychological phenomenon that involves serious doubts about the morality of capitalism: alienation, massification.

The collective massification phenomena involve the alienation of the individual: a psychological loss of individuality to unconsciously impersonate another individual, which multiplied ad infinitum, produce the massification, in which there is no room for individual freedom, in a way.

Without referring to capitalism, Freud made a remarkable psychological diagnosis of alienation as an unconscious fixation with the father figure, allowing him, already in the 20s, to explain and predict the authoritarian phenomena spread throughout Europe at the time[17] . Contrary to what is often thought, he also expressly criticized the socialism of his time[18].

Victor Frankl also explained the phenomena of alienation as a result of the “existential neurosis” where the human being, because the anxiety of meaninglessness of his own existence, borrows the meaning of existence of another person, the authoritarian leader, who also finds in this authoritarianism a false meaning of life. You could say, following Frankl that the master and slave are both victims of “existential vacuum”[19].

But it was E. Fromm, in his famous book Fear for Freedom[20], which explicitly referred to capitalism as a situation of alienation. Not by chance, Fromm is also considered part of the Frankfurt School. For Fromm, at all stages of humanity, there is a process of alienation that is defined as sadomasochistic mutual relations, not sexual, but a power-desire nature. The individuals lose their individuality and are immersed in overcrowded relations of domination. The “anonymity”[21]  of personal relationships in the advanced stages of capitalism, the relations of exploitation (Fromm assumes Marx), plus the “cultural industry” where individuals fall into idolatry of artists and sportsmen popularized by the mass media, imply that capitalism is a kind of “breeding ground” for alienation processes. In this case we would be far from talking about personal freedom or an ethical consideration of freedom.

Setting aside the cases of Freud and Frankl, the question is: is Fromm right?

A “no” hasty would be unwise. Fromm is right about certain things:

  1. a) His specific psychological diagnosis of alienation is plausible. Unconscious sadomasochistic trends exist. Those trends are the reason many people enjoy unconsciously “being dominated”, that in turn leads to authoritarian situations to which classical liberals have always been very concerned. In addition, these psychological reasons for alienation are a warning to us all: the reason for the popularity of authoritarianism is not to have failed to explain ideas properly, but unconscious motivations of unlimited power that are, unfortunately, beyond rational motivations.
  1. b) The situations of anonymity of inter-personal relationships, in advanced commercial societies, are unavoidable. They are an advantage of a free society. As Hayek has explained very well, a family relationship or friendship is not necessary to enter institutionally in a market relationship with a stranger. But while Fromm sees this as necessarily a disadvantage, it is itself a moral progress, because millions and millions of people could not coordinate dispersed knowledge if it were not for these relatively impersonal interaction relationships. We should be concerned, however, of the detriment of deeper family and friendly relations, but the solution to this lies not in what the free market can do, but in the set of values that make a free society. It is precisely the growth of the welfare states that has broken the cohesion of intermediate societies and families that compensate, psychologically speaking, the necessary depersonalization of most of the market economy in a great society (supermarkets, banks, retail chains, etc.).
  1. c) Authoritarianism is not only a problem of governments. It also happens implicitly in the idolatry that the masses lavish on commercial products and “celebrities” of showbiz.  Fromm has a very important point. But this is not caused by the free market, but by human nature that (he acknowledges this) is beyond this or that prevailing social system. Classical liberals should pay more attention to certain intrinsic alienation of mass phenomena even when they are legally “free and voluntary” but not moral. However, is worse calling the state to solve these problems. The error is serious, because the supposed solution is worse than the problem. Is very innocent to call the force of the state to solve alienation, as if the state were not just people who can be easily alienated just for being in office. Calling the state for solving this problem is a manifest contradiction and a naive ignorance of the depths of the human nature. A free society is not a society where everyone has reached Kantian maturity or Christian holiness. It is a society where individual rights are not violated. That is the moral core of a free society. It is not a paradise of psychological maturity, but the minimum of ethics that requires respect for the dignity of others.
  1. Conclusion:
  1. a) The moral foundation of private ownership of the means of production finds in the secondary precepts of the natural law, according to St. Thomas Aquinas, a foundation that overcomes the dialectic between deontologism and consequentialism.
  1. b) This foundation is to recognize that the utility of property, as required by economic calculation (Mises) and coordination of dispersed knowledge (Hayek), has a moral character for his “convenience to human nature” (St. Thomas).
  1. c) The previous point does not deny that an ethical foundation of non-aggression principle remains necessary.
  1. d) This ethical view can be found in the Judeo-Christian tradition, because being God “The Lord”; no human being can own another’s life.
  1. e) However, from the Frankfurt School capitalism has been accused of intrinsically immoral, because capitalism would be based only in an instrumental rationality that places the human being in the category of a mere instrument.
  1. f) This objection can be answered by characterizing the coordination of market knowledge as a set of open game-languages where their speech acts are known for their participants and freely accepted.
  2. g) But that freedom is also objected because capitalism is also accused of being one of the unconscious sources of alienation, depersonalization, and massification.
  1. h) The answer to this objection is to recognize that in a free society can be mass phenomena, but these phenomena are not necessary fruit of capitalism, but human nature that goes beyond the systems in question. A free society is not a paradise of personal maturity and personal holiness, but a society with a sufficient institutional framework to protect individual rights. Such a society is very imperfect, but not the hell on earth that lead efforts to improve human nature by force of the state.

 

 

[1] Mises, L. von: Liberalismo, Unión Editorial, Madrid, 1977.

[2] Hayek, F. A. von: Los Fundamentos de la Libertad, Unión Editorial, Madrid, 1975.

[3] Zanotti, G.J.: “La filosofía política de Ludwig von Mises”, en Procesos de Mercado, Vol. VII, Nro. 2, Otoño 2010; e Introducción filosófica a Hayek(Universidad Francisco Marroquín, Unión Editorial, Guatemala/Madrid, 2003).

[4] Rothbard, M.N.: The Ethics of Liberty, New York University Press, 1982.

[5] Nozick, R.: Anarchy, State and Utopia, Basic Books, 1974.

[6] Kirzner, I.: Discovery, Capitalism, and Distributive Justice, Basil Blackwell, 1989.

[7] “…The constructivist interpretation of rules of conduct is generally known as ‘utilitarianism’. In a wider sense the term is, however, also applied to any critical examination of such rules and of institutions with respect to the function they perform in the structure of society. In this wide sense everyone who does not regard all existing values as unquestionable but is prepared to ask why they should be held would have to be described as a utilitarian. Thus Aristotle, Thomas Aquinas, (13) and David Hume, (14) would have to be described as utilitarians, and the present discussion of the function of rules of conduct might also be so called. No doubt utilitarianism owes much of its appeal to sensible people to the fact that thus interpreted it includes all rational examination of the appropriateness of existing rules” The footnote 13 is the following: “…13) Thomas Aquinas, Summa Theologiae, Ia IIae, q. 95, art. 3: ‘Finis autem humanae legis est utilitas hominum.’ It is misleading to represent as utilitarians all authors who account for the existence of certain institutions by their utility, because writers like Aristotle or Cicero, Thomas Aquinas or Mandeville, Adam Smith or Adam Ferguson, when they spoke of utility, appear to have thought of this utility favouring a sort or’ natural selection of institutions, not determining their deliberate choice by men. When in the passage quoted in note 9 above Cicero speaks of justice as a ‘habitus animi, communi utilitate conservata’ this is certainly not meant in the sense of a constructivist but in that of a sort of evolutionary utilitarianism. On the derivation of both traditions in the modern world from Bernard Mandeville see my lecture ‘Dr Bernard Mandeville’, Proceedings of the British Academy, vol. 52, pp. 134”.  Hayek, F. A. von: Derecho, Legislación y Libertad, Unión Editorial, Madrid, 1979, Libro II, p. 28; English versión inhttps://docs.google.com/file/d/0B13foB0yMlUAZjE5Zjg5ZGUtNWNlNy00OTJlLTlhY2YtYmRiNTY0NDQzMzg1/edit

[8] Summa Theologiae, I-II, Q. 95.

[9] Op.cit., I-II, Q. 2 a. 8c.

[10] Mises, L. von: Socialismo, Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1968.

[11] Hayek, F. A. von: Economics and knowledge; The Use of Knowledge in Society; The Meaning of Competition, en Individualism and Economic Order, University of Chicago Press, 1980.

[12] Rothbard, M.N.: op.cit.

[13] Horkheimer, M., and Adorno, T.: Dialéctica de la Ilustración, Trotta, Madrid, 2003

[14] Habermas, J.: Teoría de la acción comunicativa; Tecnos, 1987.

[15] Austin, J.L.: Cómo hacer cosas con las palabras, Paidós, 1990; Searle, J.:Actos de habla; Cátedra, Madrid, 1990; Wittgenstein, L.: Investigaciones filosóficas, Crítica, Barcelona, 1988.

[16] Wittgenstein, L.: op.cit.

[17] Freud, S.: Psicología de las masas y análisis del yo; Obras Completas, El Ateneo, Buenos Aires, 2008, tomo III.

