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Desmitificando al liberalismo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 4/1/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/01/04/desmitificando-al-liberalismo/

 

La mala imagen del liberalismo descansa en una serie de mitos. Aquí algunos de ellos

Hubo una época en la que Argentina sabía estar entre las naciones con mayores ingresos del mundo. Fue la época del liberalismo y la apertura comercial en Argentina. Con la llegada del peronismo, la Argentina giró 180 grados, se volvió un país alejado de los principios del libre mercado, donde la política de sustitución de importaciones es más importante que el comercio internacional. Actualmente Argentina ya no se encuentra entre las naciones de mayores ingresos del mundo y posee índices de pobreza cercanos al 30 por ciento. Es un país asociado a la corrupción, las expropiaciones y las recurrentes crisis económicas.

No obstante la mala imagen que el liberalismo posee en Argentina, en los últimos tiempos esta doctrina ha ganado presencia en el debate público y en los medios. En especial a través de los economistas liberales, que no se cansan de insistir una y otra vez con los beneficios del libre comercio. La mala imagen del liberalismo descansa en una serie de mitos. Aquí algunos de ellos.

El liberalismo no es pro empresa, es pro igualdad ante la ley.

El liberalismo no es una doctrina que busque beneficiar a un sector a expensas de otro. Si hay un sector sobre el cual Adam Smith ya alertaba tener cuidado, era justamente el empresarial. Es una doctrina que busca respetar la igualdad ante la ley. No sólo para trabajadores y empresarios, fundamentalmente también para el Estado. No hay lugar para la extorsión para mafias, ni para sindicatos, ni para funcionarios públicos.

Podría decirse que si hay un sector social al cual el liberalismo beneficia, es al trabajador. En los países con economías más libres del mundo el factor trabajo recibe un porcentaje del ingreso total mayor al factor capital. Mientras que en las economías menos libres, esta relación tiende a invertirse.

El liberalismo no es anti Estado, es pro límites al abuso de poder. Hay varias corrientes de liberalismo, por ejemplo, el liberalismo clásico, el anarco-capitalismo, el minarquismo, etcétera. El término “libertario” abarca a todas esas corrientes. Salvo el anarco-capitalismo, el liberalismo no busca eliminar al Estado. Lo que el liberalismo requiere son maneras eficientes de contener los abusos de poder estatal. Es un error conceptual pensar en el libertarismo como un indicador de pureza liberal. Mayor rechazo al Estado no implica necesariamente ser más liberal, es simplemente ser más anti Estado o quizás más anarquista.

Posiblemente los tres economistas liberales con mayor reconocimiento del siglo XX sean Ludwig von Mises, Friedrich A. Hayek y Milton Friedman (Karl R. Popper y Robert Nozick en el área de la filosofía). Ninguno de los tres era anarco-capitalista, los tres fueron liberales clásicos que consideraban al Estado necesario, en términos de liberalismo clásico, para tener una economía libre y estable.

El liberalismo no es despreocupado de las necesidades sociales, busca justamente ayudar a los más necesitados.

El liberalismo no es una doctrina fría a la que no le importa la suerte de los más necesitados. Por el contrario, considera que una economía libre es el sistema económico con más posibilidades de reducir la pobreza. De hecho, la historia muestra que los grandes procesos de reducción de pobreza se dan a la par de mayores libertades económicas. Quien crea que al liberalismo no le importan los pobres o los necesitados puede darse una vuelta por los textos de autores como Mises, Hayek, Friedman, Adam Smith, etcétera.

Hoy día se habla menos de pobreza y más de desigualdad del ingreso. Esto se debe, justamente, a la fuerte reducción en pobreza que se ha observado en las últimas décadas. La distribución del ingreso es un problema distinto al de pobreza. Y como sugiere Angus Deaton, nobel en Economía por sus estudios en este tema, el problema no es la distribución del ingreso en sí sino qué tan justo es el proceso por el cual se distribuye el ingreso. Al buscar la igualdad ante la ley en lugar de beneficios sectoriales, el liberalismo desea un sistema social más justo.

Se encuentra arraigado en la opinión pública que las economías más libres poseen una peor distribución del ingreso. Este no es el caso. El porcentaje del ingreso nacional que recibe el 10% de la población con mayores ingresos es independiente del grado de libertad económica. La diferencia es que en países como la Argentina del kirchnerismo o la Venezuela bolivariana los ricos son aquellos que se benefician a través del Estado. Mientras que en países con economías libres, los ricos son aquellos que sirven al consumidor. Empresarios como Bill Gates, Jeff Bezos o Steve Jobs se encuentran en países con economías libres, no con economías reprimidas como la de Argentina.

El liberalismo no es partidario, es constitucional. Al liberalismo le preocupan las normas que deben gobernar a una sociedad, es decir, su Constitución. El liberalismo no es un movimiento o un partido político, es una concepción constitucional o fundacional. Consiste en pensar cómo limitar al rey o al Estado, indistintamente de quién sea el gobierno de turno. Pedir que el liberalismo “arme un partido y gane las elecciones” es simplemente confundir cómo se debe administrar al Estado (partidos políticos) con cuál debe ser el papel del Estado (liberalismo como filosofía política).

El liberalismo es fundamentalmente democrático y republicano. Sugerir que el liberalismo es pro dictadura porque algún funcionario supuestamente liberal se ha identificado como tal no hace sombra la constante oposición al autoritarismo del liberalismo. Por ejemplo, a diferencia de los mitos que rondan por sectores de izquierda, ni Friedman ni Hayek apoyaron ni contribuyeron con la dictadura chilena. Por el contrario, en ambos casos dejaron cuestionamientos inequívocos a la dictadura.

La época de oro de Argentina coincide con su época liberal. Argentina tiene la posibilidad de volver a discutir estas ideas y dar inicio a un cambio en serio y de fondo. Para ello es necesario discutir las ideas del liberalismo, en lugar de perderse en mitos y versiones caricaturescas.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

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Las importaciones no son un costo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 21/8/17 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2017/08/21/las-importaciones-no-son-un-costo/

 

El pasado 17 de agosto el presidente Macri anunció que se abriría la importación de carne de cerdo de Estados Unidos. Dado que este anuncio no vino con una contrapartida similar hacia exportaciones de argentina, algunos comentarios sobre el costo que esto implica para Argentina no se hicieron esperar. Las importaciones, sin embargo, no son un costo. Al menos no en el sentido utilizado en estos comentarios.

Las importaciones representan los bienes que consumimos pero no producimos. Estas importaciones se pagan exportando bienes. Dado que en el cómputo del PBI las exportaciones figuran sumando y las importaciones restando, se interpreta que las primeras hacen subir al PBI mientras que las segundas son un costo.

El PBI, sin embargo, busca medir el valor de lo producido domesticamente. Esto quiere decir que al gasto doméstico hay que aplicarle dos correcciones. Aquellos bienes que se produjeron pero no fueron consumidos domesticamente (exportaciones) y aquellos bienes que consumimos pero que no fueron producidos domesticamente (importaciones). Las exportaciones e importaciones no agregan a la producción domestica, más bien son una corrección algebraica al computo por gasto del PBI.

