El voto “latino” y el triunfo de Donald Trump

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 17/11/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1957003-el-voto-latino-y-el-triunfo-de-donald-trump

 

El triunfo electoral de Donald Trump, generador del terremoto político consiguiente, sorprendió realmente al mundo. Casi todos los encuestadores, es cierto, se equivocaron en sus predicciones. Entre los distintos supuestos equivocados que se barajaron antes de la elección, aparecía una suerte de “seguro” con el que los demócratas de alguna manera parecían contar. El que estaba presuntamente conformado por el apoyo de los votos de la minoría “latina” norteamericana, que -según algunos- hasta podía ser decisivo electoralmente. No fue así. Para nada.

Lo real es que hubo algún mayor apoyo “latino” a Donald Trump que lo anticipado. Pese a que, como se suponía, los votos “latinos” se inclinaron muy mayoritariamente hacia la Sra. Clinton, con un 65% a su favor y un 29% en contra (cuando las encuestas sugerían que Trump sólo cosecharía un escuálido 18% del voto “latino”).

Lo cierto es que el Partido Republicano recibió esta vez más votos “latinos” que en las elecciones presidenciales de 1996, cuando triunfó Bill Clinton; pero menos que en el 2012, cuando la victoria de Barack Obama se construyó con el 71% de los votos “latinos”.

Y fue decisivo en los triunfos alcanzados por los demócratas en Colorado, New México y Nevada, incluyendo el resonante éxito de la fulgurante Catherine Cortez Masto, que será ahora senadora nacional por Nevada. Y en achicar los márgenes del triunfo republicano en Arizona y Texas.

El voto “latino”, en conjunto, creció. Pero no creció porcentualmente en términos de número de personas “latinas” que efectivamente fueron a votar. Mantuvo su caudal. Votó tan sólo un 48% de todos los “latinos” que estaban en condiciones de hacerlo. Comparado con el 64% entre los votantes blancos y el 67% de los votantes de color, parece que los “latinos” no pudieron ser organizados eficazmente por los demócratas en su ilusión de contar con una gravitante ola “latina” en su favor.

En las elecciones de 2004 ese voto representó un 8% del total; en las del 2012, fue del 10%; y ahora alcanzó el 11%. Y la tendencia apunta hacia un lento, pero continuo, crecimiento.

A Trump lo votaron fundamentalmente los hombres, los blancos, los ciudadanos sin educación universitaria, los hombres y mujeres del sector rural, y los mayores de 45 años. Ellos conformaron la mayoría silenciosa que decidió la elección.

La disparidad de raza sigue pesando electoralmente. Los blancos -que conforman el 70% del caudal electoral total- se inclinaron en un 58% por el candidato republicano. Los hombres prefirieron a Trump con un contundente 53%. Las mujeres, al contrario, se pronunciaron -también muy nítidamente- en favor de Hillary Clinton, que creyeron las representaba mejor.

Para algunos, los “latinos” fueron los grandes perdedores de la elección. Puede bien haber sido así. No sólo por haber sido ellos los destinatarios de los comentarios insultantes de Donald Trump, sino porque enfrente tuvieron a una mayoría blanca cuyos votos, endosando a Trump, al final decidieron la elección.

En síntesis, si el voto “latino” pudo haber sido un inesperado maremoto a favor de Hillary Clinton, en los hechos no lo fue. Y en el estado de la Florida, donde el voto “latino” pudo haber cambiado el resultado de las urnas, las cosas finalmente tampoco alteraron sustancialmente las tendencias del pasado. Del dicho al hecho, queda visto, hay ciertamente mucho trecho. De los pronósticos electorales a la realidad, también.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Tensiones del sector petrolero

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 12/9/15 en: http://www.rionegro.com.ar/diario/tensiones-del-sector-petrolero-7924746-9539-nota.aspx

 

Los precios globales del petróleo han caído más de la mitad desde octubre del año pasado. En particular, el descenso sostenido que se observa desde fines de junio tocó fondo durante las primeras operaciones del 23 de agosto. El precio del crudo WTI (West Texas Intermediate) cayó un 5,7% y alcanzó un nuevo mínimo poscrisis financiera subprime de tan solo 38,13 dólares. Luego, el barril de petróleo comenzó a ajustar al alza, aunque sujeto a un comportamiento sumamente versátil. La cotización al momento de escribir este artículo rondaba los 46,05 dólares por unidad.

Cuando el precio de largo plazo de un activo no concuerda con el precio spot o de contado, se perciben nuevas oportunidades de arbitraje para los inversionistas. En ese contexto, Warren Buffett, director de Berkshire Hathaway, acumuló recientemente 58 millones de acciones de la refinería de petróleo Phillips 66, de Houston, valoradas en alrededor de 4.500 millones de dólares. De este modo, la jugada de Buffet, en opinión de Cliff Gallant (director de Nomura, un banco de inversión global de Asia con origen en Japón), explica que Berkshire ha hecho un movimiento claro de confianza hacia la industria del petróleo. Según las previsiones de uno de los inversores más importantes del mundo, a largo plazo la demanda de petróleo volverá a crecer.

Con precios deprimidos, el sufrimiento de los petroleros parece ser el único lugar en Estados Unidos, donde hay nostalgia por los más oscuros días de la crisis financiera. Pues, la última gran crisis fue también el comienzo de la mayor bonanza petrolera en la historia de Estados Unidos.

La producción del país del Norte, que disminuyó constantemente desde de 1986 hasta caer por debajo de los cuatro millones de barriles/día en septiembre del 2008, se recuperó y alcanzó los 9,5 millones de barriles que se producen en la actualidad. El recorte de producción de la OPEP hacia el año de la crisis inmobiliaria –a un promedio de 28,5 millones de barriles diarios– puso un piso a los precios y a partir de entonces estados como Dakota del Norte, Texas y Oklahoma –el corazón de la revolución petrolera de Estados Unidos– disfrutaron de las tasas de desempleo más bajas del país.

El crudo cayó a 32 dólares el barril en diciembre del 2008, pero no se quedó allí por mucho tiempo. Los datos del sector mostraron un comportamiento cíclico en forma de V y en mayo del año siguiente el barril comenzó a comercializarse de nuevo por encima de los 65 dólares. En la actualidad no son pocos los analistas que, animados por una recomposición similar a la de los episodios descritos, dan por hecho un repunte de precios durante el 2015.

Este año, sin embargo, miles de trabajadores petroleros norteamericanos han sido despedidos a pesar de que la producción ha alcanzado máximos históricos. La OPEP, por su parte, bombea 32,3 millones de barriles al día para defender su cuota de mercado y dejar a sus competidores de Estados Unidos, de mayor costo, con graves problemas de solvencia. Este es el caso, por ejemplo, de York Oil & Gas, de Houston, que –según se informó en el programa de noticias Market Makers de Bloomberg– necesita retornar al rango de los 90 dólares para equilibrar sus finanzas, un precio muy lejano al que hoy se comercializa el crudo.

Los últimos seis años significaron un marcado aumento en la práctica de la fractura hidráulica o fracking en Estados Unidos, una forma nueva e innovadora de extraer hidrocarburos de formaciones rocosas bajo tierra. La tentación de afirmar que el desarrollo de la fractura hidráulica, así como los puestos de trabajo que ha creado, es una prueba más del mercado libre de trabajo parece contrastar con el comportamiento del sector y burbuja del petróleo, que no se habría materializado sin la intervención de la Reserva Federal y sus tipos de interés artificialmente bajos, instituidos desde la crisis financiera subprime. De hecho, un gran porcentaje de la creación de empleo poscrisis ha estado vinculado con la industria del fracking.

La exploración y extracción de petróleo a través de la fractura hidráulica es una actividad altamente intensiva en capital. Si se tiene en cuenta que la vida útil de un pozo de petróleo típico es de sólo dos años, su mantenimiento resulta sumamente costoso. Es decir, si no fuera por la política de tasa de interés cero (ZIRP) y las rondas de flexibilización cuantitativa (QE) de la Reserva Federal, varias empresas advenedizas no estarían en condiciones de permanecer operativas. La sobreproducción no fue inducida por los fundamentos del mercado, una demanda que guía y absorbe el incremento de la oferta, sino por señales falsas destinadas a contrastar proyectos de inversión frente a tasas de retorno artificialmente deprimidas.

Los empresarios, confiados de ver la energía como un sector indispensable, comenzaron a dirigir sus recursos allí y no advirtieron razones para creer que los precios del petróleo podrían colapsar. Ahora, empresarios y expertos tratan de descubrir cuál es el precio de equilibrio del petróleo, porque a medida que ese tipo de cambio cae también lo hace la garantía que basa grandes sumas de deuda bancaria, puesto que, como se sabe, al tratarse de un mercado de deuda con calificaciones crediticias muy bajas se ofrecen tasas de interés más elevadas que el estándar de grado de inversión, con el fin de compensar el mayor riesgo de impago.

Finalmente, si se tiene en cuenta la estrategia provisional de la Reserva Federal de elevar la tasa de interés de referencia, junto con la contracción de la demanda de petróleo conforme la reducción de las expectativas de crecimiento global, un aumento repentino de los costos de endeudamiento para las empresas podría ensombrecer en grande el panorama. En un mundo económicamente integrado es peligroso desestimar las consecuencias globales de la política monetaria. Y, una vez que sean sincerados los tipos de interés de equilibrio y el sector petrolero ajuste en términos marginales, los partidarios de una moneda sólida estarán en peligro de ser culpados por las consecuencias de otro error de juicio Fed.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), Profesor Titular e Investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

EE.UU.: Regulación ineficiente de la energía empaña el crecimiento económico

Por Belén Marty: Publicado el 18/8/14 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2014/08/18/ee-uu-regulacion-ineficiente-de-la-energia-empana-el-crecimiento-economico/

 

Nueva York, California, Wisconsin y Connecticut son los Estados que regulan menos eficientemente la producción, distribución y consumo de la energía en EE.UU. El balance lo ofrece el Indice de Regulación de Energía publicado del Pacific Research Institute (PRI), publicado el pasado 7 de agosto.

El instituto estadounidense, que apunta a proveer soluciones prácticas de mercado en las políticas públicas, realizó un índice donde analiza en una escala del 1 (más eficiente)  al 10 (menos eficiente) las regulaciones energéticas en los 50 Estados.

El informe destaca además una correlación entre mayor regulación ineficiente y menor crecimiento del Producto Interno Bruto. Así, en promedio, los Estados mejores ubicados tienden a crecer mas rápidamente que aquellos en donde la regulación no es utilizada de la mejor manera.

Según describe el estudio, entre 2002 y el 2012 los Estados posicionados al tope del ranking sumaban un 20% de crecimiento superior que aquellos al final del índice.

Además de generar más actividad económica (y crear más riqueza), los Estados que utilizan sus recursos de la forma más eficaz y eficiente también generan mas puestos de trabajo. Siguiendo esta misma tendencia, aquellos Estados del quintil superior en promedio obtienen un 8% de mayor crecimiento laboral.

Por ejemplo, Alabama, Texas o Alaska aumentaron en un 9,8% su tasa de creación de puestos de trabajo, contra un 1,7% de los Estados de Nueva York, California y Wisconsin.

“Esta relación tiene sentido. La energía es uno de los ingredientes esenciales que impulsan el crecimiento económico en una economía moderna. En consecuencia, se debe esperar que los Estados que fomenten la producción y el consumo de energía eficiente experimenten un crecimiento económico más rápido que aquellos que desalientan la eficiencia económica en el mercado de la energía”, explicó Wayne Winegarden, autor de la publicación junto a Marc A. Miles.

Contribuciones a la política pública nacional

Winegarden y Miles afirmaron que los Estados que salieron mejor parados en cuanto al uso eficiente de las regulaciones fueron Alabama, Alaska, South Dakota y Texas –todas compartieron el primer puesto.

“Como economistas, hemos adoptado una perspectiva de eficiencia económica definida como la asignación de recursos a los usos más productivos”, indicó el Dr. Winegarden.

El índice de 56 páginas destaca que el espectro de energía que hoy utilizan los estadounidenses es muy amplio e incluye las fuentes renovables y no renovables: el petróleo, el gas natural, la energía nuclear, la hidroeléctrica, la eólica y la energía solar. Todas ellas, manifiestan los autores, son sujetas a todo tipo de regulaciones, estatales y federales.

Parque eólico en Texas. (Wikipedia).

Como las regulaciones federales afectan a todos los Estados, el estudio se basó únicamente en las medidas llevadas a cabo por los Gobiernos de cada entidad en particular.

Rescata asimismo que 17 de los 50 estados le dieron a sus residentes la posibilidad de optar a quién le compran la energía.

Desde el PRI manifestaron que los efectos de las políticas particulares de cada región se evaluaron de la manera más objetiva posible: “Las políticas que promueven la eficiencia económica reciben las puntuaciones más altas, las que reducen la eficiencia económica reciben puntuaciones más bajas”.

El índice se basó en una serie de preguntas que determinaron el grado y tipo de regulación que reina en cada Estado.

Así puede verse en el mapa interactivo del documento que los Estados del sur y centro de este país son los distritos que utilizan más eficientemente sus recursos energéticos.

Algunas de estos interrogantes son: ¿cuáles son las opciones que tienen los clientes industriales, comerciales y los consumidores en cuanto a las opciones energéticas?, ¿cuáles son las regulaciones diseñadas para reducir el consumo de energía?, ¿tienen los productores flexibilidad para que los precios fluctúen con las condiciones del mercado?, ¿qué tecnología renovable ofrece el Estado y cómo ésta afecta la eficiencia económica? Y, ¿existen restricciones en la distribución y transmisión de la energía?

Como resultado, aquellos Estados que utilizan sus recursos menos eficientemente son los que se ubican en la costa oeste, noreste y los del noroeste.

La eficiencia económica relativa de las regulaciones energéticas de cada Estado.

Se avecinan más regulaciones a nivel federal

El estudio muestra, también, que existe muy poca relación entre los Estados que poseen recursos energéticos substanciales (carbón, gas, petróleo) y el hecho de que utilicen sus recursos de manera eficaz.

Advierten que el índice es apartidario y que su investigación no tiene como objeto resaltar a qué administración o partido responden las regiones que mejor salen puntuadas, sino explicarlo desde una perspectiva meramente económica.

Las fuentes utilizadas para la realización de este documento provinieron principalmente delDepartamento de Energía de Estados Unidos, de grupos ambientales y de organizaciones relacionadas con la industria energética.

Los investigadores destacan que el panorama en el futuro cercano implicará mayores regulaciones en el ámbito federal. La Agencia de Protección Ambiental propuso nuevas regulaciones en junio de este año que, en caso de implementarse, buscarán reducir para el 2030 un 30% en las emisiones de dióxido de carbono.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.