Los ricos son cada vez más ricos:,… en realidad es al revés, los ricos no pueden mantenerse ricos

Por Martín Krause. Publicada el 19/3/16 en: http://bazar.ufm.edu/los-ricos-son-cada-vez-mas-ricos-en-realidad-es-al-reves-los-ricos-no-pueden-mantenerse-ricos/

 

Mas sobre los ricos que son más ricos y los pobres que son más pobres. Ahora un artículo publicado en el Cato Journal, “The Myth of Dynastic Wealth: The RIch get Poorer”, por Arnott, Bernstein & Wu: http://object.cato.org/sites/cato.org/files/serials/files/cato-journal/2015/9/cj-v35n3-1_0.pdf

“El libro ‘El capital en el siglo XXI’ de Thomas Piketty explotó en los primeros puestos de los libros más leídos en cuanto fue publicado en 2013, y allí estuvo por meses. Si bien es un logro destacable para un pesado volumen de economía, no es un misterio porqué ha creado tal sensación: está bien articulado, es accesible para el no-economista y contiene muchas observaciones históricas.

Creemos que el argumento principal de Piketty es probablemente errado en varios niveles, como resultado de errores fundamentales y evitables en sus supuestos básicos. Comienza con la sensata presunción de que el retorno sobre el capital invertido, r, excede el crecimiento macroeconómico, g, como debe ser en cualquier economía saludable. Pero desde esta casi tautología, avanza para presumir que las familias ricas van a ser cada vez más ricas en las generaciones futuras, llevando hacia una sociedad dominada por la riqueza hereditaria, no ganada.

Ahora bien, esta lógica resulta cierta solamente si los ricos nunca disipan su riqueza a través del gasto, las donaciones caritativas, los impuestos, malas inversiones, y la división de la propiedad entre muchos herederos. Como individuos, y como familias, los ricos generalmente no son más ricos; después que se construye una fortuna, generalmente los ricos se vuelven lenta e inexorablemente más pobres.

La evidencia que usa Piketty en apoyo de su tesis es básicamente anecdótica, sacada de novelas de Austen y Balzac, y de las fortunas actuales de Bill Gates y Liliane Bettencourt. Si Piketty está en lo cierto, ¿dónde están ahora los actuales descendientes hiper-ricos de las dinastías empresariales del pasado: los Astors, los Vanderbilts, Carnegies, Rockefellers, Mellons y Gettys? Casi todos ellos están fuera de las listas de los super-afluentes. Nuestra evidencia –presentada para refutar el argumento de Piketty- es empírica, resultado de la alta rotación entre los rangos de los super-ricos de la revista Forbes 400, y sugiere que en cualquier determinado momento, la mitad o más de la riqueza conjunta de los hiper-ricos es riqueza generada por esa primera generación, no heredada.

Los que originan grandes riquezas son genios que se encuentran uno en un millón: su innovación, inventiva, y su focalización en el esfuerzo empresarial crean cantidad de empleos y mejoras de productividad para toda la sociedad. Ellos crean riqueza para la sociedad, de la que extraen riqueza para sí mismos. En contraste, los descendientes de los hiper-ricos rara vez poseen ese genio de uno en un millón. Bettencourt, citada por Piketty, es una excepción. Típicamente, encontramos que los herederos reducen esa riqueza a la mitad –en relación al crecimiento del PIB- cada 20 años o menos, sin ninguna asistencia adicional de las recetas redistributivas de Piketty.

La acumulación dinástica de riqueza es simplemente un mito. La realidad es que cada generación  produce sus propios emprendedores que crean vastas sumas de riqueza totalmente nueva, y disfrutan una parte de ella, desplazando a muchos de los emprendedores que crearon riqueza en generaciones anteriores. Hoy, las enormes fortunas del siglo XIX se ha prácticamente vaciado y casi todas las fortunas generadas medio siglo atrás también se han ido. ¿Realmente queremos frenar la empresarialidad, la invención y la innovación en un esfuerzo para acelerar el ya rápido proceso de redistribución de la riqueza?”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Los candidatos mienten sobre los “fondos buitre”

Por Iván Carrino. Publicado el 10/9/15 en: https://igdigital.com/2015/09/los-candidatos-mienten-sobre-los-fondos-buitre/

 

Si hay un tema en el que Scioli, Macri y Massa parecen ponerse de acuerdo es en que van a negociar duramente con los fondos buitre si les toca asumir la presidencia en diciembre. La realidad es que tal negociación tiene escasas posibilidades de existir.

A partir de la crisis de 2008, y siguiendo las recomendaciones de keynesianos y monetaristas por igual, los bancos centrales del mundo salieron desesperadamente a emitir dinero con el objetivo de “reactivar” sus alicaídas economías.