La situación no es distinta a la de un individuo. Salvo que este individuo desee vivir en autarquía va a necesitar exportar servicios laborales a su empleador para poder importar bienes de sus proveedores (supermercado, vestimenta, servicios, etc.) La situación de este individuo mejora cuando puede aumentar su consumo (importaciones) sin tener que trabajar más horas (exportaciones). Así como no le recomendaríamos a esta persona que aplique una política que le lleve a aumentar su trabajo por unidad de consumo, no le conviene a un país aplicar una política que le lleve a tener que exportar más bienes por unidad importada. La mentalidad de “sustitución de importaciones” no es otra cosa que forzar al país a funcionar de manera ineficiente; exportar más bienes por bien importado. Es el análogo a una política que nos lleva a trabajar más horas de las necesarias para consumir bienes y servicios. Las exportaciones son un costo en el sentido que es la cantidad de bienes que se deben producir para poder consumir bienes del exterior. Es el precio que se paga por importar. Lo ideal es bajar, no subir, este precio.

Permitir la importación de carne de cerdo aumenta las posibilidades de consumo de Argentina. Esto es una mejora, no un costo.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Argentina: obra pública y política fiscal

Por Gabriel Boragina Publicado  el 16/7/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/07/argentina-obra-publica-y-politica-fiscal.html

 

En declaraciones recientes, el presidente Macri ha expresado que “los impuestos nos están matando”.

Sin duda que la afirmación es acertada. Lo que es llamativo que sea un presidente desarrollista el que la formule. Repasemos la definición de desarrollismo según el diccionario de economía:

“desarrollismo. Término poco preciso que estuvo en boga en los años sesenta y que se refería a la ideología que postula como meta de la sociedad y de la acción estatal la obtención de un acelerado crecimiento económico. El desarrollismo latinoamericano hacía énfasis en la transformación de las economías atrasadas de la región, concentrando los esfuerzos en la creación de una base industrial y la superación de la condición de países exportadores de materias primas. En la mayoría de los casos este desarrollismo asumió como modelo de crecimiento la llamada sustitución de importaciones, la que se intentó lograr mediante un elevado nivel de proteccionismo. (V. DESARROLLO; PROTECCIONISMO; SUSTITUCIÓN DE IMPORTACIONES).”[1]

Si ninguna vacilación –al menos para mí- se trata esta de la política económica encarada por el gobierno de Cambiemos que, sin ser demasiado explicito en cuanto a precisiones ideológicas, se encamina en la dirección dada por la definición. Su distinción con el liberalismo –como ya lo indicáramos en ocasiones anteriores- consiste en que ese “acelerado crecimiento económico” se persigue a través de la acción estatal, en tanto que en el liberalismo el mismo objetivo se busca a través de la iniciativa y empresa privada.

También en forma coincidente con la definición que adoptamos, Cambiemos esta “concentrando los esfuerzos en la creación de una base industrial”. En este sentido, destaca la promoción de la industria de infraestructura emprendida. Veamos seguidamente que se entiende por tal en economía:

infraestructura. Término poco riguroso teóricamente que engloba los servicios considerados como esenciales para el desarrollo de una economía moderna: transportes, energía, comunicaciones, obras públicas, etc. La infraestructura de un país está constituida por todo el capital fijo, o capital público fijo, que permite el amplio intercambio de bienes y servicios así como la movilidad de los factores de producción. Se considera que la creación de infraestructura es básica en el proceso de desarrollo económico, pues en ausencia de ésta se limitan seriamente los incrementos en la productividad y no es posible, tampoco, atraer capitales. Muchos bienes de capital que integran la infraestructura son bienes públicos más o menos puros, como las carreteras, puentes y otras obras, en tanto que muchos otros son claramente privados. Ello ha llevado a una discusión con respecto al papel del Estado en la creación y desarrollo de una infraestructura adecuada: se entiende que éste puede hacerse cargo de construirla cuando no hay suficientes capitales privados para emprender determinados proyectos, y que puede proveer aquellos servicios y bienes que son públicos. Pero, en general, la experiencia histórica indica que, para el resto de los casos, resulta más eficiente la presencia de empresas privadas que compitan entre sí cuando ello es posible.”[2]

A nuestro juicio, no cabe incertidumbre en cuanto a que este es el espíritu que anima al gobierno de Cambiemos. Lo que resulta difícil conciliar, es la expresión del presidente Macri, señalada al principio, con el financiamiento de toda esa obra de infraestructura que se está realizando. Y ello, porque va de suyo que el gobierno solamente podrá costear estos emprendimientos mediante impuestos, esos mismos impuestos que el mismo gobierno estima elevados y asfixiantes. Si el Ejecutivo fuera sincero en su deseo de bajar la carga fiscal ¿cómo se sufragarán todos los proyectos de obra pública y habitacional que se están realizando más los que se han prometido para el futuro inmediato? Esto no aparece claramente explicado.

Por la teoría económica básica sabemos que los gobiernos carecen de recursos propios. Todos los fondos de los que disponen provienen indefectiblemente del sector privado, y en última instancia del contribuyente. De allí, es lógico derivar que, si los impuestos se reducen esto implicará infaliblemente menores recursos para destinar a la obra pública ya iniciada y la venidera. Cabria entonces pensar que el plan del gobierno podría consistir en una reducción de impuestos acompañada por un incremento de la deuda púbica, que reemplazaría en una proporción similar aquella reducción, y permitiría continuar con el plan de obras de infraestructura.

Si este fuera el propósito, surgirían a primera vista dos escollos inmediatos, uno de tipo político y otro económico.

Desde el punto de vista político, una reforma impositiva como la propuesta o sugerida por el poder ejecutivo, sólo podría ser legalmente materializada por el Congreso. Esto, porque así lo dispone la Constitución de la Nación Argentina (a tal respecto, véanse los incisos 1º y 2º del art. 75 de la Carta Magna, Capítulo IV, titulado “Atribuciones del Congreso”). En lo inmediato, parece bastante remota esta posibilidad, al menos durante el curso del presente año, dado que el oficialismo necesita de mayoría parlamentaria –que no tiene- como para aspirar a conseguir la aprobación de una reforma impositiva, que el mismo gobierno admite como necesaria y prioritaria. En el ínterin ¿qué podría hacer el Ejecutivo? Podría contraer deuda, pero aquí brota la segunda dificultad:

Desde lo económico, el obstáculo surge en cuanto se repara que todo incremento de deuda estatal significará que se están trasladando hacia el futuro los efectos financieros de la misma. Llegado el vencimiento del empréstito -o de los empréstitos que se contraen- habrá que cancelar el principal con más sus intereses, y para ello no habrá más remedio que subir impuestos, con lo cual cualquier rebaja que se haga hoy será transitoria, e implicará una nueva escalada en lo futuro.

Finalmente, el gobierno podría cubrir su proyecto desarrollista mediante inflación, mecanismo que siempre termina tentando a todos los poderes constituidos. No obstante, también figura entre las metas del oficialismo reducirla. En suma, es bastante difícil de explicar –hoy por hoy- cómo piensa Cambiemos llevar adelante su proyecto desarrollista.

[1] Carlos SABINO; Diccionario de Economía y Finanzas. Contiene léxico inglés-español y traducción de los términos al inglés. Consultores: Emeterio Gómez; Fernando Salas Falcón; Ramón V. Melinkoff. CEDICE. Editorial Panapo. Caracas. Venezuela. Voz respectiva.

[2] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. Voz pertinente.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

El verso de la brecha del ingreso

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 19/12/16 en: http://economiaparatodos.net/el-verso-de-la-brecha-del-ingreso/

 

No es casualidad que los países con menor seguridad jurídica, impuestos altos, gasto público elevado, regulaciones y estatismo, terminen generando condiciones de vida para el grueso de la población similares a la edad media

De acuerdo a los datos publicados por el INDEC la pobreza alcanza al 32,2% de los habitantes, dato que nuevamente se ha vuelto a publicar luego que el kirchnerismo escondiera la pobreza detrás del famoso argumento de Kicillof que era para no estigmatizar a los pobres. Aclaremos que el dato del INDEC está en línea con los datos que publica la UCA sobre pobreza, de manera que, si bien el ajuste parcial de algunos precios relativos que había dejado el kirchnerismo pudo haber aumentado un par de punto la pobreza heredada del kirchnerismo, es claro que 12 años de una economía cerrada, con sustitución de importaciones, estatizaciones, regulaciones de precio, control de cambios, aumento del gasto público, presión impositiva descomunal y planes sociales solo consiguieron aumentar la tasa de pobreza. El kirchnerismo es el ejemplo más categórico de lo letal que es el intervencionismo estatal, el estatismo y el estado benefactor para la calidad de vida de la población.

En este sentido, sería bueno que el macrismo reflexione y entienda que no es cuestión de administrar “bien” un sistema con incentivos perverso como el que dejó tantos pobres con el kirchnerismo. Tampoco tiene que concentrarse el gobierno en la distribución del ingreso. Hablar de la distribución del ingreso no tiene sentido, pero sí tiene sentido bajar la pobreza.

Respecto a la distribución del ingreso voy a dar un ejemplo de lo tramposo que puede ser el tema. Supongamos que en el momento 1 el sector que menos gana tiene un ingreso de 10.000 y el que más gana de 50.0000, la diferencia entre el que más gana y el que menos gana es de 5 veces.

Supongamos que vamos a una economía de mercado y el que, sin inflación, el que menos gana tiene un ingreso de 55.000 y el que más gana de 550.000. La diferencia entre ambos es de 10 veces. O sea, la distribución del ingreso empeoró respecto al momento 1 pero resulta que ahora el que menos gana multiplicó por 5,5 veces su ingreso respecto al que menos gana del momento 1 y encima gana más que el que más ganaba en el momento 1. ¿Cuál es, entonces, el problema que la distribución del ingreso haya “empeorado”? El problema no es la distribución del ingreso, que es en lo que se concentran los políticos populistas, sino el nivel de pobreza.

El problema es que los políticos, para conseguir más votos y retener el poder, apuestan siempre al corto plazo, esto es, suelen señalar como a los que más ganan como los responsables de la pobreza de los que menos ganan. Por eso hay que expoliarlos con impuestos. Hay que matar con impuestos a las empresas y a los que más ganan para redistribuir ese dinero entre los más pobres en nombre de la solidaridad social, la justicia social y todo lo que tenga como adjetivo social. Siempre queda bien para lucir sensible como político para conseguir más votos.

Ahora, ¿cuál es el resultado de este tipo de trampa política que se ocupa de perseguir a los que más ganan? Muy sencillo, al castigarse con mayor intensidad a los que invierten y son emprendedores se quitan los incentivos para invertir, generar más puestos de trabajo y mejorar la productividad, factores que permitirán aumentar el ingreso real de los que menos tienen. El progresismo y el populismo lo que logran es igualar hacia abajo. Que todos sean pobres en vez de que los más pobres sean cada vez más ricos y mejoren su calidad de vida.

Durante décadas Argentina ha tenido políticas de castigar impositivamente la inversión y perseguir a los innovadores obteniendo como resultado este 32% de pobreza. Porque, además, para poder incrementar la carga tributaria, el estado tiene que disponer cada vez de más poder arbitrario para expropiar impositivamente a la gente, creando inseguridad jurídica y espantando las inversiones.

Mucho bien le harían los políticos a los pobres si en vez de mirar a los ricos se miraran a sí mismos y se dieran cuenta que no es persiguiendo al innovador y al que invierte como se elimina la pobreza. Que el problema no es la distribución del ingreso, sino que el haber perseguido a las inversiones es lo que genera la pobreza.

No es casualidad que los países con menor seguridad jurídica, impuestos altos, gasto público elevado, regulaciones y estatismo, terminen generando condiciones de vida para el grueso de la población similares a la edad media, con gente sin agua potable, corriente eléctrica, ni cloacas, mala alimentación y sin un sistema de salud eficiente.

Vean la Venezuela chavista con su modelo socialista del siglo XXI. Ha sumergido al grueso de la población en la pobreza más aberrante. Los emprendedores y de mayor ingreso emigraron hace rato y la única gran diferencia en la distribución del ingreso es entre los jerarcas chavistas, que tienen todas las comodidades a punta de fusil (copiando el modelo de Fidel Castro) mientras el resto de la población revuelve la basura para encontrar comida y los saqueos están a la orden del día.

Con la historia de la distribución del ingreso, lo que se ha conseguido no es sacar a los pobres de la pobreza, sino bajar a la condición de pobres a la clase media, dejar a los pobres en la pobreza, hacer que los emprendedores emigren y ampliar la brecha entre los más ricos y los más pobres, pero con la característica que los más ricos pasaron a ser los dirigentes políticos que decían que iban a reducir la brecha entre ricos y pobres. En síntesis, el negocio de los políticos ha sido el hablar de la brecha entre ricos y pobres. La dirigencia política ha sido la gran ganadora del verso de la brecha entre ricos y pobres.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

1945: el desaprovechamiento de un contexto económico favorable

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 17/10/16 en: http://www.infobae.com/opinion/2016/10/17/1945-el-desaprovechamiento-de-un-contexto-economico-favorable/

 

Es curioso cómo el peronismo suele hacer alarde de democracia, cuando su fundador, el entonces coronel Juan Domingo Perón, fue un activo miembro del golpe de Estado fascista de 1943 que iba a derrocar al Gobierno de Ramón Castillo. Ya Perón había participado del golpe fascista de 1930 y, por lo tanto, era un golpista fogueado.

Perón utilizó el golpe militar para acumular poder. Recordemos que llegó a ser vicepresidente de facto, ministro de Guerra y secretario de Trabajo, puesto desde el que fue acumulando el apoyo de los sectores de ingresos más bajos con la legislación laboral que fue promulgando.

El 17 de octubre de 1945 ocurrió luego del fin de la Segunda Guerra Mundial. Alemania se rindió el 7 de mayo de 1945 y Japón lo haría el 15 de agosto del mismo año. Durante la Segunda Guerra Mundial, contienda en la que Argentina no participó, ya que le declaró la guerra al Eje el 25 de marzo de 1945, menos de un mes y medio antes de que Alemania se rindiera.

El hecho de no haber participado de la guerra le permitió a la Argentina acumular créditos a cobrar por las exportaciones de alimentos a los países beligerantes, un saldo de balance comercial positivo con el resto del mundo, situación que continuará aun luego de terminada la guerra, y el incremento de las reservas de oro. Ese stock de reservas de oro y el flujo positivo de comercio exterior posibilitó que Perón financiara su política populista cuando llegó al poder, en 1946. Recordemos que las elecciones se llevaron a cabo en febrero de 1946 y, un par de meses antes, en diciembre, Perón impulsó el aguinaldo y las vacaciones pagas. Eso le aseguró, en febrero, un importante caudal de votos y alzarse con la presidencia.

Ahora bien, durante la guerra, además de acumular un flujo positivo de comercio exterior con crecientes reservas en el Banco Central, también continuó un precario proceso forzado de sustitución de importaciones para desarrollar un sector industrial. Lo que no podía importarse por la guerra se producía internamente. En rigor, ese proceso de sustitución de importaciones ya había comenzado en la década del treinta con el gobierno fascista de facto.

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6 de Septiembre de 1930. El Capitán Perón, junto al Gral. Uriburu

Pero si retrocedemos algo más en el tiempo, se puede ver que las políticas intervencionistas, de gasto público y proteccionismo comenzaron con la crisis del treinta. Por ejemplo, en 1929, Hipólito Yrigoyen declaró la inconvertibilidad del peso y cerró la Caja de Conversión. En 1931, con el gobierno de facto ya establecido desde 1930, se creó la Comisión de Cambios, cuyo objetivo era otorgar dólares a aquellos que importaran bienes que fueran prioritarios para el desarrollo de la economía local. El resto de las importaciones que no entraban en esa categoría se canalizaban con un dólar más caro (un cepo cambiario temprano). También en 1930 se estableció un aumento generalizado de los derechos de importación. En 1933, se creó la Junta Nacional de Granos y Elevadores, por la que el Gobierno comercializaba y garantizaba un precio mínimo a los productores de granos ante la caída de los precios internacionales. En 1935, se instaló el Banco Central. Con el cierre de la economía, comenzó un proceso proteccionismo para el sector industrial.

Este proteccionismo hizo que muchas empresas norteamericanas, que hasta ese momento exportaban a la Argentina sus productos, optaran por instalarse en nuestro país para eludir la barrera proteccionista.

Entre 1930 y 1939 se produjo un crecimiento importante de la actividad industrial, lo que trajo aparejado un proceso de urbanización, sobre todo concentrado en Buenos Aires, Córdoba y Rosario, dato no menor, porque se crearía una nueva “clase social”, con una importancia política destacada en la década del cuarenta, con la llegada de Perón al poder.

Pero, terminada la crisis del treinta y la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países abandonó las políticas de más gasto público, proteccionismo y controles. Por ejemplo, poco antes de finalizar la guerra, se hizo el acuerdo de Bretton Woods, que apoyaba políticas de gasto público moderadas. En 1947, se creó el General Agreement on Trade and Tariffs (GATT), con el objetivo principal de reactivar el comercio mundial. Así, a partir de 1950, la economía mundial experimentó un fuerte crecimiento, con mucha exportación de bienes de capital, en vez de bienes de consumo. También hay un fuerte desarrollo de la tecnología producto de los conocimientos que se habían incrementado durante el conflicto bélico para la fabricación de elementos para la guerra.

Podría afirmarse que, además de la habilidad política para fragotear y moverse políticamente, Perón contó con la suerte de un contexto internacional favorable y la herencia de reservas que le permitieron financiar sus políticas populistas. Es decir, heredó stock de riqueza (oro y créditos a cobrar por exportaciones durante la guerra) y flujo (crecientes exportaciones durante y luego de la guerra para alimentar al mundo). Salvando las distancias, algo parecido a lo que recibieron los Kirchner: stock de riqueza y flujo por buenos precios internacionales para financiar su populismo. Sumado a eso, por causas fortuitas, se creó una nueva clase social que fue a trabajar a los centros urbanos y constituyó el sostén político de Perón para llegar al poder. Esta nueva clase social urbana y el apoyo del jefe de la policía permitieron que el 17 de octubre se transformara en un acto político importante.

El dato relevante es que luego de la crisis del treinta y de la guerra, la mayoría de los países abandonó el proteccionismo, las políticas expansivas del gasto público y la maraña de regulaciones que, por ejemplo, había establecido el New Deal de Franklin Roosevelt. En cambio, Perón las adoptó y profundizó como políticas de largo plazo. El proteccionismo, las regulaciones, los controles y el estatismo fueron, a contramano de lo que ocurría en el mundo, el corazón de su política económica. Curiosamente, Perón desperdició una oportunidad, con el fin de la guerra, para integrar la economía argentina al mundo, al igual que el kirchnerismo. Los stocks y los flujos positivos los usaron para financiar el populismo.

En síntesis, el 17 de octubre de 1945 se da en un contexto internacional muy favorable a la Argentina, con una economía que ya en el golpe de 1930 había abandonado los principios alberdianos de nuestra Constitución nacional. La libertad económica fue reemplazada por el intervencionismo, el estatismo y el proteccionismo. Esto creó una nueva clase social que Perón supo conquistar con una legislación demagógica. Aclaremos que la mayoría de los sindicatos tenía tendencia de izquierda, con lo que las políticas fascistas de Perón para atraer a los dirigentes sindicales le permitieron neutralizar a los elementos de izquierda. El sindicalismo se volcó al fascismo como “medicina” para frenar al sindicalismo de izquierda, y todo eso fue financiado gracias al contexto económico favorable del fin de la guerra.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Populismo, desarrollismo y “Cambiemos”

Por Gabriel Boragina. Publicado el 6/7/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/07/populismo-desarrollismo-y-cambiemos.html

 

No dejan de sorprenderme muchos liberales que se sorprenden (y no es un juego de palabras) de la política económica seguida por el presidente Macri. Como si fuera una novedad que Macri no es liberal. Resulta claro que ni lo fue ni lo es. Y si bien, verbalmente nunca fue demasiado claro ni especifico respecto de sus ideas económicas, siempre lo resultaron sus políticas como Jefe de gobierno porteño. El presidente es un desarrollista, al estilo del expresidente Frondizi.

Veamos la definición de desarrollismo según el diccionario de economía:

“desarrollismo. Término poco preciso que estuvo en boga en los años sesenta y que se refería a la ideología que postula como meta de la sociedad y de la acción estatal la obtención de un acelerado crecimiento económico. El desarrollismo latinoamericano hacía énfasis en la transformación de las economías atrasadas de la región, concentrando los esfuerzos en la creación de una base industrial y la superación de la condición de países exportadores de materias primas. En la mayoría de los casos este desarrollismo asumió como modelo de crecimiento la llamada sustitución de importaciones, la que se intentó lograr mediante un elevado nivel de proteccionismo. (V. DESARROLLO; PROTECCIONISMO; SUSTITUCION DE IMPORTACIONES).”[1]

Va de suyo que el desarrollismo tiene pocos puntos de contacto con el liberalismo, o lo que algunos llaman las “políticas de libre mercado”. De tal suerte que, quienes desde el liberalismo se ilusionaron (o lo siguen haciendo) con un Macri “liberal” deberían ir moderando sus expectativas (el tiempo dirá si habrán de abandonar por completo tales esperanzas).

Pero ¿entonces el desarrollismo no es más que una variante del populismo? ¿No hay, en rigor, ningún verdadero “cambio” entre el populismo anterior y el desarrollismo actual?

Obviamente que ni el populismo ni el desarrollismo pueden llevarse a cabo sin recursos. Pero lo que diferencia al populismo del desarrollismo es -en un menor grado- el cómo sufragar sus respectivos proyectos y -en un grado mucho mayor- los destinos que les dan a los dineros recaudados.

En el populismo, la fuente primaria -y a veces casi exclusiva de financiamiento- proviene de altos impuestos que permitan sostener un elevado gasto público. Cuando, por cualquier motivo, ya no es posible recaudar más tributos se suele echar mano a la emisión monetaria. El desarrollismo frecuenta dar prioridad al costeo vía inversiones nacionales y/o extranjeras, sean estas privadas o estatales, y solo en un segundo plano se recurre a la política fiscal, aunque es verdad que en la práctica acostumbran ir parejas.  Y solamente en una tercera instancia apela a la inflación.

Otra diferencia que encuentro entre el populismo y el desarrollismo son los diferentes caminos del gasto estatal. En tanto, en el populismo el fin del gasto público esta preferentemente orientado hacia el financiamiento del clientelismo político a través de programas de subsidios directos e indirectos (con el claro objetivo de crear una dependencia electoral constriñendo al subvencionado a votar al líder populista) en el desarrollismo, la dirección de los fondos se remite, más bien, hacia obras de infraestructura, obra pública en general, o lo que se mal denomina “inversiones estratégicas”. Al tiempo que, la política de subvenciones (que, por cierto, no se deja de lado) se dirige preponderantemente hacia el sector empresarial. El eslogan predilecto es el de la creación de una “fuerte y poderosa industria nacional” que se encuentre en condiciones de competir con la foránea.

Para sintetizar, podríamos decir que, en tanto el objetivo del populismo se centra en el consumo, el del desarrollismo lo hace más en la inversión. Lo que ambos tienen en común es que ponen énfasis el primero en el consumo “público” y el segundo en la inversión “pública” (donde el vocablo “público” ha de traducirse por el más exacto de “estatal”, y descuidan -o desdeñan directamente- tanto el consumo privado como la inversión privada. Aquí debemos tener en cuenta que, desde nuestra propia perspectiva liberal, la inversión siempre es privada. No hay tal cosa como “inversión pública”, ya que lo que el estado dice “invertir”, en realidad son fondos previamente extraídos al sector privado vía impuestos u otros mecanismos expoliatorios usuales (inflación, controles de precios, cupos, etc.). En este sentido, tanto el populismo como el desarrollismo a lo que impropiamente denominan “inversión pública”, lo definimos -desde el liberalismo- como puro y simple gasto estatal.

De lado de las disimilitudes, podemos anotar que, el populismo es más estatista que el desarrollismo y menos permeable a las inversiones extranjeras, por lo que también es más nacionalista que este último. Dado que el desarrollismo apunta al crecimiento económico, prioritariamente en infraestructura industrial, ello hace que, en su etapa inicial, se abra a la inversión extranjera.

Por supuesto que, hay más puntos de contacto y otras diferencias entre ambos sistemas, pero lo importante a tener en cuenta en este momento es que no coincidimos con aquellos que creen que Macri es o está haciendo una política “liberal”. Mucho menos que las disposiciones económicas que toma merezcan esta calificación. El gobierno de Cambiemos es claramente intervencionista, y la injerencia que defiende en la economía es de tipo desarrollista. Por lo que, en lo personal, no me llaman la atención las medidas que viene adoptando. Y tampoco me cabe duda alguna que, si bien el desarrollismo puede apadrinar -cada tanto- alguna pauta liberal, no está en su esencia ni en sus miras abrazar al liberalismo como sistema económico.

Pero esto tampoco resulta novedoso. El gran pensador y profesor austriaco L. v. Mises ya decía -allá por 1927- que hablar de un “gobierno liberal” es una contradicción en términos.

En suma, al menos para mí, tengo en claro que la propuesta de Cambiemos no fue la de cambiar populismo por liberalismo. Nada de eso. Sino que el cambio propuesto fue el de populismo por desarrollismo (por más que Cambiemos no utilice este término). Y también creo que el votante mayoritario de Macri tenía en claro esto último. Por eso que, entiendo que se equivocan los que dicen que Cambiemos “traicionó” a sus electores. En absoluto. El votante de Macri quería precisamente esto que Macri está llevando a cabo. Por eso me sigue resultando extraño el “asombro” que demuestran ciertos liberales ante los pasos económicos que viene realizando el gobierno.

[1] Carlos SABINO; Diccionario de Economía y Finanzas. Contiene léxico inglés-español y traducción de los términos al inglés. Consultores: Emeterio Gómez; Fernando Salas Falcón; Ramón V. Melinkoff. CEDICE. Editorial Panapo. Caracas. Venezuela. Voz respectiva.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

¿PARA QUE SIRVEN LOS ARANCELES?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Es por cierto increíble que después de más de tres siglos en los que a partir de Adam Smith se ha probado una y mil veces la inconveniencia mayúscula de los recargos y trabas aduaneras, parece mentira decimos que se siga porfiando en la introducción de aranceles.

 

Vamos a dividir nuestro análisis en diez puntos ya que el decálogo tiene buena prensa y al efecto de intentar hacer el asunto lo más didáctico posible.

 

  1. Todo arancel o tarifa aduanera significa mayor erogación por unidad de producto, es decir, de los siempre escasos recursos habrá que destinar un monto mayor para adquirir un bien o un servicio que puede comprarse más barato y de mejor calidad. Esto significa necesariamente que se reduce el nivel de vida de los habitantes del país cuyo gobierno procede a instalar las referidas trabas al comercio puesto que, como queda dicho, deben destinar una mayor porción del fruto de sus trabajos, a diferencia de lo que ocurriría si no existieran esas trabas en cuyo caso no solo podría adquirir el producto en cuestión sino que liberarían fondos adicionales para comprar otros bienes y servicios con lo que mejorarían su nivel de vida.

 

  1. Los nexos causales y principios que rigen en comercio dentro de las fronteras son los mismos que se aplican a relaciones comerciales entre personas y empresas ubicadas a distancias mayores y en otros países. Los ríos, las montañas, los mares y las fronteras -siempre consecuencia de acciones bélicas o accidentes geográficos- no modifican las verdades económicas.

En realidad, desde la perspectiva liberal, las fronteras son al solo efecto de evitar la concentración de poder que sucedería en el contexto de un gobierno universal, pero de allí a pretender valores para lo local y desvalores para lo foráneo constituye un despropósito superlativo ya que los beneficios comerciales y la cultura en general proviene de un mestizaje permanente de donaciones y entregas.

 

  1. Debe tenerse muy presente que, igual que los progresos tecnológicos, la eliminación de aranceles permite liberar recursos humanos y materiales para darles destino a nuevos bienes y servicios antes imposibles de concebir puesto que los recursos estaban esterilizados en áreas anteriores, mientras que la liberación arancelaria hace posible encarar otros proyectos que redundan en el estiramiento del stock de bienes y servicios. Y no cabe detenerse en las transiciones como se fueran excepcionales puesto que la vida es una transición permanente ya que cada persona en cada actividad intentará mejorar la productividad con lo cual invariablemente produce cambios y reubicaciones. El progreso es cambio, si se frena el cambio se frena el progreso que se traslada en incrementos en salarios e ingresos en términos reales que son el resultado exclusivo de las tasas de capitalización.

 

  1. No cabe aducir el reiterado argumento de “la industria incipiente” en el sentido de introducir aranceles mientras los empresarios se ejercitan en el ramo para no sufrir los embates de la competencia de quienes mejor fabrican el producto de que se trate (generalmente el argumento apunta a la competencia exterior pero el punto es igual si la mayora eficiencia aparece en el interior de las fronteras). Si fuera cierta la argumentación en el sentido que se necesita un período de entrenamiento antes de eliminar los aranceles, es el empresario en cuestión quien debe afrontar y financiar ese tiempo de ejercicio (con recursos propios o ajenos atraídos por el negocio de marras) y no endosar el peso fiscal sobre los hombros de los contribuyentes). Si no pueden financiar el proyecto y si nadie acepta invertir en esa idea, es porque el proyecto no es en verdad rentable luego de los períodos de aprendizaje o siendo rentable se considera que hay otros que resultan más atractivos, y como todo no puede hacerse al mismo tiempo con recursos escasos, debe dejarse de lado el proyecto.

