¿Queremos realmente vencer al terrorismo?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/1/17 en: http://www.panamaamerica.com.pa/opinion/queremos-realmente-vencer-al-terrorismo-1056419

 

Y finalmente, Occidente debe dejar de apoyar a la tiranía saudí, sin dudas el mayor promotor global del fanatismo islámico, a la vez que desoír la islamofobia original de Trump -y de sus principales asesores, como el general Flynn-, que identificó al islam con el terrorismo y anunció el cierre de las fronteras, aunque después se moderó.

Parece tonta la pregunta, pero no lo es. Ciertamente, los fabricantes y traficantes de armas se benefician enormemente con los conflictos armados y, entonces, los alientan. Sé que enojo a mis amigos de derecha, pero lo cierto es que, por lugares como el Pentágono, se pasean “importantes señores” azuzando a los “halcones” para que aumenten el uso y el gasto en armas… y, generalmente, no son negocios limpios. No llama la atención, pues, que las armas de los mismos fabricantes aparezcan en bandos opuestos, como la guerra en Siria, donde la confusión es tan grande que nadie sabe si Occidente apoya o ataca a su presidente. El sitio de Alepo lleva dos años y medio y más de 250 mil sirios han sido víctimas de las milicias afines al régimen de Al Asad como los milicianos chiíes iraquíes, los partisanos del Hizbulá libanés, los comandos iraníes y la aviación rusa que luchan contra los yihadistas.

El asesinato del embajador ruso en Turquía no fue obstáculo para que ministros de Rusia, Irán y Turquía -países que apoyan a distintos bandos- se reunieran en Moscú “en busca de una salida diplomática a la guerra siria”, o sea, que se repartirán el botín entre ellos.

Pero dejemos estos crudos intereses y veamos si realmente cada uno de nosotros quiere terminar con el terrorismo que no es un hecho aislado, porque nada está aislado en el mundo, sino que todos los seres humanos nos interrelacionamos de modo que somos responsables, aunque sea de modo muy indirecto y aunque nuestra responsabilidad sea infinitésima.

En primer lugar, el terrorismo no busca el triunfo militar frontal sino, precisamente, infundir temor y, entonces, reinar. De modo que lo primero que debemos hacer es no temerles y no responderles con violencia. Así tiene razón la canciller Ángela Merkel, que pidió, tras el atentado en el mercadillo navideño de Berlín, que el miedo no paralice a los alemanes.

Recordemos que, en 2011, en Oslo, un individuo disfrazado de policía primero puso una bomba y luego fue hasta un campamento juvenil del Partido Laborista y abrió fuego a mansalva matando alrededor de 70 personas. El primer ministro reaccionó diciendo que esperaba que su país fuera aún más abierto y tolerante, demostrando que no tienen miedo, ya que es la violencia la que no es legítima. Desde entonces, Noruega, donde los escasos agentes de policía no portan armas, no ha sufrido ningún incidente.

En segundo lugar, tenemos que dejar de crear las condiciones. La marginalidad -alimentada por la guerra contra las drogas iniciada por EE.UU.-, la desocupación instalada por los gobiernos con leyes como el salario mínimo -que impide que trabajen los que ganarían menos- y la pobreza creada a partir de impuestos expoliadores son excelente caldo de cultivo para formar terroristas.

Y finalmente, Occidente debe dejar de apoyar a la tiranía saudí, sin dudas el mayor promotor global del fanatismo islámico, a la vez que desoír la islamofobia original de Trump -y de sus principales asesores, como el general Flynn-, que identificó al islam con el terrorismo y anunció el cierre de las fronteras, aunque después se moderó.

Al terrorismo solo se lo vence con libertad y paz; las armas, que son siempre opresoras y liberticidas, lo potenciarán. Por tanto, es una exigencia humana el terminar con todas las guerras, incluida la guerra “contra el terrorismo” e incluida también la muy atroz guerra “contra las drogas”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El camino ‘capitalista’

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 24/4/16 en: http://www.panamaamerica.com.pa/opinion/el-camino-capitalista-1023241

 

Creer que ser amigos del Gobierno de EE.UU. es estar a favor del “capitalismo democrático” es tan errado como desconocer la tiranía saudí, por caso, fuerte aliada de Washington.

Los políticos tienden naturalmente a agrandar el Estado porque de él viven, pero, a veces, el crecimiento no previsto se debe a que toman el camino equivocado. Es el caso del presidente argentino, Mauricio Macri. A pesar de su discurso, supuestamente proclive a una economía de mercado, “capitalista”, una serie de errores lo llevan por el camino inverso. Creer que ser amigos del Gobierno de EE.UU. es estar a favor del “capitalismo democrático” es tan errado como desconocer la tiranía saudí, por caso, fuerte aliada de Washington. Por no comprender que el gasto estatal crea pobreza, ya que los impuestos son derivados hacia abajo vía de aumento de precios o baja de salarios, la suba de la presión fiscal -impuestos más inflación- está provocando un aumento de la pobreza. Según un informe de la Universidad Católica Argentina, la tasa de indigencia pasó del 5.3% a fines de 2015 al 6.9% de la población en marzo de este año, mientras que la tasa de pobreza subió de 29% a fines de 2015 a 34.5% en marzo de 2016.

Por no comprender que la inflación es la sobreoferta de dinero por sobre la demanda del mercado, el aumento del índice de precios al consumidor (IPC) ronda el 36% anual y sigue en aumento.

Así, creer que la inversión en obra pública es buena cuando se financia con impuestos ha llevado a Macri a anunciar un faraónico plan por $10 mil millones cuando debería recortar drásticamente el gasto público para bajar impuestos e inflación. Probablemente este amor viene de su padre -que tiene empresas , según los “Panamá Papers”-, al que la obra pública le permitió pasar de inmigrante albañil a una de las personas más ricas e influyentes de Argentina.

El sector privado va camino de convertirse en un pequeño apéndice del enorme aparato estatal, al estilo socialista. El consumo ha caído alrededor del 6% solo en marzo, la producción automotriz bajó 8.5% y hay sectores industriales que cayeron hasta 20%.

Según las recientes cifras de la Cepal, el PIB de Latinoamérica y el Caribe se contraerá -0.6% en 2016. Sobre todo, debido a la caída en los precios de las materias primas. América del Sur, especializada en bienes primarios, tendrá una contracción de -1.9% y Argentina caerá -0.8%. Centroamérica crecería 3.9% y el Caribe en torno a 0.9% en 2016. En tanto, el FMI y el Banco Mundial también dieron pronósticos sombríos para 2016, siendo los de peor desempeño Venezuela y Brasil.

Argentina podría empezar a recuperarse a fines de año, dice el FMI, y para el 2017 se espera que muestre un crecimiento importante, dado un incremento de las inversiones gracias a un “clima de certidumbre económica”. Ridículo. Si las inversiones no están llegando -por el contrario, hay fuga de capitales-, se debe a que el “costo argentino” -impuestos, inflación, regulaciones, etc.- hace inviable cualquier inversión privada, y esto va camino de empeorar.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El camino “capitalista” al socialismo

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/4/16 en: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/camino-capitalista-socialismo_277418

 

Los políticos tienden naturalmente a agrandar el Estado porque de él viven, pero, a veces, el crecimiento no previsto se debe a que toman el camino equivocado. Es el caso del presidente argentino, Mauricio Macri. A pesar de su discurso, supuestamente proclive a una economía de mercado, “capitalista”, una serie de errores lo llevan por el camino inverso. Creer que ser amigos del gobierno de EEUU es estar a favor del “capitalismo democrático” es tan errado como desconocer a la tiranía saudí, por caso, fuerte aliada de Washington.
Por no comprender que el gasto estatal crea pobreza, ya que los impuestos son derivados hacia abajo vía de aumento de precios o baja de salarios, la suba de la presión fiscal -impuestos más inflación- está provocando un aumento de la pobreza. Según un informe de la Universidad Católica Argentina, la tasa de indigencia pasó del 5,3% a fines de 2015 al 6,9% de la población en marzo de este año, mientras que la tasa de pobreza subió de 29%, a fines de 2015, a 34,5% en marzo de 2016.
Contracción del crédito
Por no comprender que la inflación es la sobreoferta de dinero por sobre la demanda del mercado, el aumento del Índice de Precios al Consumidor (IPC) ronda el 36% anual y sigue en aumento. Y el gobierno pretende bajarla con altísimas tasas de interés cercanas al 38% anual, lo que está provocando una contracción del crédito para la producción y el consumo privados. Por creer que el empleo se crea con inversión, desconociendo que la desocupación es consecuencia de las “leyes laborales”-como el salario mínimo que prohíbe trabajar a quienes ganarían menos- en lo que va de 2016 ya se produjeron unos 150.000 despidos.
Así, creer que la inversión en obra pública es buena cuando se financia con impuestos, ha llevado a Macri a anunciar un faraónico plan por US$ 10.000 millones cuando debería recortar drásticamente el gasto público para bajar impuestos e inflación. Probablemente este amor viene de su padre -que tiene empresas offshore, según los “Panama Papers”– al que la obra pública le permitió pasar de inmigrante albañil a una de las personas más ricas e influyentes de Argentina.
De modo que el sector privado va camino de convertirse en un pequeño apéndice del enorme aparato estatal, al estilo socialista. El consumo ha caído alrededor del 6% solamente en marzo, la producción automotriz bajó 8.5% y hay sectores industriales que cayeron hasta 20%.
Contracción del PIB
Según las recientes cifras de la Cepal, el PIB de Latinoamérica y el Caribe se contraerá -0.6% en 2016. Sobre todo, debido a la caída en los precios de las materias primas. América del Sur, especializada en bienes primarios, tendrá una contracción de -1.9% y Argentina caerá -0.8%. Centroamérica crecería 3.9% y el Caribe en torno a 0.9% en 2016. En tanto, el FMI y el Banco Mundial también dieron pronósticos sombríos para 2016, por segundo año consecutivo, siendo los de peor desempeño Venezuela y Brasil.
Argentina, podría empezar a recuperarse a fines de año, dice el FMI, y para el 2017 se espera que muestre un crecimiento importante, dado un incremento de las inversiones gracias a un “clima de certidumbre económica”. Ridículo. Si las inversiones no están llegando -por el contrario, hay fuga de capitales-, se debe a que el “costo argentino” -impuestos, inflación, regulaciones, etc.- hace inviable cualquier inversión privada, y esto va camino de empeorar.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.