El caso ChiChi: las tensiones entre instituciones y mentalidad económica.

Por Carlos Newland: 

Puede suponerse que si la mayor parte de la población de un país valora los atributos de una economía de mercado votará por  opciones políticas conducentes a marcos institucionales proclives a generar competencia, desarrollar la iniciativa privada y limitar a la acción gubernamental. La elaboración de un índice mundial de pensamiento pro mercado (FMMI) por parte de quien escribe estas líneas junto con Pal Czegledi, ha permitido ranquear a las naciones según el grado de apoyo popular al capitalismo. Gracias a esta métrica se ha podido constatar que  una alta valoración del sistema de mercado ha generado usualmente instituciones económicas eficientes (según, por ejemplo, el Índice Fraser de Libertad Económica), como es el caso de la Anglósfera (USA, Australia, Nueva Zelanda, Canadá), las naciones de Europa del Norte, y aquellas de la Sinósfera (como Japón, Vietnam o Taiwán). Por otra parte, los países donde domina una mentalidad más afín al socialismo o a la intervención gubernamental han generado instituciones adversas a la eficiencia económica, y con ello han afectado su desarrollo, como es el caso de Argentina, Ucrania o Egipto.  Puede entonces postularse que existe una relación directa entre mentalidad, instituciones y desarrollo económico. Pero este no siempre es el caso: pueden existir situaciones en que la mentalidad popular no ha podido expresarse libremente: en esos casos una minoría ha podido imponer sus instituciones de preferencia por la fuerza y sin consentimiento popular. Tal parece ser el caso de lo que denominamos Chichi, China y Chile. En ambas naciones parece existir un contraste entre la mentalidad popular y las instituciones o marco dentro de la cual sus agentes económicos operan.

China sería el caso de una población que presenta un positivo y moderado apoyo al sistema de mercado medido por el FMMI, o un muy alto apoyo según encuestas del Pew Research Center. Pero esta nación ha sufrido en la segunda mitad del siglo XX la imposición de un muy duro y rígido sistema comunista. Los miembros del partido y su líder Mao lograron forzar una economía planificada y centralizada con resultados negativos de desempeño productivo. Esta situación comenzó a variar hacia 1978 cuando los integrantes de la jerarquía comunista fueron abandonando muchos postulados de su ideario, cambiando paulatinamente sus instituciones. Así, liberaron más y más su economía, permitiendo el funcionamiento de incentivos a la producción y a la eficiencia. Gracias a ello su crecimiento ha sido espectacular, transformándose hoy en día en una potencia mundial similar a los Estados Unidos. Se ha mencionado que un detonante del cambio en China fue la iniciativa de altísimo riesgo que tomaron algunos agricultores en 1979, de subdividir a los efectos prácticos la tierra comunal. Tan fue el éxito del experimento ilegal que las autoridades lo terminaron aceptando y promoviendo. En última instancia los gobernantes han ido aceptando la mentalidad de la población. Es altamente probable que, si China se transformara de una dictadura a una democracia, los partidos políticos proclives a la economía de mercado serían los dominantes y no lo contrario.

Chile parece ser el caso opuesto a China. Allí el apoyo al sistema de mercado es bajísimo según la medición del FMMI, donde presenta valores similares a los de Argentina. Ello no nos puede sorprender mucho ya que en 1970 la población eligió como presidente al marxista Salvador Allende, quien intentó aplicar un modelo socialista, lo que incluía nacionalizaciones, control público de la banca y la reforma agraria. El marco institucional en Chile no cambiaría por un cambio en la ideología de los votantes sino por imposición de un gobierno militar. En 1973 el gobierno golpista del General Augusto Pinochet encomendó a un grupo de economistas pro mercado, denominados allí “Chicago Boys”, el diseño e implementación de una política económica que incluyo desregulación, privatizaciones y el logro de la estabilidad monetaria. Inclusive Milton Friedman visitó al país en 1975 dando apoyo a las reformas que se estaban implementando. Con el tiempo esta política resultó muy exitosa y Chile ingresó a un notable sendero de crecimiento y reducción del nivel de pobreza, superando recientemente al ingreso per cápita (y la esperanza de vida, junto con una menor mortalidad infantil) de su tradicionalmente más próspero vecino Argentina. Pero el nuevo estadio de desarrollo obtenido no parece haber afectado estructuralmente la ideología económica de sus habitantes. La mentalidad popular que fue el sustrato de la elección como presidente de Allende sigue en gran medida vigente: el FMMI del país es bajo, muy similar al presentado por la población de Argentina. Es de destacar que los diversos gobiernos de centro izquierda que ganaron las elecciones a partir de la vuelta a la democracia en 1990 (hasta 2010, y de nuevo en 2014) no se atrevieron a desmantelar (aunque si atemperaron) el marco institucional recibido. Sin embargo, el país claramente estaba en una situación de un equilibrio político inestable. Si hubiera aparecido en ese país -uno de los pocos donde todavía se encuentra muy activo el Partido Comunista- un personaje carismático populista de izquierda, Chile podría haber seguido el camino de Argentina o Venezuela. El reciente estallido social no es más que una manifestación popular de una ideología reprimida que ha encontrado en las calles un modo de expresarse.

 

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

 

La mentalidad anticapitalista chilena

Por Carlos Newland: 

 

Hace algunos años con el economista húngaro Pal Czegledi elaboramos un índice mundial de mentalidad económica pro mercado. Las conclusiones de ese trabajo parecen particularmente relevantes a la luz de los recientes episodios de violencia y caos en Chile y el cuestionamiento, en ciertos ámbitos, al “modelo chileno”.  El índice y los trabajos mostraban que en el mundo los países no poseen una cultura económica popular homogénea. Las naciones con poblaciones cuya ideología es más afín a la economía de mercado son las pertenecientes a lo que se ha denominado “Anglósfera” (EEUU, Canadá, Australia y Nueva Zelanda). Allí el reconocimiento de las ventajas de la iniciativa privada y de la competencia y las desventajas de una excesiva regulación e intervención estatal forman parte de la cultura. No es sorprendente que estas naciones tengan las instituciones más libres, lo que en gran parte explica su elevado nivel de ingreso per capita. El segundo conglomerado más pro capitalista es el correspondiente a los países de Europa del Norte, seguidos en el ranking por las naciones de la Sinósfera” (Japón, Taiwan, China, etc).

 

La publicación índice ha dado lugar a un debate respecto al lugar que ocupan algunos países (abajo se incluye el ranking). No sorprende encontrar casi al final del listado a la Argentina. Al fin y al cabo, el segundo himno nacional, la marcha peronista (que incluso ha sido entonada recientemente en reuniones macristas) contiene en sus estrofas un llamado “a combatir al capital”. Cerca de la posición argentina se encuentra Rusia y Ucrania, países que han sufrido décadas de adoctrinamiento comunista, lo que parece haber condicionado su apreciación por las ventajas de una economía libre. Pero lo que más nos sorprendió fue que la mentalidad anti-mercado chilena (digamos hacia 2010) era prácticamente idéntica a la argentina. Cuando presentamos nuestro índice en Santiago, e incluso en Buenos Aires, cuestionaron nuestros resultados argumentando que no podía ser que en Chile, luego de décadas de reformas pro-mercado incuestionablemente exitosas, no se hubiera desarrollado una mentalidad más favorable a la competencia y los mercados.

 

Nuestra respuesta sobre la falta de identificación popular chilena con instituciones económicas asociadas al sistema de mercado tenía que ver con la forma en que se habían implementado. La liberalización (para nosotros exitosa) de su sistema económico no tenía que ver con ninguna plataforma política de un partido elegido democráticamente, sino que fue impuesta por un gobierno militar en contra de la ideología popular predominante. Al fin y al cabo muy poco tiempo antes una alta proporción del electorado había confirmado como Presidente al marxista Salvador Allende. Pero, se nos decía, los gobiernos democráticos posteriores no anularon las reformas inicialmente impuestas por la fuerza. Esto lo aceptábamos ya que estimábamos que el sistema había tenido a mediano plazo un éxito indudable reconocido por la mayor parte de los dirigentes. Pero, decíamos, se había creado un equilibrio inestable ya que la mentalidad anticapitalista seguía vigente y bastaba que algún líder carismático radical accediera al poder para anular los éxitos obtenidos. Finalmente se nos dijo que en la última elección había sido el candidato pro mercado quien había accedido a la presidencia, por el voto popular.

Debo reconocer que este hecho nos desconcertó. Lo único que atinamos a observar es que Piñeira había sido elegido por una atomización del voto de izquierda y ante la ausencia de un candidato opositor medianamente carismático.  Creemos que esta tensión entre la ideología popular y la política económica en Chile es uno de los factores que explica el estallido social de la última semana.

¿Debemos ser entonces totalmente pesimistas sobre el futuro de Chile? Seguramente una buena cantidad de las medidas adoptadas (que consideramos positivas) terminaran siendo revertidas, como la educación superior arancelada. Pero otras, ante su efecto benéfico obvio, seguramente se mantendrán, como la integración al comercio  internacional  y la estabilidad de su moneda. Al fin y al cabo, muchos de sus países vecinos del Pacífico han adoptado políticas económicas pro mercado a través del voto.

 

Índice Mundial de pensamiento pro capitalista (ranking, país, índice). De mayor a menor apoyo a la economía de mercado (solo se incluyen los países con mayor y menor valores).

 

1 Estados Unidos 0.697
2 Nueva Zelanda 0.686
3 Suiza 0.671
4 Taiwan 0.646
5 Canada 0.621
6 Noruega 0.615
7 Suecia 0.611
8 Gran Bretaña 0.600
9 Australia 0.596
10 Hong Kong 0.575
66 Jordania 0.364
67 Poland 0.359
68 India 0.359
69 Turquia 0.346
70 Algeria 0.343
71 Zambia 0.339
72 Argentina 0.323
73 Chile 0.316
74 Hungria 0.301
75 Kazakhstan 0.283
76 Ucrania 0.283
77 Rusia 0.241

 

 

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

La mentalidad capitalista

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 26/3/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/la-mentalidad-capitalista/

 

Parafraseo el título de Ludwig von Mises para subrayar que, al revés de lo que nos cuentan, el liberalismo no solo no venció en el campo de los hechos, sino que tampoco convenció en el campo de las ideas. Las alegrías liberales asociadas con la caída del Muro de Berlín han resultado efímeras.

Sobre la base de la Encuesta Mundial de Valores, el economista e historiador argentino Carlos Newland ha construido un Índice de la Mentalidad Pro Libre Mercado para un grupo de países, y lo ha calculado para un periodo de más de dos décadas —“Is Support for Capitalism Declining around the World? A Free-Market Mentality Index, 1990-2012”, The Independent Review, primavera 2018.

Se observa que, efectivamente, las simpatías por el capitalismo crecieron en el mundo en los años ochenta y noventa, pero perdieron fuerza a partir del año 2000. En el 2012, el último de la serie, la mentalidad capitalista era más fuerte en Taiwán, Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda y Australia. No parece, por tanto, que el capitalismo deba arraigar en una determinada cultura, porque los procapitalistas corresponden a una anglo-esfera pero también a una sino-esfera, que también incluye a la propia China, aunque con cifras menores.

En los países ex comunistas no hay mucho aprecio por el mercado libre, seguramente por la mala transición que se llevó a cabo en muchos de ellos. En América Latina el aprecio es bajo en Chile, Argentina y Uruguay, y curiosamente obtiene el mayor aprecio en Brasil: el populismo no ha prevalecido allí en el ámbito de los valores.

Europa tiene los mayores registros pro-mercado en Alemania, Suecia, Suiza, Noruega y Finlandia. España está a medio camino, pero estable, sin caídas. El más bajo es Turquía. En África secundan el mercado más en Ruanda y Zimbabue, pero mucho menos en Sudáfrica. Los países musulmanes son en general contrarios al capitalismo, en especial Argelia, Qatar, Libia, Irak, Egipto, Palestina y Jordania. Una excepción procapitalista es Yemen. En Asia están Singapur, India y Malasia en puestos intermedios.

El apoyo al capitalismo claramente baja entre 1990 y 2012, en una tendencia “gradual y continua, con lo que no puede ser atribuida la Gran Recesión de 2007-9”.

Los países con ideología más procapitalista suelen ser aquellos con economías más libres y competitivas, y habitualmente ricos, pero no necesariamente: Georgia y Ruanda, por ejemplo.  Hay países poco capitalistas y con poca libertad de mercado, como Argentina, y países anticapitalistas con bastante libertad económica, como Chile.

Aunque el panorama no es homogéneo, el profesor Newland observa que “en general una fuerte mentalidad capitalista coexiste con (y probablemente genera) un marco institucional favorable, como ilustran los países más ricos del mundo: EE. UU., Alemania y Japón”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Subsidios a la pesca en alta mar

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 19/6/18 en: https://www.eldiarioexterior.com/subsidios-a-la-pesca-en-49754.htm

 

Hay seis países cuyas flotas pesqueras salen regularmente en busca de capturas en alta mar porque sus respectivos mares domésticos ya han sido absolutamente depredados.

China, España, Japón, Rusia, Taiwán y Corea del Sur. En conjunto, ellos pescan el 85% de lo que se captura en alta mar. Se trata de obtener unas 4,4 millones de toneladas de pescado.

Pero, cuidado, no se trata tan sólo de ambiciones, a veces desmedidas, de los propietarios de esas flotas. Ocurre que todas ellas reciben importantes subsidios de sus respectivos gobiernos. Algunos de ellos son abiertos. Otros, en cambio, como ocurre con China, son escondidos, y se canalizan generalmente a través de suministros de combustible que se hacen con precios por debajo de los del mercado. Sin esos subsidios, generalmente las operaciones no tendrían viabilidad comercial.

China es el principal país entre aquellos cuyas flotas pescan activamente en alta mar. No solo pesca para consumo interno. También para procesar y exportar las capturas.

Japón dedica a esos subsidios unos 841 millones de dólares anuales. España unos 600 millones. Y China unos 450 millones. Para reducir costos, las tripulaciones, frecuentemente de nacionalidades distintas del país de la bandera del respectivo buque, se contratan y mantienen en condiciones normalmente lamentables.

Estas actividades suelen generar incidentes fronterizos desde que, cuando persiguen los cardúmenes, los buques no siempre respetan las jurisdicciones soberanas, sino que furtivamente las invaden. Por ello, ocurren incidentes. Como sucede en los mares de Argentina, Guinea, o Ecuador, cuando los buques de guerra de esos países que vigilan el mar propio advierten que el mismo ha sido invadido clandestinamente por enormes buques pesqueros que carecen de los permisos necesarios.

Buques de guerra argentinos mantienen regularmente encuentros armados con pesqueros de altamar chinos que, naturalmente, al ser descubiertos tratan de darse a la fuga. Por esto, en uno de esos incidentes frecuentes, uno de ellos –que pescaba calamar- resultó hundido.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Groseros errores en el guión que le escribieron a Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 22/5/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/05/22/groseros-errores-en-el-guion-que-le-escribieron-a-cambiemos-2/

 

Sería bueno que Cambiemos empiece a cambiar el discurso de confrontación que hundió a la Argentina

Mauricio Macri (Fabián Ramella)
Mauricio Macri (Fabián Ramella)

Solo con ver algunos datos de Angus Maddison, podemos observar cómo Argentina pasó de ser un país desarrollado a un país subdesarrollado. Países que mirábamos por encima del hombro como si fuésemos unos fenómenos, nos pasaron como poste caído en los últimos 70 años e inclusive en menos de 70 años.

PBI per cápita

PBI per cápita

Comparando la evolución del ingreso per capita de Argentina con algunos países seleccionados, podemos ver lo dramático de nuestra caída o estancamiento, mientras el resto seguía creciendo.

Por ejemplo, en 1921 teníamos un ingreso per capita 24% superior al de España, y en 2016 España tuvo ingreso per capita 68,8% superior al nuestro Irlanda, cuya población emigraba por el escaso futuro que ofrecía su país, tenía un ingreso per capita que era el 57% de nuestro ingreso per capita. En 2016 Irlanda tuvo un ingreso per capita 198% más alto que el nuestro. Corea del Sur, país del cual aquí solían mofarse por los productos de baja calidad, tenía un ingreso per capita equivalente al 15,6% de nuestro PBI per capita y en 2016 pasó a tener un ingreso per capita 95% más alto que el nuestro.

La gente que habré escuchado decir: no se puede gastar en porquerías como los paragüitas de Taiwán. En la década del 70, teníamos un ingreso per capita 177% más alto que el de ellos. En 2016 Taiwán, con sus paragüitas, logró tener un ingreso per capita 126% mayor que el nuestro.
Como puede verse en la última línea de cuadro, todos los países seleccionados tuvieron un crecimiento del ingreso per capita superior al de Argentina.

Explicar nuestra larga decadencia da para un libro o un tratado, no obstante es bastante claro que la dirigencia política argentina ha generado un conflicto social permanente bajo el argumento de que la pobreza de unos se debe a la riqueza de otros. En otras palabras, el que es pobre, lo es porque otro es rico. La solución pasa, entonces, por redistribuir con “justicia social” la riqueza igualando hacia abajo.

Vidal, la política con mejor imagen en el país, cometió tres groseros errores de comunicación (Gustavo Gavotti)

Vidal, la política con mejor imagen en el país, cometió tres groseros errores de comunicación (Gustavo Gavotti)

La dirigencia política argentina se ha caracterizado por nunca hacerse cargo de sus actos y siempre señalar como culpable a otros. Lo hizo el kircherismo y se suponía que Cambiemos venía a cambiar ese discurso que en nada contribuye al crecimiento.

Los tres errores de Vidal

Lamentablemente, el marketing político de Cambiemos parece seguir ajustándose a los tradicionales discursos populistas y sin lógica económica alguna, al punto que María Eugenia Vidal, la política con mejor imagen en el país, acaba de cometer tres groseros errores de comunicaciónpor abusar del marketing político en vez de usar la lógica económica.

La gobernadora de la provincia de Buenos Aires, que tiene una gran imagen positiva en la población, cometió el primer y grosero error al manifestar que Macri no podía describir en diciembre de 2015 la crítica situación que se había heredado del kirchnerismo, porque hacía falta endeudarse para financiar el gradualismo y si se contaba la verdad a los acreedores nadie le iba a prestar a Argentina para hacer el gradualismo.

Lo que nos está diciendo María Eugenia Vidal es que o Macri le mintió a los acreedores o que es un estafador porque les mintió a los acreedores. ¡¿Quién le escribe semejante guión a la gente de Cambiemos?!

Encima, es absolutamente insostenible ese argumento porque los acreedores, al igual que los economistas, sabíamos muy bien la pesada herencia económica que se recibía del kirchnerismo. Incluso, si fuera cierto el argumento utilizado por la gobernadora de Buenos Aires, entonces el presidente no habría cumplido con su obligación de dar el verdadero estado de la nación. No se le puede mentir al pueblo sobre los negocios de la nación para que el gobierno pueda beneficiarse aplicando una política económica determinada, que finalmente fue errada y agregó más problemas a los ya existentes.

El segundo error de Vidal consistió en afirmar que había encargado un estudio para ver quiénes estaban aumentando los precios injustificadamente, afirmando que esos aumentos desmedidos no le hacen bien al país. ¿Por qué cometió un error la gobernadora? Porque en la provincia de Buenos Aires el impuesto inmobiliario (por lo menos a mí que vivo en dicha provincia) me aumentó el 48,2% en los últimos 12 meses contra una inflación del 26% y desde que llegó al gobierno me incrementó el impuesto inmobiliario el 151,6% contra una inflación, en el mismo periodo, del 92%. Todo parece indicar que aquí no tuvo problemas con olvidarse del gradualismo y sacudir un incremento impositivo de esa magnitud.

Algunos podrán argumentar que se hizo un ajuste de los valores de las propiedades de acuerdo al precio de mercado. Sin embargo cualquier persona que haya hecho una operación inmobiliaria de una casa, sabe que los valores de tasación nada tienen que ver con los precios que finalmente se pactan en el mercado. Son sustancialmente menores. De manera que no se sabe qué criterio aplicó para hacer un ajuste que nada tiene que ver con el gradualismo.

La realidad es que el presupuesto de la provincia de Buenos Aires pasó de $246.207 millones en 2015, último gobierno K, a un presupuestado para este año de $629.963 millones, un incremento del 156% contra una inflación en el período del 110% si asumimos un 20% de inflación para este año. Es más, el presupuesto 2018 tiene un aumento del 20% sobre el presupuesto de 2017 contra una inflación original del 10% y luego del 15%, de manera que a la hora de gastar plata del contribuyente la política no entiende de gradualismo y mucho menos cuando llega el momento de incrementar los impuestos.

Tiene habilidad para ganar elecciones

Reconozco que la gobernadora y Cambiemos tienen gran habilidad para ganar elecciones, igual que la tuvieron otros partidos políticos hasta que la gente dijo basta (menemismo, los K, e incluso Alfonsín con el tercer movimiento histórico), pero a la hora de conocer el ABC de la economía uno se explica la decadencia que muestra el gráfico.

En economía no son los costos los que determinan los precios, sino que son los precios los que determinan los costos en los que pueden incurrir las empresas. Es lo que se conoce como teoría de la imputación, y no conocerla es su tercer error. El proceso es inverso. Primero la empresa ve qué precio está dispuesto a pagar el mercado por su producto y qué cantidad puede vender a ese precio y en base a los ingresos que estime podrá determinar en qué costos puede incurrir (mano de obra, insumos, costos fijos, etc.). En lo que hace a la tasa de rentabilidad, no empecemos de nuevo con el verso de si ganan mucho o poco porque la rentabilidad está atada al riesgo de hundir una inversión en Argentina. Además, siempre está el BCRA ofreciendo un 40% de tasa como para que alguien haga cuentas y decida si le conviene invertir en LEBAC o hundir una inversión y lidiar con la AFIP, ARBA, los sindicatos, cobrar las cuentas y demás riesgos empresariales.

En resumen, sería bueno que Cambiemos empiece a cambiar el discurso de confrontación que hundió a la Argentina. Ese discurso de los políticos de nunca hacerse cargo de los errores que cometen y siempre buscar algún culpable: el FMI, los formadores de precios, la especulación y mil discursos más, propios del populismo.

Siempre insisto en que el problema económico argentino es un problema de los valores que imperan en la sociedad. Esos valores son los de confrontar a la sociedad diciendo que la desgracia de unos es consecuencia de la ambición de otros. En nuestro caso, solo puede darse esa explicación mostrando la ambición de los políticos por ganar elecciones y mantenerse en el poder a costa del nivel de vida de la población.

Hay que salir del discurso de confrontación para comenzar a cambiar los valores que hoy imperan en la sociedad. En otras palabras, a Cambiemos, por lo menos, le está faltando un guionista que le escriba un discurso creíble y consistente. Diferente al populismo de los últimos 70 años.

Si Cambiemos es la generación que vino a cambiar la Argentina, no lo va a lograr con el mismo discurso populista que nos hizo pasar del desarrollo al subdesarrollo. Un viejo discurso para pretender ser la nueva generación.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Hong Kong, inquieta por su futuro

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2o/7/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2045353-hong-kong-inquieta-por-su-futuro

 

El tiempo vuela. Se acaban de cumplir veinte años desde que los británicos devolvieran a China la jurisdicción sobre la ciudad de Hong Kong, asegurándose que las libertades de sus habitantes habrían de ser respetadas al menos por medio siglo, esto es hasta el 2047, por el autoritario gobierno chino a través de la adopción del criterio “un país, dos sistemas”.

Pese a ello, los habitantes de la ciudad oriental quedaron llenos de ansiedad, porque lo cierto es que nadie les garantiza específicamente su futuro en libertad. Esto es la posibilidad de continuar viviendo en el amplio ambiente de libertades individuales en que estuvieron por décadas, mientras fueron colonia británica. La ciudad que es y ha sido un verdadero punto de encuentro entre Oriente y Occidente empezaba entonces a transitar una nueva etapa, imprevisible.

Lo cierto es que, en estas dos décadas transcurridas, las diferencias entre los movimientos democráticos de Hong Kong y las autoridades de Beijing han sido constantes y que muchos de los temas discutidos en conjunto no han sido resueltos. Lo que es descorazonante.

Prueba de ello son: los retrasos en los programas de construcción de viviendas que presionan sobre los astronómicos precios de los alquileres y de la propiedad inmueble (una cochera puede, de pronto, costar más de medio millón de dólares norteamericanos); el desorden y hasta el desconcierto existente en el sistema educativo local; y la demora en la construcción de los trenes de alta velocidad, moneda corriente en China, desde que están por todas partes.

Por esto la marcha hacia el futuro de Hong Kong está, de hecho, relativamente paralizada y existe un ambiente de cierto desánimo en muchos de sus siete millones y medio de habitantes que comienza a hacerse evidente. Porque deben convivir con dos modelos o sistemas que no sólo son diferentes, sino que, en muchos casos, son incompatibles.

Por esa situación, algunos proyectos urbanos importantes están demorados. El más emblemático es el del llamado “distrito cultural”, para algunos una suerte de Lincoln Center local, cuyo financiamiento completo todavía no está del todo asegurado.

Más grave aún es el constante intervenir de las autoridades centrales chinas en los temas “domésticos” de Hong Kong. Sin disposición a escuchar. Con ribetes intranquilizantes, como son las desapariciones repentinas de algún notorio empresario local y hasta de algunos dueños de conocidas librerías.

Todavía los residentes de Hong Kong no han podido concretar su gran sueño, el que supone obtener la posibilidad de elegir por votación directa a sus máximas autoridades. Los británicos jamás lo permitieron. Los chinos hasta ahora, tampoco.

Las protestas callejeras que paralizaran a la inquieta ciudad oriental a fines del año 2014 reclamando específicamente ese derecho pertenecen a la historia. Nada ha cambiado. Ni hay señales de que las cosas en este tema puedan alterarse.

Por el momento, la mayoría de los legisladores locales son designados “a dedo” desde Beijing. La promesa formulada hace ya diez años, en el sentido de que en el 2017 podría admitirse el sufragio directo para elegir a las máximas autoridades locales permanece incumplida. En una suerte de parálisis política que, de extenderse, podría hasta demorar proyectos de los que el crecimiento ordenado de Hong Kong depende.

Pero Hong Kong no es Macao, ciudad que fuera una antigua y refinada colonia portuguesa, donde el juego es el monarca absoluto y en la que la sumisión al gobierno central de China es total. En Hong Kong, la libertad política nunca fue absoluta. Ha estado cercenada, pero existe y es evidente.

Para peor, en los últimos años, la corrupción parece haber permeado a la administración local y las investigaciones judiciales iniciadas por esa triste razón se están multiplicando.

La juventud de Hong Kong -como es de suponer- es mayoritariamente anti-comunista. Perfil que es notorio y que, además, parece estar creciendo y afirmándose. La revolución de las comunicaciones lo alimenta constantemente.

Los empresarios locales enfrentan asimismo una inesperada competencia. Desde que China asumiera la soberanía respecto de la ciudad de Hong Kong, más de un millón de chinos se mudaron desde el interior de su país a Hong Kong. La mayoría son gente de grandes recursos que ahora compiten con la tradicional clase de negocios local. Con mejores contactos en Beijing, sin embargo. O sea, con ventaja. Entre ellos está Jack Ma, el super millonario chino, creador de Alibaba, que tiene una mansión en uno de sus barrios prominentes.

En otro tema, también complejo, las empresas prefieren ahora emplear a personas de fuera de Hong Kong. Ocurre que en Hong Kong predomina el cantonés y que China, en cambio, habla muy mayoritariamente el mandarín. Todo un tema para quienes quieren operar comercialmente en el enorme mercado chino. Con la consiguiente necesidad de re-enfocar los planes de estudio locales ante la evidente nueva realidad, que parte de la necesidad de enseñar simultáneamente tres idiomas diferentes: el inglés, el cantonés y el mandarín. Enfrentando, en el camino, las opciones políticas respecto de preservar una identidad propia o asimilarse rápidamente a la nacional, así como la de limitar o acotar la influencia económica y cultural de Occidente.

Ante ese escenario con interrogantes de peso aún abiertos, algunos han decidido irse a vivir a Taiwán, isla a la que Beijing considera una mera “provincia renegada”. No hay, cabe apuntar, una ola gigantesca de emigrantes, pero tampoco hablamos de apenas un pequeño puñado de casos.

Lo cierto es que China está lejos de ser un país pluralista. Es -más bien- todo lo contrario. Y esto naturalmente se refleja en el trato que desde Beijing se confiere a Hong Kong. A lo que se suma la actitud política del Partido Comunista Chino, que considera a la liberalización de la política como una amenaza para la estabilidad de China.

Cuando Hong Kong dejara de estar bajo la tutela británica, los EE.UU. se unieron a la fácil promesa de sumarse a la defensa de sus libertades. En ese entonces, la ex Secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright, al tiempo de asistir a las ceremonias de la transferencia de titularidad, dijo: “América se preocupa por Hong Kong y continuará preocupándose por ella aún después que se apaguen los fuegos artificiales, las cámaras se detengan y la fiesta haya terminado”.

Palabras claras, de las que hoy sin embargo se ha comenzado a dudar como resultado de la llegada de Donald Trump a la presidencia de los EE.UU. Ocurre que Hong Kong no está en la lista corta de prioridades de la actual política exterior norteamericana. Y que para China, instalada en el centro mismo del escenario internacional, es una de sus principales prioridades.

Al visitar recientemente la ciudad de Hong Kong, el presidente chino pronunció un discurso duro, con tono de advertencia, con el que alertó acerca de la futilidad de resistirse al control e influencia de su gobierno. Lo que no logró cancelar la enorme manifestación anual con la que los “pro-demócratas” de Hong Kong se expresan cada año, que tuvo lugar cuando Xi Jinping había ya dejado atrás la ciudad, en la que fuera su primera visita como presidente, durante la cual recorrió la enorme guarnición militar que el ejército de China mantiene en Hong Kong.

Desgraciadamente los temores antes expuestos acaban de ser confirmados por una decisión del Consejo Legislativo de Hong Kong, que destituyó -por sus expresiones y opiniones independientes- a cuatro legisladores locales. De esa manera aquellos que responden directamente al gobierno central chino tienen el control absoluto de la voluntad del organismo. A partir de ahora, el Consejo Legislativo no podrá bloquear ninguna decisión impuesta arbitrariamente desde Beijing, aunque ella contraríe el punto de vista de quienes viven en Hong Kong.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El reino del revés

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 11/12/16 en: http://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/1025202-469/el-reino-del-rev%C3%A9s

 

¡Se pone divertido el mundo! El globo va por caminos que desafían a la inteligencia y obligan a razonar. Y enhorabuena por esto de razonar, que las personas se tomen el trabajo de pensar objetivamente en lugar de repetir los mismos eslóganes que nos enseñan en la historia oficial desde la escuela.

Decía la cantautora María Elena Walsh, en una canción para niños, que “…en el Reino del Revés, nadie baila con los pies… un ladrón es vigilante y otro es juez y que dos y dos son tres”.

Para empezar, visto que Trump dice que llevará a los Estados Unidos hacia una mayor cerrazón, parece que Alemania -atacada, cuando era nazi, por los Aliados en nombre de la libertad- pasará a liderar la lucha ideológica por las libertades individuales. Solo los germanos -en esta Europa con su “estado de bienestar” fracasado que provoca el resurgimiento del aislacionismo de derecha- parecen mantener la chispa de la libertad. Seis meses después del Brexit, la renuncia del proeuropeo primer ministro italiano Matteo Renzi a raíz de su fracaso en el referéndum, produjo la mayor sacudida del año con una depreciación del euro y notables caídas en el sector bancario.

Muerto el comandante cubano, el vicepresidente Miguel Díaz-Canel parece el favorito para suceder a Raúl Castro. De los dinosaurios, solo quedan tres con poder: Castro, Ramiro Valdés y José Ramón Machado. Aunque muy lentamente en este ultraconservador país, los cambios son inevitables sobre todo en áreas como el turismo, la inversión extranjera, la pequeña empresa –dicen que pronto se formalizaría la existencia de pymes– y la agricultura ya que Cuba importa más del 40% de los alimentos.

Sin dudas, ha ayudado el gradual levantamiento del embargo por parte de Estados Unidos -que no es sino coartar la libertad de sus ciudadanos para relacionarse con los cubanos-, cosa que Trump pretende terminar. Así, en el mundo del revés, Cuba intentará ser un país más libre y Washington intentaría complicar el camino.

Pero la mayor ironía es que el “capitalismo” le dejará a la China “comunista” ser la primera potencia. Según el FMI, ya en 2014 pasó a ser la primera potencia global, cuando su PIB superó los US$ 17,500,000 millones (EE UU, 17,400,000). Pero América no perdió su liderazgo desde que superó al Reino Unido en 1872, por varios motivos, para empezar porque el cálculo del PIB es caprichoso. Luego porque China llega a esa cantidad debido a que tiene cuatro veces más habitantes, pero EE UU todavía tiene una productividad superior gracias a un mayor desarrollo tecnológico, científico y, sobre todo, a un sistema más eficiente desde que es más libre y con menor peso del Estado.

Pero esto podría cambiar. Con Trump por primera vez un presidente de EE UU, desde que en 1979 Washington reconoció a la República Popular de China y rompió con Taiwán, habló con la presidenta de la isla. Y en Twitter preguntó si China pide permiso a los EE UU para devaluar su moneda, imponer aranceles o expandirse militarmente. “¡No lo creo!”, se responde él mismo.

Trump impondría 45% de arancel a los productos chinos, así desatará una guerra comercial. Y dejaría el Acuerdo Trans Pacífico (TPP), con lo que ya le han advertido que su lugar podría ser ocupado por el gigante asiático. Todas estas medidas contrarias a la libertad traerían ineficiencia a la economía y entonces, sí, China podría ocupar el primer lugar en la medida en que libere su mercado.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.