Liderazgo, decisión y escala de valores

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado en: https://www.forbesargentina.com/columnistas/el-gobierno-paga-precio-ineficiencia-n8543

Hace más de 2.000 años, pensadores clásicos de la talla de Sócrates, Platón y Aristóteles afirmaban que la virtud no siempre podía enseñarse, sino que esta provenía de los buenos hábitos.

Liderazgo

Quizá nunca como hoy nuestra productividad estuvo tan críticamente bajo análisis. Conforme la tecnología avanza y nos facilita el alcance de objetivos otrora impensados, también ronda sobre cada uno de nosotros una especie de exigencia implícita de estar, del mismo modo, a la altura de tales posibilidades.

Asimismo, los procesos productivos se complejizan, las dotaciones de personal se diversifican tanto geográfica como culturalmente, y los circuitos de decisión se transforman día a día dejando atrás aquella vetusta imagen piramidal para darle paso a algo más parecido a una obra de Pollock, un cuadro pleno de líneas entrecruzadas y difusas.

En este contexto, la esencia del liderazgo se ha transformado en un tema recurrente que interpela del mismo modo al mundo corporativo como al académico. Los anaqueles de las bibliotecas de todo el mundo se han poblado de cientos de volúmenes que, con el mismo vértigo con el que vivimos el resto de la realidad presente, se reemplazan unos a otros ofreciendo el elixir que nos transforme casi alquímicamente, de meros mortales en eximios tomadores de decisión. 

Y esto, en gran medida, porque se ha alcanzado la conciencia común de que son justamente esos instantes en los cuales los líderes ejercen su virtud esencial (la decisión), los que pueden resultar determinantes, más allá de la estructura tecnológica de apoyo y la calidad de los recursos humanos que integran las organizaciones.

“Sin buenas decisiones no hay éxito”, podría ser, en resumen, el mantra que recitan los recruiters y head headhunters al momento de seleccionar o ascender a aquellos que habrán de liderar. Ahora bien, ¿desde dónde se construye una buena decisión? ¿Cuál es su origen?

La tentación inmediata nos lleva a responder el interrogante desde una posición epistémica o academicista. Mejor calidad de datos, mayor volumen de información y una educación de calidad parecen constituir una tríada suficientemente efectiva para garantizar que aquello que el líder decida será lo bueno y lo mejor para la organización. Sin embargo, sería sencillo refutar esta creencia con decenas de ejemplos históricos.

Aun así, el objetivo de este artículo no es ese sino invitar a pensar aún más allá, en una especie de extremo, y entonces preguntarnos: ¿Qué sucede cuando el líder enfrenta situaciones impensadas? En tal sentido, llamaremos emergentes a aquellos fenómenos que escapan a la cotidianidad de los contextos conocidos y se transforman en el sustrato común de las grandes crisis.

Los verdaderos emergentes suelen desafiar los paradigmas conocidos y, por tanto, poner en vilo la vigencia de lo aprendido. Ni los mejores MBA del mundo pueden dotar del conocimiento suficiente a un líder que enfrenta algo absolutamente disruptivo. Del mismo modo, difícilmente se pueda salir airoso en este tipo de situaciones solo por contar con datos e información. No porque tales no sean valiosos, sino porque las más de las veces, suelen ser inadecuados considerando la esencia de lo no previsto. ¿Y entonces qué le queda a ese pobre mortal que debe decidir?

Hace más de 2.000 años, pensadores clásicos de la talla de Sócrates, Platón y Aristóteles afirmaban que la virtud no siempre podía enseñarse, sino que esta provenía de los buenos hábitos. Una vida buena, en el sentido que aquellos atribuían a la expresión, hacía más por los líderes que las enseñanzas circunstanciales que provenían de sus históricos contendientes intelectuales: los sofistas. Estos hábitos virtuosos se transformaban necesariamente luego en una escala de valores; una especie de jerarquía mental implícita que servía de guía o incluso de refugio. No es casual, en tal sentido, que la Ética, una de las ciencias que junto con la economía y la política Aristóteles clasificó como prácticas, provenga del vocablo griego ethos, uno de cuyos significados es el de morada.

La Ética, en tal sentido, pasaría a ser ese refugio al cual acudir en última instancia cuando la realidad nos ha desbordado; una ciencia olvidada, que lejos de residir únicamente en los departamentos de Responsabilidad Social Empresariadebiera comenzar a reconsiderarse como parte constitutiva de la formación de quienes llevarán sobre sus hombros la carga de liderar y, por ende, de decidir.

Sobre todo, en un mundo en el cual lo impensado, lo disruptivo y lo emergente es, quizá, lo único que del futuro se puede prever.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

Mercados, marcados: el keynesianismo llama al oro

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 26/7/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/07/26/mercados-marcados-el-keynesianismo-llama-al-oro/

Como vengo diciendo –además de que hay que desoír a los gurús argentinos como verá si lee la nota hasta el final- , la exagerada emisión por parte de la Fed ha “inflacionado” a Wall Street, pero la semana pasada ya cerró con descensos por las bajas en los sectores saludtecnología, e industria. El Dow Jones Industrial cayó 0,76%, el S&P 500 dejaba 0,28%, y el NASDAQ 100cedía 1,52%. En Europa, 0,6% pierde el Dax, 2% el Cac y el Ibex, y 1,6% el EuroStoxx 50.

                   La tensión consular con China podría llevar a Wall Street a perder otro 6%, según analistas, y lo mismo para Europa. Y, aunque parezca que las elecciones en EE.UU. están lejos, empiezan a incidir y Joe Biden lleva una ventaja de 9 puntos. Las probabilidades de una hegemonía demócrata en la Casa Blanca, el Senado y los Representantes son del 62%, el 61% y el 85%, respectivamente. Lo que llevaría, inicialmente, a descensos del orden del 7% adicionales, aunque luego se estabilizaría ya que, como muestra el cuadro, Wall Street no teme a los demócratas:

                 Como señala Michael Kramer,dada la gran liquidez y las bajas tasas los inversores argumentaban que no hay alternativa a las acciones, pero la historia ofrece un relato diferente. Las bajas tasas de interés no producen subas, las ganancias sí.

                 La relación precio-beneficio (PER) a plazo de un año para el S&P 500 ha aumentado recientemente hasta 19,8, su cota más alta desde abril de 2002 cuando dicha relación se contraía tras el estallido de la burbuja dot.com llegando a cerca de sólo 9 en 2009. Después, la Fed recortó las tasas tras la recesión de 2009, y el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años(TNX) se desplomó y desde entonces la relación precio-beneficio comenzó a expandirse, casi duplicándose hasta 18 de diciembre de 2017.

                 Como se ve en el pasado la bajada en las tasas no siempre han coincidido con un aumento del PER. Parece ser que la dirección de las tasas de interés puede tener poco —si es que algún— peso. Y parece que hay otra manera de que el PER suba más allá de un entorno de tasas a la baja.

                 Lo que parece importar más son las ganancias reales en sí, con un crecimiento de ganancias más alto y rápido que estimule la expansión del PER. La correlación parece ser increíblemente estrecha cuando se mira a simple vista, con este gráfico que muestra la relación precio-beneficio del S&P contra el beneficio acumulado por acción.

                   Así las cosas, ahora aun con las tasas a la baja, el S&P 500 podría enfrentarse a un fuerte declive dada las caídas en las ganancias.

                  En cuanto al Nasdaq, parece muy sobrevalorado (su PER es de 33, el doble que hace 18 meses), a pesar de los resultados trimestrales que han sido llamativos, y sus acciones corren el riesgo de tener su peor rendimiento relativo durante la temporada de ganancias en una década, por debajo del S&P 500 en 3 puntos porcentuales.

                   Esta semana es probable que traiga más noticias cuando Facebook Inc., Apple Inc., Amazon.com Inc. y Alphabet Inc. (Goolge) reporten ganancias. Junto con Microsoft Corp., (el FAAMG) estas compañías representan el 22% del S&P 500.

                     Las acciones de FAAMG subieron 29% este año, mientras que el resto cae 0,5% para todo el S&P 500. En el mes previo a la temporada de informes, el Nasdaq 100 había vencido al S&P 500 en 10 puntos porcentuales, el mejor desempeño previo a las ganancias desde al menos 2009. Sin el FAAMG, la pérdida del 0,5% del S&P 500 para 2020 sería del 5,4% y, si sus acciones cayeran un 10%, para mantener la estabilidad, las 100 acciones de S&P 500 inferiores tendrían que aumentar en 90% colectivo.

                    Entre tanto, el Bitcoin está teniendo uno de sus periodos más estables a medio plazo de su historia aunque, dada su proverbial volatilidad, nadie sabe qué puede pasar.  

Situación técnica del Bitcoin

                    En fin, al “dinero helicóptero” de la Fed, se le suma el reciente plan keynesiano europeo -el mayor plan de inversión estatal en Europa de la historia- insólitamente liderado por la canciller alemana.

                    Con todo esto, como habíamos anticipado, la vedete es el oro, que ronda los US$ 1899/onza a un paso de superar su precio máximo histórico de 2011, y algunos analistas creen que llegaría hasta los US$ 2.200 a fin de año. A las cuarentenas, el keynesianismo inflacionario, las tasas bajas se suman las restricciones de oferta debido a los confinamientos. Para muchos analistas, el aumento del oro y de otros metales como la plata y el cobre inicia una trayectoria positiva a largo plazo.

                    En tanto en Argentina, caen los recursos tributarios y aumenta el gasto público logrando un déficit fiscal primario en el primer semestre del año del 3,3% del PBI, así el desequilibrio fiscal total superará el 8%. En los últimos tres meses el financiamiento del gasto público primario se hizo en un 52% con recursos tributarios y en un 48% con asistencia del BCRA al Tesoro, emisión monetaria.

                   A la vez, la cuenta corriente no es superavitaria y el stock de dólares del BCRA es magro y en descenso. Estatismo que va camino de empeorar: el “plan 60 medidas” que prepara el gobierno parece “un subsidio para cada problema”. Así las cosas, Argentina no tiene solución ni siquiera en el mediano plazo porque, aun suponiendo que gane la centro derecha, lo cierto es que su plan es una especie de macrismo -de hecho, festejó a Macri y aseguró que con la economía crecería- inviable desde que supone cortar gastos sin antes una fuerte desregulación de la economía y el mercado laboral, lo que provocaría una desocupación políticamente explosiva.

                   Así las cosas, en este país -salvo excepciones y cisnes negros que siempre hay- solo queda irse al blue, ni siquiera son recomendables los Cedears por la inseguridad jurídica y porque el CCL atrasa respecto al blue. Obviamente, los brokers argentinos van a ver las bondades de las inversiones desde aquí.

                   Para decirlo rápidamente, hay dos tipos de inversores el común, conservador, y el “trader” -por llamarlo de algún modo- el que sigue al mercado todos los días. Aunque no hay estadísticas al respecto, a la larga un bajo porcentaje de los “traders” logra ganar más que los conservadores, y muchos pierden más.

                   Los brokers argentinos dirán que –gracias al arreglo por la deuda, arreglo ocioso porque Argentina en el futuro podrá pagar poco y nada- la semana pasada los ADRs saltaron hasta 15,5%, el de Loma Negra, que el S&P Merval trepó 9,1% (en el mes 25,6%, el año 16,6%), y los títulos en dólares el 5%.

                  Como digo, esto pudo funcionar para los “traders” la semana pasada, pero quiero ver cómo les va en el mes. Y no funcionó para el conservador. Desde que comenzó el año, mientras que el blue sube 79% y el oro 21% en dólares, el ADR de Loma Negra pierde 29%, el de Galicia cae 24% siendo el de Mercado Libre -gran excepción- el único que subió, 63%. Mientras que los inmuebles caen 4%, en dólares, en lo que va de 2020, el Bonar 2024 avanza 50% en pesos, el CCL 58% y dólar oficial 20%.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

La información y el sentido de la vida

Por Sergio Sinay: Publicado el 3/1/18 en: http://sergiosinay.blogspot.com.ar/

 

No vivimos ya en una sociedad de productores y ni siquiera de ciudadanos, sino en una sociedad de consumidores. Se nos incita a consumir, se nos adiestra para ello, se nos crea deseos que se inoculan como necesidades, se instala subliminal y directamente la idea de que si cesa el consumo sobrevendrá el fin del mundo, de que no hay otro modelo posible para que las sociedades funcionen, se nos conduce a una insatisfacción permanente porque solo sobre la base de ella puede funcionar el consumismo, dado que quien está satisfecho con su vida, con sus relaciones, con sus proyectos existenciales, se siente en paz, no desea más, consume lo necesario y lo hace racionalmente.

También en el plano de la información esta matriz está presente. ¿Cuánta información es necesaria? La respuesta de Perogrullo sería: la que necesitamos, no más que eso. Sin embargo, no es tan fácil saber lo que se necesita. Requiere un tiempo de introspección, de reflexión, de separar mentalmente la paja del trigo, lo superfluo de lo esencial. Requiere contacto con la propia interioridad, escucha de las voces internas y aceptación de lo que dicen. Muchas veces ellas pueden oponerse a la urgencia de los deseos y proponer calma, sobriedad y sensatez. En los tiempos que corren no hay propensión a ese ejercicio de auto observación. Se vive en la superficie, a toda prisa, con predominio de lo fugaz y lo descartable. No son las mejores condiciones para reconocer lo que es una necesidad auténtica, nacida de adentro, y para diferenciarla de un deseo urgente y ansioso estimulado desde afuera.

Una sociedad de consumidores es, a su vez, una sociedad de clientes. Lo que se espera de ellos es que compren. Y lo que se busca es venderles (…) Donde dice “productos” se puede, y se debe, leer también “información”. Hoy la información es un producto. Si no hay noticias urge inventarlas. Si las que hay no tienen suficiente morbo se descartan y se remplazan por otras, artificiales. De acuerdo con el periodista y ensayista gallego Ignacio Ramonet, quien dirigió la prestigiosa publicación francesa Le Monde Diplomatique y se ha especializado en el estudio de las relaciones de los medios con la ideología y la política, entre la última década del siglo XX y las dos primeras del XXI, se produjo en el mundo más información que en los 5 mil (cinco mil, sí) años anteriores”. En un ejemplar dominical del The New York Times, según Ramonet, hay más información de la que un ciudadano del siglo XIX podía recibir en toda su vida. Y nadie diría que el siglo XIX no dejó enormes contribuciones para la humanidad en todos los campos: filosofía, política, tecnología, ciencia, arte.

También mucho antes de las computadoras, de internet, de los teléfonos celulares y de las tablets, en épocas durante las cuales sus creadores no estaban atosigados de información como los llamados “innovadores” y los consumidores de hoy, nacieron valiosos legados que enriquecieron la historia y la experiencia humana (cosa ignorada por buena parte de la población actual del planeta). Y no solo perduraron, sino que jamás fueron superadas. Ahí están como prueba la rueda, la imprenta, el avión, la máquina de vapor, los barcos, extraordinarios monumentos (como las pirámides egipcias y mexicanas), catedrales, teatros, el automóvil, la electricidad, el cine, la televisión, la penicilina, los antibióticos, la anestesia, la telegrafía con y sin hilos, el Canal de Panamá, la Torre Eiffel, el mítico Empire State, los rayos X, los cohetes que exploran el espacio y tantas cosas más. Podríamos seguirlas enumerando durante páginas y páginas.

Más información no parece significar, de manera automática, más conocimiento, más inspiración, más visión estratégica, más inteligencia aplicada. Un viejo dicho aconseja no confundir gordura con hinchazón  (…)

Bulimia informativa y desigualdad social

Priscila López, investigadora de la subsecretaría de Comunicaciones de Chile, y Martín Hilbert, que fue asesor de la ONU y es investigador y profesor en la Universidad de California, dieron a conocer en 2012 un trabajo en el que estudiaron la capacidad mundial de almacenamiento de información entre 1986 y 2007. Una de sus conclusiones fue que, mientras los medios de almacenamiento y producción de información se habían desarrollado espectacularmente en ese lapso, al igual que la cantidad de información, la capacidad de transmitirla había crecido de una manera modesta. Desde 1990 la tecnología digital copó el escenario informativo y hacia 2007 la mayor parte (el 94%) de la memoria de la humanidad estaba almacenada digitalmente. Esto equivalía a 61 CD-Roms por cada habitante del planeta. Unas 80 veces más información por persona que la existente en la Biblioteca de Alejandría 300 años antes de Cristo. Si esa información hubiese estado almacenada en papel, se habría necesitado un 17% más que el Producto Bruto Interno de Estados Unidos para comprarla. Había una cantidad de bytes de información por persona equivalente a todas las estrellas de la galaxia. Si cada byte fuera representado por un grano de arena, habría sido necesaria una cantidad de arena 315 veces mayor a la de todas las playas del planeta. Cada ser humano recibía en el lapso estudiado una cantidad de información diaria equivalente a 174 periódicos y emitía un monto igual al de 6 diarios con todos sus suplementos.

Surge una pregunta inmediata y quizás ingenua: ¿en cuánto contribuyó todo eso a mejorar el mundo, a luchar contra el hambre, a elevar la plenitud existencial de la población planetaria, a elevar la calidad de la justicia, a generar equidad, a disminuir las guerras y la violencia, a trabajar por la aceptación, la compasión y la empatía, a disminuir las tasas de egoísmo o a hacer más dignas las condiciones de vida de grandes masas de población? (…)

Si la información no es aplicada deja de ser un medio y pasa a ser un fin. Cuando eso ocurre, importa más la cantidad que la calidad. Y la bulimia informativa aparta a enormes mayorías de personas de la vida real, ya que les quita tiempo, atención, vinculación y horizontes existenciales. (…) Si la cantidad de información circulante sobrepasa la posibilidad de absorción y metabolización por parte de las personas, si estas reciben, retransmiten o emiten datos sin procesarlos, sin reflexionar, sin discriminación, los seres humanos pasan a ser simples herramientas de la maquinaria informativa cuyos intereses principales son económicos en primer lugar y políticos en segundo. Economía y política son instrumentos esenciales en la construcción de una comunidad humana fundada en valores, en cooperación y en visiones trascendentes. Pero dejan de ser instrumentos cuando se convierten en fines en sí mismos inspirados por la ambición de acumular poder y ejercerlo. Chatarra tecnológica y chatarra informativa polucionan hoy al planeta tanto en el plano físico como en el mental y espiritual. La monstruosa cantidad de información, de la cual el informe citado es apenas un testimonio, es imposible de asimilar, ordenar, procesar y orientar hacia fines dignos. Se trata de un tsunami que desbarata cualquier estructura mental y la reduce a escombros, aunque sus consumidores crean que no es así y estén convencidos (como sucede con los adictos respecto de aquello que los somete) de que lo controlan.

El pensamiento crítico, ese gran antídoto

¿Se puede hacer algo frente a esta pandemia de superficialidad dañina? (…) Se trata de reivindicar el valor del pensamiento, de estimular su ejercicio (en progresivo desuso), de auto adiestrarse y adiestrar a otros en la capacidad de reconocer y seleccionar la información valiosa y descartar la inútil, tendenciosa, amañada, especulativa, manipuladora y falsa. Se trata de aprender (o reaprender) a reconocer fuentes fiables de las que no lo son, cosa posible para una persona que piense por su cuenta, que no tercerice sus pensamientos, que venza a la pereza intelectual, que mantenga despierta la atención y que saque conclusiones (dos más dos siempre es cuatro y muchas veces hay fuentes que lo presentan como cinco, valiéndose de falacias). Se trata de atreverse a investigar por cuenta propia, de dedicar tiempo a la reflexión que sigue a la lectura. Se trata de una mayor comunicación con los seres y las situaciones reales que nos rodean y menos conexión que con la virtualidad y la digitalización que nos achatan y secuestran.

A la educación, tanto la esencial que se inicia en los hogares con liderazgo y ejemplos (sobre todos conductuales y morales) como a la formal, que corre por cuenta de escuelas, colegios y universidades, le cabe un papel sustancial en este emprendimiento. Las educadoras Inés Aguerrondo y Agustina Blanco apuntan que “la tecnología en las escuelas es un componente indispensable a considerar, si el sistema busca reducir las brechas de oportunidades”. Pero advierten: “El hecho de acceder a la información y al conocimiento no garantiza su comprensión, su apropiación y su uso. Es necesario dotar a las generaciones jóvenes de herramientas para sumergirse de modo eficaz en el océano de información que hoy está al alcance inmediato de todos, poder diferenciar lo importante de lo irrelevante, lo confiable de lo espurio, así como saber analizar las fuentes de información” (…)

Allí está el antídoto que puede y debe suministrarse desde la misma formación de la identidad y de la ciudadanía, antes de que sea tarde y la avalancha de información tóxica sepulte a chicos y jóvenes y los convierta en adultos zombis (…).

La sobredosis de información narcotiza, hace perder de vista el foco de la propia existencia, los pilares esenciales sobre los que esta se sostiene. Tomar el timón de esa existencia conlleva establecer cuál es el espacio y el tiempo que la información ocupará en nuestra vida, para qué y cómo la necesitamos y la usaremos, cómo nos aproximaremos a ella, qué consecuencias tendrá esa relación no solo en nosotros sino en nuestro entorno vincular, ciudadano y físico. El modo en que nos vinculemos con la información dirá si decidimos ser sujetos de nuestra vida u objetos manipulables de los intereses de otros. Acaso todo esto pueda resumirse en una frase: dime cómo, de dónde y para qué te informas y te diré cómo vives.

 

Sergio Sinay es periodista y escritor, columnista de los diarios La Nación y Perfil. Se ha enfocado en temas relacionados con los vínculos humanos y con la ética y la moral. Entre sus libros se cuentan “La falta de respeto”, “¿Para qué trabajamos?”, “El apagón moral”, “La sociedad de los hijos huérfanos”, “En busca de la libertad” y “La masculinidad tóxica”. Es docente de cursos de extensión en ESEADE.

Otro argumento que se utilizó para justificar las retenciones: redistribuir la ‘renta extraordinaria’

Por Martín Krause. Publicado el 20/12/15 en: http://bazar.ufm.edu/otro-argumento-que-se-utilizo-para-justificar-las-retenciones-redistribuir-la-renta-extraordinaria/

 

El atractivo económico y la conveniencia política toman como marco de referencia una ideología. El modelo del estado protector de derechos individuales del liberalismo clásico asignaba la función de proteger la libertad y la propiedad. Ya en el siglo XIX dicho modelo fue reemplazado por la función redistributiva del Estado benefactor. Sobre éste, el Estado “regulador” agregó luego nuevas funciones.

En este caso, la ideología genera una visión peculiar del Estado. Por cierto que le incumben las funciones distributivas y regulatorias pero se degrada la protección de la vida y la propiedad al punto que el “crimen” se convierte en una preocupación mayor para los votantes que el desempleo. [1] La redistribución es todo lo que importa, y se espera que también reduzca el crimen. [2] El papel del gobierno es puramente redistributivo, considerando que la riqueza no puede ser “creada”, solamente “distribuida”, a contramano de las lecciones de la economía durante los últimos 250 años.  Desde esta perspectiva el libro de Adam Smith “La Riqueza de las Naciones” no fue nunca publicado. El sector agropecuario, no es de extrañar, tendría que entender que el derecho de propiedad no se extiende al esfuerzo productivo, sino que está sujeto a la decisión del gobierno. Las retenciones, según esta visión, se convierten en un instrumento de “justicia social”, y el gobierno es quien la administra. Y la “justicia social” es necesaria porque las retenciones se apropian de lo que se denomina “rentas extraordinarias” que, supuestamente, sólo los productores agropecuarios reciben.

El término “renta extraordinaria” es un concepto marxista que se deriva del análisis de las ganancias capitalistas. Según Marx y el análisis del equilibrio clásico, la competencia entre capitalistas eventualmente eliminaría toda ganancia extraordinaria y dejaría solamente un retorno igual a la tasa de interés prevaleciente. Este no sería el caso en cuanto a las rentas de la tierra se refiere porque ésta es un recurso limitado que no puede ser reproducido y las distintas parcelas presentan diferentes grados de fertilidad. Como Marx basaba su análisis en la teoría del valor basada en el trabajo y el costo de producción, el precio de los productos agrícolas era formado por la productividad de las tierras menos fértiles, obteniendo las más fértiles una renta extraordinaria que no podía ser erosionada como en la industria debido a que no había más tierras fértiles que se sumaran a la oferta.

En verdad, el valor es transmitido desde el producto final a los factores básicos de producción, incluyendo a la tierra. Es debido a que los precios son suficientemente altos que las tierras menos fértiles son incorporadas a la producción. Por cierto, las mejores tierras obtienen una “renta extraordinaria” pero en esto no es nada diferente a cualquier otro recurso: los mejores cantantes de ópera obtienen más ingresos que los regulares, lo mismo con los mejores jugadores de fútbol, o los mejores escritores. ¿No debería aplicarse un impuesto sobre esas ganancias “extraordinarias”?  Ya existe, es el impuesto a las ganancias. No con un impuesto sobre el precio de venta de sus servicios. ¿Por qué entonces la diferencia?

Por otro lado, es necesario comprender que el precio de un activo está relacionado con sus rendimientos futuros. Es más, su precio actual es la suma del flujo de rendimientos futuros descontados. Si esos rendimientos esperados son “extraordinarios”, también lo es el valor de la tierra hoy. El que ha comprado un campo con rendimientos superiores, ha pagado también un precio superior y lo que ahora obtiene le dará una tasa de retorno que, como porcentaje de la inversión inicial, puede no ser muy diferente del retorno que se obtiene en tierras de menor valor. ¿Cuál es el precio de una hectárea en Pergamino y cuál en el sur de la provincia de Buenos Aires? Su diferencia ya refleja los niveles de rendimiento en uno y otro. La “ganancia extraordinaria” en el primero es simplemente un monto mayor necesario para recuperar un monto mayor invertido.

Finalmente, cuando hablamos de “tierra” estamos considerando todos los recursos naturales provenientes de la tierra, y éstos no son “fijos”. La oferta de tierra agrícola en Argentina se ha incrementado dramáticamente en las últimas décadas gracias a la tecnología. Las semillas con genética, fertilizantes, irrigación, pesticidas y maquinarias han cambiado el significado de “fertilidad” en la tierra. Lo que significa que cuando existe alguna “renta extraordinaria” el capital y la tecnología fluirán hacia allí poniendo en marcha un proceso equilibrador que llevará eventualmente a obtener una tasa normal de retorno si no fuera que nuevas innovaciones y cambios en las preferencias de los consumidores ponen en movimiento al proceso una y otra vez.

[1] Gaffoglio, Loreley, “El miedo al delito le ganó en el país al desempleo”, La Nación, 6/12/09.

[2] En la ceremonia de apertura de las Sesiones Ordinarias del Congreso de 2009, Cristina Fernández de Kirchner decía:  “Escuché decir por ahí que yo era una persona a la que gustaba sacarles a unos para darles a otros; la economía -y todos ustedes lo saben- es, precisamente, administrar con los recursos que se tienen y con la contribución que hay. Siempre en economía, lo que se les asigna a unos, es porque se lo está sacando a otros, porque el único que pudo multiplicar los peces y los panes fue Jesucristo, el resto tiene que tomar decisiones en base a los recursos que se tiene”. Fernández de Kirchner, Cristina, Apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso, 1/3/09:

http://www.casarosada.gov.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=5612&Itemid=66

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

 

LIBRECAMBIO Y SENTIDO COMÚN

Por Alberto Benegas Lynch (h).

Estamos otra vez en plena época del mercantilismo que irrumpió en el siglo XVII en el que se destacaba la manía por la acumulación de dinero en el comercio exterior, los balances comerciales “favorables”, todo en el contexto de lo que luego se bautizó como el Dogma Montaigne.

 Se ha perdido nuevamente la brújula de la economía puesto que en general se piensa que la gracia del comercio internacional consiste en maximizar los saldos de caja sin percatarse que, al igual que una empresa, lo relevante es el patrimonio neto y no los índices de liquidez como objetivo. Si se exporta por valor de cien y en el viaje el producto exportado se deteriora con lo que se puede comprar en el exterior (importar) solamente por valor de cincuenta, el balance comercial es “favorable” pero sin embargo se ha producido una pérdida evidente.

 Lo ideal para un país es comprar todo lo que se necesita del exterior y no vender nada, con lo cual los extranjeros estarían obsequiando sus productos. Para una persona es lo mismo, lo ideal sería poder comprar y comprar sin vender nada, pero y a bastante dificultoso se hace que nos regalen para nuestro cumpleaños para pretender que el prójimo nos regale todo el tiempo todo lo que necesitamos. Entonces, no hay más remedio que vender para poder comprar ya sea a nivel individual o grupal: en este último caso decimos que el costo de las importaciones son las exportaciones.

 Por esto es que el balance comercial es irrelevante, lo importante es el balance de pagos que, en un mercado abierto, está siempre equilibrado debido a las entradas y salidas de capital. Exportación e importación son dos caras del mismo proceso. Al exportar entran divisas con lo que el tipo de cambio se modifica incrementando el valor de la moneda local frente a la extranjera que queda depreciada. Esta depreciación hace que se torne más barato importar que al proceder en consecuencia sucede el fenómeno inverso, es decir, se aprecia la divisa extranjera y se deprecia la local con lo que se estimulan las exportaciones y así sucesivamente.

 Sostener que se debe “vivir con lo nuestro” constituye un desatino superlativo puesto que, además de retrotraernos a la autarquía de la cavernas, supone que se puede exportar sin importar, lo que naturalmente hace que el tipo de cambio refleje depreciaciones astronómicas de la divisa extranjera lo cual, paradójicamente, bloquea las mismas exportaciones (los costos de los bienes se elevan) ya que no se permite la válvula de escape de las importaciones que, precisamente, harán posible exportar.

 Desde luego que los aranceles y tarifas dificultan el mencionado proceso abierto así como también las manipulaciones en el tipo de cambio que necesariamente debe ser libre al efecto de que funcione el antedicho mecanismo regulador y también se distorsiona cuando irrumpe la deuda pública externa que simula entrada de capitales lo que afecta el balance de pagos artificialmente.

 El Dogma Montaigne se traduce en nuestro caso en que el que vende se enriquece a costa del comprador puesto que incrementa su saldo de caja sin prestar atención al lado no-monetario de la transacción que es lo que le permite mejorar su situación al comprador que precisamente compró debido a que estima en más el bien recibido que la suma monetaria que entregó a cambio. Ambas partes se benefician debido a la valorización cruzada del dinero y del bien en cuestión.

 Desde la perspectiva de la sociedad abierta, las naciones se constituyen al solo efecto de evitar los enormes riesgos de concentración de poder de un gobierno universal, por ello el planeta está fraccionado en naciones y éstas a su vez en provincias y en municipios para diluir y mitigar los efectos del poder concentrado. Pero de allí a tomarse seriamente las fronteras como si fueran alambrados culturales hay un salto lógico inaceptable.

 Los aranceles siempre significan mayor erogación por unidad de producto, es decir, menor productividad y, por ende, menor cantidad de productos que a su vez significan menor nivel de vida puesto que la lista de los bienes se reduce respecto de lo que hubieran sido de no haber mediado el arancel.

 Entonces, en mal llamado “proteccionismo” en verdad desprotege a los consumidores y solo significa una pantalla para cubrir privilegios de empresarios ineficientes. La alegada protección a “la industria incipiente” se basa en premisas erróneas puesto que supone aranceles transitorios para permitir que la industria madure, sin ver que si la empresa necesita un período antes de ser competitiva son los mismos empresarios los que deben absorber los costos y no trasladárselos sobre las espaldas de los consumidores. Como en cualquier evaluación de proyectos, no siempre las ganancias comienzan en el momento uno sino que requieren de tiempo, para lo cual se buscan fondos en el mercado al efecto de financiar el período necesario, transcurrido el cual los beneficios más que compensarán los quebrantos. Si los recursos no se obtuvieran en el mercado, es por uno de dos motivos: o el proyecto no es rentable, o siendo rentable hay otros que merecen atención prioritaria y como todo no puede hacerse al mismo tiempo debido a que los recursos son limitados, el proyecto en cuestión debe postergarse o darse de baja por ineficiente.

 Por esta especie de esquizofrenia del balance comercial es que Jaques Rueff en The Balance of Payments afirma que “no dudaría en recomendar la eliminación de las estadísticas del comercio exterior” debido a la permanente tentación de los gobernantes de intervenir con lo que inexorablemente generan las antedichas distorsiones.

 Respecto al tema laboral, se piensa equivocadamente que la completa eliminación de aranceles provocará desempleo. Muy por el contrario, la desaparición de las trabas al comercio exterior libera trabajo para desempeñarse en otras tareas inconcebibles hasta el momento puesto que estaba esterilizado en otras faenas. Esto es lo que ocurrió con el hombre de la barra de hielo cuando apareció el refrigerador o con el fogonero cuando se fabricó la locomotora diesel. Los recursos son limitados y las necesidades son ilimitadas, el recurso por excelencia es el trabajo puesto que no se concibe la producción de ningún bien ni la prestación de ningún servicio sin su concurso. En competencia a las empresas les interesa la capacitación de futuro personal para poder sacar partida de nuevos productos en el mercado. La eliminación de aranceles tiene el mismo efecto que el descubrimiento de un procedimiento más productivo: reduce la inversión por unidad de producto con lo que se hacen posibles más productos. La tragedia de la desocupación se debe a la legislación laboral y no a la mayor productividad que eleva salarios e ingresos en términos reales debido a las mayores tasas de capitalización que la eficiencia permite.

 Se ha sostenido que los aranceles puedan justificarse cuando se hace dumping, lo cual tampoco es cierto. El dumping es venta bajo el costo, situación que puede significar simplemente un quebranto impuesto al empresario debido a las condiciones de mercado, o puede ocurrir deliberadamente como política comercial con la idea de incrementar la tajada en el mercado. Si es lo primero no hay nada que comentar, si es lo segundo deben tenerse en cuenta los anticuerpos del propio mercado.

 Dichos anticuerpos consisten en que los competidores compran al precio de dumping y revenden al precio de mercado, y si no lo pudieran hacer debido a que, por ejemplo, se trata de un producto a medida como las turbinas de cierto avión los competidores esperarán a que el que hace dumping agote su stock para luego seguir en la misma situación anterior. Este tema es una típica pregunta de examen puesto que habitualmente el estudiante asume que la venta de quien hace dumping es mayor de la del propio ejemplo. Si fuera mayor la situación es distinta puesto que el empresario en cuestión deberá expandir sus instalaciones para cumplir con la demanda total a ese precio, lo cual significa un precio de liquidación que beneficia a los consumidores. Pero ni bien el empresario del dumping pretenda restringir su producción para sacar ventaja de su posición en el mercado aparecerán competidores que venderán las diferencias para satisfacer la demanda o, como queda dicho, comprarán al empresario del dumping para el consiguiente arbitraje.

 Todo lo dicho no toma en cuenta que muchas veces cuando se alega dumping no se verifican los libros contables del que se dice lo práctica y es meramente una excusa para defenderse de productores más eficientes. Por otra parte, debe subrayarse que si en un país se practica dumping al exterior con el apoyo gubernamental es ese país el perjudicado y, como ha enfatizado Milton Friedman, el resto del mundo es beneficiado equivalente a la situación en la que decidiera regalarle sus productos al extranjero lo cual es un motivo para celebrar en el extranjero.

 A veces las argumentaciones resultan tragicómicas como cuando se dice que se imponen aranceles “en reciprocidad” por los establecidos por otros. Este peculiar razonamiento se traduce en que porque el país receptor se perjudicó porque sus ventas son bloqueadas en el exterior, “en represalia” duplican el perjuicio aumentado los costos de los bienes que importa. ¡Vaya represalia!

 El librecambio tiene mala prensa no solo por las incomprensiones mencionadas sino debido a que de tanto en tanto se han impuesto llamadas “aperturas” manejando los aranceles como una política de chantaje con la idea de que bajen los precios internos los cuales se elevan debido a las inflaciones internas con lo que las políticas se traducen en una estructura arancelaria en forma de serrucho que provoca cuellos de botella insalvables entre las industrias finales y sus respectivos insumos, al tiempo que se manipula el tipo de cambo con alquimias inauditas y se incrementa la deuda estatal que, como se ha señalado, interfiere en el balance de pagos permitiendo importaciones y viajes al exterior que la situación económica no hace posible.

 Se suelen generar interminables debates tan insustanciales como impropios sobre posibles devaluaciones, sin la más mínima sospecha de que el precio de la divisa extranjera frente a la moneda local depende de las cantidades ofrecidas y demandadas lo cual resultará en el tipo de cambio de mercado en el que no habrán faltantes ni sobrantes, situación que no depende de voluntarismos de ningún megalómano. En el mismo error garrafal caen los burócratas (y algunos empresarios y sindicalistas malinformados) a través del tristemente célebre espectáculo del “acuerdo de precios”, como si éstos indicadores fueran consecuencia de decisiones independientemente de lo ofrecido y demandado en cada reglón. Si lo acordado es más bajo que el precio de mercado habrán faltantes y si es más alto habrán sobrantes, esto resulta inexorable.

 Se dice que las integraciones regionales constituyen un primer paso para la liberación al mundo pero este “primer paso” lleva siglos ya que los economistas clásicos refutaron las tesis mercantilistas en el siglo XIII. Es increíble que las tecnologías hayan reducido notablemente los costos de transporte desde la época de las carretas y ahora resulta que al llegar la mercadería a la aduana se revierten décadas y décadas, como si esas reducciones colosales no hubieran tenido lugar. Es como ha dicho irónicamente el decimonónico Bastiat para ridiculizar al mal llamado proteccionismo, “los productores de velas debe aconsejar el tapiar todas las ventanas para protegerse de la competencia desleal del sol”. Comprar barato es de sentido común, pero las xenofobias no ayudan a la comprensión de este precepto básico para prosperar. Es como reza el conocido dictum de Voltaire “el sentido común es el menos común de los sentidos”.

 Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

Los “beneficios” del proteccionismo comercial

Por Pablo Guido. Publicado el 21/3/2012 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

La economía argentina, desde ya hace 7 u 8 décadas, básicamente está dirigida por un sistema donde no priman las reglas del mercado. En materia de comercio exterior la consigna, salvo algunos años excepcionales donde hubo cierta intensión de abrir los mercados a la competencia externa, ha sido la protección de las empresas locales. Y ya todos sabemos que las barreras comerciales que limitan o prohíben el ingreso de bienes y servicios generan menor oferta y, por lo tanto, mayores precios. Por consiguiente, esa protección comercial que beneficia en principio a las empresas locales, que no tienen que esforzarse por competir con sus pares internacionales, desprotege a otras empresas u otros consumidores que tienen que comprar dichos productos a mayor precio o menor calidad. Nada nuevo estoy afirmando con esto.

Un ejemplo de actualidad del proteccionismo argentino lo encontré estos últimos días con la tablet Ipad 2. Recordemos que este producto fue lanzado al mercado hace aproximadamente un año, presentado al público justamente por Steve Jobs, que aún vivía. En el periódico argentino El Cronista, del lunes 19 de marzo, en la página 7, hay una publicidad de la empresa Compumundo donde anuncia una oferta para el iPad 2. ¿A qué precio se hace la “fenomenal” oferta? Al contado un consumidor puede adquirir esta Tablet, ya “vieja” tecnológicamente, a 3299 pesos. Para compararlo con el precio al que habitualmente se adquiere en otros países hay que “traducir” el precio en pesos a dólares. El problema es que en Argentina hay básicamente dos precios de los dólares: uno, que se determina en el mercado oficial y otro en el mercado “paralelo” o “negro”. En el primero el tipo de cambio es de 4,38 pesos por dólar; en el segundo de aproximadamente 4,80. Esto significa que, dependiendo del tipo de cambio al cual hagamos la conversión, en Argentina un iPad 2 cuesta entre 687 y 753 dólares. El mismo producto, en una cadena conocida de EEUU, cuesta 399 dólares.

¿Cuál es la diferencia de precios del iPad 2 entre Argentina y EEUU? En la Argentina, donde se aplican elevadísimas barreras comerciales al ingreso de productos importados, el precio es superior entre un 72 y 89%. Son los “beneficios” del proteccionismo comercial: restringir el acceso de los consumidores a productos más baratos.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.