[18] “…The Communists believe they have found a way of delivering us from this evil. Man is whole-heartedly Good and friendly to his neighbor, they say, but the system of private property has corrupted his nature. The possession of private property gives power to the individual and thence the temptation arises to ill-treat his neighbor; the man who is excluded from the possession of property is obliged to rebel in hostility Against the oppressor. If private property were abolished, all valuables held in common and all allowed to share in the enjoyment of them, ill-will and enmity would disappear from among men. Since all needs would be satisfied, none would have any reason to regard another as an enemy; all would willingly undertake the work which is necessary. I have no concern with any economic criticisms of the communistic system; cannot enquire into whether the abolition of private property is advantageous and expedient. But I am able to recognize that psychologically it is founded on an untenable illusion. By abolishing private property one deprives the human love of aggression of one of its instruments, a strong one undoubtedly, but assuredly not the strongest. It in no way alters the individual differences in power and influence which are turned by aggressiveness to its own use, nor does it change the nature of the instinct in any way. This instinct did not arise as the result of property; it reigned almost supreme in primitive times when possessions were still extremely scanty; it shows itself already in the nursery when possessions have hardly grown out of their original anal shape; it is at the bottom of all the relations of affection and love between human beings possibly with the single exception of that of a mother to her male child. Suppose that personal rights to material goods are done away with, there still remain prerogatives in sexual relationships, which must arouse the strongest rancour and most violent enmity among men and women who are otherwise equal. Let us suppose this were also to be removed by instituting complete liberty in sexual life, so that the family, the germ-cell of culture, ceased to exist; one could not. it is true, foresee the new paths on which cultural development might then proceed, but one thing one would be bound to expect and that is that the ineffaceable feature of human nature would follow wherever it led”. En El malestar en la cultura, op.cit., English version (Civilization and its Discontents) inhttp://www2.winchester.ac.uk/edstudies/courses/level%20two%20sem%20two/Freud-Civil-Disc.pdf

[19] Frankl, V.: Ante el vacío existencial; Herder, Barcelona, 1986.

[20] Fromm. E.: El miedo a la libertad, Paidós, Buenos Aires, 1957.

[21] Schutz, A.: Estudios sobre teoría social, II; Amorrortu, Buenos Aires, 2003.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

REFLEXIONES SOBRE EL ESTADO DEL VATICANO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 5/4/15 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2015/04/reflexiones-sobre-el-estado-del-vaticano.html

 

Después del debate que se armó esta semana al respecto, lo conveniente sería, tal vez, no decir nada más, pero no me he pasado la vida, precisamente, diciendo lo conveniente.

El tema despierta pasiones, pero bueno, aquí voy.

No es cuestión de condenar sin distinciones el pasado de la Iglesia y el uso de su poder temporal. Hay que recordar en primer lugar que si hubo algo que cortó de raíz la idea de un poder temporal como expresión de la divinidad, fue el Judeo-Cristianismo, como bien recuerda Ratzinger en su Introducción al Cristianismo. Pero el poder político, como tal –que no es lo mismo que “el estado”- no fue condenado por Jesucristo. Es comprensible, por ende, que después del Edicto de Constantino, el entusiasmo por una Roma “cristianizada” comenzara una relación entre Iglesia y poder temporal que dura casi 17 siglos. Por lo demás, la Iglesia cumplió, luego de la caída del Imperio Romano de Occidente, una función temporal subsidiaria, civilizadora, que explica que el Renacimiento Carolingio fuera un renacimiento “cristiano” porque toda Europa era ya cristiana. Ya en la Alta Edad Media, no se puede hablar de “estado” como hablamos hoy. La Iglesia no tenía un estado en ese sentido, sino que era el criterio de legitimidad del Emperador –un criterio clerical, si-. Las cosas hubieran evolucionado de un modo tranquilo en otro universo paralelo: Santo Tomás afirma tranquilamente que un reino NO cristiano puede ser “bueno” y la Segunda Escolástica comienza a establecer una teoría católica de la des-clericalización del poder –aparte de sus contribuciones a la economía de mercado-. Pero nuestro universo fue otro. La lucha armada entre católicos y protestantes, más el surgimiento de las monarquías nacionales, impidieron una fina evolución de la doctrina escolástica. Los reyes imponían su credo a tu territorio como modo de solucionar la contienda entre ambas denominaciones cristianas, y la circunstancia histórica no estaba preparada para nada más. Los territorios pontificios quedaron como una monarquía absoluta más, a la defensiva, además, frente al laicismo de la Revolución Francesa y el avance del Imperio Napoleónico.

Finalmente, como sabemos, Garibaldi avanza sobre los territorios pontificios y Pío IX se declara prisionero del “estado” Italiano, “estado” ahora en términos de estado-nación, algo inconcebible anteriormente.

La “cuestión romana” tarda décadas en cicatrizar. Como todos sabemos Pío IX firma el tratado de Letrán con Mussolini de lo cual surge el “estado pontificio” actual, casi una ficción, pero que da a la Iglesia del s. XX la libertad de movimientos y autonomía que necesitaba.

El advenimiento del Vaticano II pone muchas cosas en su lugar desde el punto de vista de Estado e Iglesia, teniendo en cuenta que se habla ya de un estado-nación post-Revolución Francesa. Siguiendo una línea de pensamiento que surge con “mi reino no es de este mundo”, afirmada por Gelasio I, la Segunda Escolástica y con mucha sutilidad por León XIII (siguiendo a Mons. Dupanloup) y por Pío XII, el Vaticano II distingue con mucha claridad entre las esferas de la Iglesia y del estado, afirma la autonomía relativa de lo temporal, coloca a los derechos personales como el criterio de legitimidad de cualquier poder y declara solemnemente el derecho a la Libertad Religiosa. Pero eso no es todo: hablando en un lenguaje que aún no ha pasado a la praxis, distingue con precisión entre jerarquía y laicos, afirmando al mundo político como el mundo directo de estos últimos: son estos los que están llamados a la santidad en la familia, en el trabajo, en la política,  en un mundo donde las repúblicas democráticas tienen criterios de elección de poder que no dependen ya para nada de la Jerarquía de la Iglesia, permitiendo a esta última, por ende, un carácter más profético de su ministerio, despojada de las ataduras temporales de antaño.

Así las cosas, no ha llegado el momento de pensar, al menos de pensar, si el próximo paso en esta evolución no sería el desprendimiento de la Iglesia de su simbólico actual “estado”, que la ata demasiado a cuestiones diplomáticas, a una política que propiamente debe ser ejercida por los laicos en el ejercicio de sus derechos, en los diversos estados, y no por un jefe de estado de un estado pontificio?

No sería esta la gran reforma que estanos esperando, en vez de supuestos cambios en un Depositum fidei, depósito de la Fe que el Vaticano II nunca negó, sino siempre afirmó?

No sería este paso el que daría a la Iglesia una plena autoridad moral para moverse en un mundo tan afectado por las luchas de poder?

No sería un gran acto de Fe, al abandonarnos plenamente a la indefectibilidad de la Iglesia, que NO depende de un estado, de un territorio, de un banco, sino sencillamente de la promesa de Cristo, cabeza de la Iglesia?

 

Creo que es el tiempo de pensarlo. De hacerlo, no sé, pero al menos de pensarlo y de dialogarlo con calma.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Esta no es la Argentina en que nací y me crie.

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 5/4/15 en: http://economiaparatodos.net/esta-no-es-la-argentina-en-que-naci-y-me-crie/

 

Me siento como trasladado a un país extraño. Repleta de pobres y manejada por mafias

La semana pasada, mientras comíamos les decía a mis hijos, que tienen entre 23 y 28 años, que esta no es la Argentina en la que yo nací y me crie. Me siento como trasladado a un país extraño. Repleta de pobres y manejada por mafias. No es la pobreza lo que me espanta, sino como potenciaron esa pobreza hasta llevarla al grado de indignidad en que hicieron caer a mucha gente.

Recuerdo que de chico, uno de mis tíos, nos llevaba a mis hermanos y a mí a dar vueltas por las escasas villas miseria que había en Buenos Aires para que viésemos como vivían los pobres. Nadie tenía miedo de pasar por esos lugares. Era gente pobre, humilde pero decente.

Lo que ha hecho el peronismo en general y el kirchnerismo en particular, es generar una fábrica de pobres que viven de los subsidios que les dan los punteros políticos. Someter a la gente a la pobreza y luego mantenerlos con subsidios estatales es una forma de asegurarse el voto de una parte importante del electorado. Si no me votás, el que venga te saca el subsidio.

Cuando CF dice que le deja un país cómodo a la gente e incómodo a los políticos, y agrega: no se dejen quitar sus derechos, lo que en definitiva está diciendo es: construí mi poder en base al clientelismo político fabricando pobres que dependen de los subsidios que les doy. Como no tengo reelección, dejo sembrado un campo minado de subsidios llamados sociales, tarifas artificialmente bajas, distorsiones cambiarias, un gasto público infinanciable y una presión impositiva que destruye la economía. Hasta me animaría a decir que, salvo por sus problemas judiciales, CF no querría seguir en el poder para que no le explote el campo minado a ella. Prefiere dejárselo a otro y no asumir el costo de arreglar el deliberado destrozo económico que hizo.

