El 2019 será todo un desafío económico para Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 17/12/18 en: https://www.ambito.com/el-2019-sera-todo-un-desafio-economico-cambiemos-n5005402

 

Las tensiones en el mercado de cambios y financiero y la inflación serán predominantes para ver cómo llega el oficialismo a las elecciones de octubre.

El 2019 será todo un desafío económico para Cambiemos

El 2019 va a estar económicamente condicionado por factores políticos y otros puramente económicos. El factor político tiene que ver, obviamente, con las elecciones presidenciales, dato que en Argentina no es un tema menos porque vamos a los bandazos entre populismos autocráticos y populismos menos agresivos con los derechos individuales, pero ambos populismos al fin.

En lo estrictamente económico, el nivel de actividad, las tensiones en el mercado de cambios y financiero y la inflación, serán predominantes para ver cómo llega el oficialismo a las elecciones de octubre.

En lo que hace al nivel de actividad, los motores de la economía son tres. A saber: 1) consumo interno, 2) inversiones y 3) exportaciones.

Siendo que el ingreso real depende de la tasa de inversión y considerando que esta está estancada, se hace muy difícil imaginar que en los próximos meses el salario real vaya a recuperar terreno en forma significativa como para movilizar la economía. Es difícil imaginar un aumento artificial del consumo interno como en la era k porque ya no queda stock de capital para ser utilizado para financiar el consumo interno. Recordemos que en la era K el estímulo al consumo interno se basó, entre otras cosas, en consumirnos 12 millones de cabezas de ganado para tener, durante un tiempo, barato el asado de tira. Que nos consumimos el sistema energético estableciendo tarifas artificialmente bajas y financiando solo la compra de insumos dejando que el sistema energético se cayera a pedazos. Lo mismo se hizo con el agua potable, el transporte público, las rutas, los trenes, etc. Lo que la gente se ahorraba por consumir servicios públicos artificialmente bajos, se destinaba a pagar la cuota del televisor, el celular, etc., mientras se caía a pedazos la infraestructura del país.

También se financió el consumo confiscando los ahorros de aquellos que habíamos aportado a las AFJP, decisión que fue letal para el crecimiento económico porque se le quitó financiamiento de largo plazo a la economía argentina.

Todos estos artificios para financiar consumo interno no están a la vista y el acceso al crédito internacional para aumentar el gasto público y estimular el consumo interno va a estar restringido, por no decir ausente. De manera que se podría descartar el consumo como factor que movilice la economía. Lo mejor que podría ocurrir es que el salario real deje de caer.

Delirio

Suponer que la inversión se va a transformar en el motor del crecimiento económico en los próximos meses es casi un delirio. Nadie va a invertir en un país con la incertidumbre política que en particular tiene la Argentina ante cada elección, dada la inestabilidad en las reglas de juego. Hoy las encuestas muestran cierta paridad en intención de voto entre Macri y Cristina Fernández. Ambos tienen un núcleo duro de votantes de aproximadamente el 30% y el resto está desconforme con la gestión de Cambiemos pero tiene miedo a que vuelva el kirchnerismo. Todo parece indicar que la elección se va a definir entre la billetera y el rechazo a la vuelta del kirchnerismo. Ahí la clase media y la clase media baja van a definir el partido.

Ahora bien, como decía antes, supongamos que llegando a las elecciones se despejara el horizonte político y mostrara a un Macri ganando cómodamente las elecciones, ¿ese escenario podría traducirse en un mayor flujo de inversiones en el sector real de la economía que contrate personal, baje la tasa de desocupación, incremente la masa salarial y el consumo interno? Francamente veo bastante complicado que con encuestas que muestren una baja probabilidad de retorno del kirchnerismo vaya a producirse la lluvia de inversiones que no se produjo en estos 3 años que gobierna Cambiemos. Es que los cambios estructurales que se necesitan para atraer inversiones parecen ir más allá de la mayoría que necesitaría el oficialismo en el Congreso para implementarlas. Más bien todo parece indicar que no está en el espíritu o la filosofía de Cambiemos ir hacia las reformas estructurales necesarias, especialmente en materia de reforma del estado, del sistema tributario y de la legislación laboral.

Tanto el Presidente como sus principales laderos parecen despreciar la importancia de la macroeconomía y consideran que todo es un problema de gestión. Es decir, administrar eficientemente el Estado y los recursos de los contribuyentes. En definitiva, el principal error de Cambiemos es creer que un sistema intrínsecamente ineficiente, el populismo, puede transformarse en eficiente con un buen managment. Con esta carga tributaria, esta legislación laboral, este nivel y calidad del gasto público es impensable hasta una garúa de inversiones, de manera que hay que descartar que las inversiones vayan a movilizar la economía en 2019 aun con encuestas que muestren el escenario político despejado. ¿Por qué Cambiemos modificaría su política económica si no lo hizo en 2015 cuando tuvo oportunidad de contar en detalle la herencia recibida, ni en 2017 luego de haber ganado en forma categórica las elecciones de medio término?

El único motor que le queda para llegar hasta octubre con una economía que deje de caer como actualmente ocurre, será el de las exportaciones, siempre y cuando no dejen caer nuevamente el tipo de cambio real como hicieron en 2017. Si el tipo de cambio real se mantiene en estos niveles. Tanto el sector agropecuario, como las economías regionales, el turismo y alguna sustitución de importaciones puede frenar la caída en el nivel de actividad, pero tampoco debe esperarse una estampida de reactivación. Solo frenar el proceso recesivo en el que estamos al momento de redactar estas líneas.

