El K.O. de Arrow a Samuelson

Por Martín Krause. Publicada el 19/7/21 en: https://puntodevistaeconomico.com/2021/07/19/el-k-o-de-arrow-a-samuelson/?fbclid=IwAR0OgyIBHbmBUNEZd4O0xC5QIUb7llWfZgeyRmlAU9cAxfLYXek_BOZtnzk

Si un tema merece ser derrotado, no importa quien lo haga, y, tal vez, tampoco si el golpe no es perfecto.

No podemos decir que Paul Samuelson haya sido socialista o agente de la KGB, pero algunos temas que planteara parecieran llevar a eso. Conocemos su definición de bienes públicos y privados, siendo los primeros aquellos que cumplen con la condición de “no exclusión” y “no rivalidad en el consumo”. Esto llevó a Samuelson, y a todos los que siguieron estas ideas, a plantear que esos bienes han de ser provistos por el Estado. Pero vean lo que dice Samuelson respecto a cuántos son “bienes públicos”:

“Así, consideremos lo que he presentado en este trabajo como definición de un bien público, y en la que tendría que haber insistido mejor en mi primer trabajo y subsiguientes: “Un bien público es aquél que entra en las utilidades de una o más personas. ¿Qué es lo que nos queda? En un pequeño extremo el caso del bien privado y todo el resto del mundo en el dominio de los bienes públicos por presentar algún tipo de ‘externalidad de consumo’”. (Samuelson 1969, p. 108).”

SAMUELSON, P. (1969). “PURE THEORY OF PUBLIC EXPENDITURE AND TAXATION.” IN PUBLIC ECONOIMCS: AN ANALYSIS OF PUBLIC PRODUCTION AND CONSUMPTION AND THEIR RELATIONSHIPS TO THE PRIVATE SECTOR. PROCEEDINGS OF A CONFERENCE HELD BY THE INTERNATIONAL ECONOMICS ASSOCIATIONS. J. MARGOLIS AND H. GUITTON (EDS.) LONDON: MACMILLAN.

¿Entonces? ¿Todos esos bienes y servicios deberían ser provistos por el Estado? ¿”Todo el resto del mundo” provisto por el Estado? ¿No sería ése un mundo socialista?

Otro tema relacionado que planteara Samuelson es el intento de definir una función de bienestar social, una herramienta que permitiría a cualquier gobierno buscar y alcanzar una “re”distribución de ingresos óptima.

No fue necesario que ninguno de los grandes economistas liberales de entonces se ocupara del asunto, porque antes de que tomara suficiente vuelo recibió un golpe de KO que lo sacó del ring. Y este golpe llegó de la mano de Kenneth Arrow, y su “teorema”, que algunos llaman “paradoja”, pero no veo porqué tenga que serlo. Lo interesante es que se lo conoce como “Teorema de la Imposibilidad de Arrow”.

Con un interés pedagógico (esto es, para presentar el tema en las clases), quisiera encontrar una forma sencilla de explicar el teorema, y apelo aquí a su ayuda. Así lo describe Wikipedia:

“El Teorema de Imposibilidad de Arrow parte de establecer que una sociedad necesita acordar un orden de preferencia entre diferentes opciones o situaciones sociales. Cada individuo en la sociedad tiene su propio orden de preferencia personal y el problema es encontrar un mecanismo general (una regla de elección social) que transforme el conjunto de los órdenes de preferencia individuales en un orden de preferencia para toda la sociedad, el cual debe satisfacer varias propiedades deseables:

  • Dominio no restringido o universalidad: la regla de elección social debería crear un orden completo por cada posible conjunto de órdenes de preferencia individuales (el resultado del voto debería poder ordenar entre sí todas las preferencias y el mecanismo de votación debería poder procesar todos los conjuntos posibles de preferencias de los votantes)
  • No imposición o criterio de Pareto débil: si A resulta socialmente preferido a B, debe existir al menos un individuo para el cual A sea preferido a B. Esto implica que la regla no va contra el criterio de unanimidad.
  • Ausencia de dictadura: la regla de elección social no debería limitarse a seguir el orden de preferencia de un único individuo ignorando a los demás.
  • Asociación positiva de los valores individuales y sociales o monotonía: si un individuo modifica su orden de preferencia al promover una cierta opción, el orden de preferencia de la sociedad debe responder promoviendo esa misma opción o, a lo sumo, sin cambiarla, pero nunca degradándola.
  • Independencia de las alternativas irrelevantes: si restringimos nuestra atención a un subconjunto de opciones y les aplicamos la regla de elección social a ellas solas, entonces el resultado debiera ser compatible con el correspondiente para el conjunto de opciones completo. Los cambios en la forma que un individuo ordene las alternativas “irrelevantes” (es decir, las que no pertenecen al subconjunto) no debieran tener impacto en el ordenamiento que haga la sociedad del subconjunto “relevante”.

El teorema de Arrow dice que si el cuerpo que toma las decisiones tiene al menos dos integrantes y al menos tres opciones entre las que debe decidir, entonces es imposible diseñar una regla de elección social que satisfaga simultáneamente todas estas condiciones. Formalmente, el conjunto de reglas de decisión que satisfacen los criterios requeridos resulta vacío.”

