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El cepo es hijo del populismo

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 20/8/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1820661-el-cepo-es-hijo-del-populismo

 

El presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, afirmó que si se eliminaran todas las regulaciones cambiarias habría una gran devaluación. En rigor, su afirmación no tiene como contrapartida una explicación que la justifique dado que solo señala que habría más demanda de dólares que oferta y, por lo tanto, subiría el tipo de cambio. Solo formula la afirmación. No la demuestra.

Si dejamos de lado las poco serias teorías conspirativas para explicar la suba del tipo de cambio, Vanoli no hizo otra cosa que reconocer dos cosas: a) que la gente huye de la moneda que emite la institución que él mismo preside, con lo cual está reconociendo su fracaso como presidente del BCRA de proveerle al mercado una moneda sólida y b) también reconoce que existe retraso cambiario. ¿Cuál sería la razón para que la demanda de dólares sea mayor a la oferta si el actual nivel del tipo de cambio fuera de equilibrio? En otras palabras, al formular semejante afirmación está reconociendo que hay retraso cambiario y que solo puede sostenerse con regulaciones, y que la institución que él preside ha fracasado en proveer al mercado de una moneda sana.

Pero veamos quiénes ofrecen dólares y quiénes demandan dólares en el mercado. Los que ofrecen dólares son los exportadores que venden sus divisas al mercado interno para hacerse de los pesos para realizar los pagos correspondientes. Por otro lado, demandan dólares los que necesitan importar. Si, como sostiene el Gobierno, este es un tipo de cambio de equilibrio, no habría motivos para esperar que aumenten las importaciones y caigan las exportaciones como viene ocurriendo hace rato en con las exportaciones en nuestro país, incluso desde antes de las devaluaciones en Brasil y China. En otros términos, si el tipo de cambio oficial es de equilibrio, no tendría por qué afectar el flujo de comercio exterior. Y, en todo caso, ante las devaluaciones del real y el yuan, el mercado ajustaría el tipo de cambio en la misma magnitud si es que las devaluaciones en ambos países afectasen los flujos de comercio exterior. Salvo que pretendan derogar la ley de la oferta y la demanda, el menor ingreso de divisas por exportaciones y la mayor demanda por importaciones harían subir el tipo de cambio hasta el nivel de equilibrio. Y solo habría una gran devaluación, como dice Vanoli, si el tipo de cambio oficial está muy retrasado artificialmente por las regulaciones impuestas por la desconfianza que genera el Gobierno con sus medidas y por la mala calidad de peso que emite el BCRA.

El Gobierno está reconociendo que hay retraso cambiario y que sólo puede sostenerse con regulaciones, y que la institución que Vanoli preside ha fracasado en proveer al mercado de una moneda sana.

Pero también ingresan dólares por inversión directa en los países que respetan los derechos de propiedad y se fugan capitales en los países que no respetan los derechos de propiedad y generan desconfianza con sus políticas económicas. Esto es lo que ha ocurrido bajo el gobierno kirchnerista. Hubo fuga de capitales por desconfianza y refugio en el dólar por la baja calidad de la moneda que emite el BCRA. Si se elimina el cepo en un contexto en el que se presente un plan económico consistente que libere la capacidad de innovación de la gente, equilibrio fiscal, disciplina monetaria, respeto por los derechos de propiedad, un ministro de economía que inspire confianza por su trayectoria y por su discurso coherente y creíble y un presidente del BCRA que también inspire confianza en la moneda que emite dicha institución, entonces, de haber un retraso en el tipo de cambio real, la suba se amortiguaría notablemente con el ingreso de capitales que produciría un gobierno creíble.

En rigor, algo que no va a reconocer Vanoli, es que es este gobierno el que no puede levantar el cepo porque el cepo fue puesto para contrarrestar la desconfianza que generan las arbitrariedades del kirchnerismo. El cepo no es otra cosa que el tratar de generar confianza a los palazos. Creen que la Gendarmería, la policía y la AFIP controlando el mercado de cambios sustituyen la falta de confianza que generan las políticas económicas consistentes y con reglas de juego previsibles.

El problema de Vanoli es que imagina que todo estalla si se levanta el cepo bajo el contexto del descalabro económico que produjo el kirchnerismo y la ausencia de respeto a la propiedad privada del populismo imperante. En definitiva, Vanoli tiene razón que todo estalla si se elimina el cepo bajo estas condiciones económicas e institucionales del kirchnerismo, pero no hay razón para pensar que todo estalle con un gobierno serio.

En síntesis, el cepo es hijo del populismo k. La eliminación del cepo sin estallido será hija de un gobierno serio que sepulte el populismo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

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Cepo cambiario: las advertencias de un exiliado español a los argentinos, 1944

Por Carlos Newland:

 

No muchos economistas han tenido una vida aventurera. Este no fue el caso de  Jesús Prados Arrarte: poco después de obtener una cátedra de economía en la Universidad de Santiago de Compostela tomó un papel muy activo en el bando republicano durante la Guerra Civil española, donde actuó como jefe de Estado Mayor de una brigada internacional.  Al finalizar la contienda se afincó como exiliado en la Argentina, donde permaneció algunos años trabajando como obrero, empleado y traductor y finalmente  economista de la Compañía Argentina de Electricidad. Luego pasaría a ser miembro del staff de la CEPAL, retornando  a España en 1954. Poco duró allí: aunque obtuvo una cátedra en Salamanca fue nuevamente obligado a exiliarse en América Latina por su actividad antifranquista. Al tiempo de la muerte de Franco retornaría a su país, adhiriendo después al PSOE.

Sobre su estancia en la  Argentina no hemos encontrado muchos rastros, salvo la publicación de la densa obra “El Control de Cambios” en 1944: el libro se presentó como un ataque frontal al intervencionismo del estado en el mercado cambiario ocurrido en las décadas de 1930 y 1940. La obra es apabullante: enumera y analiza una multiplicidad interminable de medidas tomadas por los gobiernos argentinos para alterar el libre funcionamiento del mercado de divisas. Los comentarios de Prados Arrarte no son los de un liberal dogmático, sino  los de un pensador de izquierda que notaba los perjuicios profundos causados al modificar equilibrios económicos fundamentales. Su análisis se concentró en  las diversas regulaciones cambiarias adoptadas en la época, que incluyeron la fijación del tipo de cambio, limitaciones varias a la importación y la prohibición de la libre adquisición de moneda extranjera.

Lo que afirma Prados Arrarte es que existe un tipo de cambio de equilibrio, que se establece en el mercado conjugando la oferta de exportaciones, la demanda de importaciones y los movimientos de capitales. Contra la opinión de los intervencionistas, opina que cuando hay libertad de compraventa el valor de las divisas es relativamente estable, sintetizando los valores y volúmenes de importación y exportación. Los ataques especulativos sobre la moneda no ocurren ya que no existe un desequilibrio en tensión y con posibilidad de explotar, como cuando los gobiernos establecen un precio artificial de la moneda extranjera.  Prados Arrarte realiza un análisis empírico de las alteraciones en el valor de las divisas extranjeras antes y después del intervencionismo iniciado en 1931, encontrando que las estadísticas confirmaban su opinión.

Para Prados Arrarte, cuando el gobierno interviene puede establecer un tipo de cambio parecido al de equilibrio (en cuyo caso la intervención no tiene sentido) o bien una magnitud sobre o subvalorada. Si el gobierno establece precio de la divisa debajo del de equilibrio, como ocurrió en la primera mitad de la década del 30, introduce inestabilidad al sistema, ya que los actores económicos perciben que la situación no es sostenible en el mediano o largo plazo. La medida causa perjuicio a los exportadores, que reciben menores precios a los que indicarían las fuerzas del  mercado.   A su vez se fomentan las importaciones (por la divisa barata), causando daños a la industria nacional.   El tipo de cambio sobrevaluado que los gobiernos impusieron durante los primeros años de  la Gran Depresión en la Argentina  (como también ocurre hoy) retrasó la salida de la crisis. El caso contrario es establecer un valor de la moneda extranjera por sobre el valor de equilibrio: entonces se alienta la producción de bienes exportables creando un superávit comercial insostenible. En los dos casos analizados el control de cambios tiene el defecto de no permitir movimientos compensatorios de  corto plazo que tiendan a equilibrar el mercado.

El libro “El Control de Cambios” de Jesús Prados Arrarte, según cuenta en la introducción, era el primer tomo  de una serie mayor dedicada a analizar los perjuicios de la intervención del Estado. Los otros volúmenes, que nunca fueron publicados, se dedicarían a la política comercial, a las  entidades reguladoras y a la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial. El objetivo de Prados Arrarte era abatir lo que pensaba era el principal mito del siglo XX: la creencia en las bondades de  la intervención del Estado en la vida económica. ¡Extraña misión y extraña tarea para un pensador socialista!.

 

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

Cepo: cantan falta envido con 4

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 26/1/14 en:

 

Los kirchneristas apelan a las teorías conspirativas cuando en realidad vienen de una seguidilla de bloopers que convencen a cualquiera que el dólar puede valer $ 13 o más

Con cara desencajada, Kicillof tomó el micrófono el viernes pasado por la mañana y dijo, casi con furia: “los mismos que nos dijeron durante diez años que un dólar valía un peso, son los que ahora nos quieren convencer que ahora vale trece”. Una vez más los kirchneristas apelando a las teorías conspirativas cuando en realidad venían de una seguidilla de bloopers que convencen a cualquiera que el dólar puede valer $ 13 o más.

En pocos días se fueron y vinieron con el tema de si se prorrogaba el blanqueo. Después, se produjo la gran interna del gabinete para ver si se importaban tomates o no se importaban. Antes se desautorizaron entre ellos por el impuesto a los bienes personales. Y como frutilla del postre, solo unos días antes de anunciar que se iba a permitir a la gente comprar dólares para ahorrar o atesorar habían establecido un máximo de U$S 25 por año para las compras por internet. Aunque a Kicillof no le guste, la realidad es que el precio del dólar no depende únicamente de las variables económicas. La credibilidad que tenga un gobierno, la confianza que genere, también influyen en la cotización de la divisa. Si un gobierno prohíbe comprar más de U$S 25 por año por internet, el mensaje que está mandando es que le queda muy poca pólvora en la santabárbara para aguantar una corrida contra el peso.

Medida tras medida el mismo gobierno fue generando desconfianza en la gente sobre la marcha de la economía y, sobre todo, en el peso. La gente advierte como se derriten los pesos y los inventos del INDEC sobre el IPC ya ni son considerados por la gente, salvo para hacer chistes al respecto.

Desde el primer día de gestión de Néstor Kirchner, se advirtió que esto terminaba mal. Duró mucho porque tuvieron la suerte de la soja y, además, se consumieron todo el stock de capital acumulado (rutas, sistema energético, stock ganadero, etc.) y terminaron de destrozar el patrimonio del BCRA.

¿Por qué se advertía que terminaba mal? Porque además de desatar venganzas y persecuciones, era claro que subordinaban toda la política económica en la búsqueda de poder hegemónico. Crear una borrachera de consumo para, mientras tanto, avasallar todas las instituciones funcionó. Emborracharon a la gente con el consumo de celulares, televisores, electrodomésticos, etc. y mientras tanto nos robaban la república, lo cual implica quedarse sin estado de derecho. Todos sometidos al capricho del mandamás de turno, el sistema ideal para que huyan los capitales.

El problema se presenta ahora que ya no tienen cómo seguir pagando emborrachando a la gente con más consumo. Ahora viene el dólar de cabeza después de la fiesta de la noche anterior.

