Las opciones para enfrentar el problema de las Letras de Liquidez del Banco Central

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 22/10/2019 en: https://www.infobae.com/economia/2019/10/22/las-opciones-para-enfrentar-el-problema-de-las-letras-de-liquidez-del-banco-central/?fbclid=IwAR0NxpLzVpMXMsJmmnglwN1ytLUhsUb4156GJLpexesFjpycdhApDgr9jHw

 

La prioridad para el próximo gobierno no sería tanto el reperfilamiento de la deuda externa, sino el desarme del principal instrumento de regulación monetaria (Leliq)

Las Leliq, cuyo stock al momento de redactar esta nota llegan a $1,1 billones, representan el 80% de la base monetaria (Maximiliano Luna)

Las Leliq, cuyo stock al momento de redactar esta nota llegan a $1,1 billones, representan el 80% de la base monetaria (Maximiliano Luna)

La mayoría de los análisis sobre la deuda pública apuntan a analizar si Argentina podrá pagar la deuda externa en 2020. ¿Argentina entra en default o no? ¿Tendrá que “reperfilar” la deuda ante la falta de acceso del mercado financiero voluntario? Responder a estos interrogantes no parece tan difícil. Es evidente que hasta los intereses de la deuda serán problemáticos de pagar y que no luce probable, cualquiera que sea el que gane las elecciones, que vaya a llevar adelante las reformas estructurales que hacen falta para salir de la larga decadencia y ofrecer un plan económico que atraiga capitales, tanto para hacer el roll over de la deuda como para atraer inversiones que se hundan para crear empresas.

Sin embargo, en mi opinión, la prioridad no es la deuda externa, en todo caso sería una restricción adicional al gasto público que el Estado no pueda captar ahorro externo para financiar el gasto, la prioridad es enfrentar el serio problema de las Leliq, primas hermanas de las Lebac y descendientes directas de los depósitos indisponibles de los 80 dentro del árbol genealógico de la deuda pública interna argentina.

Recordemos que las Lebac nacen en marzo de 2002 para absorber la expansión monetaria que generaban los pagos de depósitos por los amparos que aprobaban los jueces por el corralón y la pesificación asimétrica de Duhalde.

En la era K el uso de las Lebac se intensificó porque los exportadores estaban obligados a liquidar sus divisas y el BCRA emitía pesos para comprar esos dólares, como la gente no quería los pesos que emitía el BCRA, en parte los retiraba de circulación colocando esas Letras. O sea compraba reservas contra deuda en pesos que pagaba una tasa de interés.

El kirchnerismo llevó el stock de Lebacs de $10.000 millones hasta $300.000 millones en diciembre de 2015. Por su parte, Cambiemos las llevó hasta $1,3 billones en su punto máximo en marzo de 2018, producto del endeudamiento externo que tomaba el Tesoro para financiar el déficit fiscal del gradualismo y luego le entregaba los dólares al BCRA contra los que emitía pesos; y que luego mutaron a las Leliq, cuyo stock al momento de redactar esta nota llegan a $1,1 billones, monto que representa el 80% de la base monetaria.

Es de manual que un Banco Central no debe emitir su propia deuda porque no tiene forma de pagarla, porque no genera ingresos propios. No es como una entidad comercial que vende tarjetas de crédito, préstamos personales y demás servicios. El único ingreso que tiene son los intereses que cobra por la colocación de sus reservas, monto que son monedas para enfrentar los intereses que devenga la deuda remunerada que emite.

En otras palabras, el BCRA está imposibilitado de poder cancelar las Leliq con recursos propios porque no los tiene. Las reservas propias en divisas, en el mejor de los casos, estarán en el orden los USD 8.000 millones,las cuales tienen que respaldar la base monetaria que es $ 1,3 billones, si además tienen que respaldar las LELIQs, la capacidad de respaldar los pesos es mínima.

Alternativas deseables y posibles

¿Qué opciones tiene el próximo gobierno frente al problema de las Leliq?:

En primer lugarlos que creen que gradualmente van a ir bajando la tasa de interés porque la tasa de inflación va a ir bajando, deliran. El problema no lo va a resolver el solo paso del tiempo. Habrá que pensar en otras opciones.

La opción más loca es dejar de pagar los intereses y emitir moneda. Recordemos que los bancos, que son los tenedores de las Leliq, compran esos títulos con los depósitos de sus inversores. Si hoy hay pérdida de depósitos a plazo fijo y el sistema financiero pierde renta en general, con una abrupta baja de la tasa, la fuga del sistema sería mucho más acelerada. Pero para poder hacer los pagos en ventanilla las entidades tendrían que pedirle a la autoridad monetaria los pesos a través de las cancelaciones de Leliq; y como no dispone de instrumentos para absorber esa emisión, el resultado sería un salto megainflacionario o cercano a la hiperinflación. Significaría duplicar la base monetaria en muy poco tiempo.

La segunda opción es aplicar un plan Bonex, como a fines de 1989. A los titulares de colocaciones en pesos a plazo fijo en el sistema financiero, en general a plazos de 30 a 60 días, se le cambian una parte por Bonos del Tesoro de largo plazo, 10 años. Una mancha más confiscatoria que profundizaría la tradición del Estado argentino, y que explica la derivación en un sistema financiero mínimo que no puede financiar ni consumo ni inversión. Un plan Bonex sería otra carnicería financiera como tantas otras confiscaciones se han hecho en el pasado.

La opción menos traumática que veo es lograr un acuerdo con el Tesoro americano para que a cambio de un préstamos de USD 20.000 millones capitalice al BCRA para que venda esos dólares en el mercado, contenga el tipo de cambio y bajé brutalmente la tasa de interés. Con esos pesos que obtendría el BCRA por la venta de dólares se rescatarían las Leliq, que hoy son equivalentes a unos USD 18.000 millones. Y con las reservas que quedan de libre diponibilidad rescatar la base monetaria y dolarizar la economía.

