Desigualdad: ¿de ingresos, de riqueza o de consumo? El caso de España. Instituto Juan de Mariana

Por Martín Krause. Publicada el 27/1/16 en: http://bazar.ufm.edu/desigualdad-de-ingresos-de-riqueza-o-de-consumo-el-caso-de-espana-instituto-juan-de-mariana/

 

Muy interesante estudio de Ignacio Moncada y Juan Ramón Rallo sobre la desigualdad en España, publicado por el Instituto Juan de Mariana:

España es uno de los países con menor desigualdad real de Europa

Madrid, 25 de enero de 2016.-

  • La desigualdad de la riqueza en España está entre las más bajas del mundo
  • La desigualdad de la renta en nuestro país se halla en la media europea, una vez se corrigen los sesgos del indicador
  • El aumento de la desigualdad experimentado durante la crisis se debe esencialmente al desempleo, no a las diferencias salariales
  • La desigualdad del bienestar real de los españoles se ubica entre las más reducidas de Europa.

La creciente desigualdad entre los españoles se ha convertido en una de las mayores obsesiones de los partidos políticos, y en uno de los indicadores preferidos por los medios de comunicación para ilustrar las devastadoras secuelas de la crisis. La tesis socialmente más extendida es que España es uno de los países más desiguales de Europa y que esta expansiva desigualdad se debe al recorte de los salarios de las clases medias, dirigido a engrosar los sueldos de los altos directivos y los beneficios de las grandes empresas.

Sin embargo, tal como demuestra el Instituto Juan de Mariana en el informe de su nueva colección de ‘Mitos y Realidades’, La desigualdad en España: ¿Realmente es España uno de los países más desiguales de Europa?, esta narración constituye un relato tergiversado e ideologizado de la realidad social y económica de nuestro país. Y es que, al contrario de lo que suele afirmarse, una lectura pormenorizada y rigurosa de las evidencias disponibles nos indica que España se halla entre las sociedades más igualitarias del mundo.

Así, el informe redactado por Ignacio Moncada y Juan Ramón Rallo permite dar respuesta a los siguientes cinco mitos sobre la desigualdad en España:

Mito 1: España es uno de los países de Europa con mayor desigualdad en la riqueza.

La realidad es que España es uno de los países de Europa con menor desigualdad de riqueza. El índice Gini de riqueza (2015) para España es 0,67, uno de los menores de Europa junto con Bélgica (0,63) e Italia (0,67), y muy lejos de los países europeos con mayor desigualdad en la riqueza como son Dinamarca (0,89), Suecia (0,81), Austria (0,78) o Alemania (0,78). A las mismas conclusiones se llega si se analizan otras métricas habituales para medir la desigualdad de riqueza, como el porcentaje de riqueza en manos del 10% más rico del país o la ratio de la riqueza del 20% más rico frente al 80% menos rico. El motivo principal por el que España es uno de los países más igualitarios en riqueza es que la propiedad inmobiliaria está más extendida que en la mayoría de los países europeos.

Además, en el informe se analiza el hecho de que las mediciones habituales de distribución de la riqueza, por diversos motivos, no contabilizan algunos de los activos más importantes de la sociedad y ello introduce un importante sesgo al alza en los resultados de desigualdad. Los principales son el valor capitalizado de las pensiones públicas, el valor actual de seguros y servicios estatales (sanidad, desempleo y otras rentas o servicios) y el valor del capital humano. La contabilización de estos activos mostraría que la desigualdad en la riqueza en la realidad es sustancialmente menor de lo que las métricas muestran.

Mito 2: Determinar los niveles de desigualdad de renta es relativamente sencillo y los resultados son indiscutibles: España está a la cabeza de la desigualdad en Europa.

En materia de renta, las mediciones habituales sí parecen indicar que España se encuentra entre los países con mayor desigualdad en la distribución de la renta. Por ejemplo, el índice Gini de la renta (2013) para España es de 0,34, mayor que la media de la Unión Europea (0,31) y lejos de los países más igualitarios en renta como Suecia, Holanda o Finlandia (los tres en torno a 0,25). Sin embargo, esta medición es incompleta, pues se basa en rentas estrictamente monetarias. Si se le añade el valor de los alquileres imputados, el índice Gini de la renta de España (0,297) cae a niveles intermedios de desigualdad en el contexto europeo, comparable a los de Alemania (0,288) o Italia (0,291), e incluso inferior al de Francia (0,298). Además, de acuerdo con un estudio de la OCDE, si también incluyéramos otras rentas en especie que no se contabilizan en las mediciones, como servicios sanitarios, educativos o de vivienda social proporcionados por las Administraciones Públicas, el índice Gini para España se reduciría en torno a un 20%, una reducción en la media de la Unión Europea. La conclusión es que la desigualdad de la renta real en España, si bien no es de las menores de Europa, sí es sustancialmente menor de lo que se suele expresar una vez tenemos en cuenta rentas en especie como los alquileres imputados y servicios públicos no contabilizados. Estos matices proporcionan una visión más completa de la desigualdad real de la renta en España.

Mito 3: Los causantes principales de las desigualdades en la distribución de la renta en España son las abultadas rentas del capital y la desigualdad salarial.

Adicionalmente, el informe muestra que la principal causa de desigualdad en la renta para el caso español no son las diferencias salariales ni los rendimientos del capital, sino la extraordinariamente elevada tasa de desempleo. Por consiguiente, la forma de evitar que las desigualdades sigan aumentando es acelerando la creación de empleo y, para ello, nada mejor que aliviar los impuestos y las trabas administrativas que sufren autónomos y empresarios para generar riqueza y contratar. La solución no pasa por una mayor redistribución de la renta desde el Estado, sino por facilitar el crecimiento económico.

Mito 4: España es uno de los países de Europa con mayor desigualdad en el bienestar real de su población.

Múltiples autores afirman que la forma más adecuada de medir el bienestar real de la población no es midiendo la desigualdad de la renta sino la del consumo. El análisis de los datos de la desigualdad en el consumo arroja una conclusión clara: España se encuentra entre los países europeos con una menor desigualdad en el consumo. El índice Gini de consumo (2010) es de 0,22 para España, al nivel de Suecia o Bélgica (0,22 en ambos casos), y por debajo de países como Dinamarca (0,23), Francia (0,23), Italia (0,26) o Alemania (0,27). Similares resultados se obtienen al analizar la ratio entre el consumo del 20% de la población que más consume y el 20% que menos. Además, las métricas de consumo también omiten partidas que sesgan al alza los resultados de desigualdad, como el consumo de servicios sanitarios o educativos que la población.

Mito 5: España es uno de los países de Europa con menor movilidad social.

La realidad es que España figura como un país con una movilidad social intermedia en el contexto europeo, por encima de países como Alemania, Francia, Italia o Reino Unido, como muestran las medidas de elasticidad intergeneracional. La movilidad social hace que la desigualdad de la renta tienda a difuminarse entre generaciones. Por tanto, la desigualdad de renta de España, incluso teniendo en cuenta los matices anteriores, se diluye a un ritmo mayor que en los principales países de Europa.

En conclusión, España es uno de los países de Europa con menor desigualdad en la riqueza y en el consumo; además, es un país con una desigualdad de la renta intermedia en el contexto europeo si tenemos en cuenta el valor de los alquileres imputados y la movilidad social.

Recursos adicionales:

  • Descargar completo el informe en este enlace.
  • Descargar la nota de prensa completa en pdf.

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Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Sudáfrica, en manos del partido de Mandela

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 14/5/14 en http://www.lanacion.com.ar/1690204-sudafrica-en-manos-del-partido-de-mandela

El crecimiento económico y social de Sudáfrica -una de las potencias emergentes- está hoy lejos de ser lo que el país necesita. Contra un promedio del 6,5% del PBI, al que están creciendo las economías subsaharianas, Sudáfrica crece tan sólo al 2,3%. Un ritmo demasiado lento para poder atender las expectativas postergadas de la gente.

La moneda sudafricana se devalúa. La actividad económica del país está empantanada. El importante sector extractivo está azotado por una huelga dura de los mineros de platino, que lleva ya cuatro meses sin encontrar una solución. Por esto se la tiene como la que más daño ha hecho a la economía de Sudáfrica en, quizás, toda la historia. Para las empresas productoras de platino, la pérdida se calcula en unos 1400 millones de dólares. Para los trabajadores, los salarios no percibidos representan el orden de los 750 millones de dólares. Para el país todo, una pérdida de ingresos por exportaciones muy significativa. Por ello, todos pierden en ese conflicto, queda visto. No obstante, el tiempo pasa y la contienda continúa. Como si nadie pudiera arbitrar las diferencias y permitir el pronto regreso a la normalidad.

Para hacer el ambiente sudafricano de desaliento aún más perceptible, la caótica Nigeria -cuya población triplica a la sudafricana- acaba de autoproclamarse como la economía más importante de toda África, desplazando a Sudáfrica de ese lugar.

En ese bastante pantanoso escenario, acaban de realizarse las elecciones nacionales sudafricanas. Pese a todo, el partido de Nelson Mandela -el Congreso Nacional Africano (CNA)- obtuvo una victoria clara. Resonante. Con una amplitud incuestionable, que permitirá al actual presidente, Jacob Zuma, obtener la reelección que ambiciona. Un segundo mandato, entonces.

Para el CNA, esta es la quinta presidencia consecutiva de Sudáfrica. Para Zuma, es el último mandato posible bajo el actual esquema constitucional sudafricano. Asumirá el próximo 21 de mayo, cuando la Asamblea de su país, con su nueva conformación, lo consagre formalmente como presidente.

Esto ocurre 20 años después de que el fallecido y recordado Mandela -al que los sudafricanos se refieren cariñosamente como “Madiba”- desterrado que fuera el odioso “apartheid”, alcanzara la presidencia de su país. Desde entonces Sudáfrica, en los hechos, ha sido gobernada por un único partido: el CNA, al que deben atribuirse los logros y los fracasos.

Zuma, a los 72 años, obtuvo esta vez el 62,15 % de los votos. Esto es una clara demostración de confianza de su electorado, que lo tuvo como la mejor opción en la contienda electoral. O la única. Hablamos de la amplia mayoría del 73% de los sudafricanos que votaron entre todos los que estaban en condiciones de sufragar.

De esta manera, el CNA obtuvo 249 de los 400 escaños parlamentarios en juego. Una mayoría amplia. Neta. Indiscutible. Como ha sido -reitero- una constante en las últimas dos décadas. Aunque en la última elección el CNA, es cierto, había logrado el 65,9% de los votos y obtenido 264 bancas. Hay algún deterioro, pero no irreversible.

En la oposición, la Alianza Democrática, el partido que gobierna la provincia del Cabo Occidental, al que recientemente se ha unido alguna parte de la nueva elite empresaria sudafricana de color, mejoró bastante su participación. Ahora con el 22,23% de los votos se aseguró 89 bancas. Antes de la reciente elección, el principal partido de oposición tenía tan sólo 67 escaños. Hoy se acerca a obtener la cuarta parte de los votos totales. Paso a paso. Con ritmo. Ocurre que sus resultados mejoraron, claramente, en la populosa provincia de Gauteng, la que tiene el mayor número de votantes de todas.

A su vez, los izquierdistas radicales del Partido de los Combatientes por la Libertad Económica, encabezados por el populista Julius Malema, el controvertido ex jefe de la juventud del CNA -que terminara siendo expulsado de esa agrupación y que ahora encabeza el referido partido minoritario que propugna nacionalizar de las minas y los bancos- se aseguraron el 6,35% de los votos. Algo más de lo esperado. Pero por ahora, un participante marginal.

El partido más pequeño, el Agang, liderado por una respetada mujer de color de tendencia algo más conservadora, que alguna vez fuera directora del Banco Mundial, Mamphela Ramphele, desencantó. Apenas logró dos bancas. El fallido coqueteo mantenido por Ramphele con la Alianza Democrática le hizo evidentemente daño. Pero ella sigue en política y es ciertamente una alternativa bien interesante para el futuro del país.

De poco sirvieron para perjudicar a Zuma las acusaciones de haber gastado nada menos que 23 millones de dólares de fondos públicos en la refacción y mejora de su propia residencia personal. Y de haber utilizado aviones militares para transportar invitados a una fiesta de casamiento. Tampoco influyó el halo general de corrupción e ineficiencia que desde hace rato flota sobre su administración.

Salvo un episodio aislado, en Alexandra, un suburbio de Johannesburg, las elecciones sudafricanas fueron ordenadas, normales y tranquilas. Sin irregularidades de significación.

Esta fue la primera vez que más de medio millón de sudafricanos que nunca, por edad, vivieron bajo el apartheid, votaron. Para ellos, que nacieron en libertad, ese largo y deplorable drama es sólo historia. Dura. Pero no parte de su propia vida.

Se espera ahora una convocatoria a conformar un gabinete de tecnócratas que ponga en vigor un clima de negocios más atractivo para las empresas, de modo de reactivar e impulsar a la economía y de tratar de bajar la altísima tasa de desempleo, que está en el 25%. Todo ello mientras los programas sociales se mantienen.

Para observar con atención estará el desempeño del compañero de fórmula de Zuma, su vicepresidente, Cyril Ramaphosa, un exitoso empresario de color que, de pronto, podría (según creen muchos) transformarse en el sucesor de Zuma. Es su delfín. Los empresarios confían en él. Es un buen negociador. Y es astuto. Gozó de toda la confianza de Mandela, pero en lugar de seguir en la política, en su momento decidió hacer dinero, con laureles. Hoy, de regreso al escenario grande de la política, habrá que ver cómo Ramaphosa maniobra de cara al futuro y qué posibilidades y alternativas comienza a enhebrar de aquí en más.

Para Sudáfrica, después de la elección, aparentemente más de lo mismo. Pero con la urgente necesidad de alcanzar un ritmo de crecimiento más adecuado. Si esto no se logra, la aparición de alternativas políticas al CNA será presumiblemente más rápida y hasta en el interior del partido de gobierno las pulseadas y fricciones -todavía relativamente sordas- pueden subir rápidamente de tono.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.