LA LIBERTAD, ESA DESCONOCIDA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 6/3/22 en: http://gzanotti.blogspot.com/2022/03/la-libertad-esa-desconocida.html

¿Quiere comulgar en la boca o en la mano? Comulgue como quiera y no condene al resto. Y trate el tema con argumentos.

¿Misa tradicional o reformas post-Vaticano II? Que cada obispo, como el Vaticano II establecía, hago lo que le parezca. Pero no condene el resto y discuta el tema con argumentos. No insulte.

¿Quiere que sus hijos tengan educación sexual en su escuela? Mándalos a una que tenga ese programa. ¿No lo quiere? Mándela a otra que no lo tenga. Y deje que cada escuela, estatal o privada, decida sus programas de estudio. Y argumente a favor o en contra. Pero no imponga al resto su visión del mundo. 

¿No quiere una jubilación del Estado? Contrate un seguro privado. ¿Cree que la mejor jubilación es la del Estado? Disfrútela. Pero no impida por la fuerza la primer opción ni imponga por la fuerza la segunda. 

¿Quiere casarse con alguien de su mismo sexo? Hágalo con un contrato privado. ¿Quiere casarse con alguien de sexo distinto? Hágalo también un contrato privado. Pero en ambos casos no llamen al Estado para que los case. Que no haya matrimonio estatal y punto terminado. 

¿Quiere educar a sus hijos en una escuela estatal con valores kirchneristas? Hágalo. ¿Quiere educar a sus hijos en su propia casa? Hágalo. Y en el primer caso, no impida la segunda opción. 

¿Quiere que en el directorio de su empresa haya un 70% de mujeres? Hágalo. ¿Quiere que haya sólo rubios con un zapato negro? Hágalo. ¿Quiere que estén sólo los más capaces? Hágalo. Pero no llame a la fuerza del Estado para cualquiera de sus opciones. 

¿Considera que no hay que comer animales? No lo haga. ¿Cree que la contaminación es terrible? No viaje en avión ni en automóvil. ¿Quiere comer carne? Hágalo. ¿Quiere viajar en automóvil? Hágalo. ¿Cree que la contaminación afecta a terceros? Espere al final de esta entrada. 

¿Hay un virus peligroso y usted quiere encerrarse en su sótano con un traje de astronauta? Hágalo. ¿Hay un virus peligroso y usted quiere salir como siempre? Hágalo. ¿Considera que el virus no es peligroso? Dígalo. ¿Considera que sí, que es terrible? Dígalo. Pero no condene al resto, haga lo que quiera, diga lo que quiera, y discuta con argumentos.

¿Quiere darse la vacuna contra el bicho 19? Désela. ¿No quiere dársela? No se la de. ¿Considera que la vacuna es segura? Argumente. ¿Considera que no? Argumente. Pero haga lo que quiera, diga lo que quiera y no condene al resto.

¿Prefiere la medicina china a la medicina occidental? Ok. ¿Prefiere la segunda? Ok. Pero no imponga por la fuerza ni la una ni la otra. 

¿Considera que el daño a terceros (contaminación incluida) justifica el uso de la fuerza? Considérelo. ¿Sabe que, al respecto, hay una enorme literatura sobre bienes públicos, externalidades y la sociedad libre? Si no lo sabe, léala. ¿No quiere leerla? No la lea. ¿Quere NO leerla y seguirme insultando? Hágalo. Y yo tengo la libertad de no responder a sus insultos. 

Pero no. Policía, corridas, persecuciones, denuncias, arrestos, palos, disparos, violencia. Si no te quedás en tu casa te pongo preso. Si comulgás con la boca te cierro el seminario y te mando a la miércoles….

Violencia.

Pero la libertad….. Nunca. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

LA ESPANTOSA COHERENCIA DE LA CANCEL CULTURE

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 8/8/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/08/la-espantosa-coherencia-de-la-cancel.html

Tiremos abajo la estatua del tipo ese, porque tuvo una esclava afroamerican. Tiremos abajo la estatua de Juan de los Palotes, porque fue parte de la evangelización del Reino de Felipe II. Tiremos abajo la Constitución de EEUU, escrita por varones blancos misóginos y racistas. Y sigamos. Díganle a Macron que borre del mapa el monumento a Napoleón (conozco algunos católicos tradis que estarían muy contentos). Vamos, tiremos abajo todo. Que no quede nadie excepto por supuesto un enorme monumento a Kamala Harris y a Barack Obama.

Lamento decirles que son coherentes. Porque son ideólogos.

La ideología no soporta términos medios ni conoce el término evolución. La ideología está convencida de que existe el sistema social perfecto. No concibe a la historia humana como una evolución siempre en movimiento, sin alcanzar nunca, sencillamente nunca, ese anhelado fin de la historia. No admite al mercado como proceso, siempre imperfecto. Si la historia humana no es el modelo de la competencia perfecta, el sistema social perfecto, estable, único, eterno e inmutable, es porque hay gente que pretende retrasar con sus oscuros intereses a la sociedad perfecta. Son los disidentes, los contra-revolucionarios. Deben ser eliminados. Como dijeron los más coherentes teólogos de la liberación, esos que hoy se pasean por el Vaticano, nunca mejor dicho, como Pedro por su casa: nosotros amamos al todos, a los ricos también, porque la revolución los liberará de su condición de explotadores. Oh, qué hermoso. Qué caridad. Esos sí que son cristianos. No como los del Instituto Acton.

Así que claro que la Independence Declaration fue imperfecta. Claro que dijo “men” y no “human beings”. Pero ese “men” significaba una evolución hacia. Oh no, eso no. ¡Imperfección, imperfección! ¡Vade retro Satanás! Por supuesto, fue Martin Luther King el que dijo que era esa declaración lo que le permitía hacer su reclamo, pero mejor no decirlo no?

Claro, hay circunstancias y circunstancias. Pero distinguirlas es una cuestión de prudencia política y eso, claro, no es el camino del ideólogo. Sí, ok con que los símbolos nazis fueran retirados de Alemania en 1945. Pero para los de ONLY Black Lifes Matter, Hitler y Jefferson eran lo mismo. Es así de simple gente. ¿No lo ven? Es que son whites supremacists. ¿Eres afroamerican y NO piensas así? Entonces eres blanco. Joe Biden dixit. Pero seguro ya se olvidó.

Dios bendiga a los cancel culture boys, o girls, o martians, o como se perciban. Porque ellos nos librarán de nuestra imperfección. O sea, de nuestra humanidad, pero eso qué importa. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

LA IGLESIA NO ES EL SUSTITUTO DE NUESTRA IGNORANCIA (*)

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 25/7/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/07/la-iglesia-no-es-el-sustituto-de.html

Una nota al pie de un artículo anterior, decía lo siguiente: “…El Compendio dice, en su nro. 64: “….Lo sobrenatural no debe ser concebido como una entidad o un espacio que comienza donde termina lo natural, sino como la elevación de éste, de tal manera que nada del orden de la creación y de lo humano es extraño o queda excluido del orden sobrenatural y teologal de la fe y de la gracia, sino más bien es en él reconocido, asumido y elevado”. Por supuesto que es así. Nada que objetar, la gracia supone la naturaleza, esto es, la cura, la redime. Pero los teólogos que redactaron esa frase deben explicar entonces qué es lo contingente u opinable en relación al depositum fidei, y deben explicar cómo se entiende la sana laicidad del estado afirmada explícitamente desde Pío XII en adelante y por el Vaticano II en el tema de la autonomía relativa de lo temporal. Deben explicarlo, (y sobre todo en el contexto en el que la afirman) o de lo contrario caen en un integrismo contradictorio con el mismo Vaticano II que proclaman”. 

Voy a intentar una respuesta, no como teólogo, pero sí como creyente y filósofo partidario del pensamiento de Santo Tomás de Aquino. 

Todo el cristianismo está atravesado por la distinción entre lo natural y lo sobrenatural. No es un debate de autores (aunque puede ser una cuestión de términos), porque la distinción depende de la misma noción de Dios creador y de lo que Dios puede hacer sobre pero no contra el orden creado. Dios crea, y lo creado se identifica con el orden natural, que tiene sus propias naturalezas, esencias y finalidades, y, por ende, sus ámbitos propios de acción. Esa es la relativa autonomía de lo creado según Santo Tomás: lo creado depende de Dios en cuanto a la creación, conservación, concurso y providencia , pero esa dependencia de la causa 2da. en la Causa Primera no quiere decir que la causa segunda sea un títere. No, actúa desde sí misma: sus tendencias, potencias y movimientos dependen coherentemente de su naturaleza. Ese es el orden natural.

 En cambio el “milagro” es, en Santo Tomás, que Dios pueda actuar sobre la causa segunda independientemente de su orden natural. El milagro es sobre la naturaleza, pero no contra la naturaleza.

 Ello es precisamente lo sobrenatural. En el orden de la salvación, toda la salvación del pecado depende de la libérrima Gracia de Dios, fruto de su Misericordia. La Gracia posterior a la redención inunda, verdaderamente, toda la vida humana porque esa Gracia, gratuitamente donada por Dios, cura de raíz a la naturaleza humana, por eso la supone y eleva. Pero la gracia no surge de la naturaleza humana, viene de Dios, y viene de Dios a través de sacramentos (de modo ordinario) que superan, sin contradecirlo, al orden natural humano. Cada sacramento es un milagro: es algo sobre pero no contra la naturaleza humana, son regalos de Dios que penetran la naturaleza humana, la curan, la redimen (aunque no borran las consecuencias del pecado original), y precisamente por todo ello nada de la naturaleza humana es causa de la Gracia: porque nada finito como el ser humano puede llegar por sus solas fuerzas a la participación en infinito de Dios como inhabitación trinitaria en el corazón del hombre. 

A la Gracia corresponde, por ende, todo lo sacro, la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo y las tres virtudes sobrenaturales. Pero todo ello, al asumir la naturaleza humana, implica también las cuatro virtudes naturales, entre ellas la justicia, y por ende un corazón redimido busca la justicia en todos los ámbitos. Ahora bien, ese corazón redimido no ha vuelto al estado de nuestros primeros padres, que gozaban del don preternatural de ciencia. La Revelación de Dios, el plan de salvación, el anuncio de la buena noticia consumada en Cristo, alcanza aquellas cosas necesarias para la salvación, pero no todo lo que corresponda además al orden natural. Dios ha creado un orden natural, tanto en lo físico como en lo social, pero el Plan de Salvación no ha revelado la naturaleza de esos órdenes naturales. Sí, es verdad que los mandamientos tienen consecuencias sociales, pero Dios no ha revelado directamente el régimen político y socio-económico específico que en cada situación histórica sea el mejor. Por ende es verdad que lo sobrenatural no es un espacio después de cuyo límite venga lo natural, porque Dios ha penetrado con su Gracia todo el espacio de la naturaleza humana, pero ello no implica que la naturaleza redimida sea igual a la naturaleza humana elevada previa al pecado original. Las consecuencias del pecado original se mantienen, hemos perdido el don de ciencia y por ende, en todo aquello que no es necesario para la salvación, necesitaremos hasta el fin de los tiempos el falible juicio de nuestro intelecto para todo aquello que Dios no ha revelado. Ahora bien, cuando el ser humano, redimido por la Gracia, piensa y actúa en aquello que no es directamente sacro y-o no directamente revelado, mantiene aún la influencia de la Gracia: porque su corazón redimido busca la justicia y porque intenta llegar, con el hábito de la prudencia, a la verdad. Pero si la historia de la salvación no se identifica con la historia humana , ¿de qué manera eclesial se realiza ello en la historia humana? Con la acción de los laicos en el mundo, que buscan iluminar las estructuras temporales de su tiempo con una mente y un corazón cristianos, sabiendo que, sin embargo, Dios no ha revelado “el” sistema social perfecto y por ende esa acción de fermento de las estructuras temporales no debe comprometer a la jerarquía de la Iglesia, la cual debe abstenerse de intervenir directamente en esas decisiones laicales, de igual modo que el laico debe abstenerse de pretender consagrar el pan y el vino como si tuviera propiamente sacerdocio ministerial.

 Siglos y siglos de clericalismo han hecho que, sin embargo, jerarquía y laicos actuaran en un círculo vicioso integrista, como si hubiera un único sistema político y económico cristiano que tuviera que ser directamente dictado por la jerarquía y demandado por los laicos. El párrafo que ha dado origen a estas reflexiones, dado en un contexto de cuestiones muy opinables, muestra que ese integrismo, sea del color que fuere, no se ha terminado en la praxis y en el discurso de los católicos (a pesar de que la Iglesia, a partir del Vaticano II, habla permanentemente de sana laicidad del estado y legítima autonomía de lo temporal en un contexto de libertad religiosa). El problema actual de la Iglesia no consiste tanto en que un mundo laicista, no laico, no entienda esos valores. El problema consiste en que los católicos, jerarquía o laicos, los entiendan. A ojos de los no creyentes, la Iglesia aparece como un estado más, el estado del Vaticano. A ojos de los creyentes, también. ESE es el problema.

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(*) Artículo publicado en el Instituto Acton en Noviembre de 2011.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

EL CISMA NO ES EL CAMINO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/10/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/10/el-cisma-no-es-el-camino.html

Desde la negativa de Mons. Lefevbre al Vaticano II, nunca las aguas habían estado tan caldeadas de vuelta. Miles y miles de laicos, cientos y cientos de sacerdotes, obispos y cardenales, diciéndole de todo a Francisco, de mal modo, y en voz alta, por muchas cosas. Miles de católicos conservadores enfrentados a sus obispos pro-Francisco. Muchos escuchando las diatribas de Mons. Viganó, NO sólo contra Francisco, sino contra todo el Vaticano II, de vuelta (historia repetida) quien muestra a Francisco como la “consecuencia coherente” del Vat. II (grave error) Me llamó la atención, como símbolo (no como dato o número) el comentario de Mons. Schneider contra Fratelli tutti. Un rechazo total, completo, como nunca antes (creo) había generado una encíclica social. Los tiempos han cambiado. Juan Pablo II también tuvo encíclicas sociales muy de avanzada, pero se lo respetaba. ¿Qué ha hecho Francisco para ganarse tanta simpatía? Muchas cosas, obviamente, pero no es cuestión de reseñarlas porque eso iría en contra del objetivo de este artículo.

Está perfectamente bien que los que consideran que Francisco ha cometido graves errores sigan su conciencia y soporten este singular pontificado, como una prueba de Fe. Ese soportar implica confiar en el Espíritu Santo, hacer silencio muchas veces y expresar, sin causar escándalo, otras veces, nuestra visión, cuando el mal sería mayor de no hacerlo (y que Dios nos juzgue). Pero cuidado, hay una línea que nunca se debe cruzar: el cisma. Armar una Iglesia paralela, llevar el enfrentamiento a tal punto que Francisco no tenga más remedio que echarte de la Iglesia visible de una enorme patada (perdón que no traduzca ahora esta expresión a un Derecho Canónico más académico). Porque eso es el cisma, y eso nunca, nunca, ha solucionado nada en la Iglesia. A Rosmini, los asesores ultramontanos de Pío IX lograron CASI excomulgarlo, con mentiras espantosas. Se salvó sólo porque creo que Pío IX y León XIII se detuvieron cuando la injusticia podría haber llegado al colmo de la maldad. Pero la respuesta de Rosmini fue el silencio, la oración y la caridad. Y hoy Rosmini es beato e ilumina muchas conciencias (https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/csaints/documents/rc_con_csaints_doc_20071118_beatif-rosmini_sp.html). Sí, 152 años después de su santa muerte. Esos son los tiempos de Dios. No los nuestros.

Francisco es el Papa. Nos guste o no. En materia de Dogma es infalible (1). Y no se preocupen porque el Dogma no le interesa. Así que calma. En todo lo demás, que lo disfrute. Que se divierta. Su tiempo, en comparación con el de Dios, es nulo. Mientras tanto, católicos, no dependamos tanto de Roma. Creo que, entre las cosas que Dios, como duro maestro, nos quiere mostrar, está esa. Que Francisco diga lo que quiera. Muchos, mientras tanto, en silencio, con calma (Dios me ayude) seguiremos nuestra conciencia, recurriremos, mientras podamos, a la Eucaristía y a la Penitencia (que son ex opere operato y no dependen de las disposiciones personales de obispos y sacerdotes), estudiaremos y meditaremos con Santo Tomás, con Juan Pablo II, con Benedicto XVI, con el Catecismo de la Iglesia de 1993, con el Catecismo de San Pío X por si algo no está claro, explicaremos la Fe NO “contra” alguien, y avanti. El tiempo de la Iglesia es el tiempo de Dios. 

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PD: en la foto, Antonio Rosmini. 

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(1) Sobre el tema del Magisterio ordinario en diversos temas y temas de Doctrina Social de la Iglesia, ver Sacheri, C. A.: El orden natural, Vórtice, 1975. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

SER CATÓLICO NO ES SER UN IMBÉCIL, II

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 21/12/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/12/ser-catolico-no-es-ser-un-imbecil-ii.html

 

Había una vez….. Un enorme grupo de católicos que defendíamos lo que considerábamos coherente con la Fe. No por seguimiento irracional a cualquier cosa que dijera el Papa, sino por la síntesis entre razón y Fe y el Sensus ecclesiae. Defendíamos al Magisterio de siempre en temas de vida y sexualidad, desde San Pedro hasta Benedicto XVI; defendíamos la Fe de siempre, seguíamos la enseñanzas de la Humanae generisla Veritatis splendor, la Evangelium vitae, la Fides et ratio, la Libertatis nuntius, porque nunca fuimos marxistas…………… Seguíamos las enseñanzas de Ratzinger sobre el Vaticano II ratificadas luego como pontífice…………….. Y no por papolatría, sino por la verdad y la Fe……………… Distinguíamos lo opinable de lo que no, aunque fuera difícil……………. Sabíamos que miles de teólogos, obispos y sacerdotes se oponían a todo ello pero nosotros seguíamos…. Creo que sencillamente “fieles”.

Algunos seguimos. No hemos abandonado nuestras convicciones. Simplemente nos damos cuenta de que las cosas han cambiado, y no para mejor. Pero muchos católicos que pensaban igual que nosotros, ahora nos retan, y públicamente. Ahora, por pensar todo ello, somos perseguidos y condenados como herejes. Somos acusados de infidelidad al magisterio y a la Iglesia. Pero por ESOS católicos, los que antes te mataban si preguntabas por una coma de la Veritatis splendor. Ellos, como si nada. Negando todo tipo de problemas. Todo bien. Cara de feliz cumpleaños. Nada por aquí, nada por ella. Vemos visiones. Alucinamos. No pasa nada. Es que parece que no tenemos Fe.

Que cada uno siga su conciencia. Si ellos quieren ser “estratégicos”, “políticos”, que lo sean. Si ellos saben manejarse “en las intrigas del Vaticano”, que sean felices. Si quieren callar, negar, mirar para otro lado, nadie los juzgará. Pero por favor, que no nos juzguen a nosotros. Que no nos tomen por imbéciles. Eso ya es inaceptable. Tienen derecho a hacerse los tontos. Pero no insulten la inteligencia de los demás.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

LA IGLESIA Y EL ESTADO EN LA ARGENTINA DE HOY.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 22/8/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/08/la-iglesia-y-el-estado-en-la-argentina.html

 

Según el Vaticano II, la Iglesia y el estado son autónomas en sus propias esferas, pero deben colaborar entre sí en aquellos temas que tienen que ver con un sujeto común a ambas entidades: el ser humano y su dignidad.

Esta colaboración es relativa a circunstancias históricas diversas. Allí donde la tradición de un país lo permita, esa colaboración implicará una relación especial de la Iglesia con el estado sin que ello viole sus respectivas autonomías. Esto se aplica también a otras naciones con religiones mayoritarias.

Esa colaboración puede suponer una confesionalidad formal, que a su vez tiene diversas fórmulas. O, en cambio, una confesionalidad sustancial, como la que se da cuando una cultura judeo-cristiana impregna la legislación humana de tal modo que la ley natural sea inspirada en ese judeo-cristianismo.

En cualquier caso hay que distinguir laicismo de laicidad. La sana laicidad fue defendida así por Pío XII y especialmente por Benedicto XVI, tanto en el gobierno como en el ordenamiento jurídico, como quedó muy bien plasmado en sus insuperables discursos del 2010 al Parlamento británico (https://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2010/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20100917_societa-civile.html)  y del 2011 al Parlamento alemán (http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2011/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20110922_reichstag-berlin.html) . Esa laicidad consiste en reconocer al estado su función propia sin que la Iglesia designe sus integrantes ni intervenga directamente, ni en su legislación ni en sus funciones propias.

El laicismo es en cambio una separación hostil entre Iglesia y estado, de tal modo que ya no hay colaboración, sino choque entre ambas, por una cosmovisión muy diferente del hombre y la sociedad. Se dio así clásicamente en el laicismo francés del s. XVIII en adelante, en parte en la Italia del Risorgimento, por la “cuestión romana”; y en México y Uruguay.

No fue así en los EEUU, donde Benedicto XVI ve un clásico ejemplo de laicidad con confesionalidad sustancial, sobre todo en sus inicios (https://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2008/february/documents/hf_ben-xvi_spe_20080229_ambassador-usa.html ).

En la Argentina, la Constitución del 53 fue un caso de confesionalidad formal con sana laicidad, con libertad religiosa pero sin igualdad de cultos. Por la circunstancia histórica, los tres poderes eran autónomos de la Iglesia y se reconocía la libertad de la Iglesia, pero regía el “patronato” (la venia del presidente para el nombramiento de los obispos), el reconocimiento de la Iglesia como una institución de Derecho Público, la religión católica como condición para ser presidente y “la conversión de los indios al catolicismo”.

Por supuesto, hubo períodos laicistas en la historia argentina donde todo ello fue la “constitución formal” pero no la real.

Aunque casi se ignore, mucho de ello fue abrogado por el acuerdo entre el Estado Argentino y la Santa Sede de 1966, (http://www.vatican.va/roman_curia/secretariat_state/archivio/documents/rc_seg-st_19661010_santa-sede-rep-argent_sp.html ) sobre todo, el Patronato, con lo cual se avanza hacia una mayor laicidad conforme a los lineamientos del Vaticano II.

La circunstancia argentina actual, donde muchos piden por la “separación entre Iglesia y estado” es una circunstancia donde esa petición es pedida más desde un nuevo laicismo que desde una sana laicidad. Esto es, se pretende avanzar sobre legislaciones que establezcan obligatoriamente el aborto, la educación sexual y la ideología de género para todas las instituciones privadas, “especialmente” para las católicas, con lo cual se trata entonces de un laicismo que atenta contra la libertad religiosa.

Los libertarios en cambio sólo piden una distinción entre Iglesia y estado al estilo norteamericano, aunque ellos la llamen “separación”.

Si se quisiera avanzar hacia una posición equilibrada y ecuánime en este tema, el estado argentino podría:

–          Elevar el acuerdo de 1966 a rango constitucional de manera explícita, sustituyendo el art. 2 de la Constitución por ese acuerdo.

–          Garantizar el ejercicio de la libertad religiosa ratificando toda obligatoriedad en temas como aborto, educación sexual, etc., como delitos contra la libertad de asociación, la propiedad y la libertad religiosa;

–          Eliminar todo subsidio económico a la Iglesia Católica;

–       Garantizar totalmente la libertad educativa de TODA institución privada, reconociendo el derecho a tener plenamente sus propios programas de estudio sin pasar por el permiso del estado. Eliminar a su vez el subsidio a toda institución privada reemplazándolo con el sistema de cheques escolares, propuesto por Friedman y Hayek, para todos los padres que quieran enviar sus hijos a las instituciones privadas que quieran.

Pero estamos lejos de la superación de nuevas grietas. Por un lado hay un nuevo avance del odio hacia la Iglesia, de siempre, renovado ahora por el feminismo radical y las ideologías del género, y por otro lado la Iglesia ha perdido toda autoridad moral, y no sólo por el espantoso tema de los abusos.

 

En esa circunstancia se viene el tema de la “separación” de la Iglesia y estado en Argentina, y de esa circunstancia nada bueno saldrá.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

BENEDICTO XVI: UN PROBLEMA PARA LOS TRADICIONALISTAS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 17/12/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/12/benedicto-xvi-un-problema-para-los.html

 

Por supuesto, “tradicionalista” tiene muchos significados en la Iglesia de hoy y por ende no quiero ser injusto. Me refiero a los que desconfían del Vaticano II por considerarlo contrario al Magisterio anterior, y allí hay grados: desde los que lo aceptan con una interpretación conservadora (o sea interpretado siempre desde el Magisterio anterior, como si el Vat II no hubiera aportado nada nuevo) hasta los que lo rechazan totalmente al estilo Lefevbre. Habitualmente son, además, totalmente contrarios al liberalismo político, aunque algunos pocos –con una extraña combinación de Pío IX y Hans Herman Hoppe- son partidarios de la economía de mercado.

Ante el tsunami Francisco, estas posiciones se han radicalizado en la Iglesia de hoy. Pero lo interesante es que habitualmente citan a Benedicto XVI a su favor.

Y allí tienen un problema.

Ante todo Benedicto XVI tiene una interpretación del Vaticano II, que es bastante conservadora, sí, pero porque “se conservó”, como él mismo dice (Informe sobre la Fe) en el auténtico espíritu de 1965, mientras muchos de sus amigos siguieron para adelante, un adelante que él obviamente supo NO seguir. Pero NO es una interpretación “conservadora” en el sentido de que el Concilio NO diga “nada nuevo”. En su famoso discurso del 22-5-2005, Benedicto XVI habla de la hermenéutica de la continuidad y la reforma del Vaticano II: reforma en temas que él considera contingentes, y una de ellas es precisamente lo que muchos tradicionalistas consideran la “tesis” en términos del magisterio anterior en temas como iglesia y estado. Eso NO es compatible con lo que la mayoría de los tradicionalistas piensan, excepto que abandonen la “tesis” donde ciudadanía es = a bautismo y hablen de “tesis” como una confesionalidad formal o sustancial (Amadeo de Fuenmayor) compatible con la libertad religiosa según Vaticano II.

O sea, NO pueden defender su interpretación del Vaticano II CON Benedicto XVI. Un Benedicto XVI que, además, es un liberal clásico en términos anglosajones. Defensor, como Ratzinger y luego como Benedicto XVI, de la tradición de Tocqueville y su defensa de los EEUU. Como teólogo privado hablaba de separación entre Iglesia y estado sin mayores problemas o aclaraciones y luego como Benedicto XVI insistió en la laicidad del estado a diferencia del laicismo. En el 2008 citó a Habermas y a Rawls a favor de su propia noción de “razón pública cristiana”; en ese mismo año dijo palabras muy elogiosas sobre EEUU, ante Mary Ann Glendon, que un tradicionalista jamás diría; en el 2010 habló estrictamente de las libertades individuales y el common law en Inglaterra, elogiosamente, y en el 2011 hizo un impresionante resumen de la evolución del estado liberal de derecho, ante el Parlamento Alemán, casi como si fuera Hayek. Defendió, además, en tres ocasiones, la palabra “liberalismo” en su sentido positivo, COSA QUE SUCEDIÓ POR PRIMERA VEZ EN TODA LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA Y ANTE LA CUAL TODOS -de derecha a izquierda- SE QUEDARON MUY CALLADITOS, y defendió siempre al decreto de Libertad Religiosa y NO precisamente “en hipótesis”.

Por lo tanto Benedicto XVI NO es un tradicionalista.

Todo esto es difícil de desconocer para los tradicionalistas, siempre tan lectores y atentos a todo documento pontificio. ¿Debemos suponer entonces que NO hablan de todo esto, porque NO les conviene?

 

Que ellos respondan……………………………

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

LIBERALISMO CLÁSICO, CRISTIANISMO E ISIS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 31/7/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/07/liberalismo-clasico-cristianismo-e-isis_31.html

 

Los liberales clásicos y los libertarios siempre hemos sido partidarios de la libre entrada de capitales y de personas. Es una de las enseñanzas claves de Ludwig von Mises. Por ende siempre fuimos partidarios de la libre inmigración (de la libre emigración también, dado que últimamente no hay naaaaaaaaaaaaaaaaaaada que no tenga que aclarar……………………………….). Está en la esencia de los derechos individuales y es parte fundamental del libre mercado. Pero frente a los últimos acontecimientos que son de dominio público, frente al ISIS entrando a todos lados NO como un ejército, sino disfrazados de turistas cual mansas palomitas………….. ¿Qué queda de nuestra postura?

Esto es una ensalada de cosas que hay que aclarar y distinguir.

  1. Estamos hablando de estados-nación.

Muchos libertarios me van a decir que en una free-city no se puede entrar a la propiedad privada sin autorización del dueño. Pero me van a disculpar, estoy hablando del mundo actual, quelamentablemente derivó en los estados-nación actuales. Es allí donde proponemos que no haya aduanas y libre ingreso. Los que hemos estudiado a Mises incorporamos en el debate su distinción entre estado y nación, bien explicada en Liberalismo(1927) y Nation, State and Economy (1919), y que fue su solución cuando vio disolverse a su Imperio Austro-húngaro:nación como cultura unificada por un lenguaje, estado como unidad administrativa inter-cultural. Allí que él proponía la convivencia pacífica de naciones diferentes bajo un mismo estado. Eso no fue una utopía. Espontáneamente sucedió en los EEUU originarios y en la Argentina de fines del s. XIX, por ejemplo.

  1. Derechos in abstracto e in concreto.

Pero los derechos individuales tienen una definición in abstracto y, a la vez, una vida jurídica in concreto. Por eso siempre hay que ver la circunstancia histórica desde la que hablan los autores y por eso siempre he explicado desde dónde hablaba Mises. A parte de eso, lo que quiero decir es que todo derecho individual tiene una definición in abstracto (por ejemplo, la definición de libertad religiosa que da el Vaticano II) que funciona siempre como ideal regulativo (como aquello a lo cual la circunstancia histórica tiene que ir) pero, a la vez, vive concretamente en circunstancias jurídicas que, ya sean Common law (Hayek) o codificación, les marcan límites que siempre serán discutibles: lo importante es extender esos límites al ideal regulativo (como el proceso de mercado tiende a la coordinación total, SIN alcanzarla nunca).

Ahora bien, en ese sentido, si un derecho individual se enfrenta con una circunstancia histórica donde tiene jurídicamente un límite, el liberal clásico debe entender (hermenéuticamente) dicha circunstancia sin escandalizarse. Lo importante es que señale el ideal regulativo. Por ejemplo, si alguien dice que su libertad religiosa incluye el derecho a casarse con una niña de 8 años, lo lamentamos pero no: en el derecho de menores concreto de varios países, eso está prohibido y está muy bien. Nuestro conocimiento es limitado y por eso mismo está muy bien NO incurrir en un relativismo total y seguir las tradiciones de moralidad que nos parezcan correctas, jurídicamente concretadas, atendiendo siempre al harm principle de Mill.

Siguiendo esta misma línea, si por una guerra de terrorismo, como la que ISIS ha declarado, el derecho a la inmigración sufre alguna restricción, que la sufra. Podemos declarar abierta la frontera PERO lamentablemente podemos pedir pasaporte, antecedentes penales y visado únicamente a los que vengan de ciertos países, por ejemplo. Es lamentable pero no queda otra. Es la circunstancia que enfrentamos y que Dios nos juzgue.

  1. El terrorismo y el debido proceso.

Pero en esto se mezcla otro tema. Ante el terrorismo, sea islámico, ETA, ERP, Montoneros, Brigadas Rojas, etc., surge una pléyade de personas pidiendo el fin del debido proceso. La administración Buch ya lo hizo (siendo este el ejemplo más trágico de traición al Bill of Rights) ya lo hizo con la Patriot Act. Muchos argentinos en su momento apoyaron el método que propuso el Proceso y algunos aún lo siguen defendiendo. Ante eso volvemos a decir: no. La guerra NO da derecho a extra-limitarse en la legítima defensa. Por lo demás, una república democrática NO está indefensa: cuenta con recursos constitucionales ante situaciones de emergencia. La Constitución argentina de 1853, aunque violada e ignorada eternamente, establece las condiciones del estado de sitio, que NO incluye el asesinato, tortura o desaparición del enemigo. Claro, estamos hablando de las funciones de defensa militar del estado ante una guerra, que está en sus funciones legítimas, aunque ahora, en un país como el nuestro, totalmente inoperable. Las fuerzas armadas argentinas NO tienen ninguna capacidad operativa…

  1. El islam.

Por lo demás, volvemos a decir que no hay que demonizar a ningún grupo en general. Tampoco nadie de nosotros, creo, y yo menos, es experto en Sagradas Escrituras para afirmar que el Corán debe tener una interpretación necesariamente violenta. Claro, cualquier cosa se puede interpretar desde la violencia.Los grupos radicalizados de los teólogos de la liberación lo hicieron con las Escrituras Cristianas y nunca han pedido perdón. Así que el fanatismo religioso es una cosa y la religión, otra, y por lo demás, yo siempre diré del Islam lo que dice el Vaticano II en la Nostra aetate y nada más (ni nada menos). Lo que siempre agrego es: son ustedes, hermanos islámicos, los que deben ir hacia la libertad religiosa y la distinción entre Iglesia y estado (sana laicidad). Son ustedes los que deben recorrer el mismo camino intelectual que recorrió el Catolicismo hasta terminar en el Vaticano II. Nosotros, los liberales católicos occidentales, NO lo podemos hacer por ustedes. Pero: si lo hicieron, no parece. Y si no lo hacen, los que NO van a sobrevivir son ustedes.

  1. Europa y su des-cristianización.

Pero la Europa envejecida, indefensa, tonta, que vemos en este momento, no es fruto del Islam, sino de una ideología iluminista, anticristiana radical, que parece no aprender de sus errores. Europa tiene raíces cristianas. Negarlo conduce a su propia desaparición. Afirmarlo NO es caer en integrismos o clericalismos, NO es volver al Sacro Imperio. Es llegar naturalmente al Vaticano II, con libertad religiosa y distinción entre Iglesia y estado; es llegar a los discursos de Benedicto XVI en el parlamente inglés y alemán. Si dejaran de leer a Marx por un momento y leyeran todo eso, se enterarían de lo que hablo. Pero un reconocimiento de las raíces cristianas de Europa tiene que ser algo más que una declaración: tiene que ser un cristianismo que legítimamente reclame las libertades individuales del liberalismo clásico para afirmar su derecho a la libertad de enseñanza, de expresión, de asociación, sin ningún estado central que imponga las ideologías del género y la disolución obligatoria de las prescripciones cristianas sobre el matrimonio y la familia. Mucho sexo, droga y rock and roll han hecho olvidar el orden verdadero: matrimonio, sexo e hijos, en ese orden. Muchos casamientos, mucho sexo en el matrimonioy muchos hijos. Y por ende padres no imbéciles que sepan educar a sus muchos hijos en esos valores. De lo contrario, sí: esta Europa envejecida terminará siendo culturalmente superada por los pueblos que han sabido mantener el valor de los hijos. Así de simple.

  1. Conclusión.

 

Ni el liberalismo clásico es una utopía indefensa ante el terrorismo de ISIS ni el Cristianismo es hoy lo que son muchos cristianos adormecidos. La Iglesia, por lo demás, es indefectible para los creyentes; siempre ha respirado de la sangre de sus mártires y siempre ha sobrevivido a la vergüenza de muchos de sus miembros. Pero las civilizaciones, como tales, no son indefectibles. Occidente, ese maravilloso encuentro entre lo griego, lo romano y lo cristiano, puede desaparecer, por el olvido de sí mismo, por la banalidad y estupidez de sus supuestos líderes. Hoy, no sabemos qué pasará. Depende de nosotros. De todos nosotros.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

REFLEXIONES SOBRE LA ENCÍCLICA «LIBERTAS» DE LEÓN XIII (En su centenario)

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado en El Derecho, 11-01-1988

 

Nota aclaratoria: publico este artículo, escrito en 1988, dada su coincidencia con los últimos comentarios del mes que estuvimos haciendo, en el Instituto Acton, acerca de las declaraciones de Benedicto XVI sobre el significado del Vaticano II. En este artículo se citaba el entonces Cardenal Ratzinger y se pedía al Magisterio una aclaración sobre estos temas, que creo es lo que se ha producido con el aludido discurso de Benedicto XVI. De igual modo se trataba de superar la dialéctica entre Iglesia pre-conciliar y post-conciliar, que fue lo pedido expresamente por Benedicto XVI en dicho discurso.
Lo publicamos sin ningún cambio, descontando que actualmente diríamos las mismas o análogas cosas con alguna que otra diferencia en matices.

Se cumplen en este año 1988 cien años desde la publicación de la encíclica Libertas, de León XIII.. Esta encíclica tiene una gran importancia filosófico-política, pues en este documento León XIII trata específicamente sobre el «liberalismo» y las libertades políticas. Por lo tanto, es una buena ocasión para realizar una serie de reflexiones sobre alguno de los aspectos de este documento. Nuevamente, como ya dijimos en otra oportunidad, ningún comentario debe sustituir la lectura directa del documento en cuestión, y por ende nuestro trabajo no será una exposición de la encíclica, sino reflexiones sobre su contenido, como anunciábamos en el titulo.

En primer, lugar, analicemos que es lo que condena León XIII bajo el termino «liberalismo» (1). León XIII divide al liberalismo en tres grados. El primero, o de primer grado, es, «…la soberbia de la razón humana que, negando la obediencia debida a la divina y eterna razón y declarándose a si misma independiente, se convierte en sumo principio, fuente exclusiva y juez único de la verdad» (2). El segundo, o de segundo grado, consiste en la negación de todo el orden sobrenatural revelado, si bien hay en este caso aceptación del orden natural: «…Piensan que esto basta y niegan que el hombre libre deba someterse a las leyes que Dios quiera imponerle por un camino distinto al de la razón natural». Finalmente, rechaza León XIII al liberalismo de tercer grado que, aunque aceptando tanto el orden natural como el sobrenatural, niega sin embargo la influencia social de la Fe. Esto se traduce en: a) negación de la competencia indirecta de la Iglesia en lo temporal (3) y b) afirmación de la «separación” de la Iglesia y el Estado. Sobre esta última cuestión nos explayaremos más adelante. Por ahora, citemos el texto leonino: «…estos liberales afirman que, efectivamente, las leyes divinas deben regular la vida y la conducta de los particulares, pero no la vida y la conducta del Estado (el original latino dice non tamen civitatis): es licito en la vida política apartarse de los preceptos de Dios y legislar sin tenerlos en cuenta para nada. De esta doble afirmación brota la perniciosa consecuencia de que es necesaria la separación entre la Iglesia y el Estado» (el original Latino dice dissociari que viene del verbo dissocio, as, are, cuya traducción tiene los matices negativos de «desunir, dividir, separar», y no el matiz positivo de. «distinguir». Esta aclaración terminoló¬gica es importante para aclaraciones que haremos mas adelante).

Si ahora analizamos este «liberalismo» condenado por León XIII a la luz de la historia de la filosofía, nos damos cuenta de que se trata estrictamente del mas genuino iluminismo racionalista, caracterizado por una esencial voluntad de inmanencia (4), lo cual implica una cerrazón a lo trascendente, y una autonomía absoluta de la razón y libertad, sobre la base del rechazo de le existencia y/o la autori¬dad de Dios y su ley eterna. La razón afir¬mada por este iluminismo es una razón mas bien antimetafisica, que exagera los alcances de la ciencia positiva y de la técnica. La enciclopedia francesa del siglo XVIII seria un exponente típico de esta posición. La consecuencia política de esta posición es una teoría de la sociedad y del Estado donde este y la ley surgen como el resultado de voluntades autónomas aunadas en una gran voluntad general, sin referencia a una ley natural superior, con la consecuencia adicional de negar toda com¬petencia social a la ley eterna de Dios (liberalismo de tercer grado). No es casualidad que, en la descripción del liberalismo de primer grado, León XIII rechaza explícitamente, aunque sin nombrar autores, a la concepción roussoniana del poder político.

Hemos visto qué es lo que León XIII condeno bajo el termino «Liberalismo». Debemos analizar, en segundo lugar, que es lo que León XIII no condenó. No condenó una determinada forma de gobierno, a saber, la democracia como tal. «…Ni esta prohibido tampoco en si mismo preferir para el Estado una forma de gobierno moderada por el elemento democrático, salva siempre la doctrina católica acerca del origen y el ejercicio del poder político. La Iglesia no condena forma alguna de gobierno, con tal que sea apta por si misma para la utilidad de los ciudadanos» (num. 32). Tampoco condenó la defensa, de los derechos de la persona frente al despotismo del Estado. Menos aun cuando en el comienzo de su encíclica, León XIII había explicado en detalle el fundamento del libre albedrío, y la consiguiente ley moral que, sobre la base de la Ley natural -basada a su vez en la ley eterna- es el fundamento del derecho natural que constituye una barrera moral infranqueable frente a las pretensiones despóticas de Estado. Este legado perenne de Santo Tomas -citado reiteradas veces por León XIII- es clarísimo en párrafos como este: «…Pero cuando no existe el derecho de mandar, o se manda algo contrario a la razón, a la ley eterna, a la auto¬ridad de Dios, es justo entonces desobedecer a los hombres para obedecer a Dios. Cerrada así la puerta a la tiranía, no lo absorberá todo el Estado. Quedaran a salvo los derechos de cada ciudadano, los derechos de la familia, los derechos de todos los miembros del Estado, y todos tendrán amplia participación en la libertad verdadera, que consiste, como hemos demostrado, en poder vivir cada uno según las leyes y según la recta razón» (núm. 10; el subrayado es nuestro).
Lo anterior es muy importante, pues la historia de las ideas políticas nos demuestra que el termino «liberalismo» es muy equívoco y ha sido empleado en diversos sentidos. Por lo tanto, en tanto «liberalismo» designe la opción por una determinada forma de gobierno, a saber, la democracia constitucional -y no creemos que la historia de las ideas políticas permita decir que ese uso del termino es arbitrario-, entonces, así entendido, el liberalismo no está condenado, sino que forma parte de las cuestiones opinables del orden temporal -en este caso, las formas de ,gobierno, tradicional punto de libre discusión según el Magisterio (5)- ni derivadas de ni contradictorias con el depositum fidei. Y en cuanto «liberalismo» signifique la defensa de los derechos de los ciudadanos frente a los totalitarismos, eso tampoco está condenado, por León XIII ni es contradictorio con la Doctrina Social de la Iglesia, y menos aun cuando el fundamento de esos derechos sea el derecho natural -sobre la base de la ley natural- y la dignidad natural de la persona humana (6).¬
Pero, y en tercer lugar, debemos analizar un importante problema. Porque alguien podría decir: ¿no es típico de los ideales liberales la defensa de la libertad de cultos y la separación de la Iglesia y el Estado? ¿Y acaso no están ambas cosas rechazadas y condenadas por León XIII en la Libertas?
Dicha pregunta es importantísima. Sin embargo, antes del Concilio Vaticano II, se podría decir que ese era un conflicto de la Libertas con «el liberalismo». Pero ahora ese problema se ha convertido en un problema inter-magisterial. Ya no es un pro¬blema con «el liberalismo» sino con el Ma¬gisterio social del Vaticano II. En efecto, ¿habria, respecto a esos dos temas, una contradicción entre la Libertas (y todo el Magisterio pre-conciliar) y el Vaticano II? Elto explica gran parte del origen del «caso Lefebvre». Debemos analizar entonces esta cuestión: ¿existe contradicción entre ambos Magisterios? Y nuestra respuesta sera: no existe contradicción entre ambos Magisterios, en el plano doctrinal (eticosocial). Fundamentaremos a continuación nuestra respuesta, sujeta a ulteriores desarrollos.
Con respecto a la libertad de cultos, debemos decir, primero, que la libertad de cultos que León XIII condena no es la misma libertad religiosa que el Vaticano II aprueba. Según León XIII, la libertad de cultos implica que «…cada uno puede, a su arbitrio, profesar la religión que prefiera o no profesar ninguna» (num. 15). León XIII niega que el hombre tenga tal derecho, y esta crítica de León XIII a una libertad de cultos así concebida es plenamente correcta y mantiene hoy -y siempre- toda su validez. En efecto León XIII rechaza una libertad de cultos basada en el indiferentismo religioso (que sostiene que no hay una unica religión verdadera); pues es así que, segun la Fe Católica la Religión católica es la única que tiene la plenitud de la verdad y el hombre esta obligado moralmente para con la verdad. Estas cosas que estamos diciendo resultan hoy en día chocantes hasta en ambientes católicos, lo cual muestra hasta quo punto ha penetrado el indiferentismo religioso que León XIII combatía. Según la misma Fe Católica, quienes guiados por una conciencia inculpablemente errónea no son católicos -y a la vez buscan honestamente la verdad- están dentro de la Iglesia mediante un votum (deseo) explicito o implícito, y de ese modo pueden alcanzar la salvación (7). Y el único que puede saber si una conciencia errónea es cul¬pable o inculpable es Dios (8).
Ahora bien: León XIII defiende explícitamente la libertad del acto de Fe, esto es, que nadie puede ser forzado a abrazar la Fe Cat6lica. En su encíclica Inmortale Dei (9) afirma: “…Es, por otra parte, costumbre de la Iglesia vigilar con mucho cuidado para que nadie sea forzado a abrazar la fe católica contra su voluntad, porque, como observa acertadamente San Agustín “el hombre no puede creer mas que de buena voluntad» (num. 18). También afirma León XIII la necesidad de la tolerancia, cuando el bien común lo exige: «…no se opone la Iglesia, sin embargo, a la toleran¬cia por parte de los poderes públicos de al¬gunas situaciones contrarias a la. verdad y la justicia para evitar un mal mayor o para adquirir o conservar un mayor bien» (Libertas, num. 23).
Ahora bien: la libertad religiosa defendida por el Vaticano II implica precisamente la defensa de estos dos últimos aspectos. Observemos que la definición dada por el Vaticano II nada tiene que ver con lo cri¬ticado por León XIII. Según el Vaticano II, “…Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de personas particulares como de grupos sociales y de cualquier potestad humana y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a actuar contra su conciencia, ni se le impida que actué conforme con ella en privado o en publico, solo o asociado con otros, dentro de los limites debidos» (10). (El subrayado es nuestro). Como vemos, el Concilio no dice que cada uno puede practicar la religión que quiera a su arbitrio, o que todas las religiones son iguales, etc.(11). Dice que no se debe coaccionar la conciencia de las personas, aunque estas estén erradas. La deducción, a partir de aquí, del derecho a la libertad religiosa, es plenamente coherente con los principios del derecho natural. Todo derecho se basa en una obligación moral previa. Si el ser humano tiene derecho a la vida, es porque el ser humano tiene la obligación moral de respetar la vida de los demás y propia. Gozar de un derecho presupone un «acreedor» previo. Por eso los derechos subjetivos se basan en el derecho objetivo y este en la ley moral, con base en la ley eterna. Luego, dado que existe una obligación moral de no imponer la Fe por la fuerza, se sigue el derecho que las personas tienen a reclamar esa conducta por parte de otras personas. Y eso es lo que dice el Concilio con el «derecho a la ausencia de coacción» en materia religiosa, refiriéndose expresamente a la libertad del acto de Fe (num. 10). Luego, no hay contradicción entre León XIII y el Vaticano II. Este ultimo dijo más que León XIII, pero ese «decir mas» no fue una contradicción, sino sacar a la luz conclusiones a partir de premisas afirmadas por toda la tradición católica (esto es la doctrina de la libertad del acto de fe), la filosofía tomista del derecho natural y afirmaciones del mismo León XIII. Luego, el, Vaticano II no contradice en este punto – como en ningún otro- a la tradición católica. Al contrario, saca nuevas conclusiones a partir de dicha tradición.
Pero alguien podría objetar: el problema no es la libertad del acto de Fe, sino que el Concilio dice que el derecho a la libertad religiosa implica actuar conforme con la conciencia en privado y en publico, y es este ultimo «…y en publico» lo negado por la Libertas y todo el Magistrado preconciliar. Pero esto es para nosotros una falsa dialéctica. En la manifestación de una fe religiosa, lo privado y lo publico no es fácilmente escindible. La naturaleza humana tiene una dimensión social y publica del fenómeno religioso, inherente al mismo. Esa manifestación publica no puede ser violada so pena de coaccionar también sus manifestaciones privadas y atentar de ese modo, directa o indirectamente, contra la libertad del acto de fe. Ahora bien: reconocida una dimensión publica inherente a la libertad del acto de fe, la clave de la cuestión es que no se puede determinar de una vez y para siempre el grado, en la ley humana positiva, de esa dimensión publica. Par eso el Vaticano II dice «…dentro de los limites debidos». Pero esos limites son cambiantes según diversas circunstancias, donde entra la prudencia política, y la tolerancia de la qua hablaba León XIII -que también se aplica a la libertad del acto de fe- en la ley humana positiva, que por definición no prohíbe todo lo prohibido por la ley natural (12). Este es un terreno donde entran las diversas circunstancias históricas y lo que nosotros llamamos «los cuatro ámbitos de lo opinable»(13), donde el Magisterio no puede definir de una vez y para siempre. Dice Santo Tomás: «…no todos los principios comunes de la ley natural pueden aplicarse de igual manera a todos los hombres, par la gran variedad de circunstancias. Y de ahí provienen las diversas leyes positivas según los distintos pueblos» (14). Luego, es evidente que si el grado de «manifestación publica» otorgado por León XIII a la libertad del acto de fe es distinto -o sea, mas restrictivo- que el grado que se observa en el documento del Vaticano II, esa diferencia de grado se explica por las diversas circunstancias que influyen en ambos documentos, y la evolución del derecho natural a la luz de dichas circunstancias. Pero esos son elementos contingentes, que no afectan al depositum fidei ni a los principios morales fundamentales. Luego, la continuidad del Magisterio pontificio en lo qua hace a principios básicos del derecho natural queda demostrada. Ambos magisterios -el preconciliar y el conciliar- afirman los mismos principios de derecho natural. Hay, empero, una diferencia de grado en el ámbito de expresión pública de la libertad del acto de fe. Esa diferencia de grado esta causada por factores contingentes que no hacen al ámbito especifico del Magisterio pontificio. Esos factores contingentes pueden tener una importancia práctica fundamental pero, en ultima ins¬tancia, su concreción ultima queda reservada a los laicos.
Pasemos ahora al tema de la «separación» de Iglesia y Estado. León XIII no estaba de ningún modo pidiendo un sistema teocrático, ni rechazando la correcta distinción de naturalezas y competencias entre Iglesia y Estado. Al contrario, esto último fue expresamente afirmado por León XIII en su encíclica ya vitada Inmortale De: «Ambas potestades -dice allí León XIII- son sobe¬ranas en su genero. Cada una queda circunscripta dentro de ciertos limites, definidos por su propia naturaleza y por su fin próximo. De donde resulta una cosmo esfera determinada dentro de la cual cada poder ejercita iure propio su actividad» (num. 6). Como vemos, esta claramente afirmada allí la distinción entre Iglesia y Estado. Pero León XIII estaba -dadas las circunstancias históricas en las que vivía- muy preocupado por evitar el choque, el enfrentamiento, la falta de armonía entre ambas potestades. Por eso rechaza una «separación» que im¬plicara que sea «…licito en la vida política apartarse de los preceptos de Dios y legislar, sin tenerlos en cuenta para nada» (num. 14, parr. cit.). O sea que por «separación” León XIII entendía una posibilidad jurídica de contradicción, y por «unión» una garantía jurídica de armonía de Iglesia y Estado en materias mixtas (familia, educación, etc.). Según tratamientos mas modernos, esa «armonía jurídica» puede darse por una con¬fesionalidad formal (concordato, Constitución) o sustancial (legislación del Estado no contradictoria con la ley eterna) (15). Luego, estamos aquí frente a una evidente cuestión terminológica. De allí la aparente contradicción con el Vaticano II, que afir¬ma los mismos principios que León XIII pero cambiando los términos. El Vaticano II su¬pera las posibilidades de confusión de los términos «unión» y/o «separación» median¬te la feliz formula «independencia y colaboración» entre ambas potestades. Inde¬pendencia, esto es, la distinción de natu¬ralezas y competencias afirmada por León XIII. Y «colaboración», esto es, la armonía y no contradicción también afirmada por León XIII. Y aclara que las formas concretas de colaboración quedan en relación a las diversas circunstancias históricas. Estas son las palabras del Vaticano II, en plena armonía con toda la tradición de la Iglesia: «La comunidad política y la Iglesia son, en sus propios campos, independientes y autónomas la una de la otra. Pero las dos, aun con diverso titulo, están al servicio de la vocación personal y social de los hombres. Este servicio lo prestaran con tanta mayor eficacia cuanto ambas sociedades manten¬gan entre si una sana colaboración, siempre dentro de las circunstancias de lugares y tiempos» (16).
No hay ningún cambio de doctrina. Solo cambia el lenguaje, superando la antinomia «unión vs. separación» con la mas adecuada formula «independencia más colaboración».
Realizado el anterior análisis podemos volver, en cuarto lugar, al tema del libera¬lismo. Como vemos, la libertad religiosa y una correcta delimitación de naturaleza y funciones de Iglesia y Estado -llamada por Pío XII como un «justificado laicismo de Estado» (17)- no son contradictorias con los principios morales de la encíclica Libertas. Luego, en cuanto «liberalismo» haga refe¬rencia a esos dos temas tal cual los entiende el Concilio Vaticano II, no habrá tampoco, en ese caso, contradicción con la Libertas. Tampoco habrá contradicción en los cases de la libertad de enseñanza y la libertad de expresión, mientras esas libertades se las entienda como un corolario de 1a libertad religiosa (18) y/o como la ausencia de mono¬polio escolar en materia de enseñanza y/o como derechos políticos de los ciudadanos en un estado democrático (19). Ahora bien, mientras «liberalismo» sea sinónimo de in¬diferentismo religioso y/o relativismo gnoseológico y/o moral en cuestiones metafísicas básicas, queriéndose fundamentar a partir de allí las libertades de los ciudada¬nos, entonces habrá contradicción. También habrá contradicción en el caso de que se considere que la religión es un asunto pri-vado sin la mas mínima influencia en la organización social. Pero en este punto, su¬cede muchas veces que las criticas a esta posición son hechas desde un agustinismo político que considera que de la Fe católica se deriva solo una única forma de organización social, de tipo corporativa no democrática. Muchas veces se hace, ligada a lo an¬terior, una lectura ideológica de la encíclica Quas Primas de Pio XI, uniendo el «Reinado social de. Jesucristo» a lo que una ideología determinada piensa que es ese reinado so¬cial. Se olvida en ese caso que, como dijo Pio XII, «…En el ámbito del valor univer¬sal de la ley divina, cuya autoridad tiene fuerza no solo para los individuos, sino también para los pueblos, hay un amplio campo y libertad de movimiento para las mas variadas formas de concepciones políticas; mientras que la práctica afirmación de un sistema o de otro depende, en amplia me¬dida, y a veces decisiva, de circunstancias y de causas que, en si mismas consideradas, son extrañas al fin y a la actividad de la Iglesia» (20). (El subrayado es nuestro).
En quinto lugar, destaquemos que la encíclica Libertas ocupa un lugar clave en la relación entre Iglesia y mundo moderno. La Libertas rechaza al iluminismo racionalista, con todas sus implicancias sociales. Pero el Iluminismo no es igual a la modernidad co¬mo tal (21). Esta, en si misma, tiene tres características, no contradictorias con la Fe: a) una profundización en las exigencias socia¬les del derecho natural; b) una mayor toma de conciencia de la distinción entre las áreas de competencia de Iglesia y Estado; c) una mayor distinción entre la Fe, la metafísica y las ciencias positivas. Estos tres elementos -derivados los tres de la tradicional distinción católica entre lo natural y lo sobre¬natural-fueron luego deformados y en¬frentados dialécticamente a lo trascendente por el iluminismo racionalista, que constitu¬ye una deformación racionalista de la mo¬dernidad (así como Lutero es una deformación¬ fideista de la modernidad).
La Iglesia puede renovar su dialogo con el mundo mo¬derno a partir de esta distinción entre mo-dernidad e iluminismo, y esa es la tarea que realizo el Vaticano II en su constitución Gaudium et Spes. La encíclica Libertas no contradice ninguno de esos tres elementos de la modernidad, y por ende ella no sig¬nifica un rechazo de todo el mundo post medieval, como a veces se la interpreta. Constituye, si, un rechazo del iluminismo, que no es lo mismo.
Al respecto, y en sexto lugar, es interesante ver las reflexiones del cardenal J. Ratzinger en su ultimo libro Iglesia, ecumenismo y política, (p2). Toda su tercera parte tiene mucho que ver con lo comentado en estas reflexiones. Si bien no distingue Ratzinger terminologicamente entre ilumi¬nismo y modernidad, sin embargo, al hablar de la Edad Moderna destaca sus valores po-sitivos, con grandes aportes para nuestro tema. Vale la pena citarlo in extenso:
“…Como característica positiva de la Edad Moderna considero que en ella se realiza de modo coherente la separación entre la fe y la ley, que habían estado confusas en la res publica christiana medieval. De este modo va tomando forma y estructura la libertad de la fe en su distinción respecto al orden jurídico burgués; las profundas aspiraciones de la fe se diferencian de las exigencias fundamentales del ethos sobre el que se construye el derecho. Los valores humanos, fundamentales en la visión cris¬tiana del mundo, hacen posible, en un fe¬cundo dualismo de Estado e Iglesia, la so¬ciedad humana libre, en la que quedan ga¬rantizados el derecho a la conciencia y, jun¬to con el, los derechos humanos fundamen¬tales» (p. 254). Y mas adelante: «Debemos, pues, asumir de la Edad Moderna, como dimensión esencial e irrenunciable del elemen¬to europeo, la relativa separación entre el Estado y la Iglesia, la libertad de conciencia, los derechos humanos y la autorresponsabi¬lidad de la razón. Pero, frente a la exaltación unilateral de estos valores, hay que mantener igualmente firme el afianzamien¬to de la razón en el respeto a Dios y a los valores éticos fundamentales, que proceden de la fe cristiana» (ps. 254/5).
No sabemos que término fue utilizado en el original alemán, pero en la traducción castellana aparece el termino «relativa separación» entre Iglesia y Estado, haciendo referencia a lo que nosotros habíamos lla¬mado distinción entre ambas potestades, y el termino «relativa» es una obvia referen¬cia a la autonomía relativa de lo temporal, no absoluta. Por otra parte, el párrafo mues¬tra otra vez la cuestión del liberalismo. El mismo autor que en su libro Informe sobre la Fe (23) se había referido al «liberalismo» como relativismo moral, en este libro habla de la democracia, los derechos humanos, la libertad de conciencia, la relativa separación de Iglesia y Estado, sin nombrar en ningún momento el termino «liberalismo». Interesante cuestión.
Por supuesto, no sabemos como evolucio¬nara en el futuro este problema terminoló¬gico en el Magisterio, pero es evidente, por todo lo afirmado, que el liberalismo con¬denado por León XIII en la Libertas no hace referencia ni a la democracia constitucional ni a la defensa de los derechos humanos fundamentales frente al despotismo del Es¬tado. Sean las que fueren las veces en las que el Magisterio condene al «liberalismo» entendido como el iluminismo racionalista, esta distinción mantiene toda su validez. De todos modos, no es esta la cuestión mas importante. Para muchos, León XIII y el Vaticano II se contradicen, y esto lleva a muchos católicos a una situación de per¬plejidad frente a la actitud a tomar frente a tal cosa. Nuestras reflexiones son nada en comparación con el bien que podría hacer un documento de la Santa Sede explicando ella misma de qué modo no se contradicen el Magisterio del Vaticano II y el Magisterio anterior, en cuanto a temas como libertad religiosa e Iglesia y Estado, y explicando los aspectos permanentes y contingentes de dichas cuestiones en relación a la fe.

Realicemos entonces una síntesis final:

1) La encíclica Libertas condena la sobe¬ranía absoluta de la razón, el rechazo de la Revelación y la negación de la Influencia social de la fe como «liberalismo de pri¬mero, segundo y tercer grado».

2) Dichas posiciones son las del ilumi¬nismo racionalista.

3) León XIII no condenó, en cambio, a la democracia como forma de gobierno ni a la defensa de los derechos de los ciudadanos frente a la arbitrariedad del Estado.

4) El liberalismo, entendido como la de¬fensa de la democracia constitucional y los derechos humanos fundamentales, no esta, consiguientemente, condenado por la Li¬bertas.

5) La Libertas habría condenado la libertad religiosa y la separación de Iglesia y Estado. Eso no solo seria contradictorio con el liberalismo, sino también con el Ma¬gisterio del Vaticano II.

6) Dicho problema es, sin embargo, apa¬rente, no real. La razón es que:

7) La Libertas condenó la libertad de cultos en tanto que indiferentismo religioso, y una separación de Iglesia y Estado en cuan¬to a posibilidad de choque y conflicto entre ambas potestades en materia mixta. Ambas condenas son correctas y mantienen hoy en día toda su validez.

8) León XIII defendió la libertad del acto de fe, la tolerancia por razones de bien común, y la distinción de naturalezas y com¬petencias entre Iglesia y Estado.

9) El Vaticano II no afirmó en ningún momento el indiferentismo Religioso, sino el derecho a la ausencia de coacción en materia religiosa como un derivado nece¬sario de la obligación moral y jurídica de no imponer la fe por la fuerza, sacando, en ese sentido, una conclusión coherente a partir de toda la tradición católica y del mismo León XIII, que afirman la libertad del acto de fe.

10) Las diferencias entre ambos Magiste¬rios se concentran en el aspecto contingen¬te del grado de manifestación publica de los diversos cultos. En esa materia, el ma¬gisterio no puede dar normas universales y permanentes directamente derivadas del dato teológico.

11) La Libertas condeno la «separación» de Iglesia y Estado en el sentido descripto en el punto 7. El Vaticano II afirma la «independencia y colaboración» entre Iglesia y Estado sin ninguna contradicción con el Ma¬gisterio anterior. Hay una deferencia de términos, pero no de conceptos.

12) En tanto «liberalismo» haga referencia a la libertad religiosa y a la distinción de Iglesia y Estado como el Vaticano II las entiende no habrá, consiguientemente, contradicción con la Libertas.

13) La modernidad como tal no es igual al iluminismo: la Libertas rechazo a este ultimo, más no a la modernidad en cuanto tal, o, si se quiere llamarlo de otro modo, a los valores positivos del mundo post medie¬val.

14) Sería deseable un documento de la Santa Sede que tocara el tema del Magisterio pre-conciliar en relación al Vaticano II, respecto a estos temas.

Por ultimo, nuestra reflexión final. Se habrá observado nuestra vocación por conciliar líneas del Magisterio que muchos consideran contradictorias. Pero eso no es tratar de forzar artificialmente las cosas. Al contrario, obedece a una legítima fe en el Magisterio, que solo se entiende a partir de la fe. Nosotros estamos convencidos de, que, en materia de derecho natural fundamental, no hay contradicciones en el Magisterio. Hay muchas veces una evolución en el contenido de ese derecho natural, pero nunca una contradicción. Si hay alguna diferencia de enfoque, ello se debe a que el tema en cuestión es opinable y contingente en relación a la fe. Pero en materias que competen específicamente al magisterio (fe y moral) no hay contradicción. No hay «Iglesia de ayer» e «Iglesia de hoy». Como dice Luigi M. Carli: «…o se confía siempre en la Iglesia, o no se confía nunca» (4). Sí el Magisterio de fines del siglo pasado, en materia social, carece de toda validez, por estar «pasado de moda'», lo mismo se podrá decir de todo el Vaticano II en el 2088. Distinguir, en cambio, entre el mensaje moral fundamental y lo que está contingentemente unido a la circunstancia cultural del momento, nos ayudara a disipar nubarrones. También ayudará que el Magisterio se concentre en los aspec¬tos morales fundamentales y que los laicos asuman la responsabilidad de ser los portavoces de propuestas en los temas mas contingentes en relación a la Fe. Y que todos los fieles, laicos y no laicos, busquemos nuestra unidad en las cuestiones básicas de fe y moral. Y todo ello nos acostumbrará a ver con mas calma las cuestiones de este mundo, mundo muy importante, que debe vivirse dignamente, productivamente, y sin olvidar que es un caminar hacia el otro, la morada definitiva, la Casa del Padre, la contemplación amorosa de su Divina Esencia, nuestro Destino Final.

( ° ) La encíclica, de fecha 25 de julio do 1888; ha sido publicada en Acta Santae Sedis, vol. XX, p. 593.
(1) Hemos tratado este tema en “Liberalismo y Religión Católica Apostólica Romana”, en el libro Cristianismo y Libertad (varios autores); Fundación para el Avance de la. Educación, Buenos Aires, 1984.
(2) La edición de la encíclica Libertas utilizada corresponde a la edición bilingüe y autorizada de la BAC, en Doctrina Pontificia, t. II, Madrid, 1958. Todas las demas citas de la encíclica corresponden a esta edición.
(3) Ver Derisis, O. N.,La Iglesia Y el orden temporal, Buenos Aires, Eudeba, 1971; y nuestro ensayo “La Temporalizacion de la Fe”, en el libro Cristianismo,, sociedad libre y opción por los pobres, varios autores, Centro de Estudios Públicos, Santiago de Chile, 1988.
(4) Ver Leocata, F., Del Iluminismo a nues¬tros días, Buenos Aires, Don Bosco, 1979.
(5) Hemos tratado este tema en nuestro ar¬ticulo “La Democracia en la Doctrina Social de la Iglesia”, ED, 100-881.
(6) Algunos han llegado a opinar que la «dig¬nidad natural humana» es un concepto anticatólico «infiltrado» en Pio XII, Juan XXIII y el Va¬ticano II. Hemos refutado esta opinión en nues¬tro articulo “En defensa de la dignidad humane y el Concilio Vaticano II”, ED, 107-882.
(7) Ver Ott, L., Manual de Teología Dogmática, Barcelona, Herder, 1969, p. 469.
(8) Vaticano II, GS, N4 28.
(9)Ver Doctrina Pontifica, op.cit., p. 186.
(10) Declaración Dignitatis Humane.
(11) Es increíble que, frente a una redacción tan clara, algunos afirmen resueltamente que esta libertad religiosa consiste en «el poder rechazar la dignidad de ser bautizado'». Este es el error que comete Alvaro D´Ors en su articulo “La llamada «Dignidad Humana» (La Ley, N9 148), y que nosotros hemos contestado en el articulo citado en la nota 5.
(12) Ver Santo Tomás de Aquino 1_II, Q. 96 a.2.c.
(13) Ver La temporalización…, ob. cit.
(14) Ver Santo Tomás, I-II, Q. 95, a. 2 ad 3.
(15) Ver: Bosca, R., “Confesionalidad esta¬tal y libertad religiosa en el estado democrático”, ED, 122-802; Fuenmayor, A.: La libertad re¬ligiosa, Madrid, Eunsa,.1974; nuestro ensayo “Relaciones entre Iglesia y Estado”, en el libro La propuesta liberal, varios autores, Buenos Aires, DL, 1987, y Bidart Campos, G.: Manual de Derecho Constitucional Argentino, Buenos Aires, Ediar, capitulo VIII.
(16) Gaudium ed. Spes., Nro. 76.
(17) Ver Utz, A. F., La encíclica de Juan XXIII Pacem in Terris, con introducción y comentario a la doctrina pontificia sobre los fundamentos de la política, Barcelona, Herder, 1965, p. 94. UTz cita a Pio XII en.AAS L (1958), 216-¬220.
(18) Juan Pablo IIconsidera que la libertad religiosa es el origen y fundamento de todas las demás libertades. Ver su mensaje a la Jornada Mundial de la Paz del 19 de enero de 1988: “La libertad religiosa, condición para la la pacífica con¬vivencia”, en L’Osservatore Romano, Nro. 990, del 20 de diciembre de 1987.
(19) Ver Pio XII, discurso del 17 de febrero de febrero de 1950, en Doctrina Pontificia, ob. cit., p. 908.
(20) En su mensaje Gratzie de 1940, ver Doc¬trina Pontificia, p. 821.
(21) Ver Leocata, F., ob. cit., caps. 1 y ll.
(22) BAC, Madrid, 1987.
(23) BAC, Madrid, 1985.
(24) Ver su libro Tradicionalistas y progresis¬tas, Buenos Aires, San Jose, 1970, p. 105.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.