En términos de actividad, el escenario es, a mi juicio, el planteado más arriba, sin embargo la mayor preocupación debería estar en no tener una crisis cambiaria y financiera.

Sabemos que el gradualismo requirió de endeudamiento externo para financiar el déficit fiscal. También sabemos que esos dólares de crédito externo había que transformarlos en pesos para pagar los sueldos, las jubilaciones, etc. y que el BCRA compraba esos dólares contra expansión monetaria que le entregaba al tesoro a cambio de las divisas de la deuda. Luego retiraba los pesos emitidos colocando Lebac, que lo llevó a acumular un stock de Lebac de $ 1,3 billones que se transformaron en inmanejables.

Esas Lebac fueron reemplazadas por las Leliq y a fines de año el BCRA tendrá un stock de Leliq de aproximadamente $800.000 millones pero pagando una tasa de interés todavía sustancialmente mayor a las que pagaban las Lebac. ¿Qué hace pensar que el cambio de las Lebac por las Leliq aleja el peligro cambiario y financiero?

El hecho que las Leliq las tengan los bancos y no los particulares no es un cambio estructural porque los bancos compran esas Leliq con los fondos de sus depositantes. El depositante no compara la tasa de interés contra la tasa de inflación. Compara la tasa de interés que le paga el banco contra el tipo de cambio esperado. Si estima que la tasa le va a ganar al dólar, sigue apostando a la tasa. Si cree que el tipo de cambio va a subir más que la tasa, retira su plazo fijo y compra dólares. Esta historia la vimos muchas veces en Argentina.

Supongamos que el inversor decide retirar sus depósitos a plazo fijo de los bancos, la pregunta es: ¿con qué le paga el banco si tiene Leliq en su activo? El banco tendrá que pedirle al BCRA que le de los pesos a cambio de las Leliq y el BCRA no tiene los pesos para pagar las Leliq. Tiene que emitirlos. De manera que el cambio de Lebac por Leliq no solucionó nada.

¿Qué puede llevar al inversor a salir del plazo fijo y pasarse a dólares? En primer lugar ningún inversor devenga indefinidamente sus ganancias. En algún momento las realiza. En segundo lugar, si el escenario político mostrara alta incertidumbre sobre el resultado de las elecciones de octubre podría generar un cambio de cartera. En tercer lugar, estos arbitrajes siempre saltan en el momento menos pensados y por la causa menos sospechada. Son muy inestables.

En síntesis, 2019 se presenta complicado para el Gobierno, no solo porque es un año electoral, sino porque tiene que lograr llegar a las elecciones con la economía dejando de caer en su nivel de actividad y rezando para que los inversores no decidan realizar sus ganancias en dólares antes de octubre por el arbitraje tasa versus dólar.

No será un año fácil en lo económico para la gente y para Cambiemos en particular 2019 se presenta como todo un desafío.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE  

Desmitificando al liberalismo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 4/1/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/01/04/desmitificando-al-liberalismo/

 

La mala imagen del liberalismo descansa en una serie de mitos. Aquí algunos de ellos

Hubo una época en la que Argentina sabía estar entre las naciones con mayores ingresos del mundo. Fue la época del liberalismo y la apertura comercial en Argentina. Con la llegada del peronismo, la Argentina giró 180 grados, se volvió un país alejado de los principios del libre mercado, donde la política de sustitución de importaciones es más importante que el comercio internacional. Actualmente Argentina ya no se encuentra entre las naciones de mayores ingresos del mundo y posee índices de pobreza cercanos al 30 por ciento. Es un país asociado a la corrupción, las expropiaciones y las recurrentes crisis económicas.

No obstante la mala imagen que el liberalismo posee en Argentina, en los últimos tiempos esta doctrina ha ganado presencia en el debate público y en los medios. En especial a través de los economistas liberales, que no se cansan de insistir una y otra vez con los beneficios del libre comercio. La mala imagen del liberalismo descansa en una serie de mitos. Aquí algunos de ellos.

El liberalismo no es pro empresa, es pro igualdad ante la ley.

El liberalismo no es una doctrina que busque beneficiar a un sector a expensas de otro. Si hay un sector sobre el cual Adam Smith ya alertaba tener cuidado, era justamente el empresarial. Es una doctrina que busca respetar la igualdad ante la ley. No sólo para trabajadores y empresarios, fundamentalmente también para el Estado. No hay lugar para la extorsión para mafias, ni para sindicatos, ni para funcionarios públicos.

Podría decirse que si hay un sector social al cual el liberalismo beneficia, es al trabajador. En los países con economías más libres del mundo el factor trabajo recibe un porcentaje del ingreso total mayor al factor capital. Mientras que en las economías menos libres, esta relación tiende a invertirse.

El liberalismo no es anti Estado, es pro límites al abuso de poder. Hay varias corrientes de liberalismo, por ejemplo, el liberalismo clásico, el anarco-capitalismo, el minarquismo, etcétera. El término “libertario” abarca a todas esas corrientes. Salvo el anarco-capitalismo, el liberalismo no busca eliminar al Estado. Lo que el liberalismo requiere son maneras eficientes de contener los abusos de poder estatal. Es un error conceptual pensar en el libertarismo como un indicador de pureza liberal. Mayor rechazo al Estado no implica necesariamente ser más liberal, es simplemente ser más anti Estado o quizás más anarquista.

Posiblemente los tres economistas liberales con mayor reconocimiento del siglo XX sean Ludwig von Mises, Friedrich A. Hayek y Milton Friedman (Karl R. Popper y Robert Nozick en el área de la filosofía). Ninguno de los tres era anarco-capitalista, los tres fueron liberales clásicos que consideraban al Estado necesario, en términos de liberalismo clásico, para tener una economía libre y estable.

El liberalismo no es despreocupado de las necesidades sociales, busca justamente ayudar a los más necesitados.

El liberalismo no es una doctrina fría a la que no le importa la suerte de los más necesitados. Por el contrario, considera que una economía libre es el sistema económico con más posibilidades de reducir la pobreza. De hecho, la historia muestra que los grandes procesos de reducción de pobreza se dan a la par de mayores libertades económicas. Quien crea que al liberalismo no le importan los pobres o los necesitados puede darse una vuelta por los textos de autores como Mises, Hayek, Friedman, Adam Smith, etcétera.

Hoy día se habla menos de pobreza y más de desigualdad del ingreso. Esto se debe, justamente, a la fuerte reducción en pobreza que se ha observado en las últimas décadas. La distribución del ingreso es un problema distinto al de pobreza. Y como sugiere Angus Deaton, nobel en Economía por sus estudios en este tema, el problema no es la distribución del ingreso en sí sino qué tan justo es el proceso por el cual se distribuye el ingreso. Al buscar la igualdad ante la ley en lugar de beneficios sectoriales, el liberalismo desea un sistema social más justo.

Se encuentra arraigado en la opinión pública que las economías más libres poseen una peor distribución del ingreso. Este no es el caso. El porcentaje del ingreso nacional que recibe el 10% de la población con mayores ingresos es independiente del grado de libertad económica. La diferencia es que en países como la Argentina del kirchnerismo o la Venezuela bolivariana los ricos son aquellos que se benefician a través del Estado. Mientras que en países con economías libres, los ricos son aquellos que sirven al consumidor. Empresarios como Bill Gates, Jeff Bezos o Steve Jobs se encuentran en países con economías libres, no con economías reprimidas como la de Argentina.

El liberalismo no es partidario, es constitucional. Al liberalismo le preocupan las normas que deben gobernar a una sociedad, es decir, su Constitución. El liberalismo no es un movimiento o un partido político, es una concepción constitucional o fundacional. Consiste en pensar cómo limitar al rey o al Estado, indistintamente de quién sea el gobierno de turno. Pedir que el liberalismo “arme un partido y gane las elecciones” es simplemente confundir cómo se debe administrar al Estado (partidos políticos) con cuál debe ser el papel del Estado (liberalismo como filosofía política).

El liberalismo es fundamentalmente democrático y republicano. Sugerir que el liberalismo es pro dictadura porque algún funcionario supuestamente liberal se ha identificado como tal no hace sombra la constante oposición al autoritarismo del liberalismo. Por ejemplo, a diferencia de los mitos que rondan por sectores de izquierda, ni Friedman ni Hayek apoyaron ni contribuyeron con la dictadura chilena. Por el contrario, en ambos casos dejaron cuestionamientos inequívocos a la dictadura.

La época de oro de Argentina coincide con su época liberal. Argentina tiene la posibilidad de volver a discutir estas ideas y dar inicio a un cambio en serio y de fondo. Para ello es necesario discutir las ideas del liberalismo, en lugar de perderse en mitos y versiones caricaturescas.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Las importaciones no son un costo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 21/8/17 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2017/08/21/las-importaciones-no-son-un-costo/

 

El pasado 17 de agosto el presidente Macri anunció que se abriría la importación de carne de cerdo de Estados Unidos. Dado que este anuncio no vino con una contrapartida similar hacia exportaciones de argentina, algunos comentarios sobre el costo que esto implica para Argentina no se hicieron esperar. Las importaciones, sin embargo, no son un costo. Al menos no en el sentido utilizado en estos comentarios.

Las importaciones representan los bienes que consumimos pero no producimos. Estas importaciones se pagan exportando bienes. Dado que en el cómputo del PBI las exportaciones figuran sumando y las importaciones restando, se interpreta que las primeras hacen subir al PBI mientras que las segundas son un costo.

El PBI, sin embargo, busca medir el valor de lo producido domesticamente. Esto quiere decir que al gasto doméstico hay que aplicarle dos correcciones. Aquellos bienes que se produjeron pero no fueron consumidos domesticamente (exportaciones) y aquellos bienes que consumimos pero que no fueron producidos domesticamente (importaciones). Las exportaciones e importaciones no agregan a la producción domestica, más bien son una corrección algebraica al computo por gasto del PBI.