La oposición sabe que todos estos problemas los va a heredar, así como el kirchnerismo también sabe que si hubiese seguido en el poder los habría heredado. Pero no tengo ninguna duda que, dado lo infinanciable del populismo montado, el kirchnersimo recurriría a la represión y al autoritarismo para frenar el descontento social. Quienes hoy son el clientelismo político del oficialismo, pasarían a ser los enemigos y la represión sería el último recurso que tiene todo sistema populista que va mutando hacia el autoritarismo. Primero construyeron poder en base al clientelismo político y luego tratan de mantener el poder usando el monopolio de la fuerza. Basta con ver al chavismo en Venezuela racionando los alimentos y metiendo preso al pobre hombre que quiso comprar dos pollos en vez de comprar 1 pollo por persona como lo permite la carta de racionamiento.

¿Acaso Maduro no metió al ejército a custodiar las mercaderías en los supermercados? ¿De quién la custodian? Obviamente de la gente humilde que tiene hambre y hay que frenarla, si es preciso a los tiros, para que no se revela contra el autoritarismo.

¿No es Maduro el que puso control de huellas digitales en las cadenas de supermercados para controlar qué compra la gente? Esos son los aliados del kirchnrismo y ese sería el futuro de Argentina si el kirchnerismo siguiera en el poder. Primero clientelismo y luego palos al que protesta ante la miseria.

Por eso llega un punto en que el argumento del voto deja de tener peso para los regímenes autoritarios como el kirchnerismo o el chavismo y solo tienen forma de sostenerse en el poder mediante la fuerza bruta y el fraude.

Fidel Castro no anunció desde Sierra Maestra que iba a luchar para establecer una feroz dictadura. Primero dijo que combatía la dictadura de Batista, se ganó la simpatía del pueblo y cuando tuvo el poder puso una dictadura peor que la de Batista. Los tiranos son mentirosos por definición.

Ahora bien, ¿qué puede hacer el próximo gobierno para cambiar este estado de cosas? ¿Cómo podemos recuperar esa Argentina en que crecimos y nos criamos, en que trabajar era un valor y robar implicaba el desprecio y sanción de la sociedad? En primer lugar acepto que durante la campaña electoral los partidos opositores no podrán decir todo lo que tienen que hacer porque perderían votos. ¿Cómo conseguir votos diciéndole a la gente que los servicios públicos ya no pueden seguir siendo regalados, que los llamados subsidios sociales tienen que ser revisados y la gente deberá aprender a vivir de su trabajo, o que la legión de empleados públicos que puso el oficialismo tendrán que salir eyectados de sus puestos y ponerse a trabajar en serio? La realidad es que acá hay muchos viviendo del trabajo de unos pocos. Ese fue el truco político del kirchnerismo para acumular poder. El problema es que ese truco ya no puede financiarse. Habrá que asumir la realidad.

De manera que el próximo gobierno, además de arreglar los destrozos que dejará el kirchnerismo tendrá que hacer docencia. Explicarle a la gente que no es viable un país en el que todos consumen y cada vez menos producen, porque lo que se produce para consumir es cada vez menos como consecuencia de la desinversión de todos estos años más las trabas que impone el gobierno a quienes todavía producen.

Por empezar, así como los jubilados les hacen poner el dedo para dar su prueba de supervivencia y poder seguir cobrando la jubilación, a los que reciben planes sociales hay que hacerles poner el dedo y ver cuántos planes sociales cobran. Pero, además, avisarles que si aparece un trabajo tienen que tomarlo porque automáticamente pierden el plan social. El plan social es solo transitorio hasta que consigan un trabajo.

Es obvio que va a haber reacción social. A nadie le gusta que le digan que se acabó la fiesta y tiene que ir a trabajar. Pero comunicando bien esta estrategia, la montaña de subsidios que ya no puede ser sostenida por la gente que trabaja en blanco puede desarmarse. Juan, Pedro y José tendrán que empezar a trabajar una vez que le avisen que hay un trabajo para él.

No hay lugar en el interior del país, particularmente en el NOA y el NEA que cuando voy a dar una charla no pregunte si consiguen mano de obra para trabajar. La respuesta invariablemente es la misma. Sí pero en negro porque nadie quiere trabajar en blanco y perder el subsidio. Con los subsidios que cobran y unas changas que hagan al mes tienen un buen pasar.

Esto es parte del gran desafío que habrá que enfrentar. Reconstruir la cultura del trabajo. Y eso se logra con, por lo menos dos cosas: a) crear las condiciones para atraer inversiones y crear puestos de trabajo y ) licuar los subsidios de manera tal que para el que hoy vive de subsidios vea que consigue más dinero trabajando y que apenas puede sobrevivirlos llamados planes sociales.

No digo que el próximo gobierno pueda cambiar y arreglar todo lo que se destruyó en estos 12 años, pero si espero que gire 180 grados en el rumbo que hoy tiene la Argentina. Mostrarle a la gente que el kirchnerismo no les deja un país cómodo, sino un país que los denigró como seres humanos.

En síntesis, espero que el próximo gobierno gire el rumbo y enfilemos nuevamente hacia aquél país en que nací y me crié, donde trabajar estaba bien visto y ser un vago y mantenido merecía el desprecio de la gente decente. Y que, por supuesto, los corruptos y ladrones iban presos.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Comercio internacional: de la sociedad cerrada a la abierta

Por Gabriel Boragina. Publicado el 4/4/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/04/comercio-internacional-de-la-sociedad.html

 

No resulta posible abordar el tratamiento del comercio internacional sin destacar primero el del comercio en sí mismo. Y así se ha dicho que:

“Sin la existencia del comercio cada grupo humano y, en último análisis, cada unidad consumidora, estaría condenada a satisfacer todas sus necesidades mediante la elaboración de sus propios recursos. Gracias al comercio es posible entonces una ampliación inmensa de los bienes a los cuales se tiene acceso, generándose además una creciente especialización productiva que, como ya lo indican los estudios clásicos sobre comercio internacional, favorecen tanto a vendedores como a compradores. Es esta especialización, en última instancia, la que ha permitido el gigantesco progreso en la productividad que caracteriza y hace posibles a las sociedades modernas, pudiendo decirse entonces que sin el comercio sería inconcebible la civilización tal como la conocemos.”[1]

De este modo, los conceptos de comercio, especialización y civilización se tornan conexos e interdependientes. Pero a lo expresado falta agregar lo que estimamos la condición básica para que estos efectos se logren, y esta es la de libertad, sin la cual la aludida “ampliación inmensa de los bienes a los cuales se tiene acceso” nunca obtendría lugar.

Existen autores que encuadran el comercio internacional dentro de la categoría de las leyes sociológicas como, por ejemplo, se advierte en la cita siguiente:

“Al hablar de leyes sociológicas o naturales de la vida social, no nos referimos en particular a las leyes de la evolución, por las cuales los historicistas como Platón demuestran tanto interés; pese a que, de existir uniformidades de cualquier Índole en la evolución histórica, su formulación tendría que caer, ciertamente, dentro de la categoría de leyes sociológicas. ‘Tampoco nos referimos especialmente a las leyes de la «naturaleza humana», es decir, a las uniformidades psicológicas y socio psicológicas de la conducta humana. Nos referimos, más bien, a leyes tales como las enunciadas por las modernas teorías económicas, por ejemplo, la teoría del comercio internacional o la teoría de ciclo económico. Estas y otras importantes leyes sociológicas se relacionan con el funcionamiento de las instituciones sociales.”[2]

Aparentemente la mención a la teoría del comercio internacional y a la del ciclo económico son ejemplificativas, por lo que cabría intuir que para el autor en comentario existirían otro tipo de teorías económicas además de las citadas que incluirían tantas otras leyes, las que podrían contener leyes contrapuestas entre sí conforme a lo que contrasten las diversas teorías económicas que sean las que las formulen. Pero no es nuestro propósito en este punto ahondar sobre las cuestiones a las que alude K. R. Popper en la cita sino, más bien, llamar la atención de cómo un filósofo como él otorga importancia a la teoría del comercio internacional (sin que sea posible establecer a cuál teoría concreta del mismo se refiere, ya que -como es sabido- existe más de una teoría que aborda la problemática del comercio internacional). Por otra parte, también es de interés advertir como K. R. Popper considera leyes sociológicas a “las enunciadas por las modernas teorías económicas”. Y en esa línea, observemos asimismo como este autor relaciona la caída del tribalismo con el comercio internacional, como lo hace aquí:

“Claro está que esa revolución no fue realizada conscientemente. El derrumbe del tribalismo, de las sociedades griegas cerradas, puede remontarse a la época en que el crecimiento de la población comenzó a hacerse sentir entre la clase gobernante de terratenientes. Esto significó el fin del tribalismo «orgánico», pues creó una fuerte tensión social dentro de la sociedad cerrada de la clase gobernante. En un principio pareció hallarse una especie de solución «orgánica» para este problema, consistente en la creación de ciudades hijas. El carácter «orgánico» de esta solución fue subrayado por los procedimientos mágicos adoptados en el envío de colonos. Pero este ritual de la colonización sólo logró postergar la caída, llegando a crear incluso nuevos focos de peligro, allí donde provocaba el surgimiento de nuevos contactos culturales, que, a su vez, creaban lo que quizá fuese el peor peligro para la sociedad cerrada: el comercio con la nueva y pujante clase de los mercaderes y navegantes. Hacia el siglo VI a. C., este nuevo desarrollo había llevado a la disolución parcial de las viejas formas de vida e incluso a una serie de revoluciones y reacciones políticas.”[3]

