Diferencias y similitudes entre la inflación M y la inflación K

Por Iván Carrino. Publicado el 25/4/18 en: http://www.ivancarrino.com/diferencias-y-similitudes-entre-la-inflacion-m-y-la-inflacion-k/

 

En lo cuantitativo, la inflación de hoy es similar a la de CFK, pero cualitativamente la cosa es muy diferente.

La inflación es un fenómeno monetario. Cuando el dinero es excesivamente abundante, su valor cae, y eso se ve reflejado en el aumento de todos los precios de la economía.

En Argentina hace 10 años que tenemos una inflación promedio del 27%, ocupando los primeros puestos del mundo en este ranking de mala gestión monetaria.

Según datos privados, los precios subieron en 2015 alrededor de 27% y promediaron, en los dos mandatos de Cristina Fernández de Kirchner, una suba de 25,2% anual.

De acuerdo con datos oficiales, la inflación cerró en 24,8% el año pasado y durante el primer trimestre de este año el dato anualizado es 29,6%. Es decir que durante la gestión de Mauricio Macri –para quien la inflación no iba a ser un tema durante su gobierno- los datos referentes al ritmo de aumento de precios no distan demasiado de los del gobierno de CFK.

Tomando esta realidad como referencia, muchos igualan ambas situaciones, y sostienen que tras todos los cambios introducidos, nada relevante ha pasado con el crucial tema de la inflación.

Similitud cuantitativa, diferencia cualitativa

Ahora si bien al mirar los números, la situación parece similar, lo cierto es que en el aspecto cualitativo, el cambio es significativo.

Es que con CFK prevalecía el modelo chavista de administración económica. Es decir, se emitían billetes para financiar el déficit fiscal, y luego se buscaba reprimir las consecuencias controlando todos los precios de la economía.

Durante la gestión anterior prevaleció el cepo cambiario, un clásico control administrativo del tipo de cambio, que busca regular el precio de todos los bienes y servicios relacionados con el dólar. Además, existía una extendida red de “Precios Cuidados”, los precios de las naftas estaban controlados, y las tarifas de servicios públicos (agua, gas, luz, transporte), se mantuvieron prácticamente congeladas.

Por último, también se cobraban retenciones a las exportaciones, buscando divorciar los precios internos de los internacionales.

Este sistema de controles fue lo que el economista alemán Wilhelm Röpke denominó “inflación reprimida”. Para Röpke, la inflación reprimida “consiste fundamentalmente en que un gobierno promueve la inflación, prohibiendo más tarde, sin embargo, su influencia sobre los precios y los tipos de cambio, sustituyendo las funciones ordenadora e impulsora de los precios por el bien conocido sistema de la economía de tiempo de guerra, consistente en el racionamiento a precios controlados”.

Según el alemán, a quien muchos consideran autor intelectual de la reforma monetaria y la casi total liberación de los precios que llevó a Alemania al “milagro alemán” de la posguerra, “la inflación reprimida es aún peor que la abierta, ya que el dinero acaba por perder, no sólo la función de ordenar el proceso económico actuando como medio de cambio y unidad de cuenta, sino también la no menos importante de estimular la óptima producción de bienes y su distribución al mercado”.

En esto también coincidían dos destacados Premios Nobel de economía. Friedrich A. Hayek consideraba que “la inflación abierta es suficientemente mala. Pero la inflación reprimida por los controles es incluso peor: es el verdadero ocaso de la economía de mercado”. Milton Friedman, por su lado, afirmaba que “la inflación libre es perniciosa, pero la inflación suprimida es peor: el intento de supresión impide que obre el sistema de precios”.

Para resumir,  si bien existe hoy una inflación tan alta como la que prevalecía durante el kirchnerismo, el sistema de precios opera con mucha mayor libertad que antes, con los beneficios que esto implica.

El corto plazo y el futuro de la inflación

Los precios libres son absolutamente indispensables para tener una economía de mercado vibrante. Sin embargo, su liberación a corto plazo suele terminar impactando en los índices con los cuales los estadísticos miden la inflación.

Como se observa en el gráfico de más abajo, al tomar el promedio móvil de tres meses de la inflación mensual en la Ciudad de Buenos Aires, se observa que durante los primeros trimestres de 2016, 2017 y 2018, los precios regulados suben mucho más que la inflación general, impulsando a ésta al alza.

(Nótese la diferencia de valores entre la línea punteada, cuya referencia está en el eje izquierdo, y la línea negra sólida, cuya referencia se encuentra en el eje derecho).

Gráfico 1. Inflación CABA, precios regulados e IPC General.

infla k y m

Fuente: ICYA en base a Estadísticas CABA.

A largo plazo, lo único que determina la inflación es el exceso en la cantidad de dinero. Sin embargo, los ajustes de algunos precios puntuales tienen un efecto de corto plazo que no debería ignorarse.

Ahora bien, si la suba transitoria de la inflación que estos ajustes generan, es el costo que tenemos que pagar para que el sistema funcione mejor, bienvenido sea.

Por último, es obvio que necesitamos una política monetaria más agresiva,  porque los registros inflacionarios siguen muy lejos de las metas. Pero reconozcamos también que la “inflación M” es muy diferente de la “inflación K”.

La estrategia antiinflacionaria del kirchnerismo ignoraba las causas de la inflación y solo buscaba torpemente controlar sus consecuencias.

La estrategia de Cambiemos busca –aunque imperfectamente hasta el momento- corregir las causas de la inflación, pero liberando precios, algo que cualquier defensor de una economía sana debería aplaudir.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Tres motivos por los que no baja la inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 17/1/18 en: http://www.ivancarrino.com/tres-motivos-por-los-que-no-baja-la-inflacion/

 

Tres razones por las que el BCRA no cumplió su meta en 2017

El jueves de la semana pasada, el Instituto oficial de estadísticas de Argentina presentó los números de inflación del mes de diciembre. Los precios, medidos por el índice general, subieron 3,1% mensual, llevando el aumento anual al 24,8%.

Si se compara el dato de 2017 contra el de 2016, la reducción de la inflación fue significativa. Además, se trató del registro anual más bajo desde el año 2011. Sin embargo, comparado con el objetivo buscado por el Banco Central (entre 12 y 17% anual), el dato fue más que pobre.

A raíz de esto, surge la pregunta acerca de qué pasó.

Así que a continuación encontrarás los tres motivos por los cuales la inflación no bajó tanto que se esperaba.

Motivo 1) Con este esquema monetario, bajar la inflación lleva tiempo.

A pesar de que el sistema de “Metas de Inflación” se utiliza con éxito en alrededor de 30 países en el mundo, algunos analistas venían comentando que para reducir la inflación desde niveles tan altos, el método no estaba del todo probado.

No estoy de acuerdo con esa posición. Las metas de inflación son solamente el reflejo de un Banco Central cuyo objetivo es reducir la inflación. Y cuando los bancos centrales quieren bajar la inflación, tarde o temprano lo hacen.

Lo que sí admito es que, con metas de inflación y tasa de interés, la reducción puede no ser tan rápida. En el caso de Chile, por ejemplo, después de 1990, la inflación tardó 7 años en llegar al orden del 5% anual. En Colombia e Israel llevó 11 años. En México, 6.

Uno podría preguntarse por qué lleva tanto tiempo si, por ejemplo, durante los primeros años de la convertibilidad en Argentina, la inflación se redujo tan suculentamente, y pasamos de 84% (diciembre 1991) a 7% (diciembre 1993) en dos años, para luego tener estabilidad  por otros siete.

La respuesta es que parecería que, al menos a corto plazo, el tipo de cambio fijo es más eficaz para controlar los precios que cualquier otro esquema. Eso no es algo propio del sur de América o de Argentina. Lo mismo sucedió en el mismísimo Estados Unidos.

Cuando los norteamericanos abandonaron el Patrón Oro (que era, en términos prácticos, un tipo de cambio fijo con el metal precioso), la inflación se descontroló.

p.oro

En los 10 años anteriores a la salida del Patrón Oro, Estados Unidos tuvo una inflación promedio del 3% anual. Después del cierre de “la ventana del oro”, la inflación más que se duplicó, promediando un 8,3% anual para los 10 años siguientes, a pesar de la misión declarada de la Fed de vigilar la estabilidad de los precios.

Motivo 2) El Banco Central jugó para Cambiemos en las elecciones legislativas.

Si bien el Banco Central es independiente, uno no puede desconocer que hasta hace poco tiempo, el presidente de dicha institución en Argentina era un miembro más del partido político que hoy gobierna. Esto podría significar que, de tener que elegir entre bajar la inflación y que su partido gane las elecciones, opte por lo segundo.

Así, para favorecer al gobierno en las elecciones legislativas de octubre, es probable que el Banco Central pospusiera los aumentos de tasas de interés, resultando en una política monetaria demasiado expansiva.

Entre abril y septiembre, la tasa de interés de la política monetaria se mantuvo congelada. En todos esos meses, la inflación núcleo anualizada superó a la meta de inflación.

¿Por qué, teniendo una inflación por encima del objetivo por 6 meses consecutivos, el BCRA no subió la tasa?

Las elecciones legislativas son la explicación más razonable que encuentro. Para asegurar la elección de Cambiemos, el BCRA mantuvo una política monetaria más expansiva de lo requerido, frustrando el cumplimiento del objetivo de inflación.

Motivo 3) El necesario ajuste de las tarifas de servicios públicos

El último factor que complica las metas de inflación es el marcado incremento de los precios regulados. Es que en este marco de buscada “desinflación”, el gobierno debe reconocer precios que están totalmente atrasados. La parcial liberación de precios regulados impulsa al alza (a corto plazo) los índices con los cuales medimos la inflación, llevándola por encima de lo buscado por el Banco Central.

En 2017,  los precios regulados de la economía argentina avanzaron 38,7%, mientras que la inflación núcleo, que excluye a éstos y a los precios estacionales, avanzó solamente 21,1%.

Producto del peso que cada rubro tiene en el índice general, se puede decir que de los 24,8 puntos que acumuló la inflación del año pasado, 9,1 se debieron al ajuste de tarifas.

Llevando este análisis al extremo, si los precios regulados no se hubiesen movido,  la inflación anual habría cerrado en 15,7%.

Obviamente, de ninguna manera este debe ser el camino a seguir. De hecho, cuantos más precios se liberen, mejor será a largo plazo, pero en el corto esto implicará un desafío mayor para bajar la inflación.

En conclusión, el último motivo por el cual la inflación no baja como se desea es que los tarifazos generan una dicotomía: o el Banco Central se pone mucho más agresivo en su política monetaria, o no se cumple la meta establecida. Claramente, en 2017 triunfó la segunda alternativa.

Mirando a 2018, vemos un sistema de metas de inflación que seguirá vigente (aunque con una meta más laxa –ya que pasó del 10% al 15%), nuevos ajustes en los precios regulados, y un escenario sin elecciones de ningún tipo.

En cualquier caso, la lección a aprender es que la política monetaria deberá ser todo lo contractiva que haga falta para cumplir los objetivos de este año. Esperemos que las autoridades estén a la altura.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Como salir del cepo sin morir en el intento

Por Aldo Abram: Publicado el 8/12/15 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2015/12/08/como-salir-del-cepo-sin-morir-en-el-intento/

 

Hay una gran preocupación por el impacto inflacionario que puede llegar a tener la normalización del mercado cambiario. Sin embargo, más allá de alguna aceleración inicial, lo que suceda a lo largo de 2016 dependerá de lo que haga el Banco Central.

En primer lugar cabe aclarar que es un error hablar de devaluación. El peso ya se devaluó (perder valor) durante estos años de control de cambio; pero, con el cepo, el Banco Central evitó reflejarlo en el valor oficial del dólar. Nos vendió la ficción de que la divisa norteamericana valía poco y, como los precios de todos los bienes se fijan en función de dicho tipo de cambio, los consumidores pudieron comprarlos relativamente más baratos.

Para entenderlo, tomemos como ejemplo un caso real. El productor de manzanas de Río Negro, como los costos de cosecha eran mayores al precio artificialmente bajo debido al atraso cambiario por el cepo,  tuvo que dejar pudrir en los árboles gran parte de su producción. Lo que pudo colocar en el mercado fue a valores muy bajos. Por ello, quiénes prestaron el servicio de comercialización y transporte se beneficiaron porque pudieron cargar un mayor margen y, aún así, llegar al consumidor con un precio bajo. Por ende, este último pudo pagar menos por las manzanas y, dado que esto se replica en todos los demás  bienes, gastar más en servicios, que tuvieron la oportunidad de subir mucho sus tarifas.

Así es como hoy podemos ver que los bienes que se comercializan internacionalmente están relativamente baratos respecto a los que están ultra protegidos y a los servicios cuyas tarifas no controla el gobierno. Al liberarse el cepo, el salto del dólar oficial para acomodarse a su valor real debería repercutir en un alza del precio de todos los bienes que dependen de él. Sin embargo, parte de ese impacto negativo lo tendrán que absorber, achicando sus márgenes, los servicios de comercialización y transporte que antes se veían artificialmente beneficiados por el dólar atrasado. No es casualidad que, durante los últimos años, el principal reclamo de los productores haya sido que “venden a un precio excesivamente bajo respecto al que efectivamente paga el consumidor”. Ahora, los intermediarios tendrán que “poner las barbas en remojo”; porque la gente tenderá a demandar menos y, si ellos no amortiguan el alza, perderán muchísimos compradores.

Hay que tener en cuenta que los consumidores no pueden gastar infinito, como deberán dedicar más recursos a los bienes básicos, también deberán bajar sus erogaciones en servicios, aunque no suban; por lo que sus proveedores deberán moderar el alza de sus valores para no perder más clientes. Si a esto le sumamos la voluntad del Gobierno de ir recuperando otro precio artificialmente atrasado, las tarifas de servicios públicos de algunos sectores de la sociedad, queda claro que los restantes prestadores de servicios no tendrán mucho margen de maniobra.

Por lo tanto, la clave para determinar la inflación de 2016 terminará siendo cuánto el Banco Central emitirá para financiar al futuro gobierno. A más emisión, más suba de los precios locles. Ahora, ¿cómo garantizar que el impacto negativo en el bolsillo de la gente sea lo más moderado posible?;

  1. Eliminando inmediatamente las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación, tal como reclama la OMC. Los productores de esos bienes importables tendrán una fuerte alza en sus precios domésticos, ante una suba del dólar oficial superior 40%; por lo que no corresponde que los protejan. Además, es poco ético frente a una sociedad que estará haciendo un gran esfuerzo en materia económica.
  2. Bajar al mínimo posible todos los aranceles a la importación de bienes finales; ya que eso le pondrá un techo al abuso en el aumento de los precios de los bienes producidos localmente que compiten con ellos.
  3. Sacarle todos los subsidios a los servicios públicos que todavía reciben las empresas; ya que se habrán beneficiado con un aumento de los productos que fabrican y eso les permitirá pagar lo que corresponde por sus insumos. De paso, ese ahorro puede permitir hacer más gradual la quita de los beneficios a los sectores residenciales, que estarán enfrentando un aumento de su canasta básica.
  4. Eliminar, o reducir drásticamente, el valor mínimo del petróleo en la Argentina. Dado que este sector recibirá un aumento de precios por la suba del tipo de cambio, no es justo que el resto de la sociedad, encima, tenga que pagar aún más caro los combustibles para beneficiarlos. De esta forma, el alza de estos últimos podría ser muy moderada y, también, el subsidio a otorgarle a las empresas de transporte y electricidad.

Con estas recomendaciones y un manejo prudente de la política monetaria, se puede conseguir que se modere el impacto de la inflación que tengan que afrontar los argentinos por la necesidad inmediata de abandonar la ficción del cepo.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Fin de ciclo: ¿qué le conviene al país y a la gente?

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 6/7/14 en: http://economiaparatodos.net/fin-de-ciclo-que-le-conviene-al-pais-y-a-la-gente/

 

No veo ninguna razón por la cual un gobierno inepto no pueda terminar antes su mandato

Quienes por cuestiones electorales o, a mi entender, falsa corrección  política, dicen que el gobierno de CFK tiene que terminar su mandato en diciembre de 2015, parecen preferir que la gente siga sufriendo un creciente deterioro de su nivel de vida por una cuestión de fechas  y no de fondo.

No veo ninguna razón por la cual un gobierno inepto no pueda terminar antes su mandato, es decir, no veo ningún motivo por el cual el kirchnerismo tenga que llegar hasta el final de su gestión aún a costas de más sufrimiento de la población y mayor sufrimiento posterior al 2015 por la herencia que van a dejar. Los plazos constitucionales no son intocables, pueden modificarse por diferentes razones que están previstos en la Constitución Nacional, el juicio político, por diferentes razones, es una causal para acortar el mandato presidencial. De manera que hacer una cuestión de dogma de fe las fechas no se atiene ni a la Constitución ni a la realidad, y mucho menos para un gobierno que ha utilizado el monopolio de la fuerza para perseguir a quienes piensan diferente, destruir la riqueza de millones de personas, avasallar las instituciones, ser sospechado de los casos de corrupción más escandalosos de los que se tenga memoria y aplicar una política económica de sistemática destrucción de amplios sectores de la clase media y empobrecimiento de los sectores más humildes. Es casi delirante pedir piedad para un gobierno que no ha tenido la más mínima piedad con su población, usando a los pobres para hacerles vivir una fiesta artificial de consumo, castigando a los sectores productivos al punto de esquilmarlos impositivamente hasta casi transformarnos en esclavos de los funcionarios de turnos que se apropian del fruto de nuestro trabajo para financiar el populismo. El Estado nos ha transformado en máquinas de generar rentas para sus políticas populistas, violando los derechos humanos al convertirnos en cuasi esclavos que trabajamos para mantener al “amo” y sus políticas populistas en nombre de la “solidaridad social”. Creo no equivocarme si afirmo que aquí hubo un plan sistemático de explotación de seres humanos por parte de quienes detentaron el poder con el objeto de sostenerse en el poder esquilmando impositivamente a la población productiva. En vez de confiscar las propiedades como en los sistemas comunistas, se confiscaron los ingresos de la gente. Nos dejaron los campos, las fábricas, las empresas, los consultorios profesionales y se apropiaron del fruto de nuestro trabajo. Si esto no es esclavitud, le pega en el poste.

A pesar de esta brutal explotación de la población por parte del gobierno kirchnerista, todavía hay dirigentes políticos y analistas que quieren jugar a hacerse los políticamente correctos y afirman que el kirchnerismo tiene que seguir explotando a la gente hasta el final de su mandato. Como si someter a la población a esta impiadosa explotación fuese un principio democrático y republicano.

Pareciera ser que la oposición todavía no es consciente de que cuanto más dure el kirchnerismo en el poder más dura va a ser la herencia que va a recibir e inmanejable el gobierno. Solo pensar en el gran sobredimensionamiento del gasto público que ha generado el kirchnerismo, el lío que hay con las tarifas de los servicios públicos, la legión de gente que el kirchnerismo ha acostumbrado a vivir sin trabajar otorgándoles todo tipo de planes “sociales”, la destrucción patrimonial del BCRA y de la infraestructura de país, son solo algunos de los puntos a considerar al momento de pensar la herencia que le tocará al próximo gobierno.

Hoy al gobierno le cuesta cada vez más esfuerzo sostener su política populista porque se le acabaron los recursos. Lo que está haciendo es estirar la mecha de la bomba para que le explote todo al próximo gobierno. Mientras tanto la oposición no quiere hacerse cargo del lío actual y espera que la bomba le explote al gobierno. Si argumentar que el kirchnerismo tiene que terminar su mandato a fines del 2015 es solo un discurso para que en el transcurso la bomba le explote al gobierno, se entiende la posición. Ahora, si lo hacen por una cuestión de falsa formalidad de fechas, es un tremendo disparate. ¿Qué es lo que más le conviene al país y a su gente? Que sea el propio kirchnerismo el que tenga que hacerse cargo del estallido de todas las variables que han distorsionado. Y digo que es lo que más le conviene al país porque sería perjudicial para el futuro de la democracia republicana que este populismo y autoritarismo evite hacerse cargo de tanto destrozo. Puesto en otras palabras, lo que más le conviene al futuro de la democracia republicana argentina es que sea el kirchnerismo el que tenga que pagar el costo de tanto destrozo económico e institucional. Si ese costo político se lleva puesto al gobierno por el descontento popular y estallido social, que el kirchnerismo se haga cargo y ponga la cara frente a la gente por todo el daño que en forma deliberada le ha hecho a la población argentina y al país.

En definitiva, no encuentro ninguna razón por la cual la oposición tiene que salvar a un gobierno que ha hecho y hace de su forma de actuar tabla rasa de las instituciones democráticas y republicanas, al tiempo que destruye la economía en forma deliberada para estirar sus tiempos en el poder. Nada le importa al kirchnerismo sobre cómo termine el país cuando ellos lo entreguen al próximo gobierno, solo les interesa llegar al 2015 sin que explote todo antes para poder irse como los héroes del relato.

Y así estamos, entre un gobierno autocrático que intenta estirar la mecha de la bomba para legar al 2015 y una oposición que, si el kirchnerismo se sale con las suyas, se va a encontrar con una de las peores herencias económicas, sociales e institucionales de toda la historia argentina.

Más perversidad imposible de imaginar.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.