La situación no es distinta a la de un individuo. Salvo que este individuo desee vivir en autarquía va a necesitar exportar servicios laborales a su empleador para poder importar bienes de sus proveedores (supermercado, vestimenta, servicios, etc.) La situación de este individuo mejora cuando puede aumentar su consumo (importaciones) sin tener que trabajar más horas (exportaciones). Así como no le recomendaríamos a esta persona que aplique una política que le lleve a aumentar su trabajo por unidad de consumo, no le conviene a un país aplicar una política que le lleve a tener que exportar más bienes por unidad importada. La mentalidad de “sustitución de importaciones” no es otra cosa que forzar al país a funcionar de manera ineficiente; exportar más bienes por bien importado. Es el análogo a una política que nos lleva a trabajar más horas de las necesarias para consumir bienes y servicios. Las exportaciones son un costo en el sentido que es la cantidad de bienes que se deben producir para poder consumir bienes del exterior. Es el precio que se paga por importar. Lo ideal es bajar, no subir, este precio.

Permitir la importación de carne de cerdo aumenta las posibilidades de consumo de Argentina. Esto es una mejora, no un costo.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Argentina: obra pública y política fiscal

Por Gabriel Boragina Publicado  el 16/7/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/07/argentina-obra-publica-y-politica-fiscal.html

 

En declaraciones recientes, el presidente Macri ha expresado que “los impuestos nos están matando”.

Sin duda que la afirmación es acertada. Lo que es llamativo que sea un presidente desarrollista el que la formule. Repasemos la definición de desarrollismo según el diccionario de economía:

“desarrollismo. Término poco preciso que estuvo en boga en los años sesenta y que se refería a la ideología que postula como meta de la sociedad y de la acción estatal la obtención de un acelerado crecimiento económico. El desarrollismo latinoamericano hacía énfasis en la transformación de las economías atrasadas de la región, concentrando los esfuerzos en la creación de una base industrial y la superación de la condición de países exportadores de materias primas. En la mayoría de los casos este desarrollismo asumió como modelo de crecimiento la llamada sustitución de importaciones, la que se intentó lograr mediante un elevado nivel de proteccionismo. (V. DESARROLLO; PROTECCIONISMO; SUSTITUCIÓN DE IMPORTACIONES).”[1]

Si ninguna vacilación –al menos para mí- se trata esta de la política económica encarada por el gobierno de Cambiemos que, sin ser demasiado explicito en cuanto a precisiones ideológicas, se encamina en la dirección dada por la definición. Su distinción con el liberalismo –como ya lo indicáramos en ocasiones anteriores- consiste en que ese “acelerado crecimiento económico” se persigue a través de la acción estatal, en tanto que en el liberalismo el mismo objetivo se busca a través de la iniciativa y empresa privada.

También en forma coincidente con la definición que adoptamos, Cambiemos esta “concentrando los esfuerzos en la creación de una base industrial”. En este sentido, destaca la promoción de la industria de infraestructura emprendida. Veamos seguidamente que se entiende por tal en economía:

infraestructura. Término poco riguroso teóricamente que engloba los servicios considerados como esenciales para el desarrollo de una economía moderna: transportes, energía, comunicaciones, obras públicas, etc. La infraestructura de un país está constituida por todo el capital fijo, o capital público fijo, que permite el amplio intercambio de bienes y servicios así como la movilidad de los factores de producción. Se considera que la creación de infraestructura es básica en el proceso de desarrollo económico, pues en ausencia de ésta se limitan seriamente los incrementos en la productividad y no es posible, tampoco, atraer capitales. Muchos bienes de capital que integran la infraestructura son bienes públicos más o menos puros, como las carreteras, puentes y otras obras, en tanto que muchos otros son claramente privados. Ello ha llevado a una discusión con respecto al papel del Estado en la creación y desarrollo de una infraestructura adecuada: se entiende que éste puede hacerse cargo de construirla cuando no hay suficientes capitales privados para emprender determinados proyectos, y que puede proveer aquellos servicios y bienes que son públicos. Pero, en general, la experiencia histórica indica que, para el resto de los casos, resulta más eficiente la presencia de empresas privadas que compitan entre sí cuando ello es posible.”[2]

A nuestro juicio, no cabe incertidumbre en cuanto a que este es el espíritu que anima al gobierno de Cambiemos. Lo que resulta difícil conciliar, es la expresión del presidente Macri, señalada al principio, con el financiamiento de toda esa obra de infraestructura que se está realizando. Y ello, porque va de suyo que el gobierno solamente podrá costear estos emprendimientos mediante impuestos, esos mismos impuestos que el mismo gobierno estima elevados y asfixiantes. Si el Ejecutivo fuera sincero en su deseo de bajar la carga fiscal ¿cómo se sufragarán todos los proyectos de obra pública y habitacional que se están realizando más los que se han prometido para el futuro inmediato? Esto no aparece claramente explicado.

Por la teoría económica básica sabemos que los gobiernos carecen de recursos propios. Todos los fondos de los que disponen provienen indefectiblemente del sector privado, y en última instancia del contribuyente. De allí, es lógico derivar que, si los impuestos se reducen esto implicará infaliblemente menores recursos para destinar a la obra pública ya iniciada y la venidera. Cabria entonces pensar que el plan del gobierno podría consistir en una reducción de impuestos acompañada por un incremento de la deuda púbica, que reemplazaría en una proporción similar aquella reducción, y permitiría continuar con el plan de obras de infraestructura.

Si este fuera el propósito, surgirían a primera vista dos escollos inmediatos, uno de tipo político y otro económico.

Desde el punto de vista político, una reforma impositiva como la propuesta o sugerida por el poder ejecutivo, sólo podría ser legalmente materializada por el Congreso. Esto, porque así lo dispone la Constitución de la Nación Argentina (a tal respecto, véanse los incisos 1º y 2º del art. 75 de la Carta Magna, Capítulo IV, titulado “Atribuciones del Congreso”). En lo inmediato, parece bastante remota esta posibilidad, al menos durante el curso del presente año, dado que el oficialismo necesita de mayoría parlamentaria –que no tiene- como para aspirar a conseguir la aprobación de una reforma impositiva, que el mismo gobierno admite como necesaria y prioritaria. En el ínterin ¿qué podría hacer el Ejecutivo? Podría contraer deuda, pero aquí brota la segunda dificultad:

Desde lo económico, el obstáculo surge en cuanto se repara que todo incremento de deuda estatal significará que se están trasladando hacia el futuro los efectos financieros de la misma. Llegado el vencimiento del empréstito -o de los empréstitos que se contraen- habrá que cancelar el principal con más sus intereses, y para ello no habrá más remedio que subir impuestos, con lo cual cualquier rebaja que se haga hoy será transitoria, e implicará una nueva escalada en lo futuro.

Finalmente, el gobierno podría cubrir su proyecto desarrollista mediante inflación, mecanismo que siempre termina tentando a todos los poderes constituidos. No obstante, también figura entre las metas del oficialismo reducirla. En suma, es bastante difícil de explicar –hoy por hoy- cómo piensa Cambiemos llevar adelante su proyecto desarrollista.

[1] Carlos SABINO; Diccionario de Economía y Finanzas. Contiene léxico inglés-español y traducción de los términos al inglés. Consultores: Emeterio Gómez; Fernando Salas Falcón; Ramón V. Melinkoff. CEDICE. Editorial Panapo. Caracas. Venezuela. Voz respectiva.

[2] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. Voz pertinente.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

El verso de la brecha del ingreso

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 19/12/16 en: http://economiaparatodos.net/el-verso-de-la-brecha-del-ingreso/

 

No es casualidad que los países con menor seguridad jurídica, impuestos altos, gasto público elevado, regulaciones y estatismo, terminen generando condiciones de vida para el grueso de la población similares a la edad media

De acuerdo a los datos publicados por el INDEC la pobreza alcanza al 32,2% de los habitantes, dato que nuevamente se ha vuelto a publicar luego que el kirchnerismo escondiera la pobreza detrás del famoso argumento de Kicillof que era para no estigmatizar a los pobres. Aclaremos que el dato del INDEC está en línea con los datos que publica la UCA sobre pobreza, de manera que, si bien el ajuste parcial de algunos precios relativos que había dejado el kirchnerismo pudo haber aumentado un par de punto la pobreza heredada del kirchnerismo, es claro que 12 años de una economía cerrada, con sustitución de importaciones, estatizaciones, regulaciones de precio, control de cambios, aumento del gasto público, presión impositiva descomunal y planes sociales solo consiguieron aumentar la tasa de pobreza. El kirchnerismo es el ejemplo más categórico de lo letal que es el intervencionismo estatal, el estatismo y el estado benefactor para la calidad de vida de la población.

En este sentido, sería bueno que el macrismo reflexione y entienda que no es cuestión de administrar “bien” un sistema con incentivos perverso como el que dejó tantos pobres con el kirchnerismo. Tampoco tiene que concentrarse el gobierno en la distribución del ingreso. Hablar de la distribución del ingreso no tiene sentido, pero sí tiene sentido bajar la pobreza.

Respecto a la distribución del ingreso voy a dar un ejemplo de lo tramposo que puede ser el tema. Supongamos que en el momento 1 el sector que menos gana tiene un ingreso de 10.000 y el que más gana de 50.0000, la diferencia entre el que más gana y el que menos gana es de 5 veces.

Supongamos que vamos a una economía de mercado y el que, sin inflación, el que menos gana tiene un ingreso de 55.000 y el que más gana de 550.000. La diferencia entre ambos es de 10 veces. O sea, la distribución del ingreso empeoró respecto al momento 1 pero resulta que ahora el que menos gana multiplicó por 5,5 veces su ingreso respecto al que menos gana del momento 1 y encima gana más que el que más ganaba en el momento 1. ¿Cuál es, entonces, el problema que la distribución del ingreso haya “empeorado”? El problema no es la distribución del ingreso, que es en lo que se concentran los políticos populistas, sino el nivel de pobreza.

El problema es que los políticos, para conseguir más votos y retener el poder, apuestan siempre al corto plazo, esto es, suelen señalar como a los que más ganan como los responsables de la pobreza de los que menos ganan. Por eso hay que expoliarlos con impuestos. Hay que matar con impuestos a las empresas y a los que más ganan para redistribuir ese dinero entre los más pobres en nombre de la solidaridad social, la justicia social y todo lo que tenga como adjetivo social. Siempre queda bien para lucir sensible como político para conseguir más votos.

Ahora, ¿cuál es el resultado de este tipo de trampa política que se ocupa de perseguir a los que más ganan? Muy sencillo, al castigarse con mayor intensidad a los que invierten y son emprendedores se quitan los incentivos para invertir, generar más puestos de trabajo y mejorar la productividad, factores que permitirán aumentar el ingreso real de los que menos tienen. El progresismo y el populismo lo que logran es igualar hacia abajo. Que todos sean pobres en vez de que los más pobres sean cada vez más ricos y mejoren su calidad de vida.

Durante décadas Argentina ha tenido políticas de castigar impositivamente la inversión y perseguir a los innovadores obteniendo como resultado este 32% de pobreza. Porque, además, para poder incrementar la carga tributaria, el estado tiene que disponer cada vez de más poder arbitrario para expropiar impositivamente a la gente, creando inseguridad jurídica y espantando las inversiones.

Mucho bien le harían los políticos a los pobres si en vez de mirar a los ricos se miraran a sí mismos y se dieran cuenta que no es persiguiendo al innovador y al que invierte como se elimina la pobreza. Que el problema no es la distribución del ingreso, sino que el haber perseguido a las inversiones es lo que genera la pobreza.

No es casualidad que los países con menor seguridad jurídica, impuestos altos, gasto público elevado, regulaciones y estatismo, terminen generando condiciones de vida para el grueso de la población similares a la edad media, con gente sin agua potable, corriente eléctrica, ni cloacas, mala alimentación y sin un sistema de salud eficiente.

Vean la Venezuela chavista con su modelo socialista del siglo XXI. Ha sumergido al grueso de la población en la pobreza más aberrante. Los emprendedores y de mayor ingreso emigraron hace rato y la única gran diferencia en la distribución del ingreso es entre los jerarcas chavistas, que tienen todas las comodidades a punta de fusil (copiando el modelo de Fidel Castro) mientras el resto de la población revuelve la basura para encontrar comida y los saqueos están a la orden del día.

Con la historia de la distribución del ingreso, lo que se ha conseguido no es sacar a los pobres de la pobreza, sino bajar a la condición de pobres a la clase media, dejar a los pobres en la pobreza, hacer que los emprendedores emigren y ampliar la brecha entre los más ricos y los más pobres, pero con la característica que los más ricos pasaron a ser los dirigentes políticos que decían que iban a reducir la brecha entre ricos y pobres. En síntesis, el negocio de los políticos ha sido el hablar de la brecha entre ricos y pobres. La dirigencia política ha sido la gran ganadora del verso de la brecha entre ricos y pobres.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

1945: el desaprovechamiento de un contexto económico favorable

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 17/10/16 en: http://www.infobae.com/opinion/2016/10/17/1945-el-desaprovechamiento-de-un-contexto-economico-favorable/

 

Es curioso cómo el peronismo suele hacer alarde de democracia, cuando su fundador, el entonces coronel Juan Domingo Perón, fue un activo miembro del golpe de Estado fascista de 1943 que iba a derrocar al Gobierno de Ramón Castillo. Ya Perón había participado del golpe fascista de 1930 y, por lo tanto, era un golpista fogueado.

Perón utilizó el golpe militar para acumular poder. Recordemos que llegó a ser vicepresidente de facto, ministro de Guerra y secretario de Trabajo, puesto desde el que fue acumulando el apoyo de los sectores de ingresos más bajos con la legislación laboral que fue promulgando.

El 17 de octubre de 1945 ocurrió luego del fin de la Segunda Guerra Mundial. Alemania se rindió el 7 de mayo de 1945 y Japón lo haría el 15 de agosto del mismo año. Durante la Segunda Guerra Mundial, contienda en la que Argentina no participó, ya que le declaró la guerra al Eje el 25 de marzo de 1945, menos de un mes y medio antes de que Alemania se rindiera.

El hecho de no haber participado de la guerra le permitió a la Argentina acumular créditos a cobrar por las exportaciones de alimentos a los países beligerantes, un saldo de balance comercial positivo con el resto del mundo, situación que continuará aun luego de terminada la guerra, y el incremento de las reservas de oro. Ese stock de reservas de oro y el flujo positivo de comercio exterior posibilitó que Perón financiara su política populista cuando llegó al poder, en 1946. Recordemos que las elecciones se llevaron a cabo en febrero de 1946 y, un par de meses antes, en diciembre, Perón impulsó el aguinaldo y las vacaciones pagas. Eso le aseguró, en febrero, un importante caudal de votos y alzarse con la presidencia.

Ahora bien, durante la guerra, además de acumular un flujo positivo de comercio exterior con crecientes reservas en el Banco Central, también continuó un precario proceso forzado de sustitución de importaciones para desarrollar un sector industrial. Lo que no podía importarse por la guerra se producía internamente. En rigor, ese proceso de sustitución de importaciones ya había comenzado en la década del treinta con el gobierno fascista de facto.

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6 de Septiembre de 1930. El Capitán Perón, junto al Gral. Uriburu

Pero si retrocedemos algo más en el tiempo, se puede ver que las políticas intervencionistas, de gasto público y proteccionismo comenzaron con la crisis del treinta. Por ejemplo, en 1929, Hipólito Yrigoyen declaró la inconvertibilidad del peso y cerró la Caja de Conversión. En 1931, con el gobierno de facto ya establecido desde 1930, se creó la Comisión de Cambios, cuyo objetivo era otorgar dólares a aquellos que importaran bienes que fueran prioritarios para el desarrollo de la economía local. El resto de las importaciones que no entraban en esa categoría se canalizaban con un dólar más caro (un cepo cambiario temprano). También en 1930 se estableció un aumento generalizado de los derechos de importación. En 1933, se creó la Junta Nacional de Granos y Elevadores, por la que el Gobierno comercializaba y garantizaba un precio mínimo a los productores de granos ante la caída de los precios internacionales. En 1935, se instaló el Banco Central. Con el cierre de la economía, comenzó un proceso proteccionismo para el sector industrial.

Este proteccionismo hizo que muchas empresas norteamericanas, que hasta ese momento exportaban a la Argentina sus productos, optaran por instalarse en nuestro país para eludir la barrera proteccionista.

Entre 1930 y 1939 se produjo un crecimiento importante de la actividad industrial, lo que trajo aparejado un proceso de urbanización, sobre todo concentrado en Buenos Aires, Córdoba y Rosario, dato no menor, porque se crearía una nueva “clase social”, con una importancia política destacada en la década del cuarenta, con la llegada de Perón al poder.

Pero, terminada la crisis del treinta y la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países abandonó las políticas de más gasto público, proteccionismo y controles. Por ejemplo, poco antes de finalizar la guerra, se hizo el acuerdo de Bretton Woods, que apoyaba políticas de gasto público moderadas. En 1947, se creó el General Agreement on Trade and Tariffs (GATT), con el objetivo principal de reactivar el comercio mundial. Así, a partir de 1950, la economía mundial experimentó un fuerte crecimiento, con mucha exportación de bienes de capital, en vez de bienes de consumo. También hay un fuerte desarrollo de la tecnología producto de los conocimientos que se habían incrementado durante el conflicto bélico para la fabricación de elementos para la guerra.

Podría afirmarse que, además de la habilidad política para fragotear y moverse políticamente, Perón contó con la suerte de un contexto internacional favorable y la herencia de reservas que le permitieron financiar sus políticas populistas. Es decir, heredó stock de riqueza (oro y créditos a cobrar por exportaciones durante la guerra) y flujo (crecientes exportaciones durante y luego de la guerra para alimentar al mundo). Salvando las distancias, algo parecido a lo que recibieron los Kirchner: stock de riqueza y flujo por buenos precios internacionales para financiar su populismo. Sumado a eso, por causas fortuitas, se creó una nueva clase social que fue a trabajar a los centros urbanos y constituyó el sostén político de Perón para llegar al poder. Esta nueva clase social urbana y el apoyo del jefe de la policía permitieron que el 17 de octubre se transformara en un acto político importante.

El dato relevante es que luego de la crisis del treinta y de la guerra, la mayoría de los países abandonó el proteccionismo, las políticas expansivas del gasto público y la maraña de regulaciones que, por ejemplo, había establecido el New Deal de Franklin Roosevelt. En cambio, Perón las adoptó y profundizó como políticas de largo plazo. El proteccionismo, las regulaciones, los controles y el estatismo fueron, a contramano de lo que ocurría en el mundo, el corazón de su política económica. Curiosamente, Perón desperdició una oportunidad, con el fin de la guerra, para integrar la economía argentina al mundo, al igual que el kirchnerismo. Los stocks y los flujos positivos los usaron para financiar el populismo.

En síntesis, el 17 de octubre de 1945 se da en un contexto internacional muy favorable a la Argentina, con una economía que ya en el golpe de 1930 había abandonado los principios alberdianos de nuestra Constitución nacional. La libertad económica fue reemplazada por el intervencionismo, el estatismo y el proteccionismo. Esto creó una nueva clase social que Perón supo conquistar con una legislación demagógica. Aclaremos que la mayoría de los sindicatos tenía tendencia de izquierda, con lo que las políticas fascistas de Perón para atraer a los dirigentes sindicales le permitieron neutralizar a los elementos de izquierda. El sindicalismo se volcó al fascismo como “medicina” para frenar al sindicalismo de izquierda, y todo eso fue financiado gracias al contexto económico favorable del fin de la guerra.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Populismo, desarrollismo y “Cambiemos”

Por Gabriel Boragina. Publicado el 6/7/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/07/populismo-desarrollismo-y-cambiemos.html

 

No dejan de sorprenderme muchos liberales que se sorprenden (y no es un juego de palabras) de la política económica seguida por el presidente Macri. Como si fuera una novedad que Macri no es liberal. Resulta claro que ni lo fue ni lo es. Y si bien, verbalmente nunca fue demasiado claro ni especifico respecto de sus ideas económicas, siempre lo resultaron sus políticas como Jefe de gobierno porteño. El presidente es un desarrollista, al estilo del expresidente Frondizi.

Veamos la definición de desarrollismo según el diccionario de economía:

“desarrollismo. Término poco preciso que estuvo en boga en los años sesenta y que se refería a la ideología que postula como meta de la sociedad y de la acción estatal la obtención de un acelerado crecimiento económico. El desarrollismo latinoamericano hacía énfasis en la transformación de las economías atrasadas de la región, concentrando los esfuerzos en la creación de una base industrial y la superación de la condición de países exportadores de materias primas. En la mayoría de los casos este desarrollismo asumió como modelo de crecimiento la llamada sustitución de importaciones, la que se intentó lograr mediante un elevado nivel de proteccionismo. (V. DESARROLLO; PROTECCIONISMO; SUSTITUCION DE IMPORTACIONES).”[1]

Va de suyo que el desarrollismo tiene pocos puntos de contacto con el liberalismo, o lo que algunos llaman las “políticas de libre mercado”. De tal suerte que, quienes desde el liberalismo se ilusionaron (o lo siguen haciendo) con un Macri “liberal” deberían ir moderando sus expectativas (el tiempo dirá si habrán de abandonar por completo tales esperanzas).