Efectivamente, así parece haber sido el proceso que llevó del desplome de la sociedad cerrada al inicio de la sociedad abierta. Dos factores se señalan en la cita: el crecimiento poblacional y el comercio. Y creemos que asiste mucha razón a K. R. Popper cuando afirma que “lo que quizá fuese el peor peligro para la sociedad cerrada: el comercio con la nueva y pujante clase de los mercaderes y navegantes” fue determinante para la desaparición del tribalismo. En otras palabras, el nacimiento del incipiente comercio internacional en la época, desarrollada como es sabido a través del transporte terrestre (por sobre todo) pero que encontraría un indudable impulso cuando -casi de inmediato- se le añadió el marítimo. La observación adquiere sorprendente actualidad cuando prestamos atención en el mundo de nuestros días al empeño y el afán que ponen los gobiernos del orbe por regresar nuevamente al modelo de sociedad cerrada que imperaba en la época antigua, y que tanto daño hizo a nuestros antecesores. No otra cosa representan las modernas formas de intervención de las burocracias mundiales en el campo del comercio exterior, que procuran por todos los medios privarlo de los enormes beneficios sin cuento que produce para las masas la irrestricta vigencia de un comercio internacional libre de toda traba e injerencia gubernamental o no gubernamental.

Los tiranos siempre tratan de controlar el comercio en todas sus formas para enriquecerse a sí mismos y perjudicar a las masas.

[1] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. Voz “comercio”.

[2] K. R. Popper. La sociedad abierta y sus enemigos. Paidos. Surcos 20. pág. 82

[3] K. R. Popper. La sociedad abierta y sus enemigos. Paidos. Surcos 20. Pág. 192

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

¿Puede el próximo gobierno revertir la decadencia?

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 29/3/15 en: http://economiaparatodos.net/puede-el-proximo-gobierno-revertir-la-decadencia/

 

Ni los k podrían seguir con este sistema porque ya no habrá suficientes recursos para financiar sus fechorías

Responder al interrogante del título de esta nota no es tan sencillo. Están los pesimistas que no le ven remedio. Los optimistas sin fundamentos. Los indiferentes y hasta un Duhalde que dijo que Argentina estaba condenada al éxito y nos dejó de regalito a los k, que hundieron el país sin piedad.

El argumento que normalmente se usa, y yo personalmente también uso, es que un país sin instituciones no puede crecer, entendiendo por instituciones las normas, códigos, leyes y costumbres que regulan las relaciones entre los particulares y entre los particulares y el estado. Si esas instituciones son eficientes, es decir, permiten desarrollar la capacidad de innovación de la gente, desplegar la iniciativa privada atrayendo inversiones, entonces ese país tiene grandes posibilidades de entrar en una senda de crecimiento sostenido.

Podríamos resumir la cosa de la siguiente manera. A mayor riesgo institucional menores inversiones y, por lo tanto, menos crecimiento y bienestar de la población.

Por el contrario, a menor riesgo institucional, llegan más inversiones, se crean más puestos de trabajo, aumenta la productividad y el salario real. El país entra en una senda de crecimiento y mayor bienestar para la población. En definitiva, es la calidad de las instituciones que impera en un país la que definirá si ese país tiene un futuro de progreso, de estancamiento o de decadencia.

Ahora bien, esas instituciones surgen de los valores que imperan en una sociedad o en la mayoría de los habitantes de esa sociedad. Como hemos caído en la trampa de creer que el que tiene más votos impone las reglas de juego, si hay una mayoría cuyos valores llevan a instituciones contrarias al crecimiento, el mismo es imposible.

No hay reunión, comida o charla informal en que no surja el famoso debate si Argentina está definitivamente perdida. Algunos alegan que Perón destruyó las instituciones que hicieron grande a la Argentina, visión que comparto en gran medida, pero no del todo. Otros le agregan el ingrediente que los k crearon tanto clientelismo político, que han desarrollado una generación de votantes que se acostumbró a no trabajar y a vivir a costa del esfuerzo ajeno, con lo cual la mayoría siempre va a votar por aquél que le prometa más populismo, es decir el que prometa expoliar a los que producen para mantener a una gran legión de improductivos. Bajo esta visión podríamos decir que Argentina tiene un futuro negro. Y la verdad es que la tentación de seguir esta línea de razonamiento es muy fuerte cuando uno ve como se han destrozado valores como la cultura del trabajo, de la iniciativa individual, de la capacidad de innovación, la misma propiedad privada, etc. En definitiva, una primera mirada sobre el futuro de Argentina indicaría que más que estar condenados al éxito estamos condenados al fracaso. Sin embargo, cabe otro tipo de análisis totalmente diferente.

Quienes me siguen saben que no soy de formular pronósticos optimistas por deporte o porque es políticamente correcto. Digo lo que pienso, asumiendo el costo de ser tildado de pesimista.

Recuerdo que en una oportunidad el presidente de una institución empresarial me dijo, mientras estaba hablando, que viera las cosas con optimismo para no deprimir a los asistentes. Mi respuesta fue muy clara: yo analizo la economía, no hago terapia grupal.

Volviendo al razonamiento sobre el futuro de la Argentina, me voy a tomar la libertad de dejar abierto el interrogante. Aún con todo el destrozo institucional y de valores que hicieron los k, no creo que estemos condenados ni al éxito o al fracaso. Para eso voy a utilizar algunos ejemplos.

En la década de los 70 y los 80, cuando a los economistas nos preguntaban por países exitosos con economías de mercado, teníamos dos ejemplos para dar: 1) Alemania con Adenauer y Erhard y 2) Japón, ambos luego de la Segunda Guerra Mundial. Hoy esos ejemplos siguen siendo válidos pero hay muchos más.

Tenemos el caso de Corea del Sur que al dividirse quedó con el peor territorio y escasos recursos humanos. Hoy dispone de un ingreso per capita de U$D 33.100

O Irlanda, cuando la gente emigraba y solo producía papa y encima de mala calidad. Irlanda se abrió al mundo, luego ingresó a la UE y hoy tiene un ingreso per capita de U$S 46.140, superando al mismo Reino Unido que tiene U$S 38.540.

España, que hasta la muerte de Franco estaba aislada del mundo, logra, gracias a las gestiones Adolfo Suárez y el fundamental apoyo del rey Juan Carlos, reunir a todos los partidos políticos, firmar los pactos de la Moncloa e incorporarla al mundo. Hoy tiene un ingreso per capita de U$S 33.000. Y podría seguir con otros ejemplos como Chile, Hong Kong,  Singapur y el resto del sudeste asiático.

Esos países no tenían un capital humano tan preparado que les permitiera consolidar instituciones que los llevara al crecimiento. Ni siquiera España o Irlanda tenían un recurso humano de altísima calidad. Solo tuvieron dirigentes políticos que supieron ver el mundo como una oportunidad y decidieron hacer las reformas económicas necesarias para poder incorporarse al él. El denominador común  de todos los casos nombrados es que todos se integran al mundo. Al comercio mundial. Pero para poder hacerlo tenían que ser competitivos y eso les exigía tener instituciones, reglas de juego, que les permitiera a las empresas competir con las de otros países.

Cada uno de los países tiene su particularidad en la forma que llevó a cabo los cambios. En Chile fue Pinochet el que hizo el grueso de la transformación pero los partidos políticos que asumieron el poder luego de él ni intentaron cambiar lo que se había hecho. Por el contrario, continuaron por el mismo rumbo.

En España, un hombre como Felipe González que venía de la izquierda más absurda advirtió el desastre que era Francia con el socialismo y moderó notablemente su discurso y medidas. Pero por sobre todas las cosas, supo que no podía aislarse del mundo.

En Irlanda su dirigencia política también advirtió que solo incorporándose al mundo iba a poder avanzar e implementaron las reformas económicas necesarias para poder competir. Todos, absolutamente todos, cambiaron las reglas de juego y, sobre todo, se integraron al mundo.

Por el contrario, nosotros seguimos viendo al mundo como un riesgo en vez de una oportunidad y cada vez nos aislamos más, tanto económica como políticamente. Argentina, Venezuela, Bolivia y Ecuador son los típicos ejemplos latinoamericanos de lo que no hay que hacer.

Ahora bien, yendo al punto, ¿podemos cambiar la Argentina con esta cultura del vivir a costa del prójimo que se instauró hace décadas y los k la llevaron a su máxima expresión? Considero que sí. No voy a decir que es sencillo ni pretendo ser un optimista sin fundamentos, pero otros países lograron salir del aislamiento internacional y de políticas populistas gracias a que, en determinado momento, sus dirigentes políticos lideraron el cambio.

