El problema no es el nivel de deuda, es el nivel de gasto

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 24/1/20 en: https://puntodevistaeconomico.com/2020/01/24/el-problema-no-es-el-nivel-de-deuda-es-el-nivel-de-gasto/

 

El gobierno sostiene que los problema de deuda de la nación se deben a que la misma es insostenible. Es decir, como caído del cielo, la Argentina tiene demasiada deuda. Las palabras que se usan, especialmente en política, importan. El problema de Argentina no es el nivel de deuda, es el nivel de gasto público.

Debajo algunos datos concretos sobre gasto público. Se puede ver que, en términos reales, el mismo ha aumentado de manera significativa. Ya sea mirando la cuenta de “gasto público” en el PBI sobre el total o la evolución, en términos reales, de los gastos del Tesoro Nacional.

En términos de PBI, el gasto público se encuentra significativamente por encima de los valores históricos. La evolución de los gastos del tesoro (ajustado por inflación) muestran una caída con el gobierno de Cambiemos, pero aún se encuentra en niveles elevados. De hecho, se ha vuelto a niveles similares a los del 2010.

Salvo la crisis del 2007, el kirchnerismo ha aumentado de manera consistente el gasto en términos reales. El problema de la deuda es un problema de nivel de gasto. El problema de la deuda no se soluciona con un “reperfilamiento” o canje de bonos, se soluciona con una reforma del estado que disminuya el gasto a niveles sostenibles.

Este nivel impagable de gasto se observa en el déficit estructural del gobierno (en todos sus niveles).

¿Cómo se financia el déficit?

El déficit (D) es la diferencia entre los gastos (G) y la recaudación de impuestos T. Dada la ya excesiva carga impositiva en Argentina, podríamos decir que la recaudación ya se encuentra en su máximo valor T^{MAX}. Es difícil que se pueda pagar la deuda con más impuestos.

El déficit se cubre con emisión de bonos (B), monetización del déficit (M), u “otros” (X).

G - T^{MAX} = D = \Delta B + \Delta M + X

Dentro de otros se encuentran métodos de financiación “menos convencionales” como expropiaciones, nacionalizaciones, privatizaciones, etc.

Si Argentina cae nuevamente en default, entonces \Delta B = 0. Dado que T ya se encuentra en sus máximos valores, las opciones que quedan son:

  • Mayor inflación (aumento de \Delta M)
  • Mayores expropiaciones, etc.
  • Ajuste a la baja de G

El kirchnerismo no lo va a querer admitir, pero desde que asumió comenzó a trabajar sobre T y en alguna medida sobre G. Esto último vía jubilaciones, no vía gasto improductivo del estado.

Lo que aún no está claro es qué postura tendrá el gobierno respecto a la emisión monetaria. Por un lado, el Ministro Guzmán sostuvo en su primer conferencia de prensa que monetizar el déficit no es una buena idea. Por el otro, el resto del gobierno sostiene que la emisión no genera inflación (o que la misma es necesaria para incentivar el consumo). Aún no está claro cuál de estas dos visiones prevalecerá.

Otro problema: El “pecado original”

Argentina no puede emitir deuda en su propia moneda. A esto se lo llama el “original sin (pecado original)”. Por lo tanto, el Tesoro necesita hacerse de dólares para poder pagar sus obligaciones de deuda.

Sin embargo, hasta el momento las medidas tomadas por el gobierno de Alberto Fernández tienen el efecto de disminuir la entrada de dólares en lugar de incentivarla.

El historial argentino

Argentina tiene un triste track-record en términos de defaults y reestructuraciones de deuda. Desde su independencia, Argentina ha pasado el 30% de su tiempo en default (o reestructuración). Valor comparable con otros países de la región. Sin embargo, desde fines de la Segunda Guerra Mundial ha estado en default (o reestructuración) casi un 40% del tiempo, mientras que el resto de los países de la región han disminuido sus problemas de deuda.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Burocracia y corrupción

Por Gabriel Boragina Publicado el 13/10/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/10/burocracia-y-corrupcion.html

 

“es inherente a toda burocracia gubernamental ajustarse a un conjunto de reglas e imponerlas de manera uniforme y autoritaria. Si no fuera así, y el burócrata decidiera sobre los casos individuales ad hoc, se lo acusaría, con justo derecho, de no tratar a cada contribuyente y ciudadano de manera igual y uniforme. Sería acusado de discriminación y de brindar privilegios especiales. Además, desde el punto de vista administrativo es más conveniente para el burócrata establecer reglas uniformes en toda su jurisdicción. A diferencia de la empresa privada, cuya finalidad es obtener ganancias, a la burocracia gubernamental no le interesa ser eficiente ni servir a sus clientes lo mejor posible. Al no tener fines de lucro, y a salvo de la posibilidad de sufrir pérdidas, el burócrata puede descuidar, y de hecho lo hace, los deseos y demandas de sus consumidores-clientes. Su interés principal es “no hacer olas”, y esto lo logra aplicando equitativamente un conjunto de reglas uniforme, no importa lo inaplicable que pueda ser en cualquier caso puntual.” [1]

Sin embargo, a pesar de ser cierto lo anterior, también es verdad que los burócratas discriminan, y es precisamente esto último lo que se conoce con el nombre de corrupción, fenómeno cuya extensión -sobre todo en Argentina- ha llegado a niveles alarmantes batiendo todos los récords históricos hasta el presente. En realidad, como ha demostrado la Escuela de la Public Choice -con James Buchanan y Gordon Tullock a la cabeza- los burócratas si, tienen fines de lucro como cualquier ser humano normal.

