Para avanzar en la desregulación la última esperanza son los votantes,¿y qué hacemos con los políticos y legisladores?

Por Martín Krause. Publicado el 19/9/17 en: http://bazar.ufm.edu/avanzar-la-desregulacion-la-ultima-esperanza-los-votantesy-hacemos-los-politicos-legisladores/

 

La revista Regulation, publicada por el Cato Institute, cumplió 40 años. Con motivo de ello, sus editores, Peter van Doren y Thomas Firey, publican un interesante artículo evaluando ese período en relación al desarrollo de la teoría y las políticas públicas relacionadas con las regulaciones. Aquí van algunos párrafos. El texto completo en: https://object.cato.org/sites/cato.org/files/serials/files/regulation/2017/3/regulation-v40n1-1-updated-2.pdf

“¿Es la educación la única esperanza? / La educación de los futuros políticos puede conducir a una regulación más racional, si no menos reguladora. La profesión legal provee a los jueces que interpretan leyes y regulaciones, así como una fracción saludable de legisladores, reguladores, y su personal. Como resultado de la subida del movimiento de la ley y de la economía en la universidad de Chicago, las facultades permanentes de todas las escuelas de ley de la élite ahora incluyen a economistas. Uno no puede graduarse de una escuela superior de derecho sin tener algún entrenamiento en cómo funcionan los mercados, cuán robustas son sus características de eficiencia y cómo los esfuerzos para regularlas a menudo tienen resultados perversos.

Pero la última y mejor esperanza para la desregulación descansa en las futuras generaciones de votantes. Obtienen los legisladores y las leyes que exigen. Es fácil para los votantes exigir regulación -o acatarla- porque la mayoría de los votantes no entienden sus efectos: precios más altos, impuestos más altos y menos libertad. Los estudiantes de hoy son los votantes del mañana, y debemos fomentar esa comprensión en ellos. Cuanto más se exponen a los conocimientos sobre los beneficios de los mercados libres y los costos de la regulación, y cuanto más ven estas lecciones en sus vidas cotidianas (por ejemplo, Uber, Airbnb, camiones de alimentos, microembruaje y microdestilado) Probablemente votarán por políticos que favorezcan la intervención del gobierno en los mercados, o al menos así lo esperamos.

Sin duda, este esfuerzo educativo está en conflicto con la visión de interés público del gobierno y los mercados que ha sido popular en los campus universitarios y en el público por lo menos durante 100 años. Muchos creen que este punto de vista no puede ser revertido. Pero, ¿qué otra estrategia ofrece más promesa?

Si una mayoría de ciudadanos cree que es bueno y no problemático exigir favores económicos del gobierno, entonces los políticos acomodarán esas demandas. No hay balas mágicas institucionales que puedan detenerlas.

CONCLUSIÓN

La teoría de interés público de la regulación afirma que los mercados a menudo no funcionan bien. Es decir, los mercados supuestamente no son eficientes y los consumidores no reciben una sacudida justa. Bajo esta teoría, la intervención reguladora en los mercados por parte del gobierno, si está diseñada inteligentemente, puede hacer que los mercados sean más eficientes y justos.

Sin embargo, cuando los investigadores comenzaron a investigar las regulaciones del mundo real para medir estos beneficios, estaban desilusionados. Pocos beneficios públicos fueron encontrados, pero hubo un montón de beneficios de interés especial, así como ganancias para los políticos, y un montón de pérdida de peso muerto. Más alentador, los investigadores descubrieron que la mayoría de los mercados regulados no tenían fallas de mercado en primer lugar, y por lo tanto sería más eficiente si se eliminaran las regulaciones. Y para aquellos mercados que tienen fallas, la regulación a menudo no ha mejorado la eficiencia.

En lugar de beneficiar al público, la intervención reguladora generalmente redistribuye de algunas empresas a otras y de algunos consumidores a otras, e impone costos netos en el proceso.

Dado los muchos desafíos económicos a los que se enfrenta Estados Unidos en el siglo XXI, estas redistribuciones pesarán cada vez más sobre el bienestar público.

LECTURAS

■ “A Somewhat Better Connection,” by Robert W. Crandall. Regulation 25:2 (Summer 2002), 22–28.

■ “Banking Approaches the Modern Era,” by Charles W. Calomiris. Regulation 25:2 (Summer 2002), 14–20.

■ Government Failure vs. Market Failure: Microeconomics Policy Research and Government Performance, by Clifford Winston. AEI–Brookings Joint Center for Regulatory Studies, 2006.

■ “Lessons Learned and Forgotten,” by Richard L. Gordon. Regulation 25:2 (Summer 2002), 46–50.

■ “Moving Ahead,” by Thomas Gale Moore. Regulation 25:2 (Spring 2002), 6–13.

■ “Retrospective Review in Four States,” by Stuart Shapiro, Debra BorieHoltz, and Ian Markey. Regulation 39:1 (Spring 2016), 32–35.

■ “The Motivations behind Banking Reform,” by Randall S. Kroszner. Regulation 24:2 (Summer 2001), 36–41.

■ “When Law and Economics Was a Dangerous Subject,” by Nicola Giocoli. Regulation 38:4 (Winter 2015–2016), 32–38.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

Argentina necesita más liberalismo que nunca

Por Iván Carrino. Publicado el 7/10/16 en: http://www.ivancarrino.com/argentina-necesita-mas-liberalismo-que-nunca/

 

El liberalismo es la corriente de pensamiento económico que sacó al mundo de la pobreza. Nada menos. Antes de la Revolución industrial, a principios de 1800, la pobreza en el mundo superaba el 90% de la población. Pero gracias al desarrollo del capitalismo y la globalización, en 2015 este número se redujo 80 puntos, al 10% del total. En poco más de 100 años, la civilización alcanzó un grado de desarrollo que jamás antes había sido posible, con una mayor cantidad de población y mayor esperanza de vida.

A pesar de los agoreros y apocalípticos, Adam Smith se alzó vencedor.

Por el contrario, el intervencionismo, con sus variantes socialistas, desarrollistas y populismos de izquierda y derecha, llevan al fracaso de los países. En su afán de gastar más de lo que se ingresa e hiperregular la economía, siempre termina igual. O con incontrolables niveles de inflación, o con crisis de deuda, o con un sistema productivo colapsado como el caso de la Venezuela actual.

A la luz de los datos, es claro que el camino que debe tomar el país es el de la libertad económica. Además, está visto que los países más libres son los que mejor calidad de vida ofrecen a su población. Las 5 naciones que encabezan el Índice de Desarrollo Humano (Noruega, Australia, Suiza, Dinamarca y Holanda) tienen altos niveles de libertad económica. Respetan los derechos de propiedad, comercian libremente con el mundo, no tienen inflación y no controlan precios destruyendo la rentabilidad de las empresas.

Ahora para alcanzar a estos países, el gobierno de Mauricio Macri necesita ser mucho más agresivo en su compromiso con la libertad de lo que ha sido hasta ahora. ¿Por qué? Porque contamos con un pasado que genera muchas dudas entre los inversores del mundo y los propios argentinos.

Desde la creación del Banco Central en 1935, la inflación anual equivalente fue de 55%, con dos episodios hiperinflacionarios y el cambio de seis signos monetarios. Además, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el país estuvo en situación de default, o de incumplimiento de sus compromisos de deuda, 36 años, el 52% del tiempo transcurrido. Expropiaciones, privatizaciones, re-estatizaciones e impuestazos también han sido protagonistas de nuestra historia reciente, y hoy la presión tributaria alcanza niveles insospechados.

El gobierno de Cambiemos lleva diez meses en el poder. En ese lapso, eliminó de un plumazo el cepo cambiario, quitó la mayor parte de las absurdas retenciones a la exportación, intenta ajustar las atrasadas tarifas de los servicios públicos, bajar la inflación, y reducir gradualmente el déficit fiscal. Como frutilla del postre, organizó en Buenos Aires un Foro de Inversión y Negocios que buscó seducir a los empresarios para que inviertan en el país.

Todo esto es positivo. Pero incluso sumándolo todo, es posible que los inversores nos sigan mirando con desconfianza. Hazte la fama…

Por eso, la única alternativa que nos queda es mostrar un compromiso mucho mayor con los principios básicos de la libertad económica. Los impuestos tienen que bajar drásticamente, y para ello se debe renunciar a mega-proyectos de gasto político. La economía debe desregularse, e innovaciones como Uber deben ser parte de nuestra vida cotidiana, no víctima de reglamentos hechos a la medida de las mafias. El comercio debe abrirse, y de manera unilateral, sin necesidad de negociar “contrapartidas” con otros países.

Abrirse es bueno: nos permite comprar más barato del exterior y a su vez vender más caro. El comercio genera siempre beneficios para las partes que comercian y es totalmente falaz que genere desempleo en términos agregados.

Argentina está frente a una coyuntura histórica. Los ojos de los inversores están puestos sobre nosotros, pero el gobierno teme ser catalogado de liberal o, peor aún, de “neoliberal”.

Así que mi recomendación es sencilla: estimado presidente, libérese de los prejuicios y haga lo que tiene que hacer. En un mundo competitivo como el de hoy, hay que ser doblemente agresivos para captar inversiones. Y ese objetivo solo se conseguirá con más libertad económica, no con mensajes ambiguos y demagogia política.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Contra el Nuevo Ludismo

Por Iván Carrino. Publicado el 29/9/16 en: http://www.ivancarrino.com/contra-el-nuevo-ludismo/

 

El martes por la tarde fui invitado a disertar en el evento “La Libertad en la era de la Innovación, la Tecnología y el Conocimiento”, organizado por la Fundación Atlas. Aquí abajo comparto un resumen de mi presentación.

Buenas tardes a todos,

Gracias por estar acá. Estoy honrado de participar de este encuentro organizado por la Fundación Atlas y por poder hablar frente a tan notables expositores e invitados.

Hace alrededor de 15 años, yo estaba del otro lado del escenario, sentado al lado de mi papá, y presenciando charlas de grandes referentes y pensadores de nuestro tiempo, como Juan Carlos de Pablo, Roberto Cachanosky y Ricardo López Murphy. Son esos eventos que uno no se olvida, y espero que el de hoy tenga el mismo efecto en muchos de los jóvenes que veo aquí presentes (tanto en edad, como en espíritu).

Bueno déjenme comenzar contándoles la profunda frustración que traigo a cuestas. Uno se frustra cuando no puede conseguir un objetivo deseado, y el objetivo que yo estoy persiguiendo es dejar a toda la gente sin trabajo.

Sí, así como escucharon. Al fin un liberal lo dice claro, ¿no? Quiero que todos perdamos nuestro empleo y quedemos en la calle. Por eso favorezco el uso de todas las nuevas tecnologías habidas y por haber. ¡Que vengan ya! ¡Más tecnología, más desempleo!

Uber, Facebook, el email, los autos que se conducen solos, Netflix… ¡Por favor! ¡Vengan ya! Cuando antes, mejor.

Pero, como les decía, estoy frustrado. A pesar de mis esfuerzos, no logro generar desempleo.

Cada vez somos más personas en el mundo, cada vez somos más ricos… ¡Y cada vez hay más gente con trabajo!

Finalmente, decidí reflexionar y ver qué estaba pasando. Después de mucho indagar, llegué a la siguiente conclusión: el método que estoy utilizando es verdaderamente malo.

La paranoia anti-tecnología

La paranoia anti-tecnología se remonta a fines del Siglo XVIII y principios del siglo XIX, cuando Ned Ludd, un mitológico sindicalista británico se hizo famoso por incendiar y destruir las nuevas máquinas que los industriales de la época estaban comenzando a emplear en la producción de tejidos. De su apellido se derivó el adjetivo “ludista”, que engloba al movimiento que rechaza a la tecnología por los efectos que ésta supuestamente tiene en las fuentes de trabajo.

Quien le dio forma y categoría teórica al movimiento fue nada menos que Karl Marx. En 1840, el economista alemán afirmó:

“La maquinaria (…) dondequiera que se implante por primera vez, lanza al arroyo a masas enteras de obreros manuales, y, donde se la perfecciona (…) va desalojando a  los obreros en pequeños pelotones.”

