La Crisis Subprime no fue una crisis del capitalismo

Por Iván Carrino. Publicado el 6/9/18 en:

 

El pasado 15 de septiembre se cumplieron diez años de la caída de Lehman-Brothers, la punta del iceberg de la crisis económica más grande de la historia reciente.

El lunes 15 de septiembre de 2008 el mundo amaneció con la noticia financiera más impactante de los últimos tiempos. Lehman Brothers, un banco de inversión norteamericano fundado en 1850 y con activos por nada menos que USD 690.000 millones, había iniciado formalmente el proceso de bancarrota.

Una semana antes, la presión sobre la empresa venía creciendo de manera incesante. Sin embargo, ni siquiera sus empleados preveían dicho final.

“Nunca pensamos que iba a colapsar” confesó Luis Sánchez, un “VP” de la empresa, en una entrevista reciente concedida al Wall Street Journal.

Lo mismo pensaba Larry Bortstein, el director de la parte legal-tecnológica de la compañía:

“Había una sensación de que, de alguna manera, los ejecutivos encontrarían la forma de inventar algo para salvar a la empresa.”

Según cuenta Lynn Gray, la directora global del área administrativa, el viernes 12 de septiembre la mayoría de la gente dejó su oficina creyendo que el fin de semana la compañía sería comprada por Bank of America o Barclays.

Sin embargo, los acontecimientos tomaron un rumbo distinto:

“El domingo recibí una llamada de uno de los Gerentes Senior. Me pidió que fuera a la oficina y me dijo que me estaba llamando desde la Reserva Federal”  

Por la noche, los 26.000 empleados de Lehman Brothers recibieron un correo electrónico donde se les explicaba que la empresa había declarado formalmente la quiebra. A la mañana siguiente, las imágenes de los empleados retirándose del edificio con sus pertenencias guardadas en cajas recorrieron el mundo.

Fue la quiebra más grande la historia. Lehman tenía una deuda de USD 613.000 millones, cuatro veces la que llevó a Argentina a su default en 2001.

Punta del Iceberg

Lo sucedido con este gigante de la banca de inversión no fue algo aislado. Ya hacía varios meses que el sector financiero en Estados Unidos venía sufriendo una crisis generalizada de confianza, con los valores de sus acciones cayendo a ritmos espectaculares.

Wall Street literalmente se venía abajo. Entre diciembre de 2007 y diciembre de 2009, el índice de acciones Standard & Poor’s mostró 12 meses de variaciones negativas. El mes de la quiebra de Lehman aceleró la debacle. Septiembre, octubre, noviembre y todos los meses siguientes hasta abril de 2009 fueron negativos para la bolsa norteamericana.

El S&P 500 había perdido nada menos que 524 puntos, una caída del 41%.

El desplome financiero era el resultado de una irresponsable acumulación de préstamos de mala calidad por parte de los bancos y otras entidades, especialmente enfocados en el mercado de la vivienda. En los años previos al 2008, el crédito había fluido en cantidades industriales hacia el sector hipotecario, estimulando un boom de producción, ventas y suba de precios.

Pero un día la fiesta llegó a su fin. Muchos de los créditos otorgados habían ido a acreedores “sub-prime”, quienes tenían poca capacidad de pago, especialmente cuando las tasas de interés comenzaron a subir.

El castillo de naipes se derrumbó.

Crisis del capitalismo

10 años después, todavía se debaten las causas de la recesión. La versión más comúnmente escuchada es que la de 2008-09 fue una más de las tantas “crisis del capitalismo” que ocurren cada tanto.

La explicación que se ofrece en este sentido es algo así: dado que los agentes económicos son extremadamente codiciosos, siempre inventarán formas creativas para generar ganancias,  sin importar las consecuencias sobre el resto de la economía.

Así, los banqueros decidieron prestar a quienes no podían repagar sus deudas solo para agrandar sus carteras de préstamos y multiplicar su rentabilidad, incluso cuando prestaran a tasas bajas. En la misma línea, los operadores inmobiliarios vendieron cualquier cosa, y lo mismo hicieron los consumidores, compraron solo porque pensaban que su vivienda iba a subir de precio.

Así, sin control por parte del estado, la especulación sin freno habría llevado al posterior desastre.

Ahora bien, esta lectura de los hechos es ingenua y, además, incorrecta. Es que si la codicia fuera la causa de las crisis, también deberíamos decir que la fuerza de gravedad es la causa de los accidentes aéreos. No obstante, a pesar de que la fuerza de gravedad empuja a todos “hacia la tierra”, los aviones igual vuelan.

Lo mismo pasa en los mercados financieros: la codicia es una constante y no siempre hay crisis.

En su trabajo “La Casa que Construyó el Tío Sam”, los investigadores norteamericanos Peter Boettke y Steven Horwitz analizan las raíces profundas de la crisis subprime. Para ellos, la debacle financiera vivida hace 10 años poco tuvo que ver con el capitalismo y mucho con el intervencionismo.

De acuerdo con su investigación, la crisis no fue más que el estallido inevitable de una burbuja insostenible alimentada por la política monetaria de la Reserva Federal y la política regulatoria del gobierno federal.

Para Boettke y Horwitz:

“Entre 2001 y 2006, la Reserva Federal persiguió la política monetaria más expansiva desde, al menos, la década de 1970, empujando las tasas de interés muy por debajo de su nivel natural.

En enero de 2001, la tasa de los fondos federales, la más importante que la Fed controla, estaba en 6,5%. 23 meses más tarde, después de 12 recortes consecutivos, se ubicó en 1,25%…”

Gracias a esta política monetaria ultralaxa es que se realizaron muchas inversiones incorrectas, pero no producto de una “exuberancia irracional, sino por una Fed que prácticamente regalaba dinero para ser invertido en casi cualquier cosa.

La manipulación de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal estaba enviando la señal incorrecta a los inversores, y también a los constructores de viviendas. Se indicaba falsamente que había crédito barato y que los proyectos de inversión serían viables en el largo plazo.

Fannie y Freddie

Por si esto fuera poco, existieron nuevas intervenciones que inflaron artificialmente el mercado de la vivienda. Fannie Mae y Freddie Mac eran dos empresas con patrocinio estatal que operaban en el mercado secundario del crédito. Básicamente, una vez que un banco comercial otorgaba un crédito hipotecario, luego podía vendérselo a estos dos gigantes a cambio de un descuento.

El tema es que Freddie y Fannie estaban aseguradas contra pérdidas, puesto que el gobierno saldría al rescate de las mismas, dado que se trataba de “Empresas Patrocinadas por el Estado”, o GSE, por sus siglas en inglés.

Además, a Fannie y Freddie se las presionó para que favorecieran el crédito a los sectores “postergados”, motivo por el cual diseñaron toda una serie de instrumentos para facilitar el acceso.

De acuerdo con los Boettke y Horwitz:

“Las bajas tasas de interés, combinadas con la compra de hipotecas por parte de las paraestatales Fannie y Freddie, hicieron alta y artificialmente rentable prestar a cualquiera que quisiera un crédito para su vivienda”.

Aprender la lección

A diez años de la más fuerte recesión económica de la historia global, es importante que aprendamos la lección. Si nos guiamos por la lectura tradicional de los hechos, avanzaremos con medidas de más regulación,  más restricciones financieras y nuevos estímulos monetarios que generarán burbujas que inevitablemente terminan en nuevas crisis.

Pero si aceptamos la otra lectura, entonces deberíamos movernos en el sentido contrario. Menos regulación, más libertad para las empresas y los consumidores, y una economía más sostenible en el largo plazo.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Eliminar las Lebac no resolverá la crisis

Por Iván Carrino. Publicado el 15/8/18 en: http://www.ivancarrino.com/eliminar-las-lebac-no-resolvera-la-crisis/

 

El problema económico que enfrenta Argentina es mucho más serio que la deuda del BCRA.

Turquía está ubicada exactamente entre Asia y Europa. Es un país de 785.500 kilómetros cuadrados y una población de cerca de 80 millones de personas. En términos de PBI per cápita, se estima que los turcos ingresan USD 11.014 por año.

Este país euroasiático llegó a las tapas de los diarios financieros recientemente producto de la fuerte turbulencia que los afecta. En lo que va del año, el dólar subió allí 68,3%, gracias a que los inversores eligen salir corriendo hacia activos más seguros.

A fines de 2017, Turquía y Argentina habían sido encuadrados por la consultora Standard & Poor’s como los países emergentes más vulnerables a la suba de tasas de la Fed. Según la consultora, la vulnerabilidad se explicaba porque estos países “mostraron déficits de cuenta corriente considerables” y una “tasa de ahorro insuficiente para cubrir la inversión”.

Turquía, como Argentina, también tiene un extenso historial inflacionario. De acuerdo con Steve Hanke, la inflación anual promedio durante los ’70 fue de 22,4%, en los ’80 subió al 49,6%, en los ’90 trepó al 76,7% y en los 2000 se redujo al 22,3%.

En este contexto, es normal que la incertidumbre lleve a los turcos a escapar de su moneda.

Curiosa, tal vez, es la reacción de su presidente, Recep Tayyip Erdoğan, quien exigió a los ciudadanos vender dólares y oro para ayudar a pelear la “batalla económica” de la que se considera víctima, y quien se niega a subir las tasas de interés porque sostiene que éstas son un instrumento para la desigualdad social.

A pesar de la convulsión cambiaria y monetaria, en Turquía no se habla de las Lebac.

Bomba a desactivar

Por los sucesos desatados en Turquía, que contagiaron a los mercados internacionales, el Banco Central y el Ministerio de Hacienda decidieron tomar cartas en el asunto. Una de las medidas más contundentes que anunciaron fue la del fin de las Lebac.

A partir del martes, en cada licitación que haya de aquí en adelante, se irán renovando cada vez menos títulos, lo que generaría que no haya más Lebac a fines de 2018.

Para el presidente del BCRA, Luis Caputo, las Lebacs son “un activo tóxico” y al eliminarlas “ya no van a estar amenazando con pasarse a dólares”.

En este sentido, volvemos a preguntarnos: ¿hay Lebacs en Turquía? ¿Sube el dólar en el mundo por las respectivas “bombas de Lebac” que cada uno tiene? Claramente, no parece ser el caso.

Sin embargo, lo que sí hay en los países donde más está subiendo el dólar es mucha inflación y,  además, un elevado y creciente riesgo país.

Riesgo País: lo más importante

Si las Lebac fueran el único problema de la Argentina, veríamos que los inversores buscarían sacárselas de encima, exigiéndole al Banco Central pagar tasas más altas para renovarlas. Esto, sin dudas, ha sucedido, en la medida que la suba del dólar destruyó lo que algunos mal llamaron “bicicleta financiera”.

Ahora bien, el precio  de las Lebac no es lo único que ha caído. También se desplomó la bolsa local (50% en dólares) y los bonos soberanos de cualquier moneda y duración.

Es que el problema no son  las Lebac, sino una generalizada crisis de confianza en el gradualismo de Macri. Las dudas son tan grandes que ni  el paquete del FMI logró calmar definitivamente a los mercados.

En este contexto, el Riesgo País se disparó, reflejando las dudas que tienen los inversores sobre cómo terminará la fiesta de endeudamiento que lanzó el gobierno para salir lentamente del caos fiscal dejado por Cristina Fernández y Axel Kicillof.

Entendido esto, el indicador más importante a mirar es el del Riesgo País y tenemos que ver cuánto mejorará ese índice si se termina con las Lebac.

La respuesta, lamentablemente, es bastante decepcionante.

Sin correlación

Como se ve en el gráfico de abajo, a principios de 2014, cuando el Riesgo País coqueteaba con los 1.000 puntos básicos, el stock de Lebac en circulación era de apenas $ 100.000 millones.

Sin embargo, tras la devaluación de Juan Carlos Fábrega, éste comenzó a crecer marcadamente. A fines de año, la cantidad de Letras emitidas por el Banco Central para absorber pesos de la economía había llegado a $ 261.000 millones, duplicándose, nada menos.

En paralelo, el Riesgo País había descendido fuertemente. Cerró el año en 700 puntos.

El 11 de diciembre de 2015, cuando Sturzenegger asumió la presidencia del BCRA, el Riesgo País estaba en 455 puntos y las Lebac ascendían a $ 296.000 millones. El 31 de agosto del año pasado, cuando el stock de letras llegó a $ 1 billón, el Riesgo País había caído 70 puntos, hasta los 384.

Hoy, que el stock de Lebac cayó alrededor de $ 300.000 millones desde su máximo, el Riesgo País vuela. Es decir que no existe una clara relación entre una cosa y la otra.

Así, si continúa la desconfianza, podríamos llegar a un escenario con menor cantidad de Lebac, menor cantidad de reservas internacionales usadas para cancelarlas, mayor Riesgo País, mayor deuda pública y mayor recesión e inflación.

Terminar con las Lebac no garantiza que esto no suceda. Y, por tanto, no garantiza que se solucione la crisis.

El Riesgo País sube porque no hay una respuesta clara a la siguiente pregunta: ¿podrá el gobierno argentino cumplir con sus compromisos de deuda?

No veo cómo terminar con las Lebac pueda hacer que la respuesta sea afirmativa.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

Con el diario del lunes

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 13/8/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Con-el-diario-del-lunes-20180812-0034.html

 

No son pocos los administradores de carteras que aconsejan invertir en acciones estadounidenses obnubilados por algunos indicadores superficiales de esa economía y por la perspectiva del cobro de las correspondientes comisiones. Pero bajo esa superficie hay otros guarismos que apuntan en otras direcciones.

Básicamente la preocupación de analistas de fuste estriba en la colosal deuda pública norteamericana, el déficit fiscal creciente debido al simultáneo aumento del gasto estatal junto a la reducción de impuestos y la guerra comercial desatada también por el actual presidente (además de su xenofobia).

Con el diario del lunes

En este sentido, cabe subrayar como un acto de elemental justicia algunos nombres de destacadas personalidades estadounidenses que han publicado trabajos de gran valía dando voz de alarma respecto a los antedichos puntos. Estos son Peter Shift  The Real Crash, William Bonner The New Empire of Debt, Doug Casey Crisis Investing, Ron Paul End the Fed, David Stockman Trumped.  A Nation on the Brink of Ruin, James Richards The Big Drop y el artículo de Jim Rogers “What´s Coming is Going to be a Mess”.

Por mi parte, aprendiendo de esos maestros, he escrito en este mismo medio y en otros sobre los referidos indicadores que deben tomarse en cuenta ya que  nada es irreversible si somos capaces de aprender la lección. Con el diario del lunes todos somos avezados, el asunto es adelantarse al efecto de procurar soluciones a ciertos nubarrones que se divisan en el horizonte. No es posible vivir todo el tiempo y de forma ilimitada de prestado.

El periódico “The Guardian” de Londres destaca que el gobierno chino ha dejado trascender que “está preocupado por la seguridad de sus activos” y Allan Meltzer declara que “Los chinos están inquietos porque tenemos [en Estados Unidos] un nivel de deuda insostenible y no hay visos de corregir el problema”. Por otra parte, el diario señala que autores locales como Ho-jung Hung apunta que “China depende mucho de la salud de la economía norteamericana para sus exportaciones” lo cual también enfatiza David Wyss (de Standard & Poor´s de Nueva York) como un incentivo para no vender bonos.

Ahora que Trump ha declarado una inaudita guerra comercial a China y también a socios de Estados Unidos, la situación empeora. Varios de los profesionales citados más arriba admiten la posibilidad que en un futuro no muy lejano China pretenda el principal en gran escala y no limitarse a cobrar intereses del Tesoro, lo cual anticipan que el morador actual de la Casa Blanca dirá que “es una declaración de guerra” cuando se trata de cobrar acreencias y agregan que en ese caso, aunque hoy parezca inconcebible, Estados Unidos entrará en default.

Se trata entonces de contribuir a que el gran país del Norte en el que todos los espíritus libres han cifrado sus esperanzas, retome la senda que nunca debió abandonar y que fortalezca valores y principios de los Padres Fundadores. Turquía es hoy un accidente.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.