Con esto no estoy diciendo que hay que sustituir las instituciones por los líderes, solo que en determinados momento los políticos tienen que liderar el cambio mostrándole el camino al resto de la población que, por cierto, no es experta en todos los temas económicos y desconocen la relación entre calidad institucional y crecimiento económico.

Los que en soledad venimos defendiendo las ideas de disciplina fiscal, monetaria y seguridad jurídica ya hemos hecho bastante para que los dirigentes políticos comprendan el cambio que hay que encarar. Ahora es su turno de recoger esas banderas e impulsar el cambio.

Que quede claro, este modelo es inviable. Según mis estimaciones solo el 17% de la población genera riqueza para sostener al resto: jubilados, menores de edad, empleados públicos, gente que vive de los llamados subsidios sociales, etc. Tal es la presión tributaria que, por primera vez, vemos que los sindicatos salen a hacer un paro general por la carga impositiva. Esto no se había visto nunca en Argentina. Si los k hubiesen estudiado historia, sabrían que hay muchos casos en que la voracidad fiscal de los monarcas terminó en revoluciones y su derrocamiento. La diferencia es que antes los monarcas exprimían a la gente con impuestos para financiar sus conquistas territoriales y ahora la exprimen para financiar sus políticas populistas que les permiten cosechar más votos.

Volviendo, si solo el 17% de la población sostiene al resto, ni los k podrían seguir con este sistema porque ya no habrá suficientes recursos para financiar sus fechorías. Destruyeron tanto al sector privado que atentaron contra los que los mantenían.

El país pide a gritos un cambio. Pero no esa estupidez de un cambio con continuidad. La realidad impone un cambio de política económica. Un giro de 180 grados. Otros países pudieron hacerlo. No veo razones que impidan lograr lo mismo en Argentina. Solo falta que una nueve dirigencia política tenga la audacia de transformar la Argentina de la misma forma que la generación del 80, hoy denostada, transformó un desierto en un país pujante que llegó a ser el séptimo país más rico del mundo. La causa: nuestra constitución de 1853 otorgaba el marco institucional para crecer y sus dirigentes políticos, que se peleaban entre ellos, tenían todos, el mismo respeto por esas instituciones y rumbo que debía seguir el país.

Si nuestros antecesores lo lograron y otros países también lo consiguieron, no veo motivos para afirmar que estamos condenados al fracaso. Todavía no está dicha la última palabra.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Lilian Tintori: “Leopoldo se entregó para quitarle la máscara a Maduro”:

Por Belén Marty: Publicado el 30/3/15 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2015/03/30/lilian-tintori-leopoldo-se-entrego-para-quitarle-la-mascara-a-maduro/#.VRmGtpHUkCQ.facebook

 

Lilian Tintori, la esposa de quien seguramente es el preso político más conocido de Venezuela, Leopoldo López, se encuentra de gira por América Latina con el objetivo de llevar la voz de su marido a todos los rincones de la región.

La mujer, que hoy tiene más de 1,5 millones de seguidores en Twitter, y es maestra de preescolar, no duda en afirmar que en Venezuela impera un régimen antidemocrático. Parecería arrastrar junto con su belleza y envidiable retórica, un aura de tranquilidad y esperanza a pesar de lo que, relata, son las calamidades que vive un pueblo con hambre de libertad.

Tintori conversó con PanAm Post luego de compartir en un panel sobre derechos humanos en Buenos Aires, frente a un colmado auditorio, de mayoría venezolana.

¿Cuál es la situación judicial de Leopoldo López hoy?+

Leopoldo López está preso en una cárcel militar desde hace un año y un mes. Leopoldo es inocente, no tiene que estar preso ni un día más. Está preso por sus palabras, por lo que piensa, por decir lo que la mayoría de los venezolanos queríamos escuchar.

Él denunció al régimen de Maduro como antidemocrático, corrupto, ineficiente y represor. Esas palabras hoy están más vivas que nunca.

A Leopoldo le están haciendo un juicio, pero es un juicio lleno de vicios, arbitrariedades y de ilegalidad. Empezando porque es un juicio oral y público, pero nadie puede entrar. Después, la Corte está rodeada de militares y no entra nadie que quiera escuchar el juicio, ni periodistas, ni cámaras.

Segundo, y lo más grave, es que para defenderte, necesitas pruebas y testigos. A Leopoldo no le han permitido ni una prueba ni un testigo para defenderse. A la fiscalía que lo acusa le han permitido más de 160 testigos.

Hemos visto un juicio totalmente injusto. Hemos visto testigos que hablan por el lado de la fiscalía y ninguna de las cosas que han dicho culpa a Leopoldo ni a los estudiantes de nada. Es decir, no hay caso. No hay una prueba, o un testigo que haya comprobado que Leopoldo esté vinculado con algún acto de violencia que ocurrió el año pasado.

¿Tiene usted alguna esperanza en cuanto a una sentencia favorable para su marido?

Bueno, Leopoldo tiene que estar en libertad ya. Todos los días tienen que liberar a Leopoldo. Yo todos los días me levanto y digo, ‘hoy lo van a liberar’, porque él no tiene por qué estar preso. Está preso por política; él representa un cambio para Venezuela, representa una amenaza para Maduro y Maduro le tiene miedo a Leopoldo. Por eso decimos que Leopoldo es un preso de conciencia.

Ante eso denunciamos a nivel nacional y a nivel internacional, que el mundo entero sepa los argumentos y la verdad. Y que liberen a Leopoldo y a todos los estudiantes.

¿Cómo es el trato de Leopoldo dentro de la cárcel?+

El trato ha sido horrible. Le violan sus derechos fundamentales, lo amenazan con cambiarlo a otra cárcel de alta peligrosidad, le allanan su celda a la fuerza hombres vestidos de negro con armas largas, le destrozan la celda, le rompen sus cosas, le roban sus escritos, le lanzan por la ventana excremento humano y orina para ensuciarlo y que él no pueda dormir. También le cortan la luz y el agua para que no pueda bañarse y limpiar esa porquería de la celda.

Lo castigan, lo dejan sin ver el sol por semanas dentro de unas celdas de castigo, muy pequeñas, que se llaman “tigritos”. Le quitan la visita más sagrada, que es la de la familia. Ha estado solo y sin visitas seis meses y medio si sumas los castigos que le han hecho.

Cada vez que quieren, no me dejan pasar. Leopoldo está preso, pero nosotros también, como familia. Están presos nuestros derechos. El trato ha sido inhumano, de tortura, denigrante.

Leopoldo está fuerte, está firme, y todas estas cosas solo hacen que Leopoldo se fortalezca más. Está convencido que el cambio viene y que sí lo vamos a lograr. Como las palabras que él dijo al entregarse: él nos jura que vamos a vencer.

A más de un año de su encarcelamiento, ¿sigue considerando que fue la mejor decisión entregarse?

Mira, es muy dificil para mí decirte eso porque yo lo que quiero es tener a Leopoldo en mi casa, con mis hijos y libre, pero hay veces que hay que hacer sacrificios por la Patria. Leopoldo entregó su libertad por Venezuela.

Yo cuando me casé con Leopoldo me casé con esa visión, ese proyecto por el país, con ese amor por Venezuela. Yo estoy comprometida con la libertad, no solamente de Leopoldo, sino de todos los presos políticos en mi país; y con el rescate de nuestros derechos humanos.

¿Ve un avance dentro de la comunidad internacional hacia un apoyo de los derechos humanos en Venezuela?

Sí, veo avance y viene más. América Latina tiene que despertar, está despertando. Ya se pronunciaron Colombia, Perú, hoy estamos en Argentina, los parlamentos han sido solidarios. Las voces de un pueblo no son solo las del Gobierno, son la gente, los líderes, y sus organizaciones.

Venezuela está al borde de una crisis humanitaria, está en una crisis social, política y económica. En Venezuela no se consiguen alimentos básicos, no se consiguen medicamentos, leche para nuestros hijos. Hay alto costo de vida, miedo porque cada 20 minutos muere un venezolano.

Ante esto, Latinoamérica tiene que despertar, porque somos un país hermano. Confío con resistencia y fe de que esto ocurra en las próximas semanas o meses.

En su venida a Argentina, ¿tenía alguna esperanza de ser recibida por la presidenta Kirchner, quien se describe como defensora de los derechos humanos?

Sí. La esperanza nunca se pierde. Tengo la esperanza de que nos reciban y nos escuchen. Venimos como madres, como esposas, como víctimas. Venimos como mujeres venezolanas representando a millones de personas, y pienso que es responsabilidad de los Gobiernos escuchar a víctimas de la represión, de encarcelamientos injustos y de regímenes antidemocráticos como el que vivimos hoy en Venezuela.

¿Sigue pensando que la salida es pacífica a pesar de la violencia que hay del otro lado?

Absolutamente, la salida siempre va a ser pacífica, constitucional y electoral. Y así lo ha dicho Leopoldo muchas veces en sus discursos, en sus planteamientos políticos.

El Estado de Derecho no está debilitado, el Estado de Derecho no existe [en Venezuela]. Los poderes públicos están secuestrados y dominados por una sola persona, que es Maduro. No hay justicia, no hay ley, no respetan la Constitución y hay un 97% de impunidad en casos de Derechos Humanos.

