No ajustar el Estado es recesivo

Por Aldo Abram: Publicado el 4/3/19 en: https://www.ambito.com/no-ajustar-el-estado-es-recesivo-n5018865

 

No ajustar el Estado es recesivo

Hay una gran confusión entre algunos políticos y economistas argentinos. Por ejemplo, cuando plantean que un mayor ajuste del gasto en el Presupuesto 2019 hubiera implicado más recesión. Así justificaron que más del 80% de la reducción del déficit desde el 2,4% del PBI al equilibrio fiscal lo termine haciendo la gente y el sector productivo, con aumentos de tarifas y más impuestos. Conclusión, parece que, si el Estado transfiere al sector privado el ajuste, éste deja de existir; lo cual es claramente absurdo.

Lo que en realidad va a pasar es que, para que el Estado baje poco sus erogaciones, la gente y las empresas tendrán que bajar su propio gasto e inversión para pagar más impuestos y tarifas. Debo aclarar que me parece bien que, aquellos que podemos, paguemos lo que cuestan los servicios públicos que se usan. Es obvio que vamos a tener que recortar gastos para hacerlo; pero es obviamente injusto que un contribuyente baje los propios para pagarme lo que yo uso de servicios públicos. Los que pagamos impuestos, lo hacemos para que se ayude a quien realmente tiene necesidad.

El verdadero problema es que, mientras nos exigen que asumamos sacrificios, la dirigencia política no está dispuesta a hacer un mínimo esfuerzo para reformar un Estado elefantiásico y, en gran medida, inútil que nos sale carísimo y, así, ahorrar en malgasto. Es más, según el Presupuesto, de la pequeña parte de austeridad que se supone hará el sector público la mayor parte será en obras públicas que le son útiles a la gente.

Siendo más claros aún, para que el Estado no haga gran parte del ajuste lo tendrá que hacer el sector productivo que es el que genera la riqueza para pagar sus gastos y los sueldos de sus empleados y los que corresponden al sector público. Ahora, si el sector productivo es el que tiene que ajustar, ¿podemos pretender que se recupere la economía? Otro gran absurdo.

Es más, luego de la tremenda fuga de ahorros de argentinos (abajo del colchón, al fondo del ropero o caja de seguridad) y extranjeros de 2018, el crédito se contrajo fuertemente en la Argentina. Dado que el Estado necesita financiar sus necesidades, está absorbiendo gran parte de él y, algunos, se preguntan por qué la tasa de interés es tan alta; porque queda muy poco para los privados. Por supuesto, esto también es recesivo.

Por suerte, el Banco Central entendió que, emitir más de lo que la gente quiere para aumentar el financiamiento interno y bajar su costo gestó altísima inflación, nos llevó a la pérdida de confianza en nuestra moneda, o sea a una corrida contra ella que terminó en una crisis cambiaria el año pasado. Así que, por suerte, ahora se ha comprometido a no volver a hacerlo. Si queremos que el crédito aumente habrá que generar confianza en el futuro para que vuelvan los ahorros de argentinos y extranjeros. Es decir, resolver el problema donde está: en el exceso de Estado que, además si lo solucionamos, implicaría que tome menos deuda y deje más para el sector productivo, permitiéndole invertir y crecer. Eso sí sería reactivante.

De hecho, si se observa la tasa de riesgo país que refleja el temor de una nueva cesación de pagos, muestra que muchos no descartan que volvamos a tener un default. Esto no es raro, ya que como vimos, como el sector productivo debe cargar con un enorme e inútil Estado, difícilmente la economía pueda crecer mucho. Por lo tanto, la enorme deuda pública, que este año superará el 90% de la producción de riqueza total, se vuelve impagable en el tiempo. Esto ahuyenta inversiones y es recesivo.

En 2017, nuestros políticos prometieron que nos iban a bajar los impuestos. Lo hicieron con la máxima forma que tienen de asumir un compromiso, dos leyes. Sin embargo, a fines de 2018, los volvieron a aumentar para buscar el equilibrio fiscal. ¿Quién va a invertir en un país donde parece que el objetivo de los políticos es exprimirte para el Estado siga gastando de más?Nadie y eso es recesivo.

¿Qué hubiera pasado si se hubiera “ajustado” al Estado en vez de a la gente y a los productores? La historia sería distinta. No se habría incumplido la promesa de no aumentar los gravámenes; por lo que, quizás, alguien se tentaría con invertir o traer sus ahorros a la Argentina. Se le hubiera dejado mayor cantidad de recursos y financiamiento a los productores para que generen más empleos y riqueza. Eso hubiera sido reactivador.

