Y ahora son liberales, vaya, por Dios

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 21/6/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/y-ahora-son-liberales-vaya-por-dios/

 

Carlos Alsina, con manifiesta intención provocadora, me dijo ayer que los de Podemos son liberales, según Íñigo Errejón. Veamos lo que les respondió a Daniel Basteiro y Alberto Lardiés en El Español.

Primero, la ambigüedad calculada. Los políticos se acuerdan del liberalismo en campaña electoral, como hizo Zapatero, que sostuvo que era liberal, y al que tampoco creí («Cual torna la cigüeña al campanario», Expansión, 13 noviembre 2000). El PP también ha coqueteado con el liberalismo, cuando le ha convenido, pero siempre lo ha reivindicado a la vez que reivindicaba lo contrario, eludiendo la contradicción mediante el viejo truco de aclarar, como los socialistas, que ellos son liberales pero no extremistas, claro que no.

En terreno parecido se mueven los de Podemos. Errejón divagó sobre la “transversalidad” donde caben multitudes, porque la “frontera en España pasa hoy por la regeneración democrática y la protección de los derechos sociales o un modelo económico que no deje a la mitad del país atrás. En torno a esa frontera hay una mayoría popular nueva, con gentes que se identifican con etiquetas muy diferentes”.

Basteiro y Lardiés, lógicamente insatisfechos ante semejante humareda populista, le repreguntaron si los liberales pueden votar a Podemos, en especial tras su pacto con los comunistas. Atención a la respuesta: “Creo que sí porque en primer lugar están de acuerdo con nosotros en la soberanía nacional, que hoy está en peligro, pero no por cuestiones territoriales o por el cambio político. Está en peligro porque se reconoce que nos gobiernan señores que no hemos elegido y que son capaces de decirles a nuestros gobernantes electos lo que pueden hacer y lo que no.”

Ningún liberal ha incurrido en esta paranoia que comparten marxistas y fascistas de que estamos gobernados por malvados capitalistas. Sabemos que quienes nos arrebatan la libertad y la propiedad no son Amancio Ortega ni Bill Gates, sino los políticos.

Distingue don Íñigo a los liberales buenos de los malísimos que “quieren recortar las pensiones porque tienen un plan de pensiones privado”. Ningún liberal quiere recortar las pensiones: los populistas lo hacen, como sus amigos griegos. Los liberales queremos que los pensionistas, y no los políticos, sean los propietarios de sus pensiones. Y eso, que es la libertad, es lo que Podemos odia. Y por eso ha pactado con los comunistas la supresión de la desgravación de los planes privados de pensiones en el IRPF, es decir, ha pactado subirles los impuestos a millones de trabajadores españoles. Mienten, por tanto, los de Podemos cuando aseguran que el delirante plan de aumento del gasto público que han acordado con IU se financiará persiguiendo sólo a los superricos.

Eso sí, aunque en Podemos mienten como los demás políticos, también pueden ser muy divertidos. Errejón dice que, como “el liberalismo protege la separación de poderes”, entonces los liberales podríamos votar a Podemos. No me dirá usted que no tiene gracia.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

El inevitable final de los populismos

Por Eduardo Filgueira Lima.  Publicado el 27/1/14 en http://www.cepoliticosysociales-efl.blogspot.com.ar/2014/01/el-inevitable-final-de-los-populismos.html

Hemos comenzado un nuevo año con primer mes en el que nuestro país ha sido sacudido por una serie de acontecimientos políticos y económicos que eran predecibles desde fines del 2013.
Nuestros colaboradores y otros artículos incluidos en nuestras páginas – así como diversos medios del país y el exterior – nos advertían de las difíciles circunstancias a las que nos acercábamos y que en este Enero se han plasmado en hechos que obligaron al gobierno a tomar medidas desesperadas para evitar caer en una crisis que parece ya inevitable.
Por un lado – y seguramente solo una estrategia – la Sra. Presidente se mantuvo 40 días “ausente” de toda exposición pública, (desde el último 10 de Diciembre de 2013), aún a sabiendas de la difícil pendiente por la que las políticas populistas “K” nos han conducido. Solo pretendió el pasado 22 de Enero recuperar algo de su liderazgo desdibujado, en una exposición de 40 minutos, anunciando un plan de “subsidios para que los jóvenes de entre 18 y 24 años – los conocidos “ni-ni” – puedan estudiar.
El Plan PROGRESAR desnuda el estrepitoso fracaso de las políticas “inclusivas” – de educación y laborales – que han llevado adelante los 10 años de gobiernos “K” y repite viejas recetas y vicios de la política (la crisis educativa argentina requiere soluciones más comprometidas y de fondo en las políticas públicas que un simple subsidio), por otra parte insuficiente, por lo que debe suponerse solo discursivo.
Pero en su discurso eludió todos los demás problemas que nos aquejan como si no fueran de su responsabilidad,.. ni de su conocimiento. Solo el Jefe de Gabinete y/o el Ministro de Economía, que han dado sobradas muestras de su ineptitud intentan anunciar medidas de coyuntura.
Que la Sra. Presidente desconoce los temas económicos no debe quedarnos ninguna duda,.. pero un presidente no tiene porqué saberlo todo. De hecho solo se deben reconocer las propias limitaciones y saber rodearse de un equipo idóneo que pueda acercarle las soluciones más adecuadas. De otra forma con  cada medida que se toma, cada vez nos acercamos más al precipicio.
Y lo anterior no tiene la intención de desestabilizar, recrear el pánico o tener alguna idea conspirativa. Ya el común de la gente sufre en carne propia y día a día las consecuencias en su bolsillo, de lo que las políticas económicas populistas producen.
Porque este gobierno a la par de cercenar las libertades, cada vez que las cosas no le salen como espera, inventa enemigos de la justa causa que se supone defiende, como una gesta revolucionaria y son esos supuestos enemigos los gestores de su fracaso.
Por eso se debe luchar contra ellos, se los debe denostar, agredir, coaccionar,.. etc. y esto hizo la Sra. Presidente en su último discurso, lo que es a su vez una muestra más y el reconocimiento implícito del fracaso, la imposibilidad de cambiar aunque sea los modos y la declinación inevitable del mentado “modelo”.
Los problemas no son nuevos. Los argentinos sabemos ya de reiterados fracasos de las políticas de este tipo,.. porque de una u otra manera el procedimiento es siempre el mismo:
     Ø  Los políticos para acceder al poder necesitan votos y para ello deben prometer y convencer o efectuar alianzas – como la “transversalidad” – que les permitan llegar.
     Ø  Luego en el gobierno se encuentran ante dos disyuntivas: o generan políticas de crecimiento y desarrollo a “largo plazo” (lo que requiere enormes esfuerzos de capitalización) cuyos resultados tal vez no vean y sean tardíos a sus fines personales, o se preocupan más por el “corto plazo” intentando tapar con parches circunstanciales, las perspectivas de desarrollo mediante subsidios a sus socios y a los más postergados.
     Ø  Finalmente siempre optan por esta última opción que es la que más rédito les genera, aunque signifique un impedimento al desarrollo: una merma en la producción (es decir: que no se produce tanto como potencialmente se podría) y un incremento progresivo del gasto público.
     Ø  El estado – colonizado progresivamente por los gobernantes y sus adláteres – crece de manera gigantesca y para alimentarse recurre a las variadas fuentes de recursos de los que dispone: los impuestos (hasta que ahogan a la actividad productiva) – nuestro país es uno de los que hoy tiene mayor carga impositiva – o las expropiaciones y confiscaciones de empresas (AFJP, AA, YPF, etc.), venta de servicios, y finalmente la grotesca emisión monetaria que erosiona el valor de la moneda.
     Ø  Pero por otra parte necesita mantener el equilibrio fiscal que obviamente se sustenta en gastar lo justo y recaudar lo necesario,.. a la larga los gobiernos populistas terminan en invertir la ecuación y gastan más de lo que deben: la cuestión es generar una falsa sensación de bienestar,.. beneficia bien a los socios, mal a la gran  mayoría,.. y el déficit generado lo pagamos todos.
      Ø  El pensamiento “mercantilista” (de los Siglos XVI, XVII y XVIII), tiene gran predicamento entre los políticos y la población en general. Tanto como las teorías de Singer-Prebich  y el consabido “vivir con lo nuestro” y sustituir importaciones. Es más fácil pensar lo que esas teorías suponen, que comprender que hoy no es posible generar riqueza y producir sin importar. Esto es decir que: para exportar más necesitamos importar más. El cepo a las importaciones impone restricciones severas a la generación de bienes por nuestra parte.
     Ø  Finalmente la política monetaria: el BC se convierte en un financiador imprescindible de un estado elefantiásico e ineficiente mediante la emisión monetaria. Sin excluir las “otras cajas” a las que el gobierno echará mano sin miramientos hasta agotarlas. Este mecanismo de exceso en la emisión monetaria (más allá de la demanda de dinero), así como el mal manejo del crédito (que induce de manera implícita un incremento de la masa monetaria), son los factores que generan una inflación incremental.
      Ø  Todos percibimos la pérdida de nuestro poder adquisitivo y tratamos de refugiar nuestros activos en una moneda “dura”. Los argentinos ya conocemos el “camino del dólar”.
La inflación no es el aumento indiscriminado de precios como le gente la define en general. La inflación es la pérdida del valor de la moneda, que se traduce en que para conseguir la misma cantidad de bienes cada vez es necesaria mayor cantidad de dinero. La inflación es el impuesto más perverso pues deteriora los salarios, genera desconfianza e incertidumbre y sus efectos – si bien los pagamos todos – los pagan en mayor medida quienes se encuentran en peores condiciones.
La paradoja es que lo anterior quiere decir que: las políticas que instaura el gobierno terminan por perjudicar más a quienes dice querer “incluir”.
Y este ciclo de una u otra forma es generado por las políticas de gobierno que – por intervencionistas – desnaturalizan las reglas del mercado el que termina por imponerle “sus” límites a la política, de una manera dolorosa para quienes inadvertidos han depositado siempre renovadas esperanzas en el gobierno de turno.
Se trata de gobiernos que se aferran a una visión anacrónica y limitada de la política. Que ideológicamente siguen atados a falsos nacionalismos colectivistas, a pensar de manera simplista las variables económicas, a identificar enemigos internos y externos cuando las posiciones son distintas, a creer que el trasfondo de nuestros males está en el mercado y en el aprovechamiento de sus beneficios por parte de (lo que llaman) la oligarquía y los imperialismos.
Así como sus métodos nos conducen a aislarnos cada vez más del mundo, con sus graves consecuencias, intervenir cada vez más en la economía y en la vida política: silenciando voces críticas,.. promoviendo una justicia adicta, (aunque sea alquilada), sin  mencionar la corrupción que tiñe todos los actos y se convierte en una constante.
Todo lo anterior desmerece a la política y deja a los ciudadanos a merced de caprichosas decisiones, sumiéndolos en la desconfianza y la desesperanza.
Los problemas que heredamos son demasiados y no finalizan hoy, ni en el escueto listado que he hecho. Todavía faltan por encarar muchos problemas para los que el gobierno parece tener “recetas hechas”, aunque el rumbo errático parece demostrar lo contrario:
Ø  El control de la inflación que se estima mayor al 30%
Ø  Las deudas de las provincias en un contexto de Nación federal con un medio centralizado de manejo de los recursos (el 75% queda en el gobierno central), lo que le permite someter y disciplinar gobernadores, que ya sienten el peso de su gasto (y deudas que alcanzan los u$s 1.720 millones)
Ø  Un acuerdo de precios que será insostenible (los argentinos tenemos suficiente experiencia de los fracasos a los que estas medidas conducen), sino se logra estabilizar el precio del dólar, cuya inevitable consecuencia es el desabastecimiento.
Ø  El precio del dólar del que no se conoce su próxima evolución, las especulaciones son muchas y que lo anunciado – una limitación del cepo a la compra como reserva de valor – pienso que tendrá poco efecto sobre su demanda, en particular por las limitaciones que impondrá la AFIP.
Ø  Las reservas del BCRA, que en picada se han desplomado hasta perforar la barrera de los u$s 30.000 millones, con lo que se supone una marcada disminución en su potencialidad para influir en el mercado del dólar, así como para pagar con reservas las deudas pendientes.
Ø  Las dificultades que – dados nuestros antecedentes y la desconfianza que hemos generado – tendremos para acceder al mercado internacional de capitales, necesarios para lograr inversiones productivas en el país.
Ø  La inevitable puja salarial que se avecina: ¿podrán convencer a los asalariados que deben moderar sus reclamos y absorber mayor parte aún del deterioro que la inflación produjo en sus salarios?,.. ¿Se desconoce acaso que el 30% de la población vive en condiciones de pobreza y que el salario para sostener una canasta básica supera hoy los $ 6.000 por mes?
Ø  La crisis energética que nos insume importaciones por valor de u$s 14.000 millones para este año, si se quiere mantener la actividad industrial y la provisión regular de servicios.
Se trata de solo unos pocos de los problemas que debemos enfrentar y todo ello sin ingresar en las consecuencias sociales como el deterioro de la calidad educativa, de la salud y de muchas otras políticas públicas.
Probablemente el deterioro social e institucional sea el problema más grave y que nos llevará muchos años reconstruir.
En el año 2010 la Sra. Presidente dijo: ”…quienes quieran especular con otra devaluación y hacer extraordinarias ganancias con ello, deberán esperar otro gobierno,..” Y también agregó ya en 2011: “… nuestro gobierno jamás recurrirá a un ajuste para equilibrar,…”
En realidad la Sra. Presidente se anticipaba a lo que hoy estamos viviendo: la hora del ajuste.
Tal vez intuía el derrotero inevitable de sus políticas y de la impericia de sus funcionarios. Tal vez, como la mayoría de las veces – y como casi todos nuestros gobernantes – prefirió inclinarse por políticas cortoplacistas que hacen más a sus intereses políticos personales que a la promoción de un país desarrollado.
De cualquier manera que sea, hoy deben contenerse las variables que nos conducen al descalabro y en particular el gasto público, pero en cualquier caso no se tratará de “sintonía fina”,.. sino lisa y llanamente de un ajuste que unos pagarán más que otros, pero que nos afectará a todos.
El problema radica en analizar “cuáles son las variables que el gobierno prefiere” ajustar y cuales menos: ¿serán los salarios,.. o los subsidios a las empresas,.. o emitirá más aún,…o….?
Sin dudas estamos atados a sus “preferencias”, que se declaman progresistas pero si se mantienen en el mismo derrotero seguramente nos sumirán cada vez más en el estancamiento y el deterioro de nuestra sociedad.
La década “K” ha generado incertidumbre, impuesto un promocionado “modelo”, perseguido a sus detractores y críticos, colonizado el estado como botín de guerra y emitido dinero sin respaldo para financiarse.
Además aunque los funcionarios leen la situación – y la sociedad se los ha dicho en las últimas elecciones – se enredan en un diagnóstico errado: ¿Por qué habríamos de pensar que “sus preferencias” serán las acertadas para generar un país mejor?
Nosotros debemos hacerlo según nuestras propias convicciones y sabemos que del intercambio surgirán nuevas propuestas y oportunidades, por ello los invito a continuar el trabajo pendiente en este nuevo año 2014.

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

El Gobierno derrotado por Cristina

Por Gabriela Pousa. Publicado el 12/8/13 en http://www.perspectivaspoliticas.info/el-gobierno-derrotado-por-cristina/

Es sabido que cuando de elecciones se trata abundan análisis, la mayoría de los cuales no explican nada. Y es que la explicación al resultado de un comicio, muchas veces es tan obvia y sencilla que no requiere exegetas de lo inefable, ni traductores de aquello que surge a simple vista, y este caso es un ejemplo concreto.

Los números hablan por sí mismos, sitúan en un orden cronológico a unos y otros sin margen para confundir quién está primero y quién segundo. Así pues, es en la brecha entre los porcentajes obtenidos, y en la motivación del voto donde posiblemente se halle algún dato que enmarque lo sucedido. Vamos pues por esas pequeñas-grandes diferencias que en la vida, y aquí también en consecuencia, marcan las diferencias.

Hay una realidad inexpugnable: el kirchnerismo no necesitaba competir con nadie en especial para advertir su debacle. Dejando a todos los actores de las PASO de lado, basta contrarrestar los resultados obtenidos por el gobierno el pasado domingo con los del año 2011 para darse cuenta que confundieron el camino.

En el trayecto perdieron más de la mitad de las adhesiones. Aquel 54% que se convirtiera luego en bandera de la Presidente, hoy se reduce a un mísero 26%.

La democracia limitada al concepto de mayoría absoluta queda de ese modo finiquitada. En lo sucesivo habrá que hablar de un régimen de mayorías relativas. De allí que la interpretación que hiciese la jefe de Estado tras conocerse el escrutinio sólo pueda enmarcarse dentro del realismo mágico del relato. Si alguno esperaba de la mandataria otra reacción frente al fracaso es porque ha vivido alejado de lo sucedido en el país en los últimos 10 años.

Cuando de política se trata es conveniente diferenciar entre la teoría y la práctica. En teoría perdió el Frente para la Victoria, en la práctica perdió Cristina. ¿En qué se sustenta lo dicho? No es difícil descubrirlo. En primer lugar, fue la mismísima Presidente quien instaló las elecciones primarias como un plebiscito de su gestión al frente del Ejecutivo.

En segundo término, quien ganó la provincia de Buenos Aires dejando al descubierto la magnitud del fracaso oficialista fue ni más ni menos que Sergio Massa, un hombre salido de sus entrañas.

Pero el nombre “Sergio Massa” todavía no dice nada. El mismo caudal electoral podría haber tenido Martín Insaurralde de estar en su lugar, es decir articulando su futuro político con empresarios, sindicatos y otras intendencias en lugar de hacerlo con la Presidente. Y es que tampoco fue nadie a votar en contra de Martín Insaurralde, un mero actor de reparto en esta película cuyo única protagonista es Cristina. Muy por el contrario, nadie se atrevería a negar que sí ha habido votos en contra de aquella.

Con esto está claro que el rechazo no fue predominante hacia un estereotipo como lo es el FPV, sino hacia la jefa o directora del mismo. De hecho, en el búnker del intendente de Tigre, se observaban varias caras que hasta no hace mucho fueron indiscutibles marcas registradas de aquel entuerto nacido al amparo de una transversalidad fallida o tal vez fallada…

Uno de los primeros en presentarse ante las cámaras y comentar resultados fue Alberto Fernández quien se refirió al triunfo de su ex sucesor al frente de la jefatura de ministros, como un logro “nuestro”. Por un momento parece que en su afán de ir por todo, el kirchnerismo fue también por la derrota de Cristina. Es decir, se ganó a sí mismo…

A ese contexto, suma el exabrupto de Malena Galmarini, el no saludo de un militante a Mauricio Macri, el asalto a la casa de los Massa, y demás chicanas que signaron la campaña. Todo ello no hizo más que mostrar la debilidad de una fuerza vencida por la soberbia y la cerrazón a una realidad que siempre se mostró preclara.

Cristina tuvo a su favor los cacerolazos y movilizaciones del 13 de septiembre, del 8 de noviembre y del 18 de abril pero optó por hacer caso omiso a todos ellos y mantenerse en el paralelismo de un país creado por y para si misma. No quiso escuchar y terminó auto derrotándose.

Esta lectura no pretende quitar méritos a los partidos y fuerzas que obtuvieron triunfos en la última contienda sino que busca poner en evidencia el brutal poder de auto boicot que signó al oficialismo desde el momento en que decidió desconocer su impericia para la gestión, y convertir a todos y cada uno en culpables, conspiradores y agoreros de males.

¿Por qué atribuirle a la Presidente el mayor porcentaje de la derrota? Por la simple razón de que es muy difícil diferenciar cierta intencionalidad a la hora de votar, por ejemplo, a Sergio Massa o a Francisco De Narváez, a Martín Louteau o a Alfonso Prat Gay entre otros. Justamente, el desafío de los vencedores radica en mantener o incluso aumentar sus caudales electorales en Octubre próximo para tener chances de entrar a jugar en el poder legislativo nacional.

Los pases y las alianzas serán de ahora en más quienes han de demostrar hasta qué punto se ha entendido el mensaje de la sociedad.

La población no ha ido mayoritariamente a votar una alternativa precisa a Cristina sino que ha manifestado su rechazo a la misma. Ella situó a gran parte de la ciudadanía en la vereda de enfrente, ella la señaló como adversario y la subió al ring sin preguntarle.

Ni el radicalismo, ni el PRO, ni UNEN ni ninguna de las demás propuestas han alcanzado porcentajes que las tornan exclusivas. Por el contrario, todos ellos son inclusivos de un voto que le dio la espalda a la mentira sistemática, a la afrenta como metodología, a la concepción bélica de la política.

Antes de terminar, vale destacar una de las tantas paradojas que arroja una elección. Y es que hay realidades y hay símbolos, y estos últimos hablan por sí mismos. Ejemplo de ello es un tuit del radical Eduardo Costa, a través del cual invita a festejar su victoria electoral en la provincia de Santa Cruz.

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.