Carta abierta al Presidente

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 3/9/18 en http://www.ambito.com/932518-carta-abierta-al-presidente

 

No creo ser original al escribirle una carta abierta. Hay muchos antecedentes, incluso en mi caso con usted y otros presidentes pero lo hago ahora en vista de los problemas que son del dominio público. Está inspirada en el deseo que comparto con muchos argentinos de que tenga el mayor de los éxitos en su gestión, no solo por tratarse de usted sino por los graves riesgos que el país corre si resurgen las tendencias que han dominado durante las últimas siete décadas, muy especialmente durante la última que ha acentuado notablemente la decadencia moral y material de nuestro medio.

 

Su gobierno no ha procedido con la firmeza necesaria para rectificar el rumbo y se ha mantenido en la misma pendiente del pasado por más que sus intenciones y las de sus colaboradores hayan sido las mejores. El gasto público es sideral, las exacciones fiscales son insoportables, la deuda estatal es creciente, el volumen total del déficit fiscal resulta descomunal y las manipulaciones monetarias y cambiarias contribuyen a agravar el problema. Como usted sabe, lo relevante son los resultados y no las explicaciones.

 

Se que usted pretende reducir la pobreza pero el camino elegido no conduce a buen puerto sino más bien lo aleja de los objetivos. Todavía estamos a tiempo para adoptar medidas de fondo que eliminen de cuajo funciones incompatibles con un sistema republicano. Como he consignado antes, no se trata de hacer más eficiente el gasto puesto que cuando algo es inconveniente si se torna eficiente es mucho peor. Tampoco se trata de podar gastos puesto que como también puntualicé en su momento, igual que con la jardinería la poda hace que el desarrollo resulte más vigoroso. Por último, no se trata de pretender un crecimiento al efecto de disimular la relación gasto/producto.

 

Usted no ha comenzado bien su administración al crear nuevos ministerios cuando, como queda dicho, deben eliminarse funciones y modificar drásticamente el organigrama del Ejecutivo. Somos concientes que su coalición no cuenta con mayoría en las Cámaras del Parlamento y que la batalla cultural es difícil, pero destaco sus errores no forzados que algunos pocos hemos puntualizado reiteradamente junto a propuestas varias para lograr el cometido.

 

Algunas de las medidas sugeridas son nominales en cuanto al volumen del gasto que representan pero muy demostrativas de una firme decisión de retomar nuestra mejor tradición alberdiana que hizo de la Argentina uno de los países más prósperos del planeta.

 

A esta altura podrán adoptarse medidas coyunturales que eventualmente pueden tapar los problemas que subyacen, pero descuento que usted quiere verdaderamente hacer que nuestro país retome la senda del progreso moral y material de antes de los golpes fascistas del 30 y del 43 que nunca debió abandonarse. La función medular de los aparatos estatales de compulsión son principalmente para que haya Justicia y seguridad, los entrometimientos en las vidas y en el fruto del trabajo ajeno perjudican a todos pero muy especialmente a los más necesitados. Décadas de estatismo nos han llevado a una situación de vulnerabilidad y de pobreza alarmantes.

 

Concretamente propongo que usted declare de inmediato que se abstiene de presentarse  a la reelección y postule a una candidata o candidato de su preferencia, anuncie medidas espectaculares que se han sugerido  para revertir la situación al efecto de volver a ganar la confianza de sus compatriotas que creen en las virtudes de la sociedad abierta y oxigene su gabinete. Que resulte claro que usted no está dispuesto a consumir tiempo y energías en campañas electorales. De este modo usted será juzgado como un estadista que se preocupa y ocupa de resolver los problemas que nos aquejan  y  podrá usted  presentarse con gran éxito en una futura contienda presidencial.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

NUEVOS LÍMITES AL PODER POLÍTICO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Estamos observando una marcada decadencia en el mundo. No se trata de sostener que “todo tiempo anterior fue mejor”, para un análisis de esa naturaleza siempre deben estudiarse períodos y temas específicos en los que efectivamente encontraremos momentos mejores pero también mucho peores. En todo caso, lo que hoy vemos es que en la enorme mayoría de los países europeos el nacionalismo ha escalado a posiciones electorales sumamente amenazantes. En Estados Unidos, independientemente de los resultados en las urnas, se comprueba un avance notable de populismo y un apartamiento manifiesto de los valores de los Padres Fundadores . Y en Latinoamérica las situaciones de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador son patéticas (para no decir nada de Cuba, la reversión parcial en Chile y los zigzagueantes y por momentos pastosos acontecimientos argentinos después de los extremos estatistas del gobierno anterior al actual), además, salvando las distancias, de las compadradas y barrabasadas del tirano de Corea del Norte.

 

En el centro de casi todas estas situaciones se encuentra una manifiesta degradación de la noción de la democracia que, en la práctica, se ha desviado por completo de los ideales de los Giovanni Sartori de nuestra época para mutar en cleptocracia. Es curioso pero la mayoría de las personas opera como si la insistencia en una receta fallida producirá en el futuro resultados distintos de los que ocurren una y otra vez. Es imperioso dar la voz de alarma porque, como decía Einstein, una política que da malos resultados no será distinta por el hecho de que se insista en sus recetas.

 

Las alianzas y coaliciones, a la larga o a la corta se dirigen al despeñadero en cuanto al abandono de la protección gubernamental de los derechos individuales. Si continúa este espectáculo, tarde o temprano se habrá aniquilado la sociedad abierta y lo peor es que será “en nombre de la democracia”.

 

En otras oportunidades me he referido a las propuestas de Friedrich Hayek en cuanto a reformas en el Poder Legislativo y a las propuestas de Bruno Leoni para el Judicial. También he citado un pasaje poco conocido de Montesquieu de su obra más difundida, aplicable al Ejecutivo donde consigna que “El sufragio por sorteo está en la índole de la democracia”. Esto sorprende a muchos y se preguntan si realmente cualquiera pueden ser elegidos (de los mayores de edad y dispuestos al cargo). Esta sorpresa incentiva a que la población se preocupe y se ocupe de resguardar sus vidas y propiedades, lo cual es precisamente lo que se requiere: incorporar en los marcos institucionales serias protecciones a los derechos y no entretenerse con nombres de candidatos. Como ha apuntado bien Karl Popper la criticar las ideas del “filósofo rey” de Platón: “lo relevante son las instituciones y no las personas al efecto de que los gobiernos hagan el menor daño posible”.

 

Como es bien sabido, hay otras propuestas en cuanto al establecimiento de límites al gasto público y a la presión tributaria y la prohibición del déficit fiscal y -en paralelo con la contradicción en términos denominada “inversión pública”-  la  prohibición de endeudamiento público al rechazar supuestas ventajas intergeneracionales, con el argumento de que es contrario a los preceptos de la  democracia ya que compromete patrimonios de futuras generaciones que no han participado en el proceso electoral que eligió al gobernante que contrajo la deuda. Otros han enfatizado la necesidad de eliminar la banca central y más allá señalan la importancia de contar con un genuino federalismo fiscal y la eliminación de impuestos directos al efecto de retomar la tradición alberdiana en la Argentina o la de los Padres Fundadores en EEUU para acelerar la recuperación de los más pobres (o todas estas medidas combinadas).

 

Estas propuestas pueden o no ser aceptadas y es necesario que sean debatidas pero lo que no es admisible es que no se haga nada a la espera de un milagro.

 

En esta nota periodística agrego otra propuesta a la que ya me he referido antes. Se trata del Triunvirato en el Poder Ejecutivo. Hay muy pocas personas que no se quejan (algunos están indignados) con los sucesos del momento en diferentes países tradicionalmente considerados del mundo libre. Las demoliciones de las monarquías absolutas ha sido sin duda una conquista colosal pero la caricatura de democracia como método de alternancia en el poder sobre la base del respeto a las minorías está haciendo agua por los cuatro costados, es imperioso el pensar sobre posibles diques adicionales al efecto de limitar el poder político por aquello de que “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

 

Tres personas votando por mayoría logran aplacar los ímpetus de caudillos y permiten tamizar las decisiones ya que el republicanismo exige que la función de esta rama del gobierno es ejecutar lo resuelto por el Poder Legislativo básicamente respecto a la administración de los fondos públicos, y el Judicial en lo referente al descubrimiento del derecho en un proceso fallos en competencia.

 

Se podrá decir que las decisiones serán más lentas y meditadas en un gobierno tripartito, lo cual se confunde con la ponderación y la mesura que requiere un sistema republicano. De todos modos, para el caso de un conflicto bélico, sería de interés que las tres personas se roten en la responsabilidad de comandantes en jefe.

 

Uno de los antecedentes más fértiles del Triunvirato se encuentra en los debates oficiales y no oficiales conectados a la Asamblea Constituyente de los Estados Unidos. Según la recopilación de los respectivos debates por James Madison que constan en la publicación de sus minuciosos manuscritos, el viernes primero de junio de 1787 Benjamin Franklin sugirió debatir el tema del ejecutivo unipersonal o tripartito. A esto último se opuso el constituyente James Wilson quien fue rebatido por Elbridge Gerry (luego vicepresidente del propio Madison) al explicar las ventajas del triunvirato para “otorgar más peso e inspirar confianza”. Edmund Randolph (gobernador de Virginia, procurador general del estado designado  por Washington y el segundo secretario de estado de la nación) “se opuso vehementemente al ejecutivo unipersonal. Lo consideró el embrión de la monarquía. No tenemos, dijo, motivo para ser gobernados por el gobierno británico como nuestro prototipo […] El genio del pueblo de América [Norteamérica] requiere una forma diferente de gobierno. Estimo que no hay razón para que los requisitos del departamento ejecutivo -vigor, despacho y responsabilidad- no puedan llevarse a cabo con tres hombres del mismo modo que con uno. El ejecutivo debe ser independiente. Por tanto, para sostener su independencia debe consistir en más de una persona”. Luego de la continuación del debate Madison propuso posponer la discusión en cuanto a que el ejecutivo debiera estar formando por un triunvirato (“a three men council”) o debiera ser unipersonal hasta tanto no se hayan definido con precisión las funciones del ejecutivo.

 

Este debate suspendido continuó informalmente fuera del recinto según los antes mencionado constituyentes Wilson y Gerry pero con argumentaciones de tenor equivalente a los manifestados en la Asamblea con el agregado por parte de los partidarios de la tesis de Randolph-Gerry de la conveniencia del triunvirato “al efecto de moderar los peligros de los caudillos”. El historiador Forrest Mc Donald escribe (en E Pluribus Unum. The Formation of the American Republic, 1776-1790) que “Algunos de los delegados más republicanos […] desconfiaban tanto del poder ejecutivo que insistieron en que solamente podía ser establecido con seguridad en una cabeza plural, preferentemente con tres hombres”.

 

Sin duda alguna que la perfección no está al alcance de los mortales, de lo que se trata es de minimizar costos para lo cual debe tenerse presente que, en esta materia y en ninguna otra, se puede llegar a un punto final en un proceso continuo de prueba y error. En este contexto debe saberse que, como diría Benedetto Croce, la historia es “la hazaña de la libertad” y como apuntó George Mason “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”. Herbert Spencer en las últimas líneas de El hombre contra el estado celebra el derrocamiento de las antes aludidas monarquías absolutas pero advierte de los peligros de las mayorías parlamentarias. Es hora de reconocer que los esfuerzos por limitar el poder hasta el presente han resultado en un fracaso, tal como lo consigna el antes mencionado Hayek en las primeras doce líneas de edición original de Law, Legislation and Liberty.

 

En otros lugares se establecieron triunviratos pero sin la suficiente perseverancia. Tal es el caso, por ejemplo, en lo que después fue la Argentina, en cuyo caso las respectiva disposición plasmada en el decreto del 23 de septiembre de 1811, establecía en la parte pertinente que “Teniendo consideración a la celeridad y energía con que deben girar los negocios de la patria […] la Junta ha acordado constituir un Poder Ejecutivo compuesto de tres vocales”. En medio de tensiones varias, el 23 de noviembre Bernardino Rivadavia redacta una disposición del nuevo gobierno denominada Decreto sobre Seguridad Personal en cuyo Preámbulo se lee que “Todo ciudadano tiene un derecho sagrado a la protección de su vida, de su honor, de su libertad y de sus propiedades” seguido de nueve artículos sobre las libertades civiles que más adelante sirvieron de base para la Constitución liberal de 1853 sugerida principalmente por Juan Bautista Alberdi. El 23 de enero de 1812 se promulgó el Reglamento de Justicia sustituyendo la Real Audiencia por una Cámara de Apelaciones local, y por decreto del 19 de abril del mismo año se extendieron las libertades al comercio exterior abriendo las aduanas y el 8 de octubre se sustituye este Primer Triunvirato por un Segundo Triunvirato mientras se suscitaban debates sobre esta forma de gobierno apoyada decididamente por José de San Martín. Sin embargo, finalmente prosperó la idea opuesta, principalmente esgrimida por Carlos María de Alvear y, posteriormente, en el seno de lo que se conoció como la Asamblea del año xiii, se dispuso que el ejecutivo sería a partir de entonces unipersonal.

 

En otras palabras, estas líneas pretenden sacudir la modorra e intentan despejar telarañas y cerrojos mentales y abrir un debate sobre el tema de los límites al poder. Aunque se rechacen las propuestas aquí mencionadas, es indispensable hacer trabajar las neuronas al efecto de imaginar nuevas vallas para detener el precipitado avance de un Leviatán cada vez más adiposo y destructivo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

ACERCA DEL DISCURSO DE LA PRESIDENTE:

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

En mis escritos evito personalizar puesto que estimo que es mucho más fértil argumentar y discutir ideas. No solo para ahorrar energía, tiempo y espacio, sino porque en general las personas exponen sus recetas con la mejor de las intenciones (y si no fuera así es en realidad irrelevante a los efectos prácticos).

 

En este caso me refiero a la presidente de la República Argentina, aunque a esta altura,  luego de décadas de estatismo, de desigualdad ante la ley, de ocultamiento de los actos de gobierno, de intentos de eludir la alternancia en el poder, de concentrar funciones impropias de una sociedad abierta, de atropellar derechos de los gobernados y de intentos de bloquear la división de poderes, después de todo esto decimos, en rigor, no puede hablarse de una República.

 

En cualquier caso, una nota al pie: la presidente de marras fue al Congreso de la Nación a inaugurar un nuevo período de sesiones parlamentarias y henos aquí que omitió esa anunciada misión aunque no la exige la nueva reforma constitucional, después de hablar casi cuatro horas en el recinto no declaró la antedicha formalidad que ha sido una tradición argentina. En las líneas que siguen, por razones de espacio, marco telegráficamente los puntos más salientes del discurso en un balance de la gestión que adolece de llamativos defectos.

 

Abrió con una manifestación de un periodista inglés que aludió a cotizaciones de bonos argentinos en lo que la presidente consideró que alababa su gestión, lo cual ese mismo autor tuvo que refutar de inmediato puesto que aclaró que su comentario se debía a las buenas expectativas que surgen debido a la finalización del mandato de la funcionaria en cuestión.

 

Acto seguido se refirió a lo que denomina “desendeudamiento”, situación que ha sido desmentida una y mil veces puesto que la  sumatoria de la deuda pública interna y la externa es ahora mayor que antes de asumir su marido, a esto se agrega el presente default pero, curiosamente, felicitó a su equipo económico en medio de expresiones denigrantes para quienes son acreedores sobre la base de lo propuesto por el gobierno argentino y en la jurisdicción acordada.

 

Se refirió a las reservas de la banca central con cifras que no se condicen con las netas en esa institución y tomó como indicador relevante el turismo que es en gran medida debido a las dificultades de viajar al exterior por la escasez de dólares fruto del cepo cambiario y a los sabuesos que merodean en torno al uso de divisas extranjeras.

 

Ponderó una de las empresas estatales con abultado déficit y, a pesar de los despidos y suspensiones (“se suspendieron las suspensiones” dijo), subrayó que el empleo crece, y a pesar del uso y abuso de los fondos que corresponden a los jubilados sostuvo que la perspectiva de éstos son alentadoras en el contexto de destacar la “gratuidad” de fondos entregados a través de otros programas sin contemplar la financiación coactiva que proviene del fruto del trabajo ajeno, lo cual también hizo respecto a créditos estatales que, como es sabido, no son abonados con los patrimonios de los funcionarios sino con los recursos de los vecinos, todo lo cual reduce las tasas de capitalización y, por ende, los salarios e ingresos en términos reales.

 

Igual que muchos de la oposición, se pronunció por no insistir en la preponderancia de la empresa privada si el aparato estatal “lo puede hacer mejor”, ignorando no solo los incentivos de las primeras para servir a sus semejantes y la politización de las segundas (la forma en que se prenden las luces y se toma café son muy distintos), sino que dejó por completo de lado los cuadros de resultados como guía para la asignación de recursos.

 

Abundó en cohetes y satélites y sostuvo que los acuerdos con China están bien aunque no haya licitaciones en medio de secretos inaceptables y habló como si fuera la directora ejecutiva de una empresa para concluir que en lugar de exportar maíz e importar cerdo resulta imperioso darle maíz a los cerdos, lo que entendió la eximía de considerar las condiciones de mercado en las que los controles impuestos durante su gestión dificultan encarar proyectos.

 

Dijo que el déficit en las cuentas públicas se debe a la importación en el rubro energético y que esto, a su vez, se debe “al crecimiento económico” sin mencionar el incremento en los índices de pobreza y el descalabro que produjo con los subsidios  y la falta de inversión en el área junto a la confiscación y luego expropiación de la mayoría accionaria de la empresa petrolera (¿también con la tragicómica expresión ”de bandera”?).

 

En realidad lo que corresponde a un gobierno republicano es dedicarse primordialmente a la seguridad y la justicia, dos pilares que no son precisamente las características sobresalientes de esta gestión.

 

Finalmente dos temas: primero, llamó poderosamente la atención que una abogada exitosa se preguntara con cual Nisman se quedaba: si con el que la denunció públicamente o con escritos que eventualmente se encontraron entre los papeles del fiscal que para el meollo del caso resultan inconducentes, del mismo modo que cuando un escritor publica un libro y luego se encuentra otra versión entre sus pertenencias. Y segundo, fue del todo impropia, despectiva y amenazante la forma en que se refirió al Poder Judicial como una revancha a tanta imputación y procesamiento a funcionarios.

 

Hasta aquí los ejes centrales del último discurso presidencial ante la Asamblea Legislativa, ahora es de interés detenerse en aspectos que van más allá de un discurso y que revisten gran importancia para el futuro argentino.

 

La decadencia argentina es debida al abandono de la tradición alberdiana para sustituirla por un estatismo galopante desde los años treinta y acentuada a partir del peronismo. Como la actual mandataria lo cita al inventor de ese movimiento fascista y totalitario y hay quienes en la oposición reivindican sus banderas, es pertinente reiterar algunos hechos sobresalientes de ese régimen sobre los que me he referido con anterioridad, la última vez en “La Nación” de Buenos Aires el 31 de mayo de 2013.

 

Escribió Juan González Calderón sobre el período peronista en  No hay Justicia sin Libertad. Poder Judicial y Poder Perjudicial (Víctor P. de Zavalía Editor, 1956) : “La tiranía había abolido, como es de público y completo conocimiento, todos los derechos individuales, todas las libertades cívicas, toda manifestación de cultura, toda posibilidad de emitir otra voz que no fuese la del sátrapa instalado en la Casa de Gobierno con la suma del poder, coreada por sus obsecuentes funcionarios y legisladores, por sus incondicionales jueces, por sus domesticados sindicatos y por sus masas inconscientes”.

 

El 21 de junio de 1957 Perón le escribe desde su exilio a su compinche John William Cooke aconsejando que “Los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a los dueños, se quedarán son ella. Los que toman una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo, lo mismo que los que ocupen establecimientos de gorilas y los enemigos del pueblo. Los suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades, tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro” (Correspondencia Perón-Cooke, Garnica Editor, 1973, Tomo I).

 

Perón alentó las “formaciones especiales” (un eufemismo para enmascarar el terrorismo) y felicitó a los asesinos de Aramburu y de todas las tropelías de forajidos que asaltaban, torturaban, secuestraban y mataban. Declaró que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (Montevideo, Marcha, febrero 27, 1970). Al poco tiempo, en su tercer mandato, al percatarse que ciertos grupos terroristas apuntaban a copar su espacio de poder los echó de la Plaza de Mayo durante un acto y montó desde su ministerio de bienestar social (!!) otra estructura terrorista con la intención de deshacerse físicamente del otro bando. En ese tercer mandato, reiteró la escalada de corrupción y estatismo a través de su ministro de economía retornando a una inflación galopante, controles de precios y reinstalando la agremiación autoritaria de empresarios y sindicatos.

 

En el período 1945-1955 el costo de la vida se incrementó en un 500% y después de la afirmación de Perón de que no se podía caminar por los pasillos de la banca central debido a la cantidad de oro acumulado, la deuda pública se multiplicó por diez en los referidos años de los gobiernos de Perón y en el país del trigo escaseó el pan y se monopolizó el comercio exterior a través del IAPI que también constituyó una plataforma para la corrupción de funcionarios públicos, tal como, entre otros, puntualiza Eduardo Augusto García (Yo fui testigo, Luis Lassarre y Cia, 1971).

 

Por su parte, Américo Ghioldi escribe que “Eva Duarte ocupará un lugar en la historia de la fuerza y la tiranía americana […] el Estado totalitario reunió en manos de la esposa del Presidente todas las obras […] el Estado totalitario había fabricado de la nada el mito de la madrina […] en nombre de esta obra social la Fundación despojó a los obreros de parte se sus salarios” (El mito de Eva Perón, Montevideo, 1952).

 

Nada menos que Sebastián Soler, como Procurador General de la Nación, dictaminó que “El país se hallaba sometido a un gobierno despótico y en un estado de caos y corrupción administrativa” (Sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación sobre bienes mal habidos del dictador Juan Domingo Perón, Corte presidida por Alfredo Orgaz que confirmó lo dicho por el Procurador General).

 

Cierro para decir que el uso de la fantasiosa expresión “gorila” es utilizada cuando no hay argumentos para responder. Esto me recuerda el cuento de Borges titulado “El arte de injuriar” en el que uno de las personas que debatía le arrojó un vaso de vino a su contertulio a lo que éste le respondió “eso fue una digresión, espero su argumento”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.