Se disparó fuerte la inflación en abril y asoma la híper

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 17/5/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/05/17/se-disparo-fuerte-la-inflacion-en-abril-y-asoma-la-hiper/

 

Días atrás, la OCDE advertía que el crecimiento anual del IPC en los países desarrollados se desaceleró significativamente, cayó al 1,7% en marzo desde el 2,3% en febrero, “reflejo de la evaporación de la demanda” a medida que la represión de los gobiernos detuvo casi por completo la actividad.

El 11 de febrero escribí una nota (¿Por qué el dólar es la divisa con mejores expectativas a nivel global?) dónde decía que la moneda de mejor desempeño era el billete verde -el Dollar Index Spot (DXY:CUR) superaba los 98.84- ya que entonces “Los activos estadounidenses se benefician por los buenos datos”. Era inimaginable la draconiana represión a la actividad como método de los Estados para “combatir el coronavirus”.

Hoy, irónicamente, el dólar sigue siendo la estrella a pesar de que los datos son pésimos. Además de que el euro no resulta atractivo, entre otras cosas, porque el Banco Central Europeo ve con buenos ojos las tasas de interés negativas, la incertidumbre global provoca que los inversores busquen activos refugio. Así las cosas, hoy el DXY:CUR supera los 99.50.

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Dan Kopf, por nombrar uno entre muchos analistas, dice que la suba del dólar es lo que evidencia el IPC de EE.UU. que disminuyó un -0,8% en abril, la mayor caída desde diciembre de 2008, acumulando en 2020 una baja del -0,2%. Ahora, Kopf aclara que el IPC intenta medir el cambio en el costo de una canasta típica, pero la cuarentena forzada está cambiando drásticamente los hábitos, por caso, no se compran autos ni gasolina ni van a restaurantes, “Eso significa que el IPC, no refleja la realidad de la inflación”, concluye coincidiendo con todos los analistas.

Entretanto el Indec anuncia con bombos y platillos que “la inflación” -la suba del IPC en rigor- de abril fue del 1,5%, la más baja en 30 meses, una fuerte caída comparada con la de marzo del 3,3%. De esta manera, la “inflación” interanual baja al 45,6%.

Pero esto se debe a los cambios en el consumo, a la recesión -los mayoristas pasan precios 40 y 50% superiores que los minoristas no trasladan o porque están cerrados o por la caída en las ventas-, a que los precios “regulados” bajaron -0,7% y a que las mediciones no se realizan en el campo dada la cuarentena, de haberlo hecho el resultado habría sido diferente: personalmente, algo más de un mes atrás compré huevos en un almacén de barrio y pagué $ 100 la docena, ayer pagué $ 160, ¡60% más en poco más de 30 días!

Y el gobierno y muchos analistas toman esto como un resultado alentador. Pero resulta que la inflación es el exceso de emisión, en tiempo real, sobre la demanda y eso desvaloriza el peso y, por ello, si bien es imposible calcularla con precisión, sin dudas su reflejo más realista es la cotización de una moneda marco en un mercado no distorsionado por intervenciones estatales: el blue.

Claro que en política -cortoplacista, ganar la popularidad hoy a costa del futuro- importa más el IPC, el problema es que la inflación más temprano que tarde se trasladará con fuerza a los precios o, mejor dicho, la depreciación del peso -la inflación- necesariamente se verá reflejada en el poder adquisitivo de los consumidores. Hoy quién viaje por el mundo encontrará que el sueldo promedio en argentina es de apenas ($ 75.000) US$ 600 al valor blue -el umbral de pobreza familiar en España es de US$ 630-, y menos si cambia, por ejemplo, en Montevideo donde el dólar cotiza a unos 165 pesos argentinos.

El blue, desde el 26 de febrero de 2015 ($ 13,26) hasta fines de 2019 ($ 77,90) aumentó 587% mientras la base monetaria creció 427% -y el IPC subió 452%- la diferencia puede atribuirse a una caída en la demanda monetaria. En lo que va del año, el blue sube (hasta $ 124) 70% y la base monetaria 39%, diferencia otra vez atribuible a la caída en la demanda monetaria. En abril, sube (hasta $ 117,80 desde 83,75) 41% y en lo que va de mayo (hasta $ 124) 15%

El BCRA ya emitió para auxiliar al Tesoro -acumulado en lo que va de 2020- $ 731.620 M, es decir, 132% más de lo girado el año pasado, equivalente al 2.4% del PBI versus el 2.5% de todo el 2019.

Captura de pantalla (2)Fuente: BCRA

Es decir que la emisión se acelera, entre otras cosas porque la recaudación cae estrepitosamente, -33% i.a. en términos reales, según el IARAF.

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Y, consecuentemente, se acelera a una velocidad temeraria la brecha cambiaria entre el dólar oficial y los alternativos llegando el viernes al 103%  -aunque luego de momento bajó a 78%- nivel similar al que alcanzó en la hiperinflación del junio 1989, cuando los precios se dispararon 3.079% en un año. También, antes del Rodrigazo -el plan económico implementado en el 1975 que llevó a una fuerte devaluación y a una hiperinflación- la brecha se mantuvo entre 100 y 120% y luego de desatada la crisis tuvo picos de 370%.

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En algún momento el precio del blue se trasladará al IPC, aunque el gobierno porfía en que detendrá el aumento de los precios absorbiendo pesos en el futuro. Eso es no comprender que la inflación se da en tiempo real, de modo que absorber moneda más tarde no solo que no sirve, sino que contrae la demanda.

Ya la capacidad del BCRA de sostener el tipo de cambio oficial se complica y veremos qué pasa con las negociaciones por la deuda. Para Delphos Investment, la relación de circulante más depósitos totales (M2) sobre reservas brutas hoy arroja un precio del dólar oficial del orden de los $130.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

La Argentina y «el cisne verde»…

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 27/1/20 en: https://www.ambito.com/economia/tasas/la-argentina-y-el-cisne-verde-n5079047

 

La Argentina y el cisne verde...

Con tasas de interés negativas en términos reales e incertidumbre en torno de la deuda -y el ruido de BA-, los inversores se “fugan”. El dólar Bolsa o MEP subió un 14% en un mes y cerró el viernes a $81,86, casi igual que el solidario, en tanto que CCL quedó en $83,29.

El BCRA -para reactivar la economía- bajó hasta 50% la tasa de las Leliq que le compran los bancos (y la decisión de emitir Leliq a 14 días ya significa un recorte de la tasa efectiva), y redujo sensiblemente la tasa de los pases y limitó el volumen de pesos de estas operatorias. Debajo de la “inflación” -aumento del IPC, en rigor- del 54% i.a., que cerraría enero en 3,5%. Las tasas de los plazos fijos minoristas en pesos cayeron al 35%. Así, los pesos pueden ir a comprar títulos de deuda en moneda nacional que está emitiendo el Tesoro y, los más, al dólar. Antes del cepo se compraban u$s2.000 M mensuales y operaban 2 M de personas que hoy sólo pueden acceder a u$s400 M (200 c/u) de modo que unos u$s1.600 M podrían volcarse al MEP. En febrero suele bajar la demanda de dinero, y desde Bull Market recuerdan que el pago del Bonar Dual 2020 (AF20), que se activa el 13 del próximo mes, podría impactar de forma escalonada llevando la divisa hasta, adivinan, $90.

En el plano internacional ocurren dos hechos que no impactaran en la Argentina, dada la lejanía física y el atraso socio económico. En primer lugar, el nerviosismo por el coronavirus podría provocar una corrección en las Bolsas. En 2020, el S&P 500 sube un 3%, en particular los servicios públicos -no estatales-, medidos por el ETF Select Sector SPDR Trust (NYSE: XLU), remontan más del 5,5% (el ETF de XLU alcanzó máximos históricos) y las tecnológicas, medidas por el ETF Select Sector Technology (NYSE: XLK), suben el 6,8%, siendo los dos sectores de mejor rendimiento. Es inusual que los servicios suban junto con las tecnológicas ya que son “opuestos” en cuanto al riesgo, el tecnológico lo tiene más alto y con crecimiento de ganancias más rápidos, mientras que las empresas de servicios ofrecen estabilidad y crecimiento lento. Ayudó la bajada del rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años, hasta 1,73%.

Ahora, la creciente cantidad de ofertas de compra para los contratos de opciones del índice de volatilidad CBOE (VIX) que expiran a mediados de febrero, sugeriría que algunos traders creen que aumentará la volatilidad en las próximas semanas y el descenso del S&P 500 podría ser inminente. Pero los analistas coinciden en que las tendencias técnicas generales y las perspectivas de crecimiento de las ganancias, al final, deberían mantener el impulso alcista en 2020.

El segundo tema fue lo más discutido en Davos -por cierto, un foro que se las da de “promercado” cuando está infestado de burócratas reguladores- y es la posibilidad de que se produzca un “cisne verde”. El BIS señaló en un documento titulado “El cisne verde” que los eventos relacionados con el clima podrían causar la próxima crisis financiera.

“Cisne verde” viene del “cisne negro” que se popularizó en la crisis financiera de 2008 y se refiere a un evento inesperado y sorprendente con un efecto importante, popularizado por el matemático Nassim Taleb con su libro el “El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable”.

“La transición inmediata de todo el sistema, que se requiere contra el cambio climático (CC), podría tener efectos que afectarían a cada actor de la economía y al precio de cada activo”, dice el Deutsche Bank, y agrega que “entraremos en una etapa en la que se producirá una comprensión de las inmensas concesiones económicas y personales que tendremos que hacer”. O sea, que buena parte de los inversionistas y empresas están pensando en términos de “las nuevas realidades” dado el CC. Pero… ¿y si ocurre el “cisne negro”, es decir, si el CC no se da? No es lugar para discutir la teoría del calentamiento, pero ¿qué pasaría con estas tendencias inversoras y cambios en las regulaciones y empresas si es cierto que el cambio es natural -desde la Era de los Glaciares- y el diminuto hombre -frente a la naturaleza- nada puede hacer?

Si nos basamos en probabilidades matemáticas veremos que la posibilidad de que no ocurra una catástrofe es grande. El anuncio de calamidades ocurre desde siempre. Por casos, en 1803 Malthus decía que sobrevendría una hambruna global porque la población crecía más rápido que los alimentos. En 1966, aseguraban que el petróleo duraría solo 40 años y en 1970 que el mundo acabaría sus recursos naturales para 2000. En 1974, los satélites “mostraban” que una era de hielo se acercaba y el consenso científico Planet Cooling anunció hambrunas inminentes. En 2008, Al Gore “predijo” que, por el CC, el Ártico se quedaría sin hielo en 2013.

Todo resultó al revés, de modo que el “cisne verde”, matemáticamente, va camino de convertirse en un “cisne verde, negro”. Y la Argentina permanecería inmutable.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini