El violento resurgir del fundamentalismo islámico

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 16/6/14 en http://www.lanacion.com.ar/1701149-el-violento-resurgir-del-fundamentalismo-islamico

 

Hace poco más de dos semanas el presidente norteamericano, Barack Obama, al delinear los ejes de la política exterior de su país destacó que el mayor peligro para la seguridad de los Estados Unidos es ahora claramente el que representa la violencia terrorista. Incluyendo a los distintos movimientos armados del fundamentalismo islámico. Para ellos, que actúan globalmente, los Estados Unidos son su principal enemigo.

Esto pese a que, el mismo Obama, había sostenido el año pasado -en su controvertido discurso ante la Universidad Nacional para la Defensa- que Al-Qaeda estaba en rigor “camino a su derrota” y que el futuro del terrorismo estaba caracterizado por el posible accionar de grupos “menos capacitados”.

Para la República Argentina, que ha sido blanco de terribles atentados terroristas, todo lo que sucede en este tema debe ser seguido muy de cerca. Particularmente por quienes tienen la responsabilidad de la seguridad en nuestro extenso territorio.

En los últimos días, dos episodios diferentes muestran cómo la capacidad de generar violencia del fundamentalismo islámico no sólo está intacta, sino en aumento. Aún más allá de las operaciones de Al-Qaeda, entidad que sigue siendo uno de los principales motores del accionar terrorista.

El primero de ellos tiene que ver con losataques perpetrados contra el aeropuerto internacional Jinnah. En la ciudad de Karachi, la capital de Paquistán. Hablamos del aeropuerto más activo de todos los del convulsionado país. Ellos fueron llevados a cabo por milicianos “talibanes”. En el primero -que duró toda una noche- quedaron sin vida 36 personas. Entre ellos, 11 atacantes.

Aparentemente la operación, toda una demostración de capacidad ofensiva, se realizó en represalia por los bombardeos de la fuerza aérea paquistaní a los santuarios del Talibán en el remoto valle de Tirah, en el norte de Pakistán, en la porosa zona de frontera con Afganistán. Por allí entran y salen los líderes y los guerrilleros del Talibán, así como sus dineros, drogas, armas y municiones.

El bombardeo paquistaní tiene que ver con presiones externas sobre Pakistán, en el ámbito de la geopolítica. Ocurre que China ha estado impulsando a Paquistán a que asegure el control de la zona referida, por la que -según los chinos- circulan algunos elementos separatistas “uighures” y “uzbecos” que promueven la violencia terrorista en el inquieto noroeste de China.

Además, también el gobierno de Afganistán reclama a las autoridades paquistaníes mayor efectividad en el control de su frontera común, desde que buena parte del liderazgo talibán circula en torno a ella.

El segundo episodio preocupante es, creemos, muchísimo más grave. Y ha sido sorpresivo. E s la toma, por parte de milicianos fundamentalistas islámicos, de la segunda ciudad de Irak: Mosul. Seguida de la de Tikrit. Llegaron procedentes de Siria y, después de cuatro días de combates en derredor de la primera ciudad, la ocuparon.

Se trata de una efervescente ciudad, algo mayor, en términos de población que nuestras Rosario o Córdoba. Es un importante centro de actividad industrial y petrolera. Con dos millones de habitantes, mayoritariamente “sunnis”, está emplazada en la provincia de Nineveh, a menos de trescientos kilómetros de la capital Bagdad, en dirección norte.

Los invasores de Mosul pertenecen al llamado “Estado Islámico de Irak y el Levante”, un pretendido “emirato árabe” que controla buena parte del territorio sirio, así como también alguna parte del territorio de Irak. Desde Alepo, en Siria, hasta Falujah, en Irak. Sus huestes han combatido desde hace ya tres años en la guerra civil siria. Templados en el combate, vencieron fácilmente al ejército iraquí que, ante el ataque, finalmente se dio a la fuga, abandonando sus armas, uniformes y pertrechos, que quedaron en manos de los recién llegados.

Los milicianos, apenas unos 800, llegaron a través de una frontera transformada en “puerta giratoria”, por la que pasa cualquiera. A su riesgo ciertamente, pero cualquiera. Tomaron la ciudad con muy poca resistencia. Rápidamente ocuparon los edificios públicos. También las televisoras, las instalaciones policiales y hasta el propio aeropuerto, donde encontraron -abandonados a su suerte- una serie de helicópteros, armas pesadas y vituallas militares de todo tipo suministrados al gobierno iraquí por los norteamericanos. Todo lo que hoy está ya en manos de los fundamentalistas islámicos “sunnis”. Abrieron, además, las prisiones y así liberaron a los presos. Portaban, a la manera de emblema, la clásica bandera negra, con inscripciones blancas en idioma árabe. Aquella que identifica al fundamentalismo islámico “sunni” afiliado a Al-Qaeda. En todas partes.

Estas mismas fuerzas insurgentes (que cuentan con unos 4000 efectivos desplegados en todo Irak) controlan desde comienzos de año a la simbólica ciudad de Fallujah, ubicada a apenas cincuenta kilómetros hacia el oeste de Bagdad. En otro claro desafío abierto, al que el gobierno central iraquí (“shiita”) no ha sabido, ni podido, responder. Quizás porque sus fuerzas armadas, sometidas a un creciente proceso de deserciones, están exhaustas y absolutamente desmoralizadas por un conflicto que ha retomado los niveles de violencia inhumana de ayer. Aquellos que conforman una pesadilla que muchos creían superada. Que ha reaparecido, con todo lo que significa.

Con estos últimos movimientos, la insurgencia “sunni” controla buena parte de tres de las dieciocho provincias de Irak. Y avanza en su ambición de crear un país “sunni” nuevo, conformado por parte del territorio sirio y parte del territorio iraquí. Por esto, la integridad territorial de ambas naciones, Irak y Siria, están ahora bajo intensa presión.

Por el momento, los invasores -comandados por el iraquí Abu Bakr al Baghdadi- que se alejaron, aparentemente, de Al-Qaeda, con la que ideológicamente comparten ideales y objetivos, están operando con gran eficiencia. Sin que las autoridades iraquíes puedan controlarlos. En rigor, ni siquiera contenerlos. Al tiempo de escribir estas líneas, han rodeado ya a Bagdad. Con el riesgo de que pronto, desintegrado que sea Irak, haya un espacio importante en manos del terrorismo, que lo utilice para operar desde allí en todo el mundo.

La facciosa guerra civil siria, iniciada hace tres años enfrenta esencialmente a “sunnis” y “shiitas”. Ahora se extiende, rápidamente. Más allá de los confines de Siria. Irak está ya inmerso en ella. El Líbano, también. Las fuerzas de Hezbollah hoy luchan en todos los frentes sirios junto a las de Bashar al-Assad, cuyo destino depende entonces fundamentalmente de Irán.

Dos concepciones islámicas se enfrentan así, encarnizadamente. En lo que parece una lucha ahora abierta por el predominio en Medio Oriente. Con un resultado final incierto que, de pronto, puede alterar los equilibrios de fuerzas en la región.

Hay ya toda suerte de peligrosos interrogantes abiertos, como: ¿Qué hará ahora Irán, además de haber desplegado tres batallones para cooperar en la defensa de Bagdad? ¿Saldrá en apoyo del primer ministro iraquí, Nuri Kamal al-Maliki, en todos los frentes? ¿Cómo reaccionarán los kurdos, hasta hoy fuera de la contienda, al tener ahora el conflicto en su cercanía inmediata, además de haber aprovechado la oportunidad para tomar, con su disciplinada “peshmerga”, el control de la ciudad de Kirkuk, que hace rato reclaman como suya? ¿Qué hará Turquía, cuyos ciudadanos están siendo apresados en Irak por los milicianos fundamentalistas? ¿Responderán los Estados Unidos positivamente al pedido de ayuda militar que está haciendo un Irak desesperado? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Y, si lo hacen positivamente, cuáles serán las consecuencias, fuera y dentro de los Estados Unidos, para un debilitado Obama? ¿Se cortará el importante flujo de petróleo crudo que llega al mercado internacional proveniente de Irak? ¿Qué harán, por su parte, los países árabes del Golfo? ¿Se ahondará y expandirá aún más el peligroso conflicto faccioso que está en curso, si las fuerzas invasoras “sunnis”, cumpliendo sus enceguecidas promesas, atacan a las dos ciudades sagradas de los “shiitas”, Najaf y Karbala? ¿Es la desintegración de Irak una solución o el comienzo del caos?

De pronto todo es fragilidad en Medio Oriente. Y los riesgos son enormes.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.