Me ha pasado, vivir como esposa de Leopoldo lo que es el Palacio de Justicia, conocer a los abogados, a los jueces, a los militares. Es impresionante como esto que nos están haciendo a nosotros se lo están haciendo a miles de familias y precisamente por eso Leopoldo se entregó: para quitarle la máscara a Maduro.

Hoy el mundo entero sabe que Maduro viola los derechos humanos y lidera un régimen antidemocrático.

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

En torno a la “desocupación tecnológica”

Por Gabriel Boragina. Publicado el 28/3/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/03/en-torno-la-desocupacion-tecnologica.html

 

Se ha dicho que, en materia laboral, el problema es que el empleo será un bien cada vez más escaso en una sociedad con un progreso tecnológico que suplanta la mano de obra intensiva, sobre todo en la industria, aunque también en la agricultura como se ha visto con los “pooles” de siembra en Argentina. Pero la experiencia y la observación más simple desmienten por completo todo lo anterior, ya que es precisamente en las sociedades donde existe mayor progreso tecnológico donde el empleo aumenta y no al revés. Es el progreso tecnológico el que hace que hoy existan más industrias (ejemplo típico el de la gran industria informática, inexistente hace pocos decenios atrás). También es falso que aumente el desempleo en la agricultura, ya que este sector está cada vez más ligado al de la industria, lo que hace hoy en día una categoría obsoleta la antigua división entre “industria y agricultura”. Este último sector depende cada vez más del primero. Y al aumentar el empleo -por las razones señaladas antes- en el sector industrial también, por lógica consecuencia, aumenta el empleo en el sector agropecuario.
Pero se insiste que, frente a un empleo escaso, ¿como conseguir que toda lo población posea un standard de vida aceptable? En el punto anterior demostramos ser falso que el empleo fuera más “escaso por causa del progreso tecnológico”. Ahora diremos que el empleo no crea riqueza sino que es al revés: la riqueza crea empleo. Si de repente compro un campo que -sin saberlo yo antes- tenía un enorme yacimiento de oro, me volveré rico de la noche a la mañana sin haber trabajado ni un segundo. Que el trabajo “crearía riqueza” es la antigua y ya descartada “teoría laboral del valor” que propulsaran los tristemente célebres K. Marx y F. Engels. Sólo los ignorantes siguen propagando dicha “teoría” tantas veces refutada, especialmente por la Escuela Austriaca de Economía. Ninguna persona que posea mínimos conocimientos de economía cree ya en dicha falacia. El nivel de vida aceptable no viene dado por empleo, sino por la tecnología. Si un empleado de cocina hace una hamburguesa por día cuando una máquina hace 10 hamburguesas por día, la gente estará mejor alimentada en el caso de la máquina que en el del cocinero manual. En el segundo caso (el de la máquina) el estándar de vida de la gente es más aceptable con 10 hamburguesas diarias hechas por un aparato, que con una hecha por un hombre. Lo que prueba que es la tecnología y no el empleo lo que eleva el nivel de vida de la población.
También se dice que el área de servicios ha crecido en todos los países desarrollados, en detrimento de la industria y el campo. Pero es un error. El área de servicios si ha crecido, pero NO en “detrimento” de la industria y el campo, sino ACOMPAÑANDO a ambos en su crecimiento, tal como quedó explicado más arriba. Y este crecimiento fue puramente debido al progreso tecnológico más que a ninguna otra razón.
Pero –se afirma- aún en dichos países existe desempleo y subsidio a los desempleados. Existe sí, porque el subsidio a los desempleados es el que origina el desempleo, y no al revés. Si recibo un subsidio al desempleo ¿por qué me voy a molestar en buscar un empleo si puedo cobrar lo mismo o -al menos- algo sin hacer absolutamente nada? El subsidio al desempleo alienta el desempleo y no al revés. A mayor subsidio al desempleo, mayor desempleo. Es una regla que se cumple casi matemáticamente.
No se cree, en ocasiones, que una desregulación total de la economía asegure el pleno empleo. Pero la historia ha demostrado lo contrario, y lo sigue demostrando. Históricamente, las economías más desreguladas tienen mayores tasas de empleo. Donde la economía esta mas regulada el desempleo crece. Es cuestión de estudiar un poco mínimamente las estadísticas. La conclusión de estos estudios es muy clara: si la desregulación fuese total el desempleo caería a niveles cercanos a cero o a cero directamente. Se trata simplemente de aplicar la lógica a las comprobaciones estadísticas.
¿Qué sucedería –se pregunta- con los desempleados en el lapso de tiempo que lleve pasar de una economía dirigista a una economía en que el gobierno no estorbe “con regulaciones, leyes, y desde luego impuestos”? Los desempleados se irían reacomodando en nuevos puestos de trabajo, porque al irse abandonando el dirigismo el mercado empezaría a crear nuevas fuentes de empleo, además de las fuentes de trabajo que se irían liberando de la tutela dirigista, y los cambios se operarían en el sentido apuntado. Lo relevante es que en la actual economía dirigista mundial el desempleo crece y no baja. Acá es donde debemos centrar el foco de atención, y no en cuestiones anecdóticas. Sólo el mercado libre puede crear empleos. Ningún gobierno puede reemplazar al mercado ni en esto ni en nada. El gobierno sólo puede obstruirlo, anularlo o intentar aniquilarlo. Pero ni siquiera esto último puede lograr el gobierno (dirigista o no).
En el caso –se cuestiona- de que al lograr una desregulación total de la economía persista el desempleo: ¿Que se hace con los desempleados?. No es esto lo que ha sucedido nunca en ninguna parte donde se hayan realizado desregulaciones económicas. La experiencia histórica, la teoría y la estadística han demostrado (y siguen demostrando) que: a toda desregulación el empleo ha crecido. Y en sentido inverso: a mayor regulación el empleo ha disminuido. Tenemos que regirnos por los datos históricos y experimentales en este aspecto, y no a meras hipótesis o pareceres personales que, por muy respetables que sean (y lo son), no dejan de ser eso: meros pareceres personales. En suma, se plantea una hipótesis (“desregulación + desempleo”) que jamás se ha dado en ninguna parte. No existen razones ni lógicas ni de otro tipo como para que tengamos que suponer que ese escenario apareciera. En el plano de la realidad, estamos lejos de una desregulación total de la economía. No porque no sea deseable (lo es y mucho), sino por dos motivos fundamentales: ignorancia o mala fe en quienes deberían implementarla.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

SOBRE EL LIBRERO QUE SE FUNDIÓ:

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 29/3/15 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2015/03/sobre-el-librero-que-se-fundio.html

 

4.1   La ética en los precios (De “Antropologia cristiana y economía de mercado”, Unión Editorial, 2011).

Recordemos que según Santo Tomás el deber ser es un analogado del ser. Ello se desprende de la ética de Santo Tomás y de la filosofía cristiana en general, donde la ley natural no es más que el despliegue de las capacidades de la naturaleza del ser humano. Por eso, desde esa perspectiva, la famosa separación de Hume entre ser y deber ser no tiene sentido.

Por ende, para analizar el deber ser en los precios hay que analizar el ser en los precios, esto es, la naturaleza de esa relación intersubjetiva que llamamos precios (norma que se cumple, mutatis mutandis, para todas las cuestiones de ética económica).

Hasta ahora hemos dicho algo que creemos importante, esto es, que los precios son síntesis de conocimiento disperso, pero hay que extender el análisis de dicha caracterización para el tema que nos compete.

Repasemos dos cuestiones: propiedad y teoría del valor.

Analicemos para ello un caso simple: Juan decide vender su automóvil por U$S 10.000 y Roberto no lo quiere comprar por más de 8000. Por supuesto, una consecuencia muy importante, a efectos de teoría económica, es que en ese caso no habrá intercambio, pero a efectos de lo que estamos analizando, hay dos cuestiones previas.

Uno. Que Juan decida vender su automóvil presupone la propiedad de su automóvil. Por ende la oferta, la demanda y los precios presuponen la propiedad de los bienes y servicios que se intercambian. La propiedad de la que hablamos aquí está justificada como precepto secundario de la ley natural, según lo afirmado por Santo Tomás en I-II, Q. 94 a. 5 ad 3, por su utilidad, como un “adinvenio” del intelecto humano, que, como hemos visto en todo lo que venimos diciendo, en la economía actual pasa por minimizar el problema de la escasez. La propiedad es sencillamente una institución evolutiva para minimizar el problema de la escasez y por ello es precepto secundario de la ley natural[1].

Dos. Cuando dijimos que los precios son síntesis de conocimiento disperso, dijimos que ello permite leer en el mercado la escasez relativa de los bienes, esto, cuán escaso es un bien. Pero esa escasez no es objetiva, sino, como todos los fenómenos sociales, inter-subjetiva y subjetiva. ¿Qué quiere decir ello? Que el valor de los bienes en el mercado, que se traduce en los precios, no es una propiedad de la cosa en sí misma independientemente de su intercambio humano, sino de la cosa en tanto intercambiada y valorada por las personas (“subjetivo”) que intercambian. Esto es muy conocido por los economistas como teoría subjetiva del valor, pero habitualmente choca con la noción escolástica de bien cuyo valor, en tanto “bonum”, es “objetivo” (“la cosa es apetecida por ser buena y no buena por ser apetecida”); y por ello yo la estoy presentando de modo tal que no se produzca ese conflicto, pero no por mi modo de presentación sino porque verdaderamente no lo hay[2].

