Trump, el traficante de armas

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 25/5/17 en: http://www.s21.gt/2017/05/trump-traficante-armas/

 

Después del atentado en Manchester, Ariana Grande suspendió su gira mundial. El terrorismo consiguió su objetivo, que no es matar por matar sino “aterrorizar a los infieles”. Es que el miedo paraliza la mente y las personas reaccionan primitivamente, sin razonar, y este el único modo en que los terroristas pueden ganar. Las especies animales están destinadas a desaparecer, es ley del cosmos, porque no pueden superar sus instintos básicos como el que toda acción dispara una reacción inversa, toda violencia, es respondida violentamente y así terminan desapareciendo.

Salvo el hombre cuya razón le permite comprender que hay modos de sobrevivir superando a la violencia. Pero no siempre… Desde que existe el terrorismo, atemorizados, muchos han creído que el modo de eliminarlo es con violencia “defensiva”. Por caso, después de los atentados del 11- S, se creía que eliminando a Bin Laden se solucionaba todo, pero murió y el terrorismo recrudeció.

Así, cada vez que se pretende combatir al mal con violencia, recrudece, sencillamente porque el terrorismo no es un grupo de personas eliminables sino causas profundas que deben corregirse. La “defensa” violenta aumenta las condiciones para el terrorismo porque enardece a las víctimas inocentes, se cercenan libertades y se aumenta el gasto estatal. Cuando habría que hacer lo opuesto, eliminar la coacción estatal como las leyes del salario mínimo que impiden que trabajen los que ganarían menos, y los impuestos que son derivados hacía abajo, por ejemplo, bajando salarios o aumentando precios, creando miseria y marginación excelente caldo de cultivo para suicidas.

Trump resucitó el eje del mal que llevó a Bush a iniciar la guerra contra el terrorismo que solo ha logrado aumentar el terror de ambos lados. Recientemente, en Arabia Saudí, sostuvo que el mundo libra una batalla “entre bien y mal” y sumó a Irán. Y el presidente iraní respondió que “quienes han apoyado a los terroristas, no pueden combatirlos”, refiriéndose a la nacionalidad saudí de 15 de los 19 secuestradores que se estrellaron contra las Gemelas. La masiva propaganda del oficialismo occidental, encabezado por el gobierno de EE. UU., ha hecho creer a la opinión pública que la violencia defensiva es imperiosa, cuando los hechos muestran que no soluciona nada y que los musulmanes están imponiendo sus valores cuando son los gobiernos occidentales los que están obligando a olvidar los valores europeos y cristianos.

Existe un país con una tiranía fanática, en el que se decapitan personas por delitos como poseer una Biblia, donde las mujeres son esclavas y donde están las ciudades de La Meca y Medina prohibidas a los “infieles”. Desde donde más fondos han salido para el terrorismo islámico y para financiar mezquitas en Occidente. Wikileaks reveló un cable de Hillary Clinton que dice que “ha sido un continuo reto convencer a sus funcionarios para que aborden la financiación terrorista que emana de Arabia Saudí”.

Desde ese país, Trump pide renovar la alianza. Una alianza con el fanatismo en aras de negocios petroleros y de vender armas a su mayor comprador. “Buscamos socios…” y firmó en Riad el mayor contrato de venta de armamento de la historia por $110.000 millones. Por cierto, no es casual que todos los bandos usen armas Occidentales… no quedan dudas del gran negocio que es, para los gobiernos occidentales, la existencia del terrorismo y las guerras.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Trump Vs. Obama: el último round

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/1/17 en:  http://www.s21.gt/2017/01/trump-vs-obama-ultimo-round/

 

Si no fuera porque a veces causan guerras y muchas muertes, ver a los políticos en televisión es tan divertido, y tiene el mismo sentido, que una serie como Friends… aunque en realidad son más unfriends. Donald Trump ha chocado con Barack Obama y ha desafiado a los servicios de espionaje mientras que sus conflictos de interés y su revolucionario uso de Twitter, han marcado una transición atípica. Pero deberá abandonar la virtualidad el 20 de enero, a las 12 horas tras jurar el cargo.

Lo acompañarán entre otros, Jeff Sessions, un senador sospechado de racista, como fiscal general; Rex Tillerson, jefe deExxon Mobil y un amigo de Putin que se opuso a las sanciones contra Rusia, sería secretario de Estado; John Kelly, general de los Marines, dirigirá el Departamento de Seguridad Interior y Mike Pompeo la CIA. Aunque Trump cederá el control de sus 500 empresas a sus hijos lo cierto es que son hijos suyos.Y sus conflictos de intereses podrían no terminar aquí. Sin que importen las sospechas de nepotismo, el hombre fuerte del gobierno, luego del vicepresidente, será su yerno Jared Kushner, nombrado asesor y que también es hijo de un magnate inmobiliario que estuvo 18 meses preso.

