Un libro indispensable para nuestro tiempo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 1/10/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/10/01/un-libro-indispensable-para-nuestro-tiempo/

Obras como “En defensa de la propiedad”, de Gottfried Dietze, exigen ser leídas y estudiadas una y otra vez si es que se desea entender lo que viene ocurriendo en el llamado mundo libre

Gottfried-Dietze

Gottfried-Dietze

Antes de entrar en materia abro esta nota periodística con una muy atinada reflexión que se vincula estrechamente a lo que vamos a comentar a continuación. Se trata de Niall Ferguson en su monumental obra titulada CivilizationThe West and the Rest: “Algunas personas cometen el error de utilizar la idea de la democracia por lo que imaginan que cualquier país la pude adoptar simplemente por llamar a elecciones. En realidad, la democracia es el coronamiento de un edificio que tiene su fundamento en el estado de derecho, para ser preciso en la santidad de la libertad individual y la seguridad del derecho de propiedad privada.”

De más está decir que muchos son los libros que resplandecen en las bibliotecas cuya influencia perdura por generaciones y generaciones, pero hay obras como las del profesor Gottfried Dietze que exigen ser leídas y estudiadas una y otra vez si es que se desea entender lo que viene ocurriendo en el llamado mundo libre.

Dietze obtuvo tres doctorados: uno en derecho en la Universidad de Heidelberg, otro en ciencia política de Princeton y el tercero en ciencia jurídica en la de Virginia. Enseñó durante décadas en la Universidad Johns Hopkins. Su triada más difundida está compuesta por Amercia´s Political Dilemma. From Limited to Unlimited Democracy, The Federalist. A Classic on Federalism and Free Government y In Defense of Property, libro éste último traducido al castellano y publicado por mi padre en Buenos Aires hace ya más de cuarenta años, con el título de En defensa de la propiedad, obra que tuvo notable difusión en Argentina (la tradujo mi padre al castellano). Antes he escrito sobre otra de las obras de este autor pero ahora me concentraré en la última de las mencionadas.

Lo conocí al profesor Dietze con motivo de mi conferencia en la reunión anual de la Foundation for Economic Education en New York, en mayo de 1981, y luego tuve la ocasión de escucharlo personalmente con motivo de su visita a ESEADE. Ahora dedico estas líneas a escribir sobre el último de los libros mencionados de Gottfried Dietze con lo cual no pretendo hacer del todo justicia en este resumen pero sí llamar la atención sobre este libro.

Antes de esto hago una breve introducción bifronte. Por un lado consigno que la existencia de la institución de la propiedad privada se debe a la escasez de bienes en relación a las necesidades que hay por ellos. Si estuviéramos en un mundo sobreabundante donde habría de todo para todos todo el tiempo no será necesaria aquella institución ya que con solo estirar la mano se obtendría lo necesario. Pero como la naturaleza de las cosas no es así y no pueden simultáneamente utilizarse los mismos bienes (sean de consumo o de factores de producción) deben asignarse derechos de propiedad (el origen está explicado por la secuencia Locke-Nozick-Kirzner) y a partir de allí cada uno debe servir al prójimo para incrementar su patrimonio y si no lo logra incurre en quebrantos.

En el segundo punto reiteramos que sin propiedad privada no hay precios ya que estos surgen como consecuencia de arreglos contractuales en los que se ponen en evidencia las respectivas valorizaciones (si el Leviatán pretende controlar precios, estos se convierten en simples números sin relevancia ya que no reflejan las antedichas valorizaciones). Pues bien, en la media en que se debilite la propiedad privada (para no decir nada si se la elimina) los precios dejan de expresar las apreciaciones de cada bien o servicio con lo que se dificulta (o se imposibilita según el grado de entrometimiento de los aparatos estatales) la evaluación de proyectos, la contabilidad y el cálculo económico en general.

Como es sabido carece de sentido sostener que se procederá en tal o cual dirección “según marquen las razones técnicas” puesto que de nada sirven si no se las pondera por los precios. Por eso es que he ilustrado tantas veces este dilema diciendo que donde no hay precios no se sabe si conviene construir carreteras con oro o con asfalto.

