En rigor, no es la ‘guerra comercial’ el problema

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 11/6/19 en:  https://www.noticiasdenavarra.com/2019/06/11/opinion/tribunas/en-rigor-no-es-la-guerra-comercial-el-problema?fbclid=IwAR0Mt1qbrG27d02U4ypMz9qgsHK8577OQ6-JR0ebSp55s1t45AVD-q6tp18

 

Luego de una tregua hasta el 1 de marzo, acordada en la reunión del G20 de Buenos Aires, las dos primeras economías globales retoman el conflicto con más virulencia.

En respuesta a la decisión de Washington de subir aranceles en US$ 200.000 millones a productos chinos, Beijing anunció otros por US$ 60.000 millones para bienes estadounidenses, son productos que, desde el 1 de junio, serán gravados con tarifas de entre 5% y 25%. Luego, Estados Unidos publicó otra lista de productos que podrían ser gravados con el 25% por un total de US$ 325.000 millones, aunque la decisión no está tomada.

EEUU exportó en 2018 por US$ 120.000 millones a China, e importó por 540.000 millones. Este déficit de US$ 420.000 millones es el invocado por Trump, que reclama a Beijing que aumente sus compras para equilibrar la balanza, que tome medidas para “proteger la propiedad intelectual”, para eliminar la transferencia forzosa de tecnología, y que permita el acceso a los mercados financieros chinos, entre otras cosas. China, por su lado, pretende que “se alineen con la posición general de reforma y apertura, y la necesidad de desarrollo de alta calidad”.

Trump y su homólogo chino, Xi Jinping, se reunirán el mes próximo en Osaka durante la cumbre del G20. Entretanto, el resto del mundo se prepara para una desaceleración del crecimiento global dado un conflicto con una escalada más dura y prolongada.

“Las iniciativas arancelarias estadounidenses… van a causar mucho daño autoinfligido…”, dice el periódico chino The Global Times. Y desde la televisión estatal aseguran que China “convertirá la crisis en una oportunidad”.

Ahora estos temores estarían justificados si fuera cierta la primitiva teoría mercantilista según la cual la riqueza de un país depende del comercio. Cuando, en rigor, depende de su producción y, sobre todo, de su creatividad: desarrollo tecnológico y científico. Y para maximizar esta creatividad y producción lo único necesario es que la sumatoria de los millones de cerebros humanos trabajen, y se sumen, sin ser coartados por regulaciones e impuestos estatales.

En definitiva, lo que enriquece a un país es la libertad de su mercado interno y no las condiciones externas ya que la creatividad, precisamente, sirve para saltar obstáculos. Así, no es realmente la guerra entre EEUU y China la base de los problemas de la economía global, sino el aumento del peso y las regulaciones de los estados sobre sus mercados, las personas. Así, como señalaba The Global Times, los aranceles a productos chinos -y viceversa- perjudicarán a quienes los tienen que pagar: los estadounidenses.

Como el déficit fiscal de EEUU, que ascendió a US$ 970.000 millones en 2018 (4,6% del PBI) y rondaría US$ 1 billón en julio de 2019, cuando termina el año fiscal. Nivel récord que lo cubren -además de con impuestos que son recursos extraídos del mercado- con deuda estatal que sube sideralmente quitando fondos al sector privado.

China va por el mismo camino. El Gobierno ensaya medidas que profundizarán la crisis: créditos e inversión en infraestructuras financiados por bancos y compañías estatales. Es decir, mayor peso del Estado abultando su estratosférica deuda que ronda el 300% del PBI. Zhang Weiying, de la Universidad de Beijing, advirtió que los problemas comenzaron antes de Trump. “Avanzar hacia un sector estatal más grande… llevará la economía al estancamiento”, dijo.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini 

¿QUÉ DIRÍA TOCQUEVILLE HOY SOBRE ESTADOS UNIDOS?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

A veces es de interés embarcarse en un ejercicio contrafactual y esforzarse en una mirada a la historia y al presente muñido de una lente que nos haga pensar que hubiera ocurrido si las cosas hubieran sido distintas de las que fueron. En nuestro caso sugiero una perspectiva para meditar sobre las posibles reflexiones de un gran cientista político sobre el que se conocen sus consideraciones y su filosofía pero extrapoladas al presente.

 

Esta gimnasia no es original puesto que otros la han llevado a cabo. Tal vez el autor más destacado en la historia contrafactual sea Niall Ferguson. En todo caso, en esta nota periodística me refiero al gran estudioso de los Estados Unidos, el decimonónico Alexis de Tocqueville. Como es sabido, el libro más conocido de este pensador de fuste es La democracia en América donde describe los aspectos medulares de la vida estadounidense en su época.

 

Tocqueville destaca la importancia que el pueblo de Estados Unidos le atribuye al esfuerzo y al mérito, la sabia separación entre el poder político y la religión (la “doctrina de la muralla” en palabras de Jefferson), el federalismo y el no ceder poderes al gobierno central por parte de las gobernaciones locales con la defensa de una posible secesión, las instituciones mixtas en la constitución del gobierno y la separación de poderes, la negación de “las mayorías omnipotentes” porque  “por encima de ella en el mundo moral, se encuentra la humanidad, la justicia y la razón” puesto que “en cuanto a mi cuando siento que la mano del poder pesa sobre mi frente, poco me importa saber quien me oprime, y por cierto que no me hallo más dispuesto a poner mi frente bajo el yugo porque me lo presentan un millón de brazos” ya que “el despotismo me parece particularmente temible en las edades democráticas. Me figuro que yo habría amado la libertad en todos los tiempos, pero en los que nos hallamos me inclino a adorarla”.

 

Pero también advierte de los peligros que observa en algunas tendencias en el pueblo norteamericano, especialmente referido  al igualitarismo que “conduce a la esclavitud”, al riesgo de olvidarse de los valores de la libertad cuando se “concentran sólo en los bienes materiales”  y las incipientes intervenciones de los aparatos estatales en los negocios privados sin detenerse a considerar que “en los detalles es donde es más peligroso esclavizar a los hombres. Por mi parte, me inclinaría a creer que la libertad es menos necesaria en las grandes cosas que en las pequeñas, sin pensar que se puede asegurar la una sin poseer la otra”.

 

Gertrude Hilmmefarb lo cita a Tocqueville con otras de sus preocupaciones y es el asistencialismo estatal que denigra a las personas, las hace dependientes del poder en el contexto electoral y demuele la cultura del trabajo, a diferencia de la ayuda privada que hace el seguimiento de las personas, proceso ajeno a la politización y la busca de votos (en su conferencia de 1835 en la Academia Real de Cherbourg, en Francia). Y en El antiguo régimen y la Revolución Francesa concluye que “el hombre que le pide a la libertad más que ella misma, ha nacido para ser esclavo”, obra en la que también destaca que generalmente allí donde hay un gran progreso moral y material la gente de por sentado esa situación y no se ocupa de trabajar para sustentar las bases morales de ese progreso (“el costo de la libertad es su eterna  vigilancia” repetían los Padres Fundadores en Estados Unidos).

 

Este es el pensamiento de Tocqueville sobre el país del Norte puesto en una apretada cápsula pero ¿qué hubiera dicho si observara lo que ocurre hoy en el otrora baluarte del mundo libre? Estimo que se hubiera espantado junto a los Padres Fundadores al constatar la decadencia de ese país por el cercenamiento de libertades debido a regulaciones inauditas, por el endeudamiento público que excede el cien por cien del producto bruto interno. Por la maraña fiscal, por las guerras en  las que se ha involucrado, por los llamados “salvatajes” a empresas irresponsables o incompetentes o las dos cosas al mismo tiempo. Por el centralismo, por la eliminación de la privacidad al espiar a los ciudadanos,  por un sistema de “seguridad” social quebrado, por la intromisión gubernamental en  la educación, por la sangría al financiar a gobiernos extranjeros en base a succiones coactivas de recursos. Y ahora debido a candidatos a la presidencia impresentables por parte de los dos partidos tradicionales debido a razones diferentes, aunque en su programa televisivo “Liberty Report”, el tres veces candidato presidencial Ron Paul señala que, dejando de lado las apariencias, los dos coinciden en muchos temas cruciales, a su juicio muy mal tratados.

 

La manía de la igualdad que preocupaba tanto a Tocqueville no  permite ver que una de las cosas más atractivas de los seres humanos es que somos diferentes, lo cual, entre otras cosas, hace posible la división  del trabajo y la consiguiente cooperación social y, por ende, la mayor satisfacción de las necesidades culturales y materiales. Esto último debido a que asigna los siempre escasos recursos para que estén ubicados en las manos de quienes la gente considera mejor para satisfacer sus demandas, sin ser posiciones irrevocables sino cambiantes en relación a la capacidad de cada cual para ajustarse a las  preferencias de la gente.  Seguramente también Tocqueville hubiera rechazado con vehemencia a los llamados empresarios que se alían con el poder para obtener favores y privilegios a expensas de los ciudadanos.

