Argentina: ¿Es la divergencia entre los tipos de interés doméstico y externo un asunto que el gobierno debiera atender?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 8/8/16 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2016/08/argentina-es-la-divergencia-entre-los-tipos-de-inter%C3%A9s-dom%C3%A9stico-y-externo-un-asunto-que-el-gobierno.html

 

La relación entre las variaciones en el tipo de cambio y los movimientos en las tasas nominales de interés ha estado siempre en el centro de discusión sobre la determinación y el comportamiento de las tasas de cambio.

Los diferenciales de tipo de interés resumen la interpretación que realizan los mercados de los fundamentos macroeconómicos, desequilibrios y asimetrías entre países. Cuando se introducen expectativas, surgen ciertas fallas macroeconómicas de coordinación; éstas muestran el juego de conjeturas hacia el futuro y los rendimientos esperados de tipos de interés y, de cambio.

Un ejemplo de tal secuencia de eventos ha podido observarse en la Argentina de fines de los ochenta, cuando las expectativas de devaluación de la moneda local, el austral, generaron persistentes turbulencias acerca del tipo de cambio frente al dólar, las tasas de interés y la inflación esperada.

Con frecuencia, se indica que el tipo de cambio spot (o de contado), en algún período determinado, podría diferir del valor esperado o futuro mediante la incorporación de nueva información y, consecuentemente, se sugiere que en países donde no hay grandes expectativas de que se modifiquen los determinantes del tipo de cambio, dichos tipos de cambio deberían ser innecesariamente volátiles.

Algunos autores, relacionados tradicionalmente con el enfoque de activos, sostienen que existen relaciones opuestas entre las dos variables. La razón básica de esa divergencia radica en cuál se considera que debe ser el nexo causal entre los stocks de dinero internos o externos: la paridad de intereses; la paridad en el poder de compra, PPP (purchasing power parity).

La paridad de tasas de interés se basa en dos supuestos centrales: la movilidad del capital y la sustitución perfecta de los activos nacionales y extranjeros. Si se tiene en cuenta el equilibrio del mercado de divisas, la condición de paridad de tipos de interés implica que el rendimiento esperado de los activos domésticos sea igual al rendimiento esperado de los activos en moneda extranjera ajustado por tipo de cambio.

La paridad del poder adquisitivo es una de las medidas más apropiadas para comparar la producción de bienes y servicios, con ventajas sobre el producto bruto interno nominal per cápita, ya que toma en consideración la variación de precios. Este indicador elimina la ilusión monetaria ligada a la variación de tipos de cambio, tal que la apreciación o depreciación de determinada moneda no cambiará la paridad del poder adquisitivo del país en cuestión, porque los habitantes de ese país reciben sus salarios y realizan transacciones en la moneda local. Situación que manifiesta el tratamiento diferencial que reciben los bienes transables y no transables de la economía.

En la Argentina de hoy, una atildada referencia para explicar los acontecimientos de hecho económicos fue expuesta en los años sesenta por Robert Mundell, un profesor de la Universidad de Columbia, y Marcus Fleming,  investigador del Fondo Monetario Internacional, quienes analizaron el funcionamiento de las políticas fiscal y monetaria en una economía con tipos de cambio flexible y libre movilidad de capitales, dando lugar al reconocido modelo de Mundell-Fleming. Si bien el análisis ha sido refinado en investigaciones posteriores, la fundamentación teorética aún hoy goza de plena vigencia.

Según el Presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, el banco central no interviene en el mercado de divisas, sino que el tipo de cambio debe ajustarse para vaciar el mercado, de modo que la oferta y demanda de moneda extranjera se igualen. Por lo tanto, sin la intervención citada, el balance de pagos debe ser igual a cero. De hecho, cualquier déficit de la cuenta corriente (que incluye bienes y servicios, más transferencias) debe ser financiado con entradas de capital privado, y cualquier superávit con salidas de capital. En consecuencia, los ajustes de tipo de cambio aseguran el equilibrio de las cuentas corriente y de capital. Pero hay una implicancia esencial: solo cuando el tipo de interés doméstico es igual al del resto del mundo, no habrá entradas ni salidas continuas de capital. Una clara señal del desequilibrio de la economía argentina frente al resto del mundo.

La cuenta capital del balance de pagos está influida por la tasa de interés. Tasas de interés altas provocan una entrada neta de capitales y, a contrario sensu, tasas bajas implican una salida neta de capitales. Sin embargo, el flujo de inversiones hacia nuestro país tiene, entre otros, dos destinos primordiales: el circuito financiero y la compra –a precios de remate− de empresas del sector alimenticio. A pesar de la enorme liquidez global, el riesgo propio de nuestro país, Argentina, tiene un nombre específico: ¡el flagelo del déficit fiscal!

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Argentina: quiero ver el plan económico

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 6/4/16 en: http://www.libremente.org/argentina-quiero-ver-el-plan-economico/

 

Desde la asunción el 10 de Diciembre de 2015 el gobierno se dedicó con absoluta razón y sin ninguna otra alternativa a sacar la basura debajo de la alfombra y ponerla sobre la mesa. Situación desagradable si las habrá. Inevitable y mal explicada. La proliferación de tarifazos, aumentos en naftas, transportes, energía, tipo de cambio, y las consecuentes remarcaciones de precios no es un plan económico. Es un intento desesperado de ordenar la casa.

La actual administración encontró una casa desordenada, inconsistente, con riesgo de venirse definitivamente a pique y con sendos rastros de haber sido saqueada. Una casa derrumbada por décadas, con las mismas miserias de la década anterior, que a su vez venían de otras décadas. Una casa en decadencia.

La primera función ante semejante desastre es poner las cosas en orden. Limpiar alguna que otra mugre (corrupción) y poner las cosas en su lugar. A eso se lo llama recomposición de precios relativos. Poner las cosas en orden o lo que es lo mismo recomponer los precios relativos en modo alguno no es agradable ni placentero. Tampoco constituye un plan económico en sí mismo sino el reconocimiento de un desastre anterior. Los tarifazos son claramente hijos de la herencia. Una herencia delirante donde el principal default fue conceptual.

Durante doce años un grupo de funcionarios y políticos nos hizo creer (y lucró con ello) que la gratuidad era una opción posible. Que no pagar los servicios, ni los transportes, ni la energía era una panacea nacional y popular. Y que para financiarlo era posible extraer recursos de algún sector castigado, de la emisión, de la deuda oculta o de alguna confiscación socialmente aceptada.

Este delirio alguna vez iba a terminar. Necesariamente iba a venir alguien a poner las cosas en su lugar, con todo el costo que ello significa. El ajuste es por demás doloroso. Obliga a cada familia a revisar sus presupuestos, ajustar los gastos, posponer decisiones de consumo y ahorro, etc. Las familias están pagando plenamente el precio de la fiesta. Una fiesta que en parte disfrutaron (la gratuidad de los servicios, en especial en Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en el Área Metropolitana de Buenos Aires) y en parte no. Algunos se beneficiaron más que otros. Algunos llegaron a pesar el dinero.