Vamos ahora muy sucintamente a la obra de Dietze con comentarios “a vuelo de pájaro”. Comienza su trabajo con un largo desarrollo de la idea natural de la propiedad en las plantas que necesitan de territorio para subsistir, los animales que reconocen su lugar y las comunidades primitivas en un proceso de prueba y error los condujo a la necesitad de la propiedad para evitar “la tragedia de los comunes” tal como señaló Aristóteles en contraposición a la idea de Platón, lo cual fue reafirmado en Grecia y, sobre todo, en Roma.

El autor muestra las influencias decisivas de Cicerón, Hugo Grotius, Pufendorf, la escolástica tardía, Sidney, Locke, la Escuela Escocesa y todos sus múltiples derivados contemporáneos y también las tendencias contrarias a la propiedad del tipo de las de Rousseau (en su trabajo de 1755, aunque después se haya retractado parcialmente, pero manteniendo su idea de la democracia ilimitada), Hans Kelsen, Marx y sus muchos imitadores con versiones enmascaradas con versiones más suavizadas pero en el fondo más contundentes (tipo Keynes).

Se detiene a subrayar un aspecto crucial: el error de santificar las llamadas “libertades civiles” (por ejemplo, votar) como independientes de las libertades económicas como si la propiedad privada no fuera la libertad civil por antonomasia, es decir, el sostén de la civilización (de donde proviene la expresión “civil”). Como he marcado en otra ocasión resulta por lo menos curioso que se adhiera al las libertades políticas, es decir el continente, y se reniega de las posibilidades de cada uno a hacer lo que estime pertinente con los propio, es decir, el contenido.

Se lamenta que se haya arraigado la expresión “libertad negativa” con las consiguientes connotaciones, para aludir a la libertad en el contexto de las relaciones sociales, a saber, la ausencia de coacción por parte de otros hombres, cuando, en verdad, esa libertad genera efectos positivos.

Se explaya en el origen de los parlamentos como administradores de las finanzas del rey o el emperador y no como legisladores, puesto que esta función estaba en manos de árbitros-jueces en competencia para descubrir el derecho y no con la pretensión de diseño o ingeniería social. Además, en este contexto, refleja la evolución histórica de los parlamentarios como dique de contención a las inclinaciones de los gobernantes a aumentar impuestos.

En definitiva, los “juicios de manifestación” de los fueros españoles (antes que el habeas corpus inglés), la Carta Magna, la Petición de Derechos, la Declaración de la Independencia estadounidense y su Constitución, la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano (antes de la contrarrevolución francesa), las Cortes de Cádiz y todas las constituciones que se basaron en estos pilares, fueron elaborados en torno al derecho de propiedad junto al derecho de resistencia cuando el poder despótico se torna irresistible.

Luego de muchas otras consideraciones, concluye Dietze revelando su preocupación por la declinación del respeto a la propiedad en el baluarte del mundo libre: Estados Unidos (la primera edición de su libro es de 1963), lo cual comenzó ya en la época de Woodrow Wilson con “la revolución del año 13″ con la implantación del impuesto progresivo y el establecimiento de la banca central que requirieron dos enmiendas constitucionales y siguió con el denominado “New Deal” para continuar en una senda regresiva hasta nuestro días.

Termina su libro afirmando que “hemos perdido el sentido de la importancia de la propiedad”. Y agrega: “La relevancia de la propiedad de logró a través de sucesivas luchas y ahora se observa su continuo recorte y limitaciones. Ya que esta situación ocurrió en el seno de lo que se reconoce como “democracia”, la cuestión surge en cuanto a preguntarnos si esa forma de gobierno [la democracia ilimitada] no ha perdido legitimidad puesto que ha destruido los pilares de la civilización, es decir, la propiedad privada”.

Sin duda que Gottfried Dietze suscribe plenamente el ideal democrático (tal como lo pone una y otra vez de manifiesto en otra de sus ya referidas obras: America´s Political Dilemma. From Limited to Unlimited Democracy), pero describe como ese ideal a degenerado en su contrario. En esta instancia del proceso de evolución cultural, urgentemente se requiere pensar en nuevos límites para el Leviatán si es que se perciben las ventajas insustituibles en de la propiedad privada que está siendo corroída por mayorías sin freno, lo cual comenzó en nuestra era con el gobierno criminal de Adolf Hitler.