La Reserva Federal de los Estados Unidos llevó las tasas de interés desde el 5% anual al 0%, inyectando 3,2 billones de dólares en la economía. Por su parte, el Banco de Japón incrementó la base monetaria en un 145% desde diciembre de 2012, cuando se lanzó el “Abenomics”. Finalmente, el Banco Central Europeo anunció su propio programa mediante el cual inyectará 60 mil millones de euros al mes desde marzo de este año hasta septiembre de 2016.

El resultado de semejante tsunami monetario ha sido una abundancia de liquidez gracias a la cual los países del globo pueden acceder al crédito a tasas realmente bajas en términos históricos. Por dar un ejemplo, Perú colocó deuda a 35 años al 4,73%, Chile al 2,02% a 15 años y Paraguay al 4,15% a 8 años, todos durante 2015. En este marco, nuestro gobierno debe endeudarse a tasas que llegan a triplicar la de nuestros vecinos. Durante la última colocación de BONAR 2024 se acordó pagar un interés del 8,96% anual en dólares.

Claramente hay muchos factores que influyen en este indeseable resultado:un clima poco favorable a la inversión, una generalizada falta de respeto a la propiedad privada y un historial de incumplimiento en el pago de deudas son algunos de los elementos. Sin embargo, el factor que destaca entre estos es el conflicto no resuelto con los holdouts, en donde el gobierno argentino decidió deliberadamente desacatar un fallo de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos que lo obligaba a cumplir con el pago de lo reclamado por los llamados “fondos buitre”.

El incumplimiento del fallo de la Corte Suprema (que avala todas las decisiones tomadas en instancias previas) fue acompañado de una verdadera campaña de demonización contra los “buitres”, el juez Griesa y todo el sistema judicial norteamericano. La campaña fue tan grande que el gobierno llegó a obtener el apoyo político de diversos foros internacionales.

El último capítulo de esta verdadera batalla cultural es una carta abierta firmada por los líderes de la heterodoxia económica mundial (entre ellos, YanisVaroufakis y Thomas Piketty), en la que se destaca que Argentina “se ha defendido de los fondos buitre”  mediante el mencionado desacato.

A nivel local, la batalla cultural también parece haberla ganado el gobierno. De hecho, ningún candidato presidencial se aparta de lo que ha sido la política oficial sobre este tema.

Por el oficialismo, Daniel Scioli afirmó que los holdouts “no las tienen todas con ellos ni tampoco van a llevarse por delante un país”. Su asesor económico estrella, Miguel Bein, afirmó en su momento que buscarán un “acuerdo favorable al país, lo que implica lograr un descuento superior al 20% sobre la sentencia original”.

Desde el Frente Renovador, Sergio Massa siempre se mostró a favor de la negociación. Uno de sus asesores, Martín Redrado, afirmó que “no hay que pagar el 100% de lo que están pidiendo” y que “hay espacio para pagar menos”. Roberto Lavagna, por su parte, considera que hay que “salir de la chicana y hacer una negociación seria”.

Incluso Mauricio Macri, quien en un primer momento había afirmado que había que “cumplir el fallo judicial, aunque nos disguste”, ahora cambió de opinión y sostiene que “hay que ir y negociar desde la mayor dureza posible”.

El problema de estos planteos es que no existe negociación posible. Los fallos judiciales están para resolver un conflicto entre partes y una vez que se dictan, solo quedan dos opciones: o se cumplen o se desacatan. Las consecuencias del desacato están a la vista, por lo que lo único que puede hacer un nuevo gobierno si quiere reinsertar al país en el mundo es ir y pagar lo que la justicia norteamericana ya dictaminó en diversas instancias.

A lo sumo, el único margen de negociación es la forma de pago. De la misma forma que uno puede elegir pagar una deuda en pesos, con un cheque o con la tarjeta de crédito, Argentina podrá optar pagar en efectivo o con títulos de deuda, pero ahí se acaban las opciones para negociar.

En campaña, los tres candidatos coinciden en afirmar dos cosas:que cuando ellos asuman van a “llover dólares” y que, al mismo tiempo, van a negociar con firmeza con los holdouts.

Sin embargo, ocultan que si quieren negociar con firmeza, el resultado será seguir en desacato y, si eso pasa, la lluvia de dólares quedará pospuesta indefinidamente.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La movilidad social destierra el mito de la desigualdad

Por Iván Carrino. Publicado el 14/5/15 en: https://igdigital.com/2015/05/la-movilidad-social-destierra-el-mito-de-la-desigualdad

 

