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Gran Bretaña pierde la primera batalla del Brexit

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 14/12/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2091316-gran-bretana-pierde-la-primera-batalla-del-brexit

 

El 23 de junio del año pasado el 51,9% de los británicos decidió -a través de un referendo especial- salir de la Unión Europea. Los ingleses y galeses se inclinaron claramente en esa dirección. Los escoceses e irlandeses del norte prefirieron -en cambio- permanecer en la Unión Europea, pero perdieron la elección.

El primer segmento -ya concluido- de las conversaciones en curso en materia de divorcio -entre la Primer Ministro británica, Theresa May, y Jean Claude Juncker, de la Comisión de la Unión Europea- resultó duro para los británicos.

El costo del divorcio estará ciertamente muy lejos de los 24 billones de dólares ofrecidos por Gran Bretaña a la Unión Europea en un primer momento. Hoy se estima que la factura a pagar podría alcanzar una cifra que llegaría -en cambio- a unos 60 billones de dólares, que deberán abonarse en los primeros 4 años posteriores a la salida. Gran Bretaña hará frente a los compromisos asumidos por la Unión Europea mientras pertenecía a ella, incluyendo su endeudamiento externo y el sistema de pensiones del personal comunitario. Esto, se calcula, podría representar un costo inicial para cada ciudadano británico del orden de las mil libras esterlinas.

Las otras dos “líneas rojas” anunciadas por Theresa May en 2016 en su discurso en Lancaster House, también debieron cederse. Me refiero a respetar los derechos de libre circulación de los 3.200.000 ciudadanos de la Unión Europea que residen en Gran Bretaña. Y los -algo más complejos- de los británicos que residen en los otros países de la Unión Europea. También Gran Bretaña acordó -en principio- que la frontera entre las dos Irlandas no será “dura”, sino que mantendrá la fluidez de tráfico que allí ya se ha alcanzado. Pero -en esto- se ha topado con la cerrada oposición de las autoridades de Irlanda del Norte, lo que ha llenado de ambigüedad al tema.

Gran Bretaña -no obstante- saldrá de la Unión Europea el 29 de marzo de 2019, a las 11 p.m. Antes de ese día deberá acordar cómo serán los términos de la relación comercial de ese país con la Unión Europea luego de la fecha referida.

A lo que cabe sumar el golpe de realismo que supone constatar ahora que quienes no pertenecen a la Unión Europea no pueden naturalmente aspirar a operar con las mismas ventajas de las que gozan sus Estados Miembros entre sí. Lo que parece bastante obvio, pero es ciertamente distinto del escenario que algunos manejaban inicialmente en Gran Bretaña. Así como la pérdida de las fuentes de trabajo y del volumen de actividad económica que supuso ser anfitriona de diversas agencias e instituciones comunitarias. Gran Bretaña, recordemos, pretendía alojar a dos más de ellas, lo que ya no sucederá.

A lo que se debe adicionar que, durante el plazo de transición de dos años contado desde el 29 de marzo de 2019, las normas y los tribunales de la Unión Europea continuarán aparentemente operando con plena vigencia y/o jurisdicción respecto de Gran Bretaña.

Lo mismo sucederá respecto de los preocupantes flujos migratorios hacia y desde el continente europeo, que Gran Bretaña no podrá restringir en esos dos años. Esto es lo que deriva de la interpretación prevaleciente del artículo 50 del Tratado constitutivo que gobierna a la Unión Europea.

Lo conversado hasta ahora por las partes parecería desmentir el presuntuoso supuesto inicial de la Primera Ministra Theresa May en el sentido que la “falta de acuerdo” con Europa respecto de la salida británica de la Unión Europea era “mejor que un mal acuerdo”. No es así, está claro.

Si no aparecen avances realmente sustanciales en este tema a comienzos del año próximo, la fuga de empresas desde Gran Bretaña puede de pronto acelerarse y resultar tan inmanejable como costosa. Piénsese tan sólo que Cataluña, como consecuencia de sus soñadoras pretensiones secesionistas, ha sufrido ya el éxodo de nada menos que unas 2.700 empresas, lo que debe tomarse como señal para los británicos, salvando naturalmente las distancias y las diferencias que existen entre ambos casos.

En contracara a lo antes señalado, es cierto que, una vez consumada su salida, luego del período de transición, Gran Bretaña ya no estaría obligada a contribuir a la Unión Europea los aproximadamente 11 billones de dólares anuales que hoy aporta.

Cabe agregar que, desde que Gran Bretaña invocara la cláusula de salida, su economía continuó creciendo al ritmo del 1,8% anual de su PBI. Pero la libra esterlina ha estado sometida a un proceso, lento, de pérdida de valor relativo. Al que se suma una baja del consumo interno y una caída del volumen de las ventas de automóviles que hasta ahora no se ha revertido. Nada, sin embargo, demasiado dramático. Hay una preocupación adicional, sin embargo. La inflación británica se está acelerando. En noviembre fue del 3,1% anualizada.

El “Brexit” será -queda visto- más pesado para los británicos que lo inicialmente supuesto. Por esto hay quienes siguen insistiendo, con pocas probabilidades de éxito, que para los británicos lo mejor sería dar una pronta marcha atrás y permanecer en la Unión Europea. Es demasiado tarde. Pero, pensando en el Atlántico Sur, no es ciertamente lo mismo el diálogo con un interlocutor que nada en la abundancia, que con uno que de pronto tiene estrecheces financieras.

Respecto de Gibraltar, por lo demás, parece claro que ese enclave británico dejará de pertenecer a la Unión Europea desde el 29 de marzo de 2019, sin período de transición en su caso. Y seguramente algo parecido sucederá respecto de la situación de las Islas Malvinas.

Si el Consejo de Europa aprueba lo hasta ahora convenido con Gran Bretaña en la primera fase de las conversaciones de divorcio se pasará a la segunda, relativa a la futura relación comercial entre las partes, cuyo contenido luce por lo menos tan complejo como el de las que se han venido realizando.

Para la notoriamente debilitada Theresa May estará en juego, a cada paso, su propia supervivencia en el cargo que desempeña. No es -para ella- la mejor situación, por cierto.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

 

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Mauricio Macri y su mayor capital político

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 25/9/17 en: http://www.elpais.com.uy/economia-y-mercado/mauricio-macri-mayor-capital-politico.html

 

 

La carta abierta de Cristina Fernández pidiendo el voto de todos los opositores para poder ganarle al oficialismo, muestra el grado de preocupación de la ex presidente por no llegar en el segundo lugar en las elecciones del 22 de octubre.

 

Mauricio Macri en la cumbre del Mercosur. Foto: AFP

Es más, el jefe del bloque de diputados del Frente para la Victoria, Héctor Recalde, acaba de pedir que la oposición corte boleta y vote a Cristina Fernández.

El argumento es para que entre Taiana en vez de Gladys González, segunda candidata a senadora por Cambiemos. Sin embargo, tal desprecio por los candidatos a diputados de la lista K de Unidad Ciudadana, parece estar reflejando la desesperación que la ex presidente Cristina Fernández termine segunda. Entraría como senadora pero sería un cadáver político luego de liderar 3 derrotas electorales consecutivas. La de 2013, 2015 y ahora en la provincia de Buenos Aires.

Por el momento, el caso de la confusa desaparición de Santiago Maldonado no parece haber afectado el resultado electoral. Una encuesta de Giacobbe y Asociados muestra a Macri con una imagen positiva del 57,1%, regular 8,5% y negativa del 33,8%. Hay que tener en cuenta que la imagen positiva del presidente subió 3 puntos porcentuales respecto a agosto.

Posibilidades.

Todo parece indicar que Esteban Bullrich terminaría ganando la pulseada en la provincia de Buenos Aires y Cristina Fernández se quedaría con el premio consuelo. De todas maneras, creo que Cambiemos logrará en esta elección más capital político aún en la eventualidad de que Cristina Fernández lograra ganar en la provincia de Buenos Aires.

Una derrota sería mucho más humillante, pero aun ganando habrá que ver cuántos senadores la acompañan y cuántos preferirán negociar con el oficialismo sabiendo que sus provincias necesitarán más fondos para mantener en el poder a sus gobernadores. Pichetto, jefe de la bancada peronista en el senado, ya advirtió que Cristina Fernández tendrá que hacer un bloque aparte del PJ.

El contexto.

El gobierno llega a las elecciones con una situación económica un poco más distendida, pero con muchas cuentas pendientes por solucionar. Por ejemplo, en materia de inflación, si bien la inflación Congreso ya se ubica algo por debajo del nivel que había dejado Cristina Fernández, al gobierno le cuesta quebrar el 1,5% mensual de aumento que proyecta una inflación del 20% anual.

Mi impresión es que luego de las elecciones, la inflación pegará otro salto por el ajuste de tarifas de los servicios públicos que seguramente habrá luego de octubre, en particular en el rubro energía. Para hacer una comparación, podríamos decir que Argentina es un auto que circula a 150 kms por hora por la autopista y divisa que delante hay un camión. Como hay neblina no se conoce cuál es la distancia hasta el camión (hasta dónde financiarán nuestro déficit fiscal desde el exterior). ¿Qué hacer en ese caso? ¿Disminuir la velocidad (gradualismo) o empezar a tocar el freno (shock)?

Si se disminuye la velocidad se corre el riesgo de haber calculado mal la distancia con el camión por la neblina y terminar chocando. Tocar el freno nos preserva más del gradualismo. Claro que frenar, que sería la política de shock, está mal interpretada o deliberadamente mal interpretada.

Política de shock no es despedir un millón de empleados públicos de un día para otro, es anunciar un plan económico global con medidas monetarias, fiscales, impositivas y de desregulación de la economía que genere un shock de confianza en los agentes económicos. Las medidas pueden ir aplicándose en forma gradual (pero más rápido que el actual gradualismo) pero siempre en forma simultánea. ¿Qué hará Macri al respecto?, ¿levantar el pie del acelerador o empezar a pisar el freno?. Nos enteraremos luego de octubre. Si consolida su capital político tendrá margen para pisar el freno y llegar al 2019 mucho más armado económicamente que en estas elecciones de medio término de 2017, implementando reformas estructurales.

Pendientes.

Una de esas reformas es la laboral, fundamental para bajar la tasa de desocupación. Aquí el punto es clave, porque Brasil aprobó una reforma laboral que, entre otros puntos, lleva las negociaciones salariales a nivel sectorial e incluso por empresa. Dicho de otra manera, los contratos privados pasan a ser más importantes que las convenciones colectivas.

Por otro lado, se flexibilizaron las condiciones de despido, algo que es fundamental para que las Pymes se animen a contratar más personal. Se ampliaron las posibilidades de tercerizar tareas y se reglamentó el homeworking y otras normas más.

Hay, por lo menos, dos razones para que Argentina se vea forzada a adoptar un camino parecido al de Brasil y flexibilizar la legislación laboral. En primer lugar, si Argentina no hace nada al respecto, todas las inversiones se van a ir a nuestro socio del Mercosur. Ni las migas vendrán para aquí. En segundo lugar, Argentina y Brasil y el Mercosur querrán avanzar en un tratado de libre comercio con la Unión Europea. Brasil, con esa reforma laboral puede llegar a competir, Argentina quedaría fuera de combate. De manera que, una vez pasadas las elecciones, no debería transcurrir mucho tiempo para que Macri lance algunas reformas claves en materia fiscal y laboral. Si se demora, de nuevo se le vendrán encima las elecciones de 2019 y habrá perdido todo su primer mandato sin poder instrumentar reformas económicas de fondo.

Sea cual sea el resultado electoral en la provincia de Buenos Aires, Macri terminará con mayor capital político. Luego del 10 de diciembre, cuando asuman los nuevos legisladores dándole mayor peso al oficialismo en ambas cámaras, sabremos el rumbo que seguirá Macri.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Cuando el Estado crea las mafias

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 3/8/17 en: http://m.panamaamerica.com.pa/opinion/cuando-el-estado-crea-las-mafias-1078997

 

… estos no son turistas deseosos de salir de vacaciones, son personas desesperadas huyendo de condiciones infra humanas de las que son culpables sus dirigentes, pero también Occidente que no pone suficiente énfasis terminar con esta situación y a veces es cómplice, incluso, cuando los gobiernos envían ayudas que terminan financiando a regímenes corruptos. Pero no son estos gobiernos los que crean las mafias, si no los de la Unión Europea al prohibir la inmigración y, así, obligan a los migrantes a contratar los servicios de traficantes…

Según Wikipedia sus miembros se denominaban a sí mismos mafiosos, es decir, hombres de honor. Pero no por eso, por creerse hombres de honor al punto que están rodeados de costosos protocolos y pompas, podría decirse que los políticos -el Estado- son los fundadores de las mafias. Si recordamos la historia de Al Capone -que popularizó a la mafia en América- vemos cómo, al crear la ley seca, el gobierno no solo dio lugar a la existencia de estas bandas que, básicamente, se dedicaban al tráfico de drogas prohibidas -el alcohol- sino que, sin dudas, fue cómplice.

“La migración no es un peligro, es un reto para crecer” ha dicho el papa Francisco apoyando la libertad humana de trasladarse, pero los gobiernos no lo entienden o no les conviene entenderlo, porque sí es un peligro para el Estado de Bienestar ya que los inmigrantes utilizan los servicios gratuitos que corrientemente brinda el gobierno y a veces engrosan la desocupación creada por las leyes laborales estatales.

Mas de 400.000 personas han cruzado el Mediterráneo solo desde Libia desde principios de 2015. La ONU estima que hay en este país unas 380.000 personas esperando a cruzar el mar, y ya 2.150 han muerto al intentar llegar a Italia tan solo en lo que va de 2017. Casi todos tomaron la ruta del desierto del Sahara, donde los muertos se presumen por miles. Las tribus de tuareg y tubu son esenciales para los migrantes, ya que controlan las fronteras libias con Níger y Sudán.

La mayoría de los migrantes proviene de Nigeria, Costa de Marfil, Ghana y Gambia. Países que, junto con otros 11, conforman la ECOWAS, una suerte de espacio africano por el cual se mueven libremente a través de sus fronteras. Los migrantes pagan de forma legal el viaje en autobús regular (unos 20 euros) con destino a Agadez, en Níger, donde comienza el trato con los traficantes. Y aparecen las mafias que organizan a los migrantes en guetos hacia Libia atravesando las durísimas condiciones del desierto del Sahara.

Hasta Trípoli, la capital costera, el viaje costará unos 500 euros. En los últimos tres años, al menos 2.500 personas han muerto o han desaparecido en el norte de África, según la ONU. Cuando los migrantes llegan a las localidades costeras, las mafias los hacinan en barcos de goma por otros 500 euros por persona, o en barcas de madera por hasta 800. El beneficio de los traficantes, por tan solo un bote de madera con 400 personas, es de medio millón de euros, según Frontex.

Además de Agadez, Jartum en Sudán es el mayor núcleo de África Oriental donde confluyen mafias y migrantes dispuestos a casi todo por llegar hasta las costas libias. El modus operandi en esta ruta es algo diferente y para llegar a Italia se tarda, al menos, tres semanas y en total se pagan unos 3.000 euros por persona.

Ahora, obviamente estos no son turistas deseosos de salir de vacaciones, son personas desesperadas huyendo de condiciones infrahumanas de las que son culpables sus dirigentes, pero también Occidente que no pone suficiente énfasis en terminar con esta situación y a veces es cómplice, incluso, cuando los gobiernos envían ayudas que terminan financiando a regímenes corruptos. Pero no son estos gobiernos los que crean las mafias, si no los de la Unión Europea al prohibir la inmigración y, así, obligan a los migrantes a contratar los servicios de traficantes para que los ayuden a entrar ilegalmente.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Brexit o no Brexit, esa no es la cuestión

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 30/3/17 en: https://www.elcato.org/brexit-o-no-brexit-esa-no-es-la-cuestion

 

El Reino Unido activó este 29 de marzo el artículo 50 del Tratado de Lisboa para iniciar las negociaciones del Brexit. El pasado 23 de junio los británicos votaron a favor de abandonar la Unión Europea (UE) —“British exit”— lo que llevó al entonces primer ministro, David Cameron, a renunciar dejando el lugar a Theresa May que asumió el 13 de julio que aseguró que “vamos a hacer que sea un éxito” lo que puede ser verdad, después de todo, el problema es el sistema no la forma.

¿Quién tiene razón? Casi la mitad de los británicos se oponen al Brexit, en tanto que el nacionalismo escocés dejó claro a Theresa May que no está dispuesto a ceder su desafío independentista y que quiere celebrar el nuevo referéndum de independencia antes de que, en la primavera de 2019, Reino Unido quede fuera de la UE. En cualquier caso, muchos creen que, si hay ganadores de la victoria del no británico a la UE, son los partidos de la extrema derecha europea como el Frente Nacional francés liderado por Marine Le Pen.

Supuestamente la líder francesa es “anti sistema”, como Trump. Ambos tienen el mismo mensaje contra las élites políticas y mediáticas, y la misma promesa de endurecer fronteras para “recuperar la soberanía”. Son hábiles para captar el humor de las masas, porque está claro que las sociedades occidentales están hartas del sistema, pero, dejando claro que el mundo —como todo en el cosmos— evoluciona por lenta maduración y nunca por revoluciones, en realidad están apoyando a quién desde “fuera del sistema” sostendrá al sistema.

Aunque “No hay puntos en común, en realidad” entre Trump y Le Pen, dice Jean-Yves Camus, de la Fundación Jean Jaurès, próxima al Partido Socialista francés. Trump, aunque no era político, fue el candidato de uno de los dos grandes partidos del sistema. El Frente Nacional, se dice fuera del sistema porque no tiene puntos de encuentro con los otros partidos, pero Le Pen es una política profesional.

Y ambos sintonizan con la Rusia de Vladímir Putin y el cuestionamiento al “orden internacional liberal”. Es la hora de los estados-nación, de líderes fuertes, dicen, del nacionalismo frente al globalismo… vamos, digámoslo claramente, de la demagogia, de otro modo no se explica que Putin siga teniendo 80% de aprobación aprovechando, por cierto, el aparato de propaganda que conlleva el ser oficialista.

Aunque Alexei Navalny, días atrás, convocó una gran marcha anti corrupción sin autorización en la que resultaron detenidos él junto a más de 800 personas en Moscú, consiguiendo romper el tabú de la necesidad de pedir permiso para protestar. 90 ciudades se movilizaron, desde Kaliningrado a Siberia, siendo zonas donde la vida transcurre despacio, y la gente depende más de ayudas estatales, y está controlada por dirigentes que pueden tomar represalias.

Pero el “respeto” que se tiene hacia Putin no es extensible al gobierno: “Es falso que en los pueblos se conformen, la gente está harta de la policía corrupta y el gobierno ineficaz”, explicaba un miembro de una familia de los Urales. He ahí la clave, el verdadero sistema del cual la gente está harta —y que los políticos sostienen incluidos los “anti sistema”— es el Estado actual que significa el monopolio de la violencia —la violencia— el poder de policía con el que los burócratas imponen sus leyes, sus caprichos y sus intereses y que, como toda violencia, es destructiva y, por tanto, ineficiente.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Brasil y Argentina en polos opuestos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 16/12/16 en: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/brasil-argentina-polos-opuestos_631357

 

No fluye el dinero fácil hacia América Latina, de hecho, el total de exportaciones en 2016 rondará los US$ 850.000 millones, 50.000 millones (6%) menos que en 2015 cuando la caída respecto al año anterior ya había sido del 15%, según el BID. Esto refleja principalmente la baja en las exportaciones hacia EEUU (-5 %) y la propia región (-11 %); a las que se suman los descensos en los envíos a China (-5 %), el resto de Asia y la Unión Europea (-4 %).

Pero, esto en realidad es solo ilustrativo porque los países, las sociedades, no son ricos por lo que exportan, sino por la productividad de su sistema. Un país podría exportar poco y, sin embargo, ser rico si su economía es eficiente. Ahora, ¿qué es la eficiencia? Dice la metafísica aristotélica, que la causa eficiente o motriz es el estímulo que desencadena el proceso de desarrollo natural, al tiempo que define a la violencia, precisamente, como aquello que pretende desviar el desarrollo natural, espontáneo, de las cosas reprimiendo al estímulo eficiente.

De aquí que el Estado, cuando utiliza su monopolio de la violencia -su poder de policía- para imponer “orden” provoca ineficiencia. Hablando en términos económicos, podemos decir que la mayor eficiencia se da cuando las personas son menos reprimidas por la coacción estatal ya que esto les permite expresar al máximo su naturaleza creativa y su potencial de trabajo.

Así, lo importante es que la sociedad pueda desarrollarse naturalmente, espontáneamente, sin que la coacción -violencia- del Estado, o de quien sea, la coarte. De modo que, a pesar de la insistencia de los ortodoxos, no es realmente el “excesivo gasto estatal” lo que retrasa a un país, sino la represión que se ejerza. Pero los ortodoxos tienen razón indirectamente y es que el gasto estatal suele solventarse coaccionando a los ciudadanos para que paguen impuestos. Si este gasto fuera financiado sin reprimir a las personas, por ejemplo, con la venta de propiedades estatales, no conllevaría un retraso social.

Y así es cómo, mientras que la dirigencia argentina insiste en reprimir cada vez más a la sociedad con una presión fiscal brutal -impuestos, inflación, etc.- que en algunos casos supera el 70% de sus ingresos, llevando al país hacia el precipicio, el gobierno brasilero intenta zafar, precisamente, de este estatismo parasitario.

Con un decreto de “solo” 440 páginas se agregaron $122.327 millones (US$7.500 millones) al presupuesto del gobierno argentino que inicialmente era de $1,4 billones (US$ 875 mil millones) para 2016. Así, el déficit que ya era de un brutal 4,9% -la Unión Europea considera excesivo a un déficit que supere el 3%- superaría el 6% del PIB.

Por el contrario, el gobierno brasileño logró -a pesar de la oposición del 60% de la población- que el Senado aprobara, definitivamente, una enmienda constitucional que mantendrá en mínimos el gasto público durante los próximos 20 años, ordenando que el aumento anual quede limitado a la tasa de inflación del ejercicio anterior. Entre 1997 y 2015, el gasto público había crecido al 6% por encima de la inflación del año anterior.

Dicen los críticos que esta medida impondrá severos recortes del gasto destinado a los más pobres. Pero son los débiles, precisamente, los más perjudicados por la violencia estatal, ya que los impuestos son derivados hacia abajo por los más fuertes, los empresarios por caso, suelen pagarlos subiendo precios o bajando salarios.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Otras observaciones sobre el referéndum británico

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 30/6/16en http://www.cronista.com/Mobile/nota.html?URI=/contenidos/2016/06/30/noticia_0019.html

 

El referéndum por el cual en Gran Bretaña se decidió abandonar la Unión Europea tal como se presenta en la actualidad tiene muchos costados para analizar (y algunos aspectos contradictorios).

No es un tema que pueda tratarse como blanco o negro sino que presenta varios flancos y andariveles de diversa naturaleza. Por un lado está la xenofobia nacionalista que está haciendo estragos en Europa según reportan las últimas contiendas electorales en diversos países y también en Estados Unidos si prestamos atención al fenómeno Trump.

Esa línea de pensamiento la emprende contra los movimientos migratorios con argumentos racistas sin percatarse que, salvo los africanos, todos descendemos de inmigrantes ya que el origen de nuestra condición humana proviene de aquel continente. Se trata de un asunto de respeto recíproco sin que el país receptor financie compulsivamente servicios y tampoco se pretendan mantener con descuentos al fruto del trabajo a quienes ingresan, tal como sugirió en su momento Gary Becker.

Esta impronta nacionalista también se basa en la soberanía nacional como si fuera lícito atribuir la condición de soberano a un pedazo de tierra, a un gobernante, a la moneda o a la zanahoria, cuando en verdad como nos ha enseñado, entre muchos otros, Bertrand de Jouvenel la única soberanía corresponde a los derechos inalienables de cada persona.

Por otra parte, están los liberales sumamente preocupados por la llamativa e insistente proliferación de reglamentaciones promovidas en Bruselas, especialmente las referidas a la legislación laboral que provoca desempleo, las referidas a la agricultura y los tratamientos inconvenientes de la deuda pública entro otras disposiciones que se van acumulando en grado exponencial.

Según trabajos publicados por el Institute of Economic Affairs de Londres del que forma parte de su consejo académico el que estas líneas escribe, Bruselas se ha convertido en un trampolín para que la creciente burocracia intervenga en aspectos clave, situación que no solo no estaba contemplada en la idea original de la Unión Europea sino que se basaba en la ampliación de las libertades de las personas.

Más aun, algunos autores pertenecientes a la referida institución londinense insisten en que Inglaterra debiera abrirse al mundo más que hacerlo limitándose a una zona. La tendencia contraria se observa en otras de las llamadas integraciones regionales, como por ejemplo, el Mercosur, donde aumenta la burocratización a pasos agigantados
-incluyendo el Parlasur-mientras que los postulados de librecambio insertos en el Tratado de Asunción son inexistentes. Una presentación digna de Woody Allen.

Se destaca entre los nacionalistas el argumento decimonónico de la industria incipiente propuesto por Friedrich List. Consiste en la pretensión de endosar sobre las espaldas de los contribuyentes los costos que debieran absorber los empresarios.
En resumen, el caso Brexit presenta dos vertientes contrapuestas que deben ser sopesadas cuidadosamente al efecto de tomar debida nota de las tendencias que las impulsan.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Sobre el Brexit

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 28/6/16 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2016/06/28/sobre-el-brexit/

 

El pasado 23 de junio ganó el Brexit (Britain + Exit) sobre el Bremain (Britain + Remain) en el referéndum de Gran Bretaña sobre su permanencia o salida de la Unión Europea. Con alrededor del 52% de los votos, el triunfo fue para el Brexit.

El descontento con la Unión Europea no es ni nuevo ni circunscripto a Gran Bretaña. Mucho se ha dicho sobre lo negativo de esta decisión. La reacción inmediata en el ámbito económico parece haber inclinado de manera inmediata a lo negativo de esta decisión. El análisis, por supuesto, es comparativo, ¿es mejor (en términos económicos) permanecer en la UE o independizarse? No me parce evidente que salirse de la UE sea necesariamente en peor que permanecer en la UE.

Permanecer a la UE impone dos restricciones. Por un lado un techo, al limitar qué tanto libre comercio pueden practicar sus miembros. Por otro lado un piso, al limitar que tanto se pueden cerrar e aislar los países miembros.

Aparentemente el voto a favor del Brexit ha capturado electores con ambas preocupaciones. Tanto de quienes desean limitar la inmigración y cerrar más la economía británica como de quienes quieren salirse de la UE para tener una economía aún más libre. Lo que va a determinar al final si dejar la UE es beneficioso o no para la economía británica es qué se va a hacer de aquí en adelante. Gran Bretaña puede, por ejemplo, tener un tratado de libre comercio con el resto de Europa (European Economic Area -EEA) similar al caso de Noruega. Gran Bretaña puede también abrirse unilateralmente al mundo (parecido al caso Chileno). El punto es que salirse de la UE no necesariamente implica una economía más regulada y cerrada al comercio internacional.

Los últimos años han mostrado que los países miembros de la UE pueden tener serios desequilibrios económicos y serias dificultades para lidiar con ellos. En contraste, no se puede decir que países fuera de la UE como Suiza estén mal.

El siguiente listado muestra los países miembros de la UE y su ranking en el indice de libertad económica de la Heritage Foundation. Como se puede ver, Gran Bretaña se ubica como el tercer país más libre en términos económicos de la UE

  1. Ireland: 8
  2. Estonia: 9
  3. United Kingdom: 10
  4. Denmark: 12
  5. Lithuania: 13
  6. Netherlands: 16
  7. Germany: 17
  8. Luxembourg: 19
  9. Czech Republic: 21
  10. Finland: 24
  11. Sweden: 26
  12. Austria: 28
  13. Latvia: 36
  14. Poland: 39
  15. Cyprus: 42
  16. Spain: 43
  17. Belgium: 44
  18. Malta: 55
  19. Slovakia: 56
  20. Hungary: 58
  21. Bulgaria: 60
  22. Romania: 61
  23. Portugal: 64
  24. France: 75
  25. Italy: 86
  26. Slovenia: 90
  27. Croatia: 103
  28. Greece: 138

Esto sugiere que salirse de la UE para tener una economía más cerrada no fue el motivo principal del voto. No hace falta dejar la UE para tener una economía regulada como la de Croacia y Grecia. Salvo que la intención sea cerrarse a la UE y esto no sea factible siendo miembro de la UE. Parece ser, sin embargo, que el Brexit estuvo más motivado por cuestiones políticas y sociales.

Política en el sentido de sentir una falta de representación en la burocracia política de la Unión Europea. ¿Por qué el británico debe aceptar una regulación que emana de un cuerpo de políticos sobre los que tienen poca y nada de representación y poder de remoción? Sociales en el sentido de una oposición a la ola inmigratoria que se ha vivido en las últimas décadas.

Unas breves reflexiones finales:

  • Gran Bretaña puede enfrentarse a su propio Brexit si Escocia, que votó mayoritariamente por el Bremain vuelve a hacer un referéndum para independizarse del Reino Unido.
  • El referendum deja un interesante caso de rational ignorance. Al día siguiente del referéndum se dispararon en Google las búsquedas originadas en Inglaterra sobre qué es la Unión Europea. ¿Cuánto votante emitió su voto dejándose llevar por las emociones del momento sin saber sobre qué se estaba votando? Esto deja preguntas incómodas, si usted no es conocedor profundo de lo que se vota, ¿no es irresponsable entonces votar?
  • Viendo las reacciones de los mercados financieros al día siguiente algunos británicos dijeron haber cambiado de idea y que votarían distinto. Como le leí a Andy Young por Facebook, no se que es peor, ir a votar en un referéndum sobre la permanencia en la UE o dejarse llevar por lo que sucede en el mercado financiero al día siguiente.
  • Quizás por estos pagos deberíamos pensar en un Argexit, donde Argentina deja el ejercicio de proteccionismo ampliado llamado Mercosur y se abre unilateralmente al mundo.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

El nuevo decálogo de la política exterior de Brasil

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 26/5/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1902513-el-nuevo-decalogo-de-la-politica-exterior-de-brasil

 

El gabinete del presidente interino de Brasil, Michel Temer, está compuesto de pesos pesados. De primeras figuras, esto es de aquellas que generan confianza y respeto inmediatos por su propia presencia y envergadura. Uno de ellos es José Serra. Un hombre de largo tránsito por el escenario grande de la política del país vecino. Milita en el Partido de la Social Democracia Brasileña, junto a Fernando Henrique Cardoso. Serra ha sido, desde 1986, sucesivamente, diputado, senador, ministro de planificación, ministro de salud y gobernador del poderoso estado de San Pablo. Además, candidato presidencial, perdedor en 2002 y en 2010.

En un discurso pronunciado el 18 de mayo pasado al tiempo de asumir las responsabilidades propias de la cartera de relaciones exteriores de Brasil, José Serra, definió las diez prioridades de la política exterior que implementará el nuevo gobierno.

Por la importancia que cabe asignar al Brasil en nuestro propio escenario de política exterior, es oportuno descifrar su mensaje, para tenerlo en cuenta en los tiempos que vienen cuando -seguramente en compañía de Brasil- la región se alejará -paso a paso- de lo que ha sido una frustrante década pérdida, exasperantemente llena de retórica vacía, plasmada en un discurso único agresivo y de corte bolivariano. Fuertemente ideologizado entonces, y con una frustrante partitura entonada en común, escrita con una participación decisiva y permanente de Caracas y La Habana. Acompañada, lamentablemente, de silencios inexplicables en materia de defensa de la democracia y de las libertades civiles y políticas de nuestros pueblos. De aquellos que, por lo que significan, nos avergüenzan.

Veamos, uno a uno, los diez “mandamientos” que fueran expresados por José Serra

El primero se refiere a la sustancia de la diplomacia brasileña. A su eje principal. La definición central básica de José Serra es: “Primero Brasil”. La marcha de la diplomacia brasileña deberá entonces edificarse, de manera transparente e intransigente, sobre los valores legítimos de la sociedad brasileña. Los propios. Y sobre los intereses de su economía. Al servicio de Brasil y no más de conveniencias o preferencias ideológicas de algún partido político o de sus aliados en el exterior. Como ocurriera en tiempos de Marco Aurelio García y del PT. Todo un cambio profundo de rumbo. Muy distinto al de los tiempos bolivarianos, con una definición inequívoca de la nueva prioridad: Brasil. Lo fundamental, para Serra, es el Estado y la nación, no los gobiernos, ni jamás un partido político. El mensaje implícito hacia Mercosur y Unasur parece claro. Y, a tenor de la extrema dureza de José Serra con el cuestionado secretario general de esa entidad, el bolivariano Ernesto Samper, no habrá de inicio, cabe anticipar, mucho margen para las coincidencias.

El segundo mandamiento es también muy fuerte. Brasil estará atenta (no pasiva) en la defensa de la democracia, de las libertades y de los derechos humanos en cualquier país y ante cualquier régimen político. Lo hará siempre en consonancia con los tratados internacionales y respetando el principio de “no injerencia”.

El tercero, a su vez, tiene que ver con el anuncio de que Brasil asumirá un rol activo en la defensa del medio ambiente. Proactivo y pionero, a estar a los dichos específicos de José Serra. En busca de recuperar liderazgos extraviados.

El cuarto se refiera a la actuación futura de Brasil en los foros internacionales, tanto en los globales, como en los regionales. En ese particular universo, Brasil desarrollará una acción constructiva en favor de la solución pacífica de las controversias internacionales y procurará la adecuación de las estructuras institucionales a las nuevas realidades y desafíos en el mundo actual. Con prudencia e inteligencia, Serra no se refirió específicamente a la ambición brasileña de ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que, cuidado, no supone necesariamente un cambio de posición. En este capítulo incluyó sin embargo una mención expresa a la prioridad que Brasil asigna a todo lo financiero y a lo comercial, notoriamente preocupado por la que calificó gráficamente de “galopante” contracción del comercio internacional.

El quinto postulado enunciado por Serra se relaciona con la participación de Brasil en el comercio internacional, tema no menor para una nación que ha sido una de las más fuertes exportadoras del mundo. Para Serra, en lo inmediato Brasil debe diversificar sus esfuerzos y tratar de aprovechar la multiplicación de oportunidades que existe en el mundo, especialmente las que son bilaterales. No es sabio, dice, atarse a un único esfuerzo multilateral (el de la OMC) que está visiblemente empantanado y si lo es procurar, en cambio, abrir cada puerta comercial bilateral que existe o se abra. Sin dogmatismos y con pragmatismo. En procura de aprovechar todo. Con una mente y disposición abierta.

La sexta directiva tiene que ver con la urgencia de negociar los temas comerciales siempre desde la fortaleza que a Brasil le confiere el poder contar con un atractivo mercado doméstico, interesante para todos. Esto es, con auténtica reciprocidad de trato. Desde el realismo, entonces. Sin regalar nada a nadie.

La séptima definición de política exterior se refiera -específicamente- a nuestro país, la Argentina. Lo que no es menor, como reconocimiento de un vínculo especial. Aunque sea de corto plazo, en principio. Contiene un llamado a aprovechar lo que Serra llama sin disimulos: “coincidencias semejantes en materia de reorganización de la política y la economía”. Por ello nos propone una aventura, la de renovar -juntos- el Mercosur.Reformulándolo. Y fortaleciéndolo. Esto supone devolverle su esencia original: la de naturaleza comercial. Pero con un agregado significativo: el de construir también puentes con la Alianza del Pacífico, de modo que Sudamérica no esté más dividida entre las naciones de su oriente y las de su occidente. A lo que agrega la necesidad de incorporar (o, más bien, reincorporar) a México a nuestro andar común, de modo de no solamente aprovechar la complementariedad de las respectivas economías, sino también las coincidencias de visiones en lo internacional. Seguramente para contraponer el realismo a la ficción ilusionista bolivariana, que ha prevalecido en la región a lo largo de la última década.

La octava directiva pertenece también al capítulo comercial, sobre el que Serra pone un inequívoco acento. Propone ampliar y profundizar las relaciones con socios no tradicionales, como la Unión Europea, los Estados Unidos y Japón. Abrirse, en lugar de encerrarse. A lo que se suma enseguida la novena directriz, que tiene que ver con la necesidad complementaria de incrementar las relaciones comerciales y financieras con Asia, incluyendo naturalmente a sus dos gigantes: China y la India, muy especialmente. Pero también con África, que -nos recuerda Serra- ya no es “un continente que pide compasión”, sino uno que propone y procura intercambios económicos, tecnológicos e inversiones. En todos los casos, actuando con activismo e intensidad, nos propone Serra.

El último capítulo de su enumeración precisa de directivas, el décimo entonces, hace a la necesidad de mejorar la productividad y la competitividad de nuestras economías. Sin lo cual, nos dice Serra con toda razón, nuestros sectores productivos no podrán ser actores de peso y tener éxito en el complejo mundo actual. A lo que cabe sumar la necesidad de eliminar las distorsiones que aún nos perjudican comercialmente. Como son el exceso de burocracia; las trabas tributarias; y las deficiencias de nuestras infraestructuras, que están obsoletas. Para Serra, todo esto encarece en aproximadamente un 25% los precios de los productos que Brasil exporta concretamente.

Al completar su punzante alocución, Serra hizo algunas otras observaciones. Que eran de cajón. Como la necesidad de controlar mejor nuestras fronteras con los ojos y oídos puestos en el crimen organizado. O la de avanzar en la recuperación de la disminuida capacidad operativa de la respetada diplomacia de Itamaraty, saliendo para ello de la cansadora y frustrante “retórica exuberante” de la década pasada, para pasar a la eficiencia y la profesionalidad en la acción concreta.

Serra formula a su país una invitación a mejorar la acción concreta; a integrarse más al mundo; a no encerrarse en sí mismo; a diversificar los esfuerzos comerciales; a tener iniciativa y buscar resultados que puedan cuantificarse; y a aumentar su presencia en el mundo. Y nos invita especialmente a acompañarlo en la acción regional. Es cierto, respecto de nuestro país, hay en la plática de Serra una invitación puntual a trabajar juntos en lo inmediato, por cercanía y peso específico y sobretodo porque -en la nueva etapa que se ha iniciado- compartimos el modo de ver al mundo. Como ocurriera en otros tiempos.

Lo cierto es que, tanto en el corto plazo como en el largo, la Argentina y Brasil se necesitan recíprocamente. Son socios naturales y es tiempo de esforzarse en tratar de maximizar lo que debe lograrse con esa relación cercana, para lanzarnos a crecer juntos, con el objetivo permanente de mejorar los niveles de vida de nuestros dos pueblos.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La economía y el Brexit

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 19/5/16 en: http://sotograndedigital.com/la-economia-brexit-la-opinion-carlos-rodriguez-braun/

 

El próximo 23 de junio los británicos están convocados a un referéndum para responder a esta pregunta: “¿Debería el Reino Unido continuar siendo miembro de la Unión Europea o dejar la Unión Europea?”. Como es natural, está habiendo un vivo debate allí entre los partidarios de continuar dentro de la UE y los partidarios del “Brexit”, es decir, la salida.

Aunque la economía ha estado en el centro de la discusión, se ha puesto énfasis sobre todo en las consecuencias económicas que el Brexit podía tener para Gran Bretaña. Sin embargo, como recordó hace poco The Economist, el posible abandono tendría impacto sobre la propia Unión Europea, y sobre España: los dos primeros exportadores europeos al Reino Unido son, en porcentaje del PIB, Irlanda y Países Bajos, pero los siguientes son España y Alemania. También el Brexit podría afectar a Sotogrande, por su antigua y estrecha relación con los británicos, que representan un porcentaje elevado de los extranjeros que viven en nuestra comunidad, y también de nuestros visitantes, turistas e inversores.

Brexit

Las conjeturas sobre los resultados del Brexit normalmente recurren a lo que los economistas llamamos el supuesto ceteris paribus, es decir, suponer que se van los británicos y las demás cosas no varían. De ahí las estimaciones que hemos visto sobre los efectos económicos y políticos de la salida en términos de menos comercio, menos turismo, menos empleo, menos inversiones, más populismo y más euroescepticismo. Las consecuencias serían negativas para el Reino Unido, el resto de Europa, España y Sotogrande.

Sin embargo, nadie sabe si va a ser necesariamente así, porque desconocemos el futuro, y porque suponer que nada va a cambiar es cómodo pero irreal. Por ejemplo, toda Europa se ha acostumbrado a mantener intercambios económicos cada vez más sencillos y baratos. ¿Toleraríamos que los políticos se embarcaran en una carrera proteccionista como la vivida en los años 1930, cuando ahora llevamos décadas de un comercio cada vez más libre que ha beneficiado a los británicos y al resto de Europa? No lo creo.

Por tanto, convendrá prestar atención a la orientación de las políticas, con o sin Brexit, en el Reino Unido y en los demás países, porque unas economías más intervenidas tendrán efectos económicos negativos en todas las circunstancias y para todas las partes.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Brexit: ¿crisis u oportunidad?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 24/5/16 en http://www.rionegro.com.ar/columnistas/brexit-crisis-u-oportunidad-BM394267

 

El Reino Unido, a 43 años de su adhesión a la Unión Europea (UE), se encuentra frente a un angustioso dilema que ha de sopesarse a voluntad de partidarios y detractores. Pareciera que el canal de la Mancha, que lo separa en múltiples aspectos del continente, se está ensanchando de forma irreversible.

En repetida opinión, el contexto internacional se caracteriza porque la mayor parte de los extranjeros, incluido entre otros el presidente de EE. UU. Barack Obama, no admite las razones geopolíticas para que Gran Bretaña abandone la UE en el referéndum del próximo 23 de junio.

Europa, que ha sido un balance entre Londres, París y Berlín, cada uno con sus diferentes visiones económicas y de política exterior, abría múltiples posibilidades de colaboración y negociación. Pero ahora el desplazamiento de poder hacia Alemania, tanto debido a su éxito económico como a la marginalización creciente de Francia y la irrelevancia europea del Reino Unido, significa que la UE se está articulando como un núcleo fuertemente integrado en la esfera económica bajo hegemonía política y normativa alemana.

Los diplomáticos británicos, pese al esfuerzo que han dedicado durante décadas a entretejer una relación entre Londres y Bruselas que garantizara al Reino Unido un máximo de influencia con, a la vez, un mínimo de cesión de soberanía, se enfrentan a una debacle de gran magnitud. Tal vez no tanto porque el Reino Unido haya cambiado de posición, que lo ha hecho desde la llegada de David Cameron al poder, sino sobre todo porque el continente se ha puesto en marcha, dejando al Reino Unido atrás.

Primero fue Grexit, la combinación de Grecia y exit (salida). Ahora es Brexit o Brixit para referirse a una posible salida del Reino Unido. En el 2015 el Parlamento británico aprobó la European Union Referendum Act 2015, uno de los objetivos de gobierno del Partido Conservador, y será la segunda ocasión que se celebre un referéndum de este tipo tras la elección de 1975, en la que el 67% de los electores se mostró partidario de permanecer. Se espera que el referéndum del 2016, tal como lo indica la encuesta de Financial Times al 8 de mayo, 46% por la permanencia y 43% por la separación, tenga resultados más ajustados.

Por su parte, los principales responsables de la UE han confirmado que no habrá período de gracia para Reino Unido si decide abandonar el bloque. Bruselas no quiere perder ni un segundo y ya ha comenzado a registrar en las agendas de media Europa una cita el domingo 26 de junio, tres días después del referéndum. Esa reunión serviría para acelerar las negociaciones de un proceso que se califica directamente como “divorcio”.

El impulso de la conducción del “Brexiteers” es el mismo que destacó en 1962 el exsecretario de Estado de norteamericano Dean Acheson cuando declaró: “Gran Bretaña ha perdido un imperio y todavía no ha encontrado un papel”. El escritor Edmund Wilson, por su parte, también lo expresó cuando dijo que la elite británica era “completamente irreconciliable con la disminución de la Gran Bretaña de posguerra”.

Pero, pese el consenso generalizado de que la salida de Gran Bretaña de la UE podría dañar su economía, se alzan las voces de un nuevo desafío. En un paper de “Economists for Brexit”, ocho “notables” economistas británicos se oponen a los argumentos del Tesoro, el FMI, la Escuela de Economía de Londres y la OCDE, a los que consideran un “sinsentido económico” y alegan que el Brexit “traerá ventajas económicas, netas y medibles”.

Los miembros del Partido Conservador de Gran Bretaña comparten la misma idea de que su pequeña isla sigue siendo lo suficientemente grande como para estar al margen de la Europa continental. Sin dudas, el sentido británico original de autosuficiencia, y de poder y gloria, que deriva de hechos históricos. Se piensa que el aislamiento geográfico del Reino Unido, así como las tradiciones entrelazadas de comercio y la libertad individual, la distinguen claramente de sus vecinos del continente.

Aunque las consecuencias de la elección recién se verán tras las pruebas de campo (en uno u otro caso), la amenaza del Brexit quizás debería ser observada no solo como una posible pérdida británica y/o comunitaria sino como una esperanza para frenar y cambiar de signo el inquietante proceso de burocratización que caracteriza al gobierno supranacional europeo desde su misma creación.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.