En otras oportunidades nos hemos referido en detalle a algunas de las propuestas realizadas para limitar el poder al efecto de mantenerse en el ideal democrático, propuestas realizadas por Hayek, Leoni y las que han pasado inadvertidas formuladas por Montesquieu y las expuestas por Randolph y Gerry en la Convención Constituyente estadounidense. Si estas sugerencias no fueran aceptadas, hay que pensar en otras, puesto que de lo contrario los aparatos estatales desbocados terminarán con la sociedad abierta.

Finalmente es del caso citar la fenomenal contribución de Ludwig von Mises en 1920 respecto a la imposibilidad de cálculo económico en el sistema socialista puesto que al no haber propiedad (recordemos que Marx y Engels concluyeron en 1848 que toda su filosofía “puede resumirse en la abolición de la propiedad privada”). Al no existir propiedad privada no hay precios ya que estos son el resultado de transacciones sobre derechos de propiedad. A su vez, al no tener lugar los precios no hay manera de saber que reglón es rentable y cuál no lo es. En otros términos, no existe tal cosa como la economía socialista puesto que no resulta posible economizar. Como muchas veces he ilustrado en ese contexto no se sabe si conviene fabricar caminos con asfalto o con oro y si alguien denuncia el derroche de hacerlo con el metal aurífero es porque recordó los precios relativos antes de la socialización de la propiedad. En esta línea argumental es también del caso tener presente lo que en ciencias políticas se conoce como la tragedia de los comunes, es decir, lo que es de todos no es de nadie. Este análisis bifronte es está presente en el estudio de Dietze que hemos comentado telegráficamente.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

DONALD TRUMP Y LAS CORRIENTES MIGRATORIAS

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

 

Antes de entrar en materia es menester aludir a uno de los tantos comentarios sobre la ineptitud moral del actual presidente de los Estados Unidos para ocupar ese cargo. Como es de público conocimiento, son muchos las destacadas personalidades que concluyen lo dicho, desde encumbrados empresarios que por ese motivo han renunciado al consejo asesor empresario, a historiadores de renombre inclusive su propio biógrafo, a senadores de su propio partido, a periodistas de muy diversos medios orales y escritos. Se han referido a sus modales del todo impropios para la presidencia, a sus berrinches con la prensa al pretender echar de la Casa Blanca a críticos como si el inmueble le perteneciera, sus exabruptos respecto a jueces que emiten fallos en su contra, sus ofensas y “guerras comerciales” con gobernantes de países tradicionalmente aliados de Estados Unidos, su xenofobia, sus maltratos y reemplazos intempestivos con funcionarios varios incluyendo al director del FBI, al Secretario de Seguridad, dos de sus voceros y a su Jefe de Gabinete a lo que ahora se agrega el despido del Secretario de Interior, su abogado de mayor cercanía termina en la cárcel por mentir y concluye que “Trump no merece confianza” (el Presidente ahora lo llama “rata”, a lo cual el ex procurador federal y colaborador de Fox News Andrew McCarthy le recuerda que esa palabra es usada por la mafia para aludir a quienes confiesan la verdad a las autoridades). Mientras, está en marcha el proceso del Russiagate y también los alarmantes incrementos del gasto y la deuda pública que más que compensan la reducción de ciertos impuestos y determinadas regulaciones.

Cabe agregar a lo consignado que aquellos que apoyan al inquilino de la Casa Blanca por el mero hecho de haber reducido impuestos sin importarles los avasallamientos a la división de poderes y las antedichas extralimitaciones, me recuerdan a los indios sudamericanos en la época de la conquista española que por la entrega de espejitos de colores y otras chucherías se dejaban engañar vendiendo su libertad para someterse a instituciones esclavistas como la mita y el yanaconazgo.

En todo caso mencionamos  aquí el caso de Rex Tillerson, el primer Secretario de Estado designado por actual mandatario (que más bien actúa como mandante), quien ha llevado a cabo una carrera descollante  en el mundo de los negocios. Es ingeniero civil y antes de asumir esa cartera se desempeñaba como presidente del directorio y CEO de ExxonMobil, como es sabido la sexta empresa con mayor facturación del mundo. Pues bien, Tillerson luego de dejar ese cargo (tercero en la línea sucesoria a la presidencia de Estados Unidos) al ser malamente despedido por Twitter e insultado por Trump, ha sostenido desde prestigiosas tribunas universitarias, militares y empresarias que Trump le ha insistido “en reiteradas oportunidades encarar actividades claramente ilegales”, que “no respeta los límites de su cargo”, que “permanentemente hace afirmaciones que no se condicen con los hechos” y que “no comprende las ventajas del comercio libre”.

