Estrategia y función empresarial: el papel de los entrepreneurs e intrapreneurs en los negocios

Por Martín Krause. Publicado el 19/10/15 en: http://bazar.ufm.edu/estrategia-y-funcion-empresarial-el-papel-de-los-entrepreneurs-e-intrapreneurs-en-los-negocios/

 

Con los alumnos de UCEMA estamos viendo unos capítulos de Mason & Dunung, International Business, donde aparece el tema del emprendedor. Es interesante que esto coincida con el otorgamiento del premio Nobel de Economía a  Angus Deaton, aunque éste no se ha dedicado a estudiar la “función empresarial” sino la conducta de los consumidores. En verdad, también eran candidatos a ese premio los economistas William Baumol e Israel Kirzner, quienes sí se han dedicado a estudiar al emprendedor. Aquí va un breve comentario sobre temas que tratara Kirzner:

“Es importante en este punto que veamos cuál es la función del emprendedor, y la diferencia que esta función tiene con la del capitalista. En muchos casos ambas funciones son cumplidas por la misma persona, pero es necesario comprender que estamos hablando de dos cosas distintas, ya que muchas veces sucede que alguien tiene una “idea” brillante y es otro el que pone el capital para llevarla adelante. La función empresarial es la primera.

En tal sentido, la función del empresa no es la de “economizar” como lo hace cualquier participante del mercado en el modelo de equilibrio. En ese caso, toda la actividad económica es la de asignar recursos escasos a fines múltiples, y todo lo que se requiere es la capacidad de hacerlo en la forma más “eficiente” posible. Pero esto parece más una cuestión de ingenieros que de emprendedores.

Sin duda que hace falta desarrollar los métodos más eficientes posibles y ésta será una tarea de todo emprendedor, pero su contribución principal no es ésa, para eso contrata a un buen ingeniero, su función es la “creatividad”, es la tarea de identificar los fines y los medios. Una vez que éstos se conocen, entra en acción el ingeniero para lograr la eficiencia. El consumidor tiene unos fines dados para su consumo y trata de gastar su ingreso de la forma más eficiente posible; el propietario de recursos trata de obtener de ellos el mejor resultado.

La función empresarial, como tal, no demanda del emprendedor que tenga medios sino que reconozca las oportunidades: los productores pueden haber vendido a precios inferiores a los que podrían haber obtenido o los mismos recursos utilizados podrían haberlo sido en forma distinta para obtener productos que los consumidores necesitan en forma más urgente o intensa. Los compradores pueden haber pagado precios más altos de los que se podrían obtener.

Esto significa que hay dos tipos de funciones empresariales, las que se relacionan con al funcionamiento del mercado como fue explicado antes: una es la empresarial pura; otra es la maximizadora. Pueden estar en la misma persona o ser algunas personas empresarios puros y otros maximizadores. Los maximizadores son aquellos que conociendo las discrepancias que existen en el mercado debido al cambio de las variables subyacentes, buscan aprovecharlas en forma eficiente; los empresarios puros son los que “descubren” esas diferencias y las hacen evidentes. Como se dijera, estas funciones pueden estar presentes en la misma persona, o en personas diferentes, o en la misma persona pero en proporciones muy distintas: existe aquél que tiene ideas geniales pero luego es incapaz de llevarlas a la práctica en forma eficiente al tiempo que existe quien no es creativo pero es ordenado y sabe cómo organizar los procesos necesario para llevar adelante el emprendimiento.

Todo emprendedor deberá preguntarse cuál es su principal característica, de la misma forma que deberá evaluar las fortalezas y debilidades que tengan quienes colaboren para determinar en qué grado poseen una u otra de las características mencionadas.

También implica esto una diferencia entre un “productor” y un “emprendedor”. Puede haber muchos “productores” que no necesariamente desarrollan una “función empresarial” ya que no están innovando, no están alertas a los cambios en el mercado, se limitan simplemente a recibir los cambios que han generado los emprendedores y responder a ellos en la forma más eficiente posible. El emprendedor es el motor del mercado, es el que detecta los cambios e inicia el camino: el productor, como tal, no necesariamente cumple esa función sino la de continuar por el camino que ya ha sido trazado.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

 

Empresarios milmillonarios

Por Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 14/5/13 en http://www.carlosrodriguezbraun.com/files/2013/05/pagina_14052013125516.html

Tino Sanandaji y Peter T. Leeson publicaron en el Research Institute of Industrial Economics de Estocolmo un estudio sobre los milmillonarios; es decir, no los simplemente ricos, sino los que acumularon la enorme fortuna de mil millones de dólares fundando o engrandeciendo una empresa nueva (http://goo.gl/56XPc). Como era de esperar, son pocos: encontraron apenas un millar en 51 países: son personas como Bill Gates, Steve Jobs, Michael Dell o Mark Zuckerberg. O nuestro Amancio Ortega. Y se preguntaron: ¿dónde están y por qué están donde están?

No sorprende que estén en Estados Unidos y otros países desarrollados. En EEUU son apenas el 0,0008% de la población, pero generan el 1,3% de su riqueza. En ese país, y en todo el mundo, los empresarios pequeños, y en particular los autoempleados, son muchísimos más: en EEUU generan 28 veces más riqueza que los milmillonarios, pero son 61.000 veces más numerosos. La tesis de Sanandaji y Leeson es que los pequeños empresarios autoempleados predominan en los países pobres, mientras que los empresarios milmillonarios lo hacen en los ricos: en Hong Kong hay 2,8 milmillonarios por cada millón de ciudadanos, mientras que en Nigeria hay 0,007 por cada millón.

Los autores citan a William Baumol, en el texto que vimos en el artículo anterior, y subrayan que en los países pobres hay muchos pequeños empresarios cuyo objetivo es principalmente huir del Estado. Puede suceder, por tanto, que Estados arbitrarios (no necesariamente los más grandes) tiendan a generar una sobreoferta de empresarios, lo que económicamente no es eficiente, porque no se trata de personas que quieren innovar y crecer, sino ¡sólo escaparse!

De ahí que los milmillonarios puedan florecer en países muy intervenidos pero cuyos Estados dejan al mercado funcionar libremente en una mitad de la economía. La seguridad en la propiedad (aunque represente la expropiación de la mitad) puede incluso sobreponerse al intervencionismo y generar riqueza, pero no es riqueza debida a la intervención (véase el capítulo 5 de El liberalismo no es pecado, Deusto).

La conclusión es que el autoempleo empresarial puede ser un indicador negativo, puede reflejar inseguridad jurídica más que dinamismo económico. Dicen Sanandaji y Leeson: “Los políticos interesados en incentivar a los empresarios como medio para fomentar el desarrollo económico deberían centrar su atención en las instituciones que promueven a los grandes empresarios más que en ocuparse, en primer lugar, de crear empresarios per se”. Esta promoción, habitual en numerosos países, se hace con dinero público, lo cual conspira contra los empresarios genuinos: “imponiendo costes adicionales sobre los proyectos empresariales productivos, estas medidas desaniman la creación y crecimiento de empresas productivas, algunas de las cuales pueden producir milmillonarios”.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.