Análisis de la guerrilla (1)

Por Gabriel Boragina Publicado  el 12/2/17 en: http://www.accionhumana.com/#!/2017/02/analisis-de-la-guerrilla.html

 

¿Qué es realmente la guerrilla? ¿Cuáles fueron sus orígenes? ¿Cómo ha actuado en la historia? ¿Cómo reconocerla en el presente? Vamos a destinar algunas líneas a estudiar este fenómeno que sigue dando que hablar en varios lugares del planeta, especialmente en Sudamérica, y más particularmente en la Argentina. Empecemos con una definición de un autor cuya posición frente a la guerrilla es -cuando menos- ambigua:

“Expresión de origen hispano, que ha sido receptada por diversos idiomas, inclusive el inglés, para designar la guerra irregular.”[1]

Implica pues un contexto de guerra entre fuerzas regulares e irregulares, de donde el primer elemento a tener en cuenta es que existe un estado de guerra. Lo que nos lleva a definir este último:

“Estado de guerra. Situación que se produce entre dos o más Estados cuando sus relaciones normales y amistosas, representativas de un estado de paz, son rotas para dar paso a un conflicto bélico como medio de dirimir sus diferencias. Hasta donde pueda hablarse de normas jurídicas derivadas o aplicables a la guerra, la ruptura de la paz origina derechos y obligaciones (más teóricos que reales) no solo entre los países beligerantes, sino también entre éstos y los neutrales. En el orden interno, situación excepcional que obliga a la autoridad civil, según previsiones legislativas, a resignar sus atribuciones en la militar, ante grave anormalidad de orden público, frente a amenaza bélica o ante rebelión o sedición poderosas y ante actos de terror o desobediencia contra el orden legal o de hecho establecido (Dic. Der. Usual). (V. ESTADO DE EMERGENCIA y DE SITIO.)”[2]

El primer escenario puede implicar o no la aparición de guerrilla en supuesto de invasión y ocupación de territorios. Generalmente, en estos casos de conflicto internacional, surge como grupo de apoyo al ejército oficial del país agredido, o bien como única fuerza (siempre irregular) que trata de resistir al país agresor. Como veremos luego, estos fueron los comienzos del fenómeno guerrillero. En el orden interno, la guerrilla da lugar -o forma parte de- la “situación excepcional que obliga a la autoridad civil, según previsiones legislativas, a resignar sus atribuciones en la militar” para restituir el orden legal o de hecho establecido y perturbado por la guerrilla. En el siglo pasado, el fenómeno guerrillero degeneró en grupos marxistas leninistas que –al menos en Latinoamérica- trataron de tomar el poder por vías violentas. En Argentina, y ante la extrema ferocidad de los ataques guerrilleros que arremetían sin piedad contra sus víctimas indiscriminadamente -tanto militares como civiles- el gobierno constitucional de Perón se vio obligado a ordenar a las FFAA a que proceda con el exterminio total de la guerrilla

“Históricamente, son muchos los ejemplos de grupos reducidos de combate, generalmente en función defensiva de un territorio conquistado por el enemigo, que se baten en acciones rápidas, sorpresivas, heterodoxas del punto de vista militar clásico. Buenos conocedores del terreno, explotando sus anfractuosidades o la densa vegetación, es frecuente que un grupo decidido de guerrilleros tenga en jaque a poderosas fuerzas regulares. Recursos de este tipo emplearon los galos y los germanos contra César. Sin embargo, el primer “guerrillero”, al estilo moderno, puede haber sido Francis Marión, el “Zorro del Pantano”, que luchó por la independencia norteamericana.”[3]

Originariamente, y en épocas remotas, la guerrilla tenía una función defensiva frente a la invasión y eventual ocupación de un territorio por parte de un ejército agresor extranjero. Más adelante en el tiempo, esta función pasó de ser defensiva a convertirse en ofensiva, y el objetivo de la guerrilla se concentró dentro de las fronteras de su misma nación pero con el definido propósito de derribar al gobierno de turno de su propio país y establecer un régimen violento que -por la fuerza- despojara del poder a las autoridades legítimamente constituidas. En el pasado (al que se refiere la cita transcripta) la guerrilla encontró su “justificación” como forma de resistencia contra una potencia extranjera que agrediera a otra nación pacífica. En tal sentido, procedían como legitimas fuerzas defensivas frente al extranjero invasor. En el momento en que la guerrilla cambia de signo (de defensiva a ofensiva) se revela la aparición de una precisada ideología de origen marxista en sus distintas variantes conocidas (leninista, maoísta, trotskista, guevarista, etc.). Argentina sufrió el ataque criminal de las guerrillas en la década del sesenta y –acentuadamente- en la siguiente.

“Durante las campañas napoleónicas en España, diversas partidas de patriotas combatieron a los franceses en forma de “guerrillas”. El término tuvo su origen en estas campañas, y fue adoptado inclusive por las fuerzas de Wellington. Desde entonces, las guerrillas se extendieron como método bélico eficiente, sin que interese el signo político que las asumiera. Cabe consignar que las primeras —los campesinos en la Vendee, o las mismas de españoles o rusos contra Bonaparte—, fueron reaccionarias y legitimistas. Sin embargo pronto cambiarían de signo, para ser, en el presente, patrimonio primordial de grupos de izquierda.”[4]

Su aparición, pues, coincide con épocas de gran violencia internacional, caracterizada por guerras y frecuentes invasiones de países, generalmente nacidas de los deseos megalómanos de reyes, emperadores y monarcas ávidos de conquista por el asedio mismo, como fue el caso citado de Napoleón. En este punto es importante aclarar que las guerrillas se conducían como fuerza de apoyo al ejército regular del país atacado u ocupado. O bien operaban cuando las fuerzas regulares claudicaban o se rendían frente al invasor foráneo.

La guerrilla -en la antigüedad- estaba inspirada por un sentimiento nacionalista que fue perdiendo paulatinamente hasta convertirse en otro internacionalista de inspiración marxista, por el cual sus elementos entendían que debía extenderse la guerrilla a todo el mundo, con el objeto de imponer mediante la violencia la revolución proletaria o de los trabajadores. De tal suerte, el cambio de signo ideológico hacia la izquierda de los grupos guerrilleros se dio en el siglo XX, en el que la guerrilla adopta la corriente marxista-leninista-maoísta-trotskista-guevarista y bajo este credo emprenden la lucha armada por la conquista del poder político en cada uno de los países en los cuales operaron.