El problema de Marx y del ludismo es que se chocan con los datos.

1.tecnologia

Las personas con trabajo en los Estados Unidos pasaron de ser 31,5 millones en 1939 a 144,6 millones de acuerdo al último dato de 2016. Este número aislado puede no resultar del todo significativo, pero sí lo es la tasa de empleo, que mide el total de personas con trabajo sobre el total de la población. Ese guarismo pasó de 57% en los primeros años de la década del ’50, a 60% según los últimos datos disponibles.

Es decir que hoy hay más empleo, tanto en términos absolutos, como relativos a la cantidad de población.

Pero pasan los años, pasan los datos, y muchos siguen considerando que la innovación tecnológica es un problema.

En un reciente libro, titulado “La segunda era de la maquinaria”, Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee sostienen que:

“El progreso tecnológico va a dejar en el camino a algunas personas, y tal vez a muchas personas, a medida que avance”

En nuestras latitudes, quien muestra una preocupación por estos temas es el economista Eduardo Levy Yeyati, quien sugiere que el avance tecnológico “beneficia a los puestos calificados, y mejor remunerados, a expensas del resto”.

Desde perspectivas moderadas, el foco está puesto en la educación, de manera que las personas puedan aprovecharse de las nuevas tecnologías en lugar de ser desplazadas por ellas.

Desde perspectivas menos moderadas, la reacción es la violencia y el prohibicionismo. El caso más reciente es la decisión del gobierno de la Ciudad de prohibir a Uber, y la de grupos mafiosos de taxistas de emboscar a los choferes de Uber, romperles los autos e incluso incendiárselos.

Persistir en el error

El problema con el nuevo ludismo es que está tan equivocado como el viejo.

En su trabajo “¿Por qué todavía hay tantos empleos?”, David Autor se pregunta cómo es posible que, en un mundo en el que la tecnología avanza a pasos acelerados, y donde cuya función principal es la de “ahorrar trabajo”, no se haya eliminado la mayoría del empleo del mundo.

La respuesta es que, si bien la tecnología puede reemplazar al trabajo, muy a menudo lo complementa y termina aumentando, en lugar de reduciendo, la demanda de trabajadores.

Tomemos el ejemplo de los cajeros automáticos en los Estados Unidos. Cuando se lanzaron en la década del 70, se temía que el trabajo de los “cajeros humanos” se viera amenazado. Sin embargo, eso no sucedió.

El número de cajeros automáticos pasó de 100.000 a 400.000 solo entre 1996 y el año 2010. Sin embargo, el número total de cajeros humanos creció de 500.000 a 550.000 entre 1980 y 2010. Es que, si bien el número de cajeros humanos por sucursal bancaria cayó, los menores costos de operar una sucursal permitieron que se multiplicaran las sucursales, lo que incrementó la demanda de personal.

Otro aporte de Autor es reconocer que, incluso cuando la tecnología sí termine por reemplazar y reducir la demanda de determinados empleos específicos, esto no es equivalente a reducir la demanda agregada de trabajadores.

“A medida que los autos de pasajeros reemplazaron el transporte a sangre y la infinidad de profesiones que sostenían este mercado, explotaron la industria de los moteles y de la comida al paso para servir al público motorizado”

Lo mismo podemos ver hoy. Hasta hace 10 años nadie habría pensado en el boom que tendría la industria de aplicaciones de celular. Sin embargo acabamos de ver el impresionante impacto que tuvo el lanzamiento de la aplicación “Pokemon Go”, que generó a Nintendo USD 15.000 millones.

La tecnología no es una tormenta eléctrica o una invasión extraterrestre, sino la acción humana en acción, pidiendo mejores formas de producir, y más económicas. El beneficio que la gente obtiene de esta innovación se ve reflejado en una caída en los gastos de los bienes que la tecnología abarata. Y es esto lo que les permite mejorar su ingreso real y consumir nuevos bienes y servicios. Esa nueva demanda se satisface con nueva producción, por lo que no hay una caída del nivel de empleo, pero sí un notable incremento del nivel de vida.

La tecnología refleja el deseo del hombre de hacer la vida más fácil. Con su avance, se mejora la calidad de vida de la gente, se curan las enfermedades y se supera la pobreza.

