Populismo, desarrollismo y “Cambiemos”

Por Gabriel Boragina. Publicado el 6/7/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/07/populismo-desarrollismo-y-cambiemos.html

 

No dejan de sorprenderme muchos liberales que se sorprenden (y no es un juego de palabras) de la política económica seguida por el presidente Macri. Como si fuera una novedad que Macri no es liberal. Resulta claro que ni lo fue ni lo es. Y si bien, verbalmente nunca fue demasiado claro ni especifico respecto de sus ideas económicas, siempre lo resultaron sus políticas como Jefe de gobierno porteño. El presidente es un desarrollista, al estilo del expresidente Frondizi.

Veamos la definición de desarrollismo según el diccionario de economía:

“desarrollismo. Término poco preciso que estuvo en boga en los años sesenta y que se refería a la ideología que postula como meta de la sociedad y de la acción estatal la obtención de un acelerado crecimiento económico. El desarrollismo latinoamericano hacía énfasis en la transformación de las economías atrasadas de la región, concentrando los esfuerzos en la creación de una base industrial y la superación de la condición de países exportadores de materias primas. En la mayoría de los casos este desarrollismo asumió como modelo de crecimiento la llamada sustitución de importaciones, la que se intentó lograr mediante un elevado nivel de proteccionismo. (V. DESARROLLO; PROTECCIONISMO; SUSTITUCION DE IMPORTACIONES).”[1]

Va de suyo que el desarrollismo tiene pocos puntos de contacto con el liberalismo, o lo que algunos llaman las “políticas de libre mercado”. De tal suerte que, quienes desde el liberalismo se ilusionaron (o lo siguen haciendo) con un Macri “liberal” deberían ir moderando sus expectativas (el tiempo dirá si habrán de abandonar por completo tales esperanzas).

Pero ¿entonces el desarrollismo no es más que una variante del populismo? ¿No hay, en rigor, ningún verdadero “cambio” entre el populismo anterior y el desarrollismo actual?

Obviamente que ni el populismo ni el desarrollismo pueden llevarse a cabo sin recursos. Pero lo que diferencia al populismo del desarrollismo es -en un menor grado- el cómo sufragar sus respectivos proyectos y -en un grado mucho mayor- los destinos que les dan a los dineros recaudados.

En el populismo, la fuente primaria -y a veces casi exclusiva de financiamiento- proviene de altos impuestos que permitan sostener un elevado gasto público. Cuando, por cualquier motivo, ya no es posible recaudar más tributos se suele echar mano a la emisión monetaria. El desarrollismo frecuenta dar prioridad al costeo vía inversiones nacionales y/o extranjeras, sean estas privadas o estatales, y solo en un segundo plano se recurre a la política fiscal, aunque es verdad que en la práctica acostumbran ir parejas.  Y solamente en una tercera instancia apela a la inflación.

Otra diferencia que encuentro entre el populismo y el desarrollismo son los diferentes caminos del gasto estatal. En tanto, en el populismo el fin del gasto público esta preferentemente orientado hacia el financiamiento del clientelismo político a través de programas de subsidios directos e indirectos (con el claro objetivo de crear una dependencia electoral constriñendo al subvencionado a votar al líder populista) en el desarrollismo, la dirección de los fondos se remite, más bien, hacia obras de infraestructura, obra pública en general, o lo que se mal denomina “inversiones estratégicas”. Al tiempo que, la política de subvenciones (que, por cierto, no se deja de lado) se dirige preponderantemente hacia el sector empresarial. El eslogan predilecto es el de la creación de una “fuerte y poderosa industria nacional” que se encuentre en condiciones de competir con la foránea.

Para sintetizar, podríamos decir que, en tanto el objetivo del populismo se centra en el consumo, el del desarrollismo lo hace más en la inversión. Lo que ambos tienen en común es que ponen énfasis el primero en el consumo “público” y el segundo en la inversión “pública” (donde el vocablo “público” ha de traducirse por el más exacto de “estatal”, y descuidan -o desdeñan directamente- tanto el consumo privado como la inversión privada. Aquí debemos tener en cuenta que, desde nuestra propia perspectiva liberal, la inversión siempre es privada. No hay tal cosa como “inversión pública”, ya que lo que el estado dice “invertir”, en realidad son fondos previamente extraídos al sector privado vía impuestos u otros mecanismos expoliatorios usuales (inflación, controles de precios, cupos, etc.). En este sentido, tanto el populismo como el desarrollismo a lo que impropiamente denominan “inversión pública”, lo definimos -desde el liberalismo- como puro y simple gasto estatal.

De lado de las disimilitudes, podemos anotar que, el populismo es más estatista que el desarrollismo y menos permeable a las inversiones extranjeras, por lo que también es más nacionalista que este último. Dado que el desarrollismo apunta al crecimiento económico, prioritariamente en infraestructura industrial, ello hace que, en su etapa inicial, se abra a la inversión extranjera.

Por supuesto que, hay más puntos de contacto y otras diferencias entre ambos sistemas, pero lo importante a tener en cuenta en este momento es que no coincidimos con aquellos que creen que Macri es o está haciendo una política “liberal”. Mucho menos que las disposiciones económicas que toma merezcan esta calificación. El gobierno de Cambiemos es claramente intervencionista, y la injerencia que defiende en la economía es de tipo desarrollista. Por lo que, en lo personal, no me llaman la atención las medidas que viene adoptando. Y tampoco me cabe duda alguna que, si bien el desarrollismo puede apadrinar -cada tanto- alguna pauta liberal, no está en su esencia ni en sus miras abrazar al liberalismo como sistema económico.

Pero esto tampoco resulta novedoso. El gran pensador y profesor austriaco L. v. Mises ya decía -allá por 1927- que hablar de un “gobierno liberal” es una contradicción en términos.

En suma, al menos para mí, tengo en claro que la propuesta de Cambiemos no fue la de cambiar populismo por liberalismo. Nada de eso. Sino que el cambio propuesto fue el de populismo por desarrollismo (por más que Cambiemos no utilice este término). Y también creo que el votante mayoritario de Macri tenía en claro esto último. Por eso que, entiendo que se equivocan los que dicen que Cambiemos “traicionó” a sus electores. En absoluto. El votante de Macri quería precisamente esto que Macri está llevando a cabo. Por eso me sigue resultando extraño el “asombro” que demuestran ciertos liberales ante los pasos económicos que viene realizando el gobierno.

[1] Carlos SABINO; Diccionario de Economía y Finanzas. Contiene léxico inglés-español y traducción de los términos al inglés. Consultores: Emeterio Gómez; Fernando Salas Falcón; Ramón V. Melinkoff. CEDICE. Editorial Panapo. Caracas. Venezuela. Voz respectiva.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

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