[1] Dr. Horacio J. Sanguinetti. Voz “Guerrilla” en Enciclopedia Jurídica Omeba. Apéndice 2 Letra G

[2] Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias Jurídicas Políticas y Sociales. -Editorial HELIASTA-1008 páginas-Edición Número 30-ISBN 9789508850553 pág. 155-156

[3] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

[4] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

El Populismo: Conferencia de Guillermo Luis Covernton para el “Círculo Liberal Bastiat”. Sevilla Enero 2017

Publicado el 18 feb. 2017 en: https://www.youtube.com/watch?v=TC-IjgDpT9Q&t=16s

 

 

Presentación: 0:00
Conferencia: El populismo: 3:09
1. ¿Qué entendemos por populismo? 3:57
2. El populismo avanza aprovechándose de circunstancias y mecanismos diferentes en cada lugar: 5:34
– Ingresos por explotación de recursos naturales: 5:54
– Reivindicación de alguna exigencia que esté en el espíritu colectivo (determinados derechos y libertades, democracia): 6:42
– Debilidad institucional (corrupción, clientelismo, no economía de mercado): 9:41
– Ineficiencias económicas provocadas por la intervención estatal: 11:24
– Economía estatizada (ausencia de una Constitución liberal): 15:11
– Pocos mecanismos de control sobre el gobierno: 23:40
– Libertad de expresión mal defendida: 23:51
– Poder judicial débil: 26:21
– Reivindicación de alguna exigencia que esté en el espíritu colectivo (determinados derechos y libertades (2)): 28:08
– Prohibición de armas: 30:47
– Fraude electoral: 32:48
– Reivindicación de alguna exigencia que esté en el espíritu colectivo (estabilidad económica): 36:24
– Reivindicación de alguna exigencia que esté en el espíritu colectivo (acabar con la corrupción): 37:49
– Reivindicación de alguna exigencia que esté en el espíritu colectivo (autonomía monetaria): 38:33
– Riesgos en España: Reivindicación de alguna exigencia que esté en el espíritu colectivo (democracia): 40:21
– La lógica de la acción colectiva (Mancur Olson): 41:55
– Tráfico de drogas: 45:41
3. Turno de preguntas:
– Mauricio Macri y la inflación actual en Argentina: 49:23
– El problema no son los populistas, que todos los políticos lo son por decirle a la gente lo que quiere oír, sino las creencias erróneas y prejuicios de los ciudadanos: 58:29
– El problema es el Estado con sus impuestos y regulaciones: 1:06:21
– El problema de España es que tenemos 19 gobiernos: 1:08:26
– La globalización como problema: 1:11:19
– El problema es la democracia, que es la esencia del populismo. El que ostenta el poder tiende a concentrarlo, no a dividirlo: 1:14:34
– La democracia es la antesala de la dictadura. La Constitución no es ninguna garantía, ni siquiera en Estados Unidos: 1:16:10

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

 

 

Argentina: ¿la envidia de Donald Trump?

Por Iván Carrino. Publicado el 14/2/17 en: https://es.panampost.com/ivan-carrino/2017/02/14/argentina-envidia-donald-trump/

 

(La Nación) Argentina
El oro, la plata, o el dólar, no son más que bienes cuya cantidad estará siempre definida por la oferta y la demanda. (La Nación)

 

A menos de un mes de asumir como presidente de Estados Unidos, Donald Trump apunta a ser el más polémico de la historia.

Una de sus mayores preocupaciones es el déficit comercial que su país tiene con el mundo y en particular con México y China.

El déficit con México fue de casi USD $60.000 millones en 2016 y para el presidente norteamericano esto demuestra que el acuerdo de libre comercio entre los dos países “benefició a un solo lado”.

Si lo que dice Trump fuera cierto, Argentina debería estar festejando: según el INDEC, la balanza comercial en 2016 arrojó un superávit de USD $2.128 millones.

Sin embargo, el presidente de los Estados Unidos se equivoca y, en este tema, su pensamiento tiene 241 años de retraso.

¿Por qué? Porque está 100 % en línea con lo que planteaban los tempranos mercantilistas antes de que Adam Smith publicara La Riqueza de las Naciones, en 1776, y sepultara su teoría.

Previo a dicha fecha, se creía que la riqueza de los países radicaba en la acumulación de oro y plata. Para lograr este objetivo, los gobiernos manipulaban el comercio internacional, restringiendo las importaciones para que la balanza comercial fuera positiva.

Fue Adam Smith quien primero expuso las falacias de este argumento:

“[Los argumentos mercantilistas] eran sofistas al suponer que preservar o aumentar la cantidad de metales preciosos requería más la atención del gobierno que preservar o aumentar la cantidad de cualquier otra mercancía útil que la libertad de comercio, sin tal atención, nunca no suministra en la cantidad adecuada”

 

Pasando en limpio, Smith sostenía que no es sensato que el gobierno busque aumentar la cantidad de metales preciosos y no la de, por ejemplo, el vino, o cualquier otro bien de la economía. El oro, la plata, o el dólar, no son más que bienes cuya cantidad estará siempre definida por la oferta y la demanda.

Entonces, ¿qué quiere decir que un país tenga un déficit comercial y que “pierda dólares”?. En términos sencillos, que la gente en ese país tiene más dólares de los que demanda y que decide, por ello, canjearlos por bienes y servicios en el mercado internacional.

En mi casa y en la tuya, todos los años tenemos un déficit comercial con el supermercado. Le damos más dinero del que él nos da a nosotros. Sin embargo, a cambio de nuestro dinero recibimos los bienes que deseamos para vivir. Ellos ganan dinero, nosotros bienes, y el intercambio genera riqueza para ambos.

Claro que si tenemos déficit comercial con todo el mundo, o sea que gastamos (en total) más de lo que ingresamos, alguien tiene que estar prestándonos la diferencia. Pero esto refleja que nuestros acreedores nos tienen confianza, lo que está lejos de ser algo negativo.

El déficit comercial, de nuevo, no es un problema, de la misma forma que el superávit no es una virtud. Lo que verdaderamente importa, en realidad, es el valor total del comercio. Y, con cerca de USD $5 billones comerciados, Estados Unidos es el verdadero campeón mundial en este rubro.

Volviendo al caso argentino, la balanza comercial dio positiva en 2016, pero las importaciones cayeron 6,9 %, reflejando la recesión que atravesó la economía. A su vez, nuestro comercio total se redujo en 2,7 %. ¿Cuál es la buena noticia?

Para analizar bien el estado de la economía, mejor olvidarnos del resultado comercial y preocuparnos por aumentar el volumen del comercio. Más comercio es más riqueza… en Estados Unidos, en la China, y también en Argentina.

 

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El lado bueno de la desigualdad

Por Iván Carrino. Publicado el 31/1/17 en: http://www.ivancarrino.com/el-lado-bueno-de-la-desigualdad/

 

El nuevo enemigo de los intervencionistas es la desigualdad de ingresos y riqueza. Sin embargo, cuando la desigualdad es resultado del éxito de los emprendedores, se vuelve netamente positiva.

