Instituciones, Economía y Políticas de Salud

Por Eduardo Filgueira Lima.

 

En este libro analizo el papel de las instituciones, así como el análisis económico de las políticas públicas y en particular de los procesos sanitarios, así como las opciones para la dilución del riesgo financiero implícito en las condiciones de incertidumbre y riesgo frente a eventos de salud. El objetivo es el diseño del proyecto de reforma posible, basado en criterios de aseguramiento, con el objetivo de mejorar las condiciones del sistema de salud en la Argentina, tanto en la relación gasto vs. resultados sanitarios, como en la búsqueda de mejora de la capacidad de respuesta.

 

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Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

ERNESTO LACLAU: UN APUNTE

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Se ha escrito mucho sobre el autor que figura en el encabezado de esta nota  pero observo que la mayoría, sea para criticarlo o para aplaudir lo que dice, se aferran a sus extensos e interminables textos farragosos, en tramos ininteligibles construidos en base a una cadena interminable de galimatías conceptuales. No es que todo lo que escribe Laclau sea incomprensible, hay pasajes muy claros pero parecería que el estilo obedece a una estrategia que consiste en tirar la estocada con una idea-fuerza y luego adornarla largamente con una escritura sin sentido alguno para impresionar a los snobs y a los acomplejados (me refiero a aquellos que cuando no entienden conjeturan que el que escribe “debe saber mucho”). Karl Popper aludía a esos escritores reiterando que “la búsqueda de la verdad solo es posible si hablamos sencilla y caramente […] Para mí, buscar la sencillez y la lucidez es un deber moral de todos los intelectuales: la falta de claridad es un pecado y la presunción un crimen”.

 

No quiero abusar de la paciencia del lector pero tomo más o menos al azar una de las parrafeadas típicas de Laclau, esta vez de su libro Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo al efecto de ilustrar lo dicho para que cada uno juzgue por sí mismo. Por ejemplo: “Toda tipografía presupone un espacio dentro del cual la distinción entre regiones y niveles tiene lugar, ella implica, en consecuencia, el cierre del todo social, que es lo que permite que éste último sea aprehendido como una estructura inteligible que asigna identidades precisas a sus regiones y niveles. Por si toda objetividad es sistemáticamente rebasada por un exterior sustitutivo, toda forma de unidad, articulación y jerarquización que pueda existir entre varias regiones y niveles será el resultado de una construcción contingente y pragmática y no una conexión esencial que pueda ser reconocida”.

 

Lamentablemente en lo personal, al dirigir tesis doctorales he comprobado que no son pocos los alumnos que arrastran una especie de inercia en cuanto a que en sus monografías y similares durante la carrera de grado les han inoculado la manía del oscurantismo como si fuera un camino fértil para exhibir supuestos conocimientos sofisticados. En estos casos, se consume bastante tiempo en volver a la normalidad. Alan Sokal y Jean Bricmont han ilustrado magníficamente el punto señalado cuando publicaron un muy celebrado ensayo con referato en Social Text, luego de lo cual declararon que se estaban burlando de la comunidad académica ya que el trabajo contenía disparates superlativos y se aprestaron a publicar su propia refutación, a lo que la dirección del journal en cuestión concluyó que “no tenía altura académica” por lo que los autores decidieron publicar todo el material y el relato de lo sucedido en un libro titulado Imposturas intelectuales.

 

Vamos entonces lo que estimamos es el núcleo del mensaje de Laclau en sus escritos, las estocadas a las que nos referimos más arriba. En el libro que hemos citado de este autor sostiene en el contexto de su adhesión a la teoría de la plusvalía que “la clásica falacia liberal acerca de la relación entre obrero y capitalista consiste en reducir a esta última a su forma jurídica -el contrato entre agentes económicos libres- y que la crítica a esta falacia consiste en mostrar la desigualdad de las condiciones a partir de las cuales capitalista y obrero entran en la relación de producción”.

 

En esta misma línea argumental escribe el mismo autor en la misma obra que “en el caso de que la gestión del proceso económico deje de estar en las manos privadas del capitalista y pase a ser una gestión social, la emancipación del capitalista respecto del productor directo es transferida a la comunidad en su conjunto. Lo que el productor directo pierde en términos de autonomía individual, lo gana por otro lado con creces en tanto miembro de una comunidad” y, como remedio, sugiere “una intervención consciente, por lo tanto, permite regular la realidad crecientemente dislocada del mercado” puesto que “el mito del capitalismo liberal fue de un mercado absolutamente autorregulado”.

 

Este es en una cápsula el núcleo duro de Laclau en materia económica. Una perspectiva nada original pero que rebalsa en errores muy sustanciales. Primero, los salarios e ingresos en términos reales son consecuencia de las tasas de capitalización, es decir, fruto del ahorro interno y externo que hacen de apoyo logístico para elevar el nivel de vida. Los arreglos contractuales son siempre entre desiguales lo cual significa asimetrías en gustos y en informaciones, de lo contrario no se llevarían a cabo. En cuanto a las desigualdades patrimoniales, en un mercado abierto éstas responden a las votaciones de los consumidores en el plebiscito diario del supermercado y equivalentes, lo cual, a su vez, permite incrementar las antedichas inversiones, especialmente para bien de los más necesitados. Como hemos puntualizado en otras oportunidades, esto último no ocurre cuando los empresarios dejan de estar compelidos a satisfacer las demandas del prójimo puesto que sus riquezas se deben al privilegio otorgado por el poder político.

 

Por otra parte, en el mercado del cual todos formamos parte cuando adquirimos lo que necesitamos (incluso los libros de Laclau) las compras y ventas de bienes y servicios significan intercambios de derechos de propiedad y cuando éstos se vulneran se alteran los precios que al trasmitir señales falsas obstaculizan la contabilidad y la evaluación de proyectos hasta, en el extremo, tal como ocurría antes de la demolición del Muro de la Vergüenza en Berlín, se elimina toda posibilidad de cálculo económico. La idea de la llamada dirección estatal “conciente” es precisamente a lo que el premio Nobel en Economía Friedrich Hayek combate y refuta en su La fatal arrogancia. Los errores del socialismo. La función de los gobiernos en una sociedad abierta consiste en proteger los derechos de los gobernados, marcos institucionales que Laclau rechaza tal como veremos enseguida.

 

Por último, afirmar que lo que pierde el capitalista lo gana con creces la comunidad cuando la gestión la lleva a cabo el aparato estatal pasa por alto el hecho de que la asignación de los siempre escasos factores de producción operan a ciegas si no se administran por aquellos que los consumidores consideran más eficientes para atender sus requerimientos y, por ende, el traspaso de la gestión empresaria al Leviatán inexorablemente significa una pérdida neta o, más bien, un derroche.

 

En otro de sus libros titulado La razón populista comienza afirmando que “la noción misma de individuo no tiene sentido en nuestro enfoque” puesto que se dirige a ese antropomorfismo denominado “pueblo” basado en la supremacía de la mayoría sin cortapisas conducida por el líder con quien se establece un “lazo libidinal” en el contexto de un enfrentamiento al “otro antagónico” (las variantes capitalistas) en donde no hay división de poderes sino que el Poder Legislativo y el Judicial necesariamente deben acompañar las decisiones hegemónicas. Por eso no es de extrañar que, como lo señaló en una entrevista en Página/12 titulada “Vamos a una polarización institucional”, que subraye su adhesión al peronismo, al chavismo y a todos sus imitadores para concluir que, en este ámbito, “soy partidario hoy en América latina de la reelección presidencial indefinida”, esto es, puro bonapartismo.

 

Con su mujer -Chantal Mouffe- también ha publicado ensayos y un libro de gran difusión titulado Hegemonía y estrategia socialista: hacia una radicalización de la democracia donde, como queda dicho, entienden la democracia como las mayorías ilimitadas a contracorriente de toda la tradición democrática que desde sus comienzos ha enfatizado en el respeto a las minorías, lo cual está representado contemporáneamente por Giovanni Sartori y tantos otros intelectuales de gran calado.

 

Laclau se aparta de la tradición estrictamente marxista para ubicarse en un posmarxismo, así consigna en el libro citado en primer término que “yo nunca he sido un marxista total” puesto que “nuestro trabajo puede ser visto como una extensión de la obra de Gramsci”, en definitiva, “yo no he rechazado el marxismo. Lo que ha ocurrido es muy diferente, y es que el marxismo se ha desintegrado y creo que me estoy quedando con sus mejores fragmentos”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

Las negociaciones de paz entre Israel y Palestina se complican

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 9/4/14 en http://www.lanacion.com.ar/1679353-las-negociaciones-de-paz-entre-israel-y-palestina-se-complican

 

Después de nueve meses de febriles -pero infructuosos- esfuerzos por parte del Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, para tratar de sacar al proceso de paz entre Israel y Palestina del pantano en que se encuentra, los hechos de la semana pasada sugieren que la posibilidad de sellar algún acuerdo sustantivo entre las partes parece haberse alejado significativamente.

Pese a que los negociadores, Tzipi Livni, por Israel; Saeb Erekat, por Palestina; y Martin S. Indyk, por los Estados Unidos , se han seguido reuniendo, tratando de llegar a alguna conclusión antes del 29 de abril, la fecha final prevista para las conversaciones en curso. La puerta sigue abierta, entonces, pero la hendija que queda es realmente angosta.

En efecto, la semana pasada el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, presentó formalmente la solicitud de admisión para que Palestina ingrese -de inmediato- a quince diferentes organismos internacionales, lo que se había comprometido expresamente a no hacer hasta el 29 de abril próximo. Aprovechando así el reconocimiento obtenido por Palestina como estado observador en la ONU , en el 2012.

Con anterioridad, a fin de marzo pasado Israel se había negado a liberar al último contingente de prisioneros palestinos comprometido conforme a lo que fuera convenido al comienzo de esta etapa de las conversaciones. Hablamos de prisioneros que, en rigor, debieron haberse liberado hace ya 20 años, como parte de los fallidos acuerdos de Oslo.

Esto sirvió de excusa al moderado -y desacreditado- Mahmoud Abbas para justificar su decisión unilateral de actuar como si las negociaciones hubieran fracasado. Quizás porque políticamente, su situación doméstica era casi insostenible.

Mientras tanto, Palestina no está dispuesta a reconocer a Israel como estado judío. Esto es bastante más, ciertamente, que reconocer simplemente el derecho del Estado de Israel a existir y tiene implicancias serias sobre la cuestión de los refugiados palestinos y su ambición de regresar alguna vez a las que fueran sus tierras. También impacta sobre la quinta parte de la población israelí, que tiene identidad palestina. Pero es, para Israel, un tema que se ha transformado en absolutamente crucial, que hace ciertamente a la defensa de su propia identidad y a su futuro.

Tampoco parece haber acuerdo sobre la presencia futura de las tropas israelíes en el Valle del Jordán. Ni sobre temas complicados, como lo son el status de Jerusalén, el tema de los refugiados, y las fronteras entre ambos Estados.

Ante los sucesos aludidos, un descorazonado -pero realista- John Kerry canceló su viaje a la región, sumiendo así a las negociaciones de paz en una suerte de limbo del que, cabe presumir, no será nada fácil salir, al menos en el corto plazo. Pese a que la retórica de todos no descarta que una reanudación de las conversaciones, después del 29 de abril, sea siempre posible. Y ciertamente, en teoría lo es.

 

Esto sucedió cuando John Kerry, también consciente de la falta de avances, impulsaba una prórroga de los plazos de la negociación en curso, para estirarlos hasta entrado el año 2015. Israel, en ese escenario, debía comprometerse a liberar a unos 400 prisioneros adicionales y a disminuir, asimismo, el ritmo de construcción de asentamientos, tanto en Jerusalén Este, como en Cisjordania. Los Estados Unidos , por su parte, liberarían (a la manera de incentivo adicional) a un conocido espía israelí, detenido desde hace más de 25 años. Me refiero a Jonathan J. Pollard, un ex oficial de inteligencia de la marina norteamericana condenado a prisión perpetua por espionaje en favor de Israel que, no obstante, podría tener derecho a solicitar ser liberado, provisoria y condicionalmente, en el 2015. Palestina, por su parte, debía comprometerse a mantener el status quo.

Algunos creen que, en contrapartida, los palestinos podrían requerir la liberación del carismático Marwan Barghouti, de 54 años. Es el prisionero más popular entre ellos. Para los israelíes, en cambio, es responsable directo de numerosos asesinatos. Por esto tiene sobre sus hombros cinco condenas seguidas a prisión perpetua. No obstante, defiende la solución basada en la tesis de los dos Estados y, para muchos, es el candidato con más probabilidades de ser el futuro presidente de Palestina, si la paz de pronto se alcanzara.

La alternativa descripta no está muerta, pero ciertamente luce difícil de implementar para evitar lo que aparece como un posible colapso de las conversaciones de paz.

Cabe señalar que el marco externo de las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos no ayuda. Nada. Porque no proyecta ni previsibilidad, ni tranquilidad. Más bien, todo lo contrario: incertidumbre y una multitud de alternativas y riesgos peligrosos.

Más allá de la gravísima crisis que afecta a Ucrania -que hoy concentra las preocupaciones en el escenario externo- lo cierto es que en Medio Oriente , concretamente, Siria sigue sumergida en una guerra civil salvaje. En ella, Irán y Hezbollah, con Rusia, parecieran haber logrado un fortalecimiento relativo del régimen alauita de los Assad, que ya no luce como candidato inexorable a caer. Mientras el fundamentalismo musulmán, que ahora domina -en el terreno- a la insurgencia, sigue siendo dueño y señor de importantes pedazos del castigado país.

 

Egipto , por su parte, ha regresado a manos de los militares, pero está sumamente lejos de vivir en orden y tranquilidad. Por su parte, el convulsionado Líbano sigue frágil y está en el borde mismo del abismo que supondría una abierta guerra interna facciosa.

Si las negociaciones para la paz en Medio Oriente se diluyen, no es imposible que iniciativas como el boicot a Israel comiencen a ser impulsadas con más vigor, complicando las cosas. Ni que Israel vuelva a hacer difícil algunas iniciativas concretas que han avanzado, como la llevar los servicios de telefonía 3G a Gaza.

Para Benjamin Netanyahu , el cuadro es complicado. Porque a lo antedicho se agrega que tiene, en su propio gabinete, un arco iris de visiones bien disímiles. Sino opuestas. Como las de la encargada misma de impulsar las negociaciones de paz, Tzipi Livni, y las del ministro de vivienda, Uri Ariel, que procura aumentar el ritmo de construcción de los asentamientos, particularmente en Gibo, en el este de Jerusalén, lo que en nada facilita la marcha de las negociaciones de paz.

En síntesis, la realidad sugiere que en Medio Oriente las conversaciones de paz han llegado a una situación donde es imposible disimular una realidad: están empantanadas y sin demasiadas posibilidades de salir de esa situación en el corto plazo. Lo que pueda abrir una verdadera Caja de Pandora. Dejarlas morir sería un tremendo error. Por esto defender el status quo es un objetivo de mínima, quizás. Pero crucial. Mantener vivas las negociaciones no es, sin embargo, nada sencillo. Porque deberán seguramente enfrentarse hasta peligros nuevos, atento a que lo que ocurre es para algunos -en ambos lados de la mesa- una oportunidad para dinamitarlas. Lo que sería una verdadera tragedia.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Recursos que se agotan y no se agotan: Petróleo cada vez más barato

Por Martin Krause. Publicado el 11/4/14 en: 

 

Rectifico algo planteado ayer: hay recursos que se agotan. ¿Porqué algunos sí y otros no? Propongo aquí que se debe a la existencia de precios, y estos a su vez de la existencia de derechos de propiedad. Ya vimos esto en el post sobre los elefantes: http://bazar.ufm.edu/wp-admin/post.php?post=135&action=edit

Los elefantes corren peligro, las vacas no. Pronto veremos el caso del agua que, en gran medida, no tiene precio y, por lo tanto, no genera incentivos para consumir menos. Hoy, veremos un recurso que sí tiene precio.

La Nación trae un artículo del Wall Street Journal titulado “La revolución energética abre camino para un barril de petróleo a US$75”, por Gene Epstein. Confirman la idea planteada ayer, respecto a que los recursos no son “finitos” si tomamos en cuenta la creatividad e iniciativa empresarial del ser humano. Los recursos no se están agotando, cada vez hay más.

Transcribo algunos pasajes:

“A largo plazo, los precios globales del petróleo bajarán, tal vez en forma significativa. Nuevos y vastos hallazgos de crudo y gas natural alrededor del mundo auguran una reducción de los precios de los US$100 por barril actuales a US$75 por barril en los próximos cinco años.

“Los cambios en la demanda también intensificarán la presión sobre la supremacía del petróleo. Por primera vez en sus 150 años de historia, el motor a combustión puede funcionar en forma eficiente con distintos combustibles, entre ellos el gas natural. Conforme estos combustibles alternativos empiezan a ser adoptados, el consumo global de crudo crecerá en forma más lenta y luego se estabilizará.”

Gas esquisto

“Las proyecciones marcan un enorme contraste con el paradigma dominante en los últimos 40 años, que postulaba que, por un lado, las economías en desarrollo se expandirían, incrementando la demanda y, por el otro, la producción global y el suministro caerían. En los últimos cinco años, por el contrario, se han descubierto fuentes no convencionales de crudo por un total de más de 1 billón (millón de millones) de barriles, equivalentes a más de 30 años de suministro adicional. La mayoría es recuperable a US$75 o menos, y gran parte de este crudo está siendo explotado.”

El artículo comenta que el descenso del precio del petróleo pondría en problemas a Rusia, cuyas exportaciones de energía son el 70% de sus exportaciones totales.

