El Estado: la principal causa de la pobreza en Argentina

Por Iván Carrino. Publicado el 15/3/17 en:  http://www.ivancarrino.com/el-estado-la-principal-causa-de-la-pobreza-en-argentina/

 

No es el liberalismo, sino el estatismo el que nos hunde en la pobreza.

Recientemente se conocieron en el país nuevos datos de pobreza. La Universidad Católica Argentina, que en ausencia de un INDEC creíble tomó el rol de ser la institución referente en este tema por los últimos 10 años, divulgó sus nuevas estimaciones y puso en evidencia una cruda realidad. Tres de cada diez argentinos son pobres.

El dato conocido recientemente representa un aumento de casi 4 puntos en comparación con el año anterior y es el registro más elevado de los últimos 11 años. Una verdadera catástrofe social.

Ahora bien, mirando los números a más largo plazo, nos encontramos con que, desde el regreso de la democracia (el primer dato es de 1985, dos años después), el promedio de la pobreza en el país fue de 29,3 %. Además, también encontramos que la cantidad de pobres no muestra una tendencia a la baja (como sí lo hace en el mundo), sino que oscila en torno al promedio, con saltos bruscos cada  determinado número de años.

¿Cómo es esto posible?

carrino

Para entender por qué en Argentina hay 13 millones de personas en estado de pobreza, es necesario entender a qué se deben esos saltos bruscos que impiden que esta situación mejore con el correr del tiempo.

Si se mira el gráfico de más arriba, observamos que la pobreza superó el 30 % en 1988-1990; en 2001-2005; y también en 2016.

O sea, los aumentos fuertes de la pobreza en Argentina están directamente relacionados con las crisis económicas que el país tiene a menudo. ¿Y cuál fue la característica distintiva de esas crisis económicas? El estallido inflacionario, que hizo que los precios suban increíblemente más que los ingresos de la población.

En 1989 explotó el modelo populista de Raúl Alfonsín. Luego de décadas de inflación crónica, la emisión monetaria crecía a niveles insostenibles y los precios llegaron a subir 20.000 % anual en un mes. La economía colapsó y la pobreza se duplicó de un año a otro.

En 2002, producto de la salida de la convertibilidad, los precios treparon 40 %, mientras que los ingresos prácticamente no se movieron. El resultado fue un brutal salto de 20 puntos en la tasa de pobreza.

En 2016 sucedió lo mismo. La inflación de la ciudad de Buenos Aires marcó un aumento del 41 % anual, mientras que los salarios no treparon más allá del 30 %. La suba de 4 puntos en la tasa de pobreza puede explicarse por este fenómeno.

Como podemos observar, hay una relación directa entre inflación y pobreza, por lo que todo lo que vaya en el sentido de terminar con la inflación, será netamente positivo para mejorar la situación de los más vulnerables.

Ahora para comprender verdaderamente las causas de este fenómeno en el país, tenemos que profundizar todavía un poco más en el argumento. Después de todo, la pregunta más importante a responder es qué y quiénes son los responsables por la inflación. Ahí aparece, entonces el déficit fiscal y los políticos que gastan más de lo que ingresan como origen del problema.

El déficit fiscal genera inflación porque, para financiar el desequilibrio de las cuentas públicas, el Banco Central emite dinero en exceso que pierde poder de compra. Durante el fin de la convertibilidad, la relación no fue tan directa, pero fue el déficit lo que hizo que la convertibilidad fuera insostenible, y fue eso lo que dio origen a la tumultuosa salida que originó el estallido inflacionario.

A diferencia de lo que sucede en el mundo tomado como un todo, la pobreza en nuestro país aumenta y  —como promedio— no baja del 29 % hace 32 años. Ahora contrariamente a los que muchos quieren hacernos creer, esta situación no responde a la implementación de “políticas neoliberales”, sino a algo muy distinto.

Es el gobierno, con sus planes demagógicos, el que genera déficit fiscal. Y es el déficit el que, a la larga, termina generando crisis económicas con estallidos inflacionarios.

El verdadero liberalismo económico exige un menor rol para el gobierno y cero déficit público. Si esa receta se hubiese seguido en nuestro país, nos hubiésemos ahorrado al menos 3 crisis económicas y hoy otros serían los temas de preocupación.

A la luz de estos datos debe quedar claro que el único responsable por la pobreza es el estatismo, y que solo alejándonos de sus recetas podremos dar vuelta esta negra página de la historia argentina.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Los sindicatos contra el empleo y el salario

Por Iván Carrino. Publicado el 9/3/17 en:  http://www.ivancarrino.com/los-sindicatos-contra-el-empleo-y-el-salario/

 

El martes fue un día más en la nueva normalidad a la que nos estamos acostumbrando en la Ciudad de Buenos Aires. El centro totalmente colapsado, bombas de estruendo, bombos, y calles y avenidas cortadas. Los que tenemos la suerte de trabajar en oficinas alejadas del Obelisco, el Congreso, o las inmediaciones de la Casa Rosada, no sufrimos mucho los embates de los grupos organizados que luchan contra la política del gobierno.

Los que no tienen otra alternativa que acudir al microcentro, sufren el estrés y el caos que los manifestantes generan a diario.

A principios de la semana la movilización fue encabezada por los gremios docentes, quienes exigen que sus salarios suban 35%. El martes la marcha fue encabezada por la Confederación General del Trabajo, que protesta contra una supuesta ola de despidos y pide un cambio de rumbo económico. La propuesta de la CGT terminó con desmanes, incidentes y casi a las trompadas.

Puertas adentro, las posturas de la CGT se dividen entre los más izquierdistas y los más peronistas. Es decir, nada  bueno para el crecimiento que el país necesita.

En mi más reciente libro dedico una extensa parte a analizar el rol de los sindicatos en la economía y el crecimiento de Argentina. Allí menciono un análisis de Friedrich A. Hayek, Premio Nobel de economía, que parece describir de manera perfecta la actualidad de nuestro país.

Para el economista austriaco:

“Dado que la huelga ha sido aceptada como un arma legítima de los sindicatos, se ha llegado a creer que se les debe permitir hacer lo que sea que les parezca necesario para conseguir una huelga exitosa. En general, la legalización de los sindicatos ha llegado a significar que cualquier método que consideran indispensable para sus propósitos también debe considerarse legal”.

Paros generales, cortes de calles y destrucción de la propiedad de terceros… todo está permitido bajo el mantra de la defensa de los trabajadores. El problema, sin embargo, es que muy a menudo los sindicatos son totalmente perjudiciales para aquéllos a quienes dicen defender.