En términos más simples todavía, diría que, por ejemplo, si tres individuos tienen este orden de preferencias:

  • X: A > B > C
  • Y: B > C > A
  • Z: C > A > B

… no hay forma de agregar esas preferencias sin violar el orden de alguno de esos individuos, es decir, forzándolo a un orden que no es el que hubiera elegido.

No obstante, el gran servicio que Arrow ha brindado con su Teorema, planteó que algo similar ocurre en el mercado. James Buchanan ha sido muy crítico de este punto, señalando que las transacciones voluntarias que se realizan en el mercado cumplen con el principio de unanimidad y de optimización en un mundo de valoraciones subjetivas. Es decir, no podría haber ninguna redistribución que cumpla con el principio de Pareto, el que sólo se verifica cuando las transacciones son voluntarias.

En fin, el de Arrow fue un golpe imperfecto, pero llevó al KO a la función de bienestar social, y eso es un aporte suficiente.

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Pandemia, inflación, precios relativos y asignación de recursos:


Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 4/8/20 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_exportar_n__181/10

Una definición muy generalizada de la inflación alude a la misma como

el aumento generalizado y sostenido de los precios de bienes y servicios en un país durante un periodo de tiempo sostenido”[1]

Esta es una forma tan común como equivocada de referirse al fenómeno, además de evidenciar una redundancia. La misma podemos encontrarla, con pequeños matices, en un sinnúmero de acepciones que se citan usualmente, sin precisar exactamente de donde vienen. [2] [3]

El estudio profundo de la economía nos lleva a aprender, como una de sus primeras lecciones, que nuestra materia es una ciencia contraintuitiva. [4]

Lo que puede parecernos obvio, no suele ser acertado, y a las conclusiones acertadas se llega luego de una larga elaboración lógica y racional.

Nosotros preferimos caracterizar a la inflación de otro modo. Ya que precisamente, el efecto más pernicioso de este verdadero flagelo moderno, es que los precios no se mueven en forma ni generalizada ni sostenida. Como muy bien lo precisó quién es considerado el primer autor en puntualizar este asunto, Richard Cantillón:

“Pero la carestía originada por ese incremento de dinero no se distribuye por igual entre todas las especies de productos y mercaderías, proporcionalmente a la cantidad de dinero incrementado, a menos que dicho incremento penetre por los mismos canales de circulación que el dinero primitivo, es decir, a menos que los que ofrecían en los mercados una onza de plata no sean los mismos y los únicos que allí ofrecen ahora dos onzas, cuando la cantidad de dinero en circulación se duplica, lo que nunca ocurre.”[5]

Y esta es la razón por la que su impacto es tan destructivo en el sistema económico de una nación, ya que, como sabemos, los empresarios establecen la rentabilidad de sus proyectos y definen la asignación de los recursos que gerencian, en función de la relación de precios entre insumos y productos. Así determinarán sus márgenes de rentabilidad y la posibilidad o no de conseguir capitales, que se invertirán en los proyectos que mejor rentabilidad evidencien. Está muy claro que, si luego de realizadas las inversiones y en el lapso que media hasta su maduración y la realización de los beneficios esperados, se produce una distorsión de todas las variables, no existe la posibilidad de arribar a los resultados que atrajeron dichas inversiones. Y mucho más claro está que el inversor defraudado buscará otro entorno más estable, que le garantice una más previsible situación para sus negocios.

No es gratis, ni divertido, ni carece de consecuencias el distorsionar todas las variables de la economía por razones espurias a las que debería regir la provisión de moneda en una sociedad.

Nuestra sociedad lleva ya demasiados años viendo desaparecer sus proyectos, empresas, iniciativas y las expectativas personales de los consumidores, precisamente por la destrucción de las relaciones de precios que orientan sus decisiones cotidianas. No creo necesario enfatizar más en lo dañino del mecanismo inflacionario ni en sus graves consecuencias sociales.

¿Pero esto significa que, en una sociedad en la que la moneda sea estable, los precios relativos serán constantemente iguales? De ningún modo.

Precisamente lo que revela la capacidad empresarial y determina el éxito económico de un empresario, es su acierto en descubrir o anticipar como la suma de los gustos y las preferencias individuales, cambiantes y subjetivas, van a ir solicitándoles a los que asumen la responsabilidad de asignar recursos que orienten la producción en beneficio de sus clientes.

“Lo cierto es  que el mercado que la cataláctica estudia está formado por personas cuya  información  acerca de las mutaciones ocurridas es distinta y que, aún poseyendo idénticos conocimientos, los interpretan de forma diferente. El  propio  funcionamiento  del  mercado demuestra que los cambios de datos sólo son percibidos por unos pocos y que, además, no hay unanimidad cuando se trata de prever los efectos que tales variaciones provocarán”[6]

Lo que explica la tarea de los empresarios y legitima sus ganancias es el grado de acierto que logren al anticipar los juicios de valor que los consumidores formulen. Su capacidad de acertar estos juicios sobre las decisiones futuras de los agentes económicos, no resultan ni evidentes ni están exentas de riesgos. Y son la esencia de la actividad empresarial.

Y son estos cambios de precios relativos genuinos, determinados por los gustos, las preferencias, las escalas valorativas individuales, cambiantes y subjetivas, y determinadas por la utilidad marginal que los agentes económicos derivarán de los bienes en cada situación particular, las que, en tanto sean anticipadas acertadamente por los empresarios, colaborarán a evitar escaseces y abundancias, que, en los primeros casos, encarecerían a dichos bienes, empobreciendo a la sociedad, y en el segundo, los abaratarían de tal modo que no se podría recuperar el capital invertido en su producción. Lo cual, asimismo, también haría más pobres a todos.

Esta cuestión, que tiene que ver con la capacidad de los empresarios de propender al desarrollo de la comunidad, es la que más se deja de lado, cuando no se consideran las distorsiones  que genera la expansión de medios de pago, que determina la disparada de la espiral inflacionaria.

Es un grave error pensar que la economía mantendrá estables las relaciones de precios entre todos sus bienes. La tecnología avanza, los costos se minimizan, los recursos se descubren, hay nuevas maneras de extraer lo que antes nos estaba vedado. El sistema económico moderno nos enseña cotidianamente ejemplos de superación a partir de sistemas de producción que abaratan los bienes, ahorran esfuerzos, disminuyen grandemente la demanda de tiempos de trabajo y de horas de labor para lograr los mismos objetivos, y hacen posible que las personas menos prósperas accedan hoy a recursos, bienes y servicios  que no soñaban en el pasado, ni siquiera los abuelos de aquellos sujetos más ricos de la sociedad. Partiendo desde el automóvil, a la atención médica, las vacunas, los sistemas de aire acondicionado y calefacción, así como el acceso a la educación, han caído hoy, medidos en tiempo de trabajo necesario para adquirirlos, a una centésima parte de lo que costaban en el pasado.

“Las escalas de valores cambian, la demanda por parte de los consumidores se desvía de un bien a otro, las ideas tecnológicas cambian y los factores se utilizan de distintas maneras. Cada tipo de modificación tiene efectos diferentes sobre los precios…El punto esencial es este: antes de que los efectos de cualquier cambio se pongan de manifiesto completamente, aparecen nuevos cambios”[7]

Una situación excepcional, como la que vive el mundo cuando enfrenta una pandemia, un conflicto bélico generalizado o el ajuste sobreviniente por una crisis económica originada en la mala asignación de recursos, crisis que son previamente inducida por la expansión de los medios de pago o del crédito, producen una transformación enorme en las valoraciones subjetivas de los individuos. La destrucción de bienes de capital sobreviniente a una guerra y la caída abrupta de la provisión de bienes y servicios elementales, genera que los precios que las personas están dispuestas a pagar por ciertos bienes, cambien absolutamente. El precio de una cena o el de un espectáculo artístico se derrumba frente al interés por conseguir alimentos o vacunas para los niños. Las vacaciones o la compra de un automóvil cero Km pasan a representar un interés mucho menos relevante que acceder a una mejor preparación profesional o educar a la familia, a fin de recuperar cuanto antes un nivel de vida decoroso. La demanda por mejoras a la infraestructura, provisión de servicios higiénicos, o construcción de unidades sanatoriales, cobra muchísima más relevancia que cambiar un teléfono celular, pagar el abono de un sistema de provisión de entretenimiento, música en línea o streaming de películas. Los ejemplos pueden ser infinitos. Hay empresas que va a prosperar, por haber invertido recursos, tiempo y desarrollo tecnológico para proveernos de vacunas, sistemas de defensa, o métodos de producción menos capital-intensivos, ya sea que la catástrofe que enfrentemos sea una pandemia, una guerra o una crisis económica, respectivamente. Pero todo va a cambiar. Debe cambiar. Los precios deben reflejar estas preferencias y orientar a los empresarios a asignar los recursos del modo que mejor sirvan a los consumidores y trabajadores, para proveer a la sociedad en su conjunto de los bienes que ellos demandan.

Aún frente a situaciones de creciente prosperidad y estabilidad económica por plazos muy largos, también ocurren estos cambios de precios relativos. El precio de un pico, una pala, un cuchillo, un par de botas o un traje, era, a principios del siglo XIX en Inglaterra, infinitamente más alto que el que se debía pagar en el 1900, merced a la revolución industrial, a la producción en masa, a la incorporación de tecnologías de producción y al crecimiento económico resultante.

Ese cambio dramático, pero deseable y celebrable, se reflejaba en que un trabajador tenía que invertir el resultado de muchísimas menos horas de trabajo propio, para conseguir adquirir estos bienes. Cosa que nuevamente ocurrió desde 1960 hasta el día de hoy, si vemos el costo, medido en horas de un salario mínimo, que debemos pagar por una comunicación telefónica, por un teléfono, por una cámara fotográfica o por una computadora en miniatura, todo lo cual estoy envasado en el formato de un teléfono inteligente, asimismo junto con nuestra colección de música y con la enciclopedia a la que acudimos para quitarnos nuestras dudas y educar a nuestros hijos. El tiempo que le demanda aun académico prepara una disertación se ha minimizado, merced a los sistemas de almacenamiento de datos y a las posibilidades de compartir y enviar información en fracciones de segundo, todo lo cual incluye fotos, videos, diagramas y presentaciones altamente complejas que antes ni soñábamos. El costo de que nuestro hijo de 5 o 6 años conozca las condiciones económicas, clima, fauna, flora y entorno de una nación lejana es hoy una millonésima de lo que debía invertir un ciudadano acaudalado de la Inglaterra de principios del siglo XIX. Y esto es lo que ha hecho posible el enorme crecimiento y prosperidad del que disfrutan las generaciones presentes.