 

Incluso Paul Johnson en A History of the American People reproduce una cita de las Obras Completas del  escritor francés quien ilustra la trascendencia de la responsabilidad individual. Así escribió Tocqueville “Una de las consecuencias mas felices de la ausencia de gobierno (cuando la gente tiene la suerte de poder operar sin el, lo cual es raro) consiste en el desarrollo de la fuerza individual que inevitablemente se sigue de ello. De este modo, cada hombre aprende a pensar, a actuar por si mismo. El hombre acostumbrado a lograr su bienestar a través de sus propios esfuerzos, se eleva ante la opinión de los demás y de la suya propia, su alma es así mas grande y mas fuerte al mismo tiempo”.

 

¡Que lejos se encuentra este pensamiento de lo que hoy ocurre en Estados Unidos donde el aparato estatal es omnipresente! Y ¡que lejos se encuentra del reiterado pensamiento fundacional de que “el mejor gobierno es el que menos gobierna” al efecto de concentrarse en la protección de los derechos de todos y no convertir año tras año el balance presidencial de la gestión ante el Congreso en una minuta empresaria como si el Ejecutivo fuera el gerente, en lugar de permitir que cada uno se ocupe de sus pertenencias.

 

¡Que lejos se encuentra Estados Unidos del pensamiento del General Washington en el sentido de que “mi ardiente deseo es, y siempre ha sido cumplir estrictamente con todos nuestros compromisos en el exterior y en lo doméstico, pero mantener a los Estados Unidos fuera de toda conexión política con otros países”! En esta línea argumental es también de interés lo dicho por John Quincy Adams quien escribió que “América [del Norte] no va al extranjero en busca de monstruos para destruir. Desea la libertad y la independencia de todos. Es el campeón solamente de las suyas […] Alistándose bajo otras banderas podrá ser la directriz del mundo pero ya no será más la directriz de su propio espíritu”

 

En otra oportunidad hemos escrito sobre hechos sobresalientes de la pasada administración estadounidense que abren serios interrogantes respecto del futuro de aquel país como baluarte del mundo libre, como es el caso de la patraña que justificó la invasión “preventiva”  a Irak, conclusión ampliamente difundida con mucha antelación en el libro Against all Enemies, de Richard A. Clarke, asesor en temas de seguridad para cuatro presidentes incluyendo el gabinete del propio George W. Bush.
James Madison escribió: “De todos los enemigos de las libertades públicas, la guerra es lo que más debe ser temido porque compromete y desarrolla el germen para todo lo demás” (“Political Observations”, abril 20, 1795). Recordemos además que EEUU intervino en Somalia para poner orden y dejó caos, en Haití para establecer la democracia y dejó tiranía, en Vietnam para liberar al país que finalmente quedó en manos comunistas.

Recordemos también, por otra parte, que Ben Laden y Saddam Hussein eran lugartenientes preferidos de los Estados Unidos, uno en Afganistán con motivo de la invasión rusa y el otro con motivo de la guerra con Irán. Fueron entrenados y financiados con el fruto del trabajo de estadounidenses. También recordemos que en su discurso de despedida de la presidencia, el General Dwight Eisenhower declaró que “nada es más peligroso para las libertades individuales que el complejo militar-industrial”.

Todavía hay otro asunto más en este complicado tejido de denuncias. Se trata de la cuestión religiosa . En estas trifulcas con el terrorismo hay quienes pretenden endosar la responsabilidad a los musulmanes (por ejemplo, el hoy candidato a la presidencia por parte del Partido Republicano). En el mundo hay más de 1500 millones de musulmanes. Es muy injusto imputar estas tropelías a quienes adhieren al Corán en el que, entre otras cosas, leemos que “Quien mata, excepto para castigar el asesinato, será tratado como si hubiera matado a la humanidad y quien salva a uno será estimado como si salvara a la humanidad” (5:31). La misma expresión jihad que ha sido tan tergiversada, como explica Houston Smith, significa guerra interior contra el pecado. Ya bastante ha sufrido la humanidad por la intolerancia religiosa. En nombre de Dios, la misericordia y la bondad se ha quemado y mutilado. Identificar el Islam con el terrorismo es tan impropio y desatinado como asimilar el cristianismo a la Inquisición o la “guerra santa” aplicada en América en tiempo de la conquista. Hay, sin duda, quienes pretenden ese tipo de identificaciones y extrapolaciones clandestinas al efecto de enmascarar e inculcar el crimen con fervor religioso fundamentalista, pero caer en esa trampa no haría más que desviar la atención del ojo de la tormenta y agregar complicaciones a un cuadro de situación ya de por sí muy sombrío.

