La próxima guerra de las Malvinas

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/11/12 en http://www.laprensa.com.ni/2012/11/15/voces/123985-proxima-guerra-malvinas

Carmelo Titirico, del Consejo de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq) que agrupa a comunidades de indígenas bolivianos aymaras, informó que amputarán las manos a ladrones reincidentes y castrarán químicamente a violadores flagrantes, enmarcados dentro de la “justicia comunitaria” originaria, consagrada en la Constitución promulgada por Evo Morales. Ahora surge claro por qué, algunas tribus, se mantienen tan primitivas, es que la violencia va contra la naturaleza, destruye.

 La violencia es, en todo sentido, la corrupción. Evo afirma que su patrimonio creció gracias “a los ponchos regalados” por el pueblo. Ahora es verdad, como dijo una oficialista, que su patrimonio todavía es “muy escaso respecto al de otros presidentes”. Es que, a diferencia del mercado donde las transacciones surgen del acuerdo entre las partes, precio de por medio, la coacción del Estado —que se arroga el monopolio de la violencia— es decidida arbitrariamente por los políticos y la parte coaccionada, insatisfecha, queda tentada a sobornar. Así, no sorprende que el exjefe de gabinete del brasileño Lula, fuera sentenciado a casi 11 años de prisión por corrupción. Sorprende que no ocurriera con muchos más funcionarios.

 Más de 160,000 asesinatos se produjeron en Venezuela desde 1999 (sin invasiones ni guerras), es el resultado de la violencia estatal. Es que la coacción del Estado impide el desarrollo del mercado provocando miseria, marginación, desocupación, tráfico de drogas, etc., multiplicando el delito que resulta funcional al gobernante ya que atemoriza a la población y promueve el despliegue de fuerzas armadas que, por cierto, ganan terreno respondiendo al gobierno.

Guste o no al racionalismo, existe una naturaleza que tiene un orden maravilloso que debe respetarse. El sol sale todos los días, la ley de la gravedad no deja de regir, el sexo es para procrear y continuar la especie y muchas cosas. Y la moral es esa adecuación del hombre a las reglas naturales de supervivencia y continuidad que lo hacen útil y feliz. Lo inmoral, entonces, dice la filosofía desde los griegos, es la violencia que se define, precisamente, como aquello que pretende coactivamente torcer el desarrollo natural espontáneo de las cosas.

Así, inmoral es violar las reglas del mercado natural. Si un Estado, por caso, acuerda libremente tomar deuda a cambio de un pago determinado, debe respetar esa naturaleza pacífica, ese acuerdo voluntario. Precisamente a raíz de una deuda impaga del Estado argentino, el buque escuela de su armada, la fragata Libertad, fue confiscada en el puerto ghanés de Tema por un reclamo del fondo de inversión NML Capital. Pero el barco, ocupa demasiado espacio y la intención del puerto era remolcarla a un kilómetro. Cuando los funcionarios intentaron acceder a la nave los marinos apuntaron sus armas. Además, el gobierno argentino dijo que denunciará a Ghana ante el Tribunal Internacional del Mar.

 Pareciera que Argentina, como durante el último gobierno militar que utilizó la guerra de las Malvinas para exaltar el chauvinismo —imponiéndose violentamente a los habitantes de las islas— para tapar su fracaso económico (es que la coacción, la violencia sobre el mercado destruye, ¡qué otra cosa!), quiere exaltar el nacionalismo para esconder que, si el país anduviera razonablemente bien, la deuda sería irrisoria y podría pagarse, cumpliendo el mandato moral. 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

SOBRE LA VUELTA A LOS 70, OTRA VEZ

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/8/12 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/2012/08/sobre-la-vuelta-los-70-otra-vez.html

Ayer colgué en mi muro de facebook una carta que mi padre dirigió a la entonces directora de la carrera de Ccias de la Educación de la UBA, en 1973, cuando los alumnos le hicieron un simulacro de juicio y lo echaron de la cátedra. Hubo expresiones de preocupación sobre si algo así no está pasando de vuelta. Claro que sí, en diversos niveles y en diversos ámbitos. ¿Cuál es el asombro? La Argentina no ha salido, en su mentalidad general, del peronismo montonero de los 70. Lo dije en Septiembre de 2003. Vale la pena decirlo de vuelta.

