El dólar pone a Macri entre la espada y la pared

Por Iván Carrino. Publicado el 3/5/18 en: http://www.ivancarrino.com/el-dolar-pone-a-macri-entre-la-espada-y-la-pared/

 

El gobierno debe elegir entre calmar a los mercados o satisfacer a los grupos de presión internos.

La semana pasada asistimos a una verdadera corrida cambiaria como hacía tiempo no se veía en el país. En un lapso de solo 5 días, el Banco Central vendió el 7% de sus reservas internacionales, perdiendo nada menos que USD 4.400 millones.

El objetivo: evitar que suba el dólar y eso continúe realimentando unas expectativas de inflación que parecen cada vez más descontroladas.

Al finalizar la semana, el Banco Central tomó una nueva decisión. Esta vez fue todavía más agresivo. Decidió subir su tasa de política monetaria 300 puntos básicos, a 30,25% anual. Sin embargo, al reanudarse la rueda de los mercados, el miércoles, las cosas todavía no parecían calmarse del todo.

A continuación, un análisis de lo que pasó y lo que puede suceder de acá adelante.

Las Reservas no se “rifan”

Algunos analistas, al atestiguar la fuerte venta de reservas por parte de la autoridad monetaria, pusieron el grito en el cielo porque los dólares se estaban “rifando”. Curiosamente, muchas de estas protestas venían de quienes, en el pasado, impusieron el cepo cambiario para evitar “la rifa” y, sin embargo, liquidaron nada menos que la mitad del stock total de reservas internacionales.

Es cierto que en un sistema de tipo de cambio flexible, el dólar debe fluctuar libremente sin intervenciones. Ahora bien, si ese fuera el caso, el Banco Central tampoco debería haber comprado USD 40.000 millones en dos años.

Dado que lo ha hecho… digamos que tiene derecho a venderlos cuando quiera. Para eso se compran. No para tenerlos guardados en un cajón, sino para salir a traer calma cuando los mercados se inquietan.

Ahora bien, si analizamos los momentos en que el BCRA comenzó a utilizar esta herramienta, encontramos  que no fue solo la semana pasada. Ya desde marzo que Sturzenegger decidió salir a vender dólares, porque juzgaba que la suba del tipo de cambio comenzaba a ser “disruptiva”.

Coletazos del 28D

Para entender por qué un Banco Central que supuestamente tiene un tipo de cambio libre se obsesiona por controlarlo, tenemos que remontarnos al 28 de Diciembre pasado.

Hasta esa fecha del año 2017, el Banco Central venía implementando un sistema de Metas de Inflación donde el principal instrumento para influir en las expectativas y en el mercado monetario era la tasa de interés.

La tasa, en su momento, estaba en los alrededores del 28%, mientras que la inflación anualizada andaba por el 20%. No obstante, las metas no venían cumpliéndose y a la tasa le llovían críticas.

Desde la heterodoxia, se argumentaba que semejante nivel de tasa frenaba la actividad. Desde la ortodoxia, que la herramienta no servía y que generaría una bomba de Lebacs que estallaría en el futuro con más inflación y devaluación.

Ambos argumentos allanaron el camino para que el 28D, el Poder Ejecutivo no solo impusiera una modificación de las metas de inflación, sino una baja de la tasa de interés.

Así, el principal instrumento que el Banco Central tenía para domar la inflación, fue secuestrado por la Jefatura de Gabinete.

Poco tiempo después, las expectativas de inflación comenzaron a subir y, con ellas, el dólar.

El Banco Central estaba en una encerrona. Se le descontrolaban las variables y no tenía herramientas ni credibilidad para encaminarlas. Lo único que le quedó a la mano fue salir a vender dólares.

Tormenta perfecta

A los factores anteriormente mencionados, que podemos denominar domésticos, se sumó la cuestión internacional: el dólar en el mundo viene fortaleciéndose día tras día, y en las últimas diez jornadas acumuló un avance de 3,8% contra todas las monedas del globo.

Lo que refleja esto es que los fondos internacionales están desarmando posiciones en los países emergentes y “volando hacia la calidad”, para lo cual necesariamente deben comprar dólares.

Ahora bien, si Argentina fuera un país totalmente ordenado en sus números fiscales, dinámico en su mercado de trabajo, y estable en sus reglas de juego, el cimbronazo tal vez no sería tan marcado.

Sin embargo, se da el caso de que somos uno de los países más vulnerables a la turbulencia internacional, lo que nos lleva al último punto.

Entre la espada y la pared

Si la suba de tasas de Sturzenegger no alcanza, y los inversores siguen queriéndose ir, vendiendo moneda y bonos argentinos, entonces el problema acá no estará siendo el 28D o la política fiscal de los Estados Unidos, sino algo más profundo: un reclamo para que el gobierno dé mayores señales de ajuste fiscal.

Es que dado el agujero que tiene el gobierno, el modelo no cierra si no hay financiamiento, y como el mercado local es muy chico, ese financiamiento tiene que venir de afuera… Pero si afuera se complica, la única que queda es ajustar más.

Un mayor ajuste fiscal, que podría pasar por recortar partidas de gasto que excedan a la de los subsidios energéticos, tendría el efecto positivo de generar mayor confianza de los acreedores, generando mayor estabilidad.

No obstante, un mayor ajuste fiscal desataría una ola de protestas de sindicatos, piqueteros y partidos opositores, quienes no dejan pasar la más mínima oportunidad para atacar al gobierno por “neoliberal ajustador”.

