Capitalismo, socialismo e igualdad

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 4/11/19 en: https://www.libremercado.com/2019-11-04/carlos-rodriguez-braun-capitalismo-socialismo-e-igualdad-89158/

 

Si el capitalismo genera desigualdad, ¿qué diríamos del anticapitalismo?

Leí hace ya tiempo en El Mundo unas interesantes declaraciones de la entonces alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, que afirmó:

El sistema capitalista genera desigualdad (…) Pero yo tengo confianza en la historia. Desde que en la Revolución Francesa se explicita la vocación de igualdad de los seres humanos, se han ido logrando cosas.

¿El capitalismo genera desigualdad? Confío en que cuando doña Carmena ejercía de jueza analizara los datos mejor. En las últimas décadas la desigualdad en el mundo se ha reducido, debido a que cientos de millones de personas han dejado atrás la pobreza extrema, especialmente en Asia y África. Esto lo reconocen los economistas de izquierdas, como Piketty, que por eso han cambiado el discurso y ahora se concentran en la desigualdad dentro de los países desarrollados, como si el internacionalismo proletario no fuera ya una bandera progresista.

Hablando de consignas de la izquierda, una seña de identidad del socialismo es la apropiación de la historia. De hecho, el mismo Karl Marx presumió de haber descubierto sus leyes, nada menos –una de las muchas cosas que debo a mi maestro Pedro Schwartz es que me aconsejara leer La miseria del historicismo de Karl Popper hace ya más de cuarenta años.

Cuando Manuela Carmena alude a la historia pensé en esa “fatal arrogancia” de la izquierda, y me fijé en otra de sus características, quizá la más sobresaliente desde la caída del Muro de Berlín. Cuando las personas de izquierdas hablan ahora del capitalismo, han dejado de considerar cuáles son sus alternativas. Por buenas razones, claro. Porque si el capitalismo genera desigualdad, ¿qué diríamos del anticapitalismo?

Por fin, me resultó revelador eso de indicar que la vocación igualitaria de la humanidad se explicitó en la Revolución Francesa, como si no hubiera habido ideas igualitarias explicitadas antes. Y como si el comunismo, el logro más siniestro y criminal del socialismo, no fuera una derivación de esa Revolución, cuya brutalidad es a menudo ignorada. Como la del socialismo real.

Lo cierto es que la admiración de los comunistas por la Francia revolucionaria era tal que, durante mucho tiempo, incluso después de compuesta La Internacional, los mítines del Partido Comunista concluían al son de La Marsellesa.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Llanto por Anthony de Jasay

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 12/2/19 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/llanto-por-anthony-de-jasay/

 

Ha muerto Anthony de Jasay (1925-2019), posiblemente el más importante pensador liberal de nuestro tiempo. Como tantas otras cosas buenas, debo el haberle conocido a mi amigo y maestro Pedro Schwartz. Hace treinta años puso en mis manos su primer libro, The State, y me dijo simplemente: “Tienes que leer esto”.

Quedé impresionado por el libro, que tiempo después contribuí a traducir. En estas tres décadas tuve el honor de conocer a De Jasay, y el placer de estudiar y divulgar su notable obra, en particular en este rincón de EXPANSIÓN —por ejemplo: https://bit.ly/2Bqf0kf , https://bit.ly/2URKMOD , https://bit.ly/2StWbGN.

Fue original en sus ideas y en su propia vida: tras estudiar agronomía y trabajar como periodista, debió huir del comunismo en su Hungría natal, y recaló en Australia y luego en Oxford. Cuando todo sugería que iba a emprender una carrera académica, marchó a París y se dedicó durante un par de décadas a la banca de inversión. En 1979 se retiró a Normandía, a pensar y a escribir. En 1985 apareció The State, el único de sus libros que tendría una versión española, en Alianza.

El volumen atrajo la atención del premio Nobel de Economía James Buchanan, que lo saludó con entusiasmo, y también con amplitud de miras, porque la tesis de De Jasay es menos optimista que la “Economía Constitucional” de Buchanan.

De Jasay aplicó al poder político la lógica más rigurosa, que lo llevó a criticar desde el liberalismo a luminarias como Popper y Hayek. Su enfoque está resumido en la primera línea de El Estado: “¿Usted qué haría si usted fuera el Estado?”. En línea con la escuela de la Elección Pública, nos invita a dejar atrás el velo de la inocencia a propósito de la política, pero va más allá de Buchanan. La dinámica del Estado lo lleva a crecer, y a remover cualquier obstáculo que obstaculice su crecimiento. Esto es lo que haría usted si Estado fuera usted.

Las constituciones en realidad jamás han frenado el crecimiento del Estado —y las más recientes, como la nuestra de 1978, de hecho lo han animado. Un viejo ejemplo es el impuesto sobre la renta, establecido en Estados Unidos a comienzos del siglo XX; cuando se descubrió que dicho gravamen era anti-constitucional, lo que se hizo fue…una enmienda (la número XVI), y así siguió el income tax tan campante, hasta hoy.

En la página web del Liberty Fund se pueden encontrar varios libros y los artículos que Anthony de Jasay escribió para esa señera institución liberal, y que muestran la profundidad de sus análisis.

Tenía admiradores en España, y muchos nos juntamos hace diez años en Madrid, para homenajearlo cuando recibió el Premio Juan de Mariana a una trayectoria ejemplar en defensa de la libertad.

Descanse en paz.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Schiller liberal

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 7/11/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/schiller-liberal/

 

Johann Christoph Friedrich von Schiller (1759-1805), el célebre dramaturgo alemán, fue saludado por grandes liberales. Dice Hayek en Los fundamentos de la libertad que Schiller “probablemente hizo tanto como el que más para divulgar en Alemania las ideas liberales”. Y Mises, refiriéndose a Don Carlos, de 1787, apunta: “Schiller habla con la voz del liberalismo cuando hace que el marqués de Posa implore al rey por la libertad de pensamiento”. Es verdad que Rothbard lo critica en el primer volumen de Historia del pensamiento económico por haber sido mentor de Hegel, saludado por Carlyle, y amigo de la unidad nacional y no del individualismo, pero Emil Ludwig, en Cómo tratar a los alemanes, lo llama “el poeta de la libertad”.

Posiblemente la explicación de la contradicción estribe en las confusiones del romanticismo que desorientaron a Stuart Mill o a Guillermo Humboldt, con lo cual, como anota Pedro Schwartz en En busca de Montesquieu, “nos hemos extraviado en el universo romántico, en sus dos elementos, la autonomía kantiana de la voluntad y la espontaneidad naturalista de Rousseau”; el paso siguiente es la tragedia de los personajes de Goethe o Schiller, donde “el héroe aparece como un hombre libre, un individuo de moralidad superior, que se enfrenta con la oposición impenetrable de la sociedad que le rodea y que muere incomprendido por los filisteos con los que vive”.

Como muchos otros, Schiller pasó del entusiasmo con la Revolución Francesa al horror ante su desenlace, y a la búsqueda de los ideales liberales a través de la belleza y las nobles pasiones, y del recelo ante el racionalismo.

De ese recelo brota el respeto a la religión, y su distinción y primacía frente al poder político. Advierte la protagonista en María Estuardo: “Mi buen pueblo me ama demasiado. Las manifestaciones de su júbilo no conocen medida, y rayan en idolatría: así se honra a los dioses, no a los mortales”.

También está la libertad asociada con la religión, como en Guillermo Tell: “Dios nos dio la fortaleza de la libertad”. Esa libertad tiene consecuencias beneficiosas para la economía. Se invita en Don Carlos a admirar la “gloriosa faz de la naturaleza…enriquecida y próspera gracias a la libertad”, aunque este regalo de Dios tiene la contrapartida de la responsabilidad, y en su ausencia “permite que los temibles estragos del mal/arruinen Sus bellos dominios”.

Otro aspecto notable de Schiller es su nacionalismo, típicamente romántico, y cuyas facetas antiliberales son incuestionables. Pero también tiene otras, como lo prueban estas líneas que pronuncia Walter Fürst en Guillermo Tell. “Queremos sustraernos a la odiosa dominación y conservar íntegros los derechos que nos legaron nuestros padres, mas no ambicionar otros nuevos”. Si esto no es liberalismo…

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Luis Reig Albiol

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 9/6/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/luis-reig-albiol/

 

El Gobierno de Pedro Sánchez está lleno de antiliberales, posiblemente más que el de Mariano Rajoy. Y para colmo de males acaba de morir Luis Reig Albiol, ilustre ingeniero y empresario valenciano, que integró el selecto grupo de pioneros que defendieron nuestras ideas cuando eran bastante menos populares que ahora.

Jesús Huerta de Soto comentó: “Siempre fue un hombre bueno y un gran liberal. Todos,  y yo especialmente, le debemos mucho”. Estas palabras resumen bien la labor de Luis Reig.

Por un lado, impulsó la publicación en castellano de obras de los principales economistas de la Escuela Austriaca, gracias a Unión Editorial, la principal editorial liberal en lengua española, que fundó con Joaquín, su hermano, muerto en 1987, y Juan Marcos de la Fuente, que falleció el año pasado. Joaquín Reig tradujo La acción humana, de Ludwig von Mises, y Luis hizo lo propio con Derecho, legislación y libertad de Friedrich von Hayek.

Además, Luis desarrolló otra tarea de importancia: congregó a los liberales en su casa, en un seminario al que acudieron personas que tuvieron impacto en el desarrollo del liberalismo en España. Por nombrar a tres de distintas generaciones, puedo citar a Lucas Beltrán, a Pedro Schwartz y, precisamente, a Jesús Huerta de Soto, hoy catedrático de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos y principal difusor español de las ideas económicas liberales austriacas. No solo ha creado un puñado de destacados discípulos en el mundo académico, sino que algunos de estos discípulos han dado el salto a la divulgación sin complejos de nuestras ideas, como sucede con Gabriel Calzada, Juan Ramón Rallo y otros.

Este año celebraremos en Canarias la primera reunión general en España de la Sociedad Mont Pèlerin, fundada por Hayek en 1947 y de la que formaron parte los hermanos Reig. Allí nos juntaremos los liberales y recordaremos a Luis, que fue primer premio Juan de Mariana a “una trayectoria ejemplar en defensa de la libertad”.

Alguien dirá que Luis murió de tristeza por la perdurabilidad del antiliberalismo entre los políticos españoles, tanto en el PP como en el PSOE, como en los demás partidos de nuestro país. Pero es falso. Era un optimista pero también realista, e hizo una gran labor allí donde ha de extenderse primero la simpatía por el liberalismo: en las ideas y la sociedad civil.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Los delirios nazis de la diputada Carrió. Y su escaso respeto por la constitución nacional.

Por Guillermo Luis Covernton.

 

Las poco felices declaraciones recientes de la diputada Elisa Carrió, en un programa televisivo, conminando a los empresarios que producen mercaderías agrícolas que se exportan, a liquidarlas en el mercado interno, han provocado rechazo e indignación. https://twitter.com/elisacarrio/status/994752564775317509

Especialmente en aquellas personas que, en momentos tan graves para el país, han respaldado claramente el camino elegido por este gobierno, que gobierna legítimamente, luego de ganar 2 elecciones.

La diputada Carrió pretende hacer creer a la ciudadanía que los empresarios del agro, por el mero hecho de mantener su capital de trabajo en forma de las mercaderías  que ellos mismos producen, tiene algún tipo de “obligación”, que en caso de no ser cumplida estaría implicando una “falta de apoyo al gobierno” o una “falta de solidaridad para con sus conciudadanos.”

Pongamos las cosas en perspectiva. En primer lugar, no puede ignorarse que la mayor parte de la producción agropecuaria de esta campaña de cosecha gruesa se encuentra en planta. Es decir que no ha sido aún cosechada y sigue expuesta a las inclemencias del tiempo que amenazan con producir gravísimas pérdidas. Acusar entonces a estos empresarios de estar confabulando contra el gobierno no solo es falso, dada la imposibilidad que tienen de actuar de otro modo, sino que además, es un acto de presión injustificable y denigrante de su investidura de legisladora. Pero eso es irrelevante a los efectos del debate filosófico, que es lo que importa.

La principal obligación del estado es proteger la vida, la libertad y la propiedad de los ciudadanos. Porque esta última es la que les garantiza la defensa de las dos anteriores.

La constitución nacional, en su artículo 17 garantiza la integridad de este último derecho humano esencial:

“La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública, debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el artículo 4. Ningún servicio personal es exigible, sino en virtud de ley o de sentencia fundada en ley. Todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra, invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley. La confiscación de bienes queda borrada para siempre del Código Penal argentino. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones, ni exigir auxilios de ninguna especie.”
http://leyes-ar.com/constitucion_nacional/17.htm

Los productores agropecuarios tienen el derecho, amparado por el ordenamiento constitucional, de comprar, vender, canjear o disponer de su propiedad como lo consideren más adecuado a la prosperidad de sus negocios. De hecho, deberían poder cobrar sus exportaciones en divisas y poder depositarlas en instituciones bancarias que no deberían poder cambiarlas a moneda doméstica y prestarlas, porque las normas de Basilea II condenan y prohíben lo que se conoce como el arbitraje de riesgos. Es decir, tomar dólares a una tasa de interés internacional y luego pasarlos a pesos y prestarlos a tasas de interés domésticas, más altas. Precisamente porque, en caso de devaluación, no podrían cubrir las pérdidas.

https://www.ucema.edu.ar/revista-ucema/nro35/comite-de-basilea

La pretensión de la diputada de obligar a los empresarios a exponer su patrimonio a un riesgo devaluatorio que está tan cantado y resulta tan evidente, es insostenible. Y se evidencia si miramos las tasas de interés reales que devengan hoy las letras del gobierno. Asimismo, que la diferencia generada por ese negocio ruinoso pase ilegítimamente a ingresar al patrimonio del fisco resulta una confiscación tan clara, que no merece ni siquiera explicarse.

https://www.cronista.com/finanzasmercados/La-tasa-de-Lebac-supero-el-100-por-expectativas-en-la-renovacion-del-martes-20180511-0078.html

Lo interesante es analizar porque un legislador puede cometer semejante atropello contra la propiedad y cuestionar la función empresarial y no ha sido inmediatamente repudiado por la sociedad en su conjunto.

La aspiración de que, todas las operaciones de exportación que generan ingresos de divisas, estén obligadas en plazos y montos a ser liquidadas a precios administrados por el Banco Central se apoya en una serie de normas regulatorias de tercera y cuarta categoría, que se inspiran en el nazismo. Y que deben ser derogadas para brindar la seguridad jurídica que permita la necesaria inversión, que este gobierno dice respaldar.

En 2014 tuvimos el privilegio de recibir en Argentina al gran economista español Pedro Schwartz, quien presidía la Sociedad Mont Pelerin de economistas. En su disertación brindada en la Universidad Católica Argentina, destacó que el control de cambios, así como se lo conoce actualmente, fue diseñado e implementado por Hitler, para poder así confiscar el patrimonio de los empresarios a su antojo.

https://twitter.com/Willy_Covernton/status/534456761449975808?ref_src=twsrc%5Etfw&ref_url=https%3A%2F%2Fes.panampost.com%2Fbelen-marty%2F2014%2F11%2F20%2Fescuela-austriaca-de-economia-ofrecio-soluciones-a-crisis-argentina%2F&tfw_creator=belenmarty&tfw_site=PanAmPost_es

Afortunadamente la ciudadanía en su conjunto ha rechazado masivamente en las urnas, a todos los proyectos hegemónicos y autoritarios que han pretendido avasallar a la libre empresa. La alianza que integra la desafortunada diputada fue elegida para terminar con esas pretensiones inconstitucionales. Ahora deberá honrar ese compromiso, bajo pena de perder su banca.

Y finalizo con una nota de color. La legisladora pretende poner en deuda al sector productor, alegando que su gobierno apoyó al agro reduciendo las retenciones a las exportaciones. Y olvida, patéticamente, que las retenciones a la soja todavía no han sido eliminadas, como se había prometido repetidamente durante la campaña electoral de la alianza. Y el grado en que han sido reducidas es ínfimo. El gobierno continúa confiscando casi un tercio de la facturación bruta, (antes de deducir los gastos), a este esforzado grupo de empresarios que son de los muy pocos que han desarrollado tanta competitividad internacional, que aun así logran mantenerse en el negocio. No sabemos por cuanto tiempo.

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular Ordinario de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

Algo sucede con los austríacos

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 17/4/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/algo-sucede-los-austriacos/

 

La Escuela Austriaca de Economía ha tenido una curiosa historia, y la profesión le brindó sucesivamente admiración, olvido, desprecio e irritación.

Al principio fueron ampliamente reconocidos. Carl Menger fue un co-protagonista de la Revolución Marginal, junto a Walras y Jevons; Böhm Bawerk fue un economista muy apreciado por su teoría del capital; y Hayek fue invitado a explicar su teoría del ciclo en la London School of Economics, y nombrado después profesor allí (https://bit.ly/2GtD0Ul).

Cuando se plantean los primeros debates académicos sobre el socialismo, en los años 1920 y 1930, eran los austriacos los considerados críticos de mayor fuste. Hayek me contó que en 1946, cuando Keynes murió, le había comentado a su mujer: “Ahora que Maynard no está, el economista más importante del mundo soy yo” (https://bit.ly/2uDuXTe). No era absurda esa declaración de Hayek. Lo que fue es completamente equivocada.

En pocos años la escuela, que había huido de Austria con la invasión nazi, fue laminada por la macroeconomía keynesiana, la microeconomía neoclásica y la contrastación econométrica. Nada de eso encajaba con la teoría de los sucesores de Menger, economistas subjetivos, no empiristas, y liberales. Profesores de primera fila, como Mises, languidecieron académicamente. Y cuando Hayek quiso hacer carrera en Estados Unidos, no fue al Departamento de Economía de Chicago sino al Comité sobre Pensamiento Social, su sueldo no fue pagado por la Universidad sino por una fundación, y él abandonó la economía y se dedicó a la filosofía jurídica y liberal.

Los economistas dejaron de lado a los austriacos, incluso cuando en 1974 Hayek recibió el Nobel —junto con Myrdal, para compensar, según creía el austriaco.  Yo no estudié a los austriacos en mi licenciatura en Economía en la Argentina a finales de los sesenta, y sólo me enteré de su existencia durante mis estudios de doctorado en España, gracias a Pedro Schwartz.

La profesión consideraba, y en su mayoría sigue considerando, que los austríacos eran solo unos ignorantes dispensadores de cápsulas ideológicas, y algunos creen que Hayek fue poco más que un admirador de Pinochet (https://bit.ly/2Eb4ZG7).

Sin embargo, la cosa cambió. No pasaron los economistas convencionales a apreciar a los austriacos, eso no, pero la escuela empezó a molestarles, lo que no había sucedido antes. Eso indicaba que ya no la ignoraban. La escuela refloreció en varios países, como España, gracias a figuras como Jesús Huerta de Soto, y ha recibido el respaldo de banqueros como J.M.Nin (https://bit.ly/2Grj9co) o Trichet (https://bit.ly/2Gupa3J).

Es posible que el renacimiento se haya potenciado con la caída del Muro primero y con la crisis económica después, que dejó a muchos economistas en mal lugar, pero que puede ser provechosamente analizada con la teoría del ciclo austriaca, a mi juicio lo más potente de estos pensadores, junto con su análisis del socialismo.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Prólogo a “Las tribus liberales”.

Este es el prólogo, escrito por Carlos Rodriguez Braun, al libro: “Las Tribus Liberales” de María Blanco. Fué publicado en. http://www.carlosrodriguezbraun.com/uncategorized/prologo-a-las-tribus-liberales/

 

A propósito de las absurdas reivindicaciones de quienes pretenden monopolizar las esencias, mi buen amigo, el economista e historiador asturiano Manuel Jesús González –discípulo de Pedro Schwartz, como María Blanco y quien esto escribe– solía relatar un delicioso cuento sobre la confusión que se produce cuando, tras la muerte inesperada de un individuo, sus familiares se precipitan a solicitar los servicios de un sacerdote para que rece un responso en casa del difunto.

Con las prisas, resulta que se lo piden a dos religiosos y finalmente acuden ambos, que no se conocen personalmente y ninguno de ellos sabe que no es el único oficiante presente en el domicilio. Tiene lugar entonces la siguiente fantástica escena. Se levanta uno de los curas y proclama:

–Yo soy la Resurrección y la Vida.

Ni lerdo ni perezoso, se incorpora el otro y subraya:

Yo soy la Resurrección y la Vida.

Pues bien, a veces sucede entre los liberales, igual que entre los partidarios de cualquier otro sistema de ideas, que se entablen agrios debates cuyo objetivo no es desentrañar la verdad o refutar el error sino discernir la pureza de sangre y dictaminar si tal persona o grupo es más o menos liberal que otro. El apego a las etiquetas es una majadería en cualquier caso, pero padece tintes particularmente ridículos en el de los liberales, cuyas diferentes “tribus” compensan con gran entusiasmo el escaso respaldo de que gozan numerosas de nuestras teorías y recomendaciones en la política, la Universidad, la cultura, los empresarios, los sindicatos, y el público en general.

María Blanco, profesora en la Universidad San Pablo CEU, se aleja prudentemente de estas disputas provincianas, con frecuencia mezquinas y siempre absurdas, como las del desopilante Frente Popular de Judea en la película La vida de Brian, que retrata con certeza la estéril división entre militantes de diferentes facciones hebreas que dedican la mayor parte de sus energías a combatirse entre sí, en vez de oponerse a un Imperio Romano, al que, en el fondo, no saben muy bien por qué rechazan.

El objetivo de la doctora Blanco no es expedir carnés sino contar, con la cercanía de un texto que tiene bastante de autobiografía, quiénes son los liberales, qué piensan, qué aconsejan y por qué. Su destreza como historiadora del pensamiento económico queda patente cuando apunta los grandes trazos de las diversas ramas del liberalismo, que tiene, por cierto, un distinguido antecedente en España con los llamados escolásticos tardíos de la Escuela de Salamanca.

Pero la autora no es sólo una profesora y una estudiosa sino que también se mueve con solvencia en el ámbito de los medios de comunicación y de la divulgación de las ideas, y esto se nota en su estilo ágil y grato, que hace que este libro pueda ser leído con entretenimiento además de con provecho de un tirón.

La combinación de ambas habilidades explica que en apenas un centenar de páginas pueda abordar de manera razonable y ajustada el grueso de los principales temas del liberalismo, y sus principales protagonistas e instituciones. No puede entrar, lógicamente, en muchas profundidades, pero el retrato general está más que aceptablemente completo.

Algunos aspectos me han gustado especialmente, como su análisis del liberalismo desde el punto de vista femenino, y sus reflexiones sobre el poderoso  atractivo del socialismo y sobre por qué los liberales somos habitualmente objeto de tanto recelo.  Es de aplaudir también que no le eche la culpa de tamaño desapego a los demás sino a nosotros mismos, y que no rehúya asuntos delicados como el aborto o las drogas.

María Blanco plantea muchas y perceptivas preguntas. No tiene, ni pretende tener, todas las respuestas. Más aún, a menudo, como les sucede a los testigos de “En el bosque”, el célebre relato de Akutagawa, las respuestas que sí tiene no coinciden. Pero ya advirtió sabiamente  Ortega que una cosa son las personas de una escuela y otra cosa es un grupo de gramófonos.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.