La semana pasada, frente a unos 30 alumnos de la carrera de Economía, me animé a preguntar: “¿cuáles son los problemas del capitalismo?”. La respuesta fue unánime: “la desigualdad”. Esta afirmación no extraña, ya que es una idea que se encuentra muy extendida. Sin embargo, esconde una parte de la realidad que es la que tendríamos que tener más en cuenta. 
Uno de los temas de moda en la literatura económica es la desigualdad social y la idea de que esta se encuentra en constante crecimiento. Sin ir más lejos, “El Capital en el Siglo XXI”, de Thomas Piketty, se convirtió en el libro de economía más vendido de 2014. En su obra, el francés plantea que la porción del ingreso nacional que se llevan los más ricos está en una etapa de continuo crecimiento desde fines de la década del ’70.
Reforzando esta tesis, en internet circula un video que plantea que el 1% de los estadounidenses es dueño del 40% de toda la riqueza del país y que los CEO de las empresas pueden ganar hasta 380 veces más que los empleados promedio. Esto ayuda a difundir la idea de que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, al menos en términos relativos.
Ahora bien, por más lúgubre que esta imagen pueda parecer, esconde, en primer lugar, el nivel de vida que los pobres tienen en Estados Unidos. Un estudio de la Heritage Foundation de 2014 reveló que el 80% de los hogares considerados pobres en ese país poseen equipos de aire acondicionado, mientras que el 75% tiene un auto o una camioneta y el 31% tiene, al menos, dos autos o camionetas.

Por otro lado, el 43% de los hogares “pobres” tiene acceso a internet y 92% tienen un microondas. Nada mal para estar en el escalón más bajo de la pirámide socioeconómica.

Es que, como explica el profesor de la Universidad George Mason, Steven Horwitz, a veces no es importante la porción total de la torta que uno pueda comer, sino el tamaño de la misma. Es decir, el 10% de una torta de 1 kilo son 100 gramos, mientras que el 5% de una de 10 kilos son 500 gramos.
¿Qué elegirías vos: llevarte el 10% de la primera torta o hacerte del 5% de la segunda?
Otra cosa que esconden las estadísticas de desigualdad es el hecho de que aquellos que se encuentran en los escalones más bajos de la pirámide no son los mismos a medida que avanza el tiempo. Un ejemplo podrá aclarar este punto: un estudiante universitario tiene cero ingresos propios durante la época en que está estudiando.
Sin embargo, a medida que pasa el tiempo y este se inserta y progresa en el mercado laboral, sus ingresos crecen, llevándolo a los siguientes escalones.Por otro lado, una persona puede ser pobre en algún momento de su vida, pero también puede modificar esa situación al encontrar un trabajo o comenzar un emprendimiento exitoso.
Esto es lo que demuestra un estudio del profesor Herbert Grubel, de la Universidad SimonFraser de Canadá. Con datos fiscales de ese país detectó que, de todos los canadienses que en 1990 formaban parte del quintil (la quinta parte de la población agrupada por niveles de ingreso) de menores ingresos, un 87% se movió hacia quintiles más altos, con un 21% del total llegando hasta el quintil de ingresos más elevados.

Para que se vea claro, casi 9 de cada diez canadienses dejaron de ser pobres en ese período y 2 de cada 10 pasaron de ser los más pobres de todo el país a integrar el grupo de los más ricos de todos.

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 Y lo mismo se dio a la inversa. Es decir, del total de canadienses que en 1990 se encontraba entre los que tenían mayores ingresos, un 36% modificó su posición, pasando a quintiles de menores ingresos. Esto revela que, más allá de la foto, que puede mostrar una distribución del ingreso determinada, la película muestra que existe movilidad entre los diferentes niveles, lo que destruye el mito de que los ricos se hacen más ricos mientras que los pobres se hacen más pobres.

Otro hallazgo del estudio de Grubel es que, contrario a lo que suele afirmarse, el ingreso de los pobres crece más rápido que el de los ricos. Nuevamente, tomando a los canadienses que en 1990 se encontraban en el quintil de ingresos más bajo y analizando la evolución de sus ingresos promedio hasta 2009, se obtuvo un aumento del 280,3%, mientras que los que en 1990 formaban parte del quintil de ingresos más elevados, el aumento fue de solo 112,4%.

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Como puede observarse, la imagen es muy distinta a la que se busca instalar.Las estadísticas de desigualdad muestran las diferencias entre los grupos (quintiles, deciles, etc.), pero esconden deliberadamente lo que sucede al interior de esos grupos.

Y allí está la clave: porque lo que más debería preocuparnos como sociedad es si los que hoy “están abajo”, mañana tendrán oportunidades de crecimiento y progreso. Los estudios del profesor Grubel muestran que en una economía capitalista, con seguridad jurídica y una macroeconomía estable como la de Canadá, eso es posible.

En este sentido, tenemos que estar atentos a lo que pasa en Argentina, ya que dado que estas condiciones no existen, la pobreza está creciendo y se encuentra en niveles que –al aproximarse al 30%- son realmente inadmisibles.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.