Los sindicatos contra el empleo

Uno de los enunciados de los sindicalistas de la CGT es que no quieren aceptar una suba de sus salarios del 18%, como originalmente propuso María Eugenia Vidal a los docentes de la Provincia de Buenos Aires. De acuerdo con su análisis, el aumento salarial debería compensar la pérdida de poder adquisitivo del año pasado y, además, incorporar la inflación de este año.

Así, los pedidos más conservadores están en 24%, mientras que los docentes liderados por Roberto Baradel piden 35%.

Muchos suelen ver el número del 17-18% como una exigencia del gobierno para bajar la inflación. Como si los costos laborales fueran los responsables del alza de precios (y no a la inversa), creen que el gobierno, para controlar la inflación, busca controlar los salarios.

No tengo pruebas de que esto sea así, aunque tampoco de que no lo sea. El gobierno puede pensar que la inflación es un fenómeno puramente monetario, en cuyo caso le daría lo mismo a qué acuerdo llegan los trabajadores con las empresas. O bien puede pensar que los costos determinan los precios y por tanto una suba de los salarios podría potenciar al alza los precios.

Sin embargo, la discusión más importante no es la de la inflación sino la del empleo. Es que el ritmo de aumento de los precios estará determinado  por la política del Banco Central. En este marco, asumiendo que efectivamente cumple su meta del 17%, los aumentos salariales que estén por encima de ese número podrían poner en peligro los puestos de trabajo.

Veámoslo con un ejemplo muy simplificado. Si un trabajador cobró $ 10.000 mensuales en 2016 y su salario pasa a ser de $ 12.000 en 2017, estará recibiendo un aumento del 20%. Sin embargo, si los ingresos de la empresa (asumamos que también fueron de $ 10.000) suben con la inflación proyectada de 2017, éstos serán de $ 11.700.

En ese contexto, los ingresos no pueden sostener el aumento del costo y el empleado quedará sin trabajo.

Obviamente habrá empresas cuyas ventas crezcan más que la inflación y otras donde crezcan menos. Pero el punto es si los salarios van a aumentar más o menos que los ingresos de la empresa. Mientras los sindicatos pidan aumentos que superen ese incremento, y estos pedidos tengan curso, el resultado inevitable será un mayor desempleo.

Los sindicatos contra tu salario

Otro de los pedidos de la marcha de la CGT fue un mayor proteccionismo. De  acuerdo con su mirada, existe una ola indiscriminada de importaciones que está poniendo en riesgo a la actividad industrial y, por tanto, también a la creación de puestos de trabajo.

Esto no es del todo cierto. En 2016 las importaciones cayeron 7% en dólares y, si bien el sector industrial todavía pierde empleo, el resto de los sectores comenzó a recuperarse a partir del mes de julio del año pasado.

2017.03.09

 

Al insistir con un cierre de la economía, los gremios están pidiendo que se proteja a un sector específico, pero sin mirar lo que está pasando con todos los demás.

Ahora existe otro punto crucial. En los países más abiertos al comercio internacional, el ingreso per cápita es en promedio 6 veces más alto que en los países más cerrados. Al tener comercio libre, los productos son más baratos gracias a las importaciones y, por tanto, los salarios reales, mucho mayores.

En conclusión, al buscar combatir la economía libre y pedir aumentos salariales que no guardan relación con la productividad, los sindicatos no solo generan desempleo, sino que terminan resultando en ingresos más bajos para los trabajadores.

Finalmente, el poder de lobby de los líderes sindicales es cada vez mayor, al mismo tiempo que sus supuestos defendidos están cada vez peor. Es hora de probar otras recetas.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Los políticos, cada vez más lejos de la gente

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 18/3/17 en: http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/politicos-vez-lejos-gente_0_2675132469.HTML

 

Paul Feyerabend, que en mi opinión es uno de los mejores científicos de los últimos tiempos, escribió que “los ciudadanos (…) van muy por delante de sus políticos en su deseo de frenar la carrera de armamentos. Sabemos también que el sentido común suele ser superior a las proposiciones de los expertos (…)”.

Entretanto el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está desandando el camino hacia la libertad que comenzaron los primeros inmigrantes ingleses —pilgrim fathers— que se establecieron en Norteamérica huyendo de la persecución religiosa. En su último discurso frente al Congreso prometió “renovar el espíritu de América” y devolverle su grandeza. Si él lo dice…

Trump volvió a atacar a su presa preferida, la inmigración, acusándola de todos los males; y desconociendo las reglas más elementales de la economía de mercado, dijo con un indisimulable aire xenófobo que “Imponiendo leyes migratorias aumentarán los salarios, ayudaremos a los desempleados, ahorraremos miles de millones de dólares y haremos seguras nuestras comunidades”.

En un acto de alta demagogia, presentó a la viuda del primer soldado muerto durante su mandato, quien fue recibida con un atronador aplauso que hizo recordar a los peores actos populistas de América Latina. Por cierto, en momentos menos “emotivos”, el padre del fallecido se negó a recibir a Trump durante la recepción de los restos mortales, y antes lo había criticado por ordenar “sin motivo” el ataque en el que murió su hijo.

El Presidente de EEUU quiere aumentar el presupuesto de “defensa” de su país en 9,27% el año que viene. Son $us 54.000 millones más que serían compensados con recortes en otras áreas de la administración pública y que superan todo el gasto militar de países como Francia o Reino Unido (Estados Unidos gasta en la actualidad cerca de $us 600.000 millones en este rubro).

En cualquier caso, lo que sí está claro es que aumentará la corrupción en el Departamento de Defensa, donde ya es paradigmática al punto de que se han encontrado facturas de $us 600 por una bombilla de luz, y otra de $us 43 millones por la construcción de una gasolinera en Afganistán. En diciembre se hizo público que el Pentágono había ocultado al Congreso sobrecostos militares por $us 25.000 millones al año.

Pero no es solo Trump. Presionados por el avance del nacionalismo, la Comisión Europea impulsa un plan con el objetivo de elevar el porcentaje de deportaciones. Solo el 36% de las personas con órdenes de expulsión regresan a sus países, según datos de Eurostat. Mientras que el Gobierno chino, en lugar de terminar con la atroz guerra “contra las drogas”, defendió recientemente su política de “mano dura” contra el narcotráfico después de que ejecutaran a un anciano colombiano detenido por transportar droga.

