Prólogo a “Las tribus liberales”.

Este es el prólogo, escrito por Carlos Rodriguez Braun, al libro: «Las Tribus Liberales» de María Blanco. Fué publicado en. http://www.carlosrodriguezbraun.com/uncategorized/prologo-a-las-tribus-liberales/

 

A propósito de las absurdas reivindicaciones de quienes pretenden monopolizar las esencias, mi buen amigo, el economista e historiador asturiano Manuel Jesús González –discípulo de Pedro Schwartz, como María Blanco y quien esto escribe– solía relatar un delicioso cuento sobre la confusión que se produce cuando, tras la muerte inesperada de un individuo, sus familiares se precipitan a solicitar los servicios de un sacerdote para que rece un responso en casa del difunto.

Con las prisas, resulta que se lo piden a dos religiosos y finalmente acuden ambos, que no se conocen personalmente y ninguno de ellos sabe que no es el único oficiante presente en el domicilio. Tiene lugar entonces la siguiente fantástica escena. Se levanta uno de los curas y proclama:

–Yo soy la Resurrección y la Vida.

Ni lerdo ni perezoso, se incorpora el otro y subraya:

Yo soy la Resurrección y la Vida.

Pues bien, a veces sucede entre los liberales, igual que entre los partidarios de cualquier otro sistema de ideas, que se entablen agrios debates cuyo objetivo no es desentrañar la verdad o refutar el error sino discernir la pureza de sangre y dictaminar si tal persona o grupo es más o menos liberal que otro. El apego a las etiquetas es una majadería en cualquier caso, pero padece tintes particularmente ridículos en el de los liberales, cuyas diferentes “tribus” compensan con gran entusiasmo el escaso respaldo de que gozan numerosas de nuestras teorías y recomendaciones en la política, la Universidad, la cultura, los empresarios, los sindicatos, y el público en general.

María Blanco, profesora en la Universidad San Pablo CEU, se aleja prudentemente de estas disputas provincianas, con frecuencia mezquinas y siempre absurdas, como las del desopilante Frente Popular de Judea en la película La vida de Brian, que retrata con certeza la estéril división entre militantes de diferentes facciones hebreas que dedican la mayor parte de sus energías a combatirse entre sí, en vez de oponerse a un Imperio Romano, al que, en el fondo, no saben muy bien por qué rechazan.

El objetivo de la doctora Blanco no es expedir carnés sino contar, con la cercanía de un texto que tiene bastante de autobiografía, quiénes son los liberales, qué piensan, qué aconsejan y por qué. Su destreza como historiadora del pensamiento económico queda patente cuando apunta los grandes trazos de las diversas ramas del liberalismo, que tiene, por cierto, un distinguido antecedente en España con los llamados escolásticos tardíos de la Escuela de Salamanca.

Pero la autora no es sólo una profesora y una estudiosa sino que también se mueve con solvencia en el ámbito de los medios de comunicación y de la divulgación de las ideas, y esto se nota en su estilo ágil y grato, que hace que este libro pueda ser leído con entretenimiento además de con provecho de un tirón.

La combinación de ambas habilidades explica que en apenas un centenar de páginas pueda abordar de manera razonable y ajustada el grueso de los principales temas del liberalismo, y sus principales protagonistas e instituciones. No puede entrar, lógicamente, en muchas profundidades, pero el retrato general está más que aceptablemente completo.

Algunos aspectos me han gustado especialmente, como su análisis del liberalismo desde el punto de vista femenino, y sus reflexiones sobre el poderoso  atractivo del socialismo y sobre por qué los liberales somos habitualmente objeto de tanto recelo.  Es de aplaudir también que no le eche la culpa de tamaño desapego a los demás sino a nosotros mismos, y que no rehúya asuntos delicados como el aborto o las drogas.

María Blanco plantea muchas y perceptivas preguntas. No tiene, ni pretende tener, todas las respuestas. Más aún, a menudo, como les sucede a los testigos de “En el bosque”, el célebre relato de Akutagawa, las respuestas que sí tiene no coinciden. Pero ya advirtió sabiamente  Ortega que una cosa son las personas de una escuela y otra cosa es un grupo de gramófonos.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

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