La suerte de Macri pende del BCRA y del FMI

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 16/11/18 en: http://www.ambito.com/939692-la-suerte-de-macri-pende-del-bcra-y-del-fmi

 

Cuando el estatismo gradualista nos situó al borde del colapso, el FMI nos socorrió con un crédito sin precedente, otorgado por el apoyo de EE.UU. al Gobierno. Si bien circunstancias económicas mundiales incidieron en las dificultades, las principales fueron consecuencia de la insuficiente acción del Gobierno para equilibrar las cuentas, corregir distorsiones y errores graves. Desde el inicio de la administración, los más prestigiosos economistas advirtieron lo insostenible de los déficit fiscales (y, su contracara, externos) tan pronunciados. La estrategia del Gobierno buscaba desmentir la calificación de “ajustador”, apostando a que el mercado financiaría enormes déficit. Las salidas del default y liberación cambiaria, resueltas al inicio de la gestión, generaron la oportunidad de colocar deuda en términos favorables. ¡Hasta un bono a 100 años! Pero el crédito tiene límites, especialmente cuando no se advertía un sendero al equilibrio. La oposición y parte de la opinión pública también se resistieron a “ajustes” que nunca ocurrieron.

El BCRA es clave para las expectativas de la gestión, tan condicionadas por la suerte del dólar. El vuelco de la fortuna fue increíble. Los especialistas vaticinaban un 2018 tranquilo. Las expectativas (REM) promediaban 16,5% para la inflación y un dólar de $22 a fin de 2018, informó BCRA en enero. Evidente, los hechos se desviaron completamente. A mi entender, el error fue ¡emitir pesos en cantidad para cancelar Lebac! Desde el inicio de la crisis, el 23/4/2018 hasta el 1/10/2018, BCRA expandió en 80% la base monetaria para pagar Lebac. No puede sorprender la furibunda devaluación. Peor aún. Si BCRA no hubiese vendido u$s13.541 millones, absorbiendo pesos, la cotización actual sería de tres dígitos. En lugar de los dos dígitos de $36 por dólar. Sin esas ventas de dólares estaríamos en hiperinflación, con terribles derivaciones políticas y sociales.

El episodio prueba: para un futuro más tranquilo necesitamos certidumbre cambiaria. Desde octubre, el BCRA no emite dinero para financiar al Gobierno y otros destinos internos, cumpliendo una condición necesaria para estabilizar el dólar. Y establece elevadas tasas de interés para desalentar la compra de dólares. No puede bajarlas por la escasa confianza en su programa. Para superar la dificultad, proponemos una decisiva inyección de certidumbre, precisando la regla de intervención cambiaria. El BCRA debiera comprometerse a vender y comprar dólares, a cambio de pesos, ilimitadamente, a un precio fijo por largo tiempo, con una mínima diferencia entre la compra y venta. El FMI lo prohíbe pues no quiere que el crédito otorgado financie la compra de dólares, en lugar de asegurar los pagos a los acreedores externos. Como si la estabilidad cambiaria no condicionara la solvencia financiera. Más aún. En la medida que el compromiso de no emitir fuese creíble, FMI sabría que cada dólar vendido contraería la circulación monetaria, de modo que no estaría financiando una estampida de fondos del país. Es tarea de las autoridades convencer al FMI de la sustentabilidad de las reglas que proponemos, prácticamente la convertibilidad que tan bien funcionó durante 10 años. Si FMI no confiara, ¿qué esperamos de los inversores? Otra dificultad es que FMI parece creer ahora que la flotación cambiaria es la panacea mundial. No se dan cuenta que la unidad de medida, la moneda de verdad, es el dólar para los que trabajan en la Argentina. Es fácil entenderlo. Tuvimos que cambiar 5 veces el nombre del peso para quitarle 13 ceros. El dólar cotizaría ¡360.000.000.000.000! pesos moneda nacional que circulaban en 1969. Panamá, dolarizado desde 1904, es el país que más creció en América. Ecuador y El Salvador con casi 20 años de dolarización avanzan raudamente, superando diversas dificultades políticas. El FMI se fundó para asegurar tipos de cambio fijos, con prohibiciones de devaluar, un símil del patrón oro que tanto facilitó el extraordinario aumento de la riqueza mundial durante los siglos XIX y XX.

El Gobierno de un país que es bimonetario, por la pugna entre el uso forzado de una moneda impuesta, el peso, y la moneda preferida, el dólar, enfrenta equilibrios frágiles y bruscas alteraciones cambiarias. ¿Cómo flotar cuando la suerte de los gobiernos y actividades depende tanto de la cotización del dólar? El acta de defunción del Gobierno de Alfonsín fue la devaluación del 6/2/1989. El compromiso verificable diariamente de comprar y vender divisas a una cotización fija por largo tiempo bajaría la inflación y tasas de interés de golpe, restableciendo confianza y las actividades. El equilibrio monetario, la igualdad de la oferta y demanda de base monetaria, estaría asegurado, aún con la alta volatilidad que la caracteriza. Los momentos en que la oferta excediese a la demanda, la gente compraría dólares a cambio de pesos, que se restarían de la circulación. Automáticamente el equilibrio se restablecería. Cuando la demanda excediese a la oferta, el mercado vendería dólares al BCRA, y la emisión aumentaría en esa cantidad exacta. La constancia en la cotización del dólar haría ambas monedas mejores sustitutas.

Esta confianza estimularía las actividades productivas y la gente se sentiría mas satisfecha. Después de mucho tiempo, podríamos celebrar contratos a mediano y largo plazo. Los 40 países que más crecen en el mundo cambiaron drásticamente sus modos para salir de la modorra y pobreza anterior. Ninguno lo hizo con un tipo de cambio flotante durante décadas.

 

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

Friedman contra la flotación administrada

Por Iván Carrino. Publicado el 6/12/15 en: http://www.ivancarrino.com/friedman-contra-la-flotacion-administrada/

 

En tiempos en que el debate sobre la eliminación del cepo cambiario se toma las primeras planas de los diarios, es bueno recordar lo que decía el Premio Nobel de Economía para no repetir los errores del pasado reciente.

Milton Friedman, premio Nobel en 1974 y padre fundador de la llamada “Escuela de Chicago”, tal vez sea el más famoso defensor del libre mercado que el mundo haya conocido. A través de sus numerosos trabajos académicos, textos de divulgación, artículos de opinión e incluso programas propios de TV, difundió como nadie las ventajas de lo que Karl Popper denominó “la sociedad abierta”.

Respecto de los tipos de cambio, a Friedman siempre se lo asoció con la postura a favor de la libre flotación. Es decir, un sistema en el que el Banco Central no busca influir sobre la cotización de la moneda extranjera, dejando que a ésta la determine la oferta y la demanda del mercado. Sin embargo, este economista no sólo apoyaba esta alternativa de política cambiaria. En numerosos escritos también defendió los tipos de cambio fijos, un sistema en el que el Banco Central se compromete a mantener una paridad fija y, por tanto, subordina su política monetaria a este objetivo en particular.

Para Friedman, ambos arreglos eran compatibles con una economía de mercado, ya que en ningún caso se restringía la compra-venta de divisas.

El problema que detectó Friedman es cuando el Banco Central intenta, al mismo tiempo, administrar la cantidad de dinero en circulación y el tipo de cambio en un sistema de “flotación administrada”*.

Es que cuando esto sucede, la política monetaria entra en conflicto con la política cambiaria. Por un lado, el gobierno quiere incrementar la oferta monetaria de manera de estimular el consumo y hacer que crezca con mayor fuerza la actividad económica y el mercado interno. Por el otro, busca que el tipo de cambio se mantenga estable, ya que (como queda en evidencia por el acalorado debate actual) a nadie le gusta ser señalado como devaluador de la moneda.

En este escenario, entonces, los gobiernos terminan por recurrir a los controles de cambios, que restringen el acceso al mercado de divisas, y terminan obstaculizando y distorsionando el comercio internacional.

No fue distinto a esto lo que sucedió en nuestro país desde 2003 a 2011. El Gobierno buscó estimular la economía con la emisión de billetes y el sostenimiento del “tipo de cambio competitivo”, pero cuando esta “sintonía fina” se fue de las manos se implementó el cepo que terminó de dinamitar las bases del crecimiento económico.

Mirando al futuro, y teniendo en cuenta que lo más probable es que vayamos hacia un sistema de tipo de cambio flexible, es importante aprender la lección que enseña Friedman: en dicho sistema, el foco del Banco Central tiene que ser la inflación y su compromiso debe ser la no intervención en el mercado de cambios.

 

* Un trabajo que explica en profundidad este punto es el de Hanke, Steven, Milton Friedman: Float or Fix? disponible en http://www.cato.org/publications/commentary/milton-friedman-float-or-fix

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.