OTRA VEZ LAS GARRAS DEL NACIONALISMO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

En sus memorias Stefan Sweig se entristece y alarma por el surgimiento del espíritu tribal de la cerrazón entre países que advertía conducen a estados de belicismo y confrontación que en el caso de Europa estimaba se trataba en verdad de una “guerra civil” debido a las estrechas relaciones entre las poblaciones.

Ahora resurge el nacionalismo sobre lo que he escrito en distintas oportunidades pero es el caso de repetir las advertencias. Dejando de lado la manifiesta incomprensión del actual presidente de Estados Unidos respecto a la falacia de lo que en economía se conoce como “el dogma Montaigne” (su ex Secretario de Estado, Rex Tillerson, consignó públicamente que Trump “no tiene idea del significado del comercio libre”) y de las barrabasadas extremas de gobiernos como los de Cuba, Venezuela, Nicaragua, y Bolivia en el continente americano, dejando de lado estos casos decimos, hoy en Europa el espectáculo es desolador.

Con suerte electoral diversa pero siempre con crecimientos llamativos, irrumpe el rostro desagradable de la referida tradición de pensamiento que tantos trastornos ha provocado y provoca. Así, ese caudal electoral ha exhibido resultados llamativos: en Francia el Frente Nacional, en Inglaterra el Partido Independiente del Reino Unido, en Alemania el Partido Alternativa para Alemania, en Dinamarca el Partido del Pueblo Danés, en Suecia los Demócratas Suecos, en España Podemos y Vox, en Austria el Partido de la Libertad, en Grecia el Amanecer Dorado, en Italia la Liga del Norte, en Hungría el Movimiento por una Hungría Mejor, todas propuestas trogloditas apuntan a implantar una cultura alambrada, es decir, la palmaria demostración deEstado Benefactor

la anticultura.

Es del caso recordar trabajos como los de J. F. Revel que muestran el vínculo estrechísimo entre el nacionalismo y el socialismo, aunque cual bandas de las mafias, en el campo de batalla han sido circunstancialmente aliados y circunstancialmente enemigos. El comunismo apunta a abolir la propiedad, mientras que el nacionalismo la permite nominalmente pero el aparato estatal usa y dispone de ella. Uno es más sincero que el otro que recurre a una estrategia que estima más aceptable para los incautos. Es curioso en verdad (y tragicómico) que muchos de los partidarios de esos gobiernos emplean  la expresión fascista para referirse a sus supuestos contrincantes cuando aplican esa política a diario puesto que mantienen el registro de la propiedad pero el flujo de fondos es manipulado desde la casa de gobierno.

En una sociedad abierta el término “inmigración ilegal” constituye un insulto a la inteligencia ya que todos debieran tener la facultad de ubicarse donde lo estimen conveniente y solo deben ser bloqueados los delincuentes, sean nativos o extranjeros. Como ha explicado Gary Becker, el pretexto para poner barreras a la inmigración debido al uso de lo que provee el mal llamado Estado Benefactor (mal llamado porque la beneficencia es realizada con recursos propios y de modo voluntario), lo cual puede incrementar el déficit fiscal, se resuelve al no dar acceso al uso a los inmigrantes al tiempo que no se les retiene del fruto de sus trabajos para mantener el sistema estatal.

Como ha puntualizado en sus múltiples obras Julian Simon, habitualmente el inmigrante aprecia especialmente el trabajo, es empeñoso en sus tareas, tiene gran flexibilidad para moverse a distintos lugares dentro del país anfitrión, realiza faenas que muchas veces los nativos no aceptan, sus hijos muestran excelentes calificaciones en sus estudios, exhiben gran capacidad de ahorro y algunos comienzan con empresas chicas de gran productividad.

Es llamativo y muy paradójico que muchos se rasgan  las vestiduras con  el drama que estamos viviendo a raíz de las fotografías horrorosas de refugiados, cuando no parece verse que se fugan de lugares donde en gran medida se aplican las recetas políticas que los que se dicen espantados aconsejan y se fugan a lugares donde algo queda de los sistemas libres que no hacen más que criticar. La hipocresía es alarmante por la actitud contradictoria de muchos que se dicen contrariados con la foto del niño muerto en las playas de otros lares en plena lucha por la libertad y, sin embargo,  cuando opinan sobre la inmigración defienden las posturas que provocan aquella muerte por la que dicen estar angustiados.

Tengamos en cuenta que, desde la perspectiva de la sociedad abierta, las fronteras (siempre consecuencia de acciones bélicas o de accidentes geológicos) son únicamente para evitar los riesgos graves de un gobierno universal. El fraccionamiento en naciones que a su vez se subdividen en provincias y municipalidades tienden a descentralizar el poder. A pesar de los problemas de abuso del poder, hay que mirar el contrafáctico si no hubiera el antedicho fraccionamiento. Hannah Arendt dice que “la misma noción de una fuerza soberana sobre toda la Tierra que detente el monopolio de los medios de violencia sin control ni limitación por parte de otros poderes, no sólo constituye una pesadilla de tiranía, sino que significa el fin de la vida política tal como la conocemos”.

También debe tenerse siempre presente que la cultura es un proceso que significa permanentes donativos y recibos de lecturas, arquitecturas, músicas, vestimentas, gastronomías, costumbres que las personas aceptan o rechazan en un contexto evolutivo. La cultura no es estática sino cambiante y multidimensional. Si no somos momias, nuestra cultura no es la misma hoy que la de ayer. De allí la estupidez de la “cultura nacional y popular” el “ser nacional” y otras sandeces superlativas que podríamos catalogar como “los anti- Borges”, el ciudadano del mundo por antonomasia.

Buena parte de las propuestas nacionalistas se basan en el desconocimiento de aspectos económicos elementales. Se dice que la inmigración provocará desempleo puesto que la incorporación de nueva fuerza laboral desplazará a los nativos de sus puestos de trabajo, sean estos intelectuales o manuales.

Sin embargo, dado que las necesidades son ilimitadas y los recursos son escasos (de lo contrario estaríamos en Jauja), nunca sobran los recursos y el recurso central es el trabajo puesto que no puede generarse ningún bien o servicio sin el concurso del trabajo. Solo hay sobrante de trabajo (desocupación) cuando no se permiten arreglos salariales libres y voluntarios, es decir, cuando se imponen las también mal llamadas “conquistas sociales” concretadas en salarios superiores a las tasas de capitalización que son las únicas causas de ingresos en términos reales. Esa es la diferencia clave entre el Zimbabwe y Canadá, no es el clima, los recursos naturales o aquél galimatías denominado “raza” (las características físicas proceden de las ubicaciones geográficas, de allí es que los criminales nazis tatuaban y rapaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios). Lo que hace la diferencia son marcos institucionales civilizados que garantizan derechos. Sería muy atractivo que los salarios pudieran decidirse por decreto en cuyo caso podríamos ser todos millonarios pero las cosas no son así.

Al igual que la incorporación de nueva tecnología o la liberación de aranceles aduaneros, la inmigración libera recursos materiales y humanos para producir otras cosas en la lista infinita de necesidades a las que nos referíamos con el interés del mundo empresario de capacitar para nuevos emprendimientos. Es lo que ocurrió con el hombre de la barra de hielo antes de las heladeras y con los fogoneros antes de las locomotoras modernas.

Una gran cantidad de trabajadores inmigrantes y no inmigrantes operan en negro por el salario de mercado que, como queda dicho, se debe a la correspondiente inversión disponible  y trabajan  en negro para evitar los impuestos al trabajo como ocurre en otros muchos países donde provocan desempleo que también afecta a la economía general.

Aquellos que se las pasan declamando sobre “derechos humanos”,  una redundancia grotesca puesto que los minerales, los vegetales y los animales no aplican a la noción de derecho, tratan a los inmigrantes como si no fueran humanos, más bien se preguntan “¿qué debemos hacer con los inmigrantes?” como si estuvieran haciendo referencia a su estancia personal y no de un país donde debe primar el respeto recíproco, y en esta línea argumental no debiera haber bajo ningún concepto diferencias entre nativos y extranjeros. Es del caso subrayar que cuando se está haciendo alusión al derecho, se está aludiendo a la Justicia y ésta significa “dar a cada uno lo suyo”, lo cual remite a la propiedad que, a su vez, constituye el eje central del proceso de mercado.

Todos descendemos de inmigrantes, incluso los denominados pueblos originarios ya que el origen humano procede del continente africano.

La fertilidad de los esfuerzos del ser humano por cultivarse, es decir, por reducir su ignorancia, está en proporción directa a la posibilidad de contrastar sus conocimientos con otros. Eso es la cultura. Sólo es posible la incorporación de fragmentos de tierra fértil, en el mar de ignorancia en el que nos debatimos, en la medida en que tenga lugar una discusión abierta. Se requiere mucho oxígeno: muchas puertas y ventanas abiertas de par en par.

Aludir a la antedicha “cultura nacional” como un valor y contrastarla con lo foráneo como un desvalor es tan desatinado como referirse a la matemática asiática o a la física holandesa. La cultura no es de un lugar y mucho menos se puede atribuir a un ente colectivo imaginario. No cabe la hipóstasis. La nación no piensa, no crea, no razona ni produce nada. El antropomorfismo es del todo improcedente. Son específicos individuos los que contribuyen a agregar partículas de conocimiento en un arduo camino sembrado de refutaciones y correcciones que enriquecen los aportes originales. Como bien señala Arthur Koestler, “el progreso de la ciencia está sembrado, como una antigua ruta a través del desierto, con los esqueletos blanqueados de las teorías desechadas que alguna vez parecieron tener vida eterna”.

Quienes necesitan de “la identidad nacional” ocultan su vacío interior y son presa de una despersonalización que pretenden disfrazar con la lealtad a una ficción. Desde esta perspectiva, quienes comparten el cosmopolitismo de Diógenes e insisten en ser “ciudadanos del mundo” aparecen como descastados y parias sin identidad. El afecto al “terruño”, a los lugares en que uno ha vivido y han vivido los padres y el apego a las buenas tradiciones es natural, incluso la veneración a estas tradiciones es necesaria para el progreso, pero distinto es declamar un irrefrenable amor telúrico que abarcaría toda la tierra de un país y segregando otros lugares y otras personas que, mirados objetivamente, pueden tener mayor afinidad, pero se apartan sólo porque están del otro lado de una siempre artificial frontera política.

El nacionalismo está imbuido de relativismo ético, relativismo jurídico y, en última instancia, de relativismo epistemológico. “La verdad alemana”, “la conciencia africana”, “la justicia dinamarquesa” (en el sentido de que los parámetros suprapositivos serían inexistentes) y demás dislates presentan una situación como si la verdad sobre nexos causales que la ciencia se esmera en descubrir fuera distinta según la geografía, con lo cual sería también relativa la relatividad del nacionalismo, además de la contradicción de sostener simultáneamente que un juicio se corresponde y no se corresponde con el objeto juzgado. Julien Benda pone de manifiesto el relativismo inherente en la postura del nacionalismo, escribe que “desde el momento que aceptan la verdad están condenados a tomar conciencia de lo universal”.

Alain Finkielkraut ilustra el espíritu nacionalista al afirmar que “replican a Descartes: yo pienso, luego soy de algún lugar”. Juan José Sebreli muestra cómo incluso el folklore proviene de una intrincada mezcla de infinidad de contribuciones de personas provenientes de lugares remotos y distantes entre sí.

Estas visiones nacionalistas se traducen en una escandalosa pobreza material, ya que los aranceles aduaneros indefectiblemente significan mayor erogación por unidad de producto, lo cual hace que existan menos productos y de menor calidad. Este resultado lamentable contrae salarios e ingresos en términos reales, con el apoyo de pseudoempresarios que se alían con el poder al efecto de contar con mercados cautivos y así poder explotar a la gente.

En la historia de la humanidad hay quienes merecen ser recordados todos los días. Uno de esos casos es el de la maravillosa Sophie Scholl, quien se batió en soledad contra los secuaces y sicarios del sistema nacionalsocialista de Hitler. Fundó junto con su hermano Hans el movimiento estudiantil de resistencia denominado Rosa Blanca, a través del cual debatían las diversas maneras de deshacerse del régimen nazi, y publicaban artículos y panfletos para ser distribuidos con valentía y perseverancia en diversos medios estudiantiles y no estudiantiles.

La detuvieron y se montó una fantochada que hacía de tribunal de justicia, presidido por Ronald Freisler, que condenó a los célebres hermanos a la guillotina, orden que fue ejecutada el mismo día de la parodia de sentencia judicial, el 22 de febrero de 1943 para no dar tiempo a apelaciones. Hay una producción cinematográfica dirigida por Marc Rothemund, que lleva por título el nombre de esta joven quien en una conversación con su carcelero explica el valor de normas extramuros de la legislación escrita.

Es pertinente recordar a figuras como Sophie Scholl en estos momentos en que surgen signos de un nacionalsocialismo contemporáneo que invade hoy no pocos espíritus en Europa y en otras partes de nuestro atribulado mundo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

ACERCA DE LA CREATIVIDAD

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

El proceso creativo es a mi juicio uno de los temas de mayor interés. Hace unos años escribí en torno a este asunto, pero  es pertinente volverlo a hacer con el análisis de otros ángulos. De entrada digamos que hay que tener muy presente que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles por una sola vez en la historia de la humanidad. Esto nos da una enorme responsabilidad para estar atentos a que hacemos con nuestras vidas. Si estamos al acecho de cual es nuestra razón de ser en el corto lapso en esta tierra o si consideramos que podemos consumir el tiempo que nos es dado para divertirnos, alimentarnos, copular y hacer nuestras necesidades fisiológicas. El llamado interior es nuestra vocación, se trata de actualizar nuestras muy diversas potencialidades, como ha escrito Octavio Paz, “al descubrir nuestra vocación nos descubrimos a nosotros mismos”.

 

La creatividad supone el poner al descubierto algo que estaba oculto siempre teniendo en cuenta que la originalidad resulta sumamente difícil (“para novedades, los clásicos” reza el conocido adagio), pero por lo menos el poner sobre la mesa algo no recordado, algo no evidente o dificultoso para el momento.

 

La creatividad opera en muy diferentes planos y campos, en  algunos se destaca más algún viso de originalidad (por ejemplo en el arte) y en otra se trata más bien de descubrir nexos causales en lugar de creación propiamente dicha (por ejemplo, en la ciencia).

 

De todos modos, ¿como ocurre el proceso creativo?. Con la concentración y el interés en el estudio de determinada materia se va archivando información en el subconsciente y en ese contexto de trabajo en cierta instancia el nivel conciente traba relación con el antedicho archivo y se produce el “momento eureka”. Es el resultado de la perseverancia, la constancia y la atención en la materia que interesa. Muchas veces en este proceso, la creatividad o el descubrimiento sorprende puesto que alumbra una idea colateral. Casi como en la ciencia médica en la que muchas de las líneas de investigación en un área dan por resultado un descubrimiento en otra.

 

Cuanto mayor el valor de la creatividad, mayor es el grado de soledad que requiere el investigador y muchas veces a contracorriente de lo que opinan los demás. Contar con el temple para continuar en el camino es requisito para la creatividad sin dejarse influir por otros. En el extremo está el  conocido experimento tan citado del acuerdo con el organizador de un grupo de personas -menos una- que se les solicitó sostener que en una serie de cuadros que se les exhibía decir que un  bastón es más grande que otro cuando en realidad no era así. La única persona que no estaba informada del truco, al principio se sorprendió de las respuestas de los colegas pero a medida en que se sucedieron los cuadros y las respuestas erróneas que se daban por verdaderas, el sujeto en  cuestión optó por contestar equivocadamente tal como lo hicieron los demás. Es la presión del grupo, es la masificación, es la abdicación de la individualidad, es la renuncia a la honestidad intelectual, es la entrega del yo en pos de los demás, es la desaparición de la condición humana.

 

Sin duda que la creatividad no es ex nihilo para los mortales puesto que se basa en la incorporación de conocimiento provisto por otros y por sucesos externos a quien crea. Por supuesto que hay muy diferentes grados de creatividad en base a talentos muy distintos. En otra oportunidad he señalado que Stefan Sweig nos recuerda que Mozart componía sin borradores como si alguien le estuviera dictando para escribir con rapidez en el pentagrama. Beethoven en cambio necesitaba muchos borradores antes de la obra final y Balzac para escribir a la velocidad que lo hacía inventó una especie de taquigrafía para estar a la par de sus pensamientos,  al contrario de Gothe que tardó sesenta y cuatro años de intenso trabajo para escribir Fausto. Durero requería de varios croquis y mucho ejercicio en el lienzo para pintar, mientras que van Gogh pintaba hasta tres cuadros por día.

 

Como hemos consignado la creatividad humana no procede de la nada, se sustenta en información previa, procesada, digerida y reformada con el correspondiente  valor  agregado. Giovanni Papini sostenía metafóricamente que si a uno le abren el cerebro se encontrarán miles y miles de carteles con los nombres de quienes influyeron en la persona para elaborar tal o cual cosa. No solo se trata de la influencia del prójimo sino de situaciones y circunstancias varias.

 

A diferencia del reino animal, vegetal y mineral, el ser humano no está determinado por otras causas anteriores sino que opta y decide debido al libre albedrío. Tal como explica el premio Nobel en física Max Planck en su ¿Hacia donde va la ciencia? : “Se trata de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en las manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza como causa de movimiento, tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como causa de la conducta […] ¿Qué conclusión podemos deducir respecto del libre albedrío? En medio de un  mundo donde el principio de causalidad prevalece universalmente ¿qué espacio queda para la autonomía de la volición humana?  Esta es una cuestión muy importante, especialmente en la actualidad, debido a la difundida e injustificada tendencia a extender los dogmas del determinismo científico [determinismo físico en la terminología de Karl Popper] a la conducta humana, y así descargar la responsabilidad de los hombros del individuo”.

 

 

Tengamos en cuenta que la creatividad no está reservada “a los del más alto coeficiente intelectual (IQ)”, ya que como han puesto de manifiesto autores como Howard Gardner (Inteligencias múltiples) e Isaac Asimov (Thinking About Thinking), no hay posibilidad alguna de establecer un ranking universal de inteligencias (inter legum) puesto que todos somos inteligentes solo que para asuntos muy distintos. El profesor brillante en su especialidad puede ser incapaz de colocar un foco de luz o de recitar una declinación en latín, el agricultor puede desconocer la matemática, el mozo en un restaurante puede recordar cada uno de los múltiples platos que solicitan muchos comensales y relacionarlos entre sí pero es incapaz de entender el significado de la física cuántica y así sucesivamente. Como bien ha dicho Einstein “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”, lo cual está vinculado con las muy diversas capacidades sea en cuanto a la memoria o la inteligencia.

 

El producto de la creatividad se traduce en una inmensa satisfacción difícil de trasmitir en palabras que alimenta el intelecto de todos cuando está dirigida a lo ético, estético y, en general, a contribuciones que permiten mejorar la condición de vida de los semejantes. Es una bendición que debe ser cultivada y aprovechada.

 

Por esto es que resulta en interés de quien contrata gente supuestamente debe pensar en distintos puestos de trabajo el considerar con cuidado el clima laboral al efecto de lograr los mejores resultados. Si quien es contratado se desempeña en  ámbitos conflictivos y poco amigables naturalmente su rendimiento será deficiente.

 

Por otra parte, para desarrollar la mayor energía creativa posible es indispensable un clima de libertad lo cual significa respeto recíproco y no las imposiciones de reglamentaciones asfixiantes que pretenden el tratamiento  de  personas como si fueran autómatas del poder político de turno. Se pierde una dosis inmensa de energía si las personas deben atender con el fruto de su trabajo los desmanes del Leviatán. Hay lugares en que el contribuyente debe trabajar más de la mitad del año para satisfacer la voracidad fiscal del gobierno y eso sin contar con la enmarañada papelería y trámites engorrosos que exige el aparato estatal, además de tener que responder a preguntas insolentes impresas en formularios absurdos. En este contexto hostil naturalmente decae rápidamente la creatividad.

 

Entre lo mucho escrito sobre la creatividad, hay una obra de especial interés titulada The Courage to Create de Rollo May, en la que enfatiza la traición a uno mismo si no se expresa lo que se piensa sin subterfugio alguno. Por supuesto que esto no es incompatible con la educación: no significa que a una mujer fea se le haga notar su fealdad, May se refiere a la competencia por valores y principios. Tampoco excluye sino más bien requiere que permanentemente se revisen las propias conclusiones ya que el conocimiento es provisorio sujeto a refutaciones. May destaca el ejemplo de Alexander Solzhenitsyn “que enfrentó solo el poder de la burocracia soviética” (en este sentido es menester recordar la obra de Leonard Read titulada The Courage to Stand Alone). Rollo May no alude al coraje físico ni a la temeridad sino al coraje moral, estrechamente vinculado a la honestidad intelectual. Explica la importancia de dejar testimonio con total independencia de lo que piensa la mayoría. Rechaza lo que hoy se conoce como lo políticamente correcto donde se propone que la gente “se ajuste a la tendencia del momento” y subraya que esto es más necesario que nunca en la actualidad donde “el fascismo, el socialismo, el conformismo y el poder militar hacen que el individuo no solo se siente perdido sino que está perdido”.

 

Como ha sentenciado Cervantes “cada quien es hijo de sus obras” pero la creatividad se ahoga y queda aplastada por el espíritu autoritario; Mafalda ha dicho bien que “la vida es como un río, lástima que hayan tantos ingenieros hidráulicos”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

ALGO DE DOSTOIEVSKY

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Tiene que ser “algo” porque es imposible captar todo el majestuoso volumen espiritual de este personaje de tantas facetas, a veces contradictorias, por momentos desconcertantes, en ocasiones violentas, pero las más de las veces inyectan una fuerza enriquecedora de proporciones mayúsculas.

 Stefan Sweig propone definiciones contundentes: “la magnitud y el peso de este hombre único reclaman una medida nueva”, “un cosmos con astros propios en las órbitas propias y una música de las esferas jamás oída”, “impenetrable como las estepas de su patria”, “este paisaje de bronce es demasiado fuerte para las miradas de todos los días”, “solo de muchacho tuvo amigos, ya de hombre fue siempre un solitario: parecíale mengua de su amor a la humanidad entregarse a unos pocos”, “los ardientes alambres de los nervios lo agitan y convulsionan sin cesar” y “sus obras pueden contrastarse con las más elevadas y las más imperecederas de la literatura universal”.

 Geir Kjetsaa en su célebre biografía muestra las diversas caras de Dostoievsky, una vida disipada de a ratos en la que sobresale el juego (novela sobre el tema que estampó en gran medida como autobiografía), castigado por enfermedades horribles siendo la epilepsia la que más lo persiguió, destaca su fuerza espiritual que una vez puesta en marcha se convertía en una aleccionadora llamarada incontenible de bondad que todo lo abarcaba.

 Desde Noches blancas, su primer libro, se hizo famoso, congraciado por ávidos lectores con quienes mantenía asidua correspondencia y alabado por sus pares como es el caso de Tolstoi quien estimó que La carne de los muertos era “la mejor obra de toda la literatura rusa moderna”. Hay sin embargo un misterioso blanco en la obra del gran Isaiah Berlin, puesto que no incluye a Dostoievsky en su justificadamente aclamado y tan difundido Los pensadores rusos.

 En El idiota desenmascara la hipocresía y la falsedad que se ilustra bien cuando el personaje central se encuentra con un general del régimen en una reunión social y le pregunta porqué luce tantas medallas si no ha participado en ninguna contienda bélica…descubrimientos de sinceridad que a los serviles les desagrada sobremanera. Pero en esta nota periodística donde el espacio es siempre escaso, es pertinente aludir brevemente a dos segmentos de dos de sus escritos más conocidos. Me he referido antes a estas dos secuencias que reitero en esta ocasión.

 En primer lugar, el quinto capítulo de la quinta sección de Los hermanos Karamasov que lleva el título de “El Gran Inquisidor” donde se revela por parte de representantes de la Iglesia una arrogancia y una malicia de tal envergadura que lo condenan a Cristo por haberse comportado como lo hizo frente a las tres célebres tentaciones en vísperas de su crucifixión.

 Como es sabido, la primera tentación consistió en que, en pleno ayuno, Cristo sintió hambre por lo que el diablo sugirió que convierta las piedras en pan. Esto fue rechazado puesto que no debe venderse la libertad, la posibilidad de elegir el propio camino por pan (“no solo de pan vive el hombre”). La segunda, ubicado en el alero del templo en la cuidad santa, le dicen a Jesús que se arroje de allí y muestre como los ángeles lo protegen, lo cual fue también rechazado alegando que la comprensión de los principios no debe hacerse por el mal uso de milagros sino por el libre albedrío y la razón (“no tentarás al Señor tu Dios”). Por último, es conducido a un monte alto y le dicen que dominará al mundo y todos los reinos serán de quien adora al diablo, propuesta naturalmente negada puesto que el verdadero poder radica en acatar la voluntad de Dios (“al Señor tu Dios adorarás, solo a El darás culto”).

 Fedor Dostoievsky escribe que el Gran Inquisidor lo acusa a Cristo y le dice “Tu quieres ir al mundo con las manos vacías, con cierta promesa de libertad que los hombres por su simplicidad y su depravada naturaleza, no pueden siquiera concebir, y que, además, temen con pavor, pues para el hombre y la sociedad humana no existe ni  ha existido nunca nada más insoportable que la libertad ¿Ves esas piedras del desierto árido y tórrido? Conviértelas en panes y detrás de ti correrá la humanidad como un rebaño, agradecido y sumiso, aunque siempre estremecido por el temor de que retires tu mano y se queden sin pan. Pero tu no quisiste privar al hombre de libertad y rechazaste la proposición”. Y más adelante sigue el inquisidor “Pero lo que el hombre busca es inclinarse ante algo que sea indiscutible, tanto que todos los hombres lo acepten de golpe y unánimemente […]  ¿Acaso has olvidado que la tranquilidad y hasta la muerte con más caros al hombre que la libre elección en el conocimiento del bien y del mal?”.

 Respecto de la segunda tentación quien condena a Cristo le espeta que “el hombre no busca tanto a Dios como al milagro […] anhelabas una fe libre, no milagrosa. Anhelabas un amor libre no el servil entusiasmo del esclavo ante un poderío que les aterrorizara de una vez para siempre […] enseñar a los hombres que lo importante no es la libre elección de los corazones y el amor, sino el misterio, al que deben someterse ciegamente, incluso a pesar de su conciencia. Eso es lo que hemos hecho. Nosotros hemos rectificado tu obra y la hemos basado en el milagro, en el misterio y en la autoridad. Los hombres se han puesto muy contentos al verse conducidos otra vez como rebaño”.

 Por último en relación a la tercera tentación referida al poder, escribe el autor de marras siempre en boca del autócrata de la iglesia: “¿Por qué rechazaste este último don?. Si hubieras aceptado este último consejo del espíritu poderoso, habrías proporcionado al hombre cuanto busca en la tierra, es decir, un ser ante el que inclinarse, un ser al que confiar su conciencia, y también la manera de que todos se unan, al fin, en un hormiguero indestructible, común y bien ordenado”.

 En segundo lugar, transcribo un párrafo de Crimen y castigo:

 “Si a mi, por ejemplo, se me dice ´ama a tus semejantes´ y pongo este concepto en práctica ¿qué resultará? -se apresuró a decir Ludjin con demasiado calor- rasgaría mi capa y daría la mitad a mi prójimo y los dos nos quedaríamos medio desnudos…todo el mundo está fundado en el interés personal. Si usted no ama más que a usted mismo, hará de un modo conveniente sus negocios y su capa quedará entera. Añade la economía política que cuantas más fortunas privadas surjan en una sociedad, o en otros términos, cuantas más capas enteras hay, más sólida y felizmente está organizada la sociedad. Así pues, al trabajar únicamente para mi, trabajo también para todo el mundo; y resulta en última instancia que mi prójimo recibe más de la mitad de la capa y no solamente gracias a las liberalidades privadas e individuales, sino como consecuencia del progreso general”.

 Dostoievsky escribió esto en 1866. Las consideraciones que formula a través de su personaje responden a alguien que indudablemente ha meditado sobre el tema. No hay constancias claras pero es muy probable que haya tenido acceso a las obras de Adam Smith, especialmente La riqueza de las naciones, puesto que allí, en 1776, el autor escocés explica como el comerciante al buscar su propio interés, como una consecuencia no directamente buscada, beneficia grandemente a su prójimo al asignar factores de producción en libertad y en competencia al efecto de satisfacer los requerimientos del consumidor para poder prosperar. Hoy diríamos que se trata de externalidades positivas: al maximizar las tasas de capitalización se incrementan salarios e ingresos de terceros. Y no es que no esté incluida en el interés personal la benevolencia tal como apunta Adam Smith en las primeras líneas de su libro de 1759, es que este incentivo es el que mueve la producción.

 Otra conjetura a raíz de una investigación aún inconclusa que llevé a cabo sobre dos jóvenes rusos que seguidamente menciono, consiste en que tal vez más probable que la lectura de los originales de Smith, haya sido que la influencia de este autor le llegara vía los destacados intelectuales rusos enviados por Isabel I y luego apoyados por Catalina la Grande a estudiar en Glasgow por seis años en la cátedra de Adam Smith, en 1761, cuando, precisamente, el escocés estaba preparando su obra cumbre que ejercitaba en el dictado de sus clases. Aquellas dos personas fueron Semyon E. Desnitsky y Ivan A. Tretyakov, quienes, a su regreso, enseñaron en la recientemente creada Universidad de Moscú y publicaron diversos trabajos y propusieron reformas sustanciales, las cuales fueron primeramente bien acogidas pero, en definitiva, los firmes opositores a la introducción de ideas liberalizadoras dentro y fuera de la Universidad lograron el cometido que los expulsen de esa casa de estudios. En todo caso, la difusión de los principios smithianos es muy probable que le hayan llegado a Dostoievsky a través de los mencionados autores.

 He aquí un pantallazo parcial de algunos de los múltiples aspectos de este gigante de la pluma que sigue encandilando a tantos estudiosos de las aristas y laberintos de aspectos morales, mundanos, psicológicos, religiosos y sociológicos.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.