Lineamientos de una propuesta económica para enfrentar la herencia k

Publicado el 11/9/16 en http://economiaparatodos.net/lineamientos-de-una-propuesta-economica-para-enfrentar-la-herencia-k/

 

El presente documento fue redactado por cuatro economistas: Agustín Monteverde, Héctor Mario Rodríguez, Nicolás Cachanosky y Roberto Cachanosky

El objetivo del documento fue establecer los lineamientos  a seguir para dominar la herencia k y lograr la reactivación de la economía lo antes posible. La propuesta no busca el máximo de medidas posibles, sino el mínimo indispensable para evitar que la herencia que dejó el kirchnerismo le genere un alto costo político al nuevo gobierno y derive en una crisis social.

Este documento fue presentado el pasado 8 de septiembre en el auditorio de UCEMA organizado el evento por la Fundación Cívico Republicana, AMAGI, RELIAL y la Fundación Naumann. Presentación que en las próximas semanas será profundizada en 3 reuniones específicas.

Además, nos proponemos profundizar el análisis de algunas medidas y mantenerlo actualizado.

Deseamos aclarar que ninguno de los cuatro economistas que redactó este documento está buscando un cargo público. Solo pretendemos poner sobre la mesa el debate de temas que hoy no se tratan y son fundamentales para el crecimiento económico como la reforma tributaria, la reforma del estado, la incorporación de la economía al mundo, la reforma laboral, etc.

En definitiva, es solo un aporte a la comunidad de cuatro economistas preocupados por la marcha de la economía dada la herencia recibida.

EL DOCUMENTO

Si bien la economía argentina viene de un proceso de larga decadencia, tal vez el período kirchnerista (2003/2015) se haya caracterizado por llevar el populismo autoritario hasta niveles que pusieron en riesgo la existencia del sistema republicano de gobierno.

Consideramos que los países crecen cuando tienen instituciones sólidas que atraen inversiones competitivas, generan nuevos puestos de trabajo, y mejoran el ingreso real de la población. Es lo que habitualmente se denomina “Imperio de la Ley”, bajo la cual ningún sector económico posee privilegios institucionales. Como en las actividades deportivas, el rol del gobierno no debe ser administrar beneficios entre sectores sociales y económicos, sino ser un árbitro imparcial que facilite el desarrollo de sus ciudadanos.

Debido a que esas instituciones son las leyes, códigos, normas, costumbres que regulan las relaciones entre los particulares y el estado, y entre los particulares entre sí, no puede separarse la relación entre crecimiento económico y calidad institucional. El marco institucional define el nivel de riqueza en el largo plazo de un país (la política económica produce oscilaciones en torno al nivel de riqueza.) El problema institucional argentino es más serio que sus problemas de política económica.

A su vez, las leyes, códigos, normas y costumbres que conforman las instituciones de un país son fruto de los valores que imperan en la sociedad. Si los valores que arraigan son los de vivir a costa del fruto del trabajo ajeno, se destruye el estímulo por invertir y producir, con lo cual la economía genera menos bienes y servicios cuyo resultado es mayor pobreza. Y esto irá más allá de las propias leyes, que están, pero no se cumplen (no hay Imperio de la Ley) o, aún peor, se instrumentan regulaciones que atentan contra la esencia de la libertad y el respeto individual. Impera, por decreto o por constitución, la ley de la selva.

Teniendo en cuenta la pesada herencia económica que dejó el kirchnerismo y las restricciones políticas que debe afrontar el nuevo gobierno, el presente documento tiene como objetivo plantear la necesidad de debatir de manera seria y profunda problemas económicos e institucionales que parecen seguir ausentes en la agenda política del nuevo gobierno que tanto ha prometido el Cambio en Argentina. Si Cambiemos quiere demostrar que no es “kirchnerismo de buenos modales” y que “sí, se puede”, entonces no debe evadir afrontar reformas como las aquí planteadas.

No pretendemos que las medidas necesarias puedan implementarse de un día para el otro, ni solucionar décadas de populismo en unos pocos meses. Pero sí es necesario fijar el rumbo. El gradualismo elegido por el gobierno de poco sirve si no está claro hacia dónde nos lleva dicho gradualismo.

El proyecto de chavización que el kirchnerismo propuso a la Argentina requirió un alto grado de populismo fiscal, es decir gasto público para financiar planes “sociales”, subsidios para las tarifas de los servicios públicos y más empleo público a nivel nacional, provincial y municipal. Obviamente que ese mayor nivel de gasto público exigió una creciente presión impositiva y más impuesto inflacionario y el endeudamiento público que se pudiera conseguir (o los activos públicos y privados que se pudieran dilapidar) para financiar el creciente déficit fiscal.

Los problemas más urgentes a enfrentar, herencia del kirchnerismo son los siguientes:

1)   Gasto público récord y altamente ineficiente ya que no proporciona los bienes básicos que debe brindar un gobierno republicano,

2)   Una presión impositiva récord que asfixia la actividad privada y llegando a niveles confiscatorios que ahuyenta las inversiones,

3)   A pesar de la asfixiante presión impositiva, se heredó un déficit fiscal del 7% del PBI, financiado con emisión monetaria

4)   Alta tasa de inflación fruto del financiamiento monetario del déficit fiscal

5)   Fuerte distorsión de los precios relativos, entre otras cosas, por las tarifas de los servicios públicos subsidiados y un nivel de salarios elevado en términos de tipo de cambio oficial

6)   Stock de capital en infraestructura virtualmente agotado o colapsando, como es el caso de las rutas y del sistema energético.

La herencia recibida obliga a asumir un doble desafío: por un, lado evitar que se produzca una crisis social al recalibrar los precios relativos de modo tal de que empiecen a dar las necesarias señales de escasez y poner orden fiscal. Por otro lado, iniciar un camino de largo plazo de crecimiento económico con profundas reformas estructurales que nos aparte definitivamente del populismo.

Las medidas para enfrentar la herencia k deben ser parte de un plan económico de largo plazo y multifacético.

En este sentido consideramos que es necesario entender que un sistema económico institucional con incentivos equivocados nunca va a transformarse en un sistema eficiente, por más que se intente administrarlo “eficientemente”. No es cuestión de administrar mejor un sistema ineficiente que crea las condiciones para que florezca la corrupción. La clave está en cambiar el sistema no en administrarlo mejor u “honestamente”.

El sistema o los ejes de la política económica

La política económica sólo puede brindarle a la población un nivel de vida material más elevado en la medida que genere una fuerte corriente de inversiones, en especial en actividades competitivas y, por lo tanto, sustentables.

Actividades competitivas significan que pueden competir con importaciones e, incluso, incrementar las exportaciones y que no requieren de subsidios o beneficios como políticas de sustitución de importaciones. Para lograr esa corriente inversora en actividades competitivas, la política económica debería tener tres grandes ejes

1)   Disciplina fiscal

2)   Disciplina monetaria

3)   Calidad institucional

Disciplina fiscal

La disciplina fiscal no se limita bajar el déficit fiscal solamente. No tiene sentido buscar un equilibrio fiscal con un gasto público del nivel del actual. Esto significaría consolidar un sector productivo raquítico y burócratas cada vez más ricos y corruptos.

Lo que se requiere es una profunda reforma del sector público con reducción del gasto y una reforma impositiva. Es imprescindible que la población tome conciencia de las funciones que quiere que preste el gobierno y esté dispuesta a solventarlas con sus impuestos. Se trata de un proceso sociológico profundo en una comunidad habituada a la gratuidad y a respaldarse en el Estado como si se tratara de un Rey Rico.

Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos. La dimensión del desequilibrio fiscal no se soluciona con retoques en el gasto público, sino que la dimensión del desequilibrio implica tener que replantearse cuál debe ser el rol del estado en Argentina.

Para reducir el gasto público consideramos que se puede disminuir la cantidad de personal en el Sector Público Nacional (y un paralelo en las jurisdicciones provinciales y municipales) mediante planes de retiro anticipado, el cierre de secretarías y reparticiones públicas en general pagando las indemnizaciones correspondientes.

Esta medida no implica incrementar la desocupación propiamente dicha.  Esas personas no están ocupadas actualmente, sino que cobran un disimulado seguro al desempleo mediante un cargo público al cual, muchas veces, no asisten personalmente. Se ha escondido la verdadera tasa de desempleo simulando puestos de trabajo en el sector público. Se confunde genuina generación de empleo (que genera valor económico) con un efecto estadístico al clasificar este disimulado subsidio al desempleo como “empleo”. Proponemos comenzar a sincerar esa situación, hablando con la verdad como insistentemente proclama el Presidente Macri, con la ventaja que, a menor burocracia menos entorpecimiento para que produzca eficientemente el sector privado. Cada empleado público que no contribuye a generar valor económico es un ladrillo más en la ya pesada mochila impositiva que carga el contribuyente.

Proponemos asimismo un proceso de re empadronamiento de todos aquellos que reciben planes sociales. El objetivo final es que se otorguen en casos especiales exclusivamente. No pueden ni deben constituir una forma de vida porque destruye la cultura del trabajo y es injusto e inmoral que unos vivan a costa de otros de manera permanente cuando es posible trabajar. A modo de ejemplo, el gobierno puede administrar una bolsa de trabajo ante la cual los beneficiarios de planes sociales no pueden rechazar una oferta de trabajo dentro de su especialidad y de un rango geográfico aceptable sin perder el plan social. El éxito de los planes sociales, como el de los medicamentos, se mide por qué tan rápido el mismo se vuelve innecesario y desaparece, no por qué tan rápido es necesario incrementar la dosis. La expansión de los planes sociales en Argentina sugiere que los mismos están mal diseñados y/o aplicados. Lo que proponemos no es dejar a sus beneficiarios a su suerte, sino revisar los planes sociales para que efectivamente cumplan con su cometido.

Otro punto sobre el que hay que trabajar es la recomposición de las tarifas de los servicios públicos congeladas durante casi 14 años, como paliativo para un desmadre económico que destruyó los ingresos reales de los menos favorecidos. El principio que debe regir es el de pagar por lo que se consume. Como cualquier otro bien o servicio; sin subsidio alguno. Pero no se le puede pedir a las familias y empresas que paguen la tarifa plena cuando, al mismo tiempo, ese precio final tiene incorporado una feroz carga tributaria. El consumidor debe hacer el esfuerzo de pagar por lo que consume, pero el estado debe hacer el esfuerzo de reducir la carga tributaria sobre el consumo de energía eléctrica, gas y demás servicios públicos, lo que tiene como contrapartida una reducción del gasto público para no quedar desbalanceado. Subir las tarifas de servicios públicos debe implicar bajar impuestos y, en consecuencia, reducir gasto público.

El proceso de reestructuración del estado llevará tiempo, pero es fundamental comenzar a recorrer el camino lo antes posible, transmitiendo con claridad, a la sociedad toda, los objetivos (parciales y totales) y los caminos para alcanzarlos. Este proceso debe ser a favor de la gente y debe hacerse explícita esa finalidad de modo tal de debilitar la resistencia de los intereses creados.

Política tributaria

El principio básico de la política tributaria debe ser que muchos paguen poco y los impuestos sean sencillos de liquidar. En vez de concentrar una enorme carga tributaria sobre un reducido sector de la población, se debe buscar aplicar alícuotas bajas y que todos paguen.

Suele argumentarse que hasta que no se reduzca la evasión impositiva no se pueden bajar los impuestos. Esto es un error. Para reducir la evasión impositiva primero hay que bajar los impuestos de manera tal que el premio por evadir sea tan bajo que el contribuyente tenga menores estímulos para evadir. El camino de reducir la tasa de evasión pasa por reducir las alícuotas de los impuestos. El camino inverso implica matar impositivamente al sector productivo e incentivar la evasión. No existe fuga de capitales a paraísos fiscales sin infiernos fiscales.

Como parte de la política impositiva sugerimos eliminar el impuesto a las ganancias y establecer un low flat tax que equipare a la recaudación de todos los impuestos nacionales (IVA, Ganancias, Bienes Personales). Además, eliminar lo antes posible el impuesto al cheque o tomarlo a cuenta del low flat tax.

Disciplina monetaria

Volver a un Banco Central independiente del Poder Ejecutivo es parte de la política de disciplina monetaria. Volver a la Carta Orgánica anterior es imprescindible. Desde su fundación en 1935 a la fecha, la inflación promedio anual en Argentina fue del 54%. Este pobre desempeño sugiere que el problema monetario en Argentina no se debe meramente a seleccionar una buena administración del BCRA, sino que el problema de fondo es institucional o de diseño. Una reforma seria y profunda que garantice la independencia del BCRA es necesaria para garantizar la estabilidad monetaria en el mediano y largo plazo en Argentina.

Debe establecerse una total libertad en el uso de las monedas, anulando el curso forzoso de la moneda nacional. Los agentes económicos podrán realizar las transacciones comerciales y todo tipo de operación económica en la moneda que las partes acuerden. El peso debe ser una moneda más que podrá utilizar la gente, pero al no existir el curso forzoso el BCRA estará obligado a preservar el valor de la moneda para que la gente la elija como reserva de valor o medio de intercambio. Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales será finalmente alcanzable.

La política cambiaria será de flotación limpia. Si el Banco Central preserva el valor de la moneda, el tipo de cambio tenderá a ser estable. De todas formas, con un frente fiscal sólido y consolidado, unido a un Banco Central patrimonialmente rico y profesionalizado, una política cambiaria activa transitoria, para neutralizar corrientes externas perturbadoras para un país chico y abierto, tendrá plena cabida.

El Banco Central tendrá que capitalizarse. El Tesoro le entregará letras transferibles en dólares a cambio de los U$S 48.000 millones de letras intransferibles del tesoro que actualmente tiene el Banco en su Activo. Asimismo, el BCRA dejará de incrementar la cartera de LEBACs, ya que desplaza al sector privado del mercado crediticio.

Calidad institucional

Recuperar la calidad institucional es lo que más tiempo llevará, dado que implica modificar los valores que hoy imperan en la sociedad.

De todas maneras, el conjunto de la política económica debe apuntar, en los hechos y en el discurso, a cambiar la cultura de la dádiva, los subsidios y el proteccionismo por la cultura del trabajo, la competencia y el desarrollo de la capacidad de innovación de la gente. El gobierno no debe ser un mero seguidor de encuestas, sino que debe ser un genuino líder social. En las últimas ediciones del índice de Libertad Económica del Fraser Institute, Argentina se ubica entre los 10 países con menos libertad económica del mundo. Argentina no necesita retoques de política económica. Argentina necesita un cambio fundamental en su concepción de cuáles deben ser los principios económicos imperantes.

Se debe revertir la perniciosa consigna que los planes sociales (que han destruido la cultura del trabajo) son un derecho de la gente. En todo caso, serán una ayuda extraordinaria en una circunstancia particular. Lo que debe cambiarse es la concepción de que el vivir del fruto de trabajo ajeno es un derecho adquirido.

Mención especial merece que, en lo inmediato, también debe el Ejecutivo impulsar una política de transparencia denunciando todos los casos de corrupción y los abusos de poder. Es imposible pensar en el crecimiento de largo plazo si quienes cometieron delitos contra la hacienda pública y abusaron del poder no son sancionados con la mayor severidad. Por lo cual, el paso siguiente será la celeridad, eficacia y ecuanimidad del Poder Judicial, quien no debe hacerse el distraído antes casos de abuso de poder, corrupción, y avance sobre las instituciones republicanas. El rol institucional del Poder Judicial es proteger las instituciones republicanas, tarea en la que este poder tiene mucho por corregir y sentar ejemplo. Caso contrario se estaría enviando el mensaje que se puede ser corrupto y abusar del poder sin sufrir las consecuencias, aún a pesar de cambio sustancial de signo político que la sociedad votó. Por poco margen, es cierto, pero más de la mitad de los votantes pidió un cambio en este sentido. No se cambian los valores dejando pasar por alto la corrupción y el abuso de poder y, por lo tanto, no se mejora la calidad institucional que es la que atraerá inversiones. Avanzar sobre la república es un problema institucional, no un problema de la política.

Insistimos, sancionar con severidad los casos de corrupción y abuso de poder deben ser considerados parte de la política económica, dado que ayudan a reconstruir la calidad institucional que es la llave para atraer inversiones.

Un giro constructivo del castigo a la corrupción es la pérdida de la propiedad de los bienes y dinero obtenido en ocasión de un acto corrupto. Del mismo modo que un simple ladrón debe devolver lo robado, si lo tiene en su poder y su propietario original lo reclama, los fondos provenientes de la corrupción deben volver a un Fideicomiso para fomentar actividades de alto impacto social. Ese ejemplo valdrá más que mil palabras.

El corto y el largo plazo

Considerando que la economía se mueve por tres factores, a saber: 1) el consumo interno, 2) la inversión y 3) las exportaciones netas, el camino menos doloroso para que la población supere la herencia recibida del kirchnerismo pasa por bajar la tasa de inflación, ir a una libre flotación y permitir que el tipo de cambio alcance el nivel de mercado.

Con un tipo de cambio real más alto las exportaciones actuarán como el primer motor que pondrá en funcionamiento la economía y la sacará del actual proceso recesivo. Un proceso acelerado de inversión externa neta (de cartera y/o inversión externa directa); es decir, un brusco aumento del ingreso de capitales por las mejores expectativas que el mediano plazo argentino promete frente a una región y un mundo emergente complicados, puede actuar como depresor de tipo de cambio real. Ello encarecerá nuestra producción, en relación con la resto del mundo. Para ello, una política inteligente del Banco Central evitando lo que se conoce como enfermedad holandesa, será crucial.

Solucionar el problema energético de Argentina es esencial para evitar un efecto de cuello de botella en la recuperación económica del país. Si no hay oferta suficiente de energía para aumentar la producción, la recuperación no será posible o la misma será muy lenta. El problema energético requiere, sin embargo, de fuertes inversiones de largo plazo;lo que hace más urgente, aún, las reformas económicas e institucionales que se discuten en este texto.

En lo que hace a la obra pública, en vez que el estado tome deuda externa para realizar las obras, resulta más conveniente que se llame a licitación para la ampliación, construcción y mantenimiento de rutas e infraestructura en general con aportes de capital privado. En este caso, habrá que desistir de la habitual práctica de garantizar (con respaldo del estado) los pasivos financieros de los contratistas. Los avales caídos a cargo del estado tienen una larga y triste historia en el país.

Un flujo de inversiones importante en este rubro permitirá reconstruir la infraestructura del país en el mediano plazo y, en el corto, movilizar rápidamente la actividad económica.

Reforzando lo dicho anteriormente respecto del riesgo de sobrevaluación de la moneda local, será clave que, si ingresan capitales para invertir tanto en obra pública como en otros sectores, la economía esté totalmente abierta al comercio internacional y a los flujos financieros en ambos sentidos.

Vemos también que una suba del tipo de cambio puede cambiar el flujo del turismo, logrando aumentar el turismo receptivo.

La inversión será el segundo motor en movilizar la economía, pero para ello se requiere un plan económico global consistente, con una política tributaria amigable hacia la inversión y un cambio profundo en la legislación y en la política laborales. Si se pretende reducir la tasa de desocupación como primer paso hacia la eliminación de la pobreza, es indispensable facilitar las contrataciones de personas con cualquier tipo de capacitación en el mercado laboral.

Con décadas de preminencia de la negociación salarial en las cúpulas (de empleados y de patrones), basamento de la partidocracia totalitaria, estas modificaciones sustanciales serán delicadas, largas y, si no se explican bien sus beneficios, resistidas en casi toda la población.

Sólo luego de iniciar el ciclo virtuoso del crecimiento es posible pensar en que el consumo sea vigoroso, mientras tanto lo que puede lograrse es evitar que el consumo siga cayendo fruto la presión impositiva, la falta de inversiones y la inflación como consecuencia del desequilibrio fiscal.

En síntesis, la visión de largo plazo de la política económica debe ser la de crecer con fuertes inversiones incorporando y abriendo la economía argentina al mundo, mediante todos los acuerdos de libre comercio que seamos capaces de firmar. Hay que ver el mundo como lo que es: una oportunidad; no una amenaza. La propuesta marketinera de hacer de Argentina el “supermercado” del Mundo (como superadora de ser “el granero del mundo”) tiene raíces profundas en este razonamiento. Argentina debe renunciar a la concepción tan arraigada de sustitución de importaciones y proteccionismo para incorporarse a un mundo globalizado y recibir los beneficios de la división internacional del trabajo.

La visión económica de largo plazo tiene que estar basada en que las empresas obtengan sus utilidades satisfaciendo las necesidades de los consumidores, dentro de reglas de juego que maximicen la competencia en todos los mercados, en vez del actual esquema que se basa en buscar el favor del funcionario de turno para no competir, aprisionando a los consumidores en un mercado cautivo.

El gobierno debe marcar el rumbo en el cual los subsidios no deben ser duraderos y que se debe volver a la cultura del trabajo. Un año 2017 con menos feriados inventados (puente, fechas corridas, conmemoraciones absurdas) será una señal poderosa.

En lo inmediato, es fundamental comenzar a poner orden fiscal bajando el gasto público mediante la reconfiguración estructural de las funciones del estado y su relación con los particulares y re-escribiendo el sistema tributario, empezando a incorporar el low flat tax en lugar de la intransitable y asfixiante maraña actual. Esta es la única manera de lograr disciplina fiscal para tener disciplina monetaria e ir bajando la tasa de inflación.

El anuncio de un plan económico global y el inicio de su aplicación atraerán las inversiones que junto con las exportaciones permitirán en una senda de crecimiento sostenido para ir bajando la desocupación y la pobreza, no con paliativos o soluciones que no emancipan a los menos favorecidos sino con trabajo formal, digno y bien remunerado. Objetivo que, en última instancia deber ser el fin de toda política económica: que todas las familias vivan mejor materialmente.

Firman: Agustín Monteverde, Héctor Mario Rodríguez, Nicolás Cachanosky, Roberto Cachanosky

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Qué es lo mínimo que hay que hacer

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 24/1/16 en: http://economiaparatodos.net/que-es-lo-minimo-que-hay-que-hacer/

 

Se pueden resolver los problemas económicos solo con confianza?

Todo proceso económico tiene como destino final el consumo. Aun cuando se produzcan bienes de capital o insumos para la producción, ambos factores de producción tiene como último destino el de producir bienes de consumo.

Ahora bien, el kirchnerismo dio vuelta el proceso lógico de la economía y se lanzó a estimular artificialmente el consumo en forma desaforada utilizando diferentes mecanismos. Por un lado uso stock de capital para estimular el consumo, por ejemplo nuestros ahorros en las AFJP o el dinero que tendría que haberse destinado a financiar el mantenimiento y la mejora del sistema energético; por otro lado, nos exprimieron como a un limón a los que producimos dentro del sistema formal, aplicándonos una salvaje presión impositiva para redistribuir entre quienes se consideran con derecho a ser mantenidos de por vida por el resto de los mortales. Lo cierto es que esa presión impositiva derivó en fuertes desestímulos para producir y la economía quedó estancada durante los cuatro años del segundo mandato de Cristina Fernández. El resultado es que aunque Macri quisiera hacer populismo estimulando el consumo, no podría llevar a cabo esa estrategia porque no hay con qué estimular el consumo artificial como lo hizo el kirchnerismo, dilapidando 12 años de nuestras vidas.

No le queda otra opción a Macri, más allá que esa sea su convicción, que volver al proceso lógico de la economía por la cual primero hay que producir y luego consumir.

Para enfrentar el destrozo económico que hereda Macri del kirchnerismo, tiene, a mi juicio, dos opciones para comenzar a mover la economía. La más inmediata es las exportaciones, en particular de productos agropecuarios con una mayor diversificación en granos (el kirchnerismo forzó el monocultivo de la soja con las absurdas medidas que adoptó) y en una segunda etapa tiene que encender el segundo motor para mover la economía que es la inversión. Con estos dos motores en marcha bajará la desocupación, mejorarán los salarios reales e iremos a un proceso final en el que a economía tendrá tres motores empujando: el consumo, las exportaciones y la inversión. Pero el consumo no crecerá en forma artificial, sino en forma sólida.

Obviamente que todo este proceso no es mágico ni instantáneo. Décadas de destrucción populista no se resuelven en unos pocos meses y menos cuando esa destrucción populista llegó al máximo con el kirchnerismo. Yo diría que junto con José Ber Gelbard, Kicillof fue el peor ministro de economía que tuvo la Argentina en los últimos 40 años. Cabeza a cabeza compitiendo por el premio mayor al peor ministro de economía.

Ahora bien, volviendo a las opciones que tiene Macri por delante, me parece que al regular el mercado de cambios cuando salieron del cepo, se quedaron cortos en la suba del tipo de cambio real. Dicho de otra manera, Argentina sigue siendo cara en dólares porque los precios internos subieron más que el tipo de cambio nominal y, por lo tanto, habrá que ver si las exportaciones, que eran el motor más inmediato para mover la economía, pueden darle el empuje necesario. Tengo mis dudas, en particular con un tipo de cambio que se movió, en términos nominales igual al de Brasil y, encima, con nuestro principal socio estancado o en recesión.

Le queda a Macri el tercer motor para mover la economía que es la inversión. Un paso importante dio el presidente en las reuniones que mantuvo en Davos. El flamante gobierno argentino dejó una muy buena imagen. Ya no nos ven como los loquitos irresponsables de América Latina junto con el chavismo. Sin embargo, me queda el interrogante si la nueva imagen de Argentina con un gobierno racional, con gente preparada y proponiendo políticas lógicas, alcanza para atraer la suficiente cantidad de inversiones como para empezar a mover la economía hacia mediados de 2016, porque me parece que el primer semestre va a ser bastante duro.

Dicho de otra manera, uno puede decir para dónde va, pero habiendo tenido nuestro país tantas aventuras populistas, antes de lograr inversiones en cantidades importantes habrá que mostrar que estamos dispuestos a iniciar el camino de la madurez. No basta con decir que se buscará la disciplina fiscal, probablemente las inversiones lleguen cuando se vean señales claras con medidas concretas que buscan la disciplina fiscal.

Quiero decir que no sé si el simple cambio de expectativas alcanza para encender el tercer motor que puede mover la economía, esto es el motor de las inversiones. ¿Tendremos inversiones antes de aplicar reformas estructurales o primero vendrán las inversiones y luego se podrán implementar las reformas estructurales, particularmente en gasto público e impositivas?

En lo personal yo no me arriesgaría e iría por lo seguro. Dejaría flotar en serio el tipo de cambio sin subir la tasa de interés para que el motor de las exportaciones mueva rápidamente la economía y descomprima la situación social mientras avanzo en un plan de disciplina fiscal más convincente que el anunciado para, de esa manera, atraer inversiones.

El gran interrogante que se presenta es: ¿qué es lo mínimo indispensable que hay que hacer en el campo de la economía para salir del largo período de estancamiento? Hay tiempo para hacer correcciones en caso de no ser suficiente lo hecho hasta ahora. Pero tampoco tenemos todo el tiempo del mundo, porque el mundo nos está esperando entusiasmado, pero no nos va a esperar eternamente.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Populismo y estado de esclavitud

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 13/10/15 en: http://economiaparatodos.net/populismo-y-estado-de-esclavitud/

 

El populista saquea la renta generada por la gente que trabaja

En su interesante libro Poder y Prosperidad, Mancur Olson analiza la relación entre crecimiento económico y las instituciones, entendiendo por instituciones las reglas de juego que imperan en una sociedad. En inglés se lo conoce como el rule of law. La traducción más aproximada que uno podría encontrar al español sería: el imperio de la ley.

Olson plantea que si una sociedad tiene que optar entre el pillaje ocasional que surge de la anarquía, significa que esa sociedad pierde los estímulos para producir. Es decir, si un pueblo es sometido al continuo acoso de grupos armados que roban todo lo que encuentra a su paso y se va a otro pueblo a seguir robando, ese pueblo no tiene entusiasmo por seguir produciendo. La riqueza desaparece porque las gentes no producen. Podemos imaginar un país en estado de anarquía en que diferentes grupos armados van por las casas robando todo lo que encuentran en su camino. En el ejemplo de Mancur Olson, estos grupos serían el equivalente a ladrones errantes. Roban todo y luego se van a robar a otro lugar.

Luego de analizar por qué el ladrón errante destruye toda la producción, Olson afirma: “La lógica del asunto –además de la información histórica y observaciones recientes- sugiere que el saqueo continuado de un bandido estacionario es muy preferible a la anarquía”.

¿Quién es el bandido estacionario? Aquél que le ofrece protección al pueblo que es sometido continuamente por el saqueo de los ladrones errantes. Es decir, los habitantes de ese pueblo, en términos relativos, están mejor con un ladrón estacionario que con un ladrón errante, dado que el ladrón estacionario los defiende del ladrón errante. ¿Por qué el ladrón estacionario es una mejor opción que el ladrón errante?  Porque el ladrón estacionario no se roba todo como el ladrón errante. Tiene que dejarle a la gente algún estímulo para producir. Si robara lo mismo que el ladrón errante, la gente del pueblo estaría en un punto de indiferencia entre un ladrón y el otro.

Es típico de los gobiernos populistas actuar como ladrones estacionarios. Es decir, usan el monopolio de la fuerza que les fue delegado para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas para expoliar a la gente que trabaja, y repartir entre amplios sectores de la sociedad parte del botín. Inicialmente los gobiernos populistas redistribuyen el fruto de su saqueo entre amplios sectores de la población para lograr su adhesión y así “legitimar” su permanencia en el poder. A diferencia de los señores de la guerra de la que nos habla Mancur Olson en Poder y Prosperidad, el populista no llega al poder mediante el uso de la fuerza, sino que llega al poder mediante el voto. Luego de llegar al poder se quita la careta y se muestra su verdadera cara de autócrata. Es entonces cuando comienza a utilizar el monopolio de la fuerza para violar los derechos individuales.

Tiende el populista devenido en autócrata a saquear al sector más productivo de la sociedad para, con el fruto del saqueo, comprar el apoyo de amplios sectores de la sociedad, es decir, compra el voto. El populista somete a un estado de esclavitud a los sectores más eficientes de la sociedad. Los dueños de los esclavos no los mataban de hambre. Le daban de comer porque necesitaban a los esclavos para que produjeron. El populista actúa de manera parecida. En general no expropia los bienes de producción porque prefiere que el dueño los trabaje por él. Ninguno de sus seguidores querría ponerse a trabajar, solo desean vivir a costa del que produce. Por eso el populista saquea la renta generada por la gente que trabaja. Los esclaviza usando el sistema impositivo. Pero como con la carga impositiva va quitando los estímulos para producir y comienzan a escasear los productos, el populista establece una maraña de regulaciones que terminan ahogando más la producción.

La estrategia del populista es plantear que cobra esos impuestos con sentido solidario. Para redistribuir el ingreso. De esta manera somete a un estado de esclavitud a parte de la población y el que se niega a ser sometido a un estado de esclavitud es un evasor y egoísta que no quiere ser solidario con los más humildes. En rigor, lo que hace el populista es someterse a un estado de esclavitud a los sectores más productivos y con el fruto del trabajo de ellos, mantiene a quienes los votan porque viven sin trabajar. Su negocio es ese y usar el estado en beneficio personal.

Justamente da para el debate si el populista, que es un ladrón estacionario, no termina matando la producción. Mancur Olson sostiene que “el bandido estacionario, debido a su monopolio sobre el crimen y los impuestos, tiene un interés inclusivo en su territorio que le hace limitar el pillaje, ya que tiene una participación sustancial en las pérdidas sociales resultantes de tales depredaciones”. Es decir, para Olson, el ladrón estacionario saquea impositivamente a la gente hasta un punto porque si se destruye riqueza el ladrón estacionario sale perdiendo dado que es un “socio” en las ganancias y en las pérdidas de generación de riqueza que genera la sociedad.

Me parece que el ladrón estacionario termina destruyendo la fuente de riqueza que él explota, por tres razones. En primer lugar porque establece tantas regulaciones que ahoga la producción. En segundo lugar porque la presión impositiva desestimula la generación de riqueza. Y en tercer lugar porque como el gobierno populista se va poniendo cada vez más tirano, los capitales huyen hacia países con mayores grados de libertad. Así, la falta de inversión y la destrucción del stock de capital que genera riqueza van agotándose hasta que ya no quedan recursos para redistribuir y se pierde el apoyo de las mayorías que antes aplaudían y votaban al populista.

Llega un punto en que el populista solo puede mantenerse en el poder mediante el uso de la fuerza. Encarcelando y silenciando a los opositores. En ese punto ya es tarde. La tiranía está establecida y rara vez puede terminarse con ella si no es mediante la violencia. El populista devenido en tirano no deja el poder ni se somete al voto popular.

En definitiva, el populista no es otra cosa que un ladrón estacionario que, como resultado final, termina destruyendo toda la riqueza como lo hace el ladrón errante. Si la gente no lo advierte a tiempo, el populista termina siendo un tirano y los sufrimientos de la sociedad son muchos mayores. Pero el paso previo, siempre es someter a los sectores productivos a un estado de esclavitud en nombre de la solidaridad social.

 

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Economía: la oposición no tiene que tener miedo a la herencia:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 22/2/15 en: http://economiaparatodos.net/economia-la-oposicion-no-tiene-que-tener-miedo-a-la-herencia/

 

A diferencia del 2002, cuando llegó Duhalde a la presidencia, el próximo gobierno no podrá aplicar la misma receta para salir de la fenomenal recesión en que nos ha sumergido el modelo Nac&Pop. El camino será más largo, pero si se adoptan las medidas adecuadas, también será más sólido y hasta puede acelerarse la recuperación del destrozo que dejará el kirchnerismo.

Recordemos que en el segundo semestre de 2002 Duhalde se ve beneficiado con la suba del precio de la soja. El 2002 comenzó con una soja de U$S 160 por tonelada y terminó con U$S 208 la tonelada. Para tener otra referencia, en 2001 el precio promedio de la soja fue de U$S 168,75 por tonelada, en 2002 el promedio fue de U$S 188,87 la tonelada y el 2003 tuvo un precio promedio de U$S 233,21 la tonelada.

Para tener una idea de la suerte que tuvieron los k, podemos tomar este dato: el precio promedio simple de la soja durante el gobierno de De la Rúa fue de $ 175,66 la tonelada. En la era k, el precio promedio fue de U$S 378,78 la tonelada

Es decir, de una fenomenal fuga de capitales en el 2001, con la devaluación el gobierno se encontró con un flujo de ingreso de divisas producto de la suba del precio de la soja. Los productores, que estaban fuera de combate, de golpe se encontraron con un dólar 3 o 4 pesos a 1, en vez del 1 a 1 de la convertibilidad y con las deudas pesificadas. Es decir, tenían flujo de divisas a precios en dólares más alto, con una cotización del dólar más alta y deudas en pesos. Eso generó un boom agrícola que empujó la actividad económica en forma fenomenal al tiempo que le acercaba recursos al gobierno vía las retenciones.

No veo que el próximo gobierno vaya a encontrarse con un escenario igual. Sí puede ocurrir que mediante una devaluación bajen los precios de los insumos en dólares, particularmente el transporte de carga, y mejore el ingreso del productor por la suba del tipo de cambio, pero no creo que los precios de las commodities tengan un comportamiento de suba permanente como ocurrió con el gobierno k.

Por otro lado, Néstor Kirchner recibió un tipo de cambio que a precios de enero 2015 era de $ 16,34 en tanto que el promedio de enero pasado fue de $ 8,62. Es decir, no habrá un colchón cambiario como para utilizarlo como ancla contra la inflación.

Pero la clave de todo estará en que no habrá un stock de capital para reactivar la economía como lo hizo Duhalde y que luego continuó el matrimonio k descuidando la inversión.

Al más puro estilo keynesiano, Duhalde, además de tener la suerte de la suba de la soja, utilizó la capacidad instalada durante los 90. Simplemente la devaluación generó una caída de los salarios medidos en dólares. La caída de los salarios en dólares frenó las importaciones, particularmente de los bienes de consumo sustituyéndose importaciones. Los productores locales pasaron a tener casi el 100% del mercado solo por efecto de la devaluación. En el recesivo 2001 las importaciones había ascendido a U$S 20.320 millones. En 2002 con la devaluación de enero de ese año cayeron a U$S 8.989 millones. Menos de la mitad del 2001. Por eso digo que los productores locales se quedaron con una market share mayor solo por efecto de la devaluación.

¿Qué hizo Duhalde en última instancia? Para responder vuelvo a la isla de la fantasía y voy a utilizar el gráfico de los peces y los cocos.

GRÁFICO 1

Imaginemos que nuestro náufrago está en la isla y si trabaja 8 horas diarias consigue 30 cocos por día, o bien si dedica todo el tiempo a la pesca obtiene 10 peces. Si uno se mueve a lo largo de la curva, se tienen las diferentes combinaciones de peces y cocos que puede obtener dependiendo de cuánto tiempo le dedique a pescar o a bajar cocos.

Pero nuestro náufrago está produciendo en el nivel del punto A. Él podría producir más sobre algún punto a lo largo de la curva, pero porque algún burócrata lo molesta, no puede llegar. Produce menos de lo que su stock de capital le permitiría.

Bien, cuando Duhalde llegó al gobierno la economía operaba en el punto A del gráfico. Lo qué hizo Duhalde fue, mediante la devaluación, pasar de punto A algún punto a lo largo de la curva de transformación del gráfico 1. La industria automotriz podía producir 100 autos por día pero producía 8.

GRÁFICO 2

Lo que no lograron ni Duhalde y mucho menos los kirchner fue conseguir que la economía se moviera como lo muestra el gráfico 2. ¿Qué nos dice ese gráfico? Que atrayendo inversiones se incrementa el stock de capital y por lo tanto la productividad y los ingresos reales. En el ejemplo del gráfico nos dice que gracias a las inversiones el náufrago, con más stock de capital, en 8 horas no consigue 30 cocos sino que consigue 40 cocos y en vez de obtener 10 peces, obtiene 15 peces. Eso es el progreso y la mejora del ingreso real.

Volviendo al gráfico 1, lo que consiguieron Duhalde primero y luego los kirchner fue que los empresarios le pasaran el plumero a las máquinas que no utilizaban, compraran insumos y dieran algunas horas extras para moverse desde el punto A hacia algún punto de la curva. Reactivaron pero no crecieron.

¿Puede el próximo gobierno lograr lo que hizo Duhalde en el gráfico 1? No, porque los K se encargaron de destruir el stock de capital. Se consumieron la rutas (los puentes de la ruta 2 se caen), el sistema energético colapsó, los trenes están destruidos, etc.

GRÁFICO 3

Lo que hizo el nefasto matrimonio fue mover la economía como lo muestra el gráfico 3. Destruyeron el stock de capital instalado y, por lo tanto, trabajando 8 horas, con este stock de capital que quedó, ya no se producen 40 cocos diarios, sino que se producen 25. Y no se obtienen 15 peces, sino que se obtienen 6 peces por día. Todos somos más pobres porque estimularon el consumo consumiendo stock de capital. La curva de transformación se desplazó hacia la derecha y hacia abajo.

La prioridad del próximo gobierno consistirá en lograr que la curva se mueva como lo muestra el gráfico 2. Generar inversiones que aumenten la productividad y así crear más puestos de trabajo. Pero para lograr el movimiento del gráfico 2 se requieren dos tipos de medidas: 1) un mínimo de reordenamiento de los precios relativos, desregulando la economía, disminuyendo la carga tributaria y privatizando nuevamente y 2) generar credibilidad. Ser confiables de entrada para que los capitales fluyan hacia Argentina.

Ya no hay margen para estimular artificialmente el consumo y tampoco hay viento de cola que evite pagar los costos del destrozo k. La salida que veo para la economía argentina es con más inversiones, mejorar la productividad y con eso exportar más. El aumento del consumo vendrá como consecuencia del crecimiento de las dos variables anteriores.

La destrucción económica que van a dejar los k no es menor, pero hay una salida si se logra un acuerdo de gobernabilidad para seguir el camino marcado en el gráfico 2. Si hay acuerdo político para seguir ese camino y adoptar las medidas necesarias para recorrerlo, la recuperación puede ser mucho más rápida de lo imaginado. Solo pensando en lo barato que están los activos hoy en Argentina tendríamos un flujo de ingreso de capitales para comprar. Luego inversiones para reconstruir la infraestructura del país y, finalmente, un sector agroalimentario que rápidamente puede movilizar la economía.

Que la oposición no tenga miedo a la herencia k. Con juicios ejemplares a los que se robaron el país para mostrar que la seriedad llegó a la Argentina y políticas económicas consistentes, la salida es posible.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Locura: el populismo como política de largo plazo

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 10/8/14 en: http://economiaparatodos.net/locura-el-populismo-como-politica-de-largo-plazo/

 

Podrán ser cada vez más autoritarios,  pero lo que no podrán es lograr que las políticas económicas populistas los salven de la crisis económica

El jueves de la semana pasada, la presidente anunció un par de medidas para, supuestamente, reactivar la economía. Una de las medidas consiste en la fabricación de transportes de corta distancia para renovar las unidades existentes y la otra es un subsidio a los salarios, disfrazado de planes sociales, para intentar frenar la desocupación que se viene por la recesión que ha generado el gobierno. Es decir, una vez más el kirchnerismo recurre al aumento el gasto público como solución mágica para solucionar los problemas que ellos mismos van generando vía el desorden fiscal.

Si uno presta atención a los largos y frecuentes discursos de Cristina Fernández, tienen una característica: suelen anunciar aumentos de gasto público pero nunca dicen cómo se va a financiar esos aumentos del gasto estatal. Es decir, es como si para el kirchnerismo los recursos no fueran escasos. Como si el Estado tuviera la varita mágica para crear riqueza con la cual pagar las mayores erogaciones.

Días pasados escuchaba al ex ministro de economía Roberto Lavagna decir que el tren venía muy bien y en 2007 cambió de vía. Algo así como que cuando CFK asumió el poder hizo un perjudicial cambio de política económica. Francamente no comparto esta visión que, por cierto, es sostenida por muchos analistas y periodistas que suelen argumentar que con Néstor Kirchner no se hubiera llegado al punto en que llegamos. Afirman que hubiese cambiado de rumbo antes. Que si bien tenía tendencias autoritarias sabía corregir el rumbo antes de estrellarse. La realidad es que mi visión es que en el 2007 el tren no cambio de vía. Siguió exactamente el camino del populismo iniciado en 2003 por Néstor Kirchner y el tren terminó como tenía que terminar: descarrilando.

Ni la presidente ni Kicillof parecen entender que no se puede vivir haciendo barbaridades económicas. Uno puede hacer barbaridades económicas durante un tiempo, lo que no puede hacer es vivir haciendo barbaridades económicas en forma indefinida como si fueran políticas de largo plazo porque en algún momento se estrella.

Si bien la fiesta populista de todos estos años se financió mediante diferentes mecanismos, lo que hay que evaluar es si no se agotaron las fuentes de financiamiento para sostener el aumento artificial del consumo. Aunque a esta altura del partido hay que aceptar que ya no se trata de aumentar artificialmente el consumo, sino mantener artificialmente el que tenemos ahora o evitar una caída más brusca. Pero repasemos las opciones que tiene el gobierno para sostener este populismo y veamos si es válido mi argumento de que el tren no cambió de vía y se terminó descarrilando como inevitablemente iba a pasar aunque viviera Néstor Kirchner.

El primer dato a considerar es que ambos, Néstor Kirchner y Cristina Fernández, siempre buscaron el poder hegemónico. Intentaron instaurar una dictadura pero utilizando el voto. Para eso necesitaban tener contenta a la gente con la fiesta de consumo. Y para sostener la fiesta de consumo había que disponer de recursos. A Néstor Kirchner le tocó en suerte solo iniciar el proceso de destrucción económica, consumiendo stock de capital. No es que Cristina Fernández cambió de vía en el 2007. Ambos seguían el mismo camino, la diferencia estuvo en que al inicio había más recursos para sostener el consumo artificial, y el inicio le tocó a Néstor Kirchner. Con la muerte del santacruceño, Cristina Fernández tuvo dos períodos consecutivos para terminar de descarrilar el tren. Veamos algunos ejemplos para comprender por qué cualquiera de los dos descarrilaba el tren.

Uno de los mecanismos que usaron para financiar el aumento del gasto público fue el consumo del stock de capital en infraestructura (trenes, rutas, sistema energético, etc.). Dinero que habría que haber destinado al mantenimiento y renovación del stock de capital fue desviado a financiar las falsas políticas sociales para estimular el consumo a costa de destruir el sistema energético. Lo que impulsó Néstor Kirchner primero y CFK después fue el consumo de celulares, televisores, etc. a costa de tener trenes que iban cayéndose a pedazos hasta que un día no frenaron y produjeron una tragedia. La suerte de Néstor Kirchner fue que a él le tocó el período en que se rompían las luces de los trenes o los vidrios de las ventanillas. A CFK le tocó el período en que se rompían los frenos. Esa es la única diferencia entre Néstor Kirchner y CFK. El que empezó con la destrucción tuvo más suerte que al que le tocó seguir con la destrucción. ¿O ahora me van a venir con la historia con este descarrilamiento del país no pasaba con Néstor Kirchner?

Pero siguiendo con los ejemplos, algo parecido puede decirse los otros mecanismos de financiamiento del gasto. Por ejemplo, la emisión monetaria para financiar el gasto genera inflación,  lo que ocurre es que en todo proceso inflacionario al inicio la gente percibe los aumentos de precios como transitorios y puede frenar algunas compras esperando que los precios dejen de subir o bien bajen. Luego, cuando con el correr del tiempo ve que los precios no solo no bajan sino que siguen subiendo, el comportamiento monetario cambia. En vez de demandar más moneda y menos bienes esperando que los precios bajen, la gente demanda menos moneda antes de que los precios suban. A CFK le tocó el período de huida del dinero en esta asociación por el poder absoluto que tuvo con Néstor Kirchner.

Con la presión impositiva pasó lo mismo. Al comienzo a la gente no le ajustaban el mínimo no imponible pero no le era de un gran peso la presión impositiva. Ahora las cosas cambiaron. ¡Hasta los camioneros y docentes protestan por el impuesto a las ganancias que tienen que pagar!

Fuerte emisión monetaria, aumento descomunal de la presión impositiva y consumo del stock de capital han sido utilizados al máximo por el kirchnerismo y cristinismo y ahora solo queda margen para generar un proceso inflacionario cada vez más elevado. Sin acceso al crédito internacional por razones obvias, sin stock de capital para destruir y con la carga impositiva que deja fuera del mercado a muchos productores, sostener este desborde de gasto público tiene como contrapartida más inflación, caída del tipo de cambio real, menos exportaciones, mayores restricciones externas que impiden importar insumos, menos actividad económica, más recesión y desocupación.

En definitiva, lo que no parecen entender ni CFK ni Kicillof es que no pueden disparar el gasto público hasta el infinito. Creen que lo que les sirvió ayer para hacer populismo en el corto plazo y de esa manera acumular poder, ahora puede transformarse en una política económica de largo plazo. Se equivocan. Podrán ser cada vez más autoritarios,  pero lo que no podrán es lograr que las políticas económicas populistas que ayer les dieron resultados para alcanzar sus fines políticos, hoy les sirvan para sostener esta economía que tambalea peligrosamente.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Pobreza: estos son mis números, si no te gustan mostrá los tuyos

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 4/5/14 en: http://economiaparatodos.net/pobreza-estos-son-mis-numeros-si-no-te-gustan-mostra-los-tuyos/

 

Días atrás, Kicillof afirmó que “es ridículo creer que aumentó la pobreza”, cuando la UCA dio sus datos de aumento de la pobreza. La argumentación del ministro fue muy pobre. En efecto, se limitó a afirmar que no podía haber aumentado la pobreza &”si se duplicó el PBI y se crearon 6 millones de puestos de trabajo”. Y luego recurrió al típico relato político de barricada argumentando que hay intencionalidad política de negar los logros alcanzados por el modelo. Francamente, su argumentación como economista es más que pobre, al menos que aclare que habla como político que defiende a ultranza un modelo que hace aguas por todos lados, siendo él también responsable del naufragio del modelo y de mandar al país a la deriva. 
Lo primero que uno podría responderle a la típica reacción k que tuvo el ministro, cuando se conocieron los números de la UCA, es lo siguiente: éstos son mis números, si no te gustan mostrá los tuyos. El problema de Kicillof es que no tiene números para mostrar porque el Indec no los informa. Y no los informa por alguna razón. O porque no están capacitados para trabajar en las estadísticas, porque no les da el dibujo o porque alguien les dijo que no los mostraran. Lo del problema del empalme es algo inaudito de aceptar en un instituto de estadísticas. 
Claro, la gente se cansó tanto de reírse de los partes del Indec que decían que una persona podía comer con $6 por día, que deben haber optado por dejar de hacer el ridículo con esos números impresentables y prefirieron hacer el ridículo diciendo que tienen un problema de empalme. 
Por empezar los datos del Indec dejaron de ser confiables desde que fue intervenido en 2007. Primero trucharon los datos de inflación y eso los llevó a tener que truchar otros indicadores, entre ellos los de pobreza. Pero también hay otros datos más guarangos. Por ejemplo, el PBI del 2009 que elabora el Indec refleja caídas en la actividad agropecuaria, la industria, la construcción y la minería, pero muestra un aumento en el PBI de Transporte, Almacenamiento y Comunicaciones. Salvo que los camiones hayan transportado aire, no se entiende cómo pudo subir este rubro si cae el PBI todo lo que es transportable. Salvo, claro está, que computen como un aumento del PIB cuando mi madre me llama por teléfono para retarme porque pasaron dos días sin que la haya llamado. 
El dato anterior presenta la primera objeción a la respuesta de Kicillof sobre lo ridículo que es decir que aumentó la pobreza. Decir que se duplicó el PBI y por eso no es problema la pobreza simplemente mueve a risa cuando uno ve el dato mencionado anteriormente. ¿Alguien puede afirmar que en todos estos años realmente crecimos a tasas chinas? Mi sobrino y economista, Nicolás Cachanosky rehízo las series de PBI a partir del 2007 tomando el IPC Congreso. Yo trabajé sobre esa serie. Mientras el gobierno informa un aumento del 100% del PBI en el período 2002/2013, a mí me da un 18% (tal vez al tomar el IPC Congreso se subestime el aumento). La estimación que hace el Congreso de PBI muestra una suba del 84%. El problema es que el PBI se calcula en base a cantidades y precios y el Indec puede estar truchando tanto las cantidades como los precios. Si tomamos un promedio entre las estimaciones propias de PBI y las del Congreso, en el mejor de los casos el PBI subió, entre 2002 y 2013 el 30,6%. Y siempre está la objeción de comparar contra el punto más bajo de la serie. ¿Por qué comparar contra el 2003 y no con 1998 o 1997? 
Las dudas son aún mayores sobre el verdadero aumento del PBI dado que el gobierno se niega sistemáticamente a que el FMI revise las estadísticas. ¿Cuál es el problema que el FMI revise las estadísticas si igual no le van a pedir un préstamo según su filosofía de independencia y liberación económica del FMI? ¿Es solo mirar los números, Kicillof? ¿Por qué tanto miedo? 
Además, que el PBI crezca no quiere decir que necesariamente haya crecimiento. Con el mismo stock de capital se puede producir más si la economía está en un ciclo recesivo. Si la economía puede producir 100 unidades pero por la crisis produce 50, se puede aumentar hasta 100 unidades sin incrementar el stock de capital, es decir, sin hacer inversiones. Solo es cuestión de poner en funcionamiento la capacidad de producción que no se está utilizando agregando horas extras y algo de capital de trabajo para comprar insumos. Con eso solo basta para aumentar el PBI. En ese caso hay reactivación pero no hay crecimiento. Reactivar es poner en funcionamiento lo que no se utiliza. Crecer es ampliar la capacidad de producción con más inversiones. Y ahí sí que tampoco pueden mostrar números confiables. Basta con ver la destrucción de la infraestructura del país para advertir que aquí hubo más desinversión que inversión. Trenes, energía, rutas, stock ganadero. Todo lo barrieron en busca de un consumo artificialmente alto que ahora quieren vender como el éxito del modelo para terminar como la pobreza. La realidad es que le mintieron a la gente. Les hicieron creer que ya no eran más pobres y en realidad, al consumir el stock de capital acumulado, estaban condenando a la población a una pobreza cada vez mayor, porque solo la mayor riqueza surge del aumento de la productividad la que, a su vez, es hija de la inversión. 
Kicillof recurre al argumento de la creación de puestos de trabajo para mostrar el éxito del modelo y la inexistencia de pobreza. ¿Qué puestos de trabajo? ¿Los que creó el sector público con cero productividad? Nunca hubo un Estado tan grande y al divino botón. Un Estado adiposo no presta los servicios más elementales como el de seguridad. De acuerdo a los últimos datos del mismo Indec, el que viene creando la mayor cantidad de puestos de trabajo, por llamarlos de alguna manera, es el sector público. Pero esos datos son del 2013, hoy seguramente el sector privado baja la cantidad de empleados que tiene y el sector público los aumenta. Esto quiere decir que hay menos gente que produce y más que vive sin producir y consumiendo lo que produce otro. Un razonamiento muy elemental para advertir que la pobreza tiene que aumentar, pero igualando hacia abajo. 
Por último, ¿cómo puede Kicillof afirmar que hay menos pobreza cuando todavía hay 3,3 millones de beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, a la que se le acaba de agregar el plan “Nini”, con 1.500.000 millones de beneficiarios? Cada vez son más los que consumen sin producir y cada vez menos los que producen para mantener a otros. Salvo que Kicillof pudiera demostrar que los pocos que van quedando con trabajo son tan productivos que logran generar riqueza para mejorar ellos y financiar los llamados subsidios sociales hasta niveles que superen la pobreza, todo parece indicar que no sólo Kicillof no tiene números para mostrar que bajó la pobreza, sino que, encima, hace el ridículo, porque sus argumentos ni siquiera son sostenibles conceptualmente. 
En síntesis, Kicillof, estos son los números de pobreza que tenemos. Si no le gustan, muestre los suyos y deje de hacer discursos de barricada.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El neoliberalismo, el enemigo:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 15/1/14 en:  http://www.lanacion.com.ar/1655278-el-neoliberalismo-el-enemigo

 

En una de sus recientes matinales conferencias de prensa, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, afirmó que “desde el neoliberalismo se pretende ajustar el salario de los trabajadores”. Vaya uno a saber qué significa neoliberalismo, lo que siempre estudié es la corriente liberal que, por cierto, no se concentra en la economía sino en una serie de principios en el que el monopolio de la fuerza que se le delega al Estado es para defender el derecho a la vida, la propiedad y la libertad de las personas. El liberalismo se opone, justamente, a que los gobiernos utilicen ese monopolio de la fuerza contra los habitantes del país. En todo caso, Capitanich, que pasó por la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (Eseade), debería saber que el primer libro de Adam Smith se titula Teoría de los Sentimientos Morales, que el tratado de economía de Ludwig von Mises tiene como título La Acción Humana porque la economía es la ciencia de la acción humana o que una monumental obra de Friedrich Hayek se titula Derecho, Legislación y Libertad y otra anterior Constitution of Liberty, por no citar el famoso Camino de Servidumbre. Cito estos tres autores porque todo parece indicar que Capitanich se limita a identificar el liberalismo con la curva de oferta y demanda, cuando, justamente, los autores liberales concentraron su análisis en el marco institucional que debe imperar para que la economía pueda crecer y mejorar la calidad de vida de los habitantes en forma sustentable.

Formulada la aclaración sobre el fantasma del liberalismo que parece ver el Gobierno, según las palabras de Capitanich, la realidad es que es el propio Gobierno el que quiere limitar los aumentos salariales marcando máximos de un 18 o 20 por ciento anual.

Pero el problema es que durante todos estos años, el Gobierno actuó al revés de lo que indica una sana política económica, olvidando la ley de Say, que dice que la oferta crea su propia demanda. ¿Qué quiso decir Jean Baptiste Say en su famoso Tratado de economía política? Simplemente que “los productos, en última instancia se intercambian por otros productos” o, puesto de otra manera, antes de poder demandar bienes hay que haber producido otros bienes para intercambiarlos por los bienes deseados. Ejemplo, el panadero le compra al zapatero los zapatos gracias a que primero generó ingresos produciendo pan que le vendió al pintor, que a su vez ganó dinero pintando casas y con eso le compró pan al panadero. Y el dueño de la casa le pagó al pintor con los ingresos que generó fabricando trajes, que se los vendió al abogado que le compró el traje gracias a los ingresos que generó vendiendo sus servicios de abogado. Lo que nos dice Say, es que para poder demandar, primero hay que producir.

Es más, cuanto mayor stock de capital tenga la economía, mayor será la productividad y más bienes y servicios estarán a disposición de la gente, lo que implica que a mayor inversión, más oferta de bienes, precios más reducidos y salarios reales que crecen gracias al aumento de la productividad. Es en este punto en que se relacionan calidad institucional con inversiones y mejora en la calidad de vida de la gente.

Pero el kirchnerismo tomó otro camino. Forzó un consumo artificialmente alto que nada tenía que ver con la productividad de la economía (el stock de capital existente). Más bien se limitó a consumir el stock de capital que había para financiar un nivel de consumo artificialmente alto.

Como ya no queda gran stock de capital que el Estado pueda confiscar para financiar el consumo artificialmente alto que impulsó en todos estos años, además la tasa de inflación es asfixiante y genera malestar en la población, la presión impositiva es insoportable y el acceso al crédito está cerrado, Capitanich no tiene mejor idea que inventar un nuevo enemigo: el neoliberalismo, que en palabras del jefe de Gabinete, quiere ajustar los salarios, cuando en rigor, es el Gobierno el que está ajustando los salarios reales licuándolos con el impuesto inflacionario y no encuentra más stocks de capital y flujos de ingresos para confiscar y repartirlos para que la gente sostenga un nivel de consumo artificialmente alto.

Puesto en términos más sencillos, las palabras del jefe de Gabinete parecen confirmar que el Gobierno tiene miedo a decirle la verdad a la gente, esto es, que durante la famosa década ganada lo que se hizo fue forzar el consumo por encima de los bienes y servicios que realmente podía generar la economía, y ahora, como no puede decir que estuvo engañando a la población, inventa un enemigo fantasma: el temido neoliberalismo que nadie conoce, pero por lo que cuentan las voces oficialistas, parece ser un monstruo muy malo cuyo mayor placer es que la gente se muera de hambre por la calle.

Recordará el lector cuando la Presidenta decía que era bueno que las tarifas de los servicios públicos fueran baratas porque de esa forma la gente disponía de más dinero para consumir. Claro que nunca les avisó que a cambio del televisor, del celular o del electrodoméstico iba a tener cortes de luz por crisis energética, trenes que generan tragedias y rutas que están destrozadas. Y, encima, no hay plata para financiar el arreglo de toda esa destrucción de stock de capital. Ahora no hay ni más electrodomésticos ni luz.

Mi impresión es que esa desafortunada frase de Capintanich, “desde el neoliberalismo se pretende ajustar el salario de los trabajadores”, esconde un problema mucho más profundo, que es que tienen miedo de decirle la verdad a la gente. ¿Cuál esa verdad que tiene miedo de decir? Que ya no hay más recursos para sostener la fiesta de consumo artificial. Tienen miedo de decirle a la gente que la engañaron durante un tiempo, pero ya no pueden engañar a todos todo el tiempo. No hay más plata para seguir con la borrachera de consumo que ellos mismos crearon.

Podrán inventar el enemigo del neoliberalismo, pero la realidad es que están por pagar el costo de haberse lanzado a un populismo desenfrenado. Simplemente llegó la hora de la verdad.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.