Los dos Néstor:

Por Sergio Sinay: Publicado en: http://www.sergiosinay.com/Reflexion.aspx?id=2510

 

Se anuncia para estos días la presencia de Thomas Piketty en Buenos Aires.  Piketty es el economista de moda, de esos a los que se cita aun sin saber muy bien de qué hablan. Bueno, en su best-seller “El capitalismo en el siglo XXI”, Piketty dice que cuando las ganancias del capital son mayores que el crecimiento de la economía, se amplía la brecha entre los que tienen y los que no tienen. Ese proceso de desigualdad fue constante en los últimos tres siglos pero pegó un salto cuántico desde la década de los 70 del siglo XX en adelante, al punto que hoy el 1% de la población mundial posee el 99% de las riquezas. Desde hace varias generaciones, dice Piketty, los ricos nacen ricos, nunca trabajan, no producen y se dedican a hacer crecer financieramente el capital heredado. Para el resto de la población habrá cada vez menos trabajo y menos riqueza a repartir y esto acabará, según pronostica el economista, en una rebelión democrática o violenta que será el principio del fin del capitalismo.
Mientras se anunciaba el desembarco de Thomas Piketty, en el Chaco (provincia cuya pobreza extrema el actual e incomprensible jefe de gabinete Jorge Capitanich pretende ocultar con su lenguaje cantinflesco) moría Néstor, un chico de 7 años perteneciente a la comunidad Qom. Pesaba 7 kilos y murió de hambre. Mientras Néstor agonizaba, los corruptos en el gobierno, ajenos a todas las tragedias y a las miserias que ellos mismos desatan, seguían engordando, enriqueciéndose y planeando cómo garantizar su propia impunidad una vez que terminen con el saqueo. Que Néstor perteneciera a la comunidad Qom es aleatorio. Néstor era en primer lugar un ser humano y no merecía esa muerte. Lo menos que merecía era una vida. Y Néstor era argentino. Un argentino que compartió su suerte con tantos otros, en Chaco y en todo el país. En su corta vida, Néstor no tomó leche, no tuvo juguetes, existió en la indigencia, sólo sufrió.
Mientras este Néstor moría, se informaba que el gobierno pagó un millón de pesos por la estatua de otro Néstor. Uno que murió hace cuatro años y que pudo, antes de eso, enriquecerse sin tener que explicar cómo, que pudo comprar dos millones de dólares en un día sin rendir cuentas, que dispuso de una provincia como si fuera una herencia y luego hizo lo mismo con un país entero, desentendiéndose de los valores y las instituciones republicanas. Ninguno de estos Néstor conoció al otro. El primer Néstor no pudo desarrollar conciencia como para tener noción del mundo y de los otros. Al segundo Néstor el primero no le importaba, no se enteró de su existencia ni de la de miles como ese chico, estaba dedicado al rendimiento de un capital (el Estado) del que planeaba disponer por mucho tiempo, una eternidad.  Mucho más tiempo, claro está, que la corta vida del Néstor Qom.

Estos dos Néstor argentinos explican de manera brutal y pragmática la teoría de Piketty. Y muestran, de modo que duele e indigna al mismo tiempo, la terrible, injusta e impune realidad que existe incluso debajo de la teoría mejor desarrollada. No estaría de más que Piketty se lleve de aquí el caso de los dos Néstor para explicar en el mundo de qué habla su libro.

 

Sergio Sinay es periodista y escritor, columnista de los diarios La Nación y Perfil. Se ha enfocado en temas relacionados con los vínculos humanos y con la ética y la moral. Entre sus libros se cuentan “La falta de respeto”, “¿Para qué trabajamos?”, “El apagón moral”, “La sociedad de los hijos huérfanos”, “En busca de la libertad” y “La masculinidad tóxica”. Es docente de cursos de extensión en ESEADE. 

La estupidez intelectual vs. la estupidez humana

Por Armando Ribas. Publicado el 4/6/14 en http://www.hacer.org/latam/?p=39695

 

Voy a hacer un nuevo esfuerzo por entender el mundo en que vivimos, a mi juicio plagado de malos entendidos filosóficos e históricos. Por no entender el mundo en que vivimos y por supuesto ignorar las razones por las cuales alcanzamos lo que William Bernstein denomina “El Nacimiento de la Abundancia”, se corre el riesgo de que muchos países sean incapaces de alcanzarlo, y otros de perderlo. Cada día estoy más convencido de la falacia que implica la noción de la Civilización Occidental y Cristiana. Tal como lo señala Bernstein hasta hace 200 años el mundo vivía casi como vivía Jesucristo. La pregunta pendiente entonces es cual fue la causa que determinara el progreso logrado desde entonces y así como el atraso histórico. Según esa vanagloria Occidental, existen dos mundos: el desarrollado y el subdesarrollado. Las respuestas a estas preguntas aparentemente no existen, al tiempo que surgen filosófica y políticamente los amantes de los pobres que crean más pobres. O sea los socialismos de todos los siglos.

Mi criterio es que existen tres mundos en nuestra historia universal. El primero es aquel que superó la estupidez humana, a partir de tomar conciencia de la existencia de la misma (Estados Unidos). El mundo en el que no habiendo conciencia de la naturaleza humana reina la estupidez y su consecuencia es el subdesarrollo (América Latina, con la salvedad de la Argentina histórica). Y el tercero es el mundo donde privó la estupidez intelectual que desarrolló el totalitarismo y puso al mundo al borde de la Apocalipsis en el siglo XX. Y todavía esas ideas en gran medida prevalecen en términos de la pretensión de igualdad y por supuesto políticamente el socialismo.

Pero antes de seguir adelante permítanme definir la estupidez de acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española y así también del Webster. Conforme al primero la estupidez es: “Torpeza notable en comprender las cosas” y el segundo dice:”Lento en aprender, carencia de inteligencia; ausencia de agilidad mental. Podría decir que el mundo que inició el progreso se basó en el reconocimiento de la naturaleza humana, pero la historia de Europa muestra que por siglos privó la violación de los principios cristianos que se pretendían representar: “Dar al Cesar lo que es del Cesar; La parábola de los Talentos; la Parábola de la Hora Nona; Y El justo peca siete veces y el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. Más tarde surgió el oscurantismo de la razón como consecuencia de lo que he denominado la estupidez intelectual. Y de la Diosa Razón surgieron los totalitarismos.

Pues bien en este proceso yo me voy a permitir dar un paso atrás en la historia del Iluminismo, e iniciar con la filosofía política de la Hélade donde encontramos el pensamiento de Platón que diera los primeros pasos del totalitarismo y así escribió: “La clase dominante tiene la virtud y el derecho a las armas. No debe participar en actividades económicas, tiene derecho a censurar y el país debe ser autárquico,pues sino los gobernantes serían dependientes de los comerciantes o serían comerciantes”.Lo que he denominado la estupidez intelectual proveniente de la Hélade, siguió sus pasos durante el Iluminismo con Rousseau, quien al igual que Platón en el ‘Contrato Social’ estableció que el denominado pacto social le otorgaba al cuerpo político poder absoluto sobre sus miembros, y lo denominó “soberanía”. Seguidamente planteó que lo que denominara la voluntad general representaba el bien común y consiguientemente se requería la creación de un hombre nuevo, y el individuo sería parte de la sociedad. En su discurso sobre la desigualdad determinó que ésta surgía de la propiedad privada y por tanto concluía que: “los frutos de la tierra pertenecen a todo el mundo y la tierra a nadie”. Así en la búsqueda del hombre nuevo llegó la Revolución Francesa y Robespierre con los jacobinos se encargó de ponerlas en práctica hasta que le costara su propia cabeza.
Años más tarde surgió la figura excelsa de Enmanuel Kant quien consideraba a Rousseau el Newton de las Ciencias Morales. Me voy referir a su enfoque ético-político, que a mi juicio siguiendo a Rousseau se constituyó en la exégesis de la moral racionalista que fundamentó al totalitarismo alemán. Kant estipuló que la naturaleza per se decidía el destino de la humanidad. Asimismo sostuvo que la razón se desarrolla en la especie y no en el individuo, que se constituye en el principio básico del historicismo y del colectivismo. Y siguiendo los pasos de Rousseau en su “Metafísica de la Moral” sostiene que “El soberano de un estado tiene solo derechos en relación a sus súbditos y no deberes coercibles” y continúa: “Aún la presente Constitución no puede contener ningún artículo que pueda hacer posible para algún poder del Estado resistir o detener al supremo ejecutivo en casos en que violara la Constitución”.

Demás está decir que sus imperativos categóricos constituyen la esencia de la moral racionalista que es la base del totalitarismo. En ese sentido vale destacar las consideraciones de Ayn Rand que dice: “Lo que Kant propone es un completo, total y abyecto desinterés; sostiene que toda acción es moral solo si se hace por deber. O sea que propone que la búsqueda de la propia felicidad es inmoral pues no se hace por deber”. Podemos decir que con este pensamiento viola un principio fundamental de la libertad tal como lo propuso John Locke. Por ello dice Ayn Rand: “El último monumento a Kant y a toda la moral altruista es la Rusia Soviética”. Igualmente Kant considera que el comercio es inmoral pues se hace por interés.

Pero volviendo a su filosofía de la historia en su “Idea para Una Historia Universal con un Sentido Cosmopolita” dice: “El medio que la naturaleza emplea para lograr el desarrollo de las capacidades innatas es el antagonismo”. Y continúa: “El hombre desea la concordia, pero la naturaleza, que sabe mejor lo que es bueno para la especie, desea la discordia”. O sea que la guerra como más tarde reconocería Hegel es el momento ético de la sociedad.

La tendencia original del pensamiento kantiano fue sin lugar a dudas un fundamento predominante del pensamiento de Whilhem Hegel. El se manifestó como veremos primeramente en el historicismo convertido en lo que he denominado el logo-teísmo. Siguiendo el pensamiento de Kant respecto a la razón en la historia determina que el Estado es la divina idea tal como se manifiesta en la Tierra. Es decir la confusión de la razón y la deidad. Por tanto concluye que: “El individuo tiene objetividad, verdad y ética solo como miembro del Estado”. Seguidamente en la noción absoluta del poder político, representado como el estado y por consiguiente en la virtud de la guerra frente a la concupiscencia del comercio. Y no menos importante la descalificación apriorística de los intereses particulares. O sea el desconocimiento del derecho a la búsqueda de la propia felicidad, y consecuentemente el desconocimiento de los derechos individuales.

Es indudable que el pensamiento de Hegel fue determinante de la supuesta ética política del poder absoluto en nombre del estado Y de este razonamiento determina lo que podemos considerar que es la eliminación del derecho a la libertad. Y siguiendo lo que considero el pensamiento de Kant, igualmente determina la inmoralidad del comercio, y al respecto dice: Si se confunde al Estado con la sociedad civil y su determinación se pone en la seguridad y la protección de la propiedad y la libertad personal, se hace del interés de los individuos como tales el fin último en que se unifican y en ese caso ser miembro del Estado cae dentro del capricho individual”. Ya debiéramos saber que cuando se considera que el interés privado es contrario al interés general, de hecho resulta que se magnifica el interés particular de los gobernantes que forman los estados.

Siguiendo entonces con el logo teísmo determinante del historicismo hegeliano, Hegel determina que: “la guerra es el momento ético de los estados”. Y dice al respecto: “La salud ética de los pueblos es mantenida en su equilibrio frente fortalecimiento de las determinaciones finitas , como el movimiento del viento preserva al mar de la putrefacción, sin el cual lo reduciría a una durable y perpetua quietud”.O sea surge la dialéctica hegeliana de la lucha entre los Estados. En virtud de ese pensamiento Kant Hegeliano surgió Hitler y el Nacional Socialismo (Nazismo) que determinara el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial.

Entonces llegó Marx que primeramente transformara la dialéctica hegeliana de la lucha entre las naciones a la lucha de clases. Así primeramente reconoce en el Manifiesto Comunista:”La burguesía durante su gobierno de escasamente cien años, ha creado más masivas y más colosales fuerzas productivas que todas las generaciones que le precedieron”. Después de haber sido quizás el primero que tomó conciencia de esa realidad, no obstante haberlas descalificado éticamente por:” no haber dejado otro nexo entre hombre y hombre que el desnudo interés propio, que es el cruel pago en efectivo” describe la realidad creada y dice: “una sociedad que ha conjurado tales gigantescos medios de producción.y de intercambio, es como un mago que ya no es capaz de controlar los poderes del mundo más bajo que ha llamado mediante su encantamiento”. Yo me atrevo a decir que el que no se enteró de la razón de ser del mundo que se había construido fue el y fue así que creo la ilusión de la creación del nirvana del mundo a través de la dictadura del proletariado y la desaparición de la propiedad privada. Así podemos ver que de esa teoría surgió la ilusión de una utopía que como previera Karl Popper surgió la violencia del comunismo y por supuesto los gulags. De allí nacieron Lenín, Stalin y los Gulags. Y esa violencia se apoderó de Cuba Fidel Castro mediante y la subversión en América Latina.

La caída del Muro de Berlín mostró el fracaso del comunismo, pero ya en 1899 Eduard Bernstein en las “Precondiciones del Socialismo” había previsto que al socialismo se podía llegar por la vía democrática. En mi criterio la demagogia. De esa fantasía surgió la Social Democracia en la Unión Europea y el Populismo “Etapa Inferior del Socialismo” en América Latina, más recientemente envuelto en el Socialismo del Siglo XXI.

Podemos ver como la lucidez de los intelectuales decidiera ese curso lamentable de la historia que hoy se presenta en la crisis europea y el populismo prevaleciente en América Latina. Pero ese daño existencial de los intelectuales todavía está presente en la supuesta lucha por la igualdad económica y la confusión de ignorar tanto como lo ignorara Marx que la vía del progreso no fue el capitalismo, sino el Rule of Law. Es decir el sistema que reconociera la naturaleza tal como o había previsto John Locke y Hume lo explicara diciendo humana: “La naturaleza humana es inmodificable si queremos cambiar los comportamientos tenemos que cambiar las circunstancias”. Los sistemas no son económicos sino ético políticos, y la economía es el resultado. Así en Europa la crisis surge del Estado de Bienestar que significa un gasto público que ronda el 50% del PBI y el populismo es la arbitrariedad política en nombre del pueblo. Así podemos ver la causa de la crisis europea y el subdesarrollo latinoamericano.

Pero la realidad no asusta a los intelectuales y ahora Marx esta presente en un nueva obra de Thomas Piketty: “Capital in the Twety First Century”. En ella sostiene que el capitalismo genera la desigualdad económica porque la rentabilidad del capital es mayor que la tasa de crecimiento del PBI. Y aparentemente esa obra está teniendo un gran éxito. Podemos ver que la demagogia que lleva a los políticos al poder es avalada siempre por la estupidez intelectual, que es la racionalización de la compasión por los pobres, que podríamos llamar el romanticismo político. Como dice Hanna Arendt: “Cuando se violan los derechos individuales en nombre de la compasión, desparece la libertad y la justicia.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

 

 

EL LIBRO ESTATISTA DE MODA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Nos referimos a Capital in the Twenty-First Century de Thomas Piketty, francés, doctorado en economía en MIT y profesor en la Escuela de Economía de París (institución que él contribuyó a establecer en 2005). El libro está muy bien traducido del francés por Arthur Goldhammer (Le captital au xxi siécle). Está dividido en tres partes y la conclusión, casi 700 páginas que contienen 32 cuadros estadísticos.

 

Es una obra que combate la desigualdad de ingresos y patrimonios sustentado en confundir el capitalismo con el llamado “capitalismo de amigos” (en verdad ausencia de capitalismo puesto que las relaciones incestuosas entre el aparato estatal y los empresarios prebendarios -desde Adam Smith en adelante- niega el significado de esa tradición de pensamiento), además, como han demostrado economistas como Hunter Lewis, Rachel Black, Robert T. Murphy y Louis Woodhill, basado en  proyecciones sesgadas y estadísticas equivocadas (especial aunque no exclusivamente las referidas a retornos sobre el capital).

 

Dejemos las transcripciones numéricas que efectúa el autor de este libro para reflexionar sobre el centro de su tesis para lo que sugiere elevar considerablemente los impuestos al efecto de mitigar las referidas desigualdades, puesto que como es sabido incluso para leer tablas estadísticas se requiere un andamiaje conceptual previo y es a esta estructura teórica del autor la que vamos a comentar telegráficamente en esta nota periodística.

 

Incluso aunque las series en cuestión estuvieran bien fabricadas, las comparaciones pertinentes, los años base significativos, bien realizadas las correlaciones, bien seleccionadas las muestras y bien construidos los índices, no cambia la línea argumental. Esto es, si es cierto que en mercados abiertos y competitivos las diferencias patrimoniales las decide el consumidor en el supermercado y equivalentes, cualquier resultado en el delta es, por definición, el que ha establecido la gente con sus compras y abstenciones de comprar. Como los recursos no crecen en los árboles, su correspondiente asignación no resulta indistinta: la administración debe estar en manos de los que atienden mejor las demandas de sus congéneres a través de los cuadros de resultados para que los que dan en la tecla ganen y los que yerran incurran en quebrantos en posiciones que no son irrevocables sino sujetas a las cambiantes necesidades del público consumidor.

 

Resulta un tanto cansador repetir un aspecto de reflexiones ya hechas con anterioridad pero me incentivó la posibilidad de introducir nuevas consideraciones a raíz de la obra de Piketty. Otra razón para producir esta nota, es que economistas como Krugman y Stiglitz alaban el libro de marras, junto a las autoridades del FMI y el mismo Obama y, en el momento de escribir estas líneas, el libro está en la lista de los best-sellers del New York Times.

 

Como queda dicho, en la medida en que las riquezas van a los bolsillos de empresarios que operan en base a privilegios otorgados por gobiernos, la consiguiente desigualdad se traduce en una flagrante injusticia que nada tiene que ver con la eficiencia para atender al prójimo sino con el poder de lobby para acercarse a los funcionarios del aparato estatal, es decir robo indirecto (para no decir nada de los patrimonios más abultados del mundo -según Fortune– que son fruto de usurpaciones y despojos directos como es el caso de la Rusia actual que se incluyen en las antedichas estadísticas globales como si fueran el resultado del mercado).

 

Y esto es lo que desafortunadamente existe en buena parte del mundo y es lo que Piketty confunde con capitalismo en el libro que comentamos. Lo que vivimos no es “la crisis del capitalismo” como afirma el autor sino la crisis del estatismo cimentada en gastos públicos astronómicos, deudas estatales siderales, déficit insostenibles, impuestos insoportables y absurdas, asfixiantes y crecientes regulaciones, de modo que está embistiendo contra un blanco equivocado.

 

Escribe Piketty que “La distribución de la riqueza es uno de los temas más discutidos y controversiales hoy”, lo cual es evidentemente cierto si nos guiamos por las propuestas políticas y por gran parte de los textos en economía y ciencia política, pero el asunto consiste en investigar la razón o sinrazón de las partes en este delicado debate. La tradición que inició J. S. Mill al pretender la escisión entre la producción y la distribución sentó las bases de la confusión. Para comenzar, como ha puesto de manifiesto Thomas Sowell, los economistas no deberíamos hablar de “la distribución del ingreso” puesto que “los ingresos no se distribuyen, se ganan”. Por su parte, Robert Barro ha señalado repetidamente que lo relevante no es la desigualdad de patrimonios sino la elevación del promedio ponderado de los ingresos (que es la tendencia en la medida en que la sociedad sea abierta), lo cual, dicho sea de paso, puede simultáneamente incrementar las desigualdades.