Ahora bien, es cierto que, desde el punto de vista institucional la burocracia no tiene fines de lucro, porque -en tanto burocracia- fue creada para permanecer, con independencia de cualquier circunstancia económica. No obstante, lo anterior, en cambio, los burócratas no suelen ser los mismos, o no lo son por todo el tiempo. Esto hace que los burócratas, conscientes de la transitoriedad personal en sus cargos, tiendan, durante su paso por la burocracia, a tomar todo el dinero posible de ella, ya sea por vías legitimas o ilegítimas, dando lugar a la corrupción tan denostada por un lado y tan practicada por el otro. Pero la corrupción no está ínsita -por regla general- en la persona del burócrata, lo que si esta inherente en la institución es la potencialidad de promover o cobijar o -al menos- soportar actos de corrupción. Si el empleado público -además- ve con buenos ojos el cargo que ocupa como medio idóneo para lucrarse en y de él, la situación es, por supuesto, tanto peor.

La burocracia -como entidad – no tiene fines de lucro, pero el burócrata, contemplado desde la faz de un simple ser humano como todos, si los tiene. Claro que, su lucro no proviene -en primera instancia- del contribuyente, sino del organismo oficial que lo emplea. Sólo depende del peculio del contribuyente de manera indirecta. Pero si perdiera su cargo de burócrata (porque -por ejemplo- la repartición donde trabaja decidiera cesantearlo) esto lo afectaría económicamente a él en persona. De allí que, es natural que, desde su propio punto de vista, vea su puesto de burócrata como un medio para beneficiarse económicamente de él, ni más ni menos que como cualquier otro empleado privado ve su cargo en una empresa particular. Aunque naturalmente los incentivos -tanto externos como internos- sean por completo diferentes.

En la esfera política pasa algo bastante similar que en la administrativa respecto de los funcionarios elegidos popularmente mediante el voto. Su transitoriedad es mayor que la de los elencos estables burocráticos y, por consiguiente, su tendencia a acumular durante tan breve periodo también será más grande. De allí, la importancia de establecer controles de todo tipo y de gran efectividad para evitar el enriquecimiento de funcionarios y demás burócratas a costa del erario público.

Con todo, como apuntamos líneas más arriba, creemos que hay que deslindar varios aspectos y dividirlos en dos partes al menos: institucionales y personales.

La corrupción no sólo tiene que ver con las ansias de ganancia del burócrata o gobernantes, tiene que ver con el diseño institucional que, al hacer depender el funcionamiento de ciertos organismos estatales del poder económico (grande o pequeño) de los contribuyentes, convierte a los cuerpos gubernativos en sí mismos corruptos e inmorales, toda vez que para hacerse de tales fondos necesitan del imperio y la fuerza bruta que les otorga la ley respectiva que regula su creación y trabajo. Y de otra ley (superior o paralela) que determina que su marcha será solventada con fondos del erario público (en última instancia, impuestos vistos desde el lado del ciudadano).

No tiene tanto que ver en este punto la cantidad de reparticiones u organismos estatales que se creen, sino las cantidades efectivas de capital destinadas a su establecimiento y labor. Producirán mayor daño tres organismos “públicos” que tengan un presupuesto del cien por ciento del tesoro nacional (suponiendo por caso $ 1000) que diez de esos organismos a los cuales se les destine un cincuenta por ciento de lo presupuestado ($ 500) con independencia del total efectivamente recaudado. El daño al contribuyente en el primer supuesto será del cien por ciento y en el segundo de la mitad, pero en el primero sólo tenemos tres reparticiones públicas y en el segundo diez. Claro que el análisis no es completo si no se considera, no sólo la cuantía del gasto sino también su calidad, pero la cuantía luce como el dato más importante, porque la calidad del gasto siempre dependerá que se tenga algo para gastar, si esto falta es inútil entrar en un debate sobre “la calidad del gasto” cuando no hay siguiera nada para gastar. Si por $ 1000 puedo comprar un par de zapatos de la más alta calidad, vano es que me detenga a comparar calidades si ni siquiera tengo $ 1000. La calidad, pues, es una variable dependiente de la cantidad disponible para cada caso en cuestión.

[1] Murray N. Rothbard. For a New Liberty: The Libertarian Manifesto. (ISBN 13: 9780020746904)Pág. 149-150

 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

La trampa económica de la política

Por Eduardo Filgueira Lima: Publicado el 18/5/18 en: http://cepoliticosysociales-cepys.blogspot.com.ar/2018/05/la-trampa-economica-de-la-politica.html

 

¿Porqué los políticos tienen tendencia a gastar más de la cuenta?

Largos años de desaciertos políticos y económicos (los unos siguen a los otros) nos han sumido en condiciones de progresiva decadencia. Un 30% de pobres azota todos los días nuestras puertas.

Desde mediados de los años ´30 del siglo pasado el gasto público argentino ha tenido un peso creciente dado su constante incremento, en la política y la economía argentinas. Pero es en las últimas décadas cuando su peso relativo en términos de PBI se ha acelerado sustantivamente al compás de políticas populistas.