Es sabido que  Estados Unidos viene sufriendo una marcada decadencia respecto a los valores y principios establecidos por los Padres Fundadores. Como he señalado en detalle en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos, primero Woodrow Wilson, luego F. D. Roosevelt y finalmente Bush segundo contribuyeron al despeñadero, pero todos respetaban las formas lo cual no  hace Trump.

También es sabido que el partido Demócrata se ha radicalizado con los Bernie Sanders, Beto O´Rourke y la propia Clinton pero eso no justifica apañar los desatinos de Trump, aunque debe precisarse que hay algunas manifestaciones de saludable reacción en el Partido Republicano al efecto de retornar a las tradiciones estadounidenses de respeto recíproco como, por ejemplo, es el caso del senador Jeff Flake quien categóricamente reniega del actual presidente.

Después de esta introducción telegráfica pasemos ahora a considerar el tema de las inmigraciones tan vilipendiadas y atacadas por Donald Trump y desafortunadamente copiadas por muchas de las oposiciones y de los oficialismos en varios de los actuales países europeos, en todos los casos imbuidos por nacionalismos y consecuentes xenofobias de distinto tenor.

Lo primero es decir que salvo los que permanecieron en África, todos los habitantes del planeta son inmigrantes incluso los mal llamados “pueblos originarios” que en verdad son inmigrantes originarios ya que sus ancestros se mudaron al continente a través del Estrecho de Bering cuando el nivel del océano era distinto al actual. Todos los seres humanos provenimos de África.

En segundo término es del caso recordar que la única razón para la subdivisión del globo terráqueo en naciones o países estriba en el peligro de concentración de poder que significa un gobierno universal. A su vez la descentralización interior en provincias y municipios mitiga el referido peligro. Es cierto que el mundo está hoy infectado de nacionalismos pero hay que prestar atención a los contrafácticos: imaginemos el abuso de poder con cualquiera de los gobernantes actuales al frente de una administración universal. Subrayamos el fundamento de la subdivisión del globo para resaltar que las fronteras no son asunto serio ni para consagrar barreras alambradas. El movimiento libre de personas y bienes es demostración de civilización, es decir, el entender las ventajas de dichos intercambios. No voy a volver sobre esas grandes ventajas pues ya he escrito mucho sobre esos asuntos en otras columnas, ensayos y libros, solo aquí subrayo lo atractivo de culturas abiertas (una redundancia puesto que culturas cerradas es una contradicción en los términos), lo cual implica un proceso infinito y renovado de donaciones y entregas en el que tiene lugar un proceso de selección y reselección de vestimentas, comidas, arquitecturas, músicas, lecturas y demás manifestaciones que enriquecen a las partes.

Tampoco voy a repetir aquí los argumentos que refutan la sandez de que los inmigrantes restan trabajo a los locales (independientemente de los casos en los que aceptan faenas que los nativos rechazan) puesto que toda expresión de labores que se ofrecen por menores salarios de los promedio equivale a incrementos en la productividad lo cual aumenta las tasas de capitalización que a su vez permiten mayores salarios e ingresos en términos reales. La línea argumental no difiere de la incorporación de bienes más baratos y de mejor calidad en contraposición al disparate que pretende defender la industria nacional, sobre lo cual también he escrito en reiteradas ocasiones. En un mercado laboral abierto no hay tal cosa como sobrante de trabajo (desempleo) puesto que no sobra aquél factor indispensable para prestar servicios y producir bienes.