La revolución industrial fue un  momento de inflexión en la historia económica mundial. Por décadas y décadas la humanidad había permanecido con una bajísima tasa de crecimiento y una muy modesta expectativa de vida.

Entre el año 1500 y el 1800, un británico promedio no podía esperar vivir más allá de los 40 años. Eso cambió radicalmente después de la Revolución Industrial. A nivel mundial, el ingreso per cápita comenzó a crecer a pasos acelerados, al igual que la esperanza de vida.

Todo esto se dio, además, en el medio de un exponencial crecimiento poblacional. Así, las agoreras predicciones de Thomas Malthus quedaron refutadas. El desarrollo del capitalismo, la propiedad privada y el comercio internacional dieron lugar a este fenómeno y -a pesar de algunos contratiempos debidos a las guerras- el progreso humano no cesó desde entonces.

Claro que los defensores de la intervención estatal en la economía, los mercantilistas y los marxistas no iban a dejar que esta historia saliera a la luz tan fácilmente. Así que difundieron la idea de que, a pesar de todo el progreso derivado de la Revolución Industrial, la desigualdad había sido una de las partes más repudiables de todo el proceso.

Como consecuencia del crecimiento económico, argumentaban, la riqueza de algunos creció desproporcionadamente en comparación con la de otros y eso es digno del máximo de los repudios…

Por curioso que parezca, en la actualidad el debate es bastante similar. El mundialmente conocido economista Thomas Piketty puso a la desigualdad en el centro de la escena nuevamente en 2014, cundo publicó “El Capital en el Siglo XXI”. Allí pronosticaba que la desigualdad seguiría una trayectoria creciente a nivel mundial y que los ricos serían cada vez más ricos en comparación con los pobres.

Para mitigar el supuesto problema que significa esta desigualdad, Piketty y otros que se han sumado a su cruzada, abogan por cobrar más impuestos a los altos ingresos, a la riqueza acumulada y también a las herencias.

El estado tiene que sacarle a los ricos, darle a los pobres, y así conseguir una sociedad más igualitaria.

La verdad es que el caso de Piketty no es tan fuerte como parece. Tanto desde el punto de vista teórico, como en su correlato con los datos, los postulados del francés fueron seriamente cuestionados.

Las críticas mencionadas apuntan a desechar la idea de que efectivamente exista una desigualdad creciente de ingresos y patrimonios. Sin embargo, pocos se animaron a defender por sí misma la desigualdad.

Al parecer, todos deberíamos desear una sociedad igualitaria.

Ese no es mi caso. Y tampoco el de Edward Conrad.

En su nuevo libro, “El lado positivo de la desigualdad”, el investigador y ex director de la firma financiera Bain Capital, plantea que la enorme diferencia de ingresos que existe entre los norteamericanos, lejos de ser un problema, es un activo que ese país tiene.

Conrad plantea que las diferencias que se observan entre los ricos y los pobres de Estados Unidos son principalmente el resultado del enorme éxito que está teniendo el famoso “1%”. De acuerdo con su argumento:

A medida que la economía crece, valora más la innovación. Así, los innovadores que alcanzan el éxito a través de toda la economía, como Steve Jobs y Bill Gates, se enriquecen mucho más de lo que previos innovadores lo hicieron en el pasado. Y se enriquecen más que los doctores, los maestros de escuela, los conductores de colectivos… cuya paga está limitada al número de personas que pueden servir.

Es decir, a medida que avanza la globalización y la tecnología de la información mejora nuestra capacidad de comunicarnos, también se incrementa la capacidad de las empresas y los individuos de llegar a una mayor cantidad de consumidores.

Justin Bieber, que comenzó subiendo videos a YouTube, hoy tiene un mercado potencial de 7 mil millones de personas gracias al avance de la globalización y la tecnología. Lo mismo pasa con los CEO de las compañías multinacionales exitosas. Manejan negocios que cambian la vida de miles de millones, y eso exige una compensación acorde.

Así, “el aumento de la desigualdad de los ingresos es un subproducto de una economía que ha desplegado su talento y su riqueza más efectivamente que otras economías”. No por casualidad, Estados Unidos es más desigual que Europa, pero históricamente ha crecido a ritmos muy superiores.

Cuando uno tiene éxito en una economía globalizada, las ganancias que recibe pueden sonar desproporcionadas, pero es lo que mantiene los incentivos alineados y a la economía en crecimiento.

Como sugiere Conrad:

Los retornos más altos por el éxito incrementan la oferta de talentos debidamente entrenados, y estos altos retornos motivan a los innovadores, los emprendedores y los inversores para que tomen riesgos. Estos dos efectos relajan los obstáculos al crecimiento, lo que permite que la economía crezca más rápido.

Para estimular la innovación y el crecimiento, hay que permitir que los innovadores y los empresarios exitosos cosechen la totalidad de las ganancias que la sociedad, eligiendo en el mercado libre, quiere otorgarles.

Castigar el éxito con más impuestos logrará el objetivo contrario. Habrá menos innovación, menos crecimiento económico y, por tanto, salarios más bajos y más pobreza.

Es hora de sacarse de encima los prejuicios y mirar el lado positivo de la desigualdad.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Leo Messi confirma el Teorema de Coase: gracias Leo por los goles y por ayudarnos a presentar la teoría

Por Martín Krause. Publicada el 10/2/17 en: http://bazar.ufm.edu/leo-messi-confirma-teorema-coase-gracias-leo-los-goles-ayudarnos-presentar-la-teoria/

 

Hace unos días publiqué aquí parte del libro donde se analiza el famoso “Teorema de Coase” y la solución propuesta para resolver problemas de externalidades negativas a través de la definición precisa del derecho de propiedad y luego la negociación entre las partes, en tanto los costos de transacción sean menores que los beneficios de ‘internalizar’ las externalidades.

No podía sospechar entonces que apareciera un ejemplo del teorema nada menos que de la mano de Leonel Messi. Así es, la noticia cuenta que Leo compró una casa en Castelldefels, un lugar a 30 km de Barcelona al que decidió mudarse para poder vivir tranquilo (no ha de ser fácil hacerlo en el medio de una ciudad como Barcelona, donde no podría salir a la calle sin verse acosado). Aquí la nota: http://www.lanacion.com.ar/1982799-la-confesion-de-un-companero-de-lionel-messi-leo-compro-la-casa-de-su-vecino-porque-hacia-mucho-ruido

Messi junto a su familia

Parece que tenía un vecino ruidoso y que la externalidad era negativa (molesta). Nótese que eso es algo subjetivo, tal como lo es el valor, ya que también podría haber sido una externalidad positiva si, por ejemplo, el vecino hubiera puesto una música que fuera del agrado de los Messi y en los momentos y con el volumen que ellos disfruten.

Pero está claro que era negativa. El teorema de Coase dice que en cuestiones de externalidades la solución proviene de definir claramente el derecho de propiedad. En este caso, se ve que el vecino tenía el derecho a emitir esos ruidos, o que, lo que también se posible, no lo tenía pero el estado no actuaba para resolver el problema.

En la práctica, al no obtener una solución, Leo ha asumido (consciente o inconscientemente) que el vecino actuaba como si tuviera un derecho, y en la práctica lo tenía. Entonces, la solución del teorema de Coase es clara: negociar y comprar ese derecho.

Esa negociación podría haber adquirido muchas formas:

  1. Podría haberle pedido que, por favor, no hagan ruido (y tal vez lo hicieron).
  2. Podría haber ofrecido un pago a cambio del valorado silencio
  3. Los lectores seguramente podrán imaginar otras alternativas, pero siempre han de ser no violentas, fruto de un acuerdo entre las partes.
  4. O lo que finalmente ocurrió, Leo compró el derecho del vecino directamente comprando la casa

Probablemente sea ésta última la solución más cara, pero no por eso este tipo de soluciones estarían fuera del alcance de cualquiera. Hace un tiempo hicimos una investigación con marcos Hidding Ohlson en La Cava, San Isidro, para averiguar cómo resolvían los habitantes de ese barrio marginal los problemas de externalidades negativas, y en un 90% lo hacían conversando con el vecino (el otro diez era algo violento).

En fin, gracias Leo por los goles y por este ejemplo para presentar la teoría.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La igualdad en el Antiguo Egipto y la India

Por Gabriel Boragina Publicado  el 5/2/17 en Accion Humana

 

Continuando nuestro recorrido de la igualdad en la historia, retomamos el trayecto del antiguo Egipto, donde se impone un concepto de igualdad religioso, lo que cobra relevancia en la época estudiada, porque en dicho periodo lo religioso y lo político se encontraban fuertemente solidificados, siendo fácil instrumento de dominación por parte de tales poderes, los cuales también se hallaban unidos, habida cuenta que el rey se consideraba una encarnación de la respectiva divinidad:

“Durante el período de la XVIII dinastía se produce una profunda modificación en las costumbres y especialmente en la religión, imponiéndose un c (Atón) como exponente de un principio monoteísta e igualitario en la creencia religiosa.”[1][1]

Podemos suponer que resultaba mucho mas practico a los faraones pretender encarnar a una divinidad única en lugar de serlo de la más importante de un cúmulo de dioses diferentes, subordinados y dependientes unos de otros. El autoritarismo creciente que toda posición de poder -tarde o temprano- termina produciendo en quien o quienes lo revisten, puede permitir inferir que impresionaría más a las masas la representación de todo el poder en una única divinidad encarnada que en muchas. El principio igualitario -fácil es concluir- reside aquí en la igualitaria subordinación de todos los súbditos frente al “rey-dios”.

“En la Mesopotamia se desarrolla una interesante civilización, cuya hegemonía ejerce la capital Babilonia, traduciéndose en la unificación del imperio caldeo y apareciendo bajo el reinado de Hammurabi (2000 a. C.) un famoso cuerpo legal que lleva su nombre y que dio “a la vida del pueblo caldeo un ordenamiento que tiene la regularidad y fijeza de una Constitución, organizando la sociedad en tres clases: los hombres libres, los que podrían considerarse semiíitares y, por último los esclavos.”[2][2]

Aquí rebrota el concepto de igualdad entre los iguales, al que nos hemos referido antes. La igualdad se concibe -exclusivamente- entre los integrantes de una misma clase y se rompe fuera de ella. Pero es el estado (a través de la ley) quien define y delimita la noción de “clase”, de manera tal que no existe igualdad de ninguna índole entre las desiguales clases. Los esclavos, por ejemplo, eran iguales entre sí en su condición de esclavos y -obviamente- desiguales en relación a los hombres libres y semilitares. Todas las clases eran “iguales” ante el rey, que -a su turno- era desigual respecto de todas las demás clases definidas por él mismo y por debajo de su persona. Desde luego, recordemos, que ninguno de estos artificios legales podían desconocer la natural desigualdad individual de las personas, con absoluta independencia de la de su arbitraria atribución o asignación a una antojadiza “clase social” por parte de funcionario de turno. Los criterios de pertenencia a cada clase eran fijados externamente y resultaban forzosamente arbitrarios. Todavía habría que andar mucho camino para llegar a la idea liberal de igualdad ante la ley. La historia de la igualdad es la de la igualdad mediante la ley y no ante ella.

“En el siglo XIII a. C. aparece en la India un cuerpo de leyes -el Manara Dharma Sastra, o libro de la ley de Manú- que dio normas para la organización política y social del pueblo. Según el cuerpo legal, la población de la India se hallaba agrupada en cuatro categorías o castas, cuyo origen se atribuye al Dios Brahama; la primera casta, la de los brahamanes, descendía de la cabeza del Dios; los chatrias o guerreros, de los brazos; los vaisyas, o comerciantes, de su vientre; y los sudras, o artesanos, de sus piernas. Debajo de estas castas estaban los parias.”[3][3]

Básicamente, comencemos diciendo que no hay discrepancias de fondo entre la idea de casta y la de clase social. Algunos autores suponen que esta última -en oposición de la primera- permite admitir cierta “movilidad de clase” que se encontraría ausente en la noción de casta. Pero aun aceptando este punto de vista, el mismo no justifica los criterios arbitrarios con los cuales cada persona quiere definir lo que es una “clase social” y cuáles son los razonamientos que permitirían conocer cuándo alguien pertenece a una y no a otra. En el caso hindú, estaba más que claro que dichas castas -que se creían derivadas de una divinidad- eran inamovibles. Absolutamente estáticas. En última instancia, fueron los gobernantes de la India quienes dictaron el Manara Dharma Sastra y, por tanto, ellos quienes decidieron por todos los hindúes y sus generaciones posteriores quienes estaban asignados a cada casta. En esta sociedad estratificada, la pertenencia viene dada por el oficio u ocupación al que se dedica la persona.

“Se establece un principio igualitario con respecto a los impuestos, pues se dispone una tributación proporcionada a los ingresos de los comerciantes, teniendo en cuenta el precio pagado por las mercaderías, los gastos de traslado, etc. También se dispone que el impuesto sea reducido para los de la última clase y pequeños comerciantes.”[4][4]

Nuevamente, como vemos, la igualdad se da dentro de la casta, en este caso los vaisyas, lo que implica que el principio igualitario no regia en relación a las tres castas restantes (los parias eran los descastados, ya que no pertenecían a casta alguna). Parece que además de las cuatro castas, existían sub-castas dentro de las mismas. Así lo revela el autor cuando manifiesta que había impuestos distintos para pequeños comerciantes, lo que permite inferir que existía otra sub-casta: la de los grandes comerciantes, y quizás otra más, la de los medianos comerciantes. Todo lo cual nos recuerda a nuestras “modernas” clasificaciones tributarias, que también nos dividen en clases o castas: las grandes empresas y las PYMES. O grandes y pequeños contribuyentes. Parece que a través de los tiempos, en esta materia, poco o nada ha cambiado. Más allá de los contrastes de detalle, el denominador común sigue siendo que la igualdad se de dentro de la misma clase y no fuera de ella.

[5][1] Dr. Antonio Castagno. Enciclopedia Jurídica OMEBA Tomo 14 letra I Grupo 02. Voz “igualdad”

[6][2] Castagno, A. Enciclopedia….Ob. cit. Voz “igualdad”.

[7][3] Castagno, A. Enciclopedia….Ob. cit. Voz “igualdad”.

[4][4] Castagno, A. Enciclopedia….Ob. cit. Voz “igualdad”.

 Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

¿DONDE ESTÁ EL PRIMER MUNDO?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

No hace tanto tiempo que podía ponerse como ejemplo lo que se denominaba “primer mundo”, el cual esencialmente se basaba en el respeto recíproco. Sus marcos institucionales respetuosos del derecho de cada cual, su economía floreciente sustentada en reglas claras y permanentes, su cultura arraigada en valores y principios compatibles con una sociedad abierta eran un mojón de referencia para los desordenados y patéticos sistemas tercermundistas que, como los definió Cantinflas, eran “un mundo de tercera”. Lo siguen siendo ahora solo que en lugar de tomar como referencia a las naciones civilizadas, resulta que éstas dejaron de ser civilizadas para convertirse en sociedades que han renunciado a sus conductas tradicionales para imitar en una medida creciente a las tribales.

 

Recuerdo del desagrado de muchos cuando hace años escribí que Estados Unidos se estaba “latinoamericanizando” en el peor sentido de la expresión. Pues bien, vean hoy el patoterismo del primer mandatario y su xenofobia que se monta sobre un gasto público gigantesco que anuncia que incrementará exponencialmente, el tamaño del déficit fiscal que se inflará por las nuevas políticas, la deuda gubernamental astronómica que excede el cien por ciento del producto, el militarismo que el novel presidente pregona que intensificará, sus improperios contra la prensa y sus enfados contra la Justicia, su forma prepotente en el que piensa manejar el comercio internacional en el contexto de las trifulcas que provoca con otros países, al tiempo que promueve enfáticamente su buena relación con en régimen mafioso ruso.

 

En Europa aparecen partidos políticos que por el momento son electoralmente minoritarios pero preocupa en grado sumo su influencia en las ideas que prevalecen, cuyos exponentes de mayor significado son en Francia el Frente Nacional, en Inglaterra el Partido Independiente del Reino Unido (que ha influido en gran medida en la opinión nacionalista que condujo al Brexit), en Alemania el Partido Alternativa para Alemania, en Dinamarca el Partido del Pueblo Danés, en Suecia los Demócratas Suecos, en España Podemos, en Austria el Partido de la Libertad, en Grecia el Amanecer Dorado, en Italia la Liga del Norte y en Hungría el Movimiento por una Hungría Mejor. Por su parte, las burocracias y las consiguientes regulaciones de la Unión Europea van a contracorriente de lo inicialmente ideado.

 

A todo esto cabe agregar un Papa que con razón se preocupa por los inmigrantes, sin percatarse que se fugan de sus países en gran medida por las políticas que él mismo recomienda como la antítesis de marcos institucionales compatible con mercados abiertos y competitivos que sacan a las personas de la pobreza (de lo que va quedando poco en el llamado mundo libre, también debido a las recetas estatistas a las que este Papa adhiere).

 

Lejos ha quedado el clima de concordia en el que las personas se ubicaban donde lo consideraban mejor sin permisos, sin pasaportes y sin cargas tributarias espeluznantes que convierten a los ciudadanos en esclavos de gobiernos teóricamente encargados de protegerlos, en un contexto de persecuciones que arrasan con el secreto bancario y que tratan a las personas decentes como delincuentes.

 

Hay sin embargo otros lugares donde florecen aspectos que contrastan con lo dicho como Singapur y los países nórdicos que están abandonando precipitadamente el socialismo y, sobre todo, deben tenerse muy presentes todas las entidades en muy diversas partes del mundo, incluso en las decadentes, que llevan a cabo tareas colosales en defensa de la libertad y la dignidad humanas a través del estudio y la difusión de la corriente de pensamiento liberal. Nunca será suficiente el reconocimiento a estas instituciones donde profesionales se desviven en la antedichas faenas nobles que incluyen la publicación de libros, ensayos y artículos sumamente didácticos y esclarecedores. En esas personas están cifradas las esperanzas de una reacción potente frente a tanto desmán de un Leviatán desbocado que todo lo atropella a su paso.

 

Solo a través del debate abierto de ideas es que puede mejorarse la marca de una vara que por el momento está en el subsuelo. Levantar la vara es tarea de todos los que pretenden que se los respete, no importa a que se dediquen. Como hemos reiterado, no es admisible que las personas actúen como si estuvieran en una enorme platea mirando que sucede en el escenario, todos estamos en el escenario y debemos contribuir a lo que estimamos es mejor.

 

Muchas son las causas de la decadencia, no podemos hablar de todo al mismo tiempo pero tal vez podamos centrar la atención en un aspecto clave. Como ya hemos escrito mucho sobre las falacias grotescas del adefesio nacionalista, esta vez ponemos la mira en otro ángulo que puede aparecer como colateral a primera vista pero que subyace en el equipo de los gobernantes que venimos comentando como la raíz de otros malentendidos. Se trata de la manía de buscar “grandes hombres” o “héroes”.

 

La historia está plagada de actos vandálicos y, lamentablemente, se toma a los inspiradores de semejantes estropicios como benefactores de la humanidad. En las plazas de muchas de las grandes ciudades se fabrican estatuas de guerreros blandiendo sables como ejemplo malsano para las juventudes. No pocos himnos de países variopintos exaltan el tronar de cañones y pretenden convertir en loable al salvajismo mas cavernario, siempre en defensa de una mal entendida libertad, en la práctica, maltrecha, denostada y denigrada por los bufones del momento.

 

Hay obras que encierran el germen de la destrucción de las libertades individuales como el “superhombre” y “la voluntad de poder” de Nietzsche o “el héroe” de Thomas Carlyle. Este último, en su célebre conferencia en Londres del 22 de mayo de 1840 -si bien en conferencias anteriores aludía al mismo tema- estima que “puede reconocerse como el más importante entre los Grandes Hombres aquél a cuya voluntad o voluntades deben someterse los demás […] es resumen de todas las figuras del Heroísmo […] toda dignidad terrena y espiritual que se supone reside para mandar sobre nosotros, enseñarnos continua y prácticamente, indicarnos que tenemos que hacer día tras día, hora tras hora”.

 

Difícil resulta concebir una visión de más troglodita, de más baja estofa y de mayor renunciamiento a la condición humana y de mayor énfasis y vehemencia para que se aniquile y disuelva la propia personalidad en manos de forajidos, energúmenos y megalómanos que, azuzados por poderes omnímodos, se arrogan la facultad de manejar vidas y haciendas ajenas.

 

Este tipo de razonamientos y propuestas inauditas son los que dieron píe a los Hitler de nuestra época. De las ideas de Carlyle, eso dice Ernst Cassirer, el filósofo político, autor de numerosas obras, ex Rector de la Universidad de Hamburgo y profesor en Oxford, Yale y Columbia: “los primeros indicios del misticismo racial”, “una defensa abierta al militarismo prusiano” y “la divinización de los caudillos políticos y una identificación del poder con el derecho”. Por su parte c, consigna en su prólogo a la obra que reúne las seis conferencias de Thomas Carlyle sobre la heroicidad que “los contemporáneos no lo entendieron, pero ahora cabe una sola y muy divulgada palabra: nazismo […] escribió que la democracia es la desesperación de no encontrar héroes que nos dirijan […] abominó de la abolición de la esclavitud […] declaró que un judío torturado era preferible a un judío millonario”.

 

La manía del héroe y el líder indefectiblemente conducen a la prepotencia y al abuso de poder y, finalmente, al cadalso. Por eso resulta tan pernicioso que se les enseñe a estudiantes la historia como una narración bélica con elogios y salvas para la guerra y los guerreros, cuando no deben memorizar los pertrechos de cada bando sin entender el porqué de tanta trifulca. Lamentablemente, es cierto que la historia está colmada de hechos violentos pero enseñarla como algo glorioso, un hito y algo que debe ser venerado y objeto de admiración resulta sumamente destructivo y una buena receta para perpetuar y acentuar el mal.

 

Cada uno debe constituirse en líder de si mismo. Los caudillos y tiranuelos que son aclamados como líderes no hacen más que expropiar lo más preciado que posee el ser humano, cual es el uso de su libre albedrío para la administración de su propio destino al realizar sus potencialidades únicas e irrepetibles. Dice la primera acepción de héroe en el Diccionario de la Real Academia Española: “Entre los antiguos paganos, el que creían haber nacido de un dios o una diosa y de una persona humana, por lo cual le reputaban más que hombre y menos que dios”. Si bien es cierto que hay otras acepciones, la expresión de marras está teñida de un pesado tufillo a guerra, sangre, batalla, violencia y ferocidad.

 

Las inmundicias de los Stalin, Pol Pot, Mao, Hitler y Mussolini de este planeta son consecuencia de las alabanzas al “hombre fuerte” en el poder, para los que se tejen todo tipo de cánticos que rebalsan en referencias a lo heroico y grandioso a cuales les siguen personajes detestables apoyados en el voto popular tales como los Perón, Trujillo, Stroessner, Pérez Jiménez, Somoza y Rojas Pinilla que, si los dejan, se ponen a la altura o incluso superan en saña a sus maestros. En esta instancia del proceso de evolución cultural, solo hay la opción entre la democracia y la dictadura, no importa de que signo sea y, éstas últimas, están siempre paridas de libros, artículos y conferencias que ensalzan al héroe como el mandamás de las multitudes.

 

Paul Johnson en Commentary de abril de 1984 (pag.34) relata uno de los casos en que se trata como héroe a un canalla “en las Naciones Unidas en ocasión de la visita oficial de Idi Amin, presidente de Uganda, el primero de octubre de 1975. Para esa fecha ya era un notorio asesino serial de una crueldad indescriptible; no solo había liquidado personalmente algunas de sus víctimas sino que las desmembraba y preservaba partes de las anatomías para consumo futuro: el primer caníbal con refrigerador […] A pesar de ello fue electo presidente de la Organización para la Unidad Africana y, en esa capacidad, fue invitado a dirigirse a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Su discurso fue una denuncia a lo que denominó “la conspiración zionista-nortemericana” contra el mundo y demandó no solo la expulsión de Israel de las Naciones Unidas sino su ´extinción´ […] La Asamblea le brindó una ovación de pie cuando llegó, lo aplaudieron periódicamente en el transcurso de su discurso y, nuevamente, se pusieron de píe cuando dejó el recinto. Al día siguiente el Secretario General de la Asamblea [Kurt Waldheim] le ofreció una comida pública en su honor”.

 

¡Que lejos estamos del principio jeffersoniano en cuanto a que “el mejor gobierno es el que menos gobierna” y que cerca de los megalómanos “constructores de naciones” si nos guiamos por lo que ocurre hoy en Estados Unidos y en Europa que cada vez se parecen más a caudillos latinoamericanos en cuyos discursos incendiarios siempre todo comienza cuando ellos llegan.

 

En resumen, al interrogante que planteamos en el título de esta nota sobre donde está el primer mundo, la respuesta es que no está, se esfumó debido al triunfo de las ideas estatistas, lo cual no significa para nada que esa desaparición resulte permanente, pueden surgir otros países con ideas liberales y/o pueden revertir sus políticas los que hoy se hunden en el marasmo del nacionalismo colectivista…todo depende de lo que seamos capaces de hacer cada uno de nosotros todos los días.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

¿No serán algo hipócritas?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 8/2/17 en: http://hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=41990&tit=%BFno_seran_algo_hipocritas%3F

 

El rechazo de una corte federal de apelaciones al pedido del Departamento de Justicia de EE.UU., para reactivar el veto migratorio contra inmigrantes de siete países musulmanes -Siria, Irak, Sudán, Somalía, Yemen, Libia e Irán-,trenzó al gobierno deDonald Trump en una lucha legal que podría llevar años y terminar en la Corte Suprema.

Entretanto, los ciudadanos que cuentan con visas válidas y provienen de los países vetados -algunos con trabajos o estudios y familia en EE.UU.- comenzaron a volver apresuradamente aprovechando la contienda legal y ante el temor de que todo pueda volver a revertirse. Han vuelto a una auténtica cárcel, casi al estilo castro cubano, ya que, si salen, por caso, a visitar a sus padres moribundos en medio oriente, corren el riesgo de no poder volver a entrar.