Quienes intentan detener el avance tecnológico en nombre de la protección del trabajador, en el mejor de los casos, sólo postergarán el cambio necesario que algunos trabajadores tendrán que hacer tarde o temprano.

Pero esto no será gratis, sino al prohibitivo costo de frenar, nada más y nada menos, que el progreso de la humanidad.

La charla completa puede verse en formato PDF en este link.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La mentalidad fascista: un caso práctico

Por Gabriel Boragina. Publicado el 2/4/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/04/la-mentalidad-fascista-un-caso-practico.html

 

Parece curioso que -hoy en día- se manifiesten actitudes fascistas en personas que no sólo no se consideran tales, sino que hasta se indignan sobremanera cuando se les señala que sus argumentaciones son enteramente fascistas, y contestan muy ofuscadas estar en contra del fascismo. Hoy podemos presentar un caso práctico de lo que estamos queriendo significar con estas palabras.
La llegada de Uber a la Argentina y los debates que se han generado en torno a este tema revelan cuán grande es la mentalidad fascista que subyace dentro de una mayoría de los argentinos. Y no es solamente en relación específicamente a Uber y la controversia que ha creado su llegada a la Argentina, sino también se denota en otras áreas.
Uno de los rasgos más característicos de la mentalidad fascista es su aversión a la competencia. Un competidor que pueda ofrecer un servicio de mayor o mejor calidad (o ambas cosas a la vez) y a un costo más bajo, es visto como una “amenaza” por sus pares.
Ahora bien, esta cualidad tiene su explicación (aunque no justificación) en contextos de mercados artificialmente cerrados, ya sea en forma total o parcial, por medio de regulaciones estatales de toda índole, pero con especial relevancia en las fiscales que -por definición- acotan el campo de acción de cualquier actividad que se encuentre sometida a los tributos aplicables en cuestión. Dentro de esta regulación, incluimos la obligatoriedad de contar con patentes, licencias, matriculas, registros, autorizaciones, permisos, etc. de todo orden, provistas forzosamente por parte de una autoridad estatal, sea estanacional, provincial o municipal.
A medida que la regulación de un determinado sector de la economía crece, el campo de trabajo de tal ámbito se va disminuyendo en idéntica proporción. De la misma manera que, si queremos introducir 1 litro de agua en un envase que sólo admite medio litro, tendremos que reducir -en tal caso- el litro de agua a solamente medio litro, desperdiciando la otra mitad, que se perderá para poder contener el agua restante PERMITIDA en el envase que disponemos. En nuestra analogía, el “envase” es el medio donde los intercambios voluntarios y pacíficos entre las personas se llevan a cabo, lo que denominamos con el término genérico de “mercados”. Y el “agua” son los negocios que la gente podrá realizar.
Regular, siempre implica oprimir, constreñir, achicar, compeler. Porque cualquier clase de regulación involucrará cada vez un menor tamaño de ese envase. Lo que -en otros términos- se traducirá en mercados cada vez más pequeños, menor actividad, baja del nivel de vida, pobreza y así por el estilo.
En el caso puntual de Uber, la mayor parte de las opiniones se inclinan a favor de los taxistas y en contra de Uber. Entre los que están en contra, se destacan dos grupos bien definidos: los que apoyan la prohibición completa del sistema dentro del mercado argentino, y los que están a favor de permitirlo, pero con las mismas o mayores regulaciones actuales que tienen los taxistas. Son muy pocos los que promueven la única y verdadera solución a este aparentemente problema que encontramos. Y que es la de desregular el mercado de transporte en general, es decir, no sólo el de los taxímetros sino el del resto del transporte público y privado.
Paralelamente, existe mucha ignorancia entre la gente que es usuaria del transporte público, y que cree que cuanto más regulados son los mercados estos se vuelven más “seguros” o “legales”. El que el estado-nación otorgue una licencia opatente de corso para tal o cual trabajo, no lo torna per se en mas “seguro” o “confiable”. Si así fuera, no existiría ningún caso de mala praxis entre los profesionales matriculados de las distintas disciplinas en que se exige legalmente tal requisito. Y todos sabemos que estos abundan. De la misma manera que, una híperregulación del transporte no ha evitado -ni aun en los casos en que el trasporte ha sido totalmente público, mejor dicho, completamente estatal- los accidentes de tránsito. Por el contrario, cualquier estadística demuestra que, a mayor regulación mayor cantidad de accidentes.
Es que la habilidad o pericia de un profesional, su idoneidad y/o experticia en cualquier campo del saber o del hacer, no va de la mano de la posesión de su respectiva matricula, registro o licencia estatal para la faena que desarrolla o el campo en el cual se desempeña. Tampoco depende de la cantidad de gravámenes en los cuales se encuentre inscripto y que puntualmente le pague al fisco. De ningún modo. Es el respaldo de una pasada o actual clientela satisfecha por haber recibido sus buenos servicios o productos la que lo avala, y ninguna matricula, licencia, patente ni registro otorgado por un gobierno o por un determinado funcionario que nunca fue su cliente y -por ende- no puede evaluar ni calificar ni su capacidad ni suaptitud para la profesión o tarea que va a “habilitar”. Únicamente el cliente complacido puede acreditar el talento de un profesional, técnico, operario, trabajador, etc.
Si algún taxista determinado o un conjunto de ellos estima que el sistema de Uber “quitará ganancias” a los taxis y las “transferirá” a los chóferes de Uber, nada le impide -en tal suposición- abandonar el sistema tradicional del servicio taxímetro y pasarse al de Uber. Y si esta solución también se rechaza, entonces estamos ante un flagrante caso de defensa de un monopolio gremial y sindical fascista como lo son -indefectiblemente- todos los monopolios creados mediante legislación fiscal o cualquier otra cuyos fines expresos o implícitos sean mermar o suprimir la competencia en este o aquel ramo de la industria o el comercio. Y, lamentablemente, este tipo de legislación es la que rebosa en la Argentina.
En otras palabras, la mentalidad fascista nos invita a comprimirnos, achicarnos, agrandar los monopolios existentes y defender las leyes expoliatorias en las que todo este armado de restricciones y regulaciones se sustenta y edifica. La consigna pareciera ser suprimir la libre y total competencia a toda costa y ultranza.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