La estampida del dólar no es otra cosa que la fiebre que refleja la infección. ¿Cuál es la infección? Un gasto público disparado al infinito que hay que financiarlo con emisión monetaria porque ni la salvaje presión tributaria alcanza para cubrir los gastos.

Esa emisión monetaria es la que genera la inflación y hace que la gente huya del peso buscando refugio, entre otras cosas, en el dólar.

Ahora bien, a pesar que CFK negó infinidad de veces que hubiese un cepo, el Jefe de Gabinete y el ministro de Economía anunciaron, a las apuradas y sin muchas precisiones, que la gente podrá volver a comprar dólares para ahorrar o atesorar.

Si uno sigue la evolución de los acontecimientos, puede ver que, casi sorpresivamente Kicillof viajó a París. Volvió con las manos vacías el martes 21 y el miércoles 22 se desataron los demonios en el mercado de cambios. Casi recordando el famoso 6 de febrero de 1989, cuando el BCRA dejó de vender dólares y luego vino la hiperinflación, el miércoles 22 el Central se rindió y dejó subir el dólar oficial, lo cual continuó el jueves y el viernes se frenó por el anuncio mencionado.

Sobre lo que anunciaron caben algunas posibilidades: a) que el gobierno, perdido por perdido, esté cantando falta envido con 4. Con esto quiero decir que quieren ver si el mercado arruga, piensa que el Central tiene una tonelada de dólares para vender y baja el precio. Si a jugada la sale mal se abren dos posibilidades más, b) la AFIP no autoriza ninguna compra de dólares o compras mínimas o c) las autoriza y la gente le vacía las reservas que tiene el Central a precio de liquidación.

En el medio pueden intentar armar una bicicleta financiera. Esto es, subir la tasa de interés lo suficiente como para tentar a la gente a vender sus dólares y colocarse a tasa en pesos, con la expectativa que la tasa de interés le ganará al dólar. Así la gente devengaría una ganancia en dólares importante y el tipo de cambio se mantendría tranquilo durante un tiempo. Esto ya se hizo en varias oportunidades, particularmente con el plan primavera en 1988 y terminó muy mal. ¿Por qué?

Porque no existe el inversor que devengue indefinidamente una ganancia, sobre todo en el mercado financiero. Llegado un momento, el inversor se retira del juego, busca sus pesos y compra dólares nuevamente. Lo que se llama realizar la ganancia. El problema es que cuando el inversor retira los pesos del banco, lo hace por el capital invertido más los intereses ganados, lo cual genera una fenomenal presión sobre el mercado de cambios. Por ejemplo, supongamos que alguien vende sus dólares y deposita $ 100.000 a una tasa de interés anual del 30%. Si al año decide realizar su ganancia no compra dólares solo por el equivalente a $ 100.000, sino que compra por $ 100.000 más los intereses devengados, en este ejemplo, por $ 30.000. La demanda de dólares ahora no será por $ 100.000 sino que será por $ 130.000. Ahí estalla el mercado.

Por ahora, lejos de anunciar que elimina el cepo, lo que anunció el gobierno es que lo flexibiliza. Habrá que ver cuánto lo flexibiliza en la práctica y cómo le va. Mi impresión es que a $ 8 le compran todo.

Si el gobierno canta falta envido con 4 y luego se va al mazo, entonces el blue podemos ir a buscarlo a júpiter.

Es más, mientras no pongan orden fiscal, la infección que es la que genera la fiebre inflacionaria y la corrida contra el dólar no se va a curar. Así que esto tiene muchas facetas para ver qué hacen.

Última pregunta. ¿Con $ 8 por dólar lograron un tipo de cambio de equilibrio que les permita flexibilizar el cepo, como dijo Capitanich? En mi opinión, con el lío que tienen en los precios relativos y el desborde fiscal lejos están de haber alcanzado el nivel de convergencia, como lo denominó Capitanich y mucho más lejos cuando se a un “equipo” económico que lo único que sabe hacer es goles en contra.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.