 

5.En un mercado abierto el balance de pagos está siempre equilibrado aunque el balance comercial no lo esté puesto que lo que se importa es el resultado de lo que se exporta más los correspondientes movimientos de capital.

 

  1. Del mismo modo que el objetivo de las ventas son las compras, en el comercio internacional el objetivo de las exportaciones son las importaciones. Lo ideal para una persona es comprar y comprar lo que se necesita sin necesidad de vender bienes o servicios pero eso significaría que el resto está obsequiando sus productos lo cual no resulta posible. Lo mismo ocurre con los habitantes dentro de un país en relación con los ubicados en otros: no hay más remedio que exportar para poder importar o que ingresen capitales.

 

  1. El mercado cambiario opera como consecuencia de la oferta y la demanda. Cuando se exporta entran divisas que reducen su cotización con lo que se estimulan las importaciones y cuando se importa aumenta la cotización de la divisa lo cual, a su turno, estimula las exportaciones y así sucesivamente. Si no se cuenta con un mercado cambiario libre y se deciden “devaluaciones”, a saber, tipos de cambio decididos políticamente, inexorablemente se desajustan los brazos del sector externo con todos los efectos negativos del caso.

 

  1. Resulta del todo contraproducente el establecimiento de “políticas de represalia aduanera” puesto que si otro país incrementa sus recargos a la entrada de productos de nuestro país sería calamitoso duplicar los inconvenientes, es decir, “en represalia” introducir gravámenes aduaneros provenientes del país que inició la aplicación de trabas. En este caso no solo se perjudicarán los vendedores locales sino que también se perjudicarán los consumidores de ese mismo país que verán aumentar los precios de los productos procedentes del que primero estableció los aranceles.

 

  1. Se ha dicho que las integraciones regionales constituyen un primer paso para el comercio mundial libre pero es llamativo que, como decíamos al principio, después de más de tres siglos de debate todavía estemos en un primer paso que en verdad no es tal porque en la aplicación de los respectivos tratados (cuando se cumplen) se recurre a terminología que pone en evidencia la incomprensión del tema como cuando se alude a la “invasión” de productos extranjeros como si se tratara de una acción bélica en lugar de tratarse de la introducción de bienes y servicios más baratos y de mejor calidad, la “sustitución de importaciones” y otras sandeces que influyen en que en las aduanas los agentes correspondientes formulen a los transeúntes preguntas y requerimientos insolentes.

 

  1. Por último en esta secuencia telegráfica, es de interés señalar que la eliminación de trabas al comercio no debe ejecutarse de modo gradual sino de una vez puesto que no es aceptable que se aleguen “derechos” contra el derecho al efecto de continuar con las mal llamadas “protecciones” (desprotecciones para la gente, protecciones para empresarios prebendarios), del mismo modo y salvando las distancias que no tendría el menor sentido el haberles permitido a los administradores de los criminales hornos crematorios en la época nazi a que “gradualmente” fueran reduciendo esa faena horrorosa. Sin llegar a este extremo, la reducción gradual de trabas y perjuicios severos al bienestar de la gente mantiene la lesión al derecho de la población, pérdida que no resulta factible recuperar.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

Cepo cambiario: Tres años de deterioro económico.

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 31/10/14 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2014/10/31/cepo-cambiario-tres-anos/

 

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No es con alegría que llega este tercer aniversario del anuncio del cepo cambiario. Sin signos de interés por parte del oficialismo en levantar la medida ni propuestas concretas desde la oposición, se cumplen tres años de restricciones en el mercado de divisas que son otros tantos de deterioro económico. En un contexto internacional inmejorable, con altos precios de la soja y exceso de dólares en el mundo, el gobierno kirchnerista cumple tres años de crecientes regulaciones en el mercado cambiario. Mirando el cuadro completo de la economía argentina, cabe decir que el oficialismo es fuerte candidato a ser un ejemplo de manual de cómo no manejar la economía de un país.

Podrían resumirse dos motivos centrales que llevaron a la pérdida de reservas y finalmente al cepo cambiario. En primer lugar, una política de dólar barato (atraso cambiario). Un tipo de cambio regulado que evoluciona a un ritmo menor que la inflación lleva a un crecimiento relativo de las importaciones sobre las exportaciones dado que es más económico acceder a productos del exterior que adquirirlos en el mercado domeéstico. Desde el 2010 a las fecha la cuenta corriente del balance de pagos es negativa. Siendo un gobierno obsesionado con el pasado, no parece percatarse que comete los mismos de gobiernos anteriores. ¿No es acaso el atraso cambiario el problema señalado tanto a la tablita de Martínez de Hoz como a la convertibilidad durante el gobierno de Menem? En segundo lugar, la política de tarifas controladas junto a un marco institucional poco atractivo a inversiones de largo plazo llevaron a un faltante de energía que debe ser suplido con importación y por lo tanto pagado en dólares en el exterior. La política de sustitución de importaciones no sólo fue incapaz de generar dólares, sino que se encuentra en la peculiar situación de depender de los dólares generados por los sectores que supuestamente no generan valor agregado al punto tal de imponer altas retenciones o exigirles que exporten su producto. ¿No es síntoma de fracaso que el modelo de sustitución de importaciones dependa de los dólares generados por el sector agrícola? Desde que se acentúa la política del “vivir con lo nuestro” de Aldo Ferrer como ministro de economía en la década del 70 que la economía Argentina ha visto un empeoramiento en sus problemas cambiarios y una mayor dependencia de un sector industrial dependiente de “tipos de cambio competitivos”.

Si el objetivo del cepo cambiario era detener la pérdida de reservas, el fracaso de dicha política se deja ver en los datos oficiales del siguiente gráfico. Se ve claramente que luego de anunciar el cepo cambiario tanto las reservas brutas (en negro) como las reservas netas (en gris) entran en una acelerada caída. Seguir la evolución de las reservas netas es importante dado que este es el valor de reservas que de hecho “pertenecen” al BCRA. Si usted tiene en su billetera 100 dólares pero yo le he prestado 20, entones sus reservas son 80, no 100. Al 15 de octubre, si se descuentan depósitos en dólares de privados que se encuentra en custodia en el BCRA, depósitos en dólares del Tesoro, y préstamos en dólares (multilaterales y CEDINES), entonces las reservas netas rondan los 16.450 millones de dólares, no los 27.450 millones. Esto quiere decir que si se desea cambiar la base monetaria por los dólares en reservas netas, el tipo de cambio (de dolarización) se encuentra en 24.6 pesos por dólar.

reservas-cepo

El gráfico también muestra que desde la imposición del cepo se perdieron más reservas que con la crisis del 2001. En aquel entonces las reservas cayeron unos 9.300 millones. De noviembre del 2011 a septiembre del 2014 las reservas brutas y netas cayeron 21.200 millones y 16.900 millones respectivamente. En términos de pérdida de reservas, el kirchnerismo lleva más de una crisis 2001 sobre sus espaldas desde que decidió imponer una restricción tan anacrónica como el cepo cambiario. No es la primera vez que Argentina decide experimentar con restricciones en el mercado cambiario. No es la primera vez, tampoco, que los resultados dejan mucho que desear.