Pero ¿entonces el desarrollismo no es más que una variante del populismo? ¿No hay, en rigor, ningún verdadero “cambio” entre el populismo anterior y el desarrollismo actual?

Obviamente que ni el populismo ni el desarrollismo pueden llevarse a cabo sin recursos. Pero lo que diferencia al populismo del desarrollismo es -en un menor grado- el cómo sufragar sus respectivos proyectos y -en un grado mucho mayor- los destinos que les dan a los dineros recaudados.

En el populismo, la fuente primaria -y a veces casi exclusiva de financiamiento- proviene de altos impuestos que permitan sostener un elevado gasto público. Cuando, por cualquier motivo, ya no es posible recaudar más tributos se suele echar mano a la emisión monetaria. El desarrollismo frecuenta dar prioridad al costeo vía inversiones nacionales y/o extranjeras, sean estas privadas o estatales, y solo en un segundo plano se recurre a la política fiscal, aunque es verdad que en la práctica acostumbran ir parejas.  Y solamente en una tercera instancia apela a la inflación.

Otra diferencia que encuentro entre el populismo y el desarrollismo son los diferentes caminos del gasto estatal. En tanto, en el populismo el fin del gasto público esta preferentemente orientado hacia el financiamiento del clientelismo político a través de programas de subsidios directos e indirectos (con el claro objetivo de crear una dependencia electoral constriñendo al subvencionado a votar al líder populista) en el desarrollismo, la dirección de los fondos se remite, más bien, hacia obras de infraestructura, obra pública en general, o lo que se mal denomina “inversiones estratégicas”. Al tiempo que, la política de subvenciones (que, por cierto, no se deja de lado) se dirige preponderantemente hacia el sector empresarial. El eslogan predilecto es el de la creación de una “fuerte y poderosa industria nacional” que se encuentre en condiciones de competir con la foránea.

Para sintetizar, podríamos decir que, en tanto el objetivo del populismo se centra en el consumo, el del desarrollismo lo hace más en la inversión. Lo que ambos tienen en común es que ponen énfasis el primero en el consumo “público” y el segundo en la inversión “pública” (donde el vocablo “público” ha de traducirse por el más exacto de “estatal”, y descuidan -o desdeñan directamente- tanto el consumo privado como la inversión privada. Aquí debemos tener en cuenta que, desde nuestra propia perspectiva liberal, la inversión siempre es privada. No hay tal cosa como “inversión pública”, ya que lo que el estado dice “invertir”, en realidad son fondos previamente extraídos al sector privado vía impuestos u otros mecanismos expoliatorios usuales (inflación, controles de precios, cupos, etc.). En este sentido, tanto el populismo como el desarrollismo a lo que impropiamente denominan “inversión pública”, lo definimos -desde el liberalismo- como puro y simple gasto estatal.

De lado de las disimilitudes, podemos anotar que, el populismo es más estatista que el desarrollismo y menos permeable a las inversiones extranjeras, por lo que también es más nacionalista que este último. Dado que el desarrollismo apunta al crecimiento económico, prioritariamente en infraestructura industrial, ello hace que, en su etapa inicial, se abra a la inversión extranjera.

Por supuesto que, hay más puntos de contacto y otras diferencias entre ambos sistemas, pero lo importante a tener en cuenta en este momento es que no coincidimos con aquellos que creen que Macri es o está haciendo una política “liberal”. Mucho menos que las disposiciones económicas que toma merezcan esta calificación. El gobierno de Cambiemos es claramente intervencionista, y la injerencia que defiende en la economía es de tipo desarrollista. Por lo que, en lo personal, no me llaman la atención las medidas que viene adoptando. Y tampoco me cabe duda alguna que, si bien el desarrollismo puede apadrinar -cada tanto- alguna pauta liberal, no está en su esencia ni en sus miras abrazar al liberalismo como sistema económico.

Pero esto tampoco resulta novedoso. El gran pensador y profesor austriaco L. v. Mises ya decía -allá por 1927- que hablar de un “gobierno liberal” es una contradicción en términos.

En suma, al menos para mí, tengo en claro que la propuesta de Cambiemos no fue la de cambiar populismo por liberalismo. Nada de eso. Sino que el cambio propuesto fue el de populismo por desarrollismo (por más que Cambiemos no utilice este término). Y también creo que el votante mayoritario de Macri tenía en claro esto último. Por eso que, entiendo que se equivocan los que dicen que Cambiemos “traicionó” a sus electores. En absoluto. El votante de Macri quería precisamente esto que Macri está llevando a cabo. Por eso me sigue resultando extraño el “asombro” que demuestran ciertos liberales ante los pasos económicos que viene realizando el gobierno.

[1] Carlos SABINO; Diccionario de Economía y Finanzas. Contiene léxico inglés-español y traducción de los términos al inglés. Consultores: Emeterio Gómez; Fernando Salas Falcón; Ramón V. Melinkoff. CEDICE. Editorial Panapo. Caracas. Venezuela. Voz respectiva.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.