Si compartes tu riqueza, ¡no eres terrorista, eres amigo!

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 31/10/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/10/31/si-compartes-tu-riqueza-no-eres-terrorista-eres-amigo/

 

Todavía fresco el crimen de Yamal Khashoggi, expertos de la ONU han instado a Arabia Saudí a suspender la ejecución de seis jóvenes, detenidos cuando eran menores de edad, y condenados a muerte por participar en las manifestaciones de 2011 al calor de la primavera árabe. “Fueron… sentenciados… por cargos que consideramos una criminalización del ejercicio de los derechos fundamentales, incluidas las libertades de reunión y expresión cuando tenían menos de 18 años”, dice el comunicado oficial.

Entre los condenados se encuentra el chií Ali al Nimr sobrino de Nimr al Nimr, un conocido reformista ejecutado a principios de 2016 por liderar las protestas pacíficas que tomaron las calles de la provincia saudí de Al Qatif exigiendo el fin de la discriminación a la minoría chií y una reforma constitucional. Además, fueron torturados y forzados a confesar sin acceso a una asistencia legal.

Conforme al sistema saudí, inspirado en la ‘sharia’ -legislación islámica-, se castigan con la pena de muerte el asesinato, la violación, el robo, la apostasía y el tráfico de drogas. Ante la ausencia de código penal, las vagas definiciones de la ‘sharia’ favorecen la arbitrariedad.

Días atrás, 19 filipinas estuvieron cinco días detenidas en Arabia Saudí por asistir a una fiesta de Halloween, en la que había hombres y mujeres. Agentes de la inteligencia entraron en un local en la capital donde se celebraba una fiesta y arrestaron a los asistentes, porque las leyes de la ‘sharia’ prohíben estrictamente a hombres y mujeres solteros ser vistos juntos en público. Y, probablemente, aun liberadas serán juzgadas por violar la ley islámica.

Así las cosas, las mujeres -y los hombres- forzados a vivir en estas condiciones, no extraña que prefieran suicidarse, sobre todo si les prometen el cielo eterno luego de su muerte. De modo que no resultan sorprendentes hechos como el que sucedió, días atrás, cuando una mujer de 30 años dejó más de nueve heridos, tras un ataque suicida perpetrado en el centro de la capital de Túnez

Jaled Bin Farhan al Saud, es el único miembro díscolo de la vasta familia real saudí que sobrevive exiliado en el extranjero, en Alemania, gracias a que no cayó en la trampa de acudir a una cita preparada para secuestrarlo y llevarlo de vuelta a su país, como ha ocurrido con el resto. Con respecto al crimen de Yamal Khashoggi, le ha dicho a El Mundo de Madrid, que “Es un crimen propio de una mafia, la última señal de la política impulsiva del príncipe heredero”.

“Cinco príncipes visitaron hace unos días al monarca para conversar con él a propósito de este caso y quejarse de cómo las políticas de su hijo están afectando al país y al propio futuro de la familia real. Tras la reunión, fueron detenidos”, denuncia Bin Farhan que pide “a la comunidad internacional que defienda los derechos humanos… “. ¿Lo harán, serán severos o seguirán “disfrutando” de los cuantiosos “petrodólares” que consiguen con sus ventas de armas?

Como si todo esto no fuera suficiente para dejar claro que el Estado saudí es terrorista, su campaña de bombardeos iniciada en Yemen en 2015 ha dejado ya más de 10.000 víctimas civiles. A tal punto estos ataques son inhumanos que, hasta su mejor aliado, EE.UU., exige que se detenga. Tres años y medio de guerra en uno de los países más pobres del mundo han dejado a dos tercios de los 27 millones de yemeníes dependientes de la ayuda humanitaria.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

¿No serán algo hipócritas?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 8/2/17 en: http://hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=41990&tit=%BFno_seran_algo_hipocritas%3F

 

El rechazo de una corte federal de apelaciones al pedido del Departamento de Justicia de EE.UU., para reactivar el veto migratorio contra inmigrantes de siete países musulmanes -Siria, Irak, Sudán, Somalía, Yemen, Libia e Irán-,trenzó al gobierno deDonald Trump en una lucha legal que podría llevar años y terminar en la Corte Suprema.

Entretanto, los ciudadanos que cuentan con visas válidas y provienen de los países vetados -algunos con trabajos o estudios y familia en EE.UU.- comenzaron a volver apresuradamente aprovechando la contienda legal y ante el temor de que todo pueda volver a revertirse. Han vuelto a una auténtica cárcel, casi al estilo castro cubano, ya que, si salen, por caso, a visitar a sus padres moribundos en medio oriente, corren el riesgo de no poder volver a entrar.

Poco después, Trump dijo algo francamente asombroso, por decir lo menos, ya que en un sistema republicano lo menos que se espera del presidente es que tenga fe, confianza y apoye al Poder Judicial. “Si algo pasa culpen a él (al Juez) y al sistema judicial”, dijo. O sea que no cree en la justicia de su país, no cree en su república, me pregunto ¿no es ésta suficiente razón, al menos desde el punto de vista moral, para que renuncie? Aunque las incoherencias son propias de los políticos, que siempre tapan con demagogia, de otro modo no subsistirían ni por un minuto.

Además, el presidente de EE.UU. prohibió la entrada de todos los refugiados, y la canciller Merkel le recordó la Convención de Ginebra -y el derecho de asilo- que fue adoptada como una parte del acuerdo internacional posterior a 1945. El asilo es un derecho fundamental, una de las armas para prevenir el genocidio y los crímenes contra la humanidad. Y, por cierto, ya se utilizaba en la Grecia antigua, y era un clásico durante la Edad Media que los perseguidos entraran en una Iglesia al grito de “¡Me acojo a sagrado!”, y no había enemigo que no respetara el inviolable el derecho a asilarse en una iglesia.

Hipócritamente, Trump y muchos gobiernos occidentales no excluyen a los súbditos de Arabia Saudí: la patria de Osama bin Laden, de la ideología de Al Qaeda y el Estado Islámico, y de 15 de los 19 asesinos del 11-S. Será, cómo escribió Pablo Pardo, porque ningún yemení o somalí suma el 4,9% del capital de Citigroup, el tercer mayor banco de EE.UU., el 10% del gigante editorial News Corporation, de Rupert Murdoch, que apoya a Donald Trump, el 10% de Eurodisney como tiene el príncipe saudí Al Walid bin Tanal, extravagante al punto de poseer un Airbus 380 que es el único avión del mundo con piscina.

Esa Arabia Saudí madre del fanatismo islámico, que Trump -¿el “macho alfa”?- apoya, donde las mujeres son consideradas, de por vida, menores de edad ya que requieren el permiso de un tutor varón para matricularse en la universidad, trabajar, casarse o sacarse un pasaporte, entre otras muchas cosas como que no pueden conducir automóviles ni ir sin compañía de un hombre a un supermercado, además de taparse el pelo.

Pero todo esto es nada, comparado con el padecimiento de las casi doscientas personas que han sido decapitadas en 2016, la escuela del ISIS… que Trump apoya incondicionalmente: la forma más común de ejecución es decapitación con espada y a menudo son realizadas en público para castigar, además del homicidio, “crímenes” como adulterio, traición, sexo gay, delitos de drogas, hechicería y brujería, y apostasía.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Un enorme drama humano en pleno siglo XXI

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 26/6/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1805218-un-enorme-drama-humano-en-pleno-siglo-xxi

 

Cada vez con mayor frecuencia, las noticias dan cuenta de los constantes movimientos migratorios de personas que, desesperadas, huyen de la violencia o de la miseria o de ambas cosas a la vez, en procura de una vida digna para ellos y sus familias. Con costos humanos altísimos. Sabemos que muchos hasta pierden la vida en ese esfuerzo.

Pero pocas veces nos detenemos a pensar, concretamente, en el nivel de horror -y en los peligros- que, para muchos, ese tránsito cruel supone. Por eso que, de pronto, las Naciones Unidas, a través de sus organismos especializados, nos golpeen con los datos de la realidad es no sólo oportuno, sino indispensable.

Las cifras que se acaban de dar a conocer dan cuenta de que, a fines del año pasado, 60 millones de personas tenían el carácter de desplazados en nuestro mundo. Esa cifra, por lo demás, incluye solo a quienes escapan por razones que tienen que ver con los conflictos armados y las persecuciones violentas. No con la pobreza, ni la miseria. La cifra es similar a las poblaciones totales de Argentina y Chile, sumadas. A lo que cabe agregar que, de esa terrible cifra, la mitad son niños.

A esos 60 millones de seres humanos, en 2014 se agregaron 14 millones de personas, según señala el Alto Comisionado para los Refugiados. Más de 38.000 individuos por día. Para peor, debido a los múltiples conflictos armados internos, hay 11 millones de personas que, desplazadas, en rigor no han salido siquiera de su propio país, en cuyo interior viven huyendo.

Cabe apuntar que, siempre en 2014, tan sólo unas 127.000 personas regresaron a sus lugares de origen. Esa es la cifra anual de retornos más baja de las últimas tres décadas.

Hay dos millones y medio de desplazados en Sudán, en la región de Darfur y un millón y medio de afganos viviendo en territorio de Paquistán. Turquía e Irán son otros dos países sometidos a tremendas presiones y esfuerzos, desde que también ellos son hoy precario refugio de millones de seres humanos extranjeros que escapan del horror y de las represiones en países como Siria o Eritrea.

Uno de cada cuatro de esos refugiados se afinca, cabe destacar, en los países pobres. Por eso ocurre que países como Kenya paradójicamente alojan más refugiados que Francia o Gran Bretaña.

Países cuyas instituciones han colapsado, como es el caso de Libia, sirven de trampolín para la dolorosa carrera de los desplazados hacia la vida. Y de ámbito ideal de acción para las organizaciones criminales que, en la opacidad, lucran perversamente con este desgraciado tráfico humano. Quienes circunstancialmente pasan algún tiempo en los distintos campamentos de refugiados suelen tener que enfrentar el hambre y la violencia sexual. Y quedar sumergidos, por largo rato, en la pobreza.

La guerra civil siria es hoy ciertamente la mayor generadora de desplazados. Hay nada menos que unos siete millones y medio de sirios que están desplazados en el interior de ese devastado país. A los que se agregan casi cuatro millones más de sirios que ya se han refugiado en el exterior, diseminados por el mundo. Esa es la tremenda dimensión humana de una tragedia que pareciera no tener fin a la vista.

La situación bélica en Yemen y ahora la crisis nuevamente desatada en Burundi representan otros dos grandes conflictos violentos que empujan a millones de almas a escapar precipitadamente de lugares que se han transformado en infiernos altamente peligrosos.

Las cifras antes aludidas debieran hacernos reflexionar a todos. Nuestro país, por sus características particulares, puede hacer mucho más para contribuir a paliar el drama de los refugiados y desplazados en el mundo. Pero, como siempre, hay que querer hacerlo. Lo que supone actuar por nuestros semejantes más allá de la enfermiza retórica vacía que nos caracteriza y de los cálculos electorales. O, peor, de las grotescas búsquedas de notoriedad.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

¿Y por qué la derecha se queja de Castro?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 7/6/15 en: http://www.eluniversal.com/opinion/150607/y-por-que-la-derecha-se-queja-de-castro

 

Los humanos estamos interrelacionados -es “la comunión de los santos” diría la iglesia Católica- de modo que cada cosa que hacemos fluye y tiene consecuencias sobre el resto como cuando caen las fichas de un dominó. Así, en alguna medida, todo lo que ocurre en el cosmos es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. Y, por ello, la mejor solución para los problemas es empezar por corregirnos personalmente, porque es más realista y porque, como la violencia -incluso en los casos de defensa propia y urgente- solo destruye, coaccionar al otro empeora las cosas.

Los terroristas del ISIS aterrorizan con sus salvajes decapitaciones. Y los gobiernos Occidentales los tienen por enemigos pero a su vez apoyan -y se apoyan- en la tiranía saudita que es la principal proveedora ideológica y material del extremismo islámico, como el del ISIS.  Arabia Saudí que, además de ser la principal financiadora de mezquitas por todo el mundo -muchas de las cuales son escuelas de fanatismo-, decapita alegremente.

Solo en los primeros tres meses de 2015 la monarquía saudí decapitó a más de 50 personas. Durante todo el 2014, condenó a la decapitación a 87 personas, así es que en solo tres meses superó la mitad de lo ejecutado durante el año pasado. Pero las atrocidades van más lejos. Por caso, en enero las autoridades sauditas detuvieron al hombre que grabó la decapitación de una mujer birmana declarada culpable, por un tribunal islámico, de abusar sexualmente y de asesinar a su hijastra de siete años.

Según el diario Okaz, fue un miembro de las fuerzas de seguridad que participaron en la ejecución el que grabó la decapitación con su teléfono móvil de manera encubierta, y fue detenido en La Meca y comparecerá ante un tribunal militar y otro islámico. La grabación muestra a la mujer gritando, mientras la arrastran por la calle, y luego cuatro agentes de la policía la sujetan antes de que un verdugo la decapite con tres golpes espada.

Semanas atrás, por otro caso, Mohammed al-Bajadi, miembro de uno de los pocos grupos de derechos humanos en Arabia Saudita, fue condenado a diez años de prisión. Según The Guardian: “Bajadi enfrentó acusaciones como la adquisición de libros prohibidos, la organización de una protesta de las familias de los presos y la publicación de material que podía perjudicar el orden público”. Otro activista, Raif Badawi fue condenado a 1.000 latigazos por “insultar al Islam”. Ni en la Cuba de la cruda dictadura castrista pasan estas cosas.

Pero Arabia Saudí ha justificado su intervención en Yemen por el peligro que suponía la presencia de Irán (chií) en su frontera, a través de la milicia de los Huthi. Sin embargo, la amenaza más inmediata para el reino siguen siendo los yihadistas suníes, según admite el gobierno. Pero hete aquí que, de los 93 presuntos terroristas cuya detención se anunció hace unos días y que estaban vinculados con el ISIS, al menos 77 son ¡ciudadanos saudíes! Además, la operación en Yemen está beneficiando a Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) ante lo que la tiranía saudí se limita a afirmar: “No estamos contentos con ello”.

En fin, el día en que los gobiernos occidentales dejen de apoyar a la inhumana tiranía saudita probablemente el ISIS se debilite hasta desaparecer aunque, claro, no les conviene a los fabricantes y traficantes de armas que sobornan a los gobernantes.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Irán, el más activo proliferador en Medio Oriente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 4/2/13 en http://www.lanacion.com.ar/1551518-iran-el-mas-activo-proliferador-en-medio-oriente

Irán no sólo tiene las conocidas ambiciones de poder transformarse en una potencia militar nuclear, sino que -a través de su “Guardia Revolucionaria Islámica”- está activamente armando a distintos movimientos terroristas que operan en Medio Oriente.

En los últimos meses,entonces, no sólo ha negociado y suscripto el controvertido acuerdo con Argentina sobre el caso de la AMIA, sino que se ha transformado en el más importante proliferador-de toda suerte de armamentos- en esa frágil región del mundo.

Así lo acaba de confirmar el propio Secretario de Defensa de los Estados Unidos, el demócrata León Panetta, en una de sus recientes declaraciones a los medios de su país, cuando se apresta a dejar su cargo.

Irán está ahora exportando -irresponsablemente- los llamados “manpads”, o sea misiles que pueden ser disparados por una persona desde su hombro para derribar con ellos a cualquier tipo de aviones o helicópteros, incluyendo a los comerciales, esto es a los de pasajeros. Peligrosísimos, por cierto, especialmente si caen en manos de fanáticos.

El 23 de enero pasado, Yemen, con asistencia norteamericana, logró interceptar un cargamento de esos dantescos misiles que estaba siendo transportado por un buque de cargaque navegaba en aguas de ese país. Presumiblemente,en ese caso, las armas estaban destinadas al grupo yemení denominado “Houti”, de corte separatista, que opera en el norte de ese país y que ya ha mantenido duros enfrentamientos armados, tanto con las fuerzas del gobierno de su país, en San’a, como contra las bien equipadas fuerzas armadas de la vecina Arabia Saudita.

Incidente al que cabe agregar el reciente episodio protagonizado por la aviación israelí, que destruyó una columna de camiones que circulaba en pleno territorio sirio, que aparentemente transportaba un moderno sistema iraní de defensa anti-áerea(con misiles de fabricación rusa, los SA-17) que se estaba transfiriendo a Haezbollah, para ser instalado por esta organización financiada y sostenida por Irán en el sur del Líbano.

Siria negó que ese bombardeo hubiera existido y se limitó a denunciar el ataque por parte de aviones israelíes de una instalación “de investigación” instalada -sostuvo- en las afueras de Damasco, en Jamraya, que dio por destruida.

Ambas cosas habrían, aparentemente, existido. A lo que se suma la intensa vigilancia que impone la posibilidad de que todo o parte del armamento biológico y químico sirio pueda de pronto caer en manos de la milicia shiita de Hezbollah.

Recordemos que Israel y Siria están técnicamente en guerra, aunque hayan mantenido un casi constante cese del fuego a lo largo de los últimos años. Los milicianos de la Guardia Revolucionaria iraní están luchando en el interior de Siria, defendiendo al ahora tambaleante régimen alawita de los Assad..

Este ataque se suma, ciertamente, al realizado en 2007, también en territorio sirio, contra lo que se cree eran las instalaciones del programa nuclear sirio y al más reciente raid aéreo contra una fábrica militar sudanesa, emplazada cerca de Khartoum, que producía armas destinadas a los milicianos de Hamás.

Para combatir el terrorismo y la proliferación de armas peligrosas originadas en la implosión libia o las suministradas por Irán,destinadas todas a armar a los diferentes movimientos terroristasque operan en el norte de África, los Estados Unidos acaban de anunciar que establecerán una base de aviones no tripulados (drones) en Niger. Desde allí utilizarán esos aparatos para vigilar constantemente las actividades y desplazamientos de los aliados de Al Qaeda en la región, particularmente ahora que acaban de ser desalojados por las fuerzas armadas de Francia del norte de Mali, habiéndose refugiado (una vez más) en la zona -montañosa e inaccesible- que separa a Mali de Argelia, territorio que los milicianos jihadistasconocen como las palmas de sus manos.

Detrás de todo esto aparece, cada vez con mayor frecuencia,la sombra peligrosa de las organizaciones paramilitares de la teocracia fanática iraní, obviamente preocupada por las consecuencias de perder, de pronto, el control de la Siria conducida por el clan que lidera Bashar al-Assad, eventualidad que cada vez parece estar más cerca de transformarse en una realidad,lo que naturalmente golpearía estratégicamente a Irán.

Mientras tanto Irán-el país que sigue siendo el mayor exportador de terrorismo del mundo- ha asumido,además,la referida intensa actividad proliferadora que, por su intensidad creciente, preocupa, y mucho, a la comunidad internacional.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.