Scruton y la izquierda

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 13/6/21 en: https://www.elcato.org/scruton-y-la-izquierda

Carlos Rodríguez Braun reseña la nueva edición del libro del pensador británico Roger Scruton, “Pensadores de la nueva izquierda”.

El pensador británico Roger Scruton, que murió el año pasado, llamaba a los ideólogos del progresismo por su nombre: “Tontos, fraudes y agitadores”. Tal el título de uno de sus últimos libros, de 2015, que en la traducción española de Rialp fue púdicamente sustituido por su subtítulo: “Pensadores de la nueva izquierda”. Se trata de una muy valiosa revisión y actualización de “Thinkers of the New Left”, publicado en 1985. Scruton realiza un esfuerzo ímprobo de análisis crítico de los popes antiliberales, idolatrados en el mundo político, académico, cultural y periodístico, y con apreciables vacíos teóricos y empíricos, rara vez señalados. Destaca a un solo economista, John Kenneth Galbraith, considerado un sabio sin tacha por todo el mundo (bueno, casi: puede verse “Disentimiento sobre Galbraith” aquí).

Pero Galbraith al menos escribía bien, lo que no se puede decir de todas las demás figuras que desfilan en este volumen: Habermas, Althusser, Lacan, Said, Badiou, Zizek, Sartre, Foucault, Gramsci, Deleuze, Dworkin, Thompson, Hobsbawm y otros.

Roger Scruton detecta hilos comunes, como, precisamente, la oscuridad de muchas de estas supuestas lumbreras: “se pueden plantear mil preguntas y, aunque no tienen respuesta, esto solo incrementa la sensación de su relevancia y profundidad…cabe interpretar la oscuridad como la prueba de una profundidad y originalidad tan grandes que no pueden ser abarcadas mediante un lenguaje normal”.

Otra norma es la insistencia en la utopía maravillosa que nos espera si superamos los obstáculos al progreso: propiedad privadamercado, capitalismotradicionesreligión y moral. Scruton pone el dedo en la terrible llaga que estos pensadores eluden: el horror que la izquierda perpetró en el mundo cuando terminó con esos obstáculos.

Pero la nueva izquierda se niega a reconocer dichos desastres, porque ha invertido la carga de la prueba: no es ella la que tiene que responder, porque los que quieren cambiar el mundo son intelectual y moralmente superiores a los que cuestionan sus idílicos proyectos.

Ningún progresista defiende los campos de concentración. Pero este libro desnuda su falaz argumentación, su negación de la naturaleza humana, su relativismo moral, su mentirosa tolerancia, su odio a la libertad individual, su falso dios igualitario, y su terrible mentalidad colectivista. Y concluye con acierto: “Este esquema mental lleva al Gulag con la misma lógica que la ideología nazi de la raza lleva a Auschwitz”.

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Trump, trampas, tradiciones

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 11/11/16 en: http://www.elcato.org/trump-trampas-tradiciones?utm_content=buffer26d4d&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

 

Tras una de las victorias de Richard Nixon, una periodista progre protestó: “No puede ser: yo no conozco a nadie que vote a Nixon”. Algo parecido puede suceder ahora, cuando casi no hay medios de comunicación que apoyen a Donald Trump. Si caemos en la trampa de pensar que los medios son la realidad social, entonces nos sorprenderá no sólo su victoria sino incluso su derrota, porque en este caso también será indudable que millones de norteamericanos lo apoyan.

¿Por qué? Desde luego, no es un político al uso, como explica nuestro compañero Paco Reyero en su último libro: Trump. El león del circo. El talento de Trump es saber ser diferente y apuntar a un electorado que no se siente representado: los blancos más pobres, la clase media que, con la subida de impuestos, ya no puede vivir como vivía antes. Al revés de lo que tantos creen, el problema de esa gente no es la desigualdad, sino su pobreza relativa: no les importa que Trump sea millonario, porque lo ven como alguien que trabaja en empresas “reales” (no es un político profesional, ni un banquero) y que cumplió el sueño americano. Aprecian en Trump que hable como ellos. No les pareció escandaloso que haya devaluado el heroísmo de McCain: después de todo, concluye George Friedman, ellos son la clase que peleó en Vietnam…y nadie les ha llamado nunca héroes. Entre los matices de Trump (por ejemplo, estuvo en contra de la Guerra de Irak, pero ¿a que no lo sabía usted?), quiero destacar otro punto de unión con esa clase media empobrecida e ignorada: subraya los valores y las tradiciones americanas, empezando por la religión.

Los valores tienen su importancia en EE.UU., como se ve en la fecha de las elecciones, que buscó primar la libertad y las tradiciones, y relegar la política. El motivo de que sean en noviembre es el clima benigno propio del mes, una consideración mucho más importante en 1845 que ahora. Pero el día del mes tuvo que ver con la tradición de respetar la libertad, en particular la libertad religiosa: no podía ser un sábado ni un domingo.

¿Por qué un martes? Porque en esos años, como recordó el periodista Carlos Mira, de haber sido un lunes, ello “hubiera puesto a muchos en la necesidad de viajar hasta los lugares de votación y a unos cuantos, incluso, a salir el día anterior, el domingo. De nuevo, el impedimento religioso”. ¿Y por qué el primer martes después del primer lunes? Pues por dos motivos: “El 1 de Noviembre es el Día de Todos los Santos para los católicos, así que, de nuevo, la política, a esperar. Y además muchos comerciantes, granjeros y, en general, los hombres de negocios, usaban el primer día hábil del mes siguiente para cerrar las cuentas del mes anterior. Así que ese día 1 de noviembre, si era martes, había que trabajar, no votar: la política a un segundo escalón”.

Si reconociéramos las tradiciones y los valores de la gente, quizá nos equivocaríamos menos, y seguramente la respetaríamos más.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.