 
El artículo fue publicado en http://www.atlas.org.ar y se llamaba “Sobre la vuelta los 70”.
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Se habla mucho hoy en Argentina de “una vuelta a los 70”, y en cierto modo es positivo que algunos tomen al apelativo “marxismo” como una descalificación de la cual hay que defenderse. Pero el marxismo no es algo que se pueda usar como un descalificativo, ni tampoco como una forma de pensamiento concientemente asumida de modo muy complicado. El marxismo, en muchas latitudes, es, en un sentido ortegiano, una “creencia” cultural, en la cual se “habita” con toda naturalidad. Y Argentina no sólo no es una excepción sino uno de los mejores ejemplos.
 
¿Pero por qué una ideología puede ser tan potente como para transformarse casi en un suelo cultural?
 
Yo creo que detrás de todo esto se esconde el poder, el asombroso poder, de algo muy humano: el pensamiento, el gran ordenador de lo más inexpugnable que tenemos en nuestras manos. Filosofías, paradigmas, ciencias, ideologías: todas ellas tienen una fuerza y una capacidad de supervivencia que van más allá de lo que podemos predecir en un momento presente.
 
El ser humano no se maneja con supuestos hechos donde el ser humano no aparezca. No hay teorías versus hechos, no hay Quijotes versus Sanchos. Hay teorías y teorías: mejores, peores, verdaderas, falsas, confusas, nobles, no tan nobles, o inmorales y violentas. Pero todos somos quijotes que avanzamos contra nuestros molinos de viento. Sancho no era un hecho sin teoría, la advertencia del noble escudero no fue el hecho de que no fueran gigantes, sino la humana advertencia de otra teoría, a saber, que eran molinos, que no fue refutada ni siquiera por la feroz voltereta de Don Quijote, que re-interpreta el “hecho” diciendo que Frestón lo ha engañado…….
 
Ello no es malo. Al contrario, es muy bueno, cuando, retrospectivamente, la teoría se ha acercado a la verdad, y el loco de entonces quedó como el héroe.
Fue muy bueno cuando Galileo defendió sus molinos de viento, cuando Moisés guiaba a su pueblo a la tierra prometida, cuando Adams, Madison y Jay vislumbraron la más importante de las repúblicas.
 
El marxismo es –y no nos queremos convencer de ello- una teoría poderosa. No fue refutada en absoluto porque en las naciones capitalistas –según nuestros propios presupuestos- el nivel de vida haya aumentado, o porque no se haya producido en ellas la revolución. Una teoría es poderosa cuando, desde su núcleo, explica aquello que aparentemente la refuta. Y las explicaciones del marxismo no se hicieron esperar. En esos años 70, en esos años 70 tan comentados últimamente, la teoría de la dependencia y del deterioro de los términos de intercambio explicó perfectamente la supuesta refutación. Las naciones capitalistas tienen más riqueza porque, en estrictos términos marxistas, han explotado a las naciones periféricas. La plus-valía del capitalista contra el obrero, se expandió entonces a naciones contra naciones, al norte contra el sur. La estructura dialéctica-conflictual del marxismo logró una vez más interpretar al mundo. Desde esa perspectiva se explica la visión de aquellos que en esos años, en nuestro país, tomaron el camino de la violencia, que para ellos era simplemente un derecho a la resistencia a la opresión capitalista, cuyo poder político –el estado como dominio de la clase dominante: Marx 101- estaba representado por las clases oligárquicas unidas al poder económico y militar. Tómese la teoría de la resistencia a la opresión, la teoría de la guerra justa, la teoría de la plus-valía, la dependencia y la explotación capitalista y el resultado no era sino obvio, un resultado que pasó de la explotación a la explosión, la explosión de la violencia vista e interpretada coherentemente como una justa guerra revolucionaria. Por eso muchos de ellos, presentes hoy en el actual gobierno, no han cambiado de ningún modo su modo de pensar. Siguen pensando que en su momento lo que hicieron estaba bien; ahora, simplemente, las circunstancias han cambiado y la estrategia de “lucha” pasa a ser MERCOSUR contra el NAFTA (excepto los chilenos que, pobrecitos, han metido su cabeza en las fauces del monstruo capitalista). No se puede negar que deponer las armas siempre es positivo. Esperemos simplemente que las circunstancias no cambien de vuelta.
 