Ahora viene el plan. Con los precios relativos puestos en realidad y toda la basura sobre la mesa y la decisión política de arreglar la casa lo que necesitamos ver es el plan económico de la nueva administración. ¿Cómo pensamos disminuir la pobreza? ¿Con más asignaciones y distribución del ingreso o con mejores oportunidades laborales y creación de riqueza? ¿Cómo vamos a solucionar los problemas habitacionales? ¿Con planes de gobierno tipo Procrear o con millones de créditos hipotecarios ofrecidos por bancos privados a tasas internacionales y largo plazo? ¿Qué tipo de estado queremos? ¿Un estado proveedor de funciones básicas o un paternalismo chamuyero que miente más de lo que soluciona?

¿Qué impuestos vamos a cobrarle a la sociedad? ¿Vamos a insistir con los tributos actuales esquilmando a la población? ¿O vamos a un esquema tributario más bajo respetando el esfuerzo de los contribuyentes? Y por último, ¿quién va a seguir pagando la fiesta (pasada y presente)? ¿Seguirá siendo la sociedad o alguna vez pagarán los que hicieron del estado un auténtico botín?

De estas definiciones, del verdadero plan que pronto debería conocerse, depende que los actuales aumentos de precios, tarifas y tipo de cambio sean “de una vez y para siempre” y no el inicio de una carrera con final conocido.

 

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Fue Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.

Un tipo de cambio real alto para la transición

Por Adrián Ravier: Publicado el 21/12/15 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2015/12/21/un-tipo-de-cambio-real-alto-para-la-transicion/

 

El nuevo equipo económico avanza en el cumplimiento de sus promesas de campaña. Primero, redujo retenciones de exportaciones a cero para todos los cereales —e incluso para la industria—, excepto la soja, que bajó de 35 a 30 por ciento. Segundo, eliminó el cepo cambiario, estabilizó su valor oficial en torno a 13,90 pesos. Algunos analistas esperaban que su valor fuera un poco más elevado, pero eso obligaría al Banco Central a desembolsar mayor cantidad de pesos por la excesiva —y quizás fraudulenta— venta del dólar futuro durante la gestión de Alejandro Vanoli.

Argentina inició, con estas y otras medidas, un proceso de cambio de modelo económico que todavía necesita definir en sus aspectos fundamentales. Uno de ellos trata acerca de la integración comercial global, a través del mantenimiento de las relaciones con el Mercosur y con China, pero también de la integración con Estados Unidos y Europa, aspecto que se comenzará a profundizar en la cumbre del Mercosur en Paraguay. No estoy en la mesa chica del PRO, pero creo que la ambición de pertenecer al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) o generar acuerdos bilaterales con Europa y el Primer Mundo es una de las intenciones del nuevo Gobierno.

Al respecto, uno de los temas que deben discutirse es de qué modo desmantelar todo el arsenal de medidas proteccionistas que el kirchnerismo formó durante estos últimos doce años para proteger a la débil industria local de la “amenaza extranjera”. Recordemos que uno de los requisitos para ingresar en estos bloques es no contar precisamente con este tipo de obstáculos a la inversión extranjera, ni tampoco a los productos extranjeros.

Tanto en campaña como también durante estas dos primeras semanas de gobierno, el tema giró en torno a liberar el tipo de cambio y que sea determinado por la oferta y la demanda, pero nada se ha dicho sobre eliminar aranceles o, al menos, unificarlos en un valor para todas las ramas industriales, para no generar arbitrariedades entre sectores. Esto es precisamente el camino que tomó Chile tras las recomendaciones de Milton Friedman, al unificar todos los aranceles en el 10% y luego ir descendiendo año a año un uno por ciento. Con ello, en diez años se llega a una economía libre de aranceles.

Argentina necesita abrir el debate acerca de esta transición que le permita ordenar también las relaciones con el mundo y el modo en que se librará de numerosas intromisiones del Estado en el ámbito comercial.

El desafío no es menor, ya que hoy toda la estructura productiva —apoyada sobre este arsenal de medidas proteccionistas— genera manufacturas que abastecen el mercado interno, al tiempo que crea millones de puestos de trabajo que no podrían ser reemplazados en el corto plazo por el esperado desarrollo de la agroindustria.

Más de un lector ahora mismo estará recordando la década de 1990, la que —se dice— avanzó en levantar intromisiones del Gobierno para importar productos extranjeros, lo que generó un aluvión de importaciones que barrieron con la débil industria local y obtuvieron un alto desempleo. En línea con aquella argumentación, la débil industria argentina heredada del poskirchnerismo no podría competir en condiciones de libre mercado con las baratas manufacturas importadas de China o Brasil, lo que en definitiva produciría un fuerte desempleo que pondría en riesgo, incluso, el avance de la transición.

Este tema fue estudiado en profundidad por Eduardo Conesa, doctor en Economía en la University of Pennsylvania, en su libro titulado Desempleo, precios relativos y crecimiento económico (Ediciones Depalma). En sus clases de Macroeconomía II en la Universidad de Buenos Aires, a las que tuve la oportunidad de asistir en 1999, Conesa planteaba que uno de los errores fatales de los años noventa fue fijar una convertibilidad 1 a 1 con un tipo de cambio real bajo, sobrevaluado, el que sólo podía terminar con el hiperdesempleo que todos conocimos. A partir de allí, y sobre la base de estudios empíricos en la misma Argentina, Chile, Corea, Japón o Alemania, concluía Conesa que el desarrollo económico debía iniciar con un tipo de cambio real alto, acompañado, por supuesto, con equilibrio fiscal y estabilidad monetaria.

Esta medida, de fijar un tipo de cambio real alto, puede resultar atractiva para el Gobierno como punto de partida del nuevo modelo y como transición para eliminar las otras intromisiones en el ámbito del comercio internacional, pero teniendo en claro que, una vez que el desarrollo económico avance y que esto repercuta en mejoras salariales reales, el Gobierno evitará volver a devaluar el tipo de cambio para conseguir una nueva mejora en la competitividad. Así permitirá que el tipo de cambio real alcance su valor de equilibrio.

Ejemplo de este tipo de transición lo observamos bajo el Gobierno de Arturo Frondizi, cuando Álvaro Alsogaray era ministro de Economía y de Trabajo. Alsogaray vio que el tipo de cambio que había llegado a 100 pesos moneda nacional en mayo, retrocedió hacia 83 en agosto, gracias a mayor confianza y a la entrada de capitales, lo que condujo al Banco Central a establecer una paridad fija antes de que siga apreciándose hacia su valor de equilibrio.

Recordemos que la propuesta presenta ventajas y desventajas. Entre las primeras, se puede señalar que un tipo de cambio real alto deprime el nivel de salarios, lo que permite que la industria de manufacturas cuente con mano de obra más barata para enfrentar la competencia extranjera. Entre las segundas, se puede indicar el mismo factor, ya que un bajo nivel de salarios perjudica a los consumidores, que verán reducida su capacidad de ahorro y de consumo. Otra desventaja, no menor, es que el tipo de cambio real alto encarece la importación de insumos, lo que en definitiva afectará también transitoriamente a parte de la industria local y a parte de los propios exportadores.

Debemos reconocer, sin embargo, que, en los términos planteados por Conesa, un tipo de cambio real alto y permanente, como cualquier control de cambios que se quiera fijar, impide un desarrollo sano de la economía y de la población, ya que, a medida que el crecimiento económico va generando mejoras salariales, el Gobierno o la autoridad monetaria reducirán esa mejora con políticas sucesivas de devaluación. Esto no es otra cosa que el fracaso continuo al que se nos ha expuesto en nuestra historia macroeconómica argentina.

Argentina puede fijar inicialmente el tipo de cambio real alto para compensar transitoriamente el desmantelamiento de las políticas proteccionistas, pero una vez que la economía empiece a crecer y los salarios se vayan recuperando de la devaluación, es importante que la estructura productiva se vaya configurando sin contar con nuevas devaluaciones al tipo de cambio. A medida que la economía argentina se desarrolle y el tipo de cambio real se vaya apreciando, las empresas deben emprender un proceso de mejoras en la competitividad incorporando las nuevas tecnologías, a la vez que el Gobierno debe avanzar en una fuerte reducción tributaria que permita bajar costos y quitar obstáculos al desarrollo empresarial.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

¿Por qué cayeron las reservas del BCRA?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 17/12/15 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2015/12/17/por-que-cayeron-las-reservas-del-bcra/

 

Reproduzco una breve nota originalmente escrita para un especial de Clarín que finalmente no fue reproducida. Una breve explicación de por qué han caído tanto las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA)


Los primeros años del Kirchnerismo disfrutaron del rebote de la crisis del 2001 y de un favorable contexto internacional. El Tesoro superavitario que Néstor Kirchner hereda pasa deficitario en el 2009. Desde entonces, la economía argentina comienza a mostrar deterioros en diversos frentes.

Por motivos electorales, y coincidiendo con Redrado en el BCRA, en el 2007 se percibe un significativo incremento de la inflación que llega a valores cercanos al 30% a principios del 2008. Néstor Kirchner apeló a la emisión monetaria para favorecer a Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales. La política inflacionaria junto a un tipo de cambio regulado eventualmente comenzó a dañar las reservas del BCRA. A principios del 2011 las reservas superaban los 50 mil millones de dólares. A fines de noviembre de este año el BCRA ya había perdido la mitad de sus reservas. ¿A qué se debió tan acelerada caída?

En primer lugar, el deterioro en la infraestructura energética elevó significativamente el monto de importaciones de energía. El pago por importaciones de petróleo y electricidad pasó de 530  millones de dólares en el 2003 a 13,300 miles de millones de dólares en el 2014.

En segundo lugar, el problema del atraso cambiario. En un país con equilibrio en su mercado externo el tipo de cambio evoluciona a un ritmo similar al de la inflación. De este modo los precios domésticos e internacionales se mantienen alineados sin generar desequilibrios comerciales. De fines del 2007 a octubre del 2015 el tipo de cambio oficial se devaluó un 203%. En el mismo período, el nivel de precios se elevó un 482%. Esto llevó a que en el mercado de cambios el dólar sea barato al tener un precio por debajo de su valor de equilibrio. El resultado es un exceso de demanda de dólares drenando las reservas del BCRA.

En tercer lugar, el rol del cepo cambiario. Dado que el BCRA mantiene el tipo de cambio por debajo de su valor de equilibrio, el tipo de cambio ya no es un precio eficiente para alocar la oferta a la demanda de dólares. El gobierno decidió entonces utilizar el cepo cambiario para distribuir dólares según determinen ellos mismos vía AFIP, DJAI, etc. Una consecuencia del cepo cambiario es restringir la entrada de dólares, dado que los mismos quedan atrapados en el país. Al momento de instaurarse el cepo (fines del 2011), las reservas se encontraban en torno a los 45,000 millones de dólares. A principios del 2014 el BCRA había perdido unos 16,400 millones de dólares. Este es un monto superior a los 9,300 millones que el BCRA perdió con la crisis del 2001. El fracaso del cepo es inequívoco.

El deterioro de reservas incluye a las llamadas reservas netas. Hay dos maneras de entender las reservas netas. Por un lado, los dólares que el BCRA puede utilizar para hacer frente a ataques especulativos; el llamado poder de fuego del BCRA. Por otro lado, las reservas que son del BCRA y que no surgen de un préstamo en dólares. Un préstamo de largo plazo por organismos internacionales puede considerarse parte del poder de fuego por más que no sean dólares propios del BCRA. Estas diversas interpretaciones, sumado a la falta de transparencia del BCRA, resulta en distintas estimaciones del monto de reservas netas. Los cálculos más pesimistas arrojan números negativos. Agustín Monteverde y Roberto Cachanosky comenzaron a alertar de este deterioro en el 2008 cuando Redrado aun presidía el BCRA.

Para solucionar el problema de las reservas es necesario deshacer los tres problemas mencionados. Mejorar la infraestructura energética, equilibrar el tipo de cambio, y eliminar el cepo. Hay dos maneras de morigerar una devaluación al eliminarse el cepo cambiario. Que disminuya la demanda o que aumente la oferta de dólares. De allí que el cómo se va a eliminar el cepo es un punto crucial. El desafío del gobierno de Macri es generar un sólido shock de confianza que atraiga dólares y disminuya su demanda. Lo que el nuevo gobierno no debe hacer es confiar que el cambio de expectativas es sustituto de reformas institucionales y económicas.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Se necesita un doble plan económico

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 1/11/15 en: http://economiaparatodos.net/se-necesita-un-doble-plan-economico/

 

La habilidad de Cambiemos estará en lograr un plan económico que apague el incendio que deja CF y el rumbo de esta decadencia

Todo parece indicar que el kirchnerismo tiene perdida la batalla si estamos de acuerdo en que el 25 de octubre el voto mayoritario fue un categórico no a la continuidad del kirchnerismo. Si con la cantidad de puestos públicos que crearon, la catarata de subsidios que entregaron y el consumo artificial que impulsaron, el oficialismo perdió en la provincia de Buenos Aires y en la mayoría de las intendencias de la provincia, en Jujuy, en Santa Cruz y en Santa Fe, parece bastante claro que la gente dijo basta al kirchnerismo. El gran interrogante es si la gente le dijo basta al fondo del problema, a las formas del kirchnerismo o a ambas cosas.