Pero todo esto desaparece y se hace utópico si, frente a estos cambios dramáticos, inesperados, lamentables, pero también inexorables, los gobiernos pretenden responder impulsando una ficticia situación inmutable, en la  que las empresas no puedan adaptarse, los trabajos no puedan cambiar, los precios pretendan ser fijados, las ganancias de aquellos más prudentes y que mejor sirven hoy a la sociedad sean confiscadas arbitrariamente, con mecanismos monetarios, fiscales, cambiarios, impuestos discriminatorios y privilegios irritantes, como los de aquellos que,  al encontrar que sus tareas o trabajos son menos demandados, en vez de buscar servir a sus semejantes en ocupaciones alternativas, demandan del estado un congelamiento de todas las variables económicas previas, como si la luz del sol pudiera taparse con la palma de una mano.

La situación que hoy vive nuestra sociedad, del mismo modo que la que se vive en muchos otros países, frente a estas emergencias, tiene algún grado de paralelismos como la que padeció Alemania en 1945.[8] Afortunadamente, en muchísimo menor medida, y con una capacidad de reponerse mucho mayor. Pero, de algún modo, debemos tomar el ejemplo de una sociedad devastada, un sistema económico destruido, ausencia total de instituciones que les permitieran el autogobierno. Y sin embargo, la confianza de sus líderes en un sistema de economía social de mercado, que privilegiara la competencia, terminara con los privilegios, garantizara la provisión de una moneda sana, la protección de la iniciativa privada en el marco empresarial, la defensa indiscutible del derecho de propiedad, la libertad de prensa y de opinión, la ausencia de todo tipo de proscripciones o discriminaciones en razón de opiniones políticas, la libertad de comercio, de educación, y la tolerancia por el disenso, y la imprescindible defensa de las instituciones democráticas, la transparencia de la gestión pública y la independencia de los tres poderes, para garantizar un funcionamiento institucional respetuoso del estado de derecho, que le ha dado al mundo un ejemplo de como se construye la prosperidad, y, al decir de uno de sus más relevantes líderes, el “Bienestar para Todos”.[9]


[1] https://www.eleconomista.es/diccionario-de-economia/inflacion

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Inflaci%C3%B3n

[3] https://economipedia.com/definiciones/inflacion.html

[4]https://www.expansion.com/actualidadeconomica/analisis/2016/02/25/56cf2c1722601d321c8b461f.html

[5] Citado por Krause, Martín en https://bazar.ufm.edu/gran-aporte-richard-cantillon-entender-impacto-la-emision-monetaria-los-precios/

[6] Ludwig von Mises, La Acción Humana. Tratado de economía (España: Unión Editorial, 2011), 396. Citado por Jan Doxrud en http://www.libertyk.com/blog-articulos/2017/7/12/parte-ii-por-qu-el-socialismo-nunca-funcionar-el-problema-del-clculo-econmico-por-jan-doxrud

[7] Murray N. Rothbard, El hombre, la economía y el Estado. Tratado sobre principios de economía, vol. 1, La economía clásica (España: Unión Editorial, 2011), 321 Citado por Jan Doxrud en http://www.libertyk.com/blog-articulos/2017/7/12/parte-ii-por-qu-el-socialismo-nunca-funcionar-el-problema-del-clculo-econmico-por-jan-doxrud

[8] https://libertad.org.ar/web/1141/

[9] https://www.youtube.com/watch?v=RcP_1TTBK6Y

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad.  Fue corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Es empresario y consultor.

Los precios de los factores de producción (salarios incluidos), también los fijamos como consumidores

Por Martín Krause. Publicado el 30/4/15 en: http://bazar.ufm.edu/los-precios-de-los-factores-de-produccion-salarios-incluidos-tambien-los-fijamos-como-consumidores/

 

Con los alumnos de OMMA Madrid estamos leyendo a Mises, La Acción Humana, Cap XVI, (apartados 3 y 4) sobre los precios de los factores de producción. Dice Mises:

“Los precios de los bienes de orden superior (esto es, los más alejados del consumo), son finalmente determinados por los precios de los bienes de primer orden, u orden inferior, esto es, los bienes de consumo. Como consecuencia de esta dependencia, ellos están en última instancia determinados por las valoraciones subjetivas de todos los miembros de la sociedad de mercado.”

Mises3

Ahora bien, luego plantea una diferencia entre “valoraciones” y “precios”: “Sin embargo, es importante comprender que nos encontramos con conexiones de precios, no con conexiones de valoraciones”. ¿Qué quiere decir con esto?

Entiendo lo siguiente: son las valoraciones de los consumidores respecto de los bienes de consumo los que determinan luego los precios de todos los bienes intermedios y de los factores de producción que intervienen en el proceso de producción hasta llegar a la etapa final de consumo. Es decir, son las valoraciones de los consumidores de cigarros y cigarrillos las que determinan el precio del tabaco, pero en todo ese proceso que va desde la semilla del tabaco, su siembra, recolección, secado, molido y elaboración del cigarro, los precios transmiten las valoraciones de los consumidores finales, no las de los participantes de cada etapa. Estos reflejan las valoraciones finales.

De nuevo, es porque los consumidores están dispuestos a pagar cierto precio por el cigarro que luego se justifican todos los precios anteriores en la cadena de producción, hasta los primeros pasos o, como diría Mises, las etapas más alejadas.

Sigue Mises: “Los precios de los factores complementarios de producción están condicionados por los precios de los bienes de consumo. Los factores de producción son valorados en relación a los precios de los productos, y de esta valoración emergen sus precios.”…”Los precios de los bienes de consumo engendran las acciones que resultan en la determinación de los precios de los factores de producción”.

Este breve párrafo podría plantear cuestiones de importancia central en nuestras economías actuales. Por ejemplo, se deduce de ello que el nivel de la remuneración del trabajo en una cierta área de la economía depende, en última instancia, de las valoraciones de los consumidores respecto al producto final.

Esto sería difícil de entender para los sindicalistas. Deberían aceptar que las remuneraciones no están estrictamente determinadas por los empresarios que los contratan sino por los consumidores que están dispuestos a pagar el precio de los bienes que esos empresarios producen. El empresario simplemente combina factores de producción.

Esto es fácil de ver, por ejemplo, en algunos deportes o en el entretenimiento. ¿Por qué ganan tanto algunos futbolistas si no es porque los consumidores están dispuestos a pagar por ello, ya sea entradas, productos, etc? Lo mismo con actores o actrices famosos. ¿Qué explica si no sus altos niveles de remuneración?

Claro. Imagino que un sindicalista sentado a negociar los salarios con un empresario, no vería con agrado que le digan que, si quiere salarios mayores a los que pueden pagarse, vaya a hablar con los consumidores para que estos, a su vez, estén dispuesto a pagar más por los productos que ese trabajo produce. Pero eso es, en definitiva, lo que sucede. Los consumidores somos los que determinamos, en definitiva, la remuneración de los distintos factores de producción, entre ellos el trabajo, y también.

Comenta Mises más adelante:

“Compitiendo en cooperación y cooperando en competencia toda la gente es instrumental en obtener el resultado, esto es, la estructura de precios en el mercado, la asignación de factores de producción a las distintas ramas de satisfacción de necesidades, y la determinación sobre la porción de cada uno”.

Comprando o absteniéndonos de comprar, no solamente decidimos sobre las cosas que tendremos o no, sino mucho más, toda la configuración del mercado.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La determinación de los precios: ¿Nos sirve el gráfico con las curvas de la oferta y la demanda?

Por Martín Krause. Publicado el 25/5/15 en: http://bazar.ufm.edu/la-determinacion-de-los-precios-nos-sirve-el-grafico-con-las-curvas-de-la-oferta-y-la-demanda/

 

Con los alumnos de Microeconomía de OMMA Madrid, leemos a Eugen von Böhm-Bawerk sobre la determinación del precio y el gráfico de la oferta y la demanda.

En general, todos utilizamos el gráfico de las curvas de oferta y demanda para explicar en las clases la formación de los precios en el mercado. Es, seguramente, el gráfico de mayor utilidad que exista en la disciplina y facilita la compresión de esos conceptos. Pero hay que tener claro que se trata de una simplificación y, como tal, de un primer paso para comprender todo el proceso que involucra las conductas de compradores y vendedores.

Al respecto comenta Böhm-Bawerk (“La ley básica de la determinación del precio”, La Teoría Positiva del Capital): http://library.mises.org/books/Eugen%20von%20Bohm-Bawerk/The%20Positive%20Theory%20of%20Capital.pdf

Bohm Bawerk

Luego de explicar la formación del precio a partir de la interacción de las valoraciones subjetivas, tanto sea de un comprador y un vendedor en un intercambio aislado, como en el más corriente de múltiples compradores y vendedores, y en este caso la relación entre las valoraciones particulares de cada uno de ellos y de qué forma influyen en la formación del precio, sobre todo las de las que denomina “parejas marginales”, aquellos que son los “últimos” en poder realizar un intercambio o los “primeros” que han quedado fuera de esa posibilidad, comenta:

“…Muchos economistas están acostumbrados a emplear en sus exposiciones símbolos matemáticos que les permiten representar situaciones complejas por medio de fórmulas simples. Esto se aplica incluso a economistas que no son partidarios de presentar la ciencia económica de manera matemática. Por ello, cuando los compradores y vendedores hacen valoraciones continuamente cambiantes –hacia arriba o hacia abajo- y estas valoraciones representan ofertas de compra o de venta de cantidades parciales de un bien de mercado, existe una predilección especial a representarlas por medio de curvas ascendentes o descendentes y de indicar, por medio de sus puntos de intersección, la situación del precio que las ofertas competitivas basadas en estas valoraciones están en proceso de desarrollar. Aunque pueda considerarse este método perfectamente aceptable, sigo considerando dudosa la inevitable supresión del punto de vista subjetivo y personal del proceso que hemos expuesto.”…

“Oferta y demanda han sido desde el principio una jerga demasiado amplia y vaga. Ha sido lo suficientemente amplia como para incluir por implicación los conceptos correctos que connotaban; han sido lo suficientemente vagas como para excluir cualquier sujeción a la precisión, y dejar todo tipo de dudas, ambigüedades y errores.”…

“Porque sin la concepción global de todo el problema que se hizo posible solamente a través de la teoría del valor subjetivo, era demasiado fácil desviarse y llegar a interpretaciones y formulaciones incorrectas. Oferta y demanda se concebían demasiado mecánicamente como meras cantidades. E incluso, cuando se hizo habitual tener en cuenta su “intensidad”, esta intensidad era erróneamente atribuida a toda clase de causas dispares y secundarias, simplemente a causa de la ignorancia todavía imperante del factor motivante esencial que se encuentra en las valoraciones subjetivas.”…

“Mi opinión es que el problema encuentra solución si introducimos dentro del marco tradicional el pensamiento sencillo de que el precio es completa y enteramente el producto de las valoraciones subjetivas de los hombres. Este pensamiento explica de la manera más simple y unificada por qué la gente ofrece un bien a la venta o desea comprarlo, explica la intensidad con que hacen esto, la insistencia con que a veces persisten en ofrecer o exigir bienes, así como también la facilidad y rapidez con que otras veces cesan de hacerlo.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Por el gasto público se conoce su escala de valores

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 24/5/15 en: http://economiaparatodos.net/por-el-gasto-publico-se-conocen-su-escala-de-valores/

 

Con el centro cultural Néstor Kirchner quedó en evidencia que puede más su vanidad que las necesidades de la gente

La ciencia económica existe por la sencilla razón que los recursos son escasos y las necesidades ilimitadas. La economía no es otra cosa que optar permanentemente. ¿Destino mis escasos recursos a comprar el bien A o el bien B? ¿Ahorro o compro un servicio o una mercadería? ¿Ahorro para invertir en algún emprendimiento industrial o para comprar un bien de consumo durable? Las opciones que se les presentan a la gente son infinitas y los recursos escasos. Cada día las personas tienen que optar comprando o dejando de comprar. Y si compran, eligiendo si compran el bien A o el bien B. Esta es la cruda realidad y la razón por la cual no vivimos en el paraíso terrenal. Sencillamente porque no existe ese mundo sin escases de recursos.

En una sociedad libre la gente va optando y definiendo que quiere comprar de acuerdo al valor que le otorga a cada bien. Si compra una computadora en vez de un televisor es porque valora más la computadora que el televisor y, al mismo tiempo, valora más la computadora que el dinero que está entregando a cambio de la computadora. A su vez, el que vende la computadora a un precio determinado, es porque valora más el dinero que está recibiendo que la computadora que está entregando. En todo intercambio también hay valores subjetivos que entran en juego.

Lo que hay que resaltar es que los precios son el resultado de valoraciones subjetivas de millones de personas que interactúan todos los días en forma pacífica. Llevan a cabo actos voluntarios de intercambio.

Es cierto que muchas veces las personas se arrepienten de haber realizado determinada compra o acto económico porque luego descubrió que no resultó ser la opción económica más conveniente. Sin embargo, esa persona llevo a cabo el acto económico con la información que tenía en ese momento. Actuamos, entre otras cosas, con la información que tenemos en el momento de hacer la transacción, pero nadie tiene toda la información que está dispersa por el mercado. Si una persona tuviera toda la información que está dispersa en el mercado, siempre sería económicamente exitosa. Creer que existe una persona así es como pretender ganar a las carreras de caballos con el diario del lunes. ¡El diario del lunes no lo tiene nadie! Y menos los ministros de economía.

Pero lo más importante es tener presente que en cado acto económico hay una expresión subjetiva de valor.

Bien, cuando el estado interviene en la economía, lo hace para cambiar la asignación de recursos que definió la gente en un contexto de libertad. En otras palabras, en el fondo los burócratas están cambiando las valoraciones de la gente o mejor dicho las ignoran. Este es el dato central a tener en cuenta. Cuando el burócrata cambia la asignación de recursos está sustituyendo los deseos de cada uno de nosotros. Él manda como un dictador sobre los deseos de millones de personas y, por supuesto, dispone de menos información que cada consumidor. ¿Por qué? Porque cada consumidor sabe de qué recursos dispone y cuáles son sus prioridades. En base a esos datos actúa. El burócrata desconoce de qué recursos dispone cada uno de los millones de consumidores y también desconoce cuáles son las prioridades de cada uno de esos millones de consumidores. Por lo tanto, como decía antes, una persona en particular puede tomar una decisión económica equivocada, pero lo hace con la información que disponía en ese momento. El burócrata no dispone de ninguna información. Actúa sólo en base a sus caprichos y por eso siempre se equivoca. Es solo un acto de soberbia pretender asignar los recursos desde un escritorio en el ministerio de Economía. O, si se prefiere, es la soberbia típica de los fascistas que imponen por la fuerza sus puntos de vista, que siempre están equivocados porque van contra la voluntad de las personas.

Pero esos actos de soberbia también reflejan escalas de valores que difícilmente la sociedad comparta y solo tiene que acatarlos por el monopolio de la fuerza que dispone el burócrata que se los impone.

La semana pasada, cuando Cristina Fernández inauguraba el centro cultural Néstor Kirchner, quedaba en evidencia un acto de expresión de valoraciones de la presidenta. De acuerdo a la información periodística, dicho centro cultural habría terminado costando unos $ 5.000 millones. Las opciones de Cristina Fernández eran dos: a) construir dicho centro cultural o b) subir el mínimo no imponible para mejorar el ingreso real de la gente que trabaja. Optó por expoliar a la gente que trabaja y continuar con su proyecto de hacer un centro cultural que, por cierto, tiene bastante de vanidoso al haberle puesto el nombre de su esposo.

Claro, el lector podrá decir que con $ 5.000 millones anuales, no se soluciona el problema de ingresos de la gente. Pero si a esos $ 5.000 millones le sumamos los $ 1.400 millones anuales que cuesta Fútbol Para Todos, los $ 7.500 millones anuales que gasta el Congreso con su estructura de 16.000 “empleados”, los U$S 250 millones que pierde Aerolíneas Argentinas o los 2 millones de empleados públicos adicionales que hay a nivel nacional, provincial y municipal, vamos llegando a un número en el que quedan en claro los valores del gobierno kirchnerista. Valores que nos dicen que para ellos es preferible quitarle la mayor parte posible a la gente del fruto de su trabajo y asignarlo con un criterio de conveniencia política. El objetivo es nivelar a la mayor parte de la sociedad hacia abajo, quedando solo unos pocos ricos, que normalmente son funcionarios públicos y amigos del poder.

En síntesis, cuando la semana pasada veía inaugurar el centro cultural Néstor Kirchner y al mismo tiempo las protestas de los empleados por la carga tributaria que soportan, la conclusión es categórica: por el monto del gasto público y en cuánto gastan, se conocen los valores de los gobernantes. Y esos valores reflejan que puede más su vanidad que las necesidades de la gente.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

¿Es efectivo el mensaje liberal?

Por Alberto Benegas Lynch. Publicado el 6/12/12 en http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7580

 Es necesario volver sobre la capacidad de convencimiento de las recetas y consejos de los patrocinadores de la sociedad abierta. Esto debe reconsiderarse de tanto en tanto debido a la escasa llegada del correspondiente mensaje, por lo menos en relación con su contrapartida, es decir, las políticas socialistas. No es cuestión de arremeter e insistir sin hacer, de vez en cuando, un examen de consciencia respecto al camino que se sigue. Parece un tanto petulante el machacar que “la gente” no comprende tal o cual idea sin detenerse a considerar la ineptitud del emisor para trasmitir la idea. Esto último no solo calma más lo nervios sino que obliga a hacer mejor los deberes y reconsiderar el formato del mensaje y pulir su contenido.

Habiendo dicho esto, debemos estudiar cuidadosamente las desventajas naturales del mensaje liberal frente a las propuestas de los diversos matices socialistas. La primera es la llamada “venta de ideas”. Se suele decir que los ejes liberales deben ser sacados de los académicos y traducirlos a idiomas más comprensibles para el común de los mortales. Desde luego que no se trata de trasmitir mensajes crípticos y complicados pero el nudo del asunto es entender que las ideas liberales no están a la venta, no solo porque no se colocan al mejor postor sino, especialmente, porque no se trata de la comercialización de dentífricos o desodorantes. En estos últimos casos, la venta consiste en que el consumidor se percate de las ventajas del producto pero no requiere que se adentre, en regresión, en todo el proceso productivo. Sin embargo, el liberalismo (y cualquier idea seria) demanda que se entienda “todo el proceso productivo”, es decir la fundamentación de los conceptos hasta la gestación misma de la idea. A menos que se sea un dogmático o un fundamentalista, el receptor requiere este hilo argumental, lo cual no necesitamos para adquirir un par de zapatos: es suficiente con que nos guste y que resulten cómodos y baratos.

La idea socialista, en cambio, se parece a la venta de comestibles y equivalentes. El razonamiento no exige análisis ni mirar el asunto desde diversos costados, es suficiente intuir que si se le saca al que tiene y se le entrega a los destinatarios, estos mejorarán su situación en el corto plazo. De más está decir que los socialistas miran la riqueza como un proceso de suma cero y no de suma positiva. No se percatan que en un mercado libre los que ganan más es debido al voto diario de sus congéneres que con sus compras y abstenciones de comprar establecen diferencias patrimoniales, y si a esto se le aplica la guillotina horizontal se perjudica muy especialmente a los más necesitados puesto que la mala asignación de recursos se traduce en disminuciones en las tasas de capitalización que son, precisamente, las que permiten el aumento de salarios reales.

La manía del igualitarismo parece ser el eje central de los socialistas de todos los colores. Ya me he referido en repetidas oportunidades a la tesis de John Rawls sobre la manipulación del los talentos, de modo que no volveré sobre esa crítica. Ahora destaco que la aludida guillotina horizontal y la idea de que la riqueza procede de la suma cero y no de un proceso dinámico de creación de valor (sobre la que se basa el igualitarismo) no permite ver que la igualdad de resultados no solo es una quimera en su faz operativa sino que de entrada ni siquiera puede definirse. Esto último es así debido a que las valorizaciones son subjetivas por lo que la repartición no puede obviar este fenómeno si se quiere igualar con todo el rigor del caso (aunque los sujetos en cuestión digan la verdad no es posible lograr el objetivo ya que no pueden realizarse comparaciones intersubjetivas, y tampoco puede llevarse a cabo la operación “objetivamente” porque los precios están distorsionados por los mismos igualitaristas). Y lo segundo se interpone porque el uso de la fuerza agresiva se deberá mantener permanentemente para evitar que cada uno use y disponga de lo que recibió de modo que los resultados sean distintos (en este contexto resulta bastante gelatinosa por cierto la noción medular de “lo suyo” de la justicia).

En la superficialidad socialista no cabe prestar atención “a lo que se ve y a lo que no se ve” (distinguir lo que es obvio de lo que debe hurgarse) como sugería el decimonónico Frédéric Bastiat. El socialismo apela a lo que a primera vista aparece como conveniente y recurre a la envidia y al resentimiento como arma dialéctica. Como ha escrito Hayek “la economía es contraintuitiva”; en la opereta Pinafore estrenada en Londres en 1878 con música de Arthur Sullivan y letra de William Gilbert se dice (y lo reproduzco en inglés para que no pierda gracia): “Things are seldom what they seem. Skim milk masquerades as cream”.

Es muy curioso y paradójico en verdad que esos mismos socialistas que detestan el mercado instauran sistemas de inaudita injusticia en cuanto a que otorgan privilegios a los amigos del poder para enriquecerse a costa de la gente, lo cual es genuinamente un proceso de suma cero de la misma manera y en el mismo plano que lo es cuando se asalta un banco.

Otra valla para la fluidez del mensaje liberal son gobiernos que usan desaprensivamente la etiqueta liberal pero se abocan a la corrupción escandalosa, al aumento del gasto estatal y la deuda pública en el contexto de severos incrementos impositivos, manejo discrecional del tipo de cambio, la dispersión arancelaria y la ausencia más palmaria de la división de poderes. En esa situación no son pocos los que terminan desconfiando seriamente (y muy injustamente) del liberalismo que en verdad es inexistente en esos climas tóxicos.

Estimo que el tema crucial a explicar por nosotros los liberales radica en la llamada “cuestión social”. En otras palabras, el nexo causal entre la inversión per capita y los ingresos y salarios en términos reales, lo cual se puede comprobar con los niveles de vida que tienen lugar prósperos respecto a los “subdesarrollados”, y que el desempleo es consecuencia de las mal denominadas  “conquistas sociales” que pretenden colocar remuneraciones por encima de lo que permiten las antes referidas tasas de capitalización como si se estuviera frente a un asunto voluntarista que en realidad deriva de la capacidad de marcos institucionales civilizados para captar ahorros internos y externos.

Al analizar cuestiones como la mencionada se dice que se es muy “economicista” sin ver que este aspecto económico-social es definitivo para entender el problema. Nada se gana con sostener que se es partidario de la libertad política pero no de la económica, puesto que es lo mismo que mantener que se desea instaurar la libertad en el continente pero no en el contenido, esto es, libertad en los papeles pero a la gente se le deniega la facultad de disponer del fruto de su trabajo, lo cual significan restricciones para operar en el mercado y la consiguiente asignación de factores productivos.

Uno de los problemas críticos para entender el liberalismo consiste en el abandono de los experimentos de brujos que compiten para manejar las vidas y las haciendas de la gente. Entre estas alquimias se destaca el keynesianismo, por lo que es de interés recordar siquiera tres tramos de la obra más conocida de Keynes. El primero es cuando escribe que “La prudencia financiera está expuesta a disminuir la demanda global y, por tanto, a perjudicar el bienestar”. El segundo cuando propugna “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de escasez del capital”. Y en último término, cuando resume el eje central de su tesis en el prólogo que escribió para esa misma Teoría general de la ocupación el interés y el dinero en el mismo año en que apareció en inglés pero para la edición alemana, en plena época nazi: “La teoría de la producción global, que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho mas fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y de laissez-faire”. Vale la pena reiterar la idea puesto que hay que retener este pensamiento consignado en 1936: el autor dice que la tesis de su libro “puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario”.

En otro orden de cosas pero enmarcado en esta tendencia general, no son pocos los que insisten en que cuando la economía flaquea el aparato estatal debe gastar más, como si los recursos no provinieran de la gente con lo que se agrava la situación puesto que los factores de producción se mal asignan debido a imposiciones gubernamentales, necesariamente a contramano de lo que hubiera hecho la gente libremente con el fruto de su trabajo. Aquella política se ha dado en llamar “anticíclica” sin tomar en cuenta que la crisis se origina en las manipulaciones gubernamentales y que no se corrigen con más de lo mismo, a diferencia de las fluctuaciones que responden a cambios en la demanda de la gente.

En resumen, todos los días hay que hacer la gimnasia de pulir, mejorar y actualizar el mensaje liberal pero también deben tenerse muy en cuenta las desventajas en que se encuentra para llegar con el mensaje al efecto de no desanimarse inútilmente y también las dificultades que interponen en el camino por `parte de los antedichos brujos, pero nunca dejarse estar en el ejercicio cotidiano de autocrítica y automejoramiento.

En todo caso, cualquiera sea el destino del liberalismo, es pertinente citar un pensamiento de Hermann Hesse en Pequeñas alegrías que hace hincapié en las recompensas de la honestidad intelectual: “por agradable que resulte la adaptación al espíritu de la época y al medio, son mayores y más duraderos los goces de la sinceridad”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.