Obviamente que el Tesoro americano solo podría estar dispuesto a prestar ese dinero si a cambio se ofrece un plan económico con reformas estructurales muy profundas del sector público, del sistema tributario y de la legislación laboral. Además habría que ofrecer un tratado de libre comercio y alguna alianza en el combate contra el narcotráfico.

Si se lograra ese acuerdo, no solo volveríamos a tener una moneda para poder hacer cálculo económico, sino que además podría haber una recuperación económica bastante rápida por la incorporación de la Argentina al mundo que permitiría aumentar las exportaciones y generar volúmenes de inversión y demanda de mano de obra que permitiría, en poco tiempo, aliviar los problemas de pobreza y desocupación.

Está en manos de la dirigencia política decidir si Argentina termina con su larga decadencia o sumerge a la población en otra ola confiscatoria de ahorros o a una nueva hiperinflación.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

¿Y después de las elecciones, qué pasará con las Leliq y el tipo de cambio?

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/2/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/02/26/y-despues-de-las-elecciones-que-pasara-con-las-leliq-y-el-tipo-de-cambio/

 

El Banco Central se mueve entre el crecimiento de las Leliq y el riesgo de atrasar el tipo de cambio por dólar (DyN)

El Banco Central se mueve entre el crecimiento de las Leliq y el riesgo de atrasar el tipo de cambio por dólar (DyN)

 

Antes de comenzar a redactar esta nota, miro el último informe monetario  diario del BCRA que es del 20 de febrero y muestra un total de Leliq en circulación de $947.661 millones.Recordemos que cuando se decidió terminar con las Lebac y pasar a las Letras de Liquidez, el saldo de ese instrumento de regulaciónj monetaria era de $1,3 billones, en otras palabras falta muy poco para volver al punto de partida de endeudamiento de corto plazo del Central.

Es cierto que ahora son los bancos los que tienen las Leliq, pero también es cierto que los bancos compran ese instrumento con los fondos provenientes de los depósitos a plazo fijo, cuyo crecimiento fue de unos $300.000 millones desde que se puso la supertasa de interés de 72% anual a comienzos de octubre.

Si bien esa tasa ha venido bajando, es bastante claro que llegó un punto en que el nivel no compensó el riesgo de devaluación y llevó a un cambio de cartera fugando pesos de depósitos a plazo fijo hacia el dólar. Un calco de los que pasó con las Lebac.

Puesto de otra forma, considerando que la base monetaria se mantiene estable, todo parece indicar que la suba del tipo de cambio no es tanto un problema de flujos (más pesos en el mercado emitidos por el BCRA o un saldo de balance comercial supernegativo) sino que parece responder a un problema de stocks. Esto quiere decir un cambio de cartera de pesos a dólares por depósitos en el sistema financiero o bien, por caída en la
demanda de moneda.

Dinámica de lo que puede pasar

El primer tema que hay que tener presente para comprender la dinámica de lo que puede pasar, es que el argentino está mentalmente dolarizado. Por ejemplo, el total de depósitos del sector privado en pesos es de $1,1 billón, en dólares son el equivalente a USD 27.500 millones a un tipo de cambio de $40. Ahora bien, el total de depósitos en dólares del sector privado en el
sistema financiero es de USD 29.618 millones de los cuales USD 21.532 millones son depósitos en dólares del sector privado en cajas
de ahorros.

Hay más depósitos en dólares que en pesos del sector privado y encima están a la vista. Ante la incertidumbre política en unas horas pueden volar del sistema financiero.

Si comprendemos que el argentino está mentalmente dolarizado, es bastante obvio que cuando alguien hace un depósito a plazo fijo en pesos, no está esperando que la tasa de interés le gane a la tasa de inflación, sino que su expectativa es que la tasa de interés le gane al aumento del tipo de cambio.

Ahora bien, además sabemos que el BCRA debería lograr que el tipo de cambio acompañe la tasa de inflación. Es decir, evitar que se rezague respecto al aumento de los precios internos para evitar que Argentina vuelva a ser cara en dólares o, si se quiere, que el dólar sea artificialmente barato.

El rol de las exportaciones

Esta necesidad de evitar que el tipo de cambio se rezague frente al aumento de precios internos también responde a que el único motor que le queda funcionando a la economía argentina son las exportaciones.

Si el tipo de cambio vuelve a retrasarse (de hecho cayó bastante en
términos reales desde el pico en abril en 2018 hasta septiembre 2018)
puede afectar las exportaciones y a la caída del consumo; y a la ausencia de inversiones habría que sumarle exportaciones languideciendo.

En otras palabras, se llegaría a las elecciones con un nivel de actividad, en el mejor de los casos, que habría dejado de caer pero sin signos mínimos de reactivación para mostrar en la campaña electoral.

¿Cuánto debería aumentar el tipo de cambio en base a la inflación? Al mes de enero el IPC interanual da un aumento de casi el 50% y los precios  mayoristas muestran un incremento del 67%. Si queremos cambiar la composición del IPC y hacemos una mezcla de IPC con mayoristas, la inflación anual estaría en el orden del 59 por ciento.

Inflación, devaluación y tasa de interés

Digamos que el piso es 50% anual y el techo 67% anual. Elijamos el dato del IPC y sabemos que el tipo de cambio debería aumentar el 50% anual para no retrasarse respecto al aumento de precios internos. Si el tipo de cambio tiene que crecer a este ritmo en la medida que no baje la inflación, la tasa de interés debería superar al 50% anual para no quedar empatada con el aumento del tipo de cambio.

Cuál es el número que compensa ese riesgo no lo sabemos, pero sí sabemos que con tasas de interés reales tan altas, se mata toda posibilidad de  actividad económica y anula cualquier intento de crecer en base a inversiones.

Las altas tasas de interés y la baja real de los salarios afectaron duramente a la producción de automotores

Las altas tasas de interés y la baja real de los salarios afectaron duramente a la producción de automotores

Pero seamos optimistas y supongamos que, por algún milagro, no se activa la mecha del arbitraje tasa versus dólar, no hay turbulencias cambiarias de cara a las elecciones y llegamos a octubre sin mayores sobresaltos. Aun así la pregunta es: ¿y después de octubre, qué?

En rigor hoy no tenemos a ningún candidato que esté mostrando un plan económico mínimamente consistente. Si llegara a ganar el kirchnerismo, sabemos que ya no solo habría una gigantesca crisis económica porque no tendría las mismas herramientas para financiar el populismo que financiaron durante 12 años, sino que además las mismas libertades individuales estarían en riesgo conociendo las inclinaciones autocráticas del kirchnerismo. Nuestro horizonte sería una dictadura al estilo Maduro.

El macrismo sigue sin ofrecer un horizonte de crecimiento. Solo intentar frenar la vuelta del kirchnerismo al poder para que establezca su proyecto chavista, una especie de nosotros no somos buenos pero ellos son peores.

Por su parte el peronismo no k muestra como su mejor opción a un Roberto Lavagna que en rigor tomó la economía con todo el trabajo sucio que previamente habían hecho primero Rodríguez Saa con el default, con lo cual el gasto público bajó porque no hubo que pagar intereses de la deuda, y segundo Remes Lenicov que licuó el gasto público con una llamarada cambiaria e inflacionaria, sumado la pesificación de los depósitos y el retraso tarifario que mantuvo Lavagna más la oportuna suba de los precios de las commodities a mediados de 2002.

Puesto de otra manera, con todo el respeto que me merece Lavagna, quien siendo ministro de Economía de Duhalde se comportó como un caballero conmigo cuando publiqué mi primer libro en 2002 enviándome una afectuosa carta de felicitaciones, no creo que Lavagna pueda dominar la herencia k, más la herencia Cambiemos sin tener que meter mano en el gasto público.

Afirmar que de esta situación se sale con crecimiento puede sonar muy lindo en el discurso político, pero todos sabemos que no se puede crecer con este nivel de gasto público que tiene como contrapartida una feroz carga tributaria que ahoga cualquier proceso de inversión que lleve al crecimiento. Decir que se sale creciendo sin aclarar cómo se va a crecer es hacer el mismo juego de Cambiemos. Decir que va a llegar una lluvia de inversiones solo porque se desea.

En síntesis, hoy los argentinos estamos frente a un doble problema. Uno tratar de llegar a las elecciones sin fuertes turbulencias cambiarias y financieras, y dos carecemos de una dirigencia política que aporte la más mínima idea de propuesta para entrar en una senda crecimiento. Están todos paralizados frente al fenomenal nivel de gasto público heredado del kircherismo que, además, está en un 60% indexado con lo cual no hay posibilidades de recurrir a la receta de Duhalde de licuar el gasto con una llamarada inflacionaria.

Ahora hay que operar sí o sí. Los trucos monetarios ya no sirven para esconder el problema por mucho tiempo más. El endeudamiento está limitado desde el exterior. El ahorro interno es escaso para financiar al estado y el crecimiento. La carga tributaria ahora la inversión. Y la opción de financiar el gasto público con emisión pone por delante un escenario de hiperinflación o megainflación.

En síntesis, nos movemos entre un futuro proyecto chavista, el kirchnerismo, y una alarmante mediocridad en materia de propuestas económicas por del lado de Cambiemos y el peronismo no k.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE 

Lineamientos de una propuesta económica para enfrentar la herencia k

Publicado el 11/9/16 en http://economiaparatodos.net/lineamientos-de-una-propuesta-economica-para-enfrentar-la-herencia-k/

 

El presente documento fue redactado por cuatro economistas: Agustín Monteverde, Héctor Mario Rodríguez, Nicolás Cachanosky y Roberto Cachanosky

El objetivo del documento fue establecer los lineamientos  a seguir para dominar la herencia k y lograr la reactivación de la economía lo antes posible. La propuesta no busca el máximo de medidas posibles, sino el mínimo indispensable para evitar que la herencia que dejó el kirchnerismo le genere un alto costo político al nuevo gobierno y derive en una crisis social.

Este documento fue presentado el pasado 8 de septiembre en el auditorio de UCEMA organizado el evento por la Fundación Cívico Republicana, AMAGI, RELIAL y la Fundación Naumann. Presentación que en las próximas semanas será profundizada en 3 reuniones específicas.

Además, nos proponemos profundizar el análisis de algunas medidas y mantenerlo actualizado.

Deseamos aclarar que ninguno de los cuatro economistas que redactó este documento está buscando un cargo público. Solo pretendemos poner sobre la mesa el debate de temas que hoy no se tratan y son fundamentales para el crecimiento económico como la reforma tributaria, la reforma del estado, la incorporación de la economía al mundo, la reforma laboral, etc.

En definitiva, es solo un aporte a la comunidad de cuatro economistas preocupados por la marcha de la economía dada la herencia recibida.

EL DOCUMENTO

Si bien la economía argentina viene de un proceso de larga decadencia, tal vez el período kirchnerista (2003/2015) se haya caracterizado por llevar el populismo autoritario hasta niveles que pusieron en riesgo la existencia del sistema republicano de gobierno.

Consideramos que los países crecen cuando tienen instituciones sólidas que atraen inversiones competitivas, generan nuevos puestos de trabajo, y mejoran el ingreso real de la población. Es lo que habitualmente se denomina “Imperio de la Ley”, bajo la cual ningún sector económico posee privilegios institucionales. Como en las actividades deportivas, el rol del gobierno no debe ser administrar beneficios entre sectores sociales y económicos, sino ser un árbitro imparcial que facilite el desarrollo de sus ciudadanos.

Debido a que esas instituciones son las leyes, códigos, normas, costumbres que regulan las relaciones entre los particulares y el estado, y entre los particulares entre sí, no puede separarse la relación entre crecimiento económico y calidad institucional. El marco institucional define el nivel de riqueza en el largo plazo de un país (la política económica produce oscilaciones en torno al nivel de riqueza.) El problema institucional argentino es más serio que sus problemas de política económica.

A su vez, las leyes, códigos, normas y costumbres que conforman las instituciones de un país son fruto de los valores que imperan en la sociedad. Si los valores que arraigan son los de vivir a costa del fruto del trabajo ajeno, se destruye el estímulo por invertir y producir, con lo cual la economía genera menos bienes y servicios cuyo resultado es mayor pobreza. Y esto irá más allá de las propias leyes, que están, pero no se cumplen (no hay Imperio de la Ley) o, aún peor, se instrumentan regulaciones que atentan contra la esencia de la libertad y el respeto individual. Impera, por decreto o por constitución, la ley de la selva.

Teniendo en cuenta la pesada herencia económica que dejó el kirchnerismo y las restricciones políticas que debe afrontar el nuevo gobierno, el presente documento tiene como objetivo plantear la necesidad de debatir de manera seria y profunda problemas económicos e institucionales que parecen seguir ausentes en la agenda política del nuevo gobierno que tanto ha prometido el Cambio en Argentina. Si Cambiemos quiere demostrar que no es “kirchnerismo de buenos modales” y que “sí, se puede”, entonces no debe evadir afrontar reformas como las aquí planteadas.

No pretendemos que las medidas necesarias puedan implementarse de un día para el otro, ni solucionar décadas de populismo en unos pocos meses. Pero sí es necesario fijar el rumbo. El gradualismo elegido por el gobierno de poco sirve si no está claro hacia dónde nos lleva dicho gradualismo.

El proyecto de chavización que el kirchnerismo propuso a la Argentina requirió un alto grado de populismo fiscal, es decir gasto público para financiar planes “sociales”, subsidios para las tarifas de los servicios públicos y más empleo público a nivel nacional, provincial y municipal. Obviamente que ese mayor nivel de gasto público exigió una creciente presión impositiva y más impuesto inflacionario y el endeudamiento público que se pudiera conseguir (o los activos públicos y privados que se pudieran dilapidar) para financiar el creciente déficit fiscal.

Los problemas más urgentes a enfrentar, herencia del kirchnerismo son los siguientes:

1)   Gasto público récord y altamente ineficiente ya que no proporciona los bienes básicos que debe brindar un gobierno republicano,

2)   Una presión impositiva récord que asfixia la actividad privada y llegando a niveles confiscatorios que ahuyenta las inversiones,

3)   A pesar de la asfixiante presión impositiva, se heredó un déficit fiscal del 7% del PBI, financiado con emisión monetaria

4)   Alta tasa de inflación fruto del financiamiento monetario del déficit fiscal

5)   Fuerte distorsión de los precios relativos, entre otras cosas, por las tarifas de los servicios públicos subsidiados y un nivel de salarios elevado en términos de tipo de cambio oficial

6)   Stock de capital en infraestructura virtualmente agotado o colapsando, como es el caso de las rutas y del sistema energético.

La herencia recibida obliga a asumir un doble desafío: por un, lado evitar que se produzca una crisis social al recalibrar los precios relativos de modo tal de que empiecen a dar las necesarias señales de escasez y poner orden fiscal. Por otro lado, iniciar un camino de largo plazo de crecimiento económico con profundas reformas estructurales que nos aparte definitivamente del populismo.

Las medidas para enfrentar la herencia k deben ser parte de un plan económico de largo plazo y multifacético.

En este sentido consideramos que es necesario entender que un sistema económico institucional con incentivos equivocados nunca va a transformarse en un sistema eficiente, por más que se intente administrarlo “eficientemente”. No es cuestión de administrar mejor un sistema ineficiente que crea las condiciones para que florezca la corrupción. La clave está en cambiar el sistema no en administrarlo mejor u “honestamente”.

El sistema o los ejes de la política económica

La política económica sólo puede brindarle a la población un nivel de vida material más elevado en la medida que genere una fuerte corriente de inversiones, en especial en actividades competitivas y, por lo tanto, sustentables.

Actividades competitivas significan que pueden competir con importaciones e, incluso, incrementar las exportaciones y que no requieren de subsidios o beneficios como políticas de sustitución de importaciones. Para lograr esa corriente inversora en actividades competitivas, la política económica debería tener tres grandes ejes

1)   Disciplina fiscal

2)   Disciplina monetaria

3)   Calidad institucional

Disciplina fiscal

La disciplina fiscal no se limita bajar el déficit fiscal solamente. No tiene sentido buscar un equilibrio fiscal con un gasto público del nivel del actual. Esto significaría consolidar un sector productivo raquítico y burócratas cada vez más ricos y corruptos.

Lo que se requiere es una profunda reforma del sector público con reducción del gasto y una reforma impositiva. Es imprescindible que la población tome conciencia de las funciones que quiere que preste el gobierno y esté dispuesta a solventarlas con sus impuestos. Se trata de un proceso sociológico profundo en una comunidad habituada a la gratuidad y a respaldarse en el Estado como si se tratara de un Rey Rico.

Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos. La dimensión del desequilibrio fiscal no se soluciona con retoques en el gasto público, sino que la dimensión del desequilibrio implica tener que replantearse cuál debe ser el rol del estado en Argentina.

Para reducir el gasto público consideramos que se puede disminuir la cantidad de personal en el Sector Público Nacional (y un paralelo en las jurisdicciones provinciales y municipales) mediante planes de retiro anticipado, el cierre de secretarías y reparticiones públicas en general pagando las indemnizaciones correspondientes.

Esta medida no implica incrementar la desocupación propiamente dicha.  Esas personas no están ocupadas actualmente, sino que cobran un disimulado seguro al desempleo mediante un cargo público al cual, muchas veces, no asisten personalmente. Se ha escondido la verdadera tasa de desempleo simulando puestos de trabajo en el sector público. Se confunde genuina generación de empleo (que genera valor económico) con un efecto estadístico al clasificar este disimulado subsidio al desempleo como “empleo”. Proponemos comenzar a sincerar esa situación, hablando con la verdad como insistentemente proclama el Presidente Macri, con la ventaja que, a menor burocracia menos entorpecimiento para que produzca eficientemente el sector privado. Cada empleado público que no contribuye a generar valor económico es un ladrillo más en la ya pesada mochila impositiva que carga el contribuyente.

Proponemos asimismo un proceso de re empadronamiento de todos aquellos que reciben planes sociales. El objetivo final es que se otorguen en casos especiales exclusivamente. No pueden ni deben constituir una forma de vida porque destruye la cultura del trabajo y es injusto e inmoral que unos vivan a costa de otros de manera permanente cuando es posible trabajar. A modo de ejemplo, el gobierno puede administrar una bolsa de trabajo ante la cual los beneficiarios de planes sociales no pueden rechazar una oferta de trabajo dentro de su especialidad y de un rango geográfico aceptable sin perder el plan social. El éxito de los planes sociales, como el de los medicamentos, se mide por qué tan rápido el mismo se vuelve innecesario y desaparece, no por qué tan rápido es necesario incrementar la dosis. La expansión de los planes sociales en Argentina sugiere que los mismos están mal diseñados y/o aplicados. Lo que proponemos no es dejar a sus beneficiarios a su suerte, sino revisar los planes sociales para que efectivamente cumplan con su cometido.

Otro punto sobre el que hay que trabajar es la recomposición de las tarifas de los servicios públicos congeladas durante casi 14 años, como paliativo para un desmadre económico que destruyó los ingresos reales de los menos favorecidos. El principio que debe regir es el de pagar por lo que se consume. Como cualquier otro bien o servicio; sin subsidio alguno. Pero no se le puede pedir a las familias y empresas que paguen la tarifa plena cuando, al mismo tiempo, ese precio final tiene incorporado una feroz carga tributaria. El consumidor debe hacer el esfuerzo de pagar por lo que consume, pero el estado debe hacer el esfuerzo de reducir la carga tributaria sobre el consumo de energía eléctrica, gas y demás servicios públicos, lo que tiene como contrapartida una reducción del gasto público para no quedar desbalanceado. Subir las tarifas de servicios públicos debe implicar bajar impuestos y, en consecuencia, reducir gasto público.

El proceso de reestructuración del estado llevará tiempo, pero es fundamental comenzar a recorrer el camino lo antes posible, transmitiendo con claridad, a la sociedad toda, los objetivos (parciales y totales) y los caminos para alcanzarlos. Este proceso debe ser a favor de la gente y debe hacerse explícita esa finalidad de modo tal de debilitar la resistencia de los intereses creados.

Política tributaria

El principio básico de la política tributaria debe ser que muchos paguen poco y los impuestos sean sencillos de liquidar. En vez de concentrar una enorme carga tributaria sobre un reducido sector de la población, se debe buscar aplicar alícuotas bajas y que todos paguen.

Suele argumentarse que hasta que no se reduzca la evasión impositiva no se pueden bajar los impuestos. Esto es un error. Para reducir la evasión impositiva primero hay que bajar los impuestos de manera tal que el premio por evadir sea tan bajo que el contribuyente tenga menores estímulos para evadir. El camino de reducir la tasa de evasión pasa por reducir las alícuotas de los impuestos. El camino inverso implica matar impositivamente al sector productivo e incentivar la evasión. No existe fuga de capitales a paraísos fiscales sin infiernos fiscales.

Como parte de la política impositiva sugerimos eliminar el impuesto a las ganancias y establecer un low flat tax que equipare a la recaudación de todos los impuestos nacionales (IVA, Ganancias, Bienes Personales). Además, eliminar lo antes posible el impuesto al cheque o tomarlo a cuenta del low flat tax.

Disciplina monetaria

Volver a un Banco Central independiente del Poder Ejecutivo es parte de la política de disciplina monetaria. Volver a la Carta Orgánica anterior es imprescindible. Desde su fundación en 1935 a la fecha, la inflación promedio anual en Argentina fue del 54%. Este pobre desempeño sugiere que el problema monetario en Argentina no se debe meramente a seleccionar una buena administración del BCRA, sino que el problema de fondo es institucional o de diseño. Una reforma seria y profunda que garantice la independencia del BCRA es necesaria para garantizar la estabilidad monetaria en el mediano y largo plazo en Argentina.

Debe establecerse una total libertad en el uso de las monedas, anulando el curso forzoso de la moneda nacional. Los agentes económicos podrán realizar las transacciones comerciales y todo tipo de operación económica en la moneda que las partes acuerden. El peso debe ser una moneda más que podrá utilizar la gente, pero al no existir el curso forzoso el BCRA estará obligado a preservar el valor de la moneda para que la gente la elija como reserva de valor o medio de intercambio. Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales será finalmente alcanzable.

La política cambiaria será de flotación limpia. Si el Banco Central preserva el valor de la moneda, el tipo de cambio tenderá a ser estable. De todas formas, con un frente fiscal sólido y consolidado, unido a un Banco Central patrimonialmente rico y profesionalizado, una política cambiaria activa transitoria, para neutralizar corrientes externas perturbadoras para un país chico y abierto, tendrá plena cabida.

El Banco Central tendrá que capitalizarse. El Tesoro le entregará letras transferibles en dólares a cambio de los U$S 48.000 millones de letras intransferibles del tesoro que actualmente tiene el Banco en su Activo. Asimismo, el BCRA dejará de incrementar la cartera de LEBACs, ya que desplaza al sector privado del mercado crediticio.

Calidad institucional

Recuperar la calidad institucional es lo que más tiempo llevará, dado que implica modificar los valores que hoy imperan en la sociedad.

De todas maneras, el conjunto de la política económica debe apuntar, en los hechos y en el discurso, a cambiar la cultura de la dádiva, los subsidios y el proteccionismo por la cultura del trabajo, la competencia y el desarrollo de la capacidad de innovación de la gente. El gobierno no debe ser un mero seguidor de encuestas, sino que debe ser un genuino líder social. En las últimas ediciones del índice de Libertad Económica del Fraser Institute, Argentina se ubica entre los 10 países con menos libertad económica del mundo. Argentina no necesita retoques de política económica. Argentina necesita un cambio fundamental en su concepción de cuáles deben ser los principios económicos imperantes.

Se debe revertir la perniciosa consigna que los planes sociales (que han destruido la cultura del trabajo) son un derecho de la gente. En todo caso, serán una ayuda extraordinaria en una circunstancia particular. Lo que debe cambiarse es la concepción de que el vivir del fruto de trabajo ajeno es un derecho adquirido.