Lo cierto es que sería un error pensar que la crisis que deja el kirchnerismo es una crisis aislada del resto de las crisis anteriores. En rigor es una crisis más en un proceso de la larga decadencia argentina producido por décadas de populismo. Tal vez el populismo extremo al que llegó el kirchnerismo opaque las anteriores etapas populistas, pero no hay que confundirse, esta crisis es producto de desbordes del gasto público, déficit fiscal, regulaciones, carga impositiva, etc. como todas las anteriores. Una vez más asistimos a un proceso populista que, luego de distorsionar los precios relativos y recurrir a todos los mecanismos de financiamiento de la fiesta populista, termina colapsando. Que el colapso final se lo dejen al próximo gobierno no quiere decir que no sea un colapso. Es más, no sería la primera vez que esto ocurre.

Pero decía antes que, a mi juicio, esta es una crisis más dentro de una larga decadencia. Si uno tiene en claro este tema, queda en evidencia que el problema heredado no se arregla solamente retocando el tipo de cambio, las tarifas de los servicios públicos o haciendo algunas correcciones en el sistema tributario. La realidad es que los fundamentos institucionales del país están tan podridos de populismo que se hace imposible reconstruir la economía argentina sobre estas bases. No vaya a ser cosa que si gana Macri, por limitarse a hacer solo retoques, terminemos en otra crisis al final del camino y con el regreso triunfante de la que generó este fenomenal descalabro u otro populista que continúe con el proceso de larga decadencia.

Se requiere, a mi juicio, entonces, un doble plan económico que tiene que estar perfectamente ensamblado uno con el otro. Un plan sería el plan contra incendio que es para enfrentar la herencia que dejará el kirchnerismo. Un poco por ideología e ignorancia y mucho por pura maldad, dejan serios problemas cambiarios, de tarifas de los servicios públicos, de altísimo nivel de gasto público junto con una presión impositiva que está destruyendo la actividad privada y encima déficit fiscal que genera expansión monetaria e inflación.

Por otro lado, hay que pensar en una estrategia de crecimiento de largo plazo para abandonar esta larga decadencia. Ello implica cambiar los valores perversos que imperan en la sociedad y que fueron potenciados por estos 12 años de populismo k. Me refiero a esa cultura que impulso el kircherismo de que unos tienen derecho a vivir del trabajo ajeno. Esa perversa idea que un grupo de personas tiene la obligación de mantener a una legión de gente que figura como “empleados” del sector público y planes sociales. Otros se sienten con derecho a no tener que competir y a que el estado les reserve una parte del mercado para ellos solos. Hay que cambiar esta cultura de creer que el estado puede hacer cualquier cosa con el contribuyente y cobrarle impuestos disparatados en nombre de la solidaridad social. Argentina tiene que ser competitiva en materia impositiva para atraer inversiones. Tiene que desregular la economía para generar inversiones competitivas que atiendan las necesidades de los consumidores. Inversiones que puedan abastecer el mercado internacional porque son eficientes y pueden competir. Es decir, salir de esta lógica de barrio que impulsa el kirchnerismo según la cual tenemos que darle la espalda al mundo y producir solo para el reducido mercado interno.

En su ignorancia supina, los k no terminan de entender que al producirse en cantidades reducidas solo para el mercado interno, el peso de los costos fijos es mayor por cada unidad producida. En cambio, si uno produce para el mercado interno y para exportar las unidades producidas son muchas más y, en consecuencia, los costos fijos por unidad se reducen. Ejemplo, el costo de la secretaria del presidente de la empresa pesa menos si se divide sobre 1000 unidades producidas que si se divide sobre 100.000 unidades producidas. Esta matemática tan elemental parece no entrar en el cerebro k, que luce estar limitado a los cantos desde el patio de las palmeras y a aplaudir los discursos más disparatados de los que puedan tenerse memoria.

Mi principal preocupación es que, de confirmarse la victoria de Cambiemos el 22 de noviembre, logre frenar el proceso a la chavización que impulsa el kirchnerismo pero subestime el incendio económico que deja el kirchnerismo y tengamos una crisis social y política que no permita salir de esta destrucción populista que domina la Argentina desde hace décadas. Es decir, que el descontrol de corto plazo impida cambiar el rumbo populista para iniciar el rumbo de un mercado libre, con disciplina fiscal,  monetaria y respeto por los derechos de propiedad.

El kirchnerismo deja un verdadero campo minado que puede evitarse y debe evitarse para no seguir en este populismo decadente. La habilidad de Cambiemos estará en lograr un plan económico que apague el incendio que deja CF y, al mismo tiempo, cambie el rumbo de esta decadencia. Enfrentar y controlar lo coyuntural y, al mismo tiempo, poner las bases sólidas de lo estructural para ser lo que fuimos cuando en nuestro país imperaron los principios de la constitución nacional de 1853/60.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Cepo cambiario: Tres años de deterioro económico.

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 31/10/14 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2014/10/31/cepo-cambiario-tres-anos/

 

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No es con alegría que llega este tercer aniversario del anuncio del cepo cambiario. Sin signos de interés por parte del oficialismo en levantar la medida ni propuestas concretas desde la oposición, se cumplen tres años de restricciones en el mercado de divisas que son otros tantos de deterioro económico. En un contexto internacional inmejorable, con altos precios de la soja y exceso de dólares en el mundo, el gobierno kirchnerista cumple tres años de crecientes regulaciones en el mercado cambiario. Mirando el cuadro completo de la economía argentina, cabe decir que el oficialismo es fuerte candidato a ser un ejemplo de manual de cómo no manejar la economía de un país.

Podrían resumirse dos motivos centrales que llevaron a la pérdida de reservas y finalmente al cepo cambiario. En primer lugar, una política de dólar barato (atraso cambiario). Un tipo de cambio regulado que evoluciona a un ritmo menor que la inflación lleva a un crecimiento relativo de las importaciones sobre las exportaciones dado que es más económico acceder a productos del exterior que adquirirlos en el mercado domeéstico. Desde el 2010 a las fecha la cuenta corriente del balance de pagos es negativa. Siendo un gobierno obsesionado con el pasado, no parece percatarse que comete los mismos de gobiernos anteriores. ¿No es acaso el atraso cambiario el problema señalado tanto a la tablita de Martínez de Hoz como a la convertibilidad durante el gobierno de Menem? En segundo lugar, la política de tarifas controladas junto a un marco institucional poco atractivo a inversiones de largo plazo llevaron a un faltante de energía que debe ser suplido con importación y por lo tanto pagado en dólares en el exterior. La política de sustitución de importaciones no sólo fue incapaz de generar dólares, sino que se encuentra en la peculiar situación de depender de los dólares generados por los sectores que supuestamente no generan valor agregado al punto tal de imponer altas retenciones o exigirles que exporten su producto. ¿No es síntoma de fracaso que el modelo de sustitución de importaciones dependa de los dólares generados por el sector agrícola? Desde que se acentúa la política del “vivir con lo nuestro” de Aldo Ferrer como ministro de economía en la década del 70 que la economía Argentina ha visto un empeoramiento en sus problemas cambiarios y una mayor dependencia de un sector industrial dependiente de “tipos de cambio competitivos”.

Si el objetivo del cepo cambiario era detener la pérdida de reservas, el fracaso de dicha política se deja ver en los datos oficiales del siguiente gráfico. Se ve claramente que luego de anunciar el cepo cambiario tanto las reservas brutas (en negro) como las reservas netas (en gris) entran en una acelerada caída. Seguir la evolución de las reservas netas es importante dado que este es el valor de reservas que de hecho “pertenecen” al BCRA. Si usted tiene en su billetera 100 dólares pero yo le he prestado 20, entones sus reservas son 80, no 100. Al 15 de octubre, si se descuentan depósitos en dólares de privados que se encuentra en custodia en el BCRA, depósitos en dólares del Tesoro, y préstamos en dólares (multilaterales y CEDINES), entonces las reservas netas rondan los 16.450 millones de dólares, no los 27.450 millones. Esto quiere decir que si se desea cambiar la base monetaria por los dólares en reservas netas, el tipo de cambio (de dolarización) se encuentra en 24.6 pesos por dólar.

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El gráfico también muestra que desde la imposición del cepo se perdieron más reservas que con la crisis del 2001. En aquel entonces las reservas cayeron unos 9.300 millones. De noviembre del 2011 a septiembre del 2014 las reservas brutas y netas cayeron 21.200 millones y 16.900 millones respectivamente. En términos de pérdida de reservas, el kirchnerismo lleva más de una crisis 2001 sobre sus espaldas desde que decidió imponer una restricción tan anacrónica como el cepo cambiario. No es la primera vez que Argentina decide experimentar con restricciones en el mercado cambiario. No es la primera vez, tampoco, que los resultados dejan mucho que desear.

El fracaso no debe sorprender. El problema de fondo -control del tipo de cambio, tarifas congeladas y emisión monetaria para financiar un déficit fiscal abultado- no fue revisado. La pérdida de reservas que se acelera con el cepo cambiario tiene como contrapartida la expansión del mercado del dólar blue. La aparición del mercado informal del dólar es muestra de que las leyes económicas, igual que las leyes de la física como la gravedad, no pueden ser modificadas por leyes del Congreso, decretos de necesidad y urgencia, ni a fuerza de discursos políticos. En el siguiente gráfico se ve la evolución del dólar oficial (negro, eje izquierdo), el dólar blue (azul, eje izquierdo) y la brecha cambiaria (rosa, eje derecho). El gráfico muestra un cambio en la evolución de la brecha cambiaria desde la instauración del cepo cambiario.

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Nótese que las caídas del dólar blue no logran persistir en el tiempo y son seguidas de picos que superan las cotizaciones anteriores. Estos últimos días dónde a fuerza de controles policial se ha desinflado la cotización del blue no deben verse fuera de la perspectiva y tendencia del dólar blue. Sin cambios de política de fondo no hay que esperar un cambio de tendencia (más allá de oscilaciones de corto plazo.) El cepo cambiario, por lo tanto, no sólo resultó en una notable pérdida de reservas, sino que llevó al florecimiento del mercado paralelo de dólar con una brecha cambiaria que ha llegado a superar el 80%. Desde que se instauró el cepo, la inflación (según Congreso) fue del 113.8% mientras que el tipo de cambio oficial se devaluó un 97.7%. En el mes de octubre la inflación interanual alcanzó el 41%, ubicándose por primera vez por encima del pico interanual de diciembre del 2002. En un contexto donde la inflación parece acelerarse más que desacelerarse, ¿nuevamente está el gobierno cometiendo su mismo error de “atraso cambiario”? ¿Qué dice de un gobierno en particular (y de una clase política en general) el persistir en el mismo error esperando resultados distintos? El anhelo de la ciudadanía de proteger sus ahorros y su futuro patrimonial llevaron a un aumento de la cotización del dólar blue del 230.6% desde que se instauró el cepo; otro valor que debe poner en perspectiva las recientes bajas del dólar blue. El gráfico también muestra que la devaluación oficia que ocurrió a principios de año tuvieron un efecto meramente transitorio sobre la brecha cambiara que no tardó en superar los valores pre-devaluación.

A tres años del cepo, prácticamente todos los indicadores de actividad económica muestran resultados negativos. Una política económica cerrada al mundo (vía DJAI y cepo cambiario) va en contra de principios básicos de la economía como la división del trabajo y las ventajas comparativas. Las dificultades económicas del país, con sus derivados problemas sociales (desempleo, pobreza, etc.) no deberían sorprender.

Unos breves comentarios finales:

1- Este desventurado aniversario del cepo cambiario nos encuentra sin claras propuestas desde la oposición (especialmente de los presidenciables) sobre cómo terminar con el cepo cambiario. Ya sea por incapacidad o desinterés, la oposición no posee, a mi juicio, un discurso claro sobre los problemas económicos más graves del momento. No se deben confundir expresiones de deseo con soluciones concretas. Las políticas económicas se evalúan por sus resultados, no por sus intenciones.

2- El faltante de dólares es, por definición, un desequilibrio en el mercado cambiario. Hay tres formas de corregir este desequilibrio. Disminuir la demanda de dólares. Aumentar la oferta de dólares. Corregir el precio a sus valores de equilibrio (donde cantidad demandada iguala a cantidad ofrecida.) Esto no debe interpretarse como un guiño a devaluar el tipo de cambio oficial (de acceso notablemente  restringido), sino como un reconocimiento de que el tipo la moneda ya ha sido devaluado. A diferencia de lo que expresase el equipo económico del gobierno al devaluar el tipo de cambio de seis pesos por dólar a ocho pesos por dólar a principios de año, el tipo de cambio no se encuentra en equilibrio. Si ese fuese el caso no seria necesario mantener el cepo cambiario.

3. Debería ser inaceptable en una ciudadanía cívicamene madura que el gobierno restringiese el acceso al dólar forzando al ciudadano a ahorrar en pesos. Debería ser claro en un país que es una República en los hechos y no sólo en los papeles que no es potestad del Estado decidir en qué moneda usted tiene derecho a proteger su futuro patrimonial dado que usted, no el gobierno, es el soberano. Es preocupante que tras tres años de cepo, ya sea por incapacidad o desinterés, el Poder Judicial no haya puesto límites claros a las transgresiones civiles que el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo han impuesto sobre sus representados. ¿No es ese, acaso, el rol del Poder Judicial? ¿No es, entones, el Poder Judicial parte del problema? Como ciudadano, ¿siente usted que su patrimonio es fielmente protegido por el Poder Judicial ante excesos del Poder Ejecutivo y Legislativo?

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. 

La inspiración nazi de la ley de abastecimiento

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 17/8/14 en: http://economiaparatodos.net/la-inspiracion-nazi-de-la-ley-de-abastecimiento/

 

En nombre de la superioridad moral de un reducido grupo de personas, se lanzan leyes para someter al resto de la población

El destemplado discurso de CFK del jueves pasado es la consecuencia lógica de todo gobierno que, apostando a políticas populistas para concentrar poder absoluto, se encuentra con la inevitable crisis económica que produce descontento en la población y obliga al gobierno a tomar tendencias autoritarias. A ser más autoritario aún. Nada voy a agregar a lo que ya agregaron tantos autores que analizaron este fenómeno de los gobiernos populistas, aunque creo que Hayek, en Camino de Servidumbre, describe perfectamente el derrotero que siguen estos gobiernos. La misma Rebelión de Atlas de Ayn Rand parece escrita para la Argentina actual.

Lo concreto es que estos procesos populistas siempre terminan de la misma manera: con un estallido económico y creciente autoritarismo del gobierno de turno. La diferencia entre los populismos anteriores (salvo el de Perón de sus dos primeras presidencias) y el de los Kirchner, es que ambos, Néstor Kirchner y Cristina Fernández, le pasaron por encima a los más elementales derechos individuales. Sobrepasaron límites que otros presidentes no estuvieron dispuestos a sobrepasar y, por lo tanto,  el tiempo se les acortó más rápido que en esta era kirchnerista.

Pero el proceso es el siguiente. Todo populismo necesita del gasto público para ganar voluntades y tener más votos en las urnas. Esto los lleva a aumentar el gasto público y a tener déficit fiscal. El déficit fiscal más tarde o más temprano es financiando con emisión monetaria que conduce a un proceso inflacionario. Frente al proceso inflacionario el gobierno populista no baja el gasto porque sería contrario a sus necesidades políticas. Sigue con el déficit e intenta frenar la inflación con los típicos controles de precios.

Como la emisión continúa porque el gasto sigue superando los ingresos, el gobierno continúa incrementando el gasto para conformar a los empleados estatales, a los jubilados, a los que reciben subsidios y otros gastos. La inflación empuja el aumento del gasto público en términos nominales. Por supuesto que los impuestos también suben nominalmente, pero normalmente el populismo sube más el gasto que lo que recibe por impuestos.  Por eso es populismo, así que el proceso inflacionario continúa su curso y los controles de precios tienen que ser cada vez más agresivos. Es decir,  el gobierno es cada vez más autoritario.

Por otro lado, el populismo suele usar el tipo de cambio como ancla contra la inflación, es decir, dejan fijo el tipo de cambio mientras la inflación sigue su curso, con lo cual el tipo de cambio real cae y comienzan a producirse problemas en el sector externo. Se desestimulan las exportaciones y se estimulan las importaciones. En ese punto empiezan los controles a las importaciones y escasean los dólares, mientras el gobierno populista se desespera por no devaluar estableciendo todo tipo de controles de cambio.

Es más, el problema cambiario tiende a agravarse porque la gente, que ya advirtió que la inflación se acelera, se fuga del peso comprando dólares o bienes que les permitan defenderse del impuesto inflacionario. Se amplía la brecha cambiaria entre el dólar oficial, por el que se cursan exportaciones e importaciones, y el dólar marginal, negro o blue, como cada uno quiera llamarlo.

El aumento de la brecha cambiaria hace que aumente la sobrefacturación de importaciones y la subfacturación de exportaciones, agravando la situación del sector externo.

Por otro lado, como nadie quiere tener pesos porque se derriten por minuto en su poder de compra, las empresas prefieren no tener créditos a cobrar en la calle y optan, como corresponde, por sacrificar ventas y retener stocks para no perder su capital de trabajo. La mercadería y los insumos son refugio de valor y una defensa del capital de trabajo frente a la inflación. Por eso es que el gobierno quiere tener una ley que es pura violación de la Constitución Nacional y de los derechos individuales más elementales.

Esa famosa ley de abastecimiento que impulsa el gobierno tiene un claro objetivo. Sabe que los empresarios defienden su capital de trabajo con stocks, ya sea de mercaderías o de insumos. Lo que pretende el gobierno, en este camino hacia la dictadura, es financiar su populismo consumiendo el stock de capital del sector privado. Como el sector privado se va a negar a sacrificar su capital de trabajo, entonces quiere una ley para violar los derechos individuales y el derecho de propiedad. Amenazas de confiscar las mercaderías, meter preso a los empresarios, etc. al más puro estilo fascista, es lo que le queda para forzar una nueva fuente de financiamiento. Esta ley fascista de abastecimiento es una especie de cepo cambiario. El cepo cambiario pretende que la gente no pueda defenderse del deterioro del peso. Pusieron el cepo con la idea de que la gente pague más impuesto inflacionario. Con esta ley de abastecimiento quieren que las empresas no puedan defenderse del impuesto inflacionario y le financie el populismo al gobierno. Quieren obligarlas a vender sus stocks a precios que luego no pueden reponer por la inflación y con eso pierden su stock de capital.

Para eso necesitan ser cada vez más autoritarismo hasta llegar a la dictadura. El solo hecho de que el Estado puede aplicar una multa y que luego la empresa vaya a la justicia a reclamar es un ejemplo de violación del derecho a la defensa. Primero se dicta la sentencia de culpable sin juicio previo y luego que vayan a reclamarle a Magoya. Además las autoridades quedan facultadas para incautar, consignar y vender bienes y servicios sin juicio de expropiación. Esto y el nacionalsocialismo son la misma cosa. Un grupo de gente se cree superior al resto. El nazismo consideraba que había una raza que era superior a otra y había que exterminar y someter al resto. Aquí pasa lo mismo. Un grupo de personas se consideran que son iluminados. Seres superiores, que tienen el derecho de decidir qué hay que producir, cómo, en qué cantidad y a qué precio vender. Es decir, se creen una raza superior que deben mandonear al resto. Es un proyecto de ley de neto corte nazi, fascista y stalinista. El que tiene el monopolio de la fuerza se cree con derecho a violar todos los derechos individuales en nombre de su superioridad moral. Es la historia de las dictaduras.

Veremos hasta dónde llegan con esta ley, porque con ella no van a resolver el problema económico. Esto quiere decir que la gente estará económicamente peor y puede haber conflictividad social.  O bien el establecimiento de una dictadura lisa, llana y declarada abiertamente.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Mises analiza la economía austriaca en los años 1920, igual a la Argentina en 2014

Por Martín Krause. Publicado el 14/7/14 en: http://bazar.ufm.edu/mises-analiza-la-economia-austriaca-en-los-anos-1920-igual-a-la-argentina-en-2014/

 

Cuando los Nazis invadieron Austria secuestraron y se llevaron toda la biblioteca y los papeles de Ludwig von Mises. Luego los rusos llegaron a Berlín, y se llevaron esos papeles a Moscú, donde se mantuvieron en secreto hasta que la caída del socialismo permitió encontrarlos y recuperarlos. Como resultado de esto, Richard Ebeling editó esos trabajos en tres volúmenes publicados por Liberty Fund. El primero de ellos se llama “Monetary and Economic Policy Problems Before, During and After the Great War”. Allí Ebeling hace un comentario introductorio donde comenta el análisis de Mises sobre la situación austriaca a principios de los años 1920.

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Cualquier similitud con la situación argentina en 2014 no parece ser coincidencia. Pasó casi un siglo y parece que no hemos aprendido nada. Dice Ebeling sobre Mises:

“Los artículos de Mises “Devaluación Monetaria y el Presupuesto Nacional” y “Por la reintroducción de prácticas normales de mercado de capitales en las transacciones de moneda extranjera” explicó que el tipo de cambio es un precio creado en el mercado que simplemente no puede ser fijado y manipulado por el estado. El valor de una moneda en términos de otra reflejaba en definitiva su poder de compra. Guiada por la “ley de un solo precio”, la tendencia del mercado era a establecer un tipo de cambio en cuyo punto el atractivo de comprar un cierto bien en cualquiera de los dos países fuera el mismo. Al establecer el tipo de cambio a un nivel diferente que el de mercado significa solamente que fue establecido a una tasa muy barata o muy cara. En vista de la escasez de divisas como resultado del control de cambios el gobierno ordenó que todos los ingresos de divisas debían entregarse a la Autoridad Austriaca de Control de Cambios a una tasa fija, y ahora la burocracia gubernamental determinaría su racionamiento tanto a importadores como exportadores.

Prohibiendo transacciones normales de divisas simplemente trasladó las transacciones al mercado negro y evitó el funcionamiento de aquellos arreglos institucionales a través de los cuales los individuos se protegen de las fluctuaciones inciertas del tipo de cambio utilizando el mercado legal de futuros. En cambio, el entorno inflacionario con pocos caminos legales para obtener “cobertura” contra los efectos de una moneda que se deprecia, significó que más y más gente comenzaba a usar monedas extranjeras en las transacciones dentro de Austria. Los controles de cambios deben ser eliminados y la impresión de dinero debe terminar si se quiere evitar un desastre monetario.

La causa fundamental de los problemas de Austria estaba en la fuerza de la idea socialista, con todas sus consecuencias negativas. Este fue el tema de dos artículos de Mises, “El problema austriaco” y “El programa de la Socialdemocracia Agraria”. Los socialistas estaban determinados a controlar y gastar hasta la destrucción total del país. Bajo esta administración, los impuestos y la inflación consumieron la riqueza acumulada en el pasado y limitaron la acumulación de capital en el presente. Demagógicamente prometieron riqueza mientras causaban pérdidas nacionalizando y regulando industrias que terminaron sufriendo pérdidas que se pagaban finalmente con más inflación. Su agenda agrícola iba a hacer el mismo daño a la economía rural como lo hacía a la industria y las manufacturas en las ciudades.

¿Qué debería hacerse? En Febrero de 1921, Mises presentó el borrador de un plan para responder a la pregunta ¿Cómo puede salvarse a Austria?” La primera medida era frenar la impresión de dinero. Pero esto solo podía hacerse si se eliminaban los costosos subsidios a los alimentos y se reprivatizaban las industrias para terminar con los enormes gastos destinados a cubrir sus déficits, para que el presupuesto nacional volviera a estar balanceado. Los controles de cambios debían eliminarse con un mercado libre de cambios, para todo tipo de transacciones. Al mismo tiempo, el valor de la corona austriaca tendría que estabilizarse una vez que el Banco Central terminara de emitir dinero y se frenara la depreciación de la moneda. Todas las regulaciones locales y los controles que interfieren en el comercio entre las distintas provincias de Austria tenían que levantarse, y el libre comercio debería ser reintroducido en todas sus formas. Este era el camino para una próspera y revitalizada Austria.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Dame dólares, te doy tasa:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 7/2/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1661881-dame-dolares-te-doy-tasa

 

Al ver la estrategia del BCRA de limitar la tenencia de divisas en los bancos, obligándolos a vender parte de sus activos en moneda extranjera (dólares, bonos en moneda extranjera, futuros, etcétera) y viendo que sube la tasa de interés, inmediatamente me vino a la mente el Plan Primavera.

Para los más jóvenes, en 1988 Raúl Alfonsín había decidido adelantar las elecciones al mes de mayo. Luego del fracaso del plan austral (1985) y sus diferentes versiones, la inflación volaba y el tipo de cambio volaba más rápido. Para tratar de llegar lo más calmo posible a las elecciones, e intentando ganar tiempo, en septiembre de 1988 se lanzó lo que se conoció como el Plan Primavera. Ese plan, entre otras cosas, buscaba darle certeza al mercado que el tipo de cambio se iba a mantener estable, al tiempo que subían la tasa de interés. Lo que se armó, en definitiva, fue una timba financiera por la cual se le ponía a la gente la zanahoria de una tasa de interés que podía ser negativa contra la inflación pero era altamente positiva si el tipo de cambio se mantenía estable. Puesto en otras palabras, se ofrecía una gigantesca tasa de interés medida en dólares.

Ese plan duró solo 5 meses porque el famoso 6 de febrero de 1989 el BCRA dejó de vender dólares para mantenerlo calmo. Ese 6 de febrero de 1989 el BCRA dijo me rindo y al dejar de venderle dólares al mercado, el tipo de cambio se disparó, hubo corrida financiera y todo terminó en la hiperinflación.

¿Por qué el Plan Primavera estaba destinado a tener un final de estallido? Porque no existe en el mercado el inversor que devengue indefinidamente una ganancia. En algún momento la realiza.

Para ser más claro voy a dar un ejemplo. Supongamos que el tipo de cambio es $ 10 por dólar y que la tasa de interés es del 5% mensual. La idea es que el tipo de cambio se va a mantener estable en $ 10 y, por lo tanto, yo apuesto a vender mis dólares por pesos, y los pesos los coloco al 5% mensual especulando con que el dólar se va a mantener quieto, sin importarme que la tasa de inflación sea del 15% mensual. Mi apuesta es que la tasa de interés que me paguen le gane a la suba del tipo de cambio.

Supongamos, entonces, que alguien vende U$S 1.000.000, recibe $ 10.000.000 millones y los coloca a tasa de interés. El primer mes gana el 5% ($ 500.000). Al mes siguiente renueva la apuesta y coloca los $ 10.500.000 al 5%. A fin de mes ganó $ 525.000 más. Supongamos que al final del período el inversor decide realizar la ganancia. Va al banco y pide el capital más los intereses ganados, es decir, se lleva $ 11.025.000 y sale a demandar al mercado divisas no por los originales U$S 1.000.000 sino por U$S 1.102.500. La demanda de dólares, cuando el inversor realiza la ganancia, aumentó en este ejemplo el 10,25%. Si muchos hacen este juego financiero por un tiempo, cuando quieren realizar la ganancia, el sistema es explosivo sobre el mercado de cambios.

Lo que estamos viendo actualmente es parecido. Obligan a los bancos a vender su posición en dólares y ponen la zanahoria de la tasa de interés para que los productores que tienen soja no especulen con que va a subir el tipo de cambio de los $ 8, no retrasen la venta de granos y apuesten a la tasa de interés. El punto es que hoy la tasa de interés para inversiones grandes está en el 25%. Contra la tasa de inflación es negativa, pero contra un tipo de cambio quieto durante un tiempo es fenomenalmente positiva. Esto quiere decir que, suponiendo que el tipo de cambio se mantiene clavado en $ 8 y la tasa en el 25% anual, el rendimiento en dólares es del 25% anual, lo cual hace que esa tasa de interés sea absolutamente inconsistente con cualquier proyecto de inversión, salvo el narcotráfico, el tráfico de armas o alguna otra actividad ilícita. Por definición la jugada es inconsistente, aunque en el corto plazo logre calmar el mercado de cambios. El Plan Primavera también logró calmar el mercado de cambios por unos meses y luego terminó en el famoso 6 de febrero de 1989.

Ahora bien, si a esto le agregamos que el Central sigue emitiendo para financiar al Tesoro y paga una tasa de interés del 30% por los bonos que coloca en el corto plazo, se acumulan dos déficits: a) el déficit fiscal y b) el déficit cuasifiscal del BCRA. Una combinación explosiva hacia el futuro.

No nos engañemos, los problemas estructurales de alta presión impositiva, gasto público infinanciable, déficit fiscal y falta de previsibilidad en las reglas de juego no se solucionan con artilugios monetarios, financieros y cambiarios. Esta historia ya la conocemos y sabemos que es solo para ganar tiempo y que termina muy mal.

La pregunta es: ¿Ganar tiempo para qué, si no están dispuestos a corregir los problemas estructurales?

En síntesis, se ha armado una timba financiera que todos conocemos cómo se desarrolla y cómo termina. Han pasado 25 años desde aquel famoso 6 de febrero de 1989 y parece que no aprendimos.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

La importancia de la movilidad estudiantil

Por Constanza Mazzina. Publicado el 8/1/14 en: http://opinion.infobae.com/constanza-mazzina/2014/01/08/la-importancia-de-la-movilidad-estudiantil/#more-15

No todas son malas noticias en la educación. El intercambio y la movilidad de estudiantes universitarios que deciden realizar sus carreras en otros lugares distintos a sus países de origen permite una experiencia enriquecedora, tanto para ellos como para quienes los reciben.

Las aulas de las universidades se han transformado en los últimos años. Desde ya los avances tecnológicos han hecho estragos en la forma en que se enseña y aprende, pero la composición de los estudiantes ha cambiado de la mano del crecimiento de los estudiantes que deciden estudiar en otro país distinto al de su origen. Desde el año 2000 la cantidad de estudiantes extranjeros en el exterior creció un 77%.

El documento de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) señala tres grupos de países según la relación entre el valor de la matrícula para nacionales y para extranjeros. Es así que en el primer grupo la matrícula es más alta para internacionales que para alumnos nacionales. Aquí encontramos a Gran Bretaña, Estados Unidos, Dinamarca, Australia, Austria, Canadá y la Federación Rusa entre otros. En segundo lugar, cuando es igual en ambos casos, es así en Alemania, Francia, Italia, Japón, Corea y España. Por último, cuando ni los nacionales ni los extranjeros tienen que pagar matrícula. Este es el caso de Finlandia, Suecia, Noruega e Islandia. Australia, Canadá, Francia, Alemania y Gran Bretaña junto a Estados Unidos, reciben cada uno más del 5% de todos los estudiantes extranjeros del mundo.

En nuestro país, tanto en las universidades públicas como privadas puede observarse el fenómeno de la gran cantidad de jóvenes que han decidido estudiar en la Argentina. Este particular hecho se observa especialmente por el “aluvión” de estudiantes latinoamericanos que eligen realizar sus estudios universitarios en el país. Un dato significativo es que el 73,5% de aquellos que eligen la Argentina como destino provienen de países en los que se habla la misma lengua, según datos de OCDE. Sin embargo, en la Argentina la cantidad de estudiantes extranjeros en el país por cantidad de estudiantes argentinos en el exterior es aún comparativamente baja, representa el 0,2. Lamentablemente el informe no cuenta con datos acerca del porcentaje de estudiantes provenientes de países vecinos que en el caso deBrasil representan el 25.9% y de Chile el 31.9%.

Algunos factores explican este hecho: empezando por la globalización, siguiendo por el tipo de cambio que beneficia a quien trae dólares y los cambia en el mercado no oficial, y el prestigio de nuestras universidades. El total que debe invertir (gastar) un alumno universitario en la Argentina es mucho menor que si decide estudiar en otro país, sea Colombia, México o Chile. Estudiar Derecho en una universidad privada argentina ronda para el estudiante unos 255 dólares mensuales y economía alrededor de 259 (considerando el tipo de cambio no oficial). Las mismas carreras en Chile rondarían los 762 y 868 dólares mensuales respectivamente. En Colombia el costo se acerca a los 1308 dólares mensuales para las mismas carreras. Diferente es el caso del país hermano Brasil, allí, tanto las universidades públicas como privadas aplican el sistema educativo regido por los exámenes Vestibular y ENEM. En este sentido, los valores de matrículas y cursos se desarrollan de acuerdo a los resultados obtenidos por el ingresante en el mencionado sistema. Señalemos por último que, comparativamente, Argentina gasta menos que los otros estados por estudiante universitario.

Siguiendo el citado informe de OCDE el gasto anual por estudiante por instituciones educativas (educación terciaria) en servicios básicos, auxiliares y R&D (investigación y desarrollo) en la Argentina es de 4680 dólares, en Brasil de 13137, en Chile de 7101 y en México de 7872 dólares. En Australia la cifra se eleva a 15142 dólares y en Canadá a 22475, cifras que de todos modos son inferiores a los 25576 de los Estados Unidos.

Mucho se ha avanzado en estos años, pero aún queda mucho por hacer: estimular la realización de estudios en el extranjero para nuestros jóvenes redundará en un valor agregado para ellos y para la sociedad, como lo demuestra la experiencia de otros países.

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Es docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal.