El “otro” Trump

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 20/4/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2013718-el-otro-trump

 

Como el dios Jano de la mitología romana, el dios de los comienzos, el de “las dos caras”, Donald Trump acaba de evidenciar aquello tan conocido que sugiere que el mundo, cuando se lo mira desde la Oficina Oval de la Casa Blanca, suele ser distinto. Mucho más complejo, por cierto.

Lo que obliga a los presidentes norteamericanos a mantener una política de constante re-examen de sus posiciones y políticas, de cara al escenario grande del mundo. Y a cambiar, a veces radicalmente, sus visiones para adaptarse a la realidad.

En los últimos días esto parece haberle sucedido a Donald Trump, obligándolo a cambiar algunas de las principales posiciones asumidas en la campaña electoral que lo llevara al poder. Incluyendo en materia de política exterior.

Es posible que en ese giro -copernicano- hayan influido muy significativamente el actual Secretario de Estado de los EE.UU., Rex Tillerson, un hombre que ha demostrado rápidamente tener una dimensión notable, caracterizada no sólo por una presencia digna, sino acompañada por una mezcla muy poco común de firmeza, claridad, energía y coraje. Y Jared Kushner, el yerno del presidente, así como Gary D. Cohn, el principal asesor económico del presidente Donald Trump, cada vez más influyentes.

Los cambios de rumbo del presidente norteamericano no son menores. Fueron rápidos y no han sido disimulados. Veamos los tres principales. Los más obvios.

Primero, para Donald Trump la “OTAN” ya no es “obsoleta”. Lo que ha vuelto a llenar de tranquilidad a las principales naciones de Europa que también la integran, alejando la sensación de abandono -y hasta de desprotección- que pudieron haber tenido.

La alianza militar más importante de la historia ha vuelto así a estar en su lugar. De donde nunca debió ser excluida, por derecho propio. El anuncio fue formulado por el presidente norteamericano en la propia ciudad de Washington, en compañía de Jens Stoltenberg, el secretario general de la OTAN.

Ocurre que la OTAN tiene entre sus principales responsabilidades, las que conforman su amplio mandato militar, la de luchar contra el terrorismo, como pretende Donald Trump. Lo cierto es que la OTAN invocó tan sólo una vez en su historia su cláusula esencial, aquella que gatilla la defensa común. Y ello fue cuando la tragedia de 9/11. Y que, además, más de mil soldados europeos y canadienses perdieron la vida en Afganistán, combatiendo al Talibán, codo a codo, con los soldados norteamericanos. La toma de posición del presidente norteamericano ha sugestivamente precedido a su visita a la sede de la OTAN, en Bruselas, que ocurrirá el mes que viene.

Segundo, también la retórica que predicaba la necesidad de actuar en cercanía con Rusia ha cambiado. Mucho. Al compás de un Vladimir Putin cada vez más audaz -y hasta desafiante- en su presencia externa, hoy el clima entre las dos naciones es lo contrario a la cercanía; es uno de abierta desconfianza.

La nueva perspectiva norteamericana sobre Rusia luce más realista. Ocurre que Rusia evidentemente no juega en el escenario internacional con las mismas cartas que los EE.UU. Ni respeta las mismas reglas. Ni tiene los mismos objetivos. Como lo acaba de evidenciar, sin mucho margen para las dudas, su apoyo ilimitado al régimen criminal sirio que lidera Bashar al-Assad. Para Rusia, su permanencia en el poder de su país es algo “no negociable”. Para los EE.UU., en cambio, ello es inaceptable. Porque Bashar al-Assad no vacila en usar armas químicas contra su propio pueblo; esto es, en cometer aberrantes delitos de lesa humanidad contra civiles inocentes. Como también lo hiciera en su momento su propio padre, un dictador sanguinario como él.

El cambio de posición de Donald Trump volvió a definir una “línea roja”: esto es que hoy no se puede condonar el uso de armas químicas. Y esta vez, los Estados Unidos fueron más allá de las palabras y reformularon su mensaje mientras disparaban decenas de misiles, a modo de advertencia específica.

Tercero, respecto de China. Luego de la temprana reunión de Donald Trump con el presidente del coloso asiático en La Florida, el sendero común trazado pareciera ser el de la cooperación. Y la química personal entre los dos mandatarios parece haber resultado buena, lo que no es pequeña cosa ante las notorias diferencias de estilo y personalidad.

Esto presumiblemente ayudará a tratar de contener, juntos, al régimen dinástico de los Kim en Corea del Norte sin tener que recurrir para ello al uso de la fuerza, camino bien peligroso en el que las posibilidades de éxito son pocas y la eventualidad de provocar una intervención directa china bastante alta. Respecto de Corea del Norte la preocupación es que de la “paciencia estratégica” de Barack Obama, se pase a la “impaciencia táctica” de Donald Trump.

Además se convino con China que, en un plan a elaborar en los próximos cien días, se buscará la forma de re-equilibrar razonablemente el comercio bilateral. Aparentemente esto se hará a través de mayores exportaciones agrícolas norteamericanas y de un mayor acceso al enorme sector de los servicios financieros chinos para las entidades financieras del país del norte.

En esto último ayudó otro notorio cambio de perspectiva del presidente norteamericano. En este caso respecto de Janet Yellen, la presidente de la Reserva Federal de los EE.UU. que, de haber sido objeto de críticas -directas y duras- durante la campaña electoral por parte de Donald Trump, pasó a ser ponderada abiertamente en una entrevista concedida hace muy pocos días por el presidente norteamericano al “Wall Street Journal” Ya Trump no dice que quiere prescindir de ella lo antes posible, sino que afirma respetarla y se esfuerza en señalar que comparte sus políticas, razón por la cual algunos suponen que, cuando venza su actual mandato, o sea a fines del año que viene, no sería ahora raro que el mismo fuera renovado.

Los cambios de posición que hemos descripto no sólo parecen positivos en sí mismos, sino que muestran algo aún más trascendente: que Donald Trump no sólo sabe lo importante que es para quienes gobiernan advertir la necesidad de modificar algunos rumbos, sino también lo que pesa saber hacerlo sin demoras. Después de todo, gobernar supone la capacidad de rectificar rumbos cada vez que ello aparece necesario.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El violento resurgir del fundamentalismo islámico

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 16/6/14 en http://www.lanacion.com.ar/1701149-el-violento-resurgir-del-fundamentalismo-islamico

 

Hace poco más de dos semanas el presidente norteamericano, Barack Obama, al delinear los ejes de la política exterior de su país destacó que el mayor peligro para la seguridad de los Estados Unidos es ahora claramente el que representa la violencia terrorista. Incluyendo a los distintos movimientos armados del fundamentalismo islámico. Para ellos, que actúan globalmente, los Estados Unidos son su principal enemigo.

Esto pese a que, el mismo Obama, había sostenido el año pasado -en su controvertido discurso ante la Universidad Nacional para la Defensa- que Al-Qaeda estaba en rigor “camino a su derrota” y que el futuro del terrorismo estaba caracterizado por el posible accionar de grupos “menos capacitados”.

Para la República Argentina, que ha sido blanco de terribles atentados terroristas, todo lo que sucede en este tema debe ser seguido muy de cerca. Particularmente por quienes tienen la responsabilidad de la seguridad en nuestro extenso territorio.

En los últimos días, dos episodios diferentes muestran cómo la capacidad de generar violencia del fundamentalismo islámico no sólo está intacta, sino en aumento. Aún más allá de las operaciones de Al-Qaeda, entidad que sigue siendo uno de los principales motores del accionar terrorista.

El primero de ellos tiene que ver con losataques perpetrados contra el aeropuerto internacional Jinnah. En la ciudad de Karachi, la capital de Paquistán. Hablamos del aeropuerto más activo de todos los del convulsionado país. Ellos fueron llevados a cabo por milicianos “talibanes”. En el primero -que duró toda una noche- quedaron sin vida 36 personas. Entre ellos, 11 atacantes.

Aparentemente la operación, toda una demostración de capacidad ofensiva, se realizó en represalia por los bombardeos de la fuerza aérea paquistaní a los santuarios del Talibán en el remoto valle de Tirah, en el norte de Pakistán, en la porosa zona de frontera con Afganistán. Por allí entran y salen los líderes y los guerrilleros del Talibán, así como sus dineros, drogas, armas y municiones.

El bombardeo paquistaní tiene que ver con presiones externas sobre Pakistán, en el ámbito de la geopolítica. Ocurre que China ha estado impulsando a Paquistán a que asegure el control de la zona referida, por la que -según los chinos- circulan algunos elementos separatistas “uighures” y “uzbecos” que promueven la violencia terrorista en el inquieto noroeste de China.

Además, también el gobierno de Afganistán reclama a las autoridades paquistaníes mayor efectividad en el control de su frontera común, desde que buena parte del liderazgo talibán circula en torno a ella.

El segundo episodio preocupante es, creemos, muchísimo más grave. Y ha sido sorpresivo. E s la toma, por parte de milicianos fundamentalistas islámicos, de la segunda ciudad de Irak: Mosul. Seguida de la de Tikrit. Llegaron procedentes de Siria y, después de cuatro días de combates en derredor de la primera ciudad, la ocuparon.

Se trata de una efervescente ciudad, algo mayor, en términos de población que nuestras Rosario o Córdoba. Es un importante centro de actividad industrial y petrolera. Con dos millones de habitantes, mayoritariamente “sunnis”, está emplazada en la provincia de Nineveh, a menos de trescientos kilómetros de la capital Bagdad, en dirección norte.

Los invasores de Mosul pertenecen al llamado “Estado Islámico de Irak y el Levante”, un pretendido “emirato árabe” que controla buena parte del territorio sirio, así como también alguna parte del territorio de Irak. Desde Alepo, en Siria, hasta Falujah, en Irak. Sus huestes han combatido desde hace ya tres años en la guerra civil siria. Templados en el combate, vencieron fácilmente al ejército iraquí que, ante el ataque, finalmente se dio a la fuga, abandonando sus armas, uniformes y pertrechos, que quedaron en manos de los recién llegados.

Los milicianos, apenas unos 800, llegaron a través de una frontera transformada en “puerta giratoria”, por la que pasa cualquiera. A su riesgo ciertamente, pero cualquiera. Tomaron la ciudad con muy poca resistencia. Rápidamente ocuparon los edificios públicos. También las televisoras, las instalaciones policiales y hasta el propio aeropuerto, donde encontraron -abandonados a su suerte- una serie de helicópteros, armas pesadas y vituallas militares de todo tipo suministrados al gobierno iraquí por los norteamericanos. Todo lo que hoy está ya en manos de los fundamentalistas islámicos “sunnis”. Abrieron, además, las prisiones y así liberaron a los presos. Portaban, a la manera de emblema, la clásica bandera negra, con inscripciones blancas en idioma árabe. Aquella que identifica al fundamentalismo islámico “sunni” afiliado a Al-Qaeda. En todas partes.

Estas mismas fuerzas insurgentes (que cuentan con unos 4000 efectivos desplegados en todo Irak) controlan desde comienzos de año a la simbólica ciudad de Fallujah, ubicada a apenas cincuenta kilómetros hacia el oeste de Bagdad. En otro claro desafío abierto, al que el gobierno central iraquí (“shiita”) no ha sabido, ni podido, responder. Quizás porque sus fuerzas armadas, sometidas a un creciente proceso de deserciones, están exhaustas y absolutamente desmoralizadas por un conflicto que ha retomado los niveles de violencia inhumana de ayer. Aquellos que conforman una pesadilla que muchos creían superada. Que ha reaparecido, con todo lo que significa.

Con estos últimos movimientos, la insurgencia “sunni” controla buena parte de tres de las dieciocho provincias de Irak. Y avanza en su ambición de crear un país “sunni” nuevo, conformado por parte del territorio sirio y parte del territorio iraquí. Por esto, la integridad territorial de ambas naciones, Irak y Siria, están ahora bajo intensa presión.

Por el momento, los invasores -comandados por el iraquí Abu Bakr al Baghdadi- que se alejaron, aparentemente, de Al-Qaeda, con la que ideológicamente comparten ideales y objetivos, están operando con gran eficiencia. Sin que las autoridades iraquíes puedan controlarlos. En rigor, ni siquiera contenerlos. Al tiempo de escribir estas líneas, han rodeado ya a Bagdad. Con el riesgo de que pronto, desintegrado que sea Irak, haya un espacio importante en manos del terrorismo, que lo utilice para operar desde allí en todo el mundo.

La facciosa guerra civil siria, iniciada hace tres años enfrenta esencialmente a “sunnis” y “shiitas”. Ahora se extiende, rápidamente. Más allá de los confines de Siria. Irak está ya inmerso en ella. El Líbano, también. Las fuerzas de Hezbollah hoy luchan en todos los frentes sirios junto a las de Bashar al-Assad, cuyo destino depende entonces fundamentalmente de Irán.

Dos concepciones islámicas se enfrentan así, encarnizadamente. En lo que parece una lucha ahora abierta por el predominio en Medio Oriente. Con un resultado final incierto que, de pronto, puede alterar los equilibrios de fuerzas en la región.

Hay ya toda suerte de peligrosos interrogantes abiertos, como: ¿Qué hará ahora Irán, además de haber desplegado tres batallones para cooperar en la defensa de Bagdad? ¿Saldrá en apoyo del primer ministro iraquí, Nuri Kamal al-Maliki, en todos los frentes? ¿Cómo reaccionarán los kurdos, hasta hoy fuera de la contienda, al tener ahora el conflicto en su cercanía inmediata, además de haber aprovechado la oportunidad para tomar, con su disciplinada “peshmerga”, el control de la ciudad de Kirkuk, que hace rato reclaman como suya? ¿Qué hará Turquía, cuyos ciudadanos están siendo apresados en Irak por los milicianos fundamentalistas? ¿Responderán los Estados Unidos positivamente al pedido de ayuda militar que está haciendo un Irak desesperado? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Y, si lo hacen positivamente, cuáles serán las consecuencias, fuera y dentro de los Estados Unidos, para un debilitado Obama? ¿Se cortará el importante flujo de petróleo crudo que llega al mercado internacional proveniente de Irak? ¿Qué harán, por su parte, los países árabes del Golfo? ¿Se ahondará y expandirá aún más el peligroso conflicto faccioso que está en curso, si las fuerzas invasoras “sunnis”, cumpliendo sus enceguecidas promesas, atacan a las dos ciudades sagradas de los “shiitas”, Najaf y Karbala? ¿Es la desintegración de Irak una solución o el comienzo del caos?

De pronto todo es fragilidad en Medio Oriente. Y los riesgos son enormes.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Peligrosa rebelión “Tuareg”:

Por Emilio Cárdenas: Publicado el 10/4/12 en: http://www.lanacion.com.ar/1463625-peligrosa-rebelion-tuareg

Los nómades conocidos como los “tuareg” pertenecen al pueblo “bereber”. Habitan el norte y occidente del desierto del Sahara. Hablamos de algo más de un millón doscientas mil personas que pertenecen a esa rama que representa el 10% del total de los distintos grupos bereberes.

Con frecuencia son objeto del calificativo de “azules”, porque -con el calor- sus vestimentas de ese color se destiñen de modo que la piel incorpora una atractiva tonalidad azul. Se llaman a si mismos: “los libres”. Aún hoy, sin embargo, los “tuareg” viven divididos entre nobles y vasallos. Los últimos desempeñan las tareas propias de una servidumbre doméstica.

Tienen ciertamente una bien ganada fama de indómitos. No sólo porque históricamente se dedicaron alguna vez a saquear poblaciones, sino porque -hasta no hace mucho- se distinguieron por su feroz resistencia al colonialismo. En los últimos tiempos muchos de ellos, como milicianos o simplemente como mercenarios, formaron parte del multicolor ejército libio en tiempos de Gadafi.

Poco antes de caer el tirano regresaron apresuradamente a sus propias tierras. Lo hicieron aprovechando la situación de caos para llevar consigo el moderno armamento que les había sido suministrado por el depuesto gobierno libio, así como misiles tierra-aire de corto alcance (Sam-7) y explosivos poderosos como el Semtex, aparentemente fruto del saqueo.

Desde hace algunos años, células de Al Qaeda y grupos vinculados o emparentados con ese movimiento terrorista han estado -cual infección- operando activamente en la zona del llamado Maghreb, al norte de África. Hasta ahora se habían concentrado más bien en los secuestros y en un activo tráfico de drogas, armas y personas. Actuaban particularmente en la paupérrima Mauritania y en algunos otros rincones del Sahara Occidental. También en el Chad, Mali, Níger, y en el sur de Argelia. Cabe acotar que los grupos islámicos del Maghreb parecerían tener también conexiones con los que actúan en el norte de Nigeria perpetrando atentados contra los cristianos, al mando del desalmado Boko Haram.

Todo ello parece haber generado una mezcla explosiva que acaba de producir su primer gran sorpresa cuando, de pronto, los “tuareg” -aparentemente (pese a las desmentidas) asociados con Ansar Dine (un conocido grupo “tuareg”, pero de claro perfil islámico) y Al-Qaeda (Aqmi)- a través del llamado “Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad”, se apoderaron del noreste de Mali, incluyendo a sus tres ciudades más importantes: Kidal; la estratégica Gao, económicamente la más importante de la región; y la emblemática (y romántica) antigua ciudad santa islámica: Timbuktu.

En Timbuku -ciudad que, por su enorme valor cultural, está especialmente protegida por las Naciones Unidas- no sólo hay tres famosas mezquitas. También cementerios históricos y bibliotecas y anaqueles que guardan miles de insustituibles manuscritos que contienen hasta obras pertenecientes a la era pre-islámica.

 Los insurgentes aprovecharon la circunstancia que Mali ha sido objeto -el 22 de marzo pasado- de una alocada asonada militar, comandada por un joven capitán de etnia “senufo” (negra), Amadou Aya Sanogo, ahora en vías de superación. Una vez en control del territorio desértico que ahora ocupan, los “tuareg” proclamaron que su objetivo era “gestionarlo”. Lo cierto es que la insurrección “tuareg” tiene un claro perfil secesionista, que amenaza a la integridad territorial de Mali. Hablamos ciertamente de la posibilidad de que -de pronto- se organice una nueva “república islámica”. Por lo pronto, sus líderes ya han anunciado su vocación de independizarse e impuesto en el territorio que controlan tanto el uso del velo islámico como la ley islámica, el “sharia”. A la manera de Afganistán, cuando era gobernado por el Talibán. El riesgo es volver a repetir esta historia, pero difícilmente obtengan apoyo externo en su pretensión independentista.

Francia, la antigua potencia colonial, ha expresado su alarma y su preocupación por lo que está sucediendo y está convocando a los países vecinos a sofocar las dos insurrecciones acaecidas en Mali: el golpe militar y la peligrosa insurrección “tuareg”. La vecina Argelia, cuyo personal en Gao ha sido detenido, también contempla con alguna alarma lo que sucede. Porque el fundamentalismo es también una amenaza en su propio interior.

Porque parte del supuesto que los “tuareg” apuntan, en rigor, a controlar todo Mali. Pese a ello, Francia ha anunciado que -a diferencia de lo que no hace mucho hiciera en Costa de Marfil- por el momento no enviará sus tropas a Mali.

 Por ello, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Ecowas) está bajo presión para eventualmente (fracasadas que sean las gestiones políticas y las sanciones económicas ya dispuestas contra Mali) decidir una intervención militar, con todos los riesgos que ello implica.

Esta es, históricamente, la sexta insurrección de los “tuareg”. La primera se remonta a 1916. La última es mucho más reciente; es la del 2006 que terminara concediendo un alto grado de autonomía a la zona del Sahara maliano, denominada, precisamente: Azawad.

Como suele suceder, ante estos tristes escenarios de extrema inestabilidad, la gente huye de la violencia. Por esto aparece rápidamente el desgarrador sufrimiento que representan las clásicas olas de refugiados y desplazados que estas situaciones disparan. Las Naciones Unidas sugieren que ya hay más de 200.000 personas que han huido de Mali. Muchos han marchado hacia Burkina Faso. Otros hacia Níger.

Lo cierto es que la presencia de Al-Qaeda en África no sólo es, queda visto, una grave realidad, sino que está ahora ganando presencia, terreno y hasta dimensión.

Emilo Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.