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Argentina: Lo que realmente emerge es una crisis importante

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 23/6/18 en: https://www.eldiarioexterior.com/argentina-lo-que-realmente-emerge-49760.htm

 

La economía va mal, es la realidad -están las cifras incontestables- esa realidad de la que los argentinos siempre queremos escapar. Y preocupa el mal diagnóstico de muchos porque garantiza que nunca encontraremos la solución.

La opinión pública no tiene claro que el país cae porque el gobierno encaró, desde sus comienzos, una política “gradualista” hacia un mayor peso del Estado -impuestos, endeudamiento y tasas, inflación- sobre el sector privado, el que produce.

Y acudir al FMI lo ratifica, dado que el mercado natural no admite bancos estatales con lo cual, si el FMI fuera realmente “pro sector privado”, debería empezar por privatizarse. Para remate, buena parte de aquellos que la gente conoce como “liberales” y que supuestamente proponen una economía de mercado, han apoyado medidas contrarias al sector privado, como las elevadas tasas con el fin de “controlar” la inflación y el famoso slogan “hay que bajar el gasto”.

Bajar el gasto en estas circunstancias -sin un recorte proporcional en los impuestos, inflación y tasas- significa bajar ingresos de empleados públicos, jubilados y demás, bajar consumo, menos dinero volcado al mercado. De hecho, podemos olvidarnos del gasto siempre que seamos intransigentes en evitar que el Estado se financie con impuestos, inflación o endeudamiento/tasas altas porque estos métodos succionan fondos del sector productivo.

El gobierno debería desregular para que crezca la economía y pueda financiarse con un aumento de la recaudación sin que crezca la presión fiscal y debería vender las infinitas propiedades estatales -solo por mencionar algo, todo el subsuelo del país- para solventarse.

El dólar en el primer semestre ya escala 50%, básicamente debido a la inflación, y “obligó” al gobierno a convalidar tasas irracionales, del 47% para las Lebac a 27 días y aun así el BCRA solo pudo renovar el 60% -lejos del 80% de antes- del volumen del total que vencían. Era previsible ya que el mercado está saturadísimo de bonos y solo el lunes pasado Hacienda “secó” la plaza colocando dos por un total de $110.000 M.

Así, mientras el riesgo país sube los bonos argentinos están de remate y algunos lo consideran una oportunidad. Por caso, el emitido el 11 de enero con vencimiento en 2048, se negociaba a US$ 78,1, brindando un retorno total negativo este año de 18,8%, según Bloomberg.

Y sobre este endeudamiento, ahora el Directorio del FMI aprobó el desembolso de los US$ 50.000 M, cuyo primer envío de US$ 15.000 M podría llegar esta misma semana. Entre otras perlitas, el Directorio destacó que “el plan incluye medidas… manteniendo el gasto social y… abriendo margen para incrementar el gasto”. O sea, está anticipando que aumentará el peso del Estado.

Al Gobierno no le importa reconocer, al negociar este préstamo, que la economía crecerá 0,4% en 2018 o, cuando mucho, 1,4%. Descontado el crecimiento poblacional -1,5%- el PIB per cápita caerá y hay que agregar que, con la devaluación, el PIB medido en dólares sufrirá una corrección importante.

Y ahora llegó la recategorización a “emergente” que será más un impulso sicológico que real. Hace un año el MSCI decidió extender el período de consulta y entre junio 2017 y marzo 2018, el índice MSCI Argentina tuvo un rally alcista subiendo 28% en dólares. Pero, la mala realidad de la economía, solo disimulada con un “crecimiento” en 2017 a puro préstamo, se impuso y los papeles cayeron significativamente lo que probablemente, después de unos días de euforia, vuelva a ocurrir.

De acuerdo con Morgan Stanley, históricamente, las acciones de mercados de frontera en los 12 primeros meses del período de consulta -que para Argentina acaban de terminar-, los FM (Frontier Markets) obtienen en promedio un retorno relativo de +15% sobre los EM (Emerging Markets), rendimiento que sube a 38% en los 12 siguientes meses que van desde este anuncio a la implementación lo que para Argentina ocurrirá en 2019. Y en los seis meses siguientes, la performance de los mercados nuevos emergentes “cae” 18% con respecto a sus pares. Argentina hasta ahora demostró un desempeño peor.

En principio, las acciones más beneficiadas serán las que formen parte del MSCI Argentina Index. Hasta hoy, son 10: Grupo Financiero Galicia, Banco Macro, YPF, Pampa Energía, Telecom Argentina, Grupo Supervielle, BBVA Banco Francés, Transportadora de Gas del Sur además de Globant y Adecoagro que no están listadas en la bolsa porteña. Morgan Stanley estima que el MSCI Argentina Index, con nueva categorización, pasaría a tener 12 integrantes ya que se sumarían Central Puerto, Loma Negra y Edenor y saldría Adecoagro.

Sea como sea, aun suponiendo que no se imponga la realidad de la mala perfomance de la economía, en principio, entrarían inversiones para comprar estos papeles por un máximo de US$ 10.000 M en el caso extremadamente optimista, muy poco para una economía a la que el FMI le presta cinco veces más y muchos creen que es poco.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La mentira del “costo social”

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 3/7/17 en: https://alejandrotagliavini.com/2017/07/03/la-mentira-del-costo-social/

 

Cuando un gobierno quiere hacer creer que es “market friendly” con el fin de atraer votos y, eventualmente, algún inversor despistado, utiliza la típica muletilla: “quisiera hacer ajustes, pero, dado el elevado costo social, es mejor postergarlas”. Postergación que, obviamente, nunca llega porque el gobierno está mintiendo.

Porque mantener al Estado grande le permite poner a los amigos a manejar empresas al estilo de YPF, dar empleo a millones de votantes, enormes ganancias a los empresarios amigos y, por cierto, seguir disfrutando de aviones privados, costosísimos viajes y demás. Porque lo cierto es que no existe tal “costo social”. Por el contrario, si las reformas no se realizan es inmediato el empobrecimiento y frustración de la gente.

La primera falacia es la de la desocupación. Naturalmente existe muchísimo trabajo para hacer, solamente el déficit habitacional llega a 12,2 millones de viviendas, y hay que sumar hospitales, escuelas, rutas, etc. No son los capitales -como se cree vulgarmente, como creen los economistas en este país de formación tan pobre- los que producen trabajo: el trabajo está allí, el capital solo aumenta la demanda de mano de obra -no el trabajo- provocando una suba en los salarios siendo el único modo de aumentarlos realmente, nunca por ley.

Las leyes que pretenden aumentar el salario provocan la desocupación porque, por ejemplo, prohíben que trabaje el que ganaría menos que el salario mínimo. O sea que, si el mercado no estuviera interferido por el poder de policía estatal (en base a su monopolio de la violencia, la violencia), el empleo sería naturalmente pleno y podrían despedirse todos los empleados estatales ya que serían inmediatamente absorbidos por el mercado.

La segunda de las grandes falacias es que no podría anularse el “asistencialismo” que realiza el Estado so pena de dejar desamparados a millones. Lo cierto es que este asistencialismo es pagado el gobierno que recauda por vía impositiva, inflacionaria y endeudándose. En cualquier caso, esta carga fiscal -por la ley de marginalidad- necesariamente es derivada hacia los extremos más pobres: o sea, el gobierno empobrece a los pobres para luego devolverles lo poco que queda tras pasar por una burocracia voraz.

Del 17% de presión tributaria que Argentina tenía hace 30 años, hoy llegaría a 32,6% del PIB. Según el World Economic Forum, los impuestos representan el 137,4% de las ganancias obtenidas por las empresas, o sea que el Estado gana 37,4% más que la misma empresa. Pero a esto hay que sumarle la inflación (lo que emite el Estado para sus gastos) y el endeudamiento que provoca un aumento en la tasa de interés que es pagado por el sector privado. Por caso, al menos el 38% del precio del pan son impuestos directos, a lo que hay que sumarle que la mano de obra y los insumos ya vienen inflados con impuestos. Así, no de otro modo, se llega a que en Argentina existan 5,6 millones de chicos pobres, según Unicef.

Para ver lo ridículo de las intervenciones coactivas -toda violencia destruye- del Estado miremos lo que ocurre con la vivienda. Gracias a los créditos hipotecarios apalancados desde el gobierno, aunque ya estaban caras, en un año las viviendas usadas aumentaron 7% y 12% las nuevas. Y se ha producido una burbuja: hoy conviene vender la casa propia, poner el dinero a plazo fijo y, con la renta, alquilar una propiedad más cara. Así, para “facilitar” el acceso a la vivienda, por vía impositiva -para financiar este sistema hipotecario- empobrecen a los más pobres y, encima, provocan un aumento artificial en el precio de las propiedades.

Por cierto, corresponde a la astucia política el ver cómo realizar estos ajustes. Por ejemplo, si bien hay que desregular completamente el mercado laboral antes de despedir empleados estatales, es muy probable que los gremios se opongan. Habrá que empezar, entonces, por liberar la actividad sindical, como hizo Reagan en EE.UU. provocando que el poder sindical se diluya en la competencia.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La caída de dos mitos: China y el crudo

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 22/1/16 en: http://www.venezuelaaldia.com/2016/01/la-caida-de-dos-mitos-china-y-el-crudo-por/

 

Los mercados globales están sufriendo la caída de dos mitos. La superpotencia china, que a falta de políticas más pro mercado paga las consecuencias, y el petróleo. De paso, es bueno recordar a los agoreros de siempre que, años ha, pidieron la intervención de los gobiernos -desconfiando de la autorregulación del mercado- ante la “evidencia” de que el petróleo se acababa: hoy les rebota sobreabundancia. Ahora quieren que creamos que faltará agua, y el mercado les demostrará que se regula naturalmente.

La desaceleración de la economía china provoca, entre otras cosas, fuertes salidas de capitales. Hasta ahora, Pekín ha optado por mantener el yuan más o menos ligado al dólar, implementar una política monetaria más laxa y no controlar demasiado el flujo de capitales. Así, el Banco Popular de China (BPC) está perdiendo reservas para mantener un tipo de cambio artificial. Y, aunque el BPC tiene las mayores reservas del mundo -US$ 3.3 billones- en 2015 ya perdió US$ 513.000 millones.

Si China no deja que el mercado regule naturalmente el tipo de cambio, no podrá detener la sangría de divisas y podría reprimir la fuga de capitales, lo que hundiría radicalmente la confianza de los inversores. Algunos especialistas creen que las autoridades lamentablemente terminarán endureciendo los controles.

El otro mito que se cae es el del petróleo, que el mercado autorreguló: cuando el barril superaba los US$ 100, tentó a los productores que introdujeron nueva tecnología -como el frac-king- y el precio comenzó a caer. Al mercado han entrado varios competidores mientras la demanda baja debido al auge de las renovables y el uso más eficiente de los hidrocarburos.

Ahora otra retracción de la injerencia de los gobiernos -el fin de las sanciones a Irán- ha hundido al Brent a mínimos de US$ 27.76 por barril, aunque luego subió. El gobierno iraní ha decidido elevar la producción en 500.000 barriles diarios y los analistas creen que antes de 2017 aumentará sus exportaciones en cerca de un millón de barriles por día. Que se sumará al excedente que registra hoy el mercado y que algunas firmas de inversión cifran, precisamente, en un millón de barriles diarios.

Aramco en venta

Como están las cosas Arabia Saudí, según Bloomberg, planearía vender la petrolera estatal Aramco, la empresa más valiosa del mundo, ya que el petróleo no volvería a ser tan rentable y, entonces, intentarían sacar más valor a un activo que promete bajar. Y eso que los saudíes llevan ventaja porque sus costos de producción son de los más bajos del mundo. Así, Aramco aún hoy sigue obteniendo beneficios por cada barril. Entretanto en muchos países se siguen manteniendo empresas estatales petroleras porque según los políticos -haciendo gala de su proverbial sandez- serían “estratégicas”.

Para el director de la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex), el costo promedio de extracción sobre reservas ya localizadas está por debajo de los US$ 10 por barril con lo que la empresa aún sería rentable. A nivel global, se estima que los costos varían entre los US$ 20 y 30, mientras que el costo con tecnologías como el fracking oscila entre los US$ 40 y 70 en EEUU. Ridículamente, el gobierno argentino obliga a pagar casi US$ 70 por barril (de crudo “Medanito”) y así, claro, cualquier petrolera como la ineficiente estatal YPF resulta con una rentabilidad que pagan los ciudadanos para jolgorio de los funcionarios.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

¿Qué cambió y qué no en Argentina?

Por Martín Krause. Publicado el 29/10/15 en: http://diario.latercera.com/2015/10/29/01/contenido/opinion/11-201339-9-que-cambio-y-que-no-en-argentina.shtml

 

EL RESULTADO de las elecciones del pasado 25 de octubre fue una sorpresa para todos, incluyendo a los candidatos más informados, los encuestadores o los agentes del servicio secreto. Nadie pudo ver el cambio que se estaba gestando que cambió la situación política de la noche a la mañana.

Todo parece anunciar que Argentina ha emprendido un camino de cambio, siendo precisamente éste uno de los argumentos centrales del mensaje de una alianza que se llama -y cómo va a ser de otra forma- Cambiemos.

La lógica de esto es tan simple como clara: uno de los argumentos más usados por candidatos de todo tipo que se enfrentan a un gobierno que lleva muchos años es, precisamente ese: hay que cambiar.

La gente entiende el mensaje. Eso le permite no tener que decir mucho acerca del contenido del cambio, algo que hubiera causado un alto costo político, porque los necesarios cambios que se aproximan en este país serán dolorosos.

Pero todo gobierno puede realizar los cambios que el consenso general de las ideas le permite realizar. Entonces, la pregunta sobre Argentina es: ¿qué profundidad tiene el pedido de cambio que se expresó en las urnas?

La respuesta es mixta. La gente votó por un cambio cansada de la prepotencia de un gobierno que se pelea con todo el mundo; intolerante y matón. Quiere un gobernante moderado, amable, y, si puede, simpático. Básicamente una persona normal. María Eugenia Vidal es el principal ejemplo de esto, y lo más contrapuesto a su gran derrotado: Aníbal Fernández. La gente quiere, también, alguien que administre al Estado con mayor eficacia, que tenga ideas creativas sobre la gestión de los recursos públicos, que logre mejoras en la seguridad, la salud y la educación: Macri tiene esa imagen.

Esta demanda de moderación y eficacia va a tener su impacto en la calidad de las instituciones: se busca un gobierno que respete la división de poderes y la independencia de la justicia; que no pretenda controlar los medios con recursos públicos; que acepte ciertos controles al poder, que respete la autonomía de gobiernos provinciales y municipales.

Y no mucho más. El argentino sigue siendo profundamente estatista y anti-yanqui. Por eso, Macri ha dicho que no dará marcha atrás con la estatización de las pensiones, o de la empresa petrolera YPF, e incluso tal vez de la deficitaria Aerolíneas Argentinas. Y va a tener mucho cuidado en la necesaria mejora de las relaciones con los fondos buitres, el FMI y el gobierno de los Estados Unidos.

Además, y en virtud del pasado reciente, el argentino teme profundamente un cambio brusco que genere un cataclismo económico. No quiere más crisis como la del 2001. Ni como la de 1989, ni como otras anteriores.

Esto enfrenta al próximo gobierno con un serio dilema: la gente no quiere escuchar sobre esos problemas ni que le digan nada de ajustes. Sin embargo, con un déficit fiscal rondando 8% del PIB y un Banco Central quebrado y sin dólares; con miles de millones de dólares que se deben de importaciones, de dividendos no transferidos o de contratos a futuro de dólares, la perspectiva a corto plazo es aterradora.

Ante la gangrena que corroe a la economía argentina, el dilema del próximo gobierno es o trato de curarla con remedios en dosis moderadas y me arriesgo a que me devore la enfermedad; o procedo a operar a un paciente que se cree que tiene un simple resfriado. La anestesia es clave, y en el caso argentino tiene nombre: dólares, y muchos. ¿Generará el nuevo gobierno suficiente confianza para atraerlos o conseguirlos? Eso es lo que definirá su suerte en el verano que se aproxima.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Los mayores errores de la gestión Kicillof

Por Adrián Ravier: Publicado el 13/8/15 en:

 

El ministro de Economía, Axel Kicillof, fue entrevistado recientemente por Joaquín Morales Solá y nos dejó -en 35 minutos- interesantes argumentos para defender su administración de la política económica.

En la entrevista arremetió una vez más contra los economistas ortodoxos, defendió la política de desendeudamiento, de reindustrialización y de inclusión social, enfatizó el fuerte crecimiento económico que el país experimentó desde 2003, recordó la recuperación de YPF y Aerolíneas Argentinas. Se apoyó sobre ciertos economistas como Miguel Ángel Broda, Orlando Ferreres y Carlos Melconian para señalar que la economía está bien, creciendo un 1 %, que la inflación se desaceleró de un 40 % a un 25 % -sin recetas ortodoxas-, que las reservas están estables, que no hay problemas con los vencimientos de deuda, lo que deja una buena herencia para el próximo Gobierno, garantizando continuidad del modelo luego de 2015.

Cuando se le cuestionó el bajo crecimiento, el ministro de Economía explicó el complejo contexto internacional que nos acompaña, con caída en los precios de los commodities, con las locomotoras de China y Estados Unidos bajo ciertas dificultades y con Brasil en recesión.

Es precisamente ese contexto el que lo obligó a decidir aplicar una política contracíclica desde principios de 2014 para estimular el consumo interno mediante planes y programas, apoyado en un supuesto consenso de los economistas en las recetas keynesianas que se presentan en todos los manuales de macroeconomía y política económica.

Dejando de lado los discutibles números del ministro de Economía -que él mismo se ocupó de criticar antes de asumir funciones oficiales-, presentaré a continuación mis problemas con su administración de la política económica, que se pueden resumir en ocho puntos fundamentales.

1. No hubo crecimiento, sino recuperación.

El ministro de Economía enfatiza que la economía argentina duplicó el PIB en dólares desde 2003 a la fecha. Este puede ser un dato cierto, pero sesgado. La Argentina no logró en este período expandir su capacidad productiva, sino tan solo recuperar la actividad económica de la devaluación de 2001. En términos económicos, la receta de “impulsar la demanda para crecer” puede tener resultado visibles mientras hay capacidad ociosa, pero una vez que la economía se acerca al pleno empleo, el crecimiento económico solo puede ser generado a través de un proceso de ahorro e inversión. Tomando en cuenta que el propio ministro solo administró la política económica de este último Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el rumbo debió cambiar desde el consumo a la inversión, y sin embargo, se sostuvo en una dirección -con un diagnóstico equivocado-, manteniendo el relato de 2001, cuando la realidad que le tocó enfrentar ya era diferente.

2. La recuperación está basada en un enorme gasto público que empuja la demanda y crea empleo público, el que no se puede sostener en el tiempo.

El tamaño del Estado, medido como gasto público sobre PIB, ha alcanzado una proporción que es récord en el continente, y que no puede financiarse ni siquiera con la mayor presión tributaria de nuestra historia, que a la vez es récord en el mundo. Devolver a la Argentina a un nivel de gasto sostenible y reducir la presión tributaria a niveles normales solo puede dejar un alto desempleo y una nueva recesión que pone en duda el éxito del modelo. La Argentina se encuentra en el dilema de sostener la burbuja del gasto público, pero sin crecimiento económico, o equilibrar las finanzas públicas pero a costa de un alto desempleo estructural cuya solución fue solo temporal. Si en lugar de crear estas proporciones de empleo público, la economía argentina hubiera alentado realmente la inversión privada, entonces el aprovechamiento de esta década dorada para la región habría sido de largo plazo y el problema de desempleo estructural habría empezado a recibir una solución más genuina.

3. Comete los mismos errores del menemismo, multiplicando el déficit.

El ministro de Economía no pierde oportunidad para identificar las comparaciones entre el kirchnerismo y el menemismo, pero esto constituye una falsa dicotomía. Ambos modelos surgen del mismo partido político, pero lo más importante es que ambos han cometido el mismo error fundamental, que -como bien explicó- nos obsesiona a los economistas ortodoxos. Nos referimos al déficit fiscal. El ministro de Economía reconoció en la entrevista un déficit fiscal financiero de 3,7 % del PIB para 2014, el que dijo ser más bajo que el de Estados Unidos (4,2 %), Brasil (5,2 %) y el promedio de la región (4,9 %). Sin embargo, y sin entrar a cuestionar “sus” números, no es menor que la Argentina mantenga este déficit después de la enorme carga tributaria que señalamos con anterioridad, además de que los analistas pronostican que el déficit para este 2015 estará entre un 6 % a un 8 % del PIB. Este nivel de déficit aun está algo lejos de aquel que condujo a la economía argentina al Rodrigazo (12,1 %) y el fin de la tablita de José Martínez de Hoz (11,3 %), pero se acerca a aquel que condujo a la hiperinflación de 1988-89 (8,5 %) y al fin de la convertibilidad (7 %).

4. La política del desendeudamiento es un mito, si consideramos la deuda interna con el Banco Central y Anses.

El ministro de Economía muestra como un logro del oficialismo el bajo nivel de deuda externa sobre el PIB. Es un dato que debemos reconocer. Sin embargo, este resultado no se generó por medio de una política conservadora, sino por haber financiado el mencionado déficit fiscal con otras alternativas, como ser la emisión monetaria del Banco Central y los recursos de Anses. Lo dicho ha generado un Banco Central en quiebra bajo cualquier estándar contable, además de la mayor inflación del continente -después de Venezuela-, y de hipotecar el futuro de la población activa, gastando incluso los 30.000 millones de dólares que estaban en manos de las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP) al momento de la nacionalización. Resulta curioso que parte de los logros del kirchnerismo son herencia directa del menemismo, pues se han gastado los recursos ahorrados en la década anterior y se ha apoyado el “crecimiento” de esta década en la infraestructura que expandió el Gobierno anterior.

5. La inflación no es necesaria.

El ministro de Economía lanzó una inflación estimada del 18 %, pero al margen de este número discutible, enfatizó que la oposición redujo sus estimaciones de 40 % a 25 %. Es cierto que la inflación se desacelera en este último año, sin embargo, surgen dos cuestiones para señalar. Por un lado, que la desaceleración de la inflación va acompañada de una desaceleración de la actividad económica, mostrando en este último Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner un preocupante estancamiento económico, con pérdida de empleo. Por otro lado, el ministro de Economía parece estar convencido de que la inflación -a estos niveles- es necesaria, lo que obliga a los argentinos a convivir con una moneda enferma, que afecta y reduce el potencial de crecimiento de los próximos años.

6. La devaluación es una consecuencia inevitable por la enorme expansión de la circulación y el bajo nivel de reservas.

Con estos niveles de inflación que el ministro de Economía reconoce, la dolarización espontánea es una consecuencia obvia. Pretender que la gente acepte la pesificación porque existe “estabilidad en la política económica”, que genera a su vez una “inflación estable” superior al 20 %, es confundir causalidad. Si realmente deseamos la pesificación, debemos empezar por la estabilidad monetaria, que el Ministro de Economía declaró que es un aspecto secundario como objetivo de política económica. Si a la vez tenemos en cuenta la relación pesos en circulación frente a dólares en reservas netas del Banco Central, la tendencia ofrece un tipo de cambio de largo plazo superior a $ 20, que es lo que -en definitiva- marca la expectativa del mercado. Quienes hoy especulamos con una devaluación, lo hacemos porque entendemos que es una consecuencia inevitable de la política monetaria del Banco Central, que solo se puede postergar a costa de seguir perdiendo reservas, aun con innumerables cepos que la economía ya no puede soportar.

7. El tipo de cambio que importa es el real, no el nominal.

En este aspecto, preocupa además la comparación que hace el ministro de Economía con Brasil. Mientras Argentina pasó el tipo de cambio oficial de 3 a 9 pesos por dólar, en Brasil pasaron de 4 reales por dólar -cuando asume Lula da Silva- a 3,30 reales por dólar hoy, comparación que ilustró para identificar su problemática apreciación cambiaria. Habría que señalarle al ministro de Economía, sin embargo, que la evolución del tipo de cambio nominal no representa nada, y menos aun en un país como Argentina, donde la inflación ha tenido valores elevados. Reconocer esta situación lo llevaría a comprender que la misma apreciación cambiaria que criticó en Brasil es la que sufre hoy la economía argentina, y no como consecuencia del desarrollo productivo, sino como consecuencia de la política económica elegida.

8. La “fatal arrogancia” de creer que se puede controlar todo el mercado.

El ministro de Economía señaló que es natural que los importadores soliciten un dólar más barato, mientras los exportadores pretenden un dólar más caro. Ofreció el ejemplo de un industrial que resultó librecambista para el insumo, pero proteccionista para el producto. A partir de allí justificó el proteccionismo, los cepos y una política económica selectiva, dirigida y coordinada por él y su equipo. Esto atrasa el debate de política económica, por lo menos, hasta 1810, cuando Manuel Belgrano enfrentó los intereses creados de todos aquellos que se veían favorecidos por la política económica de la colonia. También cae el ministro de Economía en la fatal arrogancia de creer que realmente puede controlar todas las operaciones del mercado. El ministro de Economía no parece saber distinguir entre empresarios y pseudoempresarios, o entre industriales y pseudoindustriales. El objetivo de la política económica debería estar basado en la igualdad ante la ley, lejos del clientelismo político y tendría que dar lugar -de una buena vez- a los empresarios en serio, sean chicos o grandes.

Cierro con las sabias palabras de Frédéric Bastiat (1850): “Yo, lo confieso, soy de los que piensan que la capacidad de elección y el impulso deben venir de abajo, no de arriba, y de los ciudadanos, no del legislador. La doctrina contraria me parece que conduce al aniquilamiento de la libertad y de la dignidad humanas.”

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

No es Macri o Scioli

Por Gabriela Pousa: Publicado el 23/7/15 en: http://www.perspectivaspoliticas.info/no-es-macri-o-scioli/

 

Extraña semana pos electoral en la ciudad Capital. Análisis para todos los gustos, encuestas que vuelven a mostrar intereses sectoriales por sobre la verdad, y un peculiar afán por negar lo innegable: el resultado final. La sorpresa apuntó a la escasa diferencia de votos entre uno y otro, sin embargo, esa diferencia solo cobró trascendencia a la hora de socavar una vez más la figura de Mauricio Macri como candidato presidencial.

Es siempre la misma historia: la crítica y la queja sin propuestas. Nuevamente cabe aclarar que no hay ni un Churchill, ni de un De Gaulle ni un Valcav Havel en ninguna boleta.