Cuando aparece la robotización y demás factores tecnológicos se liberan recursos humanos y materiales para hacer otras cosas y satisfacer nuevos requerimientos ya que los recursos son limitados y las necesidades ilimitadas. Por su parte, los empresarios están interesados en capacitar al efecto de sacar partida de los nuevos arbitrajes. Por otro lado, si no hubieran nuevas necesidades que atender estaríamos en Jauja, situación irreal pero que sería una bendición. En una sociedad abierta el único rechazo y consiguiente condena es al que lesiona derechos de terceros, sea el responsable nativo o extranjero. Es curiosa la hipocresía que rodea estos asuntos, como cuando en misa católica se canta a voz en cuello “toma mi mano hermano” pero cuando irrumpen nacionalismos los inmigrantes pasan a ser enemigos y comienzan a utilizarse barrabasadas como la idea de “la raza” y “la sangre” sin percatarse, por una parte, que las características físicas exteriores son consecuencia del clima, por eso entre otras cosas los sicarios nazis tatuaban y rapaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Por otro lado, hay solo cuatro grupos sanguíneos que están distribuidos entre todas las poblaciones.

Hay un asunto que conviene puntualizar en este contexto y es la airada protesta debido al empeoramiento de las condiciones fiscales de un país cuando los inmigrantes se cuelgan de los sistemas de salud y educación mal denominados gratuitos (mal denominados porque nada es gratis, siempre algún vecino se ve obligado a entregar parte del fruto de su trabajo ya que ningún gobernante contribuye de su peculio). Esto así está mal planteado. Se equivoca de blanco. El problema no son los inmigrantes sino el también mal llamado “Estado Benefactor”, en este caso debido a que la única beneficencia propiamente dicha es la realizada con recursos propios y de modo voluntario. Si se arrancan billeteras y carteras para compulsivamente entregar recursos a otros, no hay beneficencia sino que se ha producido una exacción. En todo caso,  dado que no resulta posible adoptar de modo simultáneo todas las políticas liberales que se requieren, se ha sugerido para que no se usen a los inmigrantes como pretexto que se les prohíba la utilización de esos “servicios gratuitos” y que no se les exija aportes de ninguna naturaleza para financiarlos compulsivamente, lo cual los convierte en personas libres tal como les gustaría a muchos que se ven forzados a aportar en direcciones que no prefieren.

Viene ahora una cuestión de especial interés en materia migratoria y es la referida a los musulmanes. En este sentido resumo parcialmente lo que he escrito antes donde incluyo referencia al último libro de José Levy – doctor en filosofía, corresponsal de CNN en Medio Oriente- en el que muestra que el tema no es de esa religión que igual que las otras dos monoteístas pretende la paz por lo que con razón dice el autor que resulta “equívoco” el nombre de “Estado Islámico” puesto que “es erróneo reconocer cualquier fenómeno protagonizado por musulmanes como representativo de toda su religión”.

Bien consigna el autor que “La religión musulmana, la cual en determinados siglos fue modelo de tolerancia hacia los otros credos, ya fuera durante la España musulmana o durante el Imperio Otomano, es ahora empleada de manera viciosa por extremistas que intentan transformarla en rehén de sus perversiones y valerse de ella como excusa para las actuaciones más siniestras” puesto que para “muchos musulmanes el Yihad es una guerra santa pero no de conquistas territoriales y muerte, sino interna, de esfuerzo y deseo de superarse espiritualmente”. Los terroristas entonces son criminales a secas, el mezclar religiones solo logra una llamarada de fanatismos incontenibles. Guy Sorman y Gary Becker sostienen que el Corán es el libro de los hombres de negocios debido al respeto a los contratos y la propiedad. Recordemos que en el 5:31 del Corán se subraya que el que mata a un hombre ha matado a la humanidad.

El fanatismo criminal en nombre de la religión no es patrimonio de los musulmanes, la única diferencia que los cristianos con la brutalidad de la Inquisición, las “guerras santas” en la conquista de América, las Cruzadas y el tratamiento indecente de judíos es que los cristianos se referían a “los herejes”, mientras que los que se escudan en el Islam llevan a cabo sus espantosas fechorías contra “los infieles”. Los judíos también han hecho lo suyo en su momento si recordamos, por ejemplo, el martirio de San Esteban.