El incremento del gasto público puede acompañar tendencialmente al aumento de la población; o también ha sido utilizado como proceso de equilibrio compensador en situaciones de recesión de la actividad económica, aunque esto tuviera consecuencias deletéreas a mediano/largo plazo.

Pero en nuestro caso el gasto público ha sido el instrumento que la política ha utilizado para satisfacer crecientes demandas propias[1] y también de la población, en una asociación perversa en la que los unos resguardaron su supervivencia o perpetuación y los otros delegaron su voluntad, recibiendo a cambio los beneficios del Estado en forma de dádivas, protección o empleo público.

La Argentina se acostumbró así a vivir crecientemente dependiente del Estado. Eso mismo generó grupos cada vez más numerosos de privilegiados que pudieron vivir de sus prebendas y un pensamiento “estatista” que se instaló y perdura inconmovible, como si el estado pudiera hacerse cargo de todo, y dar satisfacción a todos, en todo tipo de demandas y sobre todos pudiera recaer el peso de sostener los beneficios que solo algunos usufrutuan.

Hemos reproducido a la perfección la “tragedia de los comunes”[2]. Porque los incentivos están puestos en maximizar intereses individuales explotando hasta extenuar recursos que son comunes, e inevitablemente limitados. El Estado ha quedado subyugado por diversos grupos de interés del que obtienen beneficios particulares. Este es el conflicto más pertinaz que condiciona las democracias[3]. El estado ha quedado así agotado para incluso cumplir con lo que elementalmente debiera.

Los argentinos pedimos cada vez más que el Estado nos dé,.. que el estado nos garantice,.. que el Estado nos proteja,.. que el Estado controle,.. que el Estado regule,.. que normatice, que cada vez tenga mayor intervención en cada una de las actividades de nuestras vidas. Pero sabemos también quejarnos cuando asumimos lo que ese estado elefantiásico que hemos creado nos  cuesta, sin comprender la contradicción implícita que significa pedir cada vez más y quejarnos después por tener que pagarlo.

Y todo ello con la complicidad de los dirigentes políticos para quienes agigantar el estado resultó un pingüe negocio porque les otorgó el rédito de “administradores sensibles del Welfare State”, resultando lo que más aprecian: adhesión y votos. Los incentivos están puestos en defective democracies[4] en las que se sostiene que la única rendición de cuentas son las elecciones, que ingentes recursos públicos sean puestos precisamente para obtener resultados electorales.

La trampa política populista es precisamente encontrarnos en la imposibilidad creciente de superar nuestras dificultades porque los unos demandan del Estado lo que los otros asumen como necesidad propia de otorgar. Mientras, otra parte de la población que no se encuentra en el grupo de privilegiados, debe soportar la mayor carga que le imponen ambos.

El problema es ideológico y cultural y por lo mismo es más difícil de superar. Demandas no son siempre necesidades y todos –cada vez más y crecientemente a medida que se reducen las oportunidades– se prendieron con avidez a obtener su cuota parte del Estado, que hoy está agotado y que no encuentra medios para financiarse, pero más grave aún constituye un enorme peso para el crecimiento y eliminar los graves problemas que nos agobian.

Hoy el gasto público supera el 42% en términos de PBI. Como muestra el gráfico siguiente y su incremento fue brutal desde 1993 (23%) a nuestros días.

[5]

El gasto público casi se duplicó en menos de treinta años. De lo que nunca se habla es el costo agregado –calculado hoy en deterioro social, político y económico– que esa conducta depredadora ocasiona.

De esta lógica perversa difícilmente pueda escapar el accionar político que requiere para permanecer de los votos de las mayorías. Y difícilmente puedan escapar los ciudadanos, que con este circuito obtienen prerrogativas inmediatas, sin percibir que a largo plazo disminuyen inevitablemente sus perspectivas futuras.

Porque el crecimiento del sector público se hace indefectiblemente a expensas del sector productivo y aún de toda la población, cualquiera sea su mecanismo de financiamiento: vía impuestos, emisión monetaria y/o endeudamiento (con las consecuencias nefastas que cada uno de estos medios de financiamiento ocasiona).

La lógica seguida por Cambiemos una vez en el gobierno, de manera poco disimulada consistió en recurrir a la obra pública para hacer lo que con seguridad hacía falta (dado el ingente deterioro que en infraestructura nos había dejado el gobierno anterior), pero también para inyectar recursos en un mercado deprimido y sometido a necesarias correcciones que creyó poder hacer con “gradualismo”.

Es comprensible ya que los políticos no son afectos a dar malas noticias y un keynesianismo ad-hoc pudo haber sido en este sentido un buen recurso político, aunque no se valoró lo suficiente que fuera un mal recurso en el largo plazo. La disyuntiva podría ser dilucidar si el “gradualismo” no es también en este esquema un disimulado hijo light del populismo.

Pero a su vez se debe decir que este gobierno ha logrado importantes avances en lo institucional. El índice de Calidad Institucional ha mejorado 10 puntos en dos años.

Muy probablemente, y a riesgo de entrar en peligrosas interpretaciones psico-sociológicas, el gobierno se vio en la necesidad de desmarcarse de las posiciones en las que la oposición política lo había colocado, “un gobierno de ricos para ricos, … De insensibles que llevarían a cabo un ajuste, … Qué eliminarían los planes sociales, …” Como se dice en la jerga corriente “los corrieron por izquierda, …” y tuvieron que parecer o ser más de izquierda que lo que muchos hubieran deseado. El gobierno termina así mostrándose temeroso de hacer las reformas necesarias.

Porque inyectar más recursos tuvo consecuencias en un tema que nos es muy sensible: la inflación, que resultó muy poco (o nada) elástica a la baja. A lo que contribuyó la emisión monetaria –instrumento estrella en el gobierno anterior– pero que en el actual creció 32% en 2016, lo que le puso desde inicio un piso elevado.

En 2017 creció el 27%[6]. En 2017 el BCRA le giró al Tesoro Nacional un total de $421.708 millones. Aunque del otro lado de la cuenta, el BCRA logró retirar del mercado por la vía de la esterilización $225.364 millones. Con lo que quiero decir que el gobierno, aunque recurrió al endeudamiento[7] para financiarse, no dejó de utilizar la emisión para ese fin.

En Argentina la emisión monetaria sube exponencialmente a partir de 2006 [8]. Y hoy la masa monetaria se ubica en el 28,9% del PBI[9]La presión que este proceso monetario ejerce sobre el valor de la moneda, impide una efectiva baja de la inflación. Y a menor productividad es el factor “escasez” el que entra en juego para la determinación de los precios.

La vía impositiva también está en su tope La presión tributaria consolidada pasó desde un 19% para el promedio de los años 90 al 32% del PIB en 2017. Por otra parte, dada la fuerte informalidad, la presión tributaria sobre el sector formal resulta de un nivel insoportable del 50% o superior a esa cifra, lo que ahoga la actividad productiva que es precisamente de lo que se alimenta el fisco.

Es muy probable que el gobierno haya subestimado algunos problemas que eran graves cuando asumió o es muy probable que haya desbordado de optimismo prematuro suponiendo que algunos problemas estructurales podían ser resueltos por vía de un decreto que impusiera entusiasmo.

Muchos problemas de la Argentina derivan de esa perversa asociación descrita sostenida durante muchos años y cuya más popular acepción es un elemental “populismo” político que tiene graves e inevitables consecuencias económicas[10].

El gobierno actual pensó resolver un problema tan complejo también con “gradualismo” para no verse tapado por las olas que supuso despertaría un necesario ajuste. “Acá nadie quiere perder nada. Tocás algo y te incendian el país”[11]

Pero finalmente entre la obra pública y los compromisos electorales asumidos pagados con empleo público (que se incrementó desaprensivamente), el gobierno no reaccionó frente a un gasto público desbordado y mantuvo políticas tan tramposas como las que se suponía venía a erradicar. El déficit del sector público, que llega hoy a 7% del PBI, es el resultado de haber ido mucho más lejos de lo lejos que ya se había llegado con un gasto público exorbitante.

En nuestro país de manera prevalente la gente quiere dar satisfacción a sus demandas de manera inmediata. Y quiere que esa satisfacción provenga del estado, porque no tiene otras posibilidades (estas son reales necesidades), o porque le resulta más rentable diluir sus responsabilidades en el conjunto (esto es oportunismo). ¿Como puede definirse claramente la línea que separa estos comportamientos?

Parece no entenderse que así se reducen las perspectivas futuras, que a más Estado mayores limitaciones a la actividad productiva. Que el estado debe cumplir funciones muy puntuales y específicas que no puede cumplir con eficiencia y mucho menos con las agregadas que le hemos impuesto.

Porque ello requiere financiamiento y la vía impositiva ha llegado a un tope insostenible. El peso del gasto impositivo no debe ser una carga que como una mochila nos impida avanzar. El costo de esa carga imposibilita el crecimiento porque limita el desarrollo de las actividades productivas que son esenciales (a la par que otros factores),  para equilibrar otra debilidad importante hoy como es la balanza de pagos, que se nos muestra hoy deficitaria[12].

Y la emisión monetaria (que fue el sustento del gobierno anterior y apenas un poco disminuyó en el actual) se traduce inevitablemente en inflación por lo que la única vía alternativa que quedaba, para sostener el fenomenal gasto que el anterior populismo ocasionó, fue el endeudamiento, …que no es gratis!

Hoy el presidente Macri ha mencionado que “no podemos gastar más de lo que tenemos”! Y se me ocurre decir que más aún, tenemos que gastar mucho menos que lo que estamos gastando: el déficit fiscal es un tramo en exceso del proceso del gasto, … pero finalmente detrás está el gasto público ya de por sí excesivo.

Con seguridad reducir el déficit fiscal[13] es un tema trascendente. Pero disminuir el gasto público requerirá de un esfuerzo mayor. No será fácil decidir aquellos rubros en los que puede reducirse el gasto sin conflictos sociales, pero es imprescindible. Obviamente es más sencillo escribir sobre la reducción del gasto público que hacerlo. Ni gobernadores, ni intendentes, … quieren ajustar su gasto, y siendo un país federal la mayor parte de las transferencias nacionales son automáticas.

El 30% de la PEA empleada trabaja para el gobierno (en sus tres estamentos) En Formosa, Catamarca, La Rioja, Jujuy, Santiago del Estero, Chaco y Corrientes hay más del 50% de la población empleada dependiente del estado[14]. La Fundación Libertad y Progreso ya ha expuesto sobre el peso que el empleo público tiene hoy y como se ha incrementado entre 2003 y 2017[15]

Si estas cuestiones no se corrigen las perspectivas de crecimiento, desarrollo y disminución de la pobreza se encuentran muy lejanos como objetivos y el costo será el subdesarrollo social y económico, porque la economía nos pasará sus facturas.

En días recientes hemos sufrido varios días de tensión minimizada por el gobierno y exacerbada por los opositores y muchos otros. Pero en su raíz el problema subsiste inconmovible. El incremento de tasa de interés en los EE.UU. y la populista imposición a la renta financiera[16] que se implementó en Abril de este año (por iniciativa de la oposición pero acompañada por el oficialismo), a lo que se sumó un dólar retrasado, alimentó los temores de una corrida de los tenedores de deuda hacia este último e incentivó la demanda. Finalmente los tenedores de deuda argentina renovaron en un 100% la misma. Pero el dólar alcanzó un nuevo piso,.. que probablemente no sea su techo. Tal como es previsible la vulnerabilidad argentina persiste.

Mientras pensemos que “la mejor política económica es la que permite ganar elecciones” y para ello la política recurra a cualquier medio, el problema será esencialmente político! Por lo que no debemos alarmarnos entonces que en cada oportunidad que tenga nos dé un sacudón la víctima: la economía!

 

(*) Dr. Eduardo Filgueira Lima

(MD, Mg.HS&SS, Mg.E&PS, PhD.PS)                       Buenos Aires, Mayo 18 de 2018

[1] Referencia a un mercado político que tiene incentivos alineados con su propio interés corporativo.

[2] Hardin, G. The Tragedy of Commons en Science, v. 162 (1968), pp. 1243-1248

[3] Buchanan, J. & Tullock, G “El cálculo del consenso” (1980)

[4] Merkel, W “Defective democracies” Centro de Estudios Avanzados de Ciencias Sociales. Paper N°132, 1999

[5] En: http://focoeconomico.org/2017/12/23/gasto-publico-en-argentina-1993-2017/

[6] Nadin Argañaraz y Bruno Panighel En Informe IARAF del 21 de Febrero de 2018 http://www.iaraf.org/index.php/informes-economicos/area-fiscal/213-informe-economico-5

[7] La deuda externa actual alcanza los u$s 250.000 mill. Casi un 42% del PBI

[8] Banco Mundial en: https://datos.bancomundial.org/indicador/FM.LBL.BMNY.CN?contextual=default&end=2014&locations=AR&start=2014&view=bar

[9] Banco Mundial en: https://datos.bancomundial.org/indicador/FM.LBL.BMNY.GD.ZS?view=chart

[10] Las acepciones político-culturales del término tienen otras raíces y se afincan en las denominadas democracias delegativas, según G. O´Donnell, en un primer estadio.

[11] Senador M. A. Pichetto La Nación (18/5/2018)

[12] En 2017 la cuenta corriente registró un déficit de US$ 8.738 millones, explicado por los saldos negativos de la balanza de bienes y servicios. https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/bal_03_18.pdf

[13] De los últimos 60 años, Argentina tuvo déficit fiscal (entre 3 y 7% del PBI) en 57 años. (J. L. Espert, 2018)

[14] Sipa. Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social En: http://www.trabajo.gob.ar/estadisticas/

[15] Fundación Libertad y Progreso https://radiocut.fm/audiocut/hablamos-con-agustin-etchebarne-economista-y-director-de-libertad-y-progreso-fmi-dolar-economia/ y en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/05/02/gasto-publico-inflacion/

[16] Decreto 279/18 que reglamentó la imposición a la renta financiera (5% para letras en $ y 15% para u$s)

 

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, Doctor en Ciencias Políticas y Profesor Universitario.

Alberdi y el gasto público (II)

Por Gabriel Boragina: Publicado el 4/9/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/09/alberdi-y-el-gasto-publico-ii.html

 

Alberdi creía que un gasto público elevado no constituía necesariamente un obstáculo a la producción, lo que comparado con otros pasajes de su obra denotan cierta ambigüedad suya en el tema. Prueba de lo anterior la encontramos, por ejemplo, en esta cita:

“Repartir bien el peso de las contribuciones no sólo es medio de aligerarse en favor de los contribuyentes, sino también de agrandar su producto en favor del Tesoro nacional. La contribución es más capaz de dañar por la desproporción y desigualdad que por la exorbitancia: tan verdadero es esto, que muchos han visto en las contribuciones elevadas un estímulo a la producción más que un ataque. Todos recuerdan lo que sucedió en Inglaterra antes de 1815: a medida que se elevó el gasto público y con él la tasa de las contribuciones, mayor fue la producción. Muchas explicaciones ha recibido ese fenómeno, y de las más sensatas resulta, que si los impuestos no fueron causa del aumento de producción, tampoco fueron un obstáculo. – ¿Por qué? Porque pesaron sobre todos los agentes y modos de producción, a la vez que a todos ellos se les aseguró campo y libertad de acción.”[1]

Ferviente partidario del impuesto proporcional que recayera sobre todos y cada uno de los ciudadanos, contaba que de tal modo la producción general no se vería afectada. Su argumento parecía hallar como toda apoyatura la experiencia de “Inglaterra antes de 1815”. No podemos dejar de señalar que hay una cierta contradicción con lo que el insigne argentino había expuesto unas páginas antes (pág. 105). En su tesis, siempre y cuando el impuesto sea igualitario y proporcional la producción no sólo no disminuiría sino que hasta podría crecer. Hoy, desde una visión provista por la Escuela Austriaca de Economía, podríamos disentir con su enfoque. Indudablemente es positivo y hasta necesario que los impuestos sean proporcionales e igualitarios, pero al mismo tiempo es tan trascendente como que sean los menores posibles. Porque -como el mismo Alberdi parecía pensar en la pág. 105 de su obra-, el gasto privado y público son -en realidad- uno mismo, y no dos gastos de naturaleza distinta. En sus exactas palabras: “el gasto público y el gasto privado, pues no son gastos de dos naturalezas, sino dos modos de un mismo gasto, que tiene por único sufragante al hombre en sociedad”. Pero hay una diferencia sustancial entre ambos, y es que no es la misma persona la que hace uno y otro gasto, si bien los recursos que se utilizan provienen de una misma fuente. En el gasto privado “A” gasta los recursos de “A”, en tanto que en el gasto público “B” gasta los recursos de “A”. Y, por cierto, nada garantiza que -en el segundo supuesto- “A” estuviera de acuerdo con “B” en cuanto a dos cosas: que se utilicen sus dineros para el gasto “C, D…etc.” (por caso) y en segundo lugar –suponiendo que ese consentimiento existiera- que también hubiera una segunda anuencia por la cual “A” estuviera conforme con el destino de ese gasto que “B” hace en “C”.

“Más adelante, en el capítulo sobre los objetos del gasto público, estudiaremos la necesidad de dividir el presupuesto en tantos capítulos de gastos como el número de los ministerios que integran el despacho colectivo del gobierno, y de que los artículos de gastos y entradas sean discutidos y sancionados separadamente, sin que el gobierno pueda trasladar a un artículo fondos destinados a otro: cuyos requisitos son garantías prácticas de limpieza en la gestión del Tesoro nacional, y no meras y vanas formalidades”.[2]

Aquí tenemos otro párrafo en el cual no parece preocuparle demasiado a Alberdi el tamaño del gasto público, dado que sigue poniendo el énfasis en dos aspectos: el equilibrio y el destino. Hoy objetaríamos, desde nuestra perspectiva actual, que el volumen del gasto público importa y mucho, si tenemos en cuenta algo que el propio Alberdi parecía aceptar páginas antes : que lo que el estado-nación gasta lo extrae de impuestos que, necesariamente, cobra al contribuyente, y que ello implica (simple operación aritmética mediante) que cada unidad monetaria que el “estado” gasta es una unidad memos que el particular tendrá disponible –pero- para diferentes propósitos : ya sea gastar, invertir, ahorrar, etc. Por lo que no resulta indiferente –repetimos- la cuantía de ese gasto “público” que, en rigor, es puro gasto estatal.

Un problema que Alberdi enfrentaba en su tiempo era el del federalismo frente al unitarismo, términos con los cuales se designaba en aquella época lo que hoy llamaríamos descentralización frente a centralización tanto del poder como de los recursos que ese poder maneja. Ello le hacía señalar con precisión que:

“Así los gastos de provincia no son del resorte del Tesoro nacional en la Confederación Argentina. Pero es preciso no confundir con los gastos de provincia propiamente dichos los gastos de carácter nacional ocasionados en provincia. En este sentido, los gastos nacionales de la Confederación, considerados dentro de sus límites excepcionales, son susceptibles de la división ordinaria en gastos generales y gastos locales de carácter federal. Los gastos del servicio de aduanas, del de correos, de la venta de las tierras públicas, los gastos del ejército, que son todos gastos nacionales, se dividirán naturalmente en tantas secciones locales como las provincias en que se ocasionen. Esa división será necesaria al buen método y claridad del cálculo de gastos y a la confección de la ley de presupuestos. Por otra parte, residiendo el gasto público al lado de la entrada fiscal en cada sección de la Confederación, y no habiendo necesidad de que el Tesoro percibido en provincia viaje a la capital para volver a la provincia en que haya de invertirse, la división de entradas y gastos en dos órdenes, uno general y otro local, servirá para distribuir los gastos locales que pertenecen a la Confederación en el orden en que están distribuidas las entradas, sin necesidad de sacar los caudales del lugar de su origen y destino en la parte que tiene de federal o nacional. Bajo el antiguo régimen español del virreinato argentino, se observaba un método semejante que se debe estudiar como antecedente nacido de la experiencia de siglos”.[3]

[1] Alberdi, Juan Bautista. Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853. Pag. 168

[2] Alberdi….Ob. cit. pág 183

[3] Alberdi….Ob. cit. pág 198

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

El problema institucional supera al económico:

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 26/1/15 en: http://economiaparatodos.net/el-problema-institucional-supera-al-economico/

 

Si bien pueden darse crisis económicas de origen económico, la de Argentina es una crisis económica originada por problemas institucionales

La economía Argentina se encuentra en una seria crisis. Posiblemente una de las más severas de su historia. El 2014 cerró con una inflación que roza el 40%, 10 puntos superior a la del 2013. Los indicadores de actividad económicas más importante hace meses que vienen mostrando valores negativos, es decir, menor actividad económica. El BCRA se encuentra con serio problemas de reservas que sólo puede maquillar contablemente, sumado a un Patrimonio Neto que bien puede ser considerado negativo y con 2/3 de sus activos invertidos en deuda al Tesoro Nacional. Un Tesoro Nacional que posiblemente cierre el 2014 con un déficit fiscal en torno al 6.5% del PBI (con estimaciones privadas de producto). La infraestructura del país se encuentra “atada con alambres.” Argentina sigue en default y a medida que pasan los días se confirma que el argumento de la RUFO era una excusa para no saldar las deudas pendientes y no una verdadera causa. El listado de problemas podría seguir. Estos son todos síntomas de una economía que ya se encuentra en crisis. A las crisis económicas no se llega sólo con “explosiones económicas” como fue la del 2001, puede ser el resultado de un largo y manso recorrido hasta la misma.

Pero nada de esto ya parece importar luego de la muerte de Nisman. Nada desnuda más la importancia de las instituciones que en repetidas ocasiones se ha mencionado en distintas columnas. Si bien pueden darse crisis económicas de origen económica, la de Argentina es una crisis económica originada por problemas institucionales. El deterioro institucional ha llegado al punto tal de encontrar una muerte con demasiadas dudas a su alrededor de un fiscal federal con una de las causas más importantes, sino la más importante del país. En otros países esto hubiese producido la caída de varios ministros, sino del gobierno entero, sin tener que llegar a las contradicciones, casi papelones, de los que ha participado la Presidente con sus cartas en Facebook y el bloque peronista tanto el lunes como con la lectura del comunicado pocos días después.

¿Cómo se llegó a una situación donde lo que sucedió con Nisman es de hecho posible? ¿Acaso el Kirchnerismo no dio acabadas muestras de deterioro institucional desde su inicios?

¿Cómo es posible que de hecho suceda? ¿Era algo así factible diez años atrás?

¿Cómo es posible que las instituciones no reaccionen fuertemente ante este escenario?

Es que en Argentina ya parece no haber instituciones, sino personas con más o menos poder. La oposición, por su lado, está más preocupada por no aparecer y dejar sólo al gobierno frente a este tema que mostrar un frente común que de algo de certeza a futuro. Ciertamente la oposición no puede inmiscuirse en la investigación, pero asumiendo que el Kirchnerimo deja le poder en diciembre del 2015, ¿qué futuro le depara al país? ¿Cómo es la nueva Argentina post-K? No hay ningún indicio claro proveniente ni siquiera de los presidenciables. Frases hechas como “continuar con lo bueno y cambiar lo malo” están totalmente vacías de contenido. En los 80 Alfonsín hacía referencia a que con la democracia se come, educa, etc., y el país con un cuadro hiperinflacionario, problemas de deuda y una economía cerrada. Hablar de “esperanza, fuerza, y convicción” como si fuese una frase mágica es, básicamente, lo mismo.

En países con instituciones republicanas más sólidas, no hacen falta casos como los de la muerte de Nisman para enviar fuerte señales a la dirigencia política de que deben corregir sus acciones. Escándalos sexuales, de evasión impositiva, algún que otro acto de corrupción pueden dar por terminada carreras políticas. ¿Acaso una aventura con alguna amante, o la evasión de algún que otro millón de dólares, o un acuerdo con algún empresario amigo del poder es tan dañino para la economía en su conjunto? La respuesta es no. Las aventuras románticas de un presidente nula influencia pueden tener en sus decisiones como jefe de estado.

Estos casos, sin embargo, juegan el rol de ser luces rojas sobre problemas que sí son más serios pero inobservables al menos hasta que es demasiado tarde. Los altos cargos políticos son proclives a ser ocupados por personas sin empatía hacia terceros. Estas personalidades ven a terceros como medios para alcanzar sus propios fines. ¿No suena acaso familiar a la política Argentina, donde cambiar de bando y la Borocotización, por ejemplo, es casi una norma? Si el Presidente, por ejemplo, es descubierto con una amante con las implicancias que eso implica para su pareja y familia, que empatía le espera al resto de la población. El riesgo puede ser muy grande. Quizás esta persona no tiene problema en someter a su población a faltantes de medicamentos, alimentos, pobreza, etc. Quizás esta persona no tiene problema en utilizar la fuerza del estado para hacer desaparecer personas o que las mismas sean encontradas sin vida. Quizás para cuando este perfil es obvio ya es demasiado tarde.

Las manifestaciones en la calle (algunas con alcance internacional) que la sociedad Argentina ha mostrado en los últimos años no es sólo una muestra del rechazo a un partido político que hace uso y abuso del poder del estado, es también un síntoma de una falta de dirigencia política que canalice este rechazo. El rol de la democracia y la república y es que no sea la gente la que tenga que deponer al poder cuando este se le vuelve en contra, sino que sean los resortes institucionales los que pongan límites al uso del poder del estado y se utilicen las herramientas institucionales para dar por finalizada una administración cuando la misma no cumple con sus obligaciones.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. 