El fracaso no debe sorprender. El problema de fondo -control del tipo de cambio, tarifas congeladas y emisión monetaria para financiar un déficit fiscal abultado- no fue revisado. La pérdida de reservas que se acelera con el cepo cambiario tiene como contrapartida la expansión del mercado del dólar blue. La aparición del mercado informal del dólar es muestra de que las leyes económicas, igual que las leyes de la física como la gravedad, no pueden ser modificadas por leyes del Congreso, decretos de necesidad y urgencia, ni a fuerza de discursos políticos. En el siguiente gráfico se ve la evolución del dólar oficial (negro, eje izquierdo), el dólar blue (azul, eje izquierdo) y la brecha cambiaria (rosa, eje derecho). El gráfico muestra un cambio en la evolución de la brecha cambiaria desde la instauración del cepo cambiario.

cepo-brecha

Nótese que las caídas del dólar blue no logran persistir en el tiempo y son seguidas de picos que superan las cotizaciones anteriores. Estos últimos días dónde a fuerza de controles policial se ha desinflado la cotización del blue no deben verse fuera de la perspectiva y tendencia del dólar blue. Sin cambios de política de fondo no hay que esperar un cambio de tendencia (más allá de oscilaciones de corto plazo.) El cepo cambiario, por lo tanto, no sólo resultó en una notable pérdida de reservas, sino que llevó al florecimiento del mercado paralelo de dólar con una brecha cambiaria que ha llegado a superar el 80%. Desde que se instauró el cepo, la inflación (según Congreso) fue del 113.8% mientras que el tipo de cambio oficial se devaluó un 97.7%. En el mes de octubre la inflación interanual alcanzó el 41%, ubicándose por primera vez por encima del pico interanual de diciembre del 2002. En un contexto donde la inflación parece acelerarse más que desacelerarse, ¿nuevamente está el gobierno cometiendo su mismo error de “atraso cambiario”? ¿Qué dice de un gobierno en particular (y de una clase política en general) el persistir en el mismo error esperando resultados distintos? El anhelo de la ciudadanía de proteger sus ahorros y su futuro patrimonial llevaron a un aumento de la cotización del dólar blue del 230.6% desde que se instauró el cepo; otro valor que debe poner en perspectiva las recientes bajas del dólar blue. El gráfico también muestra que la devaluación oficia que ocurrió a principios de año tuvieron un efecto meramente transitorio sobre la brecha cambiara que no tardó en superar los valores pre-devaluación.

A tres años del cepo, prácticamente todos los indicadores de actividad económica muestran resultados negativos. Una política económica cerrada al mundo (vía DJAI y cepo cambiario) va en contra de principios básicos de la economía como la división del trabajo y las ventajas comparativas. Las dificultades económicas del país, con sus derivados problemas sociales (desempleo, pobreza, etc.) no deberían sorprender.

Unos breves comentarios finales:

1- Este desventurado aniversario del cepo cambiario nos encuentra sin claras propuestas desde la oposición (especialmente de los presidenciables) sobre cómo terminar con el cepo cambiario. Ya sea por incapacidad o desinterés, la oposición no posee, a mi juicio, un discurso claro sobre los problemas económicos más graves del momento. No se deben confundir expresiones de deseo con soluciones concretas. Las políticas económicas se evalúan por sus resultados, no por sus intenciones.

2- El faltante de dólares es, por definición, un desequilibrio en el mercado cambiario. Hay tres formas de corregir este desequilibrio. Disminuir la demanda de dólares. Aumentar la oferta de dólares. Corregir el precio a sus valores de equilibrio (donde cantidad demandada iguala a cantidad ofrecida.) Esto no debe interpretarse como un guiño a devaluar el tipo de cambio oficial (de acceso notablemente  restringido), sino como un reconocimiento de que el tipo la moneda ya ha sido devaluado. A diferencia de lo que expresase el equipo económico del gobierno al devaluar el tipo de cambio de seis pesos por dólar a ocho pesos por dólar a principios de año, el tipo de cambio no se encuentra en equilibrio. Si ese fuese el caso no seria necesario mantener el cepo cambiario.

3. Debería ser inaceptable en una ciudadanía cívicamene madura que el gobierno restringiese el acceso al dólar forzando al ciudadano a ahorrar en pesos. Debería ser claro en un país que es una República en los hechos y no sólo en los papeles que no es potestad del Estado decidir en qué moneda usted tiene derecho a proteger su futuro patrimonial dado que usted, no el gobierno, es el soberano. Es preocupante que tras tres años de cepo, ya sea por incapacidad o desinterés, el Poder Judicial no haya puesto límites claros a las transgresiones civiles que el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo han impuesto sobre sus representados. ¿No es ese, acaso, el rol del Poder Judicial? ¿No es, entones, el Poder Judicial parte del problema? Como ciudadano, ¿siente usted que su patrimonio es fielmente protegido por el Poder Judicial ante excesos del Poder Ejecutivo y Legislativo?

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. 

Krugman tiene razón (al menos en algo).

Por Iván Carrino. Publicado el 30/10/14 en: http://www.ivancarrino.com/krugman-tiene-razon-al-menos-en-algo/

En su manual de Economía Internacional, Paul Krugman se refiere a las estrategias de industrialización por sustitución de importaciones que volvieron a estar de moda en nuestro país a partir de la llegada de Néstor Kirchner al gobierno. El nobel de economía, referente keynesiano partidario del aumento del gasto y demás políticas expansivas en tiempos de recesión, afirma:

“”La crítica a la industrialización por sustitución de importaciones parte del hecho de que muchos países, que han perseguido la sustitución de importaciones, no han mostrado ningún signo de llegar al nivel de los países avanzados. En algunos casos, el desarrollo de una base industrial nacional parece haber conducido a un estancamiento de la renta per capita más que a un despegue económico. Esto es cierto para la India, que después de veinte años de ambiciosos planes económicos entre principios de los años cincuenta y principios de los setenta, se encontró con que su renta per capita había aumentado solo un pequeño porcentaje. También es cierto para Argentina, antaño considerado un país rico, cuya economía creció a paso de tortuga hasta que liberalizó el comercio a finales de la década de los ochenta””.

Como se lee, Krugman utiliza la experiencia argentina para mostrar la ineficacia de estas políticas. Para apuntalar su argumento, veamos un gráfico que compara el PBI per capita de los países analizados con el PBI per capita de los Estados Unidos en dos períodos bien diferentes.

 

pbi-per-capita

 

 

Los números hablan por sí solos. Países que no siguieron políticas de sustitución de importaciones como Australia, Hong Kong, España o Japón hoy son mucho más ricos (en términos comparativos con Estados Unidos) que Argentina.

Si se compara el PBI per capita de Argentina en relación con el de Estados Unidos durante el período 1960-1969, se observa que el argentino promedio ingresaba el 31% del ingreso del ciudadano estadounidense promedio. Sin embargo, tras décadas de sustitución de importaciones (a pesar de una relativa apertura en los noventa), hoy ingresamos solo el 20% de lo que ingresan los norteamericanos.

El caso más interesante es el de Chile, que abandonó las ideas de las políticas ISI y que durante la última década, si bien no al nivel de los países asiáticos, mostró un ingreso per capita superior al nuestro y, por tanto, más cercano al de los Estados Unidos. Además, la tendencia es al alza, mientras que en nuestro caso es a la baja.

En conclusión, no podemos afirmar que las políticas de sustitución de importaciones sean la única variable que explica el fenómeno, pero sí podemos contar estos datos como evidencia de que, en general, a las economía más abiertas al comercio internacional les va mejor a la hora de incrementar la riqueza de sus ciudadanos y, por tanto, el nivel de vida en ese país.

PD: Los datos de PBI per capita en dólares corrientes fueron tomados del Banco Mundial.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.

Exportaciones k: la peor evolución en 113 años.

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 28/9/14 en: http://economiaparatodos.net/exportaciones-k-la-peor-evolucion-en-113-anos/

 

Muletilla k: en 200 años de historia Argentina nunca estuvo mejor que ahora en tal o cual indicador. En exportaciones el período k fue el peor

En el relato k, dónde todo funciona a la perfección a pesar de que todo se cae a pedazos, hay un muletilla muy característica. Esa muletilla es decir, muy sueltos de cuerpo, que en sus 200 años de historia Argentina nunca estuvo mejor que ahora en tal o cual indicador.

Tan pegada tienen esa muletilla los k, que unos días atrás, Kicillof, para no ser menos que su líder, no tuvo mejor idea que afirmar que en los 200 años de historia de Argentina nunca se habían producido  tantos autos como ahora, patinada que, obviamente, generó todo tipo de chistes al respecto. Afirmar semejante barbaridad, muestra que sus discursos están vacíos de contenido y se limitan a lanzar frases hechas sin importarles cuándo las dicen ni en qué contexto. Ellos van, abren sus bocas y largan la frase cohete correspondiente para tratar de impresionar a su propia tropa, porque a esta altura del partido dudo que puedan convencer a alguien que no sea un incondicional k. Es decir, alguien con dos dedos de frente. A ese, más bien,  se le ríen en la cara.

Pero dejando de lado la parte anecdótica de los 200 años de historia argentina y la producción de autos de Kicillof, también se suele afirmar que las exportaciones han batido récord en 200 años de historia.

Sin duda que las exportaciones crecieron durante los últimos 12 años gracias al aumento de la producción de granos, más específicamente el yuyito, y de la suba de sus precios. Sin embargo, hace rato que Argentina viene teniendo una muy mala performance en materia de exportaciones. Mala performance que ni siquiera lograron revertir con los extraordinarios precios de la soja que imperaron en la era k y, a decir verdad,  todavía sigue imperando buenos precios a pesar de la baja de los últimos tiempos.

Gráfico 1

El gráfico 1 muestra la evolución de las exportaciones argentinas como porcentaje del total de las exportaciones mundiales durante los últimos 113 años. El gráfico es lo suficientemente elocuente y podemos ver que durante todo el período k las exportaciones argentinas siempre se mantuvieron en el 0,4% del total de las exportaciones mundiales.

Curiosamente, en 1980 y 1990 las exportaciones argentinas también representaron el 0,4% del total mundial. Es decir, ni aún con la nueva tecnología de la siembra directa y del fenomenal aumento del precio de la soja, el kirchnerismo logró mejorar la marca de períodos que detesta tanto como los 80 y los 90.

Ahora, si uno observa la curva, puede ver que las exportaciones argentinas representaban el 1,5% de las exportaciones del mundo en 1900 y luego la curva muestra una clara tendencia ascendente hasta llegar al 3,1% en 1928, es decir, un año antes de la gran crisis de 1929. Pero lo cierto es que durante casi 50 años las exportaciones argentinas representaran entre el 2,0% y el 2,5% de las exportaciones mundiales.

Si Argentina hubiese mantenido esa participación en el comercio mundial como lo hizo, por ejemplo, Australia, que se mantuvo entre el 1,5% y el 2% a lo largo de los 113 años considerados, hoy Argentina tendría que estar exportando unos U$S 375.000 millones anuales en vez de los U$S 81.600 millones de 2013, que encima son falsos porque el INDEC terminó reconociéndole a la CEPAL U$S 5.000 millones menos de lo que informa internamente.

Puesto de otra manera, no solo ha sido realmente muy pobre la evolución de las exportaciones argentinas durante la famosa década ganada, a pesar de los formidables precios para la soja, sino que, lo que es más grave, cabe preguntarse cuántos puestos de trabajo no se crearon por exportar casi U$S 300.000 millones menos de lo que podríamos estar exportando.

Antes de continuar con el análisis muestro el gráfico 2 en el cual se puede ver la participación de las exportaciones australianas en el comercio mundial durante el mismo período que analizo para el caso argentino.

Gráfico 2

El gráfico es lo suficientemente elocuente muestra una participación relativamente constante de Australia en el total de las exportaciones del mundo. Aproximadamente entre el 1,5% y el 2%. Lo curioso es que Australia partió, a principios del siglo XX, con la misma participación de Argentina pero ella se mantuvo en el mismo rango durante más de 100 años y nosotros tuvimos un momento de gran declive básicamente a partir de la segunda presidencia de Perón para entrar en una caída continua que nunca se revirtió. Hace más de 30 años que estamos estancados en el 0,4% del total de las exportaciones del mundo.

Las razones son múltiples. Una es que en esos 30 años hubo varios períodos, como el actual, en que su hizo caer el tipo de cambio real para tratar de esconder durante un tiempo serios problemas inflacionarios.

Además tenemos profundos problemas de competitividad derivados de una pésima legislación laboral, pesada carga tributaria, regulaciones, etc. que entorpecen la productividad de la economía y hace que los productos argentinos no sean competitivos a nivel internacional.

Finalmente quedó demostrado que la sustitución de importaciones ha sido letal para el desarrollo de la economía argentina, la capacidad de exportar y, por consiguiente, la posibilidad atraer muchas más inversiones y generar más puestos de trabajo y mejor remunerados. La sustitución de importaciones solo trae escasas inversiones para abastecer un reducido mercado interno. No busca grandes inversiones que apunten a competir en el mundo.

El tan ponderado modelo de sustitución de importaciones del que se vanagloria el kirchnerismo se ha traducido en un brutal estancamiento de las exportaciones, las que, por cierto, en el último año vienen cayendo en forma bastante pronunciada.

Los números son más elocuentes que los discursos del relato. Muestran que bajo este gobierno las exportaciones han tenido la peor performance en los últimos 113 años. Hoy estamos en el piso de la serie histórica de participación en las exportaciones mundiales.

Por eso, en economía siempre es importante tener presente lo que se ve y lo que no se ve. ¿Qué se ve con este modelo? Legiones de gente que viven de planes sociales, no trabajan y, en muchos casos cobran, entre los diferentes planes sociales, hasta mucha más plata que el cajero del banco que tiene la responsabilidad de manejar la caja diaria. Lo que no se ve es todos los puestos de trabajo que no pudieron crearse por encerrarnos al mundo y exportar U$S 300.000 millones menos de los que podríamos estar exportando, aclarando que en términos absolutos a principios de siglo Australia exportaba lo mismo que nosotros y en 2013 exportó U$S 252.000 millones contra los U$S 81.600 truchos nuestros.

Por eso, cuando me preguntan qué hacemos con la gente que vive de planes sociales, mi respuesta es: hagamos las reformas estructurales para ser competitivos, busquemos la integración con el mundo y lograremos atraer inversiones para exportar U$S 300.000 millones más creando los puestos de trabajo para los que hoy viven del trabajo de ajeno.

Una vez más el problema no es económico, sino esencialmente institucional. O vivimos con clientelismo político que ya no se puede financiar o la gente vive de la dignidad de su trabajo. Y posibilidades de trabajo hay viendo la capacidad exportadora  que tenemos. La cuestión es querer trabajar.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.