Ahora bien, más allá de todas estas especulaciones y subjetividades hay hechos inexorables que marcan el triunfo del PRO: un partido nuevo que va a una elección sin aliados, y con una figura como Horacio Rodriguez Larreta cuyo carisma no es el habitual en los políticos que aspiran a conquistar cargos ejecutivos. Pese a todo eso, ganó.

El PRO se enfrentó a una coalición de partidos, algunos de los cuales tienen tradición centenaria como la Unión Cívica Radical y el Socialismo. A ellos se sumó la Coalición Cívica – Ari, y sin chicana que valga, el FPV cuyo objetivo de hacer trastabillar a Macri lo llevó en masa a votar por su ex ministro de Economía. Además este, en los días previos a la segunda vuelta electoral, se ocupó con creces de proclamar su mayor concordancia con la política oficial: “La agenda del kirchnerismo es una agenda que a mí me gusta más”, sostuvo sin sonrojarse siquiera.

En síntesis, pese a esa sumatoria de votos, Rodriguez Larreta ganó. En ese contexto, puede decirse sin temor al equívoco que ECO, cuyos equipos además nunca fueron presentados en sociedad, no conforma aún ninguna fuerza nueva sino que surgió fruto de un “voto en contra de” cuya supervivencia dura lo que dura la elección. 

De ECO hoy queda Martín Lousteau. Ni siquiera su candidato a vice jefe de Gobierno votará en la presidencial por la misma figura que dice aquel ha de votar. A su vez, el 20% de votos que Mariano Recalde liberó, volverán a votar al kirchnerismo. Ingenuo era y es suponer que votantes del oficialismo se volcasen por el partido que lidera Mauricio Macri. Del mismo modo, raro sería que el votante del PRO cambié su voto para beneficiar al candidato opositor. 

El camaleónico actuar de la dirigencia no se corresponde muchas veces con la conducta de la sociedad cuya definición no suele estar ligada tanto a lo ideológico sino más bien a la utilidad y el pragmatismo del propio confort.

Hoy todo acto electivo presenta la misma dualidad: cambio o continuidad. No debería importar demasiado quien representa a uno u otro si durante más de doce años no importó cómo destruían las bases institucionales y cercenaban las libertades individuales.

¿Qué pasa que de pronto hay tanto “purismo” en la calle? Que resulte trascendente la opinión de un candidato sobre Aerolíneas Argentinas o YPF cuando lo que está en juego es la República, los derechos individuales y la libertad, no parece una actitud muy racional. Lo que importa o debería importar es optar por aquel capaz de desplazar al kirchnerismo, y luego sí exigir que las cosas se hagan como es debido. Pero eso no es lo que sucede generalmente con los argentinos.

Muy por el contrario, acá se vota un domingo y al lunes siguiente la democracia quedó delegada a los nuevos habitantes de la Casa Rosada. Los ciudadanos vuelven a lo suyo y solo reclamarán si llegar a fin de mes cuesta mucho. De manera que no se comprende la indignación de varios hacia algunas propuestas esbozadas por la principal competencia al candidato oficial.

Si esta fuese una sociedad que custodia de cerca y hace valer la representatividad del sistema, entonces podría tener sentido un debate de la índole privatizar o no privatizar. Pero un pueblo que prefiere salir de vacaciones que ir a votar no está en condiciones de socavar las posibilidades de un aspirante a sacar al kirchnerismo del poder porque dice que dejará que una Aerolínea sea estatal. Seamos serios y coherentes con nuestro decir y también con nuestro actuar.

Mientras los argentinos tengan como prioridad el bolsillo y la propia comodidad, las exigencias en cuanto a modos o métodos no parecen gozar de mucha racionalidad. Asimismo, hasta tanto no se comprenda que lo que está en juego va mucho más allá de la bandera flameando en un avión o de la administración de una petrolera, difícilmente pueda erradicarse la ignominia que sepulta el destino de la Argentina.

No se trata de que Macri sea o no un estadista, ni siquiera pasa por los dones del candidato para ejercer la Presidencia. Seguramente Daniel Scioli, tenga muchísima más experiencia en gestionar y más aparato para salir a calmar las ansiedades populares. Pero el tema pasa por otro lado, pasa por liberarnos del mal que vienen haciendo desde hace más de una década. 

Una vez lograda esa liberación, no será entonces mera responsabilidad de Macri demostrar cómo gobierna porque la opción será como siempre ha debido ser, nuestra. Deberemos ser nosotros quienes indiquemos el rumbo por donde queremos que tome el conductor a quien contratemos en la elección. 

A los Kirchner se les dio el micro con el tanque lleno y sin ningún mapa ni indicación. Quejarse ahora el camino que eligieron para transitar no cambia demasiado las cosas, menos que menos si no entendemos que somos los pasajeros los que debemos tener en claro a donde vamos.

El problema somos nosotros si durante el recorrido no fuimos capaces de levantarnos para indicarles que era otro el camino que preferíamos. Si no sabemos lo que queremos, nuevamente tendremos un jefe de Estado que tome el volante y nos lleve al lugar que él desee, y por la ruta con mayor peaje.        

No es pues Scioli o Macri la disyuntiva si bien se mira. La verdadera elección pasa por definir si estamos dispuestos a hacernos cargo de nuestro país o si vamos a dejarlo nuevamente librado a los antojos, caprichos y veleidades de un delegado cuando en rigor lo que vamos a elegir es un representante. Somos sus representados. Sin entender esa diferencia seguiremos a la deriva sin posibilidad de llegar a la orilla.

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

Convenio YPF-Petronas, tribunales en Francia y jurisdicción en Canadá. Competencia inter-jurisdiccional.

Por Martín Krause. Publicado el 2/9/14 en: http://bazar.ufm.edu/convenio-ypf-petronas-tribunales-en-francia-y-jurisdiccion-en-canada-competencia-inter-jurisdiccional/

 

En el medio del conflicto judicial con los holdouts, La Nación informa que “YPF cerró un acuerdo similar al de Chevron”: http://www.lanacion.com.ar/1722583-ypf-cerro-con-petronas-un-acuerdo-similar-al-de-chevron

El acuerdo, dice el artículo, “activará en 2015 un proyecto de inversión de hasta u$s 550 millones en Vaca Muerta, de los cuales la compañía extranjera pondrá u$s 475 millones”.

Petronas

Muy bien, hasta aquí es la descripción de un acuerdo de inversión en este promisorio yacimiento de shale oil, pero quiero referirme aquí a lo que se comenta en este párrafo:

“El convenio es similar al que YPF cerró con Chevron el año pasado y despertó una fuerte polémica. Estipula que un eventual conflicto entre las partes se definirá en tribunales de Francia, se rige por legislación internacional (del estado de Alberta, Canadá) y no se difundirá públicamente.”

La polémica a la que hace referencia se refiere a su no difusión, amparada en el hecho de que todavía se trata de una empresa “privada”, aunque gestionada por el estado, y que estas empresas no tienen ninguna obligación de hacer públicos sus contratos.

Pero lo que resulta interesante comentar más detenidamente es el resto del párrafo, que los conflictos se definirán en tribunales de Francia y que el contrato se rige por legislación del estado de Alberta, Canadá. Claro, no podía ser New York. Esto muestra un fenómeno importante: la globalización de la justicia, o, mejor dicho, la competencia entre jurisdicciones.

La ciencia política define al estado como aquella entidad que ejerce el monopolio de la coerción dentro de un determinado territorio. Como parte de ese poder administra unas fuerzas armadas, policías y la justicia. Pero he aquí que la llamada “globalización” pone en cuestión al menos parte de ese monopolio. Las partes de todo tipo de contrato internacional pueden elegir la jurisdicción en la cual se van a dirimir sus conflictos. Esto pone en competencia a los distintos sistemas jurídicos, donde aquellos que ofrecen “seguridad jurídica” terminan “atrayendo consumidores” y quienes no los pierden.

Es el caso de este contrato. Al margen de toda retórica nacionalista, lo cierto es que YPF no hubiera podido conseguir inversores, ni Chevron ni Petronas, si hubiera exigido jurisdicción nacional. Esto quiere decir que la jurisdicción nacional no es confiable, que pierde en esa competencia global entre jurisdicciones.

Ante esta circunstancia nos quedan las siguientes opciones:

  1. Dar prioridad a la soberanía, reclamar la jurisdicción local y quedarnos sin las inversiones extranjeras. Esta posición puede adular el sentimiento nacionalista de muchos pero nos deja sin explotar el recurso ya que no existe ahorro interno suficiente como para financiar semejante inversión.
  2. Aceptar una jurisdicción que sea confiable para el inversor, como en este caso los tribunales de Francia. Se obtiene la inversión pero si hay algún problema se tendrá que resolver en otros tribunales.
  3. Lograr que el sistema jurídico sea confiable. Es decir, “competir” exitosamente con las otras jurisdicciones. Esto requeriría parlamentos que no modifican los contratos con sus legislaciones o violan derechos de propiedad y luego jueces que hacen cumplir los contratos y no avalan su violación.

Lamentablemente, toda la discusión actual se centra, básicamente, en las opciones 1 y 2, pero en verdad la mejor es la 3, ya que eso no solamente protegería a inversores extranjeros sino también a todos los ciudadanos locales, que podrían también confiar en su sistema judicial.

En definitiva, el caso YPF-Petronas nos muestra que el sistema jurídico está sujeto a la competencia. Tal vez la mejor forma de honrar el espíritu nacional sería contar con un sistema jurídico que los extranjeros elijan para sus contratos. Imaginemos que un contrato entre una empresa china y otra en Uganda dijera que cualquier disputa se resolverá en los tribunales argentinos. Parece totalmente imposible, pero no lo es. Después de todo, Alberta, Canadá no es muy diferente de, digamos, Chubut. Solo nos diferencia la “seguridad jurídica”.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Arreglamos con el Club de París, bien, pero, ¿no será para volver a endeudarnos?

Por Martín Krause. Publicado el 1/6/14 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/06/01/arreglamos-con-el-club-de-paris-bien-pero-no-sera-para-volver-a-endeudarnos/

 

El default del año 2002 fue brutal, aunque no la causa de la peor crisis económica, sino consecuencia de ella. Podría haber tenido un efecto “saludable”: cerrar la puerta a un mayor endeudamiento porque nadie nos iba a prestar un dólar (nadie nos presta un peso, por supuesto). No obstante, esto no ocurrió. Si bien se cerró la canilla del endeudamiento externo, se tomaron activos internos como los fondos de pensiones o las reservas del Banco Central. La deuda hoy es más alta que la existente antes del default si se cuentan esas fuentes internas de financiamiento y la emisión monetaria.

Ahora se ha llegado a un acuerdo con el Club de París respecto a las deudas impagas que se tienen con los países más ricos del planeta (Alemania y Japón a la cabeza). ¿Es esto algo beneficioso? Tanto el gobierno como la oposición y la mayoría de los analistas piensan que sí.

Y siendo que el default no ha servido como un límite al endeudamiento tal vez sea así, ya que esto ocasionaba problemas al sector privado, el que no podía acceder a su propio financiamiento, al financiamiento de importaciones o lo hacía a niveles más costosos.

Pero al mismo tiempo, esta solución abre la puerta a un mayor y continuo endeudamiento público: de ahí que lo celebren tanto el gobierno actual (que desesperadamente necesita financiamiento) como los opositores (que lo van a querer tener en el futuro). En el medio de toda esta discusión, no hay ninguna mención al gasto publico: ¿para qué se quiere tener la posibilidad de tomar deuda? ¿Para financiar el próximo “fútbol para todos” o la propaganda official de éste o el futuro gobierno? Se admite rápidamente que es bueno tener financiamiento pero no se considera para qué.

Esto refleja algunos conceptos que hemos visto en las clases:

  1.    El fuerte incentivo de los políticos a recibir los beneficios ahora y postergar los costos hacia el futuro. El gobierno quiere poder gastar ahora (con endeudamiento) y que lo paguen quienes vengan después. ¿Qué van a querer hacer éstos? Refinanciar esa deuda, es decir, también pasarla para más adelante. El ciclo ya lo conocemos, termina, como en 2002, cuando nadie ya nos quiere prestar. Termina así, pero empieza ahora. Los mismo ha ocurrido con YPF: compre ahora y pague después (o pague otro gobierno, pero siempre los contribuyentes en definitiva).

  2.    El otro tema que hemos visto es sobre los posibles “límites al oportunismo político”, en particular relación a esto. Hay varios: límites al endeudamiento o límites al gasto público (que evitaría el endeudamiento).

La experiencia reciente de los Estados Unidos muestra que el “techo” a la deuda no es efectivo. Cada vez que se lo alcanza, se lo extiende. Así, no funciona como un límite efectivo. James Buchanan buscaba evitar esto proponiendo que el techo fuera una norma de nivel constitucional.

Debt-ceiling-increasesPodría tener distintas características: prohibir toda deuda, prohibir el crecimiento de la deuda más allá del crecimiento del PBI (es decir, mantener la relación deuda/PBI constante), poner un límite de deuda con menor crecimiento del PBI (para reducir esa relación en el tiempo).

Alguna norma de este tipo (aunque impensable momento político actual), podría brindarnos los beneficios de salir de este default (quedan otros todavía) sin caer en la tentación de la deuda. Es decir, arreglar con el Club de Paris, pero luego establecer algún tipo de límite creíble al endeudamiento futuro. No es sencillo, hasta ahora el único límite que hemos tenido ha sido el que nos ponen los acreedores cuando no nos prestan más, es decir un límite “exógeno”, externo. No estaría mal adelantarnos a esto con un límite “endógeno”, interno, que sea credible, por supuesto.

No parece políticamente posible pero podría permitirnos sonreír respecto del futuro, no como ahora donde la alegría del arreglo viene acompañada de preocupaciones sobre el futuro de la deuda.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

 

La enfermedad de CFK confirma a Hayek

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 13/10/13 en: http://economiaparatodos.net/la-enfermedad-de-cfk-confirma-a-hayek/

La enfermedad de la presidente ha dejado en evidencia que está rodeada de los peores elementos de la sociedad.

Aun a riesgo de ser reiterativo, casi hasta el cansancio, vuelvo a citar parte del capítulo 10 de Hayek de su libro Camino de Servidumbre.

El título del capítulo 10 es: Por qué los peores se colocan a la cabeza. Dice Hayek: “La probabilidad de imponer un régimen totalitario a un pueblo entero recae en el líder que primero reúna en derredor suyo a un grupo dispuesto voluntariamente a someterse a aquella disciplina totalitaria que luego impondrá por la fuerza al resto”. Y más adelante agrega: “Hay tres razones principales para que semejante grupo, numeroso y fuerte… no lo formen, probablemente, los mejores, sino los peores elementos de cualquier sociedad”. Y enumera las siguientes tres razones:

1)   …si deseamos un alto grado de uniformidad y semejanza de puntos de vista,  tenemos que descender a las regiones de principios morales e intelectuales más bajos, donde prevalecen los más primitivos y <comunes> instintos y grupos.

2)   …el segundo principio negativo de selección: será capaz de obtener el apoyo de todos los dóciles y crédulos que no tienen firmes convicciones propias, sino  que están dispuestos a aceptar un sistema de valores confeccionado, si se machaca en sus orejas con suficiente fuerza y frecuencia

3)   Parece casi una ley de la naturaleza humana que le es más fácil a la gente ponerse de acuerdo sobre un programa negativo, sobre el odio a un enemigo común, sobre la envidia a los que viven mejor, que sobre una tarea positiva. La contraposición del <nosotros> y el <ellos>, la lucha contra los ajenos al grupo, parece ser un ingrediente esencial de todo credo que enlace sólidamente a un grupo para la acción común.

Este libro, escrito en 1943 describe, en gran medida, la Argentina actual. El kirchnerismo – cristinismo es claramente un proyecto autoritario que necesitó rodearse de gente que reúne las tres características mencionadas por Hayek. Bajos morales principios morales e intelectuales, gente que no tiene convicciones propias y trabajar sobre un programa negativo, la confrontación entre el <nosotros> y <ellos>.

Más allá de la suerte que tuvo el kirchnerismo-cristinismo con la evolución de la economía mundial y el precio de la soja, que le permitió inicialmente financiar la fiesta populista, el proyecto era perpetuarse en el poder mediante la alternancia Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Fallecido el santacruceño, se buscó instalar la re reelección de CFK para lograr el Cris for ever y así continuar con el proyecto hegemónico.

Otra de las claves del proyecto hegemónico era subordinar a gobernadores e intendentes mediante el uso de la caja, al tiempo que se desplegaba un amplio programa clientelar mediante los llamados planes sociales, iniciando una persecución de todo aquel que piensa diferente y estimulando la confrontación mediante el invento de inventados enemigos que, supuestamente, conspiraban contra el proyecto nacional y popular.

Con CFK esta construcción de poder se acentuó o aceleró a partir del 2011 cuando ganó las elecciones. A la legión de enemigos inventados se le agregaron la justicia, los medios, los periodistas, economistas, conspiradores que trabajan para destruir la Argentina desde el exterior y cosas por el estilo.

A los discursos en cadena de la presidente se le sumaron las agresiones verbales de ministros, legisladores y seguidores de diferentes colores (Bonafini, D’Elía, etc.) y nunca falta el estúpido que quiere ser más papista que el Papa y pasa de la agresión verbal a la agresión física.

Obviamente que con un mando tan férreo como el que ejerce CFK, ninguno de sus colaboradores más estrechos puede tener un vuelo intelectual propio. Si las órdenes de CFK son inapelables y nadie puede discutirlas, por definición quienes permanecen en sus puestos junto a ella no entran en la categoría de libre pensadores (acaba de confesarlo Juliana Di Tullio.

Basta con ver algunos de sus “colaboradores” para advertir que los principios de Hayek se cumplen. El vicepresidente no solo está sospechado y denunciado por casos de corrupción, sino que además es de una frivolidad que exaspera a la gente al punto que es uno de los miembros del gobierno con peor imagen, con lo cual tratan de esconderlo lo más posible y no se cansan de decir que es presidente transitoriamente pero la que manda es CFK mientras se recupera de la enfermedad. Una forma elegante de decir: “miren que este inútil no los gobierno. Es en chiste lo de presidente”.

Moreno entra en el primitivismo económico más atroz, al tiempo que demuestra su incapacidad para solucionar los problemas. Fracasó en bajar la inflación, en contener el dólar, en el blanqueo y semiparalizó la economía con sus prohibiciones de importación.

Marcó del Pont ha destrozado el patrimonio de BCRA y lleva el récord de pérdida de reservas.

Lorenzino llegó al punto de hacer el papelón del siglo diciendo “me quiero ir” cuando le preguntaron por la inflación en una entrevista.

Abal Medina parece limitarse a repetir los tuits de CFK cuando tiene que expresar una idea. No se sale del libreto. Es como si los tuits de CFK fueran su libro de cabecera.

Kicillof, genio de la estatización de YPF no sabe para dónde agarrar. No encuentran capitales para ampliar la producción.

Los de La Campora, entre otras lindezas, están pulverizando Aerolíneas Argentinas y el listado sigue.

Antes de que CFK tuiera su problema en la cabeza por la cual tuvo que ser operada, se tomaban medidas erradas. Ahora quedó en evidencia que sin ella nadie se atreve a hacer nada por miedo a meter la pata y que, con la vuelta de la jefa, sea defenestrado o zarandeado por inepto.

La enfermedad de CFK dejó al descubierto que la presidente se ha rodeado de los peores elemento de la sociedad, situación que se refleja en la incertidumbre sobre quién gobierna, incertidumbre que está instalada en la sociedad. No se trata de hablar de piloto automático, sino de contar con un equipo de colaboradores eficientes que pueden mantener el barco a flote si el capitán se ausenta por alguna razón. Basta con ver las piruetas que tienen que hacer para que Boudou aparezca lo menos posible en público y mantener en suspenso si asumía como presidente mientras la presidente pasaba el período de recuperación, para advertir que no es, justamente, un elenco de notables el que secundan a Cristina Fernández.

El matrimonio construyó su poder hegemónico con tendencias autoritarias. La subordinación de sus colaboradores debía tener las tres características que marca Hayek en camino de servidumbre. Por eso, si bien Cristina Fernández no tiene capacidad para gobernar eficientemente el país, entendiendo por capacidad la formación intelectual que se requiere para lograr un crecimiento de largo plazo y su relación con la calidad institucional, tampoco ninguno de sus colaboradores o seguidores dispone de esa capacidad. El fanatismo populista y autoritario los aleja de la categoría de estadistas, de gente capacitadas. Como dice Hayek: “…es más fácil a la gente ponerse de acuerdo sobre un programa negativo, sobre el odio a un enemigo común, sobre la envidia a los que viven mejor, que sobre una tarea positiva. La contraposición del <nosotros> y el <ellos>, la lucha contra los ajenos al grupo, parece ser un ingrediente esencial de todo credo que enlace sólidamente a un grupo para la acción común.” Esto es lo que construyó el kirchnerismo. El ellos versus el nosotros. El amigo y enemigo. Y esa construcción no se logra con gente ilustrada. Por eso, al faltar CFK por enfermedad, queda en evidencia que estamos en manos de los peores elementos de la sociedad porque nadie sabe cómo puede continuar la gobernabilidad si falta la CFK. Y no porque ella sea una estadista de fuste, sino porque no buscó rodearse de gente ilustrada para confiarle la administración del país.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Las inundaciones y la oposición-K

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 8/4/13 en http://economiaparatodos.net/las-inundaciones-y-la-oposicion-k/

 No se puede exagerar la tragedia y dolor que le ha tocado vivir a los damnificados por las inundaciones en la ciudad de Buenos Aires, La Plata y otras regiones de la Provincia de Buenos Aires.

Mucho se ha escrito, correctamente, sobre la desidia y responsabilidad de un gobierno que prefiere gastar recursos en publicidad oficial y Fútbol Para Todos sobre las inversiones públicas que hubiesen, posiblemente no evitado, pero ciertamente salvado vidas ante tormentas como las de la semana pasada. El kirchnerismo tiene un claro problema de prioridades. Un gobierno que hace uso y abuso de los recursos públicos para disciplinar y castigar a competidores políticos a expensas del ciudadano no puede justificarse en la mala suerte (“la lluvia no es radical ni peronista”) ni puede evitar cargar con una responsabilidad mayúscula sobre todas las obras que no se hicieron. Sectores de la oposición, sin embargo, al acompañar a lo largo de los últimos años medidas populistas del kirchnerismo cargan también con una importante responsabilidad. El caso de la expropiación de YPF es un ejemplo clarificador.

El ahogo económico que el proyecto “Nac & Pop” impuso sobre el sector energético vía congelamiento de precios y tarifas llevó a un proceso de desinversión y a la pérdida de la “autosuficiencia energética.” De allí la necesidad de importar energía de otros países. En un acto de puro populismo y demagogia se decide expropiar (saltándose los pasos que establece la Constitución Nacional) Repsol YPF y la misma pasa a ser virtualmente manejada por servidores públicos nombrados por el Kirchnerismo. La producción energética no aumentó, lo cual no debería sorprender a nadie. Por el contrario, las necesidad de importación de energía se siguen incrementando dado el aumento en la demanda de energía y en la caída de la producción. Los recursos destinados a la importación de energía podrían haberse utilizado en la construcción de obras públicas que hubiesen contribuido a disminuir la tragedia de la semana pasada de haber tenido una política económica coherente y atraer inversiones en lugar de ahuyentarlas con expropiaciones para la tribuna. Sin la participación de un sector privado atraído por las perspectivas futuras del país, el estado debe elegir entre financiar la importación de energía o ocuparse de la infraestructura del país. De haber permitido el desarrollo de un sector energético pujante los mismos recursos podrían haberse asignado a infraestructura, mientras que los recursos del sector energético provienen de inversores locales e internacionales.

 ¿En qué estaba pensando la oposición cuando votaba a favor de una expropiación (inconstitucional) como la de YPF? ¿Pensó esta oposición-K de dónde saldrían los recursos necesarios para afrontar el costo de la expropiación? ¿Acaso votar la expropiación por que así lo “manda el corazón”, como se expresó algún representante, es un argumento válido para justificar el despilfarro en un populismo que se cobra vidas (Once, inseguridad cotidiana, inundaciones, etc.)? Es cierto, los problemas energéticos son anteriores a la expropiación de YPF, pero la oposición que acompañó tal medida avaló la política populista cuyo fracaso no se puede esconder y, como tal, no deja de ser un ejemplo ilustrativo de que la responsabilidad política no cae sólo en el gobierno nacional, sino también en quien avaló y contribuyó a construir el populismo K. ¿Cuántos de los opositores-K que votaron la expropiación de YPF están hoy cuestionando hoy el uso de recursos del kirchnerismo? ¿Qué hubiese hecho distinto la oposición-K y los que se dejan “llevar por el corazón” si hubiesen estado a cargo de la cantidad de recursos de la que dispone el Kirchnerismo? Pensar que una medida es eficiente por qué así lo dictan sentimientos nacionalistas denota un grave grado de confusión. Un dirigente que al momento de defender las instituciones se deja llevar por el corazón, y no por la razón, es altamente peligroso. No es su fortuna la que este tipo de dirigente somete a sus ánimos nacionalistas, sino los recursos tributarios de sus votantes.

Casos como el de YPF muestran que hay sectores de la oposición que, cuando tuvo espacio, acompañó el desmanejo de recursos del gobierno. Este no es el único caso, la estatización de las AFJP y acompañar un inentendible pacto con Irán son ejemplos del mismo tipo de actitud. ¿En qué estaba pensando la oposición cuando avaló la expropiación de los fondos de retiro y pensión del contribuyente para ponerlos en manos de la ANSES? Si había posibilidad de elegir entre las AFJP y el estado, ¿no es un rasgo típico del autoritarismo K el quitar la posibilidad de elegir al ciudadano? ¿Cuántos de los que votaron la estatización de las AFJP hoy critican la administración de los fondos que hace la ANSES?

Ser oposición en serio no es cuestionar la política del día a día, ni cuestionar arbitrariedades obvias como la del Indec. Ser oposición en serio tampoco es cuestionar el mal manejo de recursos que el mismo opositor votó en el Congreso. Ser oposición en serio es oponerse a esos mismos atropellos institucionales que han acompañado en más de una ocasión cuando se dejaron llevar por el corto plazo; tal cual hacen los gobiernos populistas.
El populismo, sea K, sea de la oposició-K, o sea de cualquier parte del mundo, tiene costos duros e ineludibles. En un país manejado por el kirchnerismo y una oposición-K no se puede exagerar la importancia de las instituciones republicanas, la seguridad jurídica de la propiedad privada y de las libertades individuales. La inundación de la semana pasada son una cruenta muestra que las instituciones no son un juego teórico y de semántica, sino que son un estandarte fundamental del crecimiento y desarrollo de las naciones.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y profesor universitario.