“El descenso del precio del crudo pondría también bajo presión a Venezuela. “La economía y el presupuesto de Venezuela son todavía más dependientes de las exportaciones de petróleo que Rusia”, dice Jaffe. “El gobierno tomó préstamos de China por US$60.000 millones y ahora está recibiendo menos ingresos porque debe enviar a su acreedor una parte importante de sus exportaciones como pago de deuda. El gobierno venezolano tiene mucho menos efectivo que en la época de Chávez, cuando este disponía a la vez del dinero de los préstamos y de los pagos por el petróleo vendido a China”. Venezuela ha pagado con petróleo entre un cuarto y un tercio de los créditos otorgados por China.”

“Asimismo, con la abundancia de gas natural en países desde Australia y Sudáfrica hasta Brasil y Argentina, en los próximos cinco años podría desarrollarse algo parecido a un mercado global de gas natural licuado. Eso acabaría con el monopolio interno de los rusos y permitiría a los europeos comprar de otras fuentes.”

“Los factores que están cambiando las reglas del juego por el lado de la oferta son los tres nuevos tipos de producción: petróleo de aguas profundas, de esquisto y de arenas bituminosas. Cada una de estas fuentes podría traducirse en más de 300.000 millones de barriles de crudo, para sumar más de 1 billón de barriles. Se trata de una incorporación enorme a las reservas que antes se estimaban en 1,5 billones de barriles.”

“La firma noruega Rystad Source estima que hay unos 317.000 millones de barriles de petróleo en aguas profundas, y que de ese total, unos 75.000 millones serían recuperables en las costas de Norteamérica. La actividad exploratoria en aguas profundas también está en marcha al este de África -donde se podrían aprovechar 63.000 millones de barriles- y en Asia-Pacífico -donde habría otros 32.000 millones.”

“El gobierno de EE.UU. estima que el crudo de esquisto, que se extrae principalmente a través de la fracturación hidráulica, representaría reservas equivalentes a 345.000 millones de barriles, de los cuales 58.000 millones serían recuperables en EE.UU.”

“Las arenas bituminosas, según un informe de BP, se encuentran sólo en Canadá, con 167.800 millones de barriles, y en Venezuela, 220.000 millones. Sin embargo, no está claro si esta producción será viable a US$75 el barril de crudo. Según Eric Lee, analista de Citigroup, una buena porción del billón extra de barriles podría ser recuperable a US$75 por barril o menos, debido a que los costos de producción de esquisto y en aguas profundas podrían seguir bajando.”

“Aunque Jaffe dice que un descenso de precios puede complicar la explotación de los yacimientos offshore de Brasil en los campos llamado pre sal (que están por debajo de la capa de sal del lecho marino), Lee señala que “Brasil tiene varios proyectos hasta 2020 con costos estimados por barril de entre US$40 y US$70″.

“El fuerte de Argentina, indica, está en los proyectos de esquisto de la cuenca neuquina, en el sur del país. “Hay un proceso de aprendizaje en marcha, y puede que allí haga falta nueva infraestructura, pero sus costos pueden estar también en el rango de los US$40 a US$80 por barril”, afirma. “La geología argentina ha ayudado a estos proyectos hasta ahora. La pregunta es cuándo se llevarán a cabo”.

“En un estudio con otros analistas, Morse, de Citigroup, calculó que hay un enorme potencial de ahorros si los camiones, autobuses, barcos y vehículos de pasajeros empiezan a usar gas natural en lugar de combustibles petroleros. El transporte representa casi la mitad del crudo que el mundo consume cada año, y sólo los camiones usan casi uno de cada nueve barriles que se consumen.”

“La historia de la humanidad”, dice Morse, “al menos desde la invención de la rueda, es una historia de energía cada vez más barata. La civilización moderna sería imposible sin energía barata. Creo que estamos entrando en otro período de energía más barata que debería durar 50 años o más”.

¿Y después qué? ¿Entonces sí comenzarían a acabarse los recursos? El tema es que aquello que llamamos “recursos” cambia con la innovación. ¿Cuáles serán recursos dentro de 50 años? Ya hay muchos emprendedores que están pensando en ello. Muchos fracasarán, algunos tendrán éxito, se están jugando su propio tiempo, esfuerzo y dinero, no el nuestro. Como no sabemos cuál va a ser el “recurso” dentro de 50 años, no hay que pensar en ninguna política pública que no sea la de remover las barreras para que todos estos experimentos empresariales puedan avanzar.

Anticipo una preocupación de los lectores. ¿Estas nuevas tecnologías serán más contaminantes? ¿Terminarán consumiendo o contaminando toda el agua del planeta? En este caso, no hay que empezar discutiendo la tecnología sino los derechos de propiedad: quien es el propietario del agua, o más bien, quien sería el mejor propietario para cuidarla (¿el estado nacional, Greenpeace, el gobierno local, los usuarios, las empresas de agua?)

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Argentina cae en picada:

Por Iván Carrino. Publicado el 31/3/14 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2014/03/31/argentina-cae-en-picada-en-indice-de-banco-mundial/

 

Son muchos los respetados economistas que, ante el apretón monetario del Banco Central destinado a controlar la inflación (si se puede hablar de inflación controlada con niveles de 3 o 4% mensual) y contener el avance del dólar blue, coinciden en que eso solo no es suficiente. El problema, advierten, es el déficit fiscal y, si este no se corrige por el lado del gasto,entonces el BCRA deberá volver a imprimir pesos no sólo para financiar al fisco sino para pagar los intereses de su deuda. Al déficit fiscal se sumará el cuasi fiscal y el final de la película puede ser incluso más traumático.

En efecto, el gasto público está desbordado. En la última década creció 450% en dólares. Si se mide en porcentaje del PBI este se acerca al 45%, niveles similares a países como Suecia, Alemania, o Noruega. Sin embargo, nos advertía Milton Friedman que estas cifras podían subestimar el costo real del Estado para la sociedad:

“Estas cifras exageran en ciertos aspectos la influencia del Estado y la subestiman en otros (…) La subestiman porque intervenciones del Estado que tienen efectos considerables sobre la economía pueden suponer un gasto insignificante (por ejemplo, los contingentes de importación, el salario mínimo oficial, las comisiones reguladoras de los precios, las leyes de defensa de la competencia).”

En este sentido, no sólo tenemos que mirar el gasto público, sino también las regulaciones sobre la actividad privada, que no cuestan dinero a los contribuyentes pero sí distorsionan y afectan el normal funcionamiento de la economía.

Un sector golpeado por este tipo de intervenciones en nuestro país es, desde hace años, el del comercio internacional. Las retenciones a las exportaciones, con el intento de hacerlas móviles en 2008, son el ejemplo paradigmático. Otro ejemplo son las tristemente célebres Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación, una barrera discrecional para frenar importaciones. Según las nuevas autoridades, este sistema iba a flexibilizarse y transparentarse. Sin embargo, no hubo novedades al respecto.

Estas costosas intervenciones se ven reflejadas directamente en el Índice de Desarrollo Logístico del Banco Mundial. El recientemente publicado índice analiza lo favorable o desfavorable que es el país para el comercio internacional. Para ello, aborda temas como las regulaciones aduaneras, la puntualidad, o la infraestructura a disposición de la logística internacional.

Desde la primera publicación del índice, la Argentina cayó 15 puestos. Pasó del poco meritorio número 45 en 2007, al puesto número 60 en 2014. No es de extrañar que el rubro que haya mostrado la peor evolución haya sido el de las aduanass, que analiza la “simplicidad y predictibilidad de las formalidades” necesarias para importar y exportar. Si sólo tomáramos ese indicador, la caída sería de 34 puestos (del 51 al 85).

En Argentina las ideas mercantilistas están de moda. Tenemos que “cuidar la balanza comercial”, cerrar la economía para “proteger la industria nacional” y “mirar el mercado interno”. Sin embargo, esas políticas impiden la innovación, destruyen a los exportadores y perjudican a todos los consumidores al obligarlos a elegir una menor variedad de productos a precios más altos.

En conclusión, el gasto público es un problema, pero también lo son todas aquellas intervenciones del estado que el gasto no mide y que afectan negativamente la vida económica de la sociedad.

Como nota final, el gasto de Alemania asciende al 45% del producto bruto. Sin embargo, es líder en el ranking aquí analizado. No es casualidad que, pese a la prodigalidad pública, en Alemania la calidad de vida sea mucho mejor a la que se encuentra de este lado del océano.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.

¿Se agotan los recursos naturales?

Por Martin Krause. Publicado el 7/4/14 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/04/07/se-agotan-los-recursos-naturales/

 

En los años 1960 surgió la preocupación de que los recursos naturales, siendo la Tierra limitada, inevitablemente se agotarían, ya no se podría sostener a tanta gente en el planeta. Se pronosticaban grandes catástrofes y terribles hambrunas. Nada de eso ha ocurrido. Han pasado más de 50 años y hay ahora más recursos que antes.

En su momento, el economista Julian Simon refutó todas estas preocupaciones. EN la continuación de su famoso libro “El recurso último”, revisado en 1996 y disponible acá (aunque en inglés):http://www.juliansimon.com/writings/Ultimate_Resource/ , señala básicamente que todos esos temores son infundados porque no toman en cuenta la productividad del ser humano.

Julian Simon

Ahora, un informe de la consultora McKinsey, comenta sobre un libro recientemente publicado por Stefan Heck (profesor consulto del Instituto Precourt de Energía de la Universidad de Stanford) y Matt Rogers (director de McKinsey San Francisco), “Resource Revolution: How to Capture the Biggest Business Opportunity in a Century” (New Harvest, April 2014), donde básicamente se señala lo mismo.

http://www.mckinsey.com/Insights/Energy_Resources_Materials/How_resource_scarcity_is_driving_the_third_Industrial_Revolution?cid=resourcerev-eml-alt-mip-mck-oth-1404

Aquí van traducidos algunos extractos de una entrevista a los autores:

“Stefan Heck: Soy un optimista porque estamos enfrentando una serie de limitaciones –en alimentos, en tierra, en energía, en agua, en todo el plantea, con 6 mil millones de personas yendo a 9 mil millones, todos consumiendo recursos- y esto realmente representa un desafío. Es un desafío a la humanidad, un desafío a la creatividad, a la innovación.

Matt Rogers: Lo que empezamos a observar es que, más que una gran amenaza a la economía global, estamos viendo un gran cambio, el más fundamental de los últimos 100 años.

Matt Rogers: Desde 2005 comenzamos a ver un rápido aumento de los precios de la energía, el oro, cobre, aluminio, acero, todos impulsados por el hecho que unos 2.500 millones de personas estaban entrando en la clase media y que no había recursos suficientes. Y esto empezó a preocupar a todos, particularmente sobre el crecimiento económico. ¿Cómo se va a sostener el crecimiento económico con estos precios que lo frenan?

Y comenzó a cambiar alrededor de 2010, 2011, cuando de pronto comenzamos a ver que “hey, este alto precio de los recursos puede ser el comienzo de una enorme oportunidad más que la mayor amenaza para la economía global. Tal vez sea la mejor oportunidad en 100 años. Lo que comenzamos a ver es un conjunto de tendencias moviéndose muy, muy rápido, impulsadas, en muchos casos, por la combinación de tecnologías industriales e informáticas.

La primera fue el desarrollo de gas no convencional, ahora petróleo no convencional, en los Estados Unidos (shale gas, shale oil). Nadie previó esto. En 2007 estábamos seguros que Estados Unidos iba a ser un enorme importador de gas natural, teníamos pocos años de reservas, y lo traeríamos de todo el mundo. Y para 2011 comprendimos que Estados Unidos sería el mayor productor de gas natural del mundo y tenía tanto que comenzaríamos a exportar. En 5 años, lo que usualmente tarda 50 años en desarrollarse, en 5 años nos tomó por sorpresa este cambio masivo.

Al mismo tiempo, vimos que los precios de la energía solar cayeron de un pico de $8/watt a $2,50/watt. Este cambio en solo tres o cuatro años, también tomó a todos por sorpresa. Entonces, dos mercados –gas natural y energía solar- ambos creciendo al 20% o más por año. En el mundo de la energía estábamos acostumbrados a un crecimiento del 3% anual como rápido

Stefan Heck: Es importante señalar que las tecnologías que mencionamos son de infraestructura básica, y por ello, derraman un efecto beneficioso para la productividad de toda la economía,

Matt Rogers: La combinación de tecnología informática con industrial, la aplicación de biotecnologías a los problemas de recursos, el uso de nuevos materiales y la nanociencia en procedimientos industriales nos permiten de pronto capturar el tipo de crecimiento de productividad que necesitamos, y más, por lo que la economía podrá crecer sin incrementar la demanda de recursos en forma significativa, o volviendo mucho más barata la producción de recursos de lo que todos esperan.

Stefan Heck: La curva de aprendizaje para baterías se ha duplicado de una mejora del 4% con cada duplicación de la capacidad, a 8%. Esto es muy importante. Cuando vemos a los autos, la distancia que podemos obtener de una batería ha ido de 50 millas en los últimos autos, a 250 millas. La velocidad ya es más alta a la que puede alcanzarse legalmente, por lo que no hay restricciones. Antes era un carrito de golf, ahora estamos hablando de autos de carrera.

La última dimensión que queda es el costo. Por ahora, son caras. Una batería duplica el precio de un auto, pero si proyectamos esa curva del 8%, como una inversión a interés compuesto, y hay muchas razones tecnológicas para creer esto, es posible pensar que la electrificación será una opción relativamente barata, algo así como tener GPS o estéreo en el auto. Y en este punto, dados los beneficios, incluso ambientales, el hecho de que el auto será totalmente silencioso, que acelerará más rápido, que no consumirá combustible cuando frenas en un semáforo, ¿porqué no usar uno eléctrico?

Y en cuanto a los sensores que permiten un “piloto automático”, la curva de aprendizaje es de 40%, lo que significa que el costo se reduce a la mitad cada año. Pronto será un adicional muy barato.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Argentina: Volver a las Bases

Por Adrián Ravier. Publicado el 26/3/14 en http://www.elcato.org/argentina-volver-las-bases

 

Juan Bautista Alberdi fue un actor fundamental en la conformación del estado argentino. No sólo fue fundamental en influenciar nuestra Constitución Nacional, sino que también dejó las Bases para que Argentina emprendiera un camino de desarrollo sostenido por varias décadas.

Me propongo en este artículo resumir su posición sobre distintos temas al sólo efecto de reintroducir sus “bases” en el debate moderno.

El gobierno debe limitarse a funciones esenciales

Bajo la estatolatría que nos rodea, el estado moderno ha asumido funciones que han distraído a los gobiernos de sus funciones esenciales. Se podrá decir que este es un fenómeno novedoso, que comienza en el siglo XX y se expande hacia comienzos del siglo XXI, pero Alberdi anticipó esta amenaza, como queda claro en las siguientes citas.

“Si los derechos civiles del hombre pudiesen mantenerse por sí mismos al abrigo de todo ataque, es decir, si nadie atentara contra nuestra vida, persona, propiedad, libre acción, etc., el Gobierno del Estado sería inútil, su institución no tendría razón de existir. Luego el Estado y las leyes políticas que lo constituyen, no tienen más objeto final y definitivo que la observancia y ejecución de las leyes civiles, que son el código de la sociedad y de la civilización misma (…) La democracia es la libertad constituida en gobierno, pues el verdadero gobierno no es más ni menos que la libertad organizada” (Juan Bautista Alberdi, Obras Completas, Tomo VII, p. 90/91).

En otras palabras,

“El Estado se hace fabricante, constructor, empresario, banquero, comerciante, editor, y se distrae así de su mandato esencial y único, que es proteger a los individuos de que se compone contra toda agresión interna y externa. En todas las funciones que no son de la esencia del gobierno obra como ignorante y como un concurrente dañino de los particulares, empeorando el servicio del país, lejos de servirlo mejor” (Juan Bautista Alberdi, “La omnipotencia del Estado de la negación de la libertad individual”).

Influenciado por Adam Smith, y anticipando la literatura moderna desarrollada por Friedrich Hayek o James M. Buchanan, Alberdi creía en un gobierno limitado, pues conocía las limitaciones cognitivas de los funcionarios, así como los perversos incentivos bajo los cuales actúan.

La riqueza no debe re-distribuirse

En el viejo debate entre la economía de mercado y el socialismo, entre la propiedad privada o pública de los medios de producción, tanto teórica como empíricamente ha surgido victoriosa la primera posición. El nuevo socialismo ya no pide privatizar los medios de producción ante su evidente fracaso global, sino re-distribuir la riqueza producida por el sector privado.

Al respecto, Alberdi también ofreció sus reflexiones:

“Para proteger mejor el fin social de la riqueza, ha preferido la distribución libre a la distribución reglamentaria y artificial. La distribución de las riquezas se opera por sí sola, tanto más equivalentemente cuanto menos se ingiere el Estado en imponerle reglas” (Juan Bautista Alberdi T. IV P. 253).

Y es que la intervención del estado no es gratuita. Como ejemplificó Joseph Stiglitz en su libro sobre la economía del sector público, si una persona tiene 10 manzanas, y otras cuatro ninguna, el estado puede dividir las 10 manzanas en partes iguales, pero no llegarán a manos de los cinco destinatarios las dos manzanas, sino que el estado se consumirá en el proceso burocrático la mitad de ellas, quedando al final una manzana para cada uno de los cinco miembros de la sociedad.

No sólo ello. Qué incentivos tendrá el contribuyente para seguir produciendo manzanas, si luego de sufrir los riesgos y costos asociados a la tarea, termina compartiendo forzosamente su esfuerzo con la sociedad. La consecuencia lógica de este proceso de re-distribución de riqueza, es reducir la propia riqueza e incrementar la pobreza.

El estado no produce riqueza, la extrae de los particulares

Se exige al estado que asuma cada vez más funciones, que reparta cada vez más riqueza, pero se olvida muchas veces que el estado no crea su propia riqueza sino que debe costear cada proyecto con recursos privados que extrae a otros particulares.

“¿Qué es la renta pública? Una parte de la renta privada de los habitantes del país, y mejor para la doctrina que vamos a exponer, si es una parte del capital o haber cualquiera de los particulares. Es la unión de las porciones de rentas que los particulares satisfacen al cuerpo social en que viven, para asegurar el orden, que les protege el resto de su renta, el capital, la vida, la persona y su bienestar. Luego hay renta pública donde quiera que hay rentas y capitales particulares” (Juan Bautista Alberdi, T. IV. P. 339).

Esto no implica que el estado no pueda en la Argentina, por mandato constitucional, cobrar impuestos para cumplir sus funciones esenciales, pero debería haber un límite que Alberdi se preocupó por establecer en la Constitución Nacional:

“Es verdad que la tendencia natural de la renta pública es a ser grande y copiosa; pero en la doctrina económica de la Constitución argentina, la abundancia de la renta pública depende del respeto asegurado a los derechos naturales del hombre, en el empleo de sus facultades destinadas a producir los medios de satisfacer las necesidades de su ser. Esos derechos, en que reposa el sistema rentístico, el plan de hacienda o de finanzas, que es parte accesoria del sistema económico del país, son la propiedad, la libertad, la igualdad, la seguridad en sus relaciones prácticas con la producción, distribución y consumo de las riquezas.

La Constitución quiere que la ley fiscal o rentística respete y proteja esos derechos, lejos de atacarlos” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 382).

Y entonces qué podemos decir respecto de los fines de la recaudación:

“Según el art. 4 de la Constitución argentina, la contribución es para formar el Tesoro nacional; el Tesoro, como medio de ejecución, es para gobernar; el gobierno es para hacer cumplir la Constitución; la Constitución, como dice el preámbulo, es para afirmar la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz, servir a la defensa común, promover el bienestar y asegurar los beneficios de la libertad. La contribución es, según esto, el precio con que se obtiene el goce de estas cosas; luego su erogación forma el gasto más precioso del hombre en sociedad. Pero la experiencia prueba que esos fines pueden ser atacados por la misma contribución establecida para servirlos” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p. 411).

Y luego aclara un poco más:

“Todo dinero público gastado en otros objetos que no sean los que la Constitución señala como objetos de la asociación política argentina, es dinero malgastado, y malversado” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p. 460/461).

El estado no debería administrar el dinero, ni la política monetaria

Al contrario de sus países vecinos, la Argentina hoy sufre niveles de inflación elevados. Se cree, sin embargo, que el propio estado puede corregir la situación. Se han sincerado en los últimos días las estadísticas oficiales, pero el problema de la inflación está lejos de corregirse. Alberdi tenía muy en claro el problema de la banca pública.

“La reforma de un Banco del Estado es imposible. No hay más que un remedio de reformarlo: es suprimirlo” (Juan Bautista Alberdi, Estudios Económicos, Buenos Aires, Talleres Gráficos L. J. Rosso, 1934, p. 236).

Ahora, como todos sabemos, estos bancos públicos operan a través de los redescuentos obtenidos del Banco Central (BCRA). Dichos redescuentos no son otra cosa que emisión monetaria. Nuevamente Alberdi nos enseña:

“Respecto a la manera de emplear el crédito público por la emisión de papel moneda al estilo de Buenos Aires, la Confederación tiene la ventaja inapreciable de no poder ejercer, aunque quiera, ese terrible medio de arruinar la libertad política, la moralidad de la industria y la hacienda del Estado. Es una ventaja positiva para las rentas de la Confederación la impotencia en que se halla de hacer admitir como valor efectivo un papel, sin más valor ni garantía que el producto de contribuciones tan inciertas como la estabilidad del orden, y que jamás alcanzaría para amortizar una deuda que se agranda por su misma facilidad de dilatación para la que no bastarán después todas las rentas del mundo” (Juan Bautista Alberdi, T. IV. P. 377).

Y para ser más claro:

“Mientras el gobierno tenga el poder de fabricar moneda con simples tiras de papel que nada prometen, ni obligan a reembolso alguno, el poder omnímodo vivirá inalterable como gusano roedor en el corazón de la Constitución misma…” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 197).

El gobierno debe responder a sus obligaciones con los acreedores

Acceder al endeudamiento externo es algo que sólo debiera ocurrir en situaciones de emergencia. Así lo mantienen los tratados clásicos de finanzas públicas, y el propio espíritu de nuestra constitución. Pero si se accediera a tomar crédito, entonces es imperioso que se cumpla con las obligaciones asociadas. El bienestar de la población está asociado a la imagen que el mundo tiene del país. El riesgo aleja al capital, y sin él, no hay inversión, ni desarrollo.

“Siendo el crédito del Estado el recurso más positivo de que pueda disponer en esta época anormal y extraordinaria por ser de creación y formación, será preciso que los gobiernos argentinos sean muy ciegos para que desconozcan que faltar a sus deberes en el pago de los intereses de la deuda, es lo mismo que envenenar el único pan de su alimento, y suicidarse; es algo más desastroso que faltar al honor, es condenarse a la bancarrota y al hambre. El gobierno argentino acaba de dar una prueba de que comprende esta verdad en toda su latitud, cambiando la organización que había ensayado por error para su crédito público, por otra que la restablece a sus bases más normales y más firmes” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 374).

El gobierno no debe regular el mercado laboral, ni intentar alcanzar el pleno empleo

Uno de los objetivos que el estado moderno se ha propuesto en la actualidad es alcanzar el pleno empleo por medio de la política económica. Para ello regular el mercado laboral, fija salarios mínimos, desarrolla una compleja y restrictiva legislación laboral, y crea puestos de trabajo. Sin embargo, la situación laboral continúa siendo precaria, cíclica y desafortunada para los trabajadores. Alberdi comprendía muy bien las consecuencias lógica de estas políticas.

“La ley no podrá tener a ese respecto más poder que le que le ha trazado la Constitución. Su intervención en la organización del trabajo no puede ir más allá del deber de garantizar los beneficios de la libertad, de la igualdad, de la propiedad y seguridad, a favor de los provechos del trabajo. He aquí la organización legítima y posible de parte del Estado; cualquiera otra es quimérica o tiránica” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 261″).

Para ser más preciso:

“Garantizar trabajo a cada obrero sería tan impracticable como asegurar a todo vendedor un comprador, a todo abogado un cliente, a todo médico un enfermo, a todo cómico, aunque fuese detestable, un auditorio. La ley no podría tener ese poder, sino a expensas de la libertad y de la propiedad porque sería preciso que para dar a los unos lo quitase a los otros; y semejante ley no podría existir bajo el sistema de una Constitución que consagra a favor de todos los habitantes los principios de libertad y de propiedad, como bases esenciales de la legislación” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 255).

Y respecto del salario:

“El salario es libre por la Constitución como precio del trabajo, su tasa depende de las leyes normales del mercado, y se regla por la voluntad libre de los contratantes. No hay salario legal u obligatorio a los ojos de la Constitución, fuera de aquel que tiene por ley la estipulación expresa de las partes, o la decisión del juez fundada en el precio del corriente del trabajo, cuando ocurre controversia” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 255).

El gobierno no debiera restringir el libre comercio internacional

Las prácticas mercantilistas y proteccionistas fueron aniquiladas por la obra de Adam Smith,La riqueza de las naciones. Sin embargo, es recurrente en el estado moderno imponer fines colectivos arbitrarios por encima de la libertad individual de los consumidores de adquirir productos del exterior.

“¿De dónde saca el pueblo argentino los objetos de su consumo? Una parte la produce él dentro de su suelo; otra adquiere del extranjero en cambio de sus productos nacionales: productos que por necesidad tiene que crear, porque son el precio único con que puede pagar los artefactos extranjeros de que necesita para hacer vida civilizada. Si no siembra trigos ni cría ganados, ni trabaja las minas, no viste seda, ni paños, ni usa muebles de la Europa. Este cambio de productos del país por productos extranjeros, comprensivo de una escala de cambios intermedios y accesorios, deja… utilidades y rentas privadas…” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p. 349).

Respecto del control a los capitales, Argentina no siempre fue un país cerrado al mundo. Al contrario, se trata de un país que se formó con capitales externos y flujos inmigratorios. La única obligación que esos capitales debían seguir era cumplir con las mismas leyes que las empresas locales. La igualdad ante la ley predominaba:

“No debiendo las leyes orgánicas emplear otros medios de proteger la venida de los capitales que los medios indicados por la Constitución misma, importa tener presente cuáles son esos medios designados por la Constitución, como base fundamental de toda ley que tenga relación con los capitales considerados en su principio de conservación y de aumento, y en sus medios de acción y de aplicación a la producción de sus beneficios.

Esos medios de protección, esos principios de estímulo, no son otros que la libertad, la seguridad, la igualdad, asegurados a todos los que, habitantes o ausentes del país, introduzcan y establezcan en él sus capitales” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 266).

Respecto de la libertad para entrar y salir del territorio, recordemos que Alberdi fue uno de los responsables más directos de la fuerte inmigración recibida por nuestro país:

“¿Podéis concebir una ley que proteja la inmigración por restricciones y prohibiciones? Semejante ley atacaría los medios que señala la Constitución misma para proteger ese fin. En efecto, la Constitución dice por su artículo 25: -El gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar, ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar la industria, e introducir y enseñar las ciencias y las artes. Este artículo pone en manos del Estado cuanto medio se quiera fomentar la inmigración, excepto el de las restricciones y limitaciones” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p.180).

¿Qué diría Alberdi entonces de la protección que hoy recibe la industria local?

“En efecto, ¿podría convenir una ley protectora de la industria por medio de restricciones y prohibiciones, cuando el art. 14 de la Constitución concede a todos los habitantes de la Confederación la libertad de trabajar y de ejercer toda industria? Tales restricciones y prohibiciones serían un medio de atacar ese principio de la Constitución por las leyes proteccionistas que las contuviesen; y esto es precisamente lo que ha querido evitar la Constitución cuando ha dicho en su artículo 28: “Los principios, derechos y garantías reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio. Esta disposición cierra la puerta a la sanción de toda ley proteccionista, en el sentido que ordinariamente se da a esta palabra de prohibitiva o restrictiva” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p.180).

Y respecto de los privilegios que significa proteger sectores determinados:

“…(L)os medios ordinarios de estímulo que emplea el sistema llamado protector o proteccionista, y que consisten en la prohibición de importar ciertos productos, en los monopolios indefinidos concedidos a determinadas fabricaciones y en la imposición de fuertes derechos de aduanas, como atentatorios de la libertad de los consumos privados, y, sobre todo, como ruinosas de las mismas fabricaciones nacionales que se trata de hacer nacer y progresar. Semejantes medios son la protección dada a la estupidez y a la pereza, el más torpe de los privilegios” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p.182).

El gobierno debe proteger el Estado de Derecho

Por último, debemos analizar un área de enorme importancia para los puntos que hemos venido desarrollando. Nada puede lograrse en una sociedad libre si no se protege el Estado de Derecho. Como señalamos, es ésta la función esencial del Estado.

Si el Estado logra respetar el Estado de Derecho, proteger las libertades individuales, clarificar las reglas de juego, priorizar la ley o en otras palabras, hacer cumplir las disposiciones enumeradas en la Constitución Nacional, entonces ya nada más se le exigirá:

“¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra” (Juan Bautista Alberdi, Obras Completas, Tomo IV, P. 150).

Y respecto de la propiedad:

“La libertad de usar y disponer de su propiedad es un complemento de la libertad del trabajo y del derecho de propiedad; garantía adicional de grande utilidad contra la tendencia de la economía socialista de esta época, que, con pretexto de organizar esos derechos pretende restringir el uso y disponibilidad de la propiedad (cuando no niega el derecho que ésta tiene de existir), y nivelar el trabajo del imbécil con el trabajo del genio” (Juan Bautista Alberdi, Tomo IV, P. 159).

Y no olvida la seguridad:

“La seguridad es el complemento de la libertad, o más bien es la libertad misma considerada en sus efectos prácticos y en sus resultados positivos. Donde quiera que la seguridad de la persona y de la propiedad existe como un hecho inviolable, la población se desarrolla por sí misma sin más aliciente que ése” (Juan Bautista Alberdi, Tomo IV, P. 306).

Reflexión final

Las reformas constitucionales fueron cambiando el espíritu de la constitución —y con ello se fue olvidando el pensamiento de Alberdi—, pero intento mediante estas citas recordar al lector cuáles fueron las Bases sobre las cuales Argentina se convirtió en un país próspero y rico, que atraía inmigrantes europeos y hace sólo un siglo encabezaba los indicadores de desarrollo.

Si las Bases deben ser olvidadas necesariamente en el siglo XXI para amoldarse a las necesidades de la población argentina o no, es algo que cada lector debe repensar.

Mi impresión es que la Argentina necesita volver a las Bases, y con ello, a la libertad individual, la economía de mercado, la propiedad privada y el gobierno limitado.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

¿Qué es el capitalismo “de estado”?

Por Gabriel Boragina. Publicado el 7/4/14 en http://www.accionhumana.com/2014/04/que-es-el-capitalismo-de-estado.html

 

La palabra “capitalismo” se ha prestado, y desde épocas posteriores a K. Marx (quien habría sido el más prolífico divulgador del término) a interpretaciones de las más variadas y contrapuestas en su significado. A continuación, vamos a examinar someramente algunos de los distintos sentidos que se le han dado a la fórmula compuesta por las expresiones “capitalismo”, por un lado, y “estado”, por el opuesto, y que es lo que han pretendido obtener los autores que emplearon este enunciado con la fusión de ambos vocablos.

Comencemos con la visión de un socialista al respecto:

“En los países de capitalismo privado monopolista la clase obrera dispone de un mínimo de libertades democráticas… y que son, aunque limitadas, suficientes no sólo para tomar conciencia de la explotación a que es sometida, sino también para organizarse y luchar contra ella. En cambio, en los países de capitalismo de estado burocrático, mal llamados ‘socialistas’, la clase obrera no dispone de esas posibilidades. No puede hacer huelga. Sólo puede organizarse en sindicatos que son meras correas de transmisión del aparato estatal y del partido único, y comparados con los cuales eran auténticos paraísos democráticos los sindicatos verticales de la dictadura franquista (AFS: 156).”[1]

Estas palabras de Semprún revelan con total claridad el grado de confusión conceptual y terminológica que tienen todos los socialistas (marxistas o no marxistas) sobre el verdadero significado de la palabra capitalismo. El capitalismo, desde luego, es privado si se entiende desde el punto de vista de los derechos de propiedad. Pero es público en tanto y en cuanto se visualizan los extraordinarios y enormes beneficios del sistema para el conjunto de la sociedad donde se aplique. Esto último es lo que descarta por completo la calificación de “monopolista” (que no es más que un mito). Recordemos que los monopolios, si bien escasamente posibles, son extremadamente raros en un sistema capitalista.

Por lo demás, el “capitalismo privado” -como lo llama Semprún- (dicho sea de paso, locución más que redundante), es la antítesis de la “explotación” de la “clase obrera”, a la que si, es sometida en los sistemas socialistas. Parece que, a lo que dicho autor quiere referirse bajo el rótulo de “capitalismo de estado burocrático”, no es más que -lisa y llanamente- socialismo y comunismo, sólo que no desea reconocer que el socialismo no es otra cosa diferente a un paso previo al comunismo. Y todo esto, sin entrar a cuestionar lo inexacto de pensar en los obreros como una “clase social”. Lo que indudablemente está mal es llamar a los países socialistas con la rebuscada fórmula “capitalismo de estado burocrático”, que no es más que una contradicción en términos, donde la primer palabra “capitalismo” es la antinomia del estado burocrático. Sirva pues la cita transcripta para revelar el grado de desconcierto y mezcolanza que anida en la mente de un socialista y/o comunista, (pese a que Semprún, posteriormente, modificó en algo su manera de ver el tema).

Los alemanes de posguerra padecían de la misma confusión:

“Los sindicatos alemanes reunidos en la Conferencia de las Cuatro Zonas (Viertel Zonenkonferenz), en mayo de 1947, reclamaban la instauración de “una economía planificada y dirigida”. La propia Democracia Cristiana (CDU) de la zona ocupada por las fuerzas británicas señalaba en su plan de agosto de 1947 que “la planificación y el dirigismo en la economía parece que serán indispensables por un largo período”, aunque también reconocía “los peligros de un capitalismo de estado para la libertad política y económica de los individuos”. En contraposición, el Partido Liberal (FDP) declaraba que “las necesidades de la población serán mejor satisfechas por medio de un sistema que incentive la producción mediante un sistema que dé prioridad a la libre iniciativa y elimine el sistema económico en poder de la burocracia (Wirtschaftsbürokratie)”.”[2]

Parece que los sindicatos y la CDU añoraban el nazismo del cual terminaban de salir (si bien la CDU se mostraba algo más prudente), lo que contrasta con la afirmación de muchos, que dicen que Hitler no contaba con demasiados seguidores hacia el final de su caída (y hasta hay liberales que afirman que fue un “error” combatir a Hitler). Más allá de esto último, la cita denota nuevamente el empleo de la expresión “capitalismo de estado” como sinónimo de comunismo y/o socialismo.

Otros autores, enfatizan la sinonimia de la fórmula en estudio con lo que se llama estado totalitario, en palabras como las siguientes:

“En cualquier caso, si es que las revoluciones modernas son concebibles, hay una presunción de que por las mismas razones que le obligan a ser totalitario, el capitalismo de Estado corre mayo­res riesgos y necesita defensas más poderosas contra la revuelta que los Estados que no poseen, sino que meramente distribuyen lo que otros poseen.”[3]

L. v. Mises, a nuestro juicio con gran acierto, ironiza sobre la alocución:

“En años recientes se descubrió un nuevo término para aquello que quedaba encubierto por la expresión “economía planificada”: Capitalismo de Estado, y no pueden caber dudas que en el futuro todavía surgirán muchas otras proposiciones para el salvataje del socialismo. Aprenderemos muchos nombres nuevos para la misma cosa. Pero lo que importa es la cosa, no sus nombres, y todos los esquemas de este tipo no lograrán alterar la naturaleza del socialismo.”[4]

 

[1]Samuel Amaral. “El largo viaje de un rojo español: del marxismo a la libertad en Jorge Semprún” RIIM Revista de Instituciones, Ideas y Mercados-Nº 51| Octubre 2009 | pp. 147-200 | ISSN 1852-5970. pág. 180-181.

[2]Enrique Cerdá Omiste. “La reforma económica alemana de 1948″ – Revista Libertas IV: 6 (Mayo 1987) Instituto Universitario ESEADE pág. 5

[3] Anthony de Jasay. El Estado. La lógica del poder político. Alianza Universidad. Pág. 306.

[4]Ludwig von Mises. “SOCIALISMOS Y PSEUDOSOCIALISMOS” Extractado de Von Mises, Socialism: An Economic and Sociological Analysis, capítulos 14 y 15. La traducción ha tenido como base la versión inglesa publicada por Liberty Classics, Indianápolis, 1981. Traducido y publicado con la debida autorización. Estudios Públicos, 15. Pág. 25 a 28

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. 

El ejemplo predicado

Por Gabriela Pousa. Publicado el 6/4/14 en: http://www.perspectivaspoliticas.info/el-ejemplo-predicado/

 

Dar el ejemplo no es la principal forma de influir en los demás, es la única” Albert Einstein

En la Argentina seguimos padeciendo consecuencias, no de una “pesada herencia” recibida sino de la ignominia kirchnerista. El gobierno está cosechando su siembra aunque, lamentablemente, es el pueblo quién debe convivir con ella.

En ese contexto hay escenas verdaderamente fellinezcas, a saber: una Presidente que habla de lo mala que es la venganza y del odio que no conduce a nada, tras diez años de practicar un revanchismo ridículo y de dividir a los argentinos.

Un gobernador bonaerense que lanza la “emergencia en seguridad”, figura retórica que ni siquiera tiene correlato en lo legal. ¿Qué es la “emergencia en seguridad”? Nadie tiene la respuesta simplemente porque es apenas una construcción gramatical.

Además, aduce que esta medida es consecuencia de una “ola delictiva” como si la violencia que experimentamos fuera una novedad concentrada la semana pasada. Más que ola, el delito es un mar y el agua nos ha tapado.

Encima es el mismo gobernador que dijo tomar las riendas del tema cuando el secuestro y posterior crimen de Candela sacudió a la población. O mintió o las riendas se le soltaron demasiado rápido, ni siquiera ese asesinato tuvo resolución.

La desvergüenza de los actuales dirigentes los hace hablar de los problemas como si fueran espectadores ajenos a ellos, y como si fuera ayer que asumieron. Han pasado 11 años de gobierno. ¿A qué se dedicaron todos esos años? La palabra “prevención” no está en su vocabulario.

Este hecho y otros varios solapados corrieron la grieta que divide a los argentinos hacia adentro, es decir, a la mismísima Casa de Gobierno. Las internas se agudizan, existían antes pero no trascendían. Hoy saltan a la vista. A las declaraciones de un ministro le sigue la desmentida de otro, y el desconcierto es protagonista. Para poder presentir quién tiene razón, hay que averiguar cual de los dos está más cerca de Cristina.

Ahora bien, que un ciudadano común tenga que estar previendo este tipo de cosas no admite adjetivación. Es lisa y llanamente, una locura. No pasa en ningún país medianamente serio. Estamos confundiendo lo común con lo normal a fuerza de habernos acostumbrado a lo irreal.

Mientras tanto, el gobierno sigue preocupado por Sergio Massa. Para todo lo demás tiene estrategia planeada: la distracción. Un escándalo tapa a otro, confían y sólo buscan secar las noticias. Que la portada de hoy caduque mañana. Puede parecer un imposible pero, durante una década, lo han hecho con eficacia.

Es verdad que la caja ya no da para grandes puestas en escenas, ni siquiera para una cadena nacional que anuncie algo más que una inversión de 8 millones de pesos para una clínica que trata adicciones, pero en la fantasía de la mandataria, el show tiene validez aunque el cotillón escasee y no haya para comer.

Una sola realidad parece haber penetrado en la conciencia presidencial: la eternidad pregonada es ya una quimera. No ganarán otra elección y buscan denodadamente, un 25% de votos para situarse a la cabeza de la oposición. Esos son los asuntos que desvelan a la Presidente, no la inseguridad, no la inflación.

Estas son cuestiones nimias que delega en manos de Sergio Berni y Axel Kicillof, ese marxista revolucionario que deberá marchar pronto al Fondo Monetario.

Mientras, Cecilia Rodríguez es un fantasma que cobra un sueldo abultado como ministro de la Nación, y a quién hemos de pagar jubilación de privilegio tras retirarse de su cargo. Es así porque nadie marcha a su ministerio, el reclamo nace y muere en alguna plaza de municipio como si fuese verdad que la seguridad es asunto de las provincias y no del gobierno nacional.

Lo cierto es que el kirchnerismo está abocado a intereses ajenos a la gente. Busca contener al Justicialismo, frenar a Massa y ponerle piedras a Scioli. Y por sobre todo busca impunidad. Para eso sí hay gestión suficiente. El Poder Judicial es un apéndice del Ejecutivo pero siempre está el peligro de una independencia que los deje sin oxígeno.

Así como hasta hace un tiempo, nadie podía ver la fotografía de Cristina entregando la banda y el cetro, hoy es ingenuo verla pronto tras las rejas. Hay que separar la aspiración personal de la realidad. En el largo plazo otro podrá ser el escenario, pero eso depende más de la gente que de todo lo demás.

La sociedad es soberana pero no gobierna sino a través de sus representantes. Que haya cambiado representatividad por delegación, priorizando la comodidad es otro cantar. En ese sentido, la ciudadanía también está cosechando lo suyo. Se le ha dejado hacer demasiado al kirchnerismo y se le perdonado aún más.

Es difícil salir de ese laberinto, por eso se está confundiendo representación con propia administración. “Si el gobierno no actúa, actúo yo”, es el rezo del argentino políticamente huérfano. Un devenir que por equivocado no deja de ser natural.

Por lo dicho, condenar los mal llamados “linchamientos” es una hipocresía sin igual si no se contempla el ámbito donde se dan. Fue impresionante como en una semana, se cuidó más al vándalo que a la víctima pero no fue novedad. Viene siendo así desde el vamos, desde – por ejemplo -, el día que Néstor Kirchner y varios gobernadores encabezaron un acto en Gualeguaychú, en marzo de 2006, bendiciendo a la Asamblea Ciudadana que cortaba puentes y situándola como paladín de una “causa nacional”

Esta “legitimación” de la violación de la ley y de la Constitución Nacional no fue gratuita, aunque parezca un hecho aislado y del pasado, esto que acontece hoy halla también allí su correlato.

En ese sentido, así como se habla de suicidios inducidos, habría que hablar también de inducción o incitación al “linchamiento” porque el responsable primero no es sino el gobierno.

La violencia engendra violencia. Y violencia es ver a Cristóbal Colón tirado, al Indec dibujado, a la ESMA convertida en un centro para hacer asados, a un Guillermo Moreno en Italia premiado, al ANSES convertido en caja para negocios privados, etc., etc., etc…

Así pues, no se trata de gente que perdió la razón sino del ejemplo que se ha predicado.

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

Ucrania: se abre un espacio para la diplomacia

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2/4/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1677278-ucrania-se-abre-un-espacio-para-la-diplomacia

 

La  reciente -y sorpresiva- anexión de Crimea a la Federación Rusa con el poco convincente disfraz de un referendo es un hecho consumado. Ilegítimo e ilegal. Con consecuencias geopolíticas serias.

Hasta hace algunas horas, la crisis de Ucrania parecía ir camino a agravarse. Pero el llamado telefónico de Vladimir Putin a Barack Obama del pasado viernes parece haber abierto un espacio para la diplomacia. Esto ocurrió mientras Rusia acumulaba tropas en la frontera con Ucrania, sugiriendo así que podría intentar otro zarpazo sobre la integridad territorial del país vecino.

Los cancilleres de los Estados Unidos y Rusia, John Kerry y Sergei Lavrov, tienen ahora el delicado encargo de negociar una alternativa de contención que sea potable para todos. Estabilizadora, entonces. Con el telón de fondo relativamente tranquilizador de las declaraciones de Vladimir Putin al Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, en el sentido que no hay por parte de Rusia “intención de invadir nuevamente a Ucrania”. Las que fueron reiteradas expresamente por el propio canciller ruso, Sergei Lavrov.

Rusia ha puesto sobre la mesa sus condiciones. Son pocas. Y poco flexibles. Que Ucrania sea un país neutral. No alineado, entonces. A la manera de Finlandia o Austria. Esto es que no sueñe siquiera con ingresar a la OTAN. Que, además, adopte una estructura constitucional federal. Y acepte esa debilidad, que mañana Rusia podría aprovechar para intentar otra aventura expansionista. Que se proteja la identidad de las minorías rusas en Ucrania. Esto último tiene principio de ejecución, desde que el gobierno provisional ucraniano ha vetado la provocativa -e inoportuna- norma en virtud de la cual desde el Parlamento se había eliminado el ruso como segundo idioma oficial de Ucrania.

Las conversaciones entre las dos grandes potencias están en curso. Suceden cuando la propia Ucrania, desde la deposición del corrupto ex presidente Viktor Yanukovich, no tiene autoridades cuya legitimidad pueda ser reconocida por todos. Sólo posee un gobierno interino, de transición. Débil, entonces.

En rigor, Ucrania va, como debe ser, camino a elecciones nacionales, que tendrán lugar el próximo 25 de mayo. En ellas se enfrentarán, por ahora, varios contendores.

Entre ellos, un billonario fabricante de chocolates: Petro Olekseyvich Poroshenko, de 48 años. Dueño de “Roshen”, una gran empresa chocolatera ucraniana, con presencia en Rusia. Un hombre serio y respetado, que participó en las protestas de la Plaza Maidan, en Kiev. Aquellas que tumbaron a Yanukovich. Poroshenko es un hombre de centro y un no violento. Hoy es, además, claramente proeuropeo. Con una amplia experiencia política, desde que ha sido diputado. Fue proruso en sus comienzos. A partir de 2001 militó en la Revolución Naranja. Además, ha sido canciller, ministro de Economía y Presidente del Consejo Nacional de Seguridad de su país. Apoyándolo, el campeón de boxeo Vitali Klitschko, que hasta no hace mucho fuera candidato presidencial, lo acaba de endosar, retirándose de la carrera. Aunque reservándose expresamente para competir por la alcaldía de Kiev.

Del lado de la oposición, aparece asimismo la ex premier, Yulia Tymoshenko, que acaba de salir de la cárcel, después de dos años y medio de duro cautiverio.

Poroshenko tiene hoy una amplia ventaja en las encuestas de opinión, la que debería crecer luego del apoyo de Klitschko.

A ellos dos se agrega un seguidor del depuesto Yanukovich. Otro billonario. En este caso, Mikhail Dobkin, proruso. Tiene pocas posibilidades de ganar, particularmente luego de la unificación de las dos principales fuerzas políticas opositoras proeuropeas.

La conducta del Vladimir Putin ha dejado claro que tiene resentimientos contra Occidente derivados de la derrota que Rusia sufriera en la Guerra Fría. Fenómeno que Putin siente como una verdadera humillación y al que ha denominado “la peor catástrofe geopolítica del siglo XX”.

 

A lo que suma su preocupación estratégica por la expansión de la OTAN en torno a su país, que incluye a ex miembros del Pacto de Varsovia. Por ello Putin aspira a conformar una “zona de influencia” con las naciones vecinas, con Rusia como eje. Para esto Putin tiene un horizonte de mediano plazo.

En los últimos tiempos ha sumado algunos éxitos que parecen haberlo envalentonado. Como el rescate de Bashar Assad, en Siria, y el haber acogido -desafiante- a Edward Snowden. Por ello la revista Forbes lo destacó -el año pasado- como “el hombre más poderoso del mundo”.

Además de Ucrania, Rusia ha invadido militarmente a Georgia en 2008, donde sus tropas aún ocupan los dos enclaves rusos. Los de Osetia del Sur y Abkhazia. Ha asimismo forzado a Armenia a alejarse de la Unión Europea. Y ahora amenaza a Moldova por Transnistria, otro enclave ruso en el exterior.

Como actor central de la comunidad internacional, con lo sucedido en Crimea Putin ha perdido credibilidad. Restablecer la confianza hoy extraviada no será nada fácil. Ni ocurrirá rápidamente. Porque detrás de su cara impávida está claro que existe un huracán nacionalista. Hablamos de un hombre audaz, al que se le ha perdonado hasta el hecho de haber plagiado su tesis de graduación como abogado, según cuenta Masha Gessen, en su excelente biografía del líder ruso, escrita en 2012 El hombre sin cara. El improbable ascenso de Vladimir Putin.

Lo cierto es que, como consecuencia de lo sucedido en Ucrania, hay cosas que parecen haber cambiado.

Por ejemplo, la aletargada OTAN puede haber recuperado su razón de ser. La alianza militar de 28 estados para su defensa colectiva iba camino a una reunión a celebrarse en septiembre, en Gales, donde iba a discutir su futuro, que hoy parece estar algo más claro. Porque la anexión de Crimea a Rusia puede haberle dado una nueva “razón de ser”.

Dos de sus miembros más jóvenes han decidido duplicar sus presupuestos militares, llevándolos al 2% de los gastos totales. Ellos son Latvia y Lituania, muchos de cuyos habitantes tienen aún presente el horror de su existencia durante la era soviética.

Hasta el totalitario y estalinista presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, preocupado, se refiere ahora a lo sucedido en Crimea como a algo que ha sentado “un mal precedente”. Ocurre que sabe que el memorando por el que, en Budapest, en 1994, Rusia garantizara su respeto a la integridad territorial de Ucrania, ha quedado en el olvido. Y que Rusia se ha auto asignado el derecho de intervenir militarmente cada vez que cree que hay una minoría rusa en el exterior a la que no se respeta. En Bielorrusia hay un 11% de población rusa y el 70% de la gente habla ruso. Bielorrusia, como Ucrania -cabe recordar- entregó también su arsenal atómico, a cambio de una garantía idéntica a la que recibiera Ucrania con relación a su integridad territorial, hoy hecha añicos.

Europa sabe ahora que debe apuntar seriamente a cortar su dependencia energética de Rusia. No sólo porque Rusia cierra esa canilla cuando quiere. Como sucediera en 2009. También porque advierte que es demasiado vulnerable frente a una potencia que no inspira confianza puesto que no respeta el derecho internacional.

En Crimea misma, la minoría tártara ha sido objeto de intimidaciones. Sabe que está en peligro. Hablamos del 13% de la población de la península, cuya religión es la musulmana. Maltratada y expulsada en tiempos de la Unión Soviética, cuando gobernaba José Stalin, que los acusó de haber colaborado con los nazis, está nuevamente intranquila.

Rusia, después de lo sucedido en Crimea, estará aislada de la comunidad, por un rato. Ya ha sido excluida del G8 -el club más exclusivo del mundo industrializado- al que pertenecía desde 1998. Porque su conducta es inaceptable para ese grupo. Particularmente cuando de responsabilidades compartidas se trata. Lo que supone que Rusia puede haber dejado de pertenecer a la categoría -no escrita- de “país normal”. Lo que es grave.

A todo ello se suman las tibias sanciones impuestas a algunos de los rusos a los que se tiene por co-responsables de lo sucedido en Ucrania. Así como a una entidad financiera a la que se considera vinculada con lo más alto del poder en Rusia.

Habrá también que ver cómo se comporta, en más, Rusia en las negociaciones entre la comunidad internacional e Irán respecto del programa nuclear del país persa. Las conversaciones, es cierto, siguen por ahora adelante en Viena, sin que Rusia haya abandonado su actitud constructiva. Pero su representante no pudo evitar una amenaza velada, aludiendo a que esas conversaciones son parte de “un juego a escala mundial”. Y que Rusia “podría cambiar de actitud”.

Rusia, por lo demás, no está económicamente bien. Ya no crece al ritmo del 7%, sino al 1,3% anual y enfrenta una fuga de capitales a un ritmo de 60 billones de dólares por año. El rublo ha perdido, en dos años y medio, un 11% de su valor frente al dólar.

Pero no nos engañemos. El futuro de Ucrania depende sustancialmente de ella misma. Está financieramente quebrada. Por la acumulación de años de mal manejo y corrupción. Recibirá un paquete de ayuda financiera del orden de los 27 billones de dólares, incluyendo los 18 billones de dólares que le suministrará el FMI. Sus líderes no pueden usarlo irresponsablemente, como hicieron con los seis “stand-by” recibidos por Ucrania del FMI entre 1995 y 2010. Deberán ordenar la casa. Esto es recortar gastos, eliminar subsidios, llevar los precios de los servicios a niveles razonables y flexibilizar sus cepos cambiarios. Por sobre todas las cosas, deberán gobernar con honestidad, en una oportunidad que no será nada fácil de repetir si se la dilapida.

Para Ucrania es hora de construir. Con orden y seriedad. Sin caer en extremismos. Respetando a las minorías. Abriéndose al mundo, sin exclusiones. Edificando, paso a paso, al país del futuro. Con una conducta eficiente y, por sobre todas las cosas, responsable. Algo que lamentablemente ha estado ausente en Ucrania desde 1991, cuando se separara de la Unión Soviética.

Para la comunidad internacional, a su vez, es hora de recordar y no repetir los errores cometidos en los acuerdos de Munich con Adolfo Hitler, en 1938, y de Yalta con José Stalin, en 1945.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

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