En fuerte contraste, las personas comunes actúan de modo mucho más sabio que los políticos, mostrando que los países más progresistas son aquellos donde los políticos deciden menos y las personas comunes, más. Sergio Núñez, por caso, lo primero que pensó cuando vio a su hijo inconsciente en una calle del pueblo de Tandil, en Argentina, fue en vengarse de los agresores (menores de edad) y que fueran presos. Pero cambió de idea y, convencido de que la cárcel no era una solución, para sacarlos del delito puso un taller de bicicletería y luego uno de carpintería a los que asisten 15 adolescentes, incluidos algunos de los agresores de su hijo. Según uno de los involucrados en esta iniciativa “el perdón es mucho más constructivo que la venganza”.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Alberdi y el gasto público (3)

Por Gabriel Boragina Publicado  el 19/3/17 en: http://www.accionhumana.com/#!/2017/03/alberdi-y-el-gasto-publico-3.HTML

 

En el excelente comentario que el prócer argentino Juan Bautista Alberdi hace de la Constitución de su país, que en rigor constituye una explicación de la filosofía económica que inspira a dicha Carta Magna, se destacan ideas de gran valor. En muchos casos de gran actualidad. En otros, como es lógico imaginar, ciertos pasajes tienen en mira la situación histórica concreta en la que el insigne letrado se desenvolvía. Alberdi dedica gran atención al gasto público, al que le asigna diferentes finalidades, algunas válidas para su tiempo y otras para el suyo y el nuestro.

“La Unión nacional, es decir, la reinstalación constitucional de la integridad nacional del pueblo argentino, y la paz y el orden interiores de la República, son con razón, a los ojos de la Constitución, el primero y más grande objeto del gasto público, Ese interés representa hoy toda la causa política de la Nación Argentina, como en otra época consistió en la de su independencia de la España.”[1]

Este es un pasaje eminentemente histórico. Alberdi tiene en mente la situación de anarquía que vivía la Argentina durante la tiranía rosista, y el desmembramiento que el país sufría y que dieran origen a las luchas fratricidas entre “unitarios” y “federales”, alentadas por el mismo Juan Manuel de Rosas durante su larguísimo gobierno. Lograda la independencia, Alberdi pensaba que la primera prioridad del país era su unificación, y en cierto modo no le faltaba razón. El mismo Preámbulo de la Constitución que comenta así lo establecía, muestra de la vital importancia que para aquellos hombres tenía el proyecto.

“La obligación del gobierno general de destinar una parte del gasto público interior a las obras y trabajos de utilidad nacional, no debe medirse por la grande necesidad que el país tiene de esas obras. La Constitución anduvo muy acertada en hacerlas depender más bien de las facilidades estimulantes ofrecidas al espíritu particular de empresa, que de los recursos de un Erario naciente y desprovisto de medios actuales.”[2]

En los albores de la organización del país, las arcas del estado eran muy reducidas como no podía ser de otro modo, de la misma manera que cualquier emprendimiento nuevo nace con escasos recursos materiales. También así era la situación de la flamante Argentina. En este lúcido pasaje, Alberdi juiciosamente pone el acento en la necesidad de dejar –al menos en parte- en manos de la actividad privada el emprendimiento y financiamiento “a las obras y trabajos de utilidad nacional”, no tanto por razones de que el estado no debiera ocuparse de ellas, sino porque en aquella etapa, los recursos del Tesoro eran escasos, dado el carácter incipiente de la nación en gestación.

“Otro medio de economizar gastos en sueldos de empleados, es emplear pocos agentes, hábiles y honrados, en lugar de muchos ineptos y sospechosos. Y como no se consigue el servicio de hombres de capacidad notable y de respetabilidad acreditada sino por compensaciones dignas de tales prendas, los sueldos crecidos pagados a la aptitud son un medio de disminuir el gasto público en empleados de hacienda.”[3]

Párrafo en extremo juicioso, completamente ignorado en nuestros días y -podríamos decir- tanto en nuestro siglo como en el anterior. Parece que ya en la época del Alberdi esto era un problema, de otro modo no hubiera reparado en el asunto como para darle importancia. Lo cierto es que el consejo no fue atendido, excepto por esos tiempos y, como decimos, desde el siglo pasado hasta el presente el procedimiento seguido ha sido por completo el inverso al aconsejado por Alberdi. No es difícil imaginar cómo se escandalizaría nuestro autor si contemplara el derroche presente, ya en empleos públicos inútiles y superfluos, sino en la dilapidación sistemática de dineros públicos en prebendas y privilegios a sectores que directamente no trabajan, ni en el sector publico ni en el privado, viviendo de subsidios, planes sociales, transferencias directas y demás dádivas otorgadas por el estado asistencialista. Veamos que pensaba del gasto público aplicado a la educación:

“Si la dirección del gasto público es un medio de reglar la educación, las arcas del Tesoro deberían abrirse con doble facilidad cada vez que se trate de pagar la enseñanza de artes y oficios, de lenguas vivas, de materias exactas, de conocimientos positivos para el pueblo, en lugar de gastar dinero en difundir la metafísica, que conviene más a las épocas de demolición que a las de creación y organización.”[4]

Evidentemente, Alberdi parecía opinar que la educación era asunto estatal antes que privado. Nuevamente hay que tener en cuenta el contexto histórico en el que escribía: una nación de gran extensión territorial, prácticamente desértica y con una elevadísima cuota de analfabetismo. Como vemos, Alberdi era patrocinador de lo que hoy en día podríamos llamar las carreras de “índole práctica”. Escribía para un país en donde casi todo estaba por hacerse. Había que construirlo culturalmente. No deja de llamar la atención su alusión a la metafísica como más propia de “épocas de demolición”. Hay un cierto dirigismo educativo en el párrafo, que denota las preferencias personales del autor en materia educacional.

“A propósito de este ramo del gasto público, convendrá no olvidar que la Constitución argentina hace depender la cultura del país de la educación que dan las cosas por sí mismas, de esa educación que se opera por la acción de la cultura extranjera venida en las poblaciones civilizadas de la Europa, y en los demás elementos de prosperidad y cultura que ella nos envía ya formados, al favor de las sabias franquicias que le abre la Constitución moderna argentina.”[5]

Una nueva referencia a un tipo de educación de orden práctico (“la educación que dan las cosas por sí mismas”) y –naturalmente- esa educación, atento las necesidades del momento que vivía la naciente nación, debería provenir casi enteramente del exterior, en particular de Europa, sin lugar a dudas el centro cultural por antonomasia de la época en la que nuestro autor escribe su obra. Hoy diríamos -frente a eta cita- que Alberdi estaba proponiendo que el estado importara la educación del exterior. Teniendo en cuenta el contexto, la idea era altamente plausible. Veía en ella una acción necesaria por parte del estado.