Entretanto, Obama habló poco y actuó mucho. Rompió con tres décadas de tradición y no vetó una Resolución de la ONU condenando al Gobierno israelí, lo que podría interpretarse como un golpe al sionismo de Trump que queda plasmado en su yerno, Jared, que es un judío ortodoxo al punto que logró que la hija de Trump, Ivanka, se convirtiera a esa religión. Obama, además, prohibió la exploración petrolífera en parte del Ártico y en el Atlántico, trasladó varios presos de Guantánamo a otros países, con lo que solo quedan 55 en esa cárcel que Trump prometió llenar; ha favorecido al negocio de Planned Parenthood, la principal organización abortista; ha declarado zonas protegidas a territorios del Oeste; nombró más de 100 altos cargos, y conmutó las penas e indultó a más de 300 presos.

Y Trump expresó su frustración en un twit: “Estoy haciendo lo que puedo para no prestar atención a los muchos obstáculos y declaraciones indignantes del presidente O. Pensaba que iba a ser una transición tranquila. ¡No!”. Aunque después, al mejor estilo Donald, aseguraba a la prensa que “la transición está siendo tranquila”. El presidente electo en principio había desmentido a las agencias de inteligencia que acusaron a Rusia de estar tras los ciberataques durante las elecciones -lo que llevó a Obama a expulsar 35 diplomáticos rusos y al cierre de dos sus instalaciones- y dio más credibilidad a las afirmaciones de Julian Assange, fundador de WikiLeaks, que publicó los correos electrónicos más dañinos para la campaña demócrata y que niega que Moscú esté detrás del asunto.

Días después, se publicó que agentes rusos podrían tener información personal y financiera comprometedora para Trump que twitteo “¡Noticias falsas. Una auténtica cacería de brujas!”. Por cierto, un senador republicano macarthista, de los que aman amordazar las opiniones, dijo que Assange “no es amigo de América ni de la democracia” y “ningún estadounidense debería dejarse embaucar por él”. Sea como fuere, cada vez queda más claro que las personas tenemos que empezar a confiar mucho más en nosotros y en nuestro prójimo, y menos, mucho menos, en “líderes” y menos aún en líderes políticos.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Julian Assange en el balcón

Por Mario Vargas Llosa. Publicado el 26/8/12 en http://elpais.com/elpais/2012/08/24/opinion/1345819181_800344.html

 En el cubículo de la embajada del Ecuador en Londres, donde está refugiado, Julian Assange, el fundador de WikiLeaks, tendrá ahora tiempo de sobra para reflexionar sobre la extraordinaria historia de su vida, que comenzó como oscuro ladronzuelo de la intimidad ajena (es lo que hace un hackerinformático, aunque el anglicismo trate de inocular dignidad a ese innoble oficio) en el país de los canguros y ha terminado convirtiéndolo en un icono contemporáneo, tan famoso como los futbolistas o roqueros más de moda, para muchos en un héroe de la libertad de expresión y en el centro de un conflicto diplomático internacional.

Existe tal maraña de confusiones y mentiras respecto al personaje, creada por él mismo y por sus partidarios, y propulsada por el periodismo ávido de escándalo, que hay millones de personas en el mundo convencidas de que el desgarbado australiano de pelos blanco amarillos que compareció hace unos días en el balcón de la embajada ecuatoriana del barrio preferido por los jeques árabes en Londres —Knightsbridge— para dar lecciones sobre la libertad de expresión al presidente Obama, es un perseguido político de los Estados Unidos al que ha salvado in extremis nada menos que el presidente Rafael Correa del Ecuador, es decir, el gobierno que, después de los de Cuba y Venezuela, ha perpetrado los peores atropellos contra la prensa en América Latina, cerrando emisoras, periódicos, arrastrando a tribunales serviles a periodistas y diarios que se atrevieron a denunciar los tráficos y la corrupción de su régimen, y presentando una ley mordaza que prácticamente sellaría la desaparición del periodismo independiente en el país. En este caso sí que vale el viejo refrán: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Porque el presidente Correa y Julian Assange son tal para cual.