Mención especial merece que, en lo inmediato, también debe el Ejecutivo impulsar una política de transparencia denunciando todos los casos de corrupción y los abusos de poder. Es imposible pensar en el crecimiento de largo plazo si quienes cometieron delitos contra la hacienda pública y abusaron del poder no son sancionados con la mayor severidad. Por lo cual, el paso siguiente será la celeridad, eficacia y ecuanimidad del Poder Judicial, quien no debe hacerse el distraído antes casos de abuso de poder, corrupción, y avance sobre las instituciones republicanas. El rol institucional del Poder Judicial es proteger las instituciones republicanas, tarea en la que este poder tiene mucho por corregir y sentar ejemplo. Caso contrario se estaría enviando el mensaje que se puede ser corrupto y abusar del poder sin sufrir las consecuencias, aún a pesar de cambio sustancial de signo político que la sociedad votó. Por poco margen, es cierto, pero más de la mitad de los votantes pidió un cambio en este sentido. No se cambian los valores dejando pasar por alto la corrupción y el abuso de poder y, por lo tanto, no se mejora la calidad institucional que es la que atraerá inversiones. Avanzar sobre la república es un problema institucional, no un problema de la política.

Insistimos, sancionar con severidad los casos de corrupción y abuso de poder deben ser considerados parte de la política económica, dado que ayudan a reconstruir la calidad institucional que es la llave para atraer inversiones.

Un giro constructivo del castigo a la corrupción es la pérdida de la propiedad de los bienes y dinero obtenido en ocasión de un acto corrupto. Del mismo modo que un simple ladrón debe devolver lo robado, si lo tiene en su poder y su propietario original lo reclama, los fondos provenientes de la corrupción deben volver a un Fideicomiso para fomentar actividades de alto impacto social. Ese ejemplo valdrá más que mil palabras.

El corto y el largo plazo

Considerando que la economía se mueve por tres factores, a saber: 1) el consumo interno, 2) la inversión y 3) las exportaciones netas, el camino menos doloroso para que la población supere la herencia recibida del kirchnerismo pasa por bajar la tasa de inflación, ir a una libre flotación y permitir que el tipo de cambio alcance el nivel de mercado.

Con un tipo de cambio real más alto las exportaciones actuarán como el primer motor que pondrá en funcionamiento la economía y la sacará del actual proceso recesivo. Un proceso acelerado de inversión externa neta (de cartera y/o inversión externa directa); es decir, un brusco aumento del ingreso de capitales por las mejores expectativas que el mediano plazo argentino promete frente a una región y un mundo emergente complicados, puede actuar como depresor de tipo de cambio real. Ello encarecerá nuestra producción, en relación con la resto del mundo. Para ello, una política inteligente del Banco Central evitando lo que se conoce como enfermedad holandesa, será crucial.

Solucionar el problema energético de Argentina es esencial para evitar un efecto de cuello de botella en la recuperación económica del país. Si no hay oferta suficiente de energía para aumentar la producción, la recuperación no será posible o la misma será muy lenta. El problema energético requiere, sin embargo, de fuertes inversiones de largo plazo;lo que hace más urgente, aún, las reformas económicas e institucionales que se discuten en este texto.

En lo que hace a la obra pública, en vez que el estado tome deuda externa para realizar las obras, resulta más conveniente que se llame a licitación para la ampliación, construcción y mantenimiento de rutas e infraestructura en general con aportes de capital privado. En este caso, habrá que desistir de la habitual práctica de garantizar (con respaldo del estado) los pasivos financieros de los contratistas. Los avales caídos a cargo del estado tienen una larga y triste historia en el país.

Un flujo de inversiones importante en este rubro permitirá reconstruir la infraestructura del país en el mediano plazo y, en el corto, movilizar rápidamente la actividad económica.

Reforzando lo dicho anteriormente respecto del riesgo de sobrevaluación de la moneda local, será clave que, si ingresan capitales para invertir tanto en obra pública como en otros sectores, la economía esté totalmente abierta al comercio internacional y a los flujos financieros en ambos sentidos.

Vemos también que una suba del tipo de cambio puede cambiar el flujo del turismo, logrando aumentar el turismo receptivo.

La inversión será el segundo motor en movilizar la economía, pero para ello se requiere un plan económico global consistente, con una política tributaria amigable hacia la inversión y un cambio profundo en la legislación y en la política laborales. Si se pretende reducir la tasa de desocupación como primer paso hacia la eliminación de la pobreza, es indispensable facilitar las contrataciones de personas con cualquier tipo de capacitación en el mercado laboral.

Con décadas de preminencia de la negociación salarial en las cúpulas (de empleados y de patrones), basamento de la partidocracia totalitaria, estas modificaciones sustanciales serán delicadas, largas y, si no se explican bien sus beneficios, resistidas en casi toda la población.

Sólo luego de iniciar el ciclo virtuoso del crecimiento es posible pensar en que el consumo sea vigoroso, mientras tanto lo que puede lograrse es evitar que el consumo siga cayendo fruto la presión impositiva, la falta de inversiones y la inflación como consecuencia del desequilibrio fiscal.

En síntesis, la visión de largo plazo de la política económica debe ser la de crecer con fuertes inversiones incorporando y abriendo la economía argentina al mundo, mediante todos los acuerdos de libre comercio que seamos capaces de firmar. Hay que ver el mundo como lo que es: una oportunidad; no una amenaza. La propuesta marketinera de hacer de Argentina el “supermercado” del Mundo (como superadora de ser “el granero del mundo”) tiene raíces profundas en este razonamiento. Argentina debe renunciar a la concepción tan arraigada de sustitución de importaciones y proteccionismo para incorporarse a un mundo globalizado y recibir los beneficios de la división internacional del trabajo.

La visión económica de largo plazo tiene que estar basada en que las empresas obtengan sus utilidades satisfaciendo las necesidades de los consumidores, dentro de reglas de juego que maximicen la competencia en todos los mercados, en vez del actual esquema que se basa en buscar el favor del funcionario de turno para no competir, aprisionando a los consumidores en un mercado cautivo.

El gobierno debe marcar el rumbo en el cual los subsidios no deben ser duraderos y que se debe volver a la cultura del trabajo. Un año 2017 con menos feriados inventados (puente, fechas corridas, conmemoraciones absurdas) será una señal poderosa.

En lo inmediato, es fundamental comenzar a poner orden fiscal bajando el gasto público mediante la reconfiguración estructural de las funciones del estado y su relación con los particulares y re-escribiendo el sistema tributario, empezando a incorporar el low flat tax en lugar de la intransitable y asfixiante maraña actual. Esta es la única manera de lograr disciplina fiscal para tener disciplina monetaria e ir bajando la tasa de inflación.

El anuncio de un plan económico global y el inicio de su aplicación atraerán las inversiones que junto con las exportaciones permitirán en una senda de crecimiento sostenido para ir bajando la desocupación y la pobreza, no con paliativos o soluciones que no emancipan a los menos favorecidos sino con trabajo formal, digno y bien remunerado. Objetivo que, en última instancia deber ser el fin de toda política económica: que todas las familias vivan mejor materialmente.

Firman: Agustín Monteverde, Héctor Mario Rodríguez, Nicolás Cachanosky, Roberto Cachanosky

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Gustavo Lazzari: “El Gobierno va a intentar una buena gestión de un mal modelo”

Entrevista a Gustavo Lazzari. Publicado el 11/4/16 en: http://www.eltribuno.info/gustavo-lazzari-el-gobierno-va-intentar-una-buena-gestion-un-mal-modelo-n699092

 

Organizado por la fundación Federalismo y Libertad y con la disertación del economista Gustavo Lazzari, se dictó un taller el viernes y sábado pasado en el que se analizó la situación económica actual a la luz de las similitudes y diferencias del contexto actual con la crisis del 2001.
El Tribuno dialogó con Lazzari, quien dio sus perspectivas sobre la coyuntura tan especial que atraviesa el país.
Usted aborda su charla a partir de la comparación entre la crisis del 2001 y la actual. ¿Cómo analiza la situación?
Yo creo que hay más diferencias que similitudes.
Después del 2001 hubo un consenso social para que haya más participación del Estado en la economía, en tanto que en la última votación lo que se eligió es ir a “más mercado”. Además, con respecto al default, el 2001 marcó el inicio y 2016 se dará previsiblemente el fin del default.
En el fondo la gente percibe que hay un cambio de paradigma, un cambio de ciclo.
¿Qué opina de las expectativas de inflación que plantea el Gobierno?
No comparto el esquema que tiene el Gobierno. Me parece una meta poco ambiciosa para el principal problema que tenemos, que es la inflación. Para mí, plantear dentro de cuatro años una inflación a un dígito (que podría ser el 8 o el 9 por ciento), que es cuatro veces la internacional (que es 2%) es un error. El Gobierno debió haber anunciado una expectativa de tasa de inflación mucho más baja y haber hecho el esfuerzo fiscal correspondiente.

¿Más ajuste?
No me gusta la palabra ajuste, porque ajuste es lo mismo pero más chiquito. Me interesa lo que es la reestructuración. Para mí habría que privatizar. Por ejemplo Futbol para Todos, o en Centro Cultural Kirchner y también Tecnópolis.
No hay que tener miedo. El problema es el “focus group” que no lo acepta. El problema es que la sociedad pide “populismo bueno”. Es decir, populismo no corrupto y el problema es el populismo.
La administración racional del populismo no es una vía. Es un error y todo viene del kirchnerismo, que nos rompió los conceptos.
¿Qué se viene para los argentinos desde su perspectiva?
Esperemos que el Gobierno termine de sacar la basura debajo de la alfombra y la ponga sobre la mesa.
De aquí a fin de año, espero que estabilicen la tasa de inflación. No creo que lleguen a la tasa de inflación que anunciaron para este año (que es del 25%), pero que se note la desaceleración. Y que los acuerdos salariales permitan a la gente compensar el tarifazo.
En el mediano plazo creo que lo que va a venir es el intento de hacer una buena gestión de un mal modelo. Que creo que puede funcionar… El mundo empuja… Puede ser un bálsamo durante algunos años.
Yo por mi parte deseo otra cosa. Creo que se debería hacer una reestructuración seria y creo que el argentino debería autorizar a los políticos a hacer una reestructuración seria del concepto de gasto público y fundamentalmente los impuestos.
Los impuestos están postergando al interior. Salta, por ejemplo, está postergada por los impuestos que legisla la capital y no le permite a la provincia crecer.
En EEUU cada estado pone sus impuestos y así, los estados más pobres ponen impuestos más bajos para atraer gente e inversiones.
En Argentina la tasa se fija en el conurbano bonaerense y Salta no puede competir, por ejemplo, para atraer una inversión si el mercado está en Buenos Aires.
El problema de fondo es que la estructura impositiva está empobreciendo al interior. Es el antifederalismo.

¿Cómo ve a los empresarios nacionales frente a este escenario?
Hay un freno empresario porque todavía no conocemos el rumbo. Una cosa es ordenar la casa. Otra es qué casa querés. El Gobierno todavía no está aclarando su plan económico.
Y las inversiones de los que tienen la plata en el colchón son fundamentales porque el primer que invierte es el de la pyme (pequeña y mediana empresa). La gran inversión siempre tarda más porque depende de algunas decisiones de política económica y no cuenta con la urgencia de la pyme. A las pymes hay que darles una mano con los bancos, hay que sacarles los palos de la rueda y responden rápidamente.
El Gobierno debería anunciar urgente un plan de obras, además del plan Belgrano, porque Argentina tiene toda la infraestructura rota, no solo el norte.
Y un plan que dé la sensación a los empresarios, grandes, medianos y pequeños, de que el costo argentino va a bajar. En definitiva, que haya reglas claras, que no haya que custodiar todos los camiones, que no hace falta que las provincias cobren impuestos descabellados, etc… Esas señales van a hacer que la inversión comience inmediatamente.

¿Como afecta el entorno mundial en la posibilidad de que lleguen inversiones extranjeras?
Muchos hablan de crisis como si el mundo se estuviera cayendo a pedazos, y es un error de concepto gravísimo. Macri recibe el mundo más real, el mundo real no tiene la soja a 600 dólares el kilo como el kirchnerismo.
Ya no tenemos un mundo que nos pague la soja a un precio que nos permita transportarla en camión desde el interior hasta el puerto de Buenos Aires. Pero falta hacer el tren o la hidrovía que abarate los costos. El problema es que la plata en vez de usarla para infraestructura se usó para el Futbol para Todos. Pero aquí lo que importa es que Argentina genere las condiciones para que sea redituable exportar.
Y es verdad que Brasil, Rusia y China, tres clientes importantes, están en crisis o desacelerándose, lo que nos afecta. Pero el mundo son 225 países y Argentina participa de menos del 0,4 por ciento de las exportaciones mundiales. Esto indica que hay mucho mercado para crecer. El 65 por ciento del mundo creció el año pasado al 3 por ciento. Si cada uno de esos países consumiera una chuleta de cerdo o un bife de asado, tendríamos que multiplicar por tres la producción vacuna y por veinte la producción de cerdo.
¿Qué quiere decir esto?
Somos nosotros los que no hemos salido a vender.
¿Cómo evalúa la situación del impuesto a las ganancias?
A mí no me gustó nada. El Gobierno prometió una cosa e hizo otra y quedó todo a medias, producto de la urgencia de hacer algo con ese impuesto y al mismo tiempo de la urgencia fiscal que tiene el Gobierno.
Hay medidas económicas que más allá de los números se tienen que anunciar conceptos. En este caso sería que “ganancias está mal y hay que sacarlo. Si no se puede este año será el 2017”. Pero aquí no quedó claro eso y hubo una gran confusión. Y lo peor que le puede pasar a la actual administración es que quede como un kirchnerismo moderado.

 

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Fue Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.

Administrar la escasez, el dilema del Gobierno

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 9/1/14 en:   http://www.lanacion.com.ar/1654141-administrar-la-escasez-el-dilema-del-gobierno

A lo largo de esta década, ante los problemas que se le presentaban, el kirchnerismo y ahora el cristinismo, nunca rectificó el rumbo. Por el contrario, siempre redobló la apuesta.

El gran interrogante es si, ante una situación inédita para el cristinismo, como es el de tener que administrar la escasez, es posible la estrategia de redoblar la apuesta. Dicho de otra manera, el oficialismo solo sabe manejarse en la abundancia de recursos para hacer populismo, pero no sabe administrar un país con escasez de recursos. Su política es la del despilfarro de recursos para hacer populismo, no la de establecer un contexto económico institucional que genere riqueza, por el cual la prosperidad de la gente se produzca a través de un círculo virtuoso de más inversiones, más puestos de trabajo, mayor productividad, mejores salarios reales y más consumo. Todo ese proceso se lo saltearon en todos estos años y fueron directamente a un nivel artificial de consumo que hoy no pueden recuperar por más que redoblen la apuesta.

Veamos, entre 2002 y 2013, la recaudación impositiva a nivel nacional aumentó el 1600%. Contra una inflación real del orden del 620%, los ingresos tributarios superaron en 1000 puntos porcentuales la inflación. Y a pesar de esa fenomenal carga tributaria, el déficit fiscal se dispara. Basta con ver los adelantos transitorios del Banco Central al tesoro en diciembre, que aumentaron casi en $ 25.000 millones respecto a noviembre, para advertir el fenomenal problema fiscal que mostrarán los números del tesoro en diciembre. El dato a tener en cuenta es que la recaudación crece en términos nominales por debajo de la tasa de inflación, si por el otro lado el gasto sigue subiendo por encima de la tasa de inflación el problema fiscal será cada vez más grave.

¿Opciones para redoblar la apuesta y no tocar el gasto? Por el lado de la presión impositiva no lo veo. Puede intentarlo, pero ya está en un punto en el que la economía está estancada o en recesión dependiendo de los sectores. Si no se genera riqueza no hay impuesto que pueda recaudar (recordar la curva de Laffer). Cobrar impuestos sobre el aire es recaudar cero.

El acceso al crédito externo está cerrado o a tasas descomunales. Otra puerta cerrada, salvo que estén dispuestos a solucionar las deudas pendientes (Club de París, holdouts, etcétera) y blanquear los datos del Indec. El crédito interno es escaso porque no destruyeron el mercado de capitales.

Pueden acelerar el ritmo de expansión monetaria, pero la inflación se les disparará aún más de lo que se ha disparado hasta ahora con el consiguiente malestar social. No olvidemos que la gente elude el impuesto inflacionario o, si se prefiere, hay huida del peso.

Una cuarta opción es consumir más stock de capital. El problema es que eso ya lo hicieron gracias al stock de capital que heredaron en los 90. Los cortes de luz tienen que ver con ese consumo de stock de capital para financiar tarifas artificialmente bajas, así como las tragedias ferroviarias responden a pésimas condiciones de mantenimiento. Consumir más stock de capital significa, por ejemplo, dejar sin luz a mucha más gente o más tragedias ferroviarias. Salvo las escasas reservas que tiene el Central, no les queda mucho stock de capital para financiar el gasto.

Solo podrían redoblar la apuesta haciendo alguna confiscación grosera, y tendría que ser sobre activos o flujos líquidos, lo cual les generaría más problemas económicos que soluciones, sin imaginar la conflictividad social que se dispararía.

Me parece que el Gobierno no tiene margen para doblar la apuesta en materia de política económica porque, como decía antes, solo sabe dilapidar recursos, no administrar en la escasez.

Para mantener este populismo de consumo artificial hay que tener recursos o buscarlos donde sea redoblando la apuesta, y este es el drama del Gobierno. No queda mucho espacio para redoblar la apuesta en materia de recursos económicos. Su drama es que salvo gastar, otra cosa no saben hacer. Y ya no hay mucho más para gastar y seguir la fiesta de consumo.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.