La mentalidad capitalista

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 26/3/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/la-mentalidad-capitalista/

 

Parafraseo el título de Ludwig von Mises para subrayar que, al revés de lo que nos cuentan, el liberalismo no solo no venció en el campo de los hechos, sino que tampoco convenció en el campo de las ideas. Las alegrías liberales asociadas con la caída del Muro de Berlín han resultado efímeras.

Sobre la base de la Encuesta Mundial de Valores, el economista e historiador argentino Carlos Newland ha construido un Índice de la Mentalidad Pro Libre Mercado para un grupo de países, y lo ha calculado para un periodo de más de dos décadas —“Is Support for Capitalism Declining around the World? A Free-Market Mentality Index, 1990-2012”, The Independent Review, primavera 2018.

Se observa que, efectivamente, las simpatías por el capitalismo crecieron en el mundo en los años ochenta y noventa, pero perdieron fuerza a partir del año 2000. En el 2012, el último de la serie, la mentalidad capitalista era más fuerte en Taiwán, Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda y Australia. No parece, por tanto, que el capitalismo deba arraigar en una determinada cultura, porque los procapitalistas corresponden a una anglo-esfera pero también a una sino-esfera, que también incluye a la propia China, aunque con cifras menores.

En los países ex comunistas no hay mucho aprecio por el mercado libre, seguramente por la mala transición que se llevó a cabo en muchos de ellos. En América Latina el aprecio es bajo en Chile, Argentina y Uruguay, y curiosamente obtiene el mayor aprecio en Brasil: el populismo no ha prevalecido allí en el ámbito de los valores.

Europa tiene los mayores registros pro-mercado en Alemania, Suecia, Suiza, Noruega y Finlandia. España está a medio camino, pero estable, sin caídas. El más bajo es Turquía. En África secundan el mercado más en Ruanda y Zimbabue, pero mucho menos en Sudáfrica. Los países musulmanes son en general contrarios al capitalismo, en especial Argelia, Qatar, Libia, Irak, Egipto, Palestina y Jordania. Una excepción procapitalista es Yemen. En Asia están Singapur, India y Malasia en puestos intermedios.

El apoyo al capitalismo claramente baja entre 1990 y 2012, en una tendencia “gradual y continua, con lo que no puede ser atribuida la Gran Recesión de 2007-9”.

Los países con ideología más procapitalista suelen ser aquellos con economías más libres y competitivas, y habitualmente ricos, pero no necesariamente: Georgia y Ruanda, por ejemplo.  Hay países poco capitalistas y con poca libertad de mercado, como Argentina, y países anticapitalistas con bastante libertad económica, como Chile.

Aunque el panorama no es homogéneo, el profesor Newland observa que “en general una fuerte mentalidad capitalista coexiste con (y probablemente genera) un marco institucional favorable, como ilustran los países más ricos del mundo: EE. UU., Alemania y Japón”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Venezuela: el verdadero socialismo

Por Iván Carrino. Publicado el 10/5/17 en: https://elliberal.igdigital.com/2017/05/10/venezuela-verdadero-socialismo/?platform=hootsuite

 

Iván Carrino dice que Venezuela está sumida en el caos porque se siguió al pie de la letra el proyecto socialista iniciado por Chávez.

Venezuela está sumida en el caos. Las imágenes que llegan desde el país caribeño son de una convulsión social inocultable. Al mismo tiempo, el gobierno radicaliza su postura, confirmando cada vez más su carácter de dictadura.

En términos económicos, la situación es verdaderamente delicada. La inflación superará el 700% anual este año, la brecha entre el dólar oficial y el del mercado paralelo es de 49.000%, las reservas internacionales cayeron USD 20.000 millones en los últimos 4 años, la escasez afecta a todas las clases sociales y la producción nacional se derrumba.

El resultado es el éxodo de los venezolanos que pueden ahorrar para comprar un pasaje de avión. En España y EE.UU., los venezolanos son la primera nacionalidad en pedir asilo, por encima de países que atraviesan guerras como Siria.

¿Qué pasó con Venezuela que terminó así? En realidad, por más que a algunos les cueste aceptarlo, lo que sucedió es que se llevó a cabo a pie juntillas el proyecto socialista. El “Socialismo del Siglo XXI”, que inauguró Chávez a principios de la década del 2000, terminó siendo exactamente igual al socialismo del siglo XX. Las consecuencias han sido idénticas: exilio, autoritarismo y pobreza.

Muchos intelectuales buscan permanentemente desligar al socialismo de lo que sucede en Venezuela. Profesores marxistas en Argentina han llegado a decir que Venezuela es una economía capitalista, que combina “capitalismo estatal y capitalismo privado”. ¿Qué querrá decir eso? Por ahora es un misterio.

Otros intelectuales suelen indicar que lo de Venezuela no es el verdadero socialismo, sino que éste debe encontrarse en los países nórdicos como DinamarcaSuecia o Noruega. Este argumento es falso, puesto que estas economías, si bien tienen altos gasto público y presión tributaria, están lejos del socialismo. Dinamarca y Suecia, por ejemplo, se ubican en los puestos 17 y 19 en el ránking de libertad económica de la Fundación Heritage, que analiza nada menos que 186 países. ¿De qué socialismo hablan?

Es allí donde la intervención del estado en la economía es omnipresente y nada puede hacerse sin consultar con la burocracia central planificadora. En la Venezuela socialista, la planificación estatal es tan extensiva, que el resultado inevitable es el caos y el autoritarismo.

Quien bien explicaba esta situación era el economista austriaco Ludwig von Mises. En el epílogo de su monumental obra Socialismo, Mises diferenciaba el socialismo de tipo soviético del socialismo de tipo alemán.

En el primer caso, la revolución armada tomaba el poder y el estado se hacía cargo completamente del aparato productivo. El “proletariado”, tal como quería Marx, se hacía dueño del estado y de los medios de producción, y toda decisión económica pasaba al área gubernamental.

El socialismo de tipo alemán, si bien en apariencia era distinto, en esencia era exactamente igual. Incluso cuando la propiedad de los medios de producción quedara en manos de los capitalistas, lo cierto es que el estado controlaba todas las decisiones económicas, por medio de decretos, regulaciones y gasto público.

La explicación de Mises sobre el socialismo alemán sorprende por su vigencia y aplicación a la realidad de la Venezuela actual. Desde su punto de vista, cuando los gobiernos generan inflación e imponen controles de precios, ingresan en un camino donde el intervencionismo crece inevitablemente.

Al controlar los precios de un bien, aparece la escasez de ese producto. Para “resolver” ese nuevo problema, el gobierno decide controlar los precios de los insumos, generando ahora un faltante en esa área de la economía. Finalmente, como no dan marcha atrás, el gobierno pasa a controlar cada vez más y más áreas.

Al llegar a este punto, el socialismo queda instalado. Según Mises:

Cuando se alcanza este estado de control completo de los negocios, la economía de mercado se ha visto reemplazada por un sistema de economía planificada, por socialismo. Por supuesto, no es el socialismo de gestión directa de toda fábrica por el estado, como en Rusia, sino el socialismo del patrón alemán o nazi.

Venezuela combina ambos casos. Las expropiaciones de Chávez y Maduro traspasaron gran cantidad de los medios de producción a manos estatales. Además, de acuerdo con el centro de estudios CEDICE, en 2015 se decretó el cierre de nada menos que 28.000 empresas, mientras que otras 13.900 fueron multadas por el gobierno. El resto de los establecimientos está acosado por la inflación y los controles. En los últimos 10 años, cerraron sus puertas 500.000 empresas.

El socialismo, tal como se verifica en Venezuela, invade todos los aspectos de la libertad económica. Cuando los afectados buscan defenderse, entonces el gobierno acude a la represión, conculcando nuevas libertades. En el camino, la sociedad toda se empobrece.

Venezuela es hija del socialismo. Los resultados nefastos de su implantación no deben adjudicarse a los delirios de Maduro. El problema es el sistema.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Europa no se hizo rica gracias al Estado de Bienestar

Por Iván Carrino. Publicado el 20/11/16 en: http://www.ivancarrino.com/europa-no-se-hizo-rica-gracias-al-estado-de-bienestar/

 

El viernes pasado estuve debatiendo sobre la coyuntura económica en C5N con, entre otros, el economista y profesor de la Universidad de Buenos Aires, Andrés Asiain. (El debate completo puede verse en este link).

Cuando yo sugerí que los países ricos y desarrollados (como los europeos), no conocen la pobreza como la conocemos nosotros (34% de la población que no puede comprar una Canasta Básica), dije que eso era porque no habían tomado medidas intervencionistas como inflación, control de precios, y porque se habían enriquecido gracias al comercio internacional.

Frente a esto, Asiain respondió:

Europa tenía hasta la Segunda Guerra Mundial a su población en la miseria y el hambre, fue después que se instaló un estado que empezó a hacer políticas públicas de intervención, de seguridad social, de subsidios, de controles de precios, etc., que logró crear el Estado de Bienestar que mejoró la vida de los europeos y que hoy lo están destruyendo

Bien, lo que dice Asiain es básicamente el conocimiento popular en la materia, pero  parte del famoso error de confundir correlación con causalidad. Es decir, se piensa que dado que Europa Occidental es un continente rico, y que hay allí políticas “de Bienestar”, son esas políticas las que lo hacen rico.

El argumento, sin embargo, no es cierto. En realidad, la Segunda Guerra Mundial hundió a Europa Occidental en la miseria por unos años, pero éste ya era un continente rico en comparación con el resto del mundo desde principios de la década del 20. Eso puede verse con claridad en el gráfico de abajo, armado en base a los datos de PBI per cápita recopilados por Angus Maddison.

Gráfico 1. PBI per cápita de Europa Occidental vs. América Latina y la Unión Soviética

 

europa

Elaboración propia en base a Angus Maddison

 

Los 12 países de Europa Occidental son Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Noruega, Suecia, Suiza e Inglaterra. Estos países ya venían acumulando riqueza gracias a la Revolución industrial y su apertura al comercio internacional, cosa que evidencian los gigantescos puertos de Hamburgo en Alemania y Rotterdam en Holanda.

Como se ve, ya en 1920 eran mucho más ricos que los países de América Latina tomados como promedio y que la Unión Soviética, en datos disponibles comparables para la misma época y medidos en dólares constantes internacionales. Creo que el gráfico es suficiente para mostrar que la frase “Europa tenía hasta la Segunda Guerra Mundial a su población en la miseria y el hambre”  no se corresponde con la realidad. Es más, podríamos decir que Europa era rica hasta la SGM, y se hundió en la miseria gracias a ella. Esta situación la pudo superar después, pero no por el Estado de Bienestar, sino por el crecimiento económico derivado de la situación de estabilidad y paz posterior al conflicto.

El Estado de Bienestar redistribuye la riqueza, pero hay que crearla en primer lugar, y para eso se necesita libre comercio y capitalismo. Además, en cualquier índice de libertad económica los países europeos superan a nuestro país, por lo que podemos decir tranquilamente que, a pesar de su Estado de Bienestar, tienen mucha más confianza en el liberalismo que la política económica argentina.

¿Te preguntarás qué pasaba con Argentina en esos años?

Gráfico 2. PBI per cápita de Europa Occidental vs. América Latina,  la Unión Soviética y Argentina

europa

Elaboración propia en base a Angus Maddison

Sí, éramos casi tan ricos como Europa antes de la Segunda Guerra. Una vez que estalló el conflicto, ellos se empobrecieron y nosotros, al mantenernos neutrales, la sacamos barata. Pero ya el populismo estaba latente en el país y luego el camino fue siempre divergente.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Argentina: entre la decadencia y la resurrección

Por Iván Carrino. Publicado el 8/9/16 en:  http://www.ivancarrino.com/argentina-entre-la-decadencia-y-la-resurreccion/

 

¿Podrá la Argentina cortar con su prolongado proceso de decadencia?

A principios del siglo pasado, los inmigrantes del mundo elegían a nuestro país como destino para vivir y trabajar. En 1914, el 30% de la población era inmigrante y el país ostentaba un ingreso per cápita que superaba el de Alemania, Suecia y Noruega, según los datos de Angus Maddison.

Hoy la realidad es muy distinta. Ocupamos el puesto número 76 en el ranking de PBI per cápita, estamos entre los primeros con más inflación, y la pobreza afecta a 1 de cada 3 compatriotas.

¿Podremos recuperar el camino de progreso? ¿Volver a ser parte del club de los países ricos?

En esta charla, dada el 20 de septiembre de 2015 analizo las causas de nuestro declive y lanzo algunas ideas para recuperar el brillo perdido.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El referéndum británico: una decisión con múltiples consecuencias

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 22/6/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1911639-el-referendum-britanico-una-decision-con-multiples-consecuencias

 

Los ciudadanos británicos irán hoy a las urnas para participar en un esperado referendo cuyo resultado final puede afectar a muchos, aún más allá de Gran Bretaña. Lo hacen para decidir si su país permanece entre los 28 Estados que componen la Unión Europea o si, en cambio, se aleja de ella. Como veremos enseguida, en el resultado del mencionado referendo hay mucho en juego.

A lo largo de los últimos meses, las encuestas de opinión (que, recordemos, se equivocaron feo cuando en su momento trataron de predecir los resultados de las elecciones nacionales británicas del 2015) han sugerido que quienes prefieren no innovar, esto es permanecer en la Unión Europea, finalmente se impondrán.

Esa era ciertamente la expectativa prevaleciente hasta no hace mucho. Pero en las últimas semanas quienes prefieren abandonar a la Unión Europea achicaron las distancias hasta invertir la tendencia. Ello no obstante, el reciente asesinato de Jo Cox -una joven y brillante parlamentaria socialista, que bregaba insistentemente por la continuidad de su país en la Unión Europea- parece haber alterado nuevamente las expectativas -en favor, esta vez, de permanecer en la Unión Europea- al desnudar los perfiles nacionalistas -y hasta xenofóbicos- que alimentan a muchos de quienes prefieren dejar atrás la integración con Europa.

En una surte de curiosa contrapartida, los respetados apostadores británicos sugieren, pese a todo, que los votantes de su país finalmente elegirán permanecer en la Unión Europea, posibilidad a la que, hasta no hace mucho, asignaban una chance bien importante: de nada menos que el 72%.

Lo cierto es que hoy el descontento que existe en Europa respecto de Bruselas va mucho más allá de la propia Gran Bretaña. Es grande. Del idealismo original, muchos han pasado a la desilusión. En Francia, por ejemplo, los euro-escépticos conforman el 61% de las respuestas. Mientras que en la propia Gran Bretaña ellos constituyen tan sólo el 48% de los encuestados.

Cuando se trata de opinar concretamente sobre el tema que hoy luce como el más preocupante y urgente, esto es sobre la manera de controlar la inmensa ola de refugiados que llega a la Vieja Europa desde Medio Oriente y África, el nivel de escepticismo de los europeos aumenta considerablemente. En Grecia, por ejemplo, la desaprobación de la política común sobre esa cuestión en particular es realmente enorme: del 94%. Casi total, entonces. En la moderada Suecia, ella es también muy grande, del 88%. En Gran Bretaña y Francia es del 70% y en la propia Alemania, del 67%.

En materia estrictamente económica, la desaprobación a la política común europea es también bastante clara. En Grecia es del 92%; en Italia, del 68%; en Francia, del 66%; en España, del 65%; y en Gran Bretaña (que no pertenece a la “zona del euro”), del 55%. Existe, queda visto, una suerte de decepción generalizada.

Cabe apuntar, además, que los jóvenes entre los 18 y los 34 años (que tradicionalmente son los que menos concurren a votar) prefieren ampliamente permanecer en la Unión Europea (con un 57% de ellos ubicados abiertamente en esa línea conformista), mientras que, en cambio, los mayores de 50 años se vuelcan mayoritariamente hacia la salida.

Ocurre que la profunda crisis económica de 2007-2008 aún no ha quedado atrás para buena parte de una Europa que ahora ha quedado incómodamente dividida entre países deudores y países acreedores. Por su parte, Gran Bretaña (que siempre ha estado fuera del “euro”) se recuperó de esa dura contingencia bastante más rápido que los países del continente. Tan es así, que su tasa de desempleo es hoy de apenas el 5,1%.

Los problemas de la zona del “euro”, así como el desordenado manejo de la crisis económica de Grecia (que hoy debe más dinero que al estallar su crisis), sumados a la poco eficaz conducción de la cuestión inmigratoria, han minado dramáticamente la confianza que alguna vez depositaran los europeos en sus propios organismos regionales. Por eso muchos en los Estados Miembros hoy quieren menos y no más Europa.

El tema migratorio es realmente excluyente y hoy es el que preocupa, más que ningún otro. La libertad de circulación de las personas, recordemos, está en el corazón mismo de la estructura de la Unión Europea. Es uno de sus principales cimientos. Esa libertad -que lleva ya dos décadas de vigencia ininterrumpida, desde la suscripción de los acuerdos de Schengen- motivó sin embargo que unas 333.000 personas decidieran mudarse permanentemente a Gran Bretaña el año pasado solamente. Más la mitad de ellas, cabe aclarar, son europeos.

Frente a todo esto han crecido las voces disonantes de la extrema derecha. Y el populismo. En Polonia, Austria y Hungría, con toda claridad. Pero también en Francia y Alemania. A lo que se suman las voces del Partido Independiente, en Gran Bretaña. Para ellas, en esencia, el camino a seguir es ahora el de la “des-integración”. El de la “recuperación” de la soberanía que fuera en el pasado delegada a la Unión Europea, dicen. No están más satisfechos con una Europa unida y solidaria que actúa de manera conjunta. Con todo lo que ello significa respecto de los antagonismos, excesos y rivalidades que llevaron reiteradamente al Viejo Continente a la guerra.

Cabe advertir que, aún si los británicos decidieran permanecer en la Unión Europea, el rumbo común continuará previsiblemente instalado en una nube de alta fragilidad hasta que Alemania y Francia dejen atrás sus respectivas elecciones nacionales, previstas para el año que viene.

Si hoy Gran Bretaña -que sabe bien lo que es vivir en la diversidad, desde que cuatro de cada diez residentes en Londres han nacido en el exterior- decidiera no innovar, probablemente saldría fortalecida en su futuro rol europeo.

En cambio, una decisión en favor de salir de la Unión Europea tendría consecuencias graves e imprevisibles. Actuando de pronto a la manera de un eventual terremoto.

En el plano de la política, el actual primer ministro conservador, David Cameron, que conduce a los conservadores desde el 2005 y apuesta a quedarse en Europa, seguramente caería para ser remplazado por su correligionario y rival en este tema, Boris Johnson.

En materia económica, la libra (que ya se ha debilitado ostensiblemente) perdería probablemente buena parte de su fortaleza. Entre otras razones, porque el mercado europeo (de unos 500 millones de personas) ya no estaría disponible para las empresas británicas, razón por la cual los inversores que apunten al atractivo mercado europeo deberían preferir establecerse en países distintos a Gran Bretaña, para así tener y gozar de un acceso directo al mismo.

A todo lo que cabe agregar que en la propia Gran Bretaña habría también algunas inevitables fricciones entre las distintas naciones que la componen. El Partido Nacional Escocés -que, desde una visión separatista, perdiera el referendo del 2014- renovaría quizás sus pretensiones separatistas. Y la frontera que divide a Irlanda del Norte de Irlanda del Sur se cerraría, invalidando uno de los pilares de los acuerdos de paz de 1998 y generando los problemas consiguientes. Hasta la minoría autonomista galesa podría, de pronto, resurgir si los 54 millones de ingleses -que conforman nada menos que el 84% de la población británica total y que son quienes contienen la mayor parte de las intenciones de voto en dirección hacia abandonar la Unión Europea- la obligaran a tener que dejar atrás su actual pertenencia a la Unión Europea.

Ocurre que precisamente entre los ingleses están quienes conforman la mayor parte de los nostálgicos de glorias pasadas y los nacionalistas que sienten que su identidad está en peligro. En cambio, entre los escoceses e irlandeses del norte prevalece la intención de permanecer en el seno de la Unión Europea. Por eso la campaña de quienes apuntan a quebrar el vínculo actual que los une con el resto de Europa parecería ser más una cuestión que tiene que ver con una defensa emotiva de la propia identidad, que una discusión serena sobre el costo real de la pertenencia a la integración europea, incluyendo las consecuencias de una eventual salida de ella.

Los múltiples acuerdos que serían necesarios para concretar la eventual desvinculación británica de la Unión Europea tardarían unos cinco años en negociarse y materializarse, con el daño consiguiente provocado por una larga etapa, llena de imprevisibilidad. Y en la mesa de negociaciones Gran Bretaña difícilmente encontrará la buena voluntad de aquellos de quienes pudo haber decidido separarse.

Finalmente, en materia de política exterior, la tradicional alianza diplomática británica con los EEUU, bastante desdibujada a lo largo de la última década, previsiblemente se debilitaría aún más. Quizás, significativamente. Y, presumiblemente, Berlín remplazaría en muchos temas a Londres como interlocutor preferido del país más influyente del mundo. Lo que generaría las suspicacias del caso en el resto de la Unión Europea.

Gran Bretaña quedaría entonces relativamente de costado en algunos de los temas y cuestiones más importantes -y hasta centrales- de la cargada agenda internacional, incluyendo aquellos que tienen que ver con la paz y seguridad, que no son precisamente neutros cuando de nuestra relación bilateral con los británicos se trata. Esto incluye la posibilidad de acelerar la tendencia hacia la pérdida de influencia sufrida por Gran Bretaña a lo largo de las dos últimas décadas.

Esta misma noche, seguramente, sabremos cual es el rumbo que el resultado del referendo en curso impondrá a Gran Bretaña. Y a otros. Del mismo dependerá ciertamente la marcha de la cuestionada integración europea. Si Gran Bretaña decide dejarla atrás, no es imposible que, por influjo de una Francia que entonces sería bastante más influyente que hoy, pueda volverse más proteccionista, particularmente en materia agropecuaria, lo que para nosotros no sería una buena noticia.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

“En defensa de los vendedores ambulantes”

Por Belén Marty: Publicado el 24/1/16 en: http://cadenaba.com.ar/nota.php?Id=35058

 

Todo vuelve. Volvieron a instalarse en la calle del barrio porteño de Flores los manteros y vendedores ambulantes que habían sido clausurados y levantados la semana pasada por la Agencia Gubernamental de Control (AGC) de Buenos Aires. La polémica medida de erradicar a los comerciantes improvisados genera simpatía y críticas por igual. En estas líneas me propongo defenderlos.

Alegarán los más férreos críticos que acostumbrados a vivir en la ilegalidad, los vendedores callejeros y ambulantes, saben perfectamente las condiciones a las cuales se someten al vender productos sin pagar impuestos (en general no pagan ni tributos nacionales, provinciales o municipales). También dirán que ellos, a diferencia de los comercios formales, no han pasado horas del verano inscribiéndose como monotributistas en la AFIP, o en el Dirección Nacional de Rental (DGR). Tampoco suelen situarse en los lugares autorizados.

Todo ello es verdad. Los manteros no pagan los impuestos a los que sí están sometidos el resto de los comerciantes. Además, ocupan un espacio publico, interfieren en el libre tránsito de la gente que camina y algunos también dirán que hasta le quitan clientela a los locales formales. En este sentido, los críticos argumentarán que la vía pública no es un bien publico (en el sentido económico de su definición) y que, gracias a ellos, es imposible caminar a las 10 de la mañana por las calles de los barrios de Once, Flores o Micocentro.

Sin embargo, ese no es el quid de la cuestión. En primer lugar, los vendedores ambulantes existen gracias a la imposibilidad de poder montar y formalizar sus propios negocios por la existente, pesada y astronómica carga impositiva que recae sobre todos los comerciantes. Además, el Estado persiste en obligar a cumplir una tarea jurídica propia de los que aman los laberintos burocráticos.

El problema no son los vendedores callejeros sino el marco legal, jurídico, tributario y burocrático que los vio nacer. El problema no es la competencia desleal del ambulante al comerciante que tiene un negocio físico sino justamente la cifra elefantiásica que tiene que pagar el comerciante formal para mantener su negocio en pie.

Trazando un paralelismo podríamos decir que la situación se parece al caso del servicio de transporte Uber y los sindicatos de taxis que reprimen esta nueva modalidad. ¿Por qué? Pues porque en vez de pregonar por una baja de impuestos y regulaciones para realizar su trabajo en paz piden que se le aplique la misma y agresiva cantidad de impuestos a los otros. En este caso de los vendedores callejeros, los comerciantes piden que los ambulantes paguen la misma cantidad de impuestos en vez de pedir por el fin de los mismos.

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) aseguró que “la venta ilegal está destruyendo el comercio formal, por eso hay tantos locales vacíos”. Sin embargo, no es la venta ilegal lo que está dejando a los locales vacíos sino las altas tazas de alquiler, la inflación, y todo lo antes mencionado.

Además, contrariamente a lo que creen los comerciantes formales, los vendedores callejeros complementan a la actividad. La venta en la calle atrae posibles clientes que pasarán caminando por los locales a la calle. Más aún, si bien los manteros no pagan tributos y eso hace que sus mercaderías sean más baratas no tienen los beneficios de que la persona compre en un local: aire acondicionado, pago en cuotas, mercadería de mejor calidad, posibilidad de comprar por mayorista, etcétera.

Pero la mayor defensa está en reivindicar el espíritu emprendedor de estos vendedores ambulantes, especialmente en aquellos sectores menos favorecidos y que no tienen los recursos para arrancar con un comercio formal.

Estas personas son empresarios en potencia. Son una vanguardia contra tanto empuje por parte del Estado a que no sean parte. Son la resistencia a caer en un subsidio. Son personas dispuestas a salir adelante frente a un modelo que los excluye.

Como dice el académico peruano Enrique Ghersi: (los vendedores ambulantes) “no tienen que ser ricos para ser empresarios, solamente les basta ser trabajadores; no tienen que ser listos para ganar dinero, solamente les basta ser ordenados; no tienen que ser sabios para descubrir una oportunidad, solamente les basta ser audaces”.

Las calles son la universidad de los emprendedores. Allí no tienen privilegios de nadie y de nada. Están a merced del mercado.

La dificultad de crear un negocios formal en Argentina

El índice Haciendo Negocios que mide las regulaciones, el capital mínimo, el tiempo y el costo de arrancar un negocio dice que en Argentina esta es una tarea (casi) imposible. El índice, publicado en junio de 2015, mostró que Argentina se encuentra en el puesto 157 de 189 economías mundiales en relación a la dificultad para empezar un nuevo negocio.

Crear un emprendimiento (cualquiera sea) y registrarlo formalmente es mas difícil que hacerlo en Alergia, China, Gabón, Ghana, Iraq, Kenia, Omán, y Yemen, entre otros. Nuestro país es solo superado por países como Zimbabue, Venezuela, Uganda, Sudan del Sur, Myanmar, y Haití. Ninguno de ellos caracterizados por el progreso económico.

Argentina es, sin dudas, uno de los países que más procedimientos y pasos requiere para empezar un negocio. Cualquiera que haya intentado arrancar algo lo sabe. Para abrir algo nuevo una persona debe hacer 14 trámites distintos (muchos de ellos acarrean gastos monetarios).

Muy en el opuesto se encuentran Nueva Zelanda, Suecia, Singapur, Macedonia, que requieren de entre uno y dos trámites.

Levantar a los manteros no va a solucionar el problema de los comerciantes formales. Los manteros, los que llevan carretillas con comida, o cualquier otro vendedor ambulante volverán apenas pase el temblor policial. La solución de fondo es simplificarle la vida a estos comerciantes ambulantes a que puedan abrir sus propios negocios sin morir en el intento.

Menos trámites y bajar los impuestos es la clave para que ellos puedan reinsertarse, de una vez por todas, en el mercado formal.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

La herencia no es solo económica

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 30/9/15 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2015/09/30/la-herencia-no-es-solo-economica/

 

Independientemente de quién sea electo, el próximo presidente deberá afrontar una seria herencia económica. Inflación, un abultado déficit fiscal, una presión fiscal récord, serios problemas en la administración del Banco Central, cepo cambiario y default, entre otros problemas. En una nota anterior comentaba que el kirchnerismo puede estar dejando indicadores económicos peores a los que el menemismo dejó a de la Rúa. La herencia que el kirchnerismo deja al próximo Gobierno, sin embargo, no es solo económica.

¿Qué herencia deja el Frente para la Victoria en temas, por ejemplo, como corrupción, eficiencia de Gobierno y calidad del marco regulatorio? El kirchnerismo ha estado en el Gobierno por doce años con mayoría en el Congreso, ¿qué mejoras se perciben en la calidad de Gobierno y administración durante tan larga gestión? El siguiente gráfico  muestra la percepción en control de corrupción, eficiencia de gobierno, calidad regulatoria, imperio e igualdad ante la ley (rule of law), y transparencia y rendición de cuentas (libertad de expresión, representación de los políticos). Los valores pueden oscilar entre -2,5 (peor) y 2,5 (mejor).

WGI

Si bien el último dato disponible es al 2013, los valores no dejan de ser representativos, dado que no se han dado importante mejoras en ninguna de estas variables. Los valores del 2013 se contrastan con dos puntos de referencia, el fin del menemismo (1999) y el inicio del kirchnerismo (2003). Dos lecturas se desprenden de estos datos. En primer lugar, doce años de gestión K no dejan una administración con una percepción claramente superior a la del fin del menemismo. Por ejemplo, el fin del mandato K muestra un leve empeoramiento en eficiencia de Gobierno y calidad regulatoria. En otras palabras, Argentina estaría algo mejor regulada por el menemismo, más allá de lo pobre que podamos considerar su desempeño. En segundo lugar, el kirchenismo muestra más empeoramientos que mejoras respecto al 2003.

Eficiencia de Gobierno, calidad regulatoria, y transparencia y rendición de cuentas es donde se ve un mayor retroceso. No hay, sin embargo, significativos avances en otras variables. Estos indicadores, a su vez, no capturan los eventos sucedidos del 2014 a la fecha (Hotesur, ausencia de indicadores de pobreza, fraude en las elecciones de Jujuy, etc.) Tras doce años catalogados como “década ganada”, el kirchnerismo no ha podido mostrar mejoras significativas al público en ninguno de estos indicadores. ¿Dónde han estado los avances en control de la corrupción? ¿Eficiencia de Gobierno o mejoras en el marco regulatorios? Menos aún en transparencia y rendición de cuentas, donde ni siquiera se puede confiar en las variables más elementales del Indec, como inflación.

Entre los países con mejor percepción institucional y de Gobierno se encuentran Finlandia, Dinamarca, Noruega, Suecia y Noruega. Con indicadores similares a los de la gestión K se encuentran países como Armenia, Algeria, Etopía, México, Colombia, Rusia, Ecuador y El Salvador, entre otros. El partido que lleva en estas elecciones a Daniel Scioli muestra serias falencias no solo en materia económica, sino también en materia institucional.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.