 

Piketty, por una parte, alude a Marx en cuanto a la concentración de la riqueza (que según él equivale a la explotación de los más pobres sin inferir conclusiones de sus niveles de vida en términos absolutos), y por otra, Kuznets que pronosticaba armonía en base a la reducción de las desigualdades (con célebres gráficos no del todo ajustados a la realidad). Pero es que, nuevamente destacamos que en la sociedad abierta las diferencias patrimoniales y de ingresos de deben a las instrucciones del consumidor en el mercado y, por tanto, cumplen un rol vital para maximizar las tasas de capitalización que es la única causa que eleva salarios.

 

Este es el sentido de lo consignado por Buchanan en cuanto a que “mientras las transacciones se mantienen abiertas y mientras no se recurra al fraude y a la fuerza, el acuerdo logrado es, por definición, clasificado como eficiente” y es el sentido por el que escribe Hayek en cuanto a que “la igualdad de las reglas generales es el único tipo de igualdad compatible con la libertad y la única igualdad que puede asegurarse sin destrozar la libertad”.

 

Sin embargo, Piketty se refiere a “los violentos conflictos que inevitablemete instiga la desigualdad [de rentas y patrimonios]” y los relaciona con los sucesos ocurridos en la Francia pre-revolucionaria, lo cual es nuevamente una situación totalmente distinta a la de los mercados libres y la sociedad abierta. Incluso sus reflexiones sobre la sobrepoblación de esa época no son comparables al crecimiento vegetativo en el contexto de la libertad. El antes referido Sowell muestra que toda la población mundial podría ubicarse en el estado de Texas con un promedio de 600 metros cuadrados por familia tipo de cuatro personas y señala que la densidad poblacional de Manhattan es la misma que en Calcuta y la de Somalía igual a Estados Unidos con lo que concluye que en un caso se habla de hacinamiento y en otro de opulencia debido a marcos institucionales diferentes y no debido a la llamada sobrepoblación.

 

Incluso las referencia a Malthus y a Ricardo en el libro no se condicen con lo que puede inferirse de épocas posteriores, no solo en cuanto a la población sino en cuanto a los impuestos a la tierra que parecen un adelanto de la teoría de Henry George al sugerir cargas fiscales adicionales a la tierra debido a que es un bien que aumenta su escasez sin que pueda atribuirse mérito al propietario, es decir, una especie de externalidad de la naturaleza, sin percatarse que, por ejemplo, eso mismo ocurre con nuestros ingresos que son debidos a las tasas de capitalización generados por otros (y tantas otras ventajas que obtenemos como que al nacer estamos insertos en lugares donde ya existe un lenguaje, insitituciones, etc.).

 

Thomas Piketty concluye que no está todo perdido puesto que “Hay sin embargo maneras en que la democracia puede recuperar el control sobre el capitalismo y hacer que los intereses generales prevalezcan sobre los particulares”. En esta conclusión hay por lo menos tres asuntos que deben resaltarse. Primero, en gran medida no estamos en democracia en el llamado mundo libre tal como la concibieron en combinación con la República los Padres Fundadores en Estados Unidos, ni como la conciben los Giovanni Sartori de nuestros tiempos. Se trata mayorías ilimitadas que arrasan con el derecho y toda la tradición constitucionalista desde la Carta Magna de 1215. Segundo, no hay tal cosa como el capitalismo para controlar por las razones antes apuntadas. Y tercero, aunque es un lugar común, en la sociedad abierta no hay conflicto entre lo particular y lo general por la sencilla razón que lo general es la satisfacción de todo lo particular que no lesione iguales derechos de otros.

 

El autor de esta obra ahora de moda le da por completo la espalda al hecho de que el proceso de creación de riqueza es dinámico y no un bulto estático que opera en el contexto de la suma cero y que los burócratas tienen que decidir como “lo distribuyen”.

 

Por último, debe subrayarse que, en rigor, no es posible imponer el igualitarismo ya que las valorizaciones son subjetivas y, aunque todos dijeran la verdad no pueden realizarse comparaciones intersubjetivas, al tiempo que debido a la intervención gubernamental para imponer la guillotina horizontal se deterioran los precios relativos lo cual malguía aun más la producción. En el contexto del igualitarismo forzoso se requiere un sistema autoritario puesto que cuando alguien se sale de la marca niveladora establecida, debe recurrirse a la violencia para encauzar al “infractor”. Y, además, en otro plano de análisis, si fuéramos todos iguales con las mismas inclinaciones y talentos, la división del trabajo y la cooperación social se derrumbarían y la misma conversación se tornaría en un aburrimiento colosal ya que sería lo mismo que dirigirse al espejo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.