La OTAN comienza a definir a China como preocupación

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 19/12/13 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-otan-comienza-definir-china-como-preocupacion-nid2317070

 

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) acaba de tener su reunión anual “cumbre”. Por primera vez en su historia, en su transcurso la organización referida mencionó a China como tema “que, como alianza, necesitamos considerar”.

Lo que se suma a la dura decisión norteamericana de no trabajar con la enorme empresa china de telefonía “Huawei”, porque hay sospechas de que los aparatos de comunicación que ella provee para ser usados en la banda ancha 5G podrían ser utilizados para hacer espionaje, sin que ello necesariamente se advierta.

Ante la fuerte presión norteamericana, Japón, Nueva Zelanda y Australia han decidido ya no operar con la telefonía de la mencionada empresa china, a la que han sustancialmente excluido de sus respectivos mercados domésticos.

Gran Bretaña, que ya tiene a “Huawei” en su propio sistema telefónico nacional, ha anunciado que lo excluiría si se confirma que está siendo usado para, a través del mismo, espiar a favor de una nación extranjera. Italia se habría comprometido a hacer lo mismo.

Alemania, en cambio, aún no. Pero su propio Parlamento nacional sigue muy de cerca el tema, con visible preocupación. Y acaba de acordar tratar un proyecto bi-partidario de ley que, de ser aprobado, excluiría a Huawei de la red alemana móvil 5G. La empresa china podría ser reemplazada en Alemania por Nokia o Ericsson, que están en condiciones tecnológicas de hacerlo. Aunque aparentemente con algunos sobrecostos.

La misma Comisión de la Unión Europea se ha referido explícitamente a China, definiéndola como un “rival sistémico”, lo que es todo un alerta. Para los europeos, en general, “Huawei” debe ser considerada como una empresa estratégica, cuya operación, por ese importante motivo, no debe quedar librada exclusivamente a las fuerzas del mercado, sino que debe ser vigilada y regulada, de cerca, por las distintas autoridades nacionales.

“Huawei” es una empresa bien notable, cuya tecnología es ciertamente “de punta” cuando de sopesar su capacidad se trata y tiene algunas ventajas claras en materia de velocidad de operación, esencialmente. Ese es su fuerte, razón por la cual no será nada sencillo desplazarla de los principales mercados domésticos sin que ello suponga una elección comercial de peso, como son siempre las que tienen que ver con elegir entre los EE.UU. y China, con todas sus consecuencias.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La guerra comercial desaceleró el crecimiento del mundo

Por Emilio Cárdenas. Publicado el /10/19 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/columnistas/la-guerra-comercial-desacelero-crecimiento-del-mundo-nid2300068

 

El Fondo Monetario Internacional acaba de advertir a sus Estados Miembros que el crecimiento económico del mundo será este año el menor desde la crisis financiera del 2008/9. Al hacerlo, calificó a la situación económica del mundo de “precaria”, lo que atribuyó sustancialmente a que la “guerra comercial” entre los EE.UU. y China ha afectado la confianza de los inversores en todo el mundo, destacando que los flujos comerciales internacionales están hoy estancados y que los bancos centrales hacen esfuerzos para estimular el crecimiento en sus respectivas economías.

Al formular ese pronóstico, bastante negativo, solicitó a las dos naciones que están enfrentadas en la mencionada “guerra comercial” que cesen sus hostilidades, de modo de restablecer la confianza en sus actores económicos.

Para el FMI la economía del mundo crecerá tan sólo el 3% este año. Esto es un 0,3% menos que lo que se preveía hace tan sólo seis meses.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Del optimismo al pesimismo

Por Adrián Ravier.  Publicado el 2/9/19 en:  https://www.cronista.com/amp/columnistas/Del-optimismo-al-pesimismo-20190902-0018.html?__twitter_impression=true

 

El viernes previo a las elecciones PASO, el mercado explotó de confianza y el Merval mostró una suba significativa. El lunes tras las PASO, el Merval mostró una caída del 50% en dólares. Una baja récord, no sólo para la Argentina, sino para el mundo.

Había dos escenarios claramente opuestos entre los cuales los argentinos debían elegir. De un lado, la continuidad de la política económica de Mauricio Macri; del otro, el regreso de la política económica del kirchnerismo. Claro que esta simplificación, como toda simplificación, es engañosa:

1) la elección no era más que internas partidarias,

2) había otros candidatos,

3) Macri podría girar hacia reformas más profundas que las tomadas en estos años, y 4) no está claro tampoco que Alberto Fernandez sea la continuidad del kirchnerismo, pero la grieta sigue presente en la opinión pública, y la elección parecía jugarse bajos esos escenarios futuros.

El aplastante resultado en favor de Alberto Fernández sobre Mauricio Macri le dio señales al mercado de que la política económica cambiará. Un mix de incertidumbre y desconfianza llevó a los tenedores de bonos y acciones a vender todos sus activos, asumir las pérdidas, y emigrar con los pocos dólares que pudieron obtener (en términos relativos). La fuerte demanda por la divisa llevó el tipo de cambio de 45 a 60 pesos por dólar, agregando una nueva devaluación, a las ya acumuladas en 2016, 2018 y principios de 2019. Construir “un muro” para defender el peso en ese instante tras las PASO, de poco hubiera servido, y la pérdida de reservas habría sido más significativa aún que la observada.

Agosto, el mes de las PASO, dejó un saldo terrible e irrecuperable para la Argentina en el corto plazo, que nos ha hecho a todos muchos más pobres de lo que éramos el viernes anterior.

Ese viernes, el escenario optimista era el que pintaban muchos analistas políticos confiados en la continuidad de la política económica de Mauricio Macri, sumados a una serie de reformas estructurales que la Argentina necesita en el ámbito económico.

El relato oficial mostraba un cambio desde la pesada herencia hacia el equilibrio fiscal primario, un tipo de cambio competitivo y una inflación en baja, que a su turno permitiría ir bajando tasas de interés, para ir desarmando las Leliqs mientras se incrementaba la demanda de pesos en el escenario post-electoral.

El estimador mensual de actividad económica (EMAE) que elabora el Indec mostraba que Argentina dejó de caer en 2019, que entró en una meseta, e incluso la economía empezaba a rebotar en julio del corriente. El motor del campo nos está dejando la mejor cosecha de la historia después del año de sequía, y el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, nos devolvía la posibilidad de integrarnos nuevamente con el mundo.

Tras las elecciones, se rumoreaba que Argentina avanzaría en una agenda de reformas previsional, laboral e impositiva, que la volvería a colocar como un mercado atractivo para recibir inversiones de capital, lo que permitiría generar un crecimiento vigoroso, y con ello promover emprendimientos, más empleo, mejores ingresos y baja en la pobreza.

Parece romántico creer que este cuento, más que escenario, era posible de efectivizar. Los argentinos lo desconocieron, o los que lo escucharon, no lo creyeron. Y había razones para no creerlo, pues sus flacos bolsillos no vieron nada de esto en un largo y doloroso gobierno de cuatro años.

El gradualismo elegido, primero con Prat Gay y luego con sus sucesores, evitó las políticas de shock que podrían haber generado la única vía de solución que evitara este desenlace que hoy observamos. El 2016 fue un año de correcciones mínimas que sentaron las bases para un 2017 de recuperación. Pero fue una recuperación que se consumió el capital político y económico, y estaba basado en un contexto único de fuerte endeudamiento, con ausencia de shocks externos, en un mundo volátil.

El 2018 trajo todas las malas noticias juntas. El cóctel explosivo estuvo compuesto por:

1) una sequía que llevó a una mala cosecha y a la consecuente escasez de divisas,

2) el sudden stop (un corte repentino del crédito internacional, en palabras del economista argentino Guillermo Calvo),

3) errores de política económica como el impuesto a la renta financiera y

4) la falta de independencia del Banco Central con el lógico incumplimiento de metas. Quedará el lema de aquellos años resumido en el problema de “inconsistencia entre la política fiscal y monetaria”.

La necesidad llevó al Gobierno a comprender que se acababa el tiempo para enderezar el rumbo, y fue solo entonces y obligado por las circunstancias que recurrió al Fondo Monetario Internacional y guiado por sus sugerencias empezó a acelerar la corrección de los desequilibrios macroeconómicos.

Personalmente, celebré que finalmente se corrigiera el rumbo y se aceleraran las correcciones de estos desequilibrios. De 2018 a 2019, Argentina se ató a la difícil meta de llegar al equilibrio fiscal primario en un solo año, meta que parece alcanzará en medio de esta crisis.

La renuncia de Sturzenegger en el Banco Central también permitió que por fin el foco se pusiera en los agregados monetarios en lugar de las tasas de interés (como manda la receta ortodoxa), aunque claro que las Lebac (heredadas del kirchnerismo pero ampliadas por Sturzenegger) y posteriormente sus hijas, las Leliq, dejarán su huella en un futuro cercano.

¿Por qué los economistas fallamos en prever este escenario económico tan destructivo? Primero porque las encuestas para las PASO mostraban cierta paridad entre el oficialismo y Alberto Fernández. Segundo porque los analistas políticos describían una alta probabilidad de continuidad de la política económica de Cambiemos. Tercero, porque aun una derrota electoral de hasta 5 % en las PASO, Cambiemos podría revertirla. El escenario político contagió el error a los escenarios que los economistas construimos.

Desde el abandono del Patrón oro, los sistemas financieros modernos dependen bastante de la confianza y las expectativas. Un país como la Argentina, con el prontuario inflacionario e hiperinflacionario depende todavía más de la confianza. Las PASO desataron una ola de desconfianza. Unos dirán que se debió al propio mensaje de miedo que el oficialismo generó. Otros dirán que ese miedo está justificado en los antecedentes de los miembros de la oposición. Lo cierto es que cualquier sea el motivo, tras las PASO el mercado prefirió reconocer las pérdidas y salir con lo puesto.

Si los dólares en reservas eran suficientes previo a las PASO para sostener la estabilidad del mercado cambiario, ante la enorme desconfianza desatada tras la elección de agosto las mismas parecen insuficientes. El gobierno no logra renovar las Letes lo que lleva a la autoridad monetaria a proveer al Tesoro de parte de las reservas para atender sus compromisos. Además, los depositantes de dólares desconfían que el Banco Central disponga de las divisas cuando se las requiera en el futuro y han decidido ir tras ellas mientras todavía están disponibles. Ambos factores generaron una fuerte reducción de las reservas internacionales, lo que ya compromete la estabilidad del sistema cambiario.

Como si esto fuera poco, las Leliq que adquieren los bancos sobre la base de los plazos fijos que construyen los depositantes, difícilmente puedan ser renovados. Si el billón de pesos en Leliq se monetiza en estos casi dos meses que quedan antes de las elecciones, la demanda de dólares de parte de los depositantes irá por los dólares, y la presión sobre el tipo de cambio ya será extrema.

En medio de esto, las negociaciones con el FMI se vuelven fundamentales, para saber si la autoridad monetaria contará con algo más de reservas para afrontar las múltiples presiones por su demanda.

El Gobierno decidió ir a un “default selectivo”, para estirar algunos plazos, y reducir la demanda por las escasas divisas en reserva. Agregaría también en esta semana un control de cambios limitando los dólares que las personas y empresas pueden adquirir. Pero si bien esto puede ayudar a transitar los dos meses previos a la elección, aun quedará otro plazo por cumplir hasta el 10 de diciembre.

En síntesis, es demasiado largo el plazo que resta hasta el cambio de Gobierno, y son pocos los ladrillos de los que dispone para construir un muro que evite la sangría de reservas. El FMI podría ayudar, pero el potencial candidato a Presidente Alberto Fernández ya culpó a la institución por todos nuestros males, y dejó en claro que renegociará esos compromisos, en un marco de nuevo default.

El oficialismo debe encerrarse a hacer cuentas, tomar la base monetaria en pesos, sumar los pasivos del Banco Central, analizar las reservas netas de las que dispone y evaluar una política de tipo de cambio fijo, convertibilidad o dolarización, en la cual restablezca la confianza en la moneda de circulación.

Aunque hay un problema adicional: el oficialismo ya no parece tener el poder, la fuerza y la voluntad de encontrar una solución de estas características. Estamos presenciando el final del peso, otra moneda mal gestionada en la historia argentina, y nuevamente por las mismas razones: los abusos de los sucesivos gobiernos en el terreno fiscal.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

G 20: burocracia a pleno, los niños desnutridos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 19/9/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/09/19/g-20-burocracia-a-pleno-los-ninos-desnutridos/

 

Si hay una reunión incoherente es la del G 20. Integrado por Alemania, Canadá, EE.UU., Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Rusia, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea, representa el 85% del producto bruto, dos tercios de la población  y el 75% del comercio mundial.

Es el principal foro para “la cooperación económica, financiera y política y busca generar políticas públicas que los resuelvan”, o sea, ver cómo los Estados interfieren al mercado dejándolo con menos libertad, imponiéndole regulaciones coactivas cuando el mercado es solo cooperación pacífica y voluntaria entre las personas.

Dado que este año la presidencia recae en el presidente argentino, Macri, la próxima Cumbre del G-20 se realizará Buenos Aires -primera vez en Sudamérica- entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre. Merkel, Trump, Putin, Xi Jinping, Macron, May y Shinzo Abe serán algunos de los mandatarios presentes. Pero previamente, se realizarán “solo” unas 50 reuniones -que comenzaron en diciembre de 2017- entre equipos técnicos y ministros en 11 ciudades del país.

Además, fueron invitados Chile y Holanda y España que es invitada permanente, y otros países representando bloques como Caricom (Jamaica), Asean (Singapur), Nepad (Senegal) y la Unión Africana (Ruanda). También estarán presentes el Banco Mundial, el FMI, la OCDE, el BID, el CAF, la OMC, la ONU, el FSB, la OIT y todas las siglas imaginables hasta agotar el abecedario de burócratas.

Si le parece poco, se desarrollan reuniones del B-20 (empresarios), el C-20 (ONGs), el L-20 (sindicalistas), el S-20 (científicos), el T-20 (think tanks), el W-20 (mujeres), y el Y20 (jóvenes). En total viajarán más de tres mil personas.

El Gobierno gastará al menos US$ 120 millones a lo que hay que sumarle los siderales viáticos de todos estos viajeros, más el sueldo de todos estos burócratas, en un país donde la pobreza ronda el 30% de la población y crece. Uno de los gastos más fuertes será en elementos como balas de goma y gases lacrimógenos: para reprimir Macri tiene dinero.

El más irónico de los temas a discutir será el de “Un futuro alimentario sostenible”. Hasta el oficialista Programa Mundial de Alimentos de la ONU reconoce que “Uno de los mitos más comunes… es que no hay suficientes alimentos en el mundo… los hay. El hambre… es una cuestión de acceso.” O sea, si hay hambre y desnutrición es porque la comida no llega a los más pobres debido a regulaciones e impuestos estatales que complican la distribución.

Por caso, los impuestos -como para solventar estas Cumbres- son una de las principales causas de pobreza desde que -aunque las cargas fiscales estén dirigidas a los más ricos- cuanto más alta es la capacidad económica de una persona con más fuerza los deriva hacia abajo: por ejemplo, algunos empresarios los pagan subiendo precios o bajando salarios.

Pero, además, se prohibirá el desarrollo normal de actividades y trabajo. Más allá de innumerables cierres de calles, los aeropuertos de Buenos Aires (Aeroparque, Palomar, San Fernando, Morón y 25 km a la redonda) estarán cerrados durante tres días y sólo recibirán oficiales. Hasta el Aeropuerto Internacional de Ezeiza se verá afectado. Y el 30 de noviembre será feriado -en la Ciudad de Buenos Aires- para “garantizar la logística” de la Cumbre.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La “Primavera de Praga”, o el origen de los Estados

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 23/8/18 en: http://s21.gt/2018/08/23/la-primavera-de-praga-o-el-origen-de-los-estados/

 

La historia tiene sus vueltas. La Checoslovaquia que invadieron los tanques del Pacto Varsovia hace 50 años para terminar con la Primavera de Praga, hoy ya no existe. Como no existen ni aquel Pacto ni la URSS que dirigió aquella Operación Danubio. Pero la influencia de Moscú, particularmente con Putin que no se olvida de la KGB a la que perteneció, pareciera recordar aquel aplastamiento del experimento democrático más importante dentro del antiguo bloque comunista.

La República Checa y Eslovaquia, los países resultantes de Checoslovaquia en 1989 tras la “Revolución de Terciopelo”, son ahora miembros de la Unión Europea y de la OTAN. Aunque el presidente checo Milos Zeman, ex socialdemócrata reconvertido al populismo es uno de los políticos occidentales más partidarios del Kremlin, al punto que ha justificado la anexión rusa de Crimea.

Moscú ya había mostrado en 1953 en la República Democrática Alemana y, sobre todo, en 1956 en Hungría, que no toleraría ninguna apertura en los países bajo su área de influencia. Pero desde su elección en enero de 1968 como secretario general del Partido Comunista de Checoslovaquia, Alexander Dubcek encaró unas reformas democráticas, “el socialismo con rostro humano”, aunque sin cuestionar su pertenencia al Pacto de Varsovia -la organización militar opuesta a la OTAN- y sin defender al capitalismo.

Los checos se preguntaban hasta dónde llegaría la tolerancia del líder soviético Leónidas Breznev. A las 23:00 horas del 20 de agosto de 1968 encontraron la respuesta al saber que cruzaban la frontera 2.000 carros de combate, 250.000 soldados y 700 aviones. En pocos días el Pacto había desplegado 700.000 soldados, seguido por una oleada de represión, el “proceso de normalización”: trescientos mil huyeron a Occidente y centenares fueron detenidos o muertos. El 16 de enero de 1969, Jan Palach se quemó a lo bonzo en Praga como protesta.

Dubcek fue detenido y trasladado a Moscú, donde Breznev lo obligó a firmar un acuerdo que “legalizaba” la ocupación de Checoslovaquia. Años más tarde, fue recibido como un héroe en la Plaza de Wenceslao después del triunfo, ahora definitivo, de la Revolución de Terciopelo de 1989.

Hoy, la aproximación rusa es algo diferente. Menos tanques usa Vladímir Putin mientras financia a los partidos populistas con un discurso antioccidental. Cincuenta años después de la revuelta de Praga, el Kremlin sigue aplicando la ‘Doctrina Brezhnev’ de soberanía limitada a los países que desean acercarse a Occidente. Doctrina que ha servido para justificar la ocupación de Ucrania y la anexión de Crimea en 2014 o para avisar a Georgia del “peligro” que supondría entrar en la OTAN.

“Los rusos no son nuestros amigos, son nuestros hermanos: a los amigos los puedes elegir”, era un chiste que circulaba por Praga en los años 60. Lo que me hace pensar que los Estados también son nuestros “hermanos” ya que no se eligen, como señalaba Franz Oppenheimer: “El Estado… es una institución forzada por un grupo victorioso de hombres sobre un grupo vencido, con el único propósito de regular el dominio de los victoriosos sobre los vencidos, y asegurarse a sí mismos contra las revueltas internas y ataques del exterior. Teleológicamente, este dominio no tenía otro propósito que la explotación económica de los vencidos por parte de los vencedores… Ningún Estado original conocido para la historia se originó de ninguna otra manera”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El orden internacional después de Helsinski

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2/8/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2158533-el-orden-internacional-despues-de-helsinski

 

Desde la segunda post-guerra el orden internacional prohijado por Occidente estuvo basado en dos pilares centrales: (i) la promoción de la democracia; y (ii) alentar la apertura del comercio internacional, en el mundo entero. Después de la reciente reunión “cumbre” de Helsinski entre los presidentes de los EEUU y de la Federación Rusa, las cosas son hoy aparentemente algo distintas.

Esos dos pilares antes mencionados han sido ahora sustituidos por Donald Trump por otros cuatro. Distintos, por cierto.

Ellos han sido recientemente identificados nítidamente por Gideon Rachman, como sigue. Primero: lo económico tiene una prioridad absoluta. Lo que deriva en que las relaciones de los EEUU con aquellos países o regiones con los que los EEUU tienen un déficit comercial son ahora tensas y apuntan, esencialmente, a tratar de corregir los desequilibrios comerciales. Segundo: el mundo debe edificarse sobre los Estados y no sobre entes o instituciones multilaterales. Por esto, la abierta antipatía y hasta el rechazo del presidente norteamericano al G-7; a las Naciones Unidas; a la Organización Mundial del Comercio; y a la Unión Europea. También su rechazo a las negociaciones multilaterales y su predilección por el bilateralismo, donde supone que maximiza su peso relativo en el mundo. Y, más aún, sus discrepancias con sus diferentes esquemas reglamentarios, esto es con las reglas que las organizaciones multilaterales, dentro de sus respectivas competencias, dictan. Para Trump, presumiblemente las reglas las debiera dictar siempre el más fuerte. Tercero: El mundo debe edificarse sobre las identidades y sobre sus respectivas culturas y valores. Poco importan, entonces, los principios o valores comunes, como los que tienen que ver con la defensa universal de los derechos humanos o con la promoción de la democracia. Occidente, para él, no es tanto un conjunto de valores, como la suma de las identidades y culturas a defender contra todos quienes procuran desteñirlas. Por todo esto, su notoria aversión a la inmigración.

Las influencias de las naciones más poderosas, los EEUU, China y Rusia, debieran, para Trump, primar en sus respectivas “esferas de influencia”. Por esto, precisamente, su sospechoso rechazo a condenar explícitamente la ilegal anexión rusa de la península de Crimea.

Lo que, en los hechos, quiera o no, significa promover no sólo la supremacía relativa de los EEUU, sino también las respectivas supremacías regionales de China y Rusia, esto es nada menos que reconocer la “multipolaridad” del mundo actual, donde ya los EEUU no aparecen solos en el centro del escenario.

Que el secretario de Estado Mike Pompeo haya recientemente asegurado ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano que los EE.UU. “no reconocen la anexión de Crimea” a Rusia y que, por ende las sanciones económicas impuestas por ello no se levantarán hasta que Rusia “devuelva” Crimea a Ucrania aclara un tanto las cosas. Pero el presidente Trump sigue sin condenar con toda la necesaria claridad la invasión rusa de 2014, lo que es por lo menos sugestivo, particularmente si a ello se suma a su coqueteo personal con Vladimir Putin.

 

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Gran Bretaña pierde la primera batalla del Brexit

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 14/12/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2091316-gran-bretana-pierde-la-primera-batalla-del-brexit

 

El 23 de junio del año pasado el 51,9% de los británicos decidió -a través de un referendo especial- salir de la Unión Europea. Los ingleses y galeses se inclinaron claramente en esa dirección. Los escoceses e irlandeses del norte prefirieron -en cambio- permanecer en la Unión Europea, pero perdieron la elección.

El primer segmento -ya concluido- de las conversaciones en curso en materia de divorcio -entre la Primer Ministro británica, Theresa May, y Jean Claude Juncker, de la Comisión de la Unión Europea- resultó duro para los británicos.

El costo del divorcio estará ciertamente muy lejos de los 24 billones de dólares ofrecidos por Gran Bretaña a la Unión Europea en un primer momento. Hoy se estima que la factura a pagar podría alcanzar una cifra que llegaría -en cambio- a unos 60 billones de dólares, que deberán abonarse en los primeros 4 años posteriores a la salida. Gran Bretaña hará frente a los compromisos asumidos por la Unión Europea mientras pertenecía a ella, incluyendo su endeudamiento externo y el sistema de pensiones del personal comunitario. Esto, se calcula, podría representar un costo inicial para cada ciudadano británico del orden de las mil libras esterlinas.

Las otras dos “líneas rojas” anunciadas por Theresa May en 2016 en su discurso en Lancaster House, también debieron cederse. Me refiero a respetar los derechos de libre circulación de los 3.200.000 ciudadanos de la Unión Europea que residen en Gran Bretaña. Y los -algo más complejos- de los británicos que residen en los otros países de la Unión Europea. También Gran Bretaña acordó -en principio- que la frontera entre las dos Irlandas no será “dura”, sino que mantendrá la fluidez de tráfico que allí ya se ha alcanzado. Pero -en esto- se ha topado con la cerrada oposición de las autoridades de Irlanda del Norte, lo que ha llenado de ambigüedad al tema.

Gran Bretaña -no obstante- saldrá de la Unión Europea el 29 de marzo de 2019, a las 11 p.m. Antes de ese día deberá acordar cómo serán los términos de la relación comercial de ese país con la Unión Europea luego de la fecha referida.

A lo que cabe sumar el golpe de realismo que supone constatar ahora que quienes no pertenecen a la Unión Europea no pueden naturalmente aspirar a operar con las mismas ventajas de las que gozan sus Estados Miembros entre sí. Lo que parece bastante obvio, pero es ciertamente distinto del escenario que algunos manejaban inicialmente en Gran Bretaña. Así como la pérdida de las fuentes de trabajo y del volumen de actividad económica que supuso ser anfitriona de diversas agencias e instituciones comunitarias. Gran Bretaña, recordemos, pretendía alojar a dos más de ellas, lo que ya no sucederá.

A lo que se debe adicionar que, durante el plazo de transición de dos años contado desde el 29 de marzo de 2019, las normas y los tribunales de la Unión Europea continuarán aparentemente operando con plena vigencia y/o jurisdicción respecto de Gran Bretaña.

Lo mismo sucederá respecto de los preocupantes flujos migratorios hacia y desde el continente europeo, que Gran Bretaña no podrá restringir en esos dos años. Esto es lo que deriva de la interpretación prevaleciente del artículo 50 del Tratado constitutivo que gobierna a la Unión Europea.

Lo conversado hasta ahora por las partes parecería desmentir el presuntuoso supuesto inicial de la Primera Ministra Theresa May en el sentido que la “falta de acuerdo” con Europa respecto de la salida británica de la Unión Europea era “mejor que un mal acuerdo”. No es así, está claro.

Si no aparecen avances realmente sustanciales en este tema a comienzos del año próximo, la fuga de empresas desde Gran Bretaña puede de pronto acelerarse y resultar tan inmanejable como costosa. Piénsese tan sólo que Cataluña, como consecuencia de sus soñadoras pretensiones secesionistas, ha sufrido ya el éxodo de nada menos que unas 2.700 empresas, lo que debe tomarse como señal para los británicos, salvando naturalmente las distancias y las diferencias que existen entre ambos casos.

En contracara a lo antes señalado, es cierto que, una vez consumada su salida, luego del período de transición, Gran Bretaña ya no estaría obligada a contribuir a la Unión Europea los aproximadamente 11 billones de dólares anuales que hoy aporta.

Cabe agregar que, desde que Gran Bretaña invocara la cláusula de salida, su economía continuó creciendo al ritmo del 1,8% anual de su PBI. Pero la libra esterlina ha estado sometida a un proceso, lento, de pérdida de valor relativo. Al que se suma una baja del consumo interno y una caída del volumen de las ventas de automóviles que hasta ahora no se ha revertido. Nada, sin embargo, demasiado dramático. Hay una preocupación adicional, sin embargo. La inflación británica se está acelerando. En noviembre fue del 3,1% anualizada.

El “Brexit” será -queda visto- más pesado para los británicos que lo inicialmente supuesto. Por esto hay quienes siguen insistiendo, con pocas probabilidades de éxito, que para los británicos lo mejor sería dar una pronta marcha atrás y permanecer en la Unión Europea. Es demasiado tarde. Pero, pensando en el Atlántico Sur, no es ciertamente lo mismo el diálogo con un interlocutor que nada en la abundancia, que con uno que de pronto tiene estrecheces financieras.

Respecto de Gibraltar, por lo demás, parece claro que ese enclave británico dejará de pertenecer a la Unión Europea desde el 29 de marzo de 2019, sin período de transición en su caso. Y seguramente algo parecido sucederá respecto de la situación de las Islas Malvinas.

Si el Consejo de Europa aprueba lo hasta ahora convenido con Gran Bretaña en la primera fase de las conversaciones de divorcio se pasará a la segunda, relativa a la futura relación comercial entre las partes, cuyo contenido luce por lo menos tan complejo como el de las que se han venido realizando.

Para la notoriamente debilitada Theresa May estará en juego, a cada paso, su propia supervivencia en el cargo que desempeña. No es -para ella- la mejor situación, por cierto.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.