PIENSO, LUEGO SOY CONSPIRACIONISTA. Sobre los que consideran que los anti-cuarentena somos unos imbéciles

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 25/5/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/05/pienso-luego-soy-conspiracionista-sobre.html

 

 

La verdad siempre dudé de la honestidad de Cristina Kirchner.

De su marido también dudé.

De Aníbal Fernández también.

De……

¡Pero qué imbécil, soy un conspiracionista!!!!!

¿No me doy cuenta, acaso, de que nada de eso está probado???

Nunca me gustaron las teorías conspirativas. Son ingenuidades antes el orden espontáneo, y lo he escrito: https://puntodevistaeconomico.com/2017/05/11/la-conspiracion-de-las-teorias-conspirativas/ Tampoco he basado mi oposición al arresto domiciliario, llamado cuarentena, en ninguna de ellas, y desafío al que piense lo contrario a que la encuentre: https://gzanotti.blogspot.com/2020/04/coronavirus-que-esta-pasando-completo.html.

Pero últimamente he notado que los cuarentenistas (entre los que se encuentran conservadores y gente que cree que es liberal) se divierten considerándose “gente seria” que “no presta oídos a estupideces”, como nosotros, los paranoicos, trasnochados y lunáticos que nos permitimos dudar, que nos permitimos pensar más allá de la OMS y las opiniones del omnipotente Fauci.

Vuelvo a decir: una cosa es ser partidario de que La Tierra es plana y el que piense lo contrario es parte de una confabulación internacional; una cosa es ser nazi y pensar en una estrategia judía de dominación universal, y otra cosa es dudar, hacer preguntas, inquirir sobre cosas que no encajan del todo. Sospechar que Al Capone no era el Angel Gabriel NO era ser conspiracionista. Sospechar que Néstor Kirchner tenía negocios dudosos NO es ser conspiracionista. Sospechar en el 78 que los militares argentinos no eran nenes de mamá NO era ser conspiracionista. ¿Tengo que dar más ejemplos? Estimados cuarentenistas, distingan las cosas, no somos imbéciles.

Tal vez se diviertan con la pobre Chinda Brandolino, que mezcla el antisemitismo con su pericia médica (ENTRE PARÉNTESIS, MUCHOS CATÓLICOS QUE AHORA LA CRITICAN BIEN QUE LES ENCANTABAN SUS VIDEOS ANTI-ABORTO DONDE HACÍA LO MISMO…………………) o con Judy Mikovitz que no tiene cómo demostrar sus acusaciones contra Fauci. Pero el reportaje a la Dra Dolores Cahill no es lo mismo. Ah no, pero “cómo te atreves”, me dijo alguien, como si le hubiera enviado un video porno. Tampoco son lo mismo las ideas NO conformes con la cuarentena de ya cientos de profesionales independientes, que pueden ver en https://gzanotti.blogspot.com/2020/04/mas-voces-en-disidencia-con-la.html, y en https://gzanotti.blogspot.com/2020/04/coronavirus-voces-alterntivas-la.html, y la lista sigue aumentando (curiosamente, de uno de ellos, el Dr. Erikson, un fan cuarentenista dice que tiene  “intereses económicos”: conspiración para unos, no para otros…..).

¿Es ser un paranoico preguntarse por qué las medidas tomadas en todo el mundo favorecen tanto a todos los gobiernes e ideas estatistas? ¿Es ser un lunático preguntarse por qué las voces disidentes son sistemáticamente silenciadas, ridiculizadas, NO consultadas? ¿Es ser un imbécil preguntarse por qué las “clínicas” abortistas están abiertas y las iglesias cerradas? ¿Es ser un infradotado preguntarse por qué ningún gobierno mundial consulta a los que piensan precisamente en medidas de NO encierro, justamente las medidas que a los gobiernos NO convienen para nada? ¿Desconfiar de los gobiernos, o sea ser liberal, es una estupidez?

Ninguno de los que nos permitimos dudar tenemos la certeza total. Justamente, de eso padecen los otros. Los que dudamos simplemente decimos: si consideras que hay que quedarse en casa, hazlo, proclámalo, convence a los demás, pero obligarlo……… Ah qué fácil…………. Y algo más importante aún: los que escuchamos y posteamos videos de voces disidentes no lo hacemos porque les otorguemos el conocimiento total. Justamente, porque estamos mostrando lo limitado del conocimiento, ante el cual un señor llamado Hayek (liberales cuarentenistas, si quieren les paso bibliografía) señaló la importancia de la NO planificación central, en TODAS las áreas. Esto es: si los Erikson y etc. piensan de un modo y los Fauci y etc. piensan de otro, ¿por qué no un debate público ante el cual todos podamos decidir y pensar y, finalmente, tomar nuestras propias decisiones?

O sea: lo único que falta, cuarentenistas, más soberbios que Adán y más autoritarios que Torquemada, es que se burlen de los que piensan diferente. Qué fácil: el que no piensa como ustedes es un paranoico imbécil. Gracias genios. Si son tan sabios espero que les vaya bien en sus decisiones propias. A los demás, déjennos en paz, y espero que dentro de un tiempo tengan la delicadeza de pedir disculpas.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Mercados Peronistas

Por Iván Carrino. Publicado el 4/7/18 en: http://www.ivancarrino.com/mercados-peronistas/

 

Si en lugar de hacernos cargo de los problemas, apelamos a teorías disparatadas, va a ser difícil salir de la crisis.

En momentos de crisis, prolifera el nerviosismo y la ansiedad. Además, también surgen todo tipo de teorías sobre las causas que la generaron y las consecuencias posibles.

Entre esas explicaciones y en el caso particular de Argentina, están las que ven el origen del problema como un fenómeno puramente local, las que ven al origen como uno puramente internacional, las que observan la cuestión como una combinación de ambas… Y así sucesivamente.

Ahora bien, también tenemos las teorías conspirativas. Estas teorías creen que los problemas que enfrentamos hoy en la economía responden a una oscura confluencia de intereses.

En esa línea está el reconocido periodista Jorge Fernández Díaz, quien recientemente publicó una editorial donde acusa de la crisis a la alianza entre los mercados financieros y, créase o no, el peronismo.

En su última columna de Radio Mitre, el editorialista sostuvo que:

El peronismo que dejó el incendio se regocija por el sufrimiento del bombero y se propone para apagar él mismo las llamas que encendió. No le importa la Patria, le importa el poder. El queso. Como siempre.

Y tiene un aliado invariable: el mercado, que le impone sus condiciones al Gobierno, lo lima, lo desgasta, y lo debilita para que luego el peronismo venga y se lo coma crudo de un bocado.

Peronismo y mercado, que tan opuestos aparecen por momentos, han trabajado juntos, han sido funcionales durante estas décadas de decadencia: ambos son culpables de la pobreza y la postración argentina.

Peronismo y mercado, compañeros. Hay empresarios y banqueros con una falta de patriotismo que hiela la sangre.”

Estos párrafos son tan poéticos como alejados de la realidad.

Es que si miramos la historia de “los mercados” en la Argentina reciente, vemos que los hechos no tienen nada que ver con lo que se está planteando.

2018.07.04a

En el gráfico de aquí arriba puede verse al principal indicador de la bolsa de Buenos Aires expresado en moneda dura. Es decir, en dólares.

Como se observa, la bolsa ha tenido una estrepitosa caída de más de 40% desde su máximo alcanzado en enero.

Al ver esto, el observador inexperto claramente podría ver allí a un “mercado llamando al peronismo”.

El mercado desconfía de Macri, se podrá decir… entonces baja, baja y baja, generando pánico y nerviosismo y debilitando al gobierno, para que éste finalmente dé un paso al costado y deje “la mesa quede servida” para el próximo líder populista…

Ahora bien, ¿no se ve la película completa?

¿Qué querían “los mercados”, cuando, unos segundos nomás antes, treparon 119% en dólares desde que Macri asumió el gobierno? ¿Estaban llamando al peronismo, o en realidad estaban aplaudiendo de pie y apostando por la continuidad de Cambiemos?

Más atrás en el tiempo, enero de 2011 había marcado un máximo histórico del índice Merval en dólares. Sin embargo, menos de dos años después (tras las elecciones que confirmaron la continuidad de CFK como presidente y el cepo cambiario) éste índice se había desplomado un 60%

¿Qué gritaba el mercado en ese entonces? ¿”Viva el peronismo”?

Como se ve, la teoría de la alianza entre los mercados y el peronismo no resiste el menor análisis.

Carnicerías Neoliberales

En el dislate antimercado que es la nota a la que nos estamos refiriendo, el autor propone que frente a la pesada herencia dejada por el gobierno anterior, había solo tres salidas posibles:

—- O seguir rumbo a Venezuela,

—- O hacer un programa gradualista y rogar al cielo financiero (curiosamente, el mismo que Fernández Díaz desprecia) que acompañara el cambio,

—- O poner en práctica una “carnicería de gran dolor, después de la cual supuestamente saldríamos adelante. Los pocos que quedaran vivos, por supuesto”.

Esta última receta es la de los “neoliberales ortodoxos”.

Ahora bien, ¿de qué carnicería hablamos? En Chile, que es lo más cercano al “neoliberalismo ortodoxo” que tenemos en la región, el Riesgo País cayó 3 puntos el mes pasado, mientras que en Argentina trepó 73. Además, se espera que el vecino país crezca 3,8% este año, mientras que Argentina coquetea con la recesión.

A la luz de los datos, tener cuentas públicas ordenadas y un gasto público de casi la mitad no genera ninguna carnicería, sino todo lo contrario.

Obviamente que las transiciones desde un modelo a otro son lo más complicado de hacer, pero el modelo gradualista de Cambiemos no hizo agua porque “los mercados se le pusieran en contra”, sino porque cuando no solo los mercados, sino también la ciudadanía dos veces en las urnas, los apoyó de manera contundente, no cumplieron las expectativas de cambio que tanto habían generado.

Un mundo diferente

Yo no niego ni minimizo el cambio en las condiciones internacionales ni el impacto en la sequía sobre el desarrollo normal de nuestra economía. Pero ser uno de los más golpeados de la tormenta internacional habla más de nosotros que de ella.

Además, no podemos seguir siempre echándole la culpa a la suerte, al contexto externo, o al siempre latente fantasma del peronismo.

Por una vez habrá que hacerse cargo y, en lugar de protestar, escuchar el mensaje y corregir. A pesar de todo, el gobierno todavía está a tiempo.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

Las cuatro etapas del populismo:

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 17/2/15 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2015/02/17/las-cuatro-etapas-del-populismo/

 

En “Populismo Macroeconómico” (1990) Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards dividen el populismo en cuatro etapas luego de observar la experiencia de varios países latinoamericanos. El populismo siempre ha sido difícil de definir de manera precisa. No obstante se han identificado algunos rasgos característicos. Por ejemplo, la presencia de una propaganda política basada en movilizaciones, una retórica (o relato) y simbología diseñados para generar la atracción del electorado. Acuerdos y políticas destinadas a los sectores de bajos ingresos, con los cuales la clases política se identifica por más que provengan o se encuentren en clases medias o altas. También es factor característico el uso de chivos expiatorios y de teorías conspirativas.

Es por esto que el populismo a su vez encuentra puntos de coincidencia con la izquierda (socialismo) y con la derecha (fascismo). ¿Es el kirchnerismo socialismo o fascismo? ¿O acaso tiene actitudes y políticas de ambos? De allí que proyectos populistas sean calificados por algunos como socialismo aplicado y por otros como un tipo de fascismo.

Las cuatro etapas identificadas por estos autores son las siguientes:

Etapa 1

En los primero años, el diagnóstico de los políticos populistas es reivindicado. Las políticas macroeconómicas muestran exitosos resultados, aumento del PBI, baja del desempleo, incrementos del salario real, etc. La inflación se mantiene bajo control en base a regulaciones, capacidad ociosa, e importaciones financiadas con las reservas del Banco Central.

Etapa 2

Comienzan a aparecer cuellos de botella. En parte debido a la política de incentivar el consumo (descuidando las inversiones), la escasez de dólares, y la eliminación de stocks y capacidad ociosa. Un reacomodamiento de precios relativos, como una devaluación o controles de capital y del tipo de cambio comienza a ser necesario. El gobierno intenta, pero falla, en controlar el aumento de los ingresos reales y del gasto público. La economía en negro o informal comienza a crecer y el déficit fiscal empeora notablemente debido a los subsidios otorgados a bienes de consumo y el mercado de divisas (tipo de cambio.)

Etapa 3

Serios faltantes, aceleración de la inflación, y un evidente atraso cambiario llevan a una fuga de capitales y a una desmonetización de la moneda local de la economía. La caída en la recaudación por una menor actividad económica y el aumento en los subsidios empeoran aún mas el cuadro de déficit fiscal. El gobierno intenta cortar subsidios y devaluar un ritmo más acelerado la moneda. Los salarios reales caen y comienzan a aparecer signos de inestabilidad política. Es fracaso del proyecto populista es claro.

Etapa 4

Un nuevo gobierno lleva a delante ajustes “ortodoxos” , posiblemente bajo la tutela del Fondo Monetario Internacional (FMI). Los salarios reales siguen cayendo llegando a un nivel inferior al que se encontraban al inicio del proyecto populista. Esta caída del salario real (que no comienza con la reforma ortodoxa) se debe a que las políticas económicas del proyecto populista llevan a una disminución en las inversiones, depreciación del capital invertido, y a la fuga de capitales. El capital (financiero) se mueve de un país a otro más fácil que el trabajo. El menor capital per capita producto de las políticas populistas son la razón de la caída de los salarios reales.

Si bien Dornbusch y Edwards describen estas cuatro etapas en 1990, el paralelismo con el kirchnerismo es notable. Es que los populismos pueden cambiar los relatos, simbologías, y manera de presentar sus políticas de acuerdo a lo que en cada caso particular sea más apropiado para el proyecto. Algunos países, por ejemplo, tienen el Ministerio de la Felicidad. Otros tienen la Secretaria de Pensamiento Nacional. ¿Acaso se puede hablar de serias diferencias? Parece ser claro que el kirchnerismo se encuentra en la tercer etapa. ¿Serán las próximas elecciones presidenciales la puerta a la cuarta etapa? ¿Cuántas veces ya vivió Argentina este ciclo?

Si ben la descripción de las etapas es lo suficientemente clara y el paralelismo con el kirchnerismo evidente, hay algunas aclaraciones pertinentes por hacer. En primer lugar, según Dornbusch y Edwards, la cuarta etapa pone de manifiesto la caída de los salarios reales, pero no los produce. El llamado “sinceramiento de la economía.” El político populista, en cambio, utiliza la cuarta etapa como chivo expiatorio a quien culpar por los efectos de sus propias políticas para atraer votantes en las próximas elecciones sosteniendo que “con mi gobierno esto no pasaba.”

En segundo lugar, no es sorpresa que los populismos surjan luego de crisis económicas. No sólo porque brindan la oportunidad de seducir al electorado con teorías conspirativas (utilizar un grano de verdad para crear una gran falsedad), sino porque las crisis brindan las condiciones ideales para la primer etapa, donde se puede poner en marcha una “fiesta de consumo” aprovechando que la capacidad ociosa pone distancia a los cuellos de botella. De este modo se confunde recuperación económica con genuino crecimiento económico.

En tercer lugar, especialmente en los países con instituciones débiles y donde el populismo se encuentra presente en más de un partido político, el proyecto populista de turno culmina cuando se “choca con la realidad,” no cuando las instituciones ponen límites a la administración de turno. El gobierno de Menem, por ejemplo, que siguió al populismo de Ricardo Alfonsín, hizo reformas económicas más por necesidad que por convicción (sobre qué tan neoliberal fueron de hecho sus reformas ver esta nota en Infobae). No es casualidad que se identifique a la llegada del populismo peronista (que influye a más de un partido) como el inicio del retraso argentino respecto al mundo. La secuencia de caídas de ingresos reales de ciclo en ciclo mencionado en la cuarta etapa.

Por último, no es que el modelo económico bajo el populismo se agota, como si el mismo fuese consistente, pero llega un momento en que hay que cambiarlo. Por el contrario, el modelo económico nunca debió ser aplicado. Lo que se agota es el maquillaje del deterioro económico, no las supuestas virtudes del modelo. Dicho de otra manera, el problema no es identificar el momento correcto en el cual cambiar de modelo, el problema es identificar el correcto modelo de entrada. Aquel que hay que cuidar, pero no controlar abusivamente porque el modelo es consistente en sí mismo y por lo tanto evoluciona pero no se agota.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Cepo: cantan falta envido con 4

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 26/1/14 en:

 

Los kirchneristas apelan a las teorías conspirativas cuando en realidad vienen de una seguidilla de bloopers que convencen a cualquiera que el dólar puede valer $ 13 o más

Con cara desencajada, Kicillof tomó el micrófono el viernes pasado por la mañana y dijo, casi con furia: “los mismos que nos dijeron durante diez años que un dólar valía un peso, son los que ahora nos quieren convencer que ahora vale trece”. Una vez más los kirchneristas apelando a las teorías conspirativas cuando en realidad venían de una seguidilla de bloopers que convencen a cualquiera que el dólar puede valer $ 13 o más.

En pocos días se fueron y vinieron con el tema de si se prorrogaba el blanqueo. Después, se produjo la gran interna del gabinete para ver si se importaban tomates o no se importaban. Antes se desautorizaron entre ellos por el impuesto a los bienes personales. Y como frutilla del postre, solo unos días antes de anunciar que se iba a permitir a la gente comprar dólares para ahorrar o atesorar habían establecido un máximo de U$S 25 por año para las compras por internet. Aunque a Kicillof no le guste, la realidad es que el precio del dólar no depende únicamente de las variables económicas. La credibilidad que tenga un gobierno, la confianza que genere, también influyen en la cotización de la divisa. Si un gobierno prohíbe comprar más de U$S 25 por año por internet, el mensaje que está mandando es que le queda muy poca pólvora en la santabárbara para aguantar una corrida contra el peso.

Medida tras medida el mismo gobierno fue generando desconfianza en la gente sobre la marcha de la economía y, sobre todo, en el peso. La gente advierte como se derriten los pesos y los inventos del INDEC sobre el IPC ya ni son considerados por la gente, salvo para hacer chistes al respecto.

Desde el primer día de gestión de Néstor Kirchner, se advirtió que esto terminaba mal. Duró mucho porque tuvieron la suerte de la soja y, además, se consumieron todo el stock de capital acumulado (rutas, sistema energético, stock ganadero, etc.) y terminaron de destrozar el patrimonio del BCRA.

¿Por qué se advertía que terminaba mal? Porque además de desatar venganzas y persecuciones, era claro que subordinaban toda la política económica en la búsqueda de poder hegemónico. Crear una borrachera de consumo para, mientras tanto, avasallar todas las instituciones funcionó. Emborracharon a la gente con el consumo de celulares, televisores, electrodomésticos, etc. y mientras tanto nos robaban la república, lo cual implica quedarse sin estado de derecho. Todos sometidos al capricho del mandamás de turno, el sistema ideal para que huyan los capitales.

El problema se presenta ahora que ya no tienen cómo seguir pagando emborrachando a la gente con más consumo. Ahora viene el dólar de cabeza después de la fiesta de la noche anterior.

La estampida del dólar no es otra cosa que la fiebre que refleja la infección. ¿Cuál es la infección? Un gasto público disparado al infinito que hay que financiarlo con emisión monetaria porque ni la salvaje presión tributaria alcanza para cubrir los gastos.

Esa emisión monetaria es la que genera la inflación y hace que la gente huya del peso buscando refugio, entre otras cosas, en el dólar.

Ahora bien, a pesar que CFK negó infinidad de veces que hubiese un cepo, el Jefe de Gabinete y el ministro de Economía anunciaron, a las apuradas y sin muchas precisiones, que la gente podrá volver a comprar dólares para ahorrar o atesorar.

Si uno sigue la evolución de los acontecimientos, puede ver que, casi sorpresivamente Kicillof viajó a París. Volvió con las manos vacías el martes 21 y el miércoles 22 se desataron los demonios en el mercado de cambios. Casi recordando el famoso 6 de febrero de 1989, cuando el BCRA dejó de vender dólares y luego vino la hiperinflación, el miércoles 22 el Central se rindió y dejó subir el dólar oficial, lo cual continuó el jueves y el viernes se frenó por el anuncio mencionado.

Sobre lo que anunciaron caben algunas posibilidades: a) que el gobierno, perdido por perdido, esté cantando falta envido con 4. Con esto quiero decir que quieren ver si el mercado arruga, piensa que el Central tiene una tonelada de dólares para vender y baja el precio. Si a jugada la sale mal se abren dos posibilidades más, b) la AFIP no autoriza ninguna compra de dólares o compras mínimas o c) las autoriza y la gente le vacía las reservas que tiene el Central a precio de liquidación.

En el medio pueden intentar armar una bicicleta financiera. Esto es, subir la tasa de interés lo suficiente como para tentar a la gente a vender sus dólares y colocarse a tasa en pesos, con la expectativa que la tasa de interés le ganará al dólar. Así la gente devengaría una ganancia en dólares importante y el tipo de cambio se mantendría tranquilo durante un tiempo. Esto ya se hizo en varias oportunidades, particularmente con el plan primavera en 1988 y terminó muy mal. ¿Por qué?

Porque no existe el inversor que devengue indefinidamente una ganancia, sobre todo en el mercado financiero. Llegado un momento, el inversor se retira del juego, busca sus pesos y compra dólares nuevamente. Lo que se llama realizar la ganancia. El problema es que cuando el inversor retira los pesos del banco, lo hace por el capital invertido más los intereses ganados, lo cual genera una fenomenal presión sobre el mercado de cambios. Por ejemplo, supongamos que alguien vende sus dólares y deposita $ 100.000 a una tasa de interés anual del 30%. Si al año decide realizar su ganancia no compra dólares solo por el equivalente a $ 100.000, sino que compra por $ 100.000 más los intereses devengados, en este ejemplo, por $ 30.000. La demanda de dólares ahora no será por $ 100.000 sino que será por $ 130.000. Ahí estalla el mercado.

Por ahora, lejos de anunciar que elimina el cepo, lo que anunció el gobierno es que lo flexibiliza. Habrá que ver cuánto lo flexibiliza en la práctica y cómo le va. Mi impresión es que a $ 8 le compran todo.

Si el gobierno canta falta envido con 4 y luego se va al mazo, entonces el blue podemos ir a buscarlo a júpiter.

Es más, mientras no pongan orden fiscal, la infección que es la que genera la fiebre inflacionaria y la corrida contra el dólar no se va a curar. Así que esto tiene muchas facetas para ver qué hacen.

Última pregunta. ¿Con $ 8 por dólar lograron un tipo de cambio de equilibrio que les permita flexibilizar el cepo, como dijo Capitanich? En mi opinión, con el lío que tienen en los precios relativos y el desborde fiscal lejos están de haber alcanzado el nivel de convergencia, como lo denominó Capitanich y mucho más lejos cuando se a un “equipo” económico que lo único que sabe hacer es goles en contra.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

La escasez en el baño de los venezolanos

Por Pablo Guido. Publicado el 24/5/13 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

 Hace unos días el Congreso venezolano tuvo que permitir la importación de papel higiénico ya que la escasez del noble producto era importante. Así el gobierno decidió la compra de 50 millones de unidades del producto en falta.  Ante la escasez de los rollos de papel el ministro de Comercio dijo: “No hay deficiencia en la producción, sino una demanda excesiva que ha generado compras nerviosas, producto de la campaña mediática para perturbar al país”, agregando posteriormente que “la oposición no doblegara al gobierno”.  A buen entendedor pocas palabras: según el gobierno venezolano la escasez del papel higiénico es producto de una conspiración de los partidos de oposición que quieren desestabilizar el país. O algo así. Hace unos días el presidente Maduro explicaba que la escasez del producto en cuestión se debía a que los venezolanos estaban comiendo más.

Mas allá de las risas que pueden provocar las palabras del gobierno venezolano la verdad es que si los venezolanos estuvieran comiendo mas dicho comportamiento probablemente se hubiera notado (o no, no soy especialista en nutrición ni en el rubro sanitario) en la mayor demanda de papel higiénico. Lo cual hubiera incrementado el precio del bien en el mercado. Dicho aumento en los precios tendría que haber generado un alerta en los empresarios que fabrican o importan el producto para llevar más papel higiénico al mercado y así lograr mayores beneficios. Una de dos, o hay alguna dificultad para fabricar el producto o hay algún problema para importarlo. Es probable que pasen las dos cosas: por un lado, el control de precios a los bienes de la “canasta” básica de consumo (en la cual estaría el papel higiénico) y, por el otro, la existencia de importantes barreras comerciales a la compra del bien en los mercados del exterior.

Claro que cualquiera de las dos causas mencionadas seria un problema para el gobierno ya que debería reconocer que sus decisiones no fueron acertadas. Por eso le asignan culpas a conspiradores de la oposición o a algún complot internacional que quiere destituir al gobierno. Lo cierto acá es que después de 12 años de “socialismo del siglo XXI” los venezolanos tienen problemas para limpiarse el cuerpo después de ir al baño con un producto que en cualquier país del mundo, donde el sistema de precios funciona libremente, se consigue en cualquier almacén de mala muerte.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

 

Hugo Chávez y Henrique Capriles, frente a frente:

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 13/6/12 en http://www.lanacion.com.ar/1481175-hugo-chavez-y-henrique-capriles-frente-a-frente

El proceso electoral venezolano sigue su curso rumbo al día de la verdad: el próximo 7 de octubre, fecha en la que el pueblo de ese país presumiblemente elegirá a quien será su próximo presidente para el período 2013-2019. Tanto el oficialista Hugo Chávez, como el candidato de la oposición unificada, Henrique Capriles, han presentado ya sus respectivas candidaturas presidenciales acompañados de sus propios partidarios, reunidos en dos concentraciones populares absolutamente multitudinarias.

Previamente Chávez había reaparecido por sorpresa en un Consejo de Ministros que fuera transmitido por cadena nacional. Al presentarse a inscribir su candidatura presidencial lo hizo subido a un camión, en aparente buena forma para sugerir que, pese al duro cáncer que padece y a la lucha empeñada contra el mismo, aún tiene la cuota de salud requerida para pretender ser reelecto y, si logra triunfar, seguir gobernando a su país conduciendo su marcha hacia un socialismo al estilo de Cuba. La batalla del 7 de octubre es, no cabe duda, un auténtico reto existencial para todos los venezolanos por igual. Hay mucho en juego. Nada menos que la posibilidad de vivir en democracia, respetando el estado de derecho y gozando de las libertades personales esenciales de los ciudadanos debidamente garantizadas. Esto supone poder salir del capítulo oscuro en esos mismos temas que hoy ciertamente transita un país en el que se ha deformado la democracia hasta hacerla irreconocible y donde las libertades personales están severamente restringidas.

Chávez está procurando desmentir con hechos e imágenes sus supuestas dificultades para caminar. Fueron las cámaras de la televisión oficial, al enfocarlo casi siempre de la cintura para arriba, las que se ocuparon de mantener vivo el rumor. No obstante, el médico Rafael Marquina, que sigue de cerca la enfermedad del caribeño, asegura que el tumor del presidente es incurable y que su pronóstico sigue siendo reservado.

 Chávez, mientras tanto, sigue practicando su deporte favorito, el de construir teorías conspirativas y acusar constantemente a los Estados Unidos de procurar “desestabilizarlo”. Esto es, de actuar de modo “destituyente”, con un lenguaje que es conocido y suele ser también utilizado por émulos de Chávez en otros rincones de nuestro hemisferio.

El presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, y otros altos funcionarios de la administración de Chávez, como el Ministro de Información, Andrés Izarra y la Fiscal General, Luisa Ortega, se hacen eco permanente de esas versiones, por descabelladas que sean. Para la oposición, con ellas se pretende construir argumentos para una posible postergación del calendario electoral, difiriendo el llamado a las urnas.

 Todo es desmentido por el rector del Consejo Nacional Electoral, Vicente Díaz, a quien muchos consideran el único ostensiblemente independiente de los cinco miembros que integran ese organismo, quien asegura que no habrá aplazamiento alguno del proceso que está en marcha. Por el momento, la fecha del 7 de octubre se mantiene, entonces.

No obstante, hay quienes a cada rato sugieren que las fuerzas armadas, fieles a Chávez, no aceptarán los resultados de la consulta, si ellos resultan adversos a Chávez. Las encuestas, pese a su diversidad, sugieren hoy que cualquiera puede realmente triunfar el 7 de octubre. Chávez, es obvio, cuenta con toda la maquinaria del Estado volcada a su favor. Pero Capriles, un hombre que se define como de centro-izquierda, no se amilana y sigue trabajando incansablemente en procura de poner fin a una era de 13 años de Chávez en el timón de Venezuela.

El debate político electoral se está centrando ahora sobre el tema de la seguridad personal que, durante la gestión de Chávez, se ha deteriorado enormemente. Por ello, Chávez lo ha asumido en plenitud, de manera que no sea una acusación de la oposición sin respuesta alguna. Lo ha hecho anunciando una reforma (por decreto) del Código Procesal Penal de 1998, aún no definida; la municipalización de la justicia penal y la transformación del actual sistema penitenciario, en estado de convulsión casi permanente, colapsado. Mientras tanto, hay crisis sumamente serias en las cárceles del país, particularmente en las de El Rodeo y Tocorón. Curiosamente los principales penalistas venezolanos aseguran no haber sido consultados acerca de la reforma procesal penal que se anuncia.

Lo cierto es que, como asegura Henrique Capriles, las cifras, atroces, denuncian que un venezolano muere inexorablemente cada media hora. Lo que es no sólo inaceptable, sino incómodo para quienes tienen en sus manos el timón del poder. A lo que Capriles agrega que, entre 1998 y el 2011, murieron violentamente -asesinadas- unas 160.000 personas. Esto es diez veces más que los muertos en Irak desde la invasión norteamericana en medio de la guerra sectaria que se desatara como consecuencia de ella. Para peor, en Venezuela el 80% de los delitos violentos que se cometen son con armas de fuego y se estima que hay unos 6 millones de armas de todo tipo en manos de los civiles venezolanos. Las encuestas revelan asimismo que el 90% de los entrevistados asegura haber sido víctima directa de algún intento de asesinato o tener un familiar que lo ha sido.

El debate sobre la seguridad personal está abierto según queda visto, pero no será seguramente el único. Una sociedad dividida y enfrentada como nunca hasta ahora, en la que desde el poder se han sembrado incansablemente resentimientos y odios, y fogoneado las diferencias y alentado las divisiones, sigue -no obstante- su camino en dirección a las urnas, pese a las incógnitas que la salud de Chávez no ha terminado de despejar.

 Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

 

El peso no es un símbolo patrio:

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 7/6/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3567#.T9CXk_QuE6Q.facebook

 En su discurso de ayer, la presidente volvió a referirse al tema del dólar. En algún pasaje de su discurso afirmó que iba a pasar sus ahorros en dólares a pesos “para que esto que nos quieren hacer a los argentinos de volvernos locos no lo hagan de nuevo”. En rigor la fuga de capitales no es de ahora si no que comenzó con intensidad a mediados del 2007 y ya llevamos acumulada una fuga de capitales de más de U$S 87.000 millones.

En segundo lugar, aquí no hay ninguna conspiración de corporaciones y grupos concentrados, como suelen decir en sus discursos los miembros del gobierno cuando hablan del dólar. Según datos del BCRA, en 2011 del total de demanda de billetes por parte de los particulares, el 54% fueron operaciones de entre U$S 1.000 y U$S 50.000. Es decir, operaciones de ahorristas chicos. Obsérvese que hoy un departamento de 2 ambientes puede costar U$S 80.000, de manera que tomar U$S 50.000 entra, a mi juicio, entre el chiquitaje.
Pero la fuga de capitales del primer trimestre de este año confirma aún más, siempre en base a datos del BCRA, que es el pequeño ahorrista el que se fuga del peso y se refugia en el dólar. En efecto, como decía antes, el año pasado, las operaciones de entre U$S 1.000 y U$S 50.000 representaron el 54% de la compra de billetes, pero en el primer trimestre de este año el Central informa que la compra de esos montos de chiquitaje llegó al 75% del total. Por ejemplo, mientras en 2011 las compras de hasta U$S 1.000 representaron el 6% del total, en el primer trimestre de este año fueron el 12% y las operaciones de hasta U$S 5.000 pasaron de 26% del total al 33%. Es decir, el mismo BCRA reconoce que es el pequeño ahorrista el que no quiere tener los pesos que emite esa institución como reserva de valor y prefiere el dólar.
Si bien como dialéctica política, inventar un enemigo conspirativo que nadie sabe quién es puede resultar interesante, la realidad es que lo que debería preguntarse el gobierno es lo siguiente: ¿por qué la gente no quiere ahorrar en pesos? ¿Por qué prefiere los dólares que emite la Reserva Federal, y no los que produce el Central? En mi opinión hay varios factores. El primero y fundamental es que la inflación, que el gobierno sigue negándose a reconocer. La gente la percibe todos los días en sus compras e ignora los datos del INDEC al respecto. Por lo tanto hace lo que viene haciendo desde hace décadas: busca una moneda que tenga capacidad de reserva de valor cuando el impuesto inflacionario es alto. Desconozco a qué tasa de interés depositara la presidente sus ahorros ahora que los pasará a pesos, pero cualquier mortal, si hiciera lo mismo que ella, recibiría una tasa de interés equivalente a la mitad de la tasa de inflación real, lo que se conoce como tasa de interés real negativa. Nadie quiere perder sus ahorros porque el gobierno se niegue a frenar el proceso inflacionario y prefiera apelar a un falso nacionalismo.
La segunda causa de la fuga de capitales tiene que ver con la imprevisibilidad en las reglas de juego. El listado de confiscaciones, medidas arbitrarias y regulaciones que conforman el prontuario de política económica de este gobierno es tan alarmante que la gente quiere tener su dinero bien lejos de la mano del Estado. Es la ausencia de esa cosa horrible para el viceministro de economía que es la seguridad jurídica lo que genera que la gente compre dólares y los meta en una caja de seguridad, debajo del colchón o en el tarro de la cocina. La gente ha comprobado que cualquier medida es posible bajo este gobierno y por eso tiene miedo.
En tercer lugar, el mismo gobierno ha dado todas las señales para que la gente se asuste. El tsunami de medidas para restringir la compra de dólares (autorización de la AFIP, formularios para viajar, perros en la calle olfateando a la gente para ver si tienen dólares, crecientes restricciones a las importaciones, etc.) es la señal inequívoca que el gobierno reconoce que tiene un serio problema de divisas. Ellos saben que no disponen de U$S 47.000 millones de reservas, sino que, en el mejor de los casos, llegan a un tercio de ese monto, y que el saldo de balance comercial ya no financia la fuga de capitales y la fiesta de consumo.
Como he sostenido en otras oportunidades, cuando la gente se fuga del peso y se refugia en el dólar, estamos en presencia de una rebelión fiscal contra el impuesto inflacionario.
Es posible que la mayoría de la población no compre dólares, como dice la presidente, pero eso es porque la gente no tiene capacidad de ahorro, lo cual habla mal del modelo. La inflación, que el gobierno se empeña en negar, está haciendo estragos en los ingresos. Cualquier persona que no ande en helicóptero, un AUDI o una Harley-Davidson, y sea un ciudadano común, ve que un billete de $ 100 se le evapora en dos pavadas. Es la pobreza y la indigencia que generó el modelo lo que no permite que la gente tenga capacidad de ahorro. Y aquellos que tienen esa capacidad no están dispuestos a rifarla quedándose en una moneda que se derrite como una barra de hielo. Se rebelan contra el impuesto inflacionario y se refugian en el dólar. Y eso no tiene nada que ver con la patria porque el peso no es un símbolo patrio, es solo un vale para hacer transacciones de corto plazo. Ha dejado de ser moneda porque, justamente, no es reserva de valor.
De manera que acá no estamos frente a un acto de patriotismo con el tema del peso y del dólar, acá estamos frente a una política económica que ha hecho del impuesto inflacionario una forma de financiar el gasto. En definitiva, la demanda de dólares no tiene nada que ver con actos de patriotismo, sino de mala praxis económica, porque es incapaz de tener una moneda en el estricto sentido de la palabra, disciplina fiscal y respeto por los derechos de propiedad.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.