Estados Unidos, en consonancia con las célebres palabra de  Emma Lazarus inscriptas al pie de la Estatua de la Libertad, ha recibido con los brazos abiertos a inmigrantes de todas las latitudes. Hace algún tiempo que se observan síntomas que tienden a revertir aquellos valores y principios esenciales que hoy cuestionan quienes adhieren a la siempre cavernaria xenofobia.

 

En resumen, con estos pocos ejemplos al correr de la pluma pensamos que, después de todo, ha sido mejor que Tocqueville no haya sido contemporáneo puesto que sus ilusiones se hubieran desvanecido, aunque advirtió de algunos peligros en el horizonte que desafortunadamente se cumplieron.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Efectos de comprimir el tipo de interés

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 17/10/15 en: http://www.rionegro.com.ar/diario/efectos-de-comprimir-el-tipo-de-interes-7970830-9539-nota.aspx

 

A fines de septiembre, el presidente de China, Xi Jinping, realizó su primera visita oficial a Estados Unidos en su carácter de primer mandatario del gigante asiático. Como es natural, lo esencial de su agenda fue la reunión que mantuvo con el presidente Barack Obama, considerada un encuentro crucial en momentos de gran incertidumbre.

Xi llegó a Estados Unidos en medio de tensiones entre Pekín y Washington sobre la seguridad cibernética y disputas del Mar de China Meridional; no obstante, lejos de desestimar la importancia de las dificultades de mención, el presente artículo pone el foco sobre los aspectos económicos, en particular la volatilidad de los mercados y sus causas, que alcanzan a las dos economías más grandes del mundo.

Tras la crisis financiera subprime, el crecimiento de China sostuvo la economía mundial ante la caída de Estados Unidos y otras naciones avanzadas, pero el aumento de señales de una desaceleración del líder de Oriente ha dejado al descubierto la fragilidad de todo el sistema.

Con escasa demanda global, las manufacturas chinas son cada vez más dependientes de los consumidores y empresas estadounidenses. De hecho, si las tendencias actuales se mantienen, China desplazará a Canadá este año como el mayor socio comercial de Estados Unidos. Las exportaciones chinas al país del Norte subieron un 6,1% en los primeros ocho meses del 2015 respecto del año anterior, en comparación con una caída del 1,4% de las exportaciones al resto del mundo. En este contexto, las presiones sobre Xi, quien debe garantizar que Estados Unidos siga siendo un cliente satisfecho, son más grandes que las del presidente Barack Obama, quien puede descansar más tranquilo desde el punto de vista comercial ya que las exportaciones estadounidenses a China son una tajada mucho menor, proporcionalmente, de la economía de su país.

Debido al fuerte retroceso de la inversión, China se ha convertido en un exportador neto de capitales. El flujo de capital pasó a ser negativo por una cifra de 610.000 millones de dólares en los últimos doce meses, en comparación con el ingreso neto de 224.000 millones para igual período del 2014. El cambio de escenario impulsó al gobierno del país asiático a intervenir su política monetaria. Tan pronto como devaluó el yuan, el auge de las acciones fomentado por el Partido Comunista se derrumbó con la misma rapidez. Entre sus consecuencias, el derrotero de los índices de referencia de China (Shanghai Stock Exchange Composite Index, Shenzhen Stock Exchange Composite Index, Chinex Price Index, etcétera) se ha vuelto mucho más volátil que el de sus homólogos de Estados Unidos (Standard & Poor’s 500 Index, Nasdaq Composite Index, Dow Jones Industrial Average…), lo que socava la percepción de que el gobierno chino está administrando hábilmente la transición hacia los mercados financieros más abiertos.