[1] Alberdi, Juan Bautista. Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853.

  1. 199

[2] Alberdi….Ob. cit. pág. 199-200

[3] Alberdi….Ob. cit. pág. 201

[4] Alberdi….Ob. cit. pág. 204

[5] Alberdi….Ob. cit. pág. 205

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Corea: un caso de derechos de propiedad

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 14/2/17 en: http://www.rionegro.com.ar/portada/opinion/corea-un-caso-de-derechos-de-propiedad-EI2219116

 

Aún en la actualidad persiste una confusión en torno de los derechos de propiedad, confusión que se observa no sólo en el hombre común, sino en algunos economistas profesionales, y alcanza a los siguientes interrogantes: ¿qué son?; ¿para qué sirven?, y ¿qué efectos provocan en la economía los derechos mencionados?

Excede al presente artículo, no obstante, escudriñar en las causas del desconcierto, sólo se trata de señalar que durante gran parte de la historia de la economía moderna se prestó muy poca atención a la importancia de los derechos de propiedad, lo que ha generado costos de enorme cuantía para las personas en los más diversos escenarios.

Corea: un caso de derechos de propiedad

La importancia de que haya derechos de propiedad bien definidos y fuertemente protegidos otorga a los individuos el derecho exclusivo a usar sus recursos como ellos deseen. Como dice O’Driscoll: “El dominio sobre lo propio hace que los usuarios de la propiedad tomen plena conciencia de todos los costos y beneficios de emplear sus recursos de una determinada manera. El proceso de ponderar estos costos y beneficios produce lo que los economistas denominan ‘resultados eficientes’, los cuales luego se manifiestan en estándares de vida más elevados para todos.” La prosperidad y los derechos de propiedad son, según el autor, conceptos absolutamente inescindibles.

Por otra parte, con base en la evidencia se señalan las consecuencias económicas del déficit de derechos de propiedad (o inadecuado sistema de asignación): pobreza y escasez para cubrir las necesidades vitales. Aunque también debe señalarse que a la luz de los ejemplos, en las ciencias de acción del hombre, no son los hechos los que proveen causalidad, sino la cadena de razonamientos que subyacen detrás de la observación empírica.

La historia de los habitantes de la península de Corea es muy rica, muy antigua y de la más cruda actualidad. Las evidencias arqueológicas y lingüísticas sugieren desde el período Neolítico un origen común, sin embargo, hoy se encuentran divididos en dos países con marcos de derechos de propiedad confrontados. Y los resultados, consecuentemente, dan cuenta de la trascendencia de los marcos regulatorios de cada uno. Tras la Segunda Guerra Mundial −y del posterior enfrentamiento político, social y militar denominado la Guerra Fría (entre el llamado bloque Occidental liderado por Estados Unidos y el bloque del Este liderado por la Unión Soviética)− en el año 1948 se produjo la división de Corea. Un hecho histórico que llevó a la fragmentación de la península en dos Estados soberanos, Corea del Norte y Corea del Sur, cuya frontera física se estableció en el paralelo 38º por un acuerdo rubricado entre los respectivos bloques.

Corea del Norte, oficialmente denominada República Popular Democrática de Corea, está sujeta a un férreo control institucional, ya que el Estado controla todo lo relativo a los ciudadanos y ni siquiera para los turistas es fácil visitar la región. El sistema comunista ha provocado hambrunas en sus habitantes e índices de pobreza que se sitúan por debajo del puesto 130 del mundo. Corea del Sur, en cambio, es una República basada en una democracia representativa, con un sistema económico basado en el capitalismo. Su resurgimiento desde la Guerra de Corea la ha encumbrado a la potencia número 13 del mundo, según el Banco Mundial. Similares resultados podrían encontrarse en la Alemania de posguerra y sus diferencias, que fueron derrumbadas junto al muro en el año 1989.

En síntesis, el verdadero desarrollo económico de los países no puede explicarse por la presencia o ausencia de recursos naturales. Los recursos no son ni necesarios ni suficientes para el desarrollo. El desarrollo ha ocurrido en circunstancias inhóspitas, y también ha habido falta de desarrollo en países ricos en recursos naturales. Tampoco es imprescindible un sistema político administrativo. Si lo que en verdad nos preguntásemos fuera ¿por qué prosperan las naciones?, deberíamos evitar recomendar políticas que socaven la propiedad privada. De lo contrario, Corea habrá sido una lección mal aprendida.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

 

 

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER: MARCHAS CONTROVERTIDAS

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

El 8 de marzo próximo pasado, el día del cumpleaños de mi nieta mayor (22 años), algunas mujeres decidieron marchar en muy diversos lares. Subrayo lo de algunas porque hubieron muchas otras en distintos países que no solo no coincidieron con buena parte de los objetivos de la mencionada marcha sino que se oponían con vehemencia a algunas de sus propuestas (incluyendo mi nieta).

 

De más está decir que cualquiera que no lesione derechos de terceros puede peticionar para lo que estime pertinente, pero es de interés desentrañar los motivos que, en general se demandan, puesto que se exhibieron distintas líneas internas en distintos frentes

 

Un punto muy encomiable es, desde luego, la denuncia de maltratos y abusos de muy diverso tenor que constituyen una afrenta brutal a las normas más elementales de la decencia, lo cual es aceptado por la inmensa mayoría de las personas, cualquiera sea su sexo.

 

Por otro lado, nada más repugnante e idiota que el machismo y nada más expresivo de la falta de hombría, en el fondo se trata de seres acomplejados que no aceptan que las mujeres les hagan sombra en reuniones sociales, en faenas académicas y en otros ámbitos laborales, sin perjuicio de su importantísimo rol en la formación de almas en el hogar.

 

Hubo en algunas marchas incidentes varios, por ejemplo, lamentablemente la marcha en Buenos Aires finalizó con consignas partidarias, violencia contra la Catedral e incluso contra periodistas una de las cuales, paradójicamente mujer: las que la llevaban a cabo tenían en su mayor parte la cara cubierta, es decir, además de violencia contra la mujer en el día de la marcha de la mujer sino también cobardes y algunas golpeadoras a jóvenes del sexo masculino que pretendían defender la Catedral, tal como registraron las cámaras de televisión. Esto prueba una vez más que hay mujeres y mujeres (de igual manera que hay hombres y hombres) o más precisamente personas y personas.

 

En las marchas se observó la filtración de otros asuntos, buena parte de los cuales no resultan accidentales sino deliberadamente colocados en primer plano de la agenda, temas que precisamente provocan el rechazo de otras mujeres indignadas por el alarde de esas cuestiones.

 

En diverso grado estos temas fueron el aborto, la pretendida imposición de remuneraciones que en todos los casos sean equivalentes a las percibidas por los hombres, así como también igual acceso a distintos cargos públicos y privados y en esta mescolanza también se mencionó como una injusticia la existencia de clubs en los que se aceptan solo hombres como socios. Irrumpieron aquí y allá otras propuestas pero no solo de menor calibre sino apoyadas por grupos muy minoritarios que no pueden tomarse como representativos pero que lo hacen en nombre de “la matria”, no “la patria”(al margen digo que se ha sugerido en otro contexto que en lugar de aludir a la asignatura “history” la materia se denomine “herstory”).

 

Vamos por partes (como decía en otro plano bien distinto el descuartizador, aunque no distinto en el primer tema que ahora abordamos). En primer lugar, el mal llamado aborto puesto que se trata de homicidio en el seno materno. El tema más grave y preocupante de los emblemas de la marcha de marras.

 

Ya he escrito sobre este descuartizamiento horripilante pero es indispensable insistir una y mil veces al efecto de proteger las vidas de seres inocentes e indefensos. Actualmente, la microbiología muestra que desde el instante en el que el óvulo es fecundado hay una célula única, distinta del padre y la madre, un embrión humano que contiene la totalidad de la información genética (ADN o ácido desoxirribonucleico). Una persona que tiene la carga genética completa, una persona en acto que está en potencia de desarrollar sus características futuras, del mismo modo que el adolescente es una persona en acto y en potencia de ser eventualmente anciano.

 

En el momento de la fusión de los gametos masculino y femenino -que aportan respectivamente 23 cromosomas cada uno- se forma una nueva célula compuesta por 46 cromosomas que, como queda dicho, contiene la totalidad de las características del ser humano.

 

Solo en base a un inadmisible acto de fe en la magia más rudimentaria puede sostenerse que diez minutos después del nacimiento estamos frente a un ser humano pero no diez minutos antes. Como si antes del alumbramiento se tratara de un vegetal o un mineral que cambia súbitamente de naturaleza. Quienes mantienen que en el seno materno no se trataría de un humano del mismo modo que una semilla no es un árbol, confunden aspectos cruciales. La semilla pertenece en acto a la especie vegetal y está en potencia de ser árbol, del mismo modo que el feto pertenece en acto a la especie humana en potencia de ser adulto. Todos estamos en potencia de otras características psíquicas y físicas, de lo cual no se desprende que por el hecho de que transcurra el tiempo mutemos de naturaleza, de género o de especie.

 

De Mendel a la fecha, la genética ha avanzado mucho. Luis F. Leujone, el célebre profesor de genética en La Sorbonne escribe que “Aceptar el hecho de que con la fecundación comienza la vida de un nuevo ser humano no es ya materia opinable. La condición humana de un nuevo ser desde su concepción hasta el final de sus días no es una afirmación metafísica, es una sencilla evidencia experimental”.

 

Bien ha dicho Julián Marías que este brutal atropello es más grave que el que cometían los sicarios del régimen nazi, quienes con su mente asesina sostenían que los judíos eran enemigos de la humanidad. En el caso de los abortistas, no sostienen que aquellos seres inocentes e indefensos son enemigos de alguien. Marías denomina al aborto “el síndrome Polonio” para subrayar el acto cobarde de liquidar a quien -igual que en Hamlet– se encuentra en manifiesta inferioridad de condiciones para defenderse de su agresor.

 

La secuencia embrión-mórula-balstoncito-feto-bebe-niño-adolecente-adulto-anciano no cambia la naturaleza del ser humano. La implantación en la pared uterina (anidación) no implica un cambio en la especie, lo cual, como señala Ángel S. Ruiz en su obra sobre genética “no añade nada a la programación de esa persona” y dice que sostener que recién ahí comienza la vida humana constituye “una arbitrariedad incompatible con los conocimientos de neurobiología”. La fecundación extracorpórea y el embarazo extrauterino subrayan este aserto.

 

Se ha dicho que la madre es dueña de su cuerpo, lo cual es del todo cierto pero no es dueña del cuerpo de otro. Se ha dicho que el feto es “inviable” y dependiente de la madre, lo cual es también cierto, del mismo modo que lo son los inválidos, los ancianos y los bebes recién nacidos, de lo cual no se sigue que se los pueda exterminar impunemente. Lo mismo puede decirse de supuestas malformaciones: justificar las matanzas de fetos justificaría la liquidación de sordos, mudos e inválidos. Se ha dicho que la violación justifica el mal llamado aborto, pero un acto monstruoso como la violación no justifica otro acto monstruoso como el asesinato. Se ha dicho, por último, que la legalización del aborto evitaría las internaciones clandestinas y antihigiénicas que muchas veces terminan con la vida de la madre, como si los homicidios legales y profilácticos modificaran la naturaleza del acto.

 

Ahora viene lo que imponer en todos los casos igual remuneración para las mujeres respecto a la de los hombres para igual tarea (no igual resultado, de lo contrario sería indiferente y, al revés, los incentivos para contratar mujeres para tareas en las que puede considerarse inconveniente que la lleven a cabo hombres). Resulta clave comprender que no es el decreto y la prepotencia estatal la que debe decidir cuanto ha de cobrar cada persona. Los ingresos en términos reales los establece las tasas de capitalización derivadas del volumen de inversiones que una vez instaladas, los gustos y preferencias de los consumidores en el supermercado y afines establecen indirectamente cuanto ha de cobrar cada persona. Si el empresario, siempre atento a las respectivas demandas de su clientela procede a discriminar mal, tiene sus días contados como empresario y será sustituido por otro considerado más eficaz (a diferencia de lo que ocurre con los pseudoempresrios aliados con el poder político para obtener privilegios inexorablemente a expensas de la gente). Por ejemplo, si en lugar de atenerse a lo es mejor decide solo contratar blancos, lesbianas o japoneses, pagará el capricho con quebrantos. El mercado es impersonal y asexual, los comerciantes, si quieren sobrevivir, deben hacer lo mejor a criterio de los consumidores, centrando la atención en lo que es más eficiente sin prestar atención a otras consideraciones colaterales.