Frente a todo ello, no nos asombremos más por el apoyo, por ejemplo, a Fidel Castro,  obvio líder y héroe de la lucha de América Latina contra la explotación capitalista. No nos asombremos de que, desde esa perspectiva, todo se le justifique y se le disculpe.  Hagamos otra cosa: profundicemos el estudio de la teoría alternativa. Si queremos recurrir a supuestos hechos, datos, cifras y demás juguetes como estrategia dialéctica, ok, pero el tiempo intelectual que perdemos en ello no se recupera. Lo que debemos hacer es hacer lo que siempre hemos hecho, y se verá por qué estamos utilizando el plural retórico. Profundicemos, estudiemos y expliquemos una de las teorías alternativas que más le puede hacer frente al marxismo, una teoría tan poderosa y explicativa como Marx. Y eso se llama, sencillamente, Escuela Austríaca de Economía. La teoría de la explotación marxista fue refutada estrictamente, en tres volúmenes, por E. Von Bohn Bawerk en su tratado Capital e Interés, cuya primera edición fue de 1884. La teoría de la dependencia se refuta ipso facto cuando se ve que la teoría del capital de la escuela austríaca es, al mismo tiempo, una teoría del desarrollo, desarrollo que, contrariamente a lo que Marx sostiene, implica un aumento progresivo del salario real, merced al aumento de la productividad marginal del trabajo, noción que él jamás pudo entender. En cuyo caso, además, la mono-exportación de productos agrícolas y la importación de productos manufacturados es un efecto, y no la causa, del subdesarrollo y la pobreza, causados estos, a su vez, por el intervencionismo y la socialización de los medios de producción. Socialismo que, como opción económico-teorètica fue refutada por Mises en su libro El Socialismo, del 1922.
 
Todo ello sistematizado de vuelta por Mises en su tratado de economía, la Acción Humana, en 1949. Pero, como ya dije otra vez, los primeros en desconocer y-o desmerecer estos autores no son los castros y sus imitadores y admiradores, sino los técnicos y asesores de los supuestamente pro-capitalistas FMI y Bancos Centrales, organismos cuya incompatibilidad con el mercado libre fue claramente expuesta por Mises en sus libros Liberalismo, de 1927, y el ya nombrado La
Acción Humana de 1949.
 
Solamente esta literatura puede proteger a una mente idealista de la tentación de violencia, no porque se pase al cinismo ni a una supuesta madurez sin corazón, sino porque se pasa a otro tipo de idealismo, que al autor de estas líneas practica desde los 13 años: la convicción profunda de que la economía de mercado elimina la pobreza, la miseria, la desnutrición, el analfabetismo, y es condición necesaria, aunque no sea suficiente, de la paz, la estabilidad institucional y un mundo donde la vida personal no dependa de caprichos y locuras de dictadores, demagogos, partidos, partiduchos y dictadorzuelos.
 
No nos asombremos más por la “vuelta” a los 70. De los 70, sencillamente, no hemos salido. En los 70, sencillamente, estamos. Sólo otro mundo teorético es capaz de ver al capitalismo como la alternativa frente a un niño revolviendo la basura.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.