Todas las fichas están puestas en Sturzenegger. Si su revitalizada política monetaria logra calmar las expectativas, el hiper-gradualismo de Macri tendrá una vida más en este juego. De lo contrario, estará obligado a elegir entre la espada y la pared.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El adiós a la heterodoxia inflacionista

Por Iván Carrino. Publicado el 26/9/16 en: http://www.ivancarrino.com/el-adios-a-la-heterodoxia-inflacionista/

 

Por años nos dijeron que la inflación era culpa de los empresarios. Hoy, con los mismos empresarios, la inflación está bajando. Es la política monetaria y el fin de la heterodoxia.

Los bancos centrales no son los mejores amigos de la gente común. Desde su aparición y proliferación a lo largo del globo, han sido los principales responsables de la destrucción de las monedas que emiten.

Es que los bancos centrales, por décadas, han sido los mejores amigos de los gobiernos. Y cuando un mejor amigo se queda sin plata, ahí está uno para prestarle. El problema, claro, es que cuando el único autorizado legalmente para emitir dinero, le “presta” al gobierno ese nuevo dinero, eso hace que su poder adquisitivo caiga. La inflación es lo que sigue, y luego la crisis y el empobrecimiento generalizado.

Esto sucedió en los Estados Unidos, nada menos que el país de referencia para muchos en materia de disciplina monetaria. Desde la creación de la Reserva Federal, el poder adquisitivo del dólar estadounidense se desplomó más de 90%. Por otro lado, el oro, que en 1915 estaba fijo en US$ 20 la onza, hoy cotiza cerca de los U$S 1.300.

Si miramos el “track record” de nuestra autoridad monetaria, la historia es mucho más lamentable. Cinco signos monetarios destruidos, dos hiperinflaciones, y numerosos controles del tipo de cambio que terminaron con estallidos y megadevaluaciones.

Como puede verse, lo que la historia tiene para ofrecernos es una relación directa entre la operación de los bancos centrales y la aparición de la inflación. Se desprende de esto la famosa frase de Milton Friedman, acerca de que la inflación es, en todo momento y en todo lugar, un fenómeno monetario. Y se desprende también que, si bien son los bancos emisores los responsables de la inflación, también son los únicos capaces de bajarla (a menos que decidamos cerrarlos).

Sin embargo, a pesar de esta numerosa evidencia empírica sustentada por siglos de teoría económica, en nuestro país muchos se resisten a entender.

Por los últimos doce años el país ha vivido un furioso proceso inflacionario, en donde el ritmo de aumento de precios pasó del 3,7% anual en 2003, al 38,5% en 2014. A fin de este año, probablemente también veamos una inflación cercana al 40%.

Por años, la explicación oficial pasó por dos vertientes muy claras. La primera, que “un poco de inflación es buena” y que si queremos crecer, tenemos que bancarnos hacerlo con precios que suben. Es la clásica explicación keynesiana de la demanda agregada. Si crece la demanda, crecerá la producción pero subirán los precios.

A la luz de los datos, esta teoría quedó obsoleta. De 2011 a 2015, los precios treparon 183%. Sin embargo, el PBI creció solo 0,3% anual, reduciéndose en términos per cápita.

La segunda explicación es que la inflación había que bajarla de manera “heterodoxa”, con políticas de ingresos y subsidios a la oferta. Es decir, con controles de precios, aumentos de salarios para incentivar el consumo, y créditos subsidiados para que las PYME produzcan más. Todas políticas contrarias al objetivo deseado, porque los controles de precios destruyen la producción, mientras que el crédito barato, al exigir subsidios que generan déficit, estimula la inflación.

La heterodoxia estaba tan orgullosa de su teoría que cuando el Banco Central de la República Argentina decidió emprender una política monetaria dura subiendo la tasa de interés y reduciendo la cantidad de dinero en circulación, se rió de él (véase aquí y aquí). Al mirar cómo los precios subían producto de la salida del cepo y el ajuste de tarifas (todo producto de la inflación reprimida por los controles); los heterodoxos afirmaron que la ortodoxia monetaria no había sido exitosa en detener la caída del poder de compra del peso.

Lamentablemente para ellos, está quedando claro que esto es falso. Si bien 2016 va a ser un año de un fuerte aumento en el IPC producto del acomodamiento de precios relativos; las proyecciones para 2017 muestran un contundente freno a la caída del poder adquisitivo. El gobierno prevé que los precios treparán 17% el año que viene, pero incluso errando por tres puntos el pronóstico (un dato más cercano a las proyecciones privadas), estaremos frente a la inflación más baja en 7 años.

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Recientemente en el BCRA disertaron los presidentes de los bancos centrales de Chile e Israel, dos países donde la inflación cayó desde niveles estratosféricos y hace al menos diez años que gozan de inflación baja. La receta no fue el control de precios, sino la más ortodoxa estrategia de las metas de inflación y el tipo de cambio flexible.

La inflación en Argentina está bajando. Y eso es gracias a la política monetaria. Si se consolida este camino, y no ingresamos en una nueva fiesta de endeudamiento para financiar el déficit, habrá dos motivos para festejar. El primero, es que las condiciones para el crecimiento económico crecerán considerablemente. La segunda, que será cada vez más difícil que regrese al poder la heterodoxia inflacionaria, que tanto daño le ha hecho al desarrollo económico y social de nuestro país.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.