 

Al día siguiente de la marcha, en un arrebato demagógico, el gobierno de Islandia decidió legislar en el sentido de igual paga, como queda dicho, uno de los reclamos del Día Internacional de la Mujer, situación que, en su caso, de cumplirse, provocará desempleo entre las mujeres, medida que lo equipara a lo que instaló en los papeles la ex Unión Soviética, la China de Mao y Cuba (país en el que como hoy escribe Yoani Sánchez: el día de la mujer “suena como un eco lejano” que nada tiene que ver con la realidad), además del “derecho a la felicidad absoluta” (sic) como es el “decretazo” hoy vigente en Venezuela.

 

Hablo de discriminación que significa distinguir y diferenciar, todos discriminamos todo el tiempo: la música que escuchamos, la comida que ingerimos, los amigos que frecuentamos, con quien contraemos nupcias, que libros leemos, a que cine vamos etc. etc. La discriminación se torna en un problema inaceptable cuando desde el aparato estatal se otorgan distintos derechos a distintas personas. En el caso que nos ocupa se trata de una cuestión contractual privada: reiteramos si un comerciante se empecina en contratar en su tienda solo personas que miden más de uno ochenta allá él, pero no es una política recomendable en el mundo de los negocios. Si los negros ganan más que los blancos o los chinos más que los estadounidenses es un asunto que atañe al mercado, es decir a millones de arreglos contractuales.

 

Respecto a la imposición a través de instrumentos legales de cupos femeninos a cargos políticos o para desempeños en el sector privado, por una parte, constituyen ofensas a la mujer puesto que se evidencia que no se trata de su productividad sino del abuso legislativo y, por otra, desmejoran la eficiencia lo cual finalmente traslada el daño sobre todos que terminan obteniendo ingresos menores.

 

En cuanto a los clubs privados que solo aceptan como socios a miembros del sexo masculino, esto es perfectamente legítimo como que lo sería para el que funda un club solo para rubias, solo para discapacitados, para los que tienen pie plano o solo para menores de cuarenta años o mayores de setenta.

 

Por lo visto se ha perdido toda compostura y recato y toda noción de respeto a los derechos del prójimo. Solo se alegan “derechos” para saquear al vecino pero no se concibe que cada uno pueda hacer lo que le plazca con lo que ha obtenido lícitamente, siempre y cuando no invada iguales facultades de otros.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

 

Latinoamérica necesita empresarios, no lobistas

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 17/3/17 en: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article139230518.HTML

 

Eran los tiempos del presidente Menem en Argentina y la apertura, la desregulación y las privatizaciones parecían ameritar seminarios y “rondas de negocios” en el exterior, y colaboré con su organización hasta que, entre otras cosas, comprendí que eran inútiles.

Es que cuando la información vuela alrededor del globo, no tiene sentido que funcionarios viajen para “explicar” nada. Basta con crear las condiciones, y las inversiones solas volarán: bajar impuestos para que las personas tengan recursos para emprender con rentabilidad, y desregular liberando la creatividad y la capacidad de desarrollarlas… salvo que prefieran el lobby…

Según Jesús Huerta de Soto, “la función empresarial no exige medio alguno… es esencialmente creativa”. Es esa capacidad de crear en pos del mejoramiento social para lo que es necesario depender de los clientes –y no de los políticos– que deben inducir el camino de la eficiencia creadora.

Esta capacidad creativa supone el hallazgo de “conocimiento que se desconocía que podía existir”, dice Esteban Thomsen, como cuando un nuevo móvil supera al anterior mejorando la calidad de vida. Así “…prescindir de las típicas características de imaginación, atrevimiento y sorpresa equivale a eliminar enteramente la naturaleza humana”, remata Israel Kirzner, desmintiendo a los políticos que regulan poniéndole límites al atrevimiento.

Cuando el Estado interfiere al mercado con regulaciones que coartan la libertad creativa, destruye el rol empresario y da lugar a los lobistas, inmorales y faltos de ética desde que no responden a la naturaleza del mercado siendo que la moral es la adecuación al orden natural.

Durante aquellos seminarios daba vergüenza ajena el ver a los “empresarios” –lobistas– más importantes sentados durante horas, literalmente, en los lobbies esperando a los funcionarios que establecerían las regulaciones –monopolios, condiciones favorables, etc.– que los enriquecieran en detrimento del mercado.

Días atrás, como todos los años, fui invitado a la inauguración de Arco Madrid. Por una cuestión de ética y principios, quise evitar la coincidente “visita oficial” del presidente argentino. Pero fue inevitable encontrarlos en la inauguración, y allí estaban los más importantes “empresarios” –lobistas– argentinos…

Luego, encontré a ejecutivos españoles que participaron en la visita oficial que, entre otras cosas, me dijeron que hacer negocios con lobistas es tonto, sobre todo en países donde, por la inestabilidad, el funcionario interlocutor de hoy no es el de mañana. Y en general no invertirán en Argentina, al menos hasta las elecciones legislativas de octubre y hasta que aclare la economía, que no parece favorable a pesar de los pronósticos de los gurús.

Argentina –cuyo gobierno podría definirse ideológicamente como “peronista caviar”– crecerá en 2017 según estos gurús, cosa que dudo mientras que, irónicamente, la economía de la populista Bolivia tiene una mejor reputación internacional y se espera que crezca 4.6% en 2017. Ahora, es preocupante el que estos gurús suelen errar porque sus predicciones no tienen asidero racional, y son los mismos que suelen equivocarse y, sin embargo, siguen siendo escuchados. Así es como el país va a los tumbos.

En fin, Latinoamérica necesita elevar sus principios, su ética y su moral, y una dirigencia social, empresaria, académica, de medios, etc., más seria e ilustrada, mucho más.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Roberto Cachanosky dialoga con Carlos Newland sobre Mentalidad Capitalista Mundial

Publicado en 

 

http://economiaparatodos.net/programa-del-16-de-marzo-de-2017/

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

 

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

 

Otra vez sobre la desigualdad y la pobreza: la importancia de la movilidad social, para arriba sobre todo

Por Martín Krause. Publicada el 14/3/17 en: http://bazar.ufm.edu/otra-vez-la-desigualdad-la-pobreza-la-importancia-la-movilidad-social/

 

El debate no terminará nunca. Aquí un nuevo aporte, en un trabajo publicado por el Cato Institute, de Michael Tanner, con el título “Cinco mitos sobre la desigualdad económica en América (Estados Unidos)”, disponibe acá: https://www.cato.org/publications/policy-analysis/five-myths-about-economic-inequality-america

Su resumen:

“La desigualdad económica ha subido a la cima de la agenda política, defendida tanto por los candidatos políticos como por los autores más vendidos. Sin embargo, muchas de las creencias más comunes sobre el tema se basan en percepciones erróneas y falsedades.

Aunque a menudo se nos dice que vivimos en una nueva Edad Dorada, el sistema económico de Estados Unidos ya es altamente redistributivo. La política fiscal y el gasto en bienestar social reducen sustancialmente la desigualdad en América. Pero incluso si la desigualdad estuviera creciendo tan rápido como dicen los críticos, no sería necesariamente un problema.

Por ejemplo, a diferencia de los estereotipos, los ricos tienden a ganar en lugar de heredar su riqueza, y relativamente pocas personas ricas trabajan en Wall Street o en finanzas. La mayoría de la gente rica consiguió esa manera proporcionándonos con los bienes y los servicios que mejoran nuestras vidas.

La movilidad de ingresos puede ser menor de lo que nos gustaría, pero la gente sigue moviéndose hacia arriba y hacia abajo en la escala de ingresos. Pocas fortunas sobreviven durante varias generaciones, mientras que los pobres siguen siendo capaces de salir de la pobreza. Más importante aún, hay poca relación entre la desigualdad y la pobreza. El hecho de que algunas personas lleguen a ser ricos no significa que otros se harán pobres.

Aunque los ricos pueden aprovechar las conexiones políticas para su propio beneficio, hay pocas pruebas de que, como grupo, persigan una agenda política diseñada para suprimir a los pobres o prevenir políticas diseñadas para ayudarlos. Al mismo tiempo, en lugar de reducir la desigualdad económica, una mayor intervención del gobierno puede empeorar la situación. Dado que las políticas para reducir la desigualdad, como el aumento de impuestos o programas adicionales de bienestar social, probablemente tendrán consecuencias no deseadas que podrían causar más daño que bien, debemos centrarnos en implementar políticas que realmente reduzcan la pobreza en lugar de atacar la desigualdad misma.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

EL GRADUALISMO PRODUCE SHOCK

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Hay tres palabras que estimo no son conducentes a lo que se desea trasmitir: ajuste, gradualismo y shock. Por ajuste se entiende una política que apunta a poner orden en las finanzas públicas pero que se traduce en penurias para la población. Esto suena ridículo,  el orden en la familia o en el gobierno reestablece las condiciones del progreso. Pero, más aun, la expresión está mal utilizada ya que el ajuste, es decir, la privación no se genera como consecuencia del orden sino del desorden. En otros términos, para evitar el ajuste debe ponerse orden (no gastar más de lo que ingresa, presiones tributarias razonables, no usar la deuda pública para “patear la pelota para más adelante” sin enfrentar los problemas, limitar las funciones gubernamentales a los principios republicanos, respetar la división de poderes etc.)

 

Por su parte,  el gradualismo resulta algo cómico ya que ser gradual necesariamente implica saber cual es la meta (¿gradual hacía donde?) y la mayor parte de los gobiernos no explicitan los objetivos de modo que más preciso es decir que van a la deriva cuyo último resultado habitualmente consiste en engrosar el aparato estatal.

 

En tercer lugar, el shock también se aplica mal puesto que se lo entiende como resultado del orden cuando los shocks aparecen cotidianamente debido a las sandeces que introducen las políticas estatistas. El orden es para eliminar los shocks puesto que, como queda dicho, ya bastantes shocks diarios sufre la población. Si el orden produjera shock sería mejor vivir en el desorden, pero a poco andar se comprobaría que esto último produce miseria y caos.

 

Por supuesto que toda medida en cualquier dirección que fuere siempre tiene consecuencias sobre terceros, el asunto es que en el balance el resultado sea positivo (cuando apareció el automóvil, la demanda por carricoches tirados por caballos declinó hasta desaparecer, cuando irrumpió la calefacción a gas se afectó la producción de leña, cuando aparecieron las computadoras la demanda por secretarias decreció y así sucesivamente lo cual liberó recursos humanos para atender otras necesidades y como los recursos son escasos en relación a los infinitos requerimientos, el proceso se traduce en progreso). Sin duda que las transiciones exigen capacitación pero la vida es una transición de un punto a otro, el progreso es cambio, todos los días cuando un colaborador en un emprendimiento sugiere nuevas medidas para mejorar está generando reasignaciones humanas y materiales. No se puede tener la torta y comérsela al mismo tiempo.

 

El político calibrará hasta donde puede llegar según la opinión pública pueda digerir lo propuesto, pero una vez evaluado este aspecto lo mejor es hacer lo considerado posible y mejor lo antes que las circunstancias permitan puesto que el goteo, “el gradualismo” produce desgaste y finalmente shock. Por ello es que la recomendación es proceder al comienzo de la gestión, cuando transcurre la luna de miel puesto que lo que no se hace de entrada no se podrá llevar a cabo debido al reagrupamiento de la oposición, tal como han demostrado las experiencias más resonantes de los gobiernos que alardearon  de gradualismo y terminaron en shocks tremebundos.

 

Uno de los obstáculos para entender las ventajas de poner orden y encaminarse a una sociedad abierta estriba en no captar las fenomenales e indispensables contribuciones teóricas que respaldan esa conclusión pero, en lugar de eso, se insiste que lo relevante son los hombres prácticos puesto que los teóricos son solo baladas románticas sin el realismo que se necesita para resolver problemas. La respuesta para evitar el uso de las antedichas expresiones en sentidos confusos, ambiguos y pastosos consiste en la educación al efecto de comprender las ventajas de orden y las desventajas del desorden y el proceso educativo es inseparable del andamiaje teórico.

 

En este sentido, reitero lo escrito en otra oportunidad. Como queda dicho, hay dos planos de acción que es perentorio clarificar y precisar. Esta diferenciación de naturalezas resulta decisiva al efecto de abrir cauce al progreso. Constituye un lugar de los más común -casi groseramente vulgar- sostener que lo importante es el hombre práctico y que la teoría es algo etéreo, mas o menos inútil, reservado para idealistas que sueñan con irrealidades.

 

Esta concepción es de una irresponsabilidad a toda prueba y revela una estrechez mental digna de mejor causa. Todo, absolutamente todo lo que hoy disponemos y usamos es fruto de una teoría previa, es decir, de un sueño, de un ideal, de un proyecto aún no ejecutado. Damos por sentado nuestros zapatos, el uso del avión, la televisión, la radio, internet, el automóvil, el tipo de comida que ingerimos, las medicinas a que recurrimos, los tipos de edificaciones, la iluminación, las herramientas, los fertilizantes, plaguicidas, la biogenética, la siembra directa, los sistemas políticos, los regímenes económicos etc. etc. Todo eso y mucho más, una vez aplicado parece una obviedad, pero era inexistente antes de concebirse como una idea en la mente de alguien.

 

John Stuart Mill escribió con razón que “toda idea nueva pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Seguramente, en épocas de las cavernas, quienes estaban acostumbrados al uso del garrote les pareció una idea descabellada el concebir el arco y la flecha y así sucesivamente con todos los grandes inventos e ideas progresistas de la humanidad. En tiempos en que se consideraba que la monarquía tenía origen divino, a la mayoría de las personas les resultó inaudito que algunos cuestionaran la idea y propusiera un régimen democrático.

 

Los llamados prácticos no son más que aquellos que se suben a la cresta de la ola ya formada por quienes previa y trabajosamente la concibieron. Los que se burlan de los teóricos no parecen percatarse que en todo lo que hacen son deudores de ellos, pero al no ser capaces de crear nada nuevo se regodean en sus practicidades. Todo progreso implica correr el eje del debate, es decir, de imaginar y diseñar lo nuevo al efecto de ascender un paso en la dirección del mejoramiento. Al práctico le corren el piso los teóricos sin que aquel sea para nada responsable de ese corrimiento.

 

El premio Nobel Friedrich Hayek ha escrito que “Aquellos que se preocupan exclusivamente con lo que aparece como práctico dada la existente opinión pública del momento, constantemente han visto que incluso esa situación se ha convertido en políticamente imposible como resultado de un cambio en la opinión pública que ellos no han hecho nada por guiar.” La práctica será posible en una u otra dirección según sean las características de los teóricos que mueven el debate. En esta instancia del proceso de evolución cultural, los políticos recurren a cierto tipo de discurso según estiman que la gente lo digerirá y aceptará. Pero la comprensión de tal o cual idea depende de lo que previamente se concibió en el mundo intelectual y su capacidad de influir en la opinión pública ordenada a través de sucesivos círculos concéntricos y efectos multiplicadores desde los cenáculos hasta los medios masivos de comunicación.

 

En todos los órdenes de la vida, los prácticos son los free-riders (los aprovechadores o, para emplear un argentinismo, los “garroneros”) de los teóricos. Esta afirmación en absoluto debe tomarse peyorativamente puesto que todos usufructuamos de la creación de los teóricos. La inmensa mayoría de las cosas que usamos las debemos al ingenio de otros, incluso prácticamente nada de lo que usufructuamos lo entendemos ni lo podemos explicar. Por esto es que el empresario no es el indicado para defender el sistema de libre empresa porque, como tal, no se ha adentrado en la filosofía liberal ya que su habilidad estriba en  realizar buenos arbitrajes (y, en general, si se lo deja, se alía con el poder para aplastar el sistema), el banquero no conoce el significado del dinero, el comerciante no puede fundamentar las bases del comercio, quienes compran y venden diariamente no saben acerca del rol de los precios,  el telefonista no puede construir un teléfono, el especialista en marketing suele ignorar los fundamentos de los procesos de mercado, el piloto de avión no es capaz de fabricar una aeronave, los que pagan impuestos (y mucho menos los que recaudan) no registran las implicancias de la política fiscal, el ama de casa no conoce el mecanismo interno del microondas ni de la heladera y así sucesivamente. Tampoco es necesario que esos operadores conozcan aquello, en eso consiste la división del trabajo y la consiguiente cooperación social. Es necesario sí que cada uno sepa que los derechos de propiedad deben respetarse para cuya comprensión deben aportar tiempo, recursos o ambas cosas si desean seguir en paz con su practicidad y para que el teórico pueda continuar en un clima de libertad con sus tareas creativas y así ensanchar el campo de actividad del práctico.

 

Desde luego que hay teorías efectivas y teorías equivocadas o sin un fundamento suficientemente sólido, pero en modo alguno se justifica mofarse de quienes realizan esfuerzos para concebir una teoría eficaz. Las teorías malas no dan resultado, las buenas logran el objetivo. En última instancia, como se ha dicho “nada hay más practico que una buena teoría”. Conciente o inconscientemente detrás de toda acción  hay una teoría, si esta es acertada la práctica producirá  buenos resultados, si es equivocada las consecuencias del acto estarán rumbeadas en una dirección inconveniente respecto de las metas propuestas.

 

Las telarañas mentales y la inercia de lo conocido son los obstáculos más serios para introducir cambios. Como hemos señalado, no solo no hay nada que objetar a la practicidad sino que todos somos prácticos en el sentido que aplicamos los medios que consideramos corresponden para el logro de nuestras metas, pero tiene una connotación completamente distinta “el práctico” que se considera superior por el mero hecho de aplicar lo que otros concibieron y, todavía, reniegan de ellos…los que, como queda dicho, hicieron posible la practicidad del práctico.

 

Afirmar que “una cosa es la teoría y otra es la práctica” es una de las perogrulladas mas burdas que puedan declamarse, pero de ese hecho innegable no se desprende que la práctica es de una mayor jerarquía que la teoría, porque  parecería que así se pretende invertir la secuencia temporal y desconocer la dependencia de aquello respecto de esto último, lo cual no desconoce que la teoría es para ser aplicada, es decir, para llevarse a la práctica.  Si se desea alentar el progreso debe enfatizarse la importancia del trabajo teórico y el idealismo, y no circunscribirse al ejercicio de practicar lo que ya es del dominio público. Por ello resulta tan estimulante el comentario de George Bernard Shaw cuando escribe que “Algunas personas piensan las cosas como son y se preguntan ¿por qué? Yo sueño cosas que no son y me pregunto ¿por qué no?”. Es hora de hacer un alto en el camino y reconsiderar las expresiones gradualismo, shock y ajuste y ponerlas en el contexto teórico adecuado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.