Poco después, Trump dijo algo francamente asombroso, por decir lo menos, ya que en un sistema republicano lo menos que se espera del presidente es que tenga fe, confianza y apoye al Poder Judicial. “Si algo pasa culpen a él (al Juez) y al sistema judicial”, dijo. O sea que no cree en la justicia de su país, no cree en su república, me pregunto ¿no es ésta suficiente razón, al menos desde el punto de vista moral, para que renuncie? Aunque las incoherencias son propias de los políticos, que siempre tapan con demagogia, de otro modo no subsistirían ni por un minuto.

Además, el presidente de EE.UU. prohibió la entrada de todos los refugiados, y la canciller Merkel le recordó la Convención de Ginebra -y el derecho de asilo- que fue adoptada como una parte del acuerdo internacional posterior a 1945. El asilo es un derecho fundamental, una de las armas para prevenir el genocidio y los crímenes contra la humanidad. Y, por cierto, ya se utilizaba en la Grecia antigua, y era un clásico durante la Edad Media que los perseguidos entraran en una Iglesia al grito de “¡Me acojo a sagrado!”, y no había enemigo que no respetara el inviolable el derecho a asilarse en una iglesia.

Hipócritamente, Trump y muchos gobiernos occidentales no excluyen a los súbditos de Arabia Saudí: la patria de Osama bin Laden, de la ideología de Al Qaeda y el Estado Islámico, y de 15 de los 19 asesinos del 11-S. Será, cómo escribió Pablo Pardo, porque ningún yemení o somalí suma el 4,9% del capital de Citigroup, el tercer mayor banco de EE.UU., el 10% del gigante editorial News Corporation, de Rupert Murdoch, que apoya a Donald Trump, el 10% de Eurodisney como tiene el príncipe saudí Al Walid bin Tanal, extravagante al punto de poseer un Airbus 380 que es el único avión del mundo con piscina.

Esa Arabia Saudí madre del fanatismo islámico, que Trump -¿el “macho alfa”?- apoya, donde las mujeres son consideradas, de por vida, menores de edad ya que requieren el permiso de un tutor varón para matricularse en la universidad, trabajar, casarse o sacarse un pasaporte, entre otras muchas cosas como que no pueden conducir automóviles ni ir sin compañía de un hombre a un supermercado, además de taparse el pelo.

Pero todo esto es nada, comparado con el padecimiento de las casi doscientas personas que han sido decapitadas en 2016, la escuela del ISIS… que Trump apoya incondicionalmente: la forma más común de ejecución es decapitación con espada y a menudo son realizadas en público para castigar, además del homicidio, “crímenes” como adulterio, traición, sexo gay, delitos de drogas, hechicería y brujería, y apostasía.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Qué son en realidad las tasas de interés y qué sucede cuando el gobierno interviene para fijarlas?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 5/2/17 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2017/02/05/traduccion-que-son-en-realidad-las-tasas-de-interes-y-que-sucede-cuando-el-gobierno-interviene-para-fijarlas/

 

La tasa de interés es uno de los conceptos más confusos en economía. ¿Qué son en realidad? ¿Cuál ha sido su rol en las distintas tales como la burbuja inmobiliaria de los 2000s?

Lo primero que hay que aclarar es lo que la tasa de interés no es. Algunos seguidores de las teorías de John Maynard Keynes sostienen que la tasa de interés es “el precio del dinero”. Esto debe ser dicho tan claro como sea posible: la tasa de interés no es el precio del dinero.

Veámoslo con un ejemplo simple. Supongamos que Juan le entrega 10 manzanas a Pedro a cambio de recibir 11 manzanas dentro de un año. Es claro que este acuerdo es un préstamo. También es claro que se aplica una tasa de interés del 10%. Sin embargo, este acuerdo no involucra dinero.

¿Diría usted que porque este préstamo se realizó en manzanas la tasa de interés es el precio de las manzanas? Probablemente no.

De hecho, las tasas de interés no son un fenómeno monetario. El ejemplo del préstamo de las manzanas pudo haber ocurrido en una época pre-monetaria de la economía. Es decir, las tasas de interés existieron antes que el dinero.

El Precio del Dinero y el Precio del Tiempo

Entonces, ¿qué es el precio del dinero y qué son las tasas de interés? Primero, el precio del dinero, como el de cualquier otro bien, es lo que un individuo debe pagar por comprar dinero. Cuando usted va a la cafetería a comprar un café, usted compra el café entregándole dinero a la cafetería. En el mismo acto la cafetería le compra su dinero vendiéndole café.

Vender bienes es comprar dinero. Cuando compramos un bien estamos vendiendo dinero al comerciante.

¿Qué es, pues, una tasa de interés? Hemos aprendido que una tasa de interés no es el precio del dinero. Una tasa de interés es el precio del tiempo.

Consideremos de nuevo el ejemplo de las manzanas donde Pedro le pide a Juan 10 manzanas prometiéndole devolver 11 manzanas un año después. Si el préstamo fuera por más de un año Pedro debería devolver más de 11 manzanas.

Si usted me pide que le preste 100 dólares que yo podría gastar hoy, usted debería devolverme más de 100 dólares. ¿Cuánto más? Eso dependerá de cuánto yo esté dispuesto a esperar teniendo en cuenta lo que yo puedo comprar hoy con esos 100 dólares. Así como los precios de mercado reflejan el valor de intercambio de los bienes, las tasas de interés reflejan el valor de intercambio del tiempo.

De dónde proviene la confusión

¿De dónde proviene la idea de que la tasas de interés es el precio del dinero? Podemos señalar dos fuentes. Primero, a través de la influencia de las ideas de Keynes, que no sólo se expresaron en sus textos sino también en numerosos manuales de texto y modelos económicos.

Segundo, así como no podemos guardar el tiempo en una caja e intercambiarlo por otro bien, tampoco podemos observarlo en forma directa. En consecuencia, para poder hacer una transacción que lo represente necesitamos la ayuda de algún otro bien. El bien más conveniente para esta tarea es el bien más comúnmente utilizado en los mercados: el dinero. Por eso el banco le presta dólares, no manzanas. Los préstamos se hacen en dinero porque es conveniente, no porque la tasa de interés es el precio del dinero.

Pizzas y Casas

Ahora que sabemos que la tasa de interés es el precio del tiempo, podemos decir algo acerca de los efectos de manipular las mismas. Consideremos el caso más común, que es cuando el banco central baja las tasas de interés. Desde el punto de vista del consumidor, los incentivos a ahorrar se reducen. Hay, en consecuencia, un incremento del consumo a expensas de la inversión. Esto resulta así porque el beneficio de esperar ha disminuido. Desde el punto de vista del consumidor los incentivos para ahorrar son menores.

Desde el punto de vista del productor, el costo del tiempo ha disminuido. Esto es importante porque para producir cualquier bien se requiere tiempo. Para producir pizzas usted necesita bienes de capital (un horno), bienes intermedios (queso, harina, etc.) y también tiempo (20 minutos, más o menos). Pero ahora el tiempo tiene un precio relativamente más bajo que los otros bienes intermedios o finales. Esto significa que todos los productores a lo ancho de toda la economía desearán utilizar más tiempo del que deberían en sus respectivos procesos de producción.

Se realizan nuevas inversiones en actividades que demandan demasiado tiempo –más del que deberían en una situación normal de equilibrio-. Este error de asignación de recursos en el tiempo puede provocar serios desequilibrios, no sólo en la economía real sino también en los mercados financieros donde se realizan la mayoría de las transacciones de tiempo (créditos.)

Si además de incrementar el crédito el gobierno introduce regulaciones que canalizan la mayor parte del crédito creado hacia mercados específicos se pueden crear burbujas en esos mercados. Esto, en síntesis, es lo que se produjo durante la burbuja inmobiliaria y la crisis subprime en 2007-2008.

Dado que las tasas de interés dirigen el modo en que los recursos son destinados a la producción a través de toda la economía, las equivocaciones en el nivel de las tasas determinadas por el banco central pueden ocasionar muy serias consecuencias para todos nosotros.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Optimismo vs pesimismo: no podemos tener certidumbre de los resultados, pero son mayormente positivos

Por Martín Krause. Publicada el 6/2/17 en: http://bazar.ufm.edu/optimismo-vs-pesimismo-no-podemos-certidumbre-los-resultados-mayormente-positivos/

 

Suelo leer regularmente, aunque no todo, el suplemente Ideas del diario La Nación, y suelo encontrar regularmente una visión monótona en sus artículos sobre temas sociales (no veo tanto aquellos sobre arte). Es una visión, digamos ‘políticamente correcta’ que, en buena medida, se contrapone con la línea editorial del diario, más bien liberal/conservadora. Pero claro, siempre se comenta que así es el mundo intelectual y artístico, y así se deja una mitad de la biblioteca de lado.
Por esa razón me llamó mucho la atención encontrar un artículo de Pablo Stefanoni, titulado “Optimismo vs. Pesimismo. La encrucijada global”: http://www.lanacion.com.ar/1979262-optimismo-vs-pesimismo-la-encrucijada-global
Más me llamó la atención cuando comenzó citando algunos autores que, además de, o tal vez por ser optimistas, son muy políticamente incorrectos. Por ejemplo, el profesor de Harvard, Steven Pinker. Dice Stefanoni:
“La mayoría de las personas posiblemente sonrían ante la tesis central del libro Los ángeles que llevamos dentro (2012) -del psicólogo experimental Steven Pinker- acerca de que nuestra época es menos violenta, menos cruel y más pacífica que cualquier período anterior de la existencia humana. Y posiblemente ampliaría su sonrisa al leer las respuestas de este científico en un artículo del diario El País titulado “Las paradojas del progreso: datos para el optimismo”. “La gente a lo largo y ancho del mundo es más rica, goza de mayor salud, es más libre, tiene mayor educación, es más pacífica y goza de mayor igualdad que nunca antes”, dice Pinker. Es cierto que, desde una perspectiva histórica, los datos están de su parte. Y más aún cuando menciona la “revolución de los derechos”, la repugnancia por la violencia infligida a las minorías, las mujeres, los niños, los homosexuales y los animales a lo largo del último medio siglo. Así, respecto de la esperanza de vida, mortalidad infantil, riqueza de las personas, pobreza extrema, analfabetismo, igualdad de género, el capitalismo parecería mejor que cualquier otro sistema previo. Y esto se profundiza si consideramos en el análisis a dos gigantes demográficos: China e India. En el mismo sentido, un artículo del economista francés Nicolas Bouzou en el diario francés Le Figaro convoca a enfrentar el “chaleco de plomo depresivo, antiliberal y nacionalista”. Allí envía a quienes piensan que el mundo está peor a “documentarse o tratarse la depresión”. La imagen elegida por el editor para ilustrar la nota es sintomática: un robot con una sonrisa en su “rostro”.”
También lo cita a Johan Norberg, aunque no su reciente último libro Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future, ya comentado en este blog. Excelente, pensé. Finalmente una visión alternativa en esta sección del diario. Pero, en definitiva, no. Empezando por la ilustración ‘pesimista’ del artículo:

¿Y ante tales noticias positivas? ¿Cuál sería la razón del pesimismo? El mismo Norberg está lejos de ser un ciego y alerta sobre los peligros del futuro. Señala que lo peor que podría ocurrir sería olvidar el enorme progreso alcanzado en estos últimos siglos a partir de las ideas del Iluminismo, la libertad individual y el progreso económico. Dice Stefanoni:
“El “maridaje” entre liberalismo y democracia no es intrínseco. Y la democracia requiere de un cierto entorno igualitario (no sólo económico) y el hecho de que los ricos no puedan decidir por encima del resto. Pero, además, el “proceso de civilización” lleva consigo la posibilidad de regresiones, incluso violentas, procesos de “descivilización”, y eso es lo que hoy está sobre la mesa. Esta des-civilización puede operar, no sólo como puro colapso, sino también como descivilizaciones cotidianas. Es cierto que los populistas de derecha mienten -ya se habla de la post-verdad en relación con el fenómeno de Trump- o que gran parte de la izquierda a menudo siente nostalgia por lo que “nunca, jamás, sucedió”. Y hoy, frente a la idea de que todo pasado fue mejor, aparece una defensa del capitalismo actual en el sentido de que el mundo “jamás fue tan bueno”. Pero si uno de los objetivos del “proceso de la civilización” es lograr certidumbres respecto del futuro, ahí el sistema actual hizo agua.”
Comparto con el autor que han caído las utopías, pero es utópico pretender también que existe una organización social que garantice la certidumbre. Si hay algo que no conocemos es el futuro. Tal vez, donde solamente se la pueda encontrar es en el cementerio. El capitalismo es así: no garantiza certidumbre, pero muestra resultados incomparables. Había más certidumbre en el feudalismo: si nacías campesino, morirías campesino (y bastante rápido). También en el comunismo: te garantizaba una vida mediocre y pobre pero sin sobresaltos, a cambio de todas tus libertades.
No podemos tener certidumbre de los resultados (aunque en su gran mayoría son positivos) y existen amenazas, pero puede ser una de ellas pretender cambiar certidumbre por libertad.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).