SIN EMPRENDEDORES NO HAY VIDA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Nos estamos refiriendo, claro está, a quienes emprenden actividades que apuntan a satisfacer necesidades de sus congéneres. No es esto por pura filantropía sino en interés personal cuando se opera en una sociedad abierta: al resolver los problemas de los demás, en el mercado libre, esto se recompensa con la contrapartida que entregan las personas al ver sus deseos resueltos ya se trate de la compraventa de bienes o de servicios.

 

Este proceso ha sido originalmente explicado por destacados miembros de la Escuela Escocesa del siglo xviii y elaborados a través de otras contribuciones de peso. No se trata de fabricar “un hombre nuevo” vía el uso de la violencia de los aparatos estatales. Ya hay bastante experiencia de la miseria y las muertes que estos experimentos han  creado. Se trata de estudiar la naturaleza humana y comprobar que todos actuamos en nuestro interés personal (lo cual incluye la caridad que es bienvenida y los actos criminales que deben ser combatidos). De este modo es que en un clima de libertad cada uno al satisfacer las necesidades de su prójimo, como queda dicho, se beneficia a si mismo con el producto de la transacción siempre pacífica y voluntaria, mientras  el emprendedor está atento a los cambios de preferencias al efecto de dar en la tecla.

 

Nada garantiza el éxito del emprendedor ya que sus conjeturas sobre lo que aprecian otros pueden estar erradas. De este modo, quien acierta obtiene ganancias y quien yerra incurre en quebrantos. El cuadro de resultados marca el camino, lo cual se diferencia radicalmente de los prebendarios que solo se ocupan de acercarse al poder político para obtener un privilegio en desmedro de los consumidores que deben pagar precios más elevados, obtener calidades inferiores o ambas cosas a la vez.

 

Gracias a los emprendedores, la civilización cuenta con agua potable, con alimentos, con medicinas, con medios de transporte, con diques y represas, con libros, teatro, vestimenta, equipos, mobiliario y todo lo que atiende las necesidades básicas y las culturales y de confort. Nada hay sin el emprendedor desde al arco y la flecha hasta nuestro días y todo esto a pesar de las regulaciones absurdas y las cargas fiscales de los gobiernos que habitualmente no se limitan a proteger derechos sino a lesionarlos y atropellarlos, estrangulando libertades que son anteriores y superiores a la existencia misma de las estructuras gubernamentales.

 

Desde luego que el emprendedor no se limita al ofrecimiento de activos materiales, por ejemplo, quienes inician nuevos programas educativos son también emprendedores y, más aun, son de una categoría de la cual dependen los emprendedores de lo crematístico-material puesto que, entre otras cosas, facilitan la existencia de valores y principios que hacen posible el surgimiento de aquellos. Por supuesto que lo dicho también incluye a emprendedores que no se caracterizan por contar con activos físicos de gran valor como es el caso hoy de Facebook y Mercado Libre que reportan suculentas facturaciones por el hecho de ofrecer lugares cibernéticos de reunión y más recientemente el establecimiento de UBER, y es también el caso que mencionaremos enseguida en el que su mayor activo se encuentra de las cejas para arriba.

 

En cualquier caso,  el emprendedor está siempre al acecho de oportunidades, más técnicamente expresado está atento a lo que estima son costos subvaluados en términos de los precios finales para sacar partida del arbitraje correspondiente en el sentido más lato de la expresión.

 

En esta nota periodística quiero ejemplificar el caso del emprendedor con Federico Tessore a quien le solicité una entrevista para obtener datos de su emprendimiento que se concretó en Inversor Global.

 

Empiezo por el final, es decir, lo que es hoy Inversor Global, un emprendimiento que se basa en asesoramiento de inversiones y descripción de las diversas situaciones básicamente económicas de diferentes regiones y oportunidades. Es decir, trasmisión de conocimiento. Un análisis coyuntural con un notable anclaje en los fundamentos éticos, económicos y jurídicos del liberalismo.

 

Con su casa matriz en Miami, Inversor Global tiene representaciones en Santiago, Buenos Aires y Madrid. Organiza también eventos internacionales donde se exponen las visiones de los oradores, también con una adecuada mezcla de coyuntura y propuestas de fondo. Con esta oferta Inversos Global es sumamente rentable. Todo comenzó de la nada como son estos emprendimientos, todo comenzó en la cabeza de Federico Tessore, con un sueño que hizo realidad y ahora cuenta con un sesudo equipo de profesionales que lo secundan con gran eficiencia y rigor.

 

Tessore es el Director Ejecutivo de Inversor Global que resultó en la empresa de publicaciones de finanzas personales más importante del mundo hispanoparlante. Sus informes semanales son actualmente leídos por cientos de miles de inversores en todo el mundo.

 

Federico es argentino nacido en Buenos Aires en 1975. Comenzó trabajando en la sociedad de Bolsa Capital Markets Argentina y luego lo hizo en la filial argentina del Citibank como asesor de inversiones y, finalmente, en 2002 fundó Inversor Global. Es egresado en administración de empresas y realizó estudios complementarios en la Universidad Católica Argentina y la Universidad de New York.

 

Entre otras cosas, Federico nos dijo en el aludido reportaje que “Los ingresos de Inversor Global provienen en un 100% de la venta de suscripciones a sus servicios de análisis, capacitación y recomendaciones de inversión. La empresa no recibe ingresos por publicidad ni por comisiones. Esto es muy importante ya que asegura la independencia total de Inversor Global. A diferencias de otras empresas de comunicación, Inversor Global no recibe ni quiere recibir ingresos del estado ni de las empresas. Esto asegura que nuestros intereses sean los mismos que los de nuestros lectores. Los lectores pagan por nuestro contenido que los ayuda a entender mejor la realidad y a tomar decisiones económicas más eficientes. Además todos tienen la posibilidad de probar nuestro servicio en forma gratuita durante 90 días. Es decir, solo queremos venderle nuestro asesoramiento a gente que lo valora.”

 

También subrayó que “Hoy Inversor Global cuenta con una base de 70.000 lectores pagos a los diversos servicios que ofrecemos y 700.000 lectores gratuitos que leen nuestros newsletters diarios donde acercamos nuestra interpretación de la actualidad económica. Tenemos suscriptores en todo el mundo de habla hispana. Inversor Global emplea a 100 personas en forma directa y a unas 50 en forma indirecta. Nuestro equipo esta compuesto por economistas, contadores, periodistas, politólogos y diversos profesionales que ayudan a producir los informes, cursos y servicios de recomendación que ofrecemos a nuestros lectores”.

 

A raíz de una de nuestras preguntas, afirmó que “Uno de los emprendimientos anexos que surgieron a partir de Inversor Global es el Club de Inversores Ángeles. Este club que armamos  ocho años atrás tiene como misión unir a inversores con emprendedores. Todo emprendedor necesita capital para lanzar su idea. Y los inversores están muy interesados en invertir en buenas ideas a cambio de acciones en estos proyectos. Por lo tanto,  la expectativa es lograr rentabilidad adicional gracias a la innovación de los emprendedores. Desde su nacimiento a través del Club hemos invertido más de 10 millones de dólares en más de 40 emprendimientos en la Argentina y el resto del mundo. Por supuesto de estas 40 empresas no necesariamente van a sobrevivir en el tiempo, pero esperamos que mas de la mitad no solo se mantenga sino que además se conviertan en empresas medianas con el potencial de brindar ganancias a los inversores que invirtieron en estas empresas y asumieron el correspondiente riesgo”.

 

Como todos los sueños y proyectos, no todo es color de rosa. Así Tessore nos informa que “el camino emprendido no fue un camino sin obstáculos y problemas. Desde la creación de Inversor Global en el año 2004 estuvimos a punto de quebrar dos veces y cambiamos nuestro modelo de negocio tres veces. En el año 2012 nos asociamos con el grupo internacional Agora Inc [comandado por Bill  Bonner] y de esta forma no solo pudimos cerrar un excelente negocio para los inversores iniciales que habían confiado en nuestro proyecto, sino que además pudimos consolidar el necesario crecimiento.”

 

Esta historia muy telegráficamente contada, representa la historia de un gran innovador, es la historia de muchos emprendedores que no se dan por vencidos frente a contrariedades y ponen de manifiesto disciplina y perseverancia en sus objetivos y revelan gran cintura y reflejos para cambiar lo que haya que cambiar (y, a veces, abandonar el cometido cuando se percatan de que el recorrido no da en la tecla con las necesidades de su prójimo).

 

En todo caso este es el resultado del sistema liberal en la medida en que se lo deja funcionar sin los entrometimientos insolentes del Leviatán que siempre bloquea y entorpece mucho de lo que no sale a luz debido al tristemente célebre intervencionismo estatal piloteado por megalómenos enceguecidos por su arrogancia que,  al no permitir el proceso de coordinación de información dispersa y fraccionada entre millones de personas,  concentran ignorancia con los consabidos desajustes superlativos.

 

Herbert Spencer en su obra titulada El exceso de legislación apunta con énfasis lo mucho que la sociedad le debe a los emprendedores y los daños colosales que llevan a cabo gobiernos habitualmente descarriados que no son generadores de riqueza sino que siempre  la succionan  de la gente. Juan Bautista Alberdi, en sus Obras completas recoge ese pensamiento spenceriano para llegar a las mismas conclusiones que alarman a este pensador que siempre basó sus reflexiones en la siguiente consideración que también estampa en sus escritos, “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra” (al margen digo que este pensamiento lo tengo grabado en mi casa como resumen de su prédica, junto con una esfinge del mismo Alberdi que me regaló un ex alumno al que aprovecho para mencionar en la esperanza de localizarlo: Fernando López Imizcoz, al efecto de contarle el uso que le di a su obsequio). Spencer y Alberdi señalan lo paradójico que resulta que todo lo que dispone la humanidad se debe a la creatividad empresaria y, sin embargo, las plazas y las calles están generalmente tapizadas con los nombres de quienes habitualmente ponen palos en la rueda: politicastros de diverso signo y especie.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.