En realidad, el fundador de WikiLeaks no es objeto en estos momentos siquiera de una investigación judicial en los Estados Unidos ni este país ha hecho pedido alguno reclamándolo a nadie para enfrentarlo a un tribunal. El supuesto riesgo de que, si es entregado a la justicia sueca, el gobierno de Suecia pueda enviarlo a Estados Unidos es, por ahora, una presunción desprovista de todo fundamento y no tiene otro objeto que rodear al personaje de un aura de mártir de la libertad que ciertamente no se merece. La justicia sueca no lo reclama por sus hazañas —mejor dicho, infidencias— informáticas, sino por las acusaciones de violación y acoso sexual formuladas contra él por dos ciudadanas de ese país. Así lo ha entendido la Corte Suprema de Gran Bretaña y por eso decidió transferirlo a Suecia, cuyo sistema judicial, por lo demás, es, al igual que el británico, uno de los más independientes y confiables del mundo. De manera que el señor Assange no es en la actualidad una víctima de la libertad de expresión, sino un prófugo que utiliza ese pretexto para no tener que responder a las acusaciones que pesan sobre él como presunto delincuente sexual.

La popularidad de que goza se debe a los cientos de miles de documentos privados y confidenciales de distintas reparticiones del gobierno de los Estados Unidos —empezando por la diplomacia y terminando por las Fuerzas Armadas—, obtenidos mediante el robo y la piratería, que WikiLeaks difundió, presentándolos como una proeza de la libertad de expresión que sacaba a la luz intrigas, conspiraciones y conductas reñidas con la legalidad. ¿Fue realmente así? ¿Contribuyeron las delaciones de WikiLeaks a airear unos fondos delictivos y criminales de la vida política estadounidense? Así lo afirman quienes odian a Estados Unidos, “el enemigo de la humanidad”, y no se consuelan todavía de que la democracia liberal, del que ese país es el principal valedor, ganara la Guerra Fría y no fueran más bien el comunismo soviético o el maoísta los triunfadores. Pero, creo que cualquier evaluación serena y objetiva de la oceánica información que WikiLeaks difundió, mostró, aparte de una chismografía menuda, burocrática e insustancial, abundante material que justificadamente debe mantenerse dentro de una reserva confidencial, como el que afecta a la vida diplomática y a la defensa, para que un Estado pueda funcionar y mantener las relaciones debidas con sus aliados, con los países neutros, y sobre todo con sus manifiestos o potenciales adversarios.

Nosotros nunca sabremos la manera cómo las revelaciones de WikiLeaks sirvieron para que se deshicieran las redes de información laboriosa y peligrosamente montadas por los países democráticos en las satrapías que amparan el terrorismo internacional de Al Queda y congéneres, ni cuántos agentes e informantes de los servicios de inteligencia del Occidente fueron detectados y posiblemente eliminados por efecto de esas publicaciones, pero no hay duda de que esa fue una de las siniestras consecuencias de aquella celebrada operación de desembalse informativo. ¿No es curioso que WikiLeaks privilegiara de tal modo revelar los documentos confidenciales de los países libres, donde existe, además de la libertad de prensa, una legalidad digna de ese nombre, en vez de hacerlo con las dictaduras y gobiernos despóticos que proliferan todavía por el mundo? Es más fácil ganar credenciales de luchador por la libertad ejercitando la infidencia, el contrabando y la piratería informática en sociedades abiertas, al amparo de una legalidad siempre reticente a sancionar los delitos de prensa para no dar la sensación de restringir o poner obstáculo a esa libertad de crítica que es, efectivamente, sustento esencial de la democracia, que infiltrándose en los secretos de los gobiernos totalitarios.

Los partidarios de WikiLeaks deberían recordar que la otra cara de la libertad es la legalidad y que, sin ésta, aquella desaparece a la corta o a la larga. La libertad no es ni puede ser la anarquía y el derecho a la información no puede significar que en un país desaparezcan lo privado y la confidencialidad y todas las actividades de una administración deban ser inmediatamente públicas y transparentes. Eso significaría pura y simplemente la parálisis o la anarquía y ningún gobierno podría, en semejante contexto, cumplir con sus deberes ni sobrevivir. La libertad de expresión se complementa, en una sociedad libre, con los tribunales de justicia, los parlamentos, los partidos políticos de oposición y esos son los canales adecuados a los que se puede y debe recurrir si hay indicios de que un gobierno oculta o disimula delictuosamente sus iniciativas y quehaceres. Pero atribuirse ese derecho y proceder manu militari a dinamitar la legalidad en nombre de la libertad es desnaturalizar este concepto y degradarlo de manera irresponsable, convirtiéndolo en libertinaje. Eso es lo que ha hecho WikiLeaks y, lo peor, creo, no en razón de ciertos principios o convicciones ideológicas, sino empujado por la frivolidad y el esnobismo, vectores dominantes de la civilización del espectáculo en que vivimos.

El señor Julian Assange no ha practicado en la institución que fundó la transparencia y la limpieza totales que exige de las sociedades abiertas contra las que se ha encarnizado. Las defecciones que ha experimentado WikiLeaks se deben, fundamentalmente, a su resistencia a dar cuenta a sus colaboradores de los varios millones de dólares que ha recibido como donaciones, según leo en un artículo firmado por John F. Burns, en el Internacional Herald Tribune del 18/19 de agosto. Es un buen indicio de lo complicadas y sutiles que pueden ser las cosas cuando se observan de cerca y no a partir de lugares comunes, estereotipos y clisés.

En las actuales circunstancias no hay razón alguna para considerar a Julian Assange un cruzado de la libertad de expresión, sino más bien un vivillo oportunista que, gracias a su buen olfato, sentido de la oportunidad y habilidades informáticas, montó una operación escandalosa que le dio fama internacional y la falsa sensación de que era todopoderoso, invulnerable y podía permitirse todos los excesos. Se equivocó y ahora es víctima de estos últimos. En verdad, su peripecia parece haber entrado en un callejón sin salida, y no es imposible que, una vez que pase la ventolera que hizo de él una persona famosa, se le recuerde sobre todo por la involuntaria ayuda que ha prestado, creyendo actuar a favor de la libertad, a sus enemigos más acérrimos.

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

 

La izquierda cría cuervos

Por Alejandro A. Tagliavin. Publicado el 22/8/12 en http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alejandrotagliavini/la-izquierda-cria-cuervos-alejandro-tagliavini-columnista-el-tiempo_12152309-4

 “Cría cuervos y te sacarán los ojos” dice el viejo refrán. El caso Assange, sin dudas, es el irónico resultado del odio visceral entre algunos personajes de izquierda y derecha, el oportunismo mediático y una pésima (y muy dañina) idea de libertad que tienen algunos derechistas que, consecuentemente, odian al fundador de WikiLeaks.

La justicia sueca dice reclamar a Assange por denuncias de agresión sexual que, como Inglaterra autorizó su extradición a Escandinavia, se refugió en la embajada de Ecuador en Londres, infringiendo su arresto domiciliario. Suecia afirma que no lo extraditará a EE. UU. si existe riesgo de que sea condenado a muerte por revelar secretos de Estado, y ha recordado que la justicia estadounidense no reclama la extradición de Assange.

Hasta la fecha, la justicia norteamericana ha canalizado el caso de la filtración de informes diplomáticos y militares, en el portal WikiLeaks, por una sola vía procesal: el juicio militar al soldado Bradley Manning, acusado de sustraer y difundir 700.000 documentos secretos de las redes secretas del Pentágono. A Julian Assange, los fiscales militares le han mencionado solo de pasada. Irónicamente, la estrategia de la defensa Manning, en prisión desde hace casi dos años, consiste en asegurar que su cliente sufre trastornos psicológicos, evitando convertirlo en una causa sobre la libertad de expresión, como hizo Assange.

A pesar de que el gobierno de EE. UU. asegura no estar tras una ‘caza de brujas’ contra el fundador de Wikileaks, intelectuales como Chomsky y Wolf, los directores Stone y Moore están entre los más de 4.000 que firmaron una carta que llegó a la Embajada de Ecuador en Londres urgiendo a que el presidente del país, Rafael Correa, le otorgue asilo político a Julian Assange para evitar el riesgo a ser extraditado a EE. UU.

La prensa británica ha lanzado duras críticas contra el fundador de WikiLeaks, señalando que, irónicamente, es Correa quien encarcela a los disidentes políticos, encierra a periodistas y clausura diarios o canales de TV que lo critican. Y critica también al Secretario de Asuntos Exteriores británico por haber amenazado con rescindir el estatus diplomático de Ecuador con el fin de capturar a Assange.

Ahora, en qué consiste la “revolución Wikileaks”. Es la violencia lo que destruye a la vida y, contra ella, solo la verdad es eficiente. Nunca la “violencia defensiva” (que adoran los derechistas y por ello odian a Assange) es efectiva porque, por el contrario, alienta la agresión como echar leña al fuego. La verdad, la información es la mejor defensa porque, por caso, de nada sirve un ejército poderoso contra un mosquito que puede conocer y anticipar sus movimientos y escapar. Los gobiernos populistas, que viven de explotar a sus ciudadanos, no resistirían un día si se pudieran conocer y anticipar, por ejemplo, los movimientos de sus corruptos y tiránicos recaudadores.

Así es como, defendiendo a Assange, Rafael Correa, Cristina Kirchner y Hugo Chávez, entre otros demagogos que quieren presentarse como enemigos de Washington, están “criando los cuervos” que, más tarde o más temprano, significarán un apoyo fundamental para lograr su caída. No por convocatorias digitales al estilo primavera árabe, sino porque convertirán en inútil su sistema de Estado policial y represor del mercado, de las personas, de la sociedad.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.