Lamentablemente, por décadas hemos dejado que los políticos construyan un Estado que le sirve a la política y se sirve de los argentinos. Lo defenderán con “uñas y dientes”, como vimos en la discusión del Presupuesto 2019, donde claramente no hubo muchos que nos defendieran a nosotros y a los que producen la riqueza, por ende, el empleo y el bienestar para todos los argentinos. Acordémonos cuando vayamos a votar. Dejemos de aplaudir a los que proponen aumentos de gasto y elijamos a los que quieren ser austeros y razonables en la administración del Estado, como lo somos nosotros con las finanzas de nuestra familia.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Se va confirmando el estallido

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 29/8/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/08/29/se-va-confirmando-el-estallido/

 

Claramente el estallido de la burbuja [según describí en una columna anterior, “Pareciera que finalmente empezó el estallido”, publicada por Ámbito Financiero el viernes 29 de junio de 2018] -que armó el gobierno inflando la economía con préstamos siderales- se va confirmando. Desde la “crisis cambiaria” -que no fue tal sino un punto de inflexión- el Merval cae un 20% en pesos y 50% en dólares, a pesar del “salvataje” récord del FMI y después del ascenso a “emergente”. Entretanto, aumentó casi 25% la tasa de riesgo-país hasta rondar los 700 puntos.

Así las cosas, pareciera que la próxima en estallar es la burbuja de la construcción, entre otras. Con la obra pública seriamente comprometida, los créditos Uva no hubieran sido tan mal negocio de no ser porque el precio real de los inmuebles va camino de caer fuerte en dólares ya que no son sostenibles los valores cuando el poder adquisitivo se desploma y la moneda fuerte sube ya un 100% en un año.

Durante julio se vendieron un 17,1% menos de propiedades que en el mismo mes de 2017, el cuarto mes de caída. En particular, la cantidad de escrituras con hipoteca totalizaron 46,3% menos que las registradas un año antes. En tanto que las ventas de materiales para la construcción caen por primera vez en quince meses.

Desesperado, el gobierno salió a rezarle al FMI para un “ultra salvataje” que es contraproducente porque lo que logra es darle más droga al adicto en lugar de un serio programa de recuperación. Con este “as”, Macri dio un discurso tratando de llevar “confianza” al mercado: “habló con el corazón” y el mercado, obviamente, “le respondió con el bolsillo” y el dólar se desbocó.

Así como en su momento se equivocaron quienes atribuían la subida del dólar a la caída de real brasilero [como señalé en la nota “Échale la culpa a Río: el PBI caerá en 2019” publicada por ámbito Financiero el viernes 24 de agosto de 2018] yerran quienes dicen que el problema es la pérdida de confianza, es este un argumento infantil para esconder el problema de fondo. A ver, el núcleo del mercado no se maneja con expectativas -solo hay especulaciones transitorias en mercados marginales como las bolsas de valores- sino con mucha frialdad sobre datos reales y contundentes.

El problema de fondo es que el Estado ha aumentado su parasitismo sobre el sector privado -succionando vía impuestos, inflación, endeudamiento/tasas altas- dejando cada vez más raquítico al sector productivo. En este contexto de retracción de la demanda, la base monetaria se está expandiendo a un ritmo de alrededor del 38% y esta -y no otra cosa- es la inflación. Inflación que se acelera al punto que Elypsis la estima en 4% para agosto. Así el 32% de máxima acordada con el FMI no se cumplirá. Desde Ferreres creen que la inflación de 2018 cerrará entre 35% y 36% y, en mi opinión, podría ser más alta.

En su discurso Macri no especificó los montos. Los rumores más “optimistas” dicen que el FMI podría adelantar los desembolsos del préstamo pactado por US$ 50.000 M a tres años. Así, los fondos previstos para 2020 y para 2021 estarían disponibles en 2019, y sumarían US$ 29.000 M que sumados a los US$ 21.000 M que ingresarán en 2018, llegarían el total de los 50.000 M. Y con esto se cerrarían las necesidades financieras de 2019 aún en el supuesto absurdo de renovación nula de Letes, dicen en Hacienda.

La idea original de Dujovne y Caputo era que el adelantamiento de los desembolsos ocurriera recién en 2019. Aunque según el acuerdo original firmado con el FMI, para el año que viene se esperaban fondos por US$ 12.000 M, que se sumarían a los 15.000 M desembolsados en junio y a los 3.000 M que llegarían en lo que resta de 2018.

Los analistas coinciden en que las necesidades de dólares de la economía superan los US$ 7.500 M que dice necesitar el Gobierno. Además del tema de la renovación de Letes, un informe del CESO asegura que a los US$ 7.500 M de acá a 2020, hay que sumarle los vencimientos de intereses y amortizaciones no renovadas de las empresas privadas que rondan los US$ 20.000 M, el déficit comercial, de turismo y las utilidades de las multinacionales que sumarían otros US$ 10.000 M y la fuga de capitales -que sólo en el primer semestre fue de US$ 16.000 M- que aun suponiendo que se reduzca a la mitad se llevaría otros US$ 24.000 M. Esa cuenta da más de US$ 61.000 M.

Desde Moody’s aseguran que la devaluación aumenta la carga de la deuda en moneda extranjera del soberano, elevando el peso total a más del 70% del PIB en 2019 de alrededor del 50% en 2017. Y, hablando de Moody’s, aseguran también que la disminución de las inversiones y la producción en el sector de la construcción sería del 5% del PIB de 2017. Por su parte, el IBIM que elabora Orlando Ferreres & Asociados, mostró, en julio, una caída general y sostenida de la inversión de 6,1% interanual.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.