Por supuesto que el valor moral es “objetivo”, en tanto que el bien moral de una acción humana depende de un objeto, fin y circunstancias que no son decididos arbitrariamente por la persona actuante. Por supuesto que además puede haber otro tipo de valores involucrados en una mercancía (artístico, por ejemplo) independientes del acto de intercambio. Por supuesto que el “bonum” es un trascendental del ente y como tal el grado de bondad de una cosa depende de su “gradación entitativa”, dependiente de su esencia[3]. Pero nada de ello obsta a que, como hemos visto, la escasez de la que hablamos es inter-subjetiva, en relación a lo humano, y por ello si un bien o servicio no es demandado en el mercado no tiene valor (a ello llamamos subjetividad del valor en el mercado). Puede ser que algo “deba” ser demandado por los consumidores, pero lo que determina su precio en el mercado es que efectivamente sea demandado y ofrecido. Por ello los economistas saben que la teoría subjetiva del valor soluciona la famosa “paradoja del valor” de los economistas clásicos: algo tan importante como el agua puede tener menos valor en el mercado que una pepita de oro en la medida de que el agua en determinadas situaciones (no en un desierto) sea más ofrecida en el mercado y el valor de cada unidad de agua (que los economistas llaman “utilidad marginal”) sea menor.

Por ende algo vale en el mercado (repetimos: en el mercado) en la medida que una persona valore lo que ofrece y lo que demanda. Pero el precio implica el encuentro entre las valoraciones de oferente y demandante. Si yo valoro mi celular en U$S 5000 y nadie me compra por esa valoración, tendré que ir bajando mis pretensiones hasta encontrar un comprador. Pero si mi celular comienza a ser altamente demandado por mucha gente, puede ser que lo venda por esa valuación o más. Esto es, recién en el momento del intercambio se establece el “precio”, que depende, como vemos, del encuentro de las valuaciones subjetivas de oferentes y demandantes, y por eso los precios indican la “escasez relativa”: porque la escasez en el mercado no depende de lacantidad objetivamente contable del bien, sino de cuánto sea demandado y ofrecido por personas. Y esto es importante porque, a su vez, como ya explicamos, permite que las expectativas se ajusten: si yo soy oferente (tal vez empresario) de celulares y “leo” que los precios de los celulares suben, tal vez me decida a hacer inversiones adicionales en ese sector, lo cual aumentará luego la oferta de celulares y su precio comenzará a bajar. Todas estas explicaciones, que para algunos economistas (no todos) son muy conocidas, las estamos resumiendo a fines de comprender la naturaleza de esas relaciones intersubjetivas llamadas precios y por ende poder analizar bien su “deber ser”.

Las conclusiones respecto a la ética de los precios, dado en análisis anterior, son las siguientes:

–       La decisión de vender o no vender, comprar o no comprar (A),que es lo que implica que aumente o no la oferta y la demanda, depende de la propiedad como precepto secundario de la ley natural (B). Por ende, si B es éticamente correcto, A lo será también. Luego, si, por ejemplo, yo decidiera NO vender mi auto, y éste, a su vez, fuera altamente demandado, su precio potencial tendería a infinito, o sea, “no se vende”. Pero si la propiedad de mi auto es éticamente correcta, entonces que el precio sea “alto” en el sentido de tender al infinito, también lo es. Por ende un “precio alto” no es fruto de una acción inmoral, sino de una propiedad éticamente justificada, frente, a su vez, de una demanda del bien en cuestión.

–       La pregunta de si es lícito vender o comprar en el mercado por más o menos de lo que la cosa vale está mal planteada en cuanto que el valor en el mercado es subjetivo en el sentido que lo hemos explicado. La cosa en el mercado vale lo que vale en el mercado. Es casi tautológico. Si tiene algún otro tipo de valor, no es el valor que conforma los precios.

–       Cuando aumenta la demanda de un bien, alguien con buena voluntad puede decidir mantener el precio como está o bajarlo, pero la cantidad ofrecida del bien se acabará rápidamente. Un convento de benedictinos puede estar vendiendo miel por $ 10 el frasco. Supongamos que la demanda de miel aumenta repentinamente porque las personas están convencidas de sus propiedades curativas o lo que fuere. Los benedictinos pueden decidir bajar el precio o más aún, repartir todo su stock, y ello parecerá muy meritorio. Pero ese stock se acabará rápidamente. Tienen que producir más cantidad, lo cual requiere más inversión por parte de ellos, lo cual no es nada sencillo y, mientras tanto, si no quieren agotar el stock, deberán (con “necesidad de medio”, no “ontológica”) ver si pueden obtener un precio más alto, si la demanda les responde, para que no haya largas filas de demandantes alrededor del convento que luego se queden sin miel, y para, a su vez, obtener un margen adicional de rentabilidad que les permita obtener nuevos créditos para re-invertir en la producción de miel. Nada de ello se produce por la maldad moral de los benedictinos. A su vez, ese nuevo precio de la miel, más alto, atraerá a otro oferentes (excepto que los benedictinos tengan una licencia exclusiva para producir miel concedida por el gobierno) que lentamente harán que el precio de la miel tienda nuevamente a la baja.

–       Dado el corazón humano después del pecado original, puede ser perfectamente que alguien saque provecho de un precio alto, de un bien que es su propiedad, sin importarle en absoluto el prójimo, sobre todo en situaciones tales como ser vendedor de agua en un desierto, etc. Ello, obviamente, no sería correcto moralmente. Pero entonces, ¿qué hacer? La tentación es que los gobiernos (esto es, otras personas con poder de coacción) intervengan ese mercado y expropien la producción o fijen precios máximos, etc. Pero ello produciría los siguientes resultados: a) como explicamos antes, al intervenir en un precio se borra la fuente de interpretación de la escasez relativa en el mercado y la situación es peor; b) la expropiación de la producción en cuestión desalienta los incentivos para la producción y la situación es peor, atentando contra el principio de subsidiariedad.

–       Desde el punto de vista de la ley humana, hemos visto ya que Santo Tomás deja bien en claro que dicha ley no abarca todo lo prohibido por la ley natural. Por ende, vender al precio de mercado puede ser perfectamente bueno desde el punto de vista del objeto, fin y circunstancias de la acción, o no, pero en este último caso, por los motivos a y b, no es conveniente que la ley humana interfiera en el proceso de mercado. Lo inteligente es, desde el punto de vista de la ley humana, en un caso de emergencia, que una agencia gubernamental compre el bien en cuestión y lo venda más barato o lo regale y con ello no interfiere con el delicado proceso de precios. Por supuesto, esta propuesta es alto opinable, y depende de condiciones que los economistas han estudiado para los casos de “decisión pública”; en este caso se requerirían condiciones harto difíciles como que el gobierno sea preferentemente municipal, tenga sus cuentas en orden, no se financie con emisión monetaria o impuestos a la renta[4], etc.

–       Los precios en el mercado se manejan en una franja de máximo y mínimo: el límite máximo de venta es aquel más allá del cual no se encuentran compradores, y límite mínimo de compra es aquel por debajo del cual no se encuentran vendedores. Yo puedo querer que mi computadora se venda a U$S 10.000 pero es muy factible que más allá de 500 no se encuentren compradores; de igual modo, yo puedo querer comprar una computadora (usada) por U$S 1 pero es muy factible que por debajo de 400 no se encuentren vendedores. Esos límites están determinados precisamente por la oferta y la demanda del bien en cuestión y no se pueden pasar so pena de que no haya intercambio. Por ende la voluntad del vendedor o comprador en el mercado no “fija” los precios sino que depende de la interacción con la otra valoración. Esa franja es lo que implica el “precio de mercado”. Ahora bien, un cristiano debe tener en cuenta el bien de su prójimo y por ende puede ser perfectamente bueno que, al vender algo, en determinada circunstancia, no busque el límite máximo de venta sino el mínimo, pero más allá del mínimo no va a poder bajar. Yo puedo ser farmacéutico y propietario de mi farmacia y ante determinada circunstancia, bajar mi valuación de un medicamento de 100 a 80, pero si lo sigo bajando, por un lado aumentará enormemente la demanda y no voy a poder satisfacerla y, por el otro, los vendedores del medicamento en cuestión dejarán de proveerme. En ese caso, es perfectamente cristiano seguir vendiendo a 80 y, por otro lado, en una acción fuera de mercado, distribuir gratuitamente medicamentos que yo haya podido adquirir con mis recursos, ayuda de una fundación, etc. Hacemos todas estas aclaraciones precisamente para que se vea que la ética de los precios no tiene autonomía absoluta en la determinación de los precios. El nivel de los precios no depende de la buena o mala voluntad de las personas; esta última puede incidir pero hemos visto que el factor básico es la demanda subjetiva de los bienes y todas las consecuencias de la interacción de las valoraciones cuyos ejemplos hemos explicado.

Conclusión: la cosa “en sí misma”, esto es, independientemente de su intercambio en el mercado, puede tener tal o cual valor, pero ese valor notiene que ver con los precios. Estos últimos surgen de las valoraciones inter-subjetivas de las personas en el mercado, y hay que tener en cuenta esto último para analizar la ética de oferentes y demandantes en el mercado.

Pero este mercado, como hemos visto, no es un mecanismo, que se mueva por acción y reacción, sino un proceso, una inter-acción entre personas. Y el factor que lo mueve hacia una mayor coordinación de expectativas es la referida tendencia al aprendizaje, que se traduce en el factor empresarial. Pero ese papel –el empresario, la empresarialidad- ha quedado muy desdibujado ante una ética cristiana. Colocarlo nuevamente en el contexto de una antropología y ética cristiano-católicas, es el cometido de nuestro próximo capítulo.

 

[1]He desarrollado en detalle ese aspecto en Zanotti, Gabriel, Crisis de la razón y crisis de la democracia, Buenos Aires: UCEMA, 2008. [Online] disponible en www.cema.edu.ar/publicaciones/doc_trabajo.html; e id, “La ley natural, la cooperación social y el orden espontáneo”, en Revista de la Facultad de Derecho Nº 19, Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, 2001.

[2]Hemos desarrollado esto en detalle en nuestra tesis de doctorado de 1990, Zanotti, Gabriel, Fundamentos filosóficos y epistemológicos de la praxeología, op.cit.

[3]Ver Ferro, Luis S., La sabiduría filosófica siguiendo las huellas de Santo Tomás, op.cit., Tema 3.

[4]Hayek, Friedrich A. von, Nuevos estudios, op.cit., cap. 8.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

EL ESTADO VATICANO:

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Adelanto que esta no es una nota que puedan absorber fanáticos (en realidad, ninguna de las que escribo): es para mentes abiertas que puedan analizar hechos demostrables con prudencia y en profundidad mirando distintos ángulos y capaces de sostener un debate con argumentos.

 

Lord Acton, el gran historiador y profesor decimonónico, el 5 de abril de 1887,  al responder una misiva del obispo inglés Mandell Creighton quien sostenía que a los Papas y reyes había que tratarlos con vara más indulgente que a los ciudadanos corrientes, Acton responde que “no puedo aceptar su criterio en cuanto a que debemos juzgar al Papa y al Rey de manera distinta al que aplicamos a otros hombres con una presunción favorable de que no hacen mal. Si existe alguna presunción debe ser en sentido contrario para los que ocupan posiciones de poder y más aun cuanto mayor sea el poder. La responsabilidad histórica debe estar a la altura de la responsabilidad legal. El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente.” Como es sabido, esta última oración encierra el dictum más difundido de Acton pero es de interés recordar el contexto en el que lo escribió al dirigirse a una autoridad eclesiástica.

 

La tesis del presente artículo periodístico consiste en proponer la terminación del Vaticano como Estado, es decir, como estructura política y mantenerlo como asiento de la cabeza de la Iglesia puesto que lo contrario resulta incompatible con aquello de “mi reino no es de este mundo”. Y no solo eso sino que sugiero la liquidación del Banco del Vaticano por las mismas razones, lo cual no es óbice para que se depositen fondos en cualquier banco de la plaza local o internacional, situación en la que no resultarían necesarios los esfuerzos tendientes a corregir las corrupciones mayúsculas en un banco que algunos hasta han calificado de modo insolente como “la banca de Dios”.

 

El Cardenal y teólogo suizo Hans Urs Von Balthasar, ha insistido en que el Vaticano se transforme en un museo lo cual no quita que el papado se mantenga en ese lugar físico o en otro, espacio que también podría operar con independencia bajo distintas figuras del derecho internacional sin necesidad de constituirse en un Estado. En cualquier caso, esta visión despolitizada del Vaticano liberaría a la Santa Sede de todas las actividades que se relacionan directamente y de modo ejecutivo con la política propia de los Estados y que envuelven a la Iglesia en faenas que son consubstanciales a aquellos ámbitos.

 

Como es de público conocimiento, la actual conformación política del Vaticano de cuarenta y cuatro hectáreas se estrenó con el Tratado de Letrán en 1929 firmado por Benito Mussolini con poderes dictatoriales en representación del Reino de Italia. Los límites al poder son condición necesaria para evitar extralimitaciones pero cuando el poder político no solo no es necesario sino, como queda dicho, incompatible con el mensaje evangélico, debe dejarse de lado y también las operaciones bancarias y conexas que así minimizan posibilidades de corrupción como es el caso con el Banco del Vaticano desde que fue creado en 1942 como Instituto para las Obras de Religión (IOR).

 

En la actualidad los múltiples hechos de corrupción salieron nuevamente a la luz en nuestra época debido a las cuantiosas filtraciones de informaciones conocidas como “VatiLeaks” que tanto angustiaron a Benedicto XVI y que lo llevaron a dejar el papado para convertirse en emérito. Las primeras filtraciones fueron realizadas por el mayordomo del Papa, Paolo Gabriele, y recibidas por el periodista Gianlugi Nuzzi pero finalmente los orígenes fueron de distinta procedencia de círculos vaticanos y se diseminaron por todo el mundo de las noticias.

 

Es sabido también que con anterioridad a 1929 y desde 1870 (luego de la expedición de Víctor Manuel) no había jurisdicción física para la cabeza de la Iglesia y antes, en 1848, se había abolido el poder temporal de los Papas luego de tanta acción bélica del papado en nombre de los denominados estados pontificios, especial aunque no exclusivamente por Julio II (conocido como “el Papa guerrero”) y los hijos del Papa Alejandro VI (muy activamente por Juan y, más aun, por César).

 

Los escándalos son denunciados por muchos dignatarios de la Iglesia a raíz de lo cual se han barajado muy diversos estudios, por ejemplo, los realizados por Vicenzo Gioberti y Luigi Taparelli d´Azeglio y las historias sobre lo que venimos comentando han sido relatadas, entre muchos otros, por autores como Mark Donovan, David A. Yallop y Ryan Thorton en diversas revistas académicas y obras publicadas.

 

Entre otros artilugios, la estructura política del Vaticano se ha usado para cubrir con inmunidad diplomática delitos varios, por ejemplo, en los casos de los escándalos más sonados sobresalen los del Nuncio en la República Dominicana, Josef Wesolowk, el Arzobispo de Boston en Estados Unidos, Cardenal Bernard Law y el archiconocido ex administrador del Banco del Vaticano Paul Marcinkus. También, antes que eso, la referida politización da pie para interpretaciones en cuanto a haberle conferido legitimidad a las tendencias nazis alemanas con el Riechkonkordat de 1933, además de las constantes entrevistas y declaraciones con jefes de estado y políticos del más variado color y especie.

 

Ya Juan Pablo II pidió perdón por la Inquisición, las Cruzadas, las “guerras santas”, la judeofobia y otras barrabasadas como para seguir cargando con responsabilidades y funciones que abren las puertas a la corrupción y a los insondables vericuetos del poder político. La Iglesia ya debe lidiar con bastantes problemas como para involucrarse en los campos mencionados que exceden en mucho su misión específica. También Juan Pablo I intentó en sus treinta y tres días de papado ir al fondo de algunas de las corrupciones sin lograr su cometido, lo demás está por verse.

 

La mejor tradición señala los graves inconvenientes que invariablemente se suscitan cuando se vincula el poder político con la religión, por tanto no es del caso provocar ese vínculo y más bien seguir las enseñanzas de los Padres Fundadores en Estados Unidos que denominaron esta conveniente separación con la sugestiva etiqueta de “la doctrina de la muralla” espantados con las experiencias de las guerras y masacres religiosas en  Europa.

 

Personalmente he conversado sobre lo expuesto con dos sacerdotes y tres laicos entendidos en la materia y han coincidido en lo dicho. Aunque no me han pedido reserva, no me siento autorizado a revelar las fuentes puesto que hasta el momento -por razones diversas- mis contertulios no han hecho públicas sus opiniones sobre el tema señalado. Lo destaco al solo efecto de puntualizar que aquellas reflexiones sobre las antedichas propuestas me han resultado sumamente gratificantes. Mencioné lo del Cardenal von Balthasar porque hizo público su pensamiento respecto a lo comentado.

 

Hay otra faceta de la politización, ya no entendida como las obligaciones de la jefatura de Estado y sus entretelones, sino referidas a ciertas declaraciones sobre asuntos económico-jurídicos que no se condicen con valores y principios éticos de una sociedad libre, que aun realizadas con las mejores intenciones perjudican el bienestar de la gente, especialmente de los más necesitados. Me he ocupado en otras ocasiones de este aspecto crucial, de ningún modo circunscripto a “sacerdotes para el Tercer Mundo” y “teólogos de la liberación”. En esta nota me limito a considerar la faz más directa y crudamente política del Estado del Vaticano que someto a la consideración de mis lectores.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

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