Se Confirma el Deterioro Fiscal

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 21/7/14 en: http://economiaparatodos.net/se-confirma-el-deterioro-fiscal/

 

Detrás de las noticias del mundial y el juicio con los holdouts, los problemas económicos de fondo siguieron su curso. Los indicadores de actividad económica han dado para la baja. La inflación acumulada de 12 meses sigue en niveles similares a los peores de la crisis del 2001 (40.9% en diciembre 2002) a pesar de las promesas de desaceleración por parte del oficialismo. Los resultados fiscales (base caja) a mayo, recientemente informados por la cartera de economía, confirman el precupante deterioro en las cuentas del Tesoro Nacional.

 

Descontando las transferencia que recibe el Tesoro por parte del BCRA (y ANSES, etc.), el déficit financiero de mayo se ubicó en unos 1.150 millones de pesos acumulando un total de 48.400 millones de pesos entre enero y mayo del 2014. En el 2013, este nivel de déficit acumulado se cruzó “recién” en el mes de septiembre. En el 2011 y en el 2012 se lo cruzó en diciembre. El déficit financiero acumulado a mayo del 2014 es mayor al déficit anual total en los años anteriores al 2011.

 

Por el lado de los ingresos, excepto “rentas de la propiedad” (transferencias del BCRA, ANSES, etc.), la recaudación cayó en términos reales respecto a mayo del 2013 (con una inflación para el período de 39.9% según el IPC congreso). El único rubro que aumentó en términos reales fue el de las transferencias del BCRA y ANSES por un 1638%. El resultado de esta emisión monetaria para financiar al tesoro compensa la caída real de los ingresos tributarios manteniendo los ingresos corrientes constantes en términos reales. Por el lado de los egresos, los únicos que han aumentado en términos reales fueron las transferencias y el rubro “otros” (mientras las transferencias al sector privado aumentaron, las transferencias al sector público disminuyeron).

Es decir, el Tesoro tiene una fuerte necesidad de recurrir al BCRA para financiar el insostenible nivel de gasto a la par que el aumento en términos reales se va en transferencias (por ejemplo subsidios) al sector privado en lugar de asignarse a los servicios que le corresponde brindar al estado como mantener la ley y el orden (seguridad y justicia.) ¿Si la infraestructura Argentina está tan bien y nunca se ha invertido tanto como en la década ganada, por qué tantas transferencias al sector privado? Es claro que el problema del gasto público es doble. Por un lado la asignación del gasto público es ineficiente; el gobierno Kirchnerista gasta mal. Por otro lado un nivel de gasto excesivamente alto. Bajo la falsa ilusión de que el gasto público es intrínsecamente virtuoso bueno y el gasto privado es naturalmente malo o hasta inmoral, se ha llegado a niveles insostenibles difíciles de corregir. El gobierno Kirchnerista no sólo gasta mal, gasta mucho y mal.

 Sin embargo, lo preocupante no es sólo el nivel de gasto, es la aceleración del deterioro fiscal que se ve en el 2014. No sólo mayo muestra un déficit acumulado alto respecto a años anteriores, sino que mes a mes la emisión monetaria necesaria para financiar el déficit proyectado a fin de año aumenta por tercer mes consecutivo. En el siguiente gráfico vemos el déficit proyectado de mayo a fin de año. La proyección es simple, asume que cada mes el déficit en promedio evoluciona igual a como lo hizo en los dos últimos años. Junio es el mes con mayor deterioro fiscal en al menos los dos últimos años. 85% y 65% para el 2013 y el 2014. Para el 2015, entonces, el gráfico asume un deterioro fiscal del 75% (promedio de junio de los dos últimos años.) El deterioro de la actividad económica, pagos al Club de Paris, y la extensión de programas sociales los (ni-ni) pueden hacer de este un escenario conservador.

Si el déficit financiero proyectado se financia con emisión monetaria, entonces la expansión de la base monetaria llega a un 77%, donde el equivalente mensual es del 7.4%. El mismo ejercicio con datos a marzo daba una expansión de la base monetaria equivalente mensual del 6.3%. En abril 6.7%. Como vemos, en mayo saltó a 7.4% mensual. Para poner estos números en perspectiva, podemos pensar que si la inflación mensual ronda el 2%, entonces la expansión monetaria ronda también el 2% mensual (más allá de las insistencias del relato K, esto es justamente lo que los números muestran.) La presión inflacionaria, por lo tanto, puede pasar de un 2% mensual a un 7% mensual (lo que equivale a un 125% anual).

 

¿Qué tan exagerado es este escenario? En economía siempre es difícil saber. Es práctica habitual estimar distintos escenarios y ver si los resultados más o menos se repiten. Algunos colegas (Roberto Cachanosky y Agustín Monteverde) llegaron a resultados similares con supuestos distintos. Más allá de si la expansión de base monetaria tiene que ser 77%, 60%, u 80%, lo importante es que desde distintos ángulos el panorama fiscal es serio. Al gasto público y el subsecuente déficit, responsabilidad última del Congreso Nacional, se encuentra nuevamente fuera de control. La sociedad aún espera del arco opositor un serio planteo sobre cómo solucionar este serio problema.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.