Los precios de las acciones de Estados Unidos, hoy en día, aparecen elevados en términos históricos. Los mercados de renta variable enfrentan problemas de estabilidad financiera asociados a diversas causas contingentes. Los recientes picos de volatilidad pueden presagiar aún tiempos más turbulentos por delante. El mercado alcista desde marzo del 2009 hasta mediados del 2015 se ha beneficiado de los tipos de interés excepcionalmente bajos durante todo el período –”too low for too long” es la expresión preferida para los tipos de interés– y los precios de las acciones de Estados Unidos se triplicaron a pesar de una recuperación macroeconómica más débil de lo normal. Según datos históricos, los períodos de valoraciones extremas son eventualmente seguidos de grandes caídas de los precios de mercado, algunos de los cuales han desembocado en crisis sistémicas.

La razón CAPE, cyclically adjusted price-to-earnings ratio (relación precio/ganancia ajustada cíclicamente), desarrollada por Robert Shiller –premio Nobel de Economía 2013– y John Campbell compara el índice Standard & Poor’s 500 con las ganancias promedios de acciones en los últimos diez años. Dicha proporción se encontraba en 25,4 el 14 de octubre, un 53,3% más alta que su media histórica, de 16,6. Su banda superior de dos Sigma (desvío estándar, volatilidad o medida de dispersión) es de 30. Lecturas de más de 27 ocurrieron antes de los picos de mercado en 1929, 1999 y 2007. Cada una de estas cimas fue seguida por una fuerte disminución de precios de las acciones y consecuencias adversas para la economía real. La razón Q de Tobin, que es la relación entre el valor de mercado de acciones corporativas no financieras dividido por su valor neto, sugiere un mensaje similar en torno de la valoración de acciones: se acercan a niveles críticos. Asimismo, la relación entre el valor de mercado corporativo con el producto bruto nacional (PBN) está en su nivel más alto desde el 2000 y se acerca al umbral de dos Sigma. Este indicador se conoce, informalmente, como “índice Buffett”, ya que es utilizado habitualmente por el presidente de Berkshire Hathaway, Warren Buffett.

Los mercados pueden cambiar de manera rápida e impredecible toda vez que se producen zozobras y estos cambios son más nítidos y perjudiciales cuando el precio de los activos se encuentra en máximos extremos. Altas valoraciones tienen importantes implicancias para los rendimientos esperados de inversión y, potencialmente, para la estabilidad financiera. Al recargar una parte de la balanza se interrumpe el equilibrio del sistema, alterando el rígido mecanismo de su reacción y alejando las tendencias de su saludable ecuanimidad. Como teoría de las influencias unilaterales, la teoría monetaria debe poder explicar la aparición de fenómenos que serían inconcebibles en una economía de trueque y, en particular, los desproporcionados acrecentamientos que dan lugar a las crisis. Se está de acuerdo en que para prevenir la depresión el único medio efectivo es prevenir el boom.

Un punto de partida para tales explicaciones debe buscarse en la posibilidad de que se den, con el curso normal de los acontecimientos, ajustes automáticos de la cantidad de dinero, con la presente organización del dinero y del crédito, sin necesidad de acción alguna con carácter artificial o violento del agente externo. Así, surge una idea secundaria estrechamente relacionada con la de que las fluctuaciones dependen directamente de alteraciones del valor del dinero. Al cambiar la relación monetaria –es decir, la relación entre la demanda de dinero, de un lado, y las existencias monetarias, de otro– también varían los precios de todos los bienes y servicios. Sin embargo, no cambian los precios de los diversos bienes en la misma proporción ni en la misma época. Ello, como se sabe, provoca que a su vez pueden modificar las circunstancias determinantes del tipo de interés. El propio Mises ha aportado amplia justificación para su teoría, al atribuir la periódica reproducción del ciclo económico a la tendencia general de los bancos centrales a deprimir el tipo monetario del interés por debajo del tipo natural.

El tipo de perturbación que la experiencia demuestra se produce con periódica regularidad: se llama propiamente ciclo económico y se da cuando es elástico el volumen del dinero y puede existir falta de rigidez en la relación entre el ahorro y la creación de capital fijo. Como dijo John Kenneth Galbraith, “El capitalismo moderno y el socialismo moderno coinciden en lo tocante a sustraer el ahorro de manos de aquellos que poseen la libertad de gastarlos a su antojo. Tanto en un sistema como en otro, las decisiones acerca del montante a ahorrar y de la magnitud de lo que hay que invertir no son tomadas por los interesados, sino en su nombre”.

 

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), Profesor Titular e Investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.