Debemos tener en cuenta que la población mundial musulmana es de mil quinientos millones de habitantes y como ha repetido Salman Rushdie solo los gobiernos que comandan regimenes totalitarios pretenden secuestrar a sus habitantes de las normas de convivencia civilizada. El sheij de la comunidad islámica argentina Abdelkader Ismael- licenciado en teología y licenciado en ciencias políticas- en declaraciones recogidas por diversos medios, sostuvo  que naturalmente cuando los terroristas de ETA o IRA atacan se los identifica como criminales pero no por las religiones que profesan sus integrantes, sin embargo, esto no ocurre con los musulmanes: “al criminal hay que llamarlo por su nombre y apellido y no por la religión a la que cree responder” puesto que “un musulmán verdadero jamás alienta a sus hijos a celebrar la muerte de otro ser humano”, pero de tanto repetir estereotipos se los terminan creyendo ya que “si siempre escucho tango, puedo creer que no existe otra música”.  Es tiempo de no caer en la macabra trampa tendida por quienes usan las religiones para escudarse en sus actos criminales porque saben que con ello desatan pasiones irrefrenables.

Es de desear que quienes somos testigos del abuso e interpretación retorcida de religiones propiamente dichas no miremos para otro lado cuando no toca nuestras creencias porque con esta conducta del avestruz no solo se cometen injusticias muy  graves sino que así perderemos nuestro derecho a quejarnos cuando toque el turno de atacar nuestros valores y creencias. La islamofobia, la judeofobia, la fobia al cristianismo, al budismo, los rechazos a deístas, agnósticos y ateos y demás manifestaciones de intolerancia solo prometen dolor y sangre.

En resumen, las corrientes migratorias deben respetarse y comprender sus beneficios. En la medida en que se asignen derechos de propiedad queda más claro quien contrata a quien, sin que en ningún caso se estimule la vagancia y la pretensión de tomar la vía pública como alojamiento.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

Angus Deaton, el economista que busca las claves del desarrollo

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 13/10/15 en http://esblog.panampost.com/guillermo-covernton/2015/10/13/angus-deaton-el-economista-que-busca-las-claves-del-desarrollo/

 

El ganador del premio en memoria de Alfred Nobel en economía dedicó su trabajo a medir la pobreza y encontrar explicaciones al desarrollo.

 

El escocés Angus Deaton fue galardonado esta semana con el premio Nobel de Economía por sus investigaciones. (OKdiario.com)

El economista estadounidense Angus S. Deaton fue galardonado este lunes con el premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas, en memoria de Alfred Nobel, que entrega anualmente la institución, desde 1968.

Escocés, nacido en Edimburgo en 1945, trabaja desde 1983 en investigaciones en la Universidad de Princeton en Estados Unidos, donde ocupa la cátedra Dwight D. Eisenhower de Economía y Asuntos Internacionales de la Escuela Woodrow Wilson de Políticas Públicas y Relaciones internacionales, en el departamento de Economía.

Deaton se formó en la Universidad de Cambridge, en la que obtuvo su título de grado, su maestría y su doctorado. El último fue con una tesis sobre: “Modelos de demanda de los consumidores y su aplicación en el Reino Unido”. Ha dictado cátedras en Inglaterra, tanto en su alma mater, como en la Universidad de Bristol.

Su tema de estudio ha sido específicamente el intento de comprender las razones que perpetúan la pobreza, las causas del desarrollo, de las desigualdades y de las dificultades para eliminarlas, además de la forma de medir todas estas variables y su relación con la calidad de vida de las personas.

El estudio de las conductas de consumo, y su aporte a la comprensión de los problemas de pobreza y del bienestar, quizás sean el más acertado resumen del proyecto de investigación que ha desarrollado a lo largo de su vida. Lo que él define como el estudio de la “salud, el bienestar y el desarrollo económico”.

Se manifestó en temas de enorme actualidad, incluida la discriminación de género en las posibilidades de desarrollo individual, en los países menos evolucionados.

Muy reconocido por el rigor de sus trabajos econométricos, fue distinguido en 1978 con la medalla Frisch de la Sociedad Econométrica Internacional, en su primera edición. En sus investigaciones persigue lograr una determinación algo más objetiva y cuantificable de algo que es estrictamente subjetivo, es decir: qué se entiende por riqueza y bienestar. Para ello, Deaton ha desarrollado una metodología aplicable a muchos casos diferentes.

Se podrá percibir claramente la dificultad del tema, al considerar que estas son cuestiones que cada individuo busca lograr o incrementar, de acuerdo con sus preferencias individuales, mediante la obtención de bienes, servicios, educación formal, salud, conocimientos teóricos o prácticos, reconocimiento personal o tantas otros medios infinitamente diversos.

Es claro que estas cuestiones están determinadas, para cada persona, según valoraciones estrictamente personales, definitivamente subjetivas. La expectativa de vida, los niveles formales de educación alcanzados, el consumo de calorías, son para Deaton indicios mucho más ciertos de mayores niveles de bienestar y desarrollo que las cifras de ingresos monetarios, aún corregidos a paridad de poder adquisitivo, por índices monetarios que serán, necesariamente, siempre caprichosos.

El autor galardonado ha intentado ver mucho más allá, ubicando las causas del desarrollo económico, la prosperidad, y la mejora de los sectores menos favorecidos en sus fundamentos institucionales, políticos, y en su contexto histórico.

Probablemente su mayor mérito sea haber avanzado muchísimo en la revalorización del enfoque metodológico que pone el eje en las valoraciones del individuo, más que en la agregación de datos que siempre hacen perder el detalle, y que no permiten ver que ha sido lo que moviliza a las personas, que actúan en el universo de decisiones económicas.

El comité de premiación además consideró que el trabajo del economista escocés fue de gran importancia práctica, al haber guiado el diseño de políticas públicas adecuadas en países en desarrollo y desarrollados.

Un factor que distingue aún más la labor de Deaton, es que haya sido distinguido en forma individual, algo que el comité del premio no realiza con tanta frecuencia.

El Gran Escape

Una muy buena aproximación al pensamiento del economista premiado y a las conclusiones de sus investigaciones, puede encontrarse, en términos más sencillos, en una de sus más recientes obras, cuyas reseñas pueden encontrarse aquí y aquí.

En la misma hace una analogía, basada en una muy conocida película, sobre escapar desde una sociedad sin libertad ni posibilidades de progreso, donde la muerte temprana y la indigencia son la regla, hacia una sociedad desarrollada.

En un muy motivante capítulo inicial, el autor hace una breve reseña de su familia y de cómo su padre, nacido en una pequeña localidad de mineros, al sur de Yorkshire, y mediante un arduo y sacrificado esfuerzo, logró llegar a la universidad y darle a su familia posibilidades impensables para cualquier minero que hubiera vivido en sus circunstancias. Ese Gran Escapede la pobreza y la falta de medios ha sido su móvil para estudiar estas cuestiones tan importantes para el desarrollo de las personas menos favorecidas.

https://youtu.be/jSuP0BGQ580

Algunas de sus posiciones no están libres de controversias. Entre ellas, sus ideas sobre la ayuda internacional hacia los países menos desarrollados, los efectos reales, no deseados de las remesas monetarias y de los programas de ayuda a esos países.

Desarrollo, pobreza y Gobierno

Deaton ha afirmado que la ayuda externa  provoca más daño que beneficios, y está impidiéndole a esos países entrar en la senda de crecimiento que necesitan. Que hay una correlación negativa entre el crecimiento y los montos que los países reciben, en proporción de su PBI: aquellos que más reciben, crecen menos. Y denuncia que los mecanismos de distribución de esas ayudas suelen estar más en función de lo políticos que producen las crisis humanitarias y los genocidios, que en interés de quienes deben ser sus receptores.

También describe cómo los mecanismos de clientelismo político, sirven para que los políticos consigan más ayuda externa que los siga apuntalando en sus posiciones de poder, y actúa como un incentivo a la generación de más pobreza y más clientelismo.

Describe con precisión que en los países menos desarrollados, los Gobiernos no se interesan por la suerte de los gobernados, y que la relación entre los intereses de estos y de quienes fijan las reglas es muy débil.

La debilidad institucional abre la puerta a regímenes que se caracterizan por ser extractivos, es decir solo buscan depredar los recursos naturales y apoderarse de parte de esas rentas. Asimismo, insiste en que los países desarrollados y las sociedades más afortunadas tienen una obligación moral de impulsar a estas otras sociedades fallidas o menos exitosas, transfiriéndoles conocimientos y estructuras institucionales, algo en lo que el colonialismo ha demostrado que falló notoriamente.

Afirma que garantizar los derechos individuales, y la democracia, constituyen una condición necesaria, pero no suficiente para lograr el desarrollo y la prosperidad generalizada.

Además de este premio, Deaton ha sido reconocido con doctorados honoris causa por las universidades de Chipre, Edimburgo, Saint Andrews, el University College